sábado, 29 de febrero de 2020

El Espiritismo es la filosofía

El Espiritismo es la filosofía



Desde el origen de los tiempos, la humanidad siempre ha tenido la necesidad de encontrar explicaciones a todo, incluyendo aquello que se escapaba a sus propias capacidades intelectivas. Al principio tuvo que recurrir a la creación de mitos para intentar justificar preguntas relativas a Dios, la Creación o su propio origen. Los mitos eran realmente cuentos, normalmente no aptos para niños por su contenido, que calmaban en cierta formas las ansias de conocimiento y de saber. Fue necesaria la llegada de la filosofía para intentar dar una explicación más racional a dichas preguntas. Cada filosofía creaba su corriente de pensamiento a partir de axiomas e hipótesis, a veces nada razonables, que las diferenciaba hasta el punto de contradecirse completamente. Ante tanta contradicción surgió el desánimo, y el escepticismo se abrió camino creando aún mayor confusión, renunciando a intentar comprender los secretos del Universo.

Las distintas filosofías desde el inicio tomaron principalmente dos rumbos diferentes según su carácter material o espiritual. La ciencia materialista con el tiempo vino a explicar muchos de los errores que se fundamentaban en la materia, así como la ciencia espiritual del Espiritismo nos clarificó las filosofías espirituales que sí creían en la existencia del alma y que fueron el fundamento de la sociedad occidental moderna gracias principalmente a Pitágoras, Sócrates, Platón y Aristóteles, y a su influencia primero sobre el Helenismo, corriente dominante en la época antigua, luego sobre el imperio Romano y finalmente sobre el cristianismo.

La filosofía de Pitágoras prácticamente fue la primera que nos ha llegado a nuestros días que defendía un concepto próximo a la reencarnación, como la transmigración del alma, y por tanto su inmortalidad. El Espiritismo nos enseña que el espíritu siempre progresa con la reencarnación y por tanto, el concepto de transmigración de Pitágoras, también bastante común en el hinduismo, no es completamente válido puesto que se equivoca en la parte en que acepta el renacimiento de un ser más avanzado en un cuerpo de un ser inferior, puesto que sería una pérdida completa de tiempo para dicho ser y por tanto contrario a la Ley de Evolución. Sin embargo, por su proximidad al conocimiento espiritual, dicha idea favoreció que la reencarnación calara en el mundo griego llegando al cristianismo de Orígenes, proclamado hereje por ello mismo, o también a los cátaros, tristemente aniquilados prácticamente en el siglo XIII en Francia y perseguidos por la Inquisición hasta su desaparición.

La filosofía de Sócrates es, en muchos puntos, perfectamente compatible con el Espiritismo puesto que buscaba encontrar la sabiduría y el conocimiento de uno mismo, reconociendo que el cuerpo físico era una cárcel para el alma y que la muerte por tanto era su liberación. Promulgaba que el alma es preexistente al cuerpo físico y por tanto vendría de otro mundo a donde habría llegado después de abandonar una vida anterior en otro cuerpo físico. La vida estaría vinculada al alma de tal forma que sería su principio vital, y por tanto, conociendo que todo lo que tiene alma tiene vida, sería contradictorio pensar que dicho principio vital pudiera morir, siendo por tanto el alma inmortal.

Platón, con su teoría de las ideas nos acercó al mundo espiritual, concibiendo que todo lo que existe en el mundo real, o sensible, era una proyección de una idea, más perfecta y pura, preexistente en el mundo de las ideas o inteligible. El Espiritismo práctico nos demuestra la existencia del mundo espiritual que prevalece sobre mundo físico y desde donde provienen los espíritus, la vida inteligente y muchas de las ideas que luego se desarrollan en la vida física.

La filosofía cuando es bien dirigida es fuente de sabiduría y responde satisfactoriamente a las grandes preguntas de la vida promoviendo los preceptos éticos y el cultivo de los grandes valores: bondad, belleza y verdad (conocimiento), ya perseguidos originariamente por Platón y el cultivo de la mesura puesto que la virtud se encuentra en el término medio.

Siendo la filosofía la ciencia de la Verdad, el Espiritismo la incorpora en su base creando la Filosofía Espírita, conforme le da explicación a las grandes preguntas a través de la experiencia y las conclusiones obtenidas a través de la observación de los fenómenos mediúmnicos de efectos físicos, llamados en el pasado psicología experimental y actualmente Ciencia Espírita. De esta forma, el Espiritismo sienta las bases de un conocimiento que al ser recopilado con ayuda de los espíritus superiores, demostrando su superioridad de criterio y pensamiento, forma un conjunto de conocimiento, la Doctrina Espírita, que resuelve las grandes preguntas que la filosofía pretende explicar desde el inicio de los tiempos, sirviendo a su vez de premisa para una nueva filosofía espiritual que pueda apuntar al escrutinio de los conocimiento superiores del Universo y la vida espiritual, partiendo desde una base sólida y verificada por la experiencia.

Objetividad y fiabilidad de las experiencias percibidas por los sentidos físicos.

La filosofía terrestre casi desde el inicio se preguntó por la objetividad y fiabilidad de las experiencias percibidas por nuestros sentidos físicos, cuestionando de esta forma cualquier forma de conocimiento incluso científico. El Espiritismo, mediante las experiencias de la psicología experimental y la mediumnidad, demostró la preponderancia del espíritu sobre la materia y la existencia de un cuerpo intermedio, el periespíritu que permitía su interacción sobre ella, de forma que toda experiencia antes de ser percibida por el espíritu, debía transmitirse a través del periespíritu. Toda sensación, desde las más sutiles hasta las más groseras dependen por tanto principalmente del periespíritu, demostrándose mediante el fenómeno de la exteriorización de la sensibilidad la posibilidad de percibir sensaciones de todo tipo sin la mediación del cuerpo físico. Otros fenómenos como el de la mediumnidad sonambúlica o desprendimiento sonambúlico permiten percibir o visualizar realidades físicas, ubicadas incluso a miles de kilómetros de distancia, sin la mediación de los sentidos físicos, demostrando así que las capacidades reales del espíritu no necesitaban del intermedio de la materia grosera y que los sentidos del espíritu, a través del periespíritu quedaban amortiguados cuando en estado de vigilia se encontraban vinculados al cuerpo físico, sin el fenómeno del desprendimiento. De esta forma se demuestra que el cuerpo físico, como decían los filósofos antiguos, es la cárcel del alma, y que esta, libre de su influencia puede alcanzar estadios superiores del ser con percepciones mucho más sublimes que las que se encuentran en el mundo físico. La muerte, o mejor dicho, la desencarnación, es por tanto la liberación del alma de la cárcel del cuerpo y el retorno a la vida del espíritu para recapitular todo lo aprendido y vivido durante la vida física, preparándonos para futuras etapas del espíritu a través nuevamente del fenómeno de la reencarnación, siendo en la nueva existencia, la mejor versión de nosotros mismos en nuestro peregrinar por el infinito.

¿Cúal es el sentido de la vida?

El conocimiento espiritual responde de forma natural a esta pregunta desde el momento en que se comprende la Ley de Evolución. El Espiritismo nos da múltiples ejemplos de la evolución del espíritu, así como la ciencia material demuestra la evolución de la materia. Todo evoluciona constantemente y la meta es la perfección y con ella la felicidad y la unión con lo bello, lo bueno y lo verdadero. Todo tiene sentido en el Universo y nada es creado para nada y mucho menos nuestra existencia. Nuestra vida es una etapa más en nuestro caminar hacia la perfección y depende de nosotros hacerlo caminando en círculo, repitiendo una y otra vez las mismas lecciones, cada vez más duras o caminando en línea recta, superando prueba tras prueba que no volverán a repetirse.

¿Tenemos libre albedrío?

La capacidad de guiarnos por los dictados de nuestra voluntad demuestra nuestra completa libertad y por tanto nuestro libre albedrío, dentro de las fronteras de nuestras posibilidades. Muchos confunden el libre albedrío con poder superar dichas fronteras, las cuales, están fijadas por el cumplimiento estricto de las Leyes Naturales, las cuales no se pueden incumplir, ni romper.

Por otro lado, aun en el caso de que nuestro cuerpo físico tuviera una completa privación de libertad por mediación de una enfermedad física o mental que nos privara de ello, todavía nos quedaría la libertad del espíritu demostrando con ello que cualquier fatalidad temporal no sería otra cosa que una prueba o una expiación, de la cual seríamos completamente responsables en virtud de la aplicación de la Ley de Causa y Efecto.

¿Existe la Justicia?

Cuando nos planteamos la idea de Dios como la máxima expresión de la Verdad, la Bondad y la Belleza, la idea de Justicia infinita o perfecta está completamente implícita en ello. No se podría concebir una perfecta Verdad, Bondad y Belleza sin contemplar una perfecta Justicia puesto que hay pocas cosas menos bellas, buenas y ciertas que la injusticia. Un solo ápice de injusticia echaría abajo cualquier posibilidad de perfección en ellas.

De aquí podemos inferir que cuando vemos situaciones que aparentemente se alejan de cualquier ideal de justicia, debemos pensar que para un mayor entendimiento tendríamos que observar los hechos relacionados del pasado para poder entender el presente. De esta forma veremos que la Providencia siempre pone los ingredientes necesarios para obtener un bien donde antes había un mal, y que un mal ante nuestros ojos puede ser una reparación a los ojos de un observador que contemple también los sucesos del pasados, incluyendo anteriores vidas.

¿Somos buenos o malos por naturaleza?

El Libro de los Espíritus nos explica que el ser humano es creado simple e ignorante, carente de conocimiento pero no de instinto. Los instintos nos guían en las primeras reencarnaciones conforme se desarrolla aún más la inteligencia y con ella nuestra responsabilidad como seres humanos. Los instintos son buenos pero cuando los descuidamos podemos dar origen a las pasiones, las cuales abren la puerta al abuso, el cual tiene consecuencias como el dolor para su corrección. La mente, consecuencia del instinto de conservación, va engrosando y adquiriendo nuevas estructuras basadas en la experiencia en busca de nuestra supervivencia primero y posteriormente en busca de nuestro bienestar. Cuando la mente consigue crear la ficción del Ego empieza una nueva etapa donde se suplantará la responsabilidad del espíritu inmortal por la idea que tenemos de nosotros mismos, creada por nuestras experiencias. El Ego en su origen no es bueno ni malo, busca ciertos objetivos de conservación y bienestar y plantea estrategias para lograrlos a través de su inteligencia. Empieza la etapa donde el ser humano tiene la responsabilidad de definir su futuro, según sus propias elecciones. Si únicamente hace caso de su intelecto podrá caer en el oscurantismo de las caídas morales, fruto de su ignorancia y permanecer muchas vidas vinculado al error. Si por el otro lado, hace caso de su intuición interior, su espíritu, y de las sugestiones de los buenos espíritus que pueda atraer, podrá dirigir su intelecto hacia el bien común y contribuir en la mejora de la humanidad y de sí mismo.
Los conceptos de la existencia de Dios, la inmortalidad del alma, la existencia de los espíritus, la pluralidad de mundos habitados, la reencarnación, las Leyes Universales no pueden ser ya cuestionados por la mente humana bien documentada y formada, aunque la ciencia oficial, llena del orgullo que todavía nos caracteriza, continua negando lo evidente, negándose a abrirse al conocimiento multidimensional para seguir trabajando principalmente solo en tres dimensiones.

