miércoles, 29 de marzo de 2017

La armonización psíquica

Armonización psíquica

La armonización psíquica

La armonización psíquica es la acción de equilibrarse espiritualmente para alcanzar la paz interior.
Hablar de paz o equilibrio espiritual para quien vive en un mundo atribulado como el planeta Tierra, puede parecer una utopía, una irrealidad. De hecho, la vida no es fácil aquí, ya que habitamos en un mundo de expiación y pruebas.

¿Qué debemos hacer para alcanzar la paz espiritual? La respuesta es sencilla. La podemos conseguir a través del autoconocimiento y de la reforma íntima o transformación moral.

Si nos preguntamos qué es el autoconocimiento llegaremos a la conclusión de que se trata de tomar consciencia de las propias capacidades y límites; identificar las emociones, las mentiras del ego, las aspiraciones verdaderas y las falsas; el conocimiento, de las reacciones y manifestaciones de la  intimidad del yo. Esta es la llave del progreso individual y el primer paso para la transformación moral.

Una vez identificadas las malas tendencias y las pasiones inferiores, es preciso el esfuerzo de la voluntad y la perseverancia para combatirlas. El cambio de los vicios por las virtudes es la única manera de conseguir la armonía interior.

Los sentimientos negativos como: el egoísmo, el orgullo, la vanidad, la envidia, los celos, la avaricia son incompatibles con la justicia, el amor y la caridad. Hábitos insanos como fumar, beber alcohol o consumir drogas y cualquier otro exceso en el ámbito físico o mental generan desarmonía y no solamente a nivel orgánico sino sobre todo en el plano espiritual.

¿Qué hemos de hacer si queremos elevar nuestra vibración y alcanzar la armonía psíquica?

En primer lugar es útil y necesario el estudio evangélico según el Espíritismo, así como la Terapia espírita: oración, pases, Evangelio en el hogar, trabajo asistencial, etc. Interrogar la consciencia al final de cada día. Según nos recomienda la pregunta 919 de El Libro de los Espíritus "Conócete a ti mismo." Reforzar las buenas acciones porque no basta con no hacer mal sino que siempre hay que procurar trabajar en el bien. Cumplir los deberes para con Dios, para consigo mismo y para con el prójimo. Tener caridad al pensar, al hablar y al actuar. Atender a los compromisos familiares y de trabajo con responsabilidad, amor y renuncia. Escoger correctamente las actividades de descanso.
El ser humano que se empeña en buscar la paz íntima, aunque viva bajo el peso de grandes responsabilidades, aprende a encarar la vida de frente, sin miedos o angustias, que tanto desarmonizan a las personas.

La práctica de la armonización psíquica permite a la persona razonar sobre la importancia de su autoconocimiento, para que pueda ser más feliz o, por lo menos, más integrada en un mundo como en el que estamos viviendo, sujeto a transformaciones constantes y rápidas.

La búsqueda de la armonización interior nos conduce a un estado en que el dolor, o las situaciones estresantes de la vida, no nos afectan con tanta intensidad, sino de forma perfectamente soportable.
Así pues, la solución está en nuestras manos y como el que algo quiere, algo le cuesta, hemos de empezar a pensar y actuar en positivo, para lograr ser mejores personas y en definitiva, mejores espíritus para así poder conseguir la armonización psíquica y por ende, alcanzar la tan ansiada paz interior.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

martes, 28 de marzo de 2017

Facultad de Bicorporeidad



Facultad de Bicorporeidad

Dice André Luiz: “De nuestra conducta, de nuestra moral, depende nuestra tranquilidad espiritual, así como nuestra estabilidad emocional, porque no hay nada que perturbe más al médium, que un ejercicio equivocado de su facultad”. No hay nada más angustiante que rodearse de entidades perturbadoras, dispuestas a utilizar nuestras energías psíquicas, para seguir en el camino erróneo; el camino de la rebeldía y la indiferencia a Dios.

Necesitamos observarnos a nosotros mismos,  autoanalizarnos, preguntarnos, por si algún día descubrimos que somos portadores de facultades. De ser así, deberemos preguntarnos, ¿qué camino tomar? Si nuestra intención es buena, la respuesta no se hará esperar: Servir a nuestros semejantes, siendo puentes entre el Mundo Espiritual y el Terrenal. Por ejemplo, podríamos tener la facultad de bicorporeidad, que es el tema que voy a tratar. Facultad no muy extendida ni conocida en los días actuales. ¿Qué es esta facultad? La de aparecer en dos lugares a la vez; más abajo ampliaré esto.
De bicorporiedad dio numerosas muestras San Antonio de Padua que, estando en España, y al mismo tiempo que predicaba, su padre, que estaba en Padua, iba al suplicio acusado de un asesinato. En ese momento aparece Antonio de Padua, demuestra la inocencia de su padre y hace reconocer al verdadero criminal, quien fue juzgado. Se probó que en el mismo momento Antonio de Padua no había salido de España.  Se dan estos casos de bicorporiedad, facultad de poder estar en dos lugares a la vez, siendo que en uno está el cuerpo y en el otro, el periespíritu materializado.

Otro ejemplo de este grandísimo médium, Antonio de Padua es cuando: “relata su biógrafo, Padre Antonio, que San Antonio era aún fraile agustino, cuando, encontrándose en meditación profunda, un día tuvo la visión de Francisco de Asís que, desdoblado, se le apareció en Coimbra, sin embargo él estaba en Italia. Le apareció en una visión “milagrosa”, relatada por muchos historiadores, y le anunció, de parte de Dios, que él debía entrar en la religión de los frailes menores". Aún un caso más de este Espíritu Superior: “En Saint-Pierre de Aneyroix, cuando Antonio de Padua apareció en medio del coro para leer la lección del Breviario, estaba también a la vez en la iglesia predicando. Se notó, sin embargo, que él quedó inmóvil en el púlpito durante todo el tiempo de la lectura.” (Estos relatos se pueden encontrar en El Libro de los Médiums, cap. 7.)

Allan Kardec en El Libro de los Médiums nos explica: “…Podríamos decir que el cuerpo puede vivir con la vida orgánica que es independiente de la presencia del Espíritu, y la prueba de esto es que las plantas viven y no tienen Espíritu.” Esta mediumnidad no es muy conocida, por ser una mediumnidad que se da escasamente en nuestros días, sin embargo la historia está repleta de ejemplos de dicha mediumnidad, como es el caso de Antonio de Padua, ya expuesto y el de Alfonso de Ligorio que fue canonizado antes del tiempo exigido, por haberse mostrado simultáneamente en dos lugares diferentes, lo que pasó por un milagro.  La Iglesia igual enviaba a la hoguera a estos médiums, palabra que no se conocía aún, pero el fenómeno sí se daba, que eleva a los altares a otros médiums, siempre la incoherencia y las contradicciones. No pretendo juzgar, pero sí recordar a tantos mártires, en su mayoría médiums, que sufrieron por no renegar de sus facultades y misiones.

Volvamos a El Libro de los Médiums, donde nos encontramos con este relato de Allan Kardec: “Habiendo sido evocado San Alfonso de Ligorio, e interrogado por nosotros acerca del hecho arriba manifestado, contestó a la siguiente pregunta: ¿Podría explicarnos este fenómeno? Sí, el hombre, cuando está completamente desmaterializado por su virtud, y que ha elevado su alma hacia Dios, puede aparecer en dos parajes a la vez. He aquí como, el Espíritu encarnado, sintiendo venir el sueño, puede pedir a Dios transportarse a un lugar cualquiera. Su Espíritu o su alma, como queráis llamarla, abandonan entonces su cuerpo seguido de una parte de su periespíritu, y de la materia inmunda en un estado vecino a la muerte. Digo vecino a la muerte porque queda en el cuerpo un lazo que une el periespíritu y el alma a la materia, y este lazo no puede ser definido. El cuerpo aparece en este estado al lugar que se le ha llamado…” Hoy en día sí podemos definir lo que es ese “lazo”; el lazo fluídico (también llamado cordón de plata por el esoterismo) que une al Espíritu a su cuerpo material, mientras está habitando la Tierra. Es un lazo de sustancias brillantes, que le permite al Espíritu ir a donde quiera o le permitan. Una observación de Allan Kardec, en dicho libro: “El alma no se divide en el sentido literal de la palabra; irradia por diferentes lados, y es así como puede manifestarse sobre muchos puntos sin estar dividida; es lo mismo que una luz que pueda simultáneamente reflejarse en muchos espejos”.

Tácito cuenta un hecho muy interesante que le ocurrió a Vespasiano: “Durante los meses que Vespasiano pasó por Alejandría para esperar la vuelta periódica de los vientos de verano y la estación en que el mar estaba más seguro, ocurrieron muchos prodigios por donde se manifestaba el favor del cielo y el interés que los dioses parecían tomar por este príncipe. Estos prodigios redoblaron en Vespasiano el deseo de visitar el lugar sagrado de Dios, para consultarle los asuntos del imperio.

Ordenó que el templo se cerrase para todo el mundo; luego que hubo entrado en él y fijado su atención en lo que iba a pronunciar el oráculo, percibió detrás de él a uno de los principales egipcios, nombrado Basilide, que sabía estaba impedido por enfermedad a muchas jornadas de Alejandría. Se informó de los sacerdotes si Basilide había venido al templo en ese día; se enteró por los demás si se le había visto en la ciudad; en fin, envió hombres a caballo y se aseguró que en dicho momento estaba a ochenta millas de distancia. Entonces no dudó ya que la visión fue sobrenatural, y el nombre de Basilide le sirvió para él de oráculo.” (Tácito, Historias, Lib. IV, cap. 81 y 82, traducción de Burnouf). Este ejemplo de Vespasiano está extraido de "El Libro de los Médiums", el mejor tratado de mediumnidad que tenemos a nuestro alcance. Como se ve, la bicorporiedad, se dio en todos los tiempos de nuestra historia y hay muchos casos registrados, afortunadamente.

Como vemos el tema es apasionante y necesitado de ser conocido, pues gracias a esa mediumnidad se pudieron realizar tareas extraordinarias y se dieron pruebas de la sobrevivencia del Espíritu a la muerte física.

También por causa de estos fenómenos causados por dicha mediumnidad, se le dio el nombre de hombres dobles, porque realmente parecía que hubiese dos, y había dos, pero no eran de materia orgánica. El cuerpo físico sí, obviamente, el Periespíritu sabemos que es de materia sutil y que tiene muchas propiedades, entre ellas, la plasticidad que permite el fenómeno de bicorporeidad.
Es nuestro deber divulgar todo cuanto tenga relación con el área de la mediumnidad y los médiums, pues en nuestros días podemos observar como aumenta el número de médiums; espíritas o no. Si hay conocimiento y esclarecimiento, no existirá el miedo, la irresponsabilidad, la indisciplina, etc. y por lo tanto tampoco fracaso en la tarea que vinimos a realizar como médiums de prueba, pues fracasamos en otra/s existencias como médiums. Que nadie se sienta desamparado y cuando surja el fenómeno mediúmnico pedir para ser guiados a quienes pueden orientar y apoyar a los que nada saben o saben poco, aunque cuanto más aprendemos, más cuenta nos damos de lo poco que sabemos.

Isabel Porras

lunes, 27 de marzo de 2017

Espiritualidad laica

Espiritualidad laica

Espiritualidad laica

El espírita no debe de estar contra lo religioso, por dos motivos: porque no es misión del espírita hacer una cruzada contra nada (incluyendo la religión) y porque el proceso religioso (como el científico) forma parte del despertar y la cultura humana, y en sí mismo no es malo. Es una “palanca” desde donde también se puede crecer en humanidad, y no es sensato que para justificar el rechazo sobre este asunto se eche mano compulsivamente de lo que hacen los extremismos y el utilitarismo ortodoxo (exacta-mente; son el egoísmo de las elites y la ignorancia lo que puede oscurecer tanto la expresión religiosa como la científica).
Esto así, aunque, al mismo tiempo, no implica que sea lo más recomendable ahondar en constructos religiosos… Y decimos esto porque el Espiritismo es ciencia y filosofía espiritual, pero no fue presentada como religión por Kardec. Podemos vivenciarlo, metafóricamente hablando, con un sentir religioso, pero no definirlo así… Si en nuestra práctica nos dejamos llevar por los atavismos del pasado empequeñecemos y/o contribuimos a confundir el paradigma espiritista y, de puertas afuera, automáticamente pasa a ser una religión más.
Aunque resulte paradójico, si pretendemos que el Espiritismo sea la religión natural, o la religión universal, antes debe tomarse y vivenciarse por parte de nosotros como una forma de espiritualidad laica, sin connotaciones que lo vinculen a cualquier forma de culto.
Nuestra sociedad está construida sobre los cimientos materialistas de los siglos XVIII y XIX, pero también de los depósitos religiosos (dogma y condenación) de los siglos anteriores… Todo este “detritus” aún no se ha diluido completamente, y forma parte, de alguna manera, de las carencias y traumas de nuestro hoy psicológico y social. El Espiritismo es un punto de inflexión renovador de la conciencia humana en su expresión cultural y espiritual, lo que no podría ser si los espíritas se limitan a un “revival” de lo religioso.
No seamos tan cómodos y condescendientes con ciertas herencias del pasado y refresquémonos en el mensaje renovador de la doctrina de los Espíritus.
Si hoy hemos conocido esta doctrina es para dar un paso más.
Juan Manuel Ruiz González

martes, 7 de marzo de 2017

La evolución del alma


La evolución del alma

La evolución del alma

"...Todo sirve, todo se eslabona en la Naturaleza, desde el átomo primitivo hasta el arcángel, pues él mismo comenzó en un átomo" (1) 

La pregunta 540 de El Libro de los Espíritus nos explica cómo toda criatura del Universo sirve para un propósito, un "fin providencial"(1), desde los animales más ínfimos hasta los espíritus superiores, todos somos instrumentos de Dios. De esta forma, incluso "... los espíritus más atrasados resultan útiles al conjunto. Mientras se ensayan para la vida, y antes de tener plena conciencia de sus actos y de su libre albedrío, obran sobre ciertos fenómenos cuyos agentes son sin tener conciencia de ello. Primero, ejecutan. Más tarde, cuando su inteligencia se haya desarrollado, ordenarán y dirigirán las cosas del mundo material." (1)

Por todo ello, seamos conscientes o no, hemos sido instrumentos de Dios desde nuestros inicios como espíritus en continua evolución. «Dios creó a todos los Espíritus simples e ignorantes, vale decir, desprovistos de ciencia» (2),  pero no despro-vistos de instintos y de la Ley Natural grabada en el fondo de nuestro espíritu.

