martes, 7 de julio de 2020

El Amor, el orgullo y la evolución

El Amor, el orgullo y la evolución



El Amor es la mayor fuerza del Universo, esencia misma de la Voluntad del Creador, con capacidad de crecimiento, equilibrio y armonización. Todo es producto del amor en distinto grado de elevación, con determinado grado de calidad y cantidad. Por tanto, en esencia todo es amor y no existe un contrario. Lo contrario al amor no es el odio, que solo es un simple sentimiento desviado, es el vacío, es la ausencia de creación, evolución y por tanto el frío abismo donde solo se cultiva el miedo. El miedo puede ser consecuencia de la falta de amor de tal forma que no se puede amar verdaderamente lo que se teme, al igual que no se puede temer a aquello que se ama. El amor disipa el miedo al igual que la luz disipa la oscuridad y el calor disipa el frío. La oscuridad, el frío y el miedo no son contrarios de la luz, el calor o el amor, son simplemente consecuencias de sus carencias. El miedo es carencia de amor, pero es tan sencillo de eliminar como el frío o la oscuridad. El miedo se esconde en las imperfecciones del alma, el orgullo y el egoísmo, donde se puede hacer fuerte y llegar a dominar nuestro psiquismo. El egoísmo y el orgullo son elementos claves en nuestra evolución pues expresan lo alejados que nos encontramos del amor y por tanto del Creador y su Voluntad.

Filosóficamente comprendemos a Dios como la máxima expresión de la Perfección, de la Bondad, de la Justicia y de la Verdad. Al igual que la Justicia de Dios solo puede ser infinita para poder ser perfecta, el Amor de Dios solo puede ser infinito para ser perfecto. No hay nada más bello, bueno y justo que el Amor de Dios y mediante su Voluntad lo irradia constantemente en forma de Creación.
Todo lo creado proviene del Amor de Dios, le pertenece a él y siendo a su vez parte de él en esencia no puede ser otra cosa que el mismo Amor en distintos estados de evolución en su misión de volver hacia su Creador. "Todo se encadena en la naturaleza, desde el átomo al arcángel" (preg. 540 ELDE), muestra claramente esta idea. El átomo perteneciente al Principio Material acompaña desde su creación al Principio Intelectual que llegará a evolucionar hasta el estado de arcángel donde se separará definitivamente de todo elemento material. La Existencia, por tanto, se compone de tres elementos: Dios, el amante; el Espíritu o Principio Intelectual, lo amado; y la consecuencia de su Amor, la creación material o Principio Material en sus distintos estados de manifestación, material, emocional, o mental. Lo amado siendo creado a imagen y semejanza de Dios tiene igualmente la capacidad de amar, o lo que es lo mismo de co-crear.

El Espíritu es la dínamo cocreadora que tiene la capacidad de transformar el Principio Cósmico Universal (Principio material), empezando con el pensamiento, que tiene la capacidad de moldearlo, el sentimiento que puede transformarlo y conferirle su nivel de calidad o vibración, y por último, sus actos a nivel físico, sembrando el porvenir y las futuras experiencias consecuencia de la Ley de Causa y Efecto. 

Cuando nuestro Amor se encuentra en unión con el pensamiento Creador de Dios, somos cocreadores con Él, cumpliendo "la gran Ley de Unidad que rige la Creación", mientras que cuando nuestro Amor se encuentra desalineado con el Creador, nos encontramos creando nuestra propia realidad que puede ser nuestro cielo o nuestro infierno particular. Somos completamente responsables de nuestra dicha y desdicha.

Nuestro espíritu tendría que ser el dueño y señor de nuestro psiquismo, pero en nuestro estado evolutivo no es así. Nuestra mente, forjada con las personalidades y deseos de cientos o miles de vidas pasadas, toma el dominio de nuestra psiquis consiguiendo que el espíritu se identifique con ella. Nuestra mente es la consecuencia de nuestras constantes elecciones que conforman nuestros hábitos que perduran de una existencia a otra.

En un principio, el espíritu es creado simple e ignorante, pero no carente de instinto. El instinto en las primeras etapas de la evolución nos guía incluso mejor que nuestra razón, pero cuando empieza a desarrollarse la inteligencia se nos abre ante nosotros multitud de alternativas no todas ellas buenas que nos pueden desviar del camino del bien apareciendo las pasiones y conformando nuevos hábitos contrarios a las leyes naturales. El instinto de conservación nos permitía movilizar recursos para el bien de nuestra comunidad, pero en el mismo momento en que el sentimiento de separación, el orgullo, nos distanció emocionalmente de los demás, nuestra inteligencia ya no tenía razones lógicas, en ausencia de la ética, para no poner nuestros propios intereses por delante, alimentando nuestro egoísmo y desarrollando una personalidad alejada de los ideales de lo bueno, bello y verdadero, en armonía con el Amor Universal y las Leyes Naturales. Vida tras vida, en ausencia de la ética y del conocimiento espiritual, nuevas personalidades cada vez más complejas iban aportando contenidos a la mente, que como buen filtro, mostraba al Espíritu únicamente su punto de vista sesgado, llenándole de identificaciones con el fin de calmar sus inseguridades en ausencia de los verdaderos contenidos espirituales. Fueron necesarias muchas vidas, muchos progresos realizados para darnos cuenta de las cosas realmente importantes de la vida, adquiriendo conocimiento espiritual para retomar el camino de la ética y del cumplimiento de las Leyes Naturales. Sin embargo, hoy todavía no hemos dejado atrás el orgullo y el egoísmo, verdaderos verdugos de la humanidad. La ignorancia puede ser causante de grandes males, pero son el orgullo y el egoísmo los responsables de nuestro estancamiento espiritual. El egoísmo en el plano emocional y material intenta cubrir o satisfacer nuestras inseguridades emocionales y materiales, mientras que el orgullo, actuando en el plano psicológico y espiritual, intenta satisfacer nuestras inseguridades psicológicas y espirituales. Dichas inseguridades son realmente necesidades superficiales impuestas por nuestros miedos promovidos por la ausencia de valores espirituales fundamentados en el Amor.

El orgullo se opone al amor al fomentar en uno mismo el sentido de separación, totalmente contrario al sentido de unión. El orgullo siempre separa mientras que el amor siempre une. El espíritu, creado simple e ignorante, lleva implícito un sentido de la individualidad que lo hace único y le acompañara en todas las etapas evolutivas. Este sentido de la individualidad no es incompatible con el sentido de unión puesto que el instinto le hace gregario con la necesidad de pertenecer a un grupo al que amar donde encontrarse protegido. Sin embargo, en algún momento tendrá que enfrentarse a la idea de sentirse separado, origen del orgullo y del sentido de separación, instigado por la inteligencia recién desarrollada que le aplica una lógica material que le habla sobre las posibilidades mayores de éxito como independiente del resto, gracias a sus mayores capacidades intelectivas o de recursos desde ese momento egoístas. La lógica materialista le crea la ilusión de la separación, cuando realmente todos estamos interconectados y la ilusión de la posesión, cuando todos somos usufructuarios y no poseemos realmente nada salvo nuestro conocimiento y forma de ser. Estas ilusiones, altamente verosímiles crean identificaciones al espíritu, el cual se viste con ellas y se siente especial, diferente y con una identidad propia. El concepto de identidad es muy peligroso espiritualmente porque implica la separación de todo aquello que no se identifica con tales criterios productos de la ilusión de una inteligencia moralmente desviada. La identidad de grupo crea el orgullo colectivo que puede ser racial, de clan, de un colectivo, de un país o región, etc. La identidad personal crea el orgullo personal que se viste de sofisticaciones externas para esconder las carencias internas. La mente, principio organizador del pensamiento al servicio del espíritu, se llena de contenidos (identificaciones) enrocándose como regente absoluto de la psiquis, consiguiendo el dominio sobre los pensamientos del espíritu, limitándolo e imponiéndole sus contenidos.

El instinto de progreso propicia el desarrollo de la inteligencia y permite demostrar la utilizad del orgullo en lo referente a la lucha por el bienestar material. Todavía en nuestra sociedad el orgullo tiene una connotación positiva cuando es el responsable de nuestro estancamiento espiritual. No hay que confundir orgullo con autoamor, versión saludable y positiva del amor por uno mismo, ingrediente esencial para la construcción de una mentalidad saludable y base del progreso moral. No se puede amar a los demás si no nos amamos sanamente a uno mismo. 

La conciencia del espíritu va progresando por tanto hacia el cumplimiento de las leyes naturales empezando primero con sus instintos, desarrollando luego los sentimientos y por último virtudes. En dicho camino, el orgullo puede acompañarnos escondido en las diferentes etapas de la evolución de la conciencia apareciendo posteriormente incluso cuando ya no se le espera. 

