martes, 28 de agosto de 2018

Las tres revelaciones

Las tres revelaciones




Revelación es el proceso por el cual una verdad oculta sale a la luz. Aparecen en todas las grandes civilizaciones y en ocasiones de forma sucesiva complementándose. Es lo que sucede en la civilización occidental de raíces judeocristianas con nada menos que tres grandes revelaciones, la Ley de Moisés, el Evangelio de Jesús y la Codificación Espírita de Allan Kardec. Cada una de las revelaciones prepara a la siguiente para una nueva etapa de conciencia que despierta apareciendo en el justo momento en el cual dispone de las suficientes personas sensibilizadas para recibirla.
La primera revelación fue la de Moisés y nos trajo la Ley Natural resumida en los Diez Mandamientos del Decálogo preparando al ser humano para el ascenso espiritual a través de la disciplina. La segunda revelación, con Jesús, vino en el momento en el que había que empezar a despertar hacia la realidad espiritual implantando el mensaje del amor en el fondo de los corazones. La tercera revelación nos trajo el conocimiento de las verdades espirituales a través de la Filosofía y Ciencia Espírita. La Filosofía Espírita como alimento para nuestra alma y la Ciencia Espírita como alimento para nuestros sentidos e intelecto, palpando los fenómenos físicos de la mediumnidad e impulsando a nuestra inteligencia en búsqueda de la comprensión de las leyes espirituales.

La primera revelación


La primera revelación de Moisés nos dejó el Decálogo como primera guía de comportamiento moral, necesario para la etapa siguiente de progreso espiritual. El resto de leyes de carácter material que dejó Moisés para su pueblo, sobre pureza, alimentos, etc., fueron necesarias como medida educativa debido al profundo materialismo predominante en aquella época.

Tuvieron que pasar muchos siglos e integrar conocimientos espirituales de otras culturas para el que pueblo judío estuviera preparado para la llegada de la segunda revelación con Jesús. Incluso en época de Jesús muchos judíos, como los saduceos, no creían en ninguna realidad espiritual.
En un principio los judíos no concebían la idea del alma, ni de la vida futura, ni espiritual, únicamente la existencia de una única vida material. Poco a poco fueron introduciendo e incorporando ideologías provenientes de otros pueblos con los que tenían relación como los griegos, caldeos y egipcios.

Probablemente el mayor cambio ocurrió en el siglo VI a.C. después de la ocupación del Reino de Judá por Babilonia y de la primera destrucción del templo de Jerusalén. Fueron exiliados gran parte de los hebreos junto con sus jefes a Babilonia donde, como defensa, ante el sentimiento de pérdida de la independencia, evolucionaron su antigua religión israelita hasta el origen próximo del actual judaísmo, albergando esperanzas en un mesías salvador e incorporando importantes conocimientos y creencias como la existencia de un mundo espiritual y la dualidad entre el bien y el mal. En aquella época probablemente adoptaron o asentaron como propia la angelología caldea.

De los egipcios adoptaron la creencia de que el rey era un hijo de Dios equivalente al faraón egipcio y la esperanza en la llegada de un mesías salvador hijo de Dios y rey de los judíos.

De los griegos, especialmente de Platón y los Órficos, aceptaron también la dualidad cuerpo y alma, la vida futura, la creencia en el cielo y el infierno (tártaro), la idea de la resurrección y en círculos gnósticos también la reencarnación gracias a la influencia de la escuela pitagórica.

Después de la muerte de Alejandro Magno, el pueblo judío quedó en manos de los Ptolomeos y posteriormente de los Seléucidas, llegando a mediados del siglo II a.C. cuando con motivo de la revuelta de los Macabeos, intentado su liberación de dominación griega, se potenció la idea de la retribución en el más allá por el sacrificio realizado, para lanzar al pueblo a la guerra con mayor esperanza.

El fuerte sentimiento antiheleno estando bajo la ocupación seléucida que llegó a prohibir la enseñanza y práctica del judaísmo, impidió que el pueblo creyera abiertamente en la reencarnación, reforzándose en su lugar la idea de la resurrección de la carne, más propia del pensamiento judío, quedando la creencia en la reencarnación únicamente en círculos judíos helenistas.

Incluso las religiones mistéricas, como los misterios griegos de Serapis, Eleusis y Adonis o persas como los misterios de Mitra, ejercieron una importante influencia espiritualizadora al remarcar la importancia de la salvación del alma después de la muerte, aunque las verdaderas enseñanzas espirituales eran reservadas para muy pocos, sus iniciados.

Una vez que ciertas ideas espirituales hubieron calado en el pensamiento hebreo, se pudo dar la segunda revelación.

La segunda revelación que vino a través de Jesús completó a la primera mediante la ley del Amor predicando la cercanía e importancia del Reino De Dios. Jesús hablaba del Reino de Dios a través de parábolas, pero en ningún momento explicó qué era, sin contrariar el concepto que los judíos ya tenían de ello.

Para los judíos del siglo I, el Reino de Dios en una primera fase sería en la Tierra, traído por el mesías y en una segunda fase seria en el cielo, después del juicio final. Durante la primera fase será una época de abundancia material, paz y veneración a Dios y durante la segunda fase habrá un juicio final con la separación de las almas, con su cuerpo espiritualizado pero todavía material en parte, capaz de sufrir los tormentos del infierno o de disfrutar los goces del Cielo.

La segunda revelación


La segunda revelación dio origen a muchos cristianismos distintos, aunque la historia nos ha dejado muy pocos. Al principio todos los seguidores de Jesús eran judíos puesto que Jesús únicamente predicó para ellos, pero enseguida su mensaje caló hondo en el mundo heleno, fuera de Israel en numerosos gentiles llamados "temerosos de Dios" que frecuentaban las sinagogas y eran atraídos por la rectitud y la moral judía. Estas provincias tenían sinagogas con judíos procedentes de la diáspora con mentalidad más abierta y simpatía por el saber y la cultura griega. Muchos de estos judíos helenistas y "temerosos de Dios" fueron receptivos al mensaje de Jesús y estaban bien preparados para entender los conceptos espirituales transmitidos por Jesús, al estar familiarizados con las creencias griegas y especialmente platónicas y órficas, formando el grupo de los cristianos helenistas.

Enseguida surgieron las primeras diferencias entre los judeocristianos de Jerusalén y los cristianos helenistas del resto de provincias romanas. Los helenistas tenían la necesidad de divinizar a Jesús para no estar con desventaja con el resto de religiones griegas y los cristianos judaizantes se veían como una secta judía, que seguía a un mesías humano, no divino, y que tenía que cumplir con todos los preceptos judíos como el de la circuncisión, leyes de los alimentos y pureza, incluso para los nuevos conversos.

Con Pablo, el cristianismo helenista tomó una nueva dimensión. La primera victoria vino cuándo en el concilio de Jerusalén, celebrado alrededor del año 50 d.C, consiguió el consenso con los judeocristianos que eximía a los nuevos conversos de la necesidad de cumplir de forma completa la Ley de Moisés, liberándoles de las obligaciones relativas a la circuncisión, leyes de pureza y alimentos.

La segunda victoria de Pablo fue cuando, después de muchos viajes y predicaciones, los helenistas que probablemente ya creían en un Jesús divinizado, adoptaron su nueva teología donde se divinizaba a Jesús el mesías desde el momento en que ascendió a los cielos, justificando su aparente derrota en la cruz como muerte vicaria (entregándose para salvar al mundo de sus pecados) y garantizando la salvación por la fe. Estas reformas en el pensamiento cristiano fueron las necesarias para amoldarlo a las necesidades de los gentiles, garantizando al mismo nivel  la salvación y la vinculación con Dios, que el resto de religiones paganas y mistéricas que ya llevaban siglos haciéndolo aparentemente con éxito.

Por otra parte, el cristianismo judeocristiano solo podía tener éxito entre los propios judíos puesto que su conversión todavía suponía hacerse judío, con el peligro que conllevaba la circuncisión y las incomodidades de llevar una vida llena de obligaciones externas.

La rebelión contra Roma en los años 67-70 que determinó la destrucción de Jerusalén y de su templo por segunda vez, fue prácticamente el final de grupo de judeocristianos o cristianos judaizantes, aunque todavía pudieron perdurar varios siglos fuera de Jerusalén varios grupos de ellos llamados ebionitas y elkasaitas.

El tercer grupo de mayor importancia fueron los gnósticos, que influenciados por el gnosticismo judío, caldeo y griego integraron a Jesús como el Logos en la su teoría sobre Dios y la creación del Universo, creyéndose poseedores de la verdad y el conocimiento. Sus teorías no estaban al alcance de la comprensión de todo el mundo y llegaron a diferenciar a la humanidad entre seres hílicos (materiales), psíquicos y espirituales, siendo ellos, los espirituales, los únicos capaces de entender la “Verdad” gracias al conocimiento, diferenciando a los materiales, que como los animales solo tenían cuerpo, no creían en Dios y no se podían salvar, los seres psíquicos que tenían solo cuerpo y alma, que creyendo en Dios y cumpliendo la Ley se podían salvar y finalmente los seres espirituales que tenían cuerpo, alma y espíritu, eran los que estaban realmente preparados para alcanzar la salvación y la verdad gracias a la gnosis.

En general se puede decir que los gnósticos creían en la reencarnación (salvo los marcionistas), como así lo demuestran escritos como:

- El apócrifo “Apocalipsis de Pablo”, donde relata el viaje de Pablo por los cielos y lo que ocurre cuando pasa por el cuarto cielo, siendo testigo del castigo de un alma juzgada por asesinato, cuando dicha alma mira con tristeza hacia abajo (la Tierra) y es “echada” a un nuevo cuerpo que había sido preparado para ella.

- El “Pistis Sophia” (Del griego “Fe Sabiduría”), donde las almas después de desencarnar serían juzgadas para ver si tienen que ser enviadas de vuelta al mundo para reencarnar y mejorarse, explicando además la doctrina de las recompensas y castigos que determina nuestro destino como resultado de las acciones de nuestras vidas pasadas, explicando como la Tierra, así como el infierno, es un lugar de educación a través del dolor y el sufrimiento.

- Y el “Evangelio apócrifo de Juan” (ApocrJn 14,18-20) cuando pregunta a Jesús: “18 Yo dije: Señor, ¿cómo puede el alma volverse joven otra vez, y regresar al vientre de su Madre, o a la Humanidad?… 20 Este alma necesita seguir (reencarnando una y otra vez) a otra alma en la que mora el Espíritu de la Vida, porque se salva a través del Espíritu. Entonces jamás volverá a ser introducida en la carne (no volverá a reencarnar al alcanzar la perfección)”.

Pasaron los años y de todos estos grupos en la práctica sólo quedaron los seguidores de Pablo, pero modificando progresivamente el mensaje tanto de Jesús como de Pablo, para separar definitivamente el nuevo cristianismo del judaísmo y también para establecer una jerarquía encarga de velar y proteger la interpretación de las escrituras que escogieron, formando el canon de los cuatro evangelios, cuidándose además de los falsos profetas (aun acallando también a los buenos profetas) e intentando encauzar el pensamiento religioso hacia una unidad ortodoxa.

Se añadieron referencias en los textos sobre la creación de la Iglesia y sobre Pedro como primera piedra, con el poder de atar y desatar en la Tierra y en el Cielo. La palabra griega ecclesia significa simplemente asamblea y en los textos originales no tenía el significado que se dio posteriormente como conjunto de todos los cristianos regidos con una jerarquía y un canon establecidos. Los textos que implican un significado moderno son claramente interpolaciones añadidas mucho después cuando fue necesario justificar la creación de una única iglesia frente a todas las creencias que a partir de entonces serían llamadas herejías.

También se dio forma a los textos para evitar ver una continuidad en la ley y mostrar una ruptura dejando entrever que la nueva ley contradecía a la antigua ley, de forma que se podía justificar no una continuidad con el judaísmo sino una ruptura y la creación de una nueva religión independiente. Por ello se interpolaron en las escrituras textos como "Habéis oído que se dijo a vuestros antepasados....  ... pero yo os digo” (Mateo 5:21-48).

En la misma línea, aunque Jesús fue un perfecto judío, se hizo especial énfasis en mostrar un Jesús saltándose las leyes judías del sábado ("El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado" Mc 2,23-28), leyes de alimentos y limpieza (pureza ritual). De esta forma se pudo integrar más fácilmente el catolicismo en el Imperio Romano (Constantino 313 d.C.), pasando la festividad del sábado al domingo para coincidir con la festividad romana y permitiendo comer alimentos prohibidos por el judaísmo ("No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre", Mt 15:11).
Cuando el emperador Constantino, a través del Edicto de Milán, en el 313, declaró la libertad de culto del cristianismo y posteriormente el emperador Teodosio, a través del Edicto de Tesalónica, declaró al Cristianismo como religión oficial y única religión lícita, la llegada de golpe de millones de conversos paganos implicó la integración de muchas de sus creencias y conceptos, en un proceso de sincretismo religioso que terminó creando muchas festividades, cultos, imágenes y conceptos traídos del mundo pagano.

