sábado, 7 de junio de 2014

La importancia de nuestras acciones y decisiones



La libertad es la  condición necesaria del alma humana, ya que sin ella no podría construir su destino.
A pesar de que a primera vista la libertad del hombre parece ser muy restringida por las propias limitaciones de las condiciones físicas, sociales, o por los intereses de cada uno, en realidad, siempre podemos eludir tales obstáculos y actuar de la manera que nos parezca más acertada.

“La libertad y la responsabilidad son correlativas en el ser y aumentan con su elevación, siendo la responsabilidad la que confiere al hombre dignidad y moralidad. Sin ella no sería más que un  autómata, un juguete de las fuerzas que nos acompañan”.

Cuando resolvemos hacer o dejar de hacer alguna cosa, nuestra conciencia siempre nos alerta al respecto, aprobándonos  o censurándonos. A pesar de que la voz íntima nos alerte, siempre hacemos lo que fue decidido por nuestra voluntad o libre albedrío. Nada nos coacciona en los momentos de tomar las decisiones personales, de ahí que sea correcto afirmar que somos responsables de nuestros actos. Somos los constructores de nuestro destino. Nuestro presente y futuro se encuentran condicionados por nuestras acciones.

El libre albedrío es definido, pues, como “la facultad que tiene el individuo de determinar su propia conducta, o en otras palabras, la posibilidad que tiene de elegir, entre dos o más razones suficientes, para querer o actuar en una de ellas y hacerla prevalecer sobre las demás”. Nuestros actos tejen alas de liberación a cadenas de cautiverio para nuestra victoria o nuestra derrota. Todos nos hallamos ligados indisolublemente a nuestras propias obras.

Aceptar la vida como si estuviera guiada por un determinismo donde todos los acontecimientos están fatalmente preestablecidos es razonar de una manera muy ingenua, si no simplista; porque, si así fuera, el hombre no sería un ser pensante, batallador, capaz de tomar resoluciones y de interferir en el progreso. Sería solamente como un robot, irresponsable, a merced de los acontecimientos.

“La fatalidad existe pues, únicamente por la elección que el Espíritu hizo al reencarnar de sufrir esta o aquella prueba”

“El libro albedrío, la libre voluntad del Espíritu, se ejerce principalmente a la hora de las reencarnaciones, cuando escoge en el Mundo Espiritual determinada familia, cierto medio social, etc. Sabiendo de antemano cuáles son las pruebas que le aguardan, pero, igualmente comprende lo necesarias que son estas pruebas para desarrollar sus cualidades, limar sus defectos, despojarse de sus prejuicios y vicios. Estas pruebas también pueden ser consecuencia de un pasado funesto, que es preciso reparar y las acepta con resignación y confianza.”

El futuro se le presenta entonces, no en sus pormenores, sino en sus líneas más destacadas, en la medida en que dicho futuro es la resultante de actos anteriores. Estos actos representan la porción de “fatalidad” o de “predestinación” que ciertos hombres son llevados a observar en todas las vidas.

“En realidad nada es fatal y cualquiera que sea el peso de las responsabilidades en que se haya incurrido, siempre se pueden atenuar, modificar la suerte con obras de abnegación, bondad, caridad, con un prolongado sacrificio al deber”. Recibiendo constantemente las oportunidades de enmendar nuestras deudas del pasado.

Los acontecimientos que pueden observarse a diario, dentro de la importancia que desorganizan el modo de vida, antes tan feliz, o bajo la forma de tragedias que provocan crisis de angustia y desesperación;  la enfermedad que llega sin previo aviso, abatiendo el ánimo y el coraje, las decepciones con amigos o las esperanzas frustradas. La pobreza material, retratada en la desnutrición, la orfandad, los asaltos, y tantas cosas que se traducen en aflicciones e infortunios, podrán conducir al hombre que desconoce las verdades espirituales, a la locura o al suicidio.

Por esto, la Doctrina Espírita viene a poner en claro que las “vicisitudes de la vida” son de dos especies. O si se prefiere, provienen de dos fuentes bien distintas que debemos destacar: Unas tienen su origen en la vida presente y otras fuera de esta vida.

Al remontarse al origen de los males terrestres se reconocerá que muchos son consecuencia lógica del carácter y del proceder de quienes lo padecen.

Observando nuestro entorno y nuestra razón, aquella que nos distingue de los animales, nos señala que evidentemente debe existir alguna razón para esta diferencia, para esta realidad.

¡Cuántos hombres caen por su propia culpa! ¡Cuántos son víctimas de su imprevisión, de su orgullo y de su ambición! ¡Cuántos se arruinan por falta de orden, de perseverancia, por proceder mal o por  no haber sabido limitar sus deseos, sus ambiciones, por vivir sin control!

¡Cuántas molestias y enfermedades provienen de los excesos de toda clase! ¡Cuántos padres son infelices a causa de sus hijos, por no haber combatido desde el principio sus malas tendencias, habiendo cedido o ignorado sus vidas, permitiéndoles desde muy jóvenes una libertad que no han sido capaces de controlar!
Entonces, ¿a quién habrá de responsabilizar el hombre por todas esas aflicciones, sino a sí mismo? El hombre, pues, en un gran número de casos es el causante de sus propios infortunios.

Sin embargo, sabemos que existen males que ocurren sin que nosotros, los hombres,  tengamos una culpa directa. Son dolores que se originan en actos practicados en otras existencias y que debido a los abusos, perjudicaron el periespíritu, como por ejemplo, la pérdida de los seres queridos y la de quienes son el soporte de la familia. También los accidentes que ninguna previsión hubiera podido impedir. Los reveses de la fortuna, que frustran todas las precauciones que son aconsejadas por la prudencia. Los flagelos naturales, las enfermedades de nacimiento, sobre todo las que quitan a tantos infelices los medios de ganarse la vida por el trabajo personal, como las deformidades, la idiotez, el cretinismo, etc. Quienes nacen en estas condiciones, seguramente no han hecho nada en la existencia actual para merecer, sin compensación, tan triste suerte que no podían evitar.

No queda la menor duda de que lo que hoy somos es el producto de las experiencias vividas en el pasado. No hay sufrimiento sin una razón y la “Ley de Causa y Efecto”, o de “Acción y Reacción” rige nuestro destino, porque, si bien somos libres en la siembra, seremos esclavos de la cosecha, condicionándonos la reencarnación.

Dios nos concede por el libre albedrío, la responsabilidad de practicar el bien o el mal. No obstante, a partir del momento en que decidimos que hacer, ésta acción genera una reacción característica que vendrá más tarde, marcando nuestra nueva experiencia de vida. Así se explica, por la pluralidad de existencias y por el destino de la Tierra, como mundo expiatorio, las  anomalías que muestran la distribución de la dicha y la desventura entre los buenos y malos, en este planeta.

Juan Miguel Fernández Muñoz

sábado, 10 de mayo de 2014

El centro espírita y el mundo espiritual


Allan Kardec definió el Espiritismo como "la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los Espíritus y de sus relaciones con el Mundo físico."

El Centro Espírita, además de la importancia que tiene para los hombres (Espíritus encarnados), es también de gran importancia para los Espíritus desencarnados, y desempeña un papel de relieve en las relaciones entre los dos mundos.

Estamos habituados a ver en el Centro Espírita sólo unas paredes, mobiliario, y a personas ocupadas en determinadas actividades en servicio de los demás.

Se nos escapa toda actividad espiritual que tan sólo llega a ser recibida por algunos videntes con facultades muy desarrolladas. Estas actividades, no por desconocidas dejan de efectuarse por los Espíritus que nos rodean, en todos los lugares y en todo momento, mezcladas con las tareas propias de los humanos.
Con mayor motivo entonces, deben realizarse estas tareas en un Centro Espírita. Los espíritus destacados en misión a la superficie del Planeta necesitan de lugares donde reunirse a fin de poder realizar actividades propias de la misión que tienen encomendada. Necesitan una base de operaciones donde puedan encontrarse libres del acoso de vibraciones groseras o intentos de la interferencia por parte de otros Espíritus menos esclarecidos que tratan de interponerse en el camino de estos Misioneros Espirituales, obstaculizando la misión en curso.

¿Qué lugar más apropiado para ello que un Centro Espírita, donde ya los hombres procuran mantener un ambiente vibratorio elevado?

Todo Centro Espírita dispone, así mismo, de un equipo espiritual dedicado a mantener el local limpio de entidades perturbadoras o viciadas, y protegido de los intentos de los Espíritus que tratan de inmiscuirse en sus actividades.

Puede parecer extraño que los Espíritus esclarecidos que gozan de libertad para desplazarse, tengan necesidad de un local determinado cuando pueden reunirse en cualquier parte.

Indudablemente la falta de un Centro Espírita no impedirá que se celebren reuniones o Misiones Espirituales, pero es fácil de entender la diferencia entre que esto se haga en un Centro Espírita a que se realice, por ejemplo, en medio de una vía pública con vibraciones e influencias de todo tipo, por no mencionar otros ambientes, aún más negativos, que desgraciadamente son tan abundantes en cualquier ciudad, lo que requeriría una limpieza previa.

Los Espíritus en misión, son seres muy ocupados y prácticos y estarán agradecidos si encuentran en cada ciudad uno o más Centros Espíritas, un lugar de reunión, que les evite pérdidas de tiempo en el cumplimiento de sus tareas, lo que les permitirá así mismo, mayores oportunidades de auxilio.

Además el Centro Espírita es un centro de trabajo atendido por trabajadores humanos preparados para prestar su colaboración en aquellos casos en que sea recomendable la intervención de espíritus encarnados.
Durante el sueño del cuerpo físico, muchas veces  somos llamados a colaborar en estas misiones de las que generalmente no conservamos recuerdo al despertar.

Esta es otra de las importantes misiones de un Centro Espírita y, que al no figurar en el programa de actividades pasa desapercibida, impidiéndonos comprender su verdadera importancia, por tanto podríamos elaborar los trabajos de un Centro Espírita como sigue:

- Las reuniones, comunes a todas las asociaciones y personas que quieran compartir.

- Las reuniones de estudio, para asimilar los principios del Espiritismo pues es un árbol de sabiduría.
- Las prácticas, que después de haber obtenido el conocimiento necesario habrá de llegar el momento oportuno de poner en práctica todo lo aprendido de la Doctrina Espírita.

- Educación de la infancia y de la juventud, buscando proporcionar a estos ciudadanos del mañana el conocimiento y los valores morales necesarios, para que con firmeza, la regeneración de nuestro planeta sea un hecho.