En el camino evolutivo el orgullo oculto nos va retrasando en cada una de las etapas. Al principio junto al instinto de supervivencia intentará alejarnos del grupo para conseguir la supervivencia del individuo. En la etapa correspondiente a la ley de conservación donde tenemos que ayudar a nuestra comunidad avanzar intelectualmente y en bienestar, el orgullo se viste de egoísmo y busca la satisfacción de uno mismo primero frente al bien comunitario sin importarle los demás. En la etapa regida por la ley de progreso, la inteligencia despierta aprovecha sus cualidades para coger ventaja sobre los demás buscando su liderazgo en busca de poder. Es el momento donde el orgullo se ve más claramente. La alta inteligencia es un elemento diferenciador frente al resto, que puede considerar como manada, para hacerlo más impersonal y alejado de uno mismo. En la etapa donde empieza a regirse por la Ley de Amor, Justicia y Caridad, donde es tan importante el desarrollo de los sentimientos, aparece el orgullo espiritual para retrasarnos, haciéndonos sentirnos más especiales, más importantes, más merecedores o más espirituales. Es la etapa donde empiezan a desarrollarse las facultades espirituales gracias a la elevación de los sentimientos, dominando nuestras emociones mediante el conocimiento de uno mismo, y empezando a ver la vida desde una perspectiva cada vez más espiritual, aplicando el conocimiento adquirido.

Mientras, en las etapas anteriores, el orgullo y el egoísmo son los causantes de los grandes errores de la humanidad, desvirtuando los instintos naturales. El instinto de supervivencia, cuándo es acompañado por el orgullo, puede causar errores importantes como la crueldad. El instinto de conservación, acompañado del egoísmo, permite los grandes males de la sociedad para enriquecer a unos pocos aumentando las grandes diferencias incluso por encima de los derechos fundamentales. El instinto de progreso, acompañado de orgullo, pone sus objetivos en la búsqueda del poder para dominar al resto de la sociedad. El orgullo espiritual, en la sombra normalmente, busca el dominio y el afecto de los demás más sutilmente de forma que es muy difícil darnos cuenta de ello, por ejemplo, si queremos imponer nuestras ideas sobre los demás porque pensamos que es lo mejor para ellos, cuando realmente estamos esperando algún tipo de recompensa o reconocimiento que nos llene de satisfacción.

Como vemos entonces, el orgullo lleva viajando con nosotros a lo largo de muchas encarnaciones incrementando nuestras caídas y prolongando nuestras instancias en el error. Etapa tras etapa hay que superarlo con la mayor fuerza del universo que es el amor. El amor en la etapa de supervivencia permite sobrevivir con el grupo aunando esfuerzos anteponiendo el bien de los demás sobre el de uno mismo. En la etapa de conservación el amor permite una sociedad justa con un bienestar igualitario bien repartido. En la etapa de progreso el amor permite la utilización de la inteligencia para el bien de los demás y el trabajo en la búsqueda de bienes más elevados de los conseguidos hasta entonces, abriendo el camino hacia la siguiente etapa, la etapa espiritual, donde la Ley de Amor, Justicia y Caridad nos proveerá de nuevas capacidades superiores acordes a nuestro nuevo nivel evolutivo, descubriendo nuevos sentimientos, una nueva creatividad libre de excentricidades y la búsqueda del conocimiento espiritual verdadero. La Ley de Amor, Justicia y Caridad permite desarrollarnos como seres humanos completos con sentimientos buenos en búsqueda del ideal de Belleza, Verdad y Bondad, abriendo paso a futuras etapas espirituales todavía más elevadas dirigidas hacia el mundo de los espíritus superiores donde se cumple plenamente la gran Ley de Unidad que rige toda la Creación y al conjunto de todos los seres.
 Jose Ignacio Modamio
Centro Espírita “Entre el Cielo y la Tierra “

sábado, 4 de julio de 2020

Salud y enfermedad desde la visión espírita

Salud y enfermedad desde la visión espírita 



La Organización Mundial de la Salud (OMS) en su Constitución de 1946, define a la salud como el estado de completo bienestar físico, mental y social, lo que implica que todas las necesidades fundamentales de las personas estén cubiertas: afectivas, sanitarias, nutricionales, sociales y culturales. Esta definición es utópica, pues se estima que sólo entre el 10 y el 25 % de la población mundial se encuentra completamente sana.

Cada persona tiene una forma de enfermar diferente a otra a pesar de padecer la misma enfermedad. Esto es debido a que cada ser humano es único y que el componente emocional y socio-ambiental se añade al componente físico.

Se aplica también el término enfermedad para hacer referencia a la alteración en el ámbito moral o espiritual.

A comienzos de los años 60 se aceptó que la propia estima es esencial para la salud de los hombres y mujeres y se redefinió el concepto de salud, incorporando la salud psíquica y espiritual.
Estas fases de evolución hacia un nuevo concepto de salud en el nuevo milenio, se evidencia cuando leemos afirmaciones provenientes del mundo científico que dicen que los síntomas de la enfermedad se revelan al enfermo como manifestaciones físicas de conflictos psíquico/espirituales.

Esta visión nos abre las expectativas de recuperar la sabiduría de las antiguas tradiciones y fusionarlas con las nuevas tecnologías y descubrimientos científicos.  La realidad nos evidencia cada día que la vida requiere un cambio, que los antiguos patrones están obsoletos, y que la ciencia por sí sola no basta para sanarnos.

El ser humano busca respuestas más allá del cuerpo y las encuentra y descubre que puede dejar de ser víctima inocente de “errores” de la naturaleza y pasar a ser miembro activo de su propia recuperación.
La visión espírita y la de otras corrientes científicas estudian la enfermedad como un proceso biológico ligado a la evolución anímica y espiritual del ser humano, evidenciando que la enfermedad no es algo contra lo que debamos luchar, sino una manifestación de desarreglos anímicos y espirituales que reclaman nuestra atención.

Siguiendo la corriente de pensamiento que determina que lo que ocurre en el cuerpo de un ser viviente es la expresión de una información de la imagen correspondiente, cuyo punto de partida es la conciencia, tenemos que salud es el resultado de la armonía entre un conjunto de funciones comandadas por el alma que permanecen en armonía entre sí.

Así pues, la enfermedad es la pérdida o trastorno de esa armonía que se origina en el alma o espíritu y se manifiesta en el cuerpo físico como síntoma. El antiguo concepto de “enfermedades del espíritu” es erróneo ya que el espíritu nunca enferma; se trata exclusivamente de síntomas que se manifiestan en el plano psíquico o conciencia individual.

La medicina académica ha tratado de convencer a los enfermos de que un síntoma es un hecho fortuito y que por sí sólo no tiene significado por lo que no hay que interpretarlo sino eliminarlo.
Se destinan muchos recursos para tratar órganos y partes del cuerpo dañadas, descuidando al individuo enfermo que requiere atención.  

“... desde la llegada de la llamada moderna medicina científica, el número de enfermos no ha disminuido ni una fracción del uno por ciento.”

La Dra. Marlene Nobre, en El Alma de la Materia , nos dice al respecto: “Sólo una visión del hombre integral puede darnos la respuesta a las dolencias que afectan al hombre. Nuestro cuerpo, mente y espíritu están interconectados entre sí formando una sola unidad y un síntoma es una señal o aviso de que algo “invisible” “no palpable” reclama nuestra atención. Necesitamos ampliar nuestra visión parcial para comprender la dimensión de las cosas que nos ocurren.”

Amalia Domingo Soler dice en un artículo de La Luz del Porvenir:

“Todo tiene su razón de ser, todo tiene su historia, entonces la vida tiene un interés palpitante, entonces se estudia y se aprende en todos los hechos que se realizan en torno nuestro, se ensancha el horizonte que contemplamos y apreciamos la vida en su inmenso valor”.

Cuando un individuo comprende la diferencia entre enfermedad y síntoma, su actitud en relación a la enfermedad o la incapacidad que nos provoca, se modifica hasta el punto de participar activamente en su proceso de recuperación, dejando de luchar en contra de ella.

La enfermedad se convierte en una oportunidad para aprender más de nosotros mismos y de nuestros propios procesos de transformación y evolución.

La curación no siempre significa que el cuerpo físico se recupera de una enfermedad. Curación puede significar también que el espíritu de la persona se libera de miedos y pensamientos negativos, hacia sí misma u otras personas, que ha tenido durante mucho tiempo.

Este tipo de liberación y curación espiritual puede producirse, aunque el cuerpo físico muera. Recordemos que nacer, crecer, morir y renacer es la base de la evolución y el aprendizaje. El objetivo de cuanto nos ocurre en la vida, es la expansión de la conciencia hacia un concepto cada vez más unitario, libertador y emancipador.

“Sólo la adquisición paulatina de una conciencia responsable puede lograr cambios integrales que modifiquen de manera importante los hábitos de vida, único camino para lograr la salud”- Elsa Lucía Arango. Médica Bioenergética.

En La Génesis, cap. XIV, ítem 25, nos dice que causa original de las enfermedades que afligen a la humanidad, pertenece esencialmente al orden psíquico.

