martes, 14 de mayo de 2019

Sentimiento filosófico y religioso

Sentimiento filosófico y religioso



Resulta a ratos curioso y a ratos preocupante que, a 161 años de su codificación, el Espiritismo siga despertando debates y controversias en su mismo seno. Esto demuestra de manera incontestable que el Espiritismo sigue siendo todo un desafío, hasta para los mismos espíritas...

Una cosa es el libre y natural 'modus operandi' con el que cada cual lo viva, y otra muy diferente reinventar, al gusto de cada cual, una filosofía integral y transformadora que, además, tiene toda una línea doctrinaria bien definida y diferenciada... Y es que muchos se dedican a reunir y añadir cuantos elementos ideológicos considere necesarios (aunque en el cuerpo general espírita ni figuren), así como otros, reinterpretan el mensaje dándole giros esotéricos, cientifistas o religiosos de los que carece.

La inercia cultural, la mezcolanza y el temor a pensar diferente, crean muchos más obstáculos para la siembra espírita de los que podríamos pensar...

Debemos emplear mucha perseverancia, lógica doctrinaria y valentía para poner la verdad del Espiritismo por encima de personas, organizaciones y sincretismos. Es una responsabilidad y un deber pendiente que todos los espíritas compartimos...

El espírita con buen sentido nunca interpretará tal o cual libro como "palabra de Dios", sino que proseguirá estudiando y con la mente abierta, ni caerá en la adoración de este o aquél escritor o figura destacada (pues más allá de la sana admiración, sabe que como encarnado, nadie es infalible), en una palabra: estará muy atento a los peligros y los rostros encubiertos de la vanidad, el inmovilismo o el fanatismo (presentes en él mismo, en su grupo de estudio o en el movimiento de su país), y sin desprecios o rupturas innobles, se colocará siempre de parte de la verdad espírita, aunque esto le reste apoyos o lo conviertan en menos popular.

Divulgar la literatura espírita (y no perder de vista las fuentes originales), revisionar los pasos dados y adoptar nuevas estrategias organizativas a nivel de centro o de federaciones, puede ser más importante que la creación de nuevos centros o la celebración mecánica de un nuevo Congreso anual (que, quizá, poco tenga que aportar ya, al haberse convertido en un esquema organizativo cerrado y repetido).

La diversidad es un hecho y no tiene por qué ser una amenaza, sino una oportunidad para construir diálogo y camino. En algún momento, nos olvidamos que pertenecemos a una escuela de racionalistas y librepensadores, y que esto forma parte del sello espiritista... Y este es un síntoma alto preocupante en nuestro movimiento, porque denota que hemos dejado a un lado la filosofía y hemos apostado por el ataviado religioso, es decir: se acabó el debate constructivo, el libre pensamiento y el diálogo progresista.

¿Qué pensaría Amalia, Vives o Colavida sobre nomenclaturas importadas como "evangelización", o el añadido de "religión" a la definición de Espiritismo?

Ni siquiera existe un "Espiritismo cristiano"... por dos motivos explícitos y racionales: Porque Kardec y los Espíritus utilizaron "Espiritismo", a secas, sin añadidos; y porque el Cristianismo es un movimiento religioso surgido con San Pablo después de la muerte de Jesús, que dicho sea de paso, nunca fue "cristiano"... (Por las mismas o similares razones culturales podríamos decir también que el Espiritismo es judío, gnóstico o teosófico...).

Al hilo de lo anterior, meditemos en las lúcidas palabras de Manuel Porteiro: “Indudablemente se confunde a menudo el sentimiento "religioso" con el sentido filosófico: el primero se va perdiendo en los espíritus evolucionados, por ser instintivo; el segundo, va despertando a medida que aquel se extingue”.

Y en efecto: los Espíritus revelaron una filosofía práctica y una fe razonada, nunca una religión; carece de toda lógica que nuestras reuniones parezcan clases de catecismo ¡cuando Kardec, tanto luchó buena parte de su vida por establecer la escuela laica!

o-O-o-

La Espiritualidad tenía muy clara la intención de definir a la naciente doctrina de manera expresivamente diferente, de manera que rompiera con los moldes ideológicos del pasado y expresara la fuerza viva de toda una idea nueva y revolucionaria.

Haremos mucho más por el mensaje de Kardec con un comportamiento natural, cordial y positivo, que divulgando (explícita o implícitamente) un Espiritismo más exigente que fraterno, y de retórica cargada de intenciones adoctrinantes y moralismo simplista y rancio.

Vivir el Espiritismo de manera quietista es inmovilizarlo en espíritu de sistema... proyectarlo de forma "pastoral" y conservadora, es tener la experiencia de un Espiritismo ambiguo, sincrético y timorato, con escasa capacidad para enfrentarse a los problemas y desafíos de la humanidad del siglo XXI.

El Espiritismo es progreso, y no se puede hablar de propuestas renovadoras y permanecer influidos por los viejos esquemas.

El miedo o la tendencia a no cuestionar formas de acción: sean libros, modelos organizativos (encuentros, congresos, etc) u opiniones de líderes consagrados, quizá contribuya a hacer espíritas "de manual", pero escasamente hará espiritistas amantes de la verdad, lo que termina haciendo de las federaciones o asociaciones "ghettos" políticos donde sólo sea bienvenido quien piense como la mayoría...

Muchos, finalizarán esta encarnación convencidos que sirvieron al Espiritismo, y sin embargo, lejos de eso, a quien sirvieron realmente es al personalismo... Unos se lamentarán de cómo hicieron las cosas, así como otros de no haber hecho nada por evitarlas...

-o-O-o-

Buena parte de la labor que los espíritas tenemos por delante es la búsqueda de la identidad espiritista primigenia, semi oculta entre capas de modismos culturales y nomenclaturas de nuevo cuño (importadas o no) ...

No somos "científicos" en el sentido académico de la palabra (aunque lo seamos desde la metafísica y la ciencia del espíritu); como no somos "evangelizadores", por más que dediquemos parte de nuestro tiempo a la divulgación (esa definición introyectada no se corresponde con el legado espírita) ...y etc, etc.

Sería muy razonable y esperanzador por nuestra parte si reaccionamos y nos sacudimos el comodismo y la manera autocomplaciente con el que hemos estado pensando y viviendo el Espiritismo en las últimas dos o tres décadas, para poder así despojarlo de todos los introyectos y personalismos místico-religiosos, científicoides, etc., que se le ha ido agregando por inercia (y aquí también añadimos los enfoques personales de esta o aquella figura destacada del movimiento que, consciente o inconscientemente, haya creado escuela y seguidores).

Para ser espíritas ni hace falta seguir manuales de estudio hechos en Brasil, ni adoptar prácticas inconscientemente inspiradas por lo teológico. Tan sólo es preciso actuar en base al estudio, el pensamiento racional y el corazón.

Aprendamos de los que tengan más experiencia o de aquellos que sean referencias en la labor divulgativa, pero, por encima de eso, sigamos a Kardec y a los espíritus amigos que, más de una vez, hablarán a nuestro corazón de cosas que los dirigentes y oradores de renombre (no obstante almas perfectibles), hayan pasado por alto o no hayan filtrado convenientemente.

Seamos honestos: igual que entre los espíritas que viven el ideal de manera religiosa se les intuye las reminiscencias católicas del pasado, entre los "cientifistas" (incluyendo a los renovadores y/o amantes de la polémica) se percibe el inconfundible poso de las pasadas vivencias en las filas del positivismo materialista...

La doctrina de los Espíritus tiene un carácter universal, plural y librepensador, pero tiene todo un corpus doctrinario formado por las cinco obras de la codificación...Señalamos esto último porque el Espiritismo puede ser "ecuménico" pero no es de ningún modo sincretista (si arrimamos al mismo cualquier ingrediente metafísico, new age, ritual cristiano, etc., contribuiremos a que su mensaje se diluya o se haga más complicado de entender).

Vengan de Brasil, de España o de cualquier lugar de Sudamérica o Europa, las interpretaciones cientificistas y las religiosas deben ser superadas por el bien de la doctrina.

Esta apertura, este ir hacia delante, debe ser desde el sentido común y la humildad, no es el rendirse ante cualquier propuesta esotérica de moda o las renovaciones (presuntamente necesarias) de este o aquel escritor, científico o figura espírita por caudaloso que sea su curriculum. Porque hay momentos que, por pura y natural coherencia, el espírita cabal deja a un lado la opinión de este o aquel divulgador, de este o aquel libro, y redirecciona sus pasos por la codificación o por las señales que su intuición le marca (luego podrá equivocarse o no, pero nunca será un elemento más sin voluntad propia y tampoco un dogmático).

Juan Manuel Ruiz González

domingo, 12 de mayo de 2019

Breve historia del magnetismo

Breve historia del magnetismo



La historia del magnetismo se remonta a la antigüedad. Al parecer, hace más de dos mil años, los griegos, los indios y los chinos ya sabían que un determinado tipo de piedras atraían pequeños trozos de hierro. Hoy esa sustancia se conoce como magnetita, un mineral magnético que se encuentra en la naturaleza.

El magnetismo comenzó en la edad de los metales, junto al proceso de fabricación de armas y herramientas. El hombre de la antigüedad notó uno de los primeros fenómenos magnéticos, ciertas piedras atraían el metal de hierro.

Pasaron muchos años hasta que aprendió que todos los materiales tienen ciertos comportamientos magnéticos y buscó darle un uso práctico.

La experimentación con la electricidad y el magnetismo, han ido a la par con la evolución humana.
Todos sabemos que el magnetismo es un fenómeno físico por el que los objetos atraen o repelen otros materiales. Todos los materiales son influidos en mayor o menor grado cuando están sometidos a un campo magnético.

El nombre de magnetismo viene de Magnesia del Meandro en Asia Menor, donde parece ser que por primera vez se observaron los fenómenos magnéticos. Magnesia del Meandro es una ciudad antigua situada en el interior de la península turca de la que apenas quedan hoy algunos restos arqueológicos
El primer estudioso del fenómeno fue Tales de Mileto, filósofo griego que vivió entre 625 a.C. y 545 a.C.

En el siglo VI antes de Cristo demostró que ciertas sustancias, como el ámbar, poseían después de haber sido frotadas, la propiedad de atraer a ciertos objetos, si estos eran ligeros, Así descubrió la naturaleza eléctrica de la materia.

También Sócrates hablaba de un mineral de color negro explicando, ya entonces, el fenómeno de inducción magnética.

A la civilización china se le adjudican dos hechos relevantes: el descubrimiento del campo magnético terrestre y la invención de la brújula.

Al parecer, en el siglo XI los chinos imantaron agujas tocándolas con magnetita y colgándolas de hilos de seda. Las agujas se orientaban en la dirección norte-sur, alineándose con las líneas del campo magnético terrestre.  Estas brújulas estaban compuestas por una aguja imantada que flotaba en un cuenco con agua.  Independiente de hacia dónde girase el barco, y el cuenco con él, la aguja seguiría apuntando en la dirección norte-sur.

