sábado, 29 de diciembre de 2018

¿Cómo reaccionamos ante el suicidio?

¿Cómo reaccionamos ante el suicidio?



Para la Real Academia Española su primera definición de suicidio es: “acción y efecto de suicidarse”. definiendo a suicidarse como: “quitarse voluntariamente la vida”. Y la segunda: “acción o conducta que perjudica o puede perjudicar muy gravemente a quien la realiza”.

El Medical Dictionary lo define como “Psiquiatría. Acto de causar la propia muerte de una forma voluntaria”.

Anualmente, cerca de 800.000 personas se quitan la vida y muchas más intentan hacerlo. Cada suicidio es una tragedia que afecta a familias, comunidades y países y tiene efectos duraderos para los allegados del suicida. Se puede producir a cualquier edad, siendo la segunda causa principal de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años en todo el mundo.

En España, por ejemplo, se producen unos 10 suicidios diarios, y por cada muerte hay entre 10 y 20 tentativas. Cada 40 segundos una persona se quita la vida, siendo desde hace 11 años la principal causa de muerte no natural.  Estas cifras son suficientemente alarmantes como para no mirar hacia otro lado.

El estigma, especialmente en torno a los trastornos mentales y el suicidio, disuade de buscar ayuda a muchas personas que piensan en quitarse la vida o han tratado de hacerlo y, por lo tanto, no reciben la ayuda que necesitan. La prevención del suicidio no se ha abordado apropiadamente debido a la falta de sensibilización respecto del suicidio como problema de salud pública principal y al tabú existente en muchas sociedades para examinarlo abiertamente. Tabú que se manifiesta al abordar este tema de manera distante y fría incluso con términos despectivos.

Muchas veces nos podemos dejar llevar por mitos como, por ejemplo: las personas que hablan de suicidio no lo harán, cualquiera que intente quitarse la vida debe estar loco, si una persona está determinada a quitarse la vida, nada la detendrá, las personas que mueren por suicidio son personas que no estuvieron dispuestas a pedir ayuda, hablar de suicidio puede darle a alguien la idea de suicidarse, etc.… Estas son muchas de las frases que se escucha en boca de aquellos que desconocen las causas, los síntomas, la forma de ayudar, es decir, son neófitos en este tema tan delicado. 
La mayoría de las personas suicidas no son psicóticas o locas, términos que mucha gente utiliza para referirse al suicida. Posiblemente están perturbados, afligidos, deprimidos o desesperados por el dolor, pero la angustia extrema y el dolor emocional no son necesariamente síntomas de enfermedad mental. Una persona suicida puede que no pida ayuda, pero eso no significa que no la acepte, a lo que hay que añadir que estudios de víctimas de suicidio demuestran que más de la mitad han buscado ayuda médica en los seis meses anteriores a su muerte, es decir, querían encontrar otra alternativa, estaban dispuestos a recibir ayuda.

La OMS insiste en que hay que eliminar las falsas creencias relacionadas con este problema como el pensar que la persona que habla de suicidarse no lo va a hacer. "Un intento de suicidio es el factor de riesgo más importante de suicidio para la población general", detalla este informe. "Hay muchas personas que amenazan con suicidarse y que al final terminan haciéndolo", por eso, jamás miremos para otro lado si nos encontramos de frente con ello.

Todos los que nos hacemos llamar espíritas y somos conocedores del mundo espiritual, así como de las consecuencias que nuestras acciones tienen en nosotros, no solo en esta vida sino en las sucesivas, sabemos perfectamente la tremenda repercusión que tiene a nivel periespiritual, así como el desorden emocional y mental sobre el propio espíritu que ocasiona el suicidio. Por no mencionar lo que ha de vivir cuando llega al plano espiritual sufriendo las consecuencias de este acto, alejado totalmente de la Ley Divina. El Libro "Memorias de un Suicida" nos hace un extenso relato sobre esto, el cual animamos a leer si se quiere ampliar los conocimientos al respecto.

Todos los que hayamos leído el "Libro de los Espíritus" sabemos a ciencia cierta que el suicidio no es la solución. Tal y como nos dice la parte final de la pregunta 949: “El suicidio no repara nada”
Por el contrario, la pregunta 950 nos dice: “El suicida retrasa su entada en un mundo mejor, y él mismo pedirá volver para concluir esa vida que interrumpió debido a una idea falsa- Una falta sea cual fuere, nunca abre el santuario de los elegidos”.

El Espiritismo al desvelarnos la verdad sobre la pluralidad de existencias quita el velo que podía entorpecer nuestra visión de la vida, de las situaciones difíciles, las pruebas y vicisitudes que hemos de vivir en cada existencia. Nos ayuda a entender que pretender terminar con la vida no soluciona nada ya que la vida continua, por el contrario, agravamos la situación.

Sin embargo, no podemos pasar por alto ni olvida que la persona que llega a consumar el suicidio, exceptuando casos de enajenación o locura, que de forma impulsiva realiza esta acción, es un espíritu que sufre. Imaginémonos una persona que vive con un sentimiento de auto-odio, desesperanza, y aislamiento, siente que no puede seguir luchando, el dolor cada vez es más intenso, y no cesa, por lo que la única salida que ve es morir. Este sentimiento aparece y empieza a dar los primeros avisos de forma sutil, casi imperceptible, pero se va apoderando del sujeto y ya no es un día, ahora son semanas, meses, e incluso años. Pero a pesar de su deseo de que el dolor se detenga, de que todo termine, la mayoría de las personas suicidas están en conflicto profundo en cuanto quitarse la vida. Desearían encontrar otra alternativa, pero simplemente no son capaces de verla. Debatiéndose entonces, entre el instinto de supervivencia que todos llevamos en nuestro ser y la idea de morir buscando en ello el alivio a su dolor, entran en una lucha interna que solo produce un inmenso y terrible sufrimiento.

Este sufrimiento se agrava con las posibles secuelas emocionales de los intentos fallidos. La persona vive de forma desesperada, en un mundo cerrado en el que no encuentra ni ve otra solución que no sea el quitarse la vida. Por supuesto jamás está sola, su guía espiritual y espíritus protectores siempre le intentaran ayudar, sugiriéndole otras soluciones, pero el enfermo del alma, que es el suicida, no es capaz de ver. Incluso a veces hacen que sean salvados intuyendo a alguien cercano una visita inesperada, eso es totalmente cierto, puesto que el amor de nuestro Padre es tan grande que jamás nos deja solos, pero tristemente el pensamiento negativo está tan arraigado en su ser que la persona es incapaz de percibir todo esto, sintiendo una soledad tan profunda que el dolor que le causa es insoportable, y de ahí que su sufrimiento sea cada vez más intenso. Deseando cada vez más que este desaparezca.

Tampoco podemos dejar a un lado el hecho de que los pensamientos negativos abren las puertas a espíritus afines e infelices que empezarán a acompañar a las personas que se sienten así, agravando estos la situación y los pensamientos, ya que ellos mismos los reforzarán, entrando así en una obsesión, y complicando mucho más la circunstancias.

Hagámonos unas preguntas… ¿Podríamos negar que esta persona está sufriendo? ¿Nos hemos informado de las formas en las que podemos ayudar a alguien que se encuentre en esta situación? ¿Realmente podemos hablar del tema con conocimiento de causa?

Lo cierto es que, muy pocas personas se interesan sobre este tema, incluso a nivel gubernamental. Actualmente, 18 países en África, 17 en América, 11 en la región del Mediterráneo, 26 en Europa, siete en el Sudeste Asiático y 11 en el Pacífico cuentan con un plan de acción frente al suicidio. Pero todavía existen países que arrestan a las personas que intentan suicidarse y otros en que son encarceladas. Por este motivo, todavía hay mucho por hacer.

Entonces, ¿por qué somos tan frívolos cuando nos referimos a ellos? ¿Por qué los juzgamos, y encasillamos? incluso ¿Por qué se percibe cierta hostilidad en comentarios de algunas personas al referirse a este colectivo?

Pudiera ser por la falta de concomimiento sobre las terribles situaciones que pueden llevar a una persona a cometer esa acción. Falta de comprensión agrupando a todos en las mismas circunstancias y motivos. Esto se aleja muchísimo de la realidad, cada uno de nosotros somos espíritus individuales, con un pasado único, y no nos referimos solo al pasado de esta existencia, sino también al de las muchas que llevamos ya vividas. Esto hace que cada caso sea diferente y las consecuencias también diferentes. Por eso, agruparlos y calificarlos a todos por igual es una aptitud muy superficial, que demuestra lo poco que nos hemos interesado en estos, nuestros hermanos.

Podríamos decir también, que estas reacciones en ciertas personas son causadas por la falta de indulgencia, empatía, pero, sobre todo, por la gran falta de amor.

"El Evangelio según el Espiritismo", en su capítulo X, ítem 13, nos dice: “Aquél que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra dijo Jesús. Esta máxima hace de la indulgencia un deber, porque no hay nadie que no la necesite para sí mismo. Nos enseña que no debemos juzgar a los otros con mayor severidad que aquella con la que nos juzgamos a nosotros mismos, ni condenar en los demás lo que absolvemos en nosotros…”

¿Entonces por qué lo hacemos? Para hablar de algo, primero deberíamos conocer el tema, no solo lo que todos ya sabemos sobre la nula efectividad de acabar con la vida, sino de las causas que pueden llevar a una persona a ese punto tan extremo. Informarnos e interesarnos sobre ello no estaría de más, ya que así seremos más útiles, más perspicaces si percibimos los síntomas en alguien cercano, pudiendo entonces ayudar a nuestro compañero de camino a salir de esa situación, convirtiéndonos a su vez en buen instrumento de los espíritus buenos que quieren ayudarle. Ser conocedores del tema hará que nuestra sensibilidad aumente y empecemos a ver a estos hermanos como espíritus que sufren y necesitan de nuestra ayuda. No olvidemos jamás, que, aunque no vean otra alternativa, sí quieren encontrarla.

León Denís en el prefacio de la segunda edición del libro "Memorias de un Suicida" nos dice: "¡Medita sobre estas páginas, lector, aunque sea duro para tu orgullo personal el aceptarlas! ¡Y si las lágrimas alguna vez rocían tus mejillas, al observar un lance más dramático, no resistas contra el impulso generoso de exaltar tu corazón en oración piadosa, por aquellos que se retuercen en las trágicas convulsiones de la inconsecuencia de infracciones contra la Ley de Dios!"

Ciertamente ellos han cometido un gravísimo error, y la ley de Causa y Efecto será implacable con ellos. Tendrán que vivir las consecuencias de ese acto, que nunca negaremos es egoísta e indica cobardía moral, pero también este acto está lleno de ignorancia, una inmensa ignorancia de las consecuencias, y repercusión que tendrá sobre él y sobre las personas cercanas a él, ya que según los estudios demuestran, de seis a catorce personas quedan afectadas cuando alguien no solo lleva a cabo esta acción, sino cuando tan solo lo intenta.

El Espiritismo es consolador, seámoslo nosotros también. Por eso, como somos realmente conocedores de la las Leyes Divinas, deberíamos intentar no convertirnos en jueces, si no, en instrumentos de los buenos espíritus para aliviar a quienes se encuentren en situaciones tan difíciles que solo ven ante sus problemas esta triste salida.