- Reuniones mediúmnicas, para el estudio de la Doctrina Espírita por medio de las comunicaciones de los Espíritus, que son nuestros hermanos desencarnados.

- Reuniones de atendimiento a espíritus sufrientes y desobsesión, para esclarecimiento de Espíritus obsesores o sufridores, que debido a la rebeldía y apego a la materia que nubla su percepción espiritual, no tienen acceso a la ayuda de los espíritus amigos.

- Sesiones de asistencia espiritual, a las que durante el sueño son conducidos los trabajadores del Centro Espírita para colaborar en misiones de auxilio dirigidos por Espíritus esclarecidos y que visan producir ajustes entre espíritus encarnados o desencarnados, que arrastran odios y luchas de vidas anteriores y que muchas veces son causas de enfermedades físicas o psíquicas.

- Asistencia social. Dentro de este campo, el Centro Espírita busca proporcionar al individuo, la enseñanza y fuerzas precisas que le permitirán por medio de la resignación y acatamiento de la Ley de Dios, de la que sin duda es infractor, el enfrentarse a la realidad de su situación espiritual para iniciar la lucha de rehabilitación y ascensión espiritual.

- Práctica de "El Evangelio en el hogar". Es conveniente que en el hogar de la familia espírita se preste atención en proporcionar los beneficios que nos dan las enseñanzas espirituales del Evangelio haciéndolo extensivo a los niños.

- La divulgación. Es sabido que el Espiritismo no es una doctrina proselitista cuyo  afán sea el convertir a los demás. Es importante para la divulgación y perfecto conocimiento del Espiritismo poner al alcance de los demás el "Libro Espírita", que da la oportunidad de reflexión y aprendizaje.

Se puede añadir que la Humanidad marcha hacia un idioma único espiritual en el cual busca a Dios con todas las fuerzas para poder entender el "porqué las cosas ocurren", y en este aspecto podemos decir el AXIOMA: "Buscad y hallareis".

¡Bendito Espiritismo!

Aurora V.C
C.E.y.D.E.

domingo, 4 de mayo de 2014

El trabajo


Al principio de los tiempos el ser humano solo aplica su inteligencia a la búsqueda de alimento, así como de los medios con que preservarse de las intemperies y defenderse de sus enemigos. El animal que prevalece en él, es el que marca las pautas que sigue.

Pero Dios le ha dado algo que no dio al animal: el deseo incesante de mejorar, y este anhelo es el que le mueve a buscar las maneras de mejorar su situación.

En “El Libro de los Espíritus” se nos dice, que el trabajo es una ley natural, por lo mismo que es una necesidad, y la civilización obliga al hombre a trabajar más, porque aumenta sus necesidades y sus goces.
¿Por qué es impuesto el trabajo al hombre? es consecuencia de su naturaleza corporal; una expiación y al mismo tiempo un medio de perfeccionar su inteligencia y por esto, solo a su trabajo y actividad debe su subsistencia,  su seguridad y su bienestar. Al que es débil de cuerpo Dios le da la inteligencia,  pero siempre es trabajo. También se nos dice que Dios a hecho del amor filial y paternal un sentimiento natural, con el fin de que por medio de este afecto recíproco los miembros de una misma familia fuesen inducidos a ayudarse mutuamente, los padres deben trabajar por sus hijos y esta misma ley natural impone a los hijos la obligación de trabajar por los padres.

¿Cuál es el límite del trabajo? el límite de las fuerzas y  cuando estas le abandonan, por la vejez, tiene derecho al descanso y si el anciano ha de trabajar para vivir y no puede hacerlo, pues se nos dice, que el fuerte ha de trabajar para el débil  y a falta de familia, la sociedad, con las leyes ha de protegerle y ampararle.

Gracias al trabajo y al deseo incesante de mejorar, el hombre ha progresado con los descubrimientos, las invenciones y el perfeccionamiento de la ciencia, porque esta última lo provee de aquello de que carece. Gracias a sus investigaciones, la inteligencia del hombre crece y su moral se depura. A las necesidades materiales suceden las espirituales, además del alimento del cuerpo, necesita el del espíritu, así el ser humano pasa del estado de barbarie al de civilizado.

El trabajo es la comunión de los seres. Por él nos aproximamos los unos a los otros, aprendemos a ayudarnos y a unirnos; de esto a la fraternidad no hay más que un  paso.

Si Dios hubiese liberado al hombre del trabajo físico los miembros de este se le habrían atrofiado. Si los hubiese eximido de las tareas de la inteligencia, su espíritu habría permanecido en la infancia, en los estados de los instintos animales. He aquí porque ha hecho que el trabajo fuese para él una necesidad. Y nos dijo: trabaja y producirás de esta manera, serás hijo de tus propias obras, y te corresponderá el mérito de ellas y serás recompensado conforme a lo que hayas hecho. En virtud de la explicación de este principio es, precisamente, por lo que los espíritus no vienen a ahorrar al ser humano las labores de investigación, comunicándoles descubrimientos, sin realizar por sí mismos el menor esfuerzo, ni siquiera el de pensar. Si fuese así el más holgazán podría hacer fortuna y el más ignorante ser sabio ambos sin que les hubiese costado nada y el uno y el otro atribuyéndose el mérito de lo que no habrían realizado. No, los espíritus no vienen a liberar al hombre de la ley del trabajo, sino con el propósito de mostrarle la meta que debe alcanzar y el camino que a ella conduce.  Nos dicen que encontraremos piedras ante nuestros pasos, mantengámonos alerta y quitémoslas de en medio nosotros mismos, que ellos nos darán la fuerza necesaria, si queremos emplearla.

También nos podemos preguntar, el hombre que posee bienes suficientes para asegurar la existencia, ¿está libre de la ley del trabajo? ...del trabajo físico, quizá; pero no de la obligación de hacerse útil según sus méritos, de perfeccionar su inteligencia o la de otros, lo que también es trabajo. Si el hombre a quien Dios ha confiado bienes suficientes para asegurarse la existencia, no está obligado a mantenerse con el sudor de su frente, la obligación de ser útil a sus semejantes es tanto mayor para él, en cuanto la parte que anticipadamente le ha sido asignada, le concede más desahogo para hacer el bien.

Dios es justo y no desaprueba más que a aquel cuya existencia es voluntariamente inútil  porque este vive a expensas del trabajo ajeno. Quiere que cada uno se haga útil según sus facultades. No hay nadie que no pueda hacer el bien, solo el egoísta carece siempre de ocasión. Basta estar en relación con otros hombres para poder tener ocasión de hacer el bien, y cada día de la vida ofrece la posibilidad a todo el que no esté cegado por el egoísmo; porque hacer el bien no consiste únicamente en ser caritativo, sino ser útil con arreglo a la posibilidad, siempre que vuestro socorro pueda ser necesitado.

Hay otra pregunta que nos debemos hacer, sobre todo quien tiene mando. ¿Qué debemos pensar de los que abusan de su autoridad para imponer a sus inferiores un trabajo excesivo?....es una de las acciones más equivocadas. Todo hombre que tiene mando es responsable del exceso de trabajo que impone a sus inferiores, porque viola la ley de Dios. Recordemos que se recoge lo que se siembra.

Nos dice Leon Denis, referente al trabajo y a los hijos: “Estudiemos a nuestros hijos y dediquemos a desarrollar el potencial bueno y desarraigar el malo y no les proporcionemos demasiados goces con el fin de que, acostumbrados desde el principio al desencanto sus jóvenes almas comprendan que la vida terrenal es ardua, y que solo hay que contar con uno mismo y con su trabajo; únicas cosas que proporcionan la independencia y la dignidad. No intentemos desviar a estos niños la acción de las leyes eternas. Hay piedras en el camino de cada uno de nosotros; solo la sensatez nos enseña a evitarlas.

Mientras el hombre se halla ocupado en su tarea, se acallan sus pasiones. La ociosidad, por el contrario, las desencadena y las abre un basto campo de acción. El trabajo constituye también un derivativo saludable para nuestras preocupaciones y nuestras tristezas; calma las angustias de nuestro espíritu y fecundiza nuestra inteligencia. No existe un dolor moral, no existen decepciones ni reveses que no encuentren en él un apaciguamiento, no hay vicisitudes que resistan a su acción prolongada. El que trabaja tiene asegurado el refugio para su sufrimiento y un verdadero amigo en la tribulación. El trabajo nos provoca el esfuerzo y desarrolla la voluntad.”

Como dice el dicho "el movimiento se demuestra andando". En estos momentos en los que nos toca vivir, con la crisis, el desempleo, los desahucios… el ser humano tiene la oportunidad de ver parte de la realidad, del modo de vida que hemos llevado. Tenemos que preguntarnos... ¿qué esperamos realmente de la vida? y cuando lo sepamos, centrémonos en ello, sin perder la esperanza, forzando nuestra imaginación, nuestras fuerzas, pongamos en práctica nuevas o viejas fórmulas, reinventémonos si hace falta. No debemos permanecer inmóviles ante esta crisis moral y económica ni tampoco estar decaídos, debemos luchar, movernos constantemente, relacionarnos, hablar, probar, ayúdate y pon todo de tu parte si quieres que Dios te ayude, "el que busca encuentra".

Pensemos y analizamos frases que nos han dejado personas ilustres:
- En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento.
- La vida es fascinante, solo hay que mirarla a través de las gafas correctas.
- Es difícil vivir sin dinero y más aun sin salud, pero es imposible vivir sin ilusiones.
- El primer paso para la solución de los problemas es el optimismo. Basta creer que se puede hacer algo para tener ya medio camino hecho y la victoria muy cercana.

Que Dios nos bendiga a todos.

Lorenzo.
Centro espirita "entre el cielo y la tierra"

domingo, 27 de abril de 2014

Terapia de Amor y Centros de Fuerza



La Ley Natural es la expresión de la voluntad de Dios que gobierna el Universo, es el lenguaje divino por el cual Dios se comunica con la Creación y su comprensión nos acerca a Él. De todas las leyes naturales, la principal es la Ley de Justicia, Amor y Caridad, la cual contiene al resto, según podemos leer en "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec:

-“647. Toda la ley de Dios ¿está contenida en la máxima del amor al prójimo que Jesús enseñó? -  Por cierto que sí..."(1)
-"...Amaos los unos a los otros: esta es toda la ley" (2)
-"648. La más importante es la última de esas leyes [Ley de Justicia, Amor y Caridad]: por medio de ella puede el hombre adelantar más en la vida espiritual, pues las resume todas." (3)

Siendo el Amor el fundamento y nexo de unión entre todas las leyes naturales, resumiendo a todas, comprendemos que no podremos practicar plenamente la Ley de Justicia, Amor y Caridad, infringiendo cualquiera del resto de leyes naturales y viceversa. Por ello, los que comprenden mejor la Ley de Dios “...son los hombres de bien y los que quieren buscarla. No obstante, todos la comprenderán algún día, porque es preciso que el progreso se cumpla.” (4). San Luis nos instruye al respecto: "...el hombre está lejos de conocer todas las leyes de la Naturaleza; si las conociese todas sería Espíritu Superior."(5)

Por tanto, podemos entender a la Ley Natural como “la única verdadera para la felicidad del hombre", es lo que le indica "...lo que debe hacer o no hacer, y sólo es desdichado porque de ella se aparta.” (6).

