miércoles, 29 de junio de 2016

Saber perdonar


Saber perdonar

Es muy fácil ver los defectos de los demás, antes de advertir los que tenemos nosotros mismos. Como dijo Jesús  “el que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella”, esta máxima hace de la indulgencia un deber, porque no hay persona que no la necesite para sí misma. Nos enseña que no debemos juzgar a los demás con mayor severidad que la que nos aplicamos al juzgarnos a nosotros mismos, ni condena en el prójimo lo que en nosotros disculpamos. Antes de reprochar una falta a alguien, veamos si la misma censura no se nos puede hacer a nosotros. Nos habla Jesús de la indulgencia, ¿sabemos por qué? es una de las formas de perdonar. La indulgencia que no ve en manera alguna los defectos de los demás, y si los ve, se guarda bien de hablar de ellos, de difundirlos, antes por el contrario, los esconde a fin de que solo él los conozca.

Nos dice el Evangelio: "Cuando criticáis, ¿qué consecuencias se deben extraer de vuestras palabras?, ¿acaso vosotros, que censuráis, no habéis hecho también lo mismo que estáis ahora reprobando, o valéis mas que el culpable?, ¿cuándo os dedicareis a juzgar vuestros propios corazones, pensamientos y actos, sin ocuparos de lo que vuestros hermanos hacen?, ¿cuándo aplicareis a vosotros mismos vuestra severidad? Sed, pues, severos con vosotros mismos e indulgentes para con los demás y el Señor usará de indulgencia hacia vosotros, como la habéis tenido vosotros con respecto a vuestros semejantes."

No olvidemos jamás pedirle a Dios, por medio del pensamiento y, sobre todo, de los actos, “Perdóna nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido”. Tenemos que comprender lo valiosas que son estas sublimes  palabras. Su letra no es lo único admirable, sino además el compromiso que implican, ¿qué pedimos al señor al solicitarle que nos perdone?, ¿solo el olvido de nuestras ofensas? Olvido que nada nos reporta, porque si Dios se contentara con olvidar nuestras culpas, no nos castigaría pero tampoco nos premiaría. La recompensa no puede ser el precio del bien que no se ha obrado y menos todavía del mal que se ha cometido, aun cuando este último se olvide.
Al pedirle perdón por nuestras transgresiones, le solicitamos que nos conceda su gracia a fin de que no volvamos a incurrir en aquellas y la fuerza precisa para ingresar en un camino nuevo, senda de sumisión y amor en la cual podremos agregar la reparación al arrepentimiento. Reemplacemos la ira que mancha, por el amor que purifica. Practiquemos con el ejemplo esa caridad activa e infatigable que nos enseñó Jesús. Prediquémosla tal cual  Él lo hizo durante todo el tiempo en que vivió en la Tierra.

Dice un antiguo adagio y es una gran verdad: "lo que mucho vale, mucho cuesta". Por eso nos cuesta tanto olvidar las ofensas y amar a los   que nos hieren; y el caso es que no tenemos otro camino que recorrer más que el del olvido y el del perdón, si queremos asegurar nuestra dicha venidera.
Los que conocemos el espiritismo, debemos huir de ese peligro, el más terrible de todos, el odiar a nuestro padre, a nuestros hijos, hermanos etc. Hay muchas maneras de hacer daño consciente e inconscientemente, debemos estar vigilantes, ya que hay palabras que, depende como las digamos, son como un puñal, hay miradas que, como se suele decir, matan. Tenemos que intentar no tener ningún enemigo. Es bueno aconsejar el olvido de las ofensas, pero si el que aconseja, recuerda de continuo las que ha recibido y no es capaz de erradicárselas, solo es capaz de taparlas, se engaña a sí mismo. El recuerdo de las ofensas es la semilla del odio, y hay que arrancar de raíz tan maléfica semilla.

Muchas personas dicen de su adversario: “lo perdono”, mientras que en su fuero  interno sienten un secreto placer por el mal que les aqueja, pensando que él tiene lo que se merece. ¿Cuántos hay que dicen, "perdono pero no olvido?" y tenemos que preguntarnos, ¿es ese el perdón que nos dice el Evangelio? No, el auténtico perdón, el perdón cristiano, es aquel que arroja un velo sobre el pasado. El único que se nos tendrá en cuenta, porque Dios no se conforma con las apariencias, sino que sondea las profundidades de los corazones y los más secretos pensamientos, no se le engaña con palabras y vanos simulacros. El total y absoluto olvido de las ofensas es propio de las grandes almas. El rencor, en cambio, constituye siempre  un signo de bajeza y de inferioridad. No olvidemos que el verdadero perdón se reconoce con los actos mucho más que con las palabras.

En un pasaje del Evangelio, Jesús responde a Pedro; perdonarás, pero sin límites. Perdonarás cada ofensa cuantas veces te fuere inferida. Enseñarás a tus hermanos ese olvido de sí que torna invulnerable contra la agresión los malos procederes y las injurias. Serás dulce y humilde de corazón, no escatimando jamás tu mansedumbre. Harás a los otros, lo que deseas que deseas que el padre celestial haga por ti, ¿acaso no te está perdonando él, con frecuencia, sin contar el número de veces en que su perdón desciende para borrar tus culpas? Escuchemos, pues esa propuesta de Jesús y apliquémosla a nosotros mismos. Perdonemos, seamos indulgentes, caritativos, generosos, incluso pródigos de nuestro amor. Demos, porque el Señor nos devolverá, perdonemos, porque el señor nos perdonará, rebajémonos, porque el señor nos enaltecerá, humillémonos, porque el Señor hara que nos sentemos a su diestra.

Sabido es que la muerte no nos libera de nuestros enemigos. Los espíritus vengativos prosiguen muchas veces con su odio, más allá de la tumba, a aquellos a quienes siguen profesando rencor. De ahí que el proverbio conforme el cual “muerto el perro, se acabó la rabia”, sea falso cuando se aplica al hombre. El espíritu perverso espera  que aquel al que tiene ojeriza, esté encarnado en un cuerpo material, y por lo tanto, menos libre, para atormentarlo con más facilidad, atacándolo en sus intereses o en sus defectos, de ahí la mayoría de casos de obsesión y los más graves como son los de subyugación y posesión. El obsedido y el poseso son, pues, casi siempre víctimas de una venganza anterior, a la que posiblemente han dado lugar por su conducta. Dios permite que tal cosa suceda para castigarnos por el mal que han cometido o, si no lo cometieron, por no haber tenido indulgencia y caridad y no haber perdonado. En consecuencia, importa, desde el punto de vista de nuestra tranquilidad futura, que reparemos lo antes posible las injusticias que hayamos hecho al prójimo, perdonando a nuestros enemigos, antes  de la muerte. Así de un enemigo encarnizado en este mundo podemos hacer un amigo en el otro, o al menos ponemos de nuestro lado el derecho, y Dios no deja a merced de la venganza ha quien ha perdonado. Cuando recomienda Jesús ponerse pronto de acuerdo con el adversario, no es solo con miras a apaciguar las discordias durante la actual existencia, sino para evitar que las mismas se sigan perpetuando en las vidas futuras.

El espiritismo nos dice que los enemigos de una vida suelen encarnar juntos repetidas veces, formando familias para comenzar juntos el trabajo más difícil de realizar, el que se unan por medio del amor la víctima y el verdugo. Las familias formadas por enemigos  irreconciliables, abundan tanto en la Tierra que no hay números  suficientes  para formar la suma de ellas, los odios de los unos chocan con la indignación de los otros. Los lazos del espíritu son los que unen a los seres, estos sí que nunca se rompen, los de la carne se deshacen fácilmente. Lo más difícil para un espíritu es olvidar las ofensas que recibe y con su olvido perdonarlas. Por eso todas las comunicaciones de los buenos espíritus, y todas las obras espíritas que sirven de fundamento al espiritismo se ocupan del adelanto y del progreso de las personas, todos los escritores de aquí y de allá, dicen lo mismo. Sin el perdón de las ofensas no se puede escalar los cielos, hay que comprender a nuestros enemigos y hay que hacer más aun, hay que amarlos.

Muchos dirán ¡Esto es imposible! ¡imposible del todo!  Y los buenos espíritus nos dicen ¿a qué pensáis que vino Cristo? a enseñarnos el camino que debíamos seguir, a servirnos de ejemplo, su misión no fue otra que demostrarnos con hechos  la virtualidad de sus palabras. Porque si las palabras no van acompañadas de las obras, de nada sirven, son como la lluvia que cae fuera de tiempo, que no beneficia a los campos.

Dios sabe lo que hay en el fondo de nuestros corazones. Sintámonos dichosos al ir a dormir todas las noches diciéndonos “no tengo nada contra mis semejantes”. Repasemos lo que hemos hecho en el día y estemos vigilantes al día siguiente en no repetir las imperfecciones que tenemos, si creamos el hábito, llegará un momento en que nos sorprenderemos de que todo fluya, como tiene que ser.
Alguien dijo: Perdona todo y a todos sin cesar, porque los ofensores cualesquiera que sea su condición, son portadores del remordimiento como una espina de fuego clavada en su propio ser. Cada ser humano necesita del perdón, como precisa del aire, pues el amor es el sustento de la vida. No permitas, entonces, que el perdón sea nada más que un sonido musical en los movimientos de la lengua. Reflexiona acerca de cuantas veces has cometido equivocaciones también tú, que reclamas comprensión y tolerancia, y olvida las ofensas para comenzar otra vez el servicio junto a tus hermanos. Recuerda por encima de todo que cuando se perdona la bendición de Dios consigue descender hasta los debates del alma y solamente mediante el perdón, el alma consigue elevarse hacia la bendición de Dios.

Nunca subestimes el poder de tus acciones. Con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal, Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros para impactarlos de alguna manera.

sábado, 4 de junio de 2016

¿Qué habéis hecho del hijo que confié a vuestros cuidados?



¿Qué habéis hecho del hijo que confié a vuestros cuidados?

“¿Qué habéis hecho del hijo que confié a vuestros cuidados?”
San Agustín, 
(El Evangelio según el Espiritismo, cap. XIV, ít. 9)

En una sociedad en la que se valora el tener en detrimento del ser, lo natural es que se dé más importancia a tener hijos que a ser padres y madres.

El tener hijos está relacionado con la posesión y el dominio. Según esa visión, el hijo debe satisfacer las expectativas de sus progenitores, quienes lo consideran como un prolongamiento de ellos, un proyecto para realizar sus intereses o superar sus frustraciones.

