sábado, 21 de febrero de 2015

El fenómeno de la vida

El fenómeno de la vida



En el año 1 de nuestra era, Roma dominaba prácticamente medio mundo, bajo el mandato del Emperador Augusto. En Roma los ladrones y criminales eran enviados a luchar al circo romano para distraer gratuitamente a la gente y muchos eran destrozados por las fieras. Los gladiadores luchaban con el rostro cubierto con el fin de no reconocerse entre ellos mismos, a veces compañeros o familiares. Y años más tarde los cristianos fueron conducidos a la misma situación para poder distraer al pueblo romano.

Mientras tanto y dentro del ambiente “oficial” que tenía el favor de Augusto, el reinado más largo de la historia romana, aquellos que se enamoraban de “mujeres” eran mal vistos. Los historiadores cuentan que en cierta ocasión un Senador por abrazar a su esposa en público fue destituido de su cargo.

Aquellas niñas o niños que nacían enfermos, eran arrojados al vertedero. Eso sí, antes debían consultar hasta cinco veces a sus vecinos, para que esta decisión tuviese su conformidad. También del vertedero eran retiradas esas criaturas por matrimonios que no podían tener hijos.
Y los jóvenes estaban obligados a vengar hasta la muerte cualquier humillación que los padres hubiesen recibido.

En comparación con el año 1 hemos avanzado, sin embargo, la vida sigue siendo esa gran incógnita. Desde que tenemos conocimiento del paso del hombre por la vida, pensadores, científicos, fisiólogos y filósofos de todas las épocas opinaron e indagaron sobre sus orígenes en nuestro planeta, sin lograr mayores respuestas, por la carencia de elementos probatorios. Y como consecuencia de ello, sondas tecnológicas surcan el espacio sideral buscando similares a la Tierra, en nuestro sistema solar, que aporten datos que permitan afirmar, científicamente, cuándo y dónde  tuvo origen la vida en la Tierra.
¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué hacemos aquí en la Tierra?

El conocimiento de la prehistoria se resiente por la falta de documentación, no sólo por lo remoto, sino también por las destrucciones hechas de lo poco que, atravesando los siglos, llegó a las generaciones posteriores. La Biblioteca de Alejandría, por ejemplo, que reunió más de 700.000 volúmenes sobre el pasado de la civilización, fue arrasada, en parte por los romanos de Cesar en el año 45 a.C y por los musulmanes en el 641 d.C. Hubo destrucción en China en el año 240 a.C.; en Roma en el siglo II, en Méjico, Perú y España en el siglo XVI; en Irlanda y Egipto en el siglo XIII.
Por ello, son de lo más diversos los conceptos que existen en torno al fenómeno de la vida, variando de un autor a otro. Los diferentes investigadores discrepan entre sí, en la definición, considerando los factores causales de la vida, cuando son examinados bajo el severo rigor científico. Solo que, raramente, es precisa o definitiva la explicación presentada.

Aristóteles fue de los primeros pensadores que elaboraron una definición de la vida. En los tiempos modernos, Claude Bernard, el eminente fisiólogo francés, manifestó que era imposible poder definir la vida, por ser imponderable, abstracta. Ocurre que los estudiosos en general examinan la materia orgánica (viva) y la inorgánica (inerte), así que la pluralidad de los hechos recogidos y de los fenómenos observados por la Etnografía han sido muy difíciles de clasificar. De allí nació la Antropología, con el mismo objeto que la anterior, pero desde un punto de vista distinto, con la misión de que se apoya, principalmente, en la Anatomía, la Biología, la Filología, la Geografía, la Paleontología y la Arqueología, tomando como base el conocimiento obtenido de las exploraciones realizadas de los grupos humanos que viven en la superficie de la Tierra y lograr una acertada clasificación.

Plinio con su “Historia Natural”, los anatomistas Leucipo y Demócrito, Linneo en “Sistemas de la Naturaleza”, Camper, Pichard publicando “Historia Natural del hombre” y otros más, nos fueron capaces de solucionar la problemática de la vida, pues dos teorías fueron presentadas con ese objeto: el Creacionismo y la Abiogénesis o Generación Espontánea. La primera, el Creacionismo, estribaba en conceptos filosóficos y religiosos, en un Dios Creador, que todo lo elaboró en forma definitiva organizada. La segunda, la Abiogénesis, sería una consecuencia de un mecanismo de que se valió el Creador para el surgimiento de las formas vivas y en cierto modo, complementando lo anterior.

Algunos científicos, Pasteur entre ellos, demostraron que no era variable la segunda, cuando probaron, mediante experiencias en las cuales se imposibilitó la presencia del aire y del polvo cargados de bacterias y gérmenes, que la vida no se originaba en tales organismos. El Creacionismo sufrió rudos embates por cuenta del materialismo, que ridiculizada la teoría de una vida de biotipos concluidos, definidos, estructurados en patrones exactos.

En 1807 Juan Bautista Lamarck al publicar su “Filosofía Zoológica”, dando lugar al Transformismo, expone en cierto modo, la teoría de la Evolución o Evolucionismo, y  aun cuando aclaraba las modificaciones de los seres vivos,  no consiguió establecer el origen de la vida, resaltando que  “somos espíritus en evolución, viviendo actualmente una experiencia carnal. Pero somos ante todo espíritus creados para nuestro progreso”.

En 1859 Broca, considerado uno de los “jefes” de la Antropología moderna, fundó en París la Sociedad de Antropología y en ese mismo año Darwin publica “El origen de las especies” después de 25 años de preparación, obra ésta que abrió una gran expectativa en el conocimiento científico, por cuanto la teoría de la Evolución o Evolucionismo estaba ya encaminada hacia el esclarecimiento de muchos puntos oscuros que existían sobre los orígenes del hombre sobre el planeta que le sirva de cuna y escuela.

Entre Lamarck y su obra ya citada - ya que era el fundador de las teorías de la generación espontánea y del transformismo-  y Darwin, con su concepto del evolucionismo, surge en 1857 el pensamiento de Kardec, como intérprete del conocimiento de los Espíritus, para informar que en el proceso de la Evolución Anímica o Espiritual, se encuentra encerrada la clave del misterio de la vida.

Juan Miguel Fernández Muñoz
Asociación de Estudios Espíritas de Madrid

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Desigualdad de riquezas

Desigualdad de riquezas



Si nos paramos a pensar en la situación económica mundial en la actualidad seguramente nos parecerá que los ricos se hacen más ricos, y los pobres se hacen más pobres… mientras la clase media tiende a desaparecer.

¿Alguna vez os habéis preguntado por qué ocurre esto? ¿Será culpa de los gobiernos? Si enfocamos la cuestión desde el punto de vista material, puede que lo sea, pero si ampliamos nuestro campo de visión y lo miramos bajo un prisma más espiritual, nos daremos cuenta de que toda causa tiene su efecto y de que todo tiene su razón de ser.

Si no olvidamos aquello de que "Dios escribe derecho con renglones torcidos" caeremos en la cuenta de que todo forma parte del plan divino. De este modo "El Evangelio según el Espiritismo" viene a enseñarnos el porqué de esto que a nuestro corto entender y a primera vista puede parecer un sin sentido.

Todas las piezas del puzzle vuelven a encajar cuando comprendemos la información que nos brinda. Cuando entendemos que la riqueza es un instrumento usado por Dios para inducir a la humanidad al progreso y que la desigualdad de su distribución proviene de la propia desigualdad de caracteres de los hombres y de las necesidades de estos en relación a su posesión.

La desigualdad de riquezas es uno de los problemas que en vano se quieren resolver, si sólo se atiende a la vida actual. La primera cuestión que se presenta, es esta:

¿Por qué todos los hombres no son igualmente ricos?

No lo son por una razón muy sencilla: "porque no son igualmente inteligentes, activos y laboriosos para adquirir, ni sobrios y previsores para conservar".

Además, está matemáticamente demostrado que la fortuna igualmente repartida, daría a cada uno parte mínima e insuficiente; que suponiendo hecha esta repartición, el equilibrio se rompería en poco tiempo por la diversidad de caracteres y de aptitudes; y que suponiéndola posible y duradera, teniendo cada uno apenas lo necesario para vivir, daría por resultado el agotamiento de todos los grandes trabajos que concurren al progreso y al bienestar de la Humanidad. Supongamos que se diese a cada uno lo necesario, entonces no habría ya el aguijón que empuja a los grandes descubrimientos y a las empresas útiles.

Admitido esto, os preguntareis por qué Dios se la ha concedido a personas incapaces de hacerla fructificar para el bien de todos. Esta es también una prueba de la sabiduría y de la bondad de Dios. Dando al hombre el libre albedrío, ha querido que llegase por su propia experiencia a diferenciar el bien del mal y que la práctica del bien fuese el resultado de sus esfuerzos y de su propia voluntad.
No debe ser conducido fatalmente ni al bien ni al mal, pues sin esto sólo sería un instrumento pasivo e irresponsable, como los animales. La fortuna es un medio para probarle moralmente; pero como al mismo tiempo es un poderoso medio de acción para el progreso, no quiere que quede por mucho tiempo improductiva, y por esto "la cambia incesantemente".

Cada uno debe poseerla para aprender a servirse de ella y probar el uso que de la misma saber hacer; pero como existe la imposibilidad material de que todos la tengan a un mismo tiempo, y como por otra parte, si todos la poseyesen, nadie trabajaría y el mejoramiento del globo sufriría las consecuencias, "cada uno" la posee en su momento, el que hoy no la tiene, la tuvo ya o la tendrá en otra existencia.

Hay ricos y pobres, porque siendo Dios justo, cada uno debe trabajar cuando le toca su turno; la pobreza es para los unos la prueba de la paciencia y de la resignación, y la riqueza es para los otros la prueba de la caridad y de la abnegación.

Nos lamentamos con razón al ver el miserable uso que ciertas gentes hacen de la fortuna, las innobles pasiones que provoca la codicia, y preguntamos:

¿Dios es justo dando la riqueza a semejantes gentes?

Cierto es que si el hombre sólo tuviera una existencia, nada justificaría semejante repartición de los bienes de la Tierra; pero si en lugar de limitar su vista a la vida presente, se considera el conjunto de las existencias, se verá que todo se equilibra con justicia.