Cuando la ciencia médica analice el introspectivo del alma, comprobará que ciertas molestias de carácter virulento son el producto de graves “infecciones morales” existentes en la conciencia de la misma, las cuales, por efecto de repercusión vibratoria, afectan al periespíritu y al cuerpo físico, al que está sujeta.

El hombre, en sus momentos de subversión espiritual y conforme la culpa que lo domina, alimenta un tipo específico de virus, generando determinada enfermedad que la medicina después clasifica en la tabla patológica, conforme a las características etiológicas y a la virulencia identificada. La cólera, la irascibilidad, violencia mental o emotiva, producen el campo fluídico mórbido para nutrir y manifestar las afecciones cutáneas o eczematicas. La maledicencia, la calumnia, pensamientos de odio o agresiones físicas, generan tóxicos energéticos responsables de la generación de muchas enfermedades. Del mismo modo, la indiferencia, la egolatría, o el egoísmo, ponen en movimiento los fluidos perniciosos que más tarde abonan el terreno orgánico del hombre y lo predispone para enfermedades de largo recorrido.

El efecto enfermizo de hoy es el resultado de la causa censurable del pasado, y así, hoy vive obligatoriamente en la misma condición generada otrora por su libre voluntad, pero en obediencia a la Ley del Amor y la Fraternidad, que le permite rescatar su debito pecaminoso.

Por todo lo expuesto, se deduce que la salud física depende mucho de la “salud espiritual”. Esto es porque la auto-evangelización, aunque no produzca una cura milagrosa, dará sensibles mejoras porque el enfermo deja de generar y verter los venenos psíquicos que anteriormente le agravaban la enfermedad.

El mantenimiento del equilibrio psíquico y emocional es de fundamental importancia para la sustentación de la salud.

El visualizarse saludable y cultivar pensamientos optimistas, cimentado en el amor, en la acción dignificante, en la esperanza.

Liberar todo residuo mental, que pueda significar una fuente de intoxicación y estimula las vidas microbianas perturbadoras, conservando la paz intima.

Elaboremos planes para estar saludables y ser útiles; imaginemos que ya nos hemos recuperado y estamos desempeñando en la convivencia familiar y social como un instrumento valioso dentro de la comunidad.

Volvamos a abastecer nuestra casa mental con pensamientos de paz, de compasión, de solidaridad, de perdón y ternura; y comprometiéndonos emocional-mente con la Vida, a fin de que nos sintamos integrados en ella, conscientes y felices.

Es necesario buscar en el alma las raíces de las enfermedades.

Cabe resaltar la importancia de la conducta moral elevada, difundiendo la necesidad del cultivo de la humildad y del esfuerzo hacia el bien para que el ser humano conquiste la salud sin mancha. Según las enseñanzas espirituales, sólo el amor puro, desinteresado, aporta la inmunología perfecta, porque permite la asimilación de las fuerzas superiores que mantienen el cuerpo saludable.

Todas las conquistas de la Ciencia son bienvenidas, pero hay una verdad en la que los Espíritus nos aconsejan. Es necesario trabajar preventivamente en este campo, sin el cual podemos multiplicar nuestra capacidad de producir “remiendos,” pero no seremos capaces de eliminar las causas productoras de las lesiones.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

miércoles, 1 de julio de 2020

Los espíritus glóbulos

Los espíritus glóbulos



Al hablar de las manifestaciones de los Espíritus, es posible que algunos de nosotros digamos que no queremos tener ningún contacto con ellos, pensar tan solo que esto pudiera pasar nos causa miedo, pavor. Otros, sin embargo, estaríamos deseando que esto sucediera. Sabemos que estas pueden ser de varias formas, en esta ocasión vamos a centrarnos en la facultad de ver a los espíritus, más conocida como videncia.

Esta manifestación tal y como nos dice El Libro de los Médiums es una de las más interesantes ya que ellos se nos hacen visibles, lo que puede hacernos pensar que esta forma de comunicarse es más sobrenatural que otras que pudieran utilizar los espíritus para contactar con nosotros. Sin embargo, esto no es así, puesto que el principio que produce las manifestaciones es en todas igual. 
En El Libro de los Médiums, capítulo VI de la segunda parte, ítem 100 leemos: 

“Preg.21.- ¿Cómo puede el Espíritu hacerse visible?

El principio es el mismo de todas las manifestaciones. Reside en las propiedades del periespíritu, que puede sufrir diversas modificaciones, conforme a la voluntad del Espíritu.”

“Preg.22. El Espíritu propiamente dicho ¿puede volverse visible o solo puede hacerlo con la ayuda del periespíritu?

En vuestro estado material, los Espíritus no pueden manifestarse sino con la ayuda de su envoltura semimaterial, es el intermediario por el cual obran sobre vuestros sentidos. Bajo esta envoltura aparecen algunas veces con una forma humana o cualquier otra, ya sea en los sueños, ya sea en el estado de vigilia, lo mismo a la luz, que en la oscuridad.”

Desear ver a los Espíritus es algo muy natural, porque ¿a quién no le gustaría poder ver a un ser querido que ya no se encuentra entre nosotros? ¿a cuántos no nos gustaría tener esta facultad? Si fuésemos sinceros seguro que la mayoría contestaríamos afirmativamente. 

Sin embargo, pocos son quienes pueden ver a los espíritus, sobre todo de forma permanente. Las apariciones espontaneas son bastante frecuentes, pero la mayoría de las veces son accidentales o motivadas por circunstancias individuales, basadas generalmente en la relación entre el vidente y el espíritu que se le aparece.

El Libro de los Médiums nos sigue diciendo en el mismo capítulo:
“Preg.25. ¿Todos son aptos para ver los Espíritus?

En el sueño, sí pero no en estado de vigilia. En el sueño el alma ve sin intermediario, en la vigilia está siempre más o menos sujeta a la influencia de los órganos, por esto las condiciones no son siempre las mismas.”

Por eso, es importante entender que una cosa es ver fortuitamente a un espíritu y otra muy distinta verlos habitualmente, y en las condiciones normales más comunes. Sin embargo, esto es lo que constituye la facultad propiamente dicha de los médiums videntes, ellos pueden verlos frecuentemente. Dicha facultad puede desarrollarse, pero si no existe la predisposición natural sería inútil intentar provocar que esto suceda. 

Como bien nos explica El Libro de los Médiums: “Esta facultad depende del organismo, proviene de la facilitad más o menos grande que tiene el fluido del vidente para combinarse con el del Espíritu. Así no basta al Espíritu querer mostrarse, es preciso, además, que encuentre en la persona a la cual quiere hacerse ver, la aptitud necesaria.“

Podemos preguntarnos si dicha facultad puede desarrollarse, y los espíritus nos contestan claramente: "Lo puede como todas las otras facultades, pero es una de aquellas de las cuales vale más esperar el desarrollo natural que provocarle, por el temor de sobreexcitar la imaginación. La visión general y permanente de los Espíritus es excepcional, y no está en las condiciones normales del hombre.”
Es por eso que hemos de mantenernos en guardia contra las ilusiones que nazcan del deseo de ver, sentir, o escuchar a los espíritus ya que esta aspiración puede dar lugar a que la imaginación se dispare, llevándonos a error y falsas conclusiones, así como a situaciones extremas.

¿Qué podemos decir acerca de la forma en la que se nos presentan? El Libro de los Médiums de nuevo nos aclara en el mismo capítulo 100, pregunta 28: ¿Los Espíritus pueden hacerse visibles bajo otra apariencia que la forma humana?

"La forma humana es la forma normal, el Espíritu puede variar su apariencia, pero siempre es el tipo humano."

Los espíritus casi siempre se aparecen en forma humana como acabamos de leer en el libro de los médiums. Suelen utilizar la imagen de aquel cuerpo que haga más fácil su reconocimiento por parte de aquel a quien se le manifiesta, de lo contrario sería mucho más difícil reconocerlo, perdiendo así el propósito de dicha aparición.

Según descripciones de los propios médiums, generalmente su aparición es bajo una forma vaporosa y diáfana, en ocasiones vaga y borrosa. Al principio puede ser una luz blanquecina, sus contornos se van delineando poco a poco. Otra veces las líneas son más acentuadas y los rasgos del rostro se distinguen con tal precisión que permite que sean descritos con total exactitud. En esos momentos un pintor podría hacer un retrato con la misma facilidad como si la persona estuviera encarnada.

Como ya hemos dicho, al poder dar a su periespíritu todas las apariencias, el Espíritu se presenta con la forma que mejor le permita hacerse conocer. De esta manera, aunque como Espíritu no tenga, por ejemplo, ninguna enfermedad corporal que hubiera tenido como hombre encarnado, podría presentarse manco, lisiado o cojo, si así lo viera conveniente para probar su identidad. 