Relataremos la experiencia de una compañera a la que llamaremos R. “Ella estaba sumida en una depresión severa desde la infancia. Vivía día a día con los pensamientos suicidas, de hecho lo llevó a cabo en varias ocasiones, incluso estuvo en coma tres días, pero como nunca estamos solos, los buenos espíritus la salvaron de consecuencias mayores no logrando nunca el fin del acto. Cuando conoció el Espiritismo comprendió el por qué suceden las cosas y por qué se sufre, aun así, le resultó difícil desarraigarse de esos pensamientos, que como hemos dicho anteriormente, una vez que se abre la puerta espíritus infelices, afines a esos sentimientos empiezan a acompañarnos y por supuesto este caso no estaba libre de ellos. Cuando llevada por ese impulso tan arraigado volvió a caer y cometer de nuevo un intento de suicidio, ¿sabéis qué fue lo que realmente hizo mella en su corazón? No fueron las palabras de reproche a las que estaba acostumbrada y habitualmente se les hace a quienes lo intentan, tampoco vamos a negar lo difícil que es convivir con personas que tienen estos pensamientos. Lo que realmente la hizo despertar y removió todo su interior, fueron las palabras consoladoras, llenas de amor que un amigo le brindó cuando acudió a él en ayuda. Sí, fue el amor lo que la hizo cambiar, el amor de esa persona, sus palabras de aliento, y consuelo, que reflejaban el cariño de él, de su guía y de los buenos espíritus. Se sintió querida y no juzgada y eso significó un antes y un después en su camino. A partir de entonces comprendió que nunca había estado sola, y que el amor es la medicina que cura el alma”.

Al pensar en este ejemplo, totalmente real y fidedigno, analicémonos a nosotros mismos, ¿Somos realmente consoladores con nuestros hermanos? ¿Hacemos que nuestro principal objetivo sea el de amarnos unos a otros? ¿Escuchamos los problemas del que sufre o miramos hacia otro lado? ¿Somos lo suficientemente indulgentes tanto en palabra como en pensamientos? ¿Seríamos capaces de comprender a nuestro hermano suicida?

El suicida se aleja de la Ley Divina al llevar a cabo este acto, eso ya lo hemos dicho y lo sabemos, pero, no nos alejemos nosotros de la Ley de Amor Justicia y Caridad con nuestras palabras o pensamientos. No olvidemos que como espíritas tenemos no solo el conocimiento de las consecuencias fatídicas del suicidio, también tenemos el deber de llevar a todos nuestros hermanos el consuelo que la Doctrina Espírita nos da. Ella es consoladora para las almas afligidas, ya que nos rebela el inmenso amor que el Padre nos profesa a pesar de nuestras equivocaciones, y que al igual que en la experiencia que hemos contado, el Amor es realmente lo que cura el dolor del alma. “Amad mucho a fin de que seáis amados”, nos dice "El Evangelio Según el Espiritismo".

Busquemos a aquel que está sufriendo, y si nos confiesa que su desesperación es tal que no encuentra salida, que nuestras palabras sean bálsamo para el que sufre, llenas de amor, de consuelo y esperanza.  Si nuestros pensamientos son puros, con el único deseo de ayudar y no juzgar, habremos logrado poner en práctica la Ley Divina de Amor Justicia y Caridad.

Cuando pensemos en todos aquellos que se encuentran en el mundo espiritual por haberse quitado la vida, tengamos pensamientos puros, exentos de juicios puesto que desconocemos lo que les llevo a estar allí.  Que nuestro corazón irradie amor, solo amor, orando por ellos siempre que podamos, con la única intención de que esa oración pueda ser para ellos una brisa que alivie sus sufrimientos, aunque solo sea por un instante. Cuánto más irradiemos nuestro amor junto al del Padre más podremos ayudarles.

“Amar, en el sentido profundo de la palabra, implica ser leal, probo, de conciencia recta, a fin de que hagáis a los otros lo que quisierais para vosotros mismos. Amar es buscar alrededor vuestro el sentido íntimo de todos los dolores que abruman a vuestros hermanos para llevarles alivio. Amar es considerar como propia la gran familia humana, porque volveréis a encontrar a esa familia. Dentro de un cierto periodo, en mundos más avanzados, y porque los Espíritus que la comprenden son, tanto como vosotros, hijos de Dios señalados en la frente para elevarse hacia lo infinito. Por eso no podéis negar a vuestros hermanos lo que Dios os concede con tanta prodigalidad, puesto que, por vuestra parte, estriáis muy felices de que vuestros hermanos os diesen lo que os hiciera falta. Así pues, para cada sufrimiento tened siempre una palabra de esperanza y de amparo, a fin de que seáis todo amor, todo justicia”. "El Evangelio Según el Espiritismo", Cap. XI- La Ley del Amor.
Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 16 de diciembre de 2018

¿Cómo es Dios?

¿Cómo es Dios?



¿Es un tirano? ¿Es bondadoso? ¿Un juez castigador? ¿Cómo es realmente Dios? Nuestra historia, nuestra educación y nuestra cultura nos ha podido influir en la imagen que tenemos de Él.

El concepto teológico, filosófico y antropológico de Dios, hace referencia a una deidad suprema. La vigesimotercera edición del Diccionario de la Real Academia Española lo define como el «ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo». 

También hay quienes niegan su existencia, por el mero hecho de que no es visible, o no creen que actúe directamente en los acontecimientos de la humanidad para poner remedio a sus males. Otros, que defienden esa idea no piensan que haya habido ni siquiera un creador (ateísmo). A otros les es más fácil negar su existencia solo por no tener que agradecer cada día todas las bendiciones que resultan de Dios, cada amanecer y atardecer, los paisajes majestuosos, un cielo estrellado, la lluvia, etc.

El teísmo (del griego θεóς, theós, «Dios») se entiende generalmente como la creencia en deidades, o la creencia en un Creador del universo que está comprometido con su mantenimiento y gobierno, pero que no actúa en los asuntos de los hombres (cosmogonía).

Un deísta, por lo general, es aquel que se inclina a aseverar la existencia de un Dios supremo o más de uno, pero no necesariamente practica una religión, y niega la intervención divina en el mundo. No obstante, dentro de religiones como el hinduismo, el budismo y el helenismo pueden existir posturas deístas. En este caso, quienes las siguen simplemente creen que Dios (o los dioses), no intervinieron en el mundo más que para crearlo.

Por el contrario, la Divina Providencia, en la que creemos otros muchos, es el término teológico que indica la soberanía, la supervisión, la intervención o el conjunto de acciones activas de Dios en el socorro de los hombres.

"Lo que viene a nuestra mente cuando pensamos en Dios es lo más importante de nosotros." Así dice A. W. Tozer en su libro clásico sobre los atributos de Dios: "The Knowledge of the Holy". (El conocimiento de lo sagrado) Tozer continúa diciendo: "La historia espiritual del hombre demostrará positivamente que ninguna religión ha sido más grande que su idea de Dios. La adoración es pura o vil, dependiendo si el adorador tiene pensamientos elevados o inferiores acerca de Dios." 
¿Misterio, Invento humano, Creador, Miedo, Energía, Amor, Culpa, Paz? ¿Cómo concebimos nosotros a Dios? ¿Lo imaginamos a modo de las mitologías antiguas? ¿A Zeus con un trueno en la mano? ¿Anubis, mitad hombre mitad perro de los egipcios? ¿Al Dios Sol de los Mayas? ¿Dioses fuertes, poderosos, astutos, también celosos, envidiosos e irascibles? Demasiado humanos para ser Dioses.

Quizás nos ha llegado la imagen de un Dios violento, que impone su verdad, su ley y su orden a sangre y fuego. Ese Dios al que invocan violentos terroristas y desquiciados de todo tipo, armados hasta los dientes con cuchillos espadas o fusiles. Un Dios muy poco amable.
Posiblemente por la educación o por nuestra historia o cultura en la que hemos crecido, o porque traslademos a Dios nuestras frustraciones, o por la mala relación que hemos tenido con nuestros padres o mayores, concibamos a Dios como alguien que coarta nuestra libertad, pendiente constantemente de nuestros pecados e intimidades.

Quizás lo concibamos como una energía, impersonal y difusa. Como una especie de armonía universal. Una dimensión mística de la naturaleza, una con la que se entra mejor en contacto, si tomas drogas o alcohol …

Un dios cruel que envía mandatos terribles cuando se enfada, y que nos castiga a su antojo cuando hacemos algo mal.

Un anciano con largas barbas, que se pasea por las nubes, entre flores y arcoiris…

Un ser narcisista e impasible, que busca la servil adoración de los seres humanos y que es incapaz de empatizar con sus alegrías y sufrimientos.

¿Podemos decir algo de Dios desde la razón?

¡Claro que podemos! porque Dios ha dejado huellas de sí mismo en todo lo que existe – el esplendor y la belleza de la naturaleza, la impresionante complejidad de los fenómenos biológicos, el sentido de lo justo que todos llevamos dentro, la nostalgia de perfección que hay en el fondo de nuestro corazón – y el hombre es naturalmente capaz de descubrir esas huellas y, por ese camino, llegar a Dios.
Del mismo modo que nos hacemos una imagen mental de alguien a quien no hemos visto jamás, por lo que nos dicen o cuentan de él, tanto moral como físicamente, bueno o malo, así es la idea o imagen que nos formamos cuando se trata de Dios.

Sin embargo, no es raro encontrar opiniones muy dispares en cuanto a lo que escuchamos o leemos acerca de Dios y sus atributos, dependiendo de dónde, cómo, o quienes hagan esas declaraciones. Entre tanto laberinto de opiniones y creencias, resulta difícil tener una imagen concisa y clara de cómo es Dios realmente.

De la misma forma en que somos conscientes de tan diversas opiniones y creencias, para saber cómo es realmente alguien, deberíamos consultar a los que han tratado y convivido directamente con él, dejando a un lado aquellos comentarios hechos por personas triviales, o que desconocen realmente los hechos o caracteres de quienes queremos saber.

Sabedores del impacto que pueden causar los bulos que llegan hasta nosotros a través de la ignorancia, la maledicencia, o quizás intereses por parte de los detractores de ciertas ideas, personas, o creencias, haríamos bien en contrastar las fuentes de las que buscamos y sacamos información, para definir una visión más clara de lo que buscamos, en este caso ¿Cómo es Dios? 

Sería razonable pensar que si queremos saber cómo es un país o nación y sus gentes, lo hagamos a través de los que han vivido allí. De la misma forma pues, si queremos saber acerca de Dios, lo mejor sería que lo hiciésemos con la ayuda de los espíritus superiores, que son quienes más cerca pueden estar de Dios. Espíritus superiores, que reflejan con mayor fidelidad los atributos de Dios.

"El libro de los Espíritus", (Allan Kardec) en sus cuestiones de la diez a la trece, nos responde de forma clara a estas preguntas y nos explica cuáles son los atributos más destacables de Dios. 

Estas preguntas a los espíritus, seguidas de sus respuestas, arrojan luz a tener conceptos más claros de cómo es Dios realmente:

10 ¿Será algún día dado al hombre, comprender el misterio de la divinidad? - No. Le falta un sentido para ello.

Por supuesto, el hombre como tal no puede comprender lo que solo los espíritus avanzados y puros observan.

11 ¿Puede el hombre comprender la naturaleza íntima de Dios? - Cuando su Espíritu no se halle ya oscurecido por la materia y por su perfección se haya acercado a Ella, entonces la verá y comprenderá.
Seguidamente nos aclaran: La inferioridad de las facultades del hombre no le permite comprender la íntima naturaleza de Dios. En la infancia de la humanidad, el hombre lo confunde a menudo con la criatura, cuyas imperfecciones le atribuye. Pero, conforme el sentido moral se va desarrollando en él, su pensamiento penetra mejor en el fondo de las cosas y se forma acerca de Dios una idea más justa y más de acuerdo con la sana razón, si bien siempre incompleta.

12. Si no nos es posible comprender la naturaleza íntima de Dios, ¿podemos tener una idea de algunas de sus perfecciones?

- De algunas, sí. El hombre va comprendiéndolas mejor a medida que se eleva sobre la materia, ya las entrevé mediante el pensamiento.

