martes, 30 de agosto de 2016

Leyes morales y mediumnidad



La mediumnidad es un fenómeno natural que nos acompaña desde el inicio de la humanidad, prueba de ello es que la creencia en los espíritus y la vida después de la muerte se han encontrado prácticamente en todas las culturas. Fue con la llegada del Espiritismo de Allan Kardec, y en particular de la publicación de su tratado "El Libro de los Médiums", cuando se desveló y desmitificó la comunicabilidad con los espíritus, poniendo este conocimiento al alcance de todo el mundo.
Estudiando "El Libro de los Médiums" podemos entender que si bien todos somos médiums de alguna forma, normalmente de inspiración, la facultad de mediumnidad ostensible, menos común, es una característica puramente fisiológica que "depende del organismo; es independiente de la moral." (1), puesto que es encontrada en personas de muy diversos tipos, caracteres y formas de ser.

A pesar de que la moral del médium no tiene efecto sobre la facultad fisiológica de la mediumnidad, es el aspecto más importante para su práctica pues determina con precisión el tipo de comunicaciones que se le van a permitir realizar, livianas, serias o incluso mistificaciones (engañando al médium), en virtud de la aplicación de los principios de afinidad y sintonía. Podemos decir que la moral del médium, cuando sea elevada, será la llave que de acceso a la comunicación con los buenos espíritus, su sabiduría y amor universal. Por el contrario, cuando la moral del médium sea inferior, o sintonice con conciencias inferiores, entregará entonces en bandeja la llave de su psiquismo al plano espiritual más próximo a su condición, quedando desprotegido frente a posibles influencias psíquicas inferiores que podrán adueñarse de su psiquismo mediante la obsesión.

La moral

Etimológicamente el término moral viene del latín "moralis", que significa costumbre. La moral de los hombres va ligada a sus costumbres y creencias que establecen los actos permitidos en su sociedad y que conforman sus leyes temporarias. Tenemos por tanto una moral temporal para cada conjunto de creencias, social, religiosa e individual, quedando únicamente fuera del tiempo y de las creencias, la Moral Universal o Divina basada en las Leyes Universales.

Siendo la mediumnidad un fenómeno completamente natural únicamente va a verse influenciado por leyes naturales y por tanto solo por la Moral Divina asociada al cumplimiento o no de las Leyes Universales. La moral de los hombres tendrá mayor o menor influencia sobre la mediumnidad en la medida en que se asemeje a la moral divina. Por tanto todo desarrollo de la mediumnidad deberá ser precedido antes por una apropiada educación de la moralidad según las leyes universales.

Educación moral

Hablamos en términos de educación y no únicamente de desarrollo para incidir en la importancia del esfuerzo voluntario que necesita la sublime tarea de superarse a sí mismo. Educar implica estudiar, esforzarse y practicar lo aprendido. El examen será la vida y los resultados no se harán esperar porque todos cosechamos continuamente los frutos de aquello que anteriormente sembramos.
El estudio necesario para la educación moral puede resumirse en tres grupos: estudio de las leyes universales a través de la ciencia, a través de la filosofía y a través de las consecuencias morales que conlleva su práctica.

a) Estudiar ciencia y en particular la ciencia espírita nos acercará al conocimiento de las Leyes Universales más próximas al plano físico. El libro "La Génesis" de Allan Kardec nos abre la puerta de la ciencia espírita y junto a "El Libro de los Médiums" son compendios básicos para todo trabajador de la mediumnidad que quiera entender la fenomenología mediúmnica.

b) Estudiar la parte moral del Espiritismo a través de las palabras de Jesús explicadas por los espíritus superiores en el libro "Evangelio según el Espiritismo" de Allan Kardec. Jesús normalmente hablaba con metáforas que encerraban verdades universales independientes de toda época de forma que hoy son igualmente actuales, pero para alcanzar su comprensión es necesario abordarlas desde una perspectiva espiritual con conocimientos espirituales.

c) Estudiar filosofía espírita principalmente a través del estudio de "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec nos acercará al conocimiento de las Leyes Universales aplicadas más allá de la física, llevándonos conceptualmente a planos superiores del conocimiento transcendiendo el tiempo, la vida, la materia aproximándonos al mundo espiritual desde donde los seres inmortales nos contemplan y a donde nosotros mismos pertenecemos.