El científico Shen Kua (1031-1095) escribió sobre la brújula de aguja magnética y mejoró la precisión en la navegación empleando el concepto astronómico del norte absoluto. Hacia el siglo XII los chinos ya habían desarrollado la técnica lo suficiente, como para utilizar la brújula para mejorar la navegación.

Alexander Neckham fue el primer europeo en conseguir desarrollar esta técnica, en 1187.
Charles-Augustin Coulomb (1736-1806) estudió las fuerzas entre polos magnéticos y propuso la ecuación de la fuerza entre estos.

En 1820, Hans Christian Orsted descubrió que un hilo conductor sobre el que circulaba una corriente ejercía una perturbación magnética a su alrededor, que llegaba a poder mover una aguja magnética situada en ese entorno. Nacía así el electromagnetismo que unificó las fuerzas eléctrica y magnética
En 1831, después de que Oersted comenzará a describir una relación entre la electricidad y el magnetismo, y el francés André Marie Ampére profundizará en dicho campo, el científico británico Michael Faraday descubrió que el movimiento de un imán en las proximidades de un cable induce en éste una corriente eléctrica.

Faraday observó que siempre que el imán o la bobina estuvieran en movimiento, se genera corriente eléctrica, a la vez que vislumbró las líneas de fuerza magnética al esparcir limadura de hierro en un papel colocado sobre un imán.

La unificación plena de las teorías de la electricidad y el magnetismo se debió al físico británico James Clerk Maxwell, que predijo la existencia de ondas electromagnéticas e identificó la luz como un fenómeno electromagnético.

René Descartes explicó el magnetismo como un flujo de partículas que saldrían de un polo del imán y entrarían en el otro.

La Ley de Gauss del magnetismo es una de las ecuaciones fundamentales del campo electromagnético. Esta se debe a Carl Gauss que en1832 publicó un artículo sobre la medición del campo magnético de la Tierra y describió un nuevo instrumento que consistía en un imán de barra permanente suspendido horizontalmente de una fibra de oro. La diferencia en las oscilaciones cuando la barra era magnetizada y cuando era desmagnetizada permitió a Gauss calcular un valor absoluto para la fuerza del campo magnético de la Tierra.

El magnetismo como disciplina comienza a desarrollarse cuando la experimentación se convierte en una herramienta esencial para el desarrollo del conocimiento científico.

Magnetismo animal

El magnetismo animal, conocido más adelante como mesmerismo, es la influencia que un individuo puede ejercer en el sistema nervioso de otro a través de los movimientos llamados Pases Magnéticos.
La teoría del magnetismo fue practicada por el médico alemán Franz Mesmer (1734 – 1815), mediante la cual afirmaba que cada ser humano posee una energía que puede ser modificada, logrando la curación del paciente a través del cuerpo humano como emisor de magnetismo, dejando a un lado el uso de los imanes y cualquier otro objeto.

La tesis de Mesmer es que el flujo vital recorre los cuerpos de los seres vivos a través de una red de canales que, por tanto, los problemas nerviosos y de salud asociados se producen por un bloqueo en los mismos.

Mesmer defendía la existencia de una sustancia homogénea presente en todo aquello que tiene vida, y debido a esa creencia sus métodos podían restablecer el orden cuando se producía un desequilibrio en nuestro cuerpo. Con esa afirmación trataba de explicar por qué donde la medicina tradicional fallaba él era capaz de curar.

A lo largo de los años 60 y 70, Mesmer desarrolló su teoría del magnetismo animal, la cual recogía una tradición anterior que iba desde Platón hasta Paracelso.

Sus estudios, dieron lugar, al descubrimiento de la hipnosis por parte de James Braid en 1842.
La teoría del magnetismo animal derivó con el tiempo en lo que se conoce hoy en día como hipnosis u otros tratamientos practicados por la psicología o la psiquiatría.

Repasando este breve resumen histórico del magnetismo podemos llegar a entender que este ha preparado los caminos al Espiritismo, y los rápidos progresos de esta última doctrina son debidos a la divulgación de las ideas de la primera.

Según podemos comprobar a través de la "Revista Espirita" de 1858.

Ambas -ciencias-son basadas en la existencia y en la manifestación del alma, y lejos de combatirse, pueden y deben prestarse mutuo apoyo, ellas se completan y se explican entre sí.
Sus respectivos adeptos difieren, no obstante, en algunos puntos. Ciertos magnetistas aún no admiten la existencia o, por lo menos, la manifestación de los Espíritus; creen que pueden explicarlo todo por la sola acción del fluido magnético.

De los fenómenos magnéticos del sonambulismo y del éxtasis a las manifestaciones espíritas hay solo un paso. Su conexión es tal que, por así decirlo, es imposible hablar de uno sin hablar del otro.
Las dos doctrinas por lo tanto no son más que una.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 5 de mayo de 2019

El Libro de los Espíritus, piedra angular del Espíritismo

El Libro de los Espíritus, piedra angular del Espíritismo


"El libro de los Espíritus" fue la primera obra escrita por Allan Kardec, seudónimo del profesor francés Hippolyte León Denizard Rivail. Nació en la ciudad de Lyon (Francia), el día 3 de octubre de 1804 y desencarnó el 31 de marzo de 1869, en París, a la edad de 64 años.

Nacido dentro de la religión católica, fue educado en un país protestante, en la escuela de Pestalozzi, en Yverdun (Suiza). Se convirtió en uno de los más eminentes discípulos de ese célebre profesor, así como en uno de los celosos propagandistas de su sistema de educación, que ejerció tan grande influencia sobre la reforma de la enseñanza en Alemania y en Francia.

Como políglota conocía bien el alemán –su lengua adoptiva- el inglés, el holandés, teniendo sólidos conocimientos del latín, griego, céltico y de algunas lenguas neolatinas, en las cuales se expresaba correctamente.

A mediados de 1825 comenzó a dirigir la “Escuela de Enseñanza Primaria”. En 1832 se casa con Amélie-Gabrielle Boudet. Siendo ella también profesora, colaboró mucho con él en sus actividades didácticas. No tuvieron descendencia.

Constantemente ocupado en hacer atractivos e interesantes los sistemas de educación, inventó en esa misma época un método ingenioso para enseñar a contar, así como un cuadro mnemónico de la Historia de Francia, con el objetivo de grabar en la memoria las fechas de los acontecimientos de mayor relevancia.

Durante 30 años, de 1819 a 1850, muchas veces superando incomprensiones y contratiempos, Rivail (Allan Kardec) se empeñó en cuerpo y alma en instruir y educar a innumerables niños y jóvenes parisienses.

A la edad de cincuenta años, en el 1854, un amigo suyo, el Sr. Fortier, le informó de un suceso extraño que se estaba poniendo “de moda” en las reuniones de algunas personas de la sociedad parisina. Le habló de las mesas parlantes o mesas giratorias. Fortier le comentó que las mesas, magnetizándolas, giraban y que incluso contestaban a preguntas.

Al año siguiente, el Sr. Carlotti, le comenta de nuevo el insólito suceso de las mesas giratorias dejando caer la posibilidad de que sean los espíritus de las personas fallecidas los encargados de mover dichas mesas. Esto despierta la curiosidad de Rivail, aunque no deja de demostrar sus reservas al respecto.

En mayo de 1855, Rivail acompaña a su amigo Fortier a casa del Sr. Pâtier y son invitados a asistir a algunas experiencias en casa de la Sra. Plainemaison. Rivail queda totalmente impresionado con lo allí vivido. A partir de entonces pasó a frecuentar asiduamente este tipo de reuniones en distintas casas y con distintos médiums.

En ese mismo año, una noche, asistiendo a una de las sesiones en casa del Sr. Baudin, reciben una comunicación de un espíritu que se presenta con el nombre de “Espíritu de Verdad” que dice ser su protector. Allí le habla de una anterior encarnación druida y en la cual se llamaba Allan Kardec. En la misma comunicación le cuenta también la misión que ha venido a hacer aquí en la Tierra y Rivail se pone de inmediato manos a la obra, sirviéndose de la ayuda de diferentes médiums conocidos por él.
Allan Kardec, se convierte así en el codificador, el padre del espiritismo. Gracias a su constancia, dedicación, trabajo, capacidad de aguante, paciencia…, los espiritas de hoy en día nos encontramos con todos los beneficios que el Espiritismo nos da.

"El Libro de los Espíritus" vio la luz el 18 de abril de 1857. Esta primera edición se agotó en pocos días, llegándose a la decimosexta en vida de su autor. Este éxito propició la fundación de la Revue Spirite, publicando el primer número el 1 de enero de 1858, periódico espírita mensual que escribió hasta su muerte, dejando incluso preparado el número del mes siguiente a su desencarnación. Ese mismo año se funda legalmente la Sociedad de Estudios Espiritistas de París, que Rivail presidió hasta su muerte.

Podemos decir que "El Libro de los Espíritus" marcó el comienzo del Espiritismo. Con esta obra, se inició para el mundo la era espírita. En él se cumple la promesa evangélica del Consolador. Al decir esto afirmamos que "El Libro de los Espíritus" es el código de una nueva fase de la evolución humana. Y es exactamente esa su posición en la historia del pensamiento.

No se trata de un libro común que se pueda leer de un día para otro y después olvidarlo en el rincón de una biblioteca. Nuestro deber consiste en estudiarlo, meditarlo y consultarlo, leyéndolo y releyéndolo de continuo. Sobre él se levanta todo un edificio: el de la doctrina espírita, constituyendo la piedra fundamental del Espiritismo.

Con él surgió el Espiritismo y con él se propagó, imponiéndose y consolidándose en el mundo. Antes de él no había Espiritismo y ni siquiera existía esta palabra. Se hablaba del espiritualismo y neo-espiritualismo, de una manera generalizada. Los hechos espíritas, que siempre existieron, eran interpretados de los más diversos modos.

Está dividido en cuatro libros, los prolegómenos y la introducción a la doctrina espírita. Haciendo un profundo análisis de él nos daremos cuenta que los libros primero y segundo hasta el capítulo cinco, se refieren a él mismo, a su propio contenido.

Continuando con este metódico estudio probaremos que "El Libro de los Médiums", que trata con especialidad el aspecto experimental de la doctrina, tiene su fuente en el libro segundo de "El Libro de los Espíritus", a partir del capítulo seis hasta el final, siendo ampliada y reorganizada toda la materia que esta parte contiene en dicho libro, en especial lo referente al capítulo nueve: Intervención de los Espíritus en el mundo corpóreo.

Evidenciamos a su vez, que El Evangelio según el Espiritismo es una derivación natural del libro tercero, donde se estudian las leyes morales, tratando todo sobre la aplicación de los principios de la moral evangélica. Encontraremos incluso las primeras formas de “Instrucciones de los Espíritus”, comunes en el Evangelio.

"El Cielo y el Infierno" es por su parte, una derivación del libro cuarto, “Esperanzas y Consuelos”, donde se examinan los problemas relativos a las penas, goces terrenales y futuros. Incluyendo la discusión del dogma de la eternidad de las penas y el análisis de otros dogmas, por ejemplo, el de la resurrección de la carne y los Paraísos, Infierno y Purgatorio.