La ciencia desde la nueva óptica espiritual no queda delimitada puramente al mundo perceptible, abriéndose ante ella y ante nosotros, sus seguidores, la inmensidad de la Creación siempre gobernada con rigor por sus Leyes Universales, demostrando una Organización, Unidad y Armonía, basada plenamente en los ideales de Verdad, Bondad (Amor) y Belleza tales, que queda fuera de toda lógica intentar su explicación careciendo de una dirección, Inteligencia Superior, Causa Primera de todas las cosas, que podremos denominar Dios, como aplicación directa de la Ley de Causa y Efecto en su más alto nivel.
José Ignacio Modamio
C. E. "Entre el Cielo y la Tierra"

sábado, 22 de febrero de 2020

Obstáculos de los médiums

Obstáculos de los médiums



Cualquier persona apta para recibir o para transmitir las comunicaciones de los espíritus, son considerados médiums, sin importar el grado de desarrollo o el medio empleado, desde la más pequeña influencia hasta el más sorprendente fenómeno.

La mediumnidad no es un don, ni un privilegio, sino una facultad que puede ser desarrollada.
Es inherente a todos los espíritus y aun siendo de origen espiritual, al reencarnar queda sujeta a las condiciones físicas del organismo.

El Libro de los Médiums nos indica que no es un buen médium aquel que comunica fácilmente con los espíritus, sino quien recibe buenas comunicaciones, y para ello su principal aptitud son las condiciones morales. De ellas va a depender la relación establecida y es uno de los escollos principales de la mediumnidad.

Sabemos que entre los espíritus los hay de diversos grados, más o menos evolucionados; algunos sabios, otros ignorantes. En cualquier caso siempre estamos rodeados de ellos y nos observan; algunos con indiferencia, otros con intenciones más o menos benévolas, según su naturaleza.
En las relaciones entre el mundo espiritual y físico prevalece la Ley de Afinidad. El pensamiento es el vínculo que nos une a los espíritus, y por él atraemos a aquellos que tienen afinidad con nuestras ideas y nuestras inclinaciones.

Si lanzamos un vistazo sobre el estado moral de la humanidad en general, concebiremos sin dificultad que, en esa multitud oculta, los espíritus elevados no deben estar en mayoría; esta es una de las consecuencias del estado de inferioridad de nuestro globo.
Los espíritus permanecen activos, piensan y actúan, ejercen su influencia sobre nosotros sin saberlo, nos inducen o disuaden, nos impulsan al bien o al mal, pero en ningún momento puede interferir en nuestro libre albedrío. Las decisiones son nuestras.

Ningún médium está libre de su influjo. Y es a través de sus defectos que logran entrometerse en las comunicaciones, las provocan y dominan. Alejan a los espíritus que podrían contradecirles. Utilizan nombres de personajes famosos e incluso su lenguaje para poder engañar.
Pero pueden ser desenmascarados a través de una observación y análisis de las comunicaciones sin ideas preconcebidas.
A pesar de la evolución moral del planeta, los espíritus superiores, al no existir la perfección absoluta, tienen en cuenta el esfuerzo, la voluntad y la perseverancia del médium para mejorar su moralidad.
No obstante a estos esfuerzos, hay características como la debilidad de carácter (cuando el médium piensa que es suficiente con sus buenas intenciones y sus buenos sentimientos) y una excesiva confianza en la invariable superioridad de los espíritus que se comunican con él, que pueden incidir en la influencia de espíritus ligeros.

Este obstáculo podría evitarse utilizando el buen sentido y la razón; observando la cualidad del lenguaje, constantemente digno, noble, sin fanfarronerías ni contradicciones, desprovisto de toda trivialidad e impregnado de una inalterable benevolencia. Examinado las menores palabras desde el punto de vista del pensamiento, y no de la forma gramatical, ya que a veces los recursos del médium no están a la altura de la necesidad gramatical. Confiando en una tercera persona desinteresada que juzgue con sangre fría y pueda ver el engaño. Con gran experiencia alcanzada a través del estudio asiduo y perseverante, no sólo de los fenómenos en sí, sino también de las costumbres de toda la escala espírita, desde el más bajo hasta el más alto.

El orgullo es otro impedimento tanto más peligroso cuanto menos se le reconoce. Empieza a desarrollarse a medida que su facultad crece y le hace sentir importante halagándole, inspirándole desconfianza de quien pudiera abrirle los ojos y desenmascararle.

¿Sería suficiente conjurarles y pedirles que nos dejen? No, habría que demostrarles que somos más fuertes a través de amor al bien, la caridad, la dulzura, la simpatía, la modestia y el desinterés, que atraerán a los buenos espíritus y cuyo apoyo nos dará la fuerza que necesitamos.

Las malas comunicaciones no siempre son a causa del médium, pueden tener su origen en el ambiente en que se producen, bien por falta de recogimiento del grupo, la diversidad de caracteres de sus componentes, e incluso de la persona que dirige las preguntas si no hay seriedad por su parte.
Sin embargo, con un mal médium y un ambiente inadecuado se podría obtener una buena comunicación sí los buenos espíritus lo consideran útil.

Recordemos siempre que los buenos espíritus  no imponen ni halagan, y callan ante lo que ignoran.

Ana Mª Sobrino
Centro Espírita Entre el Cielo y la Tierra.
Bibliografía: La Revista Espírita, El Libro de los Médiums, Mediumnidad todo lo que usted necesita saber.

sábado, 15 de febrero de 2020

Inteligencia artificial: problemas éticos y reflexión desde el Espiritismo

Inteligencia artificial: problemas éticos y reflexión desde el Espiritismo



Está de moda hablar de Inteligencia Artificial (IA) y raro es el día en que en la prensa no aparecen noticias que nos informan sobre avances tecnológicos relacionados con programas de ordenador, aplicaciones de telefonía móvil, robots y otros adelantos que, al parecer, incorporan la capacidad de pensar y tomar decisiones de manera autónoma, es decir, sin intervención del ser humano. Esto es lo que comúnmente conocemos como “IA”. El ejemplo paradigmático es el del vehículo autónomo: un coche que aún no está comercializado pero que, al parecer, puede surgir en cualquier momento y que será capaz de tomar decisiones en cuanto a qué recorrido tomar, cuánto tiempo emplear y ¡atención! en caso de accidente, determinar quién se debe salvar y a quién se debe sacrificar(1). Noticias así son las que hacen necesario hablar de “ética aplicada a la IA” como, de hecho, ya se está haciendo en muchos foros académicos, empresariales e, incluso, eclesiásticos.

Estas reseñas de prensa vienen acompañadas de un despliegue de películas y series de TV en la que nos muestran cómo los robots y aplicaciones inteligentes formarán parte de nuestra vida cotidiana. Ya son antiguas las películas como “2001, Odisea en el espacio” o “Engendro Mecánico”, que ponían de manifiesto los peligros de que una máquina tome decisiones de orden superior a las del ser humano. Otras series como “Galáctica, estrella de combate” o, la más actual, “Humans” nos plantean una situación en que el desarrollo de androides y ginoides (robots con forma humana, bien masculina, bien femenina) llegan a alcanzar consciencia de sí mismos, lo que les sitúa a un nivel muy próximo al ser humano.

El lector que haya llegado a este punto podría estar pensando que está de acuerdo pero ¿qué tiene que ver todo esto con el Espiritismo? En este punto, mi respuesta es que tiene mucho que ver y que, en realidad, el Espiritismo se encuentra en una posición privilegiada para realizar ese estudio ético puesto que, al menos el Espiritismo impulsado por Allan Kardec, tiene un triple aspecto: el científico, el filosófico, y el moral. Y, en el debate ético, esto le da una ventaja considerable frente a otras escuelas que, bien por estar limitadas por el dogma o bien por el frío materialismo científico, no llegarían a contemplar el prisma desde todos los ángulos posibles.

El Espiritismo nos ofrece una vía de reflexión sosegada sobre los nuevos problemas y retos que se le puedan plantear al ser humano. Primero, nos invita a usar la razón y nuestras aptitudes humanas para realizar un estudio sin prejuicios. Y segundo, nos enseña que podemos contar con la enseñanza, orientación, correcciones y ánimos de entidades espirituales elevadas. Estos maestros espirituales y mentores están muy interesados en que la humanidad avance no sólo en lo tecnológico sino, sobre todo, en lo moral para que este mundo nuestro, la Tierra, evolucione de ser un “planeta de expiación y pruebas” a un “planeta de luz y vida”.

¿Podemos propiamente hablar de “inteligencia artificial”?

Según la Enciclopedia de Filosofía de Standford, “el campo de la IA puede definirse como el ocupado en la construcción de un artefacto capaz de pasar el test de Turing(2)” y, de manera más general, puede definirse como el de las “máquinas que piensan y/o actúan de manera humana y/o racional(3)”. Así las cosas, necesitamos dar un paso atrás y definir antes qué es “inteligencia”.
Se ha definido la inteligencia humana como la capacidad de plantear y resolver problemas mediante el uso del intelecto. Esta definición, que ya de por sí expresa sus limitaciones, no es tan antigua como parece. Cincuenta investigadores publicaron en 1994 en una columna del Wall Street Journal la siguiente definición: “Una capacidad mental muy general que, entre otras cosas, implica la capacidad de razonar, planificar, resolver problemas, pensar de manera abstracta, comprender ideas complejas, aprender rápidamente y aprender de la experiencia”. En un paso más, Daniel Goleman, psicólogo estadounidense, publicó en 1995 su libro “Inteligencia Emocional” en el que afirma que la inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. Las emociones han pasado a considerarse como las grandes protagonistas en el estudio del ser humano y en escuelas y centros educativos se empieza a aconsejar “educar en las emociones”. El estudio de las emociones parece que da a la inteligencia una primera nota de espiritualidad, aunque no falta quien pretende explicar las emociones desde la simple y pura biología. Eso es un reduccionismo, pero abundan las publicaciones en prensa de científicos que hablan de que el amor es una simple cuestión de hormonas, el odio un exceso de adrenalina o que, incluso, cuestiones espirituales o el mismo Dios, no son más que una construcción mental alojada en el cerebro.

Frente a estas teorías “neo-materialistas” no podemos sino opinar que son reduccionistas y que no contemplan al ser humano en todos sus aspectos. Decir que el amor es sólo una cuestión de hormonas nos hace pensar que, quien afirma eso, no ha conocido el amor de verdad el cual, entre otras manifestaciones, nos lleva a pensar antes en la persona amada que en nosotros mismos y eso difícilmente se puede explicar desde la biología, lo mismo que sucede con el resto de las emociones.
El Libro de los Espíritus(4) tiene dos referencias iniciales al concepto de “inteligencia”: En la pregunta de Allan Kardec ¿qué es Dios? se le responde “es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas". Más tarde encontramos la definición del Espíritu como "el principio inteligente del universo".  Esta afirmación nos lleva a considerar que el espíritu tiene en sí los atributos del Creador, pero de una manera limitada y con el potencial para crecer tanto como se pueda.