El pobre, pues, no tiene motivo de acusar a la Providencia, ni de envidiar a los ricos; y los ricos tampoco lo tienen para glorificarse por lo que poseen.

¿Porqué Dios concede riqueza a quienes no la ponen al servicio del bien?

Dios da a estos oportunidades de, utilizando su libre albedrio, contribuir al progreso de la Humanidad y evolucionar espiritualmente.

El origen del mal está en el egoísmo y en el orgullo; los abusos de toda la naturaleza cesarán por sí mismos cuando los hombres se sometan a la ley de la caridad.

¿Cómo podemos contribuir para que sea menos injusta la sociedad en que vivimos?

Si nos fue dado poseer bienes, debemos utilizarlos en beneficio del prójimo. Generando oportunidades de beneficiarlo con el trabajo digno y recordando siempre que lo superfluo no nos pertenece.

Si nos encontramos privados de riquezas cuidemos de almacenar tesoros de paciencia y resignación. Buscando en el trabajo y en la oración la superación de nuestras dificultades, sin dejar de luchar con ánimo firme por las mejorías y progresos en nuestras vidas.

¿Cuándo conocerá la humanidad una distribución más justa de las riquezas?

Solamente cuando los hombres se regeneren por la caridad, eliminando de sus corazones el egoísmo y el orgullo, habrá mayor equilibrio en la distribución de las riquezas, desapareciendo de la Tierra los extremos de la riqueza excesiva y de la miseria absoluta.

Ahora que ya sabemos el motivo de las desigualdades, nos toca poner de nuestra parte aquello que nos corresponde, según nuestra posición social, ya que nadie hay tan pobre que no pueda dar nada a su prójimo, si no es en el plano puramente material, será en el intelectual o el moral. Todos somos hermanos y juntos hemos de caminar hacia un futuro más solidario y más justo en el que las diferencias se hagan cada vez más pequeñas.


Cielo Gallego
C.E. "Entre el Cielo y la Tierra"
Extraído de "El Evangelio según el Espiritismo" de Allan Kardec

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Editorial número 31

¡Estamos de vuelta!

Una vez más, como en las anteriores ediciones, renace nuestro “Ángel” para seguir con la labor para la cual nació, que no es otra que la divulgación de la doctrina espírita.

En el pasado queda el 2014, con sus penas y alegrías, habiéndonos transportado hasta este nuevo día donde la esperanza debe volver a brillar en nuestros corazones, tan sólo por seguir en pie, por poder respirar o bien porque al mirar a nuestro alrededor encontramos a todas esas personas que nos quieren y están a nuestro lado día tras día.

Hijos, padres, hermanos, amigos y enemigos encuentran en esta época un punto de reconciliación para volver a caminar juntos, dejando atrás los rencores, producidos por el orgullo de querer sobresalir siempre o querer agradar a todo el mundo, cuestión muy complicada y peligrosa. 

A nadie le gusta pasar por malos momentos, los disgustos no son para nada agradables, la ingratitud de las personas que en algún momento quisimos o apreciamos y que hoy nos traicionan, sólo deben ser herramientas que nos impulsen a reflexionar y a crecer. Debemos estar por encimar de las mentes maliciosas que buscan su felicidad a costa de la infelicidad que crean en los demás. Las enfermedades, los problemas, los contratiempos y reveses de la vida, son otras tantas oportunidades para reforzar nuestro trabajo en el bien, que implica nuestra reforma interior si queremos hacer lo correcto.

Los espíritas somos muy afortunados en cuanto a estos asuntos. Con esto no queremos decir que no suframos, que no pasemos malos momentos, enfermedades, crisis, etc. Los espíritas estamos hechos de la misma pasta que el resto de los habitantes de la Tierra,  pero nuestra filosofía, que se basa en la razón y la observación de los hechos, nos enseña a ver la vida desde un punto más alto. Nos ayuda a sustraernos de los problemas y analizarlos con su importancia real.

Al estudiar espiritismo y ponerlo en práctica en la vida diaria, vemos como poco a poco vamos entendiendo la finalidad de nacer, vivir y desencarnar en este planeta. La Tierra no es más que una escuela, lugar necesario para los aprendices de la vida, donde reparamos errores de vidas pasadas, reencontramos a personas muy queridas, conocemos otras nuevas, volvemos a cruzarnos con enemigos del pasado, etc. Aquí ponemos orden a miles de años de instinto de superviviencia, saqueos, destrucción e invasión cometidos por la forma de vida que hemos tenido y que podemos ver en la historia del planeta. También construimos, crecemos y aprendemos. Colaboramos con el progreso y con el desarrollo de la conciencia empezamos a Amar a nuestros seres más cercanos y poco a poco lo vamos haciendo extensible a aquellos que según la sangre no son familia, pero como nada es por casualidad, sino por causalidad y como existe la gran ley de acción y reacción, debemos en algún momento recoger los beneficios de nuestro amor y los réditos de nuestro mal comportamiento y proceder, de ahí la base de los sufrimientos particulares. Pero no desesperemos, a partir de aquí vemos que todo es justo y útil en la Naturaleza y que dándonos una razón al porqué de las cosas y sabiendo que el camino final es el Amor, todos los problemas disminuyen, se desarrolla la resignación y aparece en nuestros corazones la semilla de la solidaridad hacia los demás.

El Espiritismo es la herramienta perfecta para llegar a la felicidad, porque su camino es a través de la razón, la comprensión y el Amor, imprescindibles y necesarios para alcanzar la perfección. Por ello, si estas páginas de nuestro Ángel del Bien, llegan a diversos hogares y un uno por ciento logran conocer nuestra doctrina e iluminar sus corazones, nuestra labor habrá alcanzado el éxito.
¡Gracias a todos, nuestros queridos lectores, por esparcir la luz del Espiritismo por el mundo!

La Redacción.

martes, 9 de diciembre de 2014

La riqueza

La riqueza


En nuestro mundo, en donde predominan los valores materiales, la riqueza ocupa un lugar preferente, y los seres humanos en general, salvo excepciones, la desean y la buscan, no obstante, sólo un sector minoritario se beneficia de ella.

¿Por qué es tan atractiva la riqueza?. La razón es que permite conseguir todo lo que ofrece la sociedad de consumo, que es mucho más de lo que puede asimilar la persona más exigente, dada la multiplicidad de aspectos, a cual más sugestivo, que ejercen una poderosa influencia en todo aquel que se sumerge en esas sensaciones.

En apariencia, se considera muy afortunado al poseedor de la riqueza, pero la realidad es muy diferente, toda vez que el ser humano es un espíritu inmortal, que tendrá que responder de sus actos, una vez concluida su etapa terrenal.

La riqueza es una dádiva del Creador, para que su poseedor haga un buen servicio de ella, no empleándola con fines egoístas y placenteros, sino en beneficio del progreso y ayuda al prójimo necesitado.

La riqueza como tal no es mala, todo depende del uso que se haga de ella, y la mayoría de los ricos caen bajo los efectos de la fascinación, ya que se consideran propietarios absolutos de cuanto poseen, cuando no son más que administradores, a los que Dios puede retirar sus bienes en cualquier momento.

Jesús en una parábola que figura en el Evangelio: Lucas 12: 16 al 21, manifestó:
“La finca de un hacendado dio una gran cosecha, hasta el punto que no tenía donde almacenarla, así que decidió ampliar sus graneros, para meter en ellos todas sus cosechas.

“Calculó que tenía bienes almacenados para largos años, así es que pensó en descansar, comer, beber y pasarlo bien, pero Dios le dijo: ¡Insensato!, esta noche se te pedirá tu alma, y entonces ¿para quién será lo que has acaparado?. Así sucederá al que atesora para sí y no es rico a los ojos de Dios”.

Dada la imposibilidad de que todas las personas sean ricas al mismo tiempo, la Providencia reparte la riqueza por turnos, a cada uno en su momento, en la larga serie de reencarnaciones necesarias al espíritu para su  evolución y así nadie se queda sin la oportunidad de experimentar esa situación, no obstante, superar con éxito la prueba de la riqueza, muy pocos lo logran, por ello, según el Evangelio: Mateo 19: 24, Jesús manifestó: “Es más difícil que un rico entre en el Reino de los Cielos, que un camello pase por el ojo de una aguja”.

Cuando por una herencia o un premio en el juego la persona se convierte de la noche a la mañana en rica, lo acepta con mucha alegría e ilusión, pero en caso de perder la fortuna, muy pocas personas lo asimilan con resignación.

Un Patriarca de la antigüedad, de nombre JOB, era un hacendado que  por diferentes circunstancias perdió todos sus bienes, no obstante aceptó humildemente su destino y orando a Dios, manifestó: “Señor, Tú me lo has concedido, Tú me lo has retirado, que se haga Vuestra Voluntad”.

Se califica al rico por los muchos bienes materiales que posee, pero el verdadero rico, no es el que más tiene, sino el que menos necesita.

Cuánto más liberado de lo material esté el ser humano, más fácil será su camino para alcanzar la plenitud espiritual.  El apóstol Pablo, consciente de su destino transcendental expresó: “Nada trajimos al mundo, nada nos vamos a llevar, así que suficiente es, atender al alimento, el vestido y un lugar para el descanso”.

El mayor tesoro no es el material que es perecedero, sino el tesoro espiritual, que es eterno, en los mundos maravillosos que el Creador tiene dispuestos, para todos los que se esfuerzan por su renovación moral, cumpliendo las enseñanzas de Jesús.

Por ello el Espiritismo consuela y esclarece a todos los seres, con amplia perspectiva de futuro, que no se impresionan por el espejismo de la riqueza temporal y cifran su confianza y esperanza en Dios, y en la eternidad del espíritu, en progresiva evolución hacia la perfección.
C.E.y.D.E

domingo, 23 de noviembre de 2014

La gratitud

La gratitud



La gratitud es uno de los sentimientos que menos nos trabajamos habitualmente. Tendemos a pensar que la gratitud es un sentimiento consecuencia de recibir un bien o un favor, pero pocos ven la gratitud como una actitud que necesita cultivarse en el día a día.

Muchas veces, no nos mostramos agradecidos pensando que no tenemos nada que agradecer, cuando realmente lo que ocurre es que nos falta la actitud de gratitud ante la vida.