Con el fin de lograr afecto, el hijo intenta atender a la voluntad de sus progenitores y, en ese proceso, tiene dificultad en desarrollar su identidad y puede perder la capacidad de decir no, de poner límite a las demás personas así como la espontaneidad en ser coherente con lo que piensa y siente.
Cuando no logra cumplir con las expectativas de sus progenitores o busca tomar decisiones según su propia voluntad, el hijo, aunque ya sea adulto, puede sentirse culpable, como si ello constituyera un fracaso, una falta de respeto o hasta una traición. Los progenitores, a su vez, pueden dejar de considerarlo como un buen hijo, pasar a tratarlo como un ingrato y cobrar por todo lo que le hicieron.
En esa relación de posesión y dominio, a la vez que el hijo pierde su individualidad, los progenitores no sólo conservan la suya, sino que no abren mano de su individualismo. Desean que los hijos estén a su disposición, pero ellos no están a disposición de los hijos. El tiempo de los progenitores es escaso para los hijos, pues ya está ocupado por otros compromisos y responsabilidades. De ese modo, los hijos se transforman en huérfanos de progenitores vivos.

Hay progenitores que se justifican diciendo que no tienen tiempo porque trabajan mucho para poder garantizar el bienestar de sus hijos. Aunque se trate de familias que pasan por necesidades, no de progenitores más interesados en sus carreras profesionales y en sus ambiciones personales, se debe tener en cuenta que el bienestar no se limita a lo material: los objetos no pueden sustituir el afecto. La mayor necesidad del ser humano es el amor.

La propuesta de la Doctrina Espírita con relación a este tema no es simplemente tener hijos, sino ser madres y padres. Para ello, es necesario comprender que el ser confiado a nuestros cuidados es hijo de Dios, no nuestro, lo que, lejos de eximirnos de nuestra responsabilidad, la resalta. Como madres y padres, tenemos el deber de orientar a los hijos en el camino del bien, y responderemos ante Dios por el modo como hayamos cumplido ese deber, que es una verdadera misión.

La herramienta fundamental para conducir a los hijos al bien es el amor. Solamente amando verdaderamente a los hijos es que podremos educarlos para que aprendan a amar, lo que favorecerá su perfeccionamiento y, por lo tanto, su bienestar, no sólo en la existencia presente, sino también en la vida futura.

Cuando hay verdadero amor, no hay espacio para la posesión y el dominio. Los hijos no están sometidos al autoritarismo de los progenitores, sino que deben cumplir con la voluntad de Dios, que los creó para ser Espíritus puros y, por ende, para desarrollar todas sus potencialidades. Les corresponde a las madres y a los padres colaborar, en todo lo que esté a su alcance, para que los hijos puedan alcanzar el nivel de progreso espiritual planeado para la existencia física actual.

Libres de la posesión y del dominio, los hijos maduran psicológicamente, desarrollan la capacidad de tomar decisiones y de asumir responsabilidades y, al tener respetada su identidad, cuentan con mejores condiciones de profundizar su proceso de autoconocimiento, indispensable a la transformación moral.  

A pesar de que padres e hijos preservan su individualidad, en la educación para el amor no hay lugar para el individualismo, sino se demuestra, por el ejemplo, el bienestar que generan la abnegación, la renuncia, la paciencia, la ternura y especialmente la caridad en su triple aspecto de benevolencia, indulgencia y perdón.

La educación para el amor se dirige, pues, a la conquista de las realizaciones interiores, a diferencia de otros patrones educacionales que tienen como objetivo la adquisición de las realizaciones exteriores: una posición relevante en la sociedad, posesión de bienes materiales, triunfo político, artístico o cultural, entre otras. Las realizaciones exteriores pueden generar placer, que es siempre efímero, pero, sin la base de las realizaciones interiores, suelen desarmonizar al individuo, llevarlo al vacío existencial en la vida presente y comprometer desfavorablemente su futuro espiritual.  

A fin de educar para la conquista de las realizaciones interiores,  es necesario comprender que los hijos, como todos nosotros, son Espíritus inmortales, que tuvieron existencias corporales anteriores y que, por lo tanto, traen, al renacer, experiencias y tendencias propias. Desde pequeños, los niños manifiestan inclinaciones malas y buenas, provenientes de vidas pasadas. Debemos estar atentos y hacer todo lo posible para que los hijos superen las malas inclinaciones, sin esperar que ellas echen raíces profundas, a la vez que los ayudamos a fortalecer y a desarrollar las buenas tendencias.
Si, por nuestra responsabilidad, los hijos no progresan espiritualmente, los veremos entre los Espíritus que sufren, cuando podríamos haberlos ayudado a ser felices. En esa situación, torturados por remordimientos, solicitaremos reparar esa falta en una nueva existencia física, durante la cual envolveremos a esos hijos en mayores cuidados y sobre todo en amor.

Por otro lado, si hacemos todo lo posible por el adelanto moral de los hijos y no obtenemos el éxito deseado, nuestra conciencia puede estar tranquila. A pesar de la natural amargura que podamos experimentar por el fracaso de nuestros esfuerzos, Dios nos reserva el consuelo que proviene de la certeza de que ese fracaso es solamente una postergación, pues podremos concluir, en otra existencia, la obra que empezamos en esta, hasta que los hijos sigan por el camino del bien.

¿Qué he hecho del hijo que Dios confió a mis cuidados? Es una pregunta que siempre debemos hacernos, sin esperar el término de la existencia corporal, a fin de que podamos, desde ahora, cambiar, si es el caso, la educación que le estamos dando. Si es necesario cambiarla, debemos, ante todo, cambiarnos a nosotros mismos –educarnos a nosotros mismos para el amor–, pues, para educar a los otros, es fundamental nuestro propio ejemplo. En el proceso educacional de los hijos, por lo tanto, no sólo ellos pueden progresar espiritualmente, sino también nosotros, madres y padres.
Que, en lugar de tener hijos, seamos madres y padres a servicio de Dios, cocreadores de la obra divina, instrumentos de auxilio para que los hijos confiados a nuestros cuidados cumplan fielmente con el planeamiento establecido para su existencia física actual y sean hombres y mujeres de bien. Si así lo hacemos, también avanzaremos en el camino del bien y, juntos con los hijos, formaremos una familia unida por los lazos indestructibles del amor.

Simoni Privato Goidanich

Referencias bibliográficas:
- El libro de los Espíritus, Allan Kardec.
- El evangelio según el espiritismo, Allan Kardec. 
- Serie Psicológica de Joanna de Ângelis

Terapia desobsesiva

Terapia desobsesiva

"¿Cómo te llamas? Y respondió: Legión me llamo, 
porque muchos somos" (Marcos 5:1-19)


De entre toda la terapéutica espírita: atención fraterna, estudio, fluidoterapia, desobsesión, etc., esta última, conlleva expresiva relevancia tanto por su importancia intrínseca como por su delicada práctica.

Allan Kardec describe la obsesión espiritual (en su fase más simple) como la influencia que ejerce un espíritu sobre determinado individuo que se afina con él a nivel mental. Y como convivimos en un universo de ondas pensamiento y vibraciones mentales que se interpe-netran, todos, en mayor o menor medida, participamos sino de obsesiones en su sentido pleno, sí de interferencias e ideas fijas que no nos hacen nada bien.

El abordaje científico y moral del Espiritismo enfatiza este asunto de la obsesión espiritual como siendo una pandemia psíquica que acompaña al mismo ordenamiento íntimo y social del hombre de todas las edades. Y es que en el pensamiento contemporáneo el Espiritismo es la primera escuela filosófica que saca a dominio público esta realidad consustancial a la psicología humana y al vasto y a veces sutil entramado de las relaciones, así como, además, ofrece la profilaxis más integral para su tratamiento.

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Cierto que este asunto de la parasitosis psíquica no es de planteamiento exclusivo del Espiritismo (pertenece a la noche de los tiempos)… En los mismos Evangelios ya existía esta terapia desobsesora mencionada como “echar fuera demonios” y que no era practicada solo por Jesús y sus apóstoles, sino que formaba parte del culto general de los primeros cristianos, antes de la hegemonía católica y el ordenamiento del clero romano. Es interesante anotar que se le llamase “espíritus inmundos” o “demonios”, siendo este último adjetivo una demo-nización de la expresión griega daimon, es decir; “espíritu”, que podía ser positivo o negativo (el propio Sócrates hablaba abiertamente de su daimon o espíritu guía).

De tal manera, en el medio espiritista, echar o expulsar demonios podemos traducirlo tranquilamente como “conducir” o “tratar” espíritus…

Sea como fuere muchos de los seguidores de Jesús (apóstoles, pero también judíos convertidos a la nueva fe, gentiles, gentes ilustradas, pueblo llano, etc.), se educaban durante un tiempo razonable para desarrollar estas prácticas de la manera más conveniente y dentro del marco del mensaje de paz y amor del Nazareno…

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad antes si son de Dios” (I Epístola de Juan 4:1)
Los cristianos de la primera hora instruían a las almas inferiores que influían mentalmente haciendo daño a sus víctimas encarnadas, ayudándoles a romper sus resistencias psíquicas y trascender a regiones más elevadas del plano espiritual.

Dieciséis siglos más tarde, el espiritismo (afín por esencia al mensaje original del primer cristianismo) recupera esta terapia denostada por el totalitarismo religioso de los siglos posteriores, y lo hace por mediación de los Espíritus Superiores que inspiraron la Revelación espírita del siglo XIX, sabedores del flagelo que la obsesión produce en los escenarios del mundo, y de la paz y la luz que la terapia desobsesiva puede otorgar a determinados tormentos del psiquismo humano domiciliado en uno u otro lado de la existencia.

Los espíritas, carentes como el resto de la humanidad de la magnitud espiritual del Galileo, pero, a semejanza de sus seguidores de otrora, imperfectos pero voluntariosos, conscientes del papel libertador del servicio desinteresado, continúan hoy realizando esta terapéutica del diálogo y el amor, tal como exhortaba el mismísimo Galileo, pero también personajes de la talla de Pablo de Tarso (en sus recomendaciones de la I Epístola a los Corintios), Juan el discípulo amado o Hermas.
Hay un motivo más para contribuir en este tipo de tratamiento del psiquismo colocado al servicio de la caridad, y es que todos, en esta o en pasadas existencias, hemos sido verdugos encarnados o desencarnados, todos en mayor o menor medida hemos andando por las sombras y necesitados de luz y apoyo sin condiciones. Por esto, casi todos, podemos ser candidatos y prepararnos para este servicio inmemorial que el Espiritismo trajo de nuevo, rescatado de los pliegues del tiempo y de la persecución de los felices y poderosos… y lo hizo de manera fraternal y didáctica en 1861, dentro de la configuración del inmortal: "El libro de los Médiums".

Kardec, el pedagogo, pero también el iniciado y benefactor de la Humanidad, inspirado por “las Voces de los Cielos” (los Espíritus Superiores guías de los hombres), retoma la terapia desobsesiva en la 2ª obra de la Codificación ya mencionada, y lo hace no para una minoría de escogidos (como en los Misterios del pasado), sino para los buscadores e iniciados de los nuevos tiempos que inspirados por la luz bendecida del Espiritismo, deseen colaborar en la obra de regeneración y liberación de las conciencias.

El maestro de Lion, asesorado por el Espíritu de Verdad, aborda las prácticas esotéricas de los primeros cristianos y de los gnósticos, y lo hace dentro de una óptica positivista, racional y moral, configurando una de las terapias más esenciales de la Doctrina de los Espíritus, donde obsesor (espíritu) y obsesado (hombre o mujer) tienen un encuentro con su yo interno y les es facilitado el despertar de sus conciencias cristalizadas en el tiempo.