En el Libro “Triunfo Personal”, dictado por el espíritu Joanna de Angelis y psicografiado por el médium Divaldo Pereira Franco, se nos dice que la inteligencia se sitúa en el Espíritu y que, cuando este está encarnado, se exterioriza por medio de las redes neuronales y de conformidad con la estructura material y capacidades concretas del cuerpo humano.

Hemos querido profundizar aun más en esta afirmación y en la mesa mediúmnica de nuestro centro le hemos preguntamos al espíritu conocido como “hermano Santiago” sobre el particular. Su respuesta es que, “cuando estamos encarnados, manifestamos solamente un pequeño porcentaje de nuestro potencial intelectual”. Y esto, ¿por qué? -hemos insistido-. Y añade: “por varios motivos: 1) porque no necesitamos usar toda nuestra capacidad en esta reencarnación concreta; ó 2) porque hemos asumido una prueba kármica basada en el desarrollo de la humildad; ó 3) porque la estructura de nuestro cerebro físico aún no ha evolucionado lo suficiente como para albergar una inteligencia superior”. El hermano Santiago concluyó con una afirmación asombrosa: “la persona verdaderamente inteligente no es aquélla que muestre un coeficiente intelectual muy alto sino aquella que busque el Bien y lo procure hacer en su vida. ¿Han olvidado que el maestro Jesús afirmó que “mi reino no es de este mundo” (5)?

El mensaje es claro: la inteligencia humana tiene un componente espiritual y sólo así puede ser estudiada y comprendida. En consecuencia, si la inteligencia sólo puede ser espiritual, no tiene sentido hablar de “inteligencia artificial”, porque la llamada IA no es espiritual. Pero entonces, ¿de qué estamos hablando? Yo prefiero referirme a “inteligencia externalizada” acudiendo al término propuesto, entre otros, por Gonzalo Génova Fuster, profesor de informática de la Universidad Carlos III de Madrid. Sólo por comodidad y por aceptación general del término, seguiremos usando en este artículo el término “IA”.

Problemas éticos que plantea la Inteligencia Artificial

Según Lydia Feito, profesora de Bioética de la Universidad Complutense de Madrid “en la medida en que los sistemas de IA alcanzan autonomía en la toma de decisiones –lo cual supone que tengan posibilidad de auto-gobernarse sin intervención o control humano–, podemos considerar que las máquinas son agentes de decisión, cuyas consecuencias pueden ser muy importantes”(6). Se plantea aquí la necesidad de un diseño sensible a valores en la medida en que el sistema debe tomar decisiones con contenido ético. Los interrogantes son aquí cuáles son los estándares éticos que deben implementarse en un algoritmo.

Surge así una pregunta, ¿existe un bien absoluto? O mejor, ¿existe algún criterio que nos permita distinguir lo que está bien de lo que está mal? Joanna de Angelis, en el libro “Días Gloriosos” psicografiado por Divaldo P. Franco en relación a la educación moral nos dice que “le cabe a la educación el inapreciable deber de transformar al ser humano, alterando para mejor los paisajes morales de la sociedad y del planeta. Se combate así la ignorancia, se convierte en moderadora de la agresividad y de las pasiones primitivas, sustituyéndola por comportamientos saludables que desarrollan sentimientos nobles e incluso aptitudes de respeto a la vida y a sus manifestaciones. Proporciona bienestar y armonía, aspiraciones dignificantes que producen realizaciones elevadas”.
En conclusión, en contra del relativismo moral que impera en la sociedad actual (y que se está manifestando, por ejemplo, en esta era de la llamada “post-verdad”, que no es otra cosa que las mentiras aceptadas), parece que la espiritualidad elevada sugiere que existe un bien absoluto, no relativo, que debemos de buscar, reflexionar y tender hacia él. ¿Y cuál es esa norma moral? Sin duda, la Ley Divina o Natural(7).

Así las cosas, los problemas éticos que podría plantear la IA en cuestión del campo laboral y económico, el del tras-humanismo, el militar y el de las relaciones humanas tendrían respuesta confrontándolos con las enseñanzas que se nos han proporcionado en la revelación espírita y recordando que “la ética no es sólo, ni principalmente, seguir un código de conducta, ni imitar el comportamiento de otros sino que es:

- Reconocer a los seres humanos.*- Reconocer la dignidad humana.*- Reconocer los valores éticos.*- Reconocer por sí mismo el bien y el mal”(8).

Conclusiones

Soy consciente de que este artículo queda abierto en el sentido de que cada día se están publicando nuevos avances en el campo de la IA, nuevos retos, nuevas sorpresas. Mi objetivo es poner sobre la mesa algunas referencias que nos pueden ser útiles para estar alertas y saber encarar este futuro, que ya está siendo presente. Por ello, me gustaría únicamente resaltar dos ideas principales:

1) Es bueno que tengamos presente lo que es la inteligencia, que no olvidemos valorar la grandeza de la inteligencia humana y su dimensión espiritual. Esto nos va a dar sosiego frente a los avances tecnológicos que se avecinan, nos quitará miedos (recordemos que si tenemos miedos, seremos más fácilmente manipulables) y tendremos más capacidad para poner en su sitio la tecnología y hacer de ella lo que debe ser: un instrumento y nunca un fin.

2) El problema no es la humanización del robot (que los robots vayan teniendo más facultades de razón, consciencia incluso o semejanza al ser humano). El verdadero problema es la robotización del ser humano: el que seamos menos inteligentes, más apegados a la materia, menos educados, menos elegantes(9), más manipulables, menos sabios porque cada vez leemos menos. ¿Por qué si no, cada semana, los espíritus nos aconsejan en la mesa mediúmnica que estudiemos y leamos sin descanso?
El debate moral no debe de quedar relegado a una minoría (religiosa o filosófica) sino que todos debemos de tener argumentos para aplicar a nuestra vida cotidiana. En este sentido, el Espiritismo bien entendido, el Espiritismo iniciado por Allan Kardec, es un camino válido para la resolución de los problemas habituales que se nos presenten en este planeta de expiación y pruebas.

Víctor M. Fernández
Víctor M. Fernández es economista y profesor de Universidad. Participa como trabajador espírita y divulgador en la Asociación de Estudios Espíritas de Madrid.
Notas:
(1) Aconsejo visitar la página diseñada por el MIT para su proyecto “La Máquina Moral”, en la que se recaba la participación del público para la obtención de unos patrones éticos aplicables al vehículo inteligente. Ver: http://moralmachine.mit.edu/
(2) Sobre el Test de Turing:  https://es.wikipedia.org/wiki/Test_de_Turing
(3) Brigsjord, Selmer and Naveen Sundar Govindarajuli, 2018 “Artificial Intelligence”.
(4) Allan Kardec, El Libro de los Espíritus, preguntas 1 y 23 respectivamente.
(5) Cfr. Juan 18, 36 y Allan Kardec, “El Evangelio según el Espiritismo”, capítulo II.
(6) Lydia Feito, “aproximación a la ética de la IA”, Revista de Bioética, número 36, diciembre de 2018.
(7) Cfr. Allan Kardec, Libro III del Libro de los Espíritus. 
(8) Gonzalo Génova, “cómo enseñar a tu robot a que se porte bien”, conferencia impartida el 9 de abril de 2019 en la Universidad de Navarra.
(9)Sobre la relación entre “belleza”, “bondad” y “verdad” me remito a mi artículo “Tres comunicaciones mediúmnicas” publicado en https://www.divulgadorespirita.com/2019/07/tres-comunicaciones-mediumnicas-bondad.html

jueves, 26 de diciembre de 2019

Al borde del Sena

Al borde del Sena



Pesaroso se levantó en mitad de la madrugada con una convicción clara. No pasaría de hoy.
Poco a poco fue dejando lo más importante preparado, mientras torpe y nervioso se vestía un tanto desaliñado. Bajó de su casa y dirigió sus pasos calle arriba, dirección al puente Marie. La noche era profunda, lóbrega y oscura. Pocas estrellas se divisaban en lo alto, indolentes ante su angustia.

Mientras caminaba un sinfín de imágenes se le iban apareciendo en la pantalla de su mente: las deudas, los problemas, la pérdida insufrible de su esposa; el dolor sumo de ser. Reflexionaba casi por inercia las tesis materialistas que estaban tan en boga y despreciaba con amargo sarcasmo los ideales religiosos que aprendiera siendo niño.

Sus pasos lo habían llevado hasta el puente Marie. Fin de su objetivo.

Mirando las turbias aguas notó que sus ojos se volvían de la misma sustancia. Y lloró desconsoladamente. Con hiriente amargura. No decidiéndose a dar el último paso. Tentando con sus manos el pretil del puente, ya dispuesto a saltar y dar fin de una vez a sus existencia. «¡Dios, me perdone!» Topó con un bulto.

Como si una ráfaga de aire le suavizara las sienes, sintió curiosidad. Y tomándolo entre las manos vio que era un libro cuya portada así decía: «El Libro de los Espíritus, por Allan Kardec».

Abrió la primera página y en la portadilla había anotado a mano la siguiente inscripción: «Esta obra me salvo la vida. Léala con atención y que le sea de utilidad. A. Laurent.»
Joseph Perrier, que así se llamaba nuestro héroe, sintió un rayo electrizante por todo su cuerpo. «¿Por qué no darle una oportunidad?»

***

Una carta recibida y un paquete sobre el escritorio del insigne profesor. Unas manos firmes desenvolviendo dicho paquete ante la atenta mirada de Gaby, su amante compañera. A la luz de un tenue quinqué se aprecia una lustrosa portada, ricamente encuadernada y con las letras estampadas en color oro. Al abrir la página interior leía: «A mí también me ha salvado. Dios bendiga a las almas que contribuyeron a su publicación» J.Perrier.

El maestro suspiró reconfortado, y lleno de energía sintió que salvar una vida bien merecía toda esta ingente labor.
Jesús Gutiérrez Lucas

domingo, 8 de diciembre de 2019

La glándula pineal

La glándula pineal



Mucho hemos oído hablar sin duda sobre lo que en lenguaje poético se suele llamar “el tercer ojo” a través de las diferentes corrientes místicas, pero aun no nos hacemos una idea aproximada de todas sus capacidades. Hoy hablaremos por tanto de la “glándula pineal” y sus diversas funciones.

La Glándula Pineal o Epífisis es una glándula neuroendocrina que regula el ritmo circadiano. Es una estructura cónica aplanada con forma de piña, de ahí su nombre.

En los seres humanos está ubicada en la pared posterior del tercer ventrículo, cerca del centro del cerebro y a la altura de los ojos.

