martes, 23 de septiembre de 2014

Mis impresiones sobre la oración

Mis impresiones sobre la oración


“La forma no es dada, el pensamiento lo es todo. Ore cada cual conforme a sus convicciones y del modo que más le conmueva, pues un buen pensamiento tiene más valor que muchas palabras de las que el corazón está ausente”

Este párrafo nos lo indican los espíritus en “El Evangelio según el Espiritismo”, escrito por Allan Kardec. Con este breve texto deseo exponeros mis reflexiones acerca de la oración.

Hace poco más de un año que sigo las clases del Evangelio en el centro espírita “Entre el Cielo y la Tierra”. Ahí es donde empiezo a escuchar: “¿quién quiere hacer la oración?” Al principio mis señales de alerta se despertaron: ¿será como en la Iglesia?, ¿por qué agachan todos la cabeza?, pero más tarde lo hicieron otras preguntas, ¿qué digo si no me sale nada? (¡hay ese ego!) y ¿si digo alguna tontería? (¡ese  orgullo!) y entonces pienso: ¡yo sólo sé el Padre Nuestro! Mientras, hablas con algunos compañeros: el sentimiento es todo, no hace falta agachar la cabeza, lo primero que te salga…

Escucho las oraciones y descubro un mundo completamente desconocido para mí. Observo el interés de la gente por los seres no encarnados, por ayudarlos a evolucionar y a descubro que cada una de las personas que conforman el grupo se sienten más identificadas hacia algo en concreto, y que al hacerlo grupal y compartido, descubres más situaciones de las que has vivido-vives y que habías pasado por alto: “ Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (San Mateo, 18:20). Lees en el Evangelio los Capítulos XXVII  y XXVIII pero claro con una sola lectura no basta, sigues haciéndote preguntas y sigues sin lanzarte.

Mientras tanto comienzo a descubrir el mundo espírita a través de la lectura y uno de los libros que llegan a mis manos es “Los Mensajeros” de Cándido Xavier por el espíritu André Luiz. En el capítulo 24 “La oración de Ismalia” y en el 25 “Efectos de la Oración”; además de algunas oraciones más sencillas y la del final, hicieron terminar de sentir en mi razón y en mi corazón el alcance de la oración y por tanto sus beneficios. Al principio leí esas oraciones que aparecen en el libro, las volví a releer pero esta vez sintiendo las palabras y la emoción que notas es muy bella y entonces recuerdas algo que leíste en el Evangelio “Cada palabra debe tener su sentido, suscitar una idea, tocar una fibra íntima. En suma: Debe hacernos reflexionar. Sólo si cumple esa condición puede la plegaria alcanzar su objetivo; de lo contrario, no es otra cosa que ruido… Ved con qué aspecto distraído y cuanta volubilidad se dicen casi siempre. Vemos, sí, moverse los labios, pero en la expresión de la fisonomía, en el sonido mismo de la voz, advertimos que se trata de un acto maquinal, puramente exterior, al que el alma permanece indiferente”. Es decir una oración no sentida es una oración con palabras vacías sin alma.

Hay veces que aunque sepas lo importante que son las cosas, aunque lo leas y lo estudies, si no pasas a la acción, se queda en nada y tienen que suceder cosas para que tú y tu pensamiento se unifiquen y pasen a la acción. En mi caso fueron dos, os contaré una de ellas:

Tengo una amiga que operaron hace 2 meses, fui a visitarla al hospital al cabo de un par de días ya que aún no había salido y seguía mal. Se había hecho una radiografía  y ¡oh sorpresa! descubren que en su interior se dejaron olvidadas unas pinzas. Cuando se lo dijeron estábamos su madre, ella y yo a solas, la cara de miedo que puso lo dijo todo. Al poco tiempo la habitación estaba llena de sus familiares más cercanos y claro todo era enfado y miedo; ella acostada en la cama sin decir nada pero el ambiente cada vez más cargado de pensamientos que no la venían nada bien. Me senté a su lado y me puse a rezar con fuerza, con sentimiento y determinación; hubo un momento que parecía que estábamos a solas las dos, después de ese momento ella me apretó la mano y comenzó a dar ánimos a los allí presentes. (Por favor cuando vayamos a ver a algún enfermo de la situación que sea que tu pensamiento sea una sonrisa.)

Haciendo los deberes que nos manda el profe de hacer resúmenes del libro “El Cielo y el Infierno” por Allan Kardec, también descubres la importancia de la oración, los espíritus no paran de decirte que ores. Seres olvidados, confundidos, vuelven por el poder de la oración a ver y sentir que hay algo mejor, comienza a producirse el cambio en ellos y a querer enmendarse y limpiar su alma herida.
Para mí ya se ha hecho cotidiano, me levanto y realizo una breve oración, en momentos de tensión parar, respirar y orar aunque sea un minuto te da el impulso de ponerte de nuevo de pie si te has caído. La oración serena tu mente, aligera tus emociones y clarifica tus pensamientos. Ora:

"Oh Señor escucha nuestros pensamientos envuélvelos de amor y gracia.
Inspíranos cada día en el camino de la caridad, de la tolerancia y la humildad.
Perdónanos nuestros pecados, en especial los de pensamiento.
Te damos gracias por ser la fuente de nuestro amor y perseverancia, por rodearnos de los seres que hacen posible nuestros progresos y nuestras alegrías.
Rogamos por los que aún están por despertar les sigas insuflando tu amor y misericordia.
Te pido Señor bendigas a todos los que hacen posible la edición de este periódico, la obra social de Entre el Cielo y la Tierra y a todos los grupos espíritas.
Que la paz y la serenidad reine en cada uno de los corazones de tus hijos.
Gracias que nos has oído, que así sea."

Ana Gómez
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

El comportamiento de los médiums

El comportamiento de los médiums


El hogar espírita o casa espírita, destinado a la educación mediúmnica, tiene el deber de ofrecer, en ese hogar, lo mejor que la espiritualidad le confía, para poner a disposición de los que así lo deseen, los recursos  que la buena práctica y la orientación espiritual que da la casa espírita, de los cuales los dirigentes son responsables.

En el Espiritismo, aunque todos pensamos por nuestra cabeza, el pensamiento que nutre al Espiritismo es el pensamiento creador, por tanto las casas espíritas cuando adoptan una manera de llevar las tareas adelante, difícilmente las cambian. Si las cambiasen, es porque antes estaban equivocadas y si estaban equivocadas, no serían intuidas ni proce-dentes de la espiritualidad superior que, es la que dirige el Movimiento Espírita Universal.

Y por tanto, en la mediumnidad nos preguntamos:

-¿Los médiums, deben aislarse? ¿En el aisla-miento, no tendrían mejores condiciones para cumplir sus tareas?
-O por el contrario, ¿deben poner su medium-nidad al servicio de la humanidad, dentro de las casas espíritas?
-Y por otro lado, ¿las casas espíritas deben reunir el mayor número posible de personas?.
-¿No estarán de esa manera, haciendo una mayor difusión del Espiritismo?
-O al contrario, ¿no alcanzarán mejor sus obje-tivos elevados, si se reúnen un número menor de personas?
-¿Cuántos de nosotros formulamos peguntas como estas?.

Son indagaciones renovables y hasta justifi-cables. Y las respuestas pueden ser encontradas en forma muy sencilla, clara y objetiva en "El Libro de los Médiums" de Allan Kardec, dadas además por Fenelón (espíritu), un trabajo de tarea noble que le adjudicó el Maestro Jesús para implantar en la Tierra, el Consolador, o sea, LA DOCTRINA ESPÍRITA.

Es oportuno recordar, antes de citar la enseñanza de Fenelón, aquello que Jesús decía ya hace 2000 años. “No se enciende la candela y se coloca debajo del celemín, pero si en un velador, y así da luz a todos los que están alrededor de la mesa. Así resplandezca vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos.”

Resulta fácil comprender, que la mediumnidad es, de hecho, una oportunidad Divina para que aumentemos las posibilidades de amparar, de ayudar, de estimular, de servir a nuestros compañeros de jornada evolutiva en la Tierra, o sea, a los espíritus encarnados y desencarnados.

Pensemos, sobre esta observación de Fenelón:
“Los espíritus no ven con satisfacción el que los médiums permanezcan aislados. Dios no les otorgó la sublime facultad para uso exclusivo de la misma, sino para el bien de todos.”

En cuanto a la formación de las Instituciones Espíritas, es lo que Fenelón manifiesta: "¿Estáis suficientemente seguros de lo que debe de ser en una reunión espírita? No, porque en vuestro celo creéis que lo que puede hacerse mejor, es reunir el mayor número de personas, con el fin de convencerlas. Desengañaos; cuántos menos seáis, más obtendréis. Es por encima de todo, por el ascendente moral que vosotros ejercéis, que atraéreis a los incrédulos mucho más que por los fenómenos que obtengáis. Si solo atraéis por los fenómenos que obtengáis vendrán por la curiosidad y encontraréis curiosos que no os creerán y que se reirán de vosotros. Si no encuentran en vosotros más que personas dignas de estima, puede ser que no se os crea enseguida, pero se os respetará, y el respeto inspira siempre confianza. Estar  convencidos que el Espiritismo debe conducir a una transformación moral, que vuestra reunión, sea pues, la primera en dar ejemplo de virtudes Cristianas, porque en este tiempo de egoísmo, en las sociedades Espíritas la verdadera Caridad debe encontrar un refugio.

Tal debe de ser, hermanos, una reunión de verdaderos espíritas.”

Aurora
C.E.y.D.E 

jueves, 18 de septiembre de 2014

Las Leyes Naturales

Las Leyes Naturales



Las leyes naturales son la voluntad de Dios dirigida hacia todas las criaturas de la Creación. El estudio de las leyes naturales es un camino seguro para nuestro adelanto, a través de su comprensión, acercándonos al cumplimiento de la Voluntad de Dios en todos los aspectos de nuestras vidas.
Las leyes naturales se pueden dividir a priori en función de ámbito de aplicación, material o moral. Las leyes morales son las que conciernen al espíritu mientras que las leyes materiales conciernen a lo relacionado con cualquier modificación del fluido cósmico universal que determina las diferentes clases de materia en el Universo.

Allan Kardec, estudia en profundidad las principales leyes morales en “El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec, mientras que en el libro “La Génesis” profundiza en las leyes materiales concernientes a los fluidos espirituales. Las leyes materiales físicas son pertenecen al campo de la Ciencia y su estudio estimula el desarrollo de la inteligencia como paso fundamental para el posterior desarrollo del sentido moral. Por ello estudiar las leyes materiales, desde la perspectiva espiritual, impulsa al hombre hacia lo alto, al posibilitar mayores compresiones de las Leyes Universales y, por tanto, a alcanzar su cumplimiento.

La anterior clasificación de leyes materiales y morales no siempre es apropiada puesto que en su apariencia algunas de ellas, aunque son materiales principalmente a nuestra observación, afectan en cierta forma a la materia periespiritual e influyen conside-rablemente en la psicología del individuo y por tanto en su moral. Es el caso de la Ley de Afinidad y la Ley de Causa y Efecto (también llamada Ley de Acción y Reacción).

Sobre la Ley de Acción y Reacción nadie duda en el plano físico, mas pocos se plantean que en otros estados de la materia, más sutiles como el fluídico espiritual y mental, también es una ley implacable, atenuada en función del cumplimiento de la ley de Justicia, Amor y Caridad.

Un mal pensamiento es materia mental que golpea y desestabiliza en mayor o menor media según nuestras defensas psíquicas, dejando un rastro penoso a través de los fluidos que atraviesa, incluidos los fluidos que caracterizan el tono vibratorio del periespíritu del emisor. La respuesta a la acción será una reacción, ya no inmediata como ocurre en el plano físico, sino reeducadora, esperando el momento más propicio para su aprovechamiento. Cuando llegue ese momento la Ley de afinidad atraerá la circunstancia correctora de vibración compatible con el disturbio original, apareciendo la desgracia, dolor o pérdida en el pobre incauto que no tuvo reparo en desear el mal.

Desde cierta perspectiva podemos agrupar las cuatro fuerzas fundamentales conocidas por la física, la fuerza de gravedad, fuerza electromagnética, interacción nuclear débil e interacción nuclear fuerte como distintas expresiones de la Ley de Afinidad aplicadas a la formación de la materia en cada uno de los distintos aspectos que la componen, másico (gravedad), energético (radioactividad, interacción nuclear débil), electromagnético y constitutivo (interacción nuclear fuerte).