Para aceptar el concepto de la Trinidad, ya existente en los hindúes, babilonios y egipcios, se tuvo que adelantar la divinización de Jesús, no al momento de su ascensión a la derecha del Padre, sino al principio de la creación siendo el Logos de los griegos y gnósticos, así como convertir el concepto judío de “rúaj hakódesh” (espíritu de santidad) en el Espíritu Santo o tercera persona de la Trinidad. El concepto judío “rúaj hakódesh” o espíritu de santidad no es un ser sino un estado de inspiración divina que podemos alcanzar entrando en unión con Dios. Las escrituras griegas utilizaron el término “hagios pneumatos”, espíritu sagrado, y en latín los términos “spiritum bonum” (Lc. 11:13) y “spiritum sanctum” donde el adjetivo bueno y santo, terminó transformándose en parte del nombre, simplemente al ponerlo en mayúsculas como Espíritu Santo.

El culto a la Virgen de la Naturaleza, el principio de la fecundidad natural presente en casi todas las religiones del mundo antiguo, Isis para los egipcios, que seguía siendo virgen pese a haber dado a luz a todas las cosas vivas, el cristianismo lo metamorfoseó en el culto a la Virgen María, casi divinizando su figura como madre de Dios.

La festividad del 25 de diciembre, cumpleaños del dios Sol de los páganos y dios Mitra para los persas, naciendo en una gruta, se transformó en el nacimiento del niño Jesús, naciendo en un establo, con la visita de los reyes magos que eran para los astrónomos persas, las tres estrellas que forman el cinturón de Orión.

Conforme las estructuras jerárquicas iban cogiendo más poder, más se limitaba la interpretación y el don de profecía, relegando la interpretación únicamente a los maestros y obispos. Al bloquear la expresión de la inspiración espiritual a través de la profecía, las ense-ñanzas cada vez tenían un menor componente carismático empezando a imponerse, más tarde incluso por la fuerza, la interpretación literalista de las escrituras. La interpretación literal era difícilmente discutible e ideal para imponer una teología que dominara al pueblo. Este hecho fue visto muy claramente por el emperador Constantino que utilizó el nuevo cristianismo literal para mantener el Imperio Romano unido con una única Fe.

Cuando el poder se unió a la Iglesia se impusieron normas, dogmas y creencias nuevas y lo que es peor, se persiguieron prácticamente al resto de interpretaciones como herejías.

La tercera revelación


El espiritismo, la tercera revelación, nos puede dar mucha luz al respecto de la historia del cristianismo.

Hemos comentado que la llegada del Reino de Dios para los judíos del siglo I consistiría en dos fases. La primera, material llena de abundancia que puede ser comparada con el concepto espírita de mundo de regeneración, donde el bien predomina sobre el mal y la dicha sobre el dolor todavía aquí en la Tierra en una nueva fase evolutiva. La segunda fase, espiritual, que llega después del juicio final, podría compararse con la transformación en un mundo feliz, donde "el cuerpo carece de la materialidad terrestre", el mal ha sido completamente apartado (de ahí un supuesto juicio final) y la vida es una oportunidad más de aprendizaje camino hacia el estado de espíritu puro.

Las enseñanzas que Jesús nos dejó como la Ley del Amor, la paternidad de Dios Padre, la proximidad del Reino de los Cielos, las múltiples moradas en la casa del Padre, la reencarnación renaciendo del agua y del espíritu como Elías en Juan Bautista, etc., son nuevamente recordadas, y por fin abiertamente explicadas a la humanidad, a través de la tercera Revelación, el Espiritismo o Doctrina Espírita codificada por Allan Kardec.

Las enseñanzas de Pablo sobre un cuerpo espiritualizado abandonado el cuerpo material tras la desencarnación, son verificadas por la Ciencia Espírita en sus estudios sobre el periespíritu.
El concepto judío de “rúaj hakódesh”, la inspiración divina, que Pablo transmitió como don de lenguas y profecía (1 Co 12,4-11), según la Ciencia Espírita, es la inspiración de Dios transmitida por los espíritus buenos (“spiritum bonum”) que nos asisten, a través de la facultad de la mediumnidad.
Tanto la diversidad de carismas (1 Co 12,4-11) como la multitud de fenómenos mediúmnicos de apariciones, materializaciones (Jesús por ejemplo, a veces se aparecía con un cuerpo tangible y otras intangible), curaciones y expulsión de espíritus obsesores que encontramos en las escrituras muestran el importante papel que tuvo la mediumnidad para fortalecer el conocimiento espiritual y la Fe en Jesús, e impulsar el crecimiento de los cristianismos primitivos (judaizantes, helenistas y gnósticos), casi inexplicable por otro medio, superando incluso años de persecuciones.

Con el importante impulso que la mediumnidad bien practicada da, en todos los tiempos, a la Fe razonada, parece completamente lógico pensar que, en los tiempos del cristianismo primitivo, conforme se fue prohibiendo su práctica, por las nuevas jerarquías de poder eclesiástico, se fue extinguiendo también la Fe razonada que se alimentaba viviendo personalmente los mismos fenómenos que habían presenciado los apóstoles con Jesús, apareciendo la imposición de creencias por la fuerza con nuevos dogmas que establecieron el principio de una nueva época donde la Fe ciega se impondría implacablemente hasta finales del siglo XIX y prácticamente hasta nuestros días…

…Pero no será así siempre, porque llegará el tiempo en que "...yo derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes tendrán visiones, y vuestros ancianos tendrán sueños. – En aquellos días, yo derramaré de mi Espíritu sobre mis servidores y sobre mis servidoras, y ellos profetizarán. (Hch 2, 17-18)" y la mediumnidad será común en la Tierra, pero no una mediumnidad desequilibrada, fruto de los errores pasados, sino una mediumnidad intuitiva y equilibrada, interconectándonos con el conocimiento espiritual que se derrama al entrar en unión con los mundos superiores en base a la gran Ley de Unidad que rige toda la Creación.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

sábado, 25 de agosto de 2018

Hijos del futuro

Hijos del futuro



Somos espíritus inmortales. Nuestro crecimiento, nuestra evolución anímica se pierde en la noche de las edades. No hemos solo  habitado este globo, cuyo inicio es mesurable y sabemos. Sino que nuestro psiquismo ha llevado una larga secuencia evolutiva que ignoramos. Nos hablan algunas comunicaciones de «los exiliados de Capela», aquel hipotético mundo en la constelación del Cochero o Boyero. Y cierto que nuestro inconsciente colectivo, nuestra mente primordial, en todas las culturas antiguas dejó constancia de un «paraíso perdido», o de «una edad de oro» y posterior degeneración de sus costumbres.

Allan Kardec nos habla de comunicaciones de espíritus que dejaron su impronta en la evolución cultural de la Tierra, como habitando en otros mundos más felices: más elevados en todos los sentidos. Estas personalidades que pasaron más penalidades que goces en nuestro querido planeta, de algún modo en su fuero íntimo, se sentían distintos a sus coetáneos; de ahí esa expresión tan usada «era un avanzado a su tiempo». Seguramente lo único que hacían era traer aquellos conocimientos vulgarizados en la esfera que le es propia, y aquí en este mundo inferior al suyo, dar un poco de luz para ayudarnos a avanzar. Estas pruebas para tales espíritus, pueden ser pedidas por ellos mismos para avanzar más rápido, como una especie de erasmus universitario; o bien ser aconsejadas por espíritus mentores, a sabiendas del beneficio que les puede proporcionar en su avance.
En esos mundos más elevados, la materia es menos grosera, por tanto la comunicación con el plano espiritual es más fluida, más habitual. Basta la concentración, mediante oración o meditación, para mantener una conversación de inteligencia a inteligencia.

Por eso al encarnar en globos inferiores inteligencias superiores, sentimos verdadero pábilo y en nada idolatramos, como si de entidades celestiales se tratara, a este nuevo Olimpo de genios en las ciencias o en las artes.

Sin embargo, la Tierra como otros tantos mundos en fase transitoria, son como una gran ciudad donde conviven habitantes de muy diversas procedencias. Siendo por tanto ocioso tratar de ver quién conserva más raíces, o quien es hijo de inmigrantes y está bien aclimatado ya a nuestras costumbres. La inmensa mayoría de nosotros, ya llevamos unos cuantos milenios en este globo, por lo que con derecho nos podemos llamar ciudadanos del mismo, y no añorar una hipotética patria perdida, de la cual ni recordamos el nombre. Ahí seríamos auténticos extraños.

Hoy comprobamos que los avances tecnológicos nos están cambiando el modo de percibir el mundo. A veces sentimos un estremecimiento y podemos aferrarnos a aquello que nos resultaba válido y útil antaño. Sin embargo, somos hijos del futuro, no del pasado. En las moradas espirituales se estudia lo que aquí ignoramos, y el mundo invisible colabora con el terrenal para el avance en todos los campos. Al volver ahí seguimos con nuestras tendencias, con aquellas costumbres que nos hacen sentirnos más cómodos, pero sin ignorar los nuevos avances. Nuestra memoria, libre del peso carnal, está nuevamente ligera, ávida de conocimientos. Pero nuestra alma, necesita aclimatarse. Pues los años en la materia, los condicionamientos mentales adquiridos, no se deshacen por arte de magia, ni es productivo violentarlos. Por ello, si queremos escribir en el mundo espiritual lo haremos a bolígrafo, con máquina de escribir o con ordenador, y nos sorprenderemos de ver a otros que siguen usando pluma y tintero, pues llevan más tiempo que nosotros en el mundo espiritual, aguardando poder encarnar.

Todo es inteligencia. Llegaremos a ser constructores de mundos. No estamos más que en los inicios parvularios de nuestra evolución anímica. Habiendo ya dejado atrás el período latente de embrión y los primeros balbuceos como neonatos. Por eso, cuando veamos despuntes de luz en personajes de épocas pasadas, pensemos en realidad en espíritus amigos que vinieron a traernos algo de otros mundos mejores, envueltos en las posibilidades que el manto de la época y las costumbres les permitieron. Espíritus cuya evolución de entonces muchos de nosotros todavía no hemos alcanzado, y por tanto nos maravillamos todavía con su sabiduría y quehacer. Y en cambio otros, son claros hijos de una época, inteligencias ancladas en el espíritu de su momento, obsoletos sus pensamientos, mera curiosidad histórica, como piezas de costumbrismo mental.

De estos últimos poco más que añadir, son nuestros propios pasos, nuestros ejercicios en cursos pasados, que nos hacen ver que vamos mejorando lentamente, pero de forma progresiva en conocimientos y en conciencia moral, y digo conciencia, pues en comportamiento todavía nos falta mucho.

En cambio los primeros, tenían otro factor a su favor, la facilidad con la que podían captar la influencia del mundo invisible. Apropiándose ideas que nacían de aquel sano dialogar entre la inteligencia encarnada y el guía desencarnado. No es para nada un secreto que Sócrates se quedara parado como en éxtasis muchas veces, y luego dijera que había estado hablando con su daimon. O que muchos artistas soñaran con imágenes y melodías, o sintieran como al oído le iban dictando o sugiriendo las bellas composiciones, que eufemísticamente atribuían a las musas, las cuales hasta tenían un nombre concreto según fuera el arte o ciencia inspirada.

La humanidad toda es una gran hermana espiritual, todos los mundos confluyen como múltiples ciudades que se coadyuvan en la evolución, aportando cada una la materia prima en la cual es más próspera. Pues el fin es el mismo, la evolución del alma, la elevación vibratoria de los mundos para captar las esferas felices y constructivas. Por eso, presente, pasado y futuro son una hermandad de tiempos, que solo cuando nuestra mente está desprendida de la fijeza de ideas ambientes, temerosa de los cambios, que nos envuelve, es capaz de vislumbrar lo bello del pasado para aprovecharlo en el presente y aspirar al futuro como una época de mayor comprensión, evolución y sabiduría. Ya sea en este mundo, ya sea en otros aptos a nuestras capacidades.

Jesús Gutiérrez Lucas

miércoles, 22 de agosto de 2018

Comentarios sobre mediumnidad

Comentarios sobre mediumnidad



Ciertas personas consideran, equivocadamente, la mediumnidad como un fenómeno de los tiempos modernos, cuando en realidad pertenece a todos los siglos y a todos los países.

