domingo, 27 de abril de 2014

Terapia de Amor y Centros de Fuerza



La Ley Natural es la expresión de la voluntad de Dios que gobierna el Universo, es el lenguaje divino por el cual Dios se comunica con la Creación y su comprensión nos acerca a Él. De todas las leyes naturales, la principal es la Ley de Justicia, Amor y Caridad, la cual contiene al resto, según podemos leer en "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec:

-“647. Toda la ley de Dios ¿está contenida en la máxima del amor al prójimo que Jesús enseñó? -  Por cierto que sí..."(1)
-"...Amaos los unos a los otros: esta es toda la ley" (2)
-"648. La más importante es la última de esas leyes [Ley de Justicia, Amor y Caridad]: por medio de ella puede el hombre adelantar más en la vida espiritual, pues las resume todas." (3)

Siendo el Amor el fundamento y nexo de unión entre todas las leyes naturales, resumiendo a todas, comprendemos que no podremos practicar plenamente la Ley de Justicia, Amor y Caridad, infringiendo cualquiera del resto de leyes naturales y viceversa. Por ello, los que comprenden mejor la Ley de Dios “...son los hombres de bien y los que quieren buscarla. No obstante, todos la comprenderán algún día, porque es preciso que el progreso se cumpla.” (4). San Luis nos instruye al respecto: "...el hombre está lejos de conocer todas las leyes de la Naturaleza; si las conociese todas sería Espíritu Superior."(5)

Por tanto, podemos entender a la Ley Natural como “la única verdadera para la felicidad del hombre", es lo que le indica "...lo que debe hacer o no hacer, y sólo es desdichado porque de ella se aparta.” (6).

Comprendiendo que apartarnos del cumplimiento de las leyes naturales es el origen de nuestras desgracias, que son a su vez medidas reeducadoras, concluiremos, que la Ley de Justicia, Amor y Caridad es la más indicada para recobrar nuestro equilibrio, mediante la práctica del bien. Ahora podemos entender la cita bíblica: "El Amor cubre multitud de pecados."  (Proverbios 10:12; 1 Pedro 4:8).

Según La Génesis, "...los fluidos ambientes sufren modificaciones ante la proyección de los pensamientos del espíritu. Su envoltura periespiritual, que es parte constitutiva de su ser y que recibe en forma directa y permanente la impresión de sus pensamientos, debe llevar en ella, en mayor medida aún, sus cualidades buenas o malas"(7). El periespíritu, por tanto, lleva impreso las cualidades morales de sus pensamientos y sentimientos, como huella inequívoca de la evolución moral y "...no cambiará, hasta tanto el espíritu no se modifique."(7)

Los fluidos espirituales, entre ellos los que emite constantemente nuestro pensamiento, "...actúan sobre el periespíritu y éste sobre el organismo material con el cual se halla en contacto molecular. Si los efluvios son de naturaleza buena, el cuerpo recibirá una impresión saludable; si son malos, la sensación será desagradable. Si los malos son permanentes y enérgicos, podrán ocasionar desórdenes físicos: ciertas enfermedades no tienen otro origen."(7)

El Amor, resumiendo el cumplimiento de la Ley Natural, tiene la cualidad de armonizar todos los fluidos espirituales, del ambiente y del periespíritu, imprimiendo sensaciones saludables; y cuando es permanente y con suficiente energía, corrigiendo los desórdenes físicos que nos alejan de la salud.
Bajo esta óptica podemos ver todos los desequilibrios como carencias de amor en los distintos aspectos de nuestra vida interior. Por ello la Terapia de Amor es la mejor medicina tanto para el espíritu como para el cuerpo físico.

a) Amar la vida, la ecología, la sencillez. Centro de fuerza básico(8).

El amor por la vida nos pone en sintonía con la Naturaleza y por tanto con sus elementos fluídicos constitutivos de la vida. Toda vida a nuestro alrededor expele sus propios fluidos característicos envolviéndonos en todo un maravilloso espectro casi ilimitado de vibraciones sutiles a nuestra disposición.
Teniendo en cuenta que "980. ...todo es amor en la Naturaleza y es el egoísmo el que lo mata"(9), comprendemos que sólo son nuestras conciencias las que se resisten a amar por egoísmo; la Naturaleza que nos rodea es amor. Amar la vida es la principal obligación que tenemos hacia la Naturaleza. Amar nuestra vida, la vida de los demás y la ecología es condición necesaria para nuestra evolución.

Amar las cosas simples y sencillas nos enseña a ser humildes y alejarnos de la extravagancia. Tenemos que esforzarnos para comprender que "704. ...únicamente lo necesario es lo útil, al paso que lo superfluo nunca lo es"(10), para alejarnos de los peligros de la avaricia, codicia y envidia material.

Por ello debemos amar la vida pero sin apegarnos a ella, gracias al conocimiento espiritual. El apego materialista excita el instinto de supervivencia, fomentando el miedo y la ira; generando estrés y paralizando los mecanismos internos de autocura.

El miedo sustenta el egoísmo material que a su vez nos compromete con la Ley, destruyendo el Amor, y nos desarmoniza incitándonos a adquirir bienes materiales como compensación de la ausencia de paz y equilibrio.

La Terapia de Amor dirigida hacia a la vida, la ecología y el desapego de lo superfluo, sustenta y equilibra la energía del centro de fuerza básico, liberándonos del miedo y su egoísmo material. Librándonos de lo innecesario eliminamos el miedo por su pérdida, despertando la sensación de libertad que nos permitirá construir nuestro propio destino.

b) Amar la sexualidad como fuerza creadora. Amar la creatividad. Centro de fuerza genésico.

El instinto sexual es una de los instintos animales todavía predominantes en el hombre no espiritualizado.
El instinto carece de freno pero la inteligencia, normalmente al principio a través de la moralidad impuesta y después por la razón que aporta el conocimiento de las leyes naturales y espirituales, nos permitirá alcanzar el control necesario para la elevación de las funciones genésicas, regulando su uso y evitando el abuso.
Amar el sexo es comprender su finalidad elevada meditando sobre el increíble proceso de la Vida y la Reencarnación. Conocer que se lleva parte de la esencia más preciada de uno mismo nos ayudará a comprender la necesidad de controlarlo para derivar todos estos recursos energéticos hacia las funciones superiores del ser humano.

Por su vinculación con el plano mental, ante el desequilibrio, es una vía de eliminación de residuos mentales tóxicos. En tal caso, las toxinas psíquicas existentes preparan el terreno y alimentan sutilmente a los agentes patógenos presentes generando la enfermedad morbosa.

La saturación de los sentidos lleva a la excentricidad y es una fuga de uno mismo que dura lo que un fusible ante un cortocircuito. El sexo egoísta es un sumidero de energías, mientras que el sexo por amor, tiene en la entrega mutua, el compartir las energías en busca de un objetivo más elevado en pro de la vida y la evolución espiritual mediante al reencarnación.

La energía sexual encuentra en el egoísmo el elemento polarizador que destruye el Amor. Polaridad que enfrenta la pereza y el sensualismo como dos extremos peligrosos que atrapan y desarmonizan energías del centro de fuerza genésico.

La espiritualización del ser lleva a la adquisición de nuevas necesidades morales. El placer intelectual aparece ante la apertura de la mente a conceptos sublimes inimaginados. El placer emocional despierta ante experiencias de sentimientos puros, de paz y felicidad. El placer espiritual emerge de la conciencia despierta que se siente amada fundiéndose con toda la Creación, como cumplimiento de la gran Ley de Unión que rige el Universo, y por ello alcanzando el éxtasis, la sublimación del placer y la disolución del ego que limita la individualidad del Espíritu.

Amar la creatividad es sentir la necesidad de ser co-creadores con Dios, descubridores y co-desarrolladores de sus maravillas subiendo peldaño a peldaño la escalera del conocimiento infinito.

c) Amar lo necesario, no desear lo superfluo. Centro de fuerza gástrico.

El instinto de conservación nos impulsa hacia metas que garanticen nuestra subsistencia material, desarrollando nuestra inteligencia. Esta inteligencia, carente en un principio de sentido moral, puede tomar el camino del egoísmo como medida para alcanzar más fácilmente su objetivo de conservación, ahogando el Amor en los primeros compases de sus existencias y en desequilibrio, escoger los caminos de la ansiedad y la angustia.

Calmar la ansiedad, en nuestros días, es una de las necesidades principales que se presenta en esta sociedad enferma. La ansiedad, causa de la inseguridad material, contribuye también por otro lado al sustento del egoísmo. Es muy difícil no ser egoísta sufriendo ansiedad, o lo contrario, sufrir ansiedad sin ser egoísta.
La Terapia del Amor despeja nuestras ansiedades al proyectar nuestro pensamiento hacia los demás. Concentrándonos en los demás dejamos de preocuparnos enfermizamente por uno mismo. Donde hay Amor el egoísmo y la ansiedad desaparecen retornando a la salud. La ansiedad desequilibra el centro de fuerza gástrico y nos obliga a ingerir todo tipo de alimentos, muchos de los cuales no nos favorecen y nos llevan de camino a la enfermedad.

Múltiples dolencias tienen su origen en el sistema digestivo, mediante malas digestiones y tránsitos que liberan en nuestros organismos toxinas que inundan nuestra corriente sanguínea, alcanzando posteriormente los órganos fisiológicos funcionalmente más débiles (psicosomáticamente por sobreexcitación o carencia de energía vital) los cuales manifiestan finalmente la enfermedad.

La mayoría de estos desajustes se corregirían considerablemente mediante la frugalidad en las comidas, mientras que para la eliminación total de la enfermedad tendremos que recuperar el equilibrio psicomático (emocional, mental y espiritual), el cual desbloqueará los flujos de energía vital que alimentan los órganos extenuados o calmará aquellos sobre-excitados, retornando finalmente la salud de forma natural.
La frugalidad es símbolo de austeridad, de conformarse con lo necesario y es una muestra de humildad. La frugalidad, además, cuando es motivada por la renuncia, de corazón, para hacer caridad hacia los demás, encierra la virtud necesaria para nuestra liberación del egoísmo.

d) Amor hacia uno mismo, el autoamor. Centro de fuerza esplénico.

El autoamor es una de las principales necesidades emocionales. Su carencia nos lleva a buscar múltiples compensaciones emocionales y materiales que incrementan nuestro orgullo y egoísmo. Para examinarse el autoamor es necesario una alta dosis de conocimiento de sí mismo (ver artículo "Conócete a ti mismo" de "El Ángel del Bien" número 25, de julio de 2013).

Muy relacionado el autoamor con la alimentación a través del centro esplénico, verdadero almacén de las fuerzas fluídicas provenientes de la digestión de alimentos, explica la tendencia a compensar necesidades emocionales con la sobrealimentación y adicción a alimentos excitantes.

El centro esplénico, vinculado etimológicamente con el bazo, es un importante punto de entrada de fuerzas fluídicas cósmicas, solares y ambientales, necesarias para el equilibrio en los procesos fisiológicos y sobretodo inmunológicos. Acumulador también de los fluidos provenientes de la digestión a través de circulación sanguínea, es la batería energético-fluídica del Yo que sustenta la vitalidad y las fuerzas físicas que sustentan la individualidad y autoestima, a través de su influencia sobre el páncreas, glándula responsable de la dosificación del alimento a las celulas en cada momento a través de la insulina segregada. Centro energético base de la individualidad puede ser secuestrado por nuestro orgullo, como dueño y señor interno, acopiando los recursos fluídicos para obtener sensación de poder y superioridad.

La carencia de energías fluídicas en el centro esplénico incrementa el llamado "orgullo negativo". Donde antes había sensación de superioridad y poder por la sobreexcitación del centro esplénico, ahora ante la carencia, en el otro extremo del desequilibrio, tenemos la sensación de inferioridad e invalidez, distinta cara de la misma moneda.