13. Cuando decimos que Dios es eterno e infinito, inmutable e inmaterial, único y todopoderoso, soberanamente justo y bueno, ¿no tenemos una idea completa de sus atributos?

- Desde vuestro punto de vista, sí, porque vosotros creéis abarcarlo todo. Pero sabed que hay cosas por encima de la inteligencia del más inteligente de los hombres, y para esas cosas vuestro lenguaje, que se limita a vuestras ideas y sensaciones, no posee expresiones. La razón os dice, en efecto, que Dios debe poseer esas perfecciones en el grado supremo, porque si careciera de una sola de ellas, o bien no la poseyese en grado infinito, no sería superior a todo y, en consecuencia, tampoco habría de ser Dios. Para estar por encima de la totalidad de las cosas, Dios no debe sufrir ninguna vicisitud y no ha de tener ninguna de las imperfecciones que la imaginación (del hombre) puede concebir.
Dios es eterno: Si hubiera tenido principio, habría surgido de la nada, o bien hubiera sido creado por un ser anterior a Él. Así, poco a poco, nos remontamos hasta lo infinito y la eternidad.
Es inmutable: Si Él se hallara sujeto a mudanzas, las leyes que rigen el Universo no poseerían ninguna estabilidad.

Es inmaterial: Vale decir, que su naturaleza difiere de todo lo que llamamos materia. De lo contrario no sería inmutable, debido a que se encontraría sujeto a las transformaciones de la materia.
Es único: Si hubiera varios dioses, no existiría ni unidad de propósitos ni unidad de poder en la ordenación del Universo.

Es todopoderoso: Porque es único. Si no poseyera el soberano poder habría algo más poderoso que Él o tan poderoso como Él. No hubiera creado la totalidad de las cosas, y aquellas que Él no hubiese hecho serían obras de otro dios.

Es soberanamente justo y bueno: La providencial sabiduría de las leyes divinas se pone de relieve así en las cosas más pequeñas como en las más grandes, y esa sabiduría no permite dudar ni de su justicia ni de su bondad.

En las cuestiones de la una a la tres, nos habla más de cómo es Dios: Dios y el infinito
1. ¿Qué es Dios? - Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas.
2. ¿Qué se debe entender por infinito? - Lo que no tiene principio ni fin: lo desconocido. Todo lo que sea desconocido es infinito.
3. ¿Se podría decir que Dios es lo infinito? - Definición incompleta. Pobreza del lenguaje de los hombres, que es insuficiente para definir las cosas que se hallan por encima de su inteligencia.
Dios es infinito en sus perfecciones, pero lo infinito constituye una abstracción. Decir que Dios sea lo infinito es como tomar el atributo de una cosa por la cosa misma, es decir, definir algo que no es conocido por otra cosa que tampoco lo es.

Las respuestas de los espíritus a tales cuestiones son claras y concisas, y algo en lo que la mayoría de las afirmaciones referentes a Dios coinciden, son sus atributos: Eterno, Inmutable, Inmaterial, Único, Todopoderoso, soberanamente justo y bueno, …

A la luz de las preguntas formuladas a los espíritus más elevados, nos hacemos una idea bastante más clara de lo que es y cómo es, pero también de cómo no es… Esos atributos no son compatibles con un Dios vengativo, con un Dios egocéntrico que exija devoción exclusiva, con uno que castigue a sus hijos, o que los destruya si no cumplen sus designios.  Es más, que después de la muerte material de sus hijos, haya dispuesto de un lugar donde sufran eternamente.  También sería muy injusto, y nada más lejos de los atributos de Dios, que es inmensamente justo y bueno, ceñirse a una sola existencia para juzgar y condenar a sus criaturas, y a las que no da entre ellas las mismas condiciones de igualdad.

¿Qué podemos pensar de un Dios, que se encuentra en ambos lados del campo de batalla en una guerra? O.… que requiera de sacrificios dolorosos o penosos, como pago por los pecados. Un Dios que incite al separatismo sectario o religioso. Alguien radical, que induzca a matar y atentar contra sus semejantes, los que no piensen como él.

No nos cabe la menor duda que son los pensamientos de los hombres, ignorantes de las leyes inmutables del creador, los que distorsionan la imagen verdadera de Dios, haciéndolo a la medida de sus intereses, atemorizando y engañando a las masas para conseguir ponerlas bajo su dominio.
Todas las religiones nos acercan a Dios, pero no todas nos dan una imagen real sana y verdadera de él y sus designios.

No perdamos de vista el mayor y más apreciado atributo de Dios, El amor. Si pasamos por el tamiz de la razón la mayoría de las cosas que leemos y escuchamos en el inmenso laberinto de todo aquello que se atribuye al Creador, encontraremos que no solo conoceremos mejor a Dios, y esto nos acercará más a él, sino que comprenderemos cuáles son sus verdaderas enseñanzas, y comprenderemos cual es nuestro papel como hijos amados suyos, y la esperanza grandiosa que se muestra ante nosotros.

Los espíritus buenos y elevados, aquellos que conocen mucho más de Dios que nosotros, y de los que podemos aprender mucho para acercarnos a él, nos han dado por deseo expreso de Dios, La doctrina espirita. En ella encontramos cual es el camino a seguir para llegar a ser felices. 

Hace del progreso la finalidad misma de la vida y la ley superior del universo. Da término al reinado de la gracia, de la arbitrariedad y de la superstición, poniendo de manifiesto en la elevación de los seres el resultado de sus propios esfuerzos. -León Denis. (Después de la muerte)
De todo esto, destacamos que, aunque no podemos saber todo de Dios, sí que podemos conocer sus verdaderos atributos, que para nada son los que encontramos en los hombres. Dios está muy por encima de nuestros defectos de humanos. Del mismo modo también sabemos lo que no encaja en sus atributos y que podamos romper los moldes, que por tanto tiempo se le han atribuido a él.

Si nosotros como padres y madres humanos solo queremos lo mejor para nuestros hijos, ¿Cómo podemos pensar que Dios sería peor que nosotros?

La doctrina espírita nos aclara muchas cosas como esta, y también nos da esperanza nueva y quizás nuevos puntos de vista, que quizás no conozcamos, pero que son reveladores en cuanto a Dios, los espíritus, y lo que estos hacen por todos nosotros para poder alcanzar el progreso y conocer mucho mejor a Dios.

Si usted no conoce esta doctrina, puede ponerse en contacto con alguno de los centros espiritas que aparecen en la contraportada y pedir información gratuita y sin ningún compromiso.
"Creamos en esa Providencia generosa que lo ha hecho todo para nuestro bien; recordemos que, si parecen existir lagunas en su obra, no provienen sino de nuestra ignorancia y de nuestra razón insuficiente. Creamos en Dios, gran Espíritu de la naturaleza, que preside el triunfo definitivo de la justicia en el universo. Tengamos confianza en su sabiduría, que reserva compensaciones a todos los sufrimientos, goces a todos los dolores, y avancemos con un corazón firme hacia los destinos que nos han sido otorgados. Es hermoso, consolador y dulce." León Denis. ("Después de la muerte").

Javier Campos
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

miércoles, 17 de octubre de 2018

martes, 28 de agosto de 2018

Las tres revelaciones

Las tres revelaciones




Revelación es el proceso por el cual una verdad oculta sale a la luz. Aparecen en todas las grandes civilizaciones y en ocasiones de forma sucesiva complementándose. Es lo que sucede en la civilización occidental de raíces judeocristianas con nada menos que tres grandes revelaciones, la Ley de Moisés, el Evangelio de Jesús y la Codificación Espírita de Allan Kardec. Cada una de las revelaciones prepara a la siguiente para una nueva etapa de conciencia que despierta apareciendo en el justo momento en el cual dispone de las suficientes personas sensibilizadas para recibirla.
La primera revelación fue la de Moisés y nos trajo la Ley Natural resumida en los Diez Mandamientos del Decálogo preparando al ser humano para el ascenso espiritual a través de la disciplina. La segunda revelación, con Jesús, vino en el momento en el que había que empezar a despertar hacia la realidad espiritual implantando el mensaje del amor en el fondo de los corazones. La tercera revelación nos trajo el conocimiento de las verdades espirituales a través de la Filosofía y Ciencia Espírita. La Filosofía Espírita como alimento para nuestra alma y la Ciencia Espírita como alimento para nuestros sentidos e intelecto, palpando los fenómenos físicos de la mediumnidad e impulsando a nuestra inteligencia en búsqueda de la comprensión de las leyes espirituales.

La primera revelación


La primera revelación de Moisés nos dejó el Decálogo como primera guía de comportamiento moral, necesario para la etapa siguiente de progreso espiritual. El resto de leyes de carácter material que dejó Moisés para su pueblo, sobre pureza, alimentos, etc., fueron necesarias como medida educativa debido al profundo materialismo predominante en aquella época.

Tuvieron que pasar muchos siglos e integrar conocimientos espirituales de otras culturas para el que pueblo judío estuviera preparado para la llegada de la segunda revelación con Jesús. Incluso en época de Jesús muchos judíos, como los saduceos, no creían en ninguna realidad espiritual.
En un principio los judíos no concebían la idea del alma, ni de la vida futura, ni espiritual, únicamente la existencia de una única vida material. Poco a poco fueron introduciendo e incorporando ideologías provenientes de otros pueblos con los que tenían relación como los griegos, caldeos y egipcios.

Probablemente el mayor cambio ocurrió en el siglo VI a.C. después de la ocupación del Reino de Judá por Babilonia y de la primera destrucción del templo de Jerusalén. Fueron exiliados gran parte de los hebreos junto con sus jefes a Babilonia donde, como defensa, ante el sentimiento de pérdida de la independencia, evolucionaron su antigua religión israelita hasta el origen próximo del actual judaísmo, albergando esperanzas en un mesías salvador e incorporando importantes conocimientos y creencias como la existencia de un mundo espiritual y la dualidad entre el bien y el mal. En aquella época probablemente adoptaron o asentaron como propia la angelología caldea.

De los egipcios adoptaron la creencia de que el rey era un hijo de Dios equivalente al faraón egipcio y la esperanza en la llegada de un mesías salvador hijo de Dios y rey de los judíos.

De los griegos, especialmente de Platón y los Órficos, aceptaron también la dualidad cuerpo y alma, la vida futura, la creencia en el cielo y el infierno (tártaro), la idea de la resurrección y en círculos gnósticos también la reencarnación gracias a la influencia de la escuela pitagórica.

Después de la muerte de Alejandro Magno, el pueblo judío quedó en manos de los Ptolomeos y posteriormente de los Seléucidas, llegando a mediados del siglo II a.C. cuando con motivo de la revuelta de los Macabeos, intentado su liberación de dominación griega, se potenció la idea de la retribución en el más allá por el sacrificio realizado, para lanzar al pueblo a la guerra con mayor esperanza.

El fuerte sentimiento antiheleno estando bajo la ocupación seléucida que llegó a prohibir la enseñanza y práctica del judaísmo, impidió que el pueblo creyera abiertamente en la reencarnación, reforzándose en su lugar la idea de la resurrección de la carne, más propia del pensamiento judío, quedando la creencia en la reencarnación únicamente en círculos judíos helenistas.

Incluso las religiones mistéricas, como los misterios griegos de Serapis, Eleusis y Adonis o persas como los misterios de Mitra, ejercieron una importante influencia espiritualizadora al remarcar la importancia de la salvación del alma después de la muerte, aunque las verdaderas enseñanzas espirituales eran reservadas para muy pocos, sus iniciados.

Una vez que ciertas ideas espirituales hubieron calado en el pensamiento hebreo, se pudo dar la segunda revelación.

