martes, 4 de junio de 2019

Cervantes y el licenciado Torralba

Cervantes y el licenciado Torralba



Nos deja caer Cervantes en el capítulo XLI de la segunda parte de su inmortal Don Quijote de la Mancha, el nombre del licenciado Torralba, así como de pasada y como quién no dice nada. Ya que, si hablamos de Amadíses y demás caballeros imaginarios de la andante caballería, cómo no nombrar al no menos imaginario doctor Eugenio de Torralba (1485-1531) -hombre real y nada ficticio-, sin que por ello ocurra nada, ni la censura se haga cargo de expurgar dicho pasaje.

Y es que nuestro admirado escritor, como humanista que era, habiendo bebido en su juventud toda la grandeza que en Italia bullía durante el Cinquecento, hacía honor a la frase de Terencio «nada de lo humano me es indiferente». Y por tanto era conocedor de las llamadas «artes ocultas», tales como la astrología y nigromancia, entre otras. Cosa que no es de extrañar: la astrología era considerada una de las más altas ciencias hasta la irrupción de Galileo, Kepler y demás astrónomos, que impulsaron el método científico para su estudio; dejando que otras cualidades –muy apreciadas entonces- que se suponía afectaban psicológicamente a las personas, fueran cayendo poco a poco en descrédito.
Sobre la nigromancia, que según el DRAE es: 1. Procedimiento adivinatorio que consiste en predecir el futuro por medio de la invocación a los espíritus de los muertos. 2. Conjunto de conocimientos y prácticas que intentan conjurar y someter los malos espíritus y las fuerzas maléficas ocultas para causar daño a los demás.

Podríamos decir que la astrología es a la astronomía, lo que la nigromancia es al espiritismo. Puesto que el espiritismo adopta el método científico al estudio de las comunicaciones con el mundo espiritual; cosa de la que carecía la nigromancia, más al servicio de las opiniones de las autoridades o eruditos en la materia, o al buen (o mal) hacer del nigromante. Y es que al igual que siempre hubieron astros, siempre ha habido espíritus. Lo que ha variado es el modo de estudiar lo que llamamos leyes naturales: leyes que siempre han existido y que el esfuerzo de la mente humana trata de categorizar e investigar para mejor comprenderlas.

Otra diferencia capital, es el espíritu objetivo del espiritismo, en donde el médium es solo un intermediario, y no posee ningún tipo de poder especial, sino que tiene una facultad lo suficientemente desarrollada para poder servir de intermediario. Para el espiritismo todos somos médiums, pues todos somos almas encarnadas y sentimos de un modo u otro la influencia del plano espiritual, pero llamamos médiums facultativos a aquellos que poseen las condiciones adecuadas para que esta sea ostensiva y no algo meramente puntual.

***

Cervantes en sus obras deja traslucir sus conocimientos sobre las artes esotéricas, bien para burlarse de la credulidad del pueblo, bien dejando entrever un no sé qué de duda razonable. Una clara burla acaece en su novela ejemplar "El casamiento fingido (El coloquio de los perros)", donde uno de los protagonistas, el perro Berganza –que posee razón y discernimiento humano-, es confundido por la bruja Cañizares como el hijo de la Montiela que había sido transformado en perro por la bruja Camacha. Mientras la Cañizares hace un ritual, en el que desnuda, se unta de un potingue hecho a base de hierbas y cae en un estado de sueño místico; el bueno de Berganza la coge de un pie y arrastrándola la saca al patio del pueblo. Al amanecer se monta una buena trifulca, siendo la escena entre grotesca y cómica, quedando llena de escarnio la bruja.

Pero en otras partes se muestra más sutil Cervantes, y no se ve tal atisbo de burla. Por ejemplo en un pasaje de La Galatea (1585) donde una pastora viendo incumplida la promesa de su casamiento amenaza así a su burlador:

Cúmpleme señor, la que me diste si te precias de caballero, y no te desprecias de cristiano. Mira que si no correspondes a lo que me debes, que rogaré al Cielo que te castigue, al fuego que te consuma, al aire que te falte, al agua que te anegue, a la tierra que no te sufra, y a mis parientes que me venguen. Mira que si me faltas a la obligación que me tienes, que has de tener en mí una perpetua turbadora de tus gustos en cuanto la vida me durare, y aun después de muerta, si ser pudiere, con continuas sombras espantaré tu fementido espíritu, y con espantosas visiones atormentaré tus engañadores ojos.
O en la obra dramática El Trato de Argel donde las figuras alegóricas de la Ocasión y la Necesidad hacen la función de auténticos obsesores del plano espiritual, induciendo al protagonista a tomar malas resoluciones.

O el capítulo XLVIII de la segunda parte del inmortal Don Quijote, cuando viendo este entrar a la dueña Rodríguez y creyendo que es un fantasma, así le dice:

Conjúrote, fantasma, o lo que eres, que me digas quién eres y que me digas qué es lo que de mí quieres. Si eres alma en pena, dímelo, que yo haré por ti todo cuanto mis fuerzas alcanzaren, porque soy católico cristiano y amigo de hacer bien a todo el mundo, que para esto tomé la orden de la caballería andante que profeso, cuyo ejercicio aun hasta a hacer bien a las ánimas de purgatorio se extiende.

Aquí se aprecia la creencia secular de los espíritus necesitados de ayuda, que en la teología cristiano-católica penan en el purgatorio necesitados de oraciones. Y que para los espíritas, son los espíritus que al dejar el cuerpo humano se encuentran en el umbral o en el plano más físico, sin saber cómo elevarse y llegar a las moradas espirituales. Estando necesitados de ayuda y orientación.
Y en tantos otros lugares que nos sería forzoso alargarnos más de la cuenta.

***

Pues bien, llegamos al capítulo que nos importa. En el capítulo que mencionábamos al inicio, don Quijote y Sancho son huéspedes de un duque y duquesa, cuyos nombres no son nunca revelados. Estos no cejan de burlarse de ambos, y en la burla actual hablan del caballo Clavileño. Famoso caballo de madera, que vuela cual Pegaso, sin apenas hacerse notar su movimiento –obvio, pues no se mueve del sitio-. Y para viajar en él es menester vendarse los ojos. Durante la fantástica travesía, en la que caballero y escudero van sentados sobre Clavileño: los sirvientes de los duques hacen con fuelles falso viento, para hacerles creer que vuelan; o les acercan antorchas para que crean que se acercan a la esfera de fuego (la solar). Mientras que nuestro entrañable caballero, aguerrido y lanza en ristre, mantiene el continente lo mejor que puede, Sancho miedoso va aferrado a él con fuerza. En el ínterin, para calmarlo don Quijote, menta el caso Eugenio Torralba, por parecerle similar al que están pasando, y lo hace del siguiente modo:

«Verdadero cuento del licenciado Torralba, a quien llevaron los diablos en volandas por el aire, caballero en una caña, cerrados los ojos, y en doce horas llegó a Roma y se apeó en Torre de Nona, que es una calle de la ciudad, y vio todo el fracaso y asalto y muerte de Borbón, y por la mañana ya estaba de vuelta en Madrid, donde dio cuenta de todo lo que había visto; el cual asimismo dijo que cuando iba por el aire le mandó el diablo que abriese los ojos, y los abrió y se vio tan cerca, a su parecer, del cuerpo de la luna, que la pudiera asir con la mano y que no osó mirar a la Tierra, por no desvanecerse».

Si le quitamos la cáscara al envoltorio, podemos pensar de un modo espírita: que en realidad Torralba quedó dormido y pudo hacer un viaje astral y ver con la doble vista aquello que en Roma estaba sucediendo (1). Como se ve, se menciona la noche, lo cual nos parece sugerente para mantener nuestra hipótesis. Este caso nos recuerda al de Swendenborg que vio cómo ardía Estocolmo estando él a más de 40 km del lugar, siendo tal detalle comentado, entre otros, por el ilustre filósofo Immanuel Kant.

Eugenio Torralba fue un filósofo, médico y estudioso de las ciencias ocultas. Conoció a un clérigo nigromante que le «cedió» a Zaquiel, un espíritu para que velara por él. Salvando las distancias podemos hablar de un espíritu amigo o daimon socrático, por tanto Torralba sería médium vidente y dicho clérigo le ayudaría a interpretar y desarrollar su mediumnidad. Según nuestra opinión.
Aporta abundante información Caro Baroja (1992), en su obra Vidas mágicas e Inquisición, sobre el doctor Torralba:

«Entre sus capacidades más sorprendentes estaba la de poder comunicar, antes, durante e inmediatamente después de que tuviesen lugar, las noticias más importantes que, entre 1510 y 1527 se produjeron en Italia, Francia y España. Efectivamente, de las declaraciones de Torralba se infiere que, gracias al aviso de Zaquiel, el 30 de agosto de 1510, días antes de que llegasen las noticias a la corte, él anunció al Gran Capitán y al Cardenal Cisneros la derrota de los Gelves. Durante una estancia en Roma, Torralba fue también avisado por Zaquiel de la muerte del rey Fernando el Católico en 1516. Gracias a él, también el duque de Béjar fue avisado del alzamiento de las comunidades en 1519. Aunque el suceso sin duda más célebre protagonizado por Torralba y su sirviente diabólico fue el que tuvo lugar en la noche del 6 de mayo de 1527, cuando Zaquiel condujo a su amo por los aires desde Valladolid hasta Roma, le permitió contemplar el sangriento saqueo de la Ciudad Santa, antes de conducirle de vuelta a España para que diese noticia inmediata del hecho.
Y a continuación Caro Baroja nos explica cómo fue su final:

Poco después de aquella pretendida hazaña, a mediados de 1527, Torralba fue delatado ante el tribunal del Santo Oficio de Cuenca por un antiguo amigo suyo, don Diego de Zúñiga. A finales de ese año o a comienzos del siguiente fue encarcelado, y compareció el 10 de enero de 1528 ante el inquisidor doctor Ruesta. Cuando a finales de ese año recibió tormento, renegó del diablo Zaquiel, al que hasta entonces había tenido por espíritu bueno. En 1530 hizo otra retractación, y en marzo de 1531 fue admitido a reconciliación y conminado a que dejara de comunicarse para siempre con Zaquiel. A partir de entonces desaparece todo tipo de dato histórico sobre su vida, aunque algunas fuentes lo dieron por excarcelado y practicante durante años de su oficio médico».

Desde un conocimiento espírita, vemos como este Zaquiel seguramente sería un espíritu amigo o guía. La facultad de la videncia a distancia (o vista espiritual) y la precognición estaban presentes en dicho doctor, pues así lo atestiguan los hechos. Pero la mentalidad de la época más lo pinta como un Mefistófeles orientando a su Fausto, mezclado lo posible con lo maravilloso. De ahí que Cervantes valiéndose de esa irrealidad fantasmagórica, aproveche para citarlo, teniéndolo en mente lo más seguro a la hora de plasmar la escena de Clavileño en su inmortal Don Quijote. Y al mezclar leyenda, burlas y una pizca de verdad, lograr que dicho pasaje no fuera censurado.