En los primeros momentos, “…en su origen (los seres humanos) son como los niños que acaban de nacer y que actúan más por instinto que por voluntad determinada”(3). En esos momentos «… no tienen los Espíritus más que una existencia instintiva y apenas tienen conciencia de sí mismos y de sus actos» (4), seguidamente, conforme desarrollan la inteligencia, empiezan a adquirir responsabilidad frente a las Leyes Divinas.

Nada permanece estacionario en la Naturaleza, todo evoluciona en cumplimiento de la Ley de Progreso, a través de la reencarnación y los mecanismos de adaptación y herencia.
En cada encarnación integramos la herencia de nuestros padres con nuestras conquistas de existencias pasadas, ahora inconscientes, permitiéndonos desarrollar nuevas capacidades y características inalcanzables hasta ese momento.

La experiencia en todas las etapas de la evolución es el motor que elabora la actividad refleja (el reflejo), que precederá al instinto (automatización), que a su vez precederá a la actividad reflexiva que será la base de la inteligencia en su camino hacia la conciencia de sí mismo y la responsabilidad moral.

Gabriel Delanne, en su libro "La Evolución Anímica" escribe: "Todos los cambios que se observan en la Naturaleza no tienen sino un objeto: el progreso del Espíritu". El estudio de la ley de Progreso nos permite concluir que nada ocurre en la Naturaleza por casualidad. Cada adaptación se proyecta en el plano extra-físico para cumplirse en el plano físico en cumplimiento de la Ley Natural para el bien de todas las criaturas en virtud de la "gran Ley de Unidad que rige la Creación"(5).

Todo evoluciona en la Creación, tanto lo perteneciente al ámbito de la materia, proveniente por tanto del Principio Material o Fluido Cósmico Universal, como lo perteneciente al ámbito espiritual, proveniente del Principio Inteligente que anima todo lo creado. El Principio Inteligente es la expresión de la atracción en el mineral, la sensación en lo vegetal, el instinto en el animal, el razonamiento en el hombre y lo divino en el espíritu puro(6). Dicho de otro modo, el Principio Inteligente en el vegetal aprende a desarrollar los instintos, en el animal, ya con los instintos desarrollados, progresa desarrollando la inteli-gencia, en el hombre de inteligencia despierta, su progreso principal se desarrollará en el campo del sentimiento y en el ser superior, colmado de sentimientos sublimes, continuará su desarrollo hacia límites insospechados de conciencia espiritual, alcanzando los planos superiores de la Creación en unión con Dios, dando cumplimiento en su totalidad a la "gran Ley de Unión que rige la Creación"(5).

La observación nos demuestra que al igual que el instinto en el animal es de la misma naturaleza que en el hombre, su inteligencia y sentimiento también lo son, y varían sólo en el grado de desarrollo.
Gabriel Delanne, en su libro "La Evolución Anímica", dice: "la naturaleza pensante de uno y del otro es del mismo orden y no difieren en esencia, sino en grado de manifestación, y esto es, precisamente, lo que evidencian ciertas facultades de los animales, tales como la atención, el juicio, el raciocinio, la asociación de ideas, la memoria y la imaginación" (7). Además, demuestra también "que los sentimientos morales, tales como el remordimiento, el sentido moral, la noción de lo justo y de lo injusto, etcétera, se hallan en germen en todos los animales" (8).

Siguiendo este razonamiento podemos entender que los animales serán parte de la humanidad futura tanto como la humanidad actual podrá ser parte de la espiritualidad superior que la acompañe en su evolución por los caminos de la conciencia. Parece acertado pensar que todo trabajo que empecemos en la actualidad, dando amor a nuestros hermanos inferiores los animales, compatible con el trabajo futuro, no será para nada una pérdida de tiempo sino un adelanto para todos los implicados. El amor triunfará siempre pero nuestra será la responsabilidad de acortar o alargar el camino.

En la infancia humana, o reencarnaciones primitivas del hombre, nos movemos más por instintos, provenientes de las etapas de la animalidad anterior, que por completa inteligencia. Periodos primitivos donde el hombre aparenta estar todavía más cerca de la animalidad que de su verdadera posición en la humanidad.

Los instintos, basados todos ellos en la Ley Natural, nunca se equivocan pero con el desarrollo de la inteligencia derivan comúnmente, al principio, en pasiones a través del abuso por egoísmo, consecuencia del instinto de conservación.

En aquellos momentos «…el instinto sigue existiendo, pero el hombre lo descuida. El instinto puede también inducir al bien. Casi siempre nos guía, y en ocasiones lo hace con más seguridad que la razón. No se extravía jamás.» (9)

El instinto "es una especie de inteligencia. El instinto es una inteligencia no racional, y por él todos los seres atienden a sus necesidades" (10)

El instinto va cediendo su influencia conforme se desarrollan los sentimientos y la inteligencia. Por ello la naturaleza sabia imprime ya en el animal el sentimiento del amor, bajo sus formas más humildes y rudimentarias de la maternidad.

La inteligencia racional se impone sobre la inteligencia irracional y el sentimiento se impone sobre la sensación y el instinto, porque "… los sentimientos son los instintos elevados a la altura del progreso realizado. El hombre en su origen sólo tiene instintos; más adelantado y corrompido, sólo tiene sensaciones; pero instruido y purificado, tiene sentimientos, y el punto exquisito del sentimiento es el amor.» (11)

En nuestro estado actual evolutivo todavía no disponemos de capacidad ni conocimientos suficientes para comprender el proceso de creación de los espíritus, sin embargo, el estudio y la observación de las Leyes Naturales nos permitirá aproximarnos al conocimiento de las etapas anteriores y posteriores a su formación. Comprendemos que el Principio Inteligente evoluciona a través de los primeros tres reinos, constituyendo en el periespíritu, o cuerpo espiritual, todos los procesos necesarios para la vida orgánica, los instintos y finalmente la vida intelectual consciente. El periespíritu modela el cuerpo físico y es el vehículo de transmisión de los avances obtenidos a través de las sucesivas reencarnaciones del alma por los diferentes reinos. En un proceso de individualización «…los Espíritus son la individualización del principio inteligente…» (12), por el cual se vuelve indivisible, hasta alcanzar el reino hominal, recibiendo la chispa divina o Principio Divino (13), empezando una nueva etapa donde será responsable de sus acciones como consecuencia de la adquisición del libre albedrío, el sentido moral, la conciencia de sí mismo y de su pasado, en busca de las facultades espirituales que le habiliten para la conquista del próximo reino, el angélico.

Los espíritus son creados simples e ignorantes (14), lo que significa que al principio todos somos carentes de conocimientos y tenemos idéntica aptitud para progresar mediante nuestra actividad individual, sin recibir por ello dones especiales o privilegios, que nos diferencien de cualquier otro, siendo todos hijos del mismo Creador, estableciéndose por ello la base de la igualdad y la fraternidad entre todos los seres humanos, y del amor hacia las especies inferiores en su lucha por alcanzar, por pleno derecho, el reino hominal y la equiparación como nuevos herederos de la Creación. Todo ello muestra la bondad y grandiosidad del Plan Divino preparado para todas sus criaturas a través de la "gran Ley de Unidad que rige el Universo"(5), donde no se desprecia el esfuerzo de la más mínima de ellas en su lucha por alcanzar su destino, la perfección del Espíritu junto a Dios. De esta forma el Bien absoluto se puede definir por el cumplimiento de las leyes naturales, las cuales todas ellas, nos llevan hacia Dios, mientras que el mal sería la elección de todo aquello que nos retrase.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita “Entre el Cielo y la Tierra”

Referencias:

(1)-Preg. 540 de "El Libro de los Espíritus"

(2)-Preg. 115 de "El Libro de los Espíritus"
(3)-Preg. 564 de "El Libro de los Espíritus"
(4)-Preg. 189 de "El Libro de los Espíritus"
(5)- "La Génesis", cap. X, ítem 3 y cap XI, ítem 23.
(6)-Ver apartado "Automatismo y herencia" en libro "Evolución en dos mundos", Chico Xavier
(7)-"La Evolución Anímica", Gabriel Delanne, pág. 59
(8)- ídem, pág. 70
(9)-Preg. 75  de "El Libro de los Espíritus"
(10)-Preg. 73 de "El Libro de los Espíritus"
(11)-"El Evangelio según el Espiritismo", capítulo XI
(12)-Preg. 79  de "El Libro de los Espíritus"
(13)-Ver capítulo III de "Evolución en dos mundos", Chico Xavier
(14)-Preg. 115.  de "El Libro de los Espíritus".

viernes, 3 de marzo de 2017

El olvido de nuestro pasado es el reflejo de nuestro presente


olvido

El olvido de nuestro pasado es el reflejo de nuestro presente

A principios del siglo pasado, unos hombres y mujeres, con hondas convicciones, llevaron al movimiento espírita español a ser el más representativo del mundo. No en vano, fue en Barcelona en 1888 donde se realizó el "I Congreso Espírita Internacional". Se trataba de persona instruidas o con el verdadero deseo de ser instruidas, que preñaban la geografía española con múltiples revistas especializadas y publicaciones diversas.

Había un sincero deseo de cambio, de instaurar ideas progresivas y renovadoras. El espiritismo que esta gente pregonaba estaba a la par de la idea más revolucionaria del momento, sabiendo aunar por un lado el lado científico con el espiritual. Muchos intelectuales del momento se interesaron por las ideas filosóficas de esta doctrina, tan similares en algunos puntos al sistema del filósofo alemán Krause.

Famosa es también la quema de libros en 1861 ante el puerto de Barcelona, último Auto de Fe de la Iglesia Católica en nuestra tierra. Ante la impasible mirada de muchos espíritas, pero que tuvo el reverso de hacer que los legos se interesaran por el contenido de aquellos libros y panfletos incendiados.

Son muchos los nombres de aquellos primeros espiritistas españoles, que el olvido ha lastrado, pero cuyo espíritu y energía no pasaron desapercibidos para una época.

Hoy en pleno siglo XXI nos llegan lejanos los ecos de algunos nombres: Amalia Domingo Soler, «la cantora del espiritismo», la mejor escritora espírita en palabras del filósofo Mario Méndez Bejarano, que dedicó un capítulo entero al movimiento espírita español en su obra Historia de la filosofía (1929). Buena parte de su obra ha corrido mejor suerte que la del resto de sus compañeros. Obras como: Memorias del padre Germán, Te perdono, Ramos de violetas (poesías reunidas), o sus Memorias; dan muestra de su hondo sentimiento, de la delicadeza de su espíritu, su lucha constante y su entrega por divulgar el mensaje de amor y esperanza que los espíritus brindaban desde el más allá. Su labor más importante estuvo en la dirección de la revista La luz del Porvenir (1879-1899), donde podía llegar a los lectores de menos poder adquisitivo, a los verdaderos sedientos de consuelo, llegándose a distribuir por las cárceles; y a cuya redacción solían escribir personas deseosas de esclarecimientos sobre diversas situaciones relacionadas con el mundo de los espíritus. En dicha revista se solían también poner al día sucesos de la época o situaciones de cierto carácter costumbrista, donde guiada por los mentores espirituales, Amalia anotaba las respuestas y comunicaciones que la médium de sus trabajos realizaba.