Los espíritas (siempre cuando reúnan las condiciones mínimas para ser respaldados por los Hermanos superiores), en reuniones especiales de contenido íntimo, acogen a las entidades atrapadas en las fajas vibratorias del bajo astral, y ateniéndose a las directrices de la psicoterapia espírita pueden ayudar a las almas a recobrar su cordura y trascender al Mundo Superior que Jesús llamó el “Reino de los Cielos”.

Juan Manuel Ruíz 
"Asociación Espírita José Grosso", Córdoba

miércoles, 27 de abril de 2016

Ecología y Espiritismo


Ecología y Espiritismo

Considerando la Ecología, como la ciencia de las interrelaciones de todos los organismos entre sí mismos y su ambiente común, desde un punto de vista biológico, natural y material, su estudio junto al Espiritismo puede llevarnos a una comprensión más espiritual de los problemas actuales que son de su incumbencia.

El tema de la Ecología está, hoy en día, frecuentemente en los medios de comunicación debido al calentamiento global de la Tierra, la deforestación de los bosques, los problemas de acceso al agua potable, la contaminación del aire, del mar y de la tierra que se traslada a los alimentos, etc.

La Ecología, por sí sola, no puede movilizar todavía a dirigentes del mundo que acuerden tratados que nos lleven a un equilibrio homeostático planetario, donde cada individuo, familia o grupo social pueda convivir sin escasez de recursos con las mismas posibilidades de acceder a sus derechos fundamentales naturales. Será necesario además suplementarla con una transformación moral de los pueblos.

La Ecología es la ciencia que habla a la mente racional previniéndola del futuro próximo y la consecuencia de nuestros comportamientos respecto a la naturaleza y al medio ambiente. No es una ciencia exacta puesto que no te puede dar con precisión las consecuencias de nuestros actos, pero no por ello es menos científica e implacable. Podemos prever las próximas décadas en función de los abusos del presente y del pasado. Los esfuerzos a realizar para retornar lentamente el planeta a estados de conservación habitables y sostenibles no podrán recuperar aquello que fueron en el pasado, puesto que cuando una especie o ecosistema se extingue, su naturaleza material muere y desaparece.

Estudiando las Leyes Universales en los diferentes planos de manifestación intuimos por analogía que siempre las leyes materiales pertenecen o se incluyen dentro de leyes de naturaleza espiritual más amplia.

Las Leyes Universales se expresan en los diferentes planos de manifestación a través de leyes diferenciadas según su ámbito de aplicación hasta llegar al plano material donde podemos estudiarlas por analogía desde la observación científica, al igual que nos dice "El Libro de los Espíritus": "las leyes divinas se hallan inscritas en el libro de la Naturaleza, el hombre pudo conocerlas cuando ha querido buscarlas." ("El Libro de los Espíritus", preg. 626)

La Ecología bien podemos incluirla dentro de "la gran Ley de Unidad que preside toda la Creación" ("La Génesis", cap. I ítem 30, cap. III ítem 20, cap. X ítem 3, cap. XI ítem 23 y cap. XIV ítem 12). La Ecología estudia las interrelaciones materiales de todos los organismos entre sí, incluyendo sus ecosistemas, y la Ley de Unidad nos vincula en todos los niveles físicos y espirituales como seres, que en realidad somos uno con el Creador.

Si realmente fuéramos conscientes de la gran Ley de Unidad seríamos capaces de empatizar los unos con los otros, poniéndonos en el lugar del prójimo y sintiendo sus problemas como propios. Los países no explotarían a otros países, las sociedades no estarían divididas, los nacionalismos darían paso a un único nacionalismo para la humanidad terrestre y el futuro no estaría comprometido ni en peligro.

Basada en el estudio de la Ley de Causa y Efecto en el plano material, la Ecología nos adelanta el panorama que estamos preparando para nuestro futuro próximo. Considerando la Justicia Divina en su perfección, comprendemos como la Ley de Reencarnación nos hará retornar al plano físico terrestre las veces necesarias hasta que nos sintamos liberados de nuestra responsabilidad, también por los abusos cometidos contra la Naturaleza. No estamos deteriorando solamente el mundo para nuestros hijos o nietos, sino también para nosotros mismos.

Hoy en día la Ecología es una objeción de conciencia contra las principales tendencias que marca la sociedad. Todo tiene su grado de cordura y no hay que llegar a radicalismos excesivos que siempre son utópicos y carentes de sentido común. Es justo el sentido común el que tiene que guiarnos hacia la Ecología mediante el estudio de las interrelaciones materiales entre todos los seres vivos de la Tierra, mientras que es función del Espiritismo estudiar las mismas interrelaciones en su dimensión espiritual. Todo ello, nos permitirá un día asumir nuestras obligaciones como ser inteligente superior que ampara al ser inteligente inferior en base a la fraternidad universal que nos impulsa, al hombre de bien, "a amar primero a Dios, después a todas las criaturas y por último a uno mismo" ("El Evangelio según el Espiritismo" cap. XVII ítem 7).

La Fraternidad Universal, consecuencia de la Ley de Unión que rige toda la Creación, muestra el verdadero aspecto de la Ecología y tiene en el vegetarianismo su primera consecuencia como caridad entre especies, haciendo honor a las palabras: "Sed dulces y benévolos con todo lo que os sea inferior. Proceded igual con los seres más ínfimos de la Creación, y habréis obedecido a la Ley de Dios. San Vicente de Paúl ("El Libro de los Espíritus", preg. 888)

Podemos comprender ahora mejor las palabras de "La Génesis" cap. VII ítem 32: "El orgullo llevó al hombre a decir que todos los animales fueron creados para subvenir a sus necesidades y en su honor... ¿Cómo sostener tal tesis...?... esas especias tenían su razón de ser y su utilidad. Dios no pudo crearlas por un capricho de su voluntad y por el placer de luego aniquilarlas, ya que todas poseían instintos, el sentimiento del dolor y el bienestar. Entonces ¿qué finalidad pudieron haber tenido? Sin duda una finalidad soberanamente sabía a la que no estamos en condiciones de comprender aún. Tal vez un día se le permitirá al hombre conocerla para confundir su orgullo."

La Ecología toca el orgullo del hombre desde el primer momento marcándole los límites de donde está el abuso.

"El Libro de los Espíritus" nos habla de las consecuencias de abuso en varios apartados relacionados directamente con la ecología de tal forma que podemos decir que su rigor científico, nos puede ayudar a estudiar cómo "...La ley natural traza al hombre la frontera de sus necesidades. Cuando la traspone, es castigado mediante el sufrimiento." ("El Libro de los Espíritus" preg. 633)
Traspasar la frontera de las necesidades del hombre marca el comienzo del abuso y principio de todas las desigualdades discriminatorias. El planeta Tierra pudiendo producir todo lo necesario para la perfecta convivencia de todos sus criaturas es explotado por una pequeña minoría agotando sus innumerables recursos para "...satisfacer fantasías, ¿debe el hombre extrañarse de que no le quede nada para el día siguiente, y tiene razón de quejarse de estar desprovisto de todo cuando llegan tiempos de escasez? En verdad os digo, no es la Naturaleza la imprevisora, sino el hombre, que no sabe administrarse". "La tierra produciría siempre lo necesario si el hombre supiera contentarse con ello. Si la tierra no basta a todas sus necesidades es porque el hombre emplea en lo superfluo lo que podría destinar a lo necesario." ("El Libro de los Espíritus" preg. 705)

La mentalidad ecológica y el concepto de sostenibilidad ayudan al hombre a hacerse responsable respecto a la huella que deja en el medio ambiente, volviendo en lo posible a la vida sencilla, habilitándole para la renuncia y caridad con el medioambiente, apartándose del egoísmo desmesurado del consu-mismo.

El hombre ecológico ejercita la inteligencia en busca de soluciones sostenibles en temas como la energía, el autoabastecimiento, los cultivos biológicos, etc. Encuentra satisfacción en cada práctica ecológica que le acerca a la comprensión de la Naturaleza, a la vez que se siente más saludable disfrutando de las cuatro fuentes de bioenergía natural que proclama la medicina natural, la tierra con su magnetismo, el agua con su pureza, el aire con su vitalidad y el sol con su energía.

Hacia un mundo de regeneración

Sin ecología el tiempo en la Tierra se agota. La Tierra, o parte de ella, como hogar de luchas y experiencias, donde el espíritu evoluciona reencarnación tras reencarnación puede fallecer, en ecología este hecho se llama ecocidio.

Estamos en un momento en la historia evolutiva terrestre donde podemos discernir dos líneas divergentes completamente. Por un lado, está creciendo constantemente el número de conciencias que despiertan a la realidad espiritual y ecológica del planeta, y por otro la sociedad de consumismo continua extenuando los recursos del planeta, aumentando las diferencias sociales entre ricos y pobres, viviendo únicamente el presente con insuficientes acuerdos que contemplen el futuro.
Millones de conciencias en proceso de espiritualización se alinean en la actualidad entre estas dos líneas divergentes, sin abandonar todavía el lado consumista y egoísta de la sociedad. Mantienen sus preferencias político-territoriales y socio-económicas asociadas a su entorno por comodidad. Su despertar es lento debido a la turbación que produce el bombardeo incesante de la publicidad y los medios de comunicación, sustentados por las grandes corporaciones multinacionales que dominan materialmente los recursos del planeta y que no quieren dejar de hacerlo. Pero todo lo material tiene un fin en base a la Ley de Destrucción. Estas millones de conciencias caminan poco a poco hacia una mayor espiritualización que implacablemente conlleva el retorno a la sencillez, a la renuncia en favor de prójimo, tanto en esta generación como para las generaciones futuras, despertando el pensamiento ecológico a la vez que el espiritual.

La Tierra, mundo actualmente de expiación y pruebas, camina firmemente hacia su transformación en mundo de regeneración gracias al despertar de la Humanidad. Ineludiblemente este camino irá adqui-riendo cada vez mayor tinte ecológico. Sin ecología no hay futuro para la vida material, sin vida material no hay reencarnación y sin reencarnación no hay progreso espiritual y llega el estancamiento que activa la Ley de Destrucción, con sus catástrofes, para la renovación de las cosas. Catástrofes que ya son predichas por la misma ecología que puede llegar a evitarlas.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

lunes, 21 de marzo de 2016

La Felicidad


La Felicidad

Vivimos incesantemente en busca de la felicidad pero constantemente se nos escapa. A veces pensamos que la alcanzamos en determinados momentos pero estos nos duran muy poco. Su búsqueda es el impulso personal del individuo que desarrolla las sociedades en cada época de la historia, como consecuencia del instinto de progreso. La búsqueda de cubrir las necesidades es al instinto de conservación como la búsqueda de la felicidad es al instinto de progreso. El instinto de progreso no actúa con fuerza sin antes haber cubierto las necesidades del instinto de conservación, por ello, sin las necesidades primarias cubiertas, no podemos ser felices.