Desde las edades más remotas han existido relaciones entre el mundo de los vivos y el de los espíritus. Si interrogamos a los vedas de la India, si observamos los templos del Egipto, los misterios de la Grecia, los recintos de piedra de la Galia, los libros sagrados de los grandes pueblos, en todas partes, en los documentos escritos, en los monumentos y en las tradiciones, encontraremos la afirmación de un hecho que ha subsistido a través de las vicisitudes de los tiempos, y este hecho es la creencia universal en las manifestaciones de las almas libertadas de sus cuerpos carnales. Veremos así, que estas manifestaciones están mezcladas de una manera estrecha y constante con la evolución de las razas humanas, a tal punto, que son inseparables de la historia de la humanidad.

Hemos comprobado que la mediumnidad siempre ha estado presente en la vida del hombre, porque es un atributo del género humano concedido por Dios. Sabemos que a pesar de estar dentro de nosotros no se desarrolla en todos. Está latente y solo algunos podrán sentir esta conexión con el mundo invisible, el mundo espiritual.

El Espiritismo, neologismo creado por Allan Kardec para diferenciarlo del espiritualismo, irrumpió en 1.857 a partir de la presentación en París de “El Libro de los Espíritus”, por lo que podemos apreciar que cuando se comenta “que se está haciendo Espiritismo” se está practicando la mediumnidad.

¿Qué es un médium? Esta es una pregunta que a veces puede ser planteada por personas que suelen no estar relacionadas con los temas desarrollados dentro del estudio de la Doctrina Espírita, o que inclusive conociéndola no lo tienen demasiado claro, y desearían que con la explicación de unas pocas palabras pudieran adquirir el conocimiento de algo tan complejo que todo ser humano posee en grados distintos, siendo éste un fenómeno psíquico de origen orgánico, pero con la manifestación espiritual.

El médium es una persona que tiene la capacidad de estar, de encontrarse entre dos mundo. El mundo de los Espíritus y el mundo físico. Es una especie de punto de ligación entre esas dos existencias de una única vida, que es la vida del espíritu.

Las bases de todos los servicios de intercambio entre los habitantes del mundo espiritual y los encarnados descansan en la mente. Así como las posibilidades de producir fenómenos naturales en el campo de la materia densa, llevados a cabo por entidades espirituales.

Es en el mundo mental donde se procesa la génesis de todos los trabajos de comunicación de espíritu a espíritu. Es necesario que comprendamos, repetimos, que nuestros pensamientos son fuerzas, imágenes, objetos, creaciones visibles y tangibles en el campo espiritual. Atraemos compañeros y recursos de conformidad con la naturaleza de nuestras vidas, de nuestras ideas, aspiraciones, invocaciones y llamadas.

Por ser energía viva el pensamiento, se mueve en torno a nosotros fuerzas sutiles, construyendo paisajes o formas, llamados “ideoplastías”, y crea centros magnéticos y ondas con los cuales emitimos nuestra actuación, o recibimos la actuación de otros.

Nuestro éxito o fracaso dependen de la persistencia o de la fe con que nos consagremos mentalmente a los objetivos que nos proponemos alcanzar. Semejante ley de reciprocidad impera en todos los acontecimientos de la vida.

Recordemos que el médium es un imán inimaginable que capta, atrayendo hacía sí, lo bueno y lo inferior de su entorno. Vigilancia continua es una de las obligaciones del buen médium para no verse sorprendido en su dedicación. Aquella con la que se comprometió en el plano espiritual cuando se programó una nueva reencarnación de su vida física.

Juan Miguel Fernández Muñoz
Asociación de Estudios Espíritas de Madrid


domingo, 19 de agosto de 2018

Dogmatismo + desilusión = abandono

Dogmatismo + desilusión = abandono



Encontramos entre las filas de los que se terminan alejando del Espiritismo, un perfil destacado que suele corresponderse con aquellos que entran de manera apasionada, lo viven visceralmente y, poco a poco, empiezan a "desinflarse" -innecesariamente - por la simple cuestión de no aceptar durante su iniciación que todos (espíritas o no) somos falibles, así como en determinados momentos incoherentes y/o ambiguos por natura... (¡ay, el viejo error de pensar que el Espiritismo es una escuela de santos!).

Este desencanto también surge entre aquellos que se conducen con exceso de exigencia y autoridad, pero no saben aceptar que convivir con opiniones diferentes a la suya es un elemento imprescindible del camino.

El desencanto es hijo directo de nuestro ego y/o de nuestras mal conducidas ilusiones...
Influidos por una personalidad autoritaria o aún inclinados al control de las conciencias ajenas (residuos de vidas pasadas vividas desde la ortodoxia religiosa), pasaron por alto que el Espiritismo es una invitación consoladora al estudio y al crecimiento personal, algo que se vive desde la naturalidad y no desde el celo que, a la larga, sólo lleva a la insatisfacción.

Dentro de las pruebas y experiencias que tengamos que vivir, el espiritismo es para ser más consciente... pero también para ser más felices, sentirnos más hermanados con la vida. No es un instrumento de negación de nuestra naturaleza ni azotador de conciencias.

Los que fueron por ahí adoctrinando (¿amenazando?) con el Umbral y los obsesores, sembrando críticas malsanas o intrigas, realmente, nunca fueron espíritas; entraron en el Espiritismo, pero éste no entró en ellos...

La propuesta de los espíritus superiores es de reflexión, progreso y esperanza, pero algunos (por su propia manera de ser), lo viven con tanta severidad y rigidez que terminan a un lado del camino, desilusionados y/o exhaustos a golpe de tanta exigencia...

Cuando se deja de ser espírita (si esto es realmente posible), es probable que, de alguna manera, siempre se sea simpatizante, pues cuando el Espiritismo entra en uno es complicado que salga sin dejar algún poso saludable y transformador.

Argumentar (aquellos que abandonaron sus filas) que el Espiritismo no les hizo bien es un pensamiento del todo errado: fueron ellos mismos que perdieron el norte por la errónea manera de conducirse y de tomarse las cosas... El Espiritismo jamás debe servir para proyectar nuestro personalismo ni se vive por convicción dogmática, sino por sed de conocimiento e inclinación hacia la fraternidad universal.

Hay tantos tipos de espíritas como diversidad de personalidades humanas. Pero, como mínimo, al espírita (auténtico), se le pide aceptación, capacidad de diálogo e inclinación a la tolerancia. Si vas por ahí con exigencias, censura y desconfianza...o terminas quemado o siendo un mal propagandista del ideal.

La prudencia, la sencillez y la naturalidad serán virtudes que mucho nos auxiliaran en el camino.
Si en tu trayectoria no has conquistado más serenidad, más tolerancia; haz un alto en el camino (es muy importante), y analiza tus pasos: algo no ha sido bien asimilado y precisa urgente revisión...

Juan Manuel Ruiz González

miércoles, 15 de agosto de 2018

El fluido cósmico universal

El fluido cósmico universal


Uno de los grandes misterios que la ciencia humana procura esclarecer es el de la existencia de una materia básica universal, capaz de servir de punto de partida para el origen de los elementos físicos conocidos.

En el siglo XIX, cuando comenzaron las manifestaciones de los Espíritus, estos revelaron una teoría donde explicaban de manera racional el origen de las cosas materiales y espirituales.
Según ellos nos transmitieron, el fluido universal es la materia básica fundamental de todo el Universo material y espiritual.

El Fluido Cósmico Universal, aunque desde cierto punto de vista, podría ser clasificado como elemento material se distingue de este por propiedades especiales.
Está colocado entre el Espíritu y la materia; es fluido, y susceptible, por sus innumerables combinaciones con la materia y bajo la acción del Espíritu, de producir la infinita variedad de las cosas.

Está sometido a las leyes inmutables que rigen el mundo. Gravedad, cohesión, afinidad, atracción, y magnetismo entre otras.

Las fuerzas que dirigen las metamorfosis de la materia producen movimientos vibratorios y ondulantes, denominados energía, que se expresa bajo forma radiante, luminosa, calorífica, sonora o electromagnética.

Si comúnmente los fluidos son sustancias en estado líquido o gaseoso, el espiritismo revela que existe materia en estados aún más etéreos y sutiles. Tales energías tienen su origen en el fluido universal.
Este es altamente influenciable por el pensamiento (que es una forma de energía), pudiéndose modificar y asumir formas y propiedades particulares.

“Sabemos que el fluido universal, o fluido cósmico  representa el estado más simple de la materia; su sutileza es tal que escapa a todo análisis. Y, no obstante, de ese fluido proceden, mediante condensaciones graduales, todos los cuerpos sólidos y pesados que constituyen la base de la materia terrestre.” ("En lo Invisible", León Denis ).

Los Espíritus nos dicen que este fluido cósmico o "plasma divino" es de esencia electromagnética, y llena todos los espacios, no existiendo el vacío en el universo. Por medio de él viajan las ondas del pensamiento, de la misma manera que las ondas sonoras se proyectan en la capa atmosférica.
Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas, por tanto, todo aquello que forma parte del universo es fruto de Dios.

La acción del Pensamiento Divino sobre el fluido universal dio origen a las nebulosas, a los sistemas estelares, a los planetas y a los astros. Es en esa materia fluídica donde el Creador materializa el plano existencial.

Para una mejor comprensión, se puede decir que ese principio elemental tiene dos estados distintos: el de la imponderabilidad o de eterización (estado normal primitivo), y el de la ponderabilidad o de materialización.

Lógicamente que entre estos dos estados existen muchísimas formas intermedias de transformación del fluido en materia tangible.

Al primer estado pertenecen los fenómenos del mundo invisible y al segundo los del mundo visible.
Como se encuentran en permanente contacto ambos mundos, se producen continuos fenómenos, aunque solo, podamos percibir los fenómenos psíquicos que pertenecen a la vida corporal cuando nos encontramos encarnados.

Los del dominio espiritual escapan a los sentidos materiales y sólo pueden ser percibidos en el estado de Espíritu.

Por lo tanto, el Fluido cósmico universal asume dos estados:

-Un estado material en el que el fluido mediante la manipulación de los espíritus se transforma en materia con la que se crean los planetas .

-Y un estado inmaterial o de eterización donde se encuentran el fluido de forma primitiva y que mediante la manipulación de los espíritus, el fluido cósmico universal sufre más transformaciones que en el estado tangible.

A este estado pertenece el mundo invisible (espiritual) y los fenómenos espirituales. Para los espíritus, este fluido es tangible, palpable y pueden realizar elaboraciones con él, al igual que los seres encarnados con sus materiales pero con procesos diferentes.

Fluido vital

Los Espíritus afirman que una de las modificaciones más importantes del fluido universal es el fluido vital. El movimiento continuo de los órganos da lugar a la producción de fluido vital.
Según nos dicen los Espíritus, la vida es el resultado de la acción de un agente sobre la materia. Ese agente es el fluido vital. Es el que da vida a todos los seres que lo absorben y asimilan.
La materia inorgánica se genera solamente de materia y la materia orgánica es creada de materia y fluido vital.
A este estado pertenece el mundo visible (físico), y los fenómenos materiales .
Cuando los seres orgánicos pierden la vitalidad, por causa de la muerte, la materia se descompone formando nuevos cuerpos y el fluido vital vuelve a la masa, al todo universal, para formar nuevas combinaciones en el Universo.
Cada ser tiene una cantidad de fluido vital, de acuerdo con sus necesidades, las variaciones dependen de una serie de factores. Allan Kardec nos instruye sobre el asunto en "El Libro de los Espíritus", pregunta 70:
"La cantidad de fluido vital no es la misma en todos los seres orgánicos; varía según las especies y no es constante en el mismo individuo, ni entre todos los individuos de una misma especie. Hay los que están, por así decir, saturados de fluido vital, mientras tanto, otros poseen apenas la cantidad suficiente. Es por esta razón que unos son más activos, más enérgicos que otros."
El hombre puede mantener el equilibrio de su salud a través de la alimentación, de la respiración del aire no contaminado y, por encima de eso, manteniendo una conducta mental sana.
El principio vital es la ley que rige la existencia del fluido vital.

Fluidos espirituales

Tanto el fluido vital como los fluidos espirituales, provienen del fluido universal (es decir, son modificaciones de este).

Los fluidos son el vehículo del pensamiento de los Espíritus, tanto encarnados como desencarnados.
Todos están sumergidos en el fluido cósmico universal, que es la sustancia básica de la Creación.
Los fluidos espirituales están impregnados de los pensamientos de los Espíritus, y, por lo tanto, varían de calidad hasta lo infinito. Según el desarrollo moral de estos.