Comprendiendo que apartarnos del cumplimiento de las leyes naturales es el origen de nuestras desgracias, que son a su vez medidas reeducadoras, concluiremos, que la Ley de Justicia, Amor y Caridad es la más indicada para recobrar nuestro equilibrio, mediante la práctica del bien. Ahora podemos entender la cita bíblica: "El Amor cubre multitud de pecados."  (Proverbios 10:12; 1 Pedro 4:8).

Según La Génesis, "...los fluidos ambientes sufren modificaciones ante la proyección de los pensamientos del espíritu. Su envoltura periespiritual, que es parte constitutiva de su ser y que recibe en forma directa y permanente la impresión de sus pensamientos, debe llevar en ella, en mayor medida aún, sus cualidades buenas o malas"(7). El periespíritu, por tanto, lleva impreso las cualidades morales de sus pensamientos y sentimientos, como huella inequívoca de la evolución moral y "...no cambiará, hasta tanto el espíritu no se modifique."(7)

Los fluidos espirituales, entre ellos los que emite constantemente nuestro pensamiento, "...actúan sobre el periespíritu y éste sobre el organismo material con el cual se halla en contacto molecular. Si los efluvios son de naturaleza buena, el cuerpo recibirá una impresión saludable; si son malos, la sensación será desagradable. Si los malos son permanentes y enérgicos, podrán ocasionar desórdenes físicos: ciertas enfermedades no tienen otro origen."(7)

El Amor, resumiendo el cumplimiento de la Ley Natural, tiene la cualidad de armonizar todos los fluidos espirituales, del ambiente y del periespíritu, imprimiendo sensaciones saludables; y cuando es permanente y con suficiente energía, corrigiendo los desórdenes físicos que nos alejan de la salud.
Bajo esta óptica podemos ver todos los desequilibrios como carencias de amor en los distintos aspectos de nuestra vida interior. Por ello la Terapia de Amor es la mejor medicina tanto para el espíritu como para el cuerpo físico.

a) Amar la vida, la ecología, la sencillez. Centro de fuerza básico(8).

El amor por la vida nos pone en sintonía con la Naturaleza y por tanto con sus elementos fluídicos constitutivos de la vida. Toda vida a nuestro alrededor expele sus propios fluidos característicos envolviéndonos en todo un maravilloso espectro casi ilimitado de vibraciones sutiles a nuestra disposición.
Teniendo en cuenta que "980. ...todo es amor en la Naturaleza y es el egoísmo el que lo mata"(9), comprendemos que sólo son nuestras conciencias las que se resisten a amar por egoísmo; la Naturaleza que nos rodea es amor. Amar la vida es la principal obligación que tenemos hacia la Naturaleza. Amar nuestra vida, la vida de los demás y la ecología es condición necesaria para nuestra evolución.

Amar las cosas simples y sencillas nos enseña a ser humildes y alejarnos de la extravagancia. Tenemos que esforzarnos para comprender que "704. ...únicamente lo necesario es lo útil, al paso que lo superfluo nunca lo es"(10), para alejarnos de los peligros de la avaricia, codicia y envidia material.

Por ello debemos amar la vida pero sin apegarnos a ella, gracias al conocimiento espiritual. El apego materialista excita el instinto de supervivencia, fomentando el miedo y la ira; generando estrés y paralizando los mecanismos internos de autocura.

El miedo sustenta el egoísmo material que a su vez nos compromete con la Ley, destruyendo el Amor, y nos desarmoniza incitándonos a adquirir bienes materiales como compensación de la ausencia de paz y equilibrio.

La Terapia de Amor dirigida hacia a la vida, la ecología y el desapego de lo superfluo, sustenta y equilibra la energía del centro de fuerza básico, liberándonos del miedo y su egoísmo material. Librándonos de lo innecesario eliminamos el miedo por su pérdida, despertando la sensación de libertad que nos permitirá construir nuestro propio destino.

b) Amar la sexualidad como fuerza creadora. Amar la creatividad. Centro de fuerza genésico.

El instinto sexual es una de los instintos animales todavía predominantes en el hombre no espiritualizado.
El instinto carece de freno pero la inteligencia, normalmente al principio a través de la moralidad impuesta y después por la razón que aporta el conocimiento de las leyes naturales y espirituales, nos permitirá alcanzar el control necesario para la elevación de las funciones genésicas, regulando su uso y evitando el abuso.
Amar el sexo es comprender su finalidad elevada meditando sobre el increíble proceso de la Vida y la Reencarnación. Conocer que se lleva parte de la esencia más preciada de uno mismo nos ayudará a comprender la necesidad de controlarlo para derivar todos estos recursos energéticos hacia las funciones superiores del ser humano.

Por su vinculación con el plano mental, ante el desequilibrio, es una vía de eliminación de residuos mentales tóxicos. En tal caso, las toxinas psíquicas existentes preparan el terreno y alimentan sutilmente a los agentes patógenos presentes generando la enfermedad morbosa.

La saturación de los sentidos lleva a la excentricidad y es una fuga de uno mismo que dura lo que un fusible ante un cortocircuito. El sexo egoísta es un sumidero de energías, mientras que el sexo por amor, tiene en la entrega mutua, el compartir las energías en busca de un objetivo más elevado en pro de la vida y la evolución espiritual mediante al reencarnación.

La energía sexual encuentra en el egoísmo el elemento polarizador que destruye el Amor. Polaridad que enfrenta la pereza y el sensualismo como dos extremos peligrosos que atrapan y desarmonizan energías del centro de fuerza genésico.

La espiritualización del ser lleva a la adquisición de nuevas necesidades morales. El placer intelectual aparece ante la apertura de la mente a conceptos sublimes inimaginados. El placer emocional despierta ante experiencias de sentimientos puros, de paz y felicidad. El placer espiritual emerge de la conciencia despierta que se siente amada fundiéndose con toda la Creación, como cumplimiento de la gran Ley de Unión que rige el Universo, y por ello alcanzando el éxtasis, la sublimación del placer y la disolución del ego que limita la individualidad del Espíritu.

Amar la creatividad es sentir la necesidad de ser co-creadores con Dios, descubridores y co-desarrolladores de sus maravillas subiendo peldaño a peldaño la escalera del conocimiento infinito.

c) Amar lo necesario, no desear lo superfluo. Centro de fuerza gástrico.

El instinto de conservación nos impulsa hacia metas que garanticen nuestra subsistencia material, desarrollando nuestra inteligencia. Esta inteligencia, carente en un principio de sentido moral, puede tomar el camino del egoísmo como medida para alcanzar más fácilmente su objetivo de conservación, ahogando el Amor en los primeros compases de sus existencias y en desequilibrio, escoger los caminos de la ansiedad y la angustia.

Calmar la ansiedad, en nuestros días, es una de las necesidades principales que se presenta en esta sociedad enferma. La ansiedad, causa de la inseguridad material, contribuye también por otro lado al sustento del egoísmo. Es muy difícil no ser egoísta sufriendo ansiedad, o lo contrario, sufrir ansiedad sin ser egoísta.
La Terapia del Amor despeja nuestras ansiedades al proyectar nuestro pensamiento hacia los demás. Concentrándonos en los demás dejamos de preocuparnos enfermizamente por uno mismo. Donde hay Amor el egoísmo y la ansiedad desaparecen retornando a la salud. La ansiedad desequilibra el centro de fuerza gástrico y nos obliga a ingerir todo tipo de alimentos, muchos de los cuales no nos favorecen y nos llevan de camino a la enfermedad.

Múltiples dolencias tienen su origen en el sistema digestivo, mediante malas digestiones y tránsitos que liberan en nuestros organismos toxinas que inundan nuestra corriente sanguínea, alcanzando posteriormente los órganos fisiológicos funcionalmente más débiles (psicosomáticamente por sobreexcitación o carencia de energía vital) los cuales manifiestan finalmente la enfermedad.

La mayoría de estos desajustes se corregirían considerablemente mediante la frugalidad en las comidas, mientras que para la eliminación total de la enfermedad tendremos que recuperar el equilibrio psicomático (emocional, mental y espiritual), el cual desbloqueará los flujos de energía vital que alimentan los órganos extenuados o calmará aquellos sobre-excitados, retornando finalmente la salud de forma natural.
La frugalidad es símbolo de austeridad, de conformarse con lo necesario y es una muestra de humildad. La frugalidad, además, cuando es motivada por la renuncia, de corazón, para hacer caridad hacia los demás, encierra la virtud necesaria para nuestra liberación del egoísmo.

d) Amor hacia uno mismo, el autoamor. Centro de fuerza esplénico.

El autoamor es una de las principales necesidades emocionales. Su carencia nos lleva a buscar múltiples compensaciones emocionales y materiales que incrementan nuestro orgullo y egoísmo. Para examinarse el autoamor es necesario una alta dosis de conocimiento de sí mismo (ver artículo "Conócete a ti mismo" de "El Ángel del Bien" número 25, de julio de 2013).

Muy relacionado el autoamor con la alimentación a través del centro esplénico, verdadero almacén de las fuerzas fluídicas provenientes de la digestión de alimentos, explica la tendencia a compensar necesidades emocionales con la sobrealimentación y adicción a alimentos excitantes.

El centro esplénico, vinculado etimológicamente con el bazo, es un importante punto de entrada de fuerzas fluídicas cósmicas, solares y ambientales, necesarias para el equilibrio en los procesos fisiológicos y sobretodo inmunológicos. Acumulador también de los fluidos provenientes de la digestión a través de circulación sanguínea, es la batería energético-fluídica del Yo que sustenta la vitalidad y las fuerzas físicas que sustentan la individualidad y autoestima, a través de su influencia sobre el páncreas, glándula responsable de la dosificación del alimento a las celulas en cada momento a través de la insulina segregada. Centro energético base de la individualidad puede ser secuestrado por nuestro orgullo, como dueño y señor interno, acopiando los recursos fluídicos para obtener sensación de poder y superioridad.