Todo el saber espírita recogido en su filosofía y ciencia tiene claras consecuencias morales en base al cumplimiento o no de las Leyes Universales y su comprensión impulsa a la transformación de las personas, despertando en primer lugar necesidades semimorales y posteriormente completamente morales.

Según "La Génesis" podemos distinguir tres grupos de personas en función del carácter moral de sus necesidades. En las primeras etapas de nuestra evolución despertamos a la "conciencia de sí" únicamente con necesidades materiales. Conforme progresamos moralmente pasamos a otra etapa donde van apareciendo y desarrollándose nuevas necesidades semimorales y finalmente emprenderemos una tercera etapa, donde únicamente tendremos necesidades morales.
Comprendemos fácilmente la inconveniencia de la práctica de la mediumnidad para todos aquellos que mediante un autoanálisis se consideren dentro del primer grupo.

Por otro lado, los miembros del tercer grupo, que por sus méritos morales han abandonado toda necesidad material, han llegado a la recta final de su estancia como encarnados en la Tierra y posiblemente solo permanecerán en ella únicamente mientras dure su misión.

Centrémonos por tanto en el prometedor trabajador espiritual que habiendo conquistado ciertos avances morales despierta una nueva concepción de la vida en sí mismo y se pone al servicio de los demás a través de la mediumnidad salvadora. En este grupo vamos a distinguir tres etapas relativas al trabajo mediúmnico:

1º- Etapa de trabajo de donación fluídica y vibración, dentro de un grupo bien formado, en trabajos de atención a espíritus sufrientes, considerando que a la vez que auxilia es auxiliado mediante experiencias ejemplificadoras de máxima utilidad para su desarrollo moral. En esta etapa descubre la gran ayuda que resulta de la lectura y comprensión, diarias, de las palabras de Jesús, del Espíritu de Verdad y de los buenos espíritus en el "Evangelio según el Espiritismo", y de la importancia de trabajarnos la afinidad y sintonía con los buenos espíritus. Afinidad en el día a día a través de tener buenos pensamientos, buenos sentimientos, lecturas edificantes, controlando nuestras emociones y mejorando nuestros defectos morales que nos separan de ellos. Y sintonía como ejercicio mediúmnico, ayudados por la oración sincera, a través de la cual nos conectamos con ellos periespíritu a periespíritu recibiendo sus inspiraciones que nos sirven de guía fiel.

2ª- Etapa de trabajo en grupo mediúmnico preparado para atención de espíritus endurecidos. Este tipo de espíritus es muy variado, pero generalmente, sin estar inclinados completamente al mal no hacen tampoco ningún bien por nadie. No tienen ninguna motivación por mejorarse porque no tienen ninguna fuerza moral que les impulse a empezar el camino de reforma moral que necesitan. Su sufrimiento les ayuda a intuir que no están haciéndose ningún bien a sí mismos en la posición y actitud en que se encuentran pero además de no ver posible salida, temen más al futuro incierto ante cualquier cambio que permanecer en su estado por tiempo indefinido. Se ven desprovistos de cualquier posibilidad de ayuda y no confían en nada ni en nadie.

La atención a este tipo de espíritus requerirá más vigilancia, autodominio de sí y pureza de sentimientos que el ciclo anterior. Vigilancia para no caer bajo los ataques de conciencias arraigadas en el mal que quieran retrasar nuestro trabajo en el Bien. Autodominio de sí mismo para vencer las imperfecciones y ser ejemplo vivo de lo que decimos en la mesa mediúmnica. Es común que un espíritu endurecido en fase de tratamiento acompañe durante unos días a los participantes de la mesa mediúmnica para observarlos y concluir si son de confianza y plenamente sinceros con lo que le dicen en la reunión. La confianza la ponen muy cara pero es requisito indispensable para todo trabajo posterior. Y finalmente pureza de sentimientos como única forma de generar los fluidos espirituales necesarios para que, proyectados por impulso de la voluntad durante las reuniones mediúmnicas, penetren en las capas endurecidas del periespíritu del espíritu ayudado, le remuevan por dentro, le conmuevan y le ayuden a transformarse.