La segunda revelación que vino a través de Jesús completó a la primera mediante la ley del Amor predicando la cercanía e importancia del Reino De Dios. Jesús hablaba del Reino de Dios a través de parábolas, pero en ningún momento explicó qué era, sin contrariar el concepto que los judíos ya tenían de ello.

Para los judíos del siglo I, el Reino de Dios en una primera fase sería en la Tierra, traído por el mesías y en una segunda fase seria en el cielo, después del juicio final. Durante la primera fase será una época de abundancia material, paz y veneración a Dios y durante la segunda fase habrá un juicio final con la separación de las almas, con su cuerpo espiritualizado pero todavía material en parte, capaz de sufrir los tormentos del infierno o de disfrutar los goces del Cielo.

La segunda revelación


La segunda revelación dio origen a muchos cristianismos distintos, aunque la historia nos ha dejado muy pocos. Al principio todos los seguidores de Jesús eran judíos puesto que Jesús únicamente predicó para ellos, pero enseguida su mensaje caló hondo en el mundo heleno, fuera de Israel en numerosos gentiles llamados "temerosos de Dios" que frecuentaban las sinagogas y eran atraídos por la rectitud y la moral judía. Estas provincias tenían sinagogas con judíos procedentes de la diáspora con mentalidad más abierta y simpatía por el saber y la cultura griega. Muchos de estos judíos helenistas y "temerosos de Dios" fueron receptivos al mensaje de Jesús y estaban bien preparados para entender los conceptos espirituales transmitidos por Jesús, al estar familiarizados con las creencias griegas y especialmente platónicas y órficas, formando el grupo de los cristianos helenistas.

Enseguida surgieron las primeras diferencias entre los judeocristianos de Jerusalén y los cristianos helenistas del resto de provincias romanas. Los helenistas tenían la necesidad de divinizar a Jesús para no estar con desventaja con el resto de religiones griegas y los cristianos judaizantes se veían como una secta judía, que seguía a un mesías humano, no divino, y que tenía que cumplir con todos los preceptos judíos como el de la circuncisión, leyes de los alimentos y pureza, incluso para los nuevos conversos.

Con Pablo, el cristianismo helenista tomó una nueva dimensión. La primera victoria vino cuándo en el concilio de Jerusalén, celebrado alrededor del año 50 d.C, consiguió el consenso con los judeocristianos que eximía a los nuevos conversos de la necesidad de cumplir de forma completa la Ley de Moisés, liberándoles de las obligaciones relativas a la circuncisión, leyes de pureza y alimentos.

La segunda victoria de Pablo fue cuando, después de muchos viajes y predicaciones, los helenistas que probablemente ya creían en un Jesús divinizado, adoptaron su nueva teología donde se divinizaba a Jesús el mesías desde el momento en que ascendió a los cielos, justificando su aparente derrota en la cruz como muerte vicaria (entregándose para salvar al mundo de sus pecados) y garantizando la salvación por la fe. Estas reformas en el pensamiento cristiano fueron las necesarias para amoldarlo a las necesidades de los gentiles, garantizando al mismo nivel  la salvación y la vinculación con Dios, que el resto de religiones paganas y mistéricas que ya llevaban siglos haciéndolo aparentemente con éxito.

Por otra parte, el cristianismo judeocristiano solo podía tener éxito entre los propios judíos puesto que su conversión todavía suponía hacerse judío, con el peligro que conllevaba la circuncisión y las incomodidades de llevar una vida llena de obligaciones externas.

La rebelión contra Roma en los años 67-70 que determinó la destrucción de Jerusalén y de su templo por segunda vez, fue prácticamente el final de grupo de judeocristianos o cristianos judaizantes, aunque todavía pudieron perdurar varios siglos fuera de Jerusalén varios grupos de ellos llamados ebionitas y elkasaitas.

El tercer grupo de mayor importancia fueron los gnósticos, que influenciados por el gnosticismo judío, caldeo y griego integraron a Jesús como el Logos en la su teoría sobre Dios y la creación del Universo, creyéndose poseedores de la verdad y el conocimiento. Sus teorías no estaban al alcance de la comprensión de todo el mundo y llegaron a diferenciar a la humanidad entre seres hílicos (materiales), psíquicos y espirituales, siendo ellos, los espirituales, los únicos capaces de entender la “Verdad” gracias al conocimiento, diferenciando a los materiales, que como los animales solo tenían cuerpo, no creían en Dios y no se podían salvar, los seres psíquicos que tenían solo cuerpo y alma, que creyendo en Dios y cumpliendo la Ley se podían salvar y finalmente los seres espirituales que tenían cuerpo, alma y espíritu, eran los que estaban realmente preparados para alcanzar la salvación y la verdad gracias a la gnosis.

En general se puede decir que los gnósticos creían en la reencarnación (salvo los marcionistas), como así lo demuestran escritos como:

- El apócrifo “Apocalipsis de Pablo”, donde relata el viaje de Pablo por los cielos y lo que ocurre cuando pasa por el cuarto cielo, siendo testigo del castigo de un alma juzgada por asesinato, cuando dicha alma mira con tristeza hacia abajo (la Tierra) y es “echada” a un nuevo cuerpo que había sido preparado para ella.

- El “Pistis Sophia” (Del griego “Fe Sabiduría”), donde las almas después de desencarnar serían juzgadas para ver si tienen que ser enviadas de vuelta al mundo para reencarnar y mejorarse, explicando además la doctrina de las recompensas y castigos que determina nuestro destino como resultado de las acciones de nuestras vidas pasadas, explicando como la Tierra, así como el infierno, es un lugar de educación a través del dolor y el sufrimiento.

- Y el “Evangelio apócrifo de Juan” (ApocrJn 14,18-20) cuando pregunta a Jesús: “18 Yo dije: Señor, ¿cómo puede el alma volverse joven otra vez, y regresar al vientre de su Madre, o a la Humanidad?… 20 Este alma necesita seguir (reencarnando una y otra vez) a otra alma en la que mora el Espíritu de la Vida, porque se salva a través del Espíritu. Entonces jamás volverá a ser introducida en la carne (no volverá a reencarnar al alcanzar la perfección)”.

Pasaron los años y de todos estos grupos en la práctica sólo quedaron los seguidores de Pablo, pero modificando progresivamente el mensaje tanto de Jesús como de Pablo, para separar definitivamente el nuevo cristianismo del judaísmo y también para establecer una jerarquía encarga de velar y proteger la interpretación de las escrituras que escogieron, formando el canon de los cuatro evangelios, cuidándose además de los falsos profetas (aun acallando también a los buenos profetas) e intentando encauzar el pensamiento religioso hacia una unidad ortodoxa.

Se añadieron referencias en los textos sobre la creación de la Iglesia y sobre Pedro como primera piedra, con el poder de atar y desatar en la Tierra y en el Cielo. La palabra griega ecclesia significa simplemente asamblea y en los textos originales no tenía el significado que se dio posteriormente como conjunto de todos los cristianos regidos con una jerarquía y un canon establecidos. Los textos que implican un significado moderno son claramente interpolaciones añadidas mucho después cuando fue necesario justificar la creación de una única iglesia frente a todas las creencias que a partir de entonces serían llamadas herejías.

También se dio forma a los textos para evitar ver una continuidad en la ley y mostrar una ruptura dejando entrever que la nueva ley contradecía a la antigua ley, de forma que se podía justificar no una continuidad con el judaísmo sino una ruptura y la creación de una nueva religión independiente. Por ello se interpolaron en las escrituras textos como "Habéis oído que se dijo a vuestros antepasados....  ... pero yo os digo” (Mateo 5:21-48).

En la misma línea, aunque Jesús fue un perfecto judío, se hizo especial énfasis en mostrar un Jesús saltándose las leyes judías del sábado ("El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado" Mc 2,23-28), leyes de alimentos y limpieza (pureza ritual). De esta forma se pudo integrar más fácilmente el catolicismo en el Imperio Romano (Constantino 313 d.C.), pasando la festividad del sábado al domingo para coincidir con la festividad romana y permitiendo comer alimentos prohibidos por el judaísmo ("No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre", Mt 15:11).
Cuando el emperador Constantino, a través del Edicto de Milán, en el 313, declaró la libertad de culto del cristianismo y posteriormente el emperador Teodosio, a través del Edicto de Tesalónica, declaró al Cristianismo como religión oficial y única religión lícita, la llegada de golpe de millones de conversos paganos implicó la integración de muchas de sus creencias y conceptos, en un proceso de sincretismo religioso que terminó creando muchas festividades, cultos, imágenes y conceptos traídos del mundo pagano.

Para aceptar el concepto de la Trinidad, ya existente en los hindúes, babilonios y egipcios, se tuvo que adelantar la divinización de Jesús, no al momento de su ascensión a la derecha del Padre, sino al principio de la creación siendo el Logos de los griegos y gnósticos, así como convertir el concepto judío de “rúaj hakódesh” (espíritu de santidad) en el Espíritu Santo o tercera persona de la Trinidad. El concepto judío “rúaj hakódesh” o espíritu de santidad no es un ser sino un estado de inspiración divina que podemos alcanzar entrando en unión con Dios. Las escrituras griegas utilizaron el término “hagios pneumatos”, espíritu sagrado, y en latín los términos “spiritum bonum” (Lc. 11:13) y “spiritum sanctum” donde el adjetivo bueno y santo, terminó transformándose en parte del nombre, simplemente al ponerlo en mayúsculas como Espíritu Santo.

El culto a la Virgen de la Naturaleza, el principio de la fecundidad natural presente en casi todas las religiones del mundo antiguo, Isis para los egipcios, que seguía siendo virgen pese a haber dado a luz a todas las cosas vivas, el cristianismo lo metamorfoseó en el culto a la Virgen María, casi divinizando su figura como madre de Dios.

La festividad del 25 de diciembre, cumpleaños del dios Sol de los páganos y dios Mitra para los persas, naciendo en una gruta, se transformó en el nacimiento del niño Jesús, naciendo en un establo, con la visita de los reyes magos que eran para los astrónomos persas, las tres estrellas que forman el cinturón de Orión.

Conforme las estructuras jerárquicas iban cogiendo más poder, más se limitaba la interpretación y el don de profecía, relegando la interpretación únicamente a los maestros y obispos. Al bloquear la expresión de la inspiración espiritual a través de la profecía, las ense-ñanzas cada vez tenían un menor componente carismático empezando a imponerse, más tarde incluso por la fuerza, la interpretación literalista de las escrituras. La interpretación literal era difícilmente discutible e ideal para imponer una teología que dominara al pueblo. Este hecho fue visto muy claramente por el emperador Constantino que utilizó el nuevo cristianismo literal para mantener el Imperio Romano unido con una única Fe.

Cuando el poder se unió a la Iglesia se impusieron normas, dogmas y creencias nuevas y lo que es peor, se persiguieron prácticamente al resto de interpretaciones como herejías.

La tercera revelación


El espiritismo, la tercera revelación, nos puede dar mucha luz al respecto de la historia del cristianismo.

Hemos comentado que la llegada del Reino de Dios para los judíos del siglo I consistiría en dos fases. La primera, material llena de abundancia que puede ser comparada con el concepto espírita de mundo de regeneración, donde el bien predomina sobre el mal y la dicha sobre el dolor todavía aquí en la Tierra en una nueva fase evolutiva. La segunda fase, espiritual, que llega después del juicio final, podría compararse con la transformación en un mundo feliz, donde "el cuerpo carece de la materialidad terrestre", el mal ha sido completamente apartado (de ahí un supuesto juicio final) y la vida es una oportunidad más de aprendizaje camino hacia el estado de espíritu puro.