¡Qué audaz y curioso escritor se nos presenta este humanista, don Miguel de Cervantes Saavedra! ¡Cuántas cosas no hay dichas de pasada, que encierran más profundas causas que las que aparentan en una lectura superficial!
Jesús Gutiérrez Lucas

(1) Para más información sobre la doble vista o vista psíquica véase. La Génesis de Allan Kardec, cap XIV ítems 22-28.

martes, 28 de mayo de 2019

Emociones, energía y periespíritu

Emociones, energía y periespíritu



El Espiritismo nos enseña que estamos compuestos de espíritu, cuerpo físico y periespíritu. El periespíritu es el cuerpo sutil que rodea al espíritu de forma que este pueda interactuar con los diferentes planos de manifestación de la materia hasta alcanzar el cuerpo físico. Materia que a su vez es energía, desde el pensamiento más sutil que podamos tener, hasta la materia tangible, pasando por los sentimientos y emociones que se desarrollan en nuestro interior. Por ello podemos decir que todo lo que rodea al espíritu es energía y por tanto su calidad se mide por su frecuencia vibratoria, que adquiere tonalidades casi infinitas, pudiendo por tanto clasificar de esta forma los pensamientos, sentimientos y emociones, en función de su vibración o lo que es lo mismo su elevación espiritual.

De esta forma podemos decir que  las emociones y los sentimientos definen el nivel vibratorio del conjunto de nuestros cuerpos sutiles, el periespíritu, que rodeando al Espíritu, determina a su vez, el filtro por el cual recibirá las experiencias que le serán accesibles al Espíritu en su camino evolutivo hacia la perfección. Estos niveles energéticos del periespíritu definirán los estados de vibración que definen nuestra personalidad y por los que pasamos diariamente, en función de los pensamientos que alimentemos en el día a día, o bien ocasionalmente cuando nos acontezcan hechos que modifican nuestras emociones y sentimientos.

Según el libro de "La Génesis", el Espíritu, a través de "...su envoltura periespiritual, que es parte constitutiva de su ser y que recibe en forma directa y permanente la impresión de sus pensamientos, debe llevar en ella, en mayor medida aún, sus cualidades buenas o malas"(1). Cualidades que muestran por su vibración en el periespíritu, el reflejo fiel de nuestra forma de pensar y moralidad y "...no cambiará, hasta tanto el espíritu no se modifique"(1).

El periespíritu a su vez podemos dividirlo, entre otros, en cuerpo mental, sede de la mente, y cuerpo espiritual, también llamado emocional, por la importancia que tienen estas sobre él. El cuerpo espiritual es a los espíritus que están en el plano espiritual más próximo, como nuestro cuerpo físico es a nosotros. Por ello, cuando estudiemos la literatura de Chico Xavier y se hable del periespíritu, también llamado psicosoma, debemos entender que están hablando del cuerpo espiritual de los espíritus, por el cual se muestran a los demás e interactúan con el medio espiritual, y que para muchos apenas difiere en cuanto a su percepción, del que tenían en vida como cuerpo físico.

Toda energía en movimiento se puede entender como un fluido de energía, que en su recorrido interactúa con el medio por donde pasa dejando su huella vibracional e interactuando con aquellos que en él se encuentran. Según la impresión que causan estos fluidos, se clasifican como armonizadores o desarmonizadores. Los sentimientos de amor, paz, y piedad, siempre nos armonizan y equilibran, acercándonos a la salud, mientras que por lo contrario las emociones estresantes, de miedo o rabia, siempre desarmonizan y pueden llegar a enfermarnos, primero a nivel energético y luego material, porque: "Prácticamente todas las molestias tienen sus raíces en el periespíritu"(2).

La salud y la enfermedad se establece primero en cada uno de los órganos espirituales de nuestro cuerpo energético para luego reflejarse en el cuerpo físico, órgano espiritual a órgano físico, acorde a las vibraciones de armonía y desarmonía del primero.

De todas las emociones y sentimientos, el Amor puro es el que tiene la energía más elevada y con mayores propiedades armónicas y equilibrantes, porque es la energía más próxima a Dios.

Por lo contrario el miedo y el odio son las energías que más nos desequilibran porque dificultan tener amor. El miedo, ante un peligro real, es necesario para la supervivencia y de ahí su razón de ser, pero cuando el miedo es subjetivo e irreal, nos desequilibra creando tensiones innecesarias que cuando duran largo tiempo nos debilitan afectando al periespíritu, agotando su energía y dando origen a emociones negativas, comprometiendo nuestra salud biopsicofisiológica.

El miedo implica inseguridad y la inseguridad impulsa a nuestra mente a tomar actitudes egoístas por puro instinto de conservación, por un lado, y por otro alimenta nuestro orgullo, como barrera de protección frente a los demás y los peligros que supone relacionarnos con ellos.

Egoísmo y orgullo se encuentran en el origen de todas las pasiones y desequilibrios y se relacionan directamente con los instintos de supervivencia y conservación. La Génesis nos dice: "Si hacemos un estudio de las pasiones, e incluso de los vicios, veremos que su origen común está en el instinto de conservación" (3).

Las emociones en cierta forma son el lenguaje con el habla nuestro subconsciente reaccionado a los estímulos del exterior, producidas por los instintos, las pasiones y por tanto nuestro ego. Nuestro ego utiliza las emociones para conseguir sus propósitos, muchas veces sin hacernos conscientes de ello.
Las emociones, internamente, son una reacción subjetiva que viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos), influenciados por la experiencia, formando parte de los procesos que nos permiten adaptar nuestro organismo al entorno que nos rodea. Dicho mecanismo fácilmente es utilizado por nuestro Ego para dar satisfacción a nuestras pasiones. Los sentimientos, por el contrario, podemos verlos como mecanismos más sutiles que nos conmueven interiormente alcanzando más directamente al Espíritu, que consciente de ello, tiene la posibilidad de reaccionar más en base a su voluntad que condicionado por sus necesidades fisiológicas inmediatas. Muchas veces los sentimientos remueven a su vez ciertas emociones que nos hacen difícil identificarlos, afectando por ello, tanto al cuerpo espiritual como al físico.

El remordimiento, por ejemplo, afecta a los centros de fuerza relacionados con el sentimiento de culpa que lo originó ralentizando sus funciones, causando su hipotensión o adinamia, cumpliéndose la máxima de que "cada uno es castigado por donde pecó"(2). El libro "El alma de la materia" nos habla del remordimiento como causa de adinamia en los centros de fuerza, que es la "hipotensión en el movimiento circulatorio de las fuerzas que mantienen el cuerpo espiritual; resulta del remordimiento"(4).

A su vez, sentimientos depresivos demuestran carencia de autoamor y debilitan nuestro periespíritu, permitiendo incluso el robo de energías, principalmente en el centro de fuerza esplénico que “…está situado en el bazo, regulando la distribución y la circulación adecuadade los recursos vitales por todos los rincones del vehículo que nos servimos.”(5), Edgar Armond explica sobre este centro que “una disfunción o agotamiento del centro de fuerza esplénico, resulta siempre en pérdida de fuerzas, enflaquecimiento progresivo, depresión psíquica”. (6)

El odio y el rencor a su vez, desarmonizan gravemente el periespíritu al ser sentimientos contrarios al amor, endureciendo el corazón y afectando al centro de fuerza cardíaco "responsable de la emoción y del equilibrio"(7).

El amor, como energía más próxima al Creador, es la mejor terapia armonizadora que está al alcance de todos nosotros.Trabajarnos la Fe Razonada, mediante el estudio aumentando nuestro conocimiento espiritual, es la mejor forma de disminuir nuestros miedos que nos alejan del equilibrio. Nuestra mente, muchas veces influenciada por estímulos y creencias externas, crea formas pensamiento, a través de la imaginación sobreexcitada, que luego son un lastre energético para nuestro periespíritu, influenciando los centros de fuerza, acelerándolos ("hipertensión o hiperdinámia"(4)), pudiendo crear graves consecuencias emocionales y para la salud, como son la ansiedad, nerviosismo, insatisfacción y por tanto infelicidad. La terapia de amor, con nuestra dedicación de amor hacia los demás, nos permitirá aligerar nuestro egoísmo acercándonos a nuestro equilibrio, alimentando nuestros centros superiores gracias a la práctica de la caridad, permitiéndonos, a su vez, que despierte de nuestra nuestra espiritualidad interior de camino hacia la autorrealización.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

Referencias:
(1) "La Génesis" cap. XIV ítem 18, Allan Kardec.
(2) "El Libro de los Espíritus" preg. 973, Allan Kardec.
(3) "La Génesis" cap. III ítem 10, Allan Kardec.
(4) "El alma de la materia" p.45, Marlene Nobre comentando"Evolución en Dos Mundos", 2ª parte, p. 30.
(5) Entre la Tierra y el Cielo, cap. 20. Pág. 127, Fco. Cándido Xavier. 
(6) “Desenvolvimiento mediúmnico”, cap. III, pág. 59, Edgard Armond.
(7) "El alma de la materia" p.43, Marlene Nobre.


jueves, 23 de mayo de 2019

Avaricia, orgullo y envidia. Un sentimiento lleva al otro

Avaricia, orgullo y envidia. Un sentimiento lleva al otro 



Estos tres defectos o imperfecciones del ser humano están mucho más relacionados entre sí de lo que pensaríamos en un principio. Veamos cómo es esto.

La avaricia (del latín, avaritia), es el afán o deseo desordenado de poseer riquezas, bienes, posesiones u objetos de valor abstracto con la intención de atesorarlos para uno mismo, mucho más allá de las cantidades requeridas para la supervivencia básica y la comodidad personal. Se le aplica el término a un deseo excesivo por la búsqueda de riquezas, estatus y poder. La codicia, por su parte, es el afán excesivo de riquezas, sin necesidad de querer atesorarlas.

Erich Fromm (destacado psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista) describe la avaricia como "un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo interminable de satisfacer la necesidad sin alcanzar nunca la satisfacción."

Aunque por lo general el concepto de avaricia se utiliza para identificar o criticar a aquellos que buscan la riqueza material excesiva, también es aplicable en situaciones donde la persona siente la necesidad de sentirse por encima de los demás desde un punto de vista moral, social, o de cualquier otra manera.

Entre los sinónimos de avaricia encontramos términos bastante coloquiales como ambición, ansia, miseria, egoísmo, tacañería, etc.

Podríamos no sentirnos identificados con este defecto ya que pensaremos que no atesoramos riquezas, pero preguntémonos ¿Me cuesta trabajo desprenderme de algo por pequeño que sea? ¿Soy “tacaño” a la hora de invitar a mis amigos, pagar en un restaurante, de rascarme el bolsillo ante una propina, o cualquier situación similar? ¿Busco sentirme o estar por encima de los demás deseando el poder?, ¿Necesito que todo aquello que hago sea reconocido por quienes me rodean? Ser tacaño es un sinónimo de avaricia y necesitar sentirnos por encima de los demás también, de ahí lo bueno de analizarse cada cual individualmente de forma constante puesto que puede ser parte de nosotros sin que creamos que esto suceda.

La Revista Espírita de 1858 nos hace una muy buena descripción del hombre avaro: “¡Escúchame, avaro! ¿Conoces la felicidad? Sí, ¿no es cierto? Tus ojos brillan con un oscuro destello en las órbitas que la avaricia ha cavado más profundamente; tus labios se aprietan; tu nariz tiembla y tus oídos se aguzan. Sí, escucho, es el ruido del oro que tu mano acaricia al echarlo en tu escondrijo. Tú dices: Es la voluptuosidad suprema. ¡Silencio! Alguien viene. Cierra de prisa. ¡Oh, qué pálido estás! Tu cuerpo se estremece. Tranquilízate; los pasos se alejan. Abre; observa nuevamente tu oro. Abre; no tiembles; te encuentras completamente solo. ¡Escucha! No, no es nada; es el viento que silba al pasar por el umbral. ¡Observa cuánto oro! Húndete a manos llenas: haz que suene el metal; estás feliz.
¡Feliz, tú! Pero en la noche no tienes reposo y tu sueño es atormentado por fantasmas.