La gratitud es a la vez un sentimiento que trae luz y calor a nuestro interior y una emoción exterior, que en ocasiones incluso es capaz de hacernos cambiar nuestras pautas de comportamiento con la finalidad de mostrar agradecimiento.

Reflexionemos sobre la gratitud y comprendamos su profunda influencia sobre la psicología humana, su relación con la alegría, la esperanza y la fe, su oposición al orgullo y al egoísmo, y la necesidad de cultivarla.

Gratitud y alegría
Todos los aspectos o sucesos que nos ocurren en nuestra vida tienen algo que debemos agradecer por nuestra parte. Ver esto es fundamental para cultivar la alegría a través de la gratitud en nuestro interior. De esta forma, no necesitamos nada material para tener gratitud en la vida. Únicamente debemos hacernos conscientes de todo lo que nos es dado y que todo lo que tenemos a nuestro alrededor empezando por nuestra vida, es todo lo que necesitamos realmente para nuestro adelanto espiritual. Realmente no poseemos nada, somos usufructuarios de todo lo que tenemos, puesto que nada es nuestro para siempre, salvo nuestras conquistas íntimas. Cada minuto de nuestra existencia es una victoria de la vida como generadora de experiencias sobre las tinieblas de la ignorancia y por lo tanto, cada minuto es motivo de alegría y gratitud. De esta forma, la gratitud muestra la capacidad de estar alegres sin motivo especial alguno.

La pérdida que nos genera tristeza de forma natural, no debe alterar nuestro estado de gratitud. Podemos estar tristes, naturalmente, pero agradecidos, puesto que de todo se aprende. Todas las pruebas de la vida tienen un porqué y un objetivo para nuestro adelantamiento moral, la mayoría de las cuales fueron programadas antes de nuestro nacimiento, en la fase de preparación de la actual encarnación, y nos fueron presentadas para nuestro consentimiento. Muchas veces, cuando renegamos de nuestra suerte, estamos renegando de aquello en que nos comprometimos y por tanto, estamos fallándonos a nosotros mismos y toda la espiritualidad que tanto esfuerzo realiza por nuestro adelanto. Debemos agradecer todo el bien y el mal que nos ocurre, porque el verdadero mal es no agradecer y despreciar todas las oportunidades de crecimiento. Desde este punto de vista, la ignorancia primero ataca a la gratitud, nos ciega ante la realidad y luego nos lleva al egoísmo.

Gratitud, orgullo y egoísmo
No se puede ser grato y egoísta a la vez en la misma circunstancia.

Si no ves la forma de dejar de ser egoísta piensa en cómo actuarías siendo agradecido, practícalo y aprende. Si tenemos necesidad de comportarnos egoístamente, es porque nos falta la seguridad que nos da el conocimiento espiritual de la gratitud por saber que estamos protegidos, apadrinados por la espiritualidad superior.
La gratitud, por los sentimientos de unión que genera, es contraria al orgullo. Nos cuesta ser gratos con quienes más orgullo desarrollamos hacia ellos. Nuestro orgullo se debilita cuando tenemos que agradecer algo y muchas veces nos cuesta tanto que casi somos incapaces de hacerlo. El orgullo puede no permitirnos recibir una ayuda simplemente para luego no tener que agradecer. La gratitud es por tanto un gran enemigo del orgullo porque tiene la fuerza de destruirlo desde dentro, por la fuerza del deber y su falta puede considerarse un buen indicador del nivel de nuestro orgullo. La gratitud es, por tanto, una demostración de humildad.

El orgullo espiritual, tan difícil de descubrir a veces, se destapa claramente cuando somos incapaces de ser agradecidos ante un acto hacia nosotros de caridad, un buen consejo o una enseñanza que podamos recibir. Nuestro orgullo espiritual, ante una circunstancia o mensaje esclarecedor, a veces se siente agredido y hace que nos cerremos a su entendimiento para evitar que nos sintamos agradecidos.

Este orgullo nos hace pensar que sabemos todo y que poco tenemos que agradecer al que predica por el ejemplo. La capacidad de agradecer nos acerca a los demás y nos habilita para escuchar de forma más activa, con mayor implicación.

El orgullo que manifestamos en nuestro hogar también se descubre cuando analizamos los sentimientos de gratitud hacia nuestra familia. ¡Cuántas veces somos ingratos con nuestros padres porque nos creemos con derecho a recibir todo lo que nos dan! Somos ingratos con nuestros hijos cuando no valoramos su esfuerzo o nos imponemos sobre ellos en base a nuestra posición de adulto dominante.

El mandamiento de honrar a tu padre y a tu madre sólo se puede cumplir demostrando gratitud hacia ellos. Este agradecimiento nos permite ver el deber donde otros ven una carga. De la misma forma, la gratitud hacia Dios nos impulsa a cumplir nuestro deber ante las vicisitudes de la vida como la mejor forma de agradecimiento por todo lo concedido.

Gratitud y reforma moral
El sentimiento de cumplir con el deber como muestra de agradecimiento, es una verdadera palanca que nos impulsa hacia la reforma moral.

En ocasiones un espíritu endurecido en el error, alcanzando la hastiedad, no encuentra forma alguna de practicar el bien en su desesperación. El dolor llega a ser tal que en un momento de lucidez pide ayuda de corazón y es ayudado. Desde ese momento la gratitud será la palanca que le motivará para cumplir el deber como necesidad de agradecimiento. Sólo cuando se siente en deuda ayudado descubre la necesidad de ayudar, cuando siente la ayuda recibida se propone esforzarse para dar. Se siente en deuda y empieza a sentir el deber que le espera. La necesidad de cumplir el deber como agradecimiento empieza una espiral de buenas acciones que desembocará en su propia rehabilitación. El bien llama al bien en un circuito infinito que nos llevará juntos de camino hacia la eternidad.
Gratitud y esperanza
La gratitud es un remedio de muchos males porque nos permite cambiar el punto de observación desde una perspectiva más espiritual. Cuando nos quejamos mostramos nuestra falta de gratitud, porque si la queja demuestra un mensaje de insatisfacción a los que me rodean o hacia Dios, la gratitud es un mensaje de satisfacción que alimenta la esperanza.

Si no sabes dejar de quejarte, cambia de actitud y se agradecido. No es posible quejarse y dar gracias a la vez. La queja es un reclamo del que no tiene suficiente mientras que el agradecimiento muestra la satisfacción del que tiene esperanza.

La queja constante sobrecarga a los demás mientras que siendo agradecidos les damos fuerzas para que sigan cumpliendo con su deber.

Análogamente con la queja, no podemos criticar a quien me inspira agradecimiento. Agradezcamos y no critiquemos puesto que todos estamos justamente en la posición en que merecemos estar y nuestro futuro dependerá de la calidad que alcancemos en nuestras relaciones humanas.

Gratitud y Fe
Mientras que la Fe Ciega puede convivir sin la gratitud y sin amor, alimentada por el miedo y el desconocimiento que brinda la ignorancia, la Fe Razonada, al contrario, se desarrolla ante el asombro creciente que nos brinda el Conocimiento. Esta iluminación que produce el Conocimiento sobre la conciencia, despierta la gratitud hacia el Creador alimentando la Fe que llamamos razonada, al sustentarse completamente en la ciencia. Por lo tanto, la Fe no existe sin gratitud hacia el Creador. La gratitud a Dios es la palanca que nos eleva espiritualmente conforme interiorizamos la necesidad de cumplir nuestro deber como agradecimiento. Conforme más agradecidos nos sentimos hacia Dios mayor es el deseo de entregarnos a su causa, desprendiéndonos de nuestros intereses, posesiones, ego, etc.

La gratitud es el impulso que nos empuja a desprendernos y a cumplir el deber en todos los niveles espirituales por los que vamos avanzando.
Demos gracias en todo momento.

José Ignacio Modamio
C.E. "Entre el Cielo y la Tierra"

viernes, 21 de noviembre de 2014

Depresión: visión médico-espírita

Depresión: visión médico-espírita



La depresión es la segunda enfermedad mental que más prevalece en el mundo, sólo superada por la ansiedad y afecta del 2 al 19% de la población mundial, representando el 30% de las consultas en las diferentes especialidades médicas, debido a los innumerables síntomas físicos que produce, que llevan a la persona al médico o a otro profesional de la salud, muchas veces sin sospechar de que se trata de depresión.

Emociones naturales
Normalmente se confunde tristeza con depresión. La tristeza es una emoción natural, que debe ser vivida y que produce un movimiento en el alma. Las emociones son como un río, que cuando fluye de forma natural nutre los márgenes y genera vida a lo largo de su flujo y recorrido. Pero cuando hay una barrera en el río, un lado sufre inundaciones y el otro se seca. Así ocurre también con las emociones. Cuando se viven con la comprensión de su función psico-afectiva, ayudan al movimiento del alma y pueden ser extremadamente beneficiosas. La tristeza, según la autora brasileña Marta Medeiros, es el “trastero donde revolvemos nuestras cosas guardadas”. El alma también tiene un cuarto donde guardamos pensamientos, sentimientos, sueños, experiencias traumáticas, idealizaciones y proyectos, entre otros, que nos requieren atención. Cuando miramos hacia lo que nuestra tristeza revela, estamos caminando en el sentido del autodescubrimiento, de la autosuperación y del autodominio, esenciales en el proceso evolutivo. Como en el luto, por ejemplo, en que la tristeza natural nos ayuda en el proceso de adaptación y desapego, fundamentales para el establecimiento de nuevos ciclos y fases de crecimiento personal.