La Terapia del Amor dará salud a este centro vital mediante la circulación continua de sus fuerzas, impidiendo la acumulación morbosa. Junto a la Ley del Trabajo son la clave para el reequilibrio de este centro. La dedicación al trabajo constructivo por los demás, evita la ociosidad, fomenta la humildad y la autoestima positiva, necesarias para nuestro crecimiento y equilibrio interior.

e) Amor hacia los demás. Centro de fuerza cardíaco.

Por su importancia, el corazón es el centro motor de todo el organismo físico, y a su vez, es el centro de los sentimientos, el otro motor que nos impulsa a través de las emociones. Es el órgano que impulsa nuestra energía interna a todos los demás influenciándolos para bien o para mal. Los sentimientos resuenan en lo más íntimo de nuestro interior cuando sintonizamos con ellos. Estudios recientes muestran la existencia de neuronas en el corazón que explica su influencia sobre la inteligencia emocional y viceversa, lo que explica por qué sentimientos fuertes como el odio y la culpa afectan directamente su salud.

El corazón impulsa dos circuitos diferenciados que forman la unidad dibujando el símbolo de infinito ∞. Un circuito recicla la sangre a través del emuntorio pulmonar y otro nutre el organismo con la sangre renovada. Fluídicamente, el centro de fuerza cardíaco también tiene dos circuitos. Uno interior, inconsciente, donde almacenamos, alimentamos o reciclamos nuestros sentimientos y otro exterior donde los manifestamos mediante nuestras acciones y motivaciones, normalmente también inconscientemente. Podemos igualmente ver los sentimientos circulando por dos circuitos según su dirección sea hacia uno mismo o hacia los demás, de tal forma que lo que sintamos hacia los demás influirá en lo que sentimos hacia nosotros mismos y viceversa, puesto que, como hemos visto, ambos circuitos son realmente uno sólo como en el mismo símbolo de infinito ∞. Esto es aplicación directa de la gran Ley de Unidad que rige la Creación. Por tanto, no podemos tener buenos sentimientos hacia los demás si antes no los tenemos hacia nosotros mismos. Al igual que la sangre tiene que depurarse interiormente en los pulmones, también interiormente tenemos que depurar nuestros sentimientos, puesto que son el plasma fluídico que nos caracteriza. Por ello proyectamos hacia los demás únicamente aquello que cultivamos interiormente y que representa nuestra salud emocional hacía uno mismo.

Consecuentemente aquello que sentimos hacia los demás modifica lo que sentimos hacia nosotros mismos, consecuencia nuevamente de la gran Ley de Unidad que rige la Creación.

f) Dar, expresar y comunicar amor. Centro de fuerza laríngeo.

No hay mérito sin esfuerzo útil. Expresar amor, en nuestro estado evolutivo, implica normalmente resignación y esfuerzo por los demás. Expresar amor es la mayor enseñanza práctica que podemos impartir, puesto que al igual que Jesús, conlleva predicar con el ejemplo.
Sólo es realmente nuestro aquello que podemos dar con libertad, de lo contrario somos poseídos por, no poseedores de aquello. Erróneamente pensamos que podemos quedarnos el amor para nosotros mismos, cuando realmente nos quedamos con el egoísmo. No pudiendo dar amor nos dejamos dominar por el egoísmo. La tarea de dar amor rompe dicha dominación y poco a poco nos reconstruye nuestros sentimientos hasta alcanzar, por medio del consentimiento de la razón y del corazón en la práctica de la Caridad, la posesión del Amor Verdadero. La alegría natural interior surge como expresión de los avances realizados en este camino. Por meta tenemos la felicidad, en el camino nos alienta la alegría.
Nuestra capacidad de expresar amor depende de nuestro estado de ánimo, por lo cual, el centro de fuerza Laríngeo es el centro de la alegría, la sinceridad y de la expresión de los sentimientos. Es donde nos brota la carcajada ante una gracia y nos quedamos mudos ante otra desgracia. La alegría nos hincha el pecho (pulmones) y la tristeza nos lo encoge.

Nuestro estado de ánimo interfiere en la vibración del centro Laríngeo, el cual establece el comportamiento del metabolismo físico a través de la glándula tiroides y afecta la salud de los pulmones, emuntorio de los sentimientos. Los pulmones, como emuntorio, depuran la sangre físicamente y fluídicamente, exhalando los fluidos deletéreos del torrente sanguíneo que los atraviesan cuando expresamos nuestros verdaderos sentimientos a los demás, despertando la emoción como respuesta fisiológica necesaria para hacernos conscientes de ellos en el ejercicio del conocimiento de uno mismo. Comprendemos de esta forma el mecanismo fluídico por el cual expresar nuestros sentimientos alivia los pesares del alma.

La Terapia de Amor es el instrumento que utiliza el Espíritu para expresar sus notas de amor al espacio infinito, al conjunto de sus criaturas. Esa música hace brotar la alegría en el pecho del que la emite y tiene la capacidad de transformar la vibración de los fluidos espirituales que atraviesa por aquellos sitios por donde pasa. Si la transformación se mantiene en el tiempo y tiene la potencia suficiente, es el mejor medicamento para el cuerpo y para el alma.

g) Amar desde el pensamiento. Centro fuerza cerebral.

La mente no para nunca de ejecutar sus dos funciones principales, función receptora y función emisora. Como función receptora, es la puerta de nuestro Espíritu al mundo físico exterior a través de los sentidos y al mundo interior subconsciente por medio de la introspección en el ejercicio del conocimiento de sí mismo.
Como función emisora, a través de la voluntad, impulsa los pensamientos como quantums de energía mental, tanto al exterior como al interior. Al exterior como irradiaciones e ideoplastías, y al interior como impulsor del fluido nervioso responsable del equilibrio funcional del resto de centros con sus órganos depedientes.
La mente funciona como un filtro de la realidad según nuestro modo de ver las cosas, reafirmándonos en nuestra propia realidad personal.

La mente, a través del hipotálamo es el director, normalmente inconsciente, del sistema endocrino dominando el campo físico del cuerpo humano, a la vez que en el campo psíquico es el sintonizador vibracional de todos los centros de fuerza, puesto que a través del pensamiento puede elevarse influyendo en el centro coronario, expresar o bloquear los sentimientos influyendo en los centros cardíaco y laríngeo, controlar sus energías vitales gestionadas por el centro de fuerza esplénico, controlar sus deseos equilibrando el centro de fuerza digestivo, canalizar sus energías creadoras equilibrando el centro de fuerza genésico y finalmente despertar la alegría de vivir como motivación indispensable en la vida equilibrando el centro de fuerza básico.

Gran parte de estos procesos son inconscientes. Sólo el trabajo constante hacia el conocimiento de uno mismo nos permitirá tomar realmente las riendas de todos los contenidos que influyen en nuestra mente y alcanzar verdaderamente la libertad.

h)Amar espiritualmente. Centro de fuerza coronario.

Amar espiritualmente es hacerlo desde nuestro espíritu. Para lograrlo debemos dejar atrás nuestro Ego, siempre interesado, para amar desinteresadamente de ser espiritual a ser espiritual.

El centro de fuerza coronario es la sede de la mente superconsciente y se relaciona con todo nuestro ser a través de la glándula pineal.

La psicología transpersonal nos habla del superconsciente y las artimañas del Ego para erigirse en dueño y señor de la casa mental, de cómo el Self, nuestro Espíritu, al principio duerme en la inconsciencia y va despertando conforme se vuelve más consciente.

La Terapia de Amor es un verdadero ejercicio de consciencia, enfrentándose al Ego en continuas luchas de renuncia, termina desintegrándolo cuando el Self, el espíritu inmortal, toma las riendas de la voluntad. Nuestro propio espíritu es el Self cuando está vinculado conscientemente con la espiritualidad superior. Mientras el espíritu no es consciente o no tiene el nivel moral suficiente para estar vinculado con la espiritual superior, se confunde con su Ego o mente transitoria cargada de limitaciones en base a sus propias experiencias recopiladas en sus múltiples existencias físicas.

Cuando el espíritu es consciente de su potencial espiritual tiene a su servicio el conjunto de sus centros de fuerza dominando desde entonces las leyes materiales desde un plano de conciencia mucho más elevado, siempre alcanzado por el merecimiento adquirido en el cumplimiento de las leyes naturales, y en especial la Ley de Justicia, Amor y Caridad. Porque "...por medio de ella puede el hombre adelantar más en la vida espiritual, pues las resume todas."(3)

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

Referencias:
1.- Preg. 647 de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec. 
2.- Preg. 888 ídem. 
3.- Preg. 648 ídem. 
4.- Preg. 619 ídem. 
5.- Ítem 74, apartado 25 de "El Libro de los Médiums" de Allan Kardec. 
6.- Preg. 614 de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec. 
7.- Ítem 18 de "La Génesis" de Allan Kardec. 
8.- Incluido como centro de fuerza importante en Cap. II de "Pases y radiaciones" de Edgard Armond y mencionado en "El Alma de la Materia" de Marlene Nobre. 
9.- Preg. 980 de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec. 
10,- Preg. 704 de ídem.

sábado, 1 de marzo de 2014

Sobre las obras espíritas y sus tres vertientes


Tres vertientes tiene el Espiritismo, a saber: ciencia, filosofía y moral. Tres aspectos que conforman el trípode donde se asienta el lienzo de la Verdad, la que vamos dilucidando como buenos pintores, contemplando el marco donde estamos encuadrados como humanidad.
De las tres vertientes, la moral es la más importante, la filosófica necesaria para bien conducir nuestra razón y la ciencia indispensable para dar testimonio de nuestra convicción.

 Obras hay puramente morales, que nos elevan el sentimiento a Dios, nos hacen contactar con la mónada sublime que llevamos dentro y sacar la esencia más pura que nuestro espíritu posee a imagen y semejanza de quien nos creó. Este sentimiento religioso, de unión al Ser Creador, incognoscible para nuestra mente, no tanto para nuestro corazón, pero no fideístas, porque vemos a Dios reflejado en sus obras; este sentimiento, es el parangón que nos hace vibrar en coordenadas más sublimes y estar en unión de pensamiento con las entidades más amorosas del plano extrafísico o espiritual. Es ahí donde la felicidad nos inunda y el alma rebosada de ese trance casi místico siente la dicha de estar en comunión espiritual con Dios y nuestros hermanos más esclarecidos que están en el otro plano. Moral, ética y religión, conceptos que fuera del espiritismo tienen una acepción bien propia y característica: moral costumbres aprehendidas propias de una cultura o creencia; ética: valores universales que razonan la moral y la ponen en tela de juicio; religión: conjunto de creencias, ritos y dogmas que conforman un credo, de origen divino y por tanto inmutable, palabra de Dios. En Espiritismo, la religión es aquello que nos hace ser más bondadosos con el prójimo, no importando la creencia per se, siendo pues aquello que nos acerca a las vibraciones amorosas donde Dios esparce la semilla de los nobles sentimientos. La moral espírita, nace de la moral cristiana, pero está analizada, revitalizada por los nuevos mensajes de los espíritus superiores. Y la Ética sigue siendo este juez universal que coordina la validez o no de un postulado moral.

Libros filosóficos, muchos. León Denis, Allan Kardec, Camille Flammarion, etc. Cualquier razonamiento acerca de las revelaciones espíritas con nuestros conocimientos ya es fomentar el espíritu investigador de la verdad, la metodización y análisis del conocimiento. La episteme y la doxa trabajando. Lo fenomenológico analizando la realidad. La mente asentando los juicios propios y ponderando todas las posibilidades abiertas en el campo. Sin filosofía no hay comprensión y encauzamiento de la parte moral. Veamos sin más a Sócrates, gran paradigma de lo que acabo de expresar. O a nuestro insigne pedagogo y codificar Allan Kardec, que mediante la inducción y el rigor de sus razonamientos asentó la doctrina espírita.