Posee dos tipos de células denominadas: pinealocitos y células intersticiales. Además de estos dos tipos de células, también posee unas formaciones calcáreas conocidas como acérvulos cerebrales o arenilla cerebral. Estas formaciones parecen ser producto de la precipitación de fosfatos y carbonato de calcio: Cristales de Apatita.

Los cristales son detectables ya en la infancia y aumentan en cantidad conforme pasan los años.
La glándula pineal tiene varias funciones vitales, incluyendo la secreción de melatonina, la hormona que causa el sueño y regula varias funciones endocrinas.

Responde a las variaciones de la luz que se producen a nuestro alrededor y se activa ante la carencia de esta para segregar melatonina.

También segrega endorfinas que provocan una mayor tranquilidad y permite relajar los sentidos induciendo al sueño. Si hay una reducción de actividad se pueden dar casos de estrés, fatiga, mal humor, depresión, trastornos del sueño, rendimiento profesional disminuido etc.

Fisiológicamente, junto con la glándula del hipotálamo, la glándula pineal controla el deseo sexual, el hambre, la sed y el reloj biológico que determina el  proceso normal de envejecimiento del cuerpo.
En resumidas cuentas, la glándula pineal es algo más que nuestro tercer ojo. Es un pequeño director de orquesta inspirado por la luz del sol, ella es quien acompasa de modo sutil nuestros ciclos, nuestros instantes de relajación, nuestro despertar a la madurez…

Es ese vórtice energético que nos ofrecería un tipo de percepción que iría más allá del sentido de la vista.

Si echamos una mirada hacia atrás en la historia podemos constatar que hace más de dos mil años, la glándula pineal, o epífisis, ya era tenida como la sede del alma.

Sabemos que la glándula pineal fue descrita por primera vez en el siglo III a. C. Fue Herófilo de Calcedonia y le atribuyó unas funciones muy particulares; vio en la glándula pineal una válvula capaz de regular nuestro pensamiento.

Más adelante, Galeno de Pérgamo ya le dio una explicación un poco más ajustada y certera. La describió como una glándula del sistema nervioso.

La verdad es que el célebre Galeno no iba mal encaminado.

El filósofo y el matemático francés René Descartes en “Carta a Mersenne” de 1640, afirma que “existiría en el cerebro una glándula que sería el local donde el alma se fijaría más intensamente.”
Descartes decía de esta pequeñísima glándula, alojada justo en el centro de nuestro cerebro, que era el “asiento» del alma y el núcleo donde se gestaban todos nuestros pensamientos”.

Un estudio llevado a cabo en el 2016 en la Universidad de Shangai, se descubrió algo interesante: una relación directa entre nuestra salud cardiovascular y la glándula pineal.

La melatonina producida por parte de esta glándula excepcional tiene un impacto muy positivo en nuestra tensión arterial, en la fortaleza y elasticidad de nuestras venas y arterias y en la resistencia de los músculos cardíacos.

Este trabajo concluyó con algo que vale la pena tener en cuenta: la melatonina puede usarse para tratar enfermedades cardiovasculares.

Estamos pues, ante un tipo de glándula que, a pesar de estar ubicada justo en el centro de nuestro cerebro, es increíblemente sensible a nuestro entorno.

Es un pequeñísimo faro biológico en el ser humano y un órgano vestigial en algunos animales.
La glándula pineal es una llave maestra que traduce las señales de nuestro entorno en respuestas endocrinas.

La epífisis cerebral nos permite además potenciar nuestros instantes de calma para conectar mejor con nosotros mismos. Las personas que practican la meditación, por ejemplo, experimentan una sensación placentera gracias a que la glándula pineal segrega endorfinas, recompensándonos así con esos instantes enriquecedores donde cuerpo y mente se hallan en armonía.

En los estados de conciencia alterados, las dimensiones espirituales de la realidad pueden ser directamente experimentadas de un modo tan convincente como nuestra experiencia del mundo material, si no más aún.

El estudio detallado de estas experiencias demuestra que no pueden ser explicadas como productos de una enfermedad mental, sino que son reales.

Frecuentemente la glándula pineal surge como el centro de nuestra relación con otras dimensiones, esto es así en variadas corrientes religiosas y místicas desde hace millares de años.
No obstante, si recurrimos a la explicación de la “ciencia del espíritu” la amplitud de respuestas y conocimientos precisos se nos antojan más que suficientes al colocar en el “principio espiritual” (el alma humana, independiente del cuerpo) la base y el origen aparecen perfectamente lógicos sin anormalidad alguna, propios del desarrollo evolutivo del ser.

La mediumnidad, explicada por la filosofía de Kardec es, hasta la fecha, el mejor método explicativo de todos y cada uno de los fenómenos paranormales; esta extraordinaria ciencia del espíritu nos aclara como, entre el cuerpo físico y el alma, encontramos un cuerpo intermedio denominado periespíritu que es el origen de todos los fenómenos psicológicos, anímicos, espirituales, paranormales y mediúmnicos que se producen en el ser humano, siendo el responsable de los denominados estados de conciencia alterados.

Este cuerpo intermedio, de naturaleza semi-material, es capaz de conectar las moléculas físicas del cuerpo biológico con sus correspondientes moléculas periespirituales, y a través de un órgano biológico, situado también en el cerebro, se produce la interconexión que permite toda esta serie de fenómenos que ya dejaron de ser paranormales para ser totalmente normales y capaces de ser desarrollados en cualquier persona.

Este órgano no es otro que la glándula pineal, situada en la parte baja del cerebro, que tiene una importancia fundamental hasta la pubertad de los seres humanos, pero que a partir de la adolescencia restringe casi totalmente su actividad biológica. A través de este órgano se producen los fenómenos de la mediumnidad, la doble vista, la telequinesis, la telepatía, el éxtasis, el trance, etc.

Charles Richet, premio Nobel de medicina, definió la mediumnidad como “el sexto sentido del ser humano”. La ciencia viene a confirmar la realidad de la filosofía espírita, cuando Kardec en “El Libro de los médiums” pregunta a los espíritus sobre el mecanismo que posibilita la mediumnidad, y estos le responden  que a través de la glándula pineal se producen las manifestaciones mediúmnicas, pues en este área cerebral se interconexionan las moléculas del periespíritu del médium, con las del periespíritu del espíritu que comunica, traduciendo así los pensamientos y emociones de este último para el primero, a fin de transmitirlo por la palabra, la escritura , la vista etc...

“El fin providencial de las manifestaciones es convencer a los incrédulos de que no todo acaba con la vida física, y ofreciendo a los que ya creen ideas más exactas sobre el porvenir”. (Allan Kardec, “¿Qué es el Espiritismo?” Cap. II.)

Ahora ya sabemos un poco más sobre esta glándula tan importante, no solamente para regular nuestras funciones físicas, sino para posibilitar nuestra conexión con el plano espiritual.
Hagamos buen uso de nuestras capacidades psíquicas para fortalecerlas, desarrollarlas y ser cada vez espíritus mejores, más elevados y no desviarnos del camino que lleva al Padre.
Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 1 de diciembre de 2019

El tránsito a la vida en espíritu ("Revista Espírita" de 1859)

El tránsito a la vida en espíritu ("Revista Espírita" de 1859)



Sabemos que tenemos un alma inmortal…Que como espíritus errantes tenemos necesidad de encarnación …

Que, igual que nacemos, hemos de morir… y volver a nacer…

¿Pero qué podemos decir del momento en el que dejamos nuestro cuerpo carnal y volvemos a la vida en espíritu?

Hemos oído a algunas personas, que tras haber experimentado un trauma que les llevó a un coma, o durante una sedación por una intervención quirúrgica, nos hablan acerca de un túnel y una luz al final de este, que no llegaron a cruzar… quedándose con el pensamiento de qué es lo que verán en el momento de la muerte y que tendrán que cruzar realmente …

¿Cómo es ese túnel hacia la luz? ¿Será largo, estrecho, cuesta arriba y doloroso?

Muchas personas se preguntan cómo será el tránsito a la vida espiritual. Los que estudiamos espiritismo, asociamos ese túnel con la turbación del espíritu al desprenderse de los lazos de la carne.
Según el artículo de La Revista Espírita de 1859, “Un espíritu que no cree que está desencarnado”, la transición a la vida espiritual y lo que sucede después de ella, tiene que ver mucho conforme a cómo hemos vivido, nuestros apegos y nuestros vicios, y cuánto hallamos trabajado por nuestra reforma interior.

En este artículo, encontramos el relato de un médium vidente, testigo en primera persona, acerca de los diversos estados del espíritu después de su separación del cuerpo.
Era un buen médium psicógrafo, que se ocupaba de las comunicaciones espíritas junto con varias personas, pero poco a poco fue desarrollando también la videncia durante el sueño, y esta facultad se haría extensiva gradualmente.

En el trascurso de un año pasó por el dolor de perder a tres de sus parientes. Uno de ellos su tío, que se le apareció en sueños algún tiempo después de su muerte. Tras una larga conversación le llevó al lugar donde habitaba, diciéndole que era el último grado que conducía a la morada de la felicidad eterna. No le fue permitido dar la descripción de las maravillosas bellezas que observó, que le causaron mucha alegría y felicidad, por temor a que estas influyeran en su imaginación y crearan cosas que no existen.

Su segunda visión fue la de otro de sus parientes desencarnados ese año. Era un hombre amable, virtuoso, buen padre de familia, buen cristiano, y aunque estuvo enfermo durante mucho tiempo, murió casi súbitamente y quizás cuando menos lo esperaba. Su semblante tenía una expresión indefinible, seria, triste y al mismo tiempo feliz. Él le dijo: Expío mis faltas, pero tengo un consuelo, el de ser el protector de mi familia, continúo viviendo junto a mis hijos y mi esposa y les inspiro buenos pensamientos. Orad por mí.

La tercera visión era la más característica; la del tercer pariente. Era un excelente hombre, pero impetuoso, encolerizado, orgulloso con los empleados y, sobretodo, apegado desmedidamente a los bienes de este mundo, además de escéptico, se ocupaba más de esta vida que de la vida futura.
Este médium nos cuenta: Algún tiempo después de su muerte, vino a la noche y se puso a sacudir las cortinas con impaciencia, como para despertarme. Cuando le pregunté si era realmente él, me respondió: - Si, vine a buscarte porque eres la única persona que puede contestarme. Mi mujer y mis hijos partieron hacia Orleáns, quise seguirlos, pero nadie quiere obedecerme. Le dije a (Pierre) que hiciera mis maletas, pero él no me escucha; nadie me presta atención. Si tú pudieses venir a atar los caballos a otro carruaje y hacer mis maletas, me harías un gran favor, porque así podría ir a encontrarme con mi mujer y mis hijos a Orleáns. - ¿Pero no puedes hacerlo tú mismo? – No, porque no consigo levantar nada; desde el sueño que experimenté durante mi enfermedad, me encuentro muy cambiado, ya no sé más donde estoy; es una pesadilla. – ¿De dónde vienes? – de B… - ¿Del castillo? - ¡No!, me respondió con un grito de horror, llevando la mano a la frente, ¡Vengo del cementerio! – Después de un gesto de desesperación, agregó: - Querido amigo mío, ¡dile a todos mis parientes que oren por mí, porque soy muy desdichado! – después de estas palabras huyó y lo perdí de vista. Cuando vino a buscarme y a sacudir las cortinas con impaciencia, su semblante mostraba un desvarío asustador. Cuando le pregunté cómo había hecho para mover las cortinas, - justo él que decía que no conseguía levantar nada-, me contestó bruscamente: ¡Con un soplo!