La carencia de energías fluídicas en el centro esplénico incrementa el llamado "orgullo negativo". Donde antes había sensación de superioridad y poder por la sobreexcitación del centro esplénico, ahora ante la carencia, en el otro extremo del desequilibrio, tenemos la sensación de inferioridad e invalidez, distinta cara de la misma moneda.

La Terapia del Amor dará salud a este centro vital mediante la circulación continua de sus fuerzas, impidiendo la acumulación morbosa. Junto a la Ley del Trabajo son la clave para el reequilibrio de este centro. La dedicación al trabajo constructivo por los demás, evita la ociosidad, fomenta la humildad y la autoestima positiva, necesarias para nuestro crecimiento y equilibrio interior.

e) Amor hacia los demás. Centro de fuerza cardíaco.

Por su importancia, el corazón es el centro motor de todo el organismo físico, y a su vez, es el centro de los sentimientos, el otro motor que nos impulsa a través de las emociones. Es el órgano que impulsa nuestra energía interna a todos los demás influenciándolos para bien o para mal. Los sentimientos resuenan en lo más íntimo de nuestro interior cuando sintonizamos con ellos. Estudios recientes muestran la existencia de neuronas en el corazón que explica su influencia sobre la inteligencia emocional y viceversa, lo que explica por qué sentimientos fuertes como el odio y la culpa afectan directamente su salud.

El corazón impulsa dos circuitos diferenciados que forman la unidad dibujando el símbolo de infinito ∞. Un circuito recicla la sangre a través del emuntorio pulmonar y otro nutre el organismo con la sangre renovada. Fluídicamente, el centro de fuerza cardíaco también tiene dos circuitos. Uno interior, inconsciente, donde almacenamos, alimentamos o reciclamos nuestros sentimientos y otro exterior donde los manifestamos mediante nuestras acciones y motivaciones, normalmente también inconscientemente. Podemos igualmente ver los sentimientos circulando por dos circuitos según su dirección sea hacia uno mismo o hacia los demás, de tal forma que lo que sintamos hacia los demás influirá en lo que sentimos hacia nosotros mismos y viceversa, puesto que, como hemos visto, ambos circuitos son realmente uno sólo como en el mismo símbolo de infinito ∞. Esto es aplicación directa de la gran Ley de Unidad que rige la Creación. Por tanto, no podemos tener buenos sentimientos hacia los demás si antes no los tenemos hacia nosotros mismos. Al igual que la sangre tiene que depurarse interiormente en los pulmones, también interiormente tenemos que depurar nuestros sentimientos, puesto que son el plasma fluídico que nos caracteriza. Por ello proyectamos hacia los demás únicamente aquello que cultivamos interiormente y que representa nuestra salud emocional hacía uno mismo.

Consecuentemente aquello que sentimos hacia los demás modifica lo que sentimos hacia nosotros mismos, consecuencia nuevamente de la gran Ley de Unidad que rige la Creación.

f) Dar, expresar y comunicar amor. Centro de fuerza laríngeo.

No hay mérito sin esfuerzo útil. Expresar amor, en nuestro estado evolutivo, implica normalmente resignación y esfuerzo por los demás. Expresar amor es la mayor enseñanza práctica que podemos impartir, puesto que al igual que Jesús, conlleva predicar con el ejemplo.
Sólo es realmente nuestro aquello que podemos dar con libertad, de lo contrario somos poseídos por, no poseedores de aquello. Erróneamente pensamos que podemos quedarnos el amor para nosotros mismos, cuando realmente nos quedamos con el egoísmo. No pudiendo dar amor nos dejamos dominar por el egoísmo. La tarea de dar amor rompe dicha dominación y poco a poco nos reconstruye nuestros sentimientos hasta alcanzar, por medio del consentimiento de la razón y del corazón en la práctica de la Caridad, la posesión del Amor Verdadero. La alegría natural interior surge como expresión de los avances realizados en este camino. Por meta tenemos la felicidad, en el camino nos alienta la alegría.
Nuestra capacidad de expresar amor depende de nuestro estado de ánimo, por lo cual, el centro de fuerza Laríngeo es el centro de la alegría, la sinceridad y de la expresión de los sentimientos. Es donde nos brota la carcajada ante una gracia y nos quedamos mudos ante otra desgracia. La alegría nos hincha el pecho (pulmones) y la tristeza nos lo encoge.

Nuestro estado de ánimo interfiere en la vibración del centro Laríngeo, el cual establece el comportamiento del metabolismo físico a través de la glándula tiroides y afecta la salud de los pulmones, emuntorio de los sentimientos. Los pulmones, como emuntorio, depuran la sangre físicamente y fluídicamente, exhalando los fluidos deletéreos del torrente sanguíneo que los atraviesan cuando expresamos nuestros verdaderos sentimientos a los demás, despertando la emoción como respuesta fisiológica necesaria para hacernos conscientes de ellos en el ejercicio del conocimiento de uno mismo. Comprendemos de esta forma el mecanismo fluídico por el cual expresar nuestros sentimientos alivia los pesares del alma.

La Terapia de Amor es el instrumento que utiliza el Espíritu para expresar sus notas de amor al espacio infinito, al conjunto de sus criaturas. Esa música hace brotar la alegría en el pecho del que la emite y tiene la capacidad de transformar la vibración de los fluidos espirituales que atraviesa por aquellos sitios por donde pasa. Si la transformación se mantiene en el tiempo y tiene la potencia suficiente, es el mejor medicamento para el cuerpo y para el alma.

g) Amar desde el pensamiento. Centro fuerza cerebral.

La mente no para nunca de ejecutar sus dos funciones principales, función receptora y función emisora. Como función receptora, es la puerta de nuestro Espíritu al mundo físico exterior a través de los sentidos y al mundo interior subconsciente por medio de la introspección en el ejercicio del conocimiento de sí mismo.
Como función emisora, a través de la voluntad, impulsa los pensamientos como quantums de energía mental, tanto al exterior como al interior. Al exterior como irradiaciones e ideoplastías, y al interior como impulsor del fluido nervioso responsable del equilibrio funcional del resto de centros con sus órganos depedientes.
La mente funciona como un filtro de la realidad según nuestro modo de ver las cosas, reafirmándonos en nuestra propia realidad personal.

La mente, a través del hipotálamo es el director, normalmente inconsciente, del sistema endocrino dominando el campo físico del cuerpo humano, a la vez que en el campo psíquico es el sintonizador vibracional de todos los centros de fuerza, puesto que a través del pensamiento puede elevarse influyendo en el centro coronario, expresar o bloquear los sentimientos influyendo en los centros cardíaco y laríngeo, controlar sus energías vitales gestionadas por el centro de fuerza esplénico, controlar sus deseos equilibrando el centro de fuerza digestivo, canalizar sus energías creadoras equilibrando el centro de fuerza genésico y finalmente despertar la alegría de vivir como motivación indispensable en la vida equilibrando el centro de fuerza básico.

Gran parte de estos procesos son inconscientes. Sólo el trabajo constante hacia el conocimiento de uno mismo nos permitirá tomar realmente las riendas de todos los contenidos que influyen en nuestra mente y alcanzar verdaderamente la libertad.

h)Amar espiritualmente. Centro de fuerza coronario.

Amar espiritualmente es hacerlo desde nuestro espíritu. Para lograrlo debemos dejar atrás nuestro Ego, siempre interesado, para amar desinteresadamente de ser espiritual a ser espiritual.

El centro de fuerza coronario es la sede de la mente superconsciente y se relaciona con todo nuestro ser a través de la glándula pineal.

La psicología transpersonal nos habla del superconsciente y las artimañas del Ego para erigirse en dueño y señor de la casa mental, de cómo el Self, nuestro Espíritu, al principio duerme en la inconsciencia y va despertando conforme se vuelve más consciente.

La Terapia de Amor es un verdadero ejercicio de consciencia, enfrentándose al Ego en continuas luchas de renuncia, termina desintegrándolo cuando el Self, el espíritu inmortal, toma las riendas de la voluntad. Nuestro propio espíritu es el Self cuando está vinculado conscientemente con la espiritualidad superior. Mientras el espíritu no es consciente o no tiene el nivel moral suficiente para estar vinculado con la espiritual superior, se confunde con su Ego o mente transitoria cargada de limitaciones en base a sus propias experiencias recopiladas en sus múltiples existencias físicas.

Cuando el espíritu es consciente de su potencial espiritual tiene a su servicio el conjunto de sus centros de fuerza dominando desde entonces las leyes materiales desde un plano de conciencia mucho más elevado, siempre alcanzado por el merecimiento adquirido en el cumplimiento de las leyes naturales, y en especial la Ley de Justicia, Amor y Caridad. Porque "...por medio de ella puede el hombre adelantar más en la vida espiritual, pues las resume todas."(3)

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

Referencias:
1.- Preg. 647 de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec. 
2.- Preg. 888 ídem. 
3.- Preg. 648 ídem. 
4.- Preg. 619 ídem. 
5.- Ítem 74, apartado 25 de "El Libro de los Médiums" de Allan Kardec. 
6.- Preg. 614 de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec. 
7.- Ítem 18 de "La Génesis" de Allan Kardec. 
8.- Incluido como centro de fuerza importante en Cap. II de "Pases y radiaciones" de Edgard Armond y mencionado en "El Alma de la Materia" de Marlene Nobre. 
9.- Preg. 980 de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec. 
10,- Preg. 704 de ídem.

sábado, 1 de marzo de 2014

Sobre las obras espíritas y sus tres vertientes


Tres vertientes tiene el Espiritismo, a saber: ciencia, filosofía y moral. Tres aspectos que conforman el trípode donde se asienta el lienzo de la Verdad, la que vamos dilucidando como buenos pintores, contemplando el marco donde estamos encuadrados como humanidad.
De las tres vertientes, la moral es la más importante, la filosófica necesaria para bien conducir nuestra razón y la ciencia indispensable para dar testimonio de nuestra convicción.