Libros científicos, menos. La ciencia es indispensable para atestiguar la veracidad de lo dicho, salir del mero sofisma, y ratificar con el dato la hipótesis, la tesis propuesta. Pero en Espiritismo los datos científicos van unidos a la filosofía pues postulan y van más allá de lo mostrado. Para ver una obra 100% científica habría que recurrir a Crookes, a Richet, o a la parapsicología, pues ellos no parten de una filosofía donde englobar dichos fenómenos, los exponen sin más. Kardec usó el método científico, pero probada la razón de las comunicaciones no se preocupó de los límites del positivismo científico y continúo aceptando la "revelación espírita" como coadyuvante en el asentamiento de la verdad Filosófica por excelencia, ¿quién soy, de dónde vengo, a dónde voy? Aquí utilizó el razonamiento filosófico de inducción y deducción, construyendo con suma prudencia el edificio teórico que más cabalmente daba explicación a todos los fenómenos espiritistas. Y dejó dicho, "en aquello que la ciencia nos demuestre que estamos errados, rectificaremos", pues "el espiritismo si se aleja de la ciencia está condenado a extraviarse". Kardec postuló su tesis, con la firme convicción de que la ciencia iría corroborando esta Verdad tan grande que era excesivamente abstracta para los métodos insensibles de su tiempo, aguardando que el futuro daría el espaldarazo definitivo a lo que quedaba asentado en la Codificación Espiritista.

Por tanto en Espiritismo, tenemos que la ciencia es espiritual, del alma, pues explica cosas de la misma que ninguna otra doctrina puede explicar. No es psicología, aunque en muchos aspectos se solapan y se ayudan mutuamente a dar explicación a fenómenos oscuros para la ciencia oficial; pero su punto de alcance es propio y genuino y si bien se presta a entrar en contacto con las disciplinas y ciencias oficiales, ella de por sí, es una ciencia propia, espiritual, con una metodología basada en la experimentación, la deducción y la comprobación que no obedece al estricto tratamiento de la parapsicología más material, sino a un método más abierto y elástico donde tiene cabida toda la fenomenología descriptiva.

Confundir estos conceptos, puede llevar al neófito a errores teóricos no propios del Espiritismo, o a pensar en una panacea. El espiritismo es la parte espiritual revivida, la parte material es la palpable, la escalera de Jacob va de este mundo palpable, al mundo más impalpable sin lugar a la separación, es un conocimiento holista, el ser humano es un todo, una gestalt de sí mismo y de lo que le envuelve. Aislar un componente y no tendréis a un ser humano, ni la ecuación dará su resultado correcto, pues estará obviada una parte fundamental de su operación y por tanto el error de medida será considerable.

Jesús Gutiérrez Lucas 

domingo, 9 de febrero de 2014

Vegetarianismo y Espiritismo



Estudiar el vegetarianismo bajo la óptica del Espiritismo es todavía uno de los temas más controvertidos debido a las diversas opiniones que suscita. Varias son las referencias dentro de la Codificación Espírita donde se justifica el consumo de carne animal y es que el Espiritismo es una doctrina consoladora que no violenta conciencias, es indulgente y comprensiva teniendo en cuenta las etapas evolutivas del individuo en su camino hacia la perfección.

La polémica surge principalmente en la pregunta 723 de “El Libro de los Espíritus”: “El comer carne ¿es, en el hombre, contrario a la ley natural? - En vuestra constitución física, la carne nutre a la carne, de lo contrario el hombre se debilita. La ley de conservación impone al hombre el deber de mantener sus fuerzas y su salud, para dar cumplimiento a la ley del trabajo. Por tanto, debe nutrirse según su organismo lo requiere” (1).

La afirmación “[el hombre] debe nutrirse según su organismo lo requiere” es una sentencia de carácter universal que manifiesta la importancia de cubrir las necesidades del cuerpo físico, con el objeto de no debilitarnos y afrontar nuestros objetivos reencarnatorios con plenas facultades. Sin embargo, esta frase deja la puerta abierta a nutrirse según lo que "su organismo requiere". Si hubiera intención de limitar algún tipo de alimentación, claramente se tendría que haber empleado un giro más explícito. Ninguna frase de la Codificación se ha incluido a la ligera. Somos nosotros los que tenemos que alcanzar la mejor comprensión posible de los textos, que nuestra razón nos permita en cada etapa de nuestros estudios.
Esta interpretación es coherente con la gran diversidad, existente en la Tierra, de tipos de necesidades de alimentación, debido principalmente a las diferentes constituciones físicas que podemos adquirir por herencia, cultura o por adaptación, voluntaria (por nuevas convicciones) o por necesidad.

Como principal ejemplo de constitución física vegetariana, cultural y hereditaria, en la actualidad tenemos a la India con un porcentaje de población vegetariana estimado del 40%. Otros países como Alemania alcanzan el 8%, Reino Unido un 7% y EE.UU. un 5%. Los datos estadísticos en los países occidentales indican que la adaptación voluntaria hacia nuevos hábitos de alimentación vegetariana es cada vez más frecuente debido principalmente a dos razones complementarias entre sí, la necesidad de mejorar la salud y/o el aumento de la conciencia por el sufrimiento de los animales.

Admitiendo científica y estadísticamente, la existencia (en aumento) de constituciones físicas adaptadas completamente a la alimentación vegetariana, la expresión de la cita anterior que nos queda por analizar “...en vuestra constitución física, la carne nutre a la carne...” (1), sólo cobra sentido en el ámbito temporal de nuestra actual situación evolutiva, característica de los países occidentales, no de los orientales donde el vegetarianismo era impuesto desde hace siglos por el Budismo y el Hinduismo, las religiones mayoritarias.
Además, en occidente, hay que considerar que a mediados del siglo XIX, no existía prácticamente el vegetarianismo pues apenas existían unos pocos médicos naturistas (como Cristoph Wilhelm Huffeland,  Teodor Hahn entre otros) que empezaban a proclamar las ventajas de la alimentación vegetariana para evitar ciertas dolencias y mejorar la salud.

Por otro lado, está ampliamente demostrado que cualquier adaptación hacia a una nueva dieta, vegetariana o no, debe de ser progresiva. Cambios bruscos en nuestros hábitos pueden ocasionar ciertas deficiencias o reacciones indeseadas que pueden disuadir del intento a los menos formados (efectivamente, es necesario estudiar ciertos temas básicos para hacer la transición hacia una dieta vegetariana).

Con todo ello, no debemos olvidar que la constitución física de una persona, que le permite alimentarse de determinada manera, no es indicador de su altura moral, más relacionada con la superación de los vicios, hijos del orgullo y del egoísmo, y de trabajar todas las virtudes. Es por ello que la Doctrina Espírita, incidiendo principalmente en el aspecto moral, es paciente con los hábitos de alimentación necesarios, sabiendo que son una etapa más en el peregrinar del espíritu encarnado en la Tierra. No es ajeno al problema, como veremos a continuación, si bien expone el tema con cautela, prefiriendo esperar a que nuevas necesidades vayan incorporándose a nuestras conciencias desarrollando gustos e inclinaciones que nos lleven poco a poco a adaptarnos a un tipo de alimentación menos grosera, más acorde con la futura etapa evolutiva de la Tierra, llamada de regeneración, donde “...en esos mundos el hombre está aún sujeto a las leyes que rigen la materia; la humanidad experimenta vuestras sensaciones y vuestros deseos, pero está dispensada de las pasiones desordenadas de las que sois esclavos” (2).

El vegetarianismo en "La Génesis"
El estudio del libro de “La Génesis” nos explica el proceso natural de la transformación de las pasiones e instintos en nuevos hábitos de carácter cada vez más espiritual. Vamos a justificar con ello, que la alimentación vegetariana incorpora valores espirituales cuando conlleva la renuncia en favor de otros seres de la creación y de la armonía general del mundo.

“La Génesis” en el capítulo III, nos relaciona el predominio de los instintos con la carencia de sentido moral e inteligencia: “10. Si hacemos un estudio de las pasiones, e incluso de los vicios, veremos que su origen común está en el instinto de conservación. Ese instinto predomina en los animales y los seres primitivos más próximos a la animalidad. Domina en ellos porque no poseen el contrapeso del sentido moral: el espíritu no llegó aún a la vida intelectual. El instinto se debilita a medida que la inteligencia se desarrolla, ya que ésta domina a la materia...” (3)

Por tanto, inteligencia y sentido moral son los ingredientes necesarios para dominar los instintos porque “...La meta del espíritu es la vida espiritual...” (3), y ambos son importantes elementos constitutivos del espíritu, junto a los sentimientos y a la voluntad.

La inteligencia cuando va separada del sentido moral contribuye en derivar los instintos en pasiones: “...Pero en las primeras fases de la existencia corporal [el individuo] sólo busca la satisfacción de las necesidades materiales, motivo por el cual el ejercicio de las pasiones es una necesidad para la conservación de la especie y de los individuos, hablando materialmente”. (3)

El progreso, en sucesivas etapas, va despertando progresivamente el sentido moral del espíritu modificando sus necesidades materiales en necesidades semimateriales, y por tanto semimorales, y finalmente totalmente en morales: “Pero una vez superada esa etapa, aparecen otras necesidades: al comienzo ellas son semimorales y semimateriales, y más tarde exclusivamente morales. En ese momento el espíritu domina a la materia. Si se sacude el yugo que lo aprisionaba, avanzará por la vía providencial, se aproximará a su meta. Si, por el contrario, se deja dominar por la materia, se retardará y asemejará al bruto.” (3)

Si la constitución física, que posee unas determinadas necesidades de alimentación, hemos visto que puede adaptarse a una dieta vegetariana mediante determinados hábitos y adecuada información, reducimos entonces el problema de la alimentación a un tema de conciencia personal. Sólo será necesario por tanto, esperar a que nuevas necesidades semimorales aparezcan en nuestra conciencia para empezar el cambio. La inteligencia que ha ayudado durante mucho tiempo a transformar los instintos en pasiones, ahora junto a un naciente sentido moral (como es la compasión hacia los animales), son los encargados de producir el cambio, debilitando el instinto e impulsando la espiritualización de nuestras necesidades materiales, tornándolas en semimateriales, que hasta ahora eran crueles y semejantes a las del bruto.

En este punto se introducen consecuentemente los conceptos del Bien y el Mal, lo bueno y lo mano: “...En esta situación, lo que antes era un bien, porque era una necesidad de su naturaleza, se convierte en un mal por dos motivos: 1º) Porque ya no es una necesidad, y 2º) porque es perjudicial para la espiritualización del ser. Lo que era benéfico en el niño se convierte en perjudicial en el adulto. El mal es relativo y la responsabilidad es proporcional al grado de adelanto.” (3)

En este punto incide “El Libro de los Espíritus”: “734.  En su actual estado ¿tiene el hombre un derecho de destrucción sin límites sobre los animales? - Ese derecho se encuentra regulado por la necesidad de proveer a su alimento y a su seguridad. Jamás el abuso fue un derecho.” (4)

El derecho de destrucción sobre los animales se encuentra regulado por la necesidad de proveer alimento y seguridad, pero desde el momento en que la inteligencia y la ciencia desarrollan métodos para adaptar nuestra constitución fisiológica hacia la eliminación completa del consumo de carne animal, ese derecho de destrucción disminuye aumentando nuestra responsabilidad conforme nuestra conciencia nos lo va haciendo notar.

Quizás, se podría alegar que los párrafos anteriores de “La Génesis”, donde se habla del desarrollo las necesidades semimorales de forma general, no se refieren de forma específica a la alimentación, si no tuviéramos los párrafos 24 y siguientes, donde se aborda el tema de forma explícita:

 “...Hay en el hombre un período de transición en el cual muy poco lo distingue del animal. En las primeras edades el instinto animal domina y la lucha tiene aún por finalidad la satisfacción de las necesidades materiales. Más tarde, el instinto animal y el sentimiento moral se equilibran. El hombre todavía lucha, más ya no para alimentarse, sino para satisfacer su ambición, su orgullo y su necesidad de dominio, que lo impulsan todavía a destruir. Sin embargo, a medida que el sentido moral va aumentando, la sensibilidad crece y la necesidad de destrucción disminuye, llegando ésta a desaparecer y mostrarse detestable: en esa hora el hombre comienza a sufrir horror ante la visión de la sangre.”(5).  Esos tiempos ya han llegado, la sensibilidad crece y la necesidad de destrucción disminuye puesto que en general todos sufrimos ya horror ante la visión de la sangre.