3ª- Etapa de trabajo en grupo mediúmnico preparado para atención de espíritus obsesores. La atención a espíritus obsesores requiere la máxima preparación del grupo en los aspectos doctrinarios y morales, alcanzando elevados niveles vigilancia y autocontrol de uno mismo, sublimación de sentimientos por el prójimo siguiendo el Evangelio de Jesús y plena sintonía con los buenos espíritus a través del desarrollo de toda virtud elevada, renuncia, paciencia, templanza, gratitud, caridad, humildad y Fe.

Leyes morales, emociones y centros de fuerza

Profundizar en el desarrollo moral de la persona y en particular del médium, implica profundizar en el conjunto de leyes morales que nos enseña "El Libro de los Espíritus", su relación con los instintos, necesidades básicas, emociones, sentimientos y su correspondencia con los centros de fuerza sutiles que gobernando el cuerpo psicosomático influyen en nuestro psiquismo.

1º- En el primer nivel tenemos la Ley de Destrucción, la Ley de Reproducción y la necesidad básica de supervivencia (instinto de supervivencia), del individuo y de la especie. Varias emociones básicas trabajan en este nivel como son el miedo y la ira, principalmente como respuestas naturales a peligros reales o imaginarios. El centro de fuerza relacionado con este nivel es el centro genésico, responsable, por tanto, de la voluntad de vivir y de afirmar su capacidad delante de las tribulaciones naturales de la vida. Es el centro preponderante en la conciencia del hombre primitivo.
Los desequilibrios principales del centro genésico son debidos a excesos y adicciones que pongan en peligro nuestra vida, conflictos que nos lleven a vivir con miedo e ira, o por lo contrario pensamientos que nos lleven a no querer vivir. Todo apego que integremos como necesidad básica será fuente de sufrimiento, estrés (miedo e ira) y en ocasiones incluso enfermedad.
El equilibrio del centro de fuerza genésico impondrá la necesidad al médium de llevar una vida sencilla y sin apegos materiales, alejada de excentricidades, reduciendo las necesidades básicas poniendo más la mirada en el bienestar de los demás que en el de uno mismo.

En la reunión mediúmnica este centro de fuerza proveerá de fluidos vitales esenciales para el tratamiento de las capas periespirituales más densas de espíritus sufrientes, como por ejemplo los suicidas, los cuales dañaron físicamente su periespíritu mediante en el acto desgraciado de quitarse la vida.

Este centro de fuerza, en estado de congestión o sobreexcitación, "irá a generar la temeridad, en la cual el individuo no siente miedo de nada"(2), siendo víctima fácil de vicios y pasiones que le pondrán en sintonía con la espiritualidad inferior que intentará aprovecharse de él y de sus fluidos vitales.

La inhibición o bloqueo del centro genésico será síntoma de grave inseguridad ante la vida, "miedo de todo y de todos"(2), y dependencia psicológica en relación a la aprobación de otros, siendo una puerta abierta a influencias obsesivas externas que le inhabilitarán para el trabajo mediúmnico, como ocurre igualmente en el estado congestivo.

2º-En el segundo nivel tenemos la Ley de Conservación y la necesidad básica de protección y conservación (instinto de conservación) del individuo, de la familia, su sociedad, etc. La emoción natural es la preocupación que vela por nuestra seguridad, y que moviliza a la inteligencia hacia la Ley de Trabajo para el bien común de todos. El derecho al placer surge en este nivel como recompensa al trabajo realizado. El centro de fuerza relacionado con este nivel es el centro gástrico.
El egoísmo, que tiene también su origen en instinto de conservación según "Obras Póstumas"(3), junto al deseo y a la pereza son los principales factores de desequilibrio de este centro de fuerza. El centro gástrico es preponderante en la conciencia del hombre común.