Vivimos en una era de grandes desafíos emocionales. La crisis de valores éticos y la desconexión consigo mismo y con la vida, lleva al ser humano a sentirse desamparado y a encarar las emociones como enemigas, buscando formas de anestesiarlas. Muchas personas acuden al médico queriendo medicarse contra la tristeza, mediante antidepresivos y ansiolíticos, en un proceso de alienación de sí mismos.  Es cierto que hay medicamentos que pueden ayudar a pasar una fase de luto, por ejemplo. Sin embargo, la tristeza no es depresión y es necesario vivirla, sentirla y superarla, dando lugar a una nueva fase de alegría, que también pasará a su vez, dando lugar a otra fase de tristeza, así como la naturaleza tiene sus estaciones de verano e invierno que pasan, generando movimiento y vida.
Señales y síntomas:

La depresión es mucho más profunda que la tristeza y se caracteriza por los siguientes síntomas, según el CID10 (código internacional de las enfermedades) y el DSM4 (Manual de diagnóstico y estadística en salud mental):

- Estado depresivo: Sentirse deprimido la mayor parte del tiempo, por lo menos dos semanas.
 - Anhedonia: Disminución del interés o pérdida del placer de realizar actividades rutinarias.
- Sensación de inutilidad o culpa excesiva, que afecta a la mayoría de los pacientes.
- Dificultad de concentración: Habilidad frecuentemente disminuida para pensar y concentrarse.
- Fatiga o pérdida de energía.
- Trastornos del sueño: Insomnio o hipersomnia prácticamente diarios.
- Problemas psicomotores: agitación o retardo psicomotor.
- Perdida o aumento significativo de peso, en ausencia de dieta.
- Ideas recurrentes de muerte o suicidio (lo que caracteriza, por sí solo, depresión grave).

La etiología (causa) de la depresión, de acuerdo con la Medicina, es multifactorial, involucrando factores genéticos, bioquímicos (deficiencia de neurotransmisores específicos), hormonales y factores psicosociales. Puede ser primaria, sin factores orgánicos que lo expliquen, o secundaria, cuando es resultado de alguna enfermedad como el hipotiroidismo, por ejemplo.
Entre las posibles causas biológicas de la depresión primaria podemos citar, una dieta deficiente en aminoácidos específicos necesarios para la formación de neurotransmisores, la falta de actividad física (que produce endorfinas, substancia responsable de la sensación de placer) y tomar el sol (responsable de la formación de vitamina D y de la vitalidad orgánica).

Desde el punto de vista psico-espiritual, sabemos que el espíritu controla el cuerpo por medio de las corrientes de pensamiento y sentimiento que operan en el universo subatómico, activando genes y controlando su funcionamiento, tal como lo explica benefactor Andrè Luiz. Esto ha sido confirmado por investigaciones recientes en el campo de la epigenética, que demuestran que una serie de moléculas presentes en la membrana celular y en el núcleo, así como en el citoesqueleto del citoplasma, actúan regulando la expresión de los genes y por lo tanto la vida orgánica. Sólo el 20% de los genes están permanentemente activados. El otro 80%, entre los cuales se encuentran los genes de la depresión, tienen que ser ligados y desligados por mecanismos biomoleculares complejos que controlan la célula. Moléculas que son formadas en el organismo por la interacción de los sistemas o derivadas de la dieta y de las substancias ingeridas o absorbidas por el organismo. De tal forma que el individuo no es esclavo de su genética, sino señor de su cuerpo, controlándolo a través de patrones de pensamientos y sentimientos conscientes o inconscientes que actúan en el universo atómico, regulando las moléculas organizadoras de la genética celular.

Causas psicoespirituales
Necesitamos, por lo tanto, conocer esos patrones psico-espirituales, que están en la base del proceso depresivo. Según la benefactora Joanna de Ângelis, podemos enumerar algunas posturas del alma que causan la depresión:

1.- Nostalgia debido a experiencias felices o a pérdida de bienes, dádivas de placer o alegrías.
Cuando nos quedamos presos de lo que ya pasó, negándonos a separarnos, adaptarnos o crecer, se puede establecer en el alma un proceso de fijación malsana con el pasado, de naturaleza autodestructiva, ya que la vida es crecimiento y expansión continuas. Esta va desde la fijación en las relaciones, etapas felices, vidas pasadas y experiencias traumáticas hasta negarse a dejar de lado patrones, en la tentativa ilusoria de mantener la permanencia en un universo imperante, en continua expansión.

Muchas veces lo que hay es una postura de rebeldía espiritual, en la que el individuo quiere vivir la vida a su manera, sin comprensión de las leyes del universo. Por detrás de esta postura hay una “voz consciente o inconsciente que le dice: ya que no tengo la vida que quiero, no acepto la vida que tengo”.

Gran parte de las personas tratan con la vida y con Dios como si el Padre fuese el mayordomo y tuviese que servir a sus hijos, al revés de educarlos. Exigen, chantagean, piden y si la vida no les ofrece lo que pidieron, de la manera cómo lo pidieron, entonces se revelan, a veces silenciosamente, cerrándose hacia el movimiento de expansión y adaptación necesarios al progreso. Se olvidan de que la vida es abundancia de amor y recursos, siempre lista para ofrecer lo necesario y lo esencial. Sin embargo, frecuentemente le pedimos a la vida lo que deseamos, lejos de lo esencial y así desconectamos de la propia alma. Desánimo, base de la depresión, significa desconexión con el alma (ánima, del latin, alma). Es necesario, por lo tanto, reconocer que la vida no se equivoca de rumbo y que estamos todos inmersos en el amor divino incondicional, que nos conoce íntimamente. Cuando las experiencias de la vida nos visitan, son atraídas por nuestras necesidades, deseos y posturas interiores (que están en la posibilidad de nuestro control) o establecidas por la sabia planificación reencarnatoria que objetiva nuestra madurez espiritual. Conviene que aprendamos esto a fin de aceptar la sabiduría de la vida y seguir el flujo de amor que nos quiere despertar hacia la vida infinita.

2.- Prisionero en el sentimiento de piedad por sí mismo, falta de fe en sí mismo y en Dios.
El victimismo es el camino más rápido hacia el fondo del pozo. Creer que los responsables de nuestra infelicidad son los otros y no nosotros mismos, nos lleva a un estado de paralisis del afecto y del crecimiento personal. Nadie nos puede perjudicar sin nuestro consentimiento, porque los otros actúan como quieren, pero nosotros interpretamos los hechos conforme a los valores y al significado que tiene para nosotros. Como decía Nietsche: “No existen hechos, sino interpretaciones”. Cuando cambiamos la forma de ver la vida, la vida se renueva. Si nos ofrecemos lo que es esencial y nos miramos con los ojos de amor del Creador, las circunstancias pueden abatirnos, pero nada nos puede paralizar. Hay que creer en sí mismo y verse como un digno hijo de Dios, lleno de posibilidades y recursos. Si la culpa se instalase, es fundamental evitar el remordimiento, hijo del orgullo, que paraliza el alma, conduciendo al sufrimiento innecesario y a la depresión, y acoger en el alma el arrepentimiento, hijo de la humildad, que lleva a la reparación por medio del bien y a la madurez.

3.- Encerrarse en sí mismo como defensa para no tener contacto con sus dolores.
Las heridas del alma duelen de todos modos. Huir de ellas no nos exime de sentir su efecto. Cuando no encaramos nuestras heridas, duelen profundizándose. Cuando las encaramos y cuidamos de nosotros mismos, duelen cicatrizando. Somos nosotros quienes elegimos el dolor que mata o el dolor que cura.

4.- Consecuencia de los movimientos de represión, tristezas, incertidumbres, miedos, celos, ansiedades, están en la base del proceso.
Los sentimientos de carencia, posesión y celos son expresiones del ego superficiales, para las que las la psicoterapia encuentra recursos de protección, promoviendo el perdón (sin el cual no hay cura) y el autodescubrimiento. Sin embargo, cuando miramos hacia lo que es esencial en el alma, sólo hay un lugar para un sentimiento: gratitud. Independientemente de lo que hemos vivido, tenemos todo lo que necesitamos, somos capaces de conseguir la autosuperación y el autodominio. Si honramos la vida que vibra en nosotros, nos inclinamos agradecidos delante de las fuentes que nos la ofrecieron, nuestros padres biológicos, y percibiendo su amor podemos abastecernos de lo que es esencial. Cuando el árbol tiene raíces en el suelo soporta tempestades y produce en abundancia. Nuestros padres son el suelo de la vida, amor que representa el amor de Dios junto a nosotros. Incluso cuando nos hayan hecho daño, nos han dado la vida, que es infinita y suficiente. Si nos fijamos en esta vida y en este amor, tenemos lo que es esencial y dejando la crítica y el victimismo, encontramos la fuerza, el vigor y la alegría de vivir.  

5.- Negación del amor y exigencia de ser amado.
La carencia afectiva es la consecuencia de la desconexión con nosotros mismos y con Dios. El amor que nos hace falta no es el amor que no se tiene y sí el que se guarda en la intimidad del alma. El amor es la estructura de la vida. Vibra en nosotros como la Naturaleza. Está oculto en lo más profundo de nosotros como el diamante en el seno de la tierra. Hay que cavar en las capas del ego que lo esconden permitiendo que salga a la superficie y haga brillar la luz de Dios que hay en nosotros, de manera singular y efectiva. El amor que viene de fuera es atraído por el amor que nace de dentro.
Además de estas (y muchas otras) causas, añadiremos los fenómenos obsesivos espirituales, que pueden causar o agravar la depresión. Como la mente es una antena que emite y capta ondas específicas, de acuerdo con el libre albedrío del espíritu, estamos en todo momento conectados con aquellos que afinizan y sintonizan con nosotros, no sólo mediante la onda mental irradiada, sino sobre todo por el sentimiento cultivado en el alma. Estos funcionan como ganchos psíquicos que nos conectan a los espíritus que se sienten de la misma manera que nosotros o que manipulan nuestra mente y vida emocional, al servicio de la venganza, envidia o deseo de poder. Para vencer la obsesión, el camino es el del autoconocimiento y el de la renovación moral que modifican nuestra sintonía con la vida.

Tratamiento  
El tratamiento para la depresión consiste en una dieta equilibrada, tomar el sol de 10 a 15 minutos diarios, ejercicio físico (muchas veces supone un gran esfuerzo para la persona con depresión, que no consigue ni siquiera salir de la cama o de su casa y necesita el apoyo de la familia y amigos para conseguirlo), uso de medicamentos específicos y psicoterapia, así como tratamiento espiritual.
Los fármacos antidepresivos actúan en el sistema nervioso central, afectando a las sinapsis, la comunicación entre las neuronas, provocando que el nivel de neurotransmisores se altere modificando el humor. Son recursos necesarios en la depresión de moderada a grave (la leve se puede tratar sólo con psicoterapia), que alivian y aportan al enfermo condiciones para beneficirse del bienestar físico que posibilita aprovechar mejor el trabajo psicológico de autoconocimiento y autosuperación, para lograr la cura.