Otro aspecto importante de este importante capítulo III de “La Génesis”, trata sobre la justicia y bondad de la Ley de Destrucción respecto a la alimentación y destrucción mutua de las criaturas.

En general para los hombres, es una de las leyes de la Naturaleza que menos parece armonizar con la bondad de Dios. “...Su limitada visión no les permite apreciar el conjunto, no son capaces de comprender que de un mal aparente pueda surgir un bien real. Sólo el conocimiento del principio espiritual, considerado en su verdadera esencia, y la gran Ley de Unidad que constituye la armonía de la Creación, pueden darle al hombre la llave de ese misterio y mostrarle la gran razón y sabiduría providencial, precisamente donde antes veía anomalías y contradicción.” (6)0

Es la segunda vez (de un total de cinco alusiones) que introduce el concepto “la gran Ley de Unidad que constituye la armonía de la Creación”. Anteriormente en el capítulo I, ítem 30, expone: “...no hay creaciones múltiples ni categorías diferentes entre los seres inteligentes, sino que toda creación surge de la Ley de Unidad que gobierna al Universo y que todos los seres gravitan hacia una meta común: la perfección, sin que unos sean favorecidos a expensas de los demás, pues todos son hijos de sus obras.” (7). No hace distinción por tanto entre animales y personas al igual que en la pregunta 71 de el “Libro de los Espíritus” donde dice: “... podemos distinguir: Primero, los seres inanimados, formados sólo de materia, sin vitalidad ni inteligencia: éstos son los cuerpos inertes.  Segundo: los seres animados no pensantes, formados de materia y dotados de vitalidad, pero desprovistos de inteligencia. Y tercero: los seres animados y pensantes, formados de materia, dotados de vitalidad y que poseen, además, un principio inteligente que les otorga la facultad de pensar.” (8). Principio Inteligente que no difiere de unos seres a otros, porque: “12. Todo se une y eslabona en el Universo. Todo está sujeto a la importante y armoniosa Ley  de Unidad, desde la materialidad más pura.” (9)

Todo cobra sentido, la justicia y la bondad del Creador ante la Ley de Destrucción: “Este sistema, basado en la gran Ley de Unidad que rige en la Creación, se ajusta a la justicia y bondad del Creador; otorga una salida, una meta, un destino a los animales, quienes dejan de ser seres desheredados para encontrar, en el porvenir que les está reservado, una compensación a sus sufrimientos.” (10)

El estudio de la Ley de Destrucción nos lleva a la comprensión de sus objetivos prácticos y morales, que son: el desarrollo de anhelo por la vida espiritual al darse cuenta de la poca importancia de la envoltura material (11); y el ejercicio de las facultades necesarias para el progreso del espíritu, la inteligencia, ejercitada a través de la lucha diaria para supervivencia y conservación (12).

La lucha, objetivo moral necesario para el desarrollo de las fuerzas espirituales, continua en todos los eslabones de la evolución: “Como todo, la lucha siempre es imprescindible para el desarrollo del espíritu, pues a pesar de haber llegado a ese punto, que nos parece culminante, la perfección está aún lejana. Es a costa de su actividad que él adquirirá conocimientos y experiencia y se despojará de los últimos vestigios de animalidad. Pero la lucha, antes sangrienta y brutal, ahora es puramente intelectual: el hombre ha de luchar contra las dificultades y no contra sus semejantes” (13). Considerando, por tanto, como nuestros semejantes a todas las criaturas del Universo portadoras del Principio Inteligente por la gran Ley de Unión que rige en la Creación.

Otros textos

 Ahora podemos comprender en su completa extensión a la expresión del espíritu San Vicente de Paúl cuando nos dice: “Sed dulces y benévolos con todo lo que os sea inferior. Proceded igual con los seres más ínfimos de la Creación, y habréis obedecido a la ley de Dios. San Vicente de Paúl” (14). Entendiendo como “seres más ínfimos de la Creación” a los animales.

Recomendamos además la lectura del capítulo cuatro del libro "Misioneros de la Luz" y capítulo 42 del libro "Los Mensajeros espirituales" ambos del espíritu André Luiz a través de la mediumnidad de Chico Xavier.
De este último libro reproducimos aquí las magníficas palabras del guía espiritual Aniceto que nos dan una increible luz sobre el tema:

“...el Señor tiene esperanza en la liberación de los seres esclavizados en la Tierra… Habéis visto a la civilización funcionando cual vigorosa máquina de triturar… [Los hombres] absolutamente sumergidos en los vicios de los sentimientos y en los excesos de la alimentación, despreocupados de la inmensa deuda contraída con la Naturaleza, amorosa y generosa. Ellos oprimen a las criaturas inferiores, hieren las fuerzas benefactoras de la vida, son ingratos con las fuentes del bien,… desarrollan el comercio de la ganancia indebida, recogiendo las complicaciones internacionales que dan curso a la miseria; dominan a los más débiles ¡y los explotan, despertando más tarde, entre los monstruos del odio!
...¡Escuchemos los gemidos de la Creación, pidiendo la luz del raciocinio humano!
...El Señor reserva créditos sublimes de valores evolutivos a los seres sacrificados. ¡No olvidará Él, al árbol útil, al animal exterminado, al ser humilde que se consumió para beneficio de otro ser!
...Siempre, cuando regresamos a la superficie terrestre, envolviéndonos en fluidos del círculo carnal, llevamos muy lejos la adquisición del nitrógeno [fundamento de los aminoácidos que forman las proteínas]. Convertimos en tragedia mundial lo que podría constituir una búsqueda serena y edificante. Como sabemos, ningún organismo podrá vivir en la Tierra sin esa sustancia. Solamente las plantas, infatigables operarias del orbe, consiguen retirarlo del suelo fijándolo para mantener la vida en otros seres. ...Cada fruto de la tierra es una bolsa de azúcar y albúmina, repleta del nitrógeno indispensable para el equilibrio orgánico de los seres vivos.
¡Y el hombre, mis amigos, transforma la búsqueda del nitrógeno en un movimiento de pasiones desvariadas, hiriendo y siendo herido, ofendiendo y siendo ofendido, esclavizando y tornándose cautivo, segregándose en densas tinieblas!
Ayudémoslo a comprender, para que se organice en una nueva era. ¡Auxiliémosle a amar a la tierra, antes de explotarla en el sentido inferior, valiéndose de la cooperación de los animales, sin promover el  exterminio!
¡Enseñemos a nuestros hermanos que la vida no es un robo incesante, donde la planta lacera al suelo, el animal extermina la planta y el hombre asesina al animal,… sino un movimiento de intercambio divino, de cooperación generosa, que nunca perturbaremos sin grave daño a nuestra propia condición de criaturas responsables y evolutivas! ¡No condenemos! ¡Auxiliemos siempre! "

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

Referencias:
1. Preg. 723 de “El Libro de los Espíritus”.
2. Capítulo III, Ítem 17 de “El Evangelio Según el Espiritismo”.
3. Capítulo III, ítem 10 de “La Génesis”.
4. Preg. 734 de “El Libro de los Espíritus”.
5. Capítulo III, Ítem 24 de “La Génesis”.
6. Capítulo III, ítem 20, de “La Génesis”.
7. Capítulo I, ítem 30 de “La Génesis”.
8. Preg. 71 de “El Libro de los Espíritus”.
9. Capítulo XIV, ítem 12 de “La Génesis”.
10. Capítulo XI, ítem 23 de “La Génesis”.
11. Capítulo III, ítem 21 de “La Génesis”.
12. Capítulo III, ítem 23 de “La Génesis”.
13. Capítulo III, ítem 24 de “La Génesis”.
14. Preg. 888 de “El Libro de los Espíritus”.
15. Capítulo 42, “Los Mensajeros Espirituales” de Chico Xavier.

sábado, 1 de febrero de 2014

Carta a un espíritu



Espíritu querido,

Hoy ha sido para Clara, mi esposa,  y para mí, uno de los días más importantes y felices de nuestra vida. Nos han confirmado que esperamos la llegada de un bebé.
Y ese bebé serás tú. ¡Qué alegría!

Ya sabemos que has estado observándonos desde hace tiempo y que por fin has decidido incorporarte a nuestra familia. Nosotros hemos sentido también tu presencia a nuestro alrededor. Sí, nos queremos y esto de manera muy natural será beneficioso para ti, porque serás el complemento ideal de nuestro amor.

Desconocemos si ya fuiste parte de ella en otras ocasiones. Si perteneces a la familia espiritual; abuelos, padres, familiares, amigos, etc., que partieron para el más allá antes, pero esto carece de importancia, si estuvimos juntos o no.

Lo verdaderamente importante es que te recibiremos con mucha ilusión, que te cuidaremos y te entregaremos nuestro cariño, que ya ha empezado a fomentarse, y que procuraremos educarte haciéndote comprender que la vida no es solamente aquello que vemos, puesto que como bien sabes estamos sumergidos en el mundo espiritual.

¿Y por qué te decimos esto último, si tú estás precisamente ahora en ese mundo? Porque cuando nazcas, cuando estés junto a nosotros, si Dios así lo quiere, habrás olvidado todo lo que ahora observas espiritualmente.

Pero no te preocupes porque ocasionalmente también estarás intuido e inspirado para recordar aquellas cosas puntuales que precises para cumplir con tu compromiso.
Recuerda que es una nueva oportunidad que te brinda la Espiritualidad Mayor para que aprendas, te desarrolles, avances y siembres el amor en tu entorno y así la cosecha te será provechosa para tu futuro y el de los demás.

Nosotros te prometemos que estaremos siempre a tu lado amándote, porque a pesar de que los años pasen velozmente, entre padres e hijos no existe el tiempo. El amor no cambia, al revés, se fortalece aún más.

Te enseñaremos también aquello que nosotros un día descubrimos, que somos una parte de la creación de Dios, que sentimos en nuestro interior su luz y su energía. Y que esta es una de tantas experiencias que aún nos esperan para conquistar nuestro bienestar espiritual en compañía de aquellos que amamos.

Sabemos que formas parte de esa pléyade de espíritus que están reencarnando desde hace tiempo para crear un mundo mejor y es por ello que deseamos agradecerte desde lo más profundo de nuestro ser el haber sido elegidos y seleccionados para colaborar en este maravilloso viaje que nos espera a todos.

Con gran emoción estamos preparándonos para tu llegada. Mientras tanto recibe nuestro más profundo amor.

Tus futuros padres en la Tierra: Lucio y Clara.

Juan Miguel Fernández Muñoz
Asociación de Estudios Espíritas de Madrid


martes, 26 de noviembre de 2013

Estudiando las Bienaventuranzas



“La palabra de Jesús solía ser frecuentemente alegórica y 
en forma de parábolas, porque hablaba conforme a los tiempos y lugares. 
Ahora es necesario que la Verdad se torne inteligible para todo el mundo.”
 (preg. 627 El Libro de los Espíritus)

     De todas las grandes enseñanzas de Jesús, posiblemente las Bienaventuranzas se encuentran entre las menos comprendidas. Tuvieron que pasar casi 1900 años, hasta la llegada del Espiritismo y en particular, la edición del libro “El Evangelio según el Espiritismo”, para poder comprender en profundidad las grandes enseñanzas que Jesús impartió en "El Sermón de la Montaña".

     Las Bienaventuranzas, de forma deslumbrante, concisa y directa, resumen de forma excepcional parte de las leyes espirituales que rigen la evolución humana, explicadas con posterioridad en “El Libro de los Espíritus” y "El Evangelio según el Espiritismo" de Allan Kardec.

     Por tanto, podemos considerar las Bienaventuranzas y por extensión “El Sermón de la Montaña”, todo un manual espiritista 2000 años antes de la institución del Espiritismo como corriente filosófica, científica y moral.