Las fuerzas fundamentales se expresan de forma diferente en cada plano de manifestación de la materia y el Espiritismo muestra su existencia desde el estado más grosero, en el plano físico, hasta el más quintaesenciado perteneciente al periespíritu de los espíritus superiores, demostrando que la afinidad, mientras que en el plano físico se manifiesta como la constitución de la materia aglutinando el fluido cósmico universal en función del estado vibratorio del mundo correspondiente, en el plano espiritual es sobre todo una ley moral que atrae entre sí a los espíritus que comparten los mismo ideales y motivaciones.

Mucho más complicado es sondear los misterios de la “polaridad”, factor fundamental en las conocidas fuerza electromagnética e interacción nuclear débil. En el mundo físico, los científicos hablan de antimateria como polo opuesto a la materia, de cargas eléctricas positivas y negativas, polos magnéticos, sustancias polares y no polares, etc. En el mundo espiritual cercano al plano terrestre, continua la polaridad en la mayoría de los aspectos de la materia espiritual, aunque cada vez más atenuada conforme se eleva en su peregrinar hacia la perfección donde la gran Ley de Unidad que rige la Creación se impone.

Tratados de magnetismo animal nos hablan de las experiencias con fluidos vitales que se repelen o atraen según su polaridad positiva y negativa.

La frase "la virtud se encuentra en el término medio", es apropiada para el estudio de la polaridad, puesto que, de alguna forma, todo polo se puede ver como un desequilibrio de una virtud. El amor puro es virtud y no es polar. Cuando aparece el interés, el deseo por egoísmo lo polariza en dirección a uno mismo, perdiendo sus hermosas propiedades espirituales y sintonizando con vibraciones polares que en un fenómeno similar al electromagnetismo, serán atraídas o repelidas, pero en esta ocasión como mecanismo necesario de reajuste.

Conceptualmente se podría englobar la polaridad dentro de la Ley de Afinidad, al considerar que cada polo lleva en sí mismo el germen del opuesto o que cada desequilibrio lleva en sí mismo el desequilibrio contrario.

Ley de Adaptación

El periespíritu como parte semimaterial del alma, responde también a ciertas leyes, como son la ley de herencia y adaptación, las cuales se reflejan en el cuerpo físico del cual es su modelo organizador biológico. Durante milenios el periespíritu animal evoluciona junto con el Principio Inteligente caminando hacia la humanización del mismo. La capacidad de adaptación continúa en nosotros y es una herramienta fundamental para nuestra salud y supervivencia.

Olvidamos muchas veces que todo exceso es un ataque a nuestro cuerpo físico y periespirirual que mina la energía vital en determinados órganos promoviendo la enfermedad como medida de reajuste.
La capacidad de adaptación es la sabiduría instintiva del periespíritu que promueve la vida. Simplificando conceptos, la enfermedad podemos verla como la adaptación del cuerpo físico con misión de recobrar la salud, primero activando los mecanismos de eliminación, como la inflamación y las enfermedades agudas, después redirigiendo (adaptando) las funciones y capacidades perdidas hacia el resto de los órganos con fin de perpetuar la vida, dando origen a las enfermedades crónicas, y finalmente, cuando llega el agotamiento de los recursos vitales, las enfermedades degenerativas y la muerte física. En sí la enfermedad, comúnmente identificada por los síntomas, son las consecuencias del trabajo que realiza el cuerpo instintivamente por recobrar la salud. La enfermedad, vivida conscientemente, es esperanza porque pone de manifiesto la imperiosa necesidad de modificarnos y de dejar de quebrantar las leyes naturales. “Puesto que cada cual es castigado por donde pecó” (preg. 399 de “El Libro de los Espíritus), la enfermedad muestra indicios de su origen y meditando sobre ella y nuestro comportamiento, nos muestra el camino por donde tenemos que progresar para recobrar la salud.

La verdadera medicina reconoce los síntomas como adaptaciones y busca el origen de la enfermedad en las causas que la originan, tanto mentales, emocionales como físicas.

La capacidad de adaptación del cuerpo nos brinda la oportunidad de progresar hacia hábitos más saludables hacia uno mismo, como el vegetarianismo y el deporte, en el ámbito físico, la meditación en el ámbito mental y la oración en el espiritual. La vida natural, respetable con el medio ambiente, no violenta nuestro organismo con sustancias extrañas ni excesos. El ejercicio físico promueve la eliminación de toxinas que de otra forma terminaríamos acumulando. Trabajarnos la paz de espíritu nos libra del estrés y permite la libre circulación de energías vitales a través de nuestros órganos fortaleciéndolos en sus funciones.

La ley de adaptación, cuando la vida es sana y natural, trabaja no hacia la compensación de deficiencias sino a hacia la prolongación al máximo de la vida evitando el desgaste innecesario de los órganos, rejuveneciendo y fortaleciendo el cuerpo en su lucha diaria por el progreso del Espíritu.

Multidimensionalidad del ser

El Espiritismo también nos enseña que somos seres multidimensionales y, por tanto, que interaccionamos con diferentes planos de la Creación. La salud al igual que el Ser, es multidimensional y cualquier tratamiento necesitará abarcar las necesidades de curación del alma así como las del cuerpo.

El cumplimiento de la Ley Natural es el único camino real hacia la curación total de toda dolencia, porque conlleva el reequilibrio integral del Ser, del alma y del cuerpo. Los órganos fisiológicos son alimentados por distintos circuitos de fuerza vital que determinan su capacidad, resistencia y comportamiento.

Un determinado comportamiento de los órganos puede dar lugar a enfermedades autoinmunes, cuando el cuerpo se sensibiliza frente a determinados alérgenos, a enfermedades de acumulación, cuando la acumulación de toxinas imposibilita el correcto funcionamiento de los órganos, o de eliminación, cuando el cuerpo encauzando toxinas a través de los distintos emuntorios se alcanza la saturación en alguno de ellos producción su inflamación crónica.

La capacidad y resistencia de los órganos determinará los índices máximos de toxemia permitidos sin la aparición de síntomas de enfermedad aun manifestándose signos claros de debilitamiento. La no existencia de síntomas médicos no significa que haya salud. El debilitamiento y envejecimiento prematuro es muestra evidente de toxemia consecuencia del abuso de las leyes naturales.
El ejemplo lo tenemos en la naturaleza donde los animales salvajes, no domesticados, disfrutan de un periodo de edad adulta con el 100% de sus capacidades la mayor parte de su vida, decayendo únicamente al final de sus días porque la naturaleza no les permite subsistir por debajo de sus plenas posibilidades.

Son acaso antinaturales los casos de ancianos que disfrutan de plena forma, con capacidades equivalentes a muchos adultos o simplemente son casos naturales donde la naturaleza no ha tenido obstáculos para manifestarse.

Retornemos a la vida natural, tanto física como espiritual, para aprovechar todas las oportunidades que nos da la vida junto a las planificaciones de cada encarnación. Cuantas tareas dejamos de realizar o atender por vivir fuera de la Ley Natural, normalmente con los sentidos extenuando nuestras fuerzas vitales, debilitando nuestra resistencia ante las vicisitudes de la vida y cayendo en dolencias subclínicas hasta terminar frenados finalmente por la enfermedad clínica que nos obliga a detener nuestra labor.

Estudiemos la Ley Natural en toda su extensión, abarcando principalmente los procesos espirituales y morales pero sin abandonar el día a día material, que también nos condiciona el progreso espiritual.
Si llevar una vida natural conlleva a nivel físico evitar las toxinas comunes, mediante dietas saludables (hipotóxicas o alcalinizantes), adoptar hábitos higienicistas, ejercicio físico, etc.; a nivel energético igualmente tendremos que guardar análoga disciplina, evitando ambientes viciados con pensamientos inferiores que nos puedan afectar, como la crítica, los excesos, la negatividad con dosis de pesimismo, etc. La vigilancia junto al autoconocimiento nos permitirán adelantarnos a la caída, esquivando educadamente la invitación a participar o criticar. Las toxinas psíquicas son más peligrosas que las físicas, puesto que preparan el terreno a la enfermedad debilitando generalmente las funciones de los órganos físicos que con las capacidades mermadas, acumularan y atraerán las toxinas físicas manifestando finalmente los síntomas de la enfermedad.
José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

Mecanismos de la mediumnidad

Mecanismos de la mediumnidad



Gabriel Delanne, cuya biografía fue publicada en el número de Abril de 2010 de este mismo periódico, en su libro "Mecanismos de la Mediumnidad" explica que los fenómenos mediúmnicos demuestran que han de existir estados particulares en el organismo del médium.
Éste es un ser dotado de la capacidad de entrar en comunicación con los espíritus, ya que no todas las personas tienen esta facultad.

El espíritu al actuar sobre el médium, emplea ciertos procesos que son necesarios conocer.
Para ello sería necesario no solo un profundo conocimiento del ser humano desde un punto de vista físico, sino sobre todo, desde el punto de vista periespiritual, así como los envoltorios semimateriales de los espíritus.

En estado libre los espíritus experimentan sensaciones que no tenían en el estado de encarnados.
Son capaces de tomar la forma que les convenga, a voluntad. Esto es debido al alma, que es un centro de fuerzas. Su envoltorio es invisible porque su movimiento vibratorio molecular es muy rápido, pero si por cualquier medio, ese movimiento disminuye, el ser se hace visible, no solo para el médium, sino también para los asistentes. Su naturaleza les permite atravesar nuestra materia más densa.
La intensidad de su acción está directamente ligada a su evolución.

Para comprender los fenómenos que se van a desencadenar cuando un espíritu quiera comunicarse hay dos alternativas: que sepa hacerlo o que no sepa. En el primer caso, dependiendo de su intención podrá ser dirigido por un espíritu más instruido, si son buenas, o puede que no lo consiga si es para el mal.

Para comunicarse debe buscar un ser humano cuya constitución le pueda ceder parte de su fluido vital.

Así es como opera el espíritu: por su voluntad, proyecta un haz fluídico sobre el periespíritu del médium y lo penetra con su fluido. Por ese cordón el fluido vital del hombre es atraído por el espíritu. Este fenómeno se puede comparar a los fenómenos de endósmosis, es decir, el intercambio que se produce entre dos líquidos de densidades diferentes, a través de una membrana. Aquí los líquidos son los fluidos y la membrana, el cuerpo.

Una vez establecida esta conexión, el espíritu puede actuar sobre el médium, produciendo los efectos que se traducen por la visión, la audición, escritura, golpes, etc.

En resumen, son necesarias las siguientes circunstancias para obtener una comunicación seria:

1º Que el espíritu evocado pueda o quiera atender
2º Que la evocación sea sincera, con finalidad de instrucción y no de diversión
3º Que el espíritu evocado tenga también el deseo de hacer el bien
4ª Que sepa lo que debe hacer para manifestarse.
5º Que encuentre el médium apto para proporcionarle los fluidos necesarios.
6º Que ninguna acción exterior contraríe al espíritu en sus manifestaciones ya que al tratarse de magne-tismo espiritual, al igual que en las acciones magnéticas, voluntades extrañas pueden perturbar el buen resultado del fenómeno.

Son numerosos los fracasos a los que nos exponemos por no observar estas prescripciones, que muestran que no son fenómenos al azar.

Y no es extraño que los espíritus rehúsen manifestarse cuando les quieren exhibir como animales curiosos en la sobremesa de invitados a una fiesta.
Ana Sobrino
Centro espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

BIOGRAFIA CESAR LOMBROSO



Ezechia Marco Lombroso, conocido con el pseudónimo Cesare Lombroso, fue médico y criminólogo italiano, representante del positivismo criminológico. Nació en Verona (Italia) el  seis de noviembre de 1835.

Hijo de Aarón Lombroso y Zefora Levi. Su padre fue el último descen-diente de una antigua y acaudalada familia de hebreos españoles y su madre, hebrea también, la hija de ricos industriales y propietarios. Tuvo cua-tro hermanos, Sansón Hércules, Pascua, Rómulo y Clara.

