viernes, 19 de abril de 2019

Nuevo periódico "El Ángel del Bien" - Abril 2019

Nuevo periódico "El Ángel del Bien" - Abril 2019



DESCÁRGATE YA EL NUEVO "EL ÁNGEL DEL BIEN"

Abril 2019

Un faro en la oscuridad

Un faro en la oscuridad



Todos los tiempos han tenido su código moral de conducta. El ser humano dejado de la mano, abandonado a sus caprichos sensuales, no hace más que fomentar la vida de la materia, cultivando muy poco la que le es más cara y verdadera: la del espíritu. ¡Es tan corto e imprevisible el lapso de tiempo que la vida nos tiene ligados a nuestro cuerpo! ¡Es tanta la alucinación en que vivimos, como si nunca fuéramos a morir! Nuestra época anda a tientas. No creyendo en nada, ya cree saberlo todo. Y qué pobre amparo es el orgullo ante la angustia de la nada. «Espíritus fuertes» así son menciona dos en la codificación.

Son muchos los espíritus que desencarnados nos comentan que siguen viviendo en su estado mental anterior, como esclavos de sus propias rutinas e ideas, sin ser conscientes de dónde se encuentran. Esta alucinación empieza en la vida terrena, ¿no estamos acaso desprevenidos muchas veces?
Cuando nos asolan reveses que no comprendemos, cuando una y otra vez un muro infranqueable parece levantarse ante nuestras metas, ¿no estaremos acaso errando el camino? ¿Se abre un sano lapso a la meditación o dejamos que sea la cólera, la rabia, el resentimiento disfrazado de múltiples emociones menos espinosas quienes nos comande?

No nace el ser humano enseñado, necesita aprender para ganar pericia. No solo el conocimiento de las reglas de un oficio te hacen buen artesano, sino la constante dedicación a su perfeccionamiento. ¿Hacemos lo propio con nuestro espíritu? ¿Somos conscientes de lo importante que es para nosotros? ¡Fuera de aquí toda ostentación! Vade retro Satana! Hacemos para nosotros, «mi soliloquio es plática con este buen amigo que me enseñó el secreto de la filantropía» (1); como diría el poeta, y ese segundo verso se alcanza una vez logrado el primero, de modo natural, y no al revés.

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¿Por qué estoy en el espiritismo? Para aprender. ¿Qué tengo que aprender? Las cosas propias del día a día; vislumbrar el fanal de luz que en la oscuridad de las pruebas puede poner a salvo la embarcación de nuestra vida, siempre tan próxima a zozobrar ante los constantes accidentes existenciales.

¿Pero yo no recuerdo haber hecho nada malo en otra existencia? ¿¡Tan cruel fui!? «Hombres de poca fe» diría Jesús de Nazareth. ¿Quién os ha dicho que todo sea por la ley del Talión? ¿No habló acaso Jesús de la ley del amor? Y no paramos de buscar en la ley de causa y efecto motivos grandilocuentes, cuando a veces son muy simples: rectificar nuestro carácter; aprender humildad en propias carnes; empatizar con los que están en situaciones más precarias que nosotros, aprendiendo a ser misericordiosos con sus males; dar gracias a Dios por la vida. ¡Qué importa que no recordemos! También han cambiado las épocas, pero por desgracia quizá no haya cambiado tanto nuestro espíritu y de ahí las pruebas que nos son necesarias para nuestra evolución espiritual.

A la luz de la enseñanza de los espíritus, estudiando nuestro propio carácter, nuestras inclinaciones intelectuales o artísticas, podemos vislumbrar quiénes somos, y en qué estado estamos. Con la mayor naturalidad del mundo. Los delineamientos de la doctrina son claros. El estudio de cuestiones más técnicas nos puede ayudar a comprender más, pero también nos puede cegar la vanidad de vanidades salomónica, alejándonos de lo que más nos es preciso: nuestra ejercitación moral.

Las ciencias materiales estudian incansablemente todos los días las cuestiones que atañen al conocimiento de la materia; el espiritismo nos invita al estudio de las cuestiones propias del espíritu. La inteligencia espiritual recae en nuestras propias cualidades íntimas, que son nuestro tesoro más sagrado. El conocimiento de las cuestionas más técnicas nos permiten mostrar de un modo más lúcido dichas cuestiones. Pero ¡cuidado!, el espiritismo es una ciencia moral, cuya finalidad es el mejoramiento de sus adeptos:

«Los reconoceréis en los principios de verdadera caridad que profesarán y practicarán: los reconoceréis en el número de afligidos que habrán consolado; los reconoceréis en su amor hacia el prójimo, por su abnegación, por su desinterés personal; los reconoceréis, en fin, en el triunfo de sus principios, porque Dios quiere el triunfo de su ley; los que siguen su ley son sus elegidos y él les dará la victoria, pero destruirá a los que falsean el espíritu de esa ley y hacen de ella su comodín para satisfacer su vanidad y su ambición.» (Erasto, ángel guardián del médium. París, 1863)(2); no una mera enseñanza para ser impartida desde las cátedras o lo que sería peor, desde el púlpito.

Jesús Gutiérrez

(1) Verso de Antonio Machado. Poema «Retrato» de su obra Campos de Castilla (1912). 
(2) Kardec, Allan. Evangelio según el espiritismo, cap. XX, ítem 4 «Misión de los espiritistas» (1864).

domingo, 10 de marzo de 2019

Amaos

Amaos



Las leyes morales son aquellas que, dentro de las Leyes Divinas, conciernen especialmente al hombre en sí mismo y en sus relaciones con Dios y sus semejantes. Comprenden las reglas de la vida del cuerpo y  la del alma. Entre ellas, la más importante a mi modo de ver es la "Ley de Justicia, amor y caridad”, a la que podríamos llamar también la "Ley de Amor".

La doctrina de Jesús, destinada a orientar la elevación espiritual del ser humano, se resume por entero en el amor, que es el más elevado de los sentimientos y  la lección fundamental de nuestro aprendizaje en la Tierra. El Maestro, al proclamar aquello de "amar a vuestro prójimo como a vosotros mismos", no estableció límites para ese amor. Al contrario, simbolizó en el prójimo a la Humanidad entera. Por lo tanto, la práctica de la Ley de Amor, según la voluntad del Padre, consiste en amar a todos los hermanos indistintamente.

¿Qué debemos hacer para ajustarnos a la ley de amor? Como primer paso, tolerar a los que conviven con nosotros, buscando perdonar a quienes nos ofenden, auxiliando al prójimo, en la medida de nuestras posibilidades, en fin, atendiendo fielmente al llamamiento de Jesús. No basta solo  con no hacer a los otros aquello que no queremos  que nos hagan,  debemos  también hacer con respecto a ellos todo aquello que nos  gustaría que  hiciesen con nosotros.

Amar, en el sentido profundo de la palabra, es aceptar a los demás como son, haciéndoles todo el bien que esté a nuestro alcance. Amar al prójimo es  una receta infalible de felicidad y una condición indispensable para que nos elevemos por encima de la materia, andando el camino recto que lleva  hacia Dios. Hemos de tener presente por  tanto que La Ley de Amor constituye el primero y el más importante precepto de la  doctrina espírita.

Los efectos de la ley de amor son el mejoramiento moral de la raza humana y la felicidad durante la vida terrenal. El amor auténtico implica ser leal,  de conciencia recta. Amar es, además, considerar como propia la gran familia humana. La esencia del amor es divina, y nosotros, desde el primero hasta el último, tenemos en el fondo del corazón la chispa de ese fuego sagrado. El amor no exige renunciar a los principios morales, no impide cumplir con el deber, ni con las responsabilidades. La base del amor verdadero entre las personas es espiritual. Ver al otro como un ser espiritual, como un alma, es ver su realidad. Sólo cuando seamos conscientes de ello y nos conozcamos a nosotros mismos comprenderemos lo que ocurre a los demás, o sea,  a cada uno de nuestros hermanos.

Superficialmente todos parecemos diferentes, pero en realidad todos buscamos lo mismo y seguimos el mismo destino. Las diferencias que encontramos son superficiales y las provoca el ego.
Los seres humanos lamentamos el hecho de que no hay amor en el mundo. Todos quisiéramos amor en esta Tierra, pero el amor debe comenzar en el corazón de cada uno de nosotros o el amor en este planeta no  llegara a ser nunca una realidad. Entender las propias emociones es esencial. No se puede saber lo que significa amar, tener compasión o misericordia si no se siente.

Cuando prevalece el amor espiritual, es imposible que haya enemistad, odio, ira o celos. Los sentimientos negativos se transforman en positivos gracias a la serenidad del amor. En este  amor auténtico, tan lejano del otro terreno que es tan común entre nosotros, hay armonía, y nos asegura la bondad, el cuidado y la comprensión amistosa. Amor espiritual significa no fijarse en las debilidades de los demás, sino interesarse en eliminar los propios defectos. El método para hacer eso es revisarse internamente con regularidad para verificar hasta qué punto se ha adoptado el hábito natural de hacer felices a los demás.

Los seres humanos se han quedado atrapados en un modelo de comportamiento que ha distorsionado el valor del amor y la capacidad de confiar mutuamente en los sentimientos e intenciones. Es como si el intelecto humano hubiera perdido la conexión con la única fuente eterna de amor y se apoyara en los recursos temporales. Como consecuencia,  las almas humanas permanecen sedientas de amor verdadero.

En un mundo mejor, la Ley Natural es el amor y en una persona más elevada, la naturaleza es amorosa y sin artificios. Cuando el fuego del amor espiritual se enciende, las personas comienzan a ejercer el poder de la voluntad para liberarse de la esclavitud de las gratificaciones momentáneas. Se invierte tiempo y se hacen esfuerzos para edificar un estado interno en el que el amor se revele en cada actividad. Se empieza por las pequeñas cosas, regalar una sonrisa, ser amable con las personas con las que nos cruzamos cada día. Intentar ser comprensivo e indulgente con los demás... aprender a pedir perdón, eso que tanto nos cuesta. Cumplir con nuestras obligaciones sin valorar si el otro cumple con las suyas, porque ese es su problema, no el nuestro. Ponernos pequeñas metas para ir cumpliendo en el devenir diario... si cuesta hay que esforzarse un poco más porque al final, a fuerza de insistir acabarán convirtiéndose en hábito y lo haremos sin pensar, de forma natural.

Ser sinceros con nosotros mismos y exigirnos más de lo que exigimos a los demás. Y ante todo, trabajar en el bien, porque no hay nadie tan pobre que no tenga nada para dar. Tiempo, buenos consejos, compañía, etc.