La psicoterapia deber ser la que ayude al individuo a salir del victimismo y asumir la vida con consciencia de su poder real, el del afecto, ayudándole a conectarse con el amor real y esencial.
El tratamiento espiritual consiste en la renovación moral, además el individuo pude beneficiarse de la fluidoterapia a través de los pases, que renuevan las energías del cuerpo físico y del periespíritu, del agua fluidificada, que se transforma en un medicamento saludable ofrecido por los buenos espíritus en nombre de Dios.

Beneficiándose de todo esto, la persona podrá comprender que la depresión es un estado pasajero de desconexión con el alma y con el amor, que invita al ser a la autotransformación por el poder del amor. El estado natural del hombre es el de la alegría de vivir, en sintonía con la abundancia del universo y el amor incondicional del Padre. Ante esto solo cabe el esfuerzo de hacer de la vida la mejor posible, en el cumplimiento de los deberes y en el crecimiento continuo albergando en el alma la postura de la gratitud, con humildad y alabanza, diciéndole a la vida: “Sea hecha, Señor, tu sabia y amorosa voluntad”.
Andrei Moreira
 Andrei Moreira es médico formado en la Faculdad de Medicina de la Universidad Federal de Minas Gerais. Especializado en homeopatia. Presidente de la Asociación Médico-Espírita de Minas Gerais, desde 2007.

martes, 18 de noviembre de 2014

Espiritismo sin fronteras

Espiritismo sin fronteras

Las voces del infinito vinieron a dar tea a nuestra oscuridad. Con sus voces de fuego, reavivaron la chispa de nuestra eternidad. Como un nuevo Pentecostés, libre de la censura eclesiástica, libre de su intento de dominio, como si sólo fuera cosa de santos o propio del genio maligno. Estas voces amigas, hermanas, queridas, son las de los seres que abandonaron esta vida antes de nosotros. Que nos aguardan.

Ellos hablaron a los corazones, trajeron luz al siglo de la incertidumbre, de la incredulidad, el de la muerte de Dios, la muerte del dios que ya no servía, pues es el fin de la época de sumisión y vana servidumbre. La humanidad ha crecido y se rige por su propio raciocinio. Tiene cultura, cosa que no tenía antes. Tiene posibilidad de verificar lo que les dicen, cosa que antes era imposible; el dogma acampaba por todas partes.

Estas voces queridas, libres ya para la comunicación continua, trajeron a la humanidad el clamor de la nueva esperanza. La que tanto había sido sepultada y que sólo unos pocos conocían. Fuera logias, fuera secretismos. ¡A plena luz del día!

Las religiones que violaron su mensaje de amor fraternal, cerniendo muros insondables, se desquebrajaban ante las verdades que ellas en sí contienen. Recordadas por los seres de ultratumba.
Nació el espiritualismo moderno, Espiritismo bautizado por Allan Kardec, el codificador de los mensajes que llegaban por doquier. Y las viejas pasiones reprimidas rompieron los yugos que las mantenían subyugadas. Europa se cernía en múltiples revoluciones y guerras. Pues todo era cambio en el siglo XIX, el siglo de su nacimiento.

Se habló de la religión de los espíritus, craso error, nada nuevo traía el espiritismo, sino desbancar las falsedades añadidas a los credos ya existentes, debidos a la mano humana, interesada en mezclar los intereses políticos con las directrices de sus religiones. Los espíritus hablaron del fin de la esclavitud, del fin de la pena de muerte, de verdadera igualdad entre hombres y mujeres, de la necesidad de un mundo más justo a través de la educación universal, la cual había de asentarse más en la comprensión y estimulación emocional, que en la adquisición alocada de conocimientos impersonales.

No habló de un credo superior a ninguno, ni de la necesidad de ser religión; filosofía espiritualista puso Kardec en el frontispicio del libro clave: Libro de los Espíritus; y dijo que era ciencia, pues los nuevos tiempos ya eran llegados.

Cualquier persona, sea cual sea su credo o no credo, podía abrazar los postulados base del espiritismo. Pues su voz era clara y contundente, maciza; lejos de la melifluidad de otras doctrinas.
Hoy día hay corrientes que se engañan y tratan de hacer religión al espiritismo. Cuando éste es de todos y todas, no sólo de un credo, sea el que fuera. Jesús es un modelo a seguir según la respuesta 625 del Libro de los Espíritus, pero ello no indica nada más al respecto. Para el espiritismo no es Dios, sino un enviado. Y se nos presenta su doctrina depurada de los intereses mundanos, como una base racional para guiar nuestra conducta. No como la única posible, sino que en ella, tal cual la explicaban los espíritus, se halla la esencia de todas las demás habidas. Pues se va a la pureza de la enseñanza: la pureza del mensaje de Jesús, la del profeta Mahoma, la de las máximas de Confucio, o de la sabiduría de Buda, etc. Sin ser ninguna tal cual las conocemos lo que el espiritismo nos revela. Siendo todas respetables, pero con la mira puesta en la existencia clara de un mundo extracorpóreo; que el espiritismo demostraba con fehacientes hechos y datos, dado su carácter científico: en los investigadores serios que no se arredraban ante las inconveniencias de un paradigma científico todavía precario, para poder abarcar toda la riqueza que nos proponían los efectos investigados.

Dados estos hechos, la posibilidad de la comunicación con nuestros seres queridos, éstos se comunicaban según habían sido, pero con su concepción un tanto maravillada ante los nuevos hechos que vivenciaban en el otro plano. Ahí al comunicarse, seguían con sus antiguas creencias, pero con matices diferenciados. Algunos se sentían engañados, por su falso celo en actitudes premiadas por los humanos, pero no acordes con la “justicia divina”; justicia muchas veces de sentido común, que cualquiera lejano del fanatismo sabe aprehender cabalmente. Y muchos sentían liviandad, al ver que era todo mucho más hermoso de lo que pensaban. O sentían pesar si su actitud había sido mezquina para sus allegados.

He aquí la grandeza de esta gran enseñanza espiritual. El Consolador Prometido, en palabras de Jesús. Pero no únicamente para los cristianos, sino para todos, sean cuales fuera su credo. Pues la hermandad más allá de la muerte, la libertad de elección del libre albedrío, la posibilidad de comprender, conocer y estudiar, hacen esta filosofía espiritualista, todo un compendio que aglutina el buen hacer de todo librepensador/a.

Corazones listos para el amor, mentes dispuestas para la comprensión. Ser humano en evolución.

Jesús Gutiérrez Lucas

martes, 23 de septiembre de 2014

Mis impresiones sobre la oración

Mis impresiones sobre la oración


“La forma no es dada, el pensamiento lo es todo. Ore cada cual conforme a sus convicciones y del modo que más le conmueva, pues un buen pensamiento tiene más valor que muchas palabras de las que el corazón está ausente”

Este párrafo nos lo indican los espíritus en “El Evangelio según el Espiritismo”, escrito por Allan Kardec. Con este breve texto deseo exponeros mis reflexiones acerca de la oración.

Hace poco más de un año que sigo las clases del Evangelio en el centro espírita “Entre el Cielo y la Tierra”. Ahí es donde empiezo a escuchar: “¿quién quiere hacer la oración?” Al principio mis señales de alerta se despertaron: ¿será como en la Iglesia?, ¿por qué agachan todos la cabeza?, pero más tarde lo hicieron otras preguntas, ¿qué digo si no me sale nada? (¡hay ese ego!) y ¿si digo alguna tontería? (¡ese  orgullo!) y entonces pienso: ¡yo sólo sé el Padre Nuestro! Mientras, hablas con algunos compañeros: el sentimiento es todo, no hace falta agachar la cabeza, lo primero que te salga…

Escucho las oraciones y descubro un mundo completamente desconocido para mí. Observo el interés de la gente por los seres no encarnados, por ayudarlos a evolucionar y a descubro que cada una de las personas que conforman el grupo se sienten más identificadas hacia algo en concreto, y que al hacerlo grupal y compartido, descubres más situaciones de las que has vivido-vives y que habías pasado por alto: “ Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (San Mateo, 18:20). Lees en el Evangelio los Capítulos XXVII  y XXVIII pero claro con una sola lectura no basta, sigues haciéndote preguntas y sigues sin lanzarte.

Mientras tanto comienzo a descubrir el mundo espírita a través de la lectura y uno de los libros que llegan a mis manos es “Los Mensajeros” de Cándido Xavier por el espíritu André Luiz. En el capítulo 24 “La oración de Ismalia” y en el 25 “Efectos de la Oración”; además de algunas oraciones más sencillas y la del final, hicieron terminar de sentir en mi razón y en mi corazón el alcance de la oración y por tanto sus beneficios. Al principio leí esas oraciones que aparecen en el libro, las volví a releer pero esta vez sintiendo las palabras y la emoción que notas es muy bella y entonces recuerdas algo que leíste en el Evangelio “Cada palabra debe tener su sentido, suscitar una idea, tocar una fibra íntima. En suma: Debe hacernos reflexionar. Sólo si cumple esa condición puede la plegaria alcanzar su objetivo; de lo contrario, no es otra cosa que ruido… Ved con qué aspecto distraído y cuanta volubilidad se dicen casi siempre. Vemos, sí, moverse los labios, pero en la expresión de la fisonomía, en el sonido mismo de la voz, advertimos que se trata de un acto maquinal, puramente exterior, al que el alma permanece indiferente”. Es decir una oración no sentida es una oración con palabras vacías sin alma.

Hay veces que aunque sepas lo importante que son las cosas, aunque lo leas y lo estudies, si no pasas a la acción, se queda en nada y tienen que suceder cosas para que tú y tu pensamiento se unifiquen y pasen a la acción. En mi caso fueron dos, os contaré una de ellas:

Tengo una amiga que operaron hace 2 meses, fui a visitarla al hospital al cabo de un par de días ya que aún no había salido y seguía mal. Se había hecho una radiografía  y ¡oh sorpresa! descubren que en su interior se dejaron olvidadas unas pinzas. Cuando se lo dijeron estábamos su madre, ella y yo a solas, la cara de miedo que puso lo dijo todo. Al poco tiempo la habitación estaba llena de sus familiares más cercanos y claro todo era enfado y miedo; ella acostada en la cama sin decir nada pero el ambiente cada vez más cargado de pensamientos que no la venían nada bien. Me senté a su lado y me puse a rezar con fuerza, con sentimiento y determinación; hubo un momento que parecía que estábamos a solas las dos, después de ese momento ella me apretó la mano y comenzó a dar ánimos a los allí presentes. (Por favor cuando vayamos a ver a algún enfermo de la situación que sea que tu pensamiento sea una sonrisa.)