“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.”
     Siendo nuestro espíritu inmaterial, ser pobre o rico de espíritu sólo tiene una posible interpretación: referirse a lo material de nuestros pensamientos que conforman nuestra forma de ser. El orgullo y egoísmo impregnan los pensamientos de los ricos de espíritu. Los humildes, por lo contrario, son pobres de espíritu porque sus pensamientos no se fijan principalmente en lo material. Lo material es un lastre que atrapa el pensamiento del espíritu rico y le impide elevarse espiritualmente (expresado con el término “Reino de los Cielos”) al contrario de lo que le ocurre al espíritu pobre, que su humildad y virtudes le permiten ascender de forma natural como aceite en el agua por diferencia de densidad vibratoria.

“Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la Tierra.”
     Podemos decir que esta frase resume brillantemente las consecuencias futuras de la Ley de Evolución y la Pluralidad de Mundos, enseñados ambos por la Doctrina Espírita.

     En la pregunta 1018 de "El Libro de los Espíritus" se expone: “La transformación de la humanidad ha sido predicha y vosotros estáis llegando a ese momento... Esa transformación se operará mediante la encarnación de espíritus mejores, que formarán en la Tierra una nueva generación. Entonces los espíritus de los malvados, que la muerte cosecha a diario, y todos aquellos que intentan detener la marcha de los acontecimientos serán excluidos de este mundo, pues se encontrarían desubicados entre los hombres de bien, cuya ventura turbarían. Irán a mundos nuevos y menos evolucionados, a desempeñar misiones penosas  en las que podrán trabajar por su propio adelanto, al paso que lo harán por el progreso de sus hermanos todavía más atrasados que ellos.”

     Los mansos son los hombres de bien que poseerán la Tierra en la nueva etapa evolutiva, llamada Regeneración (ver capítulo III, ítem 16, “El Evangelio según el Espiritismo”).

     Aquellos que se opongan al progreso de la humanidad no podrán permanecer en la Tierra y recaerán en nuevos mundos menos evolucionados donde trabajarán en condiciones penosas por su progreso. De esta forma, la Justicia Divina, de un mal en la Tierra hace un bien en otro mundo menos adelantado moral e intelectualmente.

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.”
     El capítulo V de “El Evangelio según el Espiritismo” nos esclarece sobre la justicia de las aflicciones, las causas actuales y anteriores, el olvido de dichas causas en el pasado y los motivos de resignación.
Este es uno de los mayores consuelos que nos trae la Doctrina Espírita. Comprender la utilidad y las causas de nuestras aflicciones nos alivia en parte y nos da fuerzas para seguir luchando, porque entendemos que son simplemente un capítulo más en nuestro peregrinar hacia la perfección.

     El estudio de las Leyes Espirituales nos llevará a la comprensión de las experiencias que nos tocan vivir, unas como pruebas y otras como expiaciones. Las expiaciones una vez pasadas, vistas desde la vida espiritual, son bálsamo para las heridas de nuestra conciencia, abiertas mediante los errores del pasado. Desde la vida espiritual bendecimos el dolor y las lágrimas vertidas en el camino, gracias a las cuales alcanzamos la completa conversión de nuestras inclinaciones, doblegamos nuestras pasiones y recobramos la paz con nuestra propia conciencia esclarecida.

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia.”
     Exposición clara de la Ley de Causa y Efecto que enseña que la fatalidad no existe (preg. 851 de “El Libro de los Espíritus”). Siempre recogemos en la vida aquello que anteriormente hemos sembrado, nos haremos merecedores de misericordia solamente sembrando misericordia o, lo que es lo mismo, “Fuera de la Caridad no hay salvación” (Capítulo XV de “El Evangelio según el Espiritismo”).

“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.”
     La pregunta 895 de "El Libro de los Espíritus" nos da luz sobre este asunto: “Porque a medida que los Espíritus se van purificando, reencarnan en mundos cada vez más perfectos, hasta que se hayan despojado de toda clase de materia y lavado de todas sus manchas, para gozar eternamente de la felicidad de los Espíritus puros en el seno de Dios.”

     El estudio de la escala espírita (párrafo 100 de “El Libro de los Espíritus”) y del progreso de los espíritus (preguntas 114 a 127) nos muestra cómo el espíritu va pasando por distintos estados de evolución hasta alcanzar la perfección, estado de espíritu puro donde verá a Dios: "244.  Los Espíritus ¿ven a Dios? - Únicamente los Espíritus superiores lo ven y comprenden. Los inferiores, por su parte, sólo lo sienten y adivinan." (Ídem.)

“Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios.”
     El término “hijo de Dios” debe entenderse en el contexto hebreo como “ben Elohim”, título hebraico que sólo se daba a aquel que ejercía una función de representación de Elohim (Dios), como eran el rey de Israel, los jueces, los ángeles y el mesías prometido. Con esta expresión entendemos que Jesús se refiere a todo los espíritus que vienen a la tierra en misión para trabajar por la Paz del mundo, utilizando el término pacíficos. La misión de un espíritu es proporcional a sus capacidades: "571.  ¿Sólo los Espíritus elevados cumplen misiones? La importancia de las misiones está relacionada con las capacidades y la elevación del Espíritu." (Ïdem.)

“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.”
     Practicar la verdadera justicia conlleva, en la Tierra a veces, ser perseguidos. Sólo una persona completamente desprendida de intereses materiales podrá, en esta situación, practicar la verdadera justicia, preocupándose más por los bienes espirituales que por los materiales, imitando a Jesús: “879.  ¿Cuál sería el carácter del hombre que practicará la justicia en toda su pureza? - El del verdadero justo, a ejemplo de Jesús. Porque practicaría también el amor al prójimo y la caridad, sin los cuales no existe verdadera justicia.” (Ídem.)
José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

lunes, 18 de noviembre de 2013

¿Dialogo esclarecedor o aleccionamiento?


Siendo el Espiritismo síntesis del conocimiento metafísico universal puesto al servicio de la educación (moral y mental) del ser humano, es obvio que sus propuestas, por esencia supraelevadas, deben filtrarse y acomodarse al pensamiento común del hombre de mediana evolución que, en mayor o menor medida, somos todos. En este sentido y como es natural, la doctrina de los Espíritus es más grande que el propio codificador, que, a pesar de sus evidentes conquistas intelecto-morales, era una conciencia encarnada al fin y al cabo.

Pero también es cierto que Kardec fue el escogido por la pléyade de Espíritus superiores que, con la guía luminosa del Espíritu de Verdad, presidieron la Codificación. Y en este punto, toda objeción de minimizarlo bajo pretexto de estar superado solo expresa la infantilidad de nuestras almas, infladas de vanidad y fascinadas por una intelectualidad (presunta y subjetivamente) tan meritoria como para pretender juzgar aquello que nos supera.

Sin Kardec en los estudios y en la reflexión no podremos hablar de Espiritismo auténtico.

Y SIN EMBARGO…. A pesar de lo que hasta aquí hemos dicho en este tema del papel central del codificador (como en otros llamados “doctrinarios”), no podemos ser repetitivos, machacones y, lo que es peor, discutidores. No hay nada más monótono y poco esclarecedor que una reunión espírita llena de tozudos repetidores más preocupados en apuntar deslices doctrinarios que en compartir un espacio de paz y crecimiento.

Por supuesto es necesario conocimiento y lógica doctrinaria que aporten a cada sesión o encuentro unidad y coherencia, pero no podemos hacer de esto (sea Kardec u otra cuestión) un discurso de todos los días. La fijación es mala compañera… porque va asentando poco a poco un tic rígido… y la rigidez es un obstáculo para la comunicación (a menudo no nos damos cuenta, ya sea porque hemos estudiado mucho, tenemos “sobrada” experiencia o nadie se ha atrevido a indicárnoslo).

Los caracteres lineales, los apuntes sistemáticos y los aleccionamientos, terminan haciendo una doctrina dentro de la doctrina…y por supuesto acaban disgregando la atención y más tarde el interés; nada transformador puede salir de esto, por mucho que estemos hablando de grandes verdades.

Modifiquemos la pauta: no seamos apuntadores y sí dialogantes… Es la diferencia entre el mero discurso y el esclarecimiento.

Preocupémonos por ser claros, elucidamos errores, pero no caigamos en la trampa de ser “corregidores” todo el tiempo, so pena de caer en comportamientos panfletistas y dogmáticos. Si no consideramos esto, aquellos que nos visiten por primera vez no percibirán un ambiente mucho más diferente de una agrupación evangelista o una escuela esotérica con sus maestros sus aprendices aventajados y sus rituales.

El Espiritismo puede, y debe, adaptarse a la expresión de la cultura y sociedad contemporánea (sin modificar su esencia y propuestas, por supuesto), porque, además, está dotado para ello desde su génesis… esto es muy importante comprenderlo. Hacer repeticiones de textos doctrinarios, imitar discursos de gente conocida y no salirse nunca de un guión (aunque este sea implícito), no es lo mejor que podemos hacer como espíritas. Sin echar mano de enfoques dinámicos, matizar y contextualizar la información, hacer aproximaciones culturales con otras líneas  de pensamiento esclarecedoras (que nos ayuden a asimilar conceptos), etc., una reunión espírita carecerá de libertad, naturalidad y perspectiva, limitándose a estar cerrada en sí misma.

Mucho se equivocan los responsables de un grupo si, consciente o inconscientemente, creen que la reunión recibe a las personas para que estas sean aleccionadas.

Ser organizados y formales (no necesariamente serios, porque la seriedad por sí sola no es una virtud especial), no debería ser una disculpa para caer en el discurso repetitivo, desconfiado en esencia y circular (cerrado).

 La demagogia y la carencia de espontaneidad atrapan y distorsionan el mensaje.

Juan Manuel Ruiz Gonzalez
Fraternidad Espírita José Grosso (Córdoba)

miércoles, 13 de noviembre de 2013

La muerte no separa almas


Recóndita tristeza en el lar íntimo, pasan las horas y el polvo va cayendo sobre los muebles, mientras la mirada fija en una fotografía no percibe la presencia amada a su lado. Las lágrimas brotan si no ya en forma líquida, lo hacen hacia adentro abnegando el alma. La vida pesarosa de la pérdida sin consuelo. Al otro lado el marido desencarnado charla con su guía:

- ¿Cuándo podré hablar con ella? Me aturde verla tan apenada.

- No te preocupes, pronto tendrás ocasión. Aguarda.

La señora ojea un pliego de tema espiritista que su hijo ha dejado descuidado sobre su escritorio. Se dice, ¿y si todo esto fuera cierto? ¡Ay, si pudiera saber de Roberto! Se consume en meditaciones que el deudo no escucha estando como está bajo el amparo de su guía. Ambos salen de la habitación. Y se dirigen hacia donde está Claudio, el hijo que nació fruto del amor de esta relación.

***

La reunión en el centro espírita va a comenzar. Todos están en silencio, sentados alrededor de una mesa rectangular, son ocho personas de aspecto sereno y simpático. Uno de ellos entona una oración de recogimiento para dar inicio al trabajo. Roberto ve como desde arriba cae una especie de luz blanquecina que va descendiendo sobre cada uno de los presentes, excepto sobre una muchacha que está oscura, como si la cosa no fuera con ella. Hay muchas más personas ahí presentes, pero están como ellos, en el plano espiritual. Visten de blanco inmaculado y radian una alegría singular que embriaga el alma.

- Buenas noches, caros hermanos, venid aquí junto a nosotros, y veréis el trabajo de esta noche, digno de estudio.

Roberto está nervioso, sabe que en un momento dado se le llamará para dar una comunicación, pero mientras, aguarda paciente su turno junto a su guía que no le abandona un instante.

La sesión pasa con normalidad, los mentores espirituales ayudan a los médiums a ponerse en situación para recibir a los espíritus comunicantes, muchos de ellos envueltos en bajas vibraciones, debido a su necesidad de ayuda y orientación.