La acción de los Espíritus sobre los fluidos espirituales tiene consecuencias de una importancia directa y capital para los encarnados. Desde el instante que esos fluidos son el vehículo del pensamiento, que el pensamiento puede modificar sus propiedades, es evidente que deben estar impregnados de cualidades buenas o malas de los pensamientos que los ponen en vibración, modificados por la pureza o por la impureza de los sentimientos.

La atmósfera fluídica está formada por la calidad de los pensamientos en ella predominantes.

Cuerpo fluídico


El periespíritu o cuerpo fluídico de los Espíritus, es uno de los más importantes productos del fluido cósmico; es una condensación de ese fluido en torno a un foco de inteligencia (el alma). En el periespíritu, la transformación molecular se opera de manera diferente, a la del organismo físico, por cuanto el fluido conserva su imponderabilidad y sus cualidades etéreas. Pero ambos son materia, aunque en dos estados diferentes.

Creo que por el momento nos basta con comprender cada uno de estos términos que, a modo de glosario he intentado definir de la forma más sencilla posible, puede que en un futuro sigamos avanzando para tratar de dar a entender lo que es la fluidoterapia.

Mientras tanto, recordemos que somos energía, que nuestro pensamiento es creador e intentemos que este sea lo más elevado posible, limpiándolo de orgullo y egoísmo. Intentemos cada día ser la mejor versión de nosotros mismos, para que no nos desviemos del camino del bien que es aquel que nos conducirá hasta Dios nuestro Padre que tanto nos ama.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 12 de agosto de 2018

El río que nos lleva

El río que nos lleva



Todos nuestros actos tienen una consecuencia y existe un orden en cada hecho y pensamientos de nuestra vida. Desde el más insignificante, hasta el más asombroso, a los ojos de Dios todo está regido por Leyes universales. En esta, algunos la llaman Ley de Causa y Efecto, otros Acción y Reacción. Lo cierto que por ser Ley universal es inamovible, cada efecto se relaciona con una causa, cada causa crea un efecto idéntico a sí misma.

Se necesita tener una gran comprensión de quienes somos, hacia donde vamos y qué seremos dependiendo nuestros actos actuales. Pocos creen que de verdad la vida te devuelve en el ahora, en el mañana, o en vidas sucesivas aquello que no gestionamos bien.

¿Quién de todos nosotros, tiene una verdadera superioridad moral? Esta superioridad se puede obtener poco a poco. Si los propósitos del hombre fuesen reconducir sus actos al mejor bien posible, en cada uno de sus días, se lograría tener un mejor mundo dónde vivir. Se necesita dominar nuestro orgullo, reprimir arrebatos, desear AMAR..., entre otros muchos factores.

Los hombres tergiversando todo a su paso, con el poder de su verdad, en un mundo poco serio, la figura de Dios quedo situada en un lugar lejano en los corazones de los hombres.

Sabemos que la intención noble y recta en nuestras oraciones, sean dónde sean, siempre llegaran a Dios. Pero la escasa moralidad que mueve a los hombres en los estudios y trabajos del bien, se desvirtúan accediendo a no comprender bien las enseñanzas de Jesús. No necesitamos lugares sagrados, ni Catedrales e Iglesias, Capilla o Ermitas, se necesita el recogimiento en uno mismo, un lugar tranquilo, y elevar nuestros pensamientos con el mayor sentimiento de Amor hacia Dios. Alabar su infinito AMOR, y su bondad por recibir nuestra plegaria, agradecerle todo lo que nos permite vivir, y pedirle con humildad lo que creemos que pueda mejorar nuestro paso por la Tierra.

Recordemos a Jesús, el exponente máximo de la máxima lealtad al señor Supremo. Nació en un lecho pobre, un establo. No necesitó de piedras preciosas, ni lugares majestuosos, le bastaba un árbol, una plaza o bien a pie de un río para divulgar la verdadera enseñanza de los evangelios. Ricos y pobres se le acercaban, enfermos y hombres fuertes le pedían ayuda, Él siempre fue justo entre los justos. Siempre fue fiel a sus palabras, ayudó con su caridad infinita, sin juzgar a todo lo que en su camino se encontraba.

La Doctrina espírita nos muestra y enseña que lo que en cada incidencia o problema de nuestra vida deberíamos hacer es, tan sencillo y simple como preguntarnos qué haría Jesús en esa misma situación.

Recordad que el río que nos lleva hacía él, va en un único sentido, como el agua que corre montañas abajo, el recorrido es el que es, no podría ser a la inversa. Las leyes impuestas por Dios en nuestra naturaleza están para cumplirse, en todo, y en todo momento. Así como las nubes formadas por la vaporización solar vuelven a caer fatalmente en forma de lluvia sobre el suelo, así las consecuencias de los actos cumplidos vuelven a caer sobre sus autores. Cada uno de esos actos, cada uno de nuestros pensamientos, según la fuerza de impulsión que se le imprime, cumple su evolución para volver a sus efectos, buenos o malos, hacia el origen de dónde ha salido. De este modo las penas y las recompensas se reparten entre los individuos por el juego natural de las cosas. Ley Causa y Efecto, o Ley de Acción Reacción.

Cada uno de los hombres debería, hora tras hora, tomar conciencia de quienes somos, a que hemos venido y que se espera de nosotros. Cada uno de nosotros debería tomar examen a su grado de paciencia y servicio, de caridad y benevolencia, de perdón y fe viva, de buen ánimo y comprensión. Y lo más importante, Jesús en ese río que nos lleva hacia Él. Dejó sus mejores enseñanzas, y todos debemos apreciar su regalo tan sublime, y en ese agradecimiento saber que las leyes que rigen el universo son muchas, y entre ellas la Ley del Amor es el manantial inagotable, es una fuente que cuanto más haces uso de ella, más tiene para seguir dando.

El río que nos lleva a la evolución de nuestro perfeccionamiento son los actos y enseñanzas del Maestro. Recibe, entonces, a los parientes difíciles y a los amigos complejos, a los adversarios gratuitos y los hermanos desafortunados, tanto como a aquellos que te apedrean y hieren, que te persiguen y calumnian, como examinadores constantes de tu aprovechamiento en lo relativo a las ciencias del alma, como instructores en la lucha cotidiana… Solo así trabajaras para el prójimo, en Recuerdo a Jesús en la cruz, que toleró la ironía y las agresiones tan duras, amando y pidiendo por quién le agredía e insultaba. Recordando sus palabras que nos decían “Conserva la serenidad en el banco de las pruebas en las que te encuentras y aprende a valorar, para tu propio bien, el poder de la humildad y la fuerza de la compasión”.

Por lo tanto, no permitas que el reposo excesivo anule tu divina oportunidad, de trabajo en el bien y caridad hacia el prójimo. Si un obstáculo te disgusta, trabaja y sirve, que la dificultad se convertirá en lección. Y recuerda que en el trabajo con el cual puedas hacer lo mejor para los demás, hallarás el recibo de pago del pasado, las realizaciones del presente y los créditos del futuro. Además, por medio de él conquistarás el respeto de quienes te rodean, la riqueza de la experiencia, los galardones de las culturas, la solución para el tedio, el socorro para todas las dificultades.

Y lo más importante, es que el río que te lleva, te conduce a través de la Doctrina Espírita a bucear por las aguas limpias y cristalinas de un mar relajado, dentro de un océano en constante movimiento, lleno de oportunidades en la evolución a tu perfeccionamiento.

Susana Herrero Gázquez
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

miércoles, 2 de mayo de 2018

El problema de la obsesión

El problema de la obsesión



El problema de la obsesión espiritual acompaña al ser humano desde el principio de los tiempos, al igual que la mediumnidad, que es el mecanismo en el cual se basa a través de los fenómenos de afinidad y sintonía.

La obsesión espiritual, a diferencia de la obsesión psicológica o auto-obsesión, no se inicia en un desajuste psicológico como la neurosis o la psicosis, aunque estos puedan presentarse como graves consecuencias en procesos de largo recorrido, sino en un problema únicamente de ámbito espiritual. De todas las ciencias y doctrinas de la Tierra, únicamente el Espiritismo trata la obsesión espiritual de forma abierta y con mente racional, eliminando mitos y supersticiones del pasado.

Según "El Libro de los Médiums", en el cap. XXIII, ítem 237, la obsesión es "el dominio que algunos Espíritus ejercen sobre ciertas personas. Se produce exclusivamente a través de Espíritus inferiores, que pretenden dominar, pues los Espíritus buenos no imponen ninguna coacción". "El Evangelio según el Espiritismo", cap. XVIII ítem 81 lo define como "la acción persistente que un Espíritu malo ejerce sobre un encarnado. Presenta características que van, desde la simple influencia moral – sin signos exteriores perceptibles – hasta la perturbación completa del organismo y de las facultades mentales.” Aprovechando los defectos morales, los espíritus inferiores cercan la voluntad del individuo intentando doblegarla. En función del grado de dominación así será la naturaleza de los efectos producidos, clasificados en "El Libro de los Médiums" como obsesión simple, fascinación y subyugación. De esta forma, según comenta "La Genesis", cap. XIV, ítem 45, la obsesión: “Presenta caracteres muy diversos, que van desde la simple influencia moral sin signos exteriores sensibles, hasta la perturbación completa del organismo y de las facultades mentales."

Los espíritus inferiores pueden tener distintas motivaciones en la obsesión. Los mecanismos de afinidad y sintonía implican que para que exista el fenómeno de la obsesión, ambos, obsesado y obsesor sean "compatibles". Las motivaciones del obsesor deben tener relación con las imperfecciones morales del obsesado para que por afinidad se aproximen uno al otro y por sintonía entren en relación. Las motivaciones del obsesor pueden ser muy variadas:

-Espíritu que no tiene donde ir y encuentra sintonía y reconforto con el obsesado. En su compañía no se encuentra solo.

-Familiar recién desencarnado que no se resiste a la separación de un ser querido y no quiere separarse de él o bien, familiar encarnado que no deja de pensar en el desencarnado, atrapándolo a través de su pensamiento, atrayéndole hacia él.

- spíritus compañeros de fechorías en el pasado que no quieren que el obsesado progrese, ni se separe moralmente de ellos.

-Espíritus que sufren por su problema de adicción se vinculan a incautos que tienen el mismo vicio entrando en sintonía y compartiendo los mismos fluidos, que ingeridos por el obsesado son también absorbidos por el obsesor mientras vibran con sensaciones al unísono en perfecta simbiosis.

-Víctimas del pasado intentan vengarse desde el plano espiritual cuando identifican a sus verdugos en el plano físico. Los sentimientos de venganza y odio conectan las mentes infelices predisponiéndolos a la obsesión a veces durante muchas vidas, intercambiando sus papeles una y otra vez hasta alcanzar el perdón mutuo.

-Espíritus ambiciosos pretenden mantener el poder que ostentaron mientras vivían encarnados.

-Espíritus organizados con dedicación completa hacia el mal, trabajando para evitar que la luz triunfe. Sufren más, por envidia, cuanto mayor es el progreso moral de la humanidad e intentan evitarlo.

Obsesión simple

La obsesión simple no solamente es un tipo de obsesión, es además el primer peldaño hacia los siguientes estados obsesivos.

Para el médium se muestra cuando "un Espíritu dañino se impone a un médium, se entromete contra su voluntad en las comunicaciones que recibe, le impide comunicarse con otros Espíritus y sustituye a los que son evocados" (ítem. 238 de “El Libro de los Médium”). Se caracteriza por la tenacidad de un espíritu del que es difícil desembarazarse.

En la obsesión simple, ser médium es, en cierta forma, una ventaja puesto que le da la oportunidad de detectar el problema antes de que las consecuencias sean de gravedad. Cuando el médium se da cuenta, el espíritu obsesor "no se oculta ni disimula en manera alguna sus malas intenciones y su deseo de contrariarlo. El médium reconoce el engaño sin dificultad y, como se mantiene en guardia, rara vez cae en la trampa." (ítem. 238 de “El Libro de los Médium”)

Cuando el obsesado no es médium ostensible, detectar la obsesión simple es mucho más complicado porque se confunde con los problemas del propio psiquismo, agravándolos. El espíritu obsesor aprovecha toda brecha moral para entrar sintonía con la mente del obsesado mediante la sugestión mental, puesto que todos somos médiums de inspiración. Por ella recibimos las inspiraciones de los espíritus con los que entramos en sintonía, buenos o malos. Un espíritu bueno siempre nos dará una influencia buena sin privarnos de libertad de elección. Sin embargo, un espíritu malo siempre aprovechará nuestras debilidades para amplificarlas o recordárnoslas y abrirse paso en nuestro psiquismo. Utilizan el material que ya se encuentra en nosotros mismos, nuestros deseos, vicios y apegos. Cada vez que aceptamos un pensamiento sugerido estamos allanando el camino al siguiente, de forma que cada vez el lazo que tiende el obsesor se estrecha oprimiendo la voluntad y agravando las consecuencias de la obsesión, llevándola a otro nivel, el de la fascinación o subyugación.