Esta última aparición es muy notable por la ilusión que lleva a ciertos Espíritus a creerse que aún están encarnados, y porque en este caso esa ilusión se había prolongado mucho más tiempo que en casos análogos. También hay experiencias de procesos que han durado mucho más. Lo más normal es que dure algunos días.

Esta situación tiene los mismos matices que se observan comúnmente. Él ve todo como si estuviera aún encarnado, quiere hablar y se sorprende al no ser escuchado, hace o cree hacer lo que haría si aún no hubiera dejado el cuerpo.

La existencia del periespíritu está aquí demostrada notablemente, haciendo abstracción de la visión. Puesto que cree que está encarnado, él se ve, pues en un cuerpo semejante al que dejó y ese cuerpo actúa como lo habría hecho el otro. Cree que es denso y material como el primero y se espanta al no poder levantar, ni coger nada. Se encuentra extraño, percibe su situación como si fuera una pesadilla, toma la muerte por un sueño. Esto se debe a que se encuentra en un estado mixto, entre la vida corporal y la vida espiritual, estado siempre penoso y lleno de ansiedad, ligándose a la una y a la otra.
Como ya hemos comentado en muchas ocasiones, es lo que sucede de un modo más o menos constante en las muertes instantáneas, tales como el suicidio, la apoplejía, los accidentes laborales o de tráfico, las peleas, las guerras …

Sabemos que la separación entre el cuerpo y el periespíritu, se opera de una forma gradual y no de forma brusca. Empieza antes de la muerte del cuerpo, cuando las fuerzas vitales se extinguen bien de forma natural por la edad o por enfermedad.

Sobretodo, en aquellos que presienten su fin aún encarnados, y que se identifican por el pensamiento con la existencia futura, de tal modo que, en el instante del último suspiro, la separación es más o menos completa.

Mientras exista un lazo entre el cuerpo y el periespíritu, este se encontrará en turbación, y si entra bruscamente en el mundo de los espíritus, ha de sentir un sobresalto que no le permitirá reconocer de inmediato su nueva situación.

Esto sucede a menudo, cuando la muerte sorprende a un cuerpo lleno de vida, la separación solo comienza en ese momento, y no acaba sino poco a poco.

Además de las circunstancias de muerte violenta, hay otras que vuelven más tenaces los lazos entre el cuerpo y el espíritu, porque la ilusión de la que hablamos se observa igualmente en casos de muerte natural, es cuando el individuo vivió más la vida material que la vida moral. Se concibe que su apego a la materia lo retenga aún después de la muerte, prolongando así la idea de que nada ha cambiado para él. Como es el caso de la persona que acabamos de comentar, el tercer pariente.

Encontramos una diferencia muy notable entre la situación de esta persona y la del segundo pariente: uno quiere todavía dar órdenes, cree que necesita sus maletas, sus caballos, su carruaje, para ir al encuentro de su esposa, aún no sabe que como espíritu puede hacerlo instantáneamente, o, mejor dicho, su periespíritu es aún tan material que cree que está sometido a todas las necesidades del cuerpo. El otro, que ha vivido la vida moral, que tenía sentimientos religiosos, que se ha identificado con la vida futura – aunque sorprendido de un modo más repentino que el primero – ya está desprendido, dice que vive junto con su familia, pero ya sabe que es un espíritu, habla a su esposa y a sus hijos, pero sabe que lo hace a través del pensamiento. Ya no tiene ilusiones, mientras que el otro se encuentra en turbación y angustiado. De tal modo tiene el sentimiento de la vida real, que vió partir hacia otra ciudad a su mujer y a sus hijos.

Notemos una palabra de su parte que bien describe su posición. A esta pregunta: “¿De dónde vienes?” respondió primero, indicando el lugar donde él vivía; después a esta otra pregunta: “¿Del castillo?” contestó con espanto: “¡No!, vengo del cementerio”.  Esto prueba una cosa; que al no ser completo su desprendimiento, existía aún algún tipo de atracción entre el cuerpo y el espíritu, al contestar que venía del cementerio; pero en este momento parece que empezó a comprender la verdad. La misma pregunta parece haberlo puesto en camino, llamando la atención a sus restos mortales, pronunciando esa frase con espanto y terror.
Notemos las tres historias…

El primero, podemos decir que era dichoso, ¡En la última morada antes de ser un espíritu completamente feliz…!

Entendemos que anhelaba la vida espiritual, lejos de ser materialista y apegado a las cosas terrenales… conocedor de Dios y de sus obras.

Por tanto, caritativo y servicial, que se daba a los demás, con una moral alta y trabajada, tanto como su egoísmo y su orgullo, sin vicios y gran trabajador en el bien.
El segundo, era un hombre amable, virtuoso, buen padre de familia, buen cristiano…Como creyente en Dios, sabía de la vida espiritual antes de dejar su cuerpo carnal. No era perfecto, pero trabajaba por ser mejor.

El tercer pariente: Era un buen hombre en el fondo, pero muy impetuoso, siempre encolerizado, orgulloso con los empleados y, sobre todo apegado desmedidamente a los bienes de este mundo, además de escéptico.

Es por eso que la turbación será diferente, dependiendo de lo apegados a la materia que estemos o no, llegado ese momento.

Algo digno de destacar es la necesidad de que se ore por ellos. Aquí podemos practicar la caridad por los que sufren y se encuentran perturbados, fluidos consoladores que les pueden ayudar a darse cuenta de su estado y que puedan despojarse de la carne y la materia que les tiene apegados.
La materia no es solo las cosas materiales. También lo es el apego a las personas, al poder, a una posición encumbrada, a querer destacar, querer ser como los líderes de la política, el deporte o la canción, empeñando todos nuestros esfuerzos en ello.

Ejemplos de esta naturaleza son muy frecuentes, y alguno de los más impactantes son: El suicida de la samaritana, que queda descrito en el número de junio de la "Revista Espirita" de 1858. La experiencia y vivencias del espíritu Alfonso en “Crónica de un despertar” el cual estuvo en turbación por varios años, apegado a su cuerpo en descomposición, y notando como era roído por los gusanos, al igual que el anterior. No se trataba de un recuerdo del espíritu, sino de una vivencia dolorosa, ya que cuando estaban encarnados no habían sido comidos por los gusanos. Era un sentimiento actual, una repercusión entre el cuerpo en descomposición y aún unido por los lazos periespirituales, a través de la comunicación fluídica que aún existía entre ellos. Esta comunicación no siempre se traduce de la misma manera, pero si es más o menos penosa, para aquellos que cuando encarnados se identifican demasiado con la materia.

¡Qué diferencia con la calma, con la serenidad y con la suave quietud de los que mueren sin remordimientos –con la conciencia tranquila por haber empleado bien el tiempo de su permanencia en este mundo, y de los que no se dejan dominar por sus pasiones! Quienes trabajan día a día por mejorar su moral, quienes son desprendidos y utilizan sus bienes materiales a favor de los demás, los que intentan dominar el orgullo y el egoísmo, quienes son conscientes que a la vida espiritual solo nos llevamos todo lo que hayamos dado y hecho por los demás, y no las posesiones materiales.

De todo lo que aprendamos, la parte que más nos interesa es llevarlo a la práctica. La caridad nos aleja del materialismo. Si trabajamos por los demás, seremos menos egoístas. Con el trabajo en el bien nos trabajamos el orgullo, uno de nuestros mayores enemigos. De esa manera observamos la ley de justicia amor y caridad, teniendo en mente la verdadera vida, la espiritual, y nuestros desprendimientos futuros, tras la muerte del cuerpo serán liberadores agradables y muy anhelados, pues la vida espiritual es la vida que lo es realmente.

Estas son las enseñanzas que nos muestran las comunicaciones del más allá, cuyos aspectos varían al infinito, y de los cuales cada uno puede extraer la enseñanza que le sea más útil, porque hayamos ejemplos aprovechables, si nos damos al trabajo de consultarlos.

Un espejo donde se puede mirar todo aquel que no se deje cegar por el orgullo, el materialismo, el egoísmo y la vanidad, donde aparecen ejemplos y experiencias que nos enseñan.… Y las consecuencias que han tenido en sus vidas las actitudes acciones errores y forma de vida, de los que ya desencarnaron y han pasado por estas etapas, y mirar si nuestra vida se parece o no a la de ellos.
¡Un espejo para mirarnos a nosotros mismos!! …Y reflexionar…
Javier Campos
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 24 de noviembre de 2019

El bien y el mal

El bien y el mal



Para poderlo explicar comenzaremos remitiéndonos al libro, "El Génesis", capítulo III, de Allan Kardec: "El origen del bien y del mal."

Dios es el principio de todo, y ese principio es una trilogía de cualidades: sabiduría, bondad y justicia. Por lo tanto, todo lo que de Él emane, debe estar impregnado de esos atributos. Siendo sabio, justo y bueno no puede producir nada irracional, malo o injusto. El mal que vemos no se ha originado en Él.
En "El Evangelio según el Espiritismo", se nos dice… Dios estableció leyes llenas de sabiduría, cuya sola finalidad es el bien. El hombre encuentra dentro de sí todo lo que necesita para seguirlas, su conciencia le traza el camino, la ley divina está grabada en su alma y, además, Dios nos trae a la memoria sin cesar, enviándonos mesías y profetas, espíritus encarnados que han recibido la misión de iluminar, moralizar y mejorar al hombre y, últimamente, una multitud de espíritus desencarnados que se manifiestan en todos los ámbitos. Si el hombre actuase conforme a las leyes divinas, evitaría los males más agudos y viviría feliz sobre la Tierra. Si no lo hace, es en virtud de su libre albedrío, y por eso sufre las consecuencias que merece.

Pero Dios, todo bondad, colocó el remedio al lado del mal, es decir, que del mismo mal hace nacer el bien. Llega el instante en que el exceso de mal moral se vuelve intolerable y el hombre siente la necesidad de cambiar. Aleccionado por la experiencia intenta encontrar un remedio en el bien, siempre de acuerdo con su libre albedrío, pues cuando penetra en un camino mejor es por su voluntad y porque ha reconocido los inconvenientes del otro que seguía. La necesidad le obliga a mejorar moralmente para ser más feliz, como esa misma necesidad le induce a mejorar las condiciones materiales de su existencia.