En cuanto a la ropa, normalmente se compone de una túnica que termina en largos pliegues flotantes, al menos esta es la apariencia que se nos dice que presentan los espíritus superiores, que nada conservan del mundo terrenal. Por otro lado, los espíritus comunes, aquellos que hemos conocido en nuestro paso por la Tierra, se presentan casi siempre con la ropa que usaban en la última etapa de su existencia. Frecuentemente se aparecen con los atributos característicos de su posición social e incluso de su profesión.

Mientras que los espíritus superiores tienen un semblante bello, noble y sereno, los inferiores tienen una fisonomía vulgar, donde se pueden ver reflejadas las pasiones más o menos innobles que poseían, incluso a veces llevan los vestigios de los crímenes que han cometido o de las penurias que han padecido. Algo notable es que, exceptuando circunstancias particulares, las partes menos delineadas son generalmente los miembros inferiores, mientras que la cabeza, el tronco y los brazos son siempre trazados con nitidez.

Los médiums videntes los ven ir, venir, entrar, salir y circular entre la multitud de los encarnados, pareciendo –al menos con relación a los espíritus comunes- tomar parte activa de lo que sucede a su alrededor. Frecuentemente son vistos acercándose a las personas, sugiriéndoles ideas, influyendo sobre ellas, consolándoles, mostrándose tristes o contentos según el resultado que obtengan, es decir, son la copia o el reflejo del mundo corporal, con sus vicios, o virtudes. 

Puede incluso que el espíritu tome una forma más nítida, tomando la apariencia de un cuerpo sólido, hasta el punto de producir una ilusión completa y de hacer creer en la presencia de un ser corporal. La tangibilidad puede volverse real, es decir, ese cuerpo se puede tocar, palpar, sintiendo la misma resistencia y el mismo calor que en un cuerpo animado, lo que no implica que la aparición pueda desvanecerse rápidamente. Estas apariciones suelen ser siempre accidentales y de corta duración. 
Aunque estas apariciones tangibles son bastante raras, confirman y explican lo que la Historia relata con relación a personas que se han mostrado después de su muerte con todas las apariencias de su naturaleza corporal. Además, por extraordinarios que parezcan estos fenómenos, todo lo que pudiera tener de sobrenatural desaparece cuando se conoce su explicación y, entonces, se comprende que lejos de ser una derogación de las Leyes Naturales, son realmente una aplicación de las mismas. Un ejemplo de este suceso son las apariciones de Katie King, estudiadas por William Crookes.

Cuando los Espíritus presentan la forma humana, no da lugar al engaño o a confusión, y por supuesto a que la imaginación se desborde. Pero ¿qué sucede cuando la ilusión nos hace tomar como espíritus aquellos fenómenos puramente físicos? ¿Qué podemos decir sobre los Espíritus glóbulos? ¿Son reales? 
Hay circunstancias en las que la agitación y las corrientes de las moléculas aeriformes producidas por el calor son perfectamente visibles. La aglomeración de estas partículas forman pequeñas masas transparentes que parecen nadar en el espacio y que han dado lugar al singular sistema de espíritus bajo la forma de glóbulos. Por efecto del aumento y de la refracción, producen en el aire ambiente y a la distancia la apariencia de pequeños discos, algunas veces irisados. Este suceso es interpretado por muchas personas como espíritus que nos acompañan. Sin embargo, la razón de esta apariencia está en el propio aire. Pero también se puede producir un efecto similar en el ojo del ser humano. 

Para comprender mejor este suceso expliquemos brevemente lo que puede suceder en el ojo para que esto se produzca. 

Al frente de nuestro ojo está la córnea, y detrás de ella el iris y en el centro de está la pupila. Todos ellos conforman la cámara anterior del ojo. Y allí se encuentra también un líquido transparente llamado humor acuoso. Este es el que da forma al ojo.

La retina es una capa de células sensibles a la luz. Cuando las neuronas que forman la retina se excitan con la luz envían una señal al cerebro por medio del nervio óptico. La señal consiste en información sobre lo que el ojo ha registrado.

Entre la superficie de la retina y la cara posterior del cristalino hay todo un mar de líquido gelatinoso y transparente llamado humor vítreo. A diferencia del humor acuoso, el vítreo nunca se repone. Morimos con la misma cantidad de humor vítreo con el que nacimos. Esto significa que si algún cuerpo extraño —sangre u otras células— llegan allí, se quedarán allí.  A medida que vamos cumpliendo años, la sustancia vítrea se vuelve cada vez más líquida. Y cuando esto pasa, las partículas sólidas que se encuentran en ella se pueden agrupar. Asimismo, cuando estas pequeñas partículas pasan a través del ojo y bloquean la luz, proyectan pequeñas sombras en la retina. Esas sombras son las manchas que se ven suspendidas en el campo visual, como si fueran moscas o cuerpos flotantes.  Y, aunque lo pueda parecer, no se trata de ilusiones ópticas, están realmente ahí, dentro del ojo. Al estar en suspensión en el líquido del propio ojo, sus movimientos y ondulaciones acompañan al mismo.

Según lo que cuentan las personas que perciben estas figuras comentan que estos discos o medallones, no solo las acompañan, sino que siguen todos sus movimientos, van a la derecha, a la izquierda, hacia arriba, hacia abajo, o se detienen según el movimiento de la cabeza. Esto precisamente es lo que demuestra que la sede de la apariencia está en nosotros y no fuera de nosotros, además de que los movimientos ondulatorios de los discos no se alejen de un cierto ángulo, aunque aleguen que tienen cierta independencia al no seguir bruscamente la línea visual. Como hemos dicho, no son ilusiones ópticas ya que es un suceso que se produce en el interior del ojo.

Como vemos, los puntos opacos o semiopacos del humor vítreo –causa del fenómeno- se hallan en suspensión, pero tienden a descender siempre, cuando suben es porque fueron impulsados por el movimiento del ojo de abajo hacia arriba, al llegar a cierta altura, si se fija el ojo, vemos que los discos descienden lentamente y después se detienen. Su movilidad es extrema, ya que, basta un movimiento imperceptible del ojo para hacerlos recorrer en el rayo visual toda la amplitud del ángulo en su abertura en el espacio, donde la imagen se proyecta. Como hemos dicho anteriormente, el humor vítreo no se renueva ni regenera nunca, así que tiende a envejecer. Por este motivo, puede ir acumulando partículas en su interior. Concretamente por falta de hidratación. Dichas partículas son, en efecto, esas moscas volantes que aparecen en nuestro campo visual, y es conocido como Miodesopsias, y suele ser algo muy habitual. Aproximadamente un 70% de personas llegan a percibir este hecho en algún momento de sus vidas.

Lo mismo podemos decir de las lucecitas que algunas veces se producen en haces o en manojos más o menos compactos, por la contracción de los músculos del ojo, y que probablemente se deben a la fosforescencia o a la electricidad natural del iris, puesto que están generalmente circunscriptas a la circunferencia del disco de ese órgano.

Tales ilusiones provienen por lógica pues, de una observación incompleta, ya que quien haya estudiado seriamente la naturaleza de los espíritus, por todos los medios que proporciona la ciencia práctica, comprenderá cuan pueriles son dichas ilusiones. 

Si esos glóbulos aéreos, fuesen espíritus, habría que convenir que estarían reducidos a un papel bastante mecánico asignado a seres inteligentes y libres, papel bastante tedioso por un lado, para los espíritus inferiores, e incompatible, con mucha más razón con la idea que tenemos de los espíritus superiores. 
Los únicos signos que verdaderamente pueden atestiguar la presencia de los espíritus, son los signos inteligentes. Cuando no fuere probado que las imágenes a las que nos estamos refiriendo, -incluso si tuvieran forma humana- tienen un movimiento propio, espontaneo, con evidente carácter intencional y que denoten una voluntad libre, así como inteligencia no veremos en esto sino fenómenos fisiológicos.
Esta misma observación se debe aplicar a todos los géneros de manifestaciones, sobre todo a los ruidos, golpes, movimientos insólitos de los cuerpos inertes, que mil y una causas físicas pueden originarlos. Vigilemos nuestra propia imaginación, que puede llevarnos a ver cosas donde no las hay, o confundir sucesos físicos como los que hemos mencionado con manifestaciones espirituales. Todo lo hemos de pasar por el tamiz de la razón y no dejarnos llevar por ilusiones o deseos inconscientes en la mayoría de las ocasiones.

Por todo lo expuesto tengamos siempre presente que, en cuanto un efecto no fuere inteligente por sí mismo, e independiente de la inteligencia de los hombres, es preciso observarlo más de una vez antes de atribuirlo a los espíritus. 
Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 28 de junio de 2020

La Justicia

La Justicia



La definición de Justica según el Diccionario de la Lengua Española, es el principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. 
Derecho, razón y equidad.

El Libro de los Espíritus (875) indica que consiste en el respeto de los derechos de cada uno.
En ambas definiciones se puede observar que hacen referencia a derechos e individualidad.