 Obras hay puramente morales, que nos elevan el sentimiento a Dios, nos hacen contactar con la mónada sublime que llevamos dentro y sacar la esencia más pura que nuestro espíritu posee a imagen y semejanza de quien nos creó. Este sentimiento religioso, de unión al Ser Creador, incognoscible para nuestra mente, no tanto para nuestro corazón, pero no fideístas, porque vemos a Dios reflejado en sus obras; este sentimiento, es el parangón que nos hace vibrar en coordenadas más sublimes y estar en unión de pensamiento con las entidades más amorosas del plano extrafísico o espiritual. Es ahí donde la felicidad nos inunda y el alma rebosada de ese trance casi místico siente la dicha de estar en comunión espiritual con Dios y nuestros hermanos más esclarecidos que están en el otro plano. Moral, ética y religión, conceptos que fuera del espiritismo tienen una acepción bien propia y característica: moral costumbres aprehendidas propias de una cultura o creencia; ética: valores universales que razonan la moral y la ponen en tela de juicio; religión: conjunto de creencias, ritos y dogmas que conforman un credo, de origen divino y por tanto inmutable, palabra de Dios. En Espiritismo, la religión es aquello que nos hace ser más bondadosos con el prójimo, no importando la creencia per se, siendo pues aquello que nos acerca a las vibraciones amorosas donde Dios esparce la semilla de los nobles sentimientos. La moral espírita, nace de la moral cristiana, pero está analizada, revitalizada por los nuevos mensajes de los espíritus superiores. Y la Ética sigue siendo este juez universal que coordina la validez o no de un postulado moral.

Libros filosóficos, muchos. León Denis, Allan Kardec, Camille Flammarion, etc. Cualquier razonamiento acerca de las revelaciones espíritas con nuestros conocimientos ya es fomentar el espíritu investigador de la verdad, la metodización y análisis del conocimiento. La episteme y la doxa trabajando. Lo fenomenológico analizando la realidad. La mente asentando los juicios propios y ponderando todas las posibilidades abiertas en el campo. Sin filosofía no hay comprensión y encauzamiento de la parte moral. Veamos sin más a Sócrates, gran paradigma de lo que acabo de expresar. O a nuestro insigne pedagogo y codificar Allan Kardec, que mediante la inducción y el rigor de sus razonamientos asentó la doctrina espírita.

Libros científicos, menos. La ciencia es indispensable para atestiguar la veracidad de lo dicho, salir del mero sofisma, y ratificar con el dato la hipótesis, la tesis propuesta. Pero en Espiritismo los datos científicos van unidos a la filosofía pues postulan y van más allá de lo mostrado. Para ver una obra 100% científica habría que recurrir a Crookes, a Richet, o a la parapsicología, pues ellos no parten de una filosofía donde englobar dichos fenómenos, los exponen sin más. Kardec usó el método científico, pero probada la razón de las comunicaciones no se preocupó de los límites del positivismo científico y continúo aceptando la "revelación espírita" como coadyuvante en el asentamiento de la verdad Filosófica por excelencia, ¿quién soy, de dónde vengo, a dónde voy? Aquí utilizó el razonamiento filosófico de inducción y deducción, construyendo con suma prudencia el edificio teórico que más cabalmente daba explicación a todos los fenómenos espiritistas. Y dejó dicho, "en aquello que la ciencia nos demuestre que estamos errados, rectificaremos", pues "el espiritismo si se aleja de la ciencia está condenado a extraviarse". Kardec postuló su tesis, con la firme convicción de que la ciencia iría corroborando esta Verdad tan grande que era excesivamente abstracta para los métodos insensibles de su tiempo, aguardando que el futuro daría el espaldarazo definitivo a lo que quedaba asentado en la Codificación Espiritista.

Por tanto en Espiritismo, tenemos que la ciencia es espiritual, del alma, pues explica cosas de la misma que ninguna otra doctrina puede explicar. No es psicología, aunque en muchos aspectos se solapan y se ayudan mutuamente a dar explicación a fenómenos oscuros para la ciencia oficial; pero su punto de alcance es propio y genuino y si bien se presta a entrar en contacto con las disciplinas y ciencias oficiales, ella de por sí, es una ciencia propia, espiritual, con una metodología basada en la experimentación, la deducción y la comprobación que no obedece al estricto tratamiento de la parapsicología más material, sino a un método más abierto y elástico donde tiene cabida toda la fenomenología descriptiva.

Confundir estos conceptos, puede llevar al neófito a errores teóricos no propios del Espiritismo, o a pensar en una panacea. El espiritismo es la parte espiritual revivida, la parte material es la palpable, la escalera de Jacob va de este mundo palpable, al mundo más impalpable sin lugar a la separación, es un conocimiento holista, el ser humano es un todo, una gestalt de sí mismo y de lo que le envuelve. Aislar un componente y no tendréis a un ser humano, ni la ecuación dará su resultado correcto, pues estará obviada una parte fundamental de su operación y por tanto el error de medida será considerable.

Jesús Gutiérrez Lucas 

domingo, 9 de febrero de 2014

Vegetarianismo y Espiritismo



Estudiar el vegetarianismo bajo la óptica del Espiritismo es todavía uno de los temas más controvertidos debido a las diversas opiniones que suscita. Varias son las referencias dentro de la Codificación Espírita donde se justifica el consumo de carne animal y es que el Espiritismo es una doctrina consoladora que no violenta conciencias, es indulgente y comprensiva teniendo en cuenta las etapas evolutivas del individuo en su camino hacia la perfección.

La polémica surge principalmente en la pregunta 723 de “El Libro de los Espíritus”: “El comer carne ¿es, en el hombre, contrario a la ley natural? - En vuestra constitución física, la carne nutre a la carne, de lo contrario el hombre se debilita. La ley de conservación impone al hombre el deber de mantener sus fuerzas y su salud, para dar cumplimiento a la ley del trabajo. Por tanto, debe nutrirse según su organismo lo requiere” (1).

La afirmación “[el hombre] debe nutrirse según su organismo lo requiere” es una sentencia de carácter universal que manifiesta la importancia de cubrir las necesidades del cuerpo físico, con el objeto de no debilitarnos y afrontar nuestros objetivos reencarnatorios con plenas facultades. Sin embargo, esta frase deja la puerta abierta a nutrirse según lo que "su organismo requiere". Si hubiera intención de limitar algún tipo de alimentación, claramente se tendría que haber empleado un giro más explícito. Ninguna frase de la Codificación se ha incluido a la ligera. Somos nosotros los que tenemos que alcanzar la mejor comprensión posible de los textos, que nuestra razón nos permita en cada etapa de nuestros estudios.
Esta interpretación es coherente con la gran diversidad, existente en la Tierra, de tipos de necesidades de alimentación, debido principalmente a las diferentes constituciones físicas que podemos adquirir por herencia, cultura o por adaptación, voluntaria (por nuevas convicciones) o por necesidad.

Como principal ejemplo de constitución física vegetariana, cultural y hereditaria, en la actualidad tenemos a la India con un porcentaje de población vegetariana estimado del 40%. Otros países como Alemania alcanzan el 8%, Reino Unido un 7% y EE.UU. un 5%. Los datos estadísticos en los países occidentales indican que la adaptación voluntaria hacia nuevos hábitos de alimentación vegetariana es cada vez más frecuente debido principalmente a dos razones complementarias entre sí, la necesidad de mejorar la salud y/o el aumento de la conciencia por el sufrimiento de los animales.

Admitiendo científica y estadísticamente, la existencia (en aumento) de constituciones físicas adaptadas completamente a la alimentación vegetariana, la expresión de la cita anterior que nos queda por analizar “...en vuestra constitución física, la carne nutre a la carne...” (1), sólo cobra sentido en el ámbito temporal de nuestra actual situación evolutiva, característica de los países occidentales, no de los orientales donde el vegetarianismo era impuesto desde hace siglos por el Budismo y el Hinduismo, las religiones mayoritarias.
Además, en occidente, hay que considerar que a mediados del siglo XIX, no existía prácticamente el vegetarianismo pues apenas existían unos pocos médicos naturistas (como Cristoph Wilhelm Huffeland,  Teodor Hahn entre otros) que empezaban a proclamar las ventajas de la alimentación vegetariana para evitar ciertas dolencias y mejorar la salud.

Por otro lado, está ampliamente demostrado que cualquier adaptación hacia a una nueva dieta, vegetariana o no, debe de ser progresiva. Cambios bruscos en nuestros hábitos pueden ocasionar ciertas deficiencias o reacciones indeseadas que pueden disuadir del intento a los menos formados (efectivamente, es necesario estudiar ciertos temas básicos para hacer la transición hacia una dieta vegetariana).

Con todo ello, no debemos olvidar que la constitución física de una persona, que le permite alimentarse de determinada manera, no es indicador de su altura moral, más relacionada con la superación de los vicios, hijos del orgullo y del egoísmo, y de trabajar todas las virtudes. Es por ello que la Doctrina Espírita, incidiendo principalmente en el aspecto moral, es paciente con los hábitos de alimentación necesarios, sabiendo que son una etapa más en el peregrinar del espíritu encarnado en la Tierra. No es ajeno al problema, como veremos a continuación, si bien expone el tema con cautela, prefiriendo esperar a que nuevas necesidades vayan incorporándose a nuestras conciencias desarrollando gustos e inclinaciones que nos lleven poco a poco a adaptarnos a un tipo de alimentación menos grosera, más acorde con la futura etapa evolutiva de la Tierra, llamada de regeneración, donde “...en esos mundos el hombre está aún sujeto a las leyes que rigen la materia; la humanidad experimenta vuestras sensaciones y vuestros deseos, pero está dispensada de las pasiones desordenadas de las que sois esclavos” (2).

El vegetarianismo en "La Génesis"
El estudio del libro de “La Génesis” nos explica el proceso natural de la transformación de las pasiones e instintos en nuevos hábitos de carácter cada vez más espiritual. Vamos a justificar con ello, que la alimentación vegetariana incorpora valores espirituales cuando conlleva la renuncia en favor de otros seres de la creación y de la armonía general del mundo.

“La Génesis” en el capítulo III, nos relaciona el predominio de los instintos con la carencia de sentido moral e inteligencia: “10. Si hacemos un estudio de las pasiones, e incluso de los vicios, veremos que su origen común está en el instinto de conservación. Ese instinto predomina en los animales y los seres primitivos más próximos a la animalidad. Domina en ellos porque no poseen el contrapeso del sentido moral: el espíritu no llegó aún a la vida intelectual. El instinto se debilita a medida que la inteligencia se desarrolla, ya que ésta domina a la materia...” (3)

Por tanto, inteligencia y sentido moral son los ingredientes necesarios para dominar los instintos porque “...La meta del espíritu es la vida espiritual...” (3), y ambos son importantes elementos constitutivos del espíritu, junto a los sentimientos y a la voluntad.