 El periódico era antes de la aparición de la radio, la televisión o Internet, el verdadero órgano comunicador que aglutinaba masas. No en vano las novelas se solían publicar por entregas en ellos, antes de pasar a la imprenta formando un tomo.

Una selección de dichos artículos fue confeccionada por el centro espírita "La luz del Camino de Orihuela" en seis tomos publicados progresivamente.

Si quitamos a Amalia, el espírita medio aún ha podido disfrutar de la lectura de otro gran clásico: La guía práctica del espírita de Miguel Vives i Vives. Bella obra moral, que eleva el sentimiento. Y… deje usted de contar.

Sabrá nombres, pero no habrá leído nada de ellos. Incluso ignorará el nombre de otros que fueron de una importancia capital para la divulgación del conocimiento espírita en España. Traductores a la sombra, cuando no se estilaba tanto anotar quién la realizada, editores ocultos bajo el paso del tiempo y hombres de ciencia seriamente interesados en el estudio de los fenómenos psíquicos de los médiums.

Si hubo un hombre preocupado por la divulgación ese fue el Vizconde de Torres y Solanot. Si hubo un introductor del espiritismo en España ese fue José María Fernández Colavida, al que se llama el Kardec español. Si tenemos un erudito en filosofía, Krausista hasta las cachas y profesor universitario, ese es Sanz Benito. Si tuvimos un médico investigador del fenómeno psíquico ese fue Víctor Melcior. Y tuvimos un gran médium de efectos físicos: Huelbes Temprado. Pero si tenemos múltiples obras venidas de fuera de nuestro país (Francia, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, etc.) ante todo se lo debemos a Esteva Marata y Quintín López. Gran olvidado el primero de ellos, que desde la casa editorial Maucci nos legó tan importante labor, en una época donde saber idiomas no era habitual.

El movimiento espiritista a finales del siglo XIX y principios del pasado, era un hervidero de inquietudes. Nunca la palabra «movimiento» tuvo más sentido que en aquella época gloriosa, de la cual apenas nos queda un vago recuerdo. Lejos queda ya aquella tentativa en 1873 de llevar a las facultades de Filosofía y Letras y de Ciencias, el estudio del espiritismo como parte de la formación universitaria.

¿Hacia dónde queremos ir?

Si la sensación latente es incompleta, es porque incompleta es la situación en la que estamos los espíritas españoles en particular y del mundo espírita en general, pues España fue una auténtica pionera en la doctrina de Allan Kardec, cuyo legado es un deber recuperar. Todavía laten con viveza aquellas palabras llenas de sincera emoción, que nos trasportan a planos más sublimes del sentimiento, palabras del plano espiritual que conservan toda su fuerza y vitalidad en pro de nuestra evolución espiritual.

-o-O-o-

Dicho lo anterior y a modo de epígono, resaltamos por tanto la importancia de la recuperación histórico-literaria que desde el Centro espírita "Entre el cielo y la tierra" (impulsores de este periódico), están llevando a cabo. Siendo el primer volumen de la que esperamos una larga serie de obras, la psicografiada en el centro barcelonés La Paz dirigido por José María Fernández Colavida: "La barquera del Júcar".

Nuestra más sincera enhorabuena, pues van poniendo enmienda a lo denunciado líneas más arriba con su fantástica hemeroteca.

Jesús Gutiérrez Lucas

lunes, 27 de febrero de 2017

¿Hablamos de la obsesión?


obsesión

¿Hablamos de la obsesión?

La obsesión es el resultado de una imperfección moral que atrae a los espíritus inferiores. En cierto modo es un término genérico por el cual se designa esta clase de fenómeno cuyas principales variedades son: Obsesión simple, fascinación y subyugación. Es una enfermedad de difícil erradicación, ya que es la acción persistente que un espíritu ejerce sobre otro individuo mediante la transmisión de cerebro a cerebro, siendo un síndrome alarmante. Presenta caracteres muy diferentes, desde la simple influencia moral, sin signos exteriores, hasta el desequilibrio completo del organismo y de las facultades mentales.

El obsesado, que es un Espíritu enfermo, es importunado, atormentado, perseguido. El verdugo del pasado, a veces,  se convierte en víctima del presente.

El obsesor, es un hermano también enfermo y desdichado dominado por una idea fija de vengarse. Se olvida de todos los demás y pasa a vivir en función de quien es blanco de sus planes.

Los Espíritus obsesores obran al principio de manera sutil, interfiriendo gradualmente y progresivamente en la mente del Espíritu encarnado, pudiendo alcanzar situaciones extremas de completo dominio. Es una inspiración que luego se torna intempestiva con el tiempo y su alteración obsesora incide en la mente encarnada.   Esa acción puede ser reconocida, al comienzo, como una fuerza psíquica que interfiere en los procesos mentales, una voluntad dominada por otra voluntad o una inquietud creciente sin motivo aparente. Esta interferencia, lo apreciamos en la radio, cuando una emisora clandestina pasa a utilizar una determinada frecuencia, operada por otra, perjudicando su transmisión.

Al considerar que los hombres son los mismos, que cargan con sus vicios y pasiones, sus conquistas y experiencias donde quieran que estén, favorecen la obsesión, siendo las causas para este grave problema, porque constituyen un daño para el cuerpo físico y para la mente,  principalmente centrándose en el alcoholismo,  vehículo de obsesores crueles, en la sexualidad, obsesiones degradantes, en los estupefacientes que actúan en sus centros nerviosos permitiendo que afloren impresiones del pasado, que mezclados a los frustrantes del presente desequilibra la emotividad ofreciendo un amplio campo a los encarnados con desesperación emocional.  Sin olvidarse del tabaquismo que provoca graves enfermedades, como bien sabemos. Así también cómo el móvil de la venganza de un Espíritu, que generalmente se originó en las relaciones que ambos mantuvieron en una existencia anterior. Ellos se encuentran imantados por la Justicia Divina, manteniendo una prolongada conjugación.

El obsesor toma el cuerpo del obsesado que no tiene fuerza moral para resistir. Lo hace por maldad hacia él, a quién tortura y martiriza de todas las formas posibles. A veces sirviéndose de los miembros y órganos del desdichado, blasfemando, injuriando y maltratando a los que le rodean, mostrándose protagonista de actos excéntricos con todos los caracteres de la locura. Los tratamientos médicos en estos casos son impotentes en tanto subsista la causa generadora.

Hemos de recordar también que la glotonería, la ira, los celos, la envidia, la soberbia, la avaricia, el miedo, el egoísmo, son carreteras de acceso para mentes desvinculadas del vehículo somático,  que viven en una tormentosa y vigilante búsqueda en el mundo espiritual y que continúan sedientos del placer perdido.

Encontramos en ese binomio las más variadas relaciones y tipos de obsesiones comenzando desde la influencia de encarnado al encarnado: siendo en la familia los padres que reciben en sus brazos a anteriores obsesores. El obsesor de ayer que acoge a su víctima de antaño. El marido posesivo que subyuga a la esposa, y  la esposa que tiraniza y limita su libertad al marido,  son expresiones de tal tipo de obsesión reciproca. De espíritu a espíritu en la erraticidad: Enemigos en la Tierra. De encarnado a desencarnado y a la inversa: Amor de seres egoístas que se encuentran en el sueño físico. No es raro que el hombre sea el obsesor de sí mismo, convirtiéndose en un enfermo imaginario, con molestias fantasmales, que los médicos no detectan en sus consultas.

¿Cómo actuar ante el obsesado y el obsesor? la Doctrina Espírita nos enseña que a una causa física, se opone una fuerza física, a una causa moral se opone una fuerza moral. Para preservarse de las enfermedades se fortifica el cuerpo, para prevenir la obsesión hay que robustecer el alma; razón por la cual el obsesado necesita trabajar en su propio mejoramiento, lo que puede bastar para liberarse.  Aplicar el pase terapéutico es un buen método de auxilio. Ante ellos y en todos los casos debemos practicar fundamentalmente la plegaria. Sería bueno, tener la oportunidad de establecer contacto, en una casa espírita, con el obsesor que está dominando mentalmente a la víctima, para actuar sobre el ser inteligente y bajo la influencia moral hacerle comprender el atraso de su comportamiento, haciéndole llegar a un pacto de amor para superar su enfrentamiento. Naturalmente, esta situación nos demoraría en el tiempo, dependiendo de la dureza del Espíritu que está dominando, pero el resultado esclarecedor sería una prueba más de la Misericordia de Dios para con todos nosotros, al permitirnos trabajar hacía el bien.
Juan Miguel Fernández Muñoz



lunes, 23 de enero de 2017

sábado, 17 de diciembre de 2016

Escultores de nosotros mismos


Escultores de nosotros mismos

Cuentan que un niño, vecino de un gran taller de escultura, entró un día en el estudio del escultor  y vio en él un gigantesco bloque de piedra, que llamó su atención. Y que, unos meses después, al visitar de nuevo el taller, encontró en su lugar una preciosa estatua ecuestre, que estaba siendo acabada y pulida por el maestro. Volviéndose al escultor le preguntó: «¿Y cómo sabías tú que dentro de aquel bloque había un caballo?».

La frase del pequeño era bastante más que una «gracia» infantil. Porque la verdad es que el caballo estaba, en realidad, dentro de aquel bloque. Y que la capacidad artística del escultor consistió precisamente en eso: en saber ver el caballo que había dentro y en irle quitando al bloque de piedra todo cuanto le sobraba.

El escultor no trabajó añadiendo trozos de caballo al bloque de piedra, sino liberando a la piedra de todo lo que le impedía mostrar al caballo que tenía en su interior.

Un pequeño cuento, que nos enseña lo fundamental de educar, de educarnos y sobretodo, trabajarnos a nosotros mismos para hacer salir las buenas cualidades y atributos a fin de llegar a ser espíritus de luz.

No se trata de añadir, sino de hacer salir todo lo bueno que cada uno tenemos dentro y potenciarlo con estudio, conocimientos y dedicación. Cada uno es diferente y no debemos ser la copia de nadie, del mismo modo que cada bloque de piedra, ante el escultor, encierra figuras, rasgos y atributos, diferentes, aunque algunos se parezcan.

Como escultores de nosotros mismos, podemos observar las buenas cualidades de otros y cultivarlas en nuestro interior, para luego sacarlas y desarrollarlas.

A veces nos gustaría ser o parecer,  como los grandes del deporte o de la canción, o al magnate famoso de los negocios, así como el actor o la actriz de cine que tanto éxito ha tenido.
Pensemos todo esto al comprender que con la educación pasa algo muy parecido.

Muchos padres y educadores se equivocan cuando luchan para que sus hijos se parezcan a ellos o a su ideal humano. Padres que quieren que sus hijos se parezcan a Napoleón, a Alejandro Magno o al banquero, deportista, médico, o industrial, que triunfó en la vida entre sus compañeros de clase. Muchas veces hasta intentando parecérseles físicamente, adoptando sus peinados, o las mismas ropas, o su estilo. Esto también incluye su moralidad, la mayor de las veces desdeñable, sus bajas pasiones, sus vicios y el desenfreno.

Debemos ser, ante todo, fieles a nosotros mismos. No tenemos que realizar lo que haya hecho el vecino, por estupendo que sea. Cada uno, tiene que realizarse a sí mismo y realizarse al máximo. Tiene que sacar de dentro de su alma la persona que ya es, lo mismo que del bloque de piedra sale el caballo ideal que había dentro.

¿Debemos querer ser e inculcar ser? en nuestros hijos, hombres y mujeres de bien.

Ser hombre o mujer de bien, no es copiar nada de fuera. No es ir añadiendo virtudes que son magníficas, pero que tal vez son de otros. Ser persona de bien, es llevar a su límite todas las infinitas posibilidades que cada humano lleva ya dentro de sí.

Trabajar como el escultor, quitando todos los trozos amorfos del bloque de la vida y que impiden que mostremos nuestra alma entera tal y como ella es, resaltando y cultivando nuestras propias virtudes y talentos.

Nosotros como escultores de sí mismos, deberíamos limar las asperezas de nuestro espíritu, que nuestra imperfección  intenta ocultar con el orgullo. Es indispensable para alcanzar el éxito, hacer una revisión periódica de metas y acciones.

Al reflexionar, repasamos los errores, y tendremos tiempo de reprogramar los deberes para renovarnos con mayor facilidad.

La comodidad y la pereza, el orgullo, el egoísmo, la vanidad, el materialismo… es precisamente el trozo de bloque que nos impide mostrar lo mejor de nosotros mismos.

Un buen padre, un buen educador, un buen escultor de sí mismo, es el que sabe ver la escultura maravillosa que cada uno tiene, revestida tal vez por toneladas de vulgaridad.

Quitar esa vulgaridad a martillazos, quizás muy dolorosos, sea necesario en ocasiones,  en otras bastarán con golpes más livianos, pulir algunos defectos. No siempre es necesario el mazo grande, tenemos una caja de herramientas repleta para esculpirnos, pulirnos y embellecer la obra de nosotros mismos.