Lombroso vivió sus primeros años en Chieri e inició sus estudios en Verona. Estudió medicina, cuya voca-ción determinó Paolo Marzolo, en las Universidades de Pavía, Padua y Viena. A los quince años de edad escribió sus dos primeras monografías: “Ensayo sobre el estudio de la historia de la República Romana” y “Ensayos sobre la  agricultura en la antigua Roma”, ambas más expresivas de sus aficiones literarias que del afán científico que había de dominarlo más tarde.

El 13 de Marzo de 1858, recibe su título de médico e inicia sus estudios sobre Cretinismo, cuyas con-clusiones publicadas en el libro “Cretinismo en Lom-bardía” (1859) revolucionaron los campos de la psiquiatría y de la higiene. En ese mismo año, Lombroso ingresa en el ejército al cual sirvió con algunos intervalos, pero sin abandonar por ello sus estudios, hasta 1866.

En 1864 fue internacionalmente conocido gracias a su comentadísimo libro “Genio y Locura” traducido a varios idiomas y que, hasta el día de hoy, ha ejercido una gran influencia en el mundo de la psiquiatría.

Profesionalmente fue profesor de psiquiatría en la Universidad de Pavia, director del psiquiátrico de Pesaro y ocupó las cátedras de medicina legal e higiene y de psiquiatría y de antropología criminal en la universidad de Turín.

El 10 de Abril de 1870, a los treinta y cuatro años de edad, contrajo matrimonio con Nina Debenedetti, con quien tuvo cinco hijos.

Escribió “El hombre delincuente” (1876) y posteriormente “La mujer delincuente” (1893), donde sostuvo que la criminalidad representa un fenómeno biológico producto de la degeneración, identificable a partir de la fisonomía, induciendo la creación de una escuela de antropología criminal, de donde se desarrolló la criminología.

Pero el interés de Lombroso por el espiritismo supuso un verdadero giro en su orientación epistemológica. En su libro Studi sull’ipnotismo (Estudios sobre el hipnotismo) del año 1886, mientras se documentaba entre los síntomas de la histeria o de la neuropatía, fenómenos como la transmisión del pensamiento o la magnetización, interviene por vez primera en la cuestión para negar tajantemente cualquier creencia en lo que define como “los espíritus de los espejos y de los sillones”, subrayando de este modo el carácter atávico de estas supersticiones mágicas. Dos años después, el espiritista napolitano Enrico Chiaia lo invita públicamente a través de la prensa nacional a tomar parte en una sesión espiritista pidiéndole que, de esta manera, emprendiera una investigación recomendándole  estudiar mejor el asunto. En dicha invitación Chiaia describe a la médium de dichas sesiones, Eusapia Palladino: “Se trata de una mujer casi inválida que pertenece a la clase más humilde de la sociedad. Tiene cerca de 30 años y es muy ignorante; su aspecto no tiene nada de fascinador, ni parece dotada del poder que los criminólogos modernos llaman irre-sistible, pero cuando así lo desea, lo mismo de día que de noche, puede tener cautivo a un auditorio una o dos horas con los más sorprendentes fenómenos”

Pero Lombroso fue reacio du-rante gran parte de su vida a las ideas espiritistas, él mismo se describe: “Si hubo en el mundo un hombre, por educación científica y casi por instinto, hostil al espiritismo, fui yo, que de la tesis de ser toda fuerza propiedad de la materia y el pensamiento una emanación del cerebro, hice la más constante preocupación de mi vida. ¡En el transcurso de tantos años me he reído de las mesas parlantes! Más si siempre sentí verdadera pasión por mi bandera científica, abracé con más fervor la adoración a la verdad y la compro-bación de los hechos.” Y man-teniéndose en este pensamiento, no fue hasta 1891 que Lombroso aceptó la invitación de Chiaia. A partir de este momento participó en diferentes sesiones espíritas y  pudo asistir a los diversos fenómenos mediúmnicos gracias a la médium Eusapia Palladino, convenciéndose de la veracidad incontestable de los hechos.

Al finalizar las sesiones con Eusapia, el afamado psiquiatra y criminalista declaró su arrepentimiento por haber sido escéptico, manifestando: “Me siento con-fundido y apenado por haber combatido tantas veces la posibilidad de los hechos espiritistas”. Esta declaración se debió además, a que Lombroso en dichas reuniones pudo reencontrarse con el espíritu de su madre materializado. Además esta declaración, proveniente de un estudioso de tal prestigio, estimuló a importantes científicos de Europa a emprender diversos trabajos de investigación psíquica.

En 1909 escribe el libro “Después de la muerte ¿qué?- Investigaciones sobre fenómenos paranormales e hipnosis”. En él, César Lombroso recapitula los acon-tecimientos con Eusapia Palladino, que le llevaron de una visión estrictamente materialista del mundo a creer en la existencia de los espíritus y la vida después de la muerte. El más extraordinario de los relatados fue el que el mismo Lombroso tituló "La levitación de la médium hasta lo alto de una mesa".

Lombroso desencarna  mientras dormía, a punto de cumplir 74 años de edad, en Turín, el 19 de octubre de 1909, el mismo año que escribe el prefacio de la obra “Los Fenómenos de Hipnotismo y Espiritismo”, en la que queda resaltada su sinceridad y sus esfuerzos en dar un testimonio verídico de los fenómenos que le revelaron la realidad del mundo espiritual.

Sin lugar a dudas un hombre brillante en todas las etapas de su vida. Dejó un gran legado a la Historia, no sólo de la Criminología, de la que es considerado el padre, sino de la Medicina, de la Ciencia en general y como no, del Espiritismo.

Yolanda Durán

EDITORIAL - NUM. 29


Queridos lectores.

¡Nada pasa por casualidad, sino por causalidad!

Mientras nos preparábamos para dirigiros algunas palabras a todos aquellos que, número tras número, durante estos ocho años nos seguís, y estando en sintonía con los espíritus que dirigen nuestro trabajo, calló en nuestras manos un librito pequeño, sencillo, de poco valor económico pero de un inmenso valor moral, "Vida Feliz", del reconocido médium y orador espírita Divaldo Pereira Franco, a través del espíritu de Joanna de Ângelis.

Ni cortos, ni perezosos nos dispusimos a abrir al acaso uno de esos maravillosos mensajes, que siempre tienen algo bueno que decir y que además llegan al alma por la estrecha relación que tienen con el momento presente de quien se dispone a leerlos. Nosotros hemos tenido más de una prueba de lo que decimos y es que… ¡nada pasa por casualidad!.

Desde que El Ángel del Bien vio la luz el primero de Julio de 2006, hemos compartido con vosotros nuestras reflexiones, nuestros artículos, pensamientos en forma de poesías o mensajes de los espíritus, nuestras cartas al lector y un sinfín de experiencias reflejadas en las letras que componen nuestra obra. Pues hoy no queremos ser diferentes y nos gustaría transcribir aquel mensaje del que hablamos (Mensaje CLXVII página 173):

"La grandeza de un hombre puede ser medida por su capacidad de servicio al prójimo, de humildad y de amor."

"Los hombres grandes llaman la atención y proyectan sombra, pero los grandes hombres, donde quiera que se encuentren se convierten en claridad inapagable, señalando rumbos liberadores."
Los verdaderos héroes se ignoran, pues viven más preocupados en ayudar que en hacer propaganda de los propios actos.

Conviértete en uno de ellos, en el silencio de tus emprendimientos y en la grandeza de tu pequeñez."
Pues como dice este sabio mensaje muchos quieren ser personas grandes y otros sin saberlo se convierten en grandes personas y es que los buenos espíritus saben hacer llegar los mensajes en los momentos precisos.

El tiempo pasa y con él las personas, pero siempre quedan sus obras. Amalia Domingo Soler, Jose María Fernández Colavida, Manuel Sanz Benito, Dr. Huelbes Temprano, José Esteva Marata, Miguel Vives y muchos otros grandes del Espiritismo Español ya pasaron por la Tierra, ya dejaron su siembra. Chico Xavier, Divaldo P. Franco, Raul Teixeira, entre otros, grandes médiums y divulgadores espíritas también pasarán pero ¿quién vendrá? ¿Cómo convertirse en uno de ellos? ¿Cómo ser la nueva Amalia o el gran Capitán Lagier? Poco debe importar a aquel que dice llamarse espírita, pero es que tantos son los que llegan hasta los centros y tan pocos los que vuelven al mundo de los espíritus comprendiendo cuál es la verdadera labor. Echemos la vista atrás y comprobaremos que los pioneros del Espiritismo, los que tuvieron valor de defenderlo a finales del siglo XIX y principios del XX, fueron grandes humildes y se les conoce más por lo que cuentan de ellos, que por lo que ellos hablaron de sí mismos. Fueron pequeñas grandes personas que desde su pobreza, sus defectos, sus dolores, como perder casi la visión o bien ver pasar por delante de ellos a sus hijos precediéndoles en el momento de la muerte, siguieron fuertes sin abandonar a los que querían y sí acogiendo a más y más gente, escribiendo más y más libros, periódicos, panfletos de propaganda para llegar a las personas más necesitadas, a esas personas que al abrir los ojos cada mañana, ni ganas de vivir tienen.

Amigos, los tiempos han cambiado y ha llegado la hora de trabajar por la unión y en unión con los que abrazamos un mismo ideal. Basta de ídolos, ni de querer reconocimientos en la Tierra, porque si nos paramos a pensar en todo aquello que hacemos de más, veremos realmente qué sólo estamos haciendo lo que debemos si queremos mejorar, si soñamos con un mundo mejor, si ya entrevemos la paz y el amor de los buenos espíritus.
Por todo esto, basta de elogios, de ídolos o de espiriteros, que no espiritistas, que dan limosna pero hacen sonar la campana para que todo el mundo les vea, porque esos, como dice el Evangelio, ya recibieron su recompensa.
Persigamos ser verdaderos espíritas en nuestro interior, porque más vale ser una gran persona, que una persona muy grande.

La redacción.

sábado, 7 de junio de 2014

La importancia de nuestras acciones y decisiones



La libertad es la  condición necesaria del alma humana, ya que sin ella no podría construir su destino.
A pesar de que a primera vista la libertad del hombre parece ser muy restringida por las propias limitaciones de las condiciones físicas, sociales, o por los intereses de cada uno, en realidad, siempre podemos eludir tales obstáculos y actuar de la manera que nos parezca más acertada.

“La libertad y la responsabilidad son correlativas en el ser y aumentan con su elevación, siendo la responsabilidad la que confiere al hombre dignidad y moralidad. Sin ella no sería más que un  autómata, un juguete de las fuerzas que nos acompañan”.

Cuando resolvemos hacer o dejar de hacer alguna cosa, nuestra conciencia siempre nos alerta al respecto, aprobándonos  o censurándonos. A pesar de que la voz íntima nos alerte, siempre hacemos lo que fue decidido por nuestra voluntad o libre albedrío. Nada nos coacciona en los momentos de tomar las decisiones personales, de ahí que sea correcto afirmar que somos responsables de nuestros actos. Somos los constructores de nuestro destino. Nuestro presente y futuro se encuentran condicionados por nuestras acciones.

El libre albedrío es definido, pues, como “la facultad que tiene el individuo de determinar su propia conducta, o en otras palabras, la posibilidad que tiene de elegir, entre dos o más razones suficientes, para querer o actuar en una de ellas y hacerla prevalecer sobre las demás”. Nuestros actos tejen alas de liberación a cadenas de cautiverio para nuestra victoria o nuestra derrota. Todos nos hallamos ligados indisolublemente a nuestras propias obras.

Aceptar la vida como si estuviera guiada por un determinismo donde todos los acontecimientos están fatalmente preestablecidos es razonar de una manera muy ingenua, si no simplista; porque, si así fuera, el hombre no sería un ser pensante, batallador, capaz de tomar resoluciones y de interferir en el progreso. Sería solamente como un robot, irresponsable, a merced de los acontecimientos.

“La fatalidad existe pues, únicamente por la elección que el Espíritu hizo al reencarnar de sufrir esta o aquella prueba”

“El libro albedrío, la libre voluntad del Espíritu, se ejerce principalmente a la hora de las reencarnaciones, cuando escoge en el Mundo Espiritual determinada familia, cierto medio social, etc. Sabiendo de antemano cuáles son las pruebas que le aguardan, pero, igualmente comprende lo necesarias que son estas pruebas para desarrollar sus cualidades, limar sus defectos, despojarse de sus prejuicios y vicios. Estas pruebas también pueden ser consecuencia de un pasado funesto, que es preciso reparar y las acepta con resignación y confianza.”