La obsesión simple surge como idea fija que no podemos eliminar fácilmente de la mente relacionada con la satisfacción de una necesidad, deseo o preocupación. Se vuelve más poderosa cuanto mayor es el miedo. La idea ya se encontraba en nosotros, el obsesor la recoge y la proyecta constantemente sobre el obsesado.

La idea perturbadora estresa al obsesado consumiendo sus fuerzas mentales. El obsesor le envuelve en fluidos negativos afectando al sistema nervioso y su salud, además de absorber las energías limpias que se pongan a su alcance, entrando en un proceso obsesivo cada vez más profundo, llegando a la neurosis.

Lo que empezó como una obsesión simple común y fácil de tratar, progresó hasta una obsesión cada vez más compleja, de camino a la fascinación y subyugación.

Durante la obsesión simple el obsesado todavía tiene la capacidad de darse cuenta de que semejantes pensamientos son exagerados y externos a él. Está de acuerdo en el origen, pero no en lo que se ha convertido su pensamiento, aunque le cuesta una gran voluntad desembarazarse de ello.

Quizás el límite con el siguiente nivel, la fascinación, empieza cuando deja de ser capaz de darse cuenta de que la influencia es externa y empieza a creer ciegamente que todo es real.

La fascinación

Cuando la obsesión simple se perpetúa en el tiempo, el espíritu envuelve al obsesado de una forma más íntima de forma que le producirá ilusiones y alucinaciones que progresivamente irán paralizando su raciocinio y terminará por creer ciegamente.

La idea fija que empezó en la obsesión simple, es ahora envuelta de alucinaciones, ilusiones o embelesamiento eliminando toda resistencia mental del obsesado instaurando su alienación y posteriormente la psicosis.

En este estado el médium podrá escribir cosas absurdas de las que confía plenamente, se apartará de los que le recomienden que dude de ellas y probablemente rehusará toda ayuda, no viéndose necesitado de ella, sintiéndose especial y excitado en su orgullo al sentirse un canal de los espíritus superiores, en base a las comunicaciones que recibe, consejos que escucha, etc.

En el obsesado que no sea médium ostensible la fascinación será muy difícil de detectar ya que sus alucinaciones se confundirán con problemas psicológicos, neurosis en las primeras etapas de obsesión simple y psicosis en la siguiente etapa de fascinación.

Richard Simonetti, en su libro "¿Quién tiene miedo a la obsesión?" nos habla de la obsesión simple y la fascinación como causantes de neurosis y psicosis, pero no al revés, afirmando lo siguiente:

-"En la obsesión simple el obsesado sabe que está equivocado en los absurdos en los que incurre. En la fascinación él no tiene ninguna duda de que está absolutamente en lo cierto."

-"La víctima de la obsesión simple se sitúa en una neurosis. Neurótico es aquel ciudadano dominado por insuperables preocupaciones."

El obsesado, en cierta forma, sabe que esas preocupaciones no son reales, aunque no puede dejar de pensar en la posibilidad de que sean reales.

-"Psicótico es aquel individuo que no tiene ninguna duda (sobre sus alucinaciones)... se apartó de la realidad."

El obsesado con fascinación cumple plenamente con la afirmación de psicótico. Lo contrario no siempre es cierto puesto que el problema psicótico no tiene porqué venir de una fascinación, al ser un problema más complejo.

La subyugación

La subyugación corresponde a un grado más avanzado de obsesión que la fascinación, donde a veces el constreñimiento del obsesado es tan fuerte que llega a anular completamente la voluntad del obsesado.

La subyugación puede ser moral o material. En la subyugación moral el subyugado se ve obligado a realizar actos ridículos por encima de su voluntad, dándose cuenta plenamente y sufriendo íntimamente por todo ello. En la subyugación física, el obsesor toma el control total de parte de los músculos obligándole a realizar acciones o movimientos en contra de su voluntad que le originan accidentes y problemas físicos, como es accidentarse por retirar la mano de un apoyo en determinado momento para producirle una fuerte caída, etc.

Así como la fascinación es el proceso más difícil de tratar ya que dispone del pleno beneplácito del obsesado, progresando a la subyugación, puede volver la capacidad de raciocinio a su conciencia siempre a través del dolor que le provoca el nuevo estado de subyugación. Cuando los efectos de la subyugación son evidentes la fascinación empieza a ceder conforme el obsesado se da cuenta de que ya no es dueño de su voluntad y que está siendo utilizado. Es el momento en que puede reanudar su lucha por recuperar su libertad.

En este punto hay dos factores claves que le capacitarán para recuperarse: la resistencia física y la resistencia mental.

En individuos con escasa resistencia física, puede ocurrir que su estado de salud se haya debilitado excesivamente en las etapas anteriores de la obsesión, no quedándole fuerzas físicas para la lucha, precipitándose lentamente hacia la desencarnación.

Disponer de una buena constitución física y haber cuidado previamente el cuerpo físico, habiendo llevado hábitos saludables y rebosando de energía saludable a través del ejercicio físico, es una importante ayuda a la hora de resistir físicamente largos procesos de subyugación donde el robo de energías vitales por parte del obsesor debilitarán la resistencia del cuerpo físico incrementado sus dolencias y generando otras nuevas que ya estaban en germen, llegando incluso a producirle ataques epilépticos y otras crisis, que continuarán mermando la salud más aún.

La resistencia mental, ayudado por la resistencia física, determinará las posibilidades de recuperar la voluntad y la cordura, siempre y cuando sea asistido por una buena terapia desobsesiva.
En el pasado, cuando los tratamientos psiquiátricos eran altamente invasivos, las secuelas eran irreversibles y los éxitos ridículos. En la actualidad la psiquiatría bien orientada puede ser de gran ayuda para mitigar el sufrimiento del paciente siempre que le deje la suficiente luz vibrando en su conciencia. Cualquier medida que anule totalmente la conciencia del paciente no le permitirá trabajar por su liberación mental.

Desprendimiento durante el sueño

La obsesión es una presión constante sobre el espíritu incluso cuando el cuerpo duerme, pero el alma se libera durante el sueño.
Al entrar en sueño profundo, el alma se desprende y va a los lugares donde es atraída por afinidad rodeándose de las compañías correspondientes al mismo nivel vibratorio. Cuando son inferiores, entre dichas compañías, se encuentran sus obsesores que continuarán el trabajo diurno con nuevas sugestiones e ideas de espíritu a espíritu, intentando ganar, además, su confianza en vistas de alcanzar niveles cada vez más profundos de sugestión de camino a la fascinación y la subyugación.
Las influencias recibidas durante el desprendimiento del sueño, dejarán al despertar, cuando la influencia fue negativa, sentimientos de desánimo, indignación que favorecerán la obsesión. Sin embargo, el mismo mecanismo está al servicio del bien, cuando durante la noche aprovechamos el tiempo y nos reunimos con nuestros guías y empleamos el tiempo hacia el bien, despertándonos a la mañana siguientes, reconfortados, con buen ánimo, llenos de esperanza e ilusión, gracias a su influencia positiva. Por todo ello es tan necesario alcanzar el mejor estado vibratorio al irnos a dormir, con oración, lecturas edificantes e incluso pidiendo protección a los Espíritus superiores.

Terapia Obsesión

La terapia de la obsesión debe tener carácter integral englobando tanto aspectos personales como familiares. La familia puede ser un gran apoyo que rodea frecuentemente al obsesado, donde puede encontrar un bastión donde defenderse y encontrarse mejor, a través de la práctica del Evangelio en el hogar, manteniendo y cultivando el ambiente fluídico apropiado que sirva en buena medida de protección.

En la terapia de la obsesión se pueden diferenciar, como principales trabajos, el trabajo con el obsesado y el trabajo con el obsesor.

Para el trabajo con el obsesor no siempre se tiene disponible un grupo mediúmnico bien preparado y accesible, pero eso no quita que tengamos que abandonarlo, el propio obsesado puede realizar cierto trabajo con él, teniendo en cuenta sobre todo que el vínculo con el obsesor es bidireccional. Visto desde este punto de vista, conforme va moralizándose el obsesado, el obsesor recibe también la influencia, lo que le obliga en los casos más endurecidos a tener que abandonar al obsesado en los periodos de oración y estudio si no quiere ver peligrar su voluntad hacia el mal, lo que le permite al obsesado disfrutar de momentos de menor presión espiritual. Para intentar evitar que el obsesado saque provecho de esos momentos, el obsesor le inunda de energías viciadas que le causen malestar y disminuyan su voluntad.  Por ello es importantísimo recibir tratamiento de fluidoterapia, como los pases del centro u otros específicos para ayudar en el tema.

Desde ese momento, tenemos que empezar a ver al obsesor como un compañero al que también hay que ayudar. Empezando a enviarle amor y buenos sentimientos junto a la terapia fluídica que también le beneficia, podrá también empezar a cambiar. Primero se sentirá desconcertado y enfadado, pero si somos constantes, los beneficios del estudio, pases, irradiaciones y buenos sentimientos harán huella en él y se le empezará a ablandar el corazón disminuyendo la presión sobre el obsesado. Llegará el momento en que ya no se aleje en los momentos de estudio mostrando interés y desconcierto. En ese momento habremos llegado a la recta final de la obsesión porque habremos preparado la recuperación de ambos.

Existen casos de obsesión donde esta lleva implícito un bien, una enseñanza o una reparación (expiación) y hay que tener cuidado en no cortarla antes de tiempo.

Mientras las condiciones morales del obsesado no cambien, rescatar sólo al obsesor no le será de ayuda porque al poco tiempo dispondrá de otro espíritu obsesor de recambio, pues son sus condiciones morales las que los atraen por afinidad y sintonía, hasta la extenuación de todos los recursos de ayuda externa.

En la terapia espírita hacia el obsesado, lo más importante es atender el aspecto moral, como aspecto fundamental para modificar la afinidad y sintonía, elevándonos para acercándonos a los buenos espíritus rompiendo los lazos con el mundo espiritual inferior.

Cuando el proceso obsesivo es de carácter expiatorio, tenemos que tener en cuenta que será necesario armarse de mucha paciencia y centrarse en la máxima “…el amor cubre multitud de pecados” (1 Pedro 4:8). De esa forma primero irá saldando las cuentas de su conciencia interna y poco a poco perdiendo la sintonía con los espíritus que le atormentan, en un largo proceso de renovación interior.

La terapia Espírita de la obsesión es por tanto un conjunto de medidas orientadas hacia el obsesado:

-Asistencia semanal a clases de estudio del Evangelio y de la Doctrina Espírita.

-Evangelio en el hogar diario con todos los miembros de la familia.

-Estudio diario del libro de "El Libro de los Espíritus" o de "El Libro de los Médium".

-Oración sentida tres veces al día y en cualquier momento en que se perciba la influencia externa.

-Mantener pensamientos positivos apartando de la mente todo lo negativo sin juzgarlo ni sentirnos culpables por ello. No permitir sentimientos de miedo, culpa o remordimiento que disminuyan la vibración.

-Abandonar todo sentimiento negativo hacia el obsesor y progresivamente mejorar los sentimientos hacia él con el deseo sincero de ayudarlo en lo posible. Verlo como un compañero que también está enfermo y con el que tenemos que convivir temporalmente.

-No juzgar a lo demás para no desequilibrarnos. Los demás también tienen sus influencias externas y si nos ponemos a su alcance sin duda aprovecharán esta vía. Cuando el obsesado se protege íntimamente, debe prepararse para el ataque desde fuera, desde las personas y cosas que le importan como los familiares, el trabajo o los amigos.

-Obligarse a realizar actos de caridad periódicamente apuntándose a organizaciones de ayuda, visita a enfermos, comedores sociales, etc.

-Voluntad firme en estos propósitos, releyéndolos periódicamente para no perder el convencimiento de su necesidad y no dejarse embargar por la pereza.

-Elevar la autoestima como medida necesaria para adquirir y conservar energías, no derrochándolas en pensamientos negativos que disminuyen la vibración y facilita el robo de dichas energías.

-Vigilancia y disciplina. El pensamiento es la puerta por donde entra toda influencia externa, llegando al sentimiento a través de él. Cuando nos sintamos de cierta forma, preguntémonos qué pensamientos nos llevaron a ver el tema así, buscando el remedio para retornar al equilibrio.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 18 de marzo de 2018

90 años sin el druida de La Lorena

90 años sin el druida de La Lorena



Requería León Denis mientras le dictaba "El genio céltico" a su secretaria Claire Baumard, que llevara cuidado, que fuera a la biblioteca municipal a comprobar ciertos datos, no fuera que al no ser correctos se convirtiera en el hazmerreír de todos. Pues finalizando la existencia del venerado orador espírita, necesitaba de una secretaria que tomara nota de sus dictados, pues ya la opacidad se había posado sobre sus ojos y no podía hacerse cargo directamente de tales menesteres.