Cómo espíritus inmortales que somos esto no lo conseguiremos en una sola vida, aunque cuánto antes empecemos, antes alcanzaremos a completar nuestra obra. También tenemos las instrucciones precisas para hacerlo en el Evangelio, la guía  que nos dejó Jesús, el gran maestro. Y el soporte de la doctrina espírita, que nos da esperanza y consuelo, ayudados por nuestros mentores y guías espirituales, quienes también, a través de las encarnaciones pasaron por la transformación que les hizo avanzar como espíritus más elevados moralmente.

Tenemos las ayudas y los medios a nuestro alcance, pero solo nosotros tenemos que hacer los esfuerzos por superarnos y quitarnos los lastres a fin de llegar a ser hombres y mujeres de bien.
Siendo sinceros con nosotros mismos, el autoexamen, la oración,… harán que las capas inútiles que cubren nuestros verdaderos valores,  caigan y se desprendan con mayor facilidad.

Detectar las virtudes, valorarlas y potenciarlas, para que salgan a la luz, también es una muestra de que nos vamos especializando en nuestro oficio.

Trabajar en el bien, por los demás, con amor, con paciencia, indulgencia, con renuncia de nuestro orgullo y nuestro egoísmo. Esas son las herramientas necesarias que harán resurgir de nuestro interior las buenas cualidades que allí depositó el creador del universo, al único al que sí deberíamos querer parecernos. 

Javier Campos
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 4 de diciembre de 2016

Mediumnidad, arte y Espiritismo (1ª parte)


Mediumnidad, arte y Espiritismo (1ª parte) 

León Denis, hablándonos de la belleza nos recuerda que se trata de uno de los atributos divino:
“El arte es la búsqueda, el estudio, la manifestación de esa belleza eterna, de la cual, aquí en la Tierra, no percibimos sino un reflejo”, advirtiendo en sus palabras, que el concepto de arte guarda una dimensión mayor, más grande, universal. Una dimensión en la que el ser humano expresa y plasma la riqueza y creatividad de su espíritu: pensamientos, sentimientos, reflexiones, creencias y, sobre todo, su particular visión del mundo y del Universo que le rodea.

Así, el arte es el lenguaje del alma que intenta relacionarse y manifestarse, hacerse comprensible para quien observa y recibe la sutilidad de esta manifestación.

Según extraemos de las palabras de León Denis, el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, bebe de la fuente Universal de la Belleza, de manera que el artista es tan sólo el alma sensible que a ella se aproxima y ofrece al mundo apenas un tibio bosquejo de ella.

La historia del hombre así nos lo ha demostrado siglo tras siglo…

Desde el Nearthental y su peculiar relación con la música y la percusión, lenguaje éste que se cree desarrollaron antes que la capacidad para el habla, a tenor de los instrumentos encontrados y datados como de hace nada menos que 90.000 años, hasta las refinadas obras que coronan los museos más prestigiosos del Mundo, vemos la necesidad del ser humano de plasmar las bellezas de su mundo íntimo y espiritual como legado imperecedero.

El Espíritu Emmanuel nos dice, en la Obra mediúmnica dictada al médium Fco. Cándido Xavier, El Consolador que prometió Jesús, que: “… el arte es la más elevada contemplación espiritual de los seres. Significa la más profunda exteriorización del ideal, la divina manifestación de ese Más Allá que polariza las esperanza del alma.”

Ya que el Espiritismo nos amplía el horizonte del conocimiento humano, revelándonos la existencia de una humanidad desencarnada que convive e interactúa con nosotros, los encarnados, tenemos la obligación de repensar la definición y propósito del arte a la luz de la Doctrina Espírita.

En las “Obras Póstumas”, Allan Kardec afirma:

“... Sí, el Espiritismo abre al arte un campo nuevo, inmenso e inexplorado aun, y cuando el artista reproduzca con convicción el mundo espiritual, tomará en semejante origen las más sublimes inspiraciones, y su nombre vivirá en los futuros siglos, porque a las preocupaciones materiales y efímeras de la vida presente, sustituirá el estudio de la vida futura y eterna del alma.”

Arte, Mediumnidad, Espiritismo…

Veamos que nos puede decir al respecto León Denis.

Encontramos en la Obra “Espíritus y Médiums” la siguiente definición de la facultad mediúmnica:
“La mediumnidad es el poder que poseen ciertos seres de exteriorizar esos sentidos profundos del alma que en la mayoría de nosotros permanecen inactivos y velados durante la vida terrestre; es una manera de penetrar por anticipado en el Mundo de los Espíritus.  La mediumnidad es, pues, por excelencia, la reveladora de las potencias del alma; es también, un resumen de nuestros modos de vida y de percepción en el Más Allá”.

Es imposible, reflexionando sobre la definición que nos ofrece el Apóstol del Espiritismo, no preguntarnos sobre la relación existente entre el arte y la mediumnidad, entre los artistas y los espíritus, las musas, la inspiración…

Son muchos los ejemplos de artistas de diferentes épocas, escuelas y disciplinas que, conscientes de ello o no, se convirtieron en fieles cronistas de ese mundo invisible del que extraían sus ideas.
Ya sean filósofos, escritores o poetas, pintores o músicos, los hombres de genio han dejado obras magníficas que expresan la riqueza de su inteligencia, de sus sentimientos o de su compromiso político por una sociedad diferente. Estos hombres son, a veces, médiums en distintos grados, en órdenes diferentes, y relacionados con el más allá consciente o inconscientemente.
La historia nos muestra a muchos de ellos, os invito a conocer a algunos…

Percy Bysshe Shelley, es uno de los mayores poetas líricos perteneciente a la segunda generación de poetas ingleses que murió trágicamente a los 30 años de edad.

Su “Rebelión del Islam”, es, según él, un largo poema narrativo, una sucesión de imágenes destinadas a ilustrar perfectamente el crecimiento y evolución del espíritu.

Medwin, su historiador dijo:

“…soñaba muy despierto en una suerte de abstracción letárgica que le era habitual y, después de cada acceso, sus ojos centelleaban, sus labios temblaban y su voz se volvía trémula por la emoción. Entraba en una especie de sonambulismo durante el cual su lenguaje era más bien de un espíritu o de un ángel que de un hombre.”

El Fausto de Goethe es una obra magistral. Decía Goethe: “Yo, a veces, corría a mi escritorio sin molestarme en enderezar una hoja de papel que estaba torcida, y escribía mi obra en verso de principio hasta el final al sesgo, sin moverme. A este efecto tomaba de preferencia un lápiz, que se presta mejor a trazar los caracteres, pues a veces podría haber despertado de mi poesía de sonámbulo, o distraído por el chillido de la pluma, y ahogar en su nacimiento una pequeña producción.”
Shakespeare, Milton, Lamartine, Teresa de Jesús, Víctor Hugo, fueron escritores inspirados y ardientes defensores de la comunicación posible entre los vivos y los muertos. El más allá fecundaba su genio.

El pianista compositor Franz Liszt nacido en Hungría en 1811, trajo un valioso patrimonio musical adquirido en existencias anteriores y dio pruebas de ello, pues, con apenas cuatro años de edad, ejecutaba al piano y de oído, páginas clásicas de conocidos autores, y a los cinco años leía partituras y ya era considerado un virtuoso del piano.

Liszt fue un auténtico “médium de la música”. Su psiquismo altamente desarrollado fue en seguida percibido por sus padres desde la más tierna edad.

Franz a menudo se tenía que levantar a media noche, pues éste dialogaba con lo invisible asegurando que estaba rodeado de amigos espirituales que lo incitaban al estudio de la música y que además le narraban pasajes de la pasión de Cristo.

Además sufría trances a menudo y decía recibir orientaciones, consejos y estímulo del propio San Francisco de Paula.

Con 15 años conoce al Abad Lammennais, sacerdote, filósofo y político, que Liszt tomó como consejero y confidente.

Privado posteriormente de su amistad, compuso algunas de sus páginas musicales en la residencia de su amigo, cuya psicoesfera espiritual mucho le ayudó, conforme explicó en una carta que escribió a Peter Wolf:

“La casa del Abab exhala mucha energía, y en aquel ambiente me veo rodeado por almas (espíritus desencarnados) bienhechoras tales como Homero, Platón, Locke, Bach, Mozart y otros cuyos pensamientos se confunden con los míos. Así, queriendo traducir la grandeza de los momentos de éxtasis, escribí el Pensamiento sobre los Muertos.”

Con esta afirmación, el gran Liszt nos convence de que estaba dotado con preciosos dones mediúmnicos.

También Mozart, en una de sus cartas nos habla de su inspiración musical:

“Ustedes dicen que quisieran saber cuál es mi manera de componer y qué método sigo. Realmente no puedo decirles más que lo siguiente, pues yo mismo no sé nada y no me lo puedo explicar. Cuando estoy en buena disposición y completamente sólo durante mi paseo, los pensamientos musicales me llegan en abundancia. No sé de dónde vienen estos pensamientos, ni cómo llegan; mi voluntad no interviene para nada.”

En la proximidad de su muerte Mozart llamó a su habitación a uno de sus amigos que se encontraba cerca de él: ‘Escucha’, le dijo, ‘¡Oigo música!’. Mozart, con el rostro iluminado a pesar de su palidez, seguía percibiendo aquella música celestial: ‘Ya oigo la música del cielo”. Compuso entonces su Réquiem, y luego, murió a la edad de 35 años.

Beethoven, Chopin, Mozart, Haendel, Wagner, todos ellos médiums, trajeron para nosotros las bellezas de otros planos, de otros mundos mientras estaban encarnados pero que también, como veremos más adelante, nos dejaron importantes contribuciones sobre la vida en el Más Allá después de su partida para el Mundo Espiritual…
Valle García
Centro Espírita León Denis

Bibliografía
• Obras Póstumas, Allan Kardec.
• Espíritus y Médiums, León Denis
• El Espiritismo en el arte, León Denis
• El Consolador prometido por Jesús, Fco. Cándido Xavier

jueves, 6 de octubre de 2016

Cristianismo primitivo


Cristianismo primitivo

"Todas las virtudes se encuentran en el Cristianismo; los errores que se han arraigado en él son de origen humano"
El Espíritu de Verdad, "El Evangelio según el Espiritismo" (1)


Desde los primeros años del cristianismo la falta de unidad en la interpretación de las enseñanzas de Jesús fue progresivamente creciendo a base de adoptar y desarrollar nuevos conceptos, muchos de ellos erróneos, alejados de la doctrina sencilla practicada por el maestro. Los primeros apóstoles se limitaban a enseñar la paternidad de Dios, la fraternidad humana, la proximidad del reino de Dios y la necesidad de la reparación de nuestras faltas para entrar en él. Leon Denis dice al respecto: "Esa purificación era simbolizada en el bautismo, práctica adoptada por los esenios, de los cuales los apóstoles asimilaban todavía la creencia en la inmortalidad y en la resurrección, o sea, en la vuelta del alma a la vida espiritual, a la vida del espacio" (2).

La divulgación se realizaba a través de discípulos y apóstoles itinerantes que iban recorriendo las asambleas locales y creando otras nuevas allí por donde pasaban. Estos divulgadores itinerantes iban alimentando y creando grupos de estructura sencilla y desorganizada donde no había clase sacerdotal y todos eran igualmente responsables ante Dios y con las mismas obligaciones. De esta forma, el cristianismo, inicialmente surgió como una religión sin templos, siendo las casas los lugares de reunión y de culto (Hch 16,15;16,31-32; 17,5; Rom 16,5; 1 Cor 16,19; Col 4,15), hasta bien avanzado el siglo II. Fue también una religión de laicos alejándose de las jerarquías y privilegios de unos sobre otros, aunque también hubiera cargos y funciones.

Cada asamblea tenía sus propios dirigentes que velaban por los intereses del grupo. De esta forma los profetas no eran los jefes de la comunidad sino que la asamblea tomaba las decisiones colectivamente según la "Didaché" (obra primitiva de mediados del siglo I que reunía la enseñanza de los apóstoles). Las asambleas domésticas fueron la alternativa cristiana a las sinagogas del judaísmo dando más importancia a la vida en común y a la responsabilidad personal que a los ritos y obligaciones del judaísmo.

La “Didaché” establecía las normas de comportamiento y prácticas de las primeras sociedades cristianas. También regulaba como recibir y atender a aquellos profetas que llamaban a la puerta a predicar, práctica muy habitual entonces, y para evitar ser engañados reunía consejos para desenmascarar a los que querían sacar provecho de sus predicaciones, llamados "comerciantes de Cristo" en Did. 12,1-5. Esta forma de actuar expuesta en la "Didaché" permitía protegerse de forma efectiva contra los falsos profetas a través del análisis de los mensajes en base a sus conocimientos consolidados, "Si el que instruye, tergiversa y os instruye en otra tradición para destruir, no le escuchéis" (Did. 11,1-2). Porque tenían claro que "no todo el que habla en Espíritu es verdadero profeta, a no ser que tenga las costumbres del Señor" (Did. 11,8).