En "El libro de los Espíritus", se nos dice: Dios deja que el hombre elija el camino. Tanto peor para él si toma el del mal, pues su peregrinaje será más largo. Si no hubiese montañas, el hombre no comprendería que se puede ascender y descender; si no hubiese rocas, no comprendería que existen cuerpos duros. Es preciso que el espíritu adquiera experiencia, y para eso necesita conocer el bien y el mal. Por esa razón existe la unión del espíritu con el cuerpo.

Las circunstancias dan al bien y al mal una gravedad relativa. El hombre suele cometer faltas que son el resultado de la posición en que lo colocó la sociedad, aunque no por eso son menos reprensibles. No obstante, su responsabilidad se corresponde con los medios que posee de comprender el bien y el mal. Por consiguiente, el hombre instruido que comete una simple injusticia es más culpable ante Dios que el  ignorante que se entrega a sus instintos.

El mal recae sobre el que lo ha causado. Así, el hombre que es conducido al mal por la posición en que sus semejantes lo han puesto, es menos culpable que estos últimos, que han sido la causa de ese mal. Cada uno será penado, no solo por el mal que haya hecho, sino por el que haya provocado. Sacar provecho del mal es participar de él. Tal vez haya retrocedido ante la acción, pero si al encontrarla realizada la utiliza, es porque la aprueba y porque la habría realizado él mismo si hubiese podido o si se hubiese atrevido.

En "El Libro de los Espíritus", hay una pregunta que me parece muy importante, la 642, sobre todo en la última frase de la respuesta. “¿Alcanza con no hacer el mal para ser grato a Dios y asegurarse una posición en al porvenir?” Y nos dicen. “No. Es necesario hacer el bien hasta el límite de las propias fuerzas, pues cada uno responderá de todo el mal que haya resultado A CAUSA DEL BIEN QUE NO REALIZÓ.”

También nos dicen... “El mérito del bien está en la dificultad. No hay mérito si se hace el bien sin esfuerzo y cuando no cuesta nada. Dios toma más en cuenta al pobre que comparte su único pedazo de pan, que al rico que solo da lo que le sobra”. Al estar en contacto todos los días con otras personas tenemos la oportunidad de hacer el bien, cada día de nuestra vida, a no ser que estemos cegados por el egoísmo. Me acuerdo de lo que se dijo en una clase, en el centro espírita: no solamente se hace el bien siendo caritativo, sino siendo útil, en la medida de nuestras posibilidades, cada vez que nuestra ayuda sea necesaria.

El hombre progresa, y los males a los que se halla expuesto estimulan el ejercicio de su inteligencia y de sus facultades psíquicas y morales, incitándolo a la búsqueda de medios para sustraerse a las calamidades. Si no temiese a nada, ninguna necesidad le empujaría a la investigación, su espíritu se entorpecería en la inactividad y no inventaría ni descubriría nada. Es sabido que muchas veces aprendemos, como se suele decir “a base de golpes” y pienso que es verdad, como yo digo… “Si es que no vemos el peligro” y al respecto nos dicen, el dolor es como un aguijón que impulsa al hombre hacia adelante por la vía del progreso.

Pero los males más numerosos son los que el hombre crea llevado por sus vicios, los cuales se originan en su orgullo, su egoísmo, su ambición, los que nacen de todos los excesos, son causa de las guerras y de todas las calamidades que ellas acarrean: injusticias y opresión del débil por el fuerte, así como la mayor parte de las enfermedades. Donde el bien no existe allí forzosamente reina el mal. No hacer el mal es ya el comienzo del bien. Dios solo desea el bien, el mal proviene exclusivamente del hombre. Si existiese en la creación un ser encargado del mal, nadie podría evitarlo. Pero la causa del mal está en el hombre mismo y, como ese posee el libre albedrío y la guía de las leyes divinas, lo podrá evitar cuando así lo desee.

Para que nos quede un poco más claro, nos dan un ejemplo simple. Un propietario sabe que en su campo hay un lugar lleno de peligros y quien en él se aventure podrá resultar herido o incluso morir. ¿Qué hace, pues, para evitar posibles accidentes? Coloca cerca del sitio un cartel con la prohibición escrita de no entrar en él, en razón del peligro existente. La advertencia es sabia y previsora. Pero, si pese al aviso, un imprudente hace caso omiso de la advertencia y entra, sucediéndole alguna desgracia, ¿a quién va a culpar si no es así mismo?

Lo mismo sucede con respecto al mal: el hombre lo evitaría si respetase las leyes divinas. Por ejemplo: Dios puso un límite para la satisfacción de las necesidades. La saciedad le advierte, más si a pesar de ella el hombre pasa el límite, lo hace voluntariamente. Las enfermedades y la muerte que podrían acaecerla son producto de su imprevisión y no un hecho que pueda ser atribuido a Dios.
¿Quién de nosotros no ha sido educado en valores de bien y mal, de correcto e incorrecto, de blanco o negro? La educación es la clave, que tenemos que tener en cuenta a la hora de transmitirles estas enseñanzas a nuestros hijos. Sabemos que los niños a partir de los 7 – 8 años, se empieza a despertar en ellos el sentido moral infantil, el espíritu a partir de esa edad comienza a tomar conciencia de lo que lleva en su ser y va aflorando en él. A partir de ese momento, comienza a sopesar y analizar los motivos y las consecuencias de sus acciones. Saber  cómo distinguir entre el bien y el mal, nos lleva a diferenciar que es lo bueno y que es lo malo y actuar en consecuencia. También desarrollan la capacidad de considerar varias alternativas para resolver un problema y la capacidad de mirar las cosas desde el punto de vista del compañero o del amigo. A partir de esa edad se produce un gran desarrollo en el sentido moral de los niños y niñas debido a varios factores: Por el desarrollo de su inteligencia, por el creciente poder de interiorización, es decir, de asimilación de lo que ve y se le dice, por el gran número de oportunidades de participación, son mucho más independientes y autónomos.

Para enseñar a los niños a reflexionar entre el bien y el mal, debemos empezar por enseñarles el equilibrio que existe entre el valor de la generosidad y la justicia. Explicarles lo que es justo e injusto y el porqué, enseñarles a pedir perdón y a rectificar, a ponerse en el lugar del otro, dar las gracias cuando se nos ayuda, etc. Para fomentar el crecimiento personal del niño, como sujeto que piensa, siente, decide y actúa libremente. Yo tuve la bendición de tener unos padres que me inculcaron estos valores, los cuales, tengo que decir, me han servido y me sirven, en el transcurso de mi vida.
Pienso que es necesario, como grupo social que somos y como comunidad, poseamos un código ético que defina de la mejor manera posible lo que todos consideramos bueno o malo. Solo así resulta posible vivir en sociedad pacíficamente. Si no hay una unanimidad mayoritaria acerca de lo que es el bien y el mal, nos encontraríamos en una situación en la que no sabríamos que esperar de las situaciones ni tampoco como valorarlas.

Lo que nosotros llamamos mal, no es más que la ausencia del bien. No estoy sugiriendo que no existe el mal en el mundo, lo que quiero decir es que no existe por sí mismo, así como con la luz y la oscuridad. La luz existe y se puede demostrar, como también puede ser medida y ser creada artificialmente. Sin embargo la oscuridad no existe. La oscuridad es lo que ocurre cuando no hay luz. La ausencia de cosas “buenas” siempre crea cosas “malas”.

Veamos ahora que opinaban, del bien y del mal, estos antepasados nuestros, como Platón, Aristóteles, Sócrates, San Agustín, Santo Tomás de Aquino.

- Platón nos dice, que el bien es la idea suprema y que el mal es la ignorancia.

- San Agustín pasó gran parte de su vida cuestionándose sobre la existencia del mal, hasta que leyó a Platón y a San Pablo y se pudo convencer que el mal no existe, que no es en sí, no tiene ser, el mal es la ausencia del bien.

- Aristóteles considera una acción buena aquella que conduce al logro del bien del hombre, o a su fin, por lo tanto, toda acción que se oponga a ella será mala. Para Aristóteles, la bondad es un atributo trascendental del ser.

- Sócrates identificaba a la bondad con la virtud moral y a esta con el saber. La virtud es inherente al hombre que es virtuoso por naturaleza y los valores éticos son constantes, por lo tanto, el mal es el resultado de la falta de conocimiento.

- Santo Tomas de Aquino, con respecto a la existencia del mal, nos dice que al crear el universo, Dios no deseó los males que contiene, porque no puede lo que se opone a su bondad infinita. Nos sigue diciendo que el mal no fue creado, el mal es una privación de lo que en sí mismo como ser, es bueno; y el mal, como tal, no es querido tampoco por el hombre, porque el objeto de la voluntad humana es necesariamente el bien.

Si observamos lo que ocurre en el mundo, podemos ver todos los días hechos de violencia, agresividad, muerte y destrucción. Es difícil creer que no existe la maldad en forma absoluta.
Dios permite en razón de un bien mayor, que el hombre sea libre y pueda amarlo y servirlo por propia elección. No quiso el mal físico por si mismo sino en provecho de la perfección del universo.
Lorenzo
Centro Espírita “Entre el Cielo y la Tierra “

domingo, 17 de noviembre de 2019

Cuadro de la vida

Cuadro de la vida



Todos nosotros sin excepción llegaremos al final de nuestra existencia. Las preocupaciones de la vida misma nos distraen y nuestros pensamientos sobre qué encontraremos en el más allá se desvían, pero cuando el final se acerca, muy pocos son los que no se preguntan qué sucederá después de morir. La idea de dejar de existir es algo muy desconsolador. ¿Quién no sentiría vértigo al pensar que llegará el momento en que ya no pensará, ni reirá, ni podrá sentir cerca a aquellos a quienes ama? O ¿quién no sentiría espanto ante la perspectiva de la nada?

“¡Cómo!, después de mí, nada, nada más que el vacío, todo está borrado de la memoria de los que me sobrevivan, pronto no quedará ni huella de mi paso por la Tierra, incluso el bien que he hecho será olvidado por los ingratos a los que he servido y nada podrá compensar todo esto ¡ninguna otra perspectiva que la de mi cuerpo ser roído por los gusanos!” Este cuadro fue descrito por un Espíritu que había vivido con estos pensamientos toda su vida, pensamientos muy materialistas y extendidos entre muchas personas. ¿No tiene algo de terrorífico y espantoso esta reflexión?

La razón nos confirma que esto no puede ser así. Sin embargo, la vida propiamente dicha, nos engendra la duda.

La mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que tenemos un alma, pero ¿qué es nuestra alma? ¿tiene una forma, alguna apariencia? ¿un ser limitado o indefinido?

Para unos el alma es un soplo de Dios, para otros una centella, otros creen que es una parte del gran todo, el principio de la vida y de la inteligencia. También se dice de ella que es inmaterial, sim embargo, una cosa inmaterial no podría tener proporciones indefinidas ¿no es así?

La religión por otra parte, nos cuenta que después de morir seremos felices o desdichados dependiendo del bien o el mal que hayamos hecho, pero ¿cómo es esta felicidad? ¿es una beatitud, una contemplación eterna, sin otra labor que la de cantar alabanzas al Creador? y si por el contrario vamos al infierno, ¿las llamas son una realidad o es figurado? La propia religión se decanta por esto último, pero entonces ¿cuáles son esos sufrimientos eternos? ¿dónde está ese lugar de tormentos y castigos imperecederos?