Una vez vislumbramos momentáneamente la felicidad, esta se nos escapa en seguida porque la felicidad absoluta no es de este mundo (1) y sin embargo, el hombre, "... en las vicisitudes que forman el cortejo inevitable de su vida, podría gozar, por lo menos, de una felicidad relativa ..." (2).
Comprendiendo que "la felicidad de los Espíritus es siempre proporcional a su grado de elevación" (3) o lo que es lo mismo: "...el estado de dolor, así como el de felicidad, son proporcionales al grado de depuración del Espíritu" (4), podemos concluir efectivamente que si bien la felicidad absoluta únicamente está al alcance de los espíritus puros que han alcanzado el más alto estado de elevación, el resto de espíritus, con grado variable de imperfecciones, disponen siempre de la felicidad relativa a su estado moral. Tenemos por tanto que centrarnos en alcanzar en cada momento la mayor dosis de felicidad relativa que tengamos accesible en nuestro estado de elevación, así como trabajar por aumentar nuestra moralidad de forma que aumentemos consecuentemente el rango de felicidad relativa accesible por nosotros.


Desarrollo moral aumenta la felicidad relativa

El estudio de "El Libro de los Espíritus" y "El Evangelio según el Espiritismo" nos dan la clave para alcanzar la felicidad mediante el desarrollo moral:

Nos indican donde no hay que buscar la felicidad: "...ni la fortuna, ni el poder, ni tan siquiera la florida juventud, son condiciones esenciales de la dicha" (1).

Nos hablan de instaurar la Paz en nuestras vidas puesto que la discordia es el origen de todos los males entre los hombres: "Todos los males de los humanos nacen de la discordia. En cambio, de la concordia resulta la felicidad completa." (5)

Nos permiten comprender que superando nuestras pruebas de la vida aumentamos nuestra percepción de la felicidad, haciéndonos más felices, puesto que esta, al ser relativa: "... la sentimos por comparación con un estado menos venturoso" (6). Cuando somos conscientes del camino realizado que dejamos atrás, una increíble sensación de satisfacción nos inunda debido al trabajo realizado.
Nos dan la fórmula de la felicidad, a través del cumplimiento de la Ley Natural: "La ley natural es la ley de Dios. Es la única verdadera para la felicidad del hombre. Le indica lo que debe hacer o no hacer, y sólo es desdichado porque de ella se aparta" (7).

Todo abuso de cualquier tipo nos aparta de la Ley Natural y consecuentemente implica una reparación dolorosa a través de la Ley de Causa y Efecto. Los pequeños abusos que escapan todavía al examen crítico de nuestra conciencia son origen de muchas infelicidades que nos asedian hoy en día. Los mayores abusos que realizamos hoy nos originarán grandes pesares mañana. La conciencia limpia se adquiere con amor, renuncia y compresión de las leyes naturales para un pensar, sentir, hablar y actuar lo más recto posible.

De esta forma, tomar conciencia y actuar a favor de los necesitados del mundo, de nuestro barrio, por la ecología o el sufrimiento en cualquier ser, por pequeño que sea, siempre va ir a favor de la Ley de Amor, Justicia y Caridad y por tanto nos reportará una satisfacción medible en términos de felicidad, gracias a conseguir una conciencia más limpia que conlleva una mayor paz y fe en el porvenir. Todo ello de acuerdo con las siguientes afirmaciones:

- "la persona sensible, como dices, es siempre feliz por el bien que realiza... La Naturaleza ha puesto en el hombre la necesidad de amar y ser amado" (8);
- "La suma de la felicidad futura está en razón de la suma del bien que se haya realizado" (9);
- "el amor y la justicia, que son la fuente del bien y de la felicidad" (10);
- "Sed buenos y caritativos, esta es la llave de los cielos que tenéis en vuestras manos, toda la felicidad eterna está encerrada en esta máxima (11).

De todas las leyes que nos impulsan hacia la felicidad, la mayor de todas es la Ley de Amor, Justicia y Caridad, puesto que "De esa ley derivan todas las otras, porque contiene todas las condiciones de la felicidad humana" (12). Además su aplicación es de utilidad esencial en nuestra vida puesto que "los efectos de la ley de amor son el mejoramiento moral de la raza humana y la felicidad durante la vida terrestre (13).

Dicha ley es la base de la doctrina que nos enseñó Jesús para ponernos en camino de la felicidad eterna, puesto que: "Toda la moral de Jesús se resume en la caridad y en la humildad, es decir, en las dos virtudes contrarias al egoísmo y al orgullo. En todas sus enseñanzas, manifiesta que estas virtudes son el camino de la eterna felicidad"(14).


Vivir felices (psicología del día a día)

Ninguno de nosotros partimos de cero en el aspecto moral. Todos tenemos pequeños avances que nos pueden permitir, en este momento, disfrutar de la felicidad relativa a la que tenemos acceso. Normalmente no somos conscientes de que podemos afrontar nuestra vida desde un lado más feliz que va a modificar sensiblemente nuestra experiencia para bien.
Considerando que somos responsables de nuestros infortunios, también somos responsables de nuestra dicha y por tanto somos libres merecedores de disfrutar de la felicidad relativa a la que tengamos acceso, puesto que del hombre “… depende suavizar sus males y ser tan dichoso cómo es posible en este mundo” (15).

Para ello debemos estudiar la ciencia de la felicidad. Técnicamente la felicidad es un estado emocional que supone satisfacción personal, sentimientos y emociones positivas.

La sensación de felicidad, al pertenecer al plano emocional, se ve directamente influenciada por nuestros pensamientos, puesto que el pensamiento dirige a las emociones. Dejamos de estar felices en el momento en que empezamos a pensar en algo negativo, debido a que inmediatamente nuestra mente reacciona con preocupación, tensión, ansiedad, etc., estados todos ellos emocionales incompatibles con la felicidad. Por todo ello, si queremos acceder a un estado de felicidad relativa, debemos controlar nuestros pensamientos y con ellos podamos crear el hábito de la felicidad. Cuida tus ideas, tus sentimientos, tu lenguaje y tus decisiones porque ellos te modelan día a día, de forma lenta pero profunda.

La felicidad es un hábito, como lo son el optimismo, el saber compartir, o bien, el pesimismo, la falta de fe o la mala educación. Dicho hábito establece el filtro a través del cual vemos la realidad que nos sucede diariamente, por lo cual únicamente veremos cosas que nos hagan felices a nuestro alrededor si poseemos el hábito de ser felices. De otra forma los momentos de felicidad que consigamos serán tan efímeros que sólo podremos vivirlos en determinados instantes segmentados.

La forma en que vemos la vida define nuestros pensamientos que a su vez determinan la forma en que vemos la vida. Es ahí donde tenemos que entrar con la conciencia y empezar a dirigir nuestro destino.

Una vez cubiertas nuestras necesidades básicas, la felicidad depende mínimamente de circunstancias externas y superficiales. La felicidad nace de dentro, de la autoestima, de la fe, de la ilusión, de la seguridad, de la paz, etc., y tiene que alimentarse día a día como el amor y la salud.

Estudios estadísticos realizados sobre la felicidad muestran que tan sólo el 10% de nuestra felicidad depende de las circunstancias externas. Se atribuye el 50% de nuestra felicidad a la predisposición genética, y el otro 40% a nuestra psique, en otras palabras, a nuestra forma de pensar o hábito de la felicidad.

Por el lado de la genética, hay que considerar que hoy en día no se puede separar de la epigenética (factores no genéticos que modifican la actividad de la genética), puesto que se demuestra que la propia experiencia del individuo marca el comportamiento de su material genético activando o desactivando determinados genes que marcarán su futuro. Se demuestra por este lado nuevamente que la forma en que vivimos nuestra experiencia, a través del filtro de nuestros hábitos, marcan por partida doble nuestro destino. Somos por tanto los máximos responsables de nuestra felicidad.
El ser humano está predispuesto naturalmente hacia el amor, la salud y la felicidad. La felicidad y la salud surgen naturalmente cuando carecemos de conflictos. Ante un conflicto el cuerpo se estresa y abandona el equilibrio momentáneamente en busca de optimizar las funciones e impulsos de supervivencia. Detiene incluso determinados procesos curativos para no gastar energías que supone necesarias. Ante un conflicto surgen las emociones básicas como la tristeza, miedo, preocupación, asco o ira, posponiendo la alegría y la felicidad para después de su resolución. Si vivimos con alguna de estas cuatro primeras emociones no podremos ser felices. Son necesarias puntualmente en nuestra vida pero sus conflictos necesitan ser solucionados para que vuelvan a surgir la alegría y la felicidad.
¿Cuántas veces nos hemos sorprendido cantando de alegría sin ningún motivo? ¿Cuántas veces mostramos felicidad en momentos donde no había razón lógica para ello? La razón es que no necesitamos un motivo o una razón lógica o externa para mostrar felicidad. La felicidad brota espontáneamente ante la ausencia de conflictos, es decir ante la paz y la armonía.

Pero la armonía para ser completa debe cubrir multitud de factores:
- Armonía corporal (buen funcionamiento, salud)
- Armonía afectiva (salud mental, paz, autoestima, felicidad)
- Armonía intelectual (equilibrio entre conocimiento, experiencia y sabiduría)
- Armonía personal (equilibrio, madurez, desarrollo...)
- Armonía familiar (Amor, convivencia, paz...)
- Armonía social (convivencia, justicia, paz...)
- Armonía moral (principios, valores, honestidad, responsabilidad...)
- Armonía espiritual (fe, transcendencia...)

Si nos damos cuenta, cada uno de estos aspectos requieren de actitud y trabajo por nuestra parte. No hay armonía gratuita salvo la del Universo que se escapa a nuestra comprensión y radio de acción. Incluso la armonía de la Tierra es interrumpida por el hombre debido al abuso y a la carencia de sostenibilidad.