Las enseñanzas que Jesús nos dejó como la Ley del Amor, la paternidad de Dios Padre, la proximidad del Reino de los Cielos, las múltiples moradas en la casa del Padre, la reencarnación renaciendo del agua y del espíritu como Elías en Juan Bautista, etc., son nuevamente recordadas, y por fin abiertamente explicadas a la humanidad, a través de la tercera Revelación, el Espiritismo o Doctrina Espírita codificada por Allan Kardec.

Las enseñanzas de Pablo sobre un cuerpo espiritualizado abandonado el cuerpo material tras la desencarnación, son verificadas por la Ciencia Espírita en sus estudios sobre el periespíritu.
El concepto judío de “rúaj hakódesh”, la inspiración divina, que Pablo transmitió como don de lenguas y profecía (1 Co 12,4-11), según la Ciencia Espírita, es la inspiración de Dios transmitida por los espíritus buenos (“spiritum bonum”) que nos asisten, a través de la facultad de la mediumnidad.
Tanto la diversidad de carismas (1 Co 12,4-11) como la multitud de fenómenos mediúmnicos de apariciones, materializaciones (Jesús por ejemplo, a veces se aparecía con un cuerpo tangible y otras intangible), curaciones y expulsión de espíritus obsesores que encontramos en las escrituras muestran el importante papel que tuvo la mediumnidad para fortalecer el conocimiento espiritual y la Fe en Jesús, e impulsar el crecimiento de los cristianismos primitivos (judaizantes, helenistas y gnósticos), casi inexplicable por otro medio, superando incluso años de persecuciones.

Con el importante impulso que la mediumnidad bien practicada da, en todos los tiempos, a la Fe razonada, parece completamente lógico pensar que, en los tiempos del cristianismo primitivo, conforme se fue prohibiendo su práctica, por las nuevas jerarquías de poder eclesiástico, se fue extinguiendo también la Fe razonada que se alimentaba viviendo personalmente los mismos fenómenos que habían presenciado los apóstoles con Jesús, apareciendo la imposición de creencias por la fuerza con nuevos dogmas que establecieron el principio de una nueva época donde la Fe ciega se impondría implacablemente hasta finales del siglo XIX y prácticamente hasta nuestros días…

…Pero no será así siempre, porque llegará el tiempo en que "...yo derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes tendrán visiones, y vuestros ancianos tendrán sueños. – En aquellos días, yo derramaré de mi Espíritu sobre mis servidores y sobre mis servidoras, y ellos profetizarán. (Hch 2, 17-18)" y la mediumnidad será común en la Tierra, pero no una mediumnidad desequilibrada, fruto de los errores pasados, sino una mediumnidad intuitiva y equilibrada, interconectándonos con el conocimiento espiritual que se derrama al entrar en unión con los mundos superiores en base a la gran Ley de Unidad que rige toda la Creación.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

sábado, 25 de agosto de 2018

Hijos del futuro

Hijos del futuro



Somos espíritus inmortales. Nuestro crecimiento, nuestra evolución anímica se pierde en la noche de las edades. No hemos solo  habitado este globo, cuyo inicio es mesurable y sabemos. Sino que nuestro psiquismo ha llevado una larga secuencia evolutiva que ignoramos. Nos hablan algunas comunicaciones de «los exiliados de Capela», aquel hipotético mundo en la constelación del Cochero o Boyero. Y cierto que nuestro inconsciente colectivo, nuestra mente primordial, en todas las culturas antiguas dejó constancia de un «paraíso perdido», o de «una edad de oro» y posterior degeneración de sus costumbres.

Allan Kardec nos habla de comunicaciones de espíritus que dejaron su impronta en la evolución cultural de la Tierra, como habitando en otros mundos más felices: más elevados en todos los sentidos. Estas personalidades que pasaron más penalidades que goces en nuestro querido planeta, de algún modo en su fuero íntimo, se sentían distintos a sus coetáneos; de ahí esa expresión tan usada «era un avanzado a su tiempo». Seguramente lo único que hacían era traer aquellos conocimientos vulgarizados en la esfera que le es propia, y aquí en este mundo inferior al suyo, dar un poco de luz para ayudarnos a avanzar. Estas pruebas para tales espíritus, pueden ser pedidas por ellos mismos para avanzar más rápido, como una especie de erasmus universitario; o bien ser aconsejadas por espíritus mentores, a sabiendas del beneficio que les puede proporcionar en su avance.
En esos mundos más elevados, la materia es menos grosera, por tanto la comunicación con el plano espiritual es más fluida, más habitual. Basta la concentración, mediante oración o meditación, para mantener una conversación de inteligencia a inteligencia.

Por eso al encarnar en globos inferiores inteligencias superiores, sentimos verdadero pábilo y en nada idolatramos, como si de entidades celestiales se tratara, a este nuevo Olimpo de genios en las ciencias o en las artes.

Sin embargo, la Tierra como otros tantos mundos en fase transitoria, son como una gran ciudad donde conviven habitantes de muy diversas procedencias. Siendo por tanto ocioso tratar de ver quién conserva más raíces, o quien es hijo de inmigrantes y está bien aclimatado ya a nuestras costumbres. La inmensa mayoría de nosotros, ya llevamos unos cuantos milenios en este globo, por lo que con derecho nos podemos llamar ciudadanos del mismo, y no añorar una hipotética patria perdida, de la cual ni recordamos el nombre. Ahí seríamos auténticos extraños.

Hoy comprobamos que los avances tecnológicos nos están cambiando el modo de percibir el mundo. A veces sentimos un estremecimiento y podemos aferrarnos a aquello que nos resultaba válido y útil antaño. Sin embargo, somos hijos del futuro, no del pasado. En las moradas espirituales se estudia lo que aquí ignoramos, y el mundo invisible colabora con el terrenal para el avance en todos los campos. Al volver ahí seguimos con nuestras tendencias, con aquellas costumbres que nos hacen sentirnos más cómodos, pero sin ignorar los nuevos avances. Nuestra memoria, libre del peso carnal, está nuevamente ligera, ávida de conocimientos. Pero nuestra alma, necesita aclimatarse. Pues los años en la materia, los condicionamientos mentales adquiridos, no se deshacen por arte de magia, ni es productivo violentarlos. Por ello, si queremos escribir en el mundo espiritual lo haremos a bolígrafo, con máquina de escribir o con ordenador, y nos sorprenderemos de ver a otros que siguen usando pluma y tintero, pues llevan más tiempo que nosotros en el mundo espiritual, aguardando poder encarnar.

Todo es inteligencia. Llegaremos a ser constructores de mundos. No estamos más que en los inicios parvularios de nuestra evolución anímica. Habiendo ya dejado atrás el período latente de embrión y los primeros balbuceos como neonatos. Por eso, cuando veamos despuntes de luz en personajes de épocas pasadas, pensemos en realidad en espíritus amigos que vinieron a traernos algo de otros mundos mejores, envueltos en las posibilidades que el manto de la época y las costumbres les permitieron. Espíritus cuya evolución de entonces muchos de nosotros todavía no hemos alcanzado, y por tanto nos maravillamos todavía con su sabiduría y quehacer. Y en cambio otros, son claros hijos de una época, inteligencias ancladas en el espíritu de su momento, obsoletos sus pensamientos, mera curiosidad histórica, como piezas de costumbrismo mental.

De estos últimos poco más que añadir, son nuestros propios pasos, nuestros ejercicios en cursos pasados, que nos hacen ver que vamos mejorando lentamente, pero de forma progresiva en conocimientos y en conciencia moral, y digo conciencia, pues en comportamiento todavía nos falta mucho.

En cambio los primeros, tenían otro factor a su favor, la facilidad con la que podían captar la influencia del mundo invisible. Apropiándose ideas que nacían de aquel sano dialogar entre la inteligencia encarnada y el guía desencarnado. No es para nada un secreto que Sócrates se quedara parado como en éxtasis muchas veces, y luego dijera que había estado hablando con su daimon. O que muchos artistas soñaran con imágenes y melodías, o sintieran como al oído le iban dictando o sugiriendo las bellas composiciones, que eufemísticamente atribuían a las musas, las cuales hasta tenían un nombre concreto según fuera el arte o ciencia inspirada.

La humanidad toda es una gran hermana espiritual, todos los mundos confluyen como múltiples ciudades que se coadyuvan en la evolución, aportando cada una la materia prima en la cual es más próspera. Pues el fin es el mismo, la evolución del alma, la elevación vibratoria de los mundos para captar las esferas felices y constructivas. Por eso, presente, pasado y futuro son una hermandad de tiempos, que solo cuando nuestra mente está desprendida de la fijeza de ideas ambientes, temerosa de los cambios, que nos envuelve, es capaz de vislumbrar lo bello del pasado para aprovecharlo en el presente y aspirar al futuro como una época de mayor comprensión, evolución y sabiduría. Ya sea en este mundo, ya sea en otros aptos a nuestras capacidades.

Jesús Gutiérrez Lucas

miércoles, 22 de agosto de 2018

Comentarios sobre mediumnidad

Comentarios sobre mediumnidad



Ciertas personas consideran, equivocadamente, la mediumnidad como un fenómeno de los tiempos modernos, cuando en realidad pertenece a todos los siglos y a todos los países.

Desde las edades más remotas han existido relaciones entre el mundo de los vivos y el de los espíritus. Si interrogamos a los vedas de la India, si observamos los templos del Egipto, los misterios de la Grecia, los recintos de piedra de la Galia, los libros sagrados de los grandes pueblos, en todas partes, en los documentos escritos, en los monumentos y en las tradiciones, encontraremos la afirmación de un hecho que ha subsistido a través de las vicisitudes de los tiempos, y este hecho es la creencia universal en las manifestaciones de las almas libertadas de sus cuerpos carnales. Veremos así, que estas manifestaciones están mezcladas de una manera estrecha y constante con la evolución de las razas humanas, a tal punto, que son inseparables de la historia de la humanidad.

Hemos comprobado que la mediumnidad siempre ha estado presente en la vida del hombre, porque es un atributo del género humano concedido por Dios. Sabemos que a pesar de estar dentro de nosotros no se desarrolla en todos. Está latente y solo algunos podrán sentir esta conexión con el mundo invisible, el mundo espiritual.

El Espiritismo, neologismo creado por Allan Kardec para diferenciarlo del espiritualismo, irrumpió en 1.857 a partir de la presentación en París de “El Libro de los Espíritus”, por lo que podemos apreciar que cuando se comenta “que se está haciendo Espiritismo” se está practicando la mediumnidad.

¿Qué es un médium? Esta es una pregunta que a veces puede ser planteada por personas que suelen no estar relacionadas con los temas desarrollados dentro del estudio de la Doctrina Espírita, o que inclusive conociéndola no lo tienen demasiado claro, y desearían que con la explicación de unas pocas palabras pudieran adquirir el conocimiento de algo tan complejo que todo ser humano posee en grados distintos, siendo éste un fenómeno psíquico de origen orgánico, pero con la manifestación espiritual.

El médium es una persona que tiene la capacidad de estar, de encontrarse entre dos mundo. El mundo de los Espíritus y el mundo físico. Es una especie de punto de ligación entre esas dos existencias de una única vida, que es la vida del espíritu.

Las bases de todos los servicios de intercambio entre los habitantes del mundo espiritual y los encarnados descansan en la mente. Así como las posibilidades de producir fenómenos naturales en el campo de la materia densa, llevados a cabo por entidades espirituales.

Es en el mundo mental donde se procesa la génesis de todos los trabajos de comunicación de espíritu a espíritu. Es necesario que comprendamos, repetimos, que nuestros pensamientos son fuerzas, imágenes, objetos, creaciones visibles y tangibles en el campo espiritual. Atraemos compañeros y recursos de conformidad con la naturaleza de nuestras vidas, de nuestras ideas, aspiraciones, invocaciones y llamadas.