La vida de León Denis sería digna de ser plasmada en novela, cine, teatro o incluso ópera. Pues es una existencia llena de lucha y entrega. Denis fue toda su vida un autodidacta. Él no tuvo la suerte de recibir una instrucción adecuada a su despierto intelecto –por ello participaría activamente años más tarde en continuos movimientos en pro de la instrucción de las masas desfavorecidas-. Siendo un niño tuvo que ejercer todo tipo de oficios para poder llevar un sustento a casa, abandonando pronto la escuela. De mozo, tuvo relaciones sentimentales con una joven, a las que decidió poner fin, pese al afecto que por ella sentía. Consciente de su compromiso creciente con la divulgación del mensaje consolador del nuevo espiritualismo, y que le impediría una adecuada atención a la felicidad conyugal. Además de la carga de sus dos progenitores, que de él dependían. Solo después de estar toda la jornada trabajando, es que, robándole horas al sueño, estudiaba todas las cuestiones que su inquieto espíritu necesitaba absorber, como si de un alimento indispensable para su alma se tratara. Preparándose sin saberlo para ser un adalid de la causa espiritista.

A medida que se fue haciendo mayor, y siempre teniendo que mantener a su madre -ya fallecido su padre-, la vista se le fue deteriorando, llegándole a dejar bastante imposibilitado en la recta final de su existencia.

Durante el conflicto armado contra Prusia (1870-71) tomó parte, llegando a subteniente dentro de su facción del ejército francés; siéndole solo explicable, por reminiscencias de vidas pasadas, su gran capacidad de mando, pese a su aparente ignorancia militar.

Toda su vida fue a pie de calle, junto al pueblo llano; codo con codo con gente que era como él, que vivía las mismas necesidades que él, que sentía y sufría lo mismo. Hizo que su preclara inteligencia hermanara con un hondo corazón, comprensivo y empático con las masas obreras. De ahí su ideario social plasmado en obras como "Espiritismo y Socialismo". Siempre tuvo correspondencia con los grupos de mineros del norte de Francia y Bélgica, que lo acogían como a uno de sus mejores cada vez que acudía a dar charlas divulgativas y esclarecedoras sobre la doctrina de los espíritus. Las cuales les llenaban de aliento, fe y esperanza.

Denis arrollaba con su verbo en directo, creando una simbiosis mágica entre los presentes y las palabras que comunicaba. Magnetismo que emanaba de su robusta personalidad que a la par era inspirada por el plano superior, bajo la dirección de su querido guía protector Jerónimo de Praga.
Nuestro preciado druida lorenés tuvo la gran audacia que sin ser un hombre de ciencia, ni un filósofo académico, ni un erudito al uso, supo aunar bajo su prístino espíritu la capacidad de traducir datos áridos y técnicos a un lenguaje comprensivo para las masas, sin perder un ápice de rigor en ello. Rareza que lo convertía en el digno sucesor de Allan Kardec.

***

Siempre será un loable ejemplo a seguir, tanto en lo personal –su absoluta entrega a un ideal-; como por su labor de dar a conocer el mensaje espírita, en unas obras donde la mezcla de erudición es amenizada por el verbo amable y poético de su prosa; juntando los datos necesarios para darle un corpus coherente a lo dicho y rematando con una explicación acorde al ideal espírita para mayor solaz del dato frío y aislado. El cual sin el principio racional aportado por el espiritismo, se convierte en una curiosidad especulativa; que crea más escépticos que verdaderos adeptos a la causa de la vida post mortem.

Otro mérito, no menor: las fuentes a las cuales acudía. Hoy, la información la tenemos a mano y comprobar datos es cuestión de segundos. Antes había que fiarse de la labor del autor consultado. O a la hora de citar, las cosas han cambiado un poco: hoy se sigue un riguroso procedimiento normativo. Hace cien años este no estaba tan instituido, y en el caso de Denis, él no era un académico para utilizar tales nomenclaturas. Por tanto a veces podemos hallar en sus obras citas superficiales, del tipo passim, es decir, «aquí y en otras partes». Porque su intención no era más que nombrar algunas, de las que extraía los casos expuestos, ejemplificando así lo tratado; siendo algunas tan conocidas que apenas bastaba con citar el título. O inclusive en otras, citar el número de la página de la edición que usaba -por no haber seguramente más traducciones de la misma al francés- y carecer ello de improbable confusión.
No obstante, en datos bibliográficos alguna errata se ha ido colando hasta nuestros días, llegando a inexactitudes de las cuales León Denis es completamente ajeno. Y sobre este asunto llamamos la atención.

***

Para ello cogeremos apenas la obra "En lo invisible" editada por la extinta editora Amelia Boudet, y marcaremos algunas de las erratas halladas para que puedan ser corregidas en futuras ediciones. Dichas erratas no son fruto de la traducción castellana, puesto que son una copia de la original francesa.

Haremos especial mención al último capítulo de la obra «La mediumnidad gloriosa» por no ser exhaustivos, haciendo hincapié en que las erratas suelen estar en las citas bíblicas.
Invitamos a que se haga la comprobación:

Página 356, segundo párrafo de la nota 1. En vez de Números, XII, 67; lo correcto sería Números, XII, 6.
Página 359, sexta línea. En vez de Números, VII, 39; lo correcto sería Números VII, 89. Este dato sí está correcto en la edición francesa.
Página 359, segundo párrafo. En vez de I Reyes, III, 1-18; lo correcto sería I Samuel, III, 1-18.
Página 359, nota 1. En vez de Génesis, XXXII, 30; lo correcto sería Génesis, XXXII, 31.
Página 359, nota 1, segundo párrafo. En vez de I Reyes, XXVII, 7-20;  lo correcto sería I Samuel, XXVII, 7-20.
Página 359, línea 19. No hemos podido comprobar la exactitud de Esdras libro IV, cap. XIV -también conocido como el Apocalipsis de Esdras- porque dicho libro no pertenece al canon bíblico.
Página 147, nota 1. Ignoramos de las dos primeras citas el motivo, puesto que nada tienen que ver con lo referido en el texto. Y en la tercera -Génesis XXXVII, 5, 10- no hace referencia al sueño contado al faraón, sino al que les cuenta a sus hermanos.

No sabemos qué puede haber sucedido para que dichas erratas se produjeran, sobre todo cuando lo único que sucede a veces es un error de libro, pero no de versículos una vez hallado el pasaje. Por desgracia se repite en más de un lugar. Por tanto, llamamos la atención sobre el particular para que llegue a quien corresponda y trate de subsanarlo, o investigue el motivo del mismo. Repetimos que en la edición francesa facilitada por el Centre Spirite Lyonnais Allan Kardec dichas erratas están tal cual. Véase http://spirite.free.fr/ouvrages/invisible.htm.

Tras lo dicho, nos concienciamos de nuestra labor de cuidar el legado que hemos recibido. Dando a conocer el esfuerzo de nuestros antecesores, sin que pierdan lustre sus ideas a causa de fallos insignificantes. Porque como decíamos al principio, León Denis era muy cuidadoso con las cosas que anotaba y decía, y este yerro no se puede, ni debe impugnar, más que al descuido de los editores posteriores.

Por ello, ¡qué el trabajo constante y bien dirigido nos guíe hoy y siempre!

Jesús Gutiérrez Lucas
19 de octubre de 2017

martes, 13 de marzo de 2018

Dios existe

Dios existe



Ante las dudas que todos los que se llaman a sí mismos “ateos” tienen acerca de la existencia de Dios, podemos aportar muchos argumentos a favor del “si”, aunque solo aquel que quiera creer  lo hará y no es nuestra misión intentar convencer a los que no lo desean.

En primer lugar hemos de aclarar un concepto sobre la naturaleza divina.

No hemos de preguntarnos ¿Quién es Dios? ¿por qué no es un ser físico, con un cuerpo material semejante al nuestro? sino ¿Qué es Dios?.

Y a la luz de las enseñanzas que los espíritus nos transmiten hemos de afirmar que Dios es “La inteligencia suprema,  causa primera de todas las cosas”

Esta causa eficiente primera, que no es causada por ninguna otra, a la que están subordinadas todas las demás, es nuestro padre celestial al que denominamos de diferentes formas según nuestras creencias o culturas pero que identificamos con un ser Supremo.

A este ser necesario, que no tiene la existencia recibida de otro, sino que existe por sí mismo, en virtud de su propia naturaleza, es al que todos llamamos Dios.

El hombre puede llegar al conocimiento de Dios de muchas maneras. Todas ellas responden tanto a la capacidad natural de la inteligencia humana de conocer su existencia, como a la Revelación divina que nos ofrece de Él un conocimiento sobrenatural.

“Este Ser –dice Newton- es eterno e infinito, existe desde la eternidad y durará por toda la eternidad”.
Una prueba más de que Dios existe la veo yo en la realidad espiritual del hombre.
El espíritu humano debe remontarnos a otra inteligencia superior que sea divina.
¿De dónde hubiera sacado el hombre el entendimiento de que está dotado? -dice Sócrates.
Sabemos que nuestro vehículo carnal procede de nuestros padres biológicos pero, ¿de dónde hemos tomado la razón, el espíritu, el juicio, el pensamiento, la prudencia y todo cuanto en nosotros es superior a la materia?

La vida espiritual que manda sobre nuestro cuerpo material nos dice a gritos que hay Dios. Porque esa vida espiritual procede de Él.

Tú podrás negar a Dios todo lo fuerte que quieras, pero al pensar en Él, al pronunciar su nombre, le estás reconociendo sin darte cuenta.

Si quieres otra prueba de que Dios existe fíjate en la armonía del Universo.

Hay movimiento, pero es un movimiento regular, uniforme, inteligente.

Hay belleza en el cielo azul, en la puesta del sol dorada,  en las praderas verdes, en la aurora rosada, en la mar hermosa y brava.

En este mundo en el cual tú y yo vivimos hay objetos y seres desprovistos de inteligencia, pero tienden,  a la realización de un fin concreto.

¿Te has preguntado alguna vez  quién controla la dirección del viento, quién orienta las olas del mar,  quién sostiene las bridas que guían sabiamente a la naturaleza? ¿Quién, podría hacerlo sino Dios?
La complejidad de nuestro planeta apunta a un Diseñador quien deliberadamente no sólo creó nuestro Universo sino que lo sustenta hasta hoy en día.

¿Por qué las leyes de la naturaleza  nunca cambian? ¿Tenéis una respuesta que no apunte hacia un Ser Supremo que lo controla todo? Porque yo desde luego no.

Después de todo esto, ¿todavía nos preguntamos si Dios existe? A mí no me queda ninguna duda de que sí.

 Mirando todos estos hechos, uno puede concluir que un amoroso Dios existe y puede ser conocido en una manera personal e íntima. ¿Estás tú dispuesto a descubrirlo?
Espero que así sea, porque esa necesidad de conocerlo y de amarlo que todos llevamos en lo más profundo de nuestro ser, es lo que le da sentido a nuestra vida.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

viernes, 9 de marzo de 2018

Espiritismos

Espiritismos




A todos nos influye la realidad sociocultural inherente al país donde nacimos, como lo hacen también los contenidos inconscientes que subyacen en los depósitos de nuestra personalidad profunda. Por esto, de una u otra forma, ya sea de una manera expresiva o moderada, podemos transferir argumentos y prácticas innecesarias o claramente perjudiciales, que (aunque estén aceptados por una gran mayoría), en realidad, a poco que las observemos a la luz de la razón, resultan totalmente ajenas a la filosofía espiritista... (No es desacertado reflexionar ante el hecho de que, con frecuencia, el Espiritismo más ampliamente divulgado/aceptado no tiene por qué ser el más acertado).

Por supuesto, todo lo dicho hasta ahora dependerá de factores como el estudio, la comprensión apropiada que de este sacamos o de cómo nos podemos dejar llevar por los movimientos egóticos de nuestro ser.

Teniendo en consideración lo dicho, debemos respetar de corazón la vivencia espírita propia de cada región (fruto de la natural singularidad humana), pero sin por esto tener la obligación de aceptar aquellas desviaciones o agregados que no forman parte del Espiritismo.

Cierto es que, a veces, se juzga de manera condescendiente e irónica el quehacer de los espíritas de otras latitudes (no siendo esto, precisamente, lo que defendemos en este texto, que es básicamente un alerta a los peligros de la falta de estudio y la vanidad).