¿Y qué ocurre si no tenemos ningún conflicto que nos haga infeliz? Muchas veces tenemos el hábito de buscar conflictos. Tenemos interiorizado que la felicidad viene de fuera y la mente, en respuesta, repasa minuciosamente aquellas cosas que cree que nos faltan para ser felices. Esto crea conflictos puesto que no siempre tenemos acceso a esas cosas. Viaja al pasado para recoger información y nos proyecta al futuro para darnos expectativas pero el caso es no detenerse en el presente, salvo para preocuparse. La preocupación es un estado incompatible con la armonía y por tanto con la felicidad. Debemos ocuparnos de los problemas pero no pre-ocuparnos cuando, en esos momentos, no es de ayuda.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

Referencias:
1.  "El Evangelio según el Espiritismo”, cap. V, ítem 20
2.  "El Evangelio según el Espiritismo”, cap. V, ítem 23
3.  “El Libro de los Espíritus“, preg. 967
4.  “El Libro de los Espíritus“, preg. 1004
5.  “El Libro de los Espíritus“, preg. 298
6.  “El Libro de los Espíritus“, preg. 394
7.  “El Libro de los Espíritus“, preg. 614
8.  “El Libro de los Espíritus“, preg. 938
9.  “El Libro de los Espíritus“, preg. 987 
10.“El Libro de los Espíritus“, preg. 1018
11."El Evangelio según el Espiritismo”, cap. XI ítem 12
12.“El Libro de los Espíritus“, Conclusión IV
13."El Evangelio según el Espiritismo”, cap. XI ítem 9
14."El Evangelio según el Espiritismo”, cap. XV ítem 3
15.“El Libro de los Espíritus“, preg. 920 

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La humildad


La humildad

La humildad es el carisma que nos hace comprender nuestra propia esencia. Nunca sabemos tanto sobre las cosas como nos pensamos, nunca dominamos tanto un tema para sentirnos ofendidos si nos corrigen con fundamento, nunca estamos en posesión absoluta de ninguna verdad, ni tenemos todos los matices de la sabiduría, ni hemos subido todos los escalones que todavía nos aguardan en la escala de Jacob, verdadera metáfora bíblica sobre el crecimiento espiritual a través de los diferentes planos de la existencia cósmica. ¡Qué pequeños somos! ¡A qué tanta irritación por nuestra parte! “Padre, ¡perdónalos porque no saben lo que se hacen!”, nos ha llegado como tradición tal consigna dicha por Jesús de Galilea, momentos antes de su muerte. Y es cierto, ¡qué equivocados que estamos y cuánta soberbia nos domina el corazón, nos impregna el alma y nos envilece el espíritu; el sentimiento!

Nos enseñan los espíritus constantemente que somos apenas ápices en esta andadura celestial, seres pobres de espíritu que todavía buscan alcanzar la verdadera libertad, la verdadera conciencia de su existencia. Pobre de nosotros, tan atados como estamos a las ligaduras que nos ciegan y nos impiden ver más allá de la materia.

“Sólo sé que no sé nada”, y no decía cualquier cosa el frontispicio del templo de Delfos. ¿Hay algún alegato más sensato de lo que es la humildad? La humildad es constructiva, busca crecimiento, no quedarse estática. La humildad es fuerza para acatar y continuar, ilusión para persistir, grandeza para asimilar. La humildad no es pobreza de espíritu, ni tibieza del alma, qué equivocadas aquellas teorías que pregonan la rabia por encima del amor.

Hay planos superiores en donde todos los seres están hermanados y entre todos se apoyan y todos aprenden de todos, porque no hay más ciego que el que cree que con saber datos ya sabe algo. En la Edad Media en algunas vidrieras de las catedrales e iglesias principales se podía ver la figura de gigantes del pasado, con los nuevos estudiosos subidos a sus hombros; puesto que todo es un continuo construir con lo ya avanzado, nadie hace nada desde la nada. Pues bien, esta sublime idea en dichos planos es captada en toda su grandeza y puesta de manifiesto en todo su esplendor. Porque aprenden a amarse, a compartir. A saber hacer válido al que sabe menos en una cuestión técnica, siendo henchido su corazón de bendiciones y de sabiduría auténtica; que es aquella que trae consigo la felicidad y el reconfortamiento interior; no la vacua pesadumbre que en nuestro plano parecen acarrear aquellos a quienes los comités y las academias condecoran como sabios. Pobres sabios que sufren y anhelan un título en su despacho, muchas veces más, que una sincera contribución para el bien común y la humanidad.

Premio Nobel de medicina, año 1906: premio compartido entre Golgi y Ramón y Cajal por sus investigaciones en las comunicaciones interneuronales.

Auditorio pleno. Golgi propone la “comunicación reticular”, las neurona están unidas entre sí como un ovillo de lana. Cajal una teoría mucho más avanzada y compleja pero a la vez más original, es decir: que entre las neuronas existe un salto de información de las unas a las otras (no estando por tanto unidas); estamos por tanto ante el nacimiento de la neurociencia, pues el sabio aragonés intuyó genialmente la existencia de los neurotransmisores. Por consiguiente, la historia le daría la razón a él, en detrimento de Golgi, descubridor de otras importantes actividades biológicas, pero errado en dicha teoría.

Al salir al estrado y exponer el discurso que cada premiado ha de dar, Golgi defendió su premio frente a la teoría de Cajal. Se consideraba único merecedor de dicho galardón.
El sabio aragonés, al intervenir, en lugar de defender su teoría, o vanagloriarse, alabó durante todo su discurso la importante labor científica del profesor italiano.

He aquí una grandeza de espíritu, que con escasos medios logró uno de los hallazgos más relevantes de la ciencia biológica de los últimos tiempos. Y que a su vez era sabio de verdad, porque en su humildad halló la fuerza para un continuo avance y construcción, en pro del bien de la humanidad.
Por tanto, ¿algo más inútil que el ego?

El aprendizaje es algo propio y de crecimiento personal, para el bien común, para compartir y ampliar el grado de vibración de la atmósfera que nos envuelve en nuestras relaciones. No para inútilmente jactarse de una posición, de la que sin nuestro entorno, nunca hubiéramos podido desarrollar. Por tanto devolvamos al mundo parte de lo que él nos ha dado, pues somos una simbiosis de lo que nos rodea.
Jesús Gutiérrez Lucas 



sábado, 19 de marzo de 2016

La escalera hacia la obsesión



La escalera hacia la obsesión

El proceso de la obsesión observa grados, así como las enfermedades del cuerpo; pueden desarrollarse gradualmente o avanzar rápidamente en un grado determinado.

Para alcanzar el desequilibrio en la víctima, el obsesor se va acoplando, sintonizando y ajustándose poco a poco, en función de los desajustes y disturbios emocionales del “obsesado”. Son las “actitudes mutuamente asumidas”, como escribe Wallace Leal Rodríguez, en el prefacio que hace para el libro de Allan Kardec, “La Obsesión”.

Diversos grados o peldaños en los procesos obsesivos:

La contrariedad

Cuando una persona observa que algo o alguien no se comporta, piensa, reacciona o se expresa a su gusto, su contrariedad es notoria. El orgullo se manifiesta claramente en actitudes extremistas o de descalificación hacia los demás. Es en esos momentos, que nuestros hermanos inferiores, encuentran el medio o el “caldo de cultivo”, para sintonizar e influenciar a su futura “víctima”.

El enfado

Es la suma de contrariedades que, si antes se concentraba en distintos puntos, ahora se amplía al lugar de trabajo, al círculo de amistades o parientes.
La víctima cree que la razón está de su parte y piensa: “son los demás los que se equivocan.” La persona queda impregnada de esas bajas vibraciones, que le son enviadas constantemente, apoyadas por las entidades que planean “instalarse”.

De la irritación 

Por el enfado creado, los nervios comienzan a hacerle pasar malos momentos. El individuo nervioso, va perdiendo el control. Sus actos, palabras y actitudes pueden llegar a ser ofensivas, agresivas y coléricas. Se sienten humillados, tal vez, amenazados por los demás, algo que los obsesores incitan en la víctima. Su comportamiento comienza  a ser “extraño”.

El malhumor

Permaneciendo cada vez más en sintonía con el obsesor, la persona se siente malhumorada, irritada y contrariada. La continúa afinidad de bajo tenor vibratorio hace que el individuo “conecte” de continuo con sus perseguidores y aumente, aún más, su extraño estado, queriendo aparecer como “víctima” delante de los que son las víctimas reales, todos los que le rodean. El obsesado se queja de que “no le hacen caso” o no “le prestan oídos” etc. Al más mínimo llamamiento a la razón, el individuo explota con ira, que ellos aumentan desde el plano invisible.

El pesimismo

El obsesado jamás es optimista. Busca constantemente la negatividad que, en condiciones actuales de vida, halla sin dificultades. Le molesta el optimismo en los demás. Se vuelve receloso y desconfiado. Crece su estado de inseguridad y vive mentalmente situaciones y diálogos que nunca ocurren. El “no”, siempre está presente en su mente, y aquellos que le hostigan, le refuerzan sin compasión, aquello que él no controla, ni se esfuerza en superar.

La frustración

La frustración es un grado más en la escalera del obsesado. Sus verdugos van controlando, cada vez más un campo abonado. El frustrado revive, una y otra vez, todas sus frustraciones, viviendo en un círculo cerrado, que le convierte en un resentido, triste y, muchas veces, en un amargado.
Crece en él sentimientos negativos: envidia, celos y angustia.

La angustia

Está en uno de los mayores estadios. El estado de ansiedad le atormenta. Siente una gran angustia, que se convierte, en desesperación. Poco a poco, el individuo va perdiendo el sentido de la realidad. Su capacidad de juicio, va esfumándose. Y el obsesado se convierte en presa fácil, para aquellos que aún, no tienen o no quieren tener conciencia del bien. En esos momentos delicados y graves, él  casi nunca tiene capacidad de reaccionar por sí mismo; su mundo se va empequeñeciendo, a medida que va creciendo la influencia de “ellos, los invisibles”, para convertirlo en víctima entregada. La persona está imantada con sus perseguidores o verdugos, que harán todo lo posible por estrechar los lazos de afinidad; no dejaran que su víctima escape; de ahí a la subyugación hay un paso.

Es en ese momento cuando la víctima debe reaccionar o aceptar la ayuda que le venga del exterior; sea de los Amigos Invisibles o visibles. Su voluntad será su mejor aliada y, desde el momento que sea consciente del problema, de la  gravedad del problema, podrá ponerse a trabajar en su propia recuperación. La oración, el pensamiento elevado, la conducta positiva y el firme deseo de romper los lazos que le unen a sus verdugos, serán las mejores “armas” para luchar.

Una vez que existe conciencia de lo que está ocurriendo y hay conocimiento de la causa de sus padecimientos, será más fácil romper el yugo y comenzar a luchar por la “liberación”. Pero siempre hay que tener mucha confianza en Dios, en los buenos espíritus, en uno mismo y, tener la mente y el corazón volcados hacia el bien: esa es la mejor cura. Cuando se pone en práctica, los verdugos intentan un ataque mayor y feroz, pero  la “víctima”, está cambiando de tono vibratorio y con su voluntad está sintonizando con los que le quieren bien y, de esa forma le resultará más fácil romper el yugo. Saldrá de la misma frecuencia ¡Sólo basta querer, para poder! Y se puede.
No nos ha de faltar la ayuda del plano espiritual elevado y de luz.

Isabel Porras



martes, 8 de marzo de 2016

Amor, perdón, cura y autocura - entrevista con Andrei Moreira




Amor, perdón, cura y autocura - entrevista con Andrei Moreira

- Dr. Andrei, ¿qué es la salud, la enfermedad, la cura y la autocura en la concepción médico-espírita?