A ver si somos capaces de interiorizar estas enseñanzas, y poquito a poco ir poniéndolas en práctica, por aquello de que paso a paso se llega lejos. Y si sabemos que nuestra meta es llegar a ser espíritus puros, ya estamos tardando en empezar a recorrer la senda del bien, aunque haya que entrar por la puerta estrecha.
Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

lunes, 4 de marzo de 2019

El camino recto

El camino recto



Muchas veces, cuando estudiamos Espiritismo, hemos de abordar una cuestión que parece fácil de comprender, pero no tanto de llevar a la práctica.

Y es la de elevar nuestra propia vibración para estar en sintonía con los buenos espíritus. Con los que son cuanto menos un poco más elevados que nosotros.

En un mundo tan materializado como el nuestro, ¿cómo podremos conseguir trascender lo cotidiano para elevarnos a nivel espiritual?

El secreto consiste en aprender a concentrarnos, a meditar, para elevar nuestro nivel de energía y así poder dirigirla allí donde sea más necesaria.

Para conseguir aislarnos del mundanal ruido y concentrarnos en lo verdaderamente importante hay que encontrar la paz interior y eso solo se consigue encontrando un lugar idóneo, donde las circunstancias externas nos molesten lo menos posible y, sobre todo, hallando el modo de liberar nuestra mente de presiones y estrés. Para así poder acceder a un estado de concentración mental que nos lleve a otras dimensiones.

Es decir, se precisa relajación física y concentración espiritual.

Para conseguir ambas cosas es bueno centrarse en una imagen que nos transmita belleza y que eleve nuestro potencial a nivel sentimental, por ejemplo, una flor que nos resulte especialmente hermosa. Manteniendo esa imagen en nuestro cerebro y sintiendo como todo el cuerpo se relaja, podemos acceder a un grado de comprensión de lo que nos rodea mucho más profundo de lo que habitualmente solemos conseguir.

Ya estamos en el punto de partida. A partir de ahí podemos empezar a navegar hacia la fuente de energía que nos baña a todos y nos impregna con su luz.

Creo que ninguno de nosotros ignora que los pensamientos son creadores, que por esa misma sintonía a la que nos referíamos al principio atraemos hacia nosotros todos aquellos que vibran en el mismo grado de frecuencia, digamos, y que aquellos que emitimos nos llegan de vuelta cargados  de energía afín que han absorbido en su camino antes de volver a nosotros, por lo cual, si emitimos un pensamiento negativo, este regresara más orondo y más crecido  a alimentar esas actitudes poco recomendables que sin duda todos tenemos.

De modo que, aunque sea por salud mental, hemos de hacer limpieza diaria de  todo aquello que significa un lastre para nuestro espíritu, y alimentarnos de pensamientos y sentimientos positivos, para conseguir poco a poco llenarnos de ese amor espiritual que hace que prevalezca el interés del otro sobre nuestra comodidad o nuestro egoísmo personal.

Aquí nos topamos con un tema delicado y es que para ser mejores hemos de tener una meta  a la que deseemos llegar, pero primero debemos saber desde dónde partimos, es decir, cuáles son nuestros defectos, nuestros fallos, aquellos que normalmente nos cuesta tanto reconocer y admitir.
De ahí que debamos aplicar el axioma espírita de “Conócete a ti mismo”.

A veces, llegar a lo más profundo de nuestro ser resulta incómodo, porque nos han enseñado a vernos como triunfadores para ser aceptados y rehusamos recorrer los vericuetos de nuestro cuarto oscuro. En el fondo nos da miedo enfrentarnos a nosotros mismos, porque entonces tendremos que hacer cambios en nuestro comportamiento diario y arriesgarnos a salir de nuestra zona de confort en la que ya llevaremos años atrincherados, seguramente, y que nos resulta tan cómoda.

Pero amigos míos, ya sabéis aquel dicho popular de que el que algo quiere, algo le cuesta.
Si sabemos que aquí hemos venido a trabajar más vale que vayamos poniéndonos las pilas cuanto antes.

Al principio es duro, sin duda, pero basta con ir poniéndose pequeños retos diarios. Sobre todo, trabajar en el bien e intentar practicar la indulgencia y la caridad en toda su amplitud y diversidad de facetas con nuestros hermanos.

Desechar los pensamientos negativos que acuden a nuestra mente y cambiarlos por otros positivos, hace que, a fuerza de disciplina, aprendamos a darle importancia a aquello que realmente la tiene. Dejemos de enfadarnos por tonterías y nos resulte más fácil ponernos en el lugar del otro, comprender sus razones para actuar como actúa, aunque no esté de acuerdo con nuestros planteamientos, y por ende, el acto de perdonar, cuando seamos capaces de no juzgar, resulte una consecuencia de nuestro auténtico cambio interior.

Lo que ha de suceder, sucederá, nuestras pruebas están ahí y habremos de pasarlas, nos guste o no.
La diferencia está en nuestra actitud ante ellas, en cómo reaccionamos ante las dificultades, porque de nuestra manera de afrontar los momentos difíciles de la existencia en los cuales se pone a prueba nuestra paciencia y resignación, depende que seamos más o menos felices, y que tengamos paz interior o no.

Las circunstancias son las mismas, pero si aprendemos a sopesar los pros y los contras sin hacer trampas, y sabiendo que muchas veces el dolor nos sirve de aprendizaje y de forja para edificar nuestra fortaleza, si no renegamos de lo que nos ocurre, si lo aceptamos sin revelarnos, entonces lo asumimos con todas sus consecuencias, y luchamos de forma pacífica para superar el escollo en la medida de lo posible. Pero si remamos contracorriente, entonces sufriremos mucho más.
Sabemos que nuestro crecimiento personal y sobre todo nuestra elevación espiritual, dependen de nuestro progreso moral. Aunque nos cueste aceptarlo hemos de trabajar por ello diariamente, porque todos sabemos ya que los milagros no existen. Que hemos de seguir al pie de la letra la Ley de Trabajo considerando este como todo empleo útil de nuestro tiempo.

Y tratar de emplear ese regalo del Padre de la mejor forma que nos sea posible. Cada día es una nueva oportunidad para esforzarnos en ser un poco mejores que el anterior, porque no sabemos cuándo acaba nuestro contrato en este planeta azul, desperdiciar el tiempo es un error imperdonable.
La Ley que más necesitamos integrar en nuestra conciencia es sin duda la Ley de amor y caridad.
Ella nos enseñara que todos somos iguales, sin superioridades ficticias, hijos de un mismo padre que es Dios, que nos creó a todos y cada uno de nosotros como espíritus simples e ignorantes, dándonos infinitas oportunidades de progreso en las sucesivas existencias, para que algún día lleguemos como está previsto, a ese estado de pureza espiritual que nos haga dignos de colaborar con Dios en la creación del Universo y nos sea dado poder gozar de su presencia eternamente.

Pero mientras más duro trabajemos por nuestra reforma íntima, más cerca estará ese día. Así pues, paso a paso, hemos de seguir haciendo camino hasta llegar a la meta final.

En resumen, para elevar nuestra vibración y atraer por sintonía a los buenos espíritus cuya compañía hemos de anhelar, hace falta autoconocimiento, deseo sincero de mejorar, trabajar en el bien, pensar cada vez de forma más positiva, orar mucho, que es una herramienta imprescindible para cuando estamos de capa caída, poder remontar, meditar hasta encontrar la forma de ir superando nuestros defectos, y sobre todo, practicar la caridad moral para con nuestro prójimo e irradiar amor.

Ser un faro de luz para aquellos que viven en la oscuridad, seguir la guía de las Leyes Morales y del Evangelio en el que nuestro hermano Jesús, nuestro amado maestro, dejó las claves para guiarnos por un comportamiento ético y moral que nos vaya encaminando hacia el Padre que tanto nos ama.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

sábado, 2 de marzo de 2019

Gratitud, egoísmo, orgullo

Gratitud, egoísmo, orgullo



La gratitud se define, según el diccionario de la R.A.E., como un sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha querido hacer y responder a él de alguna manera.
Etimológicamente, procede del latín "gratia" que significa la honra o alabanza que, sin más, se tributa a otro para luego significar el favor y reconocimiento de un favor.

Saber agradecer es más que recitar una palabra mecánicamente por los pequeños detalles cotidianos que recibimos; la respuesta a una pregunta, un desayuno…. Es algo más, es una actitud que nace del corazón por aprecio a lo que alguien ha hecho por nosotros.

Agradecer no es pagar una deuda, es reconocer la generosidad ajena.

Desde el momento en que nuestra intención es pagar una deuda, el agradecimiento se desvanece, para dar paso a la persona orgullosa que no quiere nada por encima de ella.

Según George Simmel (1858-1918) filósofo y sociólogo, señaló: “La gratitud es la memoria moral de la humanidad, ya que, si todo agradecimiento fuera eliminado de repente, la sociedad, tal y como la conocemos se desintegraría” Por tanto este sentimiento tiene una gran función de cohesión social.
Sin embargo, saber agradecer es un valor efímero. En el Evangelio según el espiritismo podemos leer: “El hombre olvida fácilmente el bien y se acuerda mejor de lo que le aflige. Si notáramos diariamente los beneficios de que somos objeto, sin haberlos solicitado, nos admiraríamos muchas veces de haber recibido tantos que se han borrado de nuestra memoria, y nos humillaríamos por nuestra ingratitud.”

La ingratitud es fruto del egoísmo. Los desengaños que ocasiona ¿debería endurecer nuestro corazón e insensibilizarlo? A esta pregunta de “El Libro de los Espíritu”, estos nos responden: “Esto sería un error. Porque la persona sensible, como dices, es siempre feliz por el bien que realiza. Sabe que, si no se acuerdan de ese bien en esta vida, lo recordarán en la otra, y que el ingrato tendrá vergüenza y remordimientos”

Y continúa en la pregunta 938 a.: “Sí, pero esa idea no impide que su corazón se sienta herido. Ahora bien, esta circunstancia, ¿no puede engendrar en ella el pensamiento de que sería más dichosa si fuera menos sensible? - Sí, si prefiere la felicidad del egoísta. ¡Pero se trata de una lamentable felicidad! Sepa esa persona que los amigos ingratos que la abandonan no son dignos de su amistad y que se ha equivocado respecto a ellos. Visto lo cual no deberá lamentar el haberlos perdido. Más adelante encontrará amigos que sepan comprenderla mejor. Lamentad a aquellos que tienen con vosotros un mal comportamiento que no hayáis merecido, porque tendrán ellos un triste arrepentimiento. Pero no os sintáis afectados por eso: es la manera de poneros por encima de su nivel.”
Otra pregunta en "El Evangelio según el Espiritismo" nos hace tomar otra reflexión: "¿Qué debemos pensar de las personas que, habiéndoseles pagado sus beneficios con ingratitudes, ya no hacen bien por miedo de encontrar ingratos?". Estas personas tienen más egoísmo que caridad, porque hacer el bien sólo para recibir muestras de reconocimiento es no hacerlo con desinterés… También hay orgullo, ya que se complacen en la humildad del obligado que viene a poner el reconocimiento a sus pies.”