Continuando en nuestro estudio, comprobamos que "La Génesis, los Milagros y las Profecías" están relacionadas con los capítulos dos, tres y cuatro del libro primero, y capítulos nueve, diez y once del libro segundo, así como con ciertos fragmentos de capítulos del libro tercero, que tratan problemas genésicos y de la evolución física de la Tierra. Por su amplio sentido, que abarca al propio tiempo las cuestiones de la formación y desarrollo del globo terrestre, y las relativas a pasajes evangélicos y de las Sagradas Escrituras, La Génesis…, se ramifica de una manera más difusa que los restantes libros de la codificación.

Los pequeños libros de introducción al estudio de la doctrina, como "El principiante espírita" y "¿Qué es el Espiritismo?", que no se incluyen propiamente en la codificación, están asimismo relacionados de una manera directa con "El Libro de los Espíritus", derivándose de su “Introducción” y “Prolegómenos”.

Con todo lo expuesto queremos resaltar que Allan Kardec nos presenta la codificación como un todo homogéneo y consecuente, el andamiaje o estructura general de la doctrina, teniendo todas las obras posteriores a ella su punto de partida en el contenido del "El Libro de los Espíritus". Por eso, los vínculos que todos sus libros tienen, deben ser aclarados en profundidad por un estudio minucioso del contenido de las diversas partes de esta obra, en confrontación con las restantes.
Afirmando que "El Libro de los Espíritus" es la parte filosófica de la doctrina, siendo el aspecto de la misma más bien didáctico que propiamente de exposición filosófica, ya que Allan Kardec no era un filósofo, sino un educador, por lo que elabora el desarrollo de esta obra por las respuestas que los Espíritus ofrecían a sus propias preguntas, diciéndonos así que en rigor no fue escrita por él mismo, si no por los propios espíritus.

Aclarándonos este hecho que esta obra no es de modo alguno una doctrina personal, sino que es el resultado de la enseñanza directa de los Espíritus sobre los misterios del mundo donde estaremos un día, y sobre todas las cuestiones que interesan a la humanidad, ellos nos dan el código de la vida al trazarnos la ruta de la felicidad venidera.

Los espíritus anuncian que los tiempos designados por la providencia para una manifestación universal han llegado ya, y que, siendo ministros de Dios y agentes de su voluntad, su misión es la de instruir e ilustrar a los hombres, abriendo una nueva era a la regeneración de la humanidad.
"El Libro de los Espíritus" es la recopilación de toda su enseñanza. Es por eso que, el estudio de una doctrina tal como la Doctrina Espírita, que nos lanza de súbito a un orden de cosas tan nuevo y grande, sólo puede ser realizado con provecho por hombres serios y perseverantes, libres de preconceptos y animados por una firme y sincera voluntad de alcanzar un resultado positivo, caracterizando este estudio serio la continuidad con que se realice. El Espiritismo es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica. Como ciencia práctica, consiste en relaciones que pueden establecerse con los espíritus; como doctrina filosófica, comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejantes relaciones.

Es por ello que podemos definirlo así: “El Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus y de sus relaciones con el mundo corporal”.

Después de todo lo que hasta aquí hemos dicho, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que "El Libro de los Espíritus" ha cambiado la vida de muchas personas desde el momento en el que fue publicado. Un ejemplo de ello lo tenemos en los comentarios que podemos encontrar en la "Revista Espírita" de 1858 en la página 33.

Acerca de este libro, en un artículo, el Correo de París del 11 de julio de 1857 dijo entre otras cosas:
“El Libro de los Espíritus, del Sr. Allan Kardec, es una página nueva del propio gran libro del infinito, y estamos persuadidos de que se ha de colocar un señalador en esta página. Sentiríamos mucho si se creyera que hemos venido a hacer aquí una publicidad bibliográfica; si pudiésemos suponer que así fuera, quebraríamos nuestra pluma inmediatamente. No conocemos de manera alguna al autor, pero confesamos abiertamente que nos sentiríamos felices en conocerlo. Quien escribió la Introducción que encabeza El Libro de los Espíritus debe tener el alma abierta a todos los nobles sentimientos.

A todos los desheredados de la Tierra, a todos los que andan o que caen regando con sus lágrimas el polvo del camino, les diremos: Leed El Libro de los Espíritus, esto os hará más fuertes. También a los que están felices, a los que por la senda sólo encuentran ovaciones de la multitud o las sonrisas de la fortuna, les diremos: Estudiadlo, él os hará mejores.

El cuerpo de la obra –dice el Sr. Allan Kardec– debe ser atribuido plenamente a los Espíritus que lo han dictado. Está admirablemente clasificado por preguntas y respuestas. Algunas veces, estas últimas son simplemente sublimes: esto no nos sorprende; pero, ¿no ha sido necesario un gran mérito para quien supo obtenerlas?

Desafiamos a los más incrédulos a reírse mientras leen este libro en el silencio y en la soledad. Todo el mundo honrará al hombre que ha escrito su prefacio.

La doctrina se resume en dos palabras: No hagáis a los otros lo que no quisierais que os hagan. Hubiéramos querido que el Sr. Allan Kardec haya agregado: y haced a los otros lo que quisierais que os hiciesen. Mejor dicho, el libro lo dice claramente y, además, la doctrina no estaría completa sin ello. No basta con no hacer el mal, es necesario también hacer el bien.

¿Sois hombres de estudio y tenéis buena fe para instruiros? Leed el Libro Primero sobre la Doctrina Espírita.

¿Estáis colocados en la clase de personas que sólo se ocupan de sí mismas, que hacen –como se dice– sus pequeños negocios muy tranquilamente y que a su alrededor no ven nada más que sus propios intereses? Leed las Leyes Morales.

¿La desdicha os persigue encarnizadamente, y la duda os envuelve a veces con su brazo glacial? Estudiad el Libro Tercero: Esperanzas y Consuelos.

Todos vosotros que tenéis nobles pensamientos en vuestros corazones y que creéis en el bien, leed todo el libro”.

Estas palabras fueron escritas por G. DU CHALARD.

"Siguiendo en la Revista Espírita de 1858 encontramos cartas de agradecimiento a Kardec por la publicación de esta maravillosa obra: Señor. ……… ¡Sería imposible describiros el efecto que ha producido en mí: soy como un hombre que ha salido de la oscuridad; me parece como si una puerta hasta hoy cerrada se hubiese abierto súbitamente; ¡mis ideas han crecido en algunas horas! ¡Oh, cuán mezquinas y pueriles me parecen las miserables preocupaciones de la Humanidad, ante ese porvenir del cual yo no dudaba, pero que estaba tan oscurecido por los prejuicios que apenas lo imaginaba! Gracias a la enseñanza de los Espíritus, ese futuro se presenta con una forma definida, perceptible, mayor y bella, y en armonía con la majestad del Creador. Cualquiera que lea este libro –como yo– y medite acerca del mismo, encontrará allí tesoros inagotables de consuelos, porque abarca todas las fases de la existencia. En mi vida he tenido pérdidas que fuertemente me han afectado; hoy en día no me dejan ningún disgusto, y toda mi preocupación es emplear con utilidad el tiempo y las facultades para acelerar mi progreso, porque ahora el bien tiene un objetivo para mí, y comprendo que una vida inútil es una vida egoísta que no puede hacernos avanzar hacia la vida futura……….
Vuestro devoto servidor D.., capitán retirado."

"Señor, No sé cómo expresaros todo mi reconocimiento por la publicación de El Libro de los Espíritus, que anhelo por volver a leerlo. ¡Cuán consolador es para nuestra pobre Humanidad lo que vos nos habéis hecho saber! Por mi parte, os confieso que ahora soy más fuerte y más valiente para soportar las penas y las dificultades vinculadas a mi pobre existencia. Ya he compartido con varios de mis amigos las convicciones que he extraído de la lectura de vuestra obra: todos ellos se sienten muy felices, porque ahora comprenden las desigualdades de las posiciones sociales y no murmuran más contra la Providencia; la esperanza cierta de un porvenir más feliz, si proceden bien, los consuela y les da coraje."

"Señor, quisiera seros útil; no soy más que un pobre hijo del pueblo que se ha hecho una pequeña posición por su trabajo, pero que carece de instrucción, habiendo sido obligado a trabajar desde muy joven; por lo tanto, siempre he amado a Dios y he realizado todo que he podido para ser útil a mis semejantes; es por eso que busco todo lo que pueda contribuir a la felicidad de mis hermanos. Vamos a reunirnos varios adeptos que estábamos dispersos; haremos todos nuestros esfuerzos para secundaros: habéis levantado el estandarte y nuestra tarea es seguiros; contamos con vuestro apoyo y vuestros consejos.

Señor, soy, si me atrevo a decirlo, vuestro hermano, con devoción.                           
C..."

Al igual que estas personas que en su momento dieron gracias por poder beneficiarse de tener entre sus manos este gran legado, nosotros hoy día, favorecidos por esta grandísima herencia ¿Agrademos realmente poder tener el conocimiento que él nos imparte? ¿Somos conscientes de la responsabilidad que tenemos ante nosotros por esta grandiosa sabiduría que nos ha iluminado nuestro camino? Si aún no lo hemos hecho es tiempo de ello, so solo dando las gracias, si no haciendo que esta luz que nos ilumino a nosotros llegue a todas partes y sea el consuelo que las almas afligidas tanto necesitan.
Acordémonos siempre que no se trata tan sólo de Kardec, ni de este o de aquel otro espíritu en particular, como tampoco de un grupo de hombres, sino que es toda una falange de espíritus, enviada a la Tierra en cumplimiento de la promesa de Jesús, la que constituye la fuente espiritual de "El Libro de los Espíritus".

Este viene siendo leído y meditado en el mundo entero, pero poco cuidado se ha puesto en analizarlo en sus múltiples implicaciones y en su significación más profunda.

Sir Oliver Lodge, el gran físico inglés y una de las más altas expresiones de la cultura científica, en su libro acerca de la inmortalidad personal consideró al Espiritismo como “una nueva revolución copernicana”. Y León Denis, el sucesor de Kardec, legítima expresión de la cultura francesa, en el Congreso Espírita Internacional de París, celebrado en 1925, y en su libro "El Genio Céltico" y el "Mundo Invisible", publicado dos años después, proclamó que “El Espiritismo tiende a reunir y a fundir, en una síntesis grandiosa, todas las formas del pensamiento y de la ciencia”.

Por eso sintámonos afortunados de haber podido acceder a esta gran revelación, seamos merecedores de ello, convirtiéndonos en estandartes de esta consoladora doctrina, llevando el Espiritismo a todos aquellos que estén cerca de nosotros, hagamos un profundo estudio de "El Libro de los Espíritus" para que realmente podamos comprender las verdades que los espíritus nos han querido transmitir en él. De esta forma mostremos nuestro reconocimiento por la oportunidad que se nos está dando, convirtiéndonos además en buenos instrumentos a la hora de expandir su mensaje.

Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

miércoles, 1 de mayo de 2019

Filosofía natural

Filosofía natural



Estudiando la filosofía Natural o Naturista (base de la Medicina Natural) y Espiritista, vemos que tienen muchos puntos en común. En unos aspectos son hermanas puesto que ambas doctrinas estudian la Ley Natural o Universal y en otros complementarias, puesto que su estudio parte desde fuentes diferentes. Ambas doctrinas tienen tres partes, filosófica, científica y moral (consecuencias morales de su estudio). La parte filosófica nos abre las puertas en la búsqueda del conocimiento que luego podrá ser confirmado persistiendo por la vía científica para poder obtener conclusiones morales que nos ayuden en nuestro camino evolutivo.

En el libro "Medicina natural en 40 lecciones" del Dr. Eduardo Alfonso, encontramos los principios básicos de la filosofía naturista, muchos de ellos, como la Ley de Evolución y la Ley de Causa y Efecto, igualmente estudiados por la filosofía espírita.

El estudio de la naturaleza demuestra un orden natural regido por leyes que al hombre le corresponde ir descubriendo mediante el examen y la comparación de los hechos. Ese orden natural en su conjunto establece una relación bidireccional entre las partes y el todo, el universo, estableciendo la Armonía. Armonía que es mantenida mediante al cumplimiento de las Leyes Universales y que es quebrantada cuando dichas leyes se transgreden. Algunas de las leyes que vemos en el orden natural son las siguientes:

Ley del Movimiento: todo se mueve en el universo. La vida es movimiento cíclico y vibración, con momentos de reposo y agitación, así como "el día y la noche, el sueño y la vigilia, la vida y la muerte, la inspiración y la expiración, la sístole y la diástole, etc., son grandes vibraciones de la Naturaleza, análogas en un todo a las del sonido, la luz, la electricidad, etc., en el mundo de lo pequeño".
Ley del Amor: El Amor es el origen de la Armonía general del Universo, causa de toda creación y principio de toda creación y atracción general entre todas las criaturas. El verdadero amor siempre implica la relación de unión armónica entre las criaturas con la finalidad de la evolución en todos los planos de la existencia, material, psíquica y espiritual. "El Amor, pues, supone la renuncia de sí mismo en bien de todo lo que no es uno mismo, y para manifestarse requiere la conciencia de que todos los seres son hermanos, como salidos del mismo Origen".

Ley de Evolución: "Todo lo existente lleva inmanente la tendencia y fuerza para convertirse en algo superior."  La ley del Amor sería el motor que mueve a todas las criaturas hacia la unión con lo superior por medio de la evolución y el perfeccionamiento, primero de sus funciones físicas, luego perfeccionando las funciones intelectuales y finalmente las espirituales.

Ley de ciclos: "Todo lo existente evoluciona por ciclos". La vida y la muerte en sí mismos son un ciclo que sirve de frontera entre ciclos interiores de la vida y los exteriores del espíritu. La vida está llena de procesos cíclicos que no se detienen ni cuando llega la muerte. La respiración, el ritmo sanguíneo, el sueño y la vigilia, el sistema simpático y parasimpático, etc.

Ley de Finalidad. "La evolución tiene un sentido finalista... de índole transcendental y metafísica". Todo evoluciona hacia estados de consciencia más elevados, perfeccionado tanto la materia como la inteligencia. La Naturaleza demuestra una inteligencia más allá de la casualidad que da sentido a lo creado.

Ley de Jerarquía. La escala de la evolución en misma es una jerarquía. El espíritu rige la materia, la inteligencia sobre el cuerpo, el cerebro sobre los miembros, el órgano sobre la célula, etc.

Ley de Armonía. Toda existencia exige una interrelación armoniosa entre las partes y el todo. Sin armonía se acerca la decrepitud y la muerte. Las funciones de los órganos solo tienen sentido considerando el bien común de todo el conjunto. Las personas somos como órganos para la familia, la familia para la sociedad y las sociedades para la humanidad.

Ley de Adaptación. Todos los seres se adaptan al medio que les rodea, modificándose recíprocamente con el medio en el tiempo y propiciando la Ley de Evolución.
Ley de Selección. Toda evolución en la naturaleza conlleva una superación y una supervivencia sobre lo no evolucionado formando un proceso selectivo natural, donde siempre perdura lo más sano, más fuerte, más sabio, más inteligente y más bueno.

Ley de Herencia. Todos los seres adquieren o heredan caracteres físicos y psíquicos de sus progenitores.

Ley de Analogía. Las leyes se proyectan en todas las dimensiones de la existencia, manifestándose de forma análoga en lo grande como en lo pequeño, en lo físico y tangible como en lo metafísico e invisible. En los distintos aspectos de la vida rigen las mismas leyes. La corriente electromagnética sigue principios análogos a la corriente hidráulica, los siete colores del arcoíris son como las siete notas de una escala musical, la energía en porciones minúsculas se puede comportar como corpúsculos de materia, el calor y la cantidad de movimiento se pueden almacenar en sistemas análogos, etc.

Ley de los Contrarios. Toda percepción depende de cierto grado de un contraste, de una diferencia o de una variación en el medio percibido. En todo contraste hay dos límites, uno por exceso u otro por defecto que podemos considerar contrarios. Todo, en nuestro nivel de percepción material e intelectual, es polar.

Ley de Causa y Efecto. "Todo acto o fenómeno tiene una causa productora, como a su vez produce también un efecto (el cual no es sino la causa reproducida en otra forma)". La causalidad se opone a la casualidad determinando nuestro destino, haciéndonos responsables de nuestras propias decisiones y actos, modificando el medio y las circunstancias donde nos movemos para alcanzar el máximo cumplimiento de dicha ley, sin menoscabar la Ley de Justicia, generando a su vez las experiencias necesarias para el aprendizaje de la ley natural y así del error.

Ley de Necesidad o Utilidad. "Todo ser o acto responde a una necesidad o utilidad dentro del plan universal de la Evolución. La Naturaleza no crea nada inútil". La experiencia nos muestra los principios biológicos de que todo órgano que no funciona se atrofia junto a la función hace al órgano, mostrando que el camino de la evolución se abre paso a paso, con economía sin malgastar energías esenciales.

Ley de Desigualdad. "El movimiento tiene por único origen una desigualdad (o excitación)". Toda desigualdad tiene al equilibrio generando un movimiento en busca de un estado de menor energía (o mayor economía). La armonía nunca puede componerse de una única nota sin ser monotonía. En la variedad está la posibilidad de establecer interrelaciones armoniosas que en conjunto superan a cada una de las partes.

El conocimiento nos hace responsables ante la ley natural, aunque su ignorancia no nos exime de sus consecuencias. Estudiemos la Ley Natural en todas sus dimensiones, material, psíquica y espiritual, para perfeccionarse y evolucionar en camino recto, en lo posible.

La salud física, emocional, mental y espiritual depende directamente del cumplimiento real de las Leyes Naturales.

La medicina natural nos previene del peligro de ingerir toxinas que debiliten nuestro cuerpo, así de la extenuación de nuestras energías esenciales derrochándolas dando gusto a sus apetitos y pasiones.
El Espiritismo paralelamente, nos dice lo mismo en el plano espiritual y emocional, donde también debemos apartarnos de ingerir toxinas o incluso crearlas, a la par de que tenemos que adquirir hábitos saludables espiritualmente que nos liberen de las que ya tenemos arraigadas. Las Leyes Naturales se proyectan en todas las dimensiones creándonos constantemente oportunidades de crecimiento y liberación que dejamos escapar cuando anteponemos nuestros propios intereses, los de nuestro psiquismo, frente a los intereses reales de nuestro espíritu, grabados en el fondo de nuestro corazón, nuestra conciencia, firme reflejo de la voluntad de Dios, nuestro creador y padre.

El verdadero naturista, tanto físico como espiritual, es el que colabora con la Naturaleza y la Ley Suprema en todos los niveles de la evolución. "Es bueno, constructivo, armónico y biológico todo lo que favorezca o ayude a la ley evolutiva, pues como dijimos al principio, toda idea de retroceso es antinaturista". Comer sin destruir, vivir sin desperdiciar, construir armoniosamente, relacionarse virtuosamente, buscar el bien, lo bello y lo verdadero son principios que nos han de guiar, al ser dictados por la experiencia y la razón, preparándonos para nuevas etapas evolutivas que nuestra mente todavía no puede concebir.

Jose Ignacio Modamio Rica
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 28 de abril de 2019

Teoría de las manifestaciones físicas

Teoría de las manifestaciones físicas


¿Qué son? Las manifestaciones físicas son aquellas que se traducen en fenómenos materiales tales como ruidos, movimientos, desplazamiento de objetos, materializaciones, etc.

Para que se produzcan hay que tener en cuenta la relación de los espíritus con nuestra alma o espíritus encarnados.

La idea que se forma de la naturaleza de los espíritus hace incomprensible los fenómenos físicos, ya que se piensa que son inmateriales y por tanto, no pueden obrar sobre la materia.

Sin embargo, al preguntarles ¿es exacto expresar que los Espíritus son inmateriales? ellos responden:
– ¿Cómo se podría definir algo cuando se carece de términos de comparación, y con un lenguaje insuficiente? Un ciego de nacimiento ¿puede acaso definir la luz? “Inmaterial” no es la palabra. “Incorpóreo” sería más exacto, porque se debe comprender bien que, siendo el espíritu una creación, debe ser algo. Es una materia quintaesenciada, pero sin analogía para vosotros, y tan etérea que no puede ser percibida por vuestros sentidos.

Por lo tanto, habrá en nosotros dos especies de materia: una grosera, que constituye la envoltura exterior o cuerpo y la otra sutil e indestructible, alma, espíritu…

La muerte es la disgregación de la primera, de aquella que el alma abandona; la otra que nosotros denominamos periespíritu, se desprende y sigue al alma que, de esta manera, se encuentra siempre teniendo una envoltura. El periespíritu es el intermediario de todas las sensaciones que percibe el espíritu, aquel por el cual el espíritu transmite su voluntad al exterior y obra sobre los órganos.
Sus propiedades son:

- Expansión y flexibilidad. Se adapta a la voluntad del Espíritu y bajo la influencia de su pensamiento puede darle la apariencia que desee.

- Absorción. Consigue asimilar sustancias materiales finas, fluídicas, que le ofrecen ciertas sensaciones temporalmente, y es por este motivo, por el cual determinadas entidades desencarnadas en un estado grosero de evolución, pueden llegar a exigir a quienes se encuentran en su tenor vibracional la toma de determinadas sustancias, comidas….absorbiendo dichos fluidos, incluso del plasma sanguíneo o vital por medio de los cuales puede experimentar los placeres que sentía estando encarnado. Esta es  la base del mecanismo, a través de la cual actúan los obsesores sobre sus víctimas.