Por ser energía viva el pensamiento, se mueve en torno a nosotros fuerzas sutiles, construyendo paisajes o formas, llamados “ideoplastías”, y crea centros magnéticos y ondas con los cuales emitimos nuestra actuación, o recibimos la actuación de otros.

Nuestro éxito o fracaso dependen de la persistencia o de la fe con que nos consagremos mentalmente a los objetivos que nos proponemos alcanzar. Semejante ley de reciprocidad impera en todos los acontecimientos de la vida.

Recordemos que el médium es un imán inimaginable que capta, atrayendo hacía sí, lo bueno y lo inferior de su entorno. Vigilancia continua es una de las obligaciones del buen médium para no verse sorprendido en su dedicación. Aquella con la que se comprometió en el plano espiritual cuando se programó una nueva reencarnación de su vida física.

Juan Miguel Fernández Muñoz
Asociación de Estudios Espíritas de Madrid


domingo, 19 de agosto de 2018

Dogmatismo + desilusión = abandono

Dogmatismo + desilusión = abandono



Encontramos entre las filas de los que se terminan alejando del Espiritismo, un perfil destacado que suele corresponderse con aquellos que entran de manera apasionada, lo viven visceralmente y, poco a poco, empiezan a "desinflarse" -innecesariamente - por la simple cuestión de no aceptar durante su iniciación que todos (espíritas o no) somos falibles, así como en determinados momentos incoherentes y/o ambiguos por natura... (¡ay, el viejo error de pensar que el Espiritismo es una escuela de santos!).

Este desencanto también surge entre aquellos que se conducen con exceso de exigencia y autoridad, pero no saben aceptar que convivir con opiniones diferentes a la suya es un elemento imprescindible del camino.

El desencanto es hijo directo de nuestro ego y/o de nuestras mal conducidas ilusiones...
Influidos por una personalidad autoritaria o aún inclinados al control de las conciencias ajenas (residuos de vidas pasadas vividas desde la ortodoxia religiosa), pasaron por alto que el Espiritismo es una invitación consoladora al estudio y al crecimiento personal, algo que se vive desde la naturalidad y no desde el celo que, a la larga, sólo lleva a la insatisfacción.

Dentro de las pruebas y experiencias que tengamos que vivir, el espiritismo es para ser más consciente... pero también para ser más felices, sentirnos más hermanados con la vida. No es un instrumento de negación de nuestra naturaleza ni azotador de conciencias.

Los que fueron por ahí adoctrinando (¿amenazando?) con el Umbral y los obsesores, sembrando críticas malsanas o intrigas, realmente, nunca fueron espíritas; entraron en el Espiritismo, pero éste no entró en ellos...

La propuesta de los espíritus superiores es de reflexión, progreso y esperanza, pero algunos (por su propia manera de ser), lo viven con tanta severidad y rigidez que terminan a un lado del camino, desilusionados y/o exhaustos a golpe de tanta exigencia...

Cuando se deja de ser espírita (si esto es realmente posible), es probable que, de alguna manera, siempre se sea simpatizante, pues cuando el Espiritismo entra en uno es complicado que salga sin dejar algún poso saludable y transformador.

Argumentar (aquellos que abandonaron sus filas) que el Espiritismo no les hizo bien es un pensamiento del todo errado: fueron ellos mismos que perdieron el norte por la errónea manera de conducirse y de tomarse las cosas... El Espiritismo jamás debe servir para proyectar nuestro personalismo ni se vive por convicción dogmática, sino por sed de conocimiento e inclinación hacia la fraternidad universal.

Hay tantos tipos de espíritas como diversidad de personalidades humanas. Pero, como mínimo, al espírita (auténtico), se le pide aceptación, capacidad de diálogo e inclinación a la tolerancia. Si vas por ahí con exigencias, censura y desconfianza...o terminas quemado o siendo un mal propagandista del ideal.

La prudencia, la sencillez y la naturalidad serán virtudes que mucho nos auxiliaran en el camino.
Si en tu trayectoria no has conquistado más serenidad, más tolerancia; haz un alto en el camino (es muy importante), y analiza tus pasos: algo no ha sido bien asimilado y precisa urgente revisión...

Juan Manuel Ruiz González

miércoles, 15 de agosto de 2018

El fluido cósmico universal

El fluido cósmico universal


Uno de los grandes misterios que la ciencia humana procura esclarecer es el de la existencia de una materia básica universal, capaz de servir de punto de partida para el origen de los elementos físicos conocidos.

En el siglo XIX, cuando comenzaron las manifestaciones de los Espíritus, estos revelaron una teoría donde explicaban de manera racional el origen de las cosas materiales y espirituales.
Según ellos nos transmitieron, el fluido universal es la materia básica fundamental de todo el Universo material y espiritual.

El Fluido Cósmico Universal, aunque desde cierto punto de vista, podría ser clasificado como elemento material se distingue de este por propiedades especiales.
Está colocado entre el Espíritu y la materia; es fluido, y susceptible, por sus innumerables combinaciones con la materia y bajo la acción del Espíritu, de producir la infinita variedad de las cosas.

Está sometido a las leyes inmutables que rigen el mundo. Gravedad, cohesión, afinidad, atracción, y magnetismo entre otras.

Las fuerzas que dirigen las metamorfosis de la materia producen movimientos vibratorios y ondulantes, denominados energía, que se expresa bajo forma radiante, luminosa, calorífica, sonora o electromagnética.

Si comúnmente los fluidos son sustancias en estado líquido o gaseoso, el espiritismo revela que existe materia en estados aún más etéreos y sutiles. Tales energías tienen su origen en el fluido universal.
Este es altamente influenciable por el pensamiento (que es una forma de energía), pudiéndose modificar y asumir formas y propiedades particulares.

“Sabemos que el fluido universal, o fluido cósmico  representa el estado más simple de la materia; su sutileza es tal que escapa a todo análisis. Y, no obstante, de ese fluido proceden, mediante condensaciones graduales, todos los cuerpos sólidos y pesados que constituyen la base de la materia terrestre.” ("En lo Invisible", León Denis ).

Los Espíritus nos dicen que este fluido cósmico o "plasma divino" es de esencia electromagnética, y llena todos los espacios, no existiendo el vacío en el universo. Por medio de él viajan las ondas del pensamiento, de la misma manera que las ondas sonoras se proyectan en la capa atmosférica.
Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas, por tanto, todo aquello que forma parte del universo es fruto de Dios.

La acción del Pensamiento Divino sobre el fluido universal dio origen a las nebulosas, a los sistemas estelares, a los planetas y a los astros. Es en esa materia fluídica donde el Creador materializa el plano existencial.

Para una mejor comprensión, se puede decir que ese principio elemental tiene dos estados distintos: el de la imponderabilidad o de eterización (estado normal primitivo), y el de la ponderabilidad o de materialización.

Lógicamente que entre estos dos estados existen muchísimas formas intermedias de transformación del fluido en materia tangible.

Al primer estado pertenecen los fenómenos del mundo invisible y al segundo los del mundo visible.
Como se encuentran en permanente contacto ambos mundos, se producen continuos fenómenos, aunque solo, podamos percibir los fenómenos psíquicos que pertenecen a la vida corporal cuando nos encontramos encarnados.

Los del dominio espiritual escapan a los sentidos materiales y sólo pueden ser percibidos en el estado de Espíritu.

Por lo tanto, el Fluido cósmico universal asume dos estados:

-Un estado material en el que el fluido mediante la manipulación de los espíritus se transforma en materia con la que se crean los planetas .

-Y un estado inmaterial o de eterización donde se encuentran el fluido de forma primitiva y que mediante la manipulación de los espíritus, el fluido cósmico universal sufre más transformaciones que en el estado tangible.

A este estado pertenece el mundo invisible (espiritual) y los fenómenos espirituales. Para los espíritus, este fluido es tangible, palpable y pueden realizar elaboraciones con él, al igual que los seres encarnados con sus materiales pero con procesos diferentes.

Fluido vital

Los Espíritus afirman que una de las modificaciones más importantes del fluido universal es el fluido vital. El movimiento continuo de los órganos da lugar a la producción de fluido vital.
Según nos dicen los Espíritus, la vida es el resultado de la acción de un agente sobre la materia. Ese agente es el fluido vital. Es el que da vida a todos los seres que lo absorben y asimilan.
La materia inorgánica se genera solamente de materia y la materia orgánica es creada de materia y fluido vital.
A este estado pertenece el mundo visible (físico), y los fenómenos materiales .
Cuando los seres orgánicos pierden la vitalidad, por causa de la muerte, la materia se descompone formando nuevos cuerpos y el fluido vital vuelve a la masa, al todo universal, para formar nuevas combinaciones en el Universo.
Cada ser tiene una cantidad de fluido vital, de acuerdo con sus necesidades, las variaciones dependen de una serie de factores. Allan Kardec nos instruye sobre el asunto en "El Libro de los Espíritus", pregunta 70:
"La cantidad de fluido vital no es la misma en todos los seres orgánicos; varía según las especies y no es constante en el mismo individuo, ni entre todos los individuos de una misma especie. Hay los que están, por así decir, saturados de fluido vital, mientras tanto, otros poseen apenas la cantidad suficiente. Es por esta razón que unos son más activos, más enérgicos que otros."
El hombre puede mantener el equilibrio de su salud a través de la alimentación, de la respiración del aire no contaminado y, por encima de eso, manteniendo una conducta mental sana.
El principio vital es la ley que rige la existencia del fluido vital.

Fluidos espirituales

Tanto el fluido vital como los fluidos espirituales, provienen del fluido universal (es decir, son modificaciones de este).

Los fluidos son el vehículo del pensamiento de los Espíritus, tanto encarnados como desencarnados.
Todos están sumergidos en el fluido cósmico universal, que es la sustancia básica de la Creación.
Los fluidos espirituales están impregnados de los pensamientos de los Espíritus, y, por lo tanto, varían de calidad hasta lo infinito. Según el desarrollo moral de estos.

La acción de los Espíritus sobre los fluidos espirituales tiene consecuencias de una importancia directa y capital para los encarnados. Desde el instante que esos fluidos son el vehículo del pensamiento, que el pensamiento puede modificar sus propiedades, es evidente que deben estar impregnados de cualidades buenas o malas de los pensamientos que los ponen en vibración, modificados por la pureza o por la impureza de los sentimientos.

La atmósfera fluídica está formada por la calidad de los pensamientos en ella predominantes.

Cuerpo fluídico


El periespíritu o cuerpo fluídico de los Espíritus, es uno de los más importantes productos del fluido cósmico; es una condensación de ese fluido en torno a un foco de inteligencia (el alma). En el periespíritu, la transformación molecular se opera de manera diferente, a la del organismo físico, por cuanto el fluido conserva su imponderabilidad y sus cualidades etéreas. Pero ambos son materia, aunque en dos estados diferentes.

Creo que por el momento nos basta con comprender cada uno de estos términos que, a modo de glosario he intentado definir de la forma más sencilla posible, puede que en un futuro sigamos avanzando para tratar de dar a entender lo que es la fluidoterapia.

Mientras tanto, recordemos que somos energía, que nuestro pensamiento es creador e intentemos que este sea lo más elevado posible, limpiándolo de orgullo y egoísmo. Intentemos cada día ser la mejor versión de nosotros mismos, para que no nos desviemos del camino del bien que es aquel que nos conducirá hasta Dios nuestro Padre que tanto nos ama.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 12 de agosto de 2018

El río que nos lleva

El río que nos lleva



Todos nuestros actos tienen una consecuencia y existe un orden en cada hecho y pensamientos de nuestra vida. Desde el más insignificante, hasta el más asombroso, a los ojos de Dios todo está regido por Leyes universales. En esta, algunos la llaman Ley de Causa y Efecto, otros Acción y Reacción. Lo cierto que por ser Ley universal es inamovible, cada efecto se relaciona con una causa, cada causa crea un efecto idéntico a sí misma.