El futuro se le presenta entonces, no en sus pormenores, sino en sus líneas más destacadas, en la medida en que dicho futuro es la resultante de actos anteriores. Estos actos representan la porción de “fatalidad” o de “predestinación” que ciertos hombres son llevados a observar en todas las vidas.

“En realidad nada es fatal y cualquiera que sea el peso de las responsabilidades en que se haya incurrido, siempre se pueden atenuar, modificar la suerte con obras de abnegación, bondad, caridad, con un prolongado sacrificio al deber”. Recibiendo constantemente las oportunidades de enmendar nuestras deudas del pasado.

Los acontecimientos que pueden observarse a diario, dentro de la importancia que desorganizan el modo de vida, antes tan feliz, o bajo la forma de tragedias que provocan crisis de angustia y desesperación;  la enfermedad que llega sin previo aviso, abatiendo el ánimo y el coraje, las decepciones con amigos o las esperanzas frustradas. La pobreza material, retratada en la desnutrición, la orfandad, los asaltos, y tantas cosas que se traducen en aflicciones e infortunios, podrán conducir al hombre que desconoce las verdades espirituales, a la locura o al suicidio.

Por esto, la Doctrina Espírita viene a poner en claro que las “vicisitudes de la vida” son de dos especies. O si se prefiere, provienen de dos fuentes bien distintas que debemos destacar: Unas tienen su origen en la vida presente y otras fuera de esta vida.

Al remontarse al origen de los males terrestres se reconocerá que muchos son consecuencia lógica del carácter y del proceder de quienes lo padecen.

Observando nuestro entorno y nuestra razón, aquella que nos distingue de los animales, nos señala que evidentemente debe existir alguna razón para esta diferencia, para esta realidad.

¡Cuántos hombres caen por su propia culpa! ¡Cuántos son víctimas de su imprevisión, de su orgullo y de su ambición! ¡Cuántos se arruinan por falta de orden, de perseverancia, por proceder mal o por  no haber sabido limitar sus deseos, sus ambiciones, por vivir sin control!

¡Cuántas molestias y enfermedades provienen de los excesos de toda clase! ¡Cuántos padres son infelices a causa de sus hijos, por no haber combatido desde el principio sus malas tendencias, habiendo cedido o ignorado sus vidas, permitiéndoles desde muy jóvenes una libertad que no han sido capaces de controlar!
Entonces, ¿a quién habrá de responsabilizar el hombre por todas esas aflicciones, sino a sí mismo? El hombre, pues, en un gran número de casos es el causante de sus propios infortunios.

Sin embargo, sabemos que existen males que ocurren sin que nosotros, los hombres,  tengamos una culpa directa. Son dolores que se originan en actos practicados en otras existencias y que debido a los abusos, perjudicaron el periespíritu, como por ejemplo, la pérdida de los seres queridos y la de quienes son el soporte de la familia. También los accidentes que ninguna previsión hubiera podido impedir. Los reveses de la fortuna, que frustran todas las precauciones que son aconsejadas por la prudencia. Los flagelos naturales, las enfermedades de nacimiento, sobre todo las que quitan a tantos infelices los medios de ganarse la vida por el trabajo personal, como las deformidades, la idiotez, el cretinismo, etc. Quienes nacen en estas condiciones, seguramente no han hecho nada en la existencia actual para merecer, sin compensación, tan triste suerte que no podían evitar.

No queda la menor duda de que lo que hoy somos es el producto de las experiencias vividas en el pasado. No hay sufrimiento sin una razón y la “Ley de Causa y Efecto”, o de “Acción y Reacción” rige nuestro destino, porque, si bien somos libres en la siembra, seremos esclavos de la cosecha, condicionándonos la reencarnación.

Dios nos concede por el libre albedrío, la responsabilidad de practicar el bien o el mal. No obstante, a partir del momento en que decidimos que hacer, ésta acción genera una reacción característica que vendrá más tarde, marcando nuestra nueva experiencia de vida. Así se explica, por la pluralidad de existencias y por el destino de la Tierra, como mundo expiatorio, las  anomalías que muestran la distribución de la dicha y la desventura entre los buenos y malos, en este planeta.

Juan Miguel Fernández Muñoz

sábado, 10 de mayo de 2014

El centro espírita y el mundo espiritual


Allan Kardec definió el Espiritismo como "la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los Espíritus y de sus relaciones con el Mundo físico."

El Centro Espírita, además de la importancia que tiene para los hombres (Espíritus encarnados), es también de gran importancia para los Espíritus desencarnados, y desempeña un papel de relieve en las relaciones entre los dos mundos.

Estamos habituados a ver en el Centro Espírita sólo unas paredes, mobiliario, y a personas ocupadas en determinadas actividades en servicio de los demás.

Se nos escapa toda actividad espiritual que tan sólo llega a ser recibida por algunos videntes con facultades muy desarrolladas. Estas actividades, no por desconocidas dejan de efectuarse por los Espíritus que nos rodean, en todos los lugares y en todo momento, mezcladas con las tareas propias de los humanos.
Con mayor motivo entonces, deben realizarse estas tareas en un Centro Espírita. Los espíritus destacados en misión a la superficie del Planeta necesitan de lugares donde reunirse a fin de poder realizar actividades propias de la misión que tienen encomendada. Necesitan una base de operaciones donde puedan encontrarse libres del acoso de vibraciones groseras o intentos de la interferencia por parte de otros Espíritus menos esclarecidos que tratan de interponerse en el camino de estos Misioneros Espirituales, obstaculizando la misión en curso.

¿Qué lugar más apropiado para ello que un Centro Espírita, donde ya los hombres procuran mantener un ambiente vibratorio elevado?

Todo Centro Espírita dispone, así mismo, de un equipo espiritual dedicado a mantener el local limpio de entidades perturbadoras o viciadas, y protegido de los intentos de los Espíritus que tratan de inmiscuirse en sus actividades.

Puede parecer extraño que los Espíritus esclarecidos que gozan de libertad para desplazarse, tengan necesidad de un local determinado cuando pueden reunirse en cualquier parte.

Indudablemente la falta de un Centro Espírita no impedirá que se celebren reuniones o Misiones Espirituales, pero es fácil de entender la diferencia entre que esto se haga en un Centro Espírita a que se realice, por ejemplo, en medio de una vía pública con vibraciones e influencias de todo tipo, por no mencionar otros ambientes, aún más negativos, que desgraciadamente son tan abundantes en cualquier ciudad, lo que requeriría una limpieza previa.

Los Espíritus en misión, son seres muy ocupados y prácticos y estarán agradecidos si encuentran en cada ciudad uno o más Centros Espíritas, un lugar de reunión, que les evite pérdidas de tiempo en el cumplimiento de sus tareas, lo que les permitirá así mismo, mayores oportunidades de auxilio.

Además el Centro Espírita es un centro de trabajo atendido por trabajadores humanos preparados para prestar su colaboración en aquellos casos en que sea recomendable la intervención de espíritus encarnados.
Durante el sueño del cuerpo físico, muchas veces  somos llamados a colaborar en estas misiones de las que generalmente no conservamos recuerdo al despertar.

Esta es otra de las importantes misiones de un Centro Espírita y, que al no figurar en el programa de actividades pasa desapercibida, impidiéndonos comprender su verdadera importancia, por tanto podríamos elaborar los trabajos de un Centro Espírita como sigue:

- Las reuniones, comunes a todas las asociaciones y personas que quieran compartir.

- Las reuniones de estudio, para asimilar los principios del Espiritismo pues es un árbol de sabiduría.
- Las prácticas, que después de haber obtenido el conocimiento necesario habrá de llegar el momento oportuno de poner en práctica todo lo aprendido de la Doctrina Espírita.

- Educación de la infancia y de la juventud, buscando proporcionar a estos ciudadanos del mañana el conocimiento y los valores morales necesarios, para que con firmeza, la regeneración de nuestro planeta sea un hecho.

- Reuniones mediúmnicas, para el estudio de la Doctrina Espírita por medio de las comunicaciones de los Espíritus, que son nuestros hermanos desencarnados.

- Reuniones de atendimiento a espíritus sufrientes y desobsesión, para esclarecimiento de Espíritus obsesores o sufridores, que debido a la rebeldía y apego a la materia que nubla su percepción espiritual, no tienen acceso a la ayuda de los espíritus amigos.

- Sesiones de asistencia espiritual, a las que durante el sueño son conducidos los trabajadores del Centro Espírita para colaborar en misiones de auxilio dirigidos por Espíritus esclarecidos y que visan producir ajustes entre espíritus encarnados o desencarnados, que arrastran odios y luchas de vidas anteriores y que muchas veces son causas de enfermedades físicas o psíquicas.

- Asistencia social. Dentro de este campo, el Centro Espírita busca proporcionar al individuo, la enseñanza y fuerzas precisas que le permitirán por medio de la resignación y acatamiento de la Ley de Dios, de la que sin duda es infractor, el enfrentarse a la realidad de su situación espiritual para iniciar la lucha de rehabilitación y ascensión espiritual.

- Práctica de "El Evangelio en el hogar". Es conveniente que en el hogar de la familia espírita se preste atención en proporcionar los beneficios que nos dan las enseñanzas espirituales del Evangelio haciéndolo extensivo a los niños.

- La divulgación. Es sabido que el Espiritismo no es una doctrina proselitista cuyo  afán sea el convertir a los demás. Es importante para la divulgación y perfecto conocimiento del Espiritismo poner al alcance de los demás el "Libro Espírita", que da la oportunidad de reflexión y aprendizaje.

Se puede añadir que la Humanidad marcha hacia un idioma único espiritual en el cual busca a Dios con todas las fuerzas para poder entender el "porqué las cosas ocurren", y en este aspecto podemos decir el AXIOMA: "Buscad y hallareis".

¡Bendito Espiritismo!

Aurora V.C
C.E.y.D.E.

domingo, 4 de mayo de 2014

El trabajo


Al principio de los tiempos el ser humano solo aplica su inteligencia a la búsqueda de alimento, así como de los medios con que preservarse de las intemperies y defenderse de sus enemigos. El animal que prevalece en él, es el que marca las pautas que sigue.

Pero Dios le ha dado algo que no dio al animal: el deseo incesante de mejorar, y este anhelo es el que le mueve a buscar las maneras de mejorar su situación.

En “El Libro de los Espíritus” se nos dice, que el trabajo es una ley natural, por lo mismo que es una necesidad, y la civilización obliga al hombre a trabajar más, porque aumenta sus necesidades y sus goces.
¿Por qué es impuesto el trabajo al hombre? es consecuencia de su naturaleza corporal; una expiación y al mismo tiempo un medio de perfeccionar su inteligencia y por esto, solo a su trabajo y actividad debe su subsistencia,  su seguridad y su bienestar. Al que es débil de cuerpo Dios le da la inteligencia,  pero siempre es trabajo. También se nos dice que Dios a hecho del amor filial y paternal un sentimiento natural, con el fin de que por medio de este afecto recíproco los miembros de una misma familia fuesen inducidos a ayudarse mutuamente, los padres deben trabajar por sus hijos y esta misma ley natural impone a los hijos la obligación de trabajar por los padres.

¿Cuál es el límite del trabajo? el límite de las fuerzas y  cuando estas le abandonan, por la vejez, tiene derecho al descanso y si el anciano ha de trabajar para vivir y no puede hacerlo, pues se nos dice, que el fuerte ha de trabajar para el débil  y a falta de familia, la sociedad, con las leyes ha de protegerle y ampararle.

Gracias al trabajo y al deseo incesante de mejorar, el hombre ha progresado con los descubrimientos, las invenciones y el perfeccionamiento de la ciencia, porque esta última lo provee de aquello de que carece. Gracias a sus investigaciones, la inteligencia del hombre crece y su moral se depura. A las necesidades materiales suceden las espirituales, además del alimento del cuerpo, necesita el del espíritu, así el ser humano pasa del estado de barbarie al de civilizado.

El trabajo es la comunión de los seres. Por él nos aproximamos los unos a los otros, aprendemos a ayudarnos y a unirnos; de esto a la fraternidad no hay más que un  paso.