La inteligencia cuando va separada del sentido moral contribuye en derivar los instintos en pasiones: “...Pero en las primeras fases de la existencia corporal [el individuo] sólo busca la satisfacción de las necesidades materiales, motivo por el cual el ejercicio de las pasiones es una necesidad para la conservación de la especie y de los individuos, hablando materialmente”. (3)

El progreso, en sucesivas etapas, va despertando progresivamente el sentido moral del espíritu modificando sus necesidades materiales en necesidades semimateriales, y por tanto semimorales, y finalmente totalmente en morales: “Pero una vez superada esa etapa, aparecen otras necesidades: al comienzo ellas son semimorales y semimateriales, y más tarde exclusivamente morales. En ese momento el espíritu domina a la materia. Si se sacude el yugo que lo aprisionaba, avanzará por la vía providencial, se aproximará a su meta. Si, por el contrario, se deja dominar por la materia, se retardará y asemejará al bruto.” (3)

Si la constitución física, que posee unas determinadas necesidades de alimentación, hemos visto que puede adaptarse a una dieta vegetariana mediante determinados hábitos y adecuada información, reducimos entonces el problema de la alimentación a un tema de conciencia personal. Sólo será necesario por tanto, esperar a que nuevas necesidades semimorales aparezcan en nuestra conciencia para empezar el cambio. La inteligencia que ha ayudado durante mucho tiempo a transformar los instintos en pasiones, ahora junto a un naciente sentido moral (como es la compasión hacia los animales), son los encargados de producir el cambio, debilitando el instinto e impulsando la espiritualización de nuestras necesidades materiales, tornándolas en semimateriales, que hasta ahora eran crueles y semejantes a las del bruto.

En este punto se introducen consecuentemente los conceptos del Bien y el Mal, lo bueno y lo mano: “...En esta situación, lo que antes era un bien, porque era una necesidad de su naturaleza, se convierte en un mal por dos motivos: 1º) Porque ya no es una necesidad, y 2º) porque es perjudicial para la espiritualización del ser. Lo que era benéfico en el niño se convierte en perjudicial en el adulto. El mal es relativo y la responsabilidad es proporcional al grado de adelanto.” (3)

En este punto incide “El Libro de los Espíritus”: “734.  En su actual estado ¿tiene el hombre un derecho de destrucción sin límites sobre los animales? - Ese derecho se encuentra regulado por la necesidad de proveer a su alimento y a su seguridad. Jamás el abuso fue un derecho.” (4)

El derecho de destrucción sobre los animales se encuentra regulado por la necesidad de proveer alimento y seguridad, pero desde el momento en que la inteligencia y la ciencia desarrollan métodos para adaptar nuestra constitución fisiológica hacia la eliminación completa del consumo de carne animal, ese derecho de destrucción disminuye aumentando nuestra responsabilidad conforme nuestra conciencia nos lo va haciendo notar.

Quizás, se podría alegar que los párrafos anteriores de “La Génesis”, donde se habla del desarrollo las necesidades semimorales de forma general, no se refieren de forma específica a la alimentación, si no tuviéramos los párrafos 24 y siguientes, donde se aborda el tema de forma explícita:

 “...Hay en el hombre un período de transición en el cual muy poco lo distingue del animal. En las primeras edades el instinto animal domina y la lucha tiene aún por finalidad la satisfacción de las necesidades materiales. Más tarde, el instinto animal y el sentimiento moral se equilibran. El hombre todavía lucha, más ya no para alimentarse, sino para satisfacer su ambición, su orgullo y su necesidad de dominio, que lo impulsan todavía a destruir. Sin embargo, a medida que el sentido moral va aumentando, la sensibilidad crece y la necesidad de destrucción disminuye, llegando ésta a desaparecer y mostrarse detestable: en esa hora el hombre comienza a sufrir horror ante la visión de la sangre.”(5).  Esos tiempos ya han llegado, la sensibilidad crece y la necesidad de destrucción disminuye puesto que en general todos sufrimos ya horror ante la visión de la sangre.

Otro aspecto importante de este importante capítulo III de “La Génesis”, trata sobre la justicia y bondad de la Ley de Destrucción respecto a la alimentación y destrucción mutua de las criaturas.

En general para los hombres, es una de las leyes de la Naturaleza que menos parece armonizar con la bondad de Dios. “...Su limitada visión no les permite apreciar el conjunto, no son capaces de comprender que de un mal aparente pueda surgir un bien real. Sólo el conocimiento del principio espiritual, considerado en su verdadera esencia, y la gran Ley de Unidad que constituye la armonía de la Creación, pueden darle al hombre la llave de ese misterio y mostrarle la gran razón y sabiduría providencial, precisamente donde antes veía anomalías y contradicción.” (6)0

Es la segunda vez (de un total de cinco alusiones) que introduce el concepto “la gran Ley de Unidad que constituye la armonía de la Creación”. Anteriormente en el capítulo I, ítem 30, expone: “...no hay creaciones múltiples ni categorías diferentes entre los seres inteligentes, sino que toda creación surge de la Ley de Unidad que gobierna al Universo y que todos los seres gravitan hacia una meta común: la perfección, sin que unos sean favorecidos a expensas de los demás, pues todos son hijos de sus obras.” (7). No hace distinción por tanto entre animales y personas al igual que en la pregunta 71 de el “Libro de los Espíritus” donde dice: “... podemos distinguir: Primero, los seres inanimados, formados sólo de materia, sin vitalidad ni inteligencia: éstos son los cuerpos inertes.  Segundo: los seres animados no pensantes, formados de materia y dotados de vitalidad, pero desprovistos de inteligencia. Y tercero: los seres animados y pensantes, formados de materia, dotados de vitalidad y que poseen, además, un principio inteligente que les otorga la facultad de pensar.” (8). Principio Inteligente que no difiere de unos seres a otros, porque: “12. Todo se une y eslabona en el Universo. Todo está sujeto a la importante y armoniosa Ley  de Unidad, desde la materialidad más pura.” (9)

Todo cobra sentido, la justicia y la bondad del Creador ante la Ley de Destrucción: “Este sistema, basado en la gran Ley de Unidad que rige en la Creación, se ajusta a la justicia y bondad del Creador; otorga una salida, una meta, un destino a los animales, quienes dejan de ser seres desheredados para encontrar, en el porvenir que les está reservado, una compensación a sus sufrimientos.” (10)

El estudio de la Ley de Destrucción nos lleva a la comprensión de sus objetivos prácticos y morales, que son: el desarrollo de anhelo por la vida espiritual al darse cuenta de la poca importancia de la envoltura material (11); y el ejercicio de las facultades necesarias para el progreso del espíritu, la inteligencia, ejercitada a través de la lucha diaria para supervivencia y conservación (12).

La lucha, objetivo moral necesario para el desarrollo de las fuerzas espirituales, continua en todos los eslabones de la evolución: “Como todo, la lucha siempre es imprescindible para el desarrollo del espíritu, pues a pesar de haber llegado a ese punto, que nos parece culminante, la perfección está aún lejana. Es a costa de su actividad que él adquirirá conocimientos y experiencia y se despojará de los últimos vestigios de animalidad. Pero la lucha, antes sangrienta y brutal, ahora es puramente intelectual: el hombre ha de luchar contra las dificultades y no contra sus semejantes” (13). Considerando, por tanto, como nuestros semejantes a todas las criaturas del Universo portadoras del Principio Inteligente por la gran Ley de Unión que rige en la Creación.

Otros textos

 Ahora podemos comprender en su completa extensión a la expresión del espíritu San Vicente de Paúl cuando nos dice: “Sed dulces y benévolos con todo lo que os sea inferior. Proceded igual con los seres más ínfimos de la Creación, y habréis obedecido a la ley de Dios. San Vicente de Paúl” (14). Entendiendo como “seres más ínfimos de la Creación” a los animales.

Recomendamos además la lectura del capítulo cuatro del libro "Misioneros de la Luz" y capítulo 42 del libro "Los Mensajeros espirituales" ambos del espíritu André Luiz a través de la mediumnidad de Chico Xavier.
De este último libro reproducimos aquí las magníficas palabras del guía espiritual Aniceto que nos dan una increible luz sobre el tema:

“...el Señor tiene esperanza en la liberación de los seres esclavizados en la Tierra… Habéis visto a la civilización funcionando cual vigorosa máquina de triturar… [Los hombres] absolutamente sumergidos en los vicios de los sentimientos y en los excesos de la alimentación, despreocupados de la inmensa deuda contraída con la Naturaleza, amorosa y generosa. Ellos oprimen a las criaturas inferiores, hieren las fuerzas benefactoras de la vida, son ingratos con las fuentes del bien,… desarrollan el comercio de la ganancia indebida, recogiendo las complicaciones internacionales que dan curso a la miseria; dominan a los más débiles ¡y los explotan, despertando más tarde, entre los monstruos del odio!
...¡Escuchemos los gemidos de la Creación, pidiendo la luz del raciocinio humano!
...El Señor reserva créditos sublimes de valores evolutivos a los seres sacrificados. ¡No olvidará Él, al árbol útil, al animal exterminado, al ser humilde que se consumió para beneficio de otro ser!
...Siempre, cuando regresamos a la superficie terrestre, envolviéndonos en fluidos del círculo carnal, llevamos muy lejos la adquisición del nitrógeno [fundamento de los aminoácidos que forman las proteínas]. Convertimos en tragedia mundial lo que podría constituir una búsqueda serena y edificante. Como sabemos, ningún organismo podrá vivir en la Tierra sin esa sustancia. Solamente las plantas, infatigables operarias del orbe, consiguen retirarlo del suelo fijándolo para mantener la vida en otros seres. ...Cada fruto de la tierra es una bolsa de azúcar y albúmina, repleta del nitrógeno indispensable para el equilibrio orgánico de los seres vivos.
¡Y el hombre, mis amigos, transforma la búsqueda del nitrógeno en un movimiento de pasiones desvariadas, hiriendo y siendo herido, ofendiendo y siendo ofendido, esclavizando y tornándose cautivo, segregándose en densas tinieblas!
Ayudémoslo a comprender, para que se organice en una nueva era. ¡Auxiliémosle a amar a la tierra, antes de explotarla en el sentido inferior, valiéndose de la cooperación de los animales, sin promover el  exterminio!
¡Enseñemos a nuestros hermanos que la vida no es un robo incesante, donde la planta lacera al suelo, el animal extermina la planta y el hombre asesina al animal,… sino un movimiento de intercambio divino, de cooperación generosa, que nunca perturbaremos sin grave daño a nuestra propia condición de criaturas responsables y evolutivas! ¡No condenemos! ¡Auxiliemos siempre! "

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

Referencias:
1. Preg. 723 de “El Libro de los Espíritus”.
2. Capítulo III, Ítem 17 de “El Evangelio Según el Espiritismo”.
3. Capítulo III, ítem 10 de “La Génesis”.
4. Preg. 734 de “El Libro de los Espíritus”.
5. Capítulo III, Ítem 24 de “La Génesis”.
6. Capítulo III, ítem 20, de “La Génesis”.
7. Capítulo I, ítem 30 de “La Génesis”.
8. Preg. 71 de “El Libro de los Espíritus”.
9. Capítulo XIV, ítem 12 de “La Génesis”.
10. Capítulo XI, ítem 23 de “La Génesis”.
11. Capítulo III, ítem 21 de “La Génesis”.
12. Capítulo III, ítem 23 de “La Génesis”.
13. Capítulo III, ítem 24 de “La Génesis”.
14. Preg. 888 de “El Libro de los Espíritus”.
15. Capítulo 42, “Los Mensajeros Espirituales” de Chico Xavier.

sábado, 1 de febrero de 2014

Carta a un espíritu



Espíritu querido,

Hoy ha sido para Clara, mi esposa,  y para mí, uno de los días más importantes y felices de nuestra vida. Nos han confirmado que esperamos la llegada de un bebé.
Y ese bebé serás tú. ¡Qué alegría!