En estos tiempos es más que habitual que los espíritas naveguen entre el misticismo residual (etapa que el Espiritismo vino precisamente a superar) de unos, y el cientifismo más personalista de otros, resultando en cualquier caso, en un remedo de Espiritismo en ocasiones muy equidistante de las fuentes originales.

Aquellos que viven un Espiritismo al modo de un catolicismo misticoide se equivocan, pero no menos que aquellos otros que, adscritos a movimientos de renovación (sic), apuestan por un Espiritismo sin Jesús...

Una cosa es el libre y natural 'modus operandi' de cada cual y otra muy distinta el reinventar una filosofía y propuesta superior que ya posee todo un cuerpo doctrinario, y hacerlo de dos maneras: a base de reciclar y añadir cuantos elementos nos gusten, o todo lo contrario; quitando o ignorando aquellos que no casan con nuestro entramado intelectual personal. Nunca existió un Espiritismo 'a retales' ni 'a la carta'...

La inercia cultural o la mal camuflada sed de reconocimiento/destaque intelectualoide crea mons-truos innecesarios... Fuimos invitados a despejar el camino de las ideas no para hacerlo más complicado.

Sólo el conocimiento y divulgación de una espiritualidad racionalista (como la que propugna el Espiritismo desde 1857), será escuchada y/o recibida por las mentes nuevas de la cultura contemporánea, ya alejadas de los dogmáticos religiosos y de los clichés esotéricos del pasado.

Juan Manuel Ruiz

martes, 6 de marzo de 2018

“Contemplad las aves del cielo”

“Contemplad las aves del cielo”




Hablar hoy de algo que es tan antagónico a la forma de vida en la que estamos inmersos casi todos, donde raro es el día en que un nuevo acontecimiento emerge y lo que es más sorprendente, ya no nos llama la atención, es traer un poco de “oxígeno” a nuestras mentes, que a veces pierden la ilusión y la esperanza del mañana, viendo y observando nuestro alrededor físico.

Es por ello que deseando despertar a aquellos que aun hoy, aunque sea por unos momentos, permanecemos influenciados por el entorno, nos acercamos a esta enseñanza de Jesús, que el capítulo XXV del Evangelio según el Espiritismo nos dice…”Mirad las aves del cielo; ellas no siembran, ni siegan, y ni amontonan nada en los graneros, más vuestro Padre celestial las alimentan; ¿no sois vosotros mucho más que ellas?  Mirad como crecen los lirios de los campos; ellos no trabajan ni hilan, y Dios tiene el cuidado de vestir de esta manera la hierba de los campos.  No os acongojéis diciendo: ¿Qué comeremos, o que beberemos, o con qué nos vestiremos?; porque vuestro Padre sabe que de ellas, tenéis necesidad. Buscad, pues, primeramente, el reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas os serán dadas por añadidura. Por eso, no os acongojéis por el día de mañana, porque el día de mañana cuidará de sí mismo. A cada día basta su mal.”

Este lenguaje íntimo que se dirige a todos los hombres, desde el más humilde hasta el más elevado, esta voz cuyos murmullos pueden turbar el brillo de las mayores glorias, nada tiene de material. Corrientes contrarias se agitan en nosotros.

Ahora bien, si no fuésemos más que materia, no conoceríamos esas luchas, esos combates, seguiríamos sin pesar  y sin remordimientos nuestras tendencias naturales.

En estos días el hombre común se satisface con los fenómenos fisiológicos y los placeres que distraen los sentidos, sin conseguir  beneficio alguno para sus sentimientos. Todas sus aspiraciones y sus planes se centran alrededor de las ganancias que le permitan alcanzar las metas de la sensualidad y del confort. Los apetitos, los deseos apasionados, chocan contra la razón y el sentimiento del deber.
El hombre común ve, oye y vive conforme le place. Ajusta los acontecimientos de acuerdo con sus intereses personales, intentando disfrutar y gozar siempre cuanto le sea posible. Pero su temperamento es inestable, porque está gobernado por la fuerza de la pasión egoísta.

Sin embargo el hombre lúcido entiende la finalidad para la cual ha sido creado. Ve, oye y vive ajustándose y obedeciendo las Leyes que rigen la Vida. Es estable, porque sabe que solamente le sucede  lo que es mejor para él. Cree y ama sin desconfianza, porque su vida es una vida fértil.
Mientras nos aferramos a los acontecimientos del ayer estamos perdiendo los bellos amaneceres que hoy comienzan y que se prolongarán indefinidamente, al tiempo que nuestra voluntad está frecuentemente en conflicto con nuestros instintos.

Así pues, débil o fuerte, ignorante o instruido, un espíritu vive en nosotros y gobierna este cuerpo que no es bajo su dirección más que un servidor, un simple instrumento. Este ser es libre y perfectible y por consiguiente responsable. Puede a su voluntad mejorarse, transformarse, aspirar al bien.
Nada hay,  por otra parte, más justo ni más conforme a la “Ley del Progreso” que esta ascensión, realizándose por medio de etapas innumerables durante las cuales nos vamos formando, distanciándose poco a poco de los instintos y rompiendo la coraza del egoísmo para despertar a la razón, al amor, a la libertad. Son las vías múltiples, los crisoles purificadores; a cada paso el espíritu sale de su envoltura más refinado y cuando la vencido las contingencias de la materia, entonces, libre de las atracciones terrestres vuela hacia otras regiones menos primitivas.

Todos estamos llamados a desenvolvernos siempre, considerando que nuestro planeta no representa más que una etapa en el camino sin fin. Porque quien ama y aspira a la felicidad no se detiene en el pasado, valiéndose de sus lecciones para crecer en el futuro.

Juan Miguel Fernández Muñoz
Asociación de Estudios Espíritas de Madrid


viernes, 2 de marzo de 2018

La vida espiritual en la erraticidad

La vida espiritual en la erraticidad




La Doctrina Espírita nos enseña que "desde el momento que se admite la existencia del alma y su individualidad después de la muerte, es menester también admitir: 1º que es de una naturaleza diferente del cuerpo, pues que una vez separada de éste no tiene ya sus propiedades; 2º que goza de la conciencia de sí misma, puesto que se le atribuyen la alegría o el sufrimiento; de otro modo sería un ser inerte."

Admitido esto, el alma va a alguna parte, "¿en qué se convierte y a dónde va?"
"Es un Espíritu errante que aspira a su nuevo destino, que espera."

A medida que los espíritus iban dictando sus enseñanzas, Allan Kardec, se vio en la necesidad de crear nuevas palabras o neologismos que pudieran definir sin confusión los nuevos conceptos recibidos.

Erraticidad determina el estado de los espíritus no encarnados. Es ell periodo de tiempo que va desde el momento de la desencarnación hasta una nueva encarnación. Al ser ésta un estado transitorio, la erraticidad es, en realidad, el estado normal de ellos. Puede durar desde algunas horas hasta algunos millares de siglos. No hay un límite asignado al estado errante, pero nunca es perpetuo. Esa duración es consecuencia del libre albedrío. Algunos Espíritus piden su prolongación para continuar estudios que sólo pueden hacerse con provecho en ese estado. En otros, que se obstinan en su rebeldía durante muy largos periodos de tiempo, puede  ser obligado.

León Denis, en el libro "Después de la muerte", nos la describe del siguiente modo:
"Se encuentran en la erraticidad multitudes inmensas, siempre en busca de un estado mejor, que se les escapa. Espíritus innumerables flotan en ellas, indecisos entre lo justo y lo injusto; la verdad y el error; la sombra y la luz. Otros quedan sumidos en el aislamiento, la oscuridad y la tristeza, o van implorando acá o allá un poco de benevolencia o de simpatía.

La ignorancia, el egoísmo, los defectos de todas suertes reinan aún en la erraticidad, y la materia ejerce siempre sobre tales espíritus su influencia. El bien y el mal se encuentran mezclados. Es la erraticidad como una especie de vestíbulo de los espacios luminosos, de los mundos mejores. Todos pasan por ella, todos moran en ella, aunque para elevarse más arriba."

Los Espíritus errantes, por tanto, no forman una categoría especial. Recordamos que la clasificación de la escala espírita está basada según el grado de adelanto, las cualidades adquiridas y las imperfecciones a despojarse, siendo tres los órdenes principales:

-Tercer orden. -Espíritus imperfectos
-Segundo orden. -Espíritus buenos.
-Primer Orden. -Espíritus puros.

Según la descripción de León Denis, en la erraticidad, reinan los defectos de todas clases, mezclándose el bien y el mal, por tanto, la erraticidad sólo es una condición en la que pueden encontrarse. Tampoco constituye un significado de inferioridad, ya que, en ese estado, pueden encontrarse de todos los órdenes, excepto del primero que al no tener que pasar por más encarnaciones, se encuentran en su estado definitivo.

¿Cómo se desarrolla la fase de entrada al mundo espiritual?

Son muchos quienes afirman no temer el hecho de morirse, pero sí al momento de la transición. Y es que ese camino lo hemos de recorrer todos, sin distinción de clase, razas o ideologías. Si observamos la calma de ciertas muertes y la agonía dolorosa de otras, podemos darnos cuenta que el momento del tránsito muestra diferentes sensaciones en cada caso.

Que la materia inerte es insensible es un hecho, por tanto, sólo el alma percibe las sensaciones de placer y dolor a través de su periespíritu, al que siempre va unida.

Esta envoltura fluídica semi-material, durante la vida corporal penetra en el cuerpo, en todas sus partes, transmitiendo así, todas las impresiones orgánicas del cuerpo físico al espíritu.

De estas aseveraciones podemos sacar como conclusión que el sufrimiento en el momento de la muerte depende de la fuerza de adherencia que une el cuerpo y el periespíritu, y esta fuerza unión depende del estado moral del alma.

El psiquiatra brasileño, Jorge Andrea dos Santos, en su libro "Psiquismo: Fuente de la Vida", nos narra:

"Desprendido del cuerpo físico, el periespíritu inicia un proceso que se conoce con la denominación de histogénesis periespiritual, que representa una reestructuración de su organización, ya que desligado de sus inserciones en la zona física, necesita adaptarse a la nueva dimensión a la que es elevado".

A medida que el periespíritu empieza a desprenderse del cuerpo físico, necesita reorganizar su estructura para adaptarse al nuevo medio, ya que sus propiedades, durante la unión al órgano material se han encontrado limitadas y ahora empiezan a intensificarse todas sus percepciones.

André Luiz, en "Evolución en dos Mundos", explica que: dicha histogénesis periespiritual se realiza mediante la segregación de sustancias mentales que bajo el influjo de impulsos renovadores, el alma que desencarna, una vez finalizado el proceso histolitico de las células que integraban su vehículo biológico, y fortificado el campo mental que se enmarañara con su nuevo estado, logra liberarse, mecánicamente, de los órgano físicos.

A través del pensamiento y la voluntad, el espíritu va a ir reforzando su campo mental a medida que va tomando conciencia de su nuevo estado, y una vez finalizado el proceso de descomposición del cuerpo físico logrará desligarse de la materia orgánica, a la que ha estado ligado durante la encarnación.

¿Cómo empieza la vida espiritual tras la muerte del cuerpo? ¿Es igual para todos los encarnados?
En el ser primitivo, salvaje, cruel habitante todavía de la selva, que va desarrollando su inteligencia a través de la fuerza, la astucia, la dominación de los seres inferiores de su entorno, despierta en el mundo espiritual horrorizado por lo desconocido, manteniéndose cerca de los suyos, uniéndose con ellos, de tal forma que su único deseo es volver a la vida física. Esta incesante idea de renacer en la tribu, en su propia choza, constituyen su única aspiración, convirtiéndose en una idea, reversible solamente con una nueva encarnación.

En el ser más evolucionado, recapitula durante minutos o largas horas, durante el coma o en la cadaverización del órgano físico, todos los hechos de su propia vida, imprimiendo magnéticamente a las células que se desdoblarán en el cuerpo espiritual, todas las instrucciones a que estarán sujetas en el nuevo medio en el que van a ingresar.

Tras un periodo de ensoñación, o turbación, que puede ser más o menos largo, comienza a acceder al análisis de sus experiencias, encontrando en sí mismo los resultados conseguidos o desaprovechados, accediendo de esa forma a las consecuencias de la ley de causa y efecto.

"Así, el Espíritu errante es feliz o infeliz; según el buen o mal empleo que hizo de su última existencia. Él estudia las causas que apresuraron o retardaron su adelanto; toma las resoluciones que procurará poner en práctica en su próxima encarnación y escoge, él mismo, las pruebas que cree más apropiadas para su evolución; pero en algunas ocasiones se equivoca o sucumbe, porque no mantiene, como hombre, las resoluciones que había tomado como Espíritu".