Haciendo los deberes que nos manda el profe de hacer resúmenes del libro “El Cielo y el Infierno” por Allan Kardec, también descubres la importancia de la oración, los espíritus no paran de decirte que ores. Seres olvidados, confundidos, vuelven por el poder de la oración a ver y sentir que hay algo mejor, comienza a producirse el cambio en ellos y a querer enmendarse y limpiar su alma herida.
Para mí ya se ha hecho cotidiano, me levanto y realizo una breve oración, en momentos de tensión parar, respirar y orar aunque sea un minuto te da el impulso de ponerte de nuevo de pie si te has caído. La oración serena tu mente, aligera tus emociones y clarifica tus pensamientos. Ora:

"Oh Señor escucha nuestros pensamientos envuélvelos de amor y gracia.
Inspíranos cada día en el camino de la caridad, de la tolerancia y la humildad.
Perdónanos nuestros pecados, en especial los de pensamiento.
Te damos gracias por ser la fuente de nuestro amor y perseverancia, por rodearnos de los seres que hacen posible nuestros progresos y nuestras alegrías.
Rogamos por los que aún están por despertar les sigas insuflando tu amor y misericordia.
Te pido Señor bendigas a todos los que hacen posible la edición de este periódico, la obra social de Entre el Cielo y la Tierra y a todos los grupos espíritas.
Que la paz y la serenidad reine en cada uno de los corazones de tus hijos.
Gracias que nos has oído, que así sea."

Ana Gómez
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

El comportamiento de los médiums

El comportamiento de los médiums


El hogar espírita o casa espírita, destinado a la educación mediúmnica, tiene el deber de ofrecer, en ese hogar, lo mejor que la espiritualidad le confía, para poner a disposición de los que así lo deseen, los recursos  que la buena práctica y la orientación espiritual que da la casa espírita, de los cuales los dirigentes son responsables.

En el Espiritismo, aunque todos pensamos por nuestra cabeza, el pensamiento que nutre al Espiritismo es el pensamiento creador, por tanto las casas espíritas cuando adoptan una manera de llevar las tareas adelante, difícilmente las cambian. Si las cambiasen, es porque antes estaban equivocadas y si estaban equivocadas, no serían intuidas ni proce-dentes de la espiritualidad superior que, es la que dirige el Movimiento Espírita Universal.

Y por tanto, en la mediumnidad nos preguntamos:

-¿Los médiums, deben aislarse? ¿En el aisla-miento, no tendrían mejores condiciones para cumplir sus tareas?
-O por el contrario, ¿deben poner su medium-nidad al servicio de la humanidad, dentro de las casas espíritas?
-Y por otro lado, ¿las casas espíritas deben reunir el mayor número posible de personas?.
-¿No estarán de esa manera, haciendo una mayor difusión del Espiritismo?
-O al contrario, ¿no alcanzarán mejor sus obje-tivos elevados, si se reúnen un número menor de personas?
-¿Cuántos de nosotros formulamos peguntas como estas?.

Son indagaciones renovables y hasta justifi-cables. Y las respuestas pueden ser encontradas en forma muy sencilla, clara y objetiva en "El Libro de los Médiums" de Allan Kardec, dadas además por Fenelón (espíritu), un trabajo de tarea noble que le adjudicó el Maestro Jesús para implantar en la Tierra, el Consolador, o sea, LA DOCTRINA ESPÍRITA.

Es oportuno recordar, antes de citar la enseñanza de Fenelón, aquello que Jesús decía ya hace 2000 años. “No se enciende la candela y se coloca debajo del celemín, pero si en un velador, y así da luz a todos los que están alrededor de la mesa. Así resplandezca vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos.”

Resulta fácil comprender, que la mediumnidad es, de hecho, una oportunidad Divina para que aumentemos las posibilidades de amparar, de ayudar, de estimular, de servir a nuestros compañeros de jornada evolutiva en la Tierra, o sea, a los espíritus encarnados y desencarnados.

Pensemos, sobre esta observación de Fenelón:
“Los espíritus no ven con satisfacción el que los médiums permanezcan aislados. Dios no les otorgó la sublime facultad para uso exclusivo de la misma, sino para el bien de todos.”

En cuanto a la formación de las Instituciones Espíritas, es lo que Fenelón manifiesta: "¿Estáis suficientemente seguros de lo que debe de ser en una reunión espírita? No, porque en vuestro celo creéis que lo que puede hacerse mejor, es reunir el mayor número de personas, con el fin de convencerlas. Desengañaos; cuántos menos seáis, más obtendréis. Es por encima de todo, por el ascendente moral que vosotros ejercéis, que atraéreis a los incrédulos mucho más que por los fenómenos que obtengáis. Si solo atraéis por los fenómenos que obtengáis vendrán por la curiosidad y encontraréis curiosos que no os creerán y que se reirán de vosotros. Si no encuentran en vosotros más que personas dignas de estima, puede ser que no se os crea enseguida, pero se os respetará, y el respeto inspira siempre confianza. Estar  convencidos que el Espiritismo debe conducir a una transformación moral, que vuestra reunión, sea pues, la primera en dar ejemplo de virtudes Cristianas, porque en este tiempo de egoísmo, en las sociedades Espíritas la verdadera Caridad debe encontrar un refugio.

Tal debe de ser, hermanos, una reunión de verdaderos espíritas.”

Aurora
C.E.y.D.E 

jueves, 18 de septiembre de 2014

Las Leyes Naturales

Las Leyes Naturales



Las leyes naturales son la voluntad de Dios dirigida hacia todas las criaturas de la Creación. El estudio de las leyes naturales es un camino seguro para nuestro adelanto, a través de su comprensión, acercándonos al cumplimiento de la Voluntad de Dios en todos los aspectos de nuestras vidas.
Las leyes naturales se pueden dividir a priori en función de ámbito de aplicación, material o moral. Las leyes morales son las que conciernen al espíritu mientras que las leyes materiales conciernen a lo relacionado con cualquier modificación del fluido cósmico universal que determina las diferentes clases de materia en el Universo.

Allan Kardec, estudia en profundidad las principales leyes morales en “El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec, mientras que en el libro “La Génesis” profundiza en las leyes materiales concernientes a los fluidos espirituales. Las leyes materiales físicas son pertenecen al campo de la Ciencia y su estudio estimula el desarrollo de la inteligencia como paso fundamental para el posterior desarrollo del sentido moral. Por ello estudiar las leyes materiales, desde la perspectiva espiritual, impulsa al hombre hacia lo alto, al posibilitar mayores compresiones de las Leyes Universales y, por tanto, a alcanzar su cumplimiento.

La anterior clasificación de leyes materiales y morales no siempre es apropiada puesto que en su apariencia algunas de ellas, aunque son materiales principalmente a nuestra observación, afectan en cierta forma a la materia periespiritual e influyen conside-rablemente en la psicología del individuo y por tanto en su moral. Es el caso de la Ley de Afinidad y la Ley de Causa y Efecto (también llamada Ley de Acción y Reacción).

Sobre la Ley de Acción y Reacción nadie duda en el plano físico, mas pocos se plantean que en otros estados de la materia, más sutiles como el fluídico espiritual y mental, también es una ley implacable, atenuada en función del cumplimiento de la ley de Justicia, Amor y Caridad.

Un mal pensamiento es materia mental que golpea y desestabiliza en mayor o menor media según nuestras defensas psíquicas, dejando un rastro penoso a través de los fluidos que atraviesa, incluidos los fluidos que caracterizan el tono vibratorio del periespíritu del emisor. La respuesta a la acción será una reacción, ya no inmediata como ocurre en el plano físico, sino reeducadora, esperando el momento más propicio para su aprovechamiento. Cuando llegue ese momento la Ley de afinidad atraerá la circunstancia correctora de vibración compatible con el disturbio original, apareciendo la desgracia, dolor o pérdida en el pobre incauto que no tuvo reparo en desear el mal.

Desde cierta perspectiva podemos agrupar las cuatro fuerzas fundamentales conocidas por la física, la fuerza de gravedad, fuerza electromagnética, interacción nuclear débil e interacción nuclear fuerte como distintas expresiones de la Ley de Afinidad aplicadas a la formación de la materia en cada uno de los distintos aspectos que la componen, másico (gravedad), energético (radioactividad, interacción nuclear débil), electromagnético y constitutivo (interacción nuclear fuerte).

Las fuerzas fundamentales se expresan de forma diferente en cada plano de manifestación de la materia y el Espiritismo muestra su existencia desde el estado más grosero, en el plano físico, hasta el más quintaesenciado perteneciente al periespíritu de los espíritus superiores, demostrando que la afinidad, mientras que en el plano físico se manifiesta como la constitución de la materia aglutinando el fluido cósmico universal en función del estado vibratorio del mundo correspondiente, en el plano espiritual es sobre todo una ley moral que atrae entre sí a los espíritus que comparten los mismo ideales y motivaciones.

Mucho más complicado es sondear los misterios de la “polaridad”, factor fundamental en las conocidas fuerza electromagnética e interacción nuclear débil. En el mundo físico, los científicos hablan de antimateria como polo opuesto a la materia, de cargas eléctricas positivas y negativas, polos magnéticos, sustancias polares y no polares, etc. En el mundo espiritual cercano al plano terrestre, continua la polaridad en la mayoría de los aspectos de la materia espiritual, aunque cada vez más atenuada conforme se eleva en su peregrinar hacia la perfección donde la gran Ley de Unidad que rige la Creación se impone.

Tratados de magnetismo animal nos hablan de las experiencias con fluidos vitales que se repelen o atraen según su polaridad positiva y negativa.