En estado de congestión tendremos como consecuencia el apego al placer y sensualismo, perjudicando la salud y desperdiciando energías sutiles que podrían ser utilizadas en cometidos más elevados, como es la práctica mediúmnica y la donación de fluidos vitales en este caso.

Cuando está inhibido por la hipoactividad, "puede generar una disminución, o abolición completa, del propio placer de vivir"(2) y tendencia al estado depresivo. En este estado será incapaz de donar nada y tenderá a robar la energía de su entorno puesto que no es capaz de generarla por sí mismo. Por su estado mental asociado sintonizará por el pensamiento con los espíritus inferiores y estará expuesto a posibles problemas con la obsesión. Ambos estados inhabilitan a todo médium para la práctica mediúmnica.

3º-En el tercer nivel tenemos la Ley de Progreso (instinto de progreso) y la necesidad básica de reconocimiento y bienestar en la interrelación con los demás, la sociedad y con uno mismo (autoestima). Las emociones básicas relacionadas son la alegría y la tristeza fruto de las victorias y derrotas que nos trae el progreso. El centro relacionado con este nivel es el centro esplénico.

El mayor escollo para el desarrollo de este centro es el orgullo que nos lleva a sobrevalorarnos por encima de los demás alejándonos de la gran Ley de Unidad que rige la Creación. El orgullo deja al hombre sólo frente a las consecuencias de la Ley de Acción y Reacción como mecanismo necesario de reajuste.

En el tercer nivel de la conciencia tenemos el autoamor que despierta en nosotros la sensación de poder y libertad para llevar a cabo todo lo que nos propongamos, ayudados de la Providencia Divina que siempre nos provee de todo lo que realmente necesitamos en el momento justo en que lo necesitamos. El centro esplénico es preponderante en la conciencia del hombre emprendedor.

Cuando la mediumnidad despierta el orgullo se agita y una gran dosis de humildad es necesaria para admitir que solamente se es un intermediario, un servidor al servicio de la espiritualidad superior.
Este centro, cuando está congestionado alimenta el orgullo de energías estancadas que aíslan a la persona de la realidad mostrándose superior, dominante y prepotente, idealizando su inteligencia y capacidad por encima de los demás y de sus derechos.

Cuando este centro se encuentra inhibido, no es raro ver caer al orgulloso en el agujero de la negatividad, sensación de incapacidad, impotencia y de falta de autoestima, porque todo orgullo encierra en su interior un grave complejo de inferioridad e inseguridad psicológica del que intenta huir y ocultar.

En este estado el médium está completamente expuesto al peligro de la fascinación por mediación de la estimulación de su orgullo. En estado de inhibición es presa fácil al halago que alimenta y sobreexcita el orgullo llevando a este centro a la congestión donde la fascinación quedará fuertemente arraigada y aislada de toda ayuda exterior.

4º-En el cuarto nivel tenemos la primera parte de la Ley de Amor, Justicia y Caridad, el amor y la necesidad de amar y ser amado. Es la puerta que separa el reino de las emociones básicas del de los sentimientos elevados. El centro de fuerza relacionado es el cardíaco.

Si bien el mayor escollo de este centro es el odio, con consecuencias gravísimas a nivel energético y para el desarrollo de la conciencia superior, el factor más frecuente y preocupante es justamente la falta de desarrollo del sentimiento del Amor que mucha veces termina en el estado de endurecimiento del corazón, que al desencarnar generará grandes sufrimientos en el individuo, pasando a recibir la calificación de "espíritu endurecido".

El centro cardíaco y superiores se corresponden con niveles que hay que trabajar y desarrollar, no sólo equilibrar. El equilibrio del centro cardíaco lo habilita para amar pero solo su desarrollo le permitirá florecer y dar fruto. Solamente sustentando en el autoamor del  centro esplénico, el amor brotará incondicional y altruistamente hacia los demás. El centro cardíaco es   preponderante en la conciencia del hombre de bien.

El desarrollo de la capacidad de amar es una de las principales pruebas de la humanidad en su actual estado evolutivo y en particular de todo médium. Para el médium, todo trabajo mediúmnico serio será una oportunidad de desarrollo de los sentimientos de amor, compasión y empatía como preciosos instrumentos de ayuda y autoayuda.