Si Dios hubiese liberado al hombre del trabajo físico los miembros de este se le habrían atrofiado. Si los hubiese eximido de las tareas de la inteligencia, su espíritu habría permanecido en la infancia, en los estados de los instintos animales. He aquí porque ha hecho que el trabajo fuese para él una necesidad. Y nos dijo: trabaja y producirás de esta manera, serás hijo de tus propias obras, y te corresponderá el mérito de ellas y serás recompensado conforme a lo que hayas hecho. En virtud de la explicación de este principio es, precisamente, por lo que los espíritus no vienen a ahorrar al ser humano las labores de investigación, comunicándoles descubrimientos, sin realizar por sí mismos el menor esfuerzo, ni siquiera el de pensar. Si fuese así el más holgazán podría hacer fortuna y el más ignorante ser sabio ambos sin que les hubiese costado nada y el uno y el otro atribuyéndose el mérito de lo que no habrían realizado. No, los espíritus no vienen a liberar al hombre de la ley del trabajo, sino con el propósito de mostrarle la meta que debe alcanzar y el camino que a ella conduce.  Nos dicen que encontraremos piedras ante nuestros pasos, mantengámonos alerta y quitémoslas de en medio nosotros mismos, que ellos nos darán la fuerza necesaria, si queremos emplearla.

También nos podemos preguntar, el hombre que posee bienes suficientes para asegurar la existencia, ¿está libre de la ley del trabajo? ...del trabajo físico, quizá; pero no de la obligación de hacerse útil según sus méritos, de perfeccionar su inteligencia o la de otros, lo que también es trabajo. Si el hombre a quien Dios ha confiado bienes suficientes para asegurarse la existencia, no está obligado a mantenerse con el sudor de su frente, la obligación de ser útil a sus semejantes es tanto mayor para él, en cuanto la parte que anticipadamente le ha sido asignada, le concede más desahogo para hacer el bien.

Dios es justo y no desaprueba más que a aquel cuya existencia es voluntariamente inútil  porque este vive a expensas del trabajo ajeno. Quiere que cada uno se haga útil según sus facultades. No hay nadie que no pueda hacer el bien, solo el egoísta carece siempre de ocasión. Basta estar en relación con otros hombres para poder tener ocasión de hacer el bien, y cada día de la vida ofrece la posibilidad a todo el que no esté cegado por el egoísmo; porque hacer el bien no consiste únicamente en ser caritativo, sino ser útil con arreglo a la posibilidad, siempre que vuestro socorro pueda ser necesitado.

Hay otra pregunta que nos debemos hacer, sobre todo quien tiene mando. ¿Qué debemos pensar de los que abusan de su autoridad para imponer a sus inferiores un trabajo excesivo?....es una de las acciones más equivocadas. Todo hombre que tiene mando es responsable del exceso de trabajo que impone a sus inferiores, porque viola la ley de Dios. Recordemos que se recoge lo que se siembra.

Nos dice Leon Denis, referente al trabajo y a los hijos: “Estudiemos a nuestros hijos y dediquemos a desarrollar el potencial bueno y desarraigar el malo y no les proporcionemos demasiados goces con el fin de que, acostumbrados desde el principio al desencanto sus jóvenes almas comprendan que la vida terrenal es ardua, y que solo hay que contar con uno mismo y con su trabajo; únicas cosas que proporcionan la independencia y la dignidad. No intentemos desviar a estos niños la acción de las leyes eternas. Hay piedras en el camino de cada uno de nosotros; solo la sensatez nos enseña a evitarlas.

Mientras el hombre se halla ocupado en su tarea, se acallan sus pasiones. La ociosidad, por el contrario, las desencadena y las abre un basto campo de acción. El trabajo constituye también un derivativo saludable para nuestras preocupaciones y nuestras tristezas; calma las angustias de nuestro espíritu y fecundiza nuestra inteligencia. No existe un dolor moral, no existen decepciones ni reveses que no encuentren en él un apaciguamiento, no hay vicisitudes que resistan a su acción prolongada. El que trabaja tiene asegurado el refugio para su sufrimiento y un verdadero amigo en la tribulación. El trabajo nos provoca el esfuerzo y desarrolla la voluntad.”

Como dice el dicho "el movimiento se demuestra andando". En estos momentos en los que nos toca vivir, con la crisis, el desempleo, los desahucios… el ser humano tiene la oportunidad de ver parte de la realidad, del modo de vida que hemos llevado. Tenemos que preguntarnos... ¿qué esperamos realmente de la vida? y cuando lo sepamos, centrémonos en ello, sin perder la esperanza, forzando nuestra imaginación, nuestras fuerzas, pongamos en práctica nuevas o viejas fórmulas, reinventémonos si hace falta. No debemos permanecer inmóviles ante esta crisis moral y económica ni tampoco estar decaídos, debemos luchar, movernos constantemente, relacionarnos, hablar, probar, ayúdate y pon todo de tu parte si quieres que Dios te ayude, "el que busca encuentra".

Pensemos y analizamos frases que nos han dejado personas ilustres:
- En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento.
- La vida es fascinante, solo hay que mirarla a través de las gafas correctas.
- Es difícil vivir sin dinero y más aun sin salud, pero es imposible vivir sin ilusiones.
- El primer paso para la solución de los problemas es el optimismo. Basta creer que se puede hacer algo para tener ya medio camino hecho y la victoria muy cercana.

Que Dios nos bendiga a todos.

Lorenzo.
Centro espirita "entre el cielo y la tierra"

domingo, 27 de abril de 2014

Terapia de Amor y Centros de Fuerza



La Ley Natural es la expresión de la voluntad de Dios que gobierna el Universo, es el lenguaje divino por el cual Dios se comunica con la Creación y su comprensión nos acerca a Él. De todas las leyes naturales, la principal es la Ley de Justicia, Amor y Caridad, la cual contiene al resto, según podemos leer en "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec:

-“647. Toda la ley de Dios ¿está contenida en la máxima del amor al prójimo que Jesús enseñó? -  Por cierto que sí..."(1)
-"...Amaos los unos a los otros: esta es toda la ley" (2)
-"648. La más importante es la última de esas leyes [Ley de Justicia, Amor y Caridad]: por medio de ella puede el hombre adelantar más en la vida espiritual, pues las resume todas." (3)

Siendo el Amor el fundamento y nexo de unión entre todas las leyes naturales, resumiendo a todas, comprendemos que no podremos practicar plenamente la Ley de Justicia, Amor y Caridad, infringiendo cualquiera del resto de leyes naturales y viceversa. Por ello, los que comprenden mejor la Ley de Dios “...son los hombres de bien y los que quieren buscarla. No obstante, todos la comprenderán algún día, porque es preciso que el progreso se cumpla.” (4). San Luis nos instruye al respecto: "...el hombre está lejos de conocer todas las leyes de la Naturaleza; si las conociese todas sería Espíritu Superior."(5)

Por tanto, podemos entender a la Ley Natural como “la única verdadera para la felicidad del hombre", es lo que le indica "...lo que debe hacer o no hacer, y sólo es desdichado porque de ella se aparta.” (6).

Comprendiendo que apartarnos del cumplimiento de las leyes naturales es el origen de nuestras desgracias, que son a su vez medidas reeducadoras, concluiremos, que la Ley de Justicia, Amor y Caridad es la más indicada para recobrar nuestro equilibrio, mediante la práctica del bien. Ahora podemos entender la cita bíblica: "El Amor cubre multitud de pecados."  (Proverbios 10:12; 1 Pedro 4:8).

Según La Génesis, "...los fluidos ambientes sufren modificaciones ante la proyección de los pensamientos del espíritu. Su envoltura periespiritual, que es parte constitutiva de su ser y que recibe en forma directa y permanente la impresión de sus pensamientos, debe llevar en ella, en mayor medida aún, sus cualidades buenas o malas"(7). El periespíritu, por tanto, lleva impreso las cualidades morales de sus pensamientos y sentimientos, como huella inequívoca de la evolución moral y "...no cambiará, hasta tanto el espíritu no se modifique."(7)

Los fluidos espirituales, entre ellos los que emite constantemente nuestro pensamiento, "...actúan sobre el periespíritu y éste sobre el organismo material con el cual se halla en contacto molecular. Si los efluvios son de naturaleza buena, el cuerpo recibirá una impresión saludable; si son malos, la sensación será desagradable. Si los malos son permanentes y enérgicos, podrán ocasionar desórdenes físicos: ciertas enfermedades no tienen otro origen."(7)

El Amor, resumiendo el cumplimiento de la Ley Natural, tiene la cualidad de armonizar todos los fluidos espirituales, del ambiente y del periespíritu, imprimiendo sensaciones saludables; y cuando es permanente y con suficiente energía, corrigiendo los desórdenes físicos que nos alejan de la salud.
Bajo esta óptica podemos ver todos los desequilibrios como carencias de amor en los distintos aspectos de nuestra vida interior. Por ello la Terapia de Amor es la mejor medicina tanto para el espíritu como para el cuerpo físico.

a) Amar la vida, la ecología, la sencillez. Centro de fuerza básico(8).

El amor por la vida nos pone en sintonía con la Naturaleza y por tanto con sus elementos fluídicos constitutivos de la vida. Toda vida a nuestro alrededor expele sus propios fluidos característicos envolviéndonos en todo un maravilloso espectro casi ilimitado de vibraciones sutiles a nuestra disposición.
Teniendo en cuenta que "980. ...todo es amor en la Naturaleza y es el egoísmo el que lo mata"(9), comprendemos que sólo son nuestras conciencias las que se resisten a amar por egoísmo; la Naturaleza que nos rodea es amor. Amar la vida es la principal obligación que tenemos hacia la Naturaleza. Amar nuestra vida, la vida de los demás y la ecología es condición necesaria para nuestra evolución.

Amar las cosas simples y sencillas nos enseña a ser humildes y alejarnos de la extravagancia. Tenemos que esforzarnos para comprender que "704. ...únicamente lo necesario es lo útil, al paso que lo superfluo nunca lo es"(10), para alejarnos de los peligros de la avaricia, codicia y envidia material.

Por ello debemos amar la vida pero sin apegarnos a ella, gracias al conocimiento espiritual. El apego materialista excita el instinto de supervivencia, fomentando el miedo y la ira; generando estrés y paralizando los mecanismos internos de autocura.

El miedo sustenta el egoísmo material que a su vez nos compromete con la Ley, destruyendo el Amor, y nos desarmoniza incitándonos a adquirir bienes materiales como compensación de la ausencia de paz y equilibrio.

La Terapia de Amor dirigida hacia a la vida, la ecología y el desapego de lo superfluo, sustenta y equilibra la energía del centro de fuerza básico, liberándonos del miedo y su egoísmo material. Librándonos de lo innecesario eliminamos el miedo por su pérdida, despertando la sensación de libertad que nos permitirá construir nuestro propio destino.

b) Amar la sexualidad como fuerza creadora. Amar la creatividad. Centro de fuerza genésico.

El instinto sexual es una de los instintos animales todavía predominantes en el hombre no espiritualizado.
El instinto carece de freno pero la inteligencia, normalmente al principio a través de la moralidad impuesta y después por la razón que aporta el conocimiento de las leyes naturales y espirituales, nos permitirá alcanzar el control necesario para la elevación de las funciones genésicas, regulando su uso y evitando el abuso.
Amar el sexo es comprender su finalidad elevada meditando sobre el increíble proceso de la Vida y la Reencarnación. Conocer que se lleva parte de la esencia más preciada de uno mismo nos ayudará a comprender la necesidad de controlarlo para derivar todos estos recursos energéticos hacia las funciones superiores del ser humano.

Por su vinculación con el plano mental, ante el desequilibrio, es una vía de eliminación de residuos mentales tóxicos. En tal caso, las toxinas psíquicas existentes preparan el terreno y alimentan sutilmente a los agentes patógenos presentes generando la enfermedad morbosa.

La saturación de los sentidos lleva a la excentricidad y es una fuga de uno mismo que dura lo que un fusible ante un cortocircuito. El sexo egoísta es un sumidero de energías, mientras que el sexo por amor, tiene en la entrega mutua, el compartir las energías en busca de un objetivo más elevado en pro de la vida y la evolución espiritual mediante al reencarnación.

La energía sexual encuentra en el egoísmo el elemento polarizador que destruye el Amor. Polaridad que enfrenta la pereza y el sensualismo como dos extremos peligrosos que atrapan y desarmonizan energías del centro de fuerza genésico.