Ya sabemos que has estado observándonos desde hace tiempo y que por fin has decidido incorporarte a nuestra familia. Nosotros hemos sentido también tu presencia a nuestro alrededor. Sí, nos queremos y esto de manera muy natural será beneficioso para ti, porque serás el complemento ideal de nuestro amor.

Desconocemos si ya fuiste parte de ella en otras ocasiones. Si perteneces a la familia espiritual; abuelos, padres, familiares, amigos, etc., que partieron para el más allá antes, pero esto carece de importancia, si estuvimos juntos o no.

Lo verdaderamente importante es que te recibiremos con mucha ilusión, que te cuidaremos y te entregaremos nuestro cariño, que ya ha empezado a fomentarse, y que procuraremos educarte haciéndote comprender que la vida no es solamente aquello que vemos, puesto que como bien sabes estamos sumergidos en el mundo espiritual.

¿Y por qué te decimos esto último, si tú estás precisamente ahora en ese mundo? Porque cuando nazcas, cuando estés junto a nosotros, si Dios así lo quiere, habrás olvidado todo lo que ahora observas espiritualmente.

Pero no te preocupes porque ocasionalmente también estarás intuido e inspirado para recordar aquellas cosas puntuales que precises para cumplir con tu compromiso.
Recuerda que es una nueva oportunidad que te brinda la Espiritualidad Mayor para que aprendas, te desarrolles, avances y siembres el amor en tu entorno y así la cosecha te será provechosa para tu futuro y el de los demás.

Nosotros te prometemos que estaremos siempre a tu lado amándote, porque a pesar de que los años pasen velozmente, entre padres e hijos no existe el tiempo. El amor no cambia, al revés, se fortalece aún más.

Te enseñaremos también aquello que nosotros un día descubrimos, que somos una parte de la creación de Dios, que sentimos en nuestro interior su luz y su energía. Y que esta es una de tantas experiencias que aún nos esperan para conquistar nuestro bienestar espiritual en compañía de aquellos que amamos.

Sabemos que formas parte de esa pléyade de espíritus que están reencarnando desde hace tiempo para crear un mundo mejor y es por ello que deseamos agradecerte desde lo más profundo de nuestro ser el haber sido elegidos y seleccionados para colaborar en este maravilloso viaje que nos espera a todos.

Con gran emoción estamos preparándonos para tu llegada. Mientras tanto recibe nuestro más profundo amor.

Tus futuros padres en la Tierra: Lucio y Clara.

Juan Miguel Fernández Muñoz
Asociación de Estudios Espíritas de Madrid


martes, 26 de noviembre de 2013

Estudiando las Bienaventuranzas



“La palabra de Jesús solía ser frecuentemente alegórica y 
en forma de parábolas, porque hablaba conforme a los tiempos y lugares. 
Ahora es necesario que la Verdad se torne inteligible para todo el mundo.”
 (preg. 627 El Libro de los Espíritus)

     De todas las grandes enseñanzas de Jesús, posiblemente las Bienaventuranzas se encuentran entre las menos comprendidas. Tuvieron que pasar casi 1900 años, hasta la llegada del Espiritismo y en particular, la edición del libro “El Evangelio según el Espiritismo”, para poder comprender en profundidad las grandes enseñanzas que Jesús impartió en "El Sermón de la Montaña".

     Las Bienaventuranzas, de forma deslumbrante, concisa y directa, resumen de forma excepcional parte de las leyes espirituales que rigen la evolución humana, explicadas con posterioridad en “El Libro de los Espíritus” y "El Evangelio según el Espiritismo" de Allan Kardec.

     Por tanto, podemos considerar las Bienaventuranzas y por extensión “El Sermón de la Montaña”, todo un manual espiritista 2000 años antes de la institución del Espiritismo como corriente filosófica, científica y moral.

“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.”
     Siendo nuestro espíritu inmaterial, ser pobre o rico de espíritu sólo tiene una posible interpretación: referirse a lo material de nuestros pensamientos que conforman nuestra forma de ser. El orgullo y egoísmo impregnan los pensamientos de los ricos de espíritu. Los humildes, por lo contrario, son pobres de espíritu porque sus pensamientos no se fijan principalmente en lo material. Lo material es un lastre que atrapa el pensamiento del espíritu rico y le impide elevarse espiritualmente (expresado con el término “Reino de los Cielos”) al contrario de lo que le ocurre al espíritu pobre, que su humildad y virtudes le permiten ascender de forma natural como aceite en el agua por diferencia de densidad vibratoria.

“Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la Tierra.”
     Podemos decir que esta frase resume brillantemente las consecuencias futuras de la Ley de Evolución y la Pluralidad de Mundos, enseñados ambos por la Doctrina Espírita.

     En la pregunta 1018 de "El Libro de los Espíritus" se expone: “La transformación de la humanidad ha sido predicha y vosotros estáis llegando a ese momento... Esa transformación se operará mediante la encarnación de espíritus mejores, que formarán en la Tierra una nueva generación. Entonces los espíritus de los malvados, que la muerte cosecha a diario, y todos aquellos que intentan detener la marcha de los acontecimientos serán excluidos de este mundo, pues se encontrarían desubicados entre los hombres de bien, cuya ventura turbarían. Irán a mundos nuevos y menos evolucionados, a desempeñar misiones penosas  en las que podrán trabajar por su propio adelanto, al paso que lo harán por el progreso de sus hermanos todavía más atrasados que ellos.”

     Los mansos son los hombres de bien que poseerán la Tierra en la nueva etapa evolutiva, llamada Regeneración (ver capítulo III, ítem 16, “El Evangelio según el Espiritismo”).

     Aquellos que se opongan al progreso de la humanidad no podrán permanecer en la Tierra y recaerán en nuevos mundos menos evolucionados donde trabajarán en condiciones penosas por su progreso. De esta forma, la Justicia Divina, de un mal en la Tierra hace un bien en otro mundo menos adelantado moral e intelectualmente.

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.”
     El capítulo V de “El Evangelio según el Espiritismo” nos esclarece sobre la justicia de las aflicciones, las causas actuales y anteriores, el olvido de dichas causas en el pasado y los motivos de resignación.
Este es uno de los mayores consuelos que nos trae la Doctrina Espírita. Comprender la utilidad y las causas de nuestras aflicciones nos alivia en parte y nos da fuerzas para seguir luchando, porque entendemos que son simplemente un capítulo más en nuestro peregrinar hacia la perfección.

     El estudio de las Leyes Espirituales nos llevará a la comprensión de las experiencias que nos tocan vivir, unas como pruebas y otras como expiaciones. Las expiaciones una vez pasadas, vistas desde la vida espiritual, son bálsamo para las heridas de nuestra conciencia, abiertas mediante los errores del pasado. Desde la vida espiritual bendecimos el dolor y las lágrimas vertidas en el camino, gracias a las cuales alcanzamos la completa conversión de nuestras inclinaciones, doblegamos nuestras pasiones y recobramos la paz con nuestra propia conciencia esclarecida.

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia.”
     Exposición clara de la Ley de Causa y Efecto que enseña que la fatalidad no existe (preg. 851 de “El Libro de los Espíritus”). Siempre recogemos en la vida aquello que anteriormente hemos sembrado, nos haremos merecedores de misericordia solamente sembrando misericordia o, lo que es lo mismo, “Fuera de la Caridad no hay salvación” (Capítulo XV de “El Evangelio según el Espiritismo”).

“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.”
     La pregunta 895 de "El Libro de los Espíritus" nos da luz sobre este asunto: “Porque a medida que los Espíritus se van purificando, reencarnan en mundos cada vez más perfectos, hasta que se hayan despojado de toda clase de materia y lavado de todas sus manchas, para gozar eternamente de la felicidad de los Espíritus puros en el seno de Dios.”

     El estudio de la escala espírita (párrafo 100 de “El Libro de los Espíritus”) y del progreso de los espíritus (preguntas 114 a 127) nos muestra cómo el espíritu va pasando por distintos estados de evolución hasta alcanzar la perfección, estado de espíritu puro donde verá a Dios: "244.  Los Espíritus ¿ven a Dios? - Únicamente los Espíritus superiores lo ven y comprenden. Los inferiores, por su parte, sólo lo sienten y adivinan." (Ídem.)

“Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios.”
     El término “hijo de Dios” debe entenderse en el contexto hebreo como “ben Elohim”, título hebraico que sólo se daba a aquel que ejercía una función de representación de Elohim (Dios), como eran el rey de Israel, los jueces, los ángeles y el mesías prometido. Con esta expresión entendemos que Jesús se refiere a todo los espíritus que vienen a la tierra en misión para trabajar por la Paz del mundo, utilizando el término pacíficos. La misión de un espíritu es proporcional a sus capacidades: "571.  ¿Sólo los Espíritus elevados cumplen misiones? La importancia de las misiones está relacionada con las capacidades y la elevación del Espíritu." (Ïdem.)

“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.”
     Practicar la verdadera justicia conlleva, en la Tierra a veces, ser perseguidos. Sólo una persona completamente desprendida de intereses materiales podrá, en esta situación, practicar la verdadera justicia, preocupándose más por los bienes espirituales que por los materiales, imitando a Jesús: “879.  ¿Cuál sería el carácter del hombre que practicará la justicia en toda su pureza? - El del verdadero justo, a ejemplo de Jesús. Porque practicaría también el amor al prójimo y la caridad, sin los cuales no existe verdadera justicia.” (Ídem.)
José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

lunes, 18 de noviembre de 2013

¿Dialogo esclarecedor o aleccionamiento?