La salud es entendida como el reflejo del equilibrio del ser en relación a las leyes divinas. En la visión espírita el hombre es un ser inmortal, alguien que preexiste a la vida física, que sobrevive al fenómeno biológico de la muerte y, a lo largo del proceso evolutivo, a través de la reencarnación, va creciendo, desarrollándose en dirección a Dios. La salud del cuerpo físico es un reflejo del nivel de equilibrio de ese espíritu en el proceso evolutivo ante el amor, lo bello y el bien. Entonces, la enfermedad es una señal interior de reequilíbrio, invitando al ser a reconectarse  con el amor y con la fuente. Es un mensaje generado en lo más profundo de la realidad espiritual del ser y que se refleja en el cuerpo físico como una invitación a la reconexión con el amor, al desarrollo del autoamor y del amor al prójimo. En esa visión, la salud y la enfermedad son construcciones del propio hombre y nadie es víctima de nada, sino de sí mismo, de sus propias decisiones, de sus propias elecciones, de aquello que decide y determina en su vida. Por lo tanto, toda cura es también un fenómeno de autocura, porque para que ella se instale definitivamente, es necesario que haya no sólamente un alivio de los síntomas y una resolución del proceso biológico en el cuerpo físico, sino también una reformulación moral del pensamiento, del sentimiento y de la acción, haciendo que el ser sea transformado en profundidad, en consonáncia con la ley divina, es decir, más en sintonía con la ley del amor.

- ¿El amor es, entonces, el camino para la cura?

El amor es el gran medicamento, es la gran finalidad de la existencia. En verdad, caminamos en dirección a Dios como el "hijo pródigo" de la parábola de Jesús, reconectando nuestra relación con el Padre y retornando hacia la casa de Dios, que, en verdad, está dentro de nuestro propio corazón, donde Dios está. Poco a poco, vamos haciéndolo, descubriendo nuestras virtudes, la grandeza íntima que hay dentro de nosotros, todo aquello que Dios nos dio como posibilidad evolutiva y que puede realizarnos plenamente. En ese contexto, el amor representa el movimiento medicinal por excelencia, como movimiento de respeto, de valorización, de inclusión y de conside-ración. Él nos trata las enfermedades del alma, que son orgullo, egoísmo, vanidad, prepoténcia, arrogancia y nos coloca en sintonía con la fuente, que es Dios, auxiliándonos a reconectarnos  con el Padre. Desarrollar el amor es el camino más rápido, fácil y eficaz para la cura del alma y del cuerpo.

- En los seminarios, usted presenta también el perdón como el camino para la salud integral. 

Sí, el perdón es condición esencial para la salud. Sin el perdón, no hay paz interior, no hay salud ni física, ni emocional. Shakespeare decía que no perdonar o guardar rencor es cómo beber veneno deseando que el otro muera. El veneno actúa en aquel que lo guarda, que lo cultiva dentro de sí. Y el rencor actúa dentro de nosotros en semejanza a una planta que, una vez cuidada, cultivada, va creciendo, creando raíces, da flores, frutos y se multiplica. Y nosotros terminamos enredados en una serie de dolores emocionales, sin que ni sepamos, a veces, donde  comenzó todo, porque vamos guardando las cosas dentro de nosotros, sin trabajar, sin dialogar, sin metabolizar emocionalmente aquello que estamos sintiendo, vivenciando. Cuando nos damos cuenta, la situación está en una cuestión muy profunda y muy grave.

Para que tengamos paz, es necesario que abracemos el perdón como un proyecto. El perdón es una decisión por la paz, que se traduce en actitudes para el establecimiento de dicha paz, en la compren-sión de las cuestiones emocionales, de nuestras características personales, de las circunstancias que envuelven el acto agresor y de la responsabilidad y co-responsabilidad nuestra en el proceso. Él se produce como un proceso, porque no se da de la noche a la mañana. Él se construye a lo largo del tiempo y a través de actitudes sucesivas de búsqueda de esa metabolización emocional que, muchas veces, necesita de un acompañamiento terapéutico profesional, a través de un psicólogo que haga ese tratamiento íntimo y nos ayúde a encontrar nuestras respuestas, sentidos y significados más profundos.

El perdón pasa también por la acogida y aceptación de nuestra humanidad y de la humanidad del otro, sobre todo, en la superación de los traumas, porque sólo aceptando la condición fundamental del ser humano, de estar en un proceso continuo de error y acierto, es que la gente se da cuenta de convivir con los equivocaciones del otro que nos hiere e incluso con nuestros mismos. Naturalmente, nosotros sólo hacemos por el otro aquello que hacemos por nosotros. Entonces, tan sólo conseguimos aceptar la humanidad del otro cuando aceptamos nuestra propia humanidad, cuando acogemos en nosotros nuestra capacidad de errar y recomenzar, abrazando el auto-amor como una propuesta de vida. El autoamor es hijo de la humildad, una de las representaciones magníficas del amor divino, aquella decisión interna de acogernos, de tratarnos con ternura, compasión y con la benevolencia que nosotros necesitamos, aunque con la firmeza necesaria para domar nuestras pasiones y renovarnos de nuestros defectos que juzguemos necesarios. Entonces, el perdón es una actitud de conquista de ese estado de paz interior, a través de la comprensión de las circunstancias que nos envuelven y de la decisión por el amor.

- En la actualidad, es muy importante el número de personas adictas a anti-depressivos, ansiolíticos, bebidas, etc. ¿Qué podría decir a esas personas?

Toda dependencia es una búsqueda de aplacar el vacío interior a través de cosas externas. Pero ese vacío interior, que todos nosotros tenemos, sólo es aplacado por la presencia del autoamor. El vacío es un vacío de amor, pero ese amor que nos falta no es el amor que viene del otro, es el amor que viene de dentro, es el amor que la gente puede darse. Entonces, para el tratamiento y la profilaxia de cualquiera proceso de dependencia, es importante enseñar a las personas a valorarse, a gustarse y respetarse. Estableciendo relaciones familiares honestas donde las personas dialoguen, conversen, estén atentas unas a las otras y compartan sus emociones, mostrándose, no de forma idealizada, sino de forma honesta, real, enseñando cada uno a ver, en todos nosotros, luz y sombra, belleza y fealdad, cosas positivas y negativas. Nosotros necesitamos aprender a acoger esos dos lados, aprendiendo a transformar aquello que no amamos en nosotros y a valorar y desarrollar aquello que hay de bueno, de positivo.

La depresión pasa por la no aceptación de la vida. Hay un mensaje subliminal en el depresivo que es: "como no tengo la vida que deseo, no acepto la vida que tengo". Hay también un mensaje de la arrogancia, de prepotencia de creer que, hiriendo a sí mismo, hiere a la propia sociedad, hiere al mundo. Muchas veces, por detrás de la depresión, hay culpas y procesos autopunitivos profundos, en virtud de la ausencia de la humildad, sin permitirse aceptar la vida como es y recomenzar cuántas veces sean necesarias para alcanzar la felicidad.

En el tratamiento de la depresión, es importante tratar la cuestión del desarrollo de la aceptación de la vida, del sometimiento activo a Dios. Eso significa "aceptar la vida tal como es, pero haciendo todo lo posible para alcanzar aquello que se desea", sin abandonar el placer de vivir, sin entrar en aquella tristeza patológica, aquella tristeza excesiva que se configura como estado depresivo.

Los antidepresivos son muy útiles cuando están bien indicados durante un correcto período, pero no pueden convertirse en un muleta, no son la píldora de la felicidad, no pueden ser la fuente que nos da la realización íntima, que aplaca nuestro dolor. Nosotros tenemos, hoy, en nuestra sociedad, una medicación excesiva, un uso abusivo de medicamentos, porque no aprendemos a lidiar con naturalidad con nuestras emociones. El miedo, la tristeza, la rabia, la alegría son emociones básicas, y nosotros tenemos que aprender a lidiar con ellas. Cuando no lidiamos de forma natural con ellas enferman transformándose en rencor, en pánico, en euforia o en depresión.

En nuestra sociedad, observamos que hay un exceso de medicación de las emociones naturales. Tan pronto la persona se encuentra triste, enseguida toma un antidepresivo o un ansiolítico para evitar trabajar su ansiedad o su tristeza. Pero la ansiedad y la tristeza son situaciones naturales de la vida, que hasta un determinado nivel son muy positivas y que nos hablan mucho acerca de nosotros mismos. Es importante que el autoconocimiento guíe el proceso, para que entendamos lo que está sucediendo en nuestra alma y en nuestra vida. Marta Medeiros habla, de una forma muy bella, que la tristeza es el cuarto profundo donde la gente analiza su vida. Y eso es lo que nosotros tenemos que aprender: a estudiar nuestras emociones, nuestras características, para retirar de ellas enseñanzas preciosas acerca de nosotros mismos y del prójimo y, con eso, nos hagamos mejores personas.

- ¿El suicidio puede ser visto como una enfermedad del alma?

El suicidio es un acto de desesperación en que el sujeto intenta matar el dolor que hay en él y que, muchas veces, envuelve a la familia y a otros en una situación de dolor aún mayor que aquella que era el dolor original. Por eso, también es una manifestación de egoísmo. Nosotros debemos evitar el suicidio en nuestra sociedad, estableciendo la acogida del dolor emocional de las personas, a través de servicios competentes en que las personas puedan ser escuchadas, oídas, acogidas y donde puedan ser bien orientadas a través de un acompañamiento terapéutico con profesionales competentes, que puedan ayudarnos a metabolizar los dolores y las dificultades que vivimos. Necesitamos, sobre todo, de una enseñanza moral que nos de base y subsidio para entender quienes somos, lo que vinimos a hacer y hacia donde vamos. Una base moral que nos suministre elementos de estímulo al desarrollo de las virtudes que son potencias del alma y verdaderos profilápticos contra el suicidio.

En la visión espírita, el suicidio es un acto muy infeliz, porque el individuo se reconoce vivo en el otro lado de la vida, matando solamente el cuerpo físico. Y aquel dolor original, además de no quedar resuelto, es aumentado por la circunstancia del acto agresor a la propia vida. Ese es un derecho que ninguno de nosotros tiene. Solamente a Dios compete dar y retirar la vida. Entonces, delante de aquel que cometió el suicidio, nosotros debemos actuar con compasión y misericordia, enviándole nuestras plegarias. Las oraciones sinceras de aquellos que les aman o incluso de aquellos que tienen buena voluntad y desean auxiliarles llegan hasta el corazón de aquellos que están en sufrimiento en el otro lado de la vida como verdaderos bálsamos, alivios y medicamentos que suavizan su sufrimiento y los auxilian a proseguir. Como la vida es eterna, cada uno tendrá la oportunidad de renovarse, de recomenzar, aunque teniendo que lidiar con los resultados infelizes que, a veces, son sufrimientos innecesarios de esos actos de desesperación.

- En la educación de los hijos, ¿qué podríamos decir, sobre todo a los padres que tienen dificultad en imponer límites, en decir no a sus hijos, con graves consecuencias a veces? 