La espiritualización del ser lleva a la adquisición de nuevas necesidades morales. El placer intelectual aparece ante la apertura de la mente a conceptos sublimes inimaginados. El placer emocional despierta ante experiencias de sentimientos puros, de paz y felicidad. El placer espiritual emerge de la conciencia despierta que se siente amada fundiéndose con toda la Creación, como cumplimiento de la gran Ley de Unión que rige el Universo, y por ello alcanzando el éxtasis, la sublimación del placer y la disolución del ego que limita la individualidad del Espíritu.

Amar la creatividad es sentir la necesidad de ser co-creadores con Dios, descubridores y co-desarrolladores de sus maravillas subiendo peldaño a peldaño la escalera del conocimiento infinito.

c) Amar lo necesario, no desear lo superfluo. Centro de fuerza gástrico.

El instinto de conservación nos impulsa hacia metas que garanticen nuestra subsistencia material, desarrollando nuestra inteligencia. Esta inteligencia, carente en un principio de sentido moral, puede tomar el camino del egoísmo como medida para alcanzar más fácilmente su objetivo de conservación, ahogando el Amor en los primeros compases de sus existencias y en desequilibrio, escoger los caminos de la ansiedad y la angustia.

Calmar la ansiedad, en nuestros días, es una de las necesidades principales que se presenta en esta sociedad enferma. La ansiedad, causa de la inseguridad material, contribuye también por otro lado al sustento del egoísmo. Es muy difícil no ser egoísta sufriendo ansiedad, o lo contrario, sufrir ansiedad sin ser egoísta.
La Terapia del Amor despeja nuestras ansiedades al proyectar nuestro pensamiento hacia los demás. Concentrándonos en los demás dejamos de preocuparnos enfermizamente por uno mismo. Donde hay Amor el egoísmo y la ansiedad desaparecen retornando a la salud. La ansiedad desequilibra el centro de fuerza gástrico y nos obliga a ingerir todo tipo de alimentos, muchos de los cuales no nos favorecen y nos llevan de camino a la enfermedad.

Múltiples dolencias tienen su origen en el sistema digestivo, mediante malas digestiones y tránsitos que liberan en nuestros organismos toxinas que inundan nuestra corriente sanguínea, alcanzando posteriormente los órganos fisiológicos funcionalmente más débiles (psicosomáticamente por sobreexcitación o carencia de energía vital) los cuales manifiestan finalmente la enfermedad.

La mayoría de estos desajustes se corregirían considerablemente mediante la frugalidad en las comidas, mientras que para la eliminación total de la enfermedad tendremos que recuperar el equilibrio psicomático (emocional, mental y espiritual), el cual desbloqueará los flujos de energía vital que alimentan los órganos extenuados o calmará aquellos sobre-excitados, retornando finalmente la salud de forma natural.
La frugalidad es símbolo de austeridad, de conformarse con lo necesario y es una muestra de humildad. La frugalidad, además, cuando es motivada por la renuncia, de corazón, para hacer caridad hacia los demás, encierra la virtud necesaria para nuestra liberación del egoísmo.

d) Amor hacia uno mismo, el autoamor. Centro de fuerza esplénico.

El autoamor es una de las principales necesidades emocionales. Su carencia nos lleva a buscar múltiples compensaciones emocionales y materiales que incrementan nuestro orgullo y egoísmo. Para examinarse el autoamor es necesario una alta dosis de conocimiento de sí mismo (ver artículo "Conócete a ti mismo" de "El Ángel del Bien" número 25, de julio de 2013).

Muy relacionado el autoamor con la alimentación a través del centro esplénico, verdadero almacén de las fuerzas fluídicas provenientes de la digestión de alimentos, explica la tendencia a compensar necesidades emocionales con la sobrealimentación y adicción a alimentos excitantes.

El centro esplénico, vinculado etimológicamente con el bazo, es un importante punto de entrada de fuerzas fluídicas cósmicas, solares y ambientales, necesarias para el equilibrio en los procesos fisiológicos y sobretodo inmunológicos. Acumulador también de los fluidos provenientes de la digestión a través de circulación sanguínea, es la batería energético-fluídica del Yo que sustenta la vitalidad y las fuerzas físicas que sustentan la individualidad y autoestima, a través de su influencia sobre el páncreas, glándula responsable de la dosificación del alimento a las celulas en cada momento a través de la insulina segregada. Centro energético base de la individualidad puede ser secuestrado por nuestro orgullo, como dueño y señor interno, acopiando los recursos fluídicos para obtener sensación de poder y superioridad.

La carencia de energías fluídicas en el centro esplénico incrementa el llamado "orgullo negativo". Donde antes había sensación de superioridad y poder por la sobreexcitación del centro esplénico, ahora ante la carencia, en el otro extremo del desequilibrio, tenemos la sensación de inferioridad e invalidez, distinta cara de la misma moneda.

La Terapia del Amor dará salud a este centro vital mediante la circulación continua de sus fuerzas, impidiendo la acumulación morbosa. Junto a la Ley del Trabajo son la clave para el reequilibrio de este centro. La dedicación al trabajo constructivo por los demás, evita la ociosidad, fomenta la humildad y la autoestima positiva, necesarias para nuestro crecimiento y equilibrio interior.

e) Amor hacia los demás. Centro de fuerza cardíaco.

Por su importancia, el corazón es el centro motor de todo el organismo físico, y a su vez, es el centro de los sentimientos, el otro motor que nos impulsa a través de las emociones. Es el órgano que impulsa nuestra energía interna a todos los demás influenciándolos para bien o para mal. Los sentimientos resuenan en lo más íntimo de nuestro interior cuando sintonizamos con ellos. Estudios recientes muestran la existencia de neuronas en el corazón que explica su influencia sobre la inteligencia emocional y viceversa, lo que explica por qué sentimientos fuertes como el odio y la culpa afectan directamente su salud.

El corazón impulsa dos circuitos diferenciados que forman la unidad dibujando el símbolo de infinito ∞. Un circuito recicla la sangre a través del emuntorio pulmonar y otro nutre el organismo con la sangre renovada. Fluídicamente, el centro de fuerza cardíaco también tiene dos circuitos. Uno interior, inconsciente, donde almacenamos, alimentamos o reciclamos nuestros sentimientos y otro exterior donde los manifestamos mediante nuestras acciones y motivaciones, normalmente también inconscientemente. Podemos igualmente ver los sentimientos circulando por dos circuitos según su dirección sea hacia uno mismo o hacia los demás, de tal forma que lo que sintamos hacia los demás influirá en lo que sentimos hacia nosotros mismos y viceversa, puesto que, como hemos visto, ambos circuitos son realmente uno sólo como en el mismo símbolo de infinito ∞. Esto es aplicación directa de la gran Ley de Unidad que rige la Creación. Por tanto, no podemos tener buenos sentimientos hacia los demás si antes no los tenemos hacia nosotros mismos. Al igual que la sangre tiene que depurarse interiormente en los pulmones, también interiormente tenemos que depurar nuestros sentimientos, puesto que son el plasma fluídico que nos caracteriza. Por ello proyectamos hacia los demás únicamente aquello que cultivamos interiormente y que representa nuestra salud emocional hacía uno mismo.

Consecuentemente aquello que sentimos hacia los demás modifica lo que sentimos hacia nosotros mismos, consecuencia nuevamente de la gran Ley de Unidad que rige la Creación.

f) Dar, expresar y comunicar amor. Centro de fuerza laríngeo.

No hay mérito sin esfuerzo útil. Expresar amor, en nuestro estado evolutivo, implica normalmente resignación y esfuerzo por los demás. Expresar amor es la mayor enseñanza práctica que podemos impartir, puesto que al igual que Jesús, conlleva predicar con el ejemplo.
Sólo es realmente nuestro aquello que podemos dar con libertad, de lo contrario somos poseídos por, no poseedores de aquello. Erróneamente pensamos que podemos quedarnos el amor para nosotros mismos, cuando realmente nos quedamos con el egoísmo. No pudiendo dar amor nos dejamos dominar por el egoísmo. La tarea de dar amor rompe dicha dominación y poco a poco nos reconstruye nuestros sentimientos hasta alcanzar, por medio del consentimiento de la razón y del corazón en la práctica de la Caridad, la posesión del Amor Verdadero. La alegría natural interior surge como expresión de los avances realizados en este camino. Por meta tenemos la felicidad, en el camino nos alienta la alegría.
Nuestra capacidad de expresar amor depende de nuestro estado de ánimo, por lo cual, el centro de fuerza Laríngeo es el centro de la alegría, la sinceridad y de la expresión de los sentimientos. Es donde nos brota la carcajada ante una gracia y nos quedamos mudos ante otra desgracia. La alegría nos hincha el pecho (pulmones) y la tristeza nos lo encoge.

Nuestro estado de ánimo interfiere en la vibración del centro Laríngeo, el cual establece el comportamiento del metabolismo físico a través de la glándula tiroides y afecta la salud de los pulmones, emuntorio de los sentimientos. Los pulmones, como emuntorio, depuran la sangre físicamente y fluídicamente, exhalando los fluidos deletéreos del torrente sanguíneo que los atraviesan cuando expresamos nuestros verdaderos sentimientos a los demás, despertando la emoción como respuesta fisiológica necesaria para hacernos conscientes de ellos en el ejercicio del conocimiento de uno mismo. Comprendemos de esta forma el mecanismo fluídico por el cual expresar nuestros sentimientos alivia los pesares del alma.

La Terapia de Amor es el instrumento que utiliza el Espíritu para expresar sus notas de amor al espacio infinito, al conjunto de sus criaturas. Esa música hace brotar la alegría en el pecho del que la emite y tiene la capacidad de transformar la vibración de los fluidos espirituales que atraviesa por aquellos sitios por donde pasa. Si la transformación se mantiene en el tiempo y tiene la potencia suficiente, es el mejor medicamento para el cuerpo y para el alma.

g) Amar desde el pensamiento. Centro fuerza cerebral.

La mente no para nunca de ejecutar sus dos funciones principales, función receptora y función emisora. Como función receptora, es la puerta de nuestro Espíritu al mundo físico exterior a través de los sentidos y al mundo interior subconsciente por medio de la introspección en el ejercicio del conocimiento de sí mismo.
Como función emisora, a través de la voluntad, impulsa los pensamientos como quantums de energía mental, tanto al exterior como al interior. Al exterior como irradiaciones e ideoplastías, y al interior como impulsor del fluido nervioso responsable del equilibrio funcional del resto de centros con sus órganos depedientes.
La mente funciona como un filtro de la realidad según nuestro modo de ver las cosas, reafirmándonos en nuestra propia realidad personal.

La mente, a través del hipotálamo es el director, normalmente inconsciente, del sistema endocrino dominando el campo físico del cuerpo humano, a la vez que en el campo psíquico es el sintonizador vibracional de todos los centros de fuerza, puesto que a través del pensamiento puede elevarse influyendo en el centro coronario, expresar o bloquear los sentimientos influyendo en los centros cardíaco y laríngeo, controlar sus energías vitales gestionadas por el centro de fuerza esplénico, controlar sus deseos equilibrando el centro de fuerza digestivo, canalizar sus energías creadoras equilibrando el centro de fuerza genésico y finalmente despertar la alegría de vivir como motivación indispensable en la vida equilibrando el centro de fuerza básico.

Gran parte de estos procesos son inconscientes. Sólo el trabajo constante hacia el conocimiento de uno mismo nos permitirá tomar realmente las riendas de todos los contenidos que influyen en nuestra mente y alcanzar verdaderamente la libertad.

h)Amar espiritualmente. Centro de fuerza coronario.

Amar espiritualmente es hacerlo desde nuestro espíritu. Para lograrlo debemos dejar atrás nuestro Ego, siempre interesado, para amar desinteresadamente de ser espiritual a ser espiritual.

El centro de fuerza coronario es la sede de la mente superconsciente y se relaciona con todo nuestro ser a través de la glándula pineal.

La psicología transpersonal nos habla del superconsciente y las artimañas del Ego para erigirse en dueño y señor de la casa mental, de cómo el Self, nuestro Espíritu, al principio duerme en la inconsciencia y va despertando conforme se vuelve más consciente.