Sin una perspectiva amplia de la vida, es difícil reconocer cómo las otras personas contribuyen para hacerla mejor. La gratitud se facilita a medida que somos capaces de renunciar a nuestro orgullo.
Desde la perspectiva de una sola vida es difícil comprender por qué se desarrollan las ingratitudes, sin embargo, teniendo en cuenta la pluralidad de existencias podemos ver una continuidad allí, donde la razón no encuentra explicación lógica como son los odios o repulsiones instintivas que se encuentran a menudo y que ninguna circunstancia anterior parece justificar.

Cuando un espíritu deja la Tierra le acompañan las pasiones o virtudes inherentes a su naturaleza; odios poderosos o venganzas insatisfechas provocadas por amplio abanico de circunstancias; destrucción de su familia, su fortuna… Se rebelan ante la idea de perdonarlas y sobre todo de amar a quienes les hirieron.

Sin embargo, pueden progresar o permanecer estacionados. Cuando deciden progresar comprenden que sólo la caridad es el camino y que con odio y sin olvido de las ofensas, esta no es posible.
En ocasiones, tras un largo periodo de meditación y oración, el espíritu aprovecha la oportunidad de una nueva encarnación en medio de la familia a la que tanto detestara. Prueba atroz bajo la cual sucumbe muchas veces si su voluntad no es muy fuerte. Y es así, mirando hacia el pasado donde se puede encontrar explicación a situaciones que según la razón no tendrían lógica desde la perspectiva de una sola vida.

La gratitud ha de ayudarnos a centrarnos en la bondad que nos rodea en el presente.
Ana Sobrino
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

sábado, 29 de diciembre de 2018

¿Cómo reaccionamos ante el suicidio?

¿Cómo reaccionamos ante el suicidio?



Para la Real Academia Española su primera definición de suicidio es: “acción y efecto de suicidarse”. definiendo a suicidarse como: “quitarse voluntariamente la vida”. Y la segunda: “acción o conducta que perjudica o puede perjudicar muy gravemente a quien la realiza”.

El Medical Dictionary lo define como “Psiquiatría. Acto de causar la propia muerte de una forma voluntaria”.

Anualmente, cerca de 800.000 personas se quitan la vida y muchas más intentan hacerlo. Cada suicidio es una tragedia que afecta a familias, comunidades y países y tiene efectos duraderos para los allegados del suicida. Se puede producir a cualquier edad, siendo la segunda causa principal de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años en todo el mundo.

En España, por ejemplo, se producen unos 10 suicidios diarios, y por cada muerte hay entre 10 y 20 tentativas. Cada 40 segundos una persona se quita la vida, siendo desde hace 11 años la principal causa de muerte no natural.  Estas cifras son suficientemente alarmantes como para no mirar hacia otro lado.

El estigma, especialmente en torno a los trastornos mentales y el suicidio, disuade de buscar ayuda a muchas personas que piensan en quitarse la vida o han tratado de hacerlo y, por lo tanto, no reciben la ayuda que necesitan. La prevención del suicidio no se ha abordado apropiadamente debido a la falta de sensibilización respecto del suicidio como problema de salud pública principal y al tabú existente en muchas sociedades para examinarlo abiertamente. Tabú que se manifiesta al abordar este tema de manera distante y fría incluso con términos despectivos.

Muchas veces nos podemos dejar llevar por mitos como, por ejemplo: las personas que hablan de suicidio no lo harán, cualquiera que intente quitarse la vida debe estar loco, si una persona está determinada a quitarse la vida, nada la detendrá, las personas que mueren por suicidio son personas que no estuvieron dispuestas a pedir ayuda, hablar de suicidio puede darle a alguien la idea de suicidarse, etc.… Estas son muchas de las frases que se escucha en boca de aquellos que desconocen las causas, los síntomas, la forma de ayudar, es decir, son neófitos en este tema tan delicado. 
La mayoría de las personas suicidas no son psicóticas o locas, términos que mucha gente utiliza para referirse al suicida. Posiblemente están perturbados, afligidos, deprimidos o desesperados por el dolor, pero la angustia extrema y el dolor emocional no son necesariamente síntomas de enfermedad mental. Una persona suicida puede que no pida ayuda, pero eso no significa que no la acepte, a lo que hay que añadir que estudios de víctimas de suicidio demuestran que más de la mitad han buscado ayuda médica en los seis meses anteriores a su muerte, es decir, querían encontrar otra alternativa, estaban dispuestos a recibir ayuda.

La OMS insiste en que hay que eliminar las falsas creencias relacionadas con este problema como el pensar que la persona que habla de suicidarse no lo va a hacer. "Un intento de suicidio es el factor de riesgo más importante de suicidio para la población general", detalla este informe. "Hay muchas personas que amenazan con suicidarse y que al final terminan haciéndolo", por eso, jamás miremos para otro lado si nos encontramos de frente con ello.

Todos los que nos hacemos llamar espíritas y somos conocedores del mundo espiritual, así como de las consecuencias que nuestras acciones tienen en nosotros, no solo en esta vida sino en las sucesivas, sabemos perfectamente la tremenda repercusión que tiene a nivel periespiritual, así como el desorden emocional y mental sobre el propio espíritu que ocasiona el suicidio. Por no mencionar lo que ha de vivir cuando llega al plano espiritual sufriendo las consecuencias de este acto, alejado totalmente de la Ley Divina. El Libro "Memorias de un Suicida" nos hace un extenso relato sobre esto, el cual animamos a leer si se quiere ampliar los conocimientos al respecto.

Todos los que hayamos leído el "Libro de los Espíritus" sabemos a ciencia cierta que el suicidio no es la solución. Tal y como nos dice la parte final de la pregunta 949: “El suicidio no repara nada”
Por el contrario, la pregunta 950 nos dice: “El suicida retrasa su entada en un mundo mejor, y él mismo pedirá volver para concluir esa vida que interrumpió debido a una idea falsa- Una falta sea cual fuere, nunca abre el santuario de los elegidos”.

El Espiritismo al desvelarnos la verdad sobre la pluralidad de existencias quita el velo que podía entorpecer nuestra visión de la vida, de las situaciones difíciles, las pruebas y vicisitudes que hemos de vivir en cada existencia. Nos ayuda a entender que pretender terminar con la vida no soluciona nada ya que la vida continua, por el contrario, agravamos la situación.

Sin embargo, no podemos pasar por alto ni olvida que la persona que llega a consumar el suicidio, exceptuando casos de enajenación o locura, que de forma impulsiva realiza esta acción, es un espíritu que sufre. Imaginémonos una persona que vive con un sentimiento de auto-odio, desesperanza, y aislamiento, siente que no puede seguir luchando, el dolor cada vez es más intenso, y no cesa, por lo que la única salida que ve es morir. Este sentimiento aparece y empieza a dar los primeros avisos de forma sutil, casi imperceptible, pero se va apoderando del sujeto y ya no es un día, ahora son semanas, meses, e incluso años. Pero a pesar de su deseo de que el dolor se detenga, de que todo termine, la mayoría de las personas suicidas están en conflicto profundo en cuanto quitarse la vida. Desearían encontrar otra alternativa, pero simplemente no son capaces de verla. Debatiéndose entonces, entre el instinto de supervivencia que todos llevamos en nuestro ser y la idea de morir buscando en ello el alivio a su dolor, entran en una lucha interna que solo produce un inmenso y terrible sufrimiento.

Este sufrimiento se agrava con las posibles secuelas emocionales de los intentos fallidos. La persona vive de forma desesperada, en un mundo cerrado en el que no encuentra ni ve otra solución que no sea el quitarse la vida. Por supuesto jamás está sola, su guía espiritual y espíritus protectores siempre le intentaran ayudar, sugiriéndole otras soluciones, pero el enfermo del alma, que es el suicida, no es capaz de ver. Incluso a veces hacen que sean salvados intuyendo a alguien cercano una visita inesperada, eso es totalmente cierto, puesto que el amor de nuestro Padre es tan grande que jamás nos deja solos, pero tristemente el pensamiento negativo está tan arraigado en su ser que la persona es incapaz de percibir todo esto, sintiendo una soledad tan profunda que el dolor que le causa es insoportable, y de ahí que su sufrimiento sea cada vez más intenso. Deseando cada vez más que este desaparezca.

Tampoco podemos dejar a un lado el hecho de que los pensamientos negativos abren las puertas a espíritus afines e infelices que empezarán a acompañar a las personas que se sienten así, agravando estos la situación y los pensamientos, ya que ellos mismos los reforzarán, entrando así en una obsesión, y complicando mucho más la circunstancias.

Hagámonos unas preguntas… ¿Podríamos negar que esta persona está sufriendo? ¿Nos hemos informado de las formas en las que podemos ayudar a alguien que se encuentre en esta situación? ¿Realmente podemos hablar del tema con conocimiento de causa?

Lo cierto es que, muy pocas personas se interesan sobre este tema, incluso a nivel gubernamental. Actualmente, 18 países en África, 17 en América, 11 en la región del Mediterráneo, 26 en Europa, siete en el Sudeste Asiático y 11 en el Pacífico cuentan con un plan de acción frente al suicidio. Pero todavía existen países que arrestan a las personas que intentan suicidarse y otros en que son encarceladas. Por este motivo, todavía hay mucho por hacer.

Entonces, ¿por qué somos tan frívolos cuando nos referimos a ellos? ¿Por qué los juzgamos, y encasillamos? incluso ¿Por qué se percibe cierta hostilidad en comentarios de algunas personas al referirse a este colectivo?

Pudiera ser por la falta de concomimiento sobre las terribles situaciones que pueden llevar a una persona a cometer esa acción. Falta de comprensión agrupando a todos en las mismas circunstancias y motivos. Esto se aleja muchísimo de la realidad, cada uno de nosotros somos espíritus individuales, con un pasado único, y no nos referimos solo al pasado de esta existencia, sino también al de las muchas que llevamos ya vividas. Esto hace que cada caso sea diferente y las consecuencias también diferentes. Por eso, agruparlos y calificarlos a todos por igual es una aptitud muy superficial, que demuestra lo poco que nos hemos interesado en estos, nuestros hermanos.

Podríamos decir también, que estas reacciones en ciertas personas son causadas por la falta de indulgencia, empatía, pero, sobre todo, por la gran falta de amor.