“¿Cuál es el primero entre todos los derechos naturales del hombre? El derecho a la vida, y por eso nadie puede atentar contra la vida de su semejante ni hacer nada que pueda comprometer su existencia corporal” (L.E. 880)

El concepto de derecho según la RAE, entre otros, se determina como el conjunto de principios y normas, expresivos de una idea de justicia y de orden, que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva.

Para el filósofo Kant es la condición por la cual la libertad del uno es compatible con la libertad del otro como condición de convivencia social y fundamento de la moral.

Axel Honnet, según su teoría del reconocimiento, va más allá. Indica que la desposesión de derechos, la exclusión social, no sólo produce una radical limitación de la autonomía personal, sino que provoca un sentimiento de no ser un sujeto moralmente igual a otros.

¿Qué determina esos derechos? Dos cosas: la ley humana y la ley natural. (L.E. 875a)

La primera es dictada por los hombres acondicionándolas a sus costumbres y carácter. Esas leyes han establecido derechos que han podido variar con el progreso moral e intelectual del hombre, a través de los tiempos. Por tanto, no está conforme siempre con la Justicia, simplemente reglamenta ciertas relaciones sociales, al paso que, en la vida privada, hay una multitud de actos que son únicamente de la competencia del tribunal de la conciencia.

La base de la Justicia fundada en la ley natural es querer para otros lo que quisiéramos para nosotros mismos. (L.E. 876)

La regla de la verdadera Justicia, está depositada en el corazón de cada persona, por el deseo que siente cada cual de ver respetados sus derechos. Este sentimiento es natural, no se enseña ni es el resultado de ideas adquiridas.

¿Dónde podemos encontrar las principales manifestaciones de la Justicia Natural?

En la Creación, Reencarnación, Libre Albedrío y la Ley de Causa y Efecto.

El Libro de los Espíritus (115) nos enseña que “Dios creó a todos los espíritus sencillos e ignorantes”, “...no hay ninguno más favorecido, o mejor que los otros ni dispensado del trabajo impuesto a los demás, para logar su objetivo” (L.G. cap. XI-7)

La felicidad ha de ser el precio del trabajo y no del favor para que todas las personas tengan la oportunidad de conseguirla.

¿Hay algo más justo que tener el mismo comienzo?

La reencarnación se basa en la Justicia de Dios. Es una consecuencia de la ley de progreso. A través de ella se permite que se cumpla en nuevas existencias aquello que no se pudo realizar en la anterior.
Las vidas de corta duración no tienen sentido sin ella. ¿De qué serviría la existencia corporal? ¿Qué daría tiempo a aprender? ¿Por qué morir alguien en edad temprana y otros en edad adulta?
Con la reencarnación se comprenden las desigualdades de aptitudes intelectuales y morales porque a través de diferentes existencias, el alma va adquiriendo conocimientos.

Las desigualdades sociales se llegan a comprender porque cada vida es una nueva oportunidad de aprender los beneficios y las dificultades  de cada situación; rico o pobre; libre o esclavo; hombre o mujer.

La justicia de la reencarnación estriba en el hecho que nadie queda desheredado del bien supremo, ni nadie queda sometido al mal eterno, ya que con su esfuerzo podrá superarse y llegar a la perfección que busca.

Sin la libertad de decisión, de acción, el alma humana no podría construir su destino. Este quedaría delegado a la fatalidad y por tanto no habría justicia.

Esa libertad, cada ser la va a conquistar con el desarrollo de la razón, que poco a poco irá supliendo el instinto de los grados inferiores durante el periodo de nuestras primeras existencias. En su lugar predominarán la inteligencia y la voluntad para superar las condiciones adversas.

La libertad ha de ir unida a la responsabilidad. Ambas aumentan con el progreso moral e intelectual. Esto, el alma lo aprende a través de la propia conciencia que acepta o recrimina nuestros actos. 

El momento más importante en que el espíritu ejerce su libre albedrío es en la hora de las reencarnaciones, escogiendo la familia, el medio social, que le van a llevar a desarrollar sus cualidades, superar sus defectos o reparar las faltas cometidas, comprendiendo la necesidad de estas circunstancias.
Pero para ser libres es necesario querer serlo y esto requiere trabajo y esfuerzo.

“Para obtener la liberación física se necesita limitar el apetito de los sentidos; la liberación intelectual necesita la conquista de la verdad. La libertad moral necesita la búsqueda de la virtud” (El Camino Recto. León Denis”)

Para que haya justicia es necesario que cada alma se responsabilice de sus actos. Cada uno de ellos tiene un resultado, para bien o para mal, y esa consecuencia vendrá manifestada a través de la ley de Causa y Efecto.

En muchas ocasiones hemos oído decir: “la carnes es débil”, pero la materia, por sí misma es inerte, carece de vida, de pensamiento, de sentimiento. Sin embargo, la ciencia espírita vino a demostrar  la existencia del principio espiritual, a través de estudios y análisis con pruebas irrefutables. Por tanto, ha de ser este principio espiritual el que actúe sobre la materia, es decir, sobre el organismo material, amoldando su propio cuerpo acorde a sus necesidades y a la manifestación de sus tendencias. De este modo el temperamento queda, en la mayor parte de los casos, determinado por la naturaleza del espíritu, recayendo sobre este la responsabilidad moral de sus actos, y las consecuencias van a estar en relación al desarrollo intelectual del espíritu.

A mayor conocimiento, mayor responsabilidad porque con la inteligencia y el sentido moral nacen las nociones del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto.

Así, pudiendo elegir, el espíritu a través de la voluntad, toda falta llevará implícita una consecuencia y una reparación, al igual que cualquier acción en el bien puede asegurar dicha y felicidad.
Recordemos siempre que cada acción conlleva una consecuencia y cada derecho adquirido implica una obligación.
Ana Sobrino
C.E. Entre el Cielo y la Tierra.

sábado, 29 de febrero de 2020

El Espiritismo es la filosofía

El Espiritismo es la filosofía



Desde el origen de los tiempos, la humanidad siempre ha tenido la necesidad de encontrar explicaciones a todo, incluyendo aquello que se escapaba a sus propias capacidades intelectivas. Al principio tuvo que recurrir a la creación de mitos para intentar justificar preguntas relativas a Dios, la Creación o su propio origen. Los mitos eran realmente cuentos, normalmente no aptos para niños por su contenido, que calmaban en cierta formas las ansias de conocimiento y de saber. Fue necesaria la llegada de la filosofía para intentar dar una explicación más racional a dichas preguntas. Cada filosofía creaba su corriente de pensamiento a partir de axiomas e hipótesis, a veces nada razonables, que las diferenciaba hasta el punto de contradecirse completamente. Ante tanta contradicción surgió el desánimo, y el escepticismo se abrió camino creando aún mayor confusión, renunciando a intentar comprender los secretos del Universo.

Las distintas filosofías desde el inicio tomaron principalmente dos rumbos diferentes según su carácter material o espiritual. La ciencia materialista con el tiempo vino a explicar muchos de los errores que se fundamentaban en la materia, así como la ciencia espiritual del Espiritismo nos clarificó las filosofías espirituales que sí creían en la existencia del alma y que fueron el fundamento de la sociedad occidental moderna gracias principalmente a Pitágoras, Sócrates, Platón y Aristóteles, y a su influencia primero sobre el Helenismo, corriente dominante en la época antigua, luego sobre el imperio Romano y finalmente sobre el cristianismo.

La filosofía de Pitágoras prácticamente fue la primera que nos ha llegado a nuestros días que defendía un concepto próximo a la reencarnación, como la transmigración del alma, y por tanto su inmortalidad. El Espiritismo nos enseña que el espíritu siempre progresa con la reencarnación y por tanto, el concepto de transmigración de Pitágoras, también bastante común en el hinduismo, no es completamente válido puesto que se equivoca en la parte en que acepta el renacimiento de un ser más avanzado en un cuerpo de un ser inferior, puesto que sería una pérdida completa de tiempo para dicho ser y por tanto contrario a la Ley de Evolución. Sin embargo, por su proximidad al conocimiento espiritual, dicha idea favoreció que la reencarnación calara en el mundo griego llegando al cristianismo de Orígenes, proclamado hereje por ello mismo, o también a los cátaros, tristemente aniquilados prácticamente en el siglo XIII en Francia y perseguidos por la Inquisición hasta su desaparición.

La filosofía de Sócrates es, en muchos puntos, perfectamente compatible con el Espiritismo puesto que buscaba encontrar la sabiduría y el conocimiento de uno mismo, reconociendo que el cuerpo físico era una cárcel para el alma y que la muerte por tanto era su liberación. Promulgaba que el alma es preexistente al cuerpo físico y por tanto vendría de otro mundo a donde habría llegado después de abandonar una vida anterior en otro cuerpo físico. La vida estaría vinculada al alma de tal forma que sería su principio vital, y por tanto, conociendo que todo lo que tiene alma tiene vida, sería contradictorio pensar que dicho principio vital pudiera morir, siendo por tanto el alma inmortal.