Testimonios del libro "El Cielo y el Infierno"

Varios testimonios de esta diversidad de circunstancias las podemos encontrar en la Segunda parte del libro "El Cielo y el Infierno", desde el cap. II hasta el cap. VIII.

-Espíritus felices. Samuel Philipe:

Samuel Philipe era un hombre de bien en toda la acepción de la palabra. Nadie recordaba haberle visto cometer una mala acción, ni haber hecho voluntariamente perjuicio a quien quiera que fuese.
Ante la pregunta: "¿Tenéis un recuerdo claro de vuestros últimos instantes en la Tierra?"
Responde: "Perfectamente. Este recuerdo me ha venido poco a poco, porque en aquel momento mis ideas estaban todavía confundidas.

Aunque sufrí cruelmente en mi última enfermedad, no tuve agonía. La muerte llegó como un sueño, sin luchas ni sacudidas. No teniendo miedo al porvenir, no me aferré a la vida, y por consiguiente, no tuve necesidad de luchar para romper los últimos lazos. La separación se verificó sin esfuerzos, sin dolor y sin que me diese cuenta de ello. Ignoro cuánto duró este último sueño. Pero ha sido corto. El despertar ha sido de una calma que contrastaba con mi estado precedente. No sentía dolor y. me regocijaba de ello. Quería levantarme y marchar, pero un entorpecimiento que no era nada desagradable y que hasta tenía cierto encanto, me retenía, y yo me abandonaba a él con una especie de deleite sin darme ninguna cuenta de mi situación, y sin pensar que había dejado la Tierra. Lo que me rodeaba me parecía como un sueño....

....Lo que me aclaró la realidad fue que me vi rodeado de muchas personas que apreciaba, muertas desde mucho tiempo, y otras que no reconocí al pronto, y que parecía que me velaban y esperaban que despertase. Este estado tuvo instantes de lucidez y de somnolencia, durante los cuales recobraba y perdía alternativamente la conciencia de mi yo. Poco a poco mis ideas adquirieron más claridad. La luz, que no entreveía sino a través de una niebla, se hizo más brillante. Entonces comencé a reconocerme y comprendí que no pertenecía al mundo terrestre. Si no hubiera conocido el Espiritismo, la ilusión se hubiera, sin duda, prolongado mucho tiempo más."

- Espíritus de mediana condición. José Bré.

"Expío mi falta de fe. Sufro, no como podrías entenderlo, sino por el sentimiento que tengo de no haber empleado bien mi tiempo en la Tierra.

Entre vosotros se tiene a un hombre como honrado cuando respeta las leyes de su país, cuando no hace mal a su prójimo, quitándole ostensiblemente lo suyo Pero le quita a menudo sin ningún reparo su honor y su dicha, desde el momento en que el código o la opinión pública no pueden alcanzar al culpable hipócrita.

No basta para ser honrado ante Dios dejar de infringir las leyes de los hombres. Es preciso ante todo no haber quebrantado las leyes divinas.

He faltado a muchas de esas condiciones, lo confieso sin avergonzarme. He sufrido bastante por eso cuando lo he reconocido."

- Espíritus sufrientes. Novel

Mi espíritu, retenido en mi cuerpo por lazos materiales, tuvo gran trabajo en desprenderse de aquél, lo cual fue una primera ruda agonía. La vida que dejé a los veinticuatro años era todavía tan fuerte en mí, que no creía en su pérdida.

Buscaba mi cuerpo, y estaba sorprendido y espantado de verme perdido en medio de esta multitud de sombras. En fin, la conciencia de mi estado y la revelación de las faltas que había cometido en todas mis encarnaciones se me presentaron de repente. Una luz implacable iluminó los más secretos pliegues de mi alma, que se sintió desnuda, y después sobrecogida por una vergüenza abrumadora. Trataba de escaparme de ella, interesándome en los objetos nuevos, aunque conocidos, que me rodeaban. Los espíritus radiantes, flotando en el éter, me daban la idea de una dicha a la que no podía aspirar. Formas sombrías y desoladas, las más sumergidas en una triste desesperación, las otras irónicas o furiosas, se deslizaban a mi alrededor y sobre la Tierra, a la cual permanecía adherido.

Arrastrado como por una fuerza irresistible, procurando huir de este dolor encarnizado, salvaba las distancias, los elementos, los obstáculos materiales, sin que las hermosuras de la Naturaleza ni los esplendores celestes pudiesen calmar un instante la amargura de mi conciencia, ni el espanto que me causaba la revelación de la eternidad".

- Espíritus suicidas. Francisco Simón Louvet.
(Esta comunicación fue dada espontáneamente)

“¡Tened piedad de un pobre miserable que sufre hace mucho tiempo los más crueles tormentos! ¡Oh! ¡El vacío..., el espacio..., caigo, caigo, socorro!.... ¡Dios mío, tuve una vida tan miserable!... Era un pobre diablo, sufrí a menudo el hambre en mi vejez, por esto me entregaba a la bebida y me avergonzaba y disgustaba de todo... He querido morir, y me he arrojado... ¡Oh! Dios mío, ¡qué momento!... ¿Por qué, pues, tener deseo de acabar cuando estaba tan cerca del término? ¡Rogad! Para que no vea siempre este vacío debajo de mí... ¡Voy a destrozarme contra estas piedras!..."
La falta de valor, le llevó a sucumbir ante la prueba de pobreza, descendiendo a los niveles de la desesperación. Sin ser un alma adelantada tiene conciencia de la vida futura y pide por su término.
Dentro de esta categoría hay una amplia gama de circunstancias que llevaron al suicidio, cada una de ellas,  tiene consecuencias diversas, teniendo en cuenta el grado de conocimiento y el motivo que les llevó a su realización.

- Criminales arrepentidos.

De las varias comunicaciones recibidas en este apartado, se desprende que el arrepentimiento no es suficiente para eximir de la responsabilidad de los actos. Es el primer paso hacia la rehabilitación, el preludio del perdón y de disminución de los sufrimientos. Pero es precisa la expiación y sobre todo la reparación.
Cuanto más tardío es el arrepentimiento, la pena es más larga. Casi siempre de tipo material, en los casos que están más materializados, ya que es necesario que afecte a sus sentidos, mientras en los otros suele ser de tipo moral, ya que han llegado al grado exigido para comprenderlas.

- Espíritus endurecidos.

Están, después de la muerte, entregados a una duda cruel sobre su destino presente y futuro. Miran a su alrededor, no ven al principio ningún objeto sobre el que puedan ejercer sus fechorías, y la desesperación se apodera de ellos, porque el aislamiento y la inacción son insoportables para este tipo de espíritus: La perspectiva de lo infinito hace su posición intolerable, y sin embargo, no tienen fuerza ni voluntad para salir de ella. Éstos son aquellos que en la reencarnación llevan esas existencias ociosas, inútiles para sí mismos y para los otros, y que a menudo acaban por suicidarse, sin motivos serios. Consideran lo que les rodea, e impresionados al instante por el abatimiento de los espíritus débiles y castigados, se adhieren a ellos como a una presa y les recuerdan sus pasadas faltas, que ponen sin cesar en acción por sus gestos irrisorios. No bastándoles esta burla, se sumergen en la Tierra como buitres hambrientos, buscan entre los hombres el alma más accesible a sus tentaciones, se apoderan de ella, exaltan su concupiscencia, procuran apagar su fe en Dios y cuando, al fin, dueños de su conciencia, consideran su presa asegurada, extienden sobre todo lo que rodea a su víctima el fatal contagio.

Estos espíritus son, en general, más difíciles de conducir al bien que los que son francamente malos, porque en estos últimos hay energía. Una vez instruidos, son tan ardientes para el bien como lo han sido para el mal. Los otros tendrán sin duda que pasar por muchas existencias, para progresar sensiblemente. Pero poco a poco, vencidos por el fastidio, como otros por el sufrimiento, buscarán una distracción en una ocupación cualquiera que más tarde será para ellos una necesidad.


¿El Espíritu progresa en la erraticidad?  

Puede mejorar mucho, siempre según su voluntad y su deseo. No obstante, en la existencia corporal es donde pone en práctica las nuevas ideas que ha adquirido.

Estudian su pasado y buscan los medios de elevarse. Ven, observan lo que sucede en los lugares que recorren. Escuchan los discursos de los hombres instruidos y los consejos de los Espíritus más elevados que ellos, lo cual les brinda ideas que no tenían.

En la literatura espírita encontramos diversas narraciones de estudio y progreso.

Aquí hay algunos extractos:

Sir Arthur Conan Doyle en Historia del Espiritismo (cap. XXV) hace referencia  al testimonio del espíritu  Lester Colman a Lilian Walbrook, que indica "Después de mi fallecimiento estuve indeciso durante algún tiempo respecto a si mi trabajo sería la música, o la ciencia. Tras pensarlo mucho, decidí que la música fuese mi entretenimiento, y mi ocupación la ciencia en todas sus ramas" Y continúa... "—Para progresar En mis estudios, visito frecuentemente un laboratorio, donde encuentro facilidades tan completas como extraordinarias para llevar a cabo los experimentos".

En "Volví", el Hermano Jacobo, a través de la psicografía de Chico Xavier, nos ofrece diversas explicaciones del progreso moral e intelectual:

En el capítulo XIV en "La palabra de un gran benefactor" encontramos la siguiente narración: "el admirable científico declaró que, no obstante hallarse desencarnado, continuaba trabajando sin descanso al frente de los peligros que amenazan la actualidad terrestre. Sumergido en los estudios y realizaciones de la Física en el plano espiritual..."

Y en el Cap. XIX "Sorpresa Sublime": "Siempre que los intervalos naturales de los estudios y de las tareas del instituto iluminativo me favorecían, me dirigía inmediatamente a las zonas de los espíritus desviados, ejercitando mi capacidad de soportar..."

Éstos son dos ejemplos de oportunidades de aprendizaje intelectual y moral.


¿Dónde se realizan estas actividades?

Juan, apóstol de Jesús, en su evangelio nos transcribió estas palabras del Maestro:
"En la casa de mi padre hay muchas moradas. Si así no fuera, os lo hubiera dicho. Voy a prepararos un lugar. - Y cuando me fuere, y os hubiera preparado un lugar, volveré  otra vez, y os tomaré conmigo, para que, donde yo estoy, estéis también vosotros" (Juan cap. XIV vs.1, 2, 3).

Con estas palabras, Jesús, nos indica que la Casa del Padre es el Universo; las diferentes moradas son los mundos que circulan en el espacio infinito, que ofrecen a los espíritus encarnados estancias apropiadas a su adelantamiento, y así también puede entenderse de los lugares a los que el alma desencarnada se dirige, aún cuando no estén circunscriptas ni localizadas.

A través del ítem 234 de "El Libro de los Espíritus", estos nos confirman:
"- Sí, mundos hay dedicados en particular a los seres errantes y en los cuales pueden éstos residir en forma temporaria; especie de vivaques o campamentos donde puedan reposar en una prolongada erraticidad..."

El eminente científico, teólogo, filósofo y médium Emanuel Swedenborg (1688-1772), miembro de la Real Academia de las Ciencias de Suecia, a través de su visiones encontró que el otro mundo consistía en un número de diferentes esferas que representaban varios grados de y felicidad a los cuales vamos después de la muerte.

Así otros muchos Espíritus que se han comunicado, han afirmado que el plano inmediato a la residencia de los hombres, está subdividido en varias "esferas".

André Luiz aclara que estas "esferas" espirituales se distinguen por distintas vibraciones, más densas a medida que están más cerca del núcleo de la Tierra. Cuanto más cercanas están más, materializados están los espíritus que las conforman. Existen en un mismo plano horizontal o en el mismo nivel, del mismo modo que nuestras ciudades no están unas encimas de otras. Lo que varía es el tipo de vida de cada núcleo.

Según "ese tipo de vida" "....en el espacio hay grupos o familias que se unen por el afecto, por la simpatía y por la semejanza de sus inclinaciones...". Estableciéndose entre ellos una jerarquía cuya autoridad está basada en la ascendencia moral. Entre los espíritus superiores, es natural y benéfica. Respeta el libre albedrío de cada uno. Sin embargo, en las relaciones de los espíritus inferiores utilizan la inteligencia o el poder para subyugar a otros espíritus, estén encarnados o no.

Ana Mª Sobrino
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

Bibliografía: 
El Libro de los Espíritus; El Libro de los Médiums; El Espiritismo en su más simple expresión; Después de la Muerte; Psiquismo: Fuente de Vida; Evolución en dos Mundos; El Cielo y el Infierno; Historia del Espiritismo; Volví; El Evangelio según el Espiritismo.