"El Evangelio según el Espiritismo", en su capítulo X, ítem 13, nos dice: “Aquél que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra dijo Jesús. Esta máxima hace de la indulgencia un deber, porque no hay nadie que no la necesite para sí mismo. Nos enseña que no debemos juzgar a los otros con mayor severidad que aquella con la que nos juzgamos a nosotros mismos, ni condenar en los demás lo que absolvemos en nosotros…”

¿Entonces por qué lo hacemos? Para hablar de algo, primero deberíamos conocer el tema, no solo lo que todos ya sabemos sobre la nula efectividad de acabar con la vida, sino de las causas que pueden llevar a una persona a ese punto tan extremo. Informarnos e interesarnos sobre ello no estaría de más, ya que así seremos más útiles, más perspicaces si percibimos los síntomas en alguien cercano, pudiendo entonces ayudar a nuestro compañero de camino a salir de esa situación, convirtiéndonos a su vez en buen instrumento de los espíritus buenos que quieren ayudarle. Ser conocedores del tema hará que nuestra sensibilidad aumente y empecemos a ver a estos hermanos como espíritus que sufren y necesitan de nuestra ayuda. No olvidemos jamás, que, aunque no vean otra alternativa, sí quieren encontrarla.

León Denís en el prefacio de la segunda edición del libro "Memorias de un Suicida" nos dice: "¡Medita sobre estas páginas, lector, aunque sea duro para tu orgullo personal el aceptarlas! ¡Y si las lágrimas alguna vez rocían tus mejillas, al observar un lance más dramático, no resistas contra el impulso generoso de exaltar tu corazón en oración piadosa, por aquellos que se retuercen en las trágicas convulsiones de la inconsecuencia de infracciones contra la Ley de Dios!"

Ciertamente ellos han cometido un gravísimo error, y la ley de Causa y Efecto será implacable con ellos. Tendrán que vivir las consecuencias de ese acto, que nunca negaremos es egoísta e indica cobardía moral, pero también este acto está lleno de ignorancia, una inmensa ignorancia de las consecuencias, y repercusión que tendrá sobre él y sobre las personas cercanas a él, ya que según los estudios demuestran, de seis a catorce personas quedan afectadas cuando alguien no solo lleva a cabo esta acción, sino cuando tan solo lo intenta.

El Espiritismo es consolador, seámoslo nosotros también. Por eso, como somos realmente conocedores de la las Leyes Divinas, deberíamos intentar no convertirnos en jueces, si no, en instrumentos de los buenos espíritus para aliviar a quienes se encuentren en situaciones tan difíciles que solo ven ante sus problemas esta triste salida.

Relataremos la experiencia de una compañera a la que llamaremos R. “Ella estaba sumida en una depresión severa desde la infancia. Vivía día a día con los pensamientos suicidas, de hecho lo llevó a cabo en varias ocasiones, incluso estuvo en coma tres días, pero como nunca estamos solos, los buenos espíritus la salvaron de consecuencias mayores no logrando nunca el fin del acto. Cuando conoció el Espiritismo comprendió el por qué suceden las cosas y por qué se sufre, aun así, le resultó difícil desarraigarse de esos pensamientos, que como hemos dicho anteriormente, una vez que se abre la puerta espíritus infelices, afines a esos sentimientos empiezan a acompañarnos y por supuesto este caso no estaba libre de ellos. Cuando llevada por ese impulso tan arraigado volvió a caer y cometer de nuevo un intento de suicidio, ¿sabéis qué fue lo que realmente hizo mella en su corazón? No fueron las palabras de reproche a las que estaba acostumbrada y habitualmente se les hace a quienes lo intentan, tampoco vamos a negar lo difícil que es convivir con personas que tienen estos pensamientos. Lo que realmente la hizo despertar y removió todo su interior, fueron las palabras consoladoras, llenas de amor que un amigo le brindó cuando acudió a él en ayuda. Sí, fue el amor lo que la hizo cambiar, el amor de esa persona, sus palabras de aliento, y consuelo, que reflejaban el cariño de él, de su guía y de los buenos espíritus. Se sintió querida y no juzgada y eso significó un antes y un después en su camino. A partir de entonces comprendió que nunca había estado sola, y que el amor es la medicina que cura el alma”.

Al pensar en este ejemplo, totalmente real y fidedigno, analicémonos a nosotros mismos, ¿Somos realmente consoladores con nuestros hermanos? ¿Hacemos que nuestro principal objetivo sea el de amarnos unos a otros? ¿Escuchamos los problemas del que sufre o miramos hacia otro lado? ¿Somos lo suficientemente indulgentes tanto en palabra como en pensamientos? ¿Seríamos capaces de comprender a nuestro hermano suicida?

El suicida se aleja de la Ley Divina al llevar a cabo este acto, eso ya lo hemos dicho y lo sabemos, pero, no nos alejemos nosotros de la Ley de Amor Justicia y Caridad con nuestras palabras o pensamientos. No olvidemos que como espíritas tenemos no solo el conocimiento de las consecuencias fatídicas del suicidio, también tenemos el deber de llevar a todos nuestros hermanos el consuelo que la Doctrina Espírita nos da. Ella es consoladora para las almas afligidas, ya que nos rebela el inmenso amor que el Padre nos profesa a pesar de nuestras equivocaciones, y que al igual que en la experiencia que hemos contado, el Amor es realmente lo que cura el dolor del alma. “Amad mucho a fin de que seáis amados”, nos dice "El Evangelio Según el Espiritismo".

Busquemos a aquel que está sufriendo, y si nos confiesa que su desesperación es tal que no encuentra salida, que nuestras palabras sean bálsamo para el que sufre, llenas de amor, de consuelo y esperanza.  Si nuestros pensamientos son puros, con el único deseo de ayudar y no juzgar, habremos logrado poner en práctica la Ley Divina de Amor Justicia y Caridad.

Cuando pensemos en todos aquellos que se encuentran en el mundo espiritual por haberse quitado la vida, tengamos pensamientos puros, exentos de juicios puesto que desconocemos lo que les llevo a estar allí.  Que nuestro corazón irradie amor, solo amor, orando por ellos siempre que podamos, con la única intención de que esa oración pueda ser para ellos una brisa que alivie sus sufrimientos, aunque solo sea por un instante. Cuánto más irradiemos nuestro amor junto al del Padre más podremos ayudarles.

“Amar, en el sentido profundo de la palabra, implica ser leal, probo, de conciencia recta, a fin de que hagáis a los otros lo que quisierais para vosotros mismos. Amar es buscar alrededor vuestro el sentido íntimo de todos los dolores que abruman a vuestros hermanos para llevarles alivio. Amar es considerar como propia la gran familia humana, porque volveréis a encontrar a esa familia. Dentro de un cierto periodo, en mundos más avanzados, y porque los Espíritus que la comprenden son, tanto como vosotros, hijos de Dios señalados en la frente para elevarse hacia lo infinito. Por eso no podéis negar a vuestros hermanos lo que Dios os concede con tanta prodigalidad, puesto que, por vuestra parte, estriáis muy felices de que vuestros hermanos os diesen lo que os hiciera falta. Así pues, para cada sufrimiento tened siempre una palabra de esperanza y de amparo, a fin de que seáis todo amor, todo justicia”. "El Evangelio Según el Espiritismo", Cap. XI- La Ley del Amor.
Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 16 de diciembre de 2018

¿Cómo es Dios?

¿Cómo es Dios?



¿Es un tirano? ¿Es bondadoso? ¿Un juez castigador? ¿Cómo es realmente Dios? Nuestra historia, nuestra educación y nuestra cultura nos ha podido influir en la imagen que tenemos de Él.

El concepto teológico, filosófico y antropológico de Dios, hace referencia a una deidad suprema. La vigesimotercera edición del Diccionario de la Real Academia Española lo define como el «ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo». 

También hay quienes niegan su existencia, por el mero hecho de que no es visible, o no creen que actúe directamente en los acontecimientos de la humanidad para poner remedio a sus males. Otros, que defienden esa idea no piensan que haya habido ni siquiera un creador (ateísmo). A otros les es más fácil negar su existencia solo por no tener que agradecer cada día todas las bendiciones que resultan de Dios, cada amanecer y atardecer, los paisajes majestuosos, un cielo estrellado, la lluvia, etc.

El teísmo (del griego θεóς, theós, «Dios») se entiende generalmente como la creencia en deidades, o la creencia en un Creador del universo que está comprometido con su mantenimiento y gobierno, pero que no actúa en los asuntos de los hombres (cosmogonía).

Un deísta, por lo general, es aquel que se inclina a aseverar la existencia de un Dios supremo o más de uno, pero no necesariamente practica una religión, y niega la intervención divina en el mundo. No obstante, dentro de religiones como el hinduismo, el budismo y el helenismo pueden existir posturas deístas. En este caso, quienes las siguen simplemente creen que Dios (o los dioses), no intervinieron en el mundo más que para crearlo.

Por el contrario, la Divina Providencia, en la que creemos otros muchos, es el término teológico que indica la soberanía, la supervisión, la intervención o el conjunto de acciones activas de Dios en el socorro de los hombres.

"Lo que viene a nuestra mente cuando pensamos en Dios es lo más importante de nosotros." Así dice A. W. Tozer en su libro clásico sobre los atributos de Dios: "The Knowledge of the Holy". (El conocimiento de lo sagrado) Tozer continúa diciendo: "La historia espiritual del hombre demostrará positivamente que ninguna religión ha sido más grande que su idea de Dios. La adoración es pura o vil, dependiendo si el adorador tiene pensamientos elevados o inferiores acerca de Dios." 
¿Misterio, Invento humano, Creador, Miedo, Energía, Amor, Culpa, Paz? ¿Cómo concebimos nosotros a Dios? ¿Lo imaginamos a modo de las mitologías antiguas? ¿A Zeus con un trueno en la mano? ¿Anubis, mitad hombre mitad perro de los egipcios? ¿Al Dios Sol de los Mayas? ¿Dioses fuertes, poderosos, astutos, también celosos, envidiosos e irascibles? Demasiado humanos para ser Dioses.

Quizás nos ha llegado la imagen de un Dios violento, que impone su verdad, su ley y su orden a sangre y fuego. Ese Dios al que invocan violentos terroristas y desquiciados de todo tipo, armados hasta los dientes con cuchillos espadas o fusiles. Un Dios muy poco amable.
Posiblemente por la educación o por nuestra historia o cultura en la que hemos crecido, o porque traslademos a Dios nuestras frustraciones, o por la mala relación que hemos tenido con nuestros padres o mayores, concibamos a Dios como alguien que coarta nuestra libertad, pendiente constantemente de nuestros pecados e intimidades.

Quizás lo concibamos como una energía, impersonal y difusa. Como una especie de armonía universal. Una dimensión mística de la naturaleza, una con la que se entra mejor en contacto, si tomas drogas o alcohol …

Un dios cruel que envía mandatos terribles cuando se enfada, y que nos castiga a su antojo cuando hacemos algo mal.