Platón, con su teoría de las ideas nos acercó al mundo espiritual, concibiendo que todo lo que existe en el mundo real, o sensible, era una proyección de una idea, más perfecta y pura, preexistente en el mundo de las ideas o inteligible. El Espiritismo práctico nos demuestra la existencia del mundo espiritual que prevalece sobre mundo físico y desde donde provienen los espíritus, la vida inteligente y muchas de las ideas que luego se desarrollan en la vida física.

La filosofía cuando es bien dirigida es fuente de sabiduría y responde satisfactoriamente a las grandes preguntas de la vida promoviendo los preceptos éticos y el cultivo de los grandes valores: bondad, belleza y verdad (conocimiento), ya perseguidos originariamente por Platón y el cultivo de la mesura puesto que la virtud se encuentra en el término medio.

Siendo la filosofía la ciencia de la Verdad, el Espiritismo la incorpora en su base creando la Filosofía Espírita, conforme le da explicación a las grandes preguntas a través de la experiencia y las conclusiones obtenidas a través de la observación de los fenómenos mediúmnicos de efectos físicos, llamados en el pasado psicología experimental y actualmente Ciencia Espírita. De esta forma, el Espiritismo sienta las bases de un conocimiento que al ser recopilado con ayuda de los espíritus superiores, demostrando su superioridad de criterio y pensamiento, forma un conjunto de conocimiento, la Doctrina Espírita, que resuelve las grandes preguntas que la filosofía pretende explicar desde el inicio de los tiempos, sirviendo a su vez de premisa para una nueva filosofía espiritual que pueda apuntar al escrutinio de los conocimiento superiores del Universo y la vida espiritual, partiendo desde una base sólida y verificada por la experiencia.

Objetividad y fiabilidad de las experiencias percibidas por los sentidos físicos.

La filosofía terrestre casi desde el inicio se preguntó por la objetividad y fiabilidad de las experiencias percibidas por nuestros sentidos físicos, cuestionando de esta forma cualquier forma de conocimiento incluso científico. El Espiritismo, mediante las experiencias de la psicología experimental y la mediumnidad, demostró la preponderancia del espíritu sobre la materia y la existencia de un cuerpo intermedio, el periespíritu que permitía su interacción sobre ella, de forma que toda experiencia antes de ser percibida por el espíritu, debía transmitirse a través del periespíritu. Toda sensación, desde las más sutiles hasta las más groseras dependen por tanto principalmente del periespíritu, demostrándose mediante el fenómeno de la exteriorización de la sensibilidad la posibilidad de percibir sensaciones de todo tipo sin la mediación del cuerpo físico. Otros fenómenos como el de la mediumnidad sonambúlica o desprendimiento sonambúlico permiten percibir o visualizar realidades físicas, ubicadas incluso a miles de kilómetros de distancia, sin la mediación de los sentidos físicos, demostrando así que las capacidades reales del espíritu no necesitaban del intermedio de la materia grosera y que los sentidos del espíritu, a través del periespíritu quedaban amortiguados cuando en estado de vigilia se encontraban vinculados al cuerpo físico, sin el fenómeno del desprendimiento. De esta forma se demuestra que el cuerpo físico, como decían los filósofos antiguos, es la cárcel del alma, y que esta, libre de su influencia puede alcanzar estadios superiores del ser con percepciones mucho más sublimes que las que se encuentran en el mundo físico. La muerte, o mejor dicho, la desencarnación, es por tanto la liberación del alma de la cárcel del cuerpo y el retorno a la vida del espíritu para recapitular todo lo aprendido y vivido durante la vida física, preparándonos para futuras etapas del espíritu a través nuevamente del fenómeno de la reencarnación, siendo en la nueva existencia, la mejor versión de nosotros mismos en nuestro peregrinar por el infinito.

¿Cúal es el sentido de la vida?

El conocimiento espiritual responde de forma natural a esta pregunta desde el momento en que se comprende la Ley de Evolución. El Espiritismo nos da múltiples ejemplos de la evolución del espíritu, así como la ciencia material demuestra la evolución de la materia. Todo evoluciona constantemente y la meta es la perfección y con ella la felicidad y la unión con lo bello, lo bueno y lo verdadero. Todo tiene sentido en el Universo y nada es creado para nada y mucho menos nuestra existencia. Nuestra vida es una etapa más en nuestro caminar hacia la perfección y depende de nosotros hacerlo caminando en círculo, repitiendo una y otra vez las mismas lecciones, cada vez más duras o caminando en línea recta, superando prueba tras prueba que no volverán a repetirse.

¿Tenemos libre albedrío?

La capacidad de guiarnos por los dictados de nuestra voluntad demuestra nuestra completa libertad y por tanto nuestro libre albedrío, dentro de las fronteras de nuestras posibilidades. Muchos confunden el libre albedrío con poder superar dichas fronteras, las cuales, están fijadas por el cumplimiento estricto de las Leyes Naturales, las cuales no se pueden incumplir, ni romper.

Por otro lado, aun en el caso de que nuestro cuerpo físico tuviera una completa privación de libertad por mediación de una enfermedad física o mental que nos privara de ello, todavía nos quedaría la libertad del espíritu demostrando con ello que cualquier fatalidad temporal no sería otra cosa que una prueba o una expiación, de la cual seríamos completamente responsables en virtud de la aplicación de la Ley de Causa y Efecto.

¿Existe la Justicia?

Cuando nos planteamos la idea de Dios como la máxima expresión de la Verdad, la Bondad y la Belleza, la idea de Justicia infinita o perfecta está completamente implícita en ello. No se podría concebir una perfecta Verdad, Bondad y Belleza sin contemplar una perfecta Justicia puesto que hay pocas cosas menos bellas, buenas y ciertas que la injusticia. Un solo ápice de injusticia echaría abajo cualquier posibilidad de perfección en ellas.

De aquí podemos inferir que cuando vemos situaciones que aparentemente se alejan de cualquier ideal de justicia, debemos pensar que para un mayor entendimiento tendríamos que observar los hechos relacionados del pasado para poder entender el presente. De esta forma veremos que la Providencia siempre pone los ingredientes necesarios para obtener un bien donde antes había un mal, y que un mal ante nuestros ojos puede ser una reparación a los ojos de un observador que contemple también los sucesos del pasados, incluyendo anteriores vidas.

¿Somos buenos o malos por naturaleza?

El Libro de los Espíritus nos explica que el ser humano es creado simple e ignorante, carente de conocimiento pero no de instinto. Los instintos nos guían en las primeras reencarnaciones conforme se desarrolla aún más la inteligencia y con ella nuestra responsabilidad como seres humanos. Los instintos son buenos pero cuando los descuidamos podemos dar origen a las pasiones, las cuales abren la puerta al abuso, el cual tiene consecuencias como el dolor para su corrección. La mente, consecuencia del instinto de conservación, va engrosando y adquiriendo nuevas estructuras basadas en la experiencia en busca de nuestra supervivencia primero y posteriormente en busca de nuestro bienestar. Cuando la mente consigue crear la ficción del Ego empieza una nueva etapa donde se suplantará la responsabilidad del espíritu inmortal por la idea que tenemos de nosotros mismos, creada por nuestras experiencias. El Ego en su origen no es bueno ni malo, busca ciertos objetivos de conservación y bienestar y plantea estrategias para lograrlos a través de su inteligencia. Empieza la etapa donde el ser humano tiene la responsabilidad de definir su futuro, según sus propias elecciones. Si únicamente hace caso de su intelecto podrá caer en el oscurantismo de las caídas morales, fruto de su ignorancia y permanecer muchas vidas vinculado al error. Si por el otro lado, hace caso de su intuición interior, su espíritu, y de las sugestiones de los buenos espíritus que pueda atraer, podrá dirigir su intelecto hacia el bien común y contribuir en la mejora de la humanidad y de sí mismo.
Los conceptos de la existencia de Dios, la inmortalidad del alma, la existencia de los espíritus, la pluralidad de mundos habitados, la reencarnación, las Leyes Universales no pueden ser ya cuestionados por la mente humana bien documentada y formada, aunque la ciencia oficial, llena del orgullo que todavía nos caracteriza, continua negando lo evidente, negándose a abrirse al conocimiento multidimensional para seguir trabajando principalmente solo en tres dimensiones.

La ciencia desde la nueva óptica espiritual no queda delimitada puramente al mundo perceptible, abriéndose ante ella y ante nosotros, sus seguidores, la inmensidad de la Creación siempre gobernada con rigor por sus Leyes Universales, demostrando una Organización, Unidad y Armonía, basada plenamente en los ideales de Verdad, Bondad (Amor) y Belleza tales, que queda fuera de toda lógica intentar su explicación careciendo de una dirección, Inteligencia Superior, Causa Primera de todas las cosas, que podremos denominar Dios, como aplicación directa de la Ley de Causa y Efecto en su más alto nivel.
José Ignacio Modamio
C. E. "Entre el Cielo y la Tierra"

sábado, 22 de febrero de 2020

Obstáculos de los médiums

Obstáculos de los médiums



Cualquier persona apta para recibir o para transmitir las comunicaciones de los espíritus, son considerados médiums, sin importar el grado de desarrollo o el medio empleado, desde la más pequeña influencia hasta el más sorprendente fenómeno.