Nosotros sabemos que, hoy, es muy difícil para las familias aprender a colocar límites, porque vivimos procesos educativos que dan mucha liberalidad a los jóvenes, sin el proceso educacional que los enseñe a usar la libertad con responsabilidad. Entonces, los padres, como educadores morales, no pueden eludir su papel. Deben utilizar varios instrumentos, buscar ayuda profesional si fuera necesario. Necesitan ser, aquellos que buscan todos los recursos y medios para suministrar al individuo el elemento educacional, que viene, sobre todo, por el ejemplo, porque los adolescentes aprenden mucho más viendo lo que sus padres hacen, que escuchándo lo que sus padres dicen. El ejemplo de la familia es extremadamente importante en el proceso educacional.

- Incluso, con internet, ¿no es así? Hay juegos de internet que habría que limitar también...


Juegos viciantes, agresivos, que desarrollan la agresividad en el individuo y que, muchas veces, alienan al individuo de la vida de relación. Nosotros hemos visto adolescentes viciados en juegos de internet que no priorizan la relación con el prójimo, el estar fuera de casa, el convivir. Con eso, acaban haciéndose adultos cerrados, reprimidos y con dificultades de establecer lazos afetivos profundos. Aunque, todos los instrumentos de la vida son positivos, también tienen que ser moderados. Los padres tienen que limitar el uso de Internet, consesuar un acuerdo con sus hijos. No actuar simplemente de forma autoritaria, si no establecer acuerdos para los procesos educativos que lleven al joven a relacionarse con el deporte, con la sociabilización, con la educación moral, con las actividades sociales y con la responsabilización con el bien hacia sus semejantes. El joven puede ser dirigido hacia actividades voluntarias, caritativas, que son extremadamente educadoras y hacen al joven conocer otras realidades, vislumbrar otras perspectivas y, muchas veces, resignificar la propia vida y el propio contexto. Es deber de los padres establecer los límites y las reglas de la convivencia sin abandonar ese derecho y obligación moral que ellos tienen.

- ¿Puede hablarnos de su libro “Cura y autocura”?


"Cura y Autocura, una visión médico-espírita", es una publicación de la AME editora, el órgano editorial de Asociación Médico-Espírita de Minas Generales, y trata la salud y la enfermedad dentro de la visión espírita. Son 16 capítulos, tratando diversos aspectos como, por ejemplo, el perdón como camino de cura, la caridad como instrumento de cura, la acción del pensamiento en la salud y en la enfermedad, las curas de Jesús, la salud y la enfermedad en la visión espírita, terapéutica médico-espírita, así como el terapeuta como sanador y otros asuntos, con la presentación de casos, de trabajos prácticos, y también en ese sentido, sobre todo el amor y el auto-amor como caminos de encuentro del ser consigo mismo y de cura del cuerpo y del alma.

- Para finalizar, deje un mensaje de Navidad para nuestros lectores.

El mensaje de Navidad que os dejo es que todos nosotros aprendamos a reconocer en Jesus al guía y modelo de nuestras vidas. Él es la síntesis del amor universal, es el gran representante de la ética transpesonal del amor, de lo bello y del bien. Nosotros tenemos que entender que su mensaje no es un mensaje religioso para ser vivido en las iglesias, en los centros, en los cultos, sino es un mensaje para todo día, para todo y cualquier instante y lugar. Es un mensaje de transformación y renovación del alma, de reconexión con el Padre, con el Creador dentro de nosotros, de ligarnos con la fuente del eterno bien y de lo bello que hay dentro de nosotros. Las virtudes predicadas y vividas por Cristo son la gran referencia de vida para que nosotros conquistemos un patrón de comportamiento que sea superior y ejemplar, que vuelva pacificas nuestras almas y realice a nuestros espíritus. Debe ser un mensaje que esté sobretodo más en la práctica antes que en nuestros labios. Este mensaje tiene que estar en nuestras acciones, siendo esfuerzo y vivencia del día a día. Es la fuerza que puede renovar y transformar nuestra sociedad.

Dr. Andrei Moreira
Médico de familia integrante de 
un equipo del PSF en BH/MG
Presidente de la Asociación Médico-Espírita de MG


martes, 1 de marzo de 2016

El espírita como elemento educativo (y educable)


El espírita como elemento educativo (y educable)

Sabemos que el Espiritismo es una propuesta de educación universal: del ser intelectual, social y espiritual… Por lo mismo, no podemos configurar una educación integral si no existe en paralelo una autoeducación propia. El espírita que piense que por asistir a un centro o leer a Kardec, etc., está preparado para las labores de divulgación, se equivoca. No basta: nuestro compromiso espiritual nos exige (antes que nada) la labor constante de autoedificación personal… y, para esto, la teoría no es aval suficiente.

No queremos decir que cada cual no pueda hablar y dialogar sobre Espiritismo cuando lo sienta y toque: con amigos, familia y/o gente interesada en general, desde su posición y adquisiciones culturales propias, sean cuales sean (puesto que el Espiritismo no es elitista en cuanto a capacidades intelectuales), pero si lo hacemos con sensatez y sabiduría interior, mejor que mejor… Si esto que decimos es vital en un ámbito más discreto, no hablemos cuando, además, decidimos acometer empresas de más envergadura: como publicaciones, hablar de cara al público, puestos de responsabilidad, etc, etc… entonces sí que debemos reforzar aún más el proceso de autoeducación. Ojo: no estamos hablando de cultura (aunque esta siempre será un hándicap), sino de educación íntima… esto incluye principalmente las habilidades sociales básicas.

Lanzándonos al exterior, sin remodelación personal previa, dominados por un exceso de celo o emoción (ya sea por lo mucho que nos ha calado ciertas lecturas o por lo que, en lo personal, admiremos a tal o cual figura pública), podemos ser más un obstáculo que un referente positivo. Y de hecho, esto ocurre.

Por lógica, pero sobre todo por prudencia, antes, no debemos obviar elementos imprescindibles para incorporar en nuestras intervenciones: como la mesura, el tacto, capacidad de escucha, la imparcialidad, etc. Con las prisas o por falta de reflexión, podemos dejar atrás estas cosas que, no lo olvidemos, van hablar mucho más alto (aunque no lo percibamos) que aquello propiamente espírita de lo que estemos tratando, por interesante que sea. Si descuidamos aspectos de actitud correcta, imparcialidad y enriquecimiento íntimo, de cara a la galería podemos pasar por poco más que unos nuevos iluminados.

Se percibe con nitidez el espírita que hablando de Espiritismo pretende antes que nada ilustrar, abrir un proceso de diálogo nutritivo (consolar, si tal es el momento), de aquel otro cuyo interés es convencer y/o adoctrinar. Esto es un hecho.

Las habilidades sociales, la asertividad, la autoestima, el pensamiento positivo, resolución de conflictos, etc., son aspectos educa-cionales hoy cada vez más deman-dados en contextos diversos como la escuela, la empresa, la intervención comunitaria, etc. A los espíritas nos vendría muy bien incorporar estos recursos en nuestra trayectoria personal (charlas, talleres, lectura especializada, etc.), a la vez que serviría para optimizar la labor del centro espírita y también de puertas afuera para resultar más creíbles.

El aprendizaje de destrezas sociales e interpersonales serían un refuerzo valioso para el comunicador espírita (sea cual sea su nivel cultural), a la vez que enriquecería  la organi-zación propia del colectivo espírita, aportándonos habilidades y fortalezas que facilitarían la creación de estrategias comunicativas, integración de propuestas organizativas, etc…, y esto no solo favorecería a nivel espírita, sino también en el ámbito familiar y personal.

El espírita consciente no solo debe prepararse en el aspecto teórico, pues si no lo hace a nivel autopersonal, carecerá de la renovación imprescindible que se espera de nosotros, y haría mejor no hacerse portavoz de ninguna escuela de crecimiento como es el Espiritismo. Debemos ser sensatos, honestos y valientes en cuanto a nuestros puntos flacos, recono-cerlos y trabajarlos; no dejarlos ahí disimulados con una cobertura de conocimiento doctrinario, entre otras cosas porque están ahí… (y se nota).

No es tanto lo que estamos diciendo (por elevado que sea), sino como lo estamos diciendo.

Pensamos que en el ámbito actual de nuestra coyuntura sociocultural, hay en el movimiento espírita necesidad de una revisión de patrones internos… Si deseamos ser creíbles, es indispensable desembarazarnos de modelos impostados que, en las últimas décadas, se nos han ido adhiriendo poco a poco (pero que no son oriundos del Espiritismo), pero sobre todo, el espírita precisa exteriorizarse de otra manera: más racional, y al mismo tiempo, más natural y cercana.

Hay tantas formas de acercar el mensaje espírita a los demás, como maneras de hacer que se alejen en cuanto abrimos la boca…

Esto es muy importante, yo diría que imprescindible para el espírita actual y los diversos contextos educativos formales e informales en los que nos movemos. No es necesario esperar que lo proponga un orador de renombre o que un autor desencarnado lo refleje en una comunicación para saber que (por lógica), es positiva, saludable y necesaria esa remodelación educativa íntima y, dentro de esta, las maneras que tenemos de llegar a los demás.

Juan Manuel Rúiz


miércoles, 24 de febrero de 2016

Donación de órganos, un acto noble y meritorio

Donación de órganos, un acto noble y meritorio

Los progresos de la medicina tienen protección espiritual, no cabe  duda, ya que  están acompañados por espíritus benefactores, que aportan remedios  en el tratamiento de las enfermedades, propiciando su cura o aliviando en la medida de lo posible el dolor que estas causan.

Entre los grandes avances de la medicina, en el intento de suavizar los sufrimientos físicos de los hombres, uno de los que se han mostrado más eficaces es el de los trasplantes de órganos.
Nosotros, que tenemos conocimientos espíritas,  no deberíamos ser reacios  a este tema, ni sentir miedo o aversión.

Después de la muerte física, los lazos energéticos que unían el espíritu al cuerpo material van deshaciéndose gradualmente. Sin embargo,  una vez iniciado el proceso, es imposible para el espíritu volver a “reencarnar” en el mismo cuerpo. Entonces, los órganos del cuerpo ya no sirven para nada.

Siendo las donaciones de órganos un acto de amor, se entiende que el donador ya tiene cierto  desapego de la materia, en cuyo caso, no  debería sufrir ninguna impresión negativa con la retirada de algún órgano suyo.

De esta manera, el sufrimiento no será nada más que una pequeña impresión o, tal vez, una repercusión energética. Generalmente no pasa de un sufrimiento moral, pero cada caso es diferente.
Hay que considerar además, el constante amor de Dios hacia todos sus hijos. En caso de donación, cuando sucede una muerte reciente, el donante tiene  un merecimiento adicional, fruto de la utilidad del  desprendimiento de su organismo físico, el cual, en caso contrario, terminaría volviendo a la tierra o reduciendose a cenizas.

Joanna de Ángelis nos habla sobre el cuerpo humano en los siguientes términos:
“Gran préstamo divino, es el instrumento de la evolución espiritual en la Tierra. Por ahora sirve también de laboratorio de experiencias por las cuales los constructores de la vida, hace milenios, vienen desenvolviendo posibilidades superiores para culminar un resultado todavía más refinado y sano”.