Desde afuera Roberto contempla la escena curioso, nunca había asistido a una reunión espiritista, ni tampoco se mostraba muy convencido de cuando su hijo le hablaba del trabajo de amor y caridad que hacían. A él, todo eso le sonaba a satanería, o como mucho a charlatanería barata de unos cuantos exaltados y deploraba que su hijo estuviera mezclado con semejante calaña. Pero ves las cosas, al volver al plano espiritual, al morir, como vulgarmente se dice, se halló muy sorprendido ante la ayuda inesperada del mismo, y ya no pudo negar la evidencia de la utilidad de estas sesiones, pues ¡qué sólo se quedan los muertos! Como diría el poeta Bécquer en una de sus rimas, y bien es cierto, pues ya muertos, nadie se acuerda en ayudarlos, como mucho algún pensamiento bondadoso, las más de las veces de agria pena que en nada benefician al difunto, que de difunto tiene poco.

Al recordar estas cosas Roberto se empezó a emocionar al revivir aquellos momentos de angustia y de congoja, pues tal era su desorientación. Sin darse cuenta mientras estaba en esta situación, fue guiado hacia su hijo, que fue el elegido para la comunicación de aquella noche.

- Buenas noches hermano, ¿con quién tenemos el gusto de hablar?

- Buenas noches, nos dé Dios.

- Qué así sea. Contadnos, en qué os podemos ayudar.

- Ya me estáis ayudando, y mucho. Mi nombre es Roberto Bernabéu y soy el padre de Claudio.  Honda emoción recorre la mesa como un rayo electrizante.

- Nos alegra mucho poder contar con su presencia esta noche. Como sabéis vuestro hijo nos habló mucho de usted.

- Sí, lo sé. Y le estoy muy agradecido, yo ignoraba todas estas cosas, incluso ahora mismo ignoro como estoy hablando a través de su boca, en realidad no pensé que hubiera vida después de la muerte. Pensaba que eran tonterías, miedos irracionales, que todos tenemos y que de algún modo nos hacen más suave la existencia.

- Pero ahora habéis visto que sí hay algo, de hecho estáis en plena conciencia de que no estáis muerto.

- Sí bien lo veo, aunque por un lado más bien me pesa. Porque podría haber hecho muchas cosas que no hice. O haberlas hecho distintas.

- Bueno Roberto, no se culpe más de la cuenta, todos pasamos pruebas y no siempre acertamos en la resolución de las mismas. Lo importante es que ahora esté sereno porque con la ayuda de Dios va a empezar a comprender su nueva situación y a estudiar su vida ahora acabada, para ver en qué puntos pudo haber hecho más, pero siempre para perfeccionar, no como castigo, y de este modo rectificar en la siguiente existencia. Porque ¿le han dicho ya que volvemos a vivir?

- La verdad, no. No me había planteado ese asunto. No llevo mucho tiempo aquí, o bueno a mí no se me antoja mucho tiempo, y ya digo que hay cosas que no entiendo del todo bien. Sólo sé que estoy mejor, que vuestras oraciones me llegan, y ahora mismo la conversación que estoy manteniendo con vosotros me calma, me da paz. Y al mismo tiempo estoy sintiendo sopor, cansancio.

- Bien, querido hermano, ¿hay alguna cosa más que nos quiera decir?

- Sí, a mi hijo. Claudio, gracias por lo que estás haciendo por mí. La verdad, ahora comprendo la utilidad de estas cosas que mientras estaba… en vida no terminaba de comprender. Apoya a tu madre, dile si su comprensión lo puede aceptar, que estoy bien, que haga el favor de no manosear tanto mi foto que va a perder el color, que se acuerde de cosas buenas y me perdone si hubieron algunas que no lo fueron tanto. Tengo esperanza de poder decírselo en persona, pues mi guía así me lo confirma, ojalá frecuentara estas reuniones a las que tú asistes, porque por mucho que le hablo ella no me escucha…

Estoy bien hijo, pero ahora estoy algo cansado y me aconseja mi guía que me despida de vosotros. A la paz de Dios.

- A la paz de Dios querido hermano, esperamos si Dios quiere que pronto nos vuelva a visitar.

Jesús Gutierrez Lucas

Los hijos difíciles


Cada nuevo hijo que recibimos en el hogar es, sin duda, un motivo de alegría, de esperanza. Representa la culminación del amor que une, o que debe unir, a la familia.

Cuando recibimos en nuestros brazos a ese pequeñín, y aún antes, idealizamos para él un futuro lleno de proyectos, anhelos, esperanzas, salud orgánica e inteligencia.

Sin embargo, más tarde o más temprano, en la medida que van creciendo, que se van desarrollando física y psicológicamente vamos descubriendo al verdadero ser que nos ha sido entregado y que con tanto amor hemos acogido.

En ocasiones la tierna criatura que nos fue entregada desaparece para reaparecer más adelante como un pequeño tirano. Junto a los hijos buenos, obedientes, pacíficos surgen también aquellos otros que ponen constantemente a prueba nuestra paciencia, nuestra serenidad, aquellos que son problemáticos.

La relación familiar con estos niños desobedientes, rebeldes, a menudo nos ocasiona angustias, tensiones emocionales, preocupaciones sin fin, y cansancio físico y psicológico, por presentar un temperamento fuerte, diferente.

Es frecuente escuchar a los padres quejarse y sucumbir por no saber cómo tratarlos, cómo reconducirlos, cómo disciplinarlos. Hay mucho miedo en los padres a perder los papeles porque esta situación desemboca, a menudo, en episodios violentos y agresivos dentro del hogar.

Desde el punto de vista que nos ofrece la Doctrina Espírita somos conscientes de que los lazos de familia no se verifican por el azar pues, como sabemos, hay una ley Divina que comanda el destino y la unión de las almas para la vivencia reencarnatoria.

Nuestros hijos son espíritus encarnados y podemos decir que no son nuestros, sino que han sido entregados por Dios a nuestro cuidado para que les propiciemos oportunidades para el progreso al mismo tiempo que progresamos junto a ellos.

Desde este punto de vista, es muy posible que esos sueños y anhelos, esos planes que tenemos para ellos hayan sido trazados por nosotros mismos en el Mundo Espiritual, mucho antes de reencarnar.
Siendo así, no podemos ni debemos alarmarnos si nuestros hijos nos presentan problemas y dificultades desde la más tierna edad.

Estos hijos problemáticos son aquellos que la Ley de Causa y Efecto nos presenta, nos devuelve para la convivencia familiar, de manera que juntos podamos rehacer nuestros destinos a través de las diferentes situaciones que se nos presentan. Este reencuentro que la Sabiduría Divina nos proporciona nos ofrecerá la ocasión para emprender nuevos rumbos para un mejor futuro espiritual. Sería una oportunidad para la reconciliación con aquellos que en un pasado tortuoso posiblemente herimos, o con aquellos por los que fuimos heridos.

El Espíritu Emmanuel nos esclarece en este punto cuando dice: “Los hijos problemáticos son aquellos mismos espíritus a los que perjudicamos desfigurándoles el carácter, envenenándoles los sentimientos.”
Ellos son hijos de nuestras propias obras y de nuestros propios actos en vidas pasadas. Hijos estos que la Misericordia de Dios reúne en el núcleo familiar para el debido acercamiento y la reparación a través de la convivencia y la Educación.

En el Evangelio según el Espiritismo nos enseña: "No despreciéis, por lo tanto, al hijo que desde la cuna rechaza a la madre, ni a aquel que os paga con la ingratitud: no fue el acaso el que lo hizo así y el que lo envió. Una intuición imperfecta del pasado se revela y de ella podéis deducir que uno u otro ya odió o fue odiado, que uno u otro vino para perdonar o para expiar".

Sin embargo, no siempre estos hijos problemáticos surgen como consecuencia de desencuentros habidos en el pasado. En la mayoría de los casos es nuestra irresponsabilidad y falta de compromiso como padres en la actualidad lo que se traduce en hijos tiránicos y rebeldes.

Los padres, ejercen una influencia muy grande y tienen la misión de procurarles todos los medios para su progreso moral a través de la Educación, como encontramos en el Libro de los Espíritus.

“Dado que el Espíritu encarna con miras a perfeccionarse, durante ese periodo (la infancia), es más permeable a las impresiones que recibe y que pueden favorecer su adelanto, al cual deben contribuir quienes están a cargo de su educación.”- L.E

El Espíritu, independientemente de su pasado, encarna en un cuerpo infantil para ser educado de nuevo, es decir, ser reeducado para resolver aquellas carencias, defectos y malas inclinaciones que emergen del pasado.

“La fragilidad de los primeros años los vuelve flexibles, accesibles a los consejos de la experiencia y de quienes deben hacerlos progresar. Entonces es cuando se puede reformar su carácter y reprimir sus malas inclinaciones. Tal es el deber que Dios ha confiado a los padres, la misión sagrada por la que tendrán que responder.”-L.E

La espiritualidad nos recuerda el carácter sagrado de la paternidad.

Casi siempre nos olvidamos de esta sublime misión, con terribles consecuencias en el futuro.
De ello podemos extraer algunas conclusiones que pueden ayudarnos a conducirnos en la educación de estos hijos.

En primer lugar, que nuestra actitud ha de ser siempre constructiva no permitiendo que la amargura y la desesperación tomen posiciones que dificulten aún más la relación.

No podemos olvidar que muchos padres se sienten terriblemente castigados por la culpa, planteándose en qué han podido equivocarse, recreándose en la idea de que la suerte, el azar, el destino ha querido castigarles enviándoles un hijo problemático.

Es más que conveniente rechazar estas ideas que únicamente nos procurarán tormentos y nos imposibilitarán para la responsabilidad que verdaderamente nos cabe.

En segundo lugar, que debemos mostrarnos siempre, y por encima de todo, comprensivos, amorosos y agradecidos por la oportunidad que se nos está ofreciendo, lo que modificará en gran medida de nuestros patrones mentales y de comportamiento.

La gratitud es una actitud que nos ayudará en la tarea que se nos ha encomendado.
Si sabemos que somos espíritus inmortales podemos intuir también cuantos errores pudimos cometer con anterioridad, y recibir en nuestro hogar uno de estos espíritus es la oportunidad grandiosa de rehacer el pasado cooperando en la recuperación de espíritus infelices que, posiblemente, llevaban esperando este reencuentro desde hace mucho tiempo.

Por último, ofrecer a nuestros pequeños, por todos los medios, una buena Educación moral desde la más tierna infancia que les procure en el futuro herramientas adecuadas para conducirse y que posibilite el perfeccionamiento y mejora a la que son susceptibles como espíritus inmortales.
Nos cabe pues la responsabilidad de otorgarles las alas que precisan para poder volar y elevarse con seguridad para las regiones de luz.

La ocasión entonces se presenta como un momento de felicidad para la iluminación de nuestros corazones a través del Amor, la entrega, el servicio y el progreso mutuo.
Valle García
Comisión de Infancia, Juventud y Familia de la FEE.


miércoles, 6 de noviembre de 2013

VIH – SIDA Visión médico espírita



El VIH es un retrovirus transmitido por vía sexual, transfusiones sanguíneas, compartir jeringuillas o desde la madre contaminada hacia el feto, en el parto o al amamantarle. Se multiplica en el organismo destruyendo las células de defensa, los glóbulos blancos, específicamente los linfocitos T CD4. Cuanto ese ejército natural del cuerpo humano está bastante disminuido se establece la inmunodeficiencia o SIDA, que abre las puertas a las infecciones oportunistas que debilitan y causan sufrimiento al individuo en esa condición. Actualmente existen cerca de cuarenta millones de portadores del virus VIH en todo el mundo, concentrándose la mayoría en el África subsahariana. Existen potentes cócteles antirretrovirales que impiden la multiplicación viral, ayudando a prevenir el Sida, disminuyendo las infecciones oportunistas y aumentando la longevidad y la calidad de vida del portador del virus.