La mediumnidad no es un don, ni un privilegio, sino una facultad que puede ser desarrollada.
Es inherente a todos los espíritus y aun siendo de origen espiritual, al reencarnar queda sujeta a las condiciones físicas del organismo.

El Libro de los Médiums nos indica que no es un buen médium aquel que comunica fácilmente con los espíritus, sino quien recibe buenas comunicaciones, y para ello su principal aptitud son las condiciones morales. De ellas va a depender la relación establecida y es uno de los escollos principales de la mediumnidad.

Sabemos que entre los espíritus los hay de diversos grados, más o menos evolucionados; algunos sabios, otros ignorantes. En cualquier caso siempre estamos rodeados de ellos y nos observan; algunos con indiferencia, otros con intenciones más o menos benévolas, según su naturaleza.
En las relaciones entre el mundo espiritual y físico prevalece la Ley de Afinidad. El pensamiento es el vínculo que nos une a los espíritus, y por él atraemos a aquellos que tienen afinidad con nuestras ideas y nuestras inclinaciones.

Si lanzamos un vistazo sobre el estado moral de la humanidad en general, concebiremos sin dificultad que, en esa multitud oculta, los espíritus elevados no deben estar en mayoría; esta es una de las consecuencias del estado de inferioridad de nuestro globo.
Los espíritus permanecen activos, piensan y actúan, ejercen su influencia sobre nosotros sin saberlo, nos inducen o disuaden, nos impulsan al bien o al mal, pero en ningún momento puede interferir en nuestro libre albedrío. Las decisiones son nuestras.

Ningún médium está libre de su influjo. Y es a través de sus defectos que logran entrometerse en las comunicaciones, las provocan y dominan. Alejan a los espíritus que podrían contradecirles. Utilizan nombres de personajes famosos e incluso su lenguaje para poder engañar.
Pero pueden ser desenmascarados a través de una observación y análisis de las comunicaciones sin ideas preconcebidas.
A pesar de la evolución moral del planeta, los espíritus superiores, al no existir la perfección absoluta, tienen en cuenta el esfuerzo, la voluntad y la perseverancia del médium para mejorar su moralidad.
No obstante a estos esfuerzos, hay características como la debilidad de carácter (cuando el médium piensa que es suficiente con sus buenas intenciones y sus buenos sentimientos) y una excesiva confianza en la invariable superioridad de los espíritus que se comunican con él, que pueden incidir en la influencia de espíritus ligeros.

Este obstáculo podría evitarse utilizando el buen sentido y la razón; observando la cualidad del lenguaje, constantemente digno, noble, sin fanfarronerías ni contradicciones, desprovisto de toda trivialidad e impregnado de una inalterable benevolencia. Examinado las menores palabras desde el punto de vista del pensamiento, y no de la forma gramatical, ya que a veces los recursos del médium no están a la altura de la necesidad gramatical. Confiando en una tercera persona desinteresada que juzgue con sangre fría y pueda ver el engaño. Con gran experiencia alcanzada a través del estudio asiduo y perseverante, no sólo de los fenómenos en sí, sino también de las costumbres de toda la escala espírita, desde el más bajo hasta el más alto.

El orgullo es otro impedimento tanto más peligroso cuanto menos se le reconoce. Empieza a desarrollarse a medida que su facultad crece y le hace sentir importante halagándole, inspirándole desconfianza de quien pudiera abrirle los ojos y desenmascararle.

¿Sería suficiente conjurarles y pedirles que nos dejen? No, habría que demostrarles que somos más fuertes a través de amor al bien, la caridad, la dulzura, la simpatía, la modestia y el desinterés, que atraerán a los buenos espíritus y cuyo apoyo nos dará la fuerza que necesitamos.

Las malas comunicaciones no siempre son a causa del médium, pueden tener su origen en el ambiente en que se producen, bien por falta de recogimiento del grupo, la diversidad de caracteres de sus componentes, e incluso de la persona que dirige las preguntas si no hay seriedad por su parte.
Sin embargo, con un mal médium y un ambiente inadecuado se podría obtener una buena comunicación sí los buenos espíritus lo consideran útil.

Recordemos siempre que los buenos espíritus  no imponen ni halagan, y callan ante lo que ignoran.

Ana Mª Sobrino
Centro Espírita Entre el Cielo y la Tierra.
Bibliografía: La Revista Espírita, El Libro de los Médiums, Mediumnidad todo lo que usted necesita saber.

sábado, 15 de febrero de 2020

Inteligencia artificial: problemas éticos y reflexión desde el Espiritismo

Inteligencia artificial: problemas éticos y reflexión desde el Espiritismo



Está de moda hablar de Inteligencia Artificial (IA) y raro es el día en que en la prensa no aparecen noticias que nos informan sobre avances tecnológicos relacionados con programas de ordenador, aplicaciones de telefonía móvil, robots y otros adelantos que, al parecer, incorporan la capacidad de pensar y tomar decisiones de manera autónoma, es decir, sin intervención del ser humano. Esto es lo que comúnmente conocemos como “IA”. El ejemplo paradigmático es el del vehículo autónomo: un coche que aún no está comercializado pero que, al parecer, puede surgir en cualquier momento y que será capaz de tomar decisiones en cuanto a qué recorrido tomar, cuánto tiempo emplear y ¡atención! en caso de accidente, determinar quién se debe salvar y a quién se debe sacrificar(1). Noticias así son las que hacen necesario hablar de “ética aplicada a la IA” como, de hecho, ya se está haciendo en muchos foros académicos, empresariales e, incluso, eclesiásticos.

Estas reseñas de prensa vienen acompañadas de un despliegue de películas y series de TV en la que nos muestran cómo los robots y aplicaciones inteligentes formarán parte de nuestra vida cotidiana. Ya son antiguas las películas como “2001, Odisea en el espacio” o “Engendro Mecánico”, que ponían de manifiesto los peligros de que una máquina tome decisiones de orden superior a las del ser humano. Otras series como “Galáctica, estrella de combate” o, la más actual, “Humans” nos plantean una situación en que el desarrollo de androides y ginoides (robots con forma humana, bien masculina, bien femenina) llegan a alcanzar consciencia de sí mismos, lo que les sitúa a un nivel muy próximo al ser humano.

El lector que haya llegado a este punto podría estar pensando que está de acuerdo pero ¿qué tiene que ver todo esto con el Espiritismo? En este punto, mi respuesta es que tiene mucho que ver y que, en realidad, el Espiritismo se encuentra en una posición privilegiada para realizar ese estudio ético puesto que, al menos el Espiritismo impulsado por Allan Kardec, tiene un triple aspecto: el científico, el filosófico, y el moral. Y, en el debate ético, esto le da una ventaja considerable frente a otras escuelas que, bien por estar limitadas por el dogma o bien por el frío materialismo científico, no llegarían a contemplar el prisma desde todos los ángulos posibles.

El Espiritismo nos ofrece una vía de reflexión sosegada sobre los nuevos problemas y retos que se le puedan plantear al ser humano. Primero, nos invita a usar la razón y nuestras aptitudes humanas para realizar un estudio sin prejuicios. Y segundo, nos enseña que podemos contar con la enseñanza, orientación, correcciones y ánimos de entidades espirituales elevadas. Estos maestros espirituales y mentores están muy interesados en que la humanidad avance no sólo en lo tecnológico sino, sobre todo, en lo moral para que este mundo nuestro, la Tierra, evolucione de ser un “planeta de expiación y pruebas” a un “planeta de luz y vida”.

¿Podemos propiamente hablar de “inteligencia artificial”?

Según la Enciclopedia de Filosofía de Standford, “el campo de la IA puede definirse como el ocupado en la construcción de un artefacto capaz de pasar el test de Turing(2)” y, de manera más general, puede definirse como el de las “máquinas que piensan y/o actúan de manera humana y/o racional(3)”. Así las cosas, necesitamos dar un paso atrás y definir antes qué es “inteligencia”.
Se ha definido la inteligencia humana como la capacidad de plantear y resolver problemas mediante el uso del intelecto. Esta definición, que ya de por sí expresa sus limitaciones, no es tan antigua como parece. Cincuenta investigadores publicaron en 1994 en una columna del Wall Street Journal la siguiente definición: “Una capacidad mental muy general que, entre otras cosas, implica la capacidad de razonar, planificar, resolver problemas, pensar de manera abstracta, comprender ideas complejas, aprender rápidamente y aprender de la experiencia”. En un paso más, Daniel Goleman, psicólogo estadounidense, publicó en 1995 su libro “Inteligencia Emocional” en el que afirma que la inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. Las emociones han pasado a considerarse como las grandes protagonistas en el estudio del ser humano y en escuelas y centros educativos se empieza a aconsejar “educar en las emociones”. El estudio de las emociones parece que da a la inteligencia una primera nota de espiritualidad, aunque no falta quien pretende explicar las emociones desde la simple y pura biología. Eso es un reduccionismo, pero abundan las publicaciones en prensa de científicos que hablan de que el amor es una simple cuestión de hormonas, el odio un exceso de adrenalina o que, incluso, cuestiones espirituales o el mismo Dios, no son más que una construcción mental alojada en el cerebro.