¡Tienes frío! Acércate a la chimenea; caliéntate en ese fuego que crepita tan agradablemente. La nieve cae; el viajero friolento se cubre con su capa y el pobre tirita bajo sus harapos. La llama del hogar se va extinguiendo; echa más leña. Pero no, ¡detente! Es tu oro que consumes con esa leña; es tu oro que quemas.

¡Tienes hambre! Ten, toma; sáciate; todo esto es tuyo, lo has pagado con tu oro. ¡Con tu oro! Esta abundancia te indigna; ¿lo superfluo es necesario para mantener tu vida? No, este pequeño pedazo de pan bastará; hasta es demasiado. Tus ropas caen en jirones; tu casa se agrieta y amenaza ruina; sufres frío y hambre; pero ¡qué te importa! Tienes oro.

¡Desdichado! La muerte te separará de ese oro. Lo dejarás al borde de la tumba, como el polvo que el viajero sacude en el umbral de la puerta, donde su amada familia lo espera para celebrar su regreso.
Tu sangre empobrecida –envejecida por tu miseria voluntaria– se ha helado en tus venas. Herederos ávidos acaban de tirar tu cuerpo en un rincón del cementerio; hete aquí cara a cara con la eternidad. ¡Miserable! ¿Qué has hecho de ese oro que te ha sido confiado para aliviar al pobre? ¿Escuchas estas blasfemias? ¿Ves esas lágrimas? ¿Ves aquella sangre? Aquellas blasfemias son las del sufrimiento que habrías podido calmar; esas lágrimas, tú las has hecho correr; esta sangre, tú la has derramado. Tienes horror de ti; querrías huir, pero no puedes. ¡Sufres como un condenado! Y te retuerces en tu sufrimiento. ¡Sufre! Nada de piedad para ti. No has tenido un buen corazón para con tus hermanos desdichados; ¿quién lo tendrá ahora para ti? ¡Sufre!

Por otro lado, el evangelio según el Espiritismo nos dice también: “Había un hombre cuyas tierras habían producido en abundancia, y pensaba entre sí de este modo: ‘¿Qué haré, pues ya no tengo lugar donde guardar todo lo que he cosechado?’ Y dijo: ‘Esto es lo que haré: Demoleré mis graneros y construiré otros más grandes, donde pondré toda mi cosecha y todos mis bienes. Y le diré a mi alma: Alma mía, tienes muchos bienes en reserva para largos años; descansa, come, bebe, goza’. Pero Dios, al mismo tiempo, dijo a ese hombre: ‘¡Qué insensato eres! Esta misma noche reclamarán tu alma; ¿para quién será lo que acumulaste?’” Eso le sucede al que acumula tesoros para sí mismo, y no es rico para con Dios”.

La avaricia, aunque satisfaga nuestro deseo actual no nos produce felicidad, ni ahora y por supuesto mucho menos en el futuro cuando regresemos al mundo espiritual. Ete sentimiento nos apega a todas esas riquezas que hemos ido acumulando, ya sean materiales, como de estatus social o poder sobre los demás. Ocasionando dolor y sufrimiento tal y como describe la Revista Espírita incluso durante nuestra existencia carnal.

El apegarnos a los bienes materiales es un gran impedimento para nuestro adelanto moral y espiritual, ya que con este afán destruimos en nosotros mismos y sin ayuda de nadie la cualidad de amar.
A esto hay que añadirle tal y como el Evangelio nos dice también, que lamentablemente en el hombre rico siempre existe un sentimiento tan intenso como el apego a estas riquezas, y es el orgullo.
El orgullo, es la característica de alguien que tiene un concepto exagerado de sí mismo pudiéndolo llevar a la soberbia, un sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás. Una persona orgullosa muestra soberbia, altivez, vanidad, arrogancia, e incluso puede manifestar un desprecio hacia otras personas. Entre los sinónimos encontramos arrogancia, soberbia, vanidad etc.
En La Revista Espírita de 1858 podemos leer:

“Un soberbio poseía algunos acres de buena tierra; estaba envanecido con las pesadas espigas que cubrían su campo, y sólo tenía una mirada de desdén para con el campo estéril del humilde. Éste se levantaba con el canto del gallo y pasaba todo el día curvado sobre el suelo ingrato; recogía pacientemente las piedras y las arrojaba al borde del camino; removía profundamente la tierra y extirpaba penosamente las zarzas que la cubrían. Ahora bien, su sudor fecundó el campo, que se convirtió en un puro trigal.
Entretanto, la cizaña crecía en el campo del soberbio y sofocaba al trigo, mientras que el dueño se vanagloriaba de su fecundidad y miraba con ojos de piedad los esfuerzos silenciosos del humilde.
En verdad os digo que el orgullo es semejante a la cizaña que sofoca al buen grano. Aquel de vosotros que se crea más que su hermano y que se vanaglorie de sí mismo es insensato, pero es sabio el que trabaja en sí mismo como el humilde en su campo, sin envanecerse de su obra”.

El Evangelio según el Espiritismo también nos dice que el orgullo pone en el hombre una venda sobre los ojos y le tapa los oídos. Siendo este la negación de la caridad. Y que todo aquello que excita el sentimiento de personalidad destruye, o al menos debilita, los elementos de la verdadera caridad, que son la benevolencia, la abnegación y la devoción.

En el cap. XVII del mismo leemos: “Apartad de vuestros corazones la idea del orgullo, de la vanidad y del amor propio, que ineludiblemente quitan el encanto de las más hermosas cualidades. No imitéis a ese hombre que se presenta como modelo, y hace alarde de sus propias cualidades a los oídos complacientes. La virtud que se ostenta esconde a menudo una infinidad de pequeñas torpezas y de detestables cobardías”.

¿Buscamos el reconocimiento en aquello que hacemos? ¿Sentimos que somos más capaces que cualquiera y por eso somos más merecedores de puestos, o posición ante los demás? Estas preguntas y otras similares pueden ayudarnos en nuestro análisis personal, porque si no vemos en lo que fallamos ¿Cómo vamos a cambiarlo?

Este orgullo que nos lleva a sentirnos superiores a otros puede también producir en nosotros la envidia de lo que no tenemos y poseen los demás. Si comprendiéramos realmente los sutiles que pueden ser estos sentimientos lo entenderíamos mucho mejor y nos resultaría más fácil localizarlos en nosotros mismos.

La envidia es un sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles.  La RAE la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee.

En el ámbito del psicoanálisis la envidia es definida como un sentimiento experimentado por aquel que desea intensamente algo poseído por otro. La envidia daña la capacidad de gozar y de apreciar lo que posee uno mismo. Es el factor más importante del socavamiento de los sentimientos de amor, ternura o gratitud. Es un sentimiento enojoso contra otra persona que posee o goza de algo deseado por el individuo envidioso, quien tiene el impulso de quitárselo o dañarlo.

Bertrand Russell (filósofo, matemático, lógico y escritor británico) sostenía que la envidia es una de las más potentes causas de infelicidad.  Siendo universal, es el más desafortunado aspecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no sólo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia, sino que además alimenta el deseo de producir el mal a otros.

La envidia por lo tanto es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor, sino que al otro le vaya peor, es un sentimiento que nunca produce nada positivo en el que lo padece sino una insalvable amargura. Esta puede tener muchos orígenes, pero lo más destacado de este sentimiento negativo hacia los demás es la misma persona y su forma de ver las cosas en su vida. Generalmente esta emoción surge debido a que se padecen frustraciones personales, baja autoestima o la dificultad de poder conseguir objetivos que se han planteado en la vida. Normalmente la persona envidiosa intenta ocultar este sentimiento, resultando muy raro que asuma este defecto, ya que supone la aceptación de una carencia.

A lo largo de la historia la envidia ha estado muy presente en las diversas culturas. Buena muestra de ello es la cultura griega y también la romana que apostaron incluso por hacerla muy presente en sus diversas obras artísticas. Así, la han llegado a representar como una anguila o bien como la cabeza de una mujer mayor llena de serpientes.

Es interesante resaltar que además los griegos utilizaban la expresión “mal ojo” para poder definirla. Tan poderosa la consideraban que intentaban proteger a sus hijos de aquella y lo hacían aplicándoles en la frente el lodo que encontraban en el fondo de los baños.

El problema de la envidia es que la persona que la tiente se siente algo resentido con la persona que ha conseguido lo que ella no ha podido conseguir hasta el momento o por lo que no se ha esforzado lo suficiente. Es entonces cuando existe cierto odio y se le desea que todo le vaya mal.

De nuevo la "Revista Espírita" nos habla de ella de forma muy clara e instructiva: “Ved a este hombre: su Espíritu está inquieto, su desdicha terrestre ha llegado al colmo; envidia el oro, el lujo, la felicidad aparente o ficticia de sus semejantes; su corazón está devastado, su alma sordamente consumida por esta lucha incesante del orgullo, de la vanidad no satisfecha; lleva consigo, en todos los instantes de su miserable existencia, una serpiente que lo aviva, que sin cesar le sugiere los más fatales pensamientos: «¿Tendré esta voluptuosidad, esta felicidad? Por tanto, esto me es debido al igual que aquéllos; soy un hombre como ellos; ¿por qué sería yo desheredado?» Y se debate en su impotencia, presa del horrible suplicio de la envidia. Feliz aún si estas ideas funestas no lo llevan al borde de un abismo. Al entrar en este camino, se pregunta si no debe obtener por la violencia lo que cree que se le es debido; si no irá a mostrar a los ojos de todos el horroroso mal que lo devora. Si ese desdichado hubiera sólo observado por debajo de su posición, habría visto el número de los que sufren sin quejarse y que incluso bendicen al Creador; porque la desdicha es un beneficio del cual Dios se sirve para hacer avanzar a la pobre criatura hacia su trono eterno.

Haced vuestra felicidad y vuestro verdadero tesoro en la Tierra de las obras de caridad y de sumisión: las únicas que os permite ser admitidos en el seno de Dios. Estas obras del bien harán vuestra alegría y vuestra dicha eternas; la envidia es una de las más feas y de las más tristes miserias de vuestro globo; la caridad y la constante emisión de la fe harán desaparecer todos esos males, que se irán uno a uno a medida que los hombres de buena voluntad –que vendrán después de vosotros– se multipliquen. Así sea.”.

Seguro que muchos no se sentirán identificados con la envidia al prójimo, y dirán que no tienen envidia de nada ni de nadie, pero sería muy bueno que mirásemos en nuestro interior y viéramos si nunca hemos criticado a alguien por conseguir ese ascenso, llevarse muy bien con cierta persona, lograr aquello que se propone, y un largo etc. de cosas pequeñas que en nuestro día a día y de forma sutil aparecen. Recordemos que la crítica suele estar movida por un sentimiento negativo, en ocasiones de desprecio hacia aquella persona a la que va dirigida y sería muy útil analizar qué mueve esa crítica en nosotros. Posiblemente no manifestemos envidia de forma muy visible, pero ¿Y en las cosas pequeñas, podemos decir lo mismo?

El Evangelio cap. V ítem 23 dentro del apartado que nos habla de los tormentos voluntarios nos indica: "Para el envidioso, al igual que para el que sufre de celos, no existe el sosiego: ambos padecen un perpetuo estado febril. Lo que ellos no tienen, y que otros poseen, les produce insomnio. La prosperidad de sus rivales les causa vértigo. Sólo los estimula el deseo de eclipsar a sus vecinos. Todo su placer consiste en excitar, en los insensatos como ellos, la rabia y los celos que los devoran. ¡Pobres insensatos! No piensan, en efecto, que tal vez mañana tendrán que dejar todas esas futilidades, cuya codicia les envenena la vida".