La frase "la virtud se encuentra en el término medio", es apropiada para el estudio de la polaridad, puesto que, de alguna forma, todo polo se puede ver como un desequilibrio de una virtud. El amor puro es virtud y no es polar. Cuando aparece el interés, el deseo por egoísmo lo polariza en dirección a uno mismo, perdiendo sus hermosas propiedades espirituales y sintonizando con vibraciones polares que en un fenómeno similar al electromagnetismo, serán atraídas o repelidas, pero en esta ocasión como mecanismo necesario de reajuste.

Conceptualmente se podría englobar la polaridad dentro de la Ley de Afinidad, al considerar que cada polo lleva en sí mismo el germen del opuesto o que cada desequilibrio lleva en sí mismo el desequilibrio contrario.

Ley de Adaptación

El periespíritu como parte semimaterial del alma, responde también a ciertas leyes, como son la ley de herencia y adaptación, las cuales se reflejan en el cuerpo físico del cual es su modelo organizador biológico. Durante milenios el periespíritu animal evoluciona junto con el Principio Inteligente caminando hacia la humanización del mismo. La capacidad de adaptación continúa en nosotros y es una herramienta fundamental para nuestra salud y supervivencia.

Olvidamos muchas veces que todo exceso es un ataque a nuestro cuerpo físico y periespirirual que mina la energía vital en determinados órganos promoviendo la enfermedad como medida de reajuste.
La capacidad de adaptación es la sabiduría instintiva del periespíritu que promueve la vida. Simplificando conceptos, la enfermedad podemos verla como la adaptación del cuerpo físico con misión de recobrar la salud, primero activando los mecanismos de eliminación, como la inflamación y las enfermedades agudas, después redirigiendo (adaptando) las funciones y capacidades perdidas hacia el resto de los órganos con fin de perpetuar la vida, dando origen a las enfermedades crónicas, y finalmente, cuando llega el agotamiento de los recursos vitales, las enfermedades degenerativas y la muerte física. En sí la enfermedad, comúnmente identificada por los síntomas, son las consecuencias del trabajo que realiza el cuerpo instintivamente por recobrar la salud. La enfermedad, vivida conscientemente, es esperanza porque pone de manifiesto la imperiosa necesidad de modificarnos y de dejar de quebrantar las leyes naturales. “Puesto que cada cual es castigado por donde pecó” (preg. 399 de “El Libro de los Espíritus), la enfermedad muestra indicios de su origen y meditando sobre ella y nuestro comportamiento, nos muestra el camino por donde tenemos que progresar para recobrar la salud.

La verdadera medicina reconoce los síntomas como adaptaciones y busca el origen de la enfermedad en las causas que la originan, tanto mentales, emocionales como físicas.

La capacidad de adaptación del cuerpo nos brinda la oportunidad de progresar hacia hábitos más saludables hacia uno mismo, como el vegetarianismo y el deporte, en el ámbito físico, la meditación en el ámbito mental y la oración en el espiritual. La vida natural, respetable con el medio ambiente, no violenta nuestro organismo con sustancias extrañas ni excesos. El ejercicio físico promueve la eliminación de toxinas que de otra forma terminaríamos acumulando. Trabajarnos la paz de espíritu nos libra del estrés y permite la libre circulación de energías vitales a través de nuestros órganos fortaleciéndolos en sus funciones.

La ley de adaptación, cuando la vida es sana y natural, trabaja no hacia la compensación de deficiencias sino a hacia la prolongación al máximo de la vida evitando el desgaste innecesario de los órganos, rejuveneciendo y fortaleciendo el cuerpo en su lucha diaria por el progreso del Espíritu.

Multidimensionalidad del ser

El Espiritismo también nos enseña que somos seres multidimensionales y, por tanto, que interaccionamos con diferentes planos de la Creación. La salud al igual que el Ser, es multidimensional y cualquier tratamiento necesitará abarcar las necesidades de curación del alma así como las del cuerpo.

El cumplimiento de la Ley Natural es el único camino real hacia la curación total de toda dolencia, porque conlleva el reequilibrio integral del Ser, del alma y del cuerpo. Los órganos fisiológicos son alimentados por distintos circuitos de fuerza vital que determinan su capacidad, resistencia y comportamiento.

Un determinado comportamiento de los órganos puede dar lugar a enfermedades autoinmunes, cuando el cuerpo se sensibiliza frente a determinados alérgenos, a enfermedades de acumulación, cuando la acumulación de toxinas imposibilita el correcto funcionamiento de los órganos, o de eliminación, cuando el cuerpo encauzando toxinas a través de los distintos emuntorios se alcanza la saturación en alguno de ellos producción su inflamación crónica.

La capacidad y resistencia de los órganos determinará los índices máximos de toxemia permitidos sin la aparición de síntomas de enfermedad aun manifestándose signos claros de debilitamiento. La no existencia de síntomas médicos no significa que haya salud. El debilitamiento y envejecimiento prematuro es muestra evidente de toxemia consecuencia del abuso de las leyes naturales.
El ejemplo lo tenemos en la naturaleza donde los animales salvajes, no domesticados, disfrutan de un periodo de edad adulta con el 100% de sus capacidades la mayor parte de su vida, decayendo únicamente al final de sus días porque la naturaleza no les permite subsistir por debajo de sus plenas posibilidades.

Son acaso antinaturales los casos de ancianos que disfrutan de plena forma, con capacidades equivalentes a muchos adultos o simplemente son casos naturales donde la naturaleza no ha tenido obstáculos para manifestarse.

Retornemos a la vida natural, tanto física como espiritual, para aprovechar todas las oportunidades que nos da la vida junto a las planificaciones de cada encarnación. Cuantas tareas dejamos de realizar o atender por vivir fuera de la Ley Natural, normalmente con los sentidos extenuando nuestras fuerzas vitales, debilitando nuestra resistencia ante las vicisitudes de la vida y cayendo en dolencias subclínicas hasta terminar frenados finalmente por la enfermedad clínica que nos obliga a detener nuestra labor.

Estudiemos la Ley Natural en toda su extensión, abarcando principalmente los procesos espirituales y morales pero sin abandonar el día a día material, que también nos condiciona el progreso espiritual.
Si llevar una vida natural conlleva a nivel físico evitar las toxinas comunes, mediante dietas saludables (hipotóxicas o alcalinizantes), adoptar hábitos higienicistas, ejercicio físico, etc.; a nivel energético igualmente tendremos que guardar análoga disciplina, evitando ambientes viciados con pensamientos inferiores que nos puedan afectar, como la crítica, los excesos, la negatividad con dosis de pesimismo, etc. La vigilancia junto al autoconocimiento nos permitirán adelantarnos a la caída, esquivando educadamente la invitación a participar o criticar. Las toxinas psíquicas son más peligrosas que las físicas, puesto que preparan el terreno a la enfermedad debilitando generalmente las funciones de los órganos físicos que con las capacidades mermadas, acumularan y atraerán las toxinas físicas manifestando finalmente los síntomas de la enfermedad.
José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

Mecanismos de la mediumnidad

Mecanismos de la mediumnidad



Gabriel Delanne, cuya biografía fue publicada en el número de Abril de 2010 de este mismo periódico, en su libro "Mecanismos de la Mediumnidad" explica que los fenómenos mediúmnicos demuestran que han de existir estados particulares en el organismo del médium.
Éste es un ser dotado de la capacidad de entrar en comunicación con los espíritus, ya que no todas las personas tienen esta facultad.

El espíritu al actuar sobre el médium, emplea ciertos procesos que son necesarios conocer.
Para ello sería necesario no solo un profundo conocimiento del ser humano desde un punto de vista físico, sino sobre todo, desde el punto de vista periespiritual, así como los envoltorios semimateriales de los espíritus.

En estado libre los espíritus experimentan sensaciones que no tenían en el estado de encarnados.
Son capaces de tomar la forma que les convenga, a voluntad. Esto es debido al alma, que es un centro de fuerzas. Su envoltorio es invisible porque su movimiento vibratorio molecular es muy rápido, pero si por cualquier medio, ese movimiento disminuye, el ser se hace visible, no solo para el médium, sino también para los asistentes. Su naturaleza les permite atravesar nuestra materia más densa.
La intensidad de su acción está directamente ligada a su evolución.

Para comprender los fenómenos que se van a desencadenar cuando un espíritu quiera comunicarse hay dos alternativas: que sepa hacerlo o que no sepa. En el primer caso, dependiendo de su intención podrá ser dirigido por un espíritu más instruido, si son buenas, o puede que no lo consiga si es para el mal.

Para comunicarse debe buscar un ser humano cuya constitución le pueda ceder parte de su fluido vital.

Así es como opera el espíritu: por su voluntad, proyecta un haz fluídico sobre el periespíritu del médium y lo penetra con su fluido. Por ese cordón el fluido vital del hombre es atraído por el espíritu. Este fenómeno se puede comparar a los fenómenos de endósmosis, es decir, el intercambio que se produce entre dos líquidos de densidades diferentes, a través de una membrana. Aquí los líquidos son los fluidos y la membrana, el cuerpo.

Una vez establecida esta conexión, el espíritu puede actuar sobre el médium, produciendo los efectos que se traducen por la visión, la audición, escritura, golpes, etc.

En resumen, son necesarias las siguientes circunstancias para obtener una comunicación seria:

1º Que el espíritu evocado pueda o quiera atender
2º Que la evocación sea sincera, con finalidad de instrucción y no de diversión
3º Que el espíritu evocado tenga también el deseo de hacer el bien
4ª Que sepa lo que debe hacer para manifestarse.
5º Que encuentre el médium apto para proporcionarle los fluidos necesarios.
6º Que ninguna acción exterior contraríe al espíritu en sus manifestaciones ya que al tratarse de magne-tismo espiritual, al igual que en las acciones magnéticas, voluntades extrañas pueden perturbar el buen resultado del fenómeno.

Son numerosos los fracasos a los que nos exponemos por no observar estas prescripciones, que muestran que no son fenómenos al azar.

Y no es extraño que los espíritus rehúsen manifestarse cuando les quieren exhibir como animales curiosos en la sobremesa de invitados a una fiesta.
Ana Sobrino
Centro espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

BIOGRAFIA CESAR LOMBROSO



Ezechia Marco Lombroso, conocido con el pseudónimo Cesare Lombroso, fue médico y criminólogo italiano, representante del positivismo criminológico. Nació en Verona (Italia) el  seis de noviembre de 1835.