Se nos dice que nadie ha vuelto para contarnos y así contestarnos a todas estas interrogantes que la mayoría hemos podido hacernos en algún momento de nuestras vidas.
Sin embargo, esto es un error. El Espiritismo tiene precisamente como misión, esclarecernos todas estas cuestiones. Su propósito es el de hacernos comprender, no solo con el razonamiento, sino también a través de los hechos este futuro que a todos nos espera. El Espiritismo a través de los ejemplos que se encuentran en las comunicaciones con los que ya partieron, nos devuelve la esperanza que pudimos perder en algún momento de nuestra existencia. Por eso podemos decir que el Espiritismo existe porque Dios lo permite, y lo permite para reanimar nuestras vacilantes esperanzas y reconducirnos hacia el camino del bien.

Es a través de estos relatos que nos podemos acercar a la situación en la que los espíritus se pueden encontrar, revelándonos si son felices o desdichados, dónde se encuentran, además de cuáles son sus ocupaciones. Nos han servido también de gran ayuda para poder asimilar y comprender el destino inevitable que nos aguarda según nuestros propios méritos y nuestras faltas.  Con toda esta información recibida podemos hacernos un cuadro mental y animado de la vida espírita.
Veamos en primer lugar qué sucede en la transmigración del alma cuando deja este mundo. Cuando las fuerzas vitales se extinguen, el espíritu se desliga de su cuerpo material conforme la vida orgánica cesa. Esta separación no es brusca e instantánea, en ocasiones comienza antes de la interrupción completa de la vida, y no siempre es completa en el momento de la muerte.

Como bien sabemos, hay un lazo semimaterial entre el Espíritu y el cuerpo que constituye una primera envoltura, este no se rompe súbitamente y mientras este subsiste, el Espíritu está en estado de turbación, comparable al estado que acompaña el despertar. Puede incluso dudar de su muerte, siente que existe, se ve y no comprende que pueda vivir sin su cuerpo, del cual se ve separado. Los lazos que le unen a la materia le hacen sensible a ciertas sensaciones que él toma como físicas. Hasta que no está completamente libre, no se reconoce y es entonces cuando se da cuenta de su situación.
Este estado de turbación es muy variable, puede durar varias horas, meses, incluso en algunos casos años. Sin embargo, es raro que al cabo de algunos días el Espíritu no se reconozca más o menos bien, pero como todo es extraño y desconocido para él necesita tiempo para familiarizarse con su nueva situación y forma de percibir las cosas que le rodean.

Es maravilloso pensar en el instante en que el Espíritu es consciente de que su esclavitud ha cesado con la ruptura de los lazos que le unían a su cuerpo, siendo acogido por sus amigos que vienen a recibirlo a su regreso al mundo espiritual. Si su tiempo en la Tierra ha sido empleado de forma provechosa será felicitado por ello, reencontrándose con aquellos que ha conocido, reuniéndose con quienes lo aman y simpatizan con él, comenzando así verdaderamente su nueva existencia.

La envoltura semimaterial del Espíritu es una especie de cuerpo con forma parecida a la nuestra, pero no tiene nuestros órganos y por ello no puede sentir las mismas impresiones. Sin embargo, sí puede percibir todo lo que nosotros percibimos, la luz, el sonido, los olores, etc., siendo estas más claras, sutiles y precisas ya que llegan al Espíritu sin la barrera del cuerpo material. Estas le llegan por todas partes y no a través de los canales determinados.

El Espíritu ve sin la ayuda de la luz y escucha sin necesidad de las vibraciones del aire, por eso, para él no hay oscuridad. Ahora bien, si estas sensaciones no cesaran nunca, serían fatigantes. Es por ello que los espíritus tienen la facultad de suspenderlas a voluntad, pudiendo así dejar de oír, ver o sentir lo que no quieran.

Esta condición es difícil de comprender al principio por el Espíritu. En especial para aquellos cuya inteligencia aún está atrasada. Es esta imposibilidad de concebir, unido a la fanfarronería –compañera muy común de la ignorancia- lo que lleva a algunos espíritus a teorías absurdas que solo inducen al error si fueran aceptadas.

Hay muchas sensaciones que tienen su origen en el propio estado de nuestros órganos, y puesto que el Espíritu no los tiene, no pueden sentirlas, y es por ello que no puede sentir fatiga, ni necesidad de reposo o de comer ya que al no tener desgaste, no tiene nada que reparar. Tampoco padece las enfermedades que sufrimos cuando estamos encarnados. Al igual que está exento de estar atento a negocios, ni a la tribulaciones y tormentos superfluos de la vida. Los espíritus más inferiores sujetos a todas estas pasiones, y deseos como cuando estaban encarnados, sufren al no poder satisfacerlos. Siendo para ellos una verdadera tortura que en muchas ocasiones creen perpetua, ya que su propia inferioridad les impide ver el término, siendo realmente para ellos un castigo.

La palabra articulada también es una necesidad de nuestro organismo, al no precisar de vibraciones sonoras para impresionar sus oídos, los espíritus se comunican a través de la transmisión del pensamiento, como a menudo nos pasa a nosotros mismos cuando nos comunicamos con solo una mirada. Por otro lado, los espíritus hacen ruido, sabemos que pueden obrar sobre la materia y esta nos trasmite el sonido. Es a través de estos sonidos que se hacen escuchar, ya sea con ruidos o gritos, por lo que entonces podemos decir que lo hacen para nosotros y no para ellos.

Los Espíritus se transportan sin fatiga ninguna de un lugar a otro, cruzando el espacio con la velocidad del pensamiento, pudiendo penetrar en todas partes, no siendo un obstáculo para ellos.
Pueden ver todo lo que nosotros vemos, y mucho más claro, ya que no tienen los sentidos tan limitados como nosotros. Al penetrar la materia pueden ver aquello que esta oculta a nuestros ojos.
Por todo lo dicho hasta ahora, los Espíritus no son seres vagos e indefinidos, si no reales, determinados y circunspectos, que poseen nuestras facultades y otras que nos son desconocidas, ya que son inherentes a su propia naturaleza.

Componen el mundo invisible que puebla el espacio, rodeándonos y codeándonos sin cesar. Si por un momento el velo material que los oculta desapareciera, nos veríamos rodeados de una multitud de seres que van y vienen, que se mueven a nuestro alrededor y que nos observan, como si nosotros nos encontráramos en una reunión de ciegos. Para los Espíritus nosotros somos los ciegos y ellos son los videntes.

Dijimos anteriormente que el Espíritu tarda algún tiempo en reconocerse y que todo le resulta extraño al principio. Podríamos preguntarnos cómo es posible esto si ya ha tenido otras existencias corporales, y por lógica, han estado separadas por intervalos en el mundo espiritual, luego entonces ya lo conoce ¿no?

Son varias las causas que contribuyen a que las percepciones le parezcan nuevas. Una podría ser que, como dijimos, el Espíritu sufre una turbación al desligarse del cuerpo carnal y según se va disipando esta, las ideas se le van aclarando poco a poco y el recuerdo del pasado le vuelve gradualmente a la memoria. Hasta que no está completamente desmaterializado no se desarrolla el pasado ante él, y es entonces cuando recuerda todos los actos de su última existencia, después de sus existencias anteriores y de sus diversos pasajes en el mundo de los Espíritus. Por eso es que durante cierto tiempo todo lo que le sucede le parce nuevo, hasta que lo reconoce completamente y el recuerdo de las sensaciones que ya hubiera experimentado vuelvan a él de manera más precisa.

Otra de las razones es que el estado del Espíritu, como Espíritu, varía extraordinariamente dependiendo de su grado de elevación y pureza. A medida que se eleva y se depura, sus percepciones y sensaciones son menos groseras, adquieren mayor fineza, sutileza, y delicadeza, viendo, sintiendo y comprendiendo cosas que no podía en una condición más inferior.

Ya que cada existencia corporal es una oportunidad de progresar, si ha aprovechado bien esta y ha progresado, se abrirá ante él un nuevo medio, encontrándose con Espíritus de otro orden, en el cual todos los pensamientos y hábitos son diferentes. Esta depuración le permitirá entrar en mundos inaccesibles a Espíritus inferiores.

Cuanto menos está esclarecido, más limitado es el horizonte para él, a medida que se eleva y se depura, este horizonte se amplía, y con él, el círculo de sus ideas y percepciones. Conforme progresan, sus ideas se desarrollan y la memoria se perfecciona, estando familiarizados con su situación de antemano. Su regreso entre otros Espíritus no tiene nada que les pueda sorprender, vuelven a encontrarse en su medio normal, y pasado el primer momento de turbación, se reconocen inmediatamente.

Hasta aquí hemos hablado de cómo es la situación de la mayoría de los Espíritus en lo que se denomina estado de erraticidad. Pero, ¿qué hacen? ¿cómo pasan su tiempo?

Al igual que ellos nos han desvelado todo lo que ya hemos expuesto, de nuevo nos revelan estas otras cuestiones. Sería un error por nuestra parte pensar que la vida espiritual es ociosa. Todo lo contrario, es activa y ellos nos han relatado sus ocupaciones.

Entre los que han alcanzado cierto grado de elevación, unos velan por el cumplimiento de los designios de Dios en los grandes destinos del Universo, dirigen la marcha de los acontecimientos y ayudan en el progreso de cada uno de los mundos.

Otros ponen bajo su protección a los individuos y se constituyen en sus ángeles guardianes, o guías protectores, acompañándolos desde el nacimiento hasta la muerte, procurando dirigirlos hacia el camino del bien, siendo una gran felicidad para ellos cuando sus esfuerzos son concluidos con éxito.
Algunos se encarnan en mundos inferiores para cumplir allí misiones de progreso, por medio de su trabajo, ejemplo, consejo y enseñanza, buscan hacer que avancen, unos en las ciencias, en las artes y otros en las virtudes morales. Sometiéndose voluntariamente a las vicisitudes de una vida corporal, con el único propósito de hacer el bien.

Y otros no tienen atribuciones especiales, simplemente van por todas partes donde su presencia es útil, dando consejos, inspirando buenas ideas, sosteniendo a los desfallecidos, o dando fuerzas a los débiles.

Considerando el número infinito de los mundos que pueblan el Universo y el número incalculable de seres que lo habitan, podemos tener muy claro que los Espíritus tienen en qué ocupar su tiempo, siendo estas ocupaciones motivo de alegría, haciéndolo voluntariamente, y su felicidad es lograr aquello que emprenden. Su vida nada tiene que ver con una ociosidad eterna, que sería más un suplicio que otra cosa. Aunque el espacio entero es de su domino, tiene preferencia por los globos donde están sus objetivos.