-  Penetrabilidad. A través de esta propiedad puede atravesar cualquier elemento material, pudiendo penetrar en lugares herméticamente cerrados.

- Irradiación. El periespíritu no se encuentra cerrado en los límites del cuerpo, forma una atmósfera a su alrededor producto de sus pensamientos y voluntad.

Por todas estas características, esta materia etérea de la que se compone el periespíritu puede sufrir tal modificación, que el propio espíritu puede hacerla pasar por una especie de condensación que la vuelva perceptible a los ojos del cuerpo, pero también su sutileza le permite atravesar los cuerpos sólidos; he aquí por qué estas apariciones no encuentran obstáculos, y por qué se desvanecen frecuentemente a través de las paredes. La condensación puede llegar al punto de producir resistencia y tangibilidad; es el caso de las manos que se ven y se tocan; pero esta solidificación de la materia etérea, al no estar en su estado normal, es temporal o accidental. He aquí por qué esas apariciones tangibles, en un momento dado, se nos escapan como una sombra.

En las manifestaciones de apariciones de mano, al ser palpable, la mano aparente ofrece una resistencia; ejerce una presión y deja marcas; opera una tracción en los objetos que agarramos; por lo tanto, hay en ella una fuerza.

Al principio, notamos que esta mano obedece a una inteligencia, puesto que obra espontáneamente, da signos inequívocos de voluntad y obedece al pensamiento; por lo tanto, pertenece a un ser completo que no nos muestra sino esa parte de sí mismo, y lo que lo prueba es que produce impresiones con las partes invisibles, al dejar marcas sobre la piel o al hacer sentir dolor.

¿Cómo puede un espíritu aparecer con la solidez de un cuerpo vivo?

En el estado normal, la materia etérea del periespíritu escapa a la percepción de nuestros órganos; únicamente el alma puede verla, ya sea en sueños, en sonambulismo o incluso en somnolencia. En una palabra, todas las veces en que hay una suspensión total o parcial de la actividad de los sentidos. Cuando el espíritu está encarnado, la sustancia del periespíritu se encuentra más o menos ligada íntimamente a la materia corpórea, más o menos adherida, si podemos expresarnos así. En ciertas personas hay una especie de emanación de ese fluido como consecuencia de su organismo, y éstos son –propiamente hablando– los médiums de efectos físicos. Este fluido emanado del cuerpo se combina con el que forma la envoltura semimaterial del Espíritu extraño. De esto resulta una modificación, una especie de reacción molecular que momentáneamente cambia las propiedades, al punto de volverlo visible y, en algunos casos, tangible. Este efecto puede producirse con o sin la colaboración de la voluntad del médium; es esto lo que distingue a los médiums naturales de los médiums facultativos. La emisión del fluido puede ser más o menos abundante: de ahí los médiums más o menos potentes; de manera alguna dicha emisión es permanente, lo que explica la intermitencia de la fuerza. En fin, si se tiene en cuenta el grado de afinidad que puede existir entre el fluido del médium y el de tal o cual espíritu, se ha de comprender que su acción puede ejercerse sobre unos y no sobre otros.

¿Son los espíritus solidificados los que levantan una mesa?

Cuando un objeto es puesto en movimiento, levantado o arrojado al aire, no es que el espíritu lo aferre, lo empuje o lo levante, como nosotros lo haríamos con la mano. Él lo satura –por así decirlo– de su fluido por su combinación con el del médium, y el objeto, así momentáneamente vivificado, actúa como lo haría un ser vivo, con la diferencia que, no teniendo voluntad propia, sigue el impulso de la voluntad del Espíritu, y esta voluntad puede ser la del Espíritu del médium, como también la de un Espíritu extraño, y algunas veces la de ambos, obrando de común acuerdo, según sean o no simpáticos.

Esta teoría de las manifestaciones físicas ofrece lo siguientes puntos:

- El fluido universal –en el cual reside el principio de la vida- es el agente principal de esas manifestaciones.

- Este agente recibe su impulso del espíritu, ya sea encarnado o errante.

- Ese fluido condensado constituye el periespíritu o envoltura semimaterial del Espíritu.

- En el estado de encarnación, ese periespíritu está unido a la materia del cuerpo; en el estado de erraticidad, está libre.

- Puesto que el fluido vital, impulsado en cierto modo por el espíritu, da una vida ficticia y momentánea a los cuerpos inertes, y que el periespíritu no es otra cosa sino este mismo fluido vital, se deduce de ello que cuando el Espíritu está encarnado, es él que da la vida al cuerpo por medio de su periespíritu, permaneciendo unido tanto como el organismo lo permita; cuando se retira, el cuerpo muere.

¡Cuántos fenómenos inexplicados pueden quedar aclarados a través de esta teoría de la filosofía espírita!

Ana Mª Sobrino
Bibliografía: Revista Espírita; Libro de los Espíritus y Libro de los Médiums.

viernes, 19 de abril de 2019

Nuevo periódico "El Ángel del Bien" - Abril 2019

Nuevo periódico "El Ángel del Bien" - Abril 2019



DESCÁRGATE YA EL NUEVO "EL ÁNGEL DEL BIEN"

Abril 2019

Un faro en la oscuridad

Un faro en la oscuridad



Todos los tiempos han tenido su código moral de conducta. El ser humano dejado de la mano, abandonado a sus caprichos sensuales, no hace más que fomentar la vida de la materia, cultivando muy poco la que le es más cara y verdadera: la del espíritu. ¡Es tan corto e imprevisible el lapso de tiempo que la vida nos tiene ligados a nuestro cuerpo! ¡Es tanta la alucinación en que vivimos, como si nunca fuéramos a morir! Nuestra época anda a tientas. No creyendo en nada, ya cree saberlo todo. Y qué pobre amparo es el orgullo ante la angustia de la nada. «Espíritus fuertes» así son menciona dos en la codificación.

Son muchos los espíritus que desencarnados nos comentan que siguen viviendo en su estado mental anterior, como esclavos de sus propias rutinas e ideas, sin ser conscientes de dónde se encuentran. Esta alucinación empieza en la vida terrena, ¿no estamos acaso desprevenidos muchas veces?
Cuando nos asolan reveses que no comprendemos, cuando una y otra vez un muro infranqueable parece levantarse ante nuestras metas, ¿no estaremos acaso errando el camino? ¿Se abre un sano lapso a la meditación o dejamos que sea la cólera, la rabia, el resentimiento disfrazado de múltiples emociones menos espinosas quienes nos comande?

No nace el ser humano enseñado, necesita aprender para ganar pericia. No solo el conocimiento de las reglas de un oficio te hacen buen artesano, sino la constante dedicación a su perfeccionamiento. ¿Hacemos lo propio con nuestro espíritu? ¿Somos conscientes de lo importante que es para nosotros? ¡Fuera de aquí toda ostentación! Vade retro Satana! Hacemos para nosotros, «mi soliloquio es plática con este buen amigo que me enseñó el secreto de la filantropía» (1); como diría el poeta, y ese segundo verso se alcanza una vez logrado el primero, de modo natural, y no al revés.

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¿Por qué estoy en el espiritismo? Para aprender. ¿Qué tengo que aprender? Las cosas propias del día a día; vislumbrar el fanal de luz que en la oscuridad de las pruebas puede poner a salvo la embarcación de nuestra vida, siempre tan próxima a zozobrar ante los constantes accidentes existenciales.

¿Pero yo no recuerdo haber hecho nada malo en otra existencia? ¿¡Tan cruel fui!? «Hombres de poca fe» diría Jesús de Nazareth. ¿Quién os ha dicho que todo sea por la ley del Talión? ¿No habló acaso Jesús de la ley del amor? Y no paramos de buscar en la ley de causa y efecto motivos grandilocuentes, cuando a veces son muy simples: rectificar nuestro carácter; aprender humildad en propias carnes; empatizar con los que están en situaciones más precarias que nosotros, aprendiendo a ser misericordiosos con sus males; dar gracias a Dios por la vida. ¡Qué importa que no recordemos! También han cambiado las épocas, pero por desgracia quizá no haya cambiado tanto nuestro espíritu y de ahí las pruebas que nos son necesarias para nuestra evolución espiritual.

A la luz de la enseñanza de los espíritus, estudiando nuestro propio carácter, nuestras inclinaciones intelectuales o artísticas, podemos vislumbrar quiénes somos, y en qué estado estamos. Con la mayor naturalidad del mundo. Los delineamientos de la doctrina son claros. El estudio de cuestiones más técnicas nos puede ayudar a comprender más, pero también nos puede cegar la vanidad de vanidades salomónica, alejándonos de lo que más nos es preciso: nuestra ejercitación moral.

Las ciencias materiales estudian incansablemente todos los días las cuestiones que atañen al conocimiento de la materia; el espiritismo nos invita al estudio de las cuestiones propias del espíritu. La inteligencia espiritual recae en nuestras propias cualidades íntimas, que son nuestro tesoro más sagrado. El conocimiento de las cuestionas más técnicas nos permiten mostrar de un modo más lúcido dichas cuestiones. Pero ¡cuidado!, el espiritismo es una ciencia moral, cuya finalidad es el mejoramiento de sus adeptos:

«Los reconoceréis en los principios de verdadera caridad que profesarán y practicarán: los reconoceréis en el número de afligidos que habrán consolado; los reconoceréis en su amor hacia el prójimo, por su abnegación, por su desinterés personal; los reconoceréis, en fin, en el triunfo de sus principios, porque Dios quiere el triunfo de su ley; los que siguen su ley son sus elegidos y él les dará la victoria, pero destruirá a los que falsean el espíritu de esa ley y hacen de ella su comodín para satisfacer su vanidad y su ambición.» (Erasto, ángel guardián del médium. París, 1863)(2); no una mera enseñanza para ser impartida desde las cátedras o lo que sería peor, desde el púlpito.

Jesús Gutiérrez

(1) Verso de Antonio Machado. Poema «Retrato» de su obra Campos de Castilla (1912). 
(2) Kardec, Allan. Evangelio según el espiritismo, cap. XX, ítem 4 «Misión de los espiritistas» (1864).

domingo, 10 de marzo de 2019

Amaos

Amaos



Las leyes morales son aquellas que, dentro de las Leyes Divinas, conciernen especialmente al hombre en sí mismo y en sus relaciones con Dios y sus semejantes. Comprenden las reglas de la vida del cuerpo y  la del alma. Entre ellas, la más importante a mi modo de ver es la "Ley de Justicia, amor y caridad”, a la que podríamos llamar también la "Ley de Amor".

La doctrina de Jesús, destinada a orientar la elevación espiritual del ser humano, se resume por entero en el amor, que es el más elevado de los sentimientos y  la lección fundamental de nuestro aprendizaje en la Tierra. El Maestro, al proclamar aquello de "amar a vuestro prójimo como a vosotros mismos", no estableció límites para ese amor. Al contrario, simbolizó en el prójimo a la Humanidad entera. Por lo tanto, la práctica de la Ley de Amor, según la voluntad del Padre, consiste en amar a todos los hermanos indistintamente.