En la visión espírita, el ser humano es entendido bajo el prisma de la inmortalidad del alma, como un ser eterno, hijo de Dios, que marcha rumbo al progreso y a la felicidad ejerciendo una libertad relativa dada por Dios a sus hijos. En este proceso, pasa por las múltiples vidas sucesivas o reencarnaciones, guiado por las leyes de justicia y misericordia, ambas derivadas de la ley del amor que regulan el equilibro de la creación. Cada vez que el ejercicio de la libertad humana quebranta la ley del amor, el ser entra en desequilibrio consigo mismo y con el universo y cuando él insiste en su comportamiento, que confirma las tendencias y los hábitos y con frecuencia la creación de vicios en el alma, acciona mecanismos automáticos y naturales de reequilibrio y rearmonización ante la ley divina, que está inscrita en su conciencia. Guiado por el amor el ser evoluciona, construyendo su camino de la forma que le place, determinando acciones que generan reacciones, dentro de la ley del progreso inexorable. De esta forma atrae hacia él las circunstancias justas y necesarias con miras al crecimiento, así como construye circunstancias que no serían exactamente necesarias para su progreso pero que expresan su momento evolutivo y sus dificultades morales.

El cuerpo humano, teniendo sabiduría innata al servicio del espíritu inmortal que lo habita y conduce, obedece a la conciencia profunda manifestando salud o enfermedad conforme esté el ser equilibrado o desequilibrado ante la ley del amor, sea consigo mismo o con el prójimo. Con esta visión, las enfermedades se manifiestan como el resultado del posicionamiento del ser en el mundo, de acuerdo con su forma de pensar, hablar y actuar, posición esta reafirmada a lo largo del tiempo, de las vidas sucesivas y muchas veces cristalizada en actitudes de desamor y falta de consideración a los sentimientos superiores del amor, respeto, consideración, etc. La enfermedad se presenta como una invitación, un llamado del alma, manifestando su momento evolutivo, sus conflictos, su estado mental y emocional, así como sus necesidades espirituales.

Al reencarnar el espíritu elige el género de pruebas y por medio del análisis de su estado presente, resultado de su pasado espiritual, conoce sus tendencias y predisposiciones, escogiendo las pruebas que le sirvan como fuente de progreso y expiación de las faltas cometidas, proponiéndose apaciguar la conciencia y manifestar salud general del cuerpo y del alma.

André Luiz nos enseña que las enfermedades infectocontagiosas se establecen en las áreas de predisposición mórbida que existen en el psiquismo y en el cuerpo espiritual, como consecuencia natural de la resonancia magnética y de la necesidad de reequilibrio del ser inmortal. La infección por el VIH es una circunstancia atraída por el individuo hacia su vida por diferentes motivos, que deben ser siempre individualizados, aunque en líneas generales podemos decir que favorece el desarrollo del autoamor, del autocuidado, de la individualización, el establecimiento de límites y sobre todo la reeducación sexual y afectiva profundas, cuando éste aprovecha la oportunidad para su despertar espiritual.

André Luiz nos aclara que “es muy raro que las enfermedades no estén relacionadas directamente al psiquismo. Todos los órganos están subordinados a la ascendencia moral”. El patrón mental y emocional del portador del virus, así como los cambios que haga para volverse más cariñoso consigo mismo y con el prójimo, más atento con las relaciones afectivas y con los compromisos asumidos con otros corazones, actuarán directamente en la intimidad de las células y del sistema inmunológico, activando las defensas naturales del cuerpo e inhibiendo la replicación viral. De esa forma el VIH puede volverse una enfermedad crónica controlable, como la diabetes o la hipertensión arterial, no causando sufrimientos dispensables ya que el amor cumplió su papel educativo en la vida del individuo.

El mensaje de Cristo, expresado en la sabiduría del Evangelio, invita a todos a reflexionar sobre su posición como hijos de Dios,  su papel como co-creador y  el desarrollo de los dones divinos que haya en sí. Representa la fórmula de salud por excelencia, conduciendo al hombre de vuelta a Dios.

El espíritu Joseph Gleber, médico alemán del síglo XX, nos informa que “La salud es la conexión real criatura-creador, y la enfermedad lo inmediatamente contrario de tal hecho”. Es útil preguntarse ante la infección del VIH los porqués y paraqués  de la experiencia, extrayendo del dolor la madurez imprescindible para pasarla con provecho. Para ello es necesaria una postura permanente de atención sobre uno mismo y autoconocimiento,  así como hacer esfuerzos por el dominio de sí mismo, dentro de la perspectiva optimista y esperanzadora que el Evangelio propone. En esa visión no caben culpas, pensamientos o acciones depresivas y autopunitivas y sí coraje y mucho ánimo para superarse cada día, desarrollando el autoamor que ayude a despertar el amor al prójimo, como medida de cura efectiva del alma.

El Espíritu Franklim nos ofrece un testimonio de su experiencia de madurez con el VIH, diciendo “En mi caso particular, el sida funcionó como el ángel del dolor que me liberó de las garras del vicio y del desequilibrio moral. Tal vez algunos se sorprendan por hablar de esa forma, pero después de la jornada triste y sombría que realicé, cuando estaba encarnado, en las locuras de la falta de reglas, la enfermedad hizo de freno, proporcionándome la oportunidad de revisar mis pasos en la vida moral y gracias a la ayuda de los amigos espirituales, pude liberar mi conciencia de la pesadilla del mal y del desequilibrio”.

La doctrina espírita, ofreciendo aclaraciones y orientaciones sobre la naturaleza del ser y su relación íntima con la materia, las consecuencias físicas y morales de sus actos, ofrece un amplio camino de aceptación de sí mismo y responsabilidad espiritual ante las circunstancias del camino.  La fluidoterapia, por medio de los pases y el agua magnetizada, así como la renovación de los patrones del alma, son recursos medicamentosos efectivos y profundos ofrecidos gratuitamente bastando con la aceptación por parte del sujeto de sus responsabilidades y potencialidades espirituales y la decisión por mejorarse continuamente en la marcha del progreso.

La casa espírita, como lugar sagrado de acogida y educación de los convidados de Jesús, debe ser un espacio de fraternidad e instrucción, que abre sus puertas a los portadores del virus VIH y las demás patologías, que deseen comprenderse bajo la visión inmortalista espírita, sin críticas, preconceptos o juzgamientos. El trabajo espírita, centrado en el amor al próximo orientado por Jesús, es el trabajo de compasión y misericordia, ofreciendo a aquellos que así lo deseen un bendito campo de estudio y trabajo, renovación y entendimiento, para la conquista de la salud integral.

Finalmente, la casa espírita debe cumplir con su papel de estimuladora y propiciadora de la práctica del bien, nuestro mayor y mejor abogado en toda hora. Emmanuel nos dice que “ Cuando la justicia nos busque para prestar cuentas, si nos encuentra trabajando en favor del prójimo, la misericordia divina le manda que regrese sin fecha prevista de vuelta”. Y complementa André Luiz “El bien constante genera el bien constante y manteniéndonos infatigables en la acción del bien, todo el mal acumulado por nosotros se atenúa, gradualmente, desapareciendo por el impacto de las vibraciones de auxilio, nacidas en nuestro favor, en todos aquellos a los cuales dirijamos el mensaje de entendimiento y amor puro, sin necesidad expresa de recurrir al concurso de la enfermedad para eliminar las insinuaciones de las tinieblas que, eventualmente, traten de inmiscuirse en nuestro ámbito mental.  El amparo a los otros crea auxilio para nosotros mismos, motivo por el cual los principios de Jesús, extirpando de nosotros la animalidad y el orgullo, la vanidad y la codicia, la crueldad y la avaricia, a la vez que exhortándonos a la simplicidad y la humildad, a la fraternidad sin límites y al perdón incondicional establecen, cuando son observados, la inmunología perfecta en nuestra vida interior, fortaleciéndonos el poder de la mente en la autodefensa contra todos los elementos destructores y degradantes que nos cercan y articulándonos las posibilidades imprescindibles para realizar nuestra evolución hacia Dios”.
Andrei Moreira
Médico de familia y comunidad y homeópata
Presidente de la Asociación Médico-Espírita de Minas Gerais – Brasil
www.amemg.com/br

Entrevista a Alfredo Alonso De la Fuente, presidente del C.E. Alborada Nueva

1. ¿Cuál es tu trayectoria en el Espiritismo?
Llegué a él hace unos 11 años. Me resultó tan tremendamente familiar, que tuve la sensación de conocerlo ya de muy atrás. En estos años me he dedicado principalmente a formarme e intentar ser un verdadero espírita. Como nos decía Allan Kardec, se trata de trabajar día a día por nuestra reforma moral y esforzarnos por dominar nuestras malas inclinaciones.

2. ¿Por qué eliges este camino y no otra filosofía?
Soy de la opinión de que cualquier filosofía, religión o creencia, son positivas y respetables si no hacen caer en fanatismos aberrantes e incitan a la persona a ser mejor, consciente de la necesidad de su reforma moral. Yo elegí el espiritismo porque me dio las respuestas, despertó mi mente y sensibilizó mi corazón, haciéndome adquirir esa fé inquebrantable.

3. El nombre que habéis escogido es el mismo que uno de los libros de Cairbar Schutel ¿por qué?
Si, así es. Realizamos una lista con varios nombres y al final nos decidimos por "Alborada Nueva". En realidad yo tenía pensado otro, pero este fue el que más le gustaba a mi mujer. Los que estén casados me comprenderán.

4. ¿Cuándo y dónde os reunís?
Nos reunimos actualmente por la mañana en nuestro centro, situado en la C/ Hilados 14 (posterior) en Torrejón de Ardoz - Madrid. Decidimos implementar un horario de mañana, entre otras cosas, porque no existe ningún centro espírita que lo tenga y cubrir así esta necesidad. Aprovecho para invitar a todas aquellas personas que estén leyendo esta entrevista a venir a vernos cuando quieran. Serán bienvenidos.

5. Sabemos que los comienzos siempre son difíciles, sin embargo con constancia, seriedad y estudio, los espíritus hacen que la gente llegue hasta los centros ¿Qué actividades lleváis a cabo?
En principio estamos asentando bien las bases a través de un breve curso llamado "Doctrina espírita para principiantes", junto con el estudio del "Evangelio según el Espiritismo". Posteriormente abordaremos el estudio sistematizado, que profundiza ya en todos los puntos.
En proyecto tenemos más actividades, que irán surgiendo cuando llegue el momento preciso.
6. ¿Cuál opinas que es el mejor camino para la unidad en el movimiento espirita?

La unidad parte de unificar criterios, aprender de los errores y abrir buenos canales de comunicación para escucharnos, comprendernos, trabajar unidos y con buena orientación por la causa espírita, evitando tropezar con las mismas piedras. La perspectiva es fundamental para la comprensión de los problemas ajenos. Desde nuestro punto de vista siempre estamos cargados de razones, pero alejados de la visión general y es esta, la que nos brinda la mejor solución para cualquier problema. El orgullo es siempre un obstáculo.
Los que nos precedieron en el movimiento, velan por nosotros y esperan que actuemos con buen sentido y humildad. Seamos valedores de ser los actuales portadores de la antorcha espírita.

7. Para asistir a vuestras clases ¿es necesario algún requisito?
Nuestras puertas están abiertas para cualquier persona que quiera venir, independientemente de su creencia, cultura o valores. Únicamente deben tener conciencia de que un centro espírita es un lugar que se rige por la doctrina espírita. Es razonable respetar todo y favorecer a cada persona, pero no por ello aceptar todo, ni abrazar todo, a fin de poder estar con la verdad.

8. ¿Cómo os pueden localizar nuestros lectores para contactar con vosotros?
Pueden llamarnos al teléfono 655251788 o si prefieren escribirnos al mail: alcason@gmail.com
Desde El Ángel del Bien os deseamos mucho éxito con vuestro proyecto, pero sobre todo un gran caminar hacia el Bien.
Muchísimas gracias. El Bien... largo es el camino y grande nuestra deuda, pero día a día más firme ha de ser nuestra esperanza. Demostremos que somos espíritas con nuestros actos, además de con nuestras palabras.


jueves, 31 de octubre de 2013

La Codificación


Muchos espíritas dicen que no disponen de tiempo para estudiar los libros doctrinarios. Entienden que basta escuchar a los guías en las sesiones mediúmnicas para aprender y progresar espiritualmente. A veces, sin embargo, esos mismos guías no tienen conocimiento, son espíritus tan ignorantes como sus propios protegidos. Recordemos la enseñanza del Evangelio “si un ciego guía a otro ciego, ambos van a caer al barranco”. Sabemos que vivimos en un mundo en fase de transición evolutiva, en el que proliferan espíritus agitados por nuevas ideas, deseosos de transmitirnos sus “revelaciones personales”. Debemos tener sumo cuidado, pues la responsabilidad espiritual es el mayor compromiso que tenemos adquirido en la existencia terrenal.