El distinto origen de los grupos cristianos les daba características y connotaciones muy diferentes que en ocasiones les llevaba al enfrentamiento verbal y a la crítica, impidiendo la unidad. Los principales grupos de cristianismo primitivo fueron los judaizantes y los helenistas. Dentro de estos dos grupos, existían internamente corrientes gnósticas que incorporaban los conocimientos iniciáticos de las antiguas escuelas de Egipto y Alejandría, aunque con diferente visión en cuanto a su aplicación respecto a la Ley Mosaica. Dentro de los helenistas, cuando las diferencias fueron creciendo, se dividieron entre gnósticos y literalistas terminando por formar grupos completamente diferenciados con escrituras propias adaptadas a cada creencia.


Cristianismo judaizante o palestinense

Los apóstoles fueron todos judíos y no concebían la idea de dejar de serlo. Jesús había sido un perfecto judío respetando y cumpliendo la Ley y su enseñanza venía a completarla. Hay muchos exegetas (estudiosos e historiadores de las escrituras) que están de acuerdo en que Jesús no dio ninguna indicación para crear ninguna nueva religión ni estructura jerárquica alguna. El dirigente de la asamblea judeocristiana de Jerusalén fue Santiago, hermano de Jesús, también llamado “El Justo”, y no Pedro contradiciendo el único texto de los evangelios donde se fundamenta la creación de la Iglesia. Es obvio por tanto que este texto fue incluido con posterioridad. Incluso al principio el obispo de Roma no tenía ninguna superioridad sobre ningún otro, hasta que Teodosio proclamó su supremacía tres siglos después.

Surgieron entonces los primeros grupos judeocristianos, llamados posteriormente judaizantes o cristianos palestinenses, los cuales defendían que los gentiles conversos tenían que cumplir también la ley de Moisés, salvo la circuncisión a partir del Concilio de Jerusalén (año 50 aproximadamente) donde Pedro intercedió por los conversos gentiles representados por Pablo. Estos grupos, principalmente la secta de los nazarenos, nombrada en Hch 24,5; 24,14; 28,22 antes del año 70 (destrucción de Jerusalén por parte de los romanos), y la secta de los ebionitas (siglo II y III), tenían tres evangelios actualmente perdidos prácticamente en su totalidad, el Evangelio de los Hebreos, el Evangelio de los Ebionitas (también llamado el Evangelio de los Doce) y el Evangelio de los Nazarenos. La versión del Evangelio de los Doce que supuestamente se pudo recuperar recientemente es en realidad una obra recibida mediúmnicamente que se aparta del objeto de este estudio.
La destrucción de Jerusalén y la disgregación del pueblo judío, por parte de los romanos, supuso la desaparición tanto de la comunidad judeocristiana original como la de los esenios, quedando dos teorías de lo sucedido a estos últimos. La primera concluye que sus comunidades fueron destruidas por los romanos durante la guerra con los judíos y la segunda considera probable su conversión al cristianismo formando la secta de los ebionitas ("los pobres"), seguidores de un tal Ebión que bien podría ser el Maestro de Justicia de los esenios. Esta teoría se apoya en los grandes paralelismos entre ambas sectas: ascetismo, observancia de las leyes mosaicas, creencia en la resurrección espiritual, no material y la preexistencia del alma.

Para los cristianos judaizantes Jesús no era Dios, los términos "Hijo de Dios" e "Hijo del Hombre" tenía un claro significado para ellos. "Hijo de Dios" era comúnmente empleado para los Reyes de Israel (Sal 2), los mesías y los ángeles. El término "El Hijo del Hombre" fue erróneamente traducido del arameo al griego utilizando los dos artículos, cuando tendría que haberse traducido "como hijo de hombre" tal como aparece en el Libro de Daniel 7,13 (3). Esta denominación denotaba humildad, nada más alejado de la divinización proclamada e impuesta después por los grupos cristianos que interpretaban los textos de forma literal. Además no creían en la resurrección completa de la carne puesto que entendieron completamente la realidad espiritual que les enseñó Jesús con sus apariciones, donde no todas ellas fueron completamente materiales, como se narraría después en los apócrifos Hechos de Juan, cap. 93: "Algunas veces cuando yo lo tocaba me encontraba con un cuerpo sólido y material; en otras ocasiones, la sustancia era inmaterial e incorpórea como si no existiera por completo”. La creencia tardía de que Jesús fuera un ser engendrado directamente por Dios y de naturaleza divina sólo pudo ser desarrollada más tarde en un ambiente helenizante fruto del sincretismo con otras religiones paganas.


Cristianismo helenista

El helenismo era un movimiento global anterior al cristianismo que tocaba todas las culturas mediterráneas acercándolas a las ideas griegas y a la utilización del idioma griego por encima de los idiomas locales. La concepción helenista se integró perfectamente en los judíos de la diáspora creando una nueva corriente mucho más abierta y preparada para la rápida expansión del cristianismo. Mientras que los cristianos judaizantes eran partidarios de no polemizar en las sinagogas y evitar enfrentamientos con el resto de judíos, los cristianos helenistas tuvieron una visión mucho más gloriosa del Evangelio y no dudaban en proclamarla sin amedrentarse por las amenazas recibidas. Eran más liberales respecto a la observancia de las tradiciones mosaicas que los cristianos judaizantes. Su principal discrepancia era relativa a la importancia del culto exterior en el templo y el cumplimiento escrupuloso de las tradiciones mosaicas en sus preceptos más superficiales.
Enseguida, para los helenistas, la concepción de Jesús como "Hijo de Dios" adquirió carácter divino mediante el apelativo de "Señor" en griego, alejándose del concepto hebreo original. De esta forma el Yahvé de los hebreos quedó como un demiurgo o Dios menor superado por un Jesús divino y su padre, el Dios todopoderoso de toda la humanidad. De entre los helenistas más importantes se tiene a Esteban, como el primero en sufrir martirio por su enfrentamiento dialéctico con los judíos y a Pablo como el apóstol de los gentiles.

Aunque el origen del helenismo se encontraba en la integración de ideas filosóficas y religiosas de diversas corrientes, principalmente la del pensamiento griego, muy atractivo para aquellos que buscaban el enriquecimiento del espíritu, poco a poco empezó a imponerse la visión literalista de sus enseñanzas perdiendo todo el conocimiento profundo que contenía. La visión literal de las escrituras hacía necesario imponer la Fe ciega alejando el conocimiento reservado para unos pocos. Esto fue la clave para que Constantino eligiera el cristianismo como religión del imperio, creando el Catolicismo e imponiendo a la fuerza la visión literalista sobre el resto. Necesitaba una religión que controlara al pueblo, no que despertara conciencias. Para tener una religión completamente populista fue necesario atraer al paganismo incorporando parte de sus ritos y creencias. Todo ello respaldado por nuevas escrituras adecuadamente manipuladas para soportar las nuevas creencias. De esta forma se crearon los dogmas y las coincidencias con las antiguas mitologías como la concepción inmaculada, el perdón de los pecados, la Trinidad, la multiplicación de los peces, etc.


Desviación de los orígenes y pérdida de carismas

Las fuertes influencias mistéricas de los pueblos griego y egipcio, el distanciamiento con los cristianos judaizantes y la necesidad de aperturismo hacia los gentiles, integrando costumbres paganas, fue el origen de diversas creencias muchas de ellas confusas que todavía hoy perduran.
León Denis comenta: "Con Pablo y después de él, nuevas corrientes se forman y surgen doctrinas confusas en el seno de las comunidades cristianas. Sucesivamente, la predestinación y la gracia, la divinidad de Cristo, la caída y la redención, la creencia en Satanás y en el infierno se presentarán a los espíritus y vendrán a alterar la pureza y la simplicidad de las enseñanzas del hijo de María"(2). Ideológicamente primero se transformó el mensaje de Jesús. "La preferencia por los pobres y pecadores como sus destinatarios primeros dejó paso al anuncio a Israel, en su conjunto, y, luego, a los gentiles. La proclamación del reino de Dios fue desplazada por el anuncio de la llegada del «reino de Cristo»  (1Cor 12,3; Ef 5,5; Col 1,13). Luego… El predicador (Cristo) pasó a ser objeto de predicación y el reino se transformó para acomodarlo a la idea revolucionaria de un mesías crucificado (1 Cor 1,23). La parusía del Crucificado, la segunda venida del Cristo triunfante, desbancó a la esperanza primera de reinado de Dios sobre Israel y desde ahí sobre toda la humanidad" (4).

La pérdida de los carismas durante el siglo II fue lenta y progresiva hasta que la escasez de carismáticos y los problemas ocasionados por los falsos profetas favorecieron la transición hacia la institucionalización. El carácter itinerante de los apóstoles fue sustituido por ministros locales que cobraron cada vez más fuerza (3 Jn 1,9-10; 1 Clem 44) (5). Conforme las visitas de los divulgadores carismáticos itinerantes fueron desapareciendo se fue perdiendo también el alimento espiritual que traían y consecuentemente terminó por desaparecer la participación de la colectividad en la toma de decisiones, de forma que los dirigentes convertidos en obispos tomaron la responsabilidad de dirigir y proteger cada comunidad según sus propios conocimientos y creencias. Consecuentemente, imponiendo la opinión de unos pocos, se vio la necesidad de velar por la fe y proteger su doctrina a través de la creación de una nueva jerarquía eclesial que por proximidad y tradición adoptó en gran medida las estructuras ortodoxas de los judíos. No se dieron cuenta que justamente la creación de una estructura eclesial alejaba del pueblo la responsabilidad espiritual y por tanto también la vigilancia y trabajo personal, impidiendo la aparición de nuevos misioneros profetas que alimentaran el movimiento.

Surgieron entonces movimientos carismáticos contrarios a las estructuras jerárquicas como los montanistas y los marcionistas predicando nuevamente con gran ímpetu a través de la mediumnidad de profecía. Llegado el tiempo les llegaron a proclamar herejes y culpables de transmitir ideas de espíritus que no son de Dios. No faltaban profetas que profetizaban en nombre del Paráclito, él Espíritu de Verdad que prometió Jesús. De esta forma "comenzaba a preocupar el declive profético, tanto más cuanto que los grupos rivales (montanistas y marcionistas) tenían muchos profetas que legitimaban su pretensión de estar inspirados por el Espíritu... En el siglo III se afirma que el número de los profetas había concluido (Fragmento Muratori 79)" (5).

Con la desaparición completa de los divulgadores carismáticos que unificaban ideas, la separación de los grupos fue cada vez más notoria, cada grupo defendía sus diferentes interpretaciones hasta que el emperador Teodosio, en el año 380 mediante el edicto “De Fide Cattolica”, convirtió el catolicismo en la religión del Estado y confirió la supremacía al papado, imponiendo la opinión del obispo de Roma a la cristiandad. "A partir de ahí, el pensamiento, creador fecundo de sistemas diferentes, ha de ser reprimido"(2), "la política se introdujo en el sacerdocio. Los obispos, de humildes adeptos, de modestos «vigilantes» que eran al principio, se tornaran poderosos y autoritarios. Se constituyó la teocracia... El pensamiento profundo desapareció. Solo quedaran los símbolos materiales. Esa oscuridad tornaba más fácil gobernar a las multitudes... Los misterios cristianos cesaron de ser explicados a los miembros de la Iglesia. Fueron perseguidos como herejes los pensadores, los investigadores sinceros, que se esforzaban por adquirir nuevamente las verdades perdidas. Se hizo la noche cada vez mas espesa sobre el mundo, después de la disolución del Imperio Romano. La creencia en Satanás y en el infierno adquirió un lugar preponderante en la fe cristiana. En vez de la religión de amor predica por Jesús, lo que prevaleció fue la religión del terror" (6).
A partir de entonces la imposición del literalismo, tomar las escrituras al pie de la letra, supuso el principio de la oscuridad sobre el pensamiento filosófico. Después en el siglo IV la oscuridad terminó de imponerse con la yuxtaposición del catolicismo y paganismo. Se adoptó un nuevo calendario en el que se indicaban festividades cristianas y fiestas imperiales desde Augusto hasta Constantino, aparecieron los siete planetas como indicadores de los días y alusiones al zodíaco, se aceptó el uso de cirios e incienso, vestidos litúrgicos, etc.


Mediumnidad y divulgación 

Es obvio que la mediumnidad fue desarrollada y enseñada por los apóstoles. Daban constantemente pruebas de ello a través de los llamados carismas que la ciencia espírita explica a través de la mediumnidad de curación, de psicofonía, xenoglosía, profecía, etc. La relación con los espíritus era frecuente, primero a través de las apariciones (Hch 1,1-11; Mt 28,16; Mc 16,14; Lc 24,33) y luego a través de comunicaciones psicofónicas (“don de lenguas” Hch 2,4; I Cor 12:28-30) hasta el punto de necesitar la recomendación de no escuchar a todos los espíritus, sino únicamente a los que son de Dios.