¿Qué debemos hacer para ajustarnos a la ley de amor? Como primer paso, tolerar a los que conviven con nosotros, buscando perdonar a quienes nos ofenden, auxiliando al prójimo, en la medida de nuestras posibilidades, en fin, atendiendo fielmente al llamamiento de Jesús. No basta solo  con no hacer a los otros aquello que no queremos  que nos hagan,  debemos  también hacer con respecto a ellos todo aquello que nos  gustaría que  hiciesen con nosotros.

Amar, en el sentido profundo de la palabra, es aceptar a los demás como son, haciéndoles todo el bien que esté a nuestro alcance. Amar al prójimo es  una receta infalible de felicidad y una condición indispensable para que nos elevemos por encima de la materia, andando el camino recto que lleva  hacia Dios. Hemos de tener presente por  tanto que La Ley de Amor constituye el primero y el más importante precepto de la  doctrina espírita.

Los efectos de la ley de amor son el mejoramiento moral de la raza humana y la felicidad durante la vida terrenal. El amor auténtico implica ser leal,  de conciencia recta. Amar es, además, considerar como propia la gran familia humana. La esencia del amor es divina, y nosotros, desde el primero hasta el último, tenemos en el fondo del corazón la chispa de ese fuego sagrado. El amor no exige renunciar a los principios morales, no impide cumplir con el deber, ni con las responsabilidades. La base del amor verdadero entre las personas es espiritual. Ver al otro como un ser espiritual, como un alma, es ver su realidad. Sólo cuando seamos conscientes de ello y nos conozcamos a nosotros mismos comprenderemos lo que ocurre a los demás, o sea,  a cada uno de nuestros hermanos.

Superficialmente todos parecemos diferentes, pero en realidad todos buscamos lo mismo y seguimos el mismo destino. Las diferencias que encontramos son superficiales y las provoca el ego.
Los seres humanos lamentamos el hecho de que no hay amor en el mundo. Todos quisiéramos amor en esta Tierra, pero el amor debe comenzar en el corazón de cada uno de nosotros o el amor en este planeta no  llegara a ser nunca una realidad. Entender las propias emociones es esencial. No se puede saber lo que significa amar, tener compasión o misericordia si no se siente.

Cuando prevalece el amor espiritual, es imposible que haya enemistad, odio, ira o celos. Los sentimientos negativos se transforman en positivos gracias a la serenidad del amor. En este  amor auténtico, tan lejano del otro terreno que es tan común entre nosotros, hay armonía, y nos asegura la bondad, el cuidado y la comprensión amistosa. Amor espiritual significa no fijarse en las debilidades de los demás, sino interesarse en eliminar los propios defectos. El método para hacer eso es revisarse internamente con regularidad para verificar hasta qué punto se ha adoptado el hábito natural de hacer felices a los demás.

Los seres humanos se han quedado atrapados en un modelo de comportamiento que ha distorsionado el valor del amor y la capacidad de confiar mutuamente en los sentimientos e intenciones. Es como si el intelecto humano hubiera perdido la conexión con la única fuente eterna de amor y se apoyara en los recursos temporales. Como consecuencia,  las almas humanas permanecen sedientas de amor verdadero.

En un mundo mejor, la Ley Natural es el amor y en una persona más elevada, la naturaleza es amorosa y sin artificios. Cuando el fuego del amor espiritual se enciende, las personas comienzan a ejercer el poder de la voluntad para liberarse de la esclavitud de las gratificaciones momentáneas. Se invierte tiempo y se hacen esfuerzos para edificar un estado interno en el que el amor se revele en cada actividad. Se empieza por las pequeñas cosas, regalar una sonrisa, ser amable con las personas con las que nos cruzamos cada día. Intentar ser comprensivo e indulgente con los demás... aprender a pedir perdón, eso que tanto nos cuesta. Cumplir con nuestras obligaciones sin valorar si el otro cumple con las suyas, porque ese es su problema, no el nuestro. Ponernos pequeñas metas para ir cumpliendo en el devenir diario... si cuesta hay que esforzarse un poco más porque al final, a fuerza de insistir acabarán convirtiéndose en hábito y lo haremos sin pensar, de forma natural.

Ser sinceros con nosotros mismos y exigirnos más de lo que exigimos a los demás. Y ante todo, trabajar en el bien, porque no hay nadie tan pobre que no tenga nada para dar. Tiempo, buenos consejos, compañía, etc.

A ver si somos capaces de interiorizar estas enseñanzas, y poquito a poco ir poniéndolas en práctica, por aquello de que paso a paso se llega lejos. Y si sabemos que nuestra meta es llegar a ser espíritus puros, ya estamos tardando en empezar a recorrer la senda del bien, aunque haya que entrar por la puerta estrecha.
Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

lunes, 4 de marzo de 2019

El camino recto

El camino recto



Muchas veces, cuando estudiamos Espiritismo, hemos de abordar una cuestión que parece fácil de comprender, pero no tanto de llevar a la práctica.

Y es la de elevar nuestra propia vibración para estar en sintonía con los buenos espíritus. Con los que son cuanto menos un poco más elevados que nosotros.

En un mundo tan materializado como el nuestro, ¿cómo podremos conseguir trascender lo cotidiano para elevarnos a nivel espiritual?

El secreto consiste en aprender a concentrarnos, a meditar, para elevar nuestro nivel de energía y así poder dirigirla allí donde sea más necesaria.

Para conseguir aislarnos del mundanal ruido y concentrarnos en lo verdaderamente importante hay que encontrar la paz interior y eso solo se consigue encontrando un lugar idóneo, donde las circunstancias externas nos molesten lo menos posible y, sobre todo, hallando el modo de liberar nuestra mente de presiones y estrés. Para así poder acceder a un estado de concentración mental que nos lleve a otras dimensiones.

Es decir, se precisa relajación física y concentración espiritual.

Para conseguir ambas cosas es bueno centrarse en una imagen que nos transmita belleza y que eleve nuestro potencial a nivel sentimental, por ejemplo, una flor que nos resulte especialmente hermosa. Manteniendo esa imagen en nuestro cerebro y sintiendo como todo el cuerpo se relaja, podemos acceder a un grado de comprensión de lo que nos rodea mucho más profundo de lo que habitualmente solemos conseguir.

Ya estamos en el punto de partida. A partir de ahí podemos empezar a navegar hacia la fuente de energía que nos baña a todos y nos impregna con su luz.

Creo que ninguno de nosotros ignora que los pensamientos son creadores, que por esa misma sintonía a la que nos referíamos al principio atraemos hacia nosotros todos aquellos que vibran en el mismo grado de frecuencia, digamos, y que aquellos que emitimos nos llegan de vuelta cargados  de energía afín que han absorbido en su camino antes de volver a nosotros, por lo cual, si emitimos un pensamiento negativo, este regresara más orondo y más crecido  a alimentar esas actitudes poco recomendables que sin duda todos tenemos.

De modo que, aunque sea por salud mental, hemos de hacer limpieza diaria de  todo aquello que significa un lastre para nuestro espíritu, y alimentarnos de pensamientos y sentimientos positivos, para conseguir poco a poco llenarnos de ese amor espiritual que hace que prevalezca el interés del otro sobre nuestra comodidad o nuestro egoísmo personal.

Aquí nos topamos con un tema delicado y es que para ser mejores hemos de tener una meta  a la que deseemos llegar, pero primero debemos saber desde dónde partimos, es decir, cuáles son nuestros defectos, nuestros fallos, aquellos que normalmente nos cuesta tanto reconocer y admitir.
De ahí que debamos aplicar el axioma espírita de “Conócete a ti mismo”.

A veces, llegar a lo más profundo de nuestro ser resulta incómodo, porque nos han enseñado a vernos como triunfadores para ser aceptados y rehusamos recorrer los vericuetos de nuestro cuarto oscuro. En el fondo nos da miedo enfrentarnos a nosotros mismos, porque entonces tendremos que hacer cambios en nuestro comportamiento diario y arriesgarnos a salir de nuestra zona de confort en la que ya llevaremos años atrincherados, seguramente, y que nos resulta tan cómoda.

Pero amigos míos, ya sabéis aquel dicho popular de que el que algo quiere, algo le cuesta.
Si sabemos que aquí hemos venido a trabajar más vale que vayamos poniéndonos las pilas cuanto antes.

Al principio es duro, sin duda, pero basta con ir poniéndose pequeños retos diarios. Sobre todo, trabajar en el bien e intentar practicar la indulgencia y la caridad en toda su amplitud y diversidad de facetas con nuestros hermanos.

Desechar los pensamientos negativos que acuden a nuestra mente y cambiarlos por otros positivos, hace que, a fuerza de disciplina, aprendamos a darle importancia a aquello que realmente la tiene. Dejemos de enfadarnos por tonterías y nos resulte más fácil ponernos en el lugar del otro, comprender sus razones para actuar como actúa, aunque no esté de acuerdo con nuestros planteamientos, y por ende, el acto de perdonar, cuando seamos capaces de no juzgar, resulte una consecuencia de nuestro auténtico cambio interior.

Lo que ha de suceder, sucederá, nuestras pruebas están ahí y habremos de pasarlas, nos guste o no.
La diferencia está en nuestra actitud ante ellas, en cómo reaccionamos ante las dificultades, porque de nuestra manera de afrontar los momentos difíciles de la existencia en los cuales se pone a prueba nuestra paciencia y resignación, depende que seamos más o menos felices, y que tengamos paz interior o no.

Las circunstancias son las mismas, pero si aprendemos a sopesar los pros y los contras sin hacer trampas, y sabiendo que muchas veces el dolor nos sirve de aprendizaje y de forja para edificar nuestra fortaleza, si no renegamos de lo que nos ocurre, si lo aceptamos sin revelarnos, entonces lo asumimos con todas sus consecuencias, y luchamos de forma pacífica para superar el escollo en la medida de lo posible. Pero si remamos contracorriente, entonces sufriremos mucho más.
Sabemos que nuestro crecimiento personal y sobre todo nuestra elevación espiritual, dependen de nuestro progreso moral. Aunque nos cueste aceptarlo hemos de trabajar por ello diariamente, porque todos sabemos ya que los milagros no existen. Que hemos de seguir al pie de la letra la Ley de Trabajo considerando este como todo empleo útil de nuestro tiempo.

Y tratar de emplear ese regalo del Padre de la mejor forma que nos sea posible. Cada día es una nueva oportunidad para esforzarnos en ser un poco mejores que el anterior, porque no sabemos cuándo acaba nuestro contrato en este planeta azul, desperdiciar el tiempo es un error imperdonable.
La Ley que más necesitamos integrar en nuestra conciencia es sin duda la Ley de amor y caridad.
Ella nos enseñara que todos somos iguales, sin superioridades ficticias, hijos de un mismo padre que es Dios, que nos creó a todos y cada uno de nosotros como espíritus simples e ignorantes, dándonos infinitas oportunidades de progreso en las sucesivas existencias, para que algún día lleguemos como está previsto, a ese estado de pureza espiritual que nos haga dignos de colaborar con Dios en la creación del Universo y nos sea dado poder gozar de su presencia eternamente.