Se necesita tener una gran comprensión de quienes somos, hacia donde vamos y qué seremos dependiendo nuestros actos actuales. Pocos creen que de verdad la vida te devuelve en el ahora, en el mañana, o en vidas sucesivas aquello que no gestionamos bien.

¿Quién de todos nosotros, tiene una verdadera superioridad moral? Esta superioridad se puede obtener poco a poco. Si los propósitos del hombre fuesen reconducir sus actos al mejor bien posible, en cada uno de sus días, se lograría tener un mejor mundo dónde vivir. Se necesita dominar nuestro orgullo, reprimir arrebatos, desear AMAR..., entre otros muchos factores.

Los hombres tergiversando todo a su paso, con el poder de su verdad, en un mundo poco serio, la figura de Dios quedo situada en un lugar lejano en los corazones de los hombres.

Sabemos que la intención noble y recta en nuestras oraciones, sean dónde sean, siempre llegaran a Dios. Pero la escasa moralidad que mueve a los hombres en los estudios y trabajos del bien, se desvirtúan accediendo a no comprender bien las enseñanzas de Jesús. No necesitamos lugares sagrados, ni Catedrales e Iglesias, Capilla o Ermitas, se necesita el recogimiento en uno mismo, un lugar tranquilo, y elevar nuestros pensamientos con el mayor sentimiento de Amor hacia Dios. Alabar su infinito AMOR, y su bondad por recibir nuestra plegaria, agradecerle todo lo que nos permite vivir, y pedirle con humildad lo que creemos que pueda mejorar nuestro paso por la Tierra.

Recordemos a Jesús, el exponente máximo de la máxima lealtad al señor Supremo. Nació en un lecho pobre, un establo. No necesitó de piedras preciosas, ni lugares majestuosos, le bastaba un árbol, una plaza o bien a pie de un río para divulgar la verdadera enseñanza de los evangelios. Ricos y pobres se le acercaban, enfermos y hombres fuertes le pedían ayuda, Él siempre fue justo entre los justos. Siempre fue fiel a sus palabras, ayudó con su caridad infinita, sin juzgar a todo lo que en su camino se encontraba.

La Doctrina espírita nos muestra y enseña que lo que en cada incidencia o problema de nuestra vida deberíamos hacer es, tan sencillo y simple como preguntarnos qué haría Jesús en esa misma situación.

Recordad que el río que nos lleva hacía él, va en un único sentido, como el agua que corre montañas abajo, el recorrido es el que es, no podría ser a la inversa. Las leyes impuestas por Dios en nuestra naturaleza están para cumplirse, en todo, y en todo momento. Así como las nubes formadas por la vaporización solar vuelven a caer fatalmente en forma de lluvia sobre el suelo, así las consecuencias de los actos cumplidos vuelven a caer sobre sus autores. Cada uno de esos actos, cada uno de nuestros pensamientos, según la fuerza de impulsión que se le imprime, cumple su evolución para volver a sus efectos, buenos o malos, hacia el origen de dónde ha salido. De este modo las penas y las recompensas se reparten entre los individuos por el juego natural de las cosas. Ley Causa y Efecto, o Ley de Acción Reacción.

Cada uno de los hombres debería, hora tras hora, tomar conciencia de quienes somos, a que hemos venido y que se espera de nosotros. Cada uno de nosotros debería tomar examen a su grado de paciencia y servicio, de caridad y benevolencia, de perdón y fe viva, de buen ánimo y comprensión. Y lo más importante, Jesús en ese río que nos lleva hacia Él. Dejó sus mejores enseñanzas, y todos debemos apreciar su regalo tan sublime, y en ese agradecimiento saber que las leyes que rigen el universo son muchas, y entre ellas la Ley del Amor es el manantial inagotable, es una fuente que cuanto más haces uso de ella, más tiene para seguir dando.

El río que nos lleva a la evolución de nuestro perfeccionamiento son los actos y enseñanzas del Maestro. Recibe, entonces, a los parientes difíciles y a los amigos complejos, a los adversarios gratuitos y los hermanos desafortunados, tanto como a aquellos que te apedrean y hieren, que te persiguen y calumnian, como examinadores constantes de tu aprovechamiento en lo relativo a las ciencias del alma, como instructores en la lucha cotidiana… Solo así trabajaras para el prójimo, en Recuerdo a Jesús en la cruz, que toleró la ironía y las agresiones tan duras, amando y pidiendo por quién le agredía e insultaba. Recordando sus palabras que nos decían “Conserva la serenidad en el banco de las pruebas en las que te encuentras y aprende a valorar, para tu propio bien, el poder de la humildad y la fuerza de la compasión”.

Por lo tanto, no permitas que el reposo excesivo anule tu divina oportunidad, de trabajo en el bien y caridad hacia el prójimo. Si un obstáculo te disgusta, trabaja y sirve, que la dificultad se convertirá en lección. Y recuerda que en el trabajo con el cual puedas hacer lo mejor para los demás, hallarás el recibo de pago del pasado, las realizaciones del presente y los créditos del futuro. Además, por medio de él conquistarás el respeto de quienes te rodean, la riqueza de la experiencia, los galardones de las culturas, la solución para el tedio, el socorro para todas las dificultades.

Y lo más importante, es que el río que te lleva, te conduce a través de la Doctrina Espírita a bucear por las aguas limpias y cristalinas de un mar relajado, dentro de un océano en constante movimiento, lleno de oportunidades en la evolución a tu perfeccionamiento.

Susana Herrero Gázquez
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

miércoles, 2 de mayo de 2018

El problema de la obsesión

El problema de la obsesión



El problema de la obsesión espiritual acompaña al ser humano desde el principio de los tiempos, al igual que la mediumnidad, que es el mecanismo en el cual se basa a través de los fenómenos de afinidad y sintonía.

La obsesión espiritual, a diferencia de la obsesión psicológica o auto-obsesión, no se inicia en un desajuste psicológico como la neurosis o la psicosis, aunque estos puedan presentarse como graves consecuencias en procesos de largo recorrido, sino en un problema únicamente de ámbito espiritual. De todas las ciencias y doctrinas de la Tierra, únicamente el Espiritismo trata la obsesión espiritual de forma abierta y con mente racional, eliminando mitos y supersticiones del pasado.

Según "El Libro de los Médiums", en el cap. XXIII, ítem 237, la obsesión es "el dominio que algunos Espíritus ejercen sobre ciertas personas. Se produce exclusivamente a través de Espíritus inferiores, que pretenden dominar, pues los Espíritus buenos no imponen ninguna coacción". "El Evangelio según el Espiritismo", cap. XVIII ítem 81 lo define como "la acción persistente que un Espíritu malo ejerce sobre un encarnado. Presenta características que van, desde la simple influencia moral – sin signos exteriores perceptibles – hasta la perturbación completa del organismo y de las facultades mentales.” Aprovechando los defectos morales, los espíritus inferiores cercan la voluntad del individuo intentando doblegarla. En función del grado de dominación así será la naturaleza de los efectos producidos, clasificados en "El Libro de los Médiums" como obsesión simple, fascinación y subyugación. De esta forma, según comenta "La Genesis", cap. XIV, ítem 45, la obsesión: “Presenta caracteres muy diversos, que van desde la simple influencia moral sin signos exteriores sensibles, hasta la perturbación completa del organismo y de las facultades mentales."

Los espíritus inferiores pueden tener distintas motivaciones en la obsesión. Los mecanismos de afinidad y sintonía implican que para que exista el fenómeno de la obsesión, ambos, obsesado y obsesor sean "compatibles". Las motivaciones del obsesor deben tener relación con las imperfecciones morales del obsesado para que por afinidad se aproximen uno al otro y por sintonía entren en relación. Las motivaciones del obsesor pueden ser muy variadas:

-Espíritu que no tiene donde ir y encuentra sintonía y reconforto con el obsesado. En su compañía no se encuentra solo.

-Familiar recién desencarnado que no se resiste a la separación de un ser querido y no quiere separarse de él o bien, familiar encarnado que no deja de pensar en el desencarnado, atrapándolo a través de su pensamiento, atrayéndole hacia él.

- spíritus compañeros de fechorías en el pasado que no quieren que el obsesado progrese, ni se separe moralmente de ellos.

-Espíritus que sufren por su problema de adicción se vinculan a incautos que tienen el mismo vicio entrando en sintonía y compartiendo los mismos fluidos, que ingeridos por el obsesado son también absorbidos por el obsesor mientras vibran con sensaciones al unísono en perfecta simbiosis.

-Víctimas del pasado intentan vengarse desde el plano espiritual cuando identifican a sus verdugos en el plano físico. Los sentimientos de venganza y odio conectan las mentes infelices predisponiéndolos a la obsesión a veces durante muchas vidas, intercambiando sus papeles una y otra vez hasta alcanzar el perdón mutuo.

-Espíritus ambiciosos pretenden mantener el poder que ostentaron mientras vivían encarnados.

-Espíritus organizados con dedicación completa hacia el mal, trabajando para evitar que la luz triunfe. Sufren más, por envidia, cuanto mayor es el progreso moral de la humanidad e intentan evitarlo.

Obsesión simple

La obsesión simple no solamente es un tipo de obsesión, es además el primer peldaño hacia los siguientes estados obsesivos.

Para el médium se muestra cuando "un Espíritu dañino se impone a un médium, se entromete contra su voluntad en las comunicaciones que recibe, le impide comunicarse con otros Espíritus y sustituye a los que son evocados" (ítem. 238 de “El Libro de los Médium”). Se caracteriza por la tenacidad de un espíritu del que es difícil desembarazarse.

En la obsesión simple, ser médium es, en cierta forma, una ventaja puesto que le da la oportunidad de detectar el problema antes de que las consecuencias sean de gravedad. Cuando el médium se da cuenta, el espíritu obsesor "no se oculta ni disimula en manera alguna sus malas intenciones y su deseo de contrariarlo. El médium reconoce el engaño sin dificultad y, como se mantiene en guardia, rara vez cae en la trampa." (ítem. 238 de “El Libro de los Médium”)

Cuando el obsesado no es médium ostensible, detectar la obsesión simple es mucho más complicado porque se confunde con los problemas del propio psiquismo, agravándolos. El espíritu obsesor aprovecha toda brecha moral para entrar sintonía con la mente del obsesado mediante la sugestión mental, puesto que todos somos médiums de inspiración. Por ella recibimos las inspiraciones de los espíritus con los que entramos en sintonía, buenos o malos. Un espíritu bueno siempre nos dará una influencia buena sin privarnos de libertad de elección. Sin embargo, un espíritu malo siempre aprovechará nuestras debilidades para amplificarlas o recordárnoslas y abrirse paso en nuestro psiquismo. Utilizan el material que ya se encuentra en nosotros mismos, nuestros deseos, vicios y apegos. Cada vez que aceptamos un pensamiento sugerido estamos allanando el camino al siguiente, de forma que cada vez el lazo que tiende el obsesor se estrecha oprimiendo la voluntad y agravando las consecuencias de la obsesión, llevándola a otro nivel, el de la fascinación o subyugación.

La obsesión simple surge como idea fija que no podemos eliminar fácilmente de la mente relacionada con la satisfacción de una necesidad, deseo o preocupación. Se vuelve más poderosa cuanto mayor es el miedo. La idea ya se encontraba en nosotros, el obsesor la recoge y la proyecta constantemente sobre el obsesado.

La idea perturbadora estresa al obsesado consumiendo sus fuerzas mentales. El obsesor le envuelve en fluidos negativos afectando al sistema nervioso y su salud, además de absorber las energías limpias que se pongan a su alcance, entrando en un proceso obsesivo cada vez más profundo, llegando a la neurosis.