Un anciano con largas barbas, que se pasea por las nubes, entre flores y arcoiris…

Un ser narcisista e impasible, que busca la servil adoración de los seres humanos y que es incapaz de empatizar con sus alegrías y sufrimientos.

¿Podemos decir algo de Dios desde la razón?

¡Claro que podemos! porque Dios ha dejado huellas de sí mismo en todo lo que existe – el esplendor y la belleza de la naturaleza, la impresionante complejidad de los fenómenos biológicos, el sentido de lo justo que todos llevamos dentro, la nostalgia de perfección que hay en el fondo de nuestro corazón – y el hombre es naturalmente capaz de descubrir esas huellas y, por ese camino, llegar a Dios.
Del mismo modo que nos hacemos una imagen mental de alguien a quien no hemos visto jamás, por lo que nos dicen o cuentan de él, tanto moral como físicamente, bueno o malo, así es la idea o imagen que nos formamos cuando se trata de Dios.

Sin embargo, no es raro encontrar opiniones muy dispares en cuanto a lo que escuchamos o leemos acerca de Dios y sus atributos, dependiendo de dónde, cómo, o quienes hagan esas declaraciones. Entre tanto laberinto de opiniones y creencias, resulta difícil tener una imagen concisa y clara de cómo es Dios realmente.

De la misma forma en que somos conscientes de tan diversas opiniones y creencias, para saber cómo es realmente alguien, deberíamos consultar a los que han tratado y convivido directamente con él, dejando a un lado aquellos comentarios hechos por personas triviales, o que desconocen realmente los hechos o caracteres de quienes queremos saber.

Sabedores del impacto que pueden causar los bulos que llegan hasta nosotros a través de la ignorancia, la maledicencia, o quizás intereses por parte de los detractores de ciertas ideas, personas, o creencias, haríamos bien en contrastar las fuentes de las que buscamos y sacamos información, para definir una visión más clara de lo que buscamos, en este caso ¿Cómo es Dios? 

Sería razonable pensar que si queremos saber cómo es un país o nación y sus gentes, lo hagamos a través de los que han vivido allí. De la misma forma pues, si queremos saber acerca de Dios, lo mejor sería que lo hiciésemos con la ayuda de los espíritus superiores, que son quienes más cerca pueden estar de Dios. Espíritus superiores, que reflejan con mayor fidelidad los atributos de Dios.

"El libro de los Espíritus", (Allan Kardec) en sus cuestiones de la diez a la trece, nos responde de forma clara a estas preguntas y nos explica cuáles son los atributos más destacables de Dios. 

Estas preguntas a los espíritus, seguidas de sus respuestas, arrojan luz a tener conceptos más claros de cómo es Dios realmente:

10 ¿Será algún día dado al hombre, comprender el misterio de la divinidad? - No. Le falta un sentido para ello.

Por supuesto, el hombre como tal no puede comprender lo que solo los espíritus avanzados y puros observan.

11 ¿Puede el hombre comprender la naturaleza íntima de Dios? - Cuando su Espíritu no se halle ya oscurecido por la materia y por su perfección se haya acercado a Ella, entonces la verá y comprenderá.
Seguidamente nos aclaran: La inferioridad de las facultades del hombre no le permite comprender la íntima naturaleza de Dios. En la infancia de la humanidad, el hombre lo confunde a menudo con la criatura, cuyas imperfecciones le atribuye. Pero, conforme el sentido moral se va desarrollando en él, su pensamiento penetra mejor en el fondo de las cosas y se forma acerca de Dios una idea más justa y más de acuerdo con la sana razón, si bien siempre incompleta.

12. Si no nos es posible comprender la naturaleza íntima de Dios, ¿podemos tener una idea de algunas de sus perfecciones?

- De algunas, sí. El hombre va comprendiéndolas mejor a medida que se eleva sobre la materia, ya las entrevé mediante el pensamiento.

13. Cuando decimos que Dios es eterno e infinito, inmutable e inmaterial, único y todopoderoso, soberanamente justo y bueno, ¿no tenemos una idea completa de sus atributos?

- Desde vuestro punto de vista, sí, porque vosotros creéis abarcarlo todo. Pero sabed que hay cosas por encima de la inteligencia del más inteligente de los hombres, y para esas cosas vuestro lenguaje, que se limita a vuestras ideas y sensaciones, no posee expresiones. La razón os dice, en efecto, que Dios debe poseer esas perfecciones en el grado supremo, porque si careciera de una sola de ellas, o bien no la poseyese en grado infinito, no sería superior a todo y, en consecuencia, tampoco habría de ser Dios. Para estar por encima de la totalidad de las cosas, Dios no debe sufrir ninguna vicisitud y no ha de tener ninguna de las imperfecciones que la imaginación (del hombre) puede concebir.
Dios es eterno: Si hubiera tenido principio, habría surgido de la nada, o bien hubiera sido creado por un ser anterior a Él. Así, poco a poco, nos remontamos hasta lo infinito y la eternidad.
Es inmutable: Si Él se hallara sujeto a mudanzas, las leyes que rigen el Universo no poseerían ninguna estabilidad.

Es inmaterial: Vale decir, que su naturaleza difiere de todo lo que llamamos materia. De lo contrario no sería inmutable, debido a que se encontraría sujeto a las transformaciones de la materia.
Es único: Si hubiera varios dioses, no existiría ni unidad de propósitos ni unidad de poder en la ordenación del Universo.

Es todopoderoso: Porque es único. Si no poseyera el soberano poder habría algo más poderoso que Él o tan poderoso como Él. No hubiera creado la totalidad de las cosas, y aquellas que Él no hubiese hecho serían obras de otro dios.

Es soberanamente justo y bueno: La providencial sabiduría de las leyes divinas se pone de relieve así en las cosas más pequeñas como en las más grandes, y esa sabiduría no permite dudar ni de su justicia ni de su bondad.

En las cuestiones de la una a la tres, nos habla más de cómo es Dios: Dios y el infinito
1. ¿Qué es Dios? - Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas.
2. ¿Qué se debe entender por infinito? - Lo que no tiene principio ni fin: lo desconocido. Todo lo que sea desconocido es infinito.
3. ¿Se podría decir que Dios es lo infinito? - Definición incompleta. Pobreza del lenguaje de los hombres, que es insuficiente para definir las cosas que se hallan por encima de su inteligencia.
Dios es infinito en sus perfecciones, pero lo infinito constituye una abstracción. Decir que Dios sea lo infinito es como tomar el atributo de una cosa por la cosa misma, es decir, definir algo que no es conocido por otra cosa que tampoco lo es.

Las respuestas de los espíritus a tales cuestiones son claras y concisas, y algo en lo que la mayoría de las afirmaciones referentes a Dios coinciden, son sus atributos: Eterno, Inmutable, Inmaterial, Único, Todopoderoso, soberanamente justo y bueno, …

A la luz de las preguntas formuladas a los espíritus más elevados, nos hacemos una idea bastante más clara de lo que es y cómo es, pero también de cómo no es… Esos atributos no son compatibles con un Dios vengativo, con un Dios egocéntrico que exija devoción exclusiva, con uno que castigue a sus hijos, o que los destruya si no cumplen sus designios.  Es más, que después de la muerte material de sus hijos, haya dispuesto de un lugar donde sufran eternamente.  También sería muy injusto, y nada más lejos de los atributos de Dios, que es inmensamente justo y bueno, ceñirse a una sola existencia para juzgar y condenar a sus criaturas, y a las que no da entre ellas las mismas condiciones de igualdad.

¿Qué podemos pensar de un Dios, que se encuentra en ambos lados del campo de batalla en una guerra? O.… que requiera de sacrificios dolorosos o penosos, como pago por los pecados. Un Dios que incite al separatismo sectario o religioso. Alguien radical, que induzca a matar y atentar contra sus semejantes, los que no piensen como él.

No nos cabe la menor duda que son los pensamientos de los hombres, ignorantes de las leyes inmutables del creador, los que distorsionan la imagen verdadera de Dios, haciéndolo a la medida de sus intereses, atemorizando y engañando a las masas para conseguir ponerlas bajo su dominio.
Todas las religiones nos acercan a Dios, pero no todas nos dan una imagen real sana y verdadera de él y sus designios.

No perdamos de vista el mayor y más apreciado atributo de Dios, El amor. Si pasamos por el tamiz de la razón la mayoría de las cosas que leemos y escuchamos en el inmenso laberinto de todo aquello que se atribuye al Creador, encontraremos que no solo conoceremos mejor a Dios, y esto nos acercará más a él, sino que comprenderemos cuáles son sus verdaderas enseñanzas, y comprenderemos cual es nuestro papel como hijos amados suyos, y la esperanza grandiosa que se muestra ante nosotros.

Los espíritus buenos y elevados, aquellos que conocen mucho más de Dios que nosotros, y de los que podemos aprender mucho para acercarnos a él, nos han dado por deseo expreso de Dios, La doctrina espirita. En ella encontramos cual es el camino a seguir para llegar a ser felices. 

Hace del progreso la finalidad misma de la vida y la ley superior del universo. Da término al reinado de la gracia, de la arbitrariedad y de la superstición, poniendo de manifiesto en la elevación de los seres el resultado de sus propios esfuerzos. -León Denis. (Después de la muerte)
De todo esto, destacamos que, aunque no podemos saber todo de Dios, sí que podemos conocer sus verdaderos atributos, que para nada son los que encontramos en los hombres. Dios está muy por encima de nuestros defectos de humanos. Del mismo modo también sabemos lo que no encaja en sus atributos y que podamos romper los moldes, que por tanto tiempo se le han atribuido a él.

Si nosotros como padres y madres humanos solo queremos lo mejor para nuestros hijos, ¿Cómo podemos pensar que Dios sería peor que nosotros?

La doctrina espírita nos aclara muchas cosas como esta, y también nos da esperanza nueva y quizás nuevos puntos de vista, que quizás no conozcamos, pero que son reveladores en cuanto a Dios, los espíritus, y lo que estos hacen por todos nosotros para poder alcanzar el progreso y conocer mucho mejor a Dios.

Si usted no conoce esta doctrina, puede ponerse en contacto con alguno de los centros espiritas que aparecen en la contraportada y pedir información gratuita y sin ningún compromiso.
"Creamos en esa Providencia generosa que lo ha hecho todo para nuestro bien; recordemos que, si parecen existir lagunas en su obra, no provienen sino de nuestra ignorancia y de nuestra razón insuficiente. Creamos en Dios, gran Espíritu de la naturaleza, que preside el triunfo definitivo de la justicia en el universo. Tengamos confianza en su sabiduría, que reserva compensaciones a todos los sufrimientos, goces a todos los dolores, y avancemos con un corazón firme hacia los destinos que nos han sido otorgados. Es hermoso, consolador y dulce." León Denis. ("Después de la muerte").