Frente a estas teorías “neo-materialistas” no podemos sino opinar que son reduccionistas y que no contemplan al ser humano en todos sus aspectos. Decir que el amor es sólo una cuestión de hormonas nos hace pensar que, quien afirma eso, no ha conocido el amor de verdad el cual, entre otras manifestaciones, nos lleva a pensar antes en la persona amada que en nosotros mismos y eso difícilmente se puede explicar desde la biología, lo mismo que sucede con el resto de las emociones.
El Libro de los Espíritus(4) tiene dos referencias iniciales al concepto de “inteligencia”: En la pregunta de Allan Kardec ¿qué es Dios? se le responde “es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas". Más tarde encontramos la definición del Espíritu como "el principio inteligente del universo".  Esta afirmación nos lleva a considerar que el espíritu tiene en sí los atributos del Creador, pero de una manera limitada y con el potencial para crecer tanto como se pueda.

En el Libro “Triunfo Personal”, dictado por el espíritu Joanna de Angelis y psicografiado por el médium Divaldo Pereira Franco, se nos dice que la inteligencia se sitúa en el Espíritu y que, cuando este está encarnado, se exterioriza por medio de las redes neuronales y de conformidad con la estructura material y capacidades concretas del cuerpo humano.

Hemos querido profundizar aun más en esta afirmación y en la mesa mediúmnica de nuestro centro le hemos preguntamos al espíritu conocido como “hermano Santiago” sobre el particular. Su respuesta es que, “cuando estamos encarnados, manifestamos solamente un pequeño porcentaje de nuestro potencial intelectual”. Y esto, ¿por qué? -hemos insistido-. Y añade: “por varios motivos: 1) porque no necesitamos usar toda nuestra capacidad en esta reencarnación concreta; ó 2) porque hemos asumido una prueba kármica basada en el desarrollo de la humildad; ó 3) porque la estructura de nuestro cerebro físico aún no ha evolucionado lo suficiente como para albergar una inteligencia superior”. El hermano Santiago concluyó con una afirmación asombrosa: “la persona verdaderamente inteligente no es aquélla que muestre un coeficiente intelectual muy alto sino aquella que busque el Bien y lo procure hacer en su vida. ¿Han olvidado que el maestro Jesús afirmó que “mi reino no es de este mundo” (5)?

El mensaje es claro: la inteligencia humana tiene un componente espiritual y sólo así puede ser estudiada y comprendida. En consecuencia, si la inteligencia sólo puede ser espiritual, no tiene sentido hablar de “inteligencia artificial”, porque la llamada IA no es espiritual. Pero entonces, ¿de qué estamos hablando? Yo prefiero referirme a “inteligencia externalizada” acudiendo al término propuesto, entre otros, por Gonzalo Génova Fuster, profesor de informática de la Universidad Carlos III de Madrid. Sólo por comodidad y por aceptación general del término, seguiremos usando en este artículo el término “IA”.

Problemas éticos que plantea la Inteligencia Artificial

Según Lydia Feito, profesora de Bioética de la Universidad Complutense de Madrid “en la medida en que los sistemas de IA alcanzan autonomía en la toma de decisiones –lo cual supone que tengan posibilidad de auto-gobernarse sin intervención o control humano–, podemos considerar que las máquinas son agentes de decisión, cuyas consecuencias pueden ser muy importantes”(6). Se plantea aquí la necesidad de un diseño sensible a valores en la medida en que el sistema debe tomar decisiones con contenido ético. Los interrogantes son aquí cuáles son los estándares éticos que deben implementarse en un algoritmo.

Surge así una pregunta, ¿existe un bien absoluto? O mejor, ¿existe algún criterio que nos permita distinguir lo que está bien de lo que está mal? Joanna de Angelis, en el libro “Días Gloriosos” psicografiado por Divaldo P. Franco en relación a la educación moral nos dice que “le cabe a la educación el inapreciable deber de transformar al ser humano, alterando para mejor los paisajes morales de la sociedad y del planeta. Se combate así la ignorancia, se convierte en moderadora de la agresividad y de las pasiones primitivas, sustituyéndola por comportamientos saludables que desarrollan sentimientos nobles e incluso aptitudes de respeto a la vida y a sus manifestaciones. Proporciona bienestar y armonía, aspiraciones dignificantes que producen realizaciones elevadas”.
En conclusión, en contra del relativismo moral que impera en la sociedad actual (y que se está manifestando, por ejemplo, en esta era de la llamada “post-verdad”, que no es otra cosa que las mentiras aceptadas), parece que la espiritualidad elevada sugiere que existe un bien absoluto, no relativo, que debemos de buscar, reflexionar y tender hacia él. ¿Y cuál es esa norma moral? Sin duda, la Ley Divina o Natural(7).

Así las cosas, los problemas éticos que podría plantear la IA en cuestión del campo laboral y económico, el del tras-humanismo, el militar y el de las relaciones humanas tendrían respuesta confrontándolos con las enseñanzas que se nos han proporcionado en la revelación espírita y recordando que “la ética no es sólo, ni principalmente, seguir un código de conducta, ni imitar el comportamiento de otros sino que es:

- Reconocer a los seres humanos.*- Reconocer la dignidad humana.*- Reconocer los valores éticos.*- Reconocer por sí mismo el bien y el mal”(8).

Conclusiones

Soy consciente de que este artículo queda abierto en el sentido de que cada día se están publicando nuevos avances en el campo de la IA, nuevos retos, nuevas sorpresas. Mi objetivo es poner sobre la mesa algunas referencias que nos pueden ser útiles para estar alertas y saber encarar este futuro, que ya está siendo presente. Por ello, me gustaría únicamente resaltar dos ideas principales:

1) Es bueno que tengamos presente lo que es la inteligencia, que no olvidemos valorar la grandeza de la inteligencia humana y su dimensión espiritual. Esto nos va a dar sosiego frente a los avances tecnológicos que se avecinan, nos quitará miedos (recordemos que si tenemos miedos, seremos más fácilmente manipulables) y tendremos más capacidad para poner en su sitio la tecnología y hacer de ella lo que debe ser: un instrumento y nunca un fin.

2) El problema no es la humanización del robot (que los robots vayan teniendo más facultades de razón, consciencia incluso o semejanza al ser humano). El verdadero problema es la robotización del ser humano: el que seamos menos inteligentes, más apegados a la materia, menos educados, menos elegantes(9), más manipulables, menos sabios porque cada vez leemos menos. ¿Por qué si no, cada semana, los espíritus nos aconsejan en la mesa mediúmnica que estudiemos y leamos sin descanso?
El debate moral no debe de quedar relegado a una minoría (religiosa o filosófica) sino que todos debemos de tener argumentos para aplicar a nuestra vida cotidiana. En este sentido, el Espiritismo bien entendido, el Espiritismo iniciado por Allan Kardec, es un camino válido para la resolución de los problemas habituales que se nos presenten en este planeta de expiación y pruebas.

Víctor M. Fernández
Víctor M. Fernández es economista y profesor de Universidad. Participa como trabajador espírita y divulgador en la Asociación de Estudios Espíritas de Madrid.
Notas:
(1) Aconsejo visitar la página diseñada por el MIT para su proyecto “La Máquina Moral”, en la que se recaba la participación del público para la obtención de unos patrones éticos aplicables al vehículo inteligente. Ver: http://moralmachine.mit.edu/
(2) Sobre el Test de Turing:  https://es.wikipedia.org/wiki/Test_de_Turing
(3) Brigsjord, Selmer and Naveen Sundar Govindarajuli, 2018 “Artificial Intelligence”.
(4) Allan Kardec, El Libro de los Espíritus, preguntas 1 y 23 respectivamente.
(5) Cfr. Juan 18, 36 y Allan Kardec, “El Evangelio según el Espiritismo”, capítulo II.
(6) Lydia Feito, “aproximación a la ética de la IA”, Revista de Bioética, número 36, diciembre de 2018.
(7) Cfr. Allan Kardec, Libro III del Libro de los Espíritus. 
(8) Gonzalo Génova, “cómo enseñar a tu robot a que se porte bien”, conferencia impartida el 9 de abril de 2019 en la Universidad de Navarra.
(9)Sobre la relación entre “belleza”, “bondad” y “verdad” me remito a mi artículo “Tres comunicaciones mediúmnicas” publicado en https://www.divulgadorespirita.com/2019/07/tres-comunicaciones-mediumnicas-bondad.html