La divulgación más efectiva era aquella que iba acompañada de pruebas materiales, curaciones, expulsiones de espíritus obsesores y mediumnidad de profecía con exposiciones inspiradas que llegaban al corazón de los distintos pueblos. En la Epístola a los Romanos, Pablo escribe: "Ansío veros, a fin de comunicaros cierto carisma pneumático que os fortalezca" lo que demuestra que la mediumnidad era enseñada a aquellos que consideraban "pneumáticos", cristianos espirituales que podían entender las enseñanzas de una manera más profunda, distinguiéndose de los cristianos “psíquicos”, que serían los cristianos que recibían las enseñanzas sin entrar en profundidades filosóficas. Esta clasificación era atribuida a los gnósticos y llama la atención que Pablo utilizara sus mismos términos en unas cartas mientras que en otras (consideradas por ello pseudo cartas) les criticaba.

A la vez que enseñaban a desarrollar los "dones del espíritu", la mediumnidad, también enseñaban a "echar a espíritus" obsesores. En Homilias Pseudoclementinas, escritura afín a los judaizantes, encontramos algunas explicaciones del porqué de la obsesión: "… la razón por la cual los demonios se deleitan en entrar en los cuerpos de los hombres es la siguiente. Siendo espíritus, que tienen deseos de comidas, bebidas, y de los placeres sexuales, por no ser capaz de participar de éstos por la razón de que son espíritus… entran en los cuerpos de los hombres, con el fin de que, conseguir órganos para mediante ellos, puedan obtener las cosas que deseen, ya sea carne, … o placer sexual…” En el mismo texto incluyen la explicación de cómo consideran que tiene que ser tratada la obsesión: “Por lo tanto, con el fin de echar los demonios, la ayuda más útil es la abstinencia, el ayuno y el sufrimiento de las aflicciones. Porque si entran en los cuerpos de los hombres por el bien de intercambio placeres, es manifiesto que se ponen en fuga por el sufrimiento”. Indicando además que hay obsesiones más complejas, de espíritus malvados donde se deber recurrir a las oraciones y peticiones: “Pero como algunos, son de especie más malignos, …es necesario recurrir a Dios con oraciones y peticiones, absteniéndose de toda ocasión de impureza, que la mano de Dios lo pueda tocar para su curación, por ser pura y fiel." (7).

Muchos otros conocimientos sobre mediumnidad también estaban presentes en el judaísmo, como por ejemplo el conocimiento sobre el cordón de plata, ya mencionado en la biblia. En Eclesiastés dice: «Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes de que lleguen los días penosos… antes que se corte la hebra de plata» (Eclesiatés 12, 1 y 6). En el Diccionario hebreo y arameo de W. Gesenius la “hebra de plata” es explicada como "descripción figurativa del hilo de la vida". Dentro del judaísmo, Filón de Alejandría, filósofo judío helenizado, demuestra sus conocimientos al escribir "sobre enthousiazein (ser divinamente inspirado), korubantian (ser místicamente frenético), bakeuein (ser presa de locura divina), katechesthai (estar poseído por la deidad) y ekstasis (éxtasis). Compara el éxtasis de los iniciados en los misterios judíos con la inspiración profética y también con el frenesí divino de los iniciados en los misterios de Dioniso" (8).

“Espíritu Santo”

Los primeros cristianos no pudieron creer en el Espíritu Santo puesto que su concepto fue de casi dos siglos después. El carisma de profecía era sustentando por el Espíritu de Jesús de forma que la autoridad que proclamaban venía directamente del mesías. El "Espíritu de Jesús" era una de las cuatro autoridades que guiaban a los primeros cristianos: 1º Antiguo Testamento, 2º Palabras de Jesús (Evangelios), 3º Apóstoles y 4º "Espíritu de Jesús", que hablaba por mediación de los profetas que "... conven-cidos de la fuerza e inspiración del Espíritu de Jesús que habitaba en ellos, reproducían o interpretaban las palabras del Señor, las acomodaban a los momentos presentes y exhortaban a los fieles a la perseverancia." (9).

Distintas versiones cambiaron la traducción para crear la idea nueva de "Espíritu Santo":
1º. A partir del término "Espíritu santo" (en minúscula como adjetivo): Lc 3,16; Mc 12,36; Mt 3,11; Lc 10,21; Lc 11;13; Jn 14,26; Jn 20,22: Traducción A.Piñero "Todos los Evangelios-traducción de las lenguas originales de todos los textos evangélicos conocidos").

2º. A partir del término Espíritu bueno ("spiritum bonum"), Lc 11;13 de la "Sagrada Biblia Vulgata".
3º. Simplemente añadiendo al término "Espíritu" de las traducciones originales del griego sin calificativo la palabra "Santo" creando un nuevo nombre compuesto.

Alimentación y sacrificios de animales

Las sectas judaizantes eran de carácter ascético defensoras de los ayunos. Contaban con los seguidores de Juan Bautista que habían formado su propio movimiento. Al igual que los esenios, estaban en contra de realizar sacrificios en el templo y eso implicaba en la práctica no poder comer carne llevando una dieta vegetariana oponiéndose al negocio de la carne que giraba en torno de los sacrificios del templo y los ritos de purificación. Como ejemplo se decía de los representantes del cristianismo primitivo: Santiago, hermano de Jesús y líder de la asamblea de Jerusalén, Pedro apóstol, Mateo, creador del evangelio que seguían y de Juan el discípulo amado, lo siguiente: “Santiago, el hermano del Señor, vivía de semillas y plantas, y no probó ni la carne ni el vino”(Epístolas a Fausto XXII, 3); Pedro: “Yo vivo de pan y olivas, a las que sólo en ocasiones añado alguna verdura” (Homilías clementinas XII, 6; rec.VII, 6); “Mateo vivía de granos, frutos de árboles y verduras, sin carne” (Paidagogus II, 1, 16); “Juan no comió nunca carne” (Hegesipo, historiador de la Iglesia, según Eusebio. Historia de la Iglesia II, 3.)

En Homilias Pseudoclementinas, afines a los grupos judaizantes, ya hemos visto que incluían dentro de las causas de la obsesión la alimentación(7), justificando además que el mecanismo por el cual los excesos en la alimentación perjudicaban al hombre era el siguiente: “Para la universal y terrenal alma, la cual toma cuenta de todo tipo de alimentos, siendo llevada al exceso por ingestión de demasiada comida, es a su vez unida al espíritu… y la parte material de la comida es unida al cuerpo quedando como un terrible veneno para él. Por tanto, la moderación en todos los aspectos es excelente (10).

En las cartas de pablo existen contradicciones en cuanto al consumo de carne. Por un lado dice claramente que "No destruyas la obra de Dios por causa de la comida... Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite"(Ro. 14:20-21) y por otro describe una verdadera campaña en pro del consumo de cualquier carne en Rom 14,1-15,13: "Porque uno cree poder comer de todo; otro, débil, tiene que contentarse con verduras", dando a entender más adelante que los fuertes eran los se alimentaban de todo. Considerando que únicamente siete de las catorce cartas se reconocen de su autoría, 1 y 2 Corintios, Romanos, Gálatas, Filemón y Filipenses (el resto habrían sido redactadas años después por sus seguidores en su totalidad (11)) no resulta difícil pensar que los textos fueron reorientados hacia los intereses predominantes. Pensar en una manipulación intencionada sería coherente con esta declaración de Pablo encontrada en un texto judío antiguo: “Jesús me ordenó que no comiera ninguna carne ni bebiera ningún vino, sino sólo pan, agua y frutos, para que me halle puro cuando quiera hablar conmigo” (Toledoth Jesch. Edición Krauss). Es evidente que ambos textos deben pertenecer a distintas personas.

Posteriormente en época de Constantino el vegetarianismo fue considerado herejía indicando que su práctica llegó a ser muy preocupante para los intereses de la nueva iglesia, ya que era practicada por los grupos de cristianos judaizantes, como los ebionitas que llegaron hasta el siglo II, y sobre todo por los importantes grupos gnósticos valentinianos, priscilianistas, maniqueistas, marcionitas, etc. Todo ello llevó a que la reunión eclesial de Ancyra, en el año 314, determinara por decreto “que aquellos, que fueron sacerdotes o diáconos y se abstenían de consumir carne, deberían probarla, y de este modo, si quisieran, vencerse a sí mismos, pero si mostraran rechazo, de comer carne ni siquiera mezclada con verduras … alejarlos del servicio” (12).

Un año antes, en el 313, Constantino comenzó su política de privilegio masivo a la iglesia católica y la terrible persecución al resto de movimientos cristianos primitivos. En el año 326 decretó la llamada “ley herética” la cual prohíbe todo tipo de reuniones de cristianos, incluso las privadas, que difirieran del catolicismo. Aquel que a partir de ese momento ponía a disposición una habitación a los cristianos herejes para reuniones, la casa, de éste se expropiaba para ser traspasada a la Iglesia Católica-Romana. De Constantino se relata, que a los que renunciaban al alcohol, se alimentaban vegetarianamente y “enseñaban doctrinas falsas”, les hacía verter plomo derretido en la garganta (13).
La lucha contra las doctrina judaizante en el siglo II, en el oriente del imperio romano, se relacionaba claramente con la lucha contra los hábitos vegetarianos según el credo que debían de pronunciar los feligreses al entrar en la iglesia, que dicía: “Yo maldigo a los nazarenos, los testarudos, que niegan, la ley de sacrificios que fue dada por Moisés, y que se abstienen de comer criaturas vivientes y que nunca ofrecen un sacrificio"(14).

Los ebionitas al contrario promovían el vegetarianismo directamente en el evangelio que ellos utilizaban, el "Evangelio de los Ebionitas" o "de los Doce", creado en torno al año 150. De las pocas frases que se han recuperado de él, se encuentran las siguientes que manifiestan el firme propósito de promover la alimentación vegetariana:  Jesús dijo: "He venido a abolir los sacrificios, y si no cesáis de sacrificar, no se retirará mi ira de vosotros"(15); y ante la pregunta de Mt 26,17 sobre los preparativos de la Pascua les responde Jesús: "¿He deseado acaso ardientemente comer carne con vosotros en esta Pascua? (16)

En siglos sucesivos se llegó a excomulgar a aquellos que se negaban a probar la carne mediante el anatema del papa Juan III (561-574) en el primer sínodo de Braga/Portugal: “Si alguien considera como impuro alimentarse de carne, que Dios le ha dado al hombre para su consumo… renuncie a ella… (o) éste sea excomulgado”(17).

La mujer en los primeros cristianos 

Respecto a la consideración de la mujer tenemos otra grave confusión en las cartas de Pablo. En Gálatas 3,28 tenemos que "Ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni varón ni mujer", por lo cual entendemos que todos somos iguales con los mismos derechos. Admite que las mujeres puedan orar o profetizar en las asambleas (1 Cor 11,5), eso sí, cubriéndose la cabeza. Sin embargo se contradice en 1 Corintios 14, 34-35 y 1 Timoteo 2,11-12,15 donde manda callar a las mujeres en las asambleas y que aprendan lo que quieran aprender de sus maridos, con toda sumisión y en silencio. Según Tertuliano, hacia el año 200, mujeres en los grupos herejes (marcionitas, montanistas, carpocracianos, valentinianos) enseñaban, participaban en las discusiones, exorcizaban, curaban e incluso bautizaban, lo que indicaba que actuaban como dirigentes(17). Nos llegaron ejemplos como Marcelina, maestra gnóstica de los carpocracianos, Prisca y Maximila, predicadoras profetisas de Montano.

La reencarnación

Al contrario de lo que se suele pensar, el concepto actual de resurrección dista mucho del que tenían los primeros cristianos. El concepto que perduró, el de la resurrección de la carne, surgió del sincretismo del literalismo con las prácticas paganas que se adoptaron en torno al siglo III. Por ejemplo, Pablo dice en 1 Cor 15,50-51: "... la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios... No todos dormiremos, pero todos seremos transformados". Afirmación incompatible con la creencia de la resurrección de la carne.

Entre los judíos la resurrección era motivo de discrepancia entre sus distintos grupos. Los Saduceos no creían en absoluto en ella mientras que los fariseos y los esenios creían en una resurrección espiritual totalmente inmaterial. El "Evangelio según el Espiritismo" nos explica cómo Jesús enseñó la doctrina de la reencarnación, por ejemplo, cuando recriminó a Nicodemo que no la conociera siendo un estudioso de la Ley. "En Mc 6,14-15; 8,27-29; Lc 1,76 y Jn 1,20 vemos que Jesús era a veces considerado, como Juan, una encarnación de Elías" (19). En Mateo 11, 14-15 Jesús dice: “Y si queréis recibirlo (Juan Bautista), él es aquel Elías que había de venir. El que tenga oídos para oír, que oiga”. Posteriormente en Mateo 17; 10, 11 y 12 comenta: “Mas os digo que Elías ya vino y no le conocieron sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos”.