Javier Campos
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

miércoles, 17 de octubre de 2018

martes, 28 de agosto de 2018

Las tres revelaciones

Las tres revelaciones




Revelación es el proceso por el cual una verdad oculta sale a la luz. Aparecen en todas las grandes civilizaciones y en ocasiones de forma sucesiva complementándose. Es lo que sucede en la civilización occidental de raíces judeocristianas con nada menos que tres grandes revelaciones, la Ley de Moisés, el Evangelio de Jesús y la Codificación Espírita de Allan Kardec. Cada una de las revelaciones prepara a la siguiente para una nueva etapa de conciencia que despierta apareciendo en el justo momento en el cual dispone de las suficientes personas sensibilizadas para recibirla.
La primera revelación fue la de Moisés y nos trajo la Ley Natural resumida en los Diez Mandamientos del Decálogo preparando al ser humano para el ascenso espiritual a través de la disciplina. La segunda revelación, con Jesús, vino en el momento en el que había que empezar a despertar hacia la realidad espiritual implantando el mensaje del amor en el fondo de los corazones. La tercera revelación nos trajo el conocimiento de las verdades espirituales a través de la Filosofía y Ciencia Espírita. La Filosofía Espírita como alimento para nuestra alma y la Ciencia Espírita como alimento para nuestros sentidos e intelecto, palpando los fenómenos físicos de la mediumnidad e impulsando a nuestra inteligencia en búsqueda de la comprensión de las leyes espirituales.

La primera revelación


La primera revelación de Moisés nos dejó el Decálogo como primera guía de comportamiento moral, necesario para la etapa siguiente de progreso espiritual. El resto de leyes de carácter material que dejó Moisés para su pueblo, sobre pureza, alimentos, etc., fueron necesarias como medida educativa debido al profundo materialismo predominante en aquella época.

Tuvieron que pasar muchos siglos e integrar conocimientos espirituales de otras culturas para el que pueblo judío estuviera preparado para la llegada de la segunda revelación con Jesús. Incluso en época de Jesús muchos judíos, como los saduceos, no creían en ninguna realidad espiritual.
En un principio los judíos no concebían la idea del alma, ni de la vida futura, ni espiritual, únicamente la existencia de una única vida material. Poco a poco fueron introduciendo e incorporando ideologías provenientes de otros pueblos con los que tenían relación como los griegos, caldeos y egipcios.

Probablemente el mayor cambio ocurrió en el siglo VI a.C. después de la ocupación del Reino de Judá por Babilonia y de la primera destrucción del templo de Jerusalén. Fueron exiliados gran parte de los hebreos junto con sus jefes a Babilonia donde, como defensa, ante el sentimiento de pérdida de la independencia, evolucionaron su antigua religión israelita hasta el origen próximo del actual judaísmo, albergando esperanzas en un mesías salvador e incorporando importantes conocimientos y creencias como la existencia de un mundo espiritual y la dualidad entre el bien y el mal. En aquella época probablemente adoptaron o asentaron como propia la angelología caldea.

De los egipcios adoptaron la creencia de que el rey era un hijo de Dios equivalente al faraón egipcio y la esperanza en la llegada de un mesías salvador hijo de Dios y rey de los judíos.

De los griegos, especialmente de Platón y los Órficos, aceptaron también la dualidad cuerpo y alma, la vida futura, la creencia en el cielo y el infierno (tártaro), la idea de la resurrección y en círculos gnósticos también la reencarnación gracias a la influencia de la escuela pitagórica.

Después de la muerte de Alejandro Magno, el pueblo judío quedó en manos de los Ptolomeos y posteriormente de los Seléucidas, llegando a mediados del siglo II a.C. cuando con motivo de la revuelta de los Macabeos, intentado su liberación de dominación griega, se potenció la idea de la retribución en el más allá por el sacrificio realizado, para lanzar al pueblo a la guerra con mayor esperanza.

El fuerte sentimiento antiheleno estando bajo la ocupación seléucida que llegó a prohibir la enseñanza y práctica del judaísmo, impidió que el pueblo creyera abiertamente en la reencarnación, reforzándose en su lugar la idea de la resurrección de la carne, más propia del pensamiento judío, quedando la creencia en la reencarnación únicamente en círculos judíos helenistas.

Incluso las religiones mistéricas, como los misterios griegos de Serapis, Eleusis y Adonis o persas como los misterios de Mitra, ejercieron una importante influencia espiritualizadora al remarcar la importancia de la salvación del alma después de la muerte, aunque las verdaderas enseñanzas espirituales eran reservadas para muy pocos, sus iniciados.

Una vez que ciertas ideas espirituales hubieron calado en el pensamiento hebreo, se pudo dar la segunda revelación.

La segunda revelación que vino a través de Jesús completó a la primera mediante la ley del Amor predicando la cercanía e importancia del Reino De Dios. Jesús hablaba del Reino de Dios a través de parábolas, pero en ningún momento explicó qué era, sin contrariar el concepto que los judíos ya tenían de ello.

Para los judíos del siglo I, el Reino de Dios en una primera fase sería en la Tierra, traído por el mesías y en una segunda fase seria en el cielo, después del juicio final. Durante la primera fase será una época de abundancia material, paz y veneración a Dios y durante la segunda fase habrá un juicio final con la separación de las almas, con su cuerpo espiritualizado pero todavía material en parte, capaz de sufrir los tormentos del infierno o de disfrutar los goces del Cielo.

La segunda revelación


La segunda revelación dio origen a muchos cristianismos distintos, aunque la historia nos ha dejado muy pocos. Al principio todos los seguidores de Jesús eran judíos puesto que Jesús únicamente predicó para ellos, pero enseguida su mensaje caló hondo en el mundo heleno, fuera de Israel en numerosos gentiles llamados "temerosos de Dios" que frecuentaban las sinagogas y eran atraídos por la rectitud y la moral judía. Estas provincias tenían sinagogas con judíos procedentes de la diáspora con mentalidad más abierta y simpatía por el saber y la cultura griega. Muchos de estos judíos helenistas y "temerosos de Dios" fueron receptivos al mensaje de Jesús y estaban bien preparados para entender los conceptos espirituales transmitidos por Jesús, al estar familiarizados con las creencias griegas y especialmente platónicas y órficas, formando el grupo de los cristianos helenistas.

Enseguida surgieron las primeras diferencias entre los judeocristianos de Jerusalén y los cristianos helenistas del resto de provincias romanas. Los helenistas tenían la necesidad de divinizar a Jesús para no estar con desventaja con el resto de religiones griegas y los cristianos judaizantes se veían como una secta judía, que seguía a un mesías humano, no divino, y que tenía que cumplir con todos los preceptos judíos como el de la circuncisión, leyes de los alimentos y pureza, incluso para los nuevos conversos.

Con Pablo, el cristianismo helenista tomó una nueva dimensión. La primera victoria vino cuándo en el concilio de Jerusalén, celebrado alrededor del año 50 d.C, consiguió el consenso con los judeocristianos que eximía a los nuevos conversos de la necesidad de cumplir de forma completa la Ley de Moisés, liberándoles de las obligaciones relativas a la circuncisión, leyes de pureza y alimentos.

La segunda victoria de Pablo fue cuando, después de muchos viajes y predicaciones, los helenistas que probablemente ya creían en un Jesús divinizado, adoptaron su nueva teología donde se divinizaba a Jesús el mesías desde el momento en que ascendió a los cielos, justificando su aparente derrota en la cruz como muerte vicaria (entregándose para salvar al mundo de sus pecados) y garantizando la salvación por la fe. Estas reformas en el pensamiento cristiano fueron las necesarias para amoldarlo a las necesidades de los gentiles, garantizando al mismo nivel  la salvación y la vinculación con Dios, que el resto de religiones paganas y mistéricas que ya llevaban siglos haciéndolo aparentemente con éxito.

Por otra parte, el cristianismo judeocristiano solo podía tener éxito entre los propios judíos puesto que su conversión todavía suponía hacerse judío, con el peligro que conllevaba la circuncisión y las incomodidades de llevar una vida llena de obligaciones externas.

La rebelión contra Roma en los años 67-70 que determinó la destrucción de Jerusalén y de su templo por segunda vez, fue prácticamente el final de grupo de judeocristianos o cristianos judaizantes, aunque todavía pudieron perdurar varios siglos fuera de Jerusalén varios grupos de ellos llamados ebionitas y elkasaitas.

El tercer grupo de mayor importancia fueron los gnósticos, que influenciados por el gnosticismo judío, caldeo y griego integraron a Jesús como el Logos en la su teoría sobre Dios y la creación del Universo, creyéndose poseedores de la verdad y el conocimiento. Sus teorías no estaban al alcance de la comprensión de todo el mundo y llegaron a diferenciar a la humanidad entre seres hílicos (materiales), psíquicos y espirituales, siendo ellos, los espirituales, los únicos capaces de entender la “Verdad” gracias al conocimiento, diferenciando a los materiales, que como los animales solo tenían cuerpo, no creían en Dios y no se podían salvar, los seres psíquicos que tenían solo cuerpo y alma, que creyendo en Dios y cumpliendo la Ley se podían salvar y finalmente los seres espirituales que tenían cuerpo, alma y espíritu, eran los que estaban realmente preparados para alcanzar la salvación y la verdad gracias a la gnosis.

En general se puede decir que los gnósticos creían en la reencarnación (salvo los marcionistas), como así lo demuestran escritos como:

- El apócrifo “Apocalipsis de Pablo”, donde relata el viaje de Pablo por los cielos y lo que ocurre cuando pasa por el cuarto cielo, siendo testigo del castigo de un alma juzgada por asesinato, cuando dicha alma mira con tristeza hacia abajo (la Tierra) y es “echada” a un nuevo cuerpo que había sido preparado para ella.

- El “Pistis Sophia” (Del griego “Fe Sabiduría”), donde las almas después de desencarnar serían juzgadas para ver si tienen que ser enviadas de vuelta al mundo para reencarnar y mejorarse, explicando además la doctrina de las recompensas y castigos que determina nuestro destino como resultado de las acciones de nuestras vidas pasadas, explicando como la Tierra, así como el infierno, es un lugar de educación a través del dolor y el sufrimiento.

- Y el “Evangelio apócrifo de Juan” (ApocrJn 14,18-20) cuando pregunta a Jesús: “18 Yo dije: Señor, ¿cómo puede el alma volverse joven otra vez, y regresar al vientre de su Madre, o a la Humanidad?… 20 Este alma necesita seguir (reencarnando una y otra vez) a otra alma en la que mora el Espíritu de la Vida, porque se salva a través del Espíritu. Entonces jamás volverá a ser introducida en la carne (no volverá a reencarnar al alcanzar la perfección)”.