Siendo el Espiritismo síntesis del conocimiento metafísico universal puesto al servicio de la educación (moral y mental) del ser humano, es obvio que sus propuestas, por esencia supraelevadas, deben filtrarse y acomodarse al pensamiento común del hombre de mediana evolución que, en mayor o menor medida, somos todos. En este sentido y como es natural, la doctrina de los Espíritus es más grande que el propio codificador, que, a pesar de sus evidentes conquistas intelecto-morales, era una conciencia encarnada al fin y al cabo.

Pero también es cierto que Kardec fue el escogido por la pléyade de Espíritus superiores que, con la guía luminosa del Espíritu de Verdad, presidieron la Codificación. Y en este punto, toda objeción de minimizarlo bajo pretexto de estar superado solo expresa la infantilidad de nuestras almas, infladas de vanidad y fascinadas por una intelectualidad (presunta y subjetivamente) tan meritoria como para pretender juzgar aquello que nos supera.

Sin Kardec en los estudios y en la reflexión no podremos hablar de Espiritismo auténtico.

Y SIN EMBARGO…. A pesar de lo que hasta aquí hemos dicho en este tema del papel central del codificador (como en otros llamados “doctrinarios”), no podemos ser repetitivos, machacones y, lo que es peor, discutidores. No hay nada más monótono y poco esclarecedor que una reunión espírita llena de tozudos repetidores más preocupados en apuntar deslices doctrinarios que en compartir un espacio de paz y crecimiento.

Por supuesto es necesario conocimiento y lógica doctrinaria que aporten a cada sesión o encuentro unidad y coherencia, pero no podemos hacer de esto (sea Kardec u otra cuestión) un discurso de todos los días. La fijación es mala compañera… porque va asentando poco a poco un tic rígido… y la rigidez es un obstáculo para la comunicación (a menudo no nos damos cuenta, ya sea porque hemos estudiado mucho, tenemos “sobrada” experiencia o nadie se ha atrevido a indicárnoslo).

Los caracteres lineales, los apuntes sistemáticos y los aleccionamientos, terminan haciendo una doctrina dentro de la doctrina…y por supuesto acaban disgregando la atención y más tarde el interés; nada transformador puede salir de esto, por mucho que estemos hablando de grandes verdades.

Modifiquemos la pauta: no seamos apuntadores y sí dialogantes… Es la diferencia entre el mero discurso y el esclarecimiento.

Preocupémonos por ser claros, elucidamos errores, pero no caigamos en la trampa de ser “corregidores” todo el tiempo, so pena de caer en comportamientos panfletistas y dogmáticos. Si no consideramos esto, aquellos que nos visiten por primera vez no percibirán un ambiente mucho más diferente de una agrupación evangelista o una escuela esotérica con sus maestros sus aprendices aventajados y sus rituales.

El Espiritismo puede, y debe, adaptarse a la expresión de la cultura y sociedad contemporánea (sin modificar su esencia y propuestas, por supuesto), porque, además, está dotado para ello desde su génesis… esto es muy importante comprenderlo. Hacer repeticiones de textos doctrinarios, imitar discursos de gente conocida y no salirse nunca de un guión (aunque este sea implícito), no es lo mejor que podemos hacer como espíritas. Sin echar mano de enfoques dinámicos, matizar y contextualizar la información, hacer aproximaciones culturales con otras líneas  de pensamiento esclarecedoras (que nos ayuden a asimilar conceptos), etc., una reunión espírita carecerá de libertad, naturalidad y perspectiva, limitándose a estar cerrada en sí misma.

Mucho se equivocan los responsables de un grupo si, consciente o inconscientemente, creen que la reunión recibe a las personas para que estas sean aleccionadas.

Ser organizados y formales (no necesariamente serios, porque la seriedad por sí sola no es una virtud especial), no debería ser una disculpa para caer en el discurso repetitivo, desconfiado en esencia y circular (cerrado).

 La demagogia y la carencia de espontaneidad atrapan y distorsionan el mensaje.

Juan Manuel Ruiz Gonzalez
Fraternidad Espírita José Grosso (Córdoba)

miércoles, 13 de noviembre de 2013

La muerte no separa almas


Recóndita tristeza en el lar íntimo, pasan las horas y el polvo va cayendo sobre los muebles, mientras la mirada fija en una fotografía no percibe la presencia amada a su lado. Las lágrimas brotan si no ya en forma líquida, lo hacen hacia adentro abnegando el alma. La vida pesarosa de la pérdida sin consuelo. Al otro lado el marido desencarnado charla con su guía:

- ¿Cuándo podré hablar con ella? Me aturde verla tan apenada.

- No te preocupes, pronto tendrás ocasión. Aguarda.

La señora ojea un pliego de tema espiritista que su hijo ha dejado descuidado sobre su escritorio. Se dice, ¿y si todo esto fuera cierto? ¡Ay, si pudiera saber de Roberto! Se consume en meditaciones que el deudo no escucha estando como está bajo el amparo de su guía. Ambos salen de la habitación. Y se dirigen hacia donde está Claudio, el hijo que nació fruto del amor de esta relación.

***

La reunión en el centro espírita va a comenzar. Todos están en silencio, sentados alrededor de una mesa rectangular, son ocho personas de aspecto sereno y simpático. Uno de ellos entona una oración de recogimiento para dar inicio al trabajo. Roberto ve como desde arriba cae una especie de luz blanquecina que va descendiendo sobre cada uno de los presentes, excepto sobre una muchacha que está oscura, como si la cosa no fuera con ella. Hay muchas más personas ahí presentes, pero están como ellos, en el plano espiritual. Visten de blanco inmaculado y radian una alegría singular que embriaga el alma.

- Buenas noches, caros hermanos, venid aquí junto a nosotros, y veréis el trabajo de esta noche, digno de estudio.

Roberto está nervioso, sabe que en un momento dado se le llamará para dar una comunicación, pero mientras, aguarda paciente su turno junto a su guía que no le abandona un instante.

La sesión pasa con normalidad, los mentores espirituales ayudan a los médiums a ponerse en situación para recibir a los espíritus comunicantes, muchos de ellos envueltos en bajas vibraciones, debido a su necesidad de ayuda y orientación.

Desde afuera Roberto contempla la escena curioso, nunca había asistido a una reunión espiritista, ni tampoco se mostraba muy convencido de cuando su hijo le hablaba del trabajo de amor y caridad que hacían. A él, todo eso le sonaba a satanería, o como mucho a charlatanería barata de unos cuantos exaltados y deploraba que su hijo estuviera mezclado con semejante calaña. Pero ves las cosas, al volver al plano espiritual, al morir, como vulgarmente se dice, se halló muy sorprendido ante la ayuda inesperada del mismo, y ya no pudo negar la evidencia de la utilidad de estas sesiones, pues ¡qué sólo se quedan los muertos! Como diría el poeta Bécquer en una de sus rimas, y bien es cierto, pues ya muertos, nadie se acuerda en ayudarlos, como mucho algún pensamiento bondadoso, las más de las veces de agria pena que en nada benefician al difunto, que de difunto tiene poco.

Al recordar estas cosas Roberto se empezó a emocionar al revivir aquellos momentos de angustia y de congoja, pues tal era su desorientación. Sin darse cuenta mientras estaba en esta situación, fue guiado hacia su hijo, que fue el elegido para la comunicación de aquella noche.

- Buenas noches hermano, ¿con quién tenemos el gusto de hablar?

- Buenas noches, nos dé Dios.

- Qué así sea. Contadnos, en qué os podemos ayudar.

- Ya me estáis ayudando, y mucho. Mi nombre es Roberto Bernabéu y soy el padre de Claudio.  Honda emoción recorre la mesa como un rayo electrizante.

- Nos alegra mucho poder contar con su presencia esta noche. Como sabéis vuestro hijo nos habló mucho de usted.

- Sí, lo sé. Y le estoy muy agradecido, yo ignoraba todas estas cosas, incluso ahora mismo ignoro como estoy hablando a través de su boca, en realidad no pensé que hubiera vida después de la muerte. Pensaba que eran tonterías, miedos irracionales, que todos tenemos y que de algún modo nos hacen más suave la existencia.

- Pero ahora habéis visto que sí hay algo, de hecho estáis en plena conciencia de que no estáis muerto.

- Sí bien lo veo, aunque por un lado más bien me pesa. Porque podría haber hecho muchas cosas que no hice. O haberlas hecho distintas.

- Bueno Roberto, no se culpe más de la cuenta, todos pasamos pruebas y no siempre acertamos en la resolución de las mismas. Lo importante es que ahora esté sereno porque con la ayuda de Dios va a empezar a comprender su nueva situación y a estudiar su vida ahora acabada, para ver en qué puntos pudo haber hecho más, pero siempre para perfeccionar, no como castigo, y de este modo rectificar en la siguiente existencia. Porque ¿le han dicho ya que volvemos a vivir?

- La verdad, no. No me había planteado ese asunto. No llevo mucho tiempo aquí, o bueno a mí no se me antoja mucho tiempo, y ya digo que hay cosas que no entiendo del todo bien. Sólo sé que estoy mejor, que vuestras oraciones me llegan, y ahora mismo la conversación que estoy manteniendo con vosotros me calma, me da paz. Y al mismo tiempo estoy sintiendo sopor, cansancio.

- Bien, querido hermano, ¿hay alguna cosa más que nos quiera decir?

- Sí, a mi hijo. Claudio, gracias por lo que estás haciendo por mí. La verdad, ahora comprendo la utilidad de estas cosas que mientras estaba… en vida no terminaba de comprender. Apoya a tu madre, dile si su comprensión lo puede aceptar, que estoy bien, que haga el favor de no manosear tanto mi foto que va a perder el color, que se acuerde de cosas buenas y me perdone si hubieron algunas que no lo fueron tanto. Tengo esperanza de poder decírselo en persona, pues mi guía así me lo confirma, ojalá frecuentara estas reuniones a las que tú asistes, porque por mucho que le hablo ella no me escucha…

Estoy bien hijo, pero ahora estoy algo cansado y me aconseja mi guía que me despida de vosotros. A la paz de Dios.

- A la paz de Dios querido hermano, esperamos si Dios quiere que pronto nos vuelva a visitar.

Jesús Gutierrez Lucas