Todos somos conscientes de la gran obra que se encuentra a nuestra disposición, y que solo la espiritualidad es capaz de haber desarrollado: “La Codificación”. Tenemos aquí un manantial donde todos debemos beber una y otra vez, siempre que tengamos necesidad de saber.

Nos dice el espíritu de Emmanuel en “DERROTERO”, obra psicografiada por Francisco C. Xavier: “Seguramente con el Libro de los Espíritus las conclusiones filosóficas han alterado tu visión del mundo. Ahora admites la inmortalidad del ser”.

Efectivamente, nuestro despertar nos induce a hacerles llegar a aquellos que conviven con nosotros, que se encuentran a nuestro lado, el “descubrimiento”. Porque hemos encontrado explicación para tantas y tantas incógnitas que nuestra mente albergaba, esclareciendo así las sombras de nuestras preguntas sin respuestas. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Para dónde vamos? y ¿Por qué estamos en la Tierra?

Pasar por el “Libro de los Espíritus” sin analizarlo detalladamente sería desaprovechar el conocimiento filosófico que nos es necesario para nuestra formación. Debemos estudiarlo detenidamente para hallar en él una de las bases de nuestro progreso. Y progresando nosotros haremos progresar a nuestros seres queridos con el ejemplo.

Las instituciones espíritas deben convertirse en casas de formación, aplicando cursos, además de las reuniones públicas evangélicas y doctrinarias.

Nos dice el espíritu de Joana de Angelis que los Centros Espíritas son “células cristianas” que esparcidas sobre la Tierra sirven de Hospitales para el alma y donde se imparte conocimiento y saber. Es aquí precisamente donde la mediumnidad debe ser estudiada, analizada y desarrollada.

“El Libro de los médiums”, la base científica del Espiritismo, nos hace comprender los problemas de la mediumnidad, sus consecuencias y sus soluciones. Debemos profundizar sobre esta materia de forma muy especial, pues todos sabemos de las necesidades que nuestros hermanos tienen del auxilio mediúmnico, por encontrarse muchos de ellos con problemas psicológicos que solo a través del tratamiento espiritual les rescatará de patologías psíquicas, que la medicina oficial no lograr reparar.
Recordemos que los existencialistas franceses de los años 30/40 del siglo pasado lo llamaron “la angustia de vivir”.

Una dedicación especial sobre este tema, nos dará una dimensión necesaria de entendimiento para comprender el animismo, la obsesión y la fascinación, circunstancias por las que se pueden caminar al encontrarnos inmersos en el Mundo Espiritual. Debemos cultivar nuestro huerto para alcanzar la cosecha del saber, pero de casi nada nos serviría sino supiésemos aplicarlos cristianamente.
Los Espíritus en diferentes países y con la intervención de diferentes médiums, nos legaron a través de sus instrucciones, que son “las voces del cielo” “El Evangelio según el Espiritismo”, que viene a iluminarnos. Esta obra es para uso de todos; cada uno puede sacar de la misma los medios para imitar la moral de Cristo. Además encontraremos en ella las aplicaciones que nos conciernen más especialmente. Gracias a las comunicaciones establecidas, de una manera permanente entre los hombres y el mundo invisible, la ley evangélica, enseñada por los mismos espíritus, ya no será letra muerta, porque todos la comprenderemos y nos veremos inducidos incesantemente por los consejos de los guías espirituales a ponerlas en práctica.

Se ha reunido en esta maravillosa obra, un código de moral universal sin distinción de culto. Muchos puntos del Evangelio, de la Biblia y de los autores sagrados en general, no son suficientemente claros de entender. En gran parte la razón consiste en la dificultad  que presenta la lectura del Evangelio. La forma alegórica y el misticismo intencional del lenguaje, hacen que la mayor parte lo lean por conciencia y por deber, como leen las oraciones, sin comprenderlas, es decir, sin fruto. Los preceptos morales confundidos en la masa de otras narraciones pasan inadvertidos, siendo entonces imposible atender al conjunto y haciendo de él una lectura y una meditación separadas. El Espiritismo arroja luz viva sobre los misterios del pasado.

Estudiando “El cielo y el infierno”, vemos que Kardec reafirma el carácter científico del Espiritismo, como ciencia de observación. La doctrina enfrenta el problema de las penas y recompensas futuras a la luz de la Historia, estableciendo comparaciones entre las idealizaciones del cielo y el infierno en las religiones anteriores y en las religiones cristianas, revelando raíces históricas, antropológicas de esas idealizaciones y denunciando los absurdos dogmas cristianos. La comparación del infierno pagano con el infierno  cristiano es uno de los más eficaces trabajos sobre mitología comparada que se conocen. La mitología cristiana se muestra más grosera y cruel que la pagana. Ello sería suficiente para justificar el Renacimiento.
Por tanto vemos que “El cielo y el infierno” tiene mucho que enseñar, no solo a los espíritas, sino también, a  las inteligencias que pierden su tiempo combatiendo al Espiritismo, como los griegos y romanos combatieron al Cristianismo. Las penas y recompensas después de la muerte emergen del ámbito oscuro de las supersticiones y del misticismo dogmático hacía la luz del análisis y de la investigación científica. Si los teólogos – que pretenden ser algo más que hombres, como afirmó Descartes – pudiesen tener la humildad suficiente para consultar “El cielo y el infierno”, encontrarían en sus páginas la solución a sus más angustiantes problemas.

Alfred Russel Wallace, explorador, geógrafo, antropólogo y biólogo británico, que comenzó a estudiar el Espiritismo en el verano de 1865, después de revisar la literatura y de repetir los fenómenos que presenció en varias sesiones, y a pesar de que su defensa daño su reputación,  dijo: “El Espiritismo es una ciencia experimental que nos ofrece la única base de la verdadera filosofía y de una pura religión. El ha abolido los términos sobrenatural y milagroso, ampliando la esfera de las leyes y del dominio de la Naturaleza y, por tal motivo, descubre y explica lo que hay de real en las supersticiones y en los supuestos milagros de todas las edades”.

Efectivamente, Kardec trata el problema de la Revelación Espírita, en “La Génesis”, señalando que no se trata de algo que tenga características misteriosas, sino de un proceso de investigación. Nadie puede revelar lo que no sabe o lo que no descubrió. Una revelación debe descubrir los secretos de un misterio para que este se convierta en un hecho.

Si la revelación no coincidiera con lo real, no pasaría de una elaboración humana. Si fuera atribuida a Dios, quedaría probado que tal atribución es gratuita. Kardec nos propone la tesis de la revelación continua, permanente, recordando que todas las ciencias se ajustan a un proceso de revelación de los secretos de la Naturaleza. El Espiritismo está inserto en ese proceso y presta una contribución tanto más valiosa, puesto que su objeto no ha sido tratado anteriormente por ninguna otra ciencia. Todas las ciencias conocidas hasta entonces, se aplicaban a las investigaciones materiales.
El problema espiritual había quedado a cargo de las religiones, las que fracasaron totalmente en este sentido, puesto que nada han aportado al conocimiento real. La ciencia espírita vino a suplir esa grave deficiencia cultural, mostrando la posibilidad de la investigación científica del campo espiritual.
El Espiritismo dio origen a las hoy llamadas investigaciones de lo paranormal. La antigua Parapsicología alemana, la Ciencia Psíquica inglesa, la Metapsíquica de Richet en Francia y la parapsicología actual nacieron de las entrañas de la Ciencia Espírita y confirman, en nuestro siglo, su plena validez.

Más a pesar de todo eso, el Espiritismo y particularmente la Ciencia Espírita, fueron considerados ilusorios. Pero transcurrido el tiempo, hoy las ciencias cuentan en sus programas con la investigación de lo paranormal, comprobando objetivamente la existencia real del Espíritu y de toda la grandiosa fenomenología espírita.

Recordemos que la Doctrina Espírita es el resultado de la enseñanza concordante y colectiva de los Espíritus.


Juan Miguel Fernández Muñoz
Presidente de la Asoc. de Estudios Espíritas de Madrid


Editorial - Octubre 2013


En el largo caminar de los años, década tras década, vida tras vida, nos damos cuenta de que nada se consigue sin esfuerzo.
Observando la vida, vemos como las personas se frustran, abandonan sus sueños, sus preferencias y tuercen sus destinos por falta de voluntad.
Muchas personas se preguntan el porqué de las cosas, quieren saber por qué sus vidas son estas y no otras. Se acercan a la doctrina intentando hallar la respuesta que dé luz a su vida, pero pronto se desaniman  al encontrarse con el estudio.
En nuestra trayectoria hemos conocido personas con facultades mediúmnicas que, dirigidas hacia el bien, serían excelentes médiums de trabajo. Hemos visto personas que sufren mucho en esta encarnación, las que con sólo  un poco de voluntad, cambiarían su futuro haciéndolo más provechoso, más feliz. Hemos visto y vemos como “grandes amantes y apasionados espíritas” al poco tiempo de tener contacto con el Espiritismo, creen saber ya demasiado y hasta pretenden “actualizar” las bases de Kardec. ¡Pobres hermanos de camino que creen haber llegado a la meta, cuando no han dado dos pasos más allá de la salida!
Todos, en la medida de nuestro progreso y nivel de consciencia, elegimos nuestro nuevo caminar en la Tierra, en forma de reencarnación. A todos nos es dada la oportunidad de un nuevo comienzo, un espacio breve de tiempo, comparado con la eternidad, donde venir no sólo a corregir los errores del pasado, sino a aprender, vivir y sentir nuevas experiencias que nos harán crecer en el futuro. A todos, sí, pero todavía no conozco a quien se le dio esta oportunidad sin esfuerzo, ya que sería contraria a las leyes divinas, leyes inmutables que rigen el universo y que se basan en el Amor y el Progreso constante.
Debemos despertar a esta realidad, ser conscientes del porqué de la vida, de las normas del juego y del premio al final del camino que no es otro que la perfección. ¿Se vio ya la construcción de un edificio sin el trabajo y esfuerzo del arquitecto diseñando, el maestro construyendo y el peón apoyando? ¿Alguna vez el pan que comemos a diario llegó a los comercios sin el esfuerzo del panadero, que se levantó temprano para abastecernos? ¿Acaso vimos la cura de un enfermo sin el esfuerzo del médico que estudió e investigó para ofrecer el tratamiento más adecuado? Si todo en la vida requiere de un esfuerzo impulsado por la voluntad ¿Por qué nuestra vida debería ser distinta? El problema es el enfoque que le damos. Queremos obtener todo al momento, lo mejor e inclusive algo más y es donde caemos en el error y en la decepción. ¿Quieres ser un buen atleta? Entrena. ¿Un gran profesional? Estudia, practica. ¿Quieres alcanzar un sueño? ¡Corre tras él! ¿Te gustaría salir de la apatía, la depresión o el malestar interior? Crece, busca, pregúntate, muévete, el movimiento es vida. ¿Crees ser médium? Instrúyete, mejórate moralmente, ama a tu prójimo, a fin de que sintonices con los espíritus elevados que aconsejan, enseñan y nos dan Amor. ¿Quieres llamarte Espírita? Entonces empieza a caminar.
  • No leas, sino estudia a Allan KardecNo pidas, da de ti mismo.
  • No juzgues más que tu propio comportamiento.
  • No te conformes, busca.
  • No te acomodes, siempre hay algo que hacer.
  • No te rindas en la lucha, Dios siempre nos da lo que podemos soportar.
  • No reniegues, comprende que todo tiene un porqué y que muchos males de esta vida los hemos provocado nosotros en la actualidad con nuestro comportamiento.
  • No aceptes si no has razonado antes.
  • Nunca pierdas la fe, Dios confía en ti.
La redacción.