Pasaron los años y de todos estos grupos en la práctica sólo quedaron los seguidores de Pablo, pero modificando progresivamente el mensaje tanto de Jesús como de Pablo, para separar definitivamente el nuevo cristianismo del judaísmo y también para establecer una jerarquía encarga de velar y proteger la interpretación de las escrituras que escogieron, formando el canon de los cuatro evangelios, cuidándose además de los falsos profetas (aun acallando también a los buenos profetas) e intentando encauzar el pensamiento religioso hacia una unidad ortodoxa.

Se añadieron referencias en los textos sobre la creación de la Iglesia y sobre Pedro como primera piedra, con el poder de atar y desatar en la Tierra y en el Cielo. La palabra griega ecclesia significa simplemente asamblea y en los textos originales no tenía el significado que se dio posteriormente como conjunto de todos los cristianos regidos con una jerarquía y un canon establecidos. Los textos que implican un significado moderno son claramente interpolaciones añadidas mucho después cuando fue necesario justificar la creación de una única iglesia frente a todas las creencias que a partir de entonces serían llamadas herejías.

También se dio forma a los textos para evitar ver una continuidad en la ley y mostrar una ruptura dejando entrever que la nueva ley contradecía a la antigua ley, de forma que se podía justificar no una continuidad con el judaísmo sino una ruptura y la creación de una nueva religión independiente. Por ello se interpolaron en las escrituras textos como "Habéis oído que se dijo a vuestros antepasados....  ... pero yo os digo” (Mateo 5:21-48).

En la misma línea, aunque Jesús fue un perfecto judío, se hizo especial énfasis en mostrar un Jesús saltándose las leyes judías del sábado ("El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado" Mc 2,23-28), leyes de alimentos y limpieza (pureza ritual). De esta forma se pudo integrar más fácilmente el catolicismo en el Imperio Romano (Constantino 313 d.C.), pasando la festividad del sábado al domingo para coincidir con la festividad romana y permitiendo comer alimentos prohibidos por el judaísmo ("No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre", Mt 15:11).
Cuando el emperador Constantino, a través del Edicto de Milán, en el 313, declaró la libertad de culto del cristianismo y posteriormente el emperador Teodosio, a través del Edicto de Tesalónica, declaró al Cristianismo como religión oficial y única religión lícita, la llegada de golpe de millones de conversos paganos implicó la integración de muchas de sus creencias y conceptos, en un proceso de sincretismo religioso que terminó creando muchas festividades, cultos, imágenes y conceptos traídos del mundo pagano.

Para aceptar el concepto de la Trinidad, ya existente en los hindúes, babilonios y egipcios, se tuvo que adelantar la divinización de Jesús, no al momento de su ascensión a la derecha del Padre, sino al principio de la creación siendo el Logos de los griegos y gnósticos, así como convertir el concepto judío de “rúaj hakódesh” (espíritu de santidad) en el Espíritu Santo o tercera persona de la Trinidad. El concepto judío “rúaj hakódesh” o espíritu de santidad no es un ser sino un estado de inspiración divina que podemos alcanzar entrando en unión con Dios. Las escrituras griegas utilizaron el término “hagios pneumatos”, espíritu sagrado, y en latín los términos “spiritum bonum” (Lc. 11:13) y “spiritum sanctum” donde el adjetivo bueno y santo, terminó transformándose en parte del nombre, simplemente al ponerlo en mayúsculas como Espíritu Santo.

El culto a la Virgen de la Naturaleza, el principio de la fecundidad natural presente en casi todas las religiones del mundo antiguo, Isis para los egipcios, que seguía siendo virgen pese a haber dado a luz a todas las cosas vivas, el cristianismo lo metamorfoseó en el culto a la Virgen María, casi divinizando su figura como madre de Dios.

La festividad del 25 de diciembre, cumpleaños del dios Sol de los páganos y dios Mitra para los persas, naciendo en una gruta, se transformó en el nacimiento del niño Jesús, naciendo en un establo, con la visita de los reyes magos que eran para los astrónomos persas, las tres estrellas que forman el cinturón de Orión.

Conforme las estructuras jerárquicas iban cogiendo más poder, más se limitaba la interpretación y el don de profecía, relegando la interpretación únicamente a los maestros y obispos. Al bloquear la expresión de la inspiración espiritual a través de la profecía, las ense-ñanzas cada vez tenían un menor componente carismático empezando a imponerse, más tarde incluso por la fuerza, la interpretación literalista de las escrituras. La interpretación literal era difícilmente discutible e ideal para imponer una teología que dominara al pueblo. Este hecho fue visto muy claramente por el emperador Constantino que utilizó el nuevo cristianismo literal para mantener el Imperio Romano unido con una única Fe.

Cuando el poder se unió a la Iglesia se impusieron normas, dogmas y creencias nuevas y lo que es peor, se persiguieron prácticamente al resto de interpretaciones como herejías.

La tercera revelación


El espiritismo, la tercera revelación, nos puede dar mucha luz al respecto de la historia del cristianismo.

Hemos comentado que la llegada del Reino de Dios para los judíos del siglo I consistiría en dos fases. La primera, material llena de abundancia que puede ser comparada con el concepto espírita de mundo de regeneración, donde el bien predomina sobre el mal y la dicha sobre el dolor todavía aquí en la Tierra en una nueva fase evolutiva. La segunda fase, espiritual, que llega después del juicio final, podría compararse con la transformación en un mundo feliz, donde "el cuerpo carece de la materialidad terrestre", el mal ha sido completamente apartado (de ahí un supuesto juicio final) y la vida es una oportunidad más de aprendizaje camino hacia el estado de espíritu puro.

Las enseñanzas que Jesús nos dejó como la Ley del Amor, la paternidad de Dios Padre, la proximidad del Reino de los Cielos, las múltiples moradas en la casa del Padre, la reencarnación renaciendo del agua y del espíritu como Elías en Juan Bautista, etc., son nuevamente recordadas, y por fin abiertamente explicadas a la humanidad, a través de la tercera Revelación, el Espiritismo o Doctrina Espírita codificada por Allan Kardec.

Las enseñanzas de Pablo sobre un cuerpo espiritualizado abandonado el cuerpo material tras la desencarnación, son verificadas por la Ciencia Espírita en sus estudios sobre el periespíritu.
El concepto judío de “rúaj hakódesh”, la inspiración divina, que Pablo transmitió como don de lenguas y profecía (1 Co 12,4-11), según la Ciencia Espírita, es la inspiración de Dios transmitida por los espíritus buenos (“spiritum bonum”) que nos asisten, a través de la facultad de la mediumnidad.
Tanto la diversidad de carismas (1 Co 12,4-11) como la multitud de fenómenos mediúmnicos de apariciones, materializaciones (Jesús por ejemplo, a veces se aparecía con un cuerpo tangible y otras intangible), curaciones y expulsión de espíritus obsesores que encontramos en las escrituras muestran el importante papel que tuvo la mediumnidad para fortalecer el conocimiento espiritual y la Fe en Jesús, e impulsar el crecimiento de los cristianismos primitivos (judaizantes, helenistas y gnósticos), casi inexplicable por otro medio, superando incluso años de persecuciones.

Con el importante impulso que la mediumnidad bien practicada da, en todos los tiempos, a la Fe razonada, parece completamente lógico pensar que, en los tiempos del cristianismo primitivo, conforme se fue prohibiendo su práctica, por las nuevas jerarquías de poder eclesiástico, se fue extinguiendo también la Fe razonada que se alimentaba viviendo personalmente los mismos fenómenos que habían presenciado los apóstoles con Jesús, apareciendo la imposición de creencias por la fuerza con nuevos dogmas que establecieron el principio de una nueva época donde la Fe ciega se impondría implacablemente hasta finales del siglo XIX y prácticamente hasta nuestros días…

…Pero no será así siempre, porque llegará el tiempo en que "...yo derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes tendrán visiones, y vuestros ancianos tendrán sueños. – En aquellos días, yo derramaré de mi Espíritu sobre mis servidores y sobre mis servidoras, y ellos profetizarán. (Hch 2, 17-18)" y la mediumnidad será común en la Tierra, pero no una mediumnidad desequilibrada, fruto de los errores pasados, sino una mediumnidad intuitiva y equilibrada, interconectándonos con el conocimiento espiritual que se derrama al entrar en unión con los mundos superiores en base a la gran Ley de Unidad que rige toda la Creación.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

sábado, 25 de agosto de 2018

Hijos del futuro

Hijos del futuro



Somos espíritus inmortales. Nuestro crecimiento, nuestra evolución anímica se pierde en la noche de las edades. No hemos solo  habitado este globo, cuyo inicio es mesurable y sabemos. Sino que nuestro psiquismo ha llevado una larga secuencia evolutiva que ignoramos. Nos hablan algunas comunicaciones de «los exiliados de Capela», aquel hipotético mundo en la constelación del Cochero o Boyero. Y cierto que nuestro inconsciente colectivo, nuestra mente primordial, en todas las culturas antiguas dejó constancia de un «paraíso perdido», o de «una edad de oro» y posterior degeneración de sus costumbres.

Allan Kardec nos habla de comunicaciones de espíritus que dejaron su impronta en la evolución cultural de la Tierra, como habitando en otros mundos más felices: más elevados en todos los sentidos. Estas personalidades que pasaron más penalidades que goces en nuestro querido planeta, de algún modo en su fuero íntimo, se sentían distintos a sus coetáneos; de ahí esa expresión tan usada «era un avanzado a su tiempo». Seguramente lo único que hacían era traer aquellos conocimientos vulgarizados en la esfera que le es propia, y aquí en este mundo inferior al suyo, dar un poco de luz para ayudarnos a avanzar. Estas pruebas para tales espíritus, pueden ser pedidas por ellos mismos para avanzar más rápido, como una especie de erasmus universitario; o bien ser aconsejadas por espíritus mentores, a sabiendas del beneficio que les puede proporcionar en su avance.
En esos mundos más elevados, la materia es menos grosera, por tanto la comunicación con el plano espiritual es más fluida, más habitual. Basta la concentración, mediante oración o meditación, para mantener una conversación de inteligencia a inteligencia.

Por eso al encarnar en globos inferiores inteligencias superiores, sentimos verdadero pábilo y en nada idolatramos, como si de entidades celestiales se tratara, a este nuevo Olimpo de genios en las ciencias o en las artes.

Sin embargo, la Tierra como otros tantos mundos en fase transitoria, son como una gran ciudad donde conviven habitantes de muy diversas procedencias. Siendo por tanto ocioso tratar de ver quién conserva más raíces, o quien es hijo de inmigrantes y está bien aclimatado ya a nuestras costumbres. La inmensa mayoría de nosotros, ya llevamos unos cuantos milenios en este globo, por lo que con derecho nos podemos llamar ciudadanos del mismo, y no añorar una hipotética patria perdida, de la cual ni recordamos el nombre. Ahí seríamos auténticos extraños.