Cuando somos avariciosos codiciando lo que los otros tienen y no hemos logrado, cuando sentimos que nosotros nos merecemos las cosas más que nuestro prójimo, estamos manifestando los tres sentimientos hasta aquí descritos, la avaricia, el orgullo y la envidia y con ello incrementamos de forma voluntaria los tormentos que hemos de vivir en esta existencia, agravándolos e incluso imponiéndonos tormentos que no eran necesarios.  Es por todo lo expuesto que podemos asegurar que estos tres defectos están muy unidos, si somos orgullosos nos sentimos muy por encima de los demás y por lógica sentimos que nos merecemos más que otros lo que ellos tienen y así aparece la envidia, codiciando o sintiendo que tenemos que atesorar aquello que nos haga superiores a nuestro prójimo. De manera que uno lleva al otro sin darnos apenas cuenta.
Por eso, si queremos evolucionar y ser parte de mundos regeneradores, trabajemos para que no exista el orgullo que hace callar al corazón, la envidia que lo tortura y la avaricia que lo ahoga.
Veamos lo opuesto a cada uno de ellos: De la avaricia encontramos el desprendimiento, generosidad, altruismo. Del orgullo la humildad y de la envidia la caridad, nobleza, conformidad. Son estas cualidades que tenemos que aprender a desarrollar y con esfuerzo saldremos victoriosos de la lucha diaria contra las lacras que la humanidad padece a día de hoy.

Escuchemos las sabias palabras del Evangelio en los capítulos XI, VII: “El egoísmo es la llaga de la humanidad, debe desaparecer de la Tierra, porque impide el progreso moral. …Ponga cada uno el mayor empeño para combatirlo en sí mismo, pues ese monstruo devorador de la inteligencia, ese hijo del orgullo, es la fuente de todas las miserias de la Tierra. El orgullo es la negación de la caridad, y, en consecuencia, el más grande obstáculo para la felicidad de los hombres”.

“Sed generosos y caritativos sin ostentación, es decir, haced el bien con humildad. Que cada uno derribe poco a poco los altares que habéis erigido al orgullo. En una palabra, sed verdaderos cristianos, y alcanzareis el reino de la verdad”.

Si nuestro esfuerzo se centra en la generosidad, hacer el bien a los demás, haciendo esto con humildad, si vemos a nuestro prójimo como igual y por ello nos alegramos por los logros que consiguen en su vida, podemos estar seguros que estamos en el buen camino. Y llevaremos a cabo las palabras que podemos leer en "El Libro de los Espíritus" en la pegunta 893: “Todas las virtudes tienen su mérito, porque todas son signos de progreso en el camino del bien. Hay virtud cada vez que existe una resistencia voluntaria a las inclinaciones de las malas tendencias. Con todo, lo sublime de la virtud consiste en el sacrificio del interés personal por el bien del prójimo, sin segundas intenciones. La virtud más meritoria es la que se basa en la más desinteresada caridad.”

Practiquemos la caridad, seamos generosos, siempre con humildad, mirando a nuestro prójimo como un igual, no buscando el reconocimiento, conformándonos con lo que en esta existencia tenemos. Consideremos el conjunto de las existencias, no sólo la vida presente y así veremos que todo se equilibra con justicia. Analicemos nuestro comportamiento y nuestras reacciones en la vida diaria en todo momento, intentando siempre conocernos a nosotros mismos para así poder trabajar en nuestro mejoramiento y elevación moral. Que nuestro lema sea siempre: “FUERA DE LA CARIDAD NO HAY SALVACIÓN”.
Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra" 

martes, 14 de mayo de 2019

Sentimiento filosófico y religioso

Sentimiento filosófico y religioso



Resulta a ratos curioso y a ratos preocupante que, a 161 años de su codificación, el Espiritismo siga despertando debates y controversias en su mismo seno. Esto demuestra de manera incontestable que el Espiritismo sigue siendo todo un desafío, hasta para los mismos espíritas...

Una cosa es el libre y natural 'modus operandi' con el que cada cual lo viva, y otra muy diferente reinventar, al gusto de cada cual, una filosofía integral y transformadora que, además, tiene toda una línea doctrinaria bien definida y diferenciada... Y es que muchos se dedican a reunir y añadir cuantos elementos ideológicos considere necesarios (aunque en el cuerpo general espírita ni figuren), así como otros, reinterpretan el mensaje dándole giros esotéricos, cientifistas o religiosos de los que carece.

La inercia cultural, la mezcolanza y el temor a pensar diferente, crean muchos más obstáculos para la siembra espírita de los que podríamos pensar...

Debemos emplear mucha perseverancia, lógica doctrinaria y valentía para poner la verdad del Espiritismo por encima de personas, organizaciones y sincretismos. Es una responsabilidad y un deber pendiente que todos los espíritas compartimos...

El espírita con buen sentido nunca interpretará tal o cual libro como "palabra de Dios", sino que proseguirá estudiando y con la mente abierta, ni caerá en la adoración de este o aquél escritor o figura destacada (pues más allá de la sana admiración, sabe que como encarnado, nadie es infalible), en una palabra: estará muy atento a los peligros y los rostros encubiertos de la vanidad, el inmovilismo o el fanatismo (presentes en él mismo, en su grupo de estudio o en el movimiento de su país), y sin desprecios o rupturas innobles, se colocará siempre de parte de la verdad espírita, aunque esto le reste apoyos o lo conviertan en menos popular.

Divulgar la literatura espírita (y no perder de vista las fuentes originales), revisionar los pasos dados y adoptar nuevas estrategias organizativas a nivel de centro o de federaciones, puede ser más importante que la creación de nuevos centros o la celebración mecánica de un nuevo Congreso anual (que, quizá, poco tenga que aportar ya, al haberse convertido en un esquema organizativo cerrado y repetido).

La diversidad es un hecho y no tiene por qué ser una amenaza, sino una oportunidad para construir diálogo y camino. En algún momento, nos olvidamos que pertenecemos a una escuela de racionalistas y librepensadores, y que esto forma parte del sello espiritista... Y este es un síntoma alto preocupante en nuestro movimiento, porque denota que hemos dejado a un lado la filosofía y hemos apostado por el ataviado religioso, es decir: se acabó el debate constructivo, el libre pensamiento y el diálogo progresista.

¿Qué pensaría Amalia, Vives o Colavida sobre nomenclaturas importadas como "evangelización", o el añadido de "religión" a la definición de Espiritismo?

Ni siquiera existe un "Espiritismo cristiano"... por dos motivos explícitos y racionales: Porque Kardec y los Espíritus utilizaron "Espiritismo", a secas, sin añadidos; y porque el Cristianismo es un movimiento religioso surgido con San Pablo después de la muerte de Jesús, que dicho sea de paso, nunca fue "cristiano"... (Por las mismas o similares razones culturales podríamos decir también que el Espiritismo es judío, gnóstico o teosófico...).

Al hilo de lo anterior, meditemos en las lúcidas palabras de Manuel Porteiro: “Indudablemente se confunde a menudo el sentimiento "religioso" con el sentido filosófico: el primero se va perdiendo en los espíritus evolucionados, por ser instintivo; el segundo, va despertando a medida que aquel se extingue”.

Y en efecto: los Espíritus revelaron una filosofía práctica y una fe razonada, nunca una religión; carece de toda lógica que nuestras reuniones parezcan clases de catecismo ¡cuando Kardec, tanto luchó buena parte de su vida por establecer la escuela laica!

o-O-o-

La Espiritualidad tenía muy clara la intención de definir a la naciente doctrina de manera expresivamente diferente, de manera que rompiera con los moldes ideológicos del pasado y expresara la fuerza viva de toda una idea nueva y revolucionaria.

Haremos mucho más por el mensaje de Kardec con un comportamiento natural, cordial y positivo, que divulgando (explícita o implícitamente) un Espiritismo más exigente que fraterno, y de retórica cargada de intenciones adoctrinantes y moralismo simplista y rancio.

Vivir el Espiritismo de manera quietista es inmovilizarlo en espíritu de sistema... proyectarlo de forma "pastoral" y conservadora, es tener la experiencia de un Espiritismo ambiguo, sincrético y timorato, con escasa capacidad para enfrentarse a los problemas y desafíos de la humanidad del siglo XXI.

El Espiritismo es progreso, y no se puede hablar de propuestas renovadoras y permanecer influidos por los viejos esquemas.

El miedo o la tendencia a no cuestionar formas de acción: sean libros, modelos organizativos (encuentros, congresos, etc) u opiniones de líderes consagrados, quizá contribuya a hacer espíritas "de manual", pero escasamente hará espiritistas amantes de la verdad, lo que termina haciendo de las federaciones o asociaciones "ghettos" políticos donde sólo sea bienvenido quien piense como la mayoría...

Muchos, finalizarán esta encarnación convencidos que sirvieron al Espiritismo, y sin embargo, lejos de eso, a quien sirvieron realmente es al personalismo... Unos se lamentarán de cómo hicieron las cosas, así como otros de no haber hecho nada por evitarlas...

-o-O-o-

Buena parte de la labor que los espíritas tenemos por delante es la búsqueda de la identidad espiritista primigenia, semi oculta entre capas de modismos culturales y nomenclaturas de nuevo cuño (importadas o no) ...

No somos "científicos" en el sentido académico de la palabra (aunque lo seamos desde la metafísica y la ciencia del espíritu); como no somos "evangelizadores", por más que dediquemos parte de nuestro tiempo a la divulgación (esa definición introyectada no se corresponde con el legado espírita) ...y etc, etc.

Sería muy razonable y esperanzador por nuestra parte si reaccionamos y nos sacudimos el comodismo y la manera autocomplaciente con el que hemos estado pensando y viviendo el Espiritismo en las últimas dos o tres décadas, para poder así despojarlo de todos los introyectos y personalismos místico-religiosos, científicoides, etc., que se le ha ido agregando por inercia (y aquí también añadimos los enfoques personales de esta o aquella figura destacada del movimiento que, consciente o inconscientemente, haya creado escuela y seguidores).

Para ser espíritas ni hace falta seguir manuales de estudio hechos en Brasil, ni adoptar prácticas inconscientemente inspiradas por lo teológico. Tan sólo es preciso actuar en base al estudio, el pensamiento racional y el corazón.

Aprendamos de los que tengan más experiencia o de aquellos que sean referencias en la labor divulgativa, pero, por encima de eso, sigamos a Kardec y a los espíritus amigos que, más de una vez, hablarán a nuestro corazón de cosas que los dirigentes y oradores de renombre (no obstante almas perfectibles), hayan pasado por alto o no hayan filtrado convenientemente.

Seamos honestos: igual que entre los espíritas que viven el ideal de manera religiosa se les intuye las reminiscencias católicas del pasado, entre los "cientifistas" (incluyendo a los renovadores y/o amantes de la polémica) se percibe el inconfundible poso de las pasadas vivencias en las filas del positivismo materialista...

La doctrina de los Espíritus tiene un carácter universal, plural y librepensador, pero tiene todo un corpus doctrinario formado por las cinco obras de la codificación...Señalamos esto último porque el Espiritismo puede ser "ecuménico" pero no es de ningún modo sincretista (si arrimamos al mismo cualquier ingrediente metafísico, new age, ritual cristiano, etc., contribuiremos a que su mensaje se diluya o se haga más complicado de entender).