Pero mientras más duro trabajemos por nuestra reforma íntima, más cerca estará ese día. Así pues, paso a paso, hemos de seguir haciendo camino hasta llegar a la meta final.

En resumen, para elevar nuestra vibración y atraer por sintonía a los buenos espíritus cuya compañía hemos de anhelar, hace falta autoconocimiento, deseo sincero de mejorar, trabajar en el bien, pensar cada vez de forma más positiva, orar mucho, que es una herramienta imprescindible para cuando estamos de capa caída, poder remontar, meditar hasta encontrar la forma de ir superando nuestros defectos, y sobre todo, practicar la caridad moral para con nuestro prójimo e irradiar amor.

Ser un faro de luz para aquellos que viven en la oscuridad, seguir la guía de las Leyes Morales y del Evangelio en el que nuestro hermano Jesús, nuestro amado maestro, dejó las claves para guiarnos por un comportamiento ético y moral que nos vaya encaminando hacia el Padre que tanto nos ama.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

sábado, 2 de marzo de 2019

Gratitud, egoísmo, orgullo

Gratitud, egoísmo, orgullo



La gratitud se define, según el diccionario de la R.A.E., como un sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha querido hacer y responder a él de alguna manera.
Etimológicamente, procede del latín "gratia" que significa la honra o alabanza que, sin más, se tributa a otro para luego significar el favor y reconocimiento de un favor.

Saber agradecer es más que recitar una palabra mecánicamente por los pequeños detalles cotidianos que recibimos; la respuesta a una pregunta, un desayuno…. Es algo más, es una actitud que nace del corazón por aprecio a lo que alguien ha hecho por nosotros.

Agradecer no es pagar una deuda, es reconocer la generosidad ajena.

Desde el momento en que nuestra intención es pagar una deuda, el agradecimiento se desvanece, para dar paso a la persona orgullosa que no quiere nada por encima de ella.

Según George Simmel (1858-1918) filósofo y sociólogo, señaló: “La gratitud es la memoria moral de la humanidad, ya que, si todo agradecimiento fuera eliminado de repente, la sociedad, tal y como la conocemos se desintegraría” Por tanto este sentimiento tiene una gran función de cohesión social.
Sin embargo, saber agradecer es un valor efímero. En el Evangelio según el espiritismo podemos leer: “El hombre olvida fácilmente el bien y se acuerda mejor de lo que le aflige. Si notáramos diariamente los beneficios de que somos objeto, sin haberlos solicitado, nos admiraríamos muchas veces de haber recibido tantos que se han borrado de nuestra memoria, y nos humillaríamos por nuestra ingratitud.”

La ingratitud es fruto del egoísmo. Los desengaños que ocasiona ¿debería endurecer nuestro corazón e insensibilizarlo? A esta pregunta de “El Libro de los Espíritu”, estos nos responden: “Esto sería un error. Porque la persona sensible, como dices, es siempre feliz por el bien que realiza. Sabe que, si no se acuerdan de ese bien en esta vida, lo recordarán en la otra, y que el ingrato tendrá vergüenza y remordimientos”

Y continúa en la pregunta 938 a.: “Sí, pero esa idea no impide que su corazón se sienta herido. Ahora bien, esta circunstancia, ¿no puede engendrar en ella el pensamiento de que sería más dichosa si fuera menos sensible? - Sí, si prefiere la felicidad del egoísta. ¡Pero se trata de una lamentable felicidad! Sepa esa persona que los amigos ingratos que la abandonan no son dignos de su amistad y que se ha equivocado respecto a ellos. Visto lo cual no deberá lamentar el haberlos perdido. Más adelante encontrará amigos que sepan comprenderla mejor. Lamentad a aquellos que tienen con vosotros un mal comportamiento que no hayáis merecido, porque tendrán ellos un triste arrepentimiento. Pero no os sintáis afectados por eso: es la manera de poneros por encima de su nivel.”
Otra pregunta en "El Evangelio según el Espiritismo" nos hace tomar otra reflexión: "¿Qué debemos pensar de las personas que, habiéndoseles pagado sus beneficios con ingratitudes, ya no hacen bien por miedo de encontrar ingratos?". Estas personas tienen más egoísmo que caridad, porque hacer el bien sólo para recibir muestras de reconocimiento es no hacerlo con desinterés… También hay orgullo, ya que se complacen en la humildad del obligado que viene a poner el reconocimiento a sus pies.”

Sin una perspectiva amplia de la vida, es difícil reconocer cómo las otras personas contribuyen para hacerla mejor. La gratitud se facilita a medida que somos capaces de renunciar a nuestro orgullo.
Desde la perspectiva de una sola vida es difícil comprender por qué se desarrollan las ingratitudes, sin embargo, teniendo en cuenta la pluralidad de existencias podemos ver una continuidad allí, donde la razón no encuentra explicación lógica como son los odios o repulsiones instintivas que se encuentran a menudo y que ninguna circunstancia anterior parece justificar.

Cuando un espíritu deja la Tierra le acompañan las pasiones o virtudes inherentes a su naturaleza; odios poderosos o venganzas insatisfechas provocadas por amplio abanico de circunstancias; destrucción de su familia, su fortuna… Se rebelan ante la idea de perdonarlas y sobre todo de amar a quienes les hirieron.

Sin embargo, pueden progresar o permanecer estacionados. Cuando deciden progresar comprenden que sólo la caridad es el camino y que con odio y sin olvido de las ofensas, esta no es posible.
En ocasiones, tras un largo periodo de meditación y oración, el espíritu aprovecha la oportunidad de una nueva encarnación en medio de la familia a la que tanto detestara. Prueba atroz bajo la cual sucumbe muchas veces si su voluntad no es muy fuerte. Y es así, mirando hacia el pasado donde se puede encontrar explicación a situaciones que según la razón no tendrían lógica desde la perspectiva de una sola vida.

La gratitud ha de ayudarnos a centrarnos en la bondad que nos rodea en el presente.
Ana Sobrino
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

sábado, 29 de diciembre de 2018

¿Cómo reaccionamos ante el suicidio?

¿Cómo reaccionamos ante el suicidio?



Para la Real Academia Española su primera definición de suicidio es: “acción y efecto de suicidarse”. definiendo a suicidarse como: “quitarse voluntariamente la vida”. Y la segunda: “acción o conducta que perjudica o puede perjudicar muy gravemente a quien la realiza”.

El Medical Dictionary lo define como “Psiquiatría. Acto de causar la propia muerte de una forma voluntaria”.

Anualmente, cerca de 800.000 personas se quitan la vida y muchas más intentan hacerlo. Cada suicidio es una tragedia que afecta a familias, comunidades y países y tiene efectos duraderos para los allegados del suicida. Se puede producir a cualquier edad, siendo la segunda causa principal de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años en todo el mundo.

En España, por ejemplo, se producen unos 10 suicidios diarios, y por cada muerte hay entre 10 y 20 tentativas. Cada 40 segundos una persona se quita la vida, siendo desde hace 11 años la principal causa de muerte no natural.  Estas cifras son suficientemente alarmantes como para no mirar hacia otro lado.

El estigma, especialmente en torno a los trastornos mentales y el suicidio, disuade de buscar ayuda a muchas personas que piensan en quitarse la vida o han tratado de hacerlo y, por lo tanto, no reciben la ayuda que necesitan. La prevención del suicidio no se ha abordado apropiadamente debido a la falta de sensibilización respecto del suicidio como problema de salud pública principal y al tabú existente en muchas sociedades para examinarlo abiertamente. Tabú que se manifiesta al abordar este tema de manera distante y fría incluso con términos despectivos.

Muchas veces nos podemos dejar llevar por mitos como, por ejemplo: las personas que hablan de suicidio no lo harán, cualquiera que intente quitarse la vida debe estar loco, si una persona está determinada a quitarse la vida, nada la detendrá, las personas que mueren por suicidio son personas que no estuvieron dispuestas a pedir ayuda, hablar de suicidio puede darle a alguien la idea de suicidarse, etc.… Estas son muchas de las frases que se escucha en boca de aquellos que desconocen las causas, los síntomas, la forma de ayudar, es decir, son neófitos en este tema tan delicado. 
La mayoría de las personas suicidas no son psicóticas o locas, términos que mucha gente utiliza para referirse al suicida. Posiblemente están perturbados, afligidos, deprimidos o desesperados por el dolor, pero la angustia extrema y el dolor emocional no son necesariamente síntomas de enfermedad mental. Una persona suicida puede que no pida ayuda, pero eso no significa que no la acepte, a lo que hay que añadir que estudios de víctimas de suicidio demuestran que más de la mitad han buscado ayuda médica en los seis meses anteriores a su muerte, es decir, querían encontrar otra alternativa, estaban dispuestos a recibir ayuda.

La OMS insiste en que hay que eliminar las falsas creencias relacionadas con este problema como el pensar que la persona que habla de suicidarse no lo va a hacer. "Un intento de suicidio es el factor de riesgo más importante de suicidio para la población general", detalla este informe. "Hay muchas personas que amenazan con suicidarse y que al final terminan haciéndolo", por eso, jamás miremos para otro lado si nos encontramos de frente con ello.

Todos los que nos hacemos llamar espíritas y somos conocedores del mundo espiritual, así como de las consecuencias que nuestras acciones tienen en nosotros, no solo en esta vida sino en las sucesivas, sabemos perfectamente la tremenda repercusión que tiene a nivel periespiritual, así como el desorden emocional y mental sobre el propio espíritu que ocasiona el suicidio. Por no mencionar lo que ha de vivir cuando llega al plano espiritual sufriendo las consecuencias de este acto, alejado totalmente de la Ley Divina. El Libro "Memorias de un Suicida" nos hace un extenso relato sobre esto, el cual animamos a leer si se quiere ampliar los conocimientos al respecto.

Todos los que hayamos leído el "Libro de los Espíritus" sabemos a ciencia cierta que el suicidio no es la solución. Tal y como nos dice la parte final de la pregunta 949: “El suicidio no repara nada”
Por el contrario, la pregunta 950 nos dice: “El suicida retrasa su entada en un mundo mejor, y él mismo pedirá volver para concluir esa vida que interrumpió debido a una idea falsa- Una falta sea cual fuere, nunca abre el santuario de los elegidos”.

El Espiritismo al desvelarnos la verdad sobre la pluralidad de existencias quita el velo que podía entorpecer nuestra visión de la vida, de las situaciones difíciles, las pruebas y vicisitudes que hemos de vivir en cada existencia. Nos ayuda a entender que pretender terminar con la vida no soluciona nada ya que la vida continua, por el contrario, agravamos la situación.