Hoy comprobamos que los avances tecnológicos nos están cambiando el modo de percibir el mundo. A veces sentimos un estremecimiento y podemos aferrarnos a aquello que nos resultaba válido y útil antaño. Sin embargo, somos hijos del futuro, no del pasado. En las moradas espirituales se estudia lo que aquí ignoramos, y el mundo invisible colabora con el terrenal para el avance en todos los campos. Al volver ahí seguimos con nuestras tendencias, con aquellas costumbres que nos hacen sentirnos más cómodos, pero sin ignorar los nuevos avances. Nuestra memoria, libre del peso carnal, está nuevamente ligera, ávida de conocimientos. Pero nuestra alma, necesita aclimatarse. Pues los años en la materia, los condicionamientos mentales adquiridos, no se deshacen por arte de magia, ni es productivo violentarlos. Por ello, si queremos escribir en el mundo espiritual lo haremos a bolígrafo, con máquina de escribir o con ordenador, y nos sorprenderemos de ver a otros que siguen usando pluma y tintero, pues llevan más tiempo que nosotros en el mundo espiritual, aguardando poder encarnar.

Todo es inteligencia. Llegaremos a ser constructores de mundos. No estamos más que en los inicios parvularios de nuestra evolución anímica. Habiendo ya dejado atrás el período latente de embrión y los primeros balbuceos como neonatos. Por eso, cuando veamos despuntes de luz en personajes de épocas pasadas, pensemos en realidad en espíritus amigos que vinieron a traernos algo de otros mundos mejores, envueltos en las posibilidades que el manto de la época y las costumbres les permitieron. Espíritus cuya evolución de entonces muchos de nosotros todavía no hemos alcanzado, y por tanto nos maravillamos todavía con su sabiduría y quehacer. Y en cambio otros, son claros hijos de una época, inteligencias ancladas en el espíritu de su momento, obsoletos sus pensamientos, mera curiosidad histórica, como piezas de costumbrismo mental.

De estos últimos poco más que añadir, son nuestros propios pasos, nuestros ejercicios en cursos pasados, que nos hacen ver que vamos mejorando lentamente, pero de forma progresiva en conocimientos y en conciencia moral, y digo conciencia, pues en comportamiento todavía nos falta mucho.

En cambio los primeros, tenían otro factor a su favor, la facilidad con la que podían captar la influencia del mundo invisible. Apropiándose ideas que nacían de aquel sano dialogar entre la inteligencia encarnada y el guía desencarnado. No es para nada un secreto que Sócrates se quedara parado como en éxtasis muchas veces, y luego dijera que había estado hablando con su daimon. O que muchos artistas soñaran con imágenes y melodías, o sintieran como al oído le iban dictando o sugiriendo las bellas composiciones, que eufemísticamente atribuían a las musas, las cuales hasta tenían un nombre concreto según fuera el arte o ciencia inspirada.

La humanidad toda es una gran hermana espiritual, todos los mundos confluyen como múltiples ciudades que se coadyuvan en la evolución, aportando cada una la materia prima en la cual es más próspera. Pues el fin es el mismo, la evolución del alma, la elevación vibratoria de los mundos para captar las esferas felices y constructivas. Por eso, presente, pasado y futuro son una hermandad de tiempos, que solo cuando nuestra mente está desprendida de la fijeza de ideas ambientes, temerosa de los cambios, que nos envuelve, es capaz de vislumbrar lo bello del pasado para aprovecharlo en el presente y aspirar al futuro como una época de mayor comprensión, evolución y sabiduría. Ya sea en este mundo, ya sea en otros aptos a nuestras capacidades.

Jesús Gutiérrez Lucas

miércoles, 22 de agosto de 2018

Comentarios sobre mediumnidad

Comentarios sobre mediumnidad



Ciertas personas consideran, equivocadamente, la mediumnidad como un fenómeno de los tiempos modernos, cuando en realidad pertenece a todos los siglos y a todos los países.

Desde las edades más remotas han existido relaciones entre el mundo de los vivos y el de los espíritus. Si interrogamos a los vedas de la India, si observamos los templos del Egipto, los misterios de la Grecia, los recintos de piedra de la Galia, los libros sagrados de los grandes pueblos, en todas partes, en los documentos escritos, en los monumentos y en las tradiciones, encontraremos la afirmación de un hecho que ha subsistido a través de las vicisitudes de los tiempos, y este hecho es la creencia universal en las manifestaciones de las almas libertadas de sus cuerpos carnales. Veremos así, que estas manifestaciones están mezcladas de una manera estrecha y constante con la evolución de las razas humanas, a tal punto, que son inseparables de la historia de la humanidad.

Hemos comprobado que la mediumnidad siempre ha estado presente en la vida del hombre, porque es un atributo del género humano concedido por Dios. Sabemos que a pesar de estar dentro de nosotros no se desarrolla en todos. Está latente y solo algunos podrán sentir esta conexión con el mundo invisible, el mundo espiritual.

El Espiritismo, neologismo creado por Allan Kardec para diferenciarlo del espiritualismo, irrumpió en 1.857 a partir de la presentación en París de “El Libro de los Espíritus”, por lo que podemos apreciar que cuando se comenta “que se está haciendo Espiritismo” se está practicando la mediumnidad.

¿Qué es un médium? Esta es una pregunta que a veces puede ser planteada por personas que suelen no estar relacionadas con los temas desarrollados dentro del estudio de la Doctrina Espírita, o que inclusive conociéndola no lo tienen demasiado claro, y desearían que con la explicación de unas pocas palabras pudieran adquirir el conocimiento de algo tan complejo que todo ser humano posee en grados distintos, siendo éste un fenómeno psíquico de origen orgánico, pero con la manifestación espiritual.

El médium es una persona que tiene la capacidad de estar, de encontrarse entre dos mundo. El mundo de los Espíritus y el mundo físico. Es una especie de punto de ligación entre esas dos existencias de una única vida, que es la vida del espíritu.

Las bases de todos los servicios de intercambio entre los habitantes del mundo espiritual y los encarnados descansan en la mente. Así como las posibilidades de producir fenómenos naturales en el campo de la materia densa, llevados a cabo por entidades espirituales.

Es en el mundo mental donde se procesa la génesis de todos los trabajos de comunicación de espíritu a espíritu. Es necesario que comprendamos, repetimos, que nuestros pensamientos son fuerzas, imágenes, objetos, creaciones visibles y tangibles en el campo espiritual. Atraemos compañeros y recursos de conformidad con la naturaleza de nuestras vidas, de nuestras ideas, aspiraciones, invocaciones y llamadas.

Por ser energía viva el pensamiento, se mueve en torno a nosotros fuerzas sutiles, construyendo paisajes o formas, llamados “ideoplastías”, y crea centros magnéticos y ondas con los cuales emitimos nuestra actuación, o recibimos la actuación de otros.

Nuestro éxito o fracaso dependen de la persistencia o de la fe con que nos consagremos mentalmente a los objetivos que nos proponemos alcanzar. Semejante ley de reciprocidad impera en todos los acontecimientos de la vida.

Recordemos que el médium es un imán inimaginable que capta, atrayendo hacía sí, lo bueno y lo inferior de su entorno. Vigilancia continua es una de las obligaciones del buen médium para no verse sorprendido en su dedicación. Aquella con la que se comprometió en el plano espiritual cuando se programó una nueva reencarnación de su vida física.

Juan Miguel Fernández Muñoz
Asociación de Estudios Espíritas de Madrid


domingo, 19 de agosto de 2018

Dogmatismo + desilusión = abandono

Dogmatismo + desilusión = abandono



Encontramos entre las filas de los que se terminan alejando del Espiritismo, un perfil destacado que suele corresponderse con aquellos que entran de manera apasionada, lo viven visceralmente y, poco a poco, empiezan a "desinflarse" -innecesariamente - por la simple cuestión de no aceptar durante su iniciación que todos (espíritas o no) somos falibles, así como en determinados momentos incoherentes y/o ambiguos por natura... (¡ay, el viejo error de pensar que el Espiritismo es una escuela de santos!).

Este desencanto también surge entre aquellos que se conducen con exceso de exigencia y autoridad, pero no saben aceptar que convivir con opiniones diferentes a la suya es un elemento imprescindible del camino.

El desencanto es hijo directo de nuestro ego y/o de nuestras mal conducidas ilusiones...
Influidos por una personalidad autoritaria o aún inclinados al control de las conciencias ajenas (residuos de vidas pasadas vividas desde la ortodoxia religiosa), pasaron por alto que el Espiritismo es una invitación consoladora al estudio y al crecimiento personal, algo que se vive desde la naturalidad y no desde el celo que, a la larga, sólo lleva a la insatisfacción.

Dentro de las pruebas y experiencias que tengamos que vivir, el espiritismo es para ser más consciente... pero también para ser más felices, sentirnos más hermanados con la vida. No es un instrumento de negación de nuestra naturaleza ni azotador de conciencias.

Los que fueron por ahí adoctrinando (¿amenazando?) con el Umbral y los obsesores, sembrando críticas malsanas o intrigas, realmente, nunca fueron espíritas; entraron en el Espiritismo, pero éste no entró en ellos...

La propuesta de los espíritus superiores es de reflexión, progreso y esperanza, pero algunos (por su propia manera de ser), lo viven con tanta severidad y rigidez que terminan a un lado del camino, desilusionados y/o exhaustos a golpe de tanta exigencia...

Cuando se deja de ser espírita (si esto es realmente posible), es probable que, de alguna manera, siempre se sea simpatizante, pues cuando el Espiritismo entra en uno es complicado que salga sin dejar algún poso saludable y transformador.

Argumentar (aquellos que abandonaron sus filas) que el Espiritismo no les hizo bien es un pensamiento del todo errado: fueron ellos mismos que perdieron el norte por la errónea manera de conducirse y de tomarse las cosas... El Espiritismo jamás debe servir para proyectar nuestro personalismo ni se vive por convicción dogmática, sino por sed de conocimiento e inclinación hacia la fraternidad universal.

Hay tantos tipos de espíritas como diversidad de personalidades humanas. Pero, como mínimo, al espírita (auténtico), se le pide aceptación, capacidad de diálogo e inclinación a la tolerancia. Si vas por ahí con exigencias, censura y desconfianza...o terminas quemado o siendo un mal propagandista del ideal.

La prudencia, la sencillez y la naturalidad serán virtudes que mucho nos auxiliaran en el camino.
Si en tu trayectoria no has conquistado más serenidad, más tolerancia; haz un alto en el camino (es muy importante), y analiza tus pasos: algo no ha sido bien asimilado y precisa urgente revisión...

Juan Manuel Ruiz González