Vengan de Brasil, de España o de cualquier lugar de Sudamérica o Europa, las interpretaciones cientificistas y las religiosas deben ser superadas por el bien de la doctrina.

Esta apertura, este ir hacia delante, debe ser desde el sentido común y la humildad, no es el rendirse ante cualquier propuesta esotérica de moda o las renovaciones (presuntamente necesarias) de este o aquel escritor, científico o figura espírita por caudaloso que sea su curriculum. Porque hay momentos que, por pura y natural coherencia, el espírita cabal deja a un lado la opinión de este o aquel divulgador, de este o aquel libro, y redirecciona sus pasos por la codificación o por las señales que su intuición le marca (luego podrá equivocarse o no, pero nunca será un elemento más sin voluntad propia y tampoco un dogmático).

Juan Manuel Ruiz González

domingo, 12 de mayo de 2019

Breve historia del magnetismo

Breve historia del magnetismo



La historia del magnetismo se remonta a la antigüedad. Al parecer, hace más de dos mil años, los griegos, los indios y los chinos ya sabían que un determinado tipo de piedras atraían pequeños trozos de hierro. Hoy esa sustancia se conoce como magnetita, un mineral magnético que se encuentra en la naturaleza.

El magnetismo comenzó en la edad de los metales, junto al proceso de fabricación de armas y herramientas. El hombre de la antigüedad notó uno de los primeros fenómenos magnéticos, ciertas piedras atraían el metal de hierro.

Pasaron muchos años hasta que aprendió que todos los materiales tienen ciertos comportamientos magnéticos y buscó darle un uso práctico.

La experimentación con la electricidad y el magnetismo, han ido a la par con la evolución humana.
Todos sabemos que el magnetismo es un fenómeno físico por el que los objetos atraen o repelen otros materiales. Todos los materiales son influidos en mayor o menor grado cuando están sometidos a un campo magnético.

El nombre de magnetismo viene de Magnesia del Meandro en Asia Menor, donde parece ser que por primera vez se observaron los fenómenos magnéticos. Magnesia del Meandro es una ciudad antigua situada en el interior de la península turca de la que apenas quedan hoy algunos restos arqueológicos
El primer estudioso del fenómeno fue Tales de Mileto, filósofo griego que vivió entre 625 a.C. y 545 a.C.

En el siglo VI antes de Cristo demostró que ciertas sustancias, como el ámbar, poseían después de haber sido frotadas, la propiedad de atraer a ciertos objetos, si estos eran ligeros, Así descubrió la naturaleza eléctrica de la materia.

También Sócrates hablaba de un mineral de color negro explicando, ya entonces, el fenómeno de inducción magnética.

A la civilización china se le adjudican dos hechos relevantes: el descubrimiento del campo magnético terrestre y la invención de la brújula.

Al parecer, en el siglo XI los chinos imantaron agujas tocándolas con magnetita y colgándolas de hilos de seda. Las agujas se orientaban en la dirección norte-sur, alineándose con las líneas del campo magnético terrestre.  Estas brújulas estaban compuestas por una aguja imantada que flotaba en un cuenco con agua.  Independiente de hacia dónde girase el barco, y el cuenco con él, la aguja seguiría apuntando en la dirección norte-sur.

El científico Shen Kua (1031-1095) escribió sobre la brújula de aguja magnética y mejoró la precisión en la navegación empleando el concepto astronómico del norte absoluto. Hacia el siglo XII los chinos ya habían desarrollado la técnica lo suficiente, como para utilizar la brújula para mejorar la navegación.

Alexander Neckham fue el primer europeo en conseguir desarrollar esta técnica, en 1187.
Charles-Augustin Coulomb (1736-1806) estudió las fuerzas entre polos magnéticos y propuso la ecuación de la fuerza entre estos.

En 1820, Hans Christian Orsted descubrió que un hilo conductor sobre el que circulaba una corriente ejercía una perturbación magnética a su alrededor, que llegaba a poder mover una aguja magnética situada en ese entorno. Nacía así el electromagnetismo que unificó las fuerzas eléctrica y magnética
En 1831, después de que Oersted comenzará a describir una relación entre la electricidad y el magnetismo, y el francés André Marie Ampére profundizará en dicho campo, el científico británico Michael Faraday descubrió que el movimiento de un imán en las proximidades de un cable induce en éste una corriente eléctrica.

Faraday observó que siempre que el imán o la bobina estuvieran en movimiento, se genera corriente eléctrica, a la vez que vislumbró las líneas de fuerza magnética al esparcir limadura de hierro en un papel colocado sobre un imán.

La unificación plena de las teorías de la electricidad y el magnetismo se debió al físico británico James Clerk Maxwell, que predijo la existencia de ondas electromagnéticas e identificó la luz como un fenómeno electromagnético.

René Descartes explicó el magnetismo como un flujo de partículas que saldrían de un polo del imán y entrarían en el otro.

La Ley de Gauss del magnetismo es una de las ecuaciones fundamentales del campo electromagnético. Esta se debe a Carl Gauss que en1832 publicó un artículo sobre la medición del campo magnético de la Tierra y describió un nuevo instrumento que consistía en un imán de barra permanente suspendido horizontalmente de una fibra de oro. La diferencia en las oscilaciones cuando la barra era magnetizada y cuando era desmagnetizada permitió a Gauss calcular un valor absoluto para la fuerza del campo magnético de la Tierra.

El magnetismo como disciplina comienza a desarrollarse cuando la experimentación se convierte en una herramienta esencial para el desarrollo del conocimiento científico.

Magnetismo animal

El magnetismo animal, conocido más adelante como mesmerismo, es la influencia que un individuo puede ejercer en el sistema nervioso de otro a través de los movimientos llamados Pases Magnéticos.
La teoría del magnetismo fue practicada por el médico alemán Franz Mesmer (1734 – 1815), mediante la cual afirmaba que cada ser humano posee una energía que puede ser modificada, logrando la curación del paciente a través del cuerpo humano como emisor de magnetismo, dejando a un lado el uso de los imanes y cualquier otro objeto.

La tesis de Mesmer es que el flujo vital recorre los cuerpos de los seres vivos a través de una red de canales que, por tanto, los problemas nerviosos y de salud asociados se producen por un bloqueo en los mismos.

Mesmer defendía la existencia de una sustancia homogénea presente en todo aquello que tiene vida, y debido a esa creencia sus métodos podían restablecer el orden cuando se producía un desequilibrio en nuestro cuerpo. Con esa afirmación trataba de explicar por qué donde la medicina tradicional fallaba él era capaz de curar.

A lo largo de los años 60 y 70, Mesmer desarrolló su teoría del magnetismo animal, la cual recogía una tradición anterior que iba desde Platón hasta Paracelso.

Sus estudios, dieron lugar, al descubrimiento de la hipnosis por parte de James Braid en 1842.
La teoría del magnetismo animal derivó con el tiempo en lo que se conoce hoy en día como hipnosis u otros tratamientos practicados por la psicología o la psiquiatría.

Repasando este breve resumen histórico del magnetismo podemos llegar a entender que este ha preparado los caminos al Espiritismo, y los rápidos progresos de esta última doctrina son debidos a la divulgación de las ideas de la primera.

Según podemos comprobar a través de la "Revista Espirita" de 1858.

Ambas -ciencias-son basadas en la existencia y en la manifestación del alma, y lejos de combatirse, pueden y deben prestarse mutuo apoyo, ellas se completan y se explican entre sí.
Sus respectivos adeptos difieren, no obstante, en algunos puntos. Ciertos magnetistas aún no admiten la existencia o, por lo menos, la manifestación de los Espíritus; creen que pueden explicarlo todo por la sola acción del fluido magnético.

De los fenómenos magnéticos del sonambulismo y del éxtasis a las manifestaciones espíritas hay solo un paso. Su conexión es tal que, por así decirlo, es imposible hablar de uno sin hablar del otro.
Las dos doctrinas por lo tanto no son más que una.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 5 de mayo de 2019

El Libro de los Espíritus, piedra angular del Espíritismo

El Libro de los Espíritus, piedra angular del Espíritismo


"El libro de los Espíritus" fue la primera obra escrita por Allan Kardec, seudónimo del profesor francés Hippolyte León Denizard Rivail. Nació en la ciudad de Lyon (Francia), el día 3 de octubre de 1804 y desencarnó el 31 de marzo de 1869, en París, a la edad de 64 años.

Nacido dentro de la religión católica, fue educado en un país protestante, en la escuela de Pestalozzi, en Yverdun (Suiza). Se convirtió en uno de los más eminentes discípulos de ese célebre profesor, así como en uno de los celosos propagandistas de su sistema de educación, que ejerció tan grande influencia sobre la reforma de la enseñanza en Alemania y en Francia.

Como políglota conocía bien el alemán –su lengua adoptiva- el inglés, el holandés, teniendo sólidos conocimientos del latín, griego, céltico y de algunas lenguas neolatinas, en las cuales se expresaba correctamente.

A mediados de 1825 comenzó a dirigir la “Escuela de Enseñanza Primaria”. En 1832 se casa con Amélie-Gabrielle Boudet. Siendo ella también profesora, colaboró mucho con él en sus actividades didácticas. No tuvieron descendencia.

Constantemente ocupado en hacer atractivos e interesantes los sistemas de educación, inventó en esa misma época un método ingenioso para enseñar a contar, así como un cuadro mnemónico de la Historia de Francia, con el objetivo de grabar en la memoria las fechas de los acontecimientos de mayor relevancia.

Durante 30 años, de 1819 a 1850, muchas veces superando incomprensiones y contratiempos, Rivail (Allan Kardec) se empeñó en cuerpo y alma en instruir y educar a innumerables niños y jóvenes parisienses.

A la edad de cincuenta años, en el 1854, un amigo suyo, el Sr. Fortier, le informó de un suceso extraño que se estaba poniendo “de moda” en las reuniones de algunas personas de la sociedad parisina. Le habló de las mesas parlantes o mesas giratorias. Fortier le comentó que las mesas, magnetizándolas, giraban y que incluso contestaban a preguntas.

Al año siguiente, el Sr. Carlotti, le comenta de nuevo el insólito suceso de las mesas giratorias dejando caer la posibilidad de que sean los espíritus de las personas fallecidas los encargados de mover dichas mesas. Esto despierta la curiosidad de Rivail, aunque no deja de demostrar sus reservas al respecto.

En mayo de 1855, Rivail acompaña a su amigo Fortier a casa del Sr. Pâtier y son invitados a asistir a algunas experiencias en casa de la Sra. Plainemaison. Rivail queda totalmente impresionado con lo allí vivido. A partir de entonces pasó a frecuentar asiduamente este tipo de reuniones en distintas casas y con distintos médiums.

En ese mismo año, una noche, asistiendo a una de las sesiones en casa del Sr. Baudin, reciben una comunicación de un espíritu que se presenta con el nombre de “Espíritu de Verdad” que dice ser su protector. Allí le habla de una anterior encarnación druida y en la cual se llamaba Allan Kardec. En la misma comunicación le cuenta también la misión que ha venido a hacer aquí en la Tierra y Rivail se pone de inmediato manos a la obra, sirviéndose de la ayuda de diferentes médiums conocidos por él.
Allan Kardec, se convierte así en el codificador, el padre del espiritismo. Gracias a su constancia, dedicación, trabajo, capacidad de aguante, paciencia…, los espiritas de hoy en día nos encontramos con todos los beneficios que el Espiritismo nos da.