La palabra préstamo deja patente que el hombre,  no es dueño del cuerpo que utiliza en la Tierra, solo es,  un inquilino temporal de este, por lo tanto, podemos afirmar que el altruismo de las donaciones de órganos para trasplantes tienen su razón de ser y su jus-tificación.

La donación de órganos, por tanto, presupone un desprendimiento de los bienes terrenos, específi-camente del cuerpo físico, del cual el hombre no pasa de ser un usuario eventual.

Así pues, donar órganos es  un acto de amor con la finalidad de beneficiar a los demás, por lo tanto, solo traerá beneficios para quien lo realice.

La ley Divina de Acción y Reacción,  también beneficiará al donante, ya que no solo el beneficiado con la donación, sino su espíritu guía, sus parientes, amigos y el propio equipo médico del trasplante estarán dirigiendo hacia él vibraciones positivas en oraciones de gratitud. Para el donante desencarnado eso es una bendición incomparable.

Si en esa etapa terrena hay la oportunidad de una última acción de amor al prójimo, ¿por qué no invertir en esta acción que traerá tanto beneficio para nuestro Espíritu?

Naturalmente no donar órganos es un derecho pleno de cada individuo. Pero la verdad es que quien dona demuestra un avance considerable en su progreso moral que le beneficiara espiritualmente.
No hay duda, el hombre ha de procurar al hombre, ha de velar por el bien propio y por el de los demás. Hoy la ciencia nos da la posibilidad de dar vida incluso física, después de la muerte.
Seamos generosos, por tanto, y comprome-támonos por la felicidad de los demás.
Anímate por tanto y anima también a los demás a que sean donantes ya que tú eres la esperanza de otros seres humanos.

Dónate hasta el extremo. En vida entrega tu tiempo, tu amistad, tus conocimientos, tu afecto, tu amor, tu persona, da todo de ti a los demás. A aquellos que tiene sed de amor, llénalos; y al desencarnar sigue dándote a los demás en un acto de profunda gene-rosidad entregando los órganos de tu cuerpo que harán que otros encuentren la alegría y vivan en carne propia los frutos maravillosos del amor.

 Cielo Gallego 
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

sábado, 20 de febrero de 2016

La extraordinaria mediumnidad de Eileen J. Garrett (1893-1970)

La extraordinaria mediumnidad de Eileen J. Garrett (1893-1970)

Nacida en Beauparc (Escocia), ha sido una de las médiums más respetadas del siglo XX. Sus contri-buciones a la investigación, y a los fenómenos desarrollados a través de su mediumnidad siguen siendo incon-mensurables.

Desde muy temprana edad su vida estuvo marcada por la tragedia. Sus padres Anthony y Ana se suicidaron cuando era niña y fue adoptada por sus tíos.  En su niñez sentía a su alrededor personas, animales y plantas, incluso diversas formas de luz y energía. Tenía amigos imaginarios, a los que llamaba “hijos” y comentaba que para verlos no se desplazaba a otro lugar determinado.
Desde muy joven sintió la presencia de la muerte a través de varias experiencias y comprendió que había algo “más” en la vida que la forma física y que este “más” se separa del cuerpo en el momento de la muerte.

A los 15 años, debido a la tuberculosis y otras enfermedades respiratorias a las que con frecuencia se enfrentaba, abandonó Irlanda buscando un clima más suave en Inglaterra. Más tarde conoció a un señor llamado Clive que empezó a visitarla. Se casó con él y durante su breve matrimonio tuvo tres hijos, los cuales murieron a temprana edad. Después  y eventualmente,  nació Eileen, y su salud se fue deteriorando. Luego se recuperó, y su matrimonio terminó en divorcio.
Durante la Primera Guerra Mundial colaboró con un albergue para soldados convalecientes y fue cuando conoció durante ese periodo a su segundo marido, un joven oficial que fue llamado inmediatamente al frente. El presentimiento de que este matrimonio sería de corta duración se confirmó cuando más tarde la comunicaron que había desaparecido en combate y que había sido muerto en Ypres.

Nuevamente cayó enferma y mientras se recuperaba, se hizo amiga de un joven atrayendo su atención con quien se casó finalmente. Fue en esa época cuando comenzó a investigar psíquicamente. Como sensitiva era muy consciente de los estados de ánimo y sentimientos de las personas. Como investigadora psíquica reconoció la necesidad de realizar con mente abierta los fenómenos. Como autora, conferenciante y editora, trató de compartir sus ideas y experiencias con el público.
Cierto día, durante una sesión de "raps", a través de la mesa, empezó a quedarse dormida y cuando despertó, descubrió que los familiares muertos de las personas que estaban en la sala se habían comunicado a través de ella. Un caballero que estaba presente, familiarizado con el fenómeno de la mediumnidad, explicó a la joven lo que le había sucedido.

A pesar de las advertencias de su marido para que no asistiese a ningún tipo de reuniones, buscó el consejo del Sr. Hubnli quien se ocupó de guiar a Eileen para que comprendiese lo que estaba sucediendo. La mediumnidad de la señora Eileen había llegado a su momento más álgido, pero el miedo, la mala salud y la ruptura de su matrimonio retrasó su desarrollo. A pesar de ello, conoció y buscó el consejo personal del parapsicólogo James  Hewat McKenzie, fundador del Colegio Británico de Ciencia Psíquica. Y fue, que bajo su cuidada orientación su mediumnidad se engrandeció. El Sr. McKenzie y su esposa Bárbara, eran muy conscientes de la necesidad de que la mediumnidad se extendiese más allá de los mensajes de los espíritus. Reconociendo así que la mediumnidad podría proporcionar una herramienta mediante la cual el investigador podría profundizar en las diversas dimensiones y niveles de percepción de la conciencia. El Sr. McKenzie fue probablemente la más poderosa influencia sobre Eileen J. Garrett. Ella continuó estudiando y desarrollando su mediumnidad en el Colegio Británico hasta la muerte de Hewat McKenzie el 20 de agosto de 1929.
A partir de este momento decidió visitar los Estados Unidos, para buscar ayuda en la comunidad científica. Contactó con muchos científicos y parapsicólogos académicos, sometiéndose a una intensa experimentación fisiológica y psicológica, con la esperanza de que dichas pruebas podrían arrojar algo más de luz sobre los procesos de la mediumnidad y del psiquismo. Con Hereward Carrigton, uno de los principales investigadores en ese periodo, tuvo décadas dedicadas a las investigaciones psíquicas, con un énfasis especial en los diversos fenómenos de la mediumnidad. 
Cuando la Segunda Guerra Mundial estalló en Europa, ella se encontraba en Francia trabajando con los niños y los refugiados. Allí permaneció hasta final de 1940, hasta que comprendió espontáneamente que debía partir y buscar otro trabajo. Muy milagro-samente, llegó a Lisboa y encontró un pasaje en un barco de refugiados con destino a Nueva York.

Su vida tomó un rumbo definitivo. A los pocos, meses de su llegada a Nueva York, fundó la revista mensual "Mañana" dedicada a temas literarios y públicos. Más tarde también inició la firma editorial "Edad Press".

No obstante, su mayor logro fue la constitución de la Fundación Parapsicológica Inc. en la ciudad de Nueva York en 1951. Su honestidad y perspicacia para los negocios ayudó a esta fundación a ser una de las más respetadas, publicando varias revistas, boletines e informes, bajo la supervisión de la Sra. Garrett. Desde el otoño de 1952 se editaron las revistas "Mañana", "Parapsicología monográficas", "Revista Internacional de Parapsicología", "Parapsicología Review" y "Parapsi-cología revisión", que se publicaron de manera continua, hasta que se suspendieron hace tan solo unos años. Destacando que la Fundación Parapsicología acogió veintiocho conferencias inter-nacionales anuales sobre parapsicología y ciencias afines.

Retornando a la mediumnidad de Eileen J. Garrett, diremos que ella recibía en trance las comunicaciones de un soldado árabe del siglo XIV llamado Uvani, quien expresó su interés en ayudar a probar la supervivencia, y que en adelante él iba a servirla de guía, al tiempo que controlaría su mediumnidad. También a Abdul Latif, un médico persa del Siglo XVII que se ocupó principalmente de la curación. Y hablando muy rara vez y en cuestiones más filosóficas y espirituales se manifestaban Tahotah y Ramá.

Una de sus comunicaciones más memorables, como médium, fue el caso del dirigible británico R101 que se estrelló en Beauvais (Francia), el 5 de octubre de 1930. Nandor Fodor, Doctorado en Derecho por la Real Húngara Universidad de Ciencias de Budapest, parapsicólogo y psicoanalista, considerado como de  las máximas autoridades de la época, comentó acerca de este suceso lo siguiente: ”En una sesión en el Laboratorio Nacional de Investigación Psíquica el 7 de octubre de 1930, dos días después de la explosión del R101, el teniente de vuelo HC Irwin, capitán de la aeronave, de repente a través de la mediumnidad de la señora Garrett, anunció su presencia y dio a los  oyentes cuenta altamente técnica de cómo se estrelló la aeronave. El relato fue tomado en taquigrafía y una copia fue presentada al Ministerio del Aire. De acuerdo con la opinión de los expertos, una serie de obser-vaciones en el mensaje se anotó en cada detalle,  con lo que se encontró después en el curso de la investigación oficial. EF Spanner, el arquitecto naval bien conocido y el ingeniero marino, llegaron a las mismas conclusiones en su libro "La Tragedia de la R101".

A pesar de la gran cantidad de información y de la evidencia de la supervivencia, que llegó a través de ella, nunca estaba bastante convencida de que su mediumnidad provenía de una fuente independiente. Una actitud que hacía que su facultad fuese maravillosa. Siempre se destacó su búsqueda para obtener más información acerca de los secretos de la conciencia de la mente y de su relación con el organismo físico.

Publicó varios libros, y de ellos destacamos: "Aventuras en el Supernormal", "Telepatía", "Conciencia", "El sentido y sinsentido de la Profecía", "La vida es el Sanador", y "Muchas Voces".
En el prólogo de “La autobiografía de un médium” en 1.968 escribió:

“Tengo un regalo, una capacidad – un engaño, si se quiere – que se llama psíquico. No me importa cómo se pueda llamar, para vivir y utilizar esta capacidad psíquica. Hace mucho que me he acostumbrado a una variedad de calificativos, que van desde expresiones casi de reverencia, a través de la duda y la piedad, para abrir reproches. En resumen, me han llamado muchas cosas, desde una charlatana a una mujer milagro que soy, al menos, ninguno de estos”.

Para Eileen J. Garrett, la mediumnidad no era un “romper hacia abajo de la personalidad”, sino un estado de plenitud. Ella consideraba sabiamente, que la comunicación con el “otro mundo” bien puede convertirse en un sustituto de la vida en este mundo. Entendiendo que este mundo, en el que vivimos, tiene prioridad en esta existencia ya que es el núcleo de la ética mediúmnica.”

Eileenn J. Garrett murió el 15 de septiembre de 1970, en Niza (Francia), tras un periodo de deterioro de  su salud.


Juan Miguel Fernández Muñoz