Sin embargo, no podemos pasar por alto ni olvida que la persona que llega a consumar el suicidio, exceptuando casos de enajenación o locura, que de forma impulsiva realiza esta acción, es un espíritu que sufre. Imaginémonos una persona que vive con un sentimiento de auto-odio, desesperanza, y aislamiento, siente que no puede seguir luchando, el dolor cada vez es más intenso, y no cesa, por lo que la única salida que ve es morir. Este sentimiento aparece y empieza a dar los primeros avisos de forma sutil, casi imperceptible, pero se va apoderando del sujeto y ya no es un día, ahora son semanas, meses, e incluso años. Pero a pesar de su deseo de que el dolor se detenga, de que todo termine, la mayoría de las personas suicidas están en conflicto profundo en cuanto quitarse la vida. Desearían encontrar otra alternativa, pero simplemente no son capaces de verla. Debatiéndose entonces, entre el instinto de supervivencia que todos llevamos en nuestro ser y la idea de morir buscando en ello el alivio a su dolor, entran en una lucha interna que solo produce un inmenso y terrible sufrimiento.

Este sufrimiento se agrava con las posibles secuelas emocionales de los intentos fallidos. La persona vive de forma desesperada, en un mundo cerrado en el que no encuentra ni ve otra solución que no sea el quitarse la vida. Por supuesto jamás está sola, su guía espiritual y espíritus protectores siempre le intentaran ayudar, sugiriéndole otras soluciones, pero el enfermo del alma, que es el suicida, no es capaz de ver. Incluso a veces hacen que sean salvados intuyendo a alguien cercano una visita inesperada, eso es totalmente cierto, puesto que el amor de nuestro Padre es tan grande que jamás nos deja solos, pero tristemente el pensamiento negativo está tan arraigado en su ser que la persona es incapaz de percibir todo esto, sintiendo una soledad tan profunda que el dolor que le causa es insoportable, y de ahí que su sufrimiento sea cada vez más intenso. Deseando cada vez más que este desaparezca.

Tampoco podemos dejar a un lado el hecho de que los pensamientos negativos abren las puertas a espíritus afines e infelices que empezarán a acompañar a las personas que se sienten así, agravando estos la situación y los pensamientos, ya que ellos mismos los reforzarán, entrando así en una obsesión, y complicando mucho más la circunstancias.

Hagámonos unas preguntas… ¿Podríamos negar que esta persona está sufriendo? ¿Nos hemos informado de las formas en las que podemos ayudar a alguien que se encuentre en esta situación? ¿Realmente podemos hablar del tema con conocimiento de causa?

Lo cierto es que, muy pocas personas se interesan sobre este tema, incluso a nivel gubernamental. Actualmente, 18 países en África, 17 en América, 11 en la región del Mediterráneo, 26 en Europa, siete en el Sudeste Asiático y 11 en el Pacífico cuentan con un plan de acción frente al suicidio. Pero todavía existen países que arrestan a las personas que intentan suicidarse y otros en que son encarceladas. Por este motivo, todavía hay mucho por hacer.

Entonces, ¿por qué somos tan frívolos cuando nos referimos a ellos? ¿Por qué los juzgamos, y encasillamos? incluso ¿Por qué se percibe cierta hostilidad en comentarios de algunas personas al referirse a este colectivo?

Pudiera ser por la falta de concomimiento sobre las terribles situaciones que pueden llevar a una persona a cometer esa acción. Falta de comprensión agrupando a todos en las mismas circunstancias y motivos. Esto se aleja muchísimo de la realidad, cada uno de nosotros somos espíritus individuales, con un pasado único, y no nos referimos solo al pasado de esta existencia, sino también al de las muchas que llevamos ya vividas. Esto hace que cada caso sea diferente y las consecuencias también diferentes. Por eso, agruparlos y calificarlos a todos por igual es una aptitud muy superficial, que demuestra lo poco que nos hemos interesado en estos, nuestros hermanos.

Podríamos decir también, que estas reacciones en ciertas personas son causadas por la falta de indulgencia, empatía, pero, sobre todo, por la gran falta de amor.

"El Evangelio según el Espiritismo", en su capítulo X, ítem 13, nos dice: “Aquél que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra dijo Jesús. Esta máxima hace de la indulgencia un deber, porque no hay nadie que no la necesite para sí mismo. Nos enseña que no debemos juzgar a los otros con mayor severidad que aquella con la que nos juzgamos a nosotros mismos, ni condenar en los demás lo que absolvemos en nosotros…”

¿Entonces por qué lo hacemos? Para hablar de algo, primero deberíamos conocer el tema, no solo lo que todos ya sabemos sobre la nula efectividad de acabar con la vida, sino de las causas que pueden llevar a una persona a ese punto tan extremo. Informarnos e interesarnos sobre ello no estaría de más, ya que así seremos más útiles, más perspicaces si percibimos los síntomas en alguien cercano, pudiendo entonces ayudar a nuestro compañero de camino a salir de esa situación, convirtiéndonos a su vez en buen instrumento de los espíritus buenos que quieren ayudarle. Ser conocedores del tema hará que nuestra sensibilidad aumente y empecemos a ver a estos hermanos como espíritus que sufren y necesitan de nuestra ayuda. No olvidemos jamás, que, aunque no vean otra alternativa, sí quieren encontrarla.

León Denís en el prefacio de la segunda edición del libro "Memorias de un Suicida" nos dice: "¡Medita sobre estas páginas, lector, aunque sea duro para tu orgullo personal el aceptarlas! ¡Y si las lágrimas alguna vez rocían tus mejillas, al observar un lance más dramático, no resistas contra el impulso generoso de exaltar tu corazón en oración piadosa, por aquellos que se retuercen en las trágicas convulsiones de la inconsecuencia de infracciones contra la Ley de Dios!"

Ciertamente ellos han cometido un gravísimo error, y la ley de Causa y Efecto será implacable con ellos. Tendrán que vivir las consecuencias de ese acto, que nunca negaremos es egoísta e indica cobardía moral, pero también este acto está lleno de ignorancia, una inmensa ignorancia de las consecuencias, y repercusión que tendrá sobre él y sobre las personas cercanas a él, ya que según los estudios demuestran, de seis a catorce personas quedan afectadas cuando alguien no solo lleva a cabo esta acción, sino cuando tan solo lo intenta.

El Espiritismo es consolador, seámoslo nosotros también. Por eso, como somos realmente conocedores de la las Leyes Divinas, deberíamos intentar no convertirnos en jueces, si no, en instrumentos de los buenos espíritus para aliviar a quienes se encuentren en situaciones tan difíciles que solo ven ante sus problemas esta triste salida.

Relataremos la experiencia de una compañera a la que llamaremos R. “Ella estaba sumida en una depresión severa desde la infancia. Vivía día a día con los pensamientos suicidas, de hecho lo llevó a cabo en varias ocasiones, incluso estuvo en coma tres días, pero como nunca estamos solos, los buenos espíritus la salvaron de consecuencias mayores no logrando nunca el fin del acto. Cuando conoció el Espiritismo comprendió el por qué suceden las cosas y por qué se sufre, aun así, le resultó difícil desarraigarse de esos pensamientos, que como hemos dicho anteriormente, una vez que se abre la puerta espíritus infelices, afines a esos sentimientos empiezan a acompañarnos y por supuesto este caso no estaba libre de ellos. Cuando llevada por ese impulso tan arraigado volvió a caer y cometer de nuevo un intento de suicidio, ¿sabéis qué fue lo que realmente hizo mella en su corazón? No fueron las palabras de reproche a las que estaba acostumbrada y habitualmente se les hace a quienes lo intentan, tampoco vamos a negar lo difícil que es convivir con personas que tienen estos pensamientos. Lo que realmente la hizo despertar y removió todo su interior, fueron las palabras consoladoras, llenas de amor que un amigo le brindó cuando acudió a él en ayuda. Sí, fue el amor lo que la hizo cambiar, el amor de esa persona, sus palabras de aliento, y consuelo, que reflejaban el cariño de él, de su guía y de los buenos espíritus. Se sintió querida y no juzgada y eso significó un antes y un después en su camino. A partir de entonces comprendió que nunca había estado sola, y que el amor es la medicina que cura el alma”.

Al pensar en este ejemplo, totalmente real y fidedigno, analicémonos a nosotros mismos, ¿Somos realmente consoladores con nuestros hermanos? ¿Hacemos que nuestro principal objetivo sea el de amarnos unos a otros? ¿Escuchamos los problemas del que sufre o miramos hacia otro lado? ¿Somos lo suficientemente indulgentes tanto en palabra como en pensamientos? ¿Seríamos capaces de comprender a nuestro hermano suicida?

El suicida se aleja de la Ley Divina al llevar a cabo este acto, eso ya lo hemos dicho y lo sabemos, pero, no nos alejemos nosotros de la Ley de Amor Justicia y Caridad con nuestras palabras o pensamientos. No olvidemos que como espíritas tenemos no solo el conocimiento de las consecuencias fatídicas del suicidio, también tenemos el deber de llevar a todos nuestros hermanos el consuelo que la Doctrina Espírita nos da. Ella es consoladora para las almas afligidas, ya que nos rebela el inmenso amor que el Padre nos profesa a pesar de nuestras equivocaciones, y que al igual que en la experiencia que hemos contado, el Amor es realmente lo que cura el dolor del alma. “Amad mucho a fin de que seáis amados”, nos dice "El Evangelio Según el Espiritismo".

Busquemos a aquel que está sufriendo, y si nos confiesa que su desesperación es tal que no encuentra salida, que nuestras palabras sean bálsamo para el que sufre, llenas de amor, de consuelo y esperanza.  Si nuestros pensamientos son puros, con el único deseo de ayudar y no juzgar, habremos logrado poner en práctica la Ley Divina de Amor Justicia y Caridad.

Cuando pensemos en todos aquellos que se encuentran en el mundo espiritual por haberse quitado la vida, tengamos pensamientos puros, exentos de juicios puesto que desconocemos lo que les llevo a estar allí.  Que nuestro corazón irradie amor, solo amor, orando por ellos siempre que podamos, con la única intención de que esa oración pueda ser para ellos una brisa que alivie sus sufrimientos, aunque solo sea por un instante. Cuánto más irradiemos nuestro amor junto al del Padre más podremos ayudarles.

“Amar, en el sentido profundo de la palabra, implica ser leal, probo, de conciencia recta, a fin de que hagáis a los otros lo que quisierais para vosotros mismos. Amar es buscar alrededor vuestro el sentido íntimo de todos los dolores que abruman a vuestros hermanos para llevarles alivio. Amar es considerar como propia la gran familia humana, porque volveréis a encontrar a esa familia. Dentro de un cierto periodo, en mundos más avanzados, y porque los Espíritus que la comprenden son, tanto como vosotros, hijos de Dios señalados en la frente para elevarse hacia lo infinito. Por eso no podéis negar a vuestros hermanos lo que Dios os concede con tanta prodigalidad, puesto que, por vuestra parte, estriáis muy felices de que vuestros hermanos os diesen lo que os hiciera falta. Así pues, para cada sufrimiento tened siempre una palabra de esperanza y de amparo, a fin de que seáis todo amor, todo justicia”. "El Evangelio Según el Espiritismo", Cap. XI- La Ley del Amor.
Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"