Hijo de Aarón Lombroso y Zefora Levi. Su padre fue el último descen-diente de una antigua y acaudalada familia de hebreos españoles y su madre, hebrea también, la hija de ricos industriales y propietarios. Tuvo cua-tro hermanos, Sansón Hércules, Pascua, Rómulo y Clara.

Lombroso vivió sus primeros años en Chieri e inició sus estudios en Verona. Estudió medicina, cuya voca-ción determinó Paolo Marzolo, en las Universidades de Pavía, Padua y Viena. A los quince años de edad escribió sus dos primeras monografías: “Ensayo sobre el estudio de la historia de la República Romana” y “Ensayos sobre la  agricultura en la antigua Roma”, ambas más expresivas de sus aficiones literarias que del afán científico que había de dominarlo más tarde.

El 13 de Marzo de 1858, recibe su título de médico e inicia sus estudios sobre Cretinismo, cuyas con-clusiones publicadas en el libro “Cretinismo en Lom-bardía” (1859) revolucionaron los campos de la psiquiatría y de la higiene. En ese mismo año, Lombroso ingresa en el ejército al cual sirvió con algunos intervalos, pero sin abandonar por ello sus estudios, hasta 1866.

En 1864 fue internacionalmente conocido gracias a su comentadísimo libro “Genio y Locura” traducido a varios idiomas y que, hasta el día de hoy, ha ejercido una gran influencia en el mundo de la psiquiatría.

Profesionalmente fue profesor de psiquiatría en la Universidad de Pavia, director del psiquiátrico de Pesaro y ocupó las cátedras de medicina legal e higiene y de psiquiatría y de antropología criminal en la universidad de Turín.

El 10 de Abril de 1870, a los treinta y cuatro años de edad, contrajo matrimonio con Nina Debenedetti, con quien tuvo cinco hijos.

Escribió “El hombre delincuente” (1876) y posteriormente “La mujer delincuente” (1893), donde sostuvo que la criminalidad representa un fenómeno biológico producto de la degeneración, identificable a partir de la fisonomía, induciendo la creación de una escuela de antropología criminal, de donde se desarrolló la criminología.

Pero el interés de Lombroso por el espiritismo supuso un verdadero giro en su orientación epistemológica. En su libro Studi sull’ipnotismo (Estudios sobre el hipnotismo) del año 1886, mientras se documentaba entre los síntomas de la histeria o de la neuropatía, fenómenos como la transmisión del pensamiento o la magnetización, interviene por vez primera en la cuestión para negar tajantemente cualquier creencia en lo que define como “los espíritus de los espejos y de los sillones”, subrayando de este modo el carácter atávico de estas supersticiones mágicas. Dos años después, el espiritista napolitano Enrico Chiaia lo invita públicamente a través de la prensa nacional a tomar parte en una sesión espiritista pidiéndole que, de esta manera, emprendiera una investigación recomendándole  estudiar mejor el asunto. En dicha invitación Chiaia describe a la médium de dichas sesiones, Eusapia Palladino: “Se trata de una mujer casi inválida que pertenece a la clase más humilde de la sociedad. Tiene cerca de 30 años y es muy ignorante; su aspecto no tiene nada de fascinador, ni parece dotada del poder que los criminólogos modernos llaman irre-sistible, pero cuando así lo desea, lo mismo de día que de noche, puede tener cautivo a un auditorio una o dos horas con los más sorprendentes fenómenos”

Pero Lombroso fue reacio du-rante gran parte de su vida a las ideas espiritistas, él mismo se describe: “Si hubo en el mundo un hombre, por educación científica y casi por instinto, hostil al espiritismo, fui yo, que de la tesis de ser toda fuerza propiedad de la materia y el pensamiento una emanación del cerebro, hice la más constante preocupación de mi vida. ¡En el transcurso de tantos años me he reído de las mesas parlantes! Más si siempre sentí verdadera pasión por mi bandera científica, abracé con más fervor la adoración a la verdad y la compro-bación de los hechos.” Y man-teniéndose en este pensamiento, no fue hasta 1891 que Lombroso aceptó la invitación de Chiaia. A partir de este momento participó en diferentes sesiones espíritas y  pudo asistir a los diversos fenómenos mediúmnicos gracias a la médium Eusapia Palladino, convenciéndose de la veracidad incontestable de los hechos.

Al finalizar las sesiones con Eusapia, el afamado psiquiatra y criminalista declaró su arrepentimiento por haber sido escéptico, manifestando: “Me siento con-fundido y apenado por haber combatido tantas veces la posibilidad de los hechos espiritistas”. Esta declaración se debió además, a que Lombroso en dichas reuniones pudo reencontrarse con el espíritu de su madre materializado. Además esta declaración, proveniente de un estudioso de tal prestigio, estimuló a importantes científicos de Europa a emprender diversos trabajos de investigación psíquica.

En 1909 escribe el libro “Después de la muerte ¿qué?- Investigaciones sobre fenómenos paranormales e hipnosis”. En él, César Lombroso recapitula los acon-tecimientos con Eusapia Palladino, que le llevaron de una visión estrictamente materialista del mundo a creer en la existencia de los espíritus y la vida después de la muerte. El más extraordinario de los relatados fue el que el mismo Lombroso tituló "La levitación de la médium hasta lo alto de una mesa".

Lombroso desencarna  mientras dormía, a punto de cumplir 74 años de edad, en Turín, el 19 de octubre de 1909, el mismo año que escribe el prefacio de la obra “Los Fenómenos de Hipnotismo y Espiritismo”, en la que queda resaltada su sinceridad y sus esfuerzos en dar un testimonio verídico de los fenómenos que le revelaron la realidad del mundo espiritual.

Sin lugar a dudas un hombre brillante en todas las etapas de su vida. Dejó un gran legado a la Historia, no sólo de la Criminología, de la que es considerado el padre, sino de la Medicina, de la Ciencia en general y como no, del Espiritismo.

Yolanda Durán

EDITORIAL - NUM. 29


Queridos lectores.

¡Nada pasa por casualidad, sino por causalidad!

Mientras nos preparábamos para dirigiros algunas palabras a todos aquellos que, número tras número, durante estos ocho años nos seguís, y estando en sintonía con los espíritus que dirigen nuestro trabajo, calló en nuestras manos un librito pequeño, sencillo, de poco valor económico pero de un inmenso valor moral, "Vida Feliz", del reconocido médium y orador espírita Divaldo Pereira Franco, a través del espíritu de Joanna de Ângelis.

Ni cortos, ni perezosos nos dispusimos a abrir al acaso uno de esos maravillosos mensajes, que siempre tienen algo bueno que decir y que además llegan al alma por la estrecha relación que tienen con el momento presente de quien se dispone a leerlos. Nosotros hemos tenido más de una prueba de lo que decimos y es que… ¡nada pasa por casualidad!.

Desde que El Ángel del Bien vio la luz el primero de Julio de 2006, hemos compartido con vosotros nuestras reflexiones, nuestros artículos, pensamientos en forma de poesías o mensajes de los espíritus, nuestras cartas al lector y un sinfín de experiencias reflejadas en las letras que componen nuestra obra. Pues hoy no queremos ser diferentes y nos gustaría transcribir aquel mensaje del que hablamos (Mensaje CLXVII página 173):

"La grandeza de un hombre puede ser medida por su capacidad de servicio al prójimo, de humildad y de amor."

"Los hombres grandes llaman la atención y proyectan sombra, pero los grandes hombres, donde quiera que se encuentren se convierten en claridad inapagable, señalando rumbos liberadores."
Los verdaderos héroes se ignoran, pues viven más preocupados en ayudar que en hacer propaganda de los propios actos.

Conviértete en uno de ellos, en el silencio de tus emprendimientos y en la grandeza de tu pequeñez."
Pues como dice este sabio mensaje muchos quieren ser personas grandes y otros sin saberlo se convierten en grandes personas y es que los buenos espíritus saben hacer llegar los mensajes en los momentos precisos.

El tiempo pasa y con él las personas, pero siempre quedan sus obras. Amalia Domingo Soler, Jose María Fernández Colavida, Manuel Sanz Benito, Dr. Huelbes Temprano, José Esteva Marata, Miguel Vives y muchos otros grandes del Espiritismo Español ya pasaron por la Tierra, ya dejaron su siembra. Chico Xavier, Divaldo P. Franco, Raul Teixeira, entre otros, grandes médiums y divulgadores espíritas también pasarán pero ¿quién vendrá? ¿Cómo convertirse en uno de ellos? ¿Cómo ser la nueva Amalia o el gran Capitán Lagier? Poco debe importar a aquel que dice llamarse espírita, pero es que tantos son los que llegan hasta los centros y tan pocos los que vuelven al mundo de los espíritus comprendiendo cuál es la verdadera labor. Echemos la vista atrás y comprobaremos que los pioneros del Espiritismo, los que tuvieron valor de defenderlo a finales del siglo XIX y principios del XX, fueron grandes humildes y se les conoce más por lo que cuentan de ellos, que por lo que ellos hablaron de sí mismos. Fueron pequeñas grandes personas que desde su pobreza, sus defectos, sus dolores, como perder casi la visión o bien ver pasar por delante de ellos a sus hijos precediéndoles en el momento de la muerte, siguieron fuertes sin abandonar a los que querían y sí acogiendo a más y más gente, escribiendo más y más libros, periódicos, panfletos de propaganda para llegar a las personas más necesitadas, a esas personas que al abrir los ojos cada mañana, ni ganas de vivir tienen.

Amigos, los tiempos han cambiado y ha llegado la hora de trabajar por la unión y en unión con los que abrazamos un mismo ideal. Basta de ídolos, ni de querer reconocimientos en la Tierra, porque si nos paramos a pensar en todo aquello que hacemos de más, veremos realmente qué sólo estamos haciendo lo que debemos si queremos mejorar, si soñamos con un mundo mejor, si ya entrevemos la paz y el amor de los buenos espíritus.
Por todo esto, basta de elogios, de ídolos o de espiriteros, que no espiritistas, que dan limosna pero hacen sonar la campana para que todo el mundo les vea, porque esos, como dice el Evangelio, ya recibieron su recompensa.
Persigamos ser verdaderos espíritas en nuestro interior, porque más vale ser una gran persona, que una persona muy grande.

La redacción.