Lo que empezó como una obsesión simple común y fácil de tratar, progresó hasta una obsesión cada vez más compleja, de camino a la fascinación y subyugación.

Durante la obsesión simple el obsesado todavía tiene la capacidad de darse cuenta de que semejantes pensamientos son exagerados y externos a él. Está de acuerdo en el origen, pero no en lo que se ha convertido su pensamiento, aunque le cuesta una gran voluntad desembarazarse de ello.

Quizás el límite con el siguiente nivel, la fascinación, empieza cuando deja de ser capaz de darse cuenta de que la influencia es externa y empieza a creer ciegamente que todo es real.

La fascinación

Cuando la obsesión simple se perpetúa en el tiempo, el espíritu envuelve al obsesado de una forma más íntima de forma que le producirá ilusiones y alucinaciones que progresivamente irán paralizando su raciocinio y terminará por creer ciegamente.

La idea fija que empezó en la obsesión simple, es ahora envuelta de alucinaciones, ilusiones o embelesamiento eliminando toda resistencia mental del obsesado instaurando su alienación y posteriormente la psicosis.

En este estado el médium podrá escribir cosas absurdas de las que confía plenamente, se apartará de los que le recomienden que dude de ellas y probablemente rehusará toda ayuda, no viéndose necesitado de ella, sintiéndose especial y excitado en su orgullo al sentirse un canal de los espíritus superiores, en base a las comunicaciones que recibe, consejos que escucha, etc.

En el obsesado que no sea médium ostensible la fascinación será muy difícil de detectar ya que sus alucinaciones se confundirán con problemas psicológicos, neurosis en las primeras etapas de obsesión simple y psicosis en la siguiente etapa de fascinación.

Richard Simonetti, en su libro "¿Quién tiene miedo a la obsesión?" nos habla de la obsesión simple y la fascinación como causantes de neurosis y psicosis, pero no al revés, afirmando lo siguiente:

-"En la obsesión simple el obsesado sabe que está equivocado en los absurdos en los que incurre. En la fascinación él no tiene ninguna duda de que está absolutamente en lo cierto."

-"La víctima de la obsesión simple se sitúa en una neurosis. Neurótico es aquel ciudadano dominado por insuperables preocupaciones."

El obsesado, en cierta forma, sabe que esas preocupaciones no son reales, aunque no puede dejar de pensar en la posibilidad de que sean reales.

-"Psicótico es aquel individuo que no tiene ninguna duda (sobre sus alucinaciones)... se apartó de la realidad."

El obsesado con fascinación cumple plenamente con la afirmación de psicótico. Lo contrario no siempre es cierto puesto que el problema psicótico no tiene porqué venir de una fascinación, al ser un problema más complejo.

La subyugación

La subyugación corresponde a un grado más avanzado de obsesión que la fascinación, donde a veces el constreñimiento del obsesado es tan fuerte que llega a anular completamente la voluntad del obsesado.

La subyugación puede ser moral o material. En la subyugación moral el subyugado se ve obligado a realizar actos ridículos por encima de su voluntad, dándose cuenta plenamente y sufriendo íntimamente por todo ello. En la subyugación física, el obsesor toma el control total de parte de los músculos obligándole a realizar acciones o movimientos en contra de su voluntad que le originan accidentes y problemas físicos, como es accidentarse por retirar la mano de un apoyo en determinado momento para producirle una fuerte caída, etc.

Así como la fascinación es el proceso más difícil de tratar ya que dispone del pleno beneplácito del obsesado, progresando a la subyugación, puede volver la capacidad de raciocinio a su conciencia siempre a través del dolor que le provoca el nuevo estado de subyugación. Cuando los efectos de la subyugación son evidentes la fascinación empieza a ceder conforme el obsesado se da cuenta de que ya no es dueño de su voluntad y que está siendo utilizado. Es el momento en que puede reanudar su lucha por recuperar su libertad.

En este punto hay dos factores claves que le capacitarán para recuperarse: la resistencia física y la resistencia mental.

En individuos con escasa resistencia física, puede ocurrir que su estado de salud se haya debilitado excesivamente en las etapas anteriores de la obsesión, no quedándole fuerzas físicas para la lucha, precipitándose lentamente hacia la desencarnación.

Disponer de una buena constitución física y haber cuidado previamente el cuerpo físico, habiendo llevado hábitos saludables y rebosando de energía saludable a través del ejercicio físico, es una importante ayuda a la hora de resistir físicamente largos procesos de subyugación donde el robo de energías vitales por parte del obsesor debilitarán la resistencia del cuerpo físico incrementado sus dolencias y generando otras nuevas que ya estaban en germen, llegando incluso a producirle ataques epilépticos y otras crisis, que continuarán mermando la salud más aún.

La resistencia mental, ayudado por la resistencia física, determinará las posibilidades de recuperar la voluntad y la cordura, siempre y cuando sea asistido por una buena terapia desobsesiva.
En el pasado, cuando los tratamientos psiquiátricos eran altamente invasivos, las secuelas eran irreversibles y los éxitos ridículos. En la actualidad la psiquiatría bien orientada puede ser de gran ayuda para mitigar el sufrimiento del paciente siempre que le deje la suficiente luz vibrando en su conciencia. Cualquier medida que anule totalmente la conciencia del paciente no le permitirá trabajar por su liberación mental.

Desprendimiento durante el sueño

La obsesión es una presión constante sobre el espíritu incluso cuando el cuerpo duerme, pero el alma se libera durante el sueño.
Al entrar en sueño profundo, el alma se desprende y va a los lugares donde es atraída por afinidad rodeándose de las compañías correspondientes al mismo nivel vibratorio. Cuando son inferiores, entre dichas compañías, se encuentran sus obsesores que continuarán el trabajo diurno con nuevas sugestiones e ideas de espíritu a espíritu, intentando ganar, además, su confianza en vistas de alcanzar niveles cada vez más profundos de sugestión de camino a la fascinación y la subyugación.
Las influencias recibidas durante el desprendimiento del sueño, dejarán al despertar, cuando la influencia fue negativa, sentimientos de desánimo, indignación que favorecerán la obsesión. Sin embargo, el mismo mecanismo está al servicio del bien, cuando durante la noche aprovechamos el tiempo y nos reunimos con nuestros guías y empleamos el tiempo hacia el bien, despertándonos a la mañana siguientes, reconfortados, con buen ánimo, llenos de esperanza e ilusión, gracias a su influencia positiva. Por todo ello es tan necesario alcanzar el mejor estado vibratorio al irnos a dormir, con oración, lecturas edificantes e incluso pidiendo protección a los Espíritus superiores.

Terapia Obsesión

La terapia de la obsesión debe tener carácter integral englobando tanto aspectos personales como familiares. La familia puede ser un gran apoyo que rodea frecuentemente al obsesado, donde puede encontrar un bastión donde defenderse y encontrarse mejor, a través de la práctica del Evangelio en el hogar, manteniendo y cultivando el ambiente fluídico apropiado que sirva en buena medida de protección.

En la terapia de la obsesión se pueden diferenciar, como principales trabajos, el trabajo con el obsesado y el trabajo con el obsesor.

Para el trabajo con el obsesor no siempre se tiene disponible un grupo mediúmnico bien preparado y accesible, pero eso no quita que tengamos que abandonarlo, el propio obsesado puede realizar cierto trabajo con él, teniendo en cuenta sobre todo que el vínculo con el obsesor es bidireccional. Visto desde este punto de vista, conforme va moralizándose el obsesado, el obsesor recibe también la influencia, lo que le obliga en los casos más endurecidos a tener que abandonar al obsesado en los periodos de oración y estudio si no quiere ver peligrar su voluntad hacia el mal, lo que le permite al obsesado disfrutar de momentos de menor presión espiritual. Para intentar evitar que el obsesado saque provecho de esos momentos, el obsesor le inunda de energías viciadas que le causen malestar y disminuyan su voluntad.  Por ello es importantísimo recibir tratamiento de fluidoterapia, como los pases del centro u otros específicos para ayudar en el tema.

Desde ese momento, tenemos que empezar a ver al obsesor como un compañero al que también hay que ayudar. Empezando a enviarle amor y buenos sentimientos junto a la terapia fluídica que también le beneficia, podrá también empezar a cambiar. Primero se sentirá desconcertado y enfadado, pero si somos constantes, los beneficios del estudio, pases, irradiaciones y buenos sentimientos harán huella en él y se le empezará a ablandar el corazón disminuyendo la presión sobre el obsesado. Llegará el momento en que ya no se aleje en los momentos de estudio mostrando interés y desconcierto. En ese momento habremos llegado a la recta final de la obsesión porque habremos preparado la recuperación de ambos.

Existen casos de obsesión donde esta lleva implícito un bien, una enseñanza o una reparación (expiación) y hay que tener cuidado en no cortarla antes de tiempo.

Mientras las condiciones morales del obsesado no cambien, rescatar sólo al obsesor no le será de ayuda porque al poco tiempo dispondrá de otro espíritu obsesor de recambio, pues son sus condiciones morales las que los atraen por afinidad y sintonía, hasta la extenuación de todos los recursos de ayuda externa.

En la terapia espírita hacia el obsesado, lo más importante es atender el aspecto moral, como aspecto fundamental para modificar la afinidad y sintonía, elevándonos para acercándonos a los buenos espíritus rompiendo los lazos con el mundo espiritual inferior.

Cuando el proceso obsesivo es de carácter expiatorio, tenemos que tener en cuenta que será necesario armarse de mucha paciencia y centrarse en la máxima “…el amor cubre multitud de pecados” (1 Pedro 4:8). De esa forma primero irá saldando las cuentas de su conciencia interna y poco a poco perdiendo la sintonía con los espíritus que le atormentan, en un largo proceso de renovación interior.

La terapia Espírita de la obsesión es por tanto un conjunto de medidas orientadas hacia el obsesado:

-Asistencia semanal a clases de estudio del Evangelio y de la Doctrina Espírita.

-Evangelio en el hogar diario con todos los miembros de la familia.

-Estudio diario del libro de "El Libro de los Espíritus" o de "El Libro de los Médium".

-Oración sentida tres veces al día y en cualquier momento en que se perciba la influencia externa.

-Mantener pensamientos positivos apartando de la mente todo lo negativo sin juzgarlo ni sentirnos culpables por ello. No permitir sentimientos de miedo, culpa o remordimiento que disminuyan la vibración.

-Abandonar todo sentimiento negativo hacia el obsesor y progresivamente mejorar los sentimientos hacia él con el deseo sincero de ayudarlo en lo posible. Verlo como un compañero que también está enfermo y con el que tenemos que convivir temporalmente.

-No juzgar a lo demás para no desequilibrarnos. Los demás también tienen sus influencias externas y si nos ponemos a su alcance sin duda aprovecharán esta vía. Cuando el obsesado se protege íntimamente, debe prepararse para el ataque desde fuera, desde las personas y cosas que le importan como los familiares, el trabajo o los amigos.

-Obligarse a realizar actos de caridad periódicamente apuntándose a organizaciones de ayuda, visita a enfermos, comedores sociales, etc.

-Voluntad firme en estos propósitos, releyéndolos periódicamente para no perder el convencimiento de su necesidad y no dejarse embargar por la pereza.

-Elevar la autoestima como medida necesaria para adquirir y conservar energías, no derrochándolas en pensamientos negativos que disminuyen la vibración y facilita el robo de dichas energías.

-Vigilancia y disciplina. El pensamiento es la puerta por donde entra toda influencia externa, llegando al sentimiento a través de él. Cuando nos sintamos de cierta forma, preguntémonos qué pensamientos nos llevaron a ver el tema así, buscando el remedio para retornar al equilibrio.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"