En los textos apócrifos tenemos otros ejemplos que muestran la creencia en la reencarnación: En la Epístola de Santiago 3,6 se nombra “la rueda de nuestro nacimiento”; en el Evangelio de Tomás, vers. 84, Jesús habla sobre encarnaciones pasadas: “Cuando contempláis vuestra imagen y semejanza, os alegráis; pero cuando veis vuestras propias imágenes hechas antes que vosotros - ¿cuánto podréis aguantar?”

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"
Referencias:
(1)- Allan Kardec, "El Evangelio según el Espiritismo", Cap. VI.
(2)- Leon Denis, “Cristianismo y Espiritismo”, cap. I
(3)- Piñero A., "Guía para entender el Nuevo Testamento".
(4)- Sotomayor, M. "Historia del Cristianismo I" p.130.
(5)- Sotomayor, M. "Historia del Cristianismo I" p.155
(6)- Leon Denis, “Cristianismo y Espiritismo”, cap. II
(7)- "Homilias Pseudoclementinas", Homilia IX Cap. X
(8)- Freke & Gandy, "Los misterios de Jesús"
(9)- Piñero A., "Guía para entender el Nuevo Testamento", p.46
(10)- "Homilias Pseudoclementinas" - Homilia IX CAP XII
(11)- Piñero A., "Guía para entender el Nuevo Testamento" cap. 11.
(12)- citado según Johannes Schümmer, Die altchristliche Fastenpraxis [La antigua practica cristiana del ayuno], Münster 1933, pág. 32).
(13)- Carsten Strehlow, "Vegetarismus/Veganismus als Bestandteil des Christentums [Vegetarianismo/veganismo como parte del cristianismo]", Berlín 2000.
(14)- citado según el libro del investigador de Qumran Hugh J. Schonfield, "Die Essener [Los Esenios]", pág. 99, que a su vez, hace referencia al libro de James Parkes, "The Conflict of the Church and the Synagogue", pág. 398.
(15)- Citas de Epifanio de Salamis, "Contra las herejías" 30,16; PG41,432C-P.
(16)- ídem "Contra las herejías" 30,22; PG41,441C-P.
(17)- Cod. Alderspac. 184 (membranac. Saec. XIV), citado según Ignaz von Döllinger, "Beiträge zur Sektengeschichte des Mittelalters [Aportes a la historia de las sectas del medioevo]", Tomo 2, Munich 1890, pág. 295.
(18)- Alvar, Blázquez, Piñero "Cristianismo Primitivo y religiones mistéricas", p.112.
(19)- Piñero A., "Guía para entender el Nuevo Testamento", p.180

martes, 30 de agosto de 2016

Leyes morales y mediumnidad


Leyes morales y mediumnidad

La mediumnidad es un fenómeno natural que nos acompaña desde el inicio de la humanidad, prueba de ello es que la creencia en los espíritus y la vida después de la muerte se han encontrado prácticamente en todas las culturas. Fue con la llegada del Espiritismo de Allan Kardec, y en particular de la publicación de su tratado "El Libro de los Médiums", cuando se desveló y desmitificó la comunicabilidad con los espíritus, poniendo este conocimiento al alcance de todo el mundo.
Estudiando "El Libro de los Médiums" podemos entender que si bien todos somos médiums de alguna forma, normalmente de inspiración, la facultad de mediumnidad ostensible, menos común, es una característica puramente fisiológica que "depende del organismo; es independiente de la moral." (1), puesto que es encontrada en personas de muy diversos tipos, caracteres y formas de ser.

A pesar de que la moral del médium no tiene efecto sobre la facultad fisiológica de la mediumnidad, es el aspecto más importante para su práctica pues determina con precisión el tipo de comunicaciones que se le van a permitir realizar, livianas, serias o incluso mistificaciones (engañando al médium), en virtud de la aplicación de los principios de afinidad y sintonía. Podemos decir que la moral del médium, cuando sea elevada, será la llave que de acceso a la comunicación con los buenos espíritus, su sabiduría y amor universal. Por el contrario, cuando la moral del médium sea inferior, o sintonice con conciencias inferiores, entregará entonces en bandeja la llave de su psiquismo al plano espiritual más próximo a su condición, quedando desprotegido frente a posibles influencias psíquicas inferiores que podrán adueñarse de su psiquismo mediante la obsesión.

La moral

Etimológicamente el término moral viene del latín "moralis", que significa costumbre. La moral de los hombres va ligada a sus costumbres y creencias que establecen los actos permitidos en su sociedad y que conforman sus leyes temporarias. Tenemos por tanto una moral temporal para cada conjunto de creencias, social, religiosa e individual, quedando únicamente fuera del tiempo y de las creencias, la Moral Universal o Divina basada en las Leyes Universales.

Siendo la mediumnidad un fenómeno completamente natural únicamente va a verse influenciado por leyes naturales y por tanto solo por la Moral Divina asociada al cumplimiento o no de las Leyes Universales. La moral de los hombres tendrá mayor o menor influencia sobre la mediumnidad en la medida en que se asemeje a la moral divina. Por tanto todo desarrollo de la mediumnidad deberá ser precedido antes por una apropiada educación de la moralidad según las leyes universales.

Educación moral

Hablamos en términos de educación y no únicamente de desarrollo para incidir en la importancia del esfuerzo voluntario que necesita la sublime tarea de superarse a sí mismo. Educar implica estudiar, esforzarse y practicar lo aprendido. El examen será la vida y los resultados no se harán esperar porque todos cosechamos continuamente los frutos de aquello que anteriormente sembramos.
El estudio necesario para la educación moral puede resumirse en tres grupos: estudio de las leyes universales a través de la ciencia, a través de la filosofía y a través de las consecuencias morales que conlleva su práctica.

a) Estudiar ciencia y en particular la ciencia espírita nos acercará al conocimiento de las Leyes Universales más próximas al plano físico. El libro "La Génesis" de Allan Kardec nos abre la puerta de la ciencia espírita y junto a "El Libro de los Médiums" son compendios básicos para todo trabajador de la mediumnidad que quiera entender la fenomenología mediúmnica.

b) Estudiar la parte moral del Espiritismo a través de las palabras de Jesús explicadas por los espíritus superiores en el libro "Evangelio según el Espiritismo" de Allan Kardec. Jesús normalmente hablaba con metáforas que encerraban verdades universales independientes de toda época de forma que hoy son igualmente actuales, pero para alcanzar su comprensión es necesario abordarlas desde una perspectiva espiritual con conocimientos espirituales.

c) Estudiar filosofía espírita principalmente a través del estudio de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec nos acercará al conocimiento de las Leyes Universales aplicadas más allá de la física, llevándonos conceptualmente a planos superiores del conocimiento transcendiendo el tiempo, la vida, la materia aproximándonos al mundo espiritual desde donde los seres inmortales nos contemplan y a donde nosotros mismos pertenecemos.

Todo el saber espírita recogido en su filosofía y ciencia tiene claras consecuencias morales en base al cumplimiento o no de las Leyes Universales y su comprensión impulsa a la transformación de las personas, despertando en primer lugar necesidades semimorales y posteriormente completamente morales.

Según "La Génesis" podemos distinguir tres grupos de personas en función del carácter moral de sus necesidades. En las primeras etapas de nuestra evolución despertamos a la "conciencia de sí" únicamente con necesidades materiales. Conforme progresamos moralmente pasamos a otra etapa donde van apareciendo y desarrollándose nuevas necesidades semimorales y finalmente emprenderemos una tercera etapa, donde únicamente tendremos necesidades morales.
Comprendemos fácilmente la inconveniencia de la práctica de la mediumnidad para todos aquellos que mediante un autoanálisis se consideren dentro del primer grupo.

Por otro lado, los miembros del tercer grupo, que por sus méritos morales han abandonado toda necesidad material, han llegado a la recta final de su estancia como encarnados en la Tierra y posiblemente solo permanecerán en ella únicamente mientras dure su misión.

Centrémonos por tanto en el prometedor trabajador espiritual que habiendo conquistado ciertos avances morales despierta una nueva concepción de la vida en sí mismo y se pone al servicio de los demás a través de la mediumnidad salvadora. En este grupo vamos a distinguir tres etapas relativas al trabajo mediúmnico:

1º- Etapa de trabajo de donación fluídica y vibración, dentro de un grupo bien formado, en trabajos de atención a espíritus sufrientes, considerando que a la vez que auxilia es auxiliado mediante experiencias ejemplificadoras de máxima utilidad para su desarrollo moral. En esta etapa descubre la gran ayuda que resulta de la lectura y comprensión, diarias, de las palabras de Jesús, del Espíritu de Verdad y de los buenos espíritus en el "Evangelio según el Espiritismo", y de la importancia de trabajarnos la afinidad y sintonía con los buenos espíritus. Afinidad en el día a día a través de tener buenos pensamientos, buenos sentimientos, lecturas edificantes, controlando nuestras emociones y mejorando nuestros defectos morales que nos separan de ellos. Y sintonía como ejercicio mediúmnico, ayudados por la oración sincera, a través de la cual nos conectamos con ellos periespíritu a periespíritu recibiendo sus inspiraciones que nos sirven de guía fiel.

2ª- Etapa de trabajo en grupo mediúmnico preparado para atención de espíritus endurecidos. Este tipo de espíritus es muy variado, pero generalmente, sin estar inclinados completamente al mal no hacen tampoco ningún bien por nadie. No tienen ninguna motivación por mejorarse porque no tienen ninguna fuerza moral que les impulse a empezar el camino de reforma moral que necesitan. Su sufrimiento les ayuda a intuir que no están haciéndose ningún bien a sí mismos en la posición y actitud en que se encuentran pero además de no ver posible salida, temen más al futuro incierto ante cualquier cambio que permanecer en su estado por tiempo indefinido. Se ven desprovistos de cualquier posibilidad de ayuda y no confían en nada ni en nadie.

La atención a este tipo de espíritus requerirá más vigilancia, autodominio de sí y pureza de sentimientos que el ciclo anterior. Vigilancia para no caer bajo los ataques de conciencias arraigadas en el mal que quieran retrasar nuestro trabajo en el Bien. Autodominio de sí mismo para vencer las imperfecciones y ser ejemplo vivo de lo que decimos en la mesa mediúmnica. Es común que un espíritu endurecido en fase de tratamiento acompañe durante unos días a los participantes de la mesa mediúmnica para observarlos y concluir si son de confianza y plenamente sinceros con lo que le dicen en la reunión. La confianza la ponen muy cara pero es requisito indispensable para todo trabajo posterior. Y finalmente pureza de sentimientos como única forma de generar los fluidos espirituales necesarios para que, proyectados por impulso de la voluntad durante las reuniones mediúmnicas, penetren en las capas endurecidas del periespíritu del espíritu ayudado, le remuevan por dentro, le conmuevan y le ayuden a transformarse.

3ª- Etapa de trabajo en grupo mediúmnico preparado para atención de espíritus obsesores. La atención a espíritus obsesores requiere la máxima preparación del grupo en los aspectos doctrinarios y morales, alcanzando elevados niveles vigilancia y autocontrol de uno mismo, sublimación de sentimientos por el prójimo siguiendo el Evangelio de Jesús y plena sintonía con los buenos espíritus a través del desarrollo de toda virtud elevada, renuncia, paciencia, templanza, gratitud, caridad, humildad y Fe.

Leyes morales, emociones y centros de fuerza

Profundizar en el desarrollo moral de la persona y en particular del médium, implica profundizar en el conjunto de leyes morales que nos enseña "El Libro de los Espíritus", su relación con los instintos, necesidades básicas, emociones, sentimientos y su correspondencia con los centros de fuerza sutiles que gobernando el cuerpo psicosomático influyen en nuestro psiquismo.

1º- En el primer nivel tenemos la Ley de Destrucción, la Ley de Reproducción y la necesidad básica de supervivencia (instinto de supervivencia), del individuo y de la especie. Varias emociones básicas trabajan en este nivel como son el miedo y la ira, principalmente como respuestas naturales a peligros reales o imaginarios. El centro de fuerza relacionado con este nivel es el centro genésico, responsable, por tanto, de la voluntad de vivir y de afirmar su capacidad delante de las tribulaciones naturales de la vida. Es el centro preponderante en la conciencia del hombre primitivo.
Los desequilibrios principales del centro genésico son debidos a excesos y adicciones que pongan en peligro nuestra vida, conflictos que nos lleven a vivir con miedo e ira, o por lo contrario pensamientos que nos lleven a no querer vivir. Todo apego que integremos como necesidad básica será fuente de sufrimiento, estrés (miedo e ira) y en ocasiones incluso enfermedad.
El equilibrio del centro de fuerza genésico impondrá la necesidad al médium de llevar una vida sencilla y sin apegos materiales, alejada de excentricidades, reduciendo las necesidades básicas poniendo más la mirada en el bienestar de los demás que en el de uno mismo.