La Terapia de Amor es un verdadero ejercicio de consciencia, enfrentándose al Ego en continuas luchas de renuncia, termina desintegrándolo cuando el Self, el espíritu inmortal, toma las riendas de la voluntad. Nuestro propio espíritu es el Self cuando está vinculado conscientemente con la espiritualidad superior. Mientras el espíritu no es consciente o no tiene el nivel moral suficiente para estar vinculado con la espiritual superior, se confunde con su Ego o mente transitoria cargada de limitaciones en base a sus propias experiencias recopiladas en sus múltiples existencias físicas.

Cuando el espíritu es consciente de su potencial espiritual tiene a su servicio el conjunto de sus centros de fuerza dominando desde entonces las leyes materiales desde un plano de conciencia mucho más elevado, siempre alcanzado por el merecimiento adquirido en el cumplimiento de las leyes naturales, y en especial la Ley de Justicia, Amor y Caridad. Porque "...por medio de ella puede el hombre adelantar más en la vida espiritual, pues las resume todas."(3)

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

Referencias:
1.- Preg. 647 de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec. 
2.- Preg. 888 ídem. 
3.- Preg. 648 ídem. 
4.- Preg. 619 ídem. 
5.- Ítem 74, apartado 25 de "El Libro de los Médiums" de Allan Kardec. 
6.- Preg. 614 de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec. 
7.- Ítem 18 de "La Génesis" de Allan Kardec. 
8.- Incluido como centro de fuerza importante en Cap. II de "Pases y radiaciones" de Edgard Armond y mencionado en "El Alma de la Materia" de Marlene Nobre. 
9.- Preg. 980 de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec. 
10,- Preg. 704 de ídem.

sábado, 1 de marzo de 2014

Sobre las obras espíritas y sus tres vertientes


Tres vertientes tiene el Espiritismo, a saber: ciencia, filosofía y moral. Tres aspectos que conforman el trípode donde se asienta el lienzo de la Verdad, la que vamos dilucidando como buenos pintores, contemplando el marco donde estamos encuadrados como humanidad.
De las tres vertientes, la moral es la más importante, la filosófica necesaria para bien conducir nuestra razón y la ciencia indispensable para dar testimonio de nuestra convicción.

 Obras hay puramente morales, que nos elevan el sentimiento a Dios, nos hacen contactar con la mónada sublime que llevamos dentro y sacar la esencia más pura que nuestro espíritu posee a imagen y semejanza de quien nos creó. Este sentimiento religioso, de unión al Ser Creador, incognoscible para nuestra mente, no tanto para nuestro corazón, pero no fideístas, porque vemos a Dios reflejado en sus obras; este sentimiento, es el parangón que nos hace vibrar en coordenadas más sublimes y estar en unión de pensamiento con las entidades más amorosas del plano extrafísico o espiritual. Es ahí donde la felicidad nos inunda y el alma rebosada de ese trance casi místico siente la dicha de estar en comunión espiritual con Dios y nuestros hermanos más esclarecidos que están en el otro plano. Moral, ética y religión, conceptos que fuera del espiritismo tienen una acepción bien propia y característica: moral costumbres aprehendidas propias de una cultura o creencia; ética: valores universales que razonan la moral y la ponen en tela de juicio; religión: conjunto de creencias, ritos y dogmas que conforman un credo, de origen divino y por tanto inmutable, palabra de Dios. En Espiritismo, la religión es aquello que nos hace ser más bondadosos con el prójimo, no importando la creencia per se, siendo pues aquello que nos acerca a las vibraciones amorosas donde Dios esparce la semilla de los nobles sentimientos. La moral espírita, nace de la moral cristiana, pero está analizada, revitalizada por los nuevos mensajes de los espíritus superiores. Y la Ética sigue siendo este juez universal que coordina la validez o no de un postulado moral.

Libros filosóficos, muchos. León Denis, Allan Kardec, Camille Flammarion, etc. Cualquier razonamiento acerca de las revelaciones espíritas con nuestros conocimientos ya es fomentar el espíritu investigador de la verdad, la metodización y análisis del conocimiento. La episteme y la doxa trabajando. Lo fenomenológico analizando la realidad. La mente asentando los juicios propios y ponderando todas las posibilidades abiertas en el campo. Sin filosofía no hay comprensión y encauzamiento de la parte moral. Veamos sin más a Sócrates, gran paradigma de lo que acabo de expresar. O a nuestro insigne pedagogo y codificar Allan Kardec, que mediante la inducción y el rigor de sus razonamientos asentó la doctrina espírita.

Libros científicos, menos. La ciencia es indispensable para atestiguar la veracidad de lo dicho, salir del mero sofisma, y ratificar con el dato la hipótesis, la tesis propuesta. Pero en Espiritismo los datos científicos van unidos a la filosofía pues postulan y van más allá de lo mostrado. Para ver una obra 100% científica habría que recurrir a Crookes, a Richet, o a la parapsicología, pues ellos no parten de una filosofía donde englobar dichos fenómenos, los exponen sin más. Kardec usó el método científico, pero probada la razón de las comunicaciones no se preocupó de los límites del positivismo científico y continúo aceptando la "revelación espírita" como coadyuvante en el asentamiento de la verdad Filosófica por excelencia, ¿quién soy, de dónde vengo, a dónde voy? Aquí utilizó el razonamiento filosófico de inducción y deducción, construyendo con suma prudencia el edificio teórico que más cabalmente daba explicación a todos los fenómenos espiritistas. Y dejó dicho, "en aquello que la ciencia nos demuestre que estamos errados, rectificaremos", pues "el espiritismo si se aleja de la ciencia está condenado a extraviarse". Kardec postuló su tesis, con la firme convicción de que la ciencia iría corroborando esta Verdad tan grande que era excesivamente abstracta para los métodos insensibles de su tiempo, aguardando que el futuro daría el espaldarazo definitivo a lo que quedaba asentado en la Codificación Espiritista.

Por tanto en Espiritismo, tenemos que la ciencia es espiritual, del alma, pues explica cosas de la misma que ninguna otra doctrina puede explicar. No es psicología, aunque en muchos aspectos se solapan y se ayudan mutuamente a dar explicación a fenómenos oscuros para la ciencia oficial; pero su punto de alcance es propio y genuino y si bien se presta a entrar en contacto con las disciplinas y ciencias oficiales, ella de por sí, es una ciencia propia, espiritual, con una metodología basada en la experimentación, la deducción y la comprobación que no obedece al estricto tratamiento de la parapsicología más material, sino a un método más abierto y elástico donde tiene cabida toda la fenomenología descriptiva.

Confundir estos conceptos, puede llevar al neófito a errores teóricos no propios del Espiritismo, o a pensar en una panacea. El espiritismo es la parte espiritual revivida, la parte material es la palpable, la escalera de Jacob va de este mundo palpable, al mundo más impalpable sin lugar a la separación, es un conocimiento holista, el ser humano es un todo, una gestalt de sí mismo y de lo que le envuelve. Aislar un componente y no tendréis a un ser humano, ni la ecuación dará su resultado correcto, pues estará obviada una parte fundamental de su operación y por tanto el error de medida será considerable.

Jesús Gutiérrez Lucas 

domingo, 9 de febrero de 2014

Vegetarianismo y Espiritismo



Estudiar el vegetarianismo bajo la óptica del Espiritismo es todavía uno de los temas más controvertidos debido a las diversas opiniones que suscita. Varias son las referencias dentro de la Codificación Espírita donde se justifica el consumo de carne animal y es que el Espiritismo es una doctrina consoladora que no violenta conciencias, es indulgente y comprensiva teniendo en cuenta las etapas evolutivas del individuo en su camino hacia la perfección.

La polémica surge principalmente en la pregunta 723 de “El Libro de los Espíritus”: “El comer carne ¿es, en el hombre, contrario a la ley natural? - En vuestra constitución física, la carne nutre a la carne, de lo contrario el hombre se debilita. La ley de conservación impone al hombre el deber de mantener sus fuerzas y su salud, para dar cumplimiento a la ley del trabajo. Por tanto, debe nutrirse según su organismo lo requiere” (1).

La afirmación “[el hombre] debe nutrirse según su organismo lo requiere” es una sentencia de carácter universal que manifiesta la importancia de cubrir las necesidades del cuerpo físico, con el objeto de no debilitarnos y afrontar nuestros objetivos reencarnatorios con plenas facultades. Sin embargo, esta frase deja la puerta abierta a nutrirse según lo que "su organismo requiere". Si hubiera intención de limitar algún tipo de alimentación, claramente se tendría que haber empleado un giro más explícito. Ninguna frase de la Codificación se ha incluido a la ligera. Somos nosotros los que tenemos que alcanzar la mejor comprensión posible de los textos, que nuestra razón nos permita en cada etapa de nuestros estudios.
Esta interpretación es coherente con la gran diversidad, existente en la Tierra, de tipos de necesidades de alimentación, debido principalmente a las diferentes constituciones físicas que podemos adquirir por herencia, cultura o por adaptación, voluntaria (por nuevas convicciones) o por necesidad.

Como principal ejemplo de constitución física vegetariana, cultural y hereditaria, en la actualidad tenemos a la India con un porcentaje de población vegetariana estimado del 40%. Otros países como Alemania alcanzan el 8%, Reino Unido un 7% y EE.UU. un 5%. Los datos estadísticos en los países occidentales indican que la adaptación voluntaria hacia nuevos hábitos de alimentación vegetariana es cada vez más frecuente debido principalmente a dos razones complementarias entre sí, la necesidad de mejorar la salud y/o el aumento de la conciencia por el sufrimiento de los animales.

Admitiendo científica y estadísticamente, la existencia (en aumento) de constituciones físicas adaptadas completamente a la alimentación vegetariana, la expresión de la cita anterior que nos queda por analizar “...en vuestra constitución física, la carne nutre a la carne...” (1), sólo cobra sentido en el ámbito temporal de nuestra actual situación evolutiva, característica de los países occidentales, no de los orientales donde el vegetarianismo era impuesto desde hace siglos por el Budismo y el Hinduismo, las religiones mayoritarias.
Además, en occidente, hay que considerar que a mediados del siglo XIX, no existía prácticamente el vegetarianismo pues apenas existían unos pocos médicos naturistas (como Cristoph Wilhelm Huffeland,  Teodor Hahn entre otros) que empezaban a proclamar las ventajas de la alimentación vegetariana para evitar ciertas dolencias y mejorar la salud.

Por otro lado, está ampliamente demostrado que cualquier adaptación hacia a una nueva dieta, vegetariana o no, debe de ser progresiva. Cambios bruscos en nuestros hábitos pueden ocasionar ciertas deficiencias o reacciones indeseadas que pueden disuadir del intento a los menos formados (efectivamente, es necesario estudiar ciertos temas básicos para hacer la transición hacia una dieta vegetariana).

Con todo ello, no debemos olvidar que la constitución física de una persona, que le permite alimentarse de determinada manera, no es indicador de su altura moral, más relacionada con la superación de los vicios, hijos del orgullo y del egoísmo, y de trabajar todas las virtudes. Es por ello que la Doctrina Espírita, incidiendo principalmente en el aspecto moral, es paciente con los hábitos de alimentación necesarios, sabiendo que son una etapa más en el peregrinar del espíritu encarnado en la Tierra. No es ajeno al problema, como veremos a continuación, si bien expone el tema con cautela, prefiriendo esperar a que nuevas necesidades vayan incorporándose a nuestras conciencias desarrollando gustos e inclinaciones que nos lleven poco a poco a adaptarnos a un tipo de alimentación menos grosera, más acorde con la futura etapa evolutiva de la Tierra, llamada de regeneración, donde “...en esos mundos el hombre está aún sujeto a las leyes que rigen la materia; la humanidad experimenta vuestras sensaciones y vuestros deseos, pero está dispensada de las pasiones desordenadas de las que sois esclavos” (2).

El vegetarianismo en "La Génesis"
El estudio del libro de “La Génesis” nos explica el proceso natural de la transformación de las pasiones e instintos en nuevos hábitos de carácter cada vez más espiritual. Vamos a justificar con ello, que la alimentación vegetariana incorpora valores espirituales cuando conlleva la renuncia en favor de otros seres de la creación y de la armonía general del mundo.