"El Libro de los Espíritus" vio la luz el 18 de abril de 1857. Esta primera edición se agotó en pocos días, llegándose a la decimosexta en vida de su autor. Este éxito propició la fundación de la Revue Spirite, publicando el primer número el 1 de enero de 1858, periódico espírita mensual que escribió hasta su muerte, dejando incluso preparado el número del mes siguiente a su desencarnación. Ese mismo año se funda legalmente la Sociedad de Estudios Espiritistas de París, que Rivail presidió hasta su muerte.

Podemos decir que "El Libro de los Espíritus" marcó el comienzo del Espiritismo. Con esta obra, se inició para el mundo la era espírita. En él se cumple la promesa evangélica del Consolador. Al decir esto afirmamos que "El Libro de los Espíritus" es el código de una nueva fase de la evolución humana. Y es exactamente esa su posición en la historia del pensamiento.

No se trata de un libro común que se pueda leer de un día para otro y después olvidarlo en el rincón de una biblioteca. Nuestro deber consiste en estudiarlo, meditarlo y consultarlo, leyéndolo y releyéndolo de continuo. Sobre él se levanta todo un edificio: el de la doctrina espírita, constituyendo la piedra fundamental del Espiritismo.

Con él surgió el Espiritismo y con él se propagó, imponiéndose y consolidándose en el mundo. Antes de él no había Espiritismo y ni siquiera existía esta palabra. Se hablaba del espiritualismo y neo-espiritualismo, de una manera generalizada. Los hechos espíritas, que siempre existieron, eran interpretados de los más diversos modos.

Está dividido en cuatro libros, los prolegómenos y la introducción a la doctrina espírita. Haciendo un profundo análisis de él nos daremos cuenta que los libros primero y segundo hasta el capítulo cinco, se refieren a él mismo, a su propio contenido.

Continuando con este metódico estudio probaremos que "El Libro de los Médiums", que trata con especialidad el aspecto experimental de la doctrina, tiene su fuente en el libro segundo de "El Libro de los Espíritus", a partir del capítulo seis hasta el final, siendo ampliada y reorganizada toda la materia que esta parte contiene en dicho libro, en especial lo referente al capítulo nueve: Intervención de los Espíritus en el mundo corpóreo.

Evidenciamos a su vez, que El Evangelio según el Espiritismo es una derivación natural del libro tercero, donde se estudian las leyes morales, tratando todo sobre la aplicación de los principios de la moral evangélica. Encontraremos incluso las primeras formas de “Instrucciones de los Espíritus”, comunes en el Evangelio.

"El Cielo y el Infierno" es por su parte, una derivación del libro cuarto, “Esperanzas y Consuelos”, donde se examinan los problemas relativos a las penas, goces terrenales y futuros. Incluyendo la discusión del dogma de la eternidad de las penas y el análisis de otros dogmas, por ejemplo, el de la resurrección de la carne y los Paraísos, Infierno y Purgatorio.

Continuando en nuestro estudio, comprobamos que "La Génesis, los Milagros y las Profecías" están relacionadas con los capítulos dos, tres y cuatro del libro primero, y capítulos nueve, diez y once del libro segundo, así como con ciertos fragmentos de capítulos del libro tercero, que tratan problemas genésicos y de la evolución física de la Tierra. Por su amplio sentido, que abarca al propio tiempo las cuestiones de la formación y desarrollo del globo terrestre, y las relativas a pasajes evangélicos y de las Sagradas Escrituras, La Génesis…, se ramifica de una manera más difusa que los restantes libros de la codificación.

Los pequeños libros de introducción al estudio de la doctrina, como "El principiante espírita" y "¿Qué es el Espiritismo?", que no se incluyen propiamente en la codificación, están asimismo relacionados de una manera directa con "El Libro de los Espíritus", derivándose de su “Introducción” y “Prolegómenos”.

Con todo lo expuesto queremos resaltar que Allan Kardec nos presenta la codificación como un todo homogéneo y consecuente, el andamiaje o estructura general de la doctrina, teniendo todas las obras posteriores a ella su punto de partida en el contenido del "El Libro de los Espíritus". Por eso, los vínculos que todos sus libros tienen, deben ser aclarados en profundidad por un estudio minucioso del contenido de las diversas partes de esta obra, en confrontación con las restantes.
Afirmando que "El Libro de los Espíritus" es la parte filosófica de la doctrina, siendo el aspecto de la misma más bien didáctico que propiamente de exposición filosófica, ya que Allan Kardec no era un filósofo, sino un educador, por lo que elabora el desarrollo de esta obra por las respuestas que los Espíritus ofrecían a sus propias preguntas, diciéndonos así que en rigor no fue escrita por él mismo, si no por los propios espíritus.

Aclarándonos este hecho que esta obra no es de modo alguno una doctrina personal, sino que es el resultado de la enseñanza directa de los Espíritus sobre los misterios del mundo donde estaremos un día, y sobre todas las cuestiones que interesan a la humanidad, ellos nos dan el código de la vida al trazarnos la ruta de la felicidad venidera.

Los espíritus anuncian que los tiempos designados por la providencia para una manifestación universal han llegado ya, y que, siendo ministros de Dios y agentes de su voluntad, su misión es la de instruir e ilustrar a los hombres, abriendo una nueva era a la regeneración de la humanidad.
"El Libro de los Espíritus" es la recopilación de toda su enseñanza. Es por eso que, el estudio de una doctrina tal como la Doctrina Espírita, que nos lanza de súbito a un orden de cosas tan nuevo y grande, sólo puede ser realizado con provecho por hombres serios y perseverantes, libres de preconceptos y animados por una firme y sincera voluntad de alcanzar un resultado positivo, caracterizando este estudio serio la continuidad con que se realice. El Espiritismo es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica. Como ciencia práctica, consiste en relaciones que pueden establecerse con los espíritus; como doctrina filosófica, comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejantes relaciones.

Es por ello que podemos definirlo así: “El Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus y de sus relaciones con el mundo corporal”.

Después de todo lo que hasta aquí hemos dicho, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que "El Libro de los Espíritus" ha cambiado la vida de muchas personas desde el momento en el que fue publicado. Un ejemplo de ello lo tenemos en los comentarios que podemos encontrar en la "Revista Espírita" de 1858 en la página 33.

Acerca de este libro, en un artículo, el Correo de París del 11 de julio de 1857 dijo entre otras cosas:
“El Libro de los Espíritus, del Sr. Allan Kardec, es una página nueva del propio gran libro del infinito, y estamos persuadidos de que se ha de colocar un señalador en esta página. Sentiríamos mucho si se creyera que hemos venido a hacer aquí una publicidad bibliográfica; si pudiésemos suponer que así fuera, quebraríamos nuestra pluma inmediatamente. No conocemos de manera alguna al autor, pero confesamos abiertamente que nos sentiríamos felices en conocerlo. Quien escribió la Introducción que encabeza El Libro de los Espíritus debe tener el alma abierta a todos los nobles sentimientos.

A todos los desheredados de la Tierra, a todos los que andan o que caen regando con sus lágrimas el polvo del camino, les diremos: Leed El Libro de los Espíritus, esto os hará más fuertes. También a los que están felices, a los que por la senda sólo encuentran ovaciones de la multitud o las sonrisas de la fortuna, les diremos: Estudiadlo, él os hará mejores.

El cuerpo de la obra –dice el Sr. Allan Kardec– debe ser atribuido plenamente a los Espíritus que lo han dictado. Está admirablemente clasificado por preguntas y respuestas. Algunas veces, estas últimas son simplemente sublimes: esto no nos sorprende; pero, ¿no ha sido necesario un gran mérito para quien supo obtenerlas?

Desafiamos a los más incrédulos a reírse mientras leen este libro en el silencio y en la soledad. Todo el mundo honrará al hombre que ha escrito su prefacio.

La doctrina se resume en dos palabras: No hagáis a los otros lo que no quisierais que os hagan. Hubiéramos querido que el Sr. Allan Kardec haya agregado: y haced a los otros lo que quisierais que os hiciesen. Mejor dicho, el libro lo dice claramente y, además, la doctrina no estaría completa sin ello. No basta con no hacer el mal, es necesario también hacer el bien.

¿Sois hombres de estudio y tenéis buena fe para instruiros? Leed el Libro Primero sobre la Doctrina Espírita.

¿Estáis colocados en la clase de personas que sólo se ocupan de sí mismas, que hacen –como se dice– sus pequeños negocios muy tranquilamente y que a su alrededor no ven nada más que sus propios intereses? Leed las Leyes Morales.

¿La desdicha os persigue encarnizadamente, y la duda os envuelve a veces con su brazo glacial? Estudiad el Libro Tercero: Esperanzas y Consuelos.

Todos vosotros que tenéis nobles pensamientos en vuestros corazones y que creéis en el bien, leed todo el libro”.

Estas palabras fueron escritas por G. DU CHALARD.

"Siguiendo en la Revista Espírita de 1858 encontramos cartas de agradecimiento a Kardec por la publicación de esta maravillosa obra: Señor. ……… ¡Sería imposible describiros el efecto que ha producido en mí: soy como un hombre que ha salido de la oscuridad; me parece como si una puerta hasta hoy cerrada se hubiese abierto súbitamente; ¡mis ideas han crecido en algunas horas! ¡Oh, cuán mezquinas y pueriles me parecen las miserables preocupaciones de la Humanidad, ante ese porvenir del cual yo no dudaba, pero que estaba tan oscurecido por los prejuicios que apenas lo imaginaba! Gracias a la enseñanza de los Espíritus, ese futuro se presenta con una forma definida, perceptible, mayor y bella, y en armonía con la majestad del Creador. Cualquiera que lea este libro –como yo– y medite acerca del mismo, encontrará allí tesoros inagotables de consuelos, porque abarca todas las fases de la existencia. En mi vida he tenido pérdidas que fuertemente me han afectado; hoy en día no me dejan ningún disgusto, y toda mi preocupación es emplear con utilidad el tiempo y las facultades para acelerar mi progreso, porque ahora el bien tiene un objetivo para mí, y comprendo que una vida inútil es una vida egoísta que no puede hacernos avanzar hacia la vida futura……….
Vuestro devoto servidor D.., capitán retirado."

"Señor, No sé cómo expresaros todo mi reconocimiento por la publicación de El Libro de los Espíritus, que anhelo por volver a leerlo. ¡Cuán consolador es para nuestra pobre Humanidad lo que vos nos habéis hecho saber! Por mi parte, os confieso que ahora soy más fuerte y más valiente para soportar las penas y las dificultades vinculadas a mi pobre existencia. Ya he compartido con varios de mis amigos las convicciones que he extraído de la lectura de vuestra obra: todos ellos se sienten muy felices, porque ahora comprenden las desigualdades de las posiciones sociales y no murmuran más contra la Providencia; la esperanza cierta de un porvenir más feliz, si proceden bien, los consuela y les da coraje."

"Señor, quisiera seros útil; no soy más que un pobre hijo del pueblo que se ha hecho una pequeña posición por su trabajo, pero que carece de instrucción, habiendo sido obligado a trabajar desde muy joven; por lo tanto, siempre he amado a Dios y he realizado todo que he podido para ser útil a mis semejantes; es por eso que busco todo lo que pueda contribuir a la felicidad de mis hermanos. Vamos a reunirnos varios adeptos que estábamos dispersos; haremos todos nuestros esfuerzos para secundaros: habéis levantado el estandarte y nuestra tarea es seguiros; contamos con vuestro apoyo y vuestros consejos.

Señor, soy, si me atrevo a decirlo, vuestro hermano, con devoción.                           
C..."