En la reunión mediúmnica este centro de fuerza proveerá de fluidos vitales esenciales para el tratamiento de las capas periespirituales más densas de espíritus sufrientes, como por ejemplo los suicidas, los cuales dañaron físicamente su periespíritu mediante en el acto desgraciado de quitarse la vida.

Este centro de fuerza, en estado de congestión o sobreexcitación, "irá a generar la temeridad, en la cual el individuo no siente miedo de nada"(2), siendo víctima fácil de vicios y pasiones que le pondrán en sintonía con la espiritualidad inferior que intentará aprovecharse de él y de sus fluidos vitales.

La inhibición o bloqueo del centro genésico será síntoma de grave inseguridad ante la vida, "miedo de todo y de todos"(2), y dependencia psicológica en relación a la aprobación de otros, siendo una puerta abierta a influencias obsesivas externas que le inhabilitarán para el trabajo mediúmnico, como ocurre igualmente en el estado congestivo.

2º-En el segundo nivel tenemos la Ley de Conservación y la necesidad básica de protección y conservación (instinto de conservación) del individuo, de la familia, su sociedad, etc. La emoción natural es la preocupación que vela por nuestra seguridad, y que moviliza a la inteligencia hacia la Ley de Trabajo para el bien común de todos. El derecho al placer surge en este nivel como recompensa al trabajo realizado. El centro de fuerza relacionado con este nivel es el centro gástrico.
El egoísmo, que tiene también su origen en instinto de conservación según "Obras Póstumas"(3), junto al deseo y a la pereza son los principales factores de desequilibrio de este centro de fuerza. El centro gástrico es preponderante en la conciencia del hombre común.

En estado de congestión tendremos como consecuencia el apego al placer y sensualismo, perjudicando la salud y desperdiciando energías sutiles que podrían ser utilizadas en cometidos más elevados, como es la práctica mediúmnica y la donación de fluidos vitales en este caso.

Cuando está inhibido por la hipoactividad, "puede generar una disminución, o abolición completa, del propio placer de vivir"(2) y tendencia al estado depresivo. En este estado será incapaz de donar nada y tenderá a robar la energía de su entorno puesto que no es capaz de generarla por sí mismo. Por su estado mental asociado sintonizará por el pensamiento con los espíritus inferiores y estará expuesto a posibles problemas con la obsesión. Ambos estados inhabilitan a todo médium para la práctica mediúmnica.

3º-En el tercer nivel tenemos la Ley de Progreso (instinto de progreso) y la necesidad básica de reconocimiento y bienestar en la interrelación con los demás, la sociedad y con uno mismo (autoestima). Las emociones básicas relacionadas son la alegría y la tristeza fruto de las victorias y derrotas que nos trae el progreso. El centro relacionado con este nivel es el centro esplénico.

El mayor escollo para el desarrollo de este centro es el orgullo que nos lleva a sobrevalorarnos por encima de los demás alejándonos de la gran Ley de Unidad que rige la Creación. El orgullo deja al hombre sólo frente a las consecuencias de la Ley de Acción y Reacción como mecanismo necesario de reajuste.

En el tercer nivel de la conciencia tenemos el autoamor que despierta en nosotros la sensación de poder y libertad para llevar a cabo todo lo que nos propongamos, ayudados de la Providencia Divina que siempre nos provee de todo lo que realmente necesitamos en el momento justo en que lo necesitamos. El centro esplénico es preponderante en la conciencia del hombre emprendedor.

Cuando la mediumnidad despierta el orgullo se agita y una gran dosis de humildad es necesaria para admitir que solamente se es un intermediario, un servidor al servicio de la espiritualidad superior.
Este centro, cuando está congestionado alimenta el orgullo de energías estancadas que aíslan a la persona de la realidad mostrándose superior, dominante y prepotente, idealizando su inteligencia y capacidad por encima de los demás y de sus derechos.

Cuando este centro se encuentra inhibido, no es raro ver caer al orgulloso en el agujero de la negatividad, sensación de incapacidad, impotencia y de falta de autoestima, porque todo orgullo encierra en su interior un grave complejo de inferioridad e inseguridad psicológica del que intenta huir y ocultar.

En este estado el médium está completamente expuesto al peligro de la fascinación por mediación de la estimulación de su orgullo. En estado de inhibición es presa fácil al halago que alimenta y sobreexcita el orgullo llevando a este centro a la congestión donde la fascinación quedará fuertemente arraigada y aislada de toda ayuda exterior.

4º-En el cuarto nivel tenemos la primera parte de la Ley de Amor, Justicia y Caridad, el amor y la necesidad de amar y ser amado. Es la puerta que separa el reino de las emociones básicas del de los sentimientos elevados. El centro de fuerza relacionado es el cardíaco.

Si bien el mayor escollo de este centro es el odio, con consecuencias gravísimas a nivel energético y para el desarrollo de la conciencia superior, el factor más frecuente y preocupante es justamente la falta de desarrollo del sentimiento del Amor que mucha veces termina en el estado de endurecimiento del corazón, que al desencarnar generará grandes sufrimientos en el individuo, pasando a recibir la calificación de "espíritu endurecido".

El centro cardíaco y superiores se corresponden con niveles que hay que trabajar y desarrollar, no sólo equilibrar. El equilibrio del centro cardíaco lo habilita para amar pero solo su desarrollo le permitirá florecer y dar fruto. Solamente sustentando en el autoamor del  centro esplénico, el amor brotará incondicional y altruistamente hacia los demás. El centro cardíaco es   preponderante en la conciencia del hombre de bien.

El desarrollo de la capacidad de amar es una de las principales pruebas de la humanidad en su actual estado evolutivo y en particular de todo médium. Para el médium, todo trabajo mediúmnico serio será una oportunidad de desarrollo de los sentimientos de amor, compasión y empatía como preciosos instrumentos de ayuda y autoayuda.

En estado de inhibición de este centro "tenemos la indiferencia, en la cual el individuo tiene una actitud egoista"(4). No seremos capaces de amar y nos embargará la indiferencia, potenciando el orgullo y egoísmo, desarmonizando los centros inferiores generando poco a poco el endurecimiento del corazón empeorando cada vez más la situación. Negándonos a dar amor terminaremos por dejar de recibirlo, entrando así en el mecanismo de reparación de este conflicto mediante el sufrimiento emocional y psicológico.

En estado de congestión llevaremos el apego, característico del centro gástrico, hasta nuestro corazón en el centro cardíaco, esclavizándonos con el amor posesivo que fomentará los celos, la envidia, etc. impidiéndonos vivir nuestra vida libremente. Recordemos que Jesús nos dijo: "donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón" (5).

Ambos cuadros, congestión e inhibición serán condiciones que desarmonizarán el resto de centros inferiores incapacitándonos para el trabajo mediúmnico y poniéndonos en grave peligro de obsesión.

5º-En el quinto nivel tenemos la segunda parte de la Ley de Amor, Justicia y Caridad, la caridad, la compasión y la necesidad de expresar, enseñar, comunicar y crear. El centro de fuerza relacionado es el laríngeo.

Este centro se desarmoniza con la mentira y la manipulación verbal en lo relativo a la comunicación y con la excentricidad inarmónica que sobrexcite la imaginación, en lo relativo a la creatividad.
Para el médium es indispensable equilibrar este centro adquiriendo y transmitiendo conocimientos superiores, predicando con el ejemplo y siendo coherente con lo que se hace, se dice y se piensa. No solo hay que desarrollar amor por los demás sino que además hay que expresarlo, mantenerlo y demostrarlo mediante la caridad. Para todo ello es necesario indagar en el autoconocimiento.

La práctica de la caridad desde el centro laríngeo es la puerta a estados de conciencia superiores una vez que hemos purificado suficientemente los sentimientos mediante el estudio y examen de conciencia diario. Este centro es preponderante en la conciencia del hombre caritativo.

Este centro se congestiona cuando abusamos del conocimiento con el fin de adquirir poder sobre los demás, manipulando, imponiéndonos de alguna manera o influyendo en su voluntad. Estas actitudes obviamente influyen en el orgullo desequilibrando también el centro esplénico y en menor medida el gástrico.

El médium que busca el conocimiento espiritual pero que sigue viviendo una vida materialista no puede tener muy desarrollado este centro por la ausencia de esfuerzo y voluntad de cambio. Según nos dice "El Libro de los Espíritus", preg. 646: "El mérito del bien reside en la dificultad. No hay mérito en hacerlo sin trabajo y cuando nada cuesta". Son los que se llaman médiums improductivos.

6º-En el sexto nivel tenemos la tercera parte de la Ley de Amor, Justicia y Caridad, la Justicia y la necesidad de alcanzar la sabiduría y conocimiento superior de la creación y las Leyes Universales. El centro de fuerza relacionado es el centro cerebral.

Este centro se desarmoniza principalmente cuando utilizamos la inteligencia para la práctica del mal y con fines egoístas. Por el contrario, cuando está equilibrado es el centro de la inspiración y la intuición como auxiliares para alcanzar el conocimiento superior sintonizando con los buenos espíritus. Este centro es preponderante en el hombre justo y sabio.

Considerando que todos en menor o mayor medida somos médiums de inspiración, todos tenemos acceso al auxilio espiritual en función de nuestros méritos morales y sintonía.

Este centro desarmonizado alimenta lo que podemos llamar orgullo espiritual, que nos lleva a creernos más espirituales que los demás. "Congestionado en la hiperactividad, tenemos el misticismo, en el cual el individuo cree que está todo el tiempo siendo orientado por seres espirituales superiores, que direccionan su vida"(4), a creernos "enviados" con grandes misiones espirituales o a pensar que todo el tiempo estámos siendo orientados por seres espirituales superiores, lo cual es una gran puerta hacia la fascinación.

Por el contrario, en estado de inhibición tendremos desprecio por las intuiciones e inspiraciones superiores que podamos tener viendo la vida desde una óptica materialista y negando incluso las verdades espirituales. Por otro lado quedaremos al alcance de inspiraciones e intuiciones inferiores que poco a poco podrán ganar terreno en nuestro psiquismo con gravísimas consecuencias.

7º-En el séptimo nivel tenemos la Ley de Adoración (instinto de adoración) y la necesidad de autorrealización, de trascender más allá de uno mismo y sentirse integrado dentro de la gran Ley de Unidad que rige la Creación. El centro de fuerza relacionado es el centro coronario.

Este centro se desarmoniza congestionándose por "el abuso de las funciones psíquicas" "...en el cual el individuo utiliza sus potenciales mediúmnicos para hacer el mal a otras personas y adquirir provecho propio"(4).

Para el médium esto significa que no debe practicar la mediumnidad con fines interesados ni mucho menos utilizar su facultad para ganar influencia o seguidores para satisfacer el orgullo.

Otra desarmonía común de este centro es su inhibición a través de la negación de la mediumnidad "cuando la persona percibe que trae los potenciales mediúmnicos, pero, por miedo de buscar lo transcendente, por el desconocimiento de lo que irá a encontrar, bloquea las funciones psíquicas del centro coronario."(4)

También inhibimos este centro cuando, aunque no negamos la mediumnidad, carecemos de renuncia y entrega necesarias para el trabajo mediúmnico. Nos conformamos con sesiones "light" que no exijan mucho de los presentes y que no nos compliquen la vida dedicándonos a donar fluidos apenas cargados de buena voluntad y deficientes espiritualmente.

Por otra parte, el centro coronario, cuando está equilibrado y desarrollado nos lleva a la transcendencia, mientras, es el responsable del impulso por la búsqueda espiritual y de la búsqueda de la conexión con Dios y la gran Ley de Unidad. Este centro es el preponderante en el hombre espiritual autorrealizado.

Aunque un nivel de conciencia particular conlleve la preponderancia de un centro de fuerza determinado, todos los centros a su vez, están interconectados y dirigidos principalmente por nuestro Espíritu a través del centro coronario, el primer centro en importancia. Es por esto que la oración es el gran antídoto armonizador que nos da Dios para el reequilibrio interno. La oración, a través del centro de la transcendencia, el coronario, tiene el poder de armonizarnos a través de todos los centros, de arriba abajo, alcanzando todo nuestro sistema orgánico.

Estas correlaciones, tomadas como hipótesis de trabajo, nos permitirán mejorar en gran medida nuestro autoanálisis y conocimiento personal, recordando siempre que en el orden moral, ante todo, estamos obligados al estudio y práctica del Evangelio de Jesús.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"
Referencias:
(1) "El Libro de los Médiums", cap. XX ítem 226
(2) "Apostila para o curso de passe espiritual e magnético" del "Hospital Espírita Eurípides Barsanulfo" Clase III
(3)"Obras Póstumas" p.233 edición EDICEI.
(4) "Apostila para o curso de passe espiritual e magnético" del "Hospital Espírita Eurípides Barsanulfo" Clase IV.
(5)Mt. 6:21.