“La Génesis” en el capítulo III, nos relaciona el predominio de los instintos con la carencia de sentido moral e inteligencia: “10. Si hacemos un estudio de las pasiones, e incluso de los vicios, veremos que su origen común está en el instinto de conservación. Ese instinto predomina en los animales y los seres primitivos más próximos a la animalidad. Domina en ellos porque no poseen el contrapeso del sentido moral: el espíritu no llegó aún a la vida intelectual. El instinto se debilita a medida que la inteligencia se desarrolla, ya que ésta domina a la materia...” (3)

Por tanto, inteligencia y sentido moral son los ingredientes necesarios para dominar los instintos porque “...La meta del espíritu es la vida espiritual...” (3), y ambos son importantes elementos constitutivos del espíritu, junto a los sentimientos y a la voluntad.

La inteligencia cuando va separada del sentido moral contribuye en derivar los instintos en pasiones: “...Pero en las primeras fases de la existencia corporal [el individuo] sólo busca la satisfacción de las necesidades materiales, motivo por el cual el ejercicio de las pasiones es una necesidad para la conservación de la especie y de los individuos, hablando materialmente”. (3)

El progreso, en sucesivas etapas, va despertando progresivamente el sentido moral del espíritu modificando sus necesidades materiales en necesidades semimateriales, y por tanto semimorales, y finalmente totalmente en morales: “Pero una vez superada esa etapa, aparecen otras necesidades: al comienzo ellas son semimorales y semimateriales, y más tarde exclusivamente morales. En ese momento el espíritu domina a la materia. Si se sacude el yugo que lo aprisionaba, avanzará por la vía providencial, se aproximará a su meta. Si, por el contrario, se deja dominar por la materia, se retardará y asemejará al bruto.” (3)

Si la constitución física, que posee unas determinadas necesidades de alimentación, hemos visto que puede adaptarse a una dieta vegetariana mediante determinados hábitos y adecuada información, reducimos entonces el problema de la alimentación a un tema de conciencia personal. Sólo será necesario por tanto, esperar a que nuevas necesidades semimorales aparezcan en nuestra conciencia para empezar el cambio. La inteligencia que ha ayudado durante mucho tiempo a transformar los instintos en pasiones, ahora junto a un naciente sentido moral (como es la compasión hacia los animales), son los encargados de producir el cambio, debilitando el instinto e impulsando la espiritualización de nuestras necesidades materiales, tornándolas en semimateriales, que hasta ahora eran crueles y semejantes a las del bruto.

En este punto se introducen consecuentemente los conceptos del Bien y el Mal, lo bueno y lo mano: “...En esta situación, lo que antes era un bien, porque era una necesidad de su naturaleza, se convierte en un mal por dos motivos: 1º) Porque ya no es una necesidad, y 2º) porque es perjudicial para la espiritualización del ser. Lo que era benéfico en el niño se convierte en perjudicial en el adulto. El mal es relativo y la responsabilidad es proporcional al grado de adelanto.” (3)

En este punto incide “El Libro de los Espíritus”: “734.  En su actual estado ¿tiene el hombre un derecho de destrucción sin límites sobre los animales? - Ese derecho se encuentra regulado por la necesidad de proveer a su alimento y a su seguridad. Jamás el abuso fue un derecho.” (4)

El derecho de destrucción sobre los animales se encuentra regulado por la necesidad de proveer alimento y seguridad, pero desde el momento en que la inteligencia y la ciencia desarrollan métodos para adaptar nuestra constitución fisiológica hacia la eliminación completa del consumo de carne animal, ese derecho de destrucción disminuye aumentando nuestra responsabilidad conforme nuestra conciencia nos lo va haciendo notar.

Quizás, se podría alegar que los párrafos anteriores de “La Génesis”, donde se habla del desarrollo las necesidades semimorales de forma general, no se refieren de forma específica a la alimentación, si no tuviéramos los párrafos 24 y siguientes, donde se aborda el tema de forma explícita:

 “...Hay en el hombre un período de transición en el cual muy poco lo distingue del animal. En las primeras edades el instinto animal domina y la lucha tiene aún por finalidad la satisfacción de las necesidades materiales. Más tarde, el instinto animal y el sentimiento moral se equilibran. El hombre todavía lucha, más ya no para alimentarse, sino para satisfacer su ambición, su orgullo y su necesidad de dominio, que lo impulsan todavía a destruir. Sin embargo, a medida que el sentido moral va aumentando, la sensibilidad crece y la necesidad de destrucción disminuye, llegando ésta a desaparecer y mostrarse detestable: en esa hora el hombre comienza a sufrir horror ante la visión de la sangre.”(5).  Esos tiempos ya han llegado, la sensibilidad crece y la necesidad de destrucción disminuye puesto que en general todos sufrimos ya horror ante la visión de la sangre.

Otro aspecto importante de este importante capítulo III de “La Génesis”, trata sobre la justicia y bondad de la Ley de Destrucción respecto a la alimentación y destrucción mutua de las criaturas.

En general para los hombres, es una de las leyes de la Naturaleza que menos parece armonizar con la bondad de Dios. “...Su limitada visión no les permite apreciar el conjunto, no son capaces de comprender que de un mal aparente pueda surgir un bien real. Sólo el conocimiento del principio espiritual, considerado en su verdadera esencia, y la gran Ley de Unidad que constituye la armonía de la Creación, pueden darle al hombre la llave de ese misterio y mostrarle la gran razón y sabiduría providencial, precisamente donde antes veía anomalías y contradicción.” (6)0

Es la segunda vez (de un total de cinco alusiones) que introduce el concepto “la gran Ley de Unidad que constituye la armonía de la Creación”. Anteriormente en el capítulo I, ítem 30, expone: “...no hay creaciones múltiples ni categorías diferentes entre los seres inteligentes, sino que toda creación surge de la Ley de Unidad que gobierna al Universo y que todos los seres gravitan hacia una meta común: la perfección, sin que unos sean favorecidos a expensas de los demás, pues todos son hijos de sus obras.” (7). No hace distinción por tanto entre animales y personas al igual que en la pregunta 71 de el “Libro de los Espíritus” donde dice: “... podemos distinguir: Primero, los seres inanimados, formados sólo de materia, sin vitalidad ni inteligencia: éstos son los cuerpos inertes.  Segundo: los seres animados no pensantes, formados de materia y dotados de vitalidad, pero desprovistos de inteligencia. Y tercero: los seres animados y pensantes, formados de materia, dotados de vitalidad y que poseen, además, un principio inteligente que les otorga la facultad de pensar.” (8). Principio Inteligente que no difiere de unos seres a otros, porque: “12. Todo se une y eslabona en el Universo. Todo está sujeto a la importante y armoniosa Ley  de Unidad, desde la materialidad más pura.” (9)

Todo cobra sentido, la justicia y la bondad del Creador ante la Ley de Destrucción: “Este sistema, basado en la gran Ley de Unidad que rige en la Creación, se ajusta a la justicia y bondad del Creador; otorga una salida, una meta, un destino a los animales, quienes dejan de ser seres desheredados para encontrar, en el porvenir que les está reservado, una compensación a sus sufrimientos.” (10)

El estudio de la Ley de Destrucción nos lleva a la comprensión de sus objetivos prácticos y morales, que son: el desarrollo de anhelo por la vida espiritual al darse cuenta de la poca importancia de la envoltura material (11); y el ejercicio de las facultades necesarias para el progreso del espíritu, la inteligencia, ejercitada a través de la lucha diaria para supervivencia y conservación (12).

La lucha, objetivo moral necesario para el desarrollo de las fuerzas espirituales, continua en todos los eslabones de la evolución: “Como todo, la lucha siempre es imprescindible para el desarrollo del espíritu, pues a pesar de haber llegado a ese punto, que nos parece culminante, la perfección está aún lejana. Es a costa de su actividad que él adquirirá conocimientos y experiencia y se despojará de los últimos vestigios de animalidad. Pero la lucha, antes sangrienta y brutal, ahora es puramente intelectual: el hombre ha de luchar contra las dificultades y no contra sus semejantes” (13). Considerando, por tanto, como nuestros semejantes a todas las criaturas del Universo portadoras del Principio Inteligente por la gran Ley de Unión que rige en la Creación.

Otros textos

 Ahora podemos comprender en su completa extensión a la expresión del espíritu San Vicente de Paúl cuando nos dice: “Sed dulces y benévolos con todo lo que os sea inferior. Proceded igual con los seres más ínfimos de la Creación, y habréis obedecido a la ley de Dios. San Vicente de Paúl” (14). Entendiendo como “seres más ínfimos de la Creación” a los animales.

Recomendamos además la lectura del capítulo cuatro del libro "Misioneros de la Luz" y capítulo 42 del libro "Los Mensajeros espirituales" ambos del espíritu André Luiz a través de la mediumnidad de Chico Xavier.
De este último libro reproducimos aquí las magníficas palabras del guía espiritual Aniceto que nos dan una increible luz sobre el tema:

“...el Señor tiene esperanza en la liberación de los seres esclavizados en la Tierra… Habéis visto a la civilización funcionando cual vigorosa máquina de triturar… [Los hombres] absolutamente sumergidos en los vicios de los sentimientos y en los excesos de la alimentación, despreocupados de la inmensa deuda contraída con la Naturaleza, amorosa y generosa. Ellos oprimen a las criaturas inferiores, hieren las fuerzas benefactoras de la vida, son ingratos con las fuentes del bien,… desarrollan el comercio de la ganancia indebida, recogiendo las complicaciones internacionales que dan curso a la miseria; dominan a los más débiles ¡y los explotan, despertando más tarde, entre los monstruos del odio!
...¡Escuchemos los gemidos de la Creación, pidiendo la luz del raciocinio humano!
...El Señor reserva créditos sublimes de valores evolutivos a los seres sacrificados. ¡No olvidará Él, al árbol útil, al animal exterminado, al ser humilde que se consumió para beneficio de otro ser!
...Siempre, cuando regresamos a la superficie terrestre, envolviéndonos en fluidos del círculo carnal, llevamos muy lejos la adquisición del nitrógeno [fundamento de los aminoácidos que forman las proteínas]. Convertimos en tragedia mundial lo que podría constituir una búsqueda serena y edificante. Como sabemos, ningún organismo podrá vivir en la Tierra sin esa sustancia. Solamente las plantas, infatigables operarias del orbe, consiguen retirarlo del suelo fijándolo para mantener la vida en otros seres. ...Cada fruto de la tierra es una bolsa de azúcar y albúmina, repleta del nitrógeno indispensable para el equilibrio orgánico de los seres vivos.
¡Y el hombre, mis amigos, transforma la búsqueda del nitrógeno en un movimiento de pasiones desvariadas, hiriendo y siendo herido, ofendiendo y siendo ofendido, esclavizando y tornándose cautivo, segregándose en densas tinieblas!
Ayudémoslo a comprender, para que se organice en una nueva era. ¡Auxiliémosle a amar a la tierra, antes de explotarla en el sentido inferior, valiéndose de la cooperación de los animales, sin promover el  exterminio!
¡Enseñemos a nuestros hermanos que la vida no es un robo incesante, donde la planta lacera al suelo, el animal extermina la planta y el hombre asesina al animal,… sino un movimiento de intercambio divino, de cooperación generosa, que nunca perturbaremos sin grave daño a nuestra propia condición de criaturas responsables y evolutivas! ¡No condenemos! ¡Auxiliemos siempre! "

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

Referencias:
1. Preg. 723 de “El Libro de los Espíritus”.
2. Capítulo III, Ítem 17 de “El Evangelio Según el Espiritismo”.
3. Capítulo III, ítem 10 de “La Génesis”.
4. Preg. 734 de “El Libro de los Espíritus”.
5. Capítulo III, Ítem 24 de “La Génesis”.
6. Capítulo III, ítem 20, de “La Génesis”.
7. Capítulo I, ítem 30 de “La Génesis”.
8. Preg. 71 de “El Libro de los Espíritus”.
9. Capítulo XIV, ítem 12 de “La Génesis”.
10. Capítulo XI, ítem 23 de “La Génesis”.
11. Capítulo III, ítem 21 de “La Génesis”.
12. Capítulo III, ítem 23 de “La Génesis”.
13. Capítulo III, ítem 24 de “La Génesis”.
14. Preg. 888 de “El Libro de los Espíritus”.
15. Capítulo 42, “Los Mensajeros Espirituales” de Chico Xavier.