Al igual que estas personas que en su momento dieron gracias por poder beneficiarse de tener entre sus manos este gran legado, nosotros hoy día, favorecidos por esta grandísima herencia ¿Agrademos realmente poder tener el conocimiento que él nos imparte? ¿Somos conscientes de la responsabilidad que tenemos ante nosotros por esta grandiosa sabiduría que nos ha iluminado nuestro camino? Si aún no lo hemos hecho es tiempo de ello, so solo dando las gracias, si no haciendo que esta luz que nos ilumino a nosotros llegue a todas partes y sea el consuelo que las almas afligidas tanto necesitan.
Acordémonos siempre que no se trata tan sólo de Kardec, ni de este o de aquel otro espíritu en particular, como tampoco de un grupo de hombres, sino que es toda una falange de espíritus, enviada a la Tierra en cumplimiento de la promesa de Jesús, la que constituye la fuente espiritual de "El Libro de los Espíritus".

Este viene siendo leído y meditado en el mundo entero, pero poco cuidado se ha puesto en analizarlo en sus múltiples implicaciones y en su significación más profunda.

Sir Oliver Lodge, el gran físico inglés y una de las más altas expresiones de la cultura científica, en su libro acerca de la inmortalidad personal consideró al Espiritismo como “una nueva revolución copernicana”. Y León Denis, el sucesor de Kardec, legítima expresión de la cultura francesa, en el Congreso Espírita Internacional de París, celebrado en 1925, y en su libro "El Genio Céltico" y el "Mundo Invisible", publicado dos años después, proclamó que “El Espiritismo tiende a reunir y a fundir, en una síntesis grandiosa, todas las formas del pensamiento y de la ciencia”.

Por eso sintámonos afortunados de haber podido acceder a esta gran revelación, seamos merecedores de ello, convirtiéndonos en estandartes de esta consoladora doctrina, llevando el Espiritismo a todos aquellos que estén cerca de nosotros, hagamos un profundo estudio de "El Libro de los Espíritus" para que realmente podamos comprender las verdades que los espíritus nos han querido transmitir en él. De esta forma mostremos nuestro reconocimiento por la oportunidad que se nos está dando, convirtiéndonos además en buenos instrumentos a la hora de expandir su mensaje.

Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

miércoles, 1 de mayo de 2019

Filosofía natural

Filosofía natural



Estudiando la filosofía Natural o Naturista (base de la Medicina Natural) y Espiritista, vemos que tienen muchos puntos en común. En unos aspectos son hermanas puesto que ambas doctrinas estudian la Ley Natural o Universal y en otros complementarias, puesto que su estudio parte desde fuentes diferentes. Ambas doctrinas tienen tres partes, filosófica, científica y moral (consecuencias morales de su estudio). La parte filosófica nos abre las puertas en la búsqueda del conocimiento que luego podrá ser confirmado persistiendo por la vía científica para poder obtener conclusiones morales que nos ayuden en nuestro camino evolutivo.

En el libro "Medicina natural en 40 lecciones" del Dr. Eduardo Alfonso, encontramos los principios básicos de la filosofía naturista, muchos de ellos, como la Ley de Evolución y la Ley de Causa y Efecto, igualmente estudiados por la filosofía espírita.

El estudio de la naturaleza demuestra un orden natural regido por leyes que al hombre le corresponde ir descubriendo mediante el examen y la comparación de los hechos. Ese orden natural en su conjunto establece una relación bidireccional entre las partes y el todo, el universo, estableciendo la Armonía. Armonía que es mantenida mediante al cumplimiento de las Leyes Universales y que es quebrantada cuando dichas leyes se transgreden. Algunas de las leyes que vemos en el orden natural son las siguientes:

Ley del Movimiento: todo se mueve en el universo. La vida es movimiento cíclico y vibración, con momentos de reposo y agitación, así como "el día y la noche, el sueño y la vigilia, la vida y la muerte, la inspiración y la expiración, la sístole y la diástole, etc., son grandes vibraciones de la Naturaleza, análogas en un todo a las del sonido, la luz, la electricidad, etc., en el mundo de lo pequeño".
Ley del Amor: El Amor es el origen de la Armonía general del Universo, causa de toda creación y principio de toda creación y atracción general entre todas las criaturas. El verdadero amor siempre implica la relación de unión armónica entre las criaturas con la finalidad de la evolución en todos los planos de la existencia, material, psíquica y espiritual. "El Amor, pues, supone la renuncia de sí mismo en bien de todo lo que no es uno mismo, y para manifestarse requiere la conciencia de que todos los seres son hermanos, como salidos del mismo Origen".

Ley de Evolución: "Todo lo existente lleva inmanente la tendencia y fuerza para convertirse en algo superior."  La ley del Amor sería el motor que mueve a todas las criaturas hacia la unión con lo superior por medio de la evolución y el perfeccionamiento, primero de sus funciones físicas, luego perfeccionando las funciones intelectuales y finalmente las espirituales.

Ley de ciclos: "Todo lo existente evoluciona por ciclos". La vida y la muerte en sí mismos son un ciclo que sirve de frontera entre ciclos interiores de la vida y los exteriores del espíritu. La vida está llena de procesos cíclicos que no se detienen ni cuando llega la muerte. La respiración, el ritmo sanguíneo, el sueño y la vigilia, el sistema simpático y parasimpático, etc.

Ley de Finalidad. "La evolución tiene un sentido finalista... de índole transcendental y metafísica". Todo evoluciona hacia estados de consciencia más elevados, perfeccionado tanto la materia como la inteligencia. La Naturaleza demuestra una inteligencia más allá de la casualidad que da sentido a lo creado.

Ley de Jerarquía. La escala de la evolución en misma es una jerarquía. El espíritu rige la materia, la inteligencia sobre el cuerpo, el cerebro sobre los miembros, el órgano sobre la célula, etc.

Ley de Armonía. Toda existencia exige una interrelación armoniosa entre las partes y el todo. Sin armonía se acerca la decrepitud y la muerte. Las funciones de los órganos solo tienen sentido considerando el bien común de todo el conjunto. Las personas somos como órganos para la familia, la familia para la sociedad y las sociedades para la humanidad.

Ley de Adaptación. Todos los seres se adaptan al medio que les rodea, modificándose recíprocamente con el medio en el tiempo y propiciando la Ley de Evolución.
Ley de Selección. Toda evolución en la naturaleza conlleva una superación y una supervivencia sobre lo no evolucionado formando un proceso selectivo natural, donde siempre perdura lo más sano, más fuerte, más sabio, más inteligente y más bueno.

Ley de Herencia. Todos los seres adquieren o heredan caracteres físicos y psíquicos de sus progenitores.

Ley de Analogía. Las leyes se proyectan en todas las dimensiones de la existencia, manifestándose de forma análoga en lo grande como en lo pequeño, en lo físico y tangible como en lo metafísico e invisible. En los distintos aspectos de la vida rigen las mismas leyes. La corriente electromagnética sigue principios análogos a la corriente hidráulica, los siete colores del arcoíris son como las siete notas de una escala musical, la energía en porciones minúsculas se puede comportar como corpúsculos de materia, el calor y la cantidad de movimiento se pueden almacenar en sistemas análogos, etc.

Ley de los Contrarios. Toda percepción depende de cierto grado de un contraste, de una diferencia o de una variación en el medio percibido. En todo contraste hay dos límites, uno por exceso u otro por defecto que podemos considerar contrarios. Todo, en nuestro nivel de percepción material e intelectual, es polar.

Ley de Causa y Efecto. "Todo acto o fenómeno tiene una causa productora, como a su vez produce también un efecto (el cual no es sino la causa reproducida en otra forma)". La causalidad se opone a la casualidad determinando nuestro destino, haciéndonos responsables de nuestras propias decisiones y actos, modificando el medio y las circunstancias donde nos movemos para alcanzar el máximo cumplimiento de dicha ley, sin menoscabar la Ley de Justicia, generando a su vez las experiencias necesarias para el aprendizaje de la ley natural y así del error.

Ley de Necesidad o Utilidad. "Todo ser o acto responde a una necesidad o utilidad dentro del plan universal de la Evolución. La Naturaleza no crea nada inútil". La experiencia nos muestra los principios biológicos de que todo órgano que no funciona se atrofia junto a la función hace al órgano, mostrando que el camino de la evolución se abre paso a paso, con economía sin malgastar energías esenciales.

Ley de Desigualdad. "El movimiento tiene por único origen una desigualdad (o excitación)". Toda desigualdad tiene al equilibrio generando un movimiento en busca de un estado de menor energía (o mayor economía). La armonía nunca puede componerse de una única nota sin ser monotonía. En la variedad está la posibilidad de establecer interrelaciones armoniosas que en conjunto superan a cada una de las partes.

El conocimiento nos hace responsables ante la ley natural, aunque su ignorancia no nos exime de sus consecuencias. Estudiemos la Ley Natural en todas sus dimensiones, material, psíquica y espiritual, para perfeccionarse y evolucionar en camino recto, en lo posible.

La salud física, emocional, mental y espiritual depende directamente del cumplimiento real de las Leyes Naturales.

La medicina natural nos previene del peligro de ingerir toxinas que debiliten nuestro cuerpo, así de la extenuación de nuestras energías esenciales derrochándolas dando gusto a sus apetitos y pasiones.
El Espiritismo paralelamente, nos dice lo mismo en el plano espiritual y emocional, donde también debemos apartarnos de ingerir toxinas o incluso crearlas, a la par de que tenemos que adquirir hábitos saludables espiritualmente que nos liberen de las que ya tenemos arraigadas. Las Leyes Naturales se proyectan en todas las dimensiones creándonos constantemente oportunidades de crecimiento y liberación que dejamos escapar cuando anteponemos nuestros propios intereses, los de nuestro psiquismo, frente a los intereses reales de nuestro espíritu, grabados en el fondo de nuestro corazón, nuestra conciencia, firme reflejo de la voluntad de Dios, nuestro creador y padre.

El verdadero naturista, tanto físico como espiritual, es el que colabora con la Naturaleza y la Ley Suprema en todos los niveles de la evolución. "Es bueno, constructivo, armónico y biológico todo lo que favorezca o ayude a la ley evolutiva, pues como dijimos al principio, toda idea de retroceso es antinaturista". Comer sin destruir, vivir sin desperdiciar, construir armoniosamente, relacionarse virtuosamente, buscar el bien, lo bello y lo verdadero son principios que nos han de guiar, al ser dictados por la experiencia y la razón, preparándonos para nuevas etapas evolutivas que nuestra mente todavía no puede concebir.

Jose Ignacio Modamio Rica
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 28 de abril de 2019

Teoría de las manifestaciones físicas

Teoría de las manifestaciones físicas


¿Qué son? Las manifestaciones físicas son aquellas que se traducen en fenómenos materiales tales como ruidos, movimientos, desplazamiento de objetos, materializaciones, etc.

Para que se produzcan hay que tener en cuenta la relación de los espíritus con nuestra alma o espíritus encarnados.

La idea que se forma de la naturaleza de los espíritus hace incomprensible los fenómenos físicos, ya que se piensa que son inmateriales y por tanto, no pueden obrar sobre la materia.

Sin embargo, al preguntarles ¿es exacto expresar que los Espíritus son inmateriales? ellos responden:
– ¿Cómo se podría definir algo cuando se carece de términos de comparación, y con un lenguaje insuficiente? Un ciego de nacimiento ¿puede acaso definir la luz? “Inmaterial” no es la palabra. “Incorpóreo” sería más exacto, porque se debe comprender bien que, siendo el espíritu una creación, debe ser algo. Es una materia quintaesenciada, pero sin analogía para vosotros, y tan etérea que no puede ser percibida por vuestros sentidos.