Descendiendo en la jerarquía, nos encontramos con Espíritus menos elevados, menos depurados, y por consiguiente menos esclarecidos, aunque esto no significa que sean menos buenos, y que en la esfera en la que se encuentran cumplan con funciones análogas. Su acción, no se extiende a los diferentes mundos, sino que la ejercen especialmente en un mundo determinado, estando relacionado con el grado de su propio adelantamiento, siendo su influencia más individual y como objetivo cosas de menor importancia.

Seguidos a estos nos encontramos con los espíritus más comunes, más o menos buenos o malos que pululan a nuestro alrededor. Ellos se elevan poco por encima de la Humanidad, siendo el reflejo de la misma, ya que tienen todos los vicios y todas las virtudes. Muchos de ellos siguen teniendo los gustos, ideas e inclinaciones que cuando estaban encarnados, sus facultades son limitadas, su juicio es falible como el de los hombres, a menudo erróneo y lleno de prejuicios.

En algunos el sentido moral está más desarrollado, sin tener gran superioridad ni profundidad, frecuentemente condenan lo que han hecho, lo que han dicho y pensado mientras estaban encarnados. Aun entre los más comunes los sentimientos son más depurados como Espíritus que como hombres, la vida espiritual les esclarece sobre sus defectos y lamentan el mal que han hecho, sufriéndolo más o menos. El endurecimiento absoluto es muy raro, siendo temporal, ya que tarde o temprano acaban sufriendo. Todos aspiran a perfeccionarse, comprendiendo que es el único medio de salir de su inferioridad. Instruirse, esclarecerse, es su gran preocupación, sintiéndose felices cuando pueden sumar algunas misiones de confianza, que los elevan a sus propios ojos.

Ellos nos hablan nos observan, y nos ven, entrometiéndose en nuestras reuniones, juegos, fiestas, así como en nuestros asuntos serios. Escuchan nuestras conversaciones, los más ligeros para divertirse y a veces para reírse de nosotros. Otros para instruirse, observan el carácter de los hombres y estudiar las costumbres con miras a elegir su futura existencia.

La necesidad de progresar es general entre los Espíritus, incitándoles a trabajar en su mejoramiento, ya que comprenden que es el precio de su felicidad. Pero no todos sienten esta necesidad, algunos se complacen en una especie de ociosidad, pero que dura tan solo un tiempo, ya que después la actividad se vuelve en una necesidad para ellos también, siendo impulsados también por otros espíritus que les estimulan a ello.

Y por último vienen aquellos Espíritus impuros, cuya única preocupación es el mal. Sufren y desearían ver a todos sufrir como ellos. Los celos les vuelve odiosa la superioridad de los otros, y el odio se convierte en su esencia. Y como no pueden sobreponerse a estos Espíritus lo hacen con el hombre, atacando a aquellos que sienten más débiles. Incitan las malas pasiones, siembran la discordia, provocan riñas, alimentan el orgullo, esparcen el error y la mentira, es decir intentan desviar del bien a todo los que pueden con sus pensamientos dominantes.

Estos Espíritus están en la Tierra porque encuentran simpatías en ella. Por eso, consolémonos en pensar que por encima de ellos se encuentran seres puros y benevolentes que nos aman, que nos sostienen, alientan y nos tienden sus manos para llevarnos hacia ellos, hacia mundo mejores donde el mal no tiene ya lugar. Esforcemos pues, para llegar cuanto antes a estos mundos. De nosotros depende.
Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra" 

domingo, 10 de noviembre de 2019

La evolución del alma

La evolución del alma


“Todo se eslabona en la naturaleza” (“El Libro de los Espíritus”, preg. 540), nada permanece estacionario, todo evoluciona cumpliendo la Ley de Progreso, a través de los mecanismos de adaptación y herencia a nivel material y reencarnación a nivel espiritual.
Cada nueva encarnación nos permite adquirir a nivel físico la herencia de nuestros padres, sumándola a nuestras conquistas fisiopsicosomáticas de existencias pasadas almacenadas en nuestro periespíritu, preparándonos para nuevas metas evolutivas.

El espíritu se va abriendo camino en la evolución gracias a las experiencias adquiridas en el cuerpo físico, a través del periespíritu, como mediador energético entre espíritu y la materia.
Gabriel Delanne, nos dice en su libro “La evolución anímica”: “Todos los cambios que se observan en la Naturaleza no tienen sino un objeto: el progreso del Espíritu”.

La Ley de Progreso, explicada en “El Libro de los Espíritus” cap. VIII, nos ayuda a comprender que no existe la casualidad en la evolución del espíritu. La inteligencia y la moral evolucionan al principio con ritmos diferentes y el cuerpo físico, en cada encarnación, incorpora los elementos necesarios para continuar evolucionando gracias s los mecanismos de adaptación dirigidos y proyectados desde el plano extrafísico, siempre en armonía con la Ley Natural y para el bien de todas las criaturas en cumplimiento de “la gran Ley de Unidad que rige la Creación”.
En la Creación nada permanece estático, todo evoluciona, tanto lo material proveniente del Principio Material o Fluido Cósmico Universal, como lo espiritual, proveniente del Principio Inteligente que anima a su vez todas las creaciones de acuerdo a sus posibilidades evolutivas.

La atracción es la expresión del Principio Inteligente en el reino mineral, la sensación en el reino vegetal, el instinto en el reino animal, el razonamiento en el ser humano y lo divino en ser evolucionado hasta la perfección (ver apartado “Automatismo y herencia” en libro “Evolución en dos mundos”, Chico Xavier). En el vegetal, el Principio Inteligente aprende a desarrollar los instintos, en el animal, desarrolla su inteligencia de camino a alcanzar la razón, en el hombre continua en busca de lo divino a través del desarrollo de sentimientos elevados y en el ser superior, ¿quién sabe dónde detendrá su evolución en la inmensidad del infinito en plena unión con el Creador?

La inteligencia, el instinto y el sentimiento de los animales y los del ser humano comparten la misma naturaleza, diferenciándose únicamente en el grado de desarrollo y su alcance, pero con la misma esencia.

En su libro “La evolución anímica”, Gabriel Delanne dice: “la naturaleza pensante de uno y del otro es del mismo orden y no difieren en esencia, sino en grado de manifestación, y esto es, precisamente, lo que evidencian ciertas facultades de los animales, tales como la atención, el juicio, el raciocinio, la asociación de ideas, la memoria y la imaginación” (Pág. 59). Además, demuestra también "que los sentimientos morales, tales como el remordimiento, el sentido moral, la noción de lo justo y de lo injusto, etcétera, se hallan en germen en todos los animales” (Pág. 70).

Basados en la Ley Natural, los instintos, predominan en las etapas primitivas de la evolución de la humanidad por encima de la inteligencia, la cual vamos desarrollando gracias a la adquisición de nuevas experiencias, vida tras vida, reencarnación tras reencarnación, mejorando las aptitudes intelectuales y doblegando los instintos con ellas. Instintos que en su origen son buenos y nos llevan seguros por el camino evolutivo hasta el despertar de nuestra conciencia e inteligencia, necesarios para volvernos responsables de nosotros mismos y de nuestros actos. Instintos que se pueden desvirtuar, modificados por la inteligencia en desarrollo, en ausencia de la moral, a través del abuso, dando origen a nuestras pasiones. Por eso los instintos, como el de conservación, son comunes a todo ser humano, pero no sus pasiones, las cuales hemos ido alimentando en base a nuestras decisiones pretéritas, que nos acompañarán en el transcurso de muchas vidas hasta que podamos superarlos con el desarrollo de la moralidad. El ego, y su expresión el egoísmo, originado desde el instinto de conservación, aparece en paralelo a la inteligencia de la cual se alimenta, pero se desarrolla en función del camino que tomemos con nuestras elecciones y sus consecuentes experiencias. El sentimiento de separación, el orgullo, determinará en gran medida el desarrollo del ego, estableciendo el círculo bajo su protección. Todo ello de una forma natural salvo cuando la inteligencia, sin la supervisión de la moral, considere únicamente la realidad material sin connotaciones espirituales que la clarifiquen y alejen del error.

Por ello, en los animales, todavía carentes de una inteligencia completamente despierta, se pueden ver los instintos en estado más puro, con menos distorsiones y normalmente alejados de las pasiones. Vemos en ellos actos de amor, dedicación y renuncia que muestran el germen de su humanidad y demuestra, todo ello, la necesidad de un plan superior y elevado que le dé sentido a su existencia, muy por encima de la simple creencia de están aquí a nuestra disposición solo para servirnos.
El proceso de creación de los espíritus está todavía muy lejos de las posibilidades de nuestro entendimiento y solo podemos aproximarnos a comprenderlo, a grandes rasgos, observando y estudiando las Leyes Naturales y el Principio Inteligente en sus distintas formas de manifestación, evolucionando a través de los tres reinos, antes de mostrarse como una inteligencia humana, con plena conciencia de sí misma.

La ciencia espírita nos aporta del conocimiento sobre el periespíritu, el cual nos ayudará en la tarea de comprender el proceso material y espiritual de la creación del espíritu.

El Principio Inteligente, evolucionando a través de los tres reinos, va conformando el periespíritu como cuerpo espiritual que vincula el espíritu con el cuerpo físico, transmitiendo la experiencia física al espíritu para su aprendizaje y albergando todos los componentes energéticos y funcionales necesarios para la vida física y espiritual, incluyendo los aspectos relativos a la mente como la memoria, las emociones y los sentimientos, en función de las aptitudes alcanzadas en cada etapa evolutiva.

El periespíritu reorganiza a nivel celular el cuerpo físico y es el vehículo de toda sensación e información que le llega al principio inteligente a través de las múltiples encarnaciones en el mundo físico en un proceso de individualización progresiva hasta conformarse como único en el universo e indivisible, alcanzando a la par el reino hominal, la conciencia de sí mismo y la responsabilidad de sus actos frente a la vida, otorgándosele en ese momento la chispa divina o Principio Divino (ver capítulo III de “Evolución en dos mundos” de Chico Xavier) y empezando una nueva etapa de responsabilidad y libre albedrío, donde el sentido moral, la conciencia de sí mismo y la búsqueda de las facultades espirituales serán su más alto objetivo en la lucha de sí mismo en la nueva etapa en camino hacia siguiente reino, el angélico.

“El Libro de los Espíritus”, preg. 115, nos dice que los espíritus son creados simples e ignorantes, es decir, carentes de ciencia, por lo que todos en un principio tenemos idéntica aptitud para progresar individualmente sin recibir privilegios o dones especiales que nos diferencien a unos de otros. Siendo todos hijos del mismo Creador, se establece, por tanto, la universalidad de la igualdad y la necesaria fraternidad entre todos los seres, sea cual fuere su estado evolutivo puesto que todos a la vez somos herederos de la Creación.

Todo ello, muestra a su vez, la gran bondad y grandiosidad del Plan Divino que ha sido preparado para nosotros y todas las criaturas a la vez, a través de “la gran Ley de Unidad que rige la Creación” (capítulo XI, ítem 23) con base en el Amor, verdadera esencia del Creador.
José Ignacio Modamio
Centro Espírita “Entre el Cielo y la Tierra”