Por lo tanto, habrá en nosotros dos especies de materia: una grosera, que constituye la envoltura exterior o cuerpo y la otra sutil e indestructible, alma, espíritu…

La muerte es la disgregación de la primera, de aquella que el alma abandona; la otra que nosotros denominamos periespíritu, se desprende y sigue al alma que, de esta manera, se encuentra siempre teniendo una envoltura. El periespíritu es el intermediario de todas las sensaciones que percibe el espíritu, aquel por el cual el espíritu transmite su voluntad al exterior y obra sobre los órganos.
Sus propiedades son:

- Expansión y flexibilidad. Se adapta a la voluntad del Espíritu y bajo la influencia de su pensamiento puede darle la apariencia que desee.

- Absorción. Consigue asimilar sustancias materiales finas, fluídicas, que le ofrecen ciertas sensaciones temporalmente, y es por este motivo, por el cual determinadas entidades desencarnadas en un estado grosero de evolución, pueden llegar a exigir a quienes se encuentran en su tenor vibracional la toma de determinadas sustancias, comidas….absorbiendo dichos fluidos, incluso del plasma sanguíneo o vital por medio de los cuales puede experimentar los placeres que sentía estando encarnado. Esta es  la base del mecanismo, a través de la cual actúan los obsesores sobre sus víctimas.

-  Penetrabilidad. A través de esta propiedad puede atravesar cualquier elemento material, pudiendo penetrar en lugares herméticamente cerrados.

- Irradiación. El periespíritu no se encuentra cerrado en los límites del cuerpo, forma una atmósfera a su alrededor producto de sus pensamientos y voluntad.

Por todas estas características, esta materia etérea de la que se compone el periespíritu puede sufrir tal modificación, que el propio espíritu puede hacerla pasar por una especie de condensación que la vuelva perceptible a los ojos del cuerpo, pero también su sutileza le permite atravesar los cuerpos sólidos; he aquí por qué estas apariciones no encuentran obstáculos, y por qué se desvanecen frecuentemente a través de las paredes. La condensación puede llegar al punto de producir resistencia y tangibilidad; es el caso de las manos que se ven y se tocan; pero esta solidificación de la materia etérea, al no estar en su estado normal, es temporal o accidental. He aquí por qué esas apariciones tangibles, en un momento dado, se nos escapan como una sombra.

En las manifestaciones de apariciones de mano, al ser palpable, la mano aparente ofrece una resistencia; ejerce una presión y deja marcas; opera una tracción en los objetos que agarramos; por lo tanto, hay en ella una fuerza.

Al principio, notamos que esta mano obedece a una inteligencia, puesto que obra espontáneamente, da signos inequívocos de voluntad y obedece al pensamiento; por lo tanto, pertenece a un ser completo que no nos muestra sino esa parte de sí mismo, y lo que lo prueba es que produce impresiones con las partes invisibles, al dejar marcas sobre la piel o al hacer sentir dolor.

¿Cómo puede un espíritu aparecer con la solidez de un cuerpo vivo?

En el estado normal, la materia etérea del periespíritu escapa a la percepción de nuestros órganos; únicamente el alma puede verla, ya sea en sueños, en sonambulismo o incluso en somnolencia. En una palabra, todas las veces en que hay una suspensión total o parcial de la actividad de los sentidos. Cuando el espíritu está encarnado, la sustancia del periespíritu se encuentra más o menos ligada íntimamente a la materia corpórea, más o menos adherida, si podemos expresarnos así. En ciertas personas hay una especie de emanación de ese fluido como consecuencia de su organismo, y éstos son –propiamente hablando– los médiums de efectos físicos. Este fluido emanado del cuerpo se combina con el que forma la envoltura semimaterial del Espíritu extraño. De esto resulta una modificación, una especie de reacción molecular que momentáneamente cambia las propiedades, al punto de volverlo visible y, en algunos casos, tangible. Este efecto puede producirse con o sin la colaboración de la voluntad del médium; es esto lo que distingue a los médiums naturales de los médiums facultativos. La emisión del fluido puede ser más o menos abundante: de ahí los médiums más o menos potentes; de manera alguna dicha emisión es permanente, lo que explica la intermitencia de la fuerza. En fin, si se tiene en cuenta el grado de afinidad que puede existir entre el fluido del médium y el de tal o cual espíritu, se ha de comprender que su acción puede ejercerse sobre unos y no sobre otros.

¿Son los espíritus solidificados los que levantan una mesa?

Cuando un objeto es puesto en movimiento, levantado o arrojado al aire, no es que el espíritu lo aferre, lo empuje o lo levante, como nosotros lo haríamos con la mano. Él lo satura –por así decirlo– de su fluido por su combinación con el del médium, y el objeto, así momentáneamente vivificado, actúa como lo haría un ser vivo, con la diferencia que, no teniendo voluntad propia, sigue el impulso de la voluntad del Espíritu, y esta voluntad puede ser la del Espíritu del médium, como también la de un Espíritu extraño, y algunas veces la de ambos, obrando de común acuerdo, según sean o no simpáticos.

Esta teoría de las manifestaciones físicas ofrece lo siguientes puntos:

- El fluido universal –en el cual reside el principio de la vida- es el agente principal de esas manifestaciones.

- Este agente recibe su impulso del espíritu, ya sea encarnado o errante.

- Ese fluido condensado constituye el periespíritu o envoltura semimaterial del Espíritu.

- En el estado de encarnación, ese periespíritu está unido a la materia del cuerpo; en el estado de erraticidad, está libre.

- Puesto que el fluido vital, impulsado en cierto modo por el espíritu, da una vida ficticia y momentánea a los cuerpos inertes, y que el periespíritu no es otra cosa sino este mismo fluido vital, se deduce de ello que cuando el Espíritu está encarnado, es él que da la vida al cuerpo por medio de su periespíritu, permaneciendo unido tanto como el organismo lo permita; cuando se retira, el cuerpo muere.

¡Cuántos fenómenos inexplicados pueden quedar aclarados a través de esta teoría de la filosofía espírita!

Ana Mª Sobrino
Bibliografía: Revista Espírita; Libro de los Espíritus y Libro de los Médiums.

viernes, 19 de abril de 2019

Nuevo periódico "El Ángel del Bien" - Abril 2019

Nuevo periódico "El Ángel del Bien" - Abril 2019



DESCÁRGATE YA EL NUEVO "EL ÁNGEL DEL BIEN"

Abril 2019

Un faro en la oscuridad

Un faro en la oscuridad



Todos los tiempos han tenido su código moral de conducta. El ser humano dejado de la mano, abandonado a sus caprichos sensuales, no hace más que fomentar la vida de la materia, cultivando muy poco la que le es más cara y verdadera: la del espíritu. ¡Es tan corto e imprevisible el lapso de tiempo que la vida nos tiene ligados a nuestro cuerpo! ¡Es tanta la alucinación en que vivimos, como si nunca fuéramos a morir! Nuestra época anda a tientas. No creyendo en nada, ya cree saberlo todo. Y qué pobre amparo es el orgullo ante la angustia de la nada. «Espíritus fuertes» así son menciona dos en la codificación.

Son muchos los espíritus que desencarnados nos comentan que siguen viviendo en su estado mental anterior, como esclavos de sus propias rutinas e ideas, sin ser conscientes de dónde se encuentran. Esta alucinación empieza en la vida terrena, ¿no estamos acaso desprevenidos muchas veces?
Cuando nos asolan reveses que no comprendemos, cuando una y otra vez un muro infranqueable parece levantarse ante nuestras metas, ¿no estaremos acaso errando el camino? ¿Se abre un sano lapso a la meditación o dejamos que sea la cólera, la rabia, el resentimiento disfrazado de múltiples emociones menos espinosas quienes nos comande?

No nace el ser humano enseñado, necesita aprender para ganar pericia. No solo el conocimiento de las reglas de un oficio te hacen buen artesano, sino la constante dedicación a su perfeccionamiento. ¿Hacemos lo propio con nuestro espíritu? ¿Somos conscientes de lo importante que es para nosotros? ¡Fuera de aquí toda ostentación! Vade retro Satana! Hacemos para nosotros, «mi soliloquio es plática con este buen amigo que me enseñó el secreto de la filantropía» (1); como diría el poeta, y ese segundo verso se alcanza una vez logrado el primero, de modo natural, y no al revés.

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¿Por qué estoy en el espiritismo? Para aprender. ¿Qué tengo que aprender? Las cosas propias del día a día; vislumbrar el fanal de luz que en la oscuridad de las pruebas puede poner a salvo la embarcación de nuestra vida, siempre tan próxima a zozobrar ante los constantes accidentes existenciales.

¿Pero yo no recuerdo haber hecho nada malo en otra existencia? ¿¡Tan cruel fui!? «Hombres de poca fe» diría Jesús de Nazareth. ¿Quién os ha dicho que todo sea por la ley del Talión? ¿No habló acaso Jesús de la ley del amor? Y no paramos de buscar en la ley de causa y efecto motivos grandilocuentes, cuando a veces son muy simples: rectificar nuestro carácter; aprender humildad en propias carnes; empatizar con los que están en situaciones más precarias que nosotros, aprendiendo a ser misericordiosos con sus males; dar gracias a Dios por la vida. ¡Qué importa que no recordemos! También han cambiado las épocas, pero por desgracia quizá no haya cambiado tanto nuestro espíritu y de ahí las pruebas que nos son necesarias para nuestra evolución espiritual.

A la luz de la enseñanza de los espíritus, estudiando nuestro propio carácter, nuestras inclinaciones intelectuales o artísticas, podemos vislumbrar quiénes somos, y en qué estado estamos. Con la mayor naturalidad del mundo. Los delineamientos de la doctrina son claros. El estudio de cuestiones más técnicas nos puede ayudar a comprender más, pero también nos puede cegar la vanidad de vanidades salomónica, alejándonos de lo que más nos es preciso: nuestra ejercitación moral.

Las ciencias materiales estudian incansablemente todos los días las cuestiones que atañen al conocimiento de la materia; el espiritismo nos invita al estudio de las cuestiones propias del espíritu. La inteligencia espiritual recae en nuestras propias cualidades íntimas, que son nuestro tesoro más sagrado. El conocimiento de las cuestionas más técnicas nos permiten mostrar de un modo más lúcido dichas cuestiones. Pero ¡cuidado!, el espiritismo es una ciencia moral, cuya finalidad es el mejoramiento de sus adeptos:

«Los reconoceréis en los principios de verdadera caridad que profesarán y practicarán: los reconoceréis en el número de afligidos que habrán consolado; los reconoceréis en su amor hacia el prójimo, por su abnegación, por su desinterés personal; los reconoceréis, en fin, en el triunfo de sus principios, porque Dios quiere el triunfo de su ley; los que siguen su ley son sus elegidos y él les dará la victoria, pero destruirá a los que falsean el espíritu de esa ley y hacen de ella su comodín para satisfacer su vanidad y su ambición.» (Erasto, ángel guardián del médium. París, 1863)(2); no una mera enseñanza para ser impartida desde las cátedras o lo que sería peor, desde el púlpito.

Jesús Gutiérrez

(1) Verso de Antonio Machado. Poema «Retrato» de su obra Campos de Castilla (1912). 
(2) Kardec, Allan. Evangelio según el espiritismo, cap. XX, ítem 4 «Misión de los espiritistas» (1864).