En estado de inhibición de este centro "tenemos la indiferencia, en la cual el individuo tiene una actitud egoista"(4). No seremos capaces de amar y nos embargará la indiferencia, potenciando el orgullo y egoísmo, desarmonizando los centros inferiores generando poco a poco el endurecimiento del corazón empeorando cada vez más la situación. Negándonos a dar amor terminaremos por dejar de recibirlo, entrando así en el mecanismo de reparación de este conflicto mediante el sufrimiento emocional y psicológico.

En estado de congestión llevaremos el apego, característico del centro gástrico, hasta nuestro corazón en el centro cardíaco, esclavizándonos con el amor posesivo que fomentará los celos, la envidia, etc. impidiéndonos vivir nuestra vida libremente. Recordemos que Jesús nos dijo: "donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón" (5).

Ambos cuadros, congestión e inhibición serán condiciones que desarmonizarán el resto de centros inferiores incapacitándonos para el trabajo mediúmnico y poniéndonos en grave peligro de obsesión.

5º-En el quinto nivel tenemos la segunda parte de la Ley de Amor, Justicia y Caridad, la caridad, la compasión y la necesidad de expresar, enseñar, comunicar y crear. El centro de fuerza relacionado es el laríngeo.

Este centro se desarmoniza con la mentira y la manipulación verbal en lo relativo a la comunicación y con la excentricidad inarmónica que sobrexcite la imaginación, en lo relativo a la creatividad.
Para el médium es indispensable equilibrar este centro adquiriendo y transmitiendo conocimientos superiores, predicando con el ejemplo y siendo coherente con lo que se hace, se dice y se piensa. No solo hay que desarrollar amor por los demás sino que además hay que expresarlo, mantenerlo y demostrarlo mediante la caridad. Para todo ello es necesario indagar en el autoconocimiento.

La práctica de la caridad desde el centro laríngeo es la puerta a estados de conciencia superiores una vez que hemos purificado suficientemente los sentimientos mediante el estudio y examen de conciencia diario. Este centro es preponderante en la conciencia del hombre caritativo.

Este centro se congestiona cuando abusamos del conocimiento con el fin de adquirir poder sobre los demás, manipulando, imponiéndonos de alguna manera o influyendo en su voluntad. Estas actitudes obviamente influyen en el orgullo desequilibrando también el centro esplénico y en menor medida el gástrico.

El médium que busca el conocimiento espiritual pero que sigue viviendo una vida materialista no puede tener muy desarrollado este centro por la ausencia de esfuerzo y voluntad de cambio. Según nos dice "El Libro de los Espíritus": "El mérito es proporcional al esfuerzo". Son los que se llaman médiums improductivos.

6º-En el sexto nivel tenemos la tercera parte de la Ley de Amor, Justicia y Caridad, la Justicia y la necesidad de alcanzar la sabiduría y conocimiento superior de la creación y las Leyes Universales. El centro de fuerza relacionado es el centro cerebral.

Este centro se desarmoniza principalmente cuando utilizamos la inteligencia para la práctica del mal y con fines egoístas. Por el contrario, cuando está equilibrado es el centro de la inspiración y la intuición como auxiliares para alcanzar el conocimiento superior sintonizando con los buenos espíritus. Este centro es preponderante en el hombre justo y sabio.

Considerando que todos en menor o mayor medida somos médiums de inspiración, todos tenemos acceso al auxilio espiritual en función de nuestros méritos morales y sintonía.

Este centro desarmonizado alimenta lo que podemos llamar orgullo espiritual, que nos lleva a creernos más espirituales que los demás. "Congestionado en la hiperactividad, tenemos el misticismo, en el cual el individuo cree que está todo el tiempo siendo orientado por seres espirituales superiores, que direccionan su vida"(4), a creernos "enviados" con grandes misiones espirituales o a pensar que todo el tiempo estámos siendo orientados por seres espirituales superiores, lo cual es una gran puerta hacia la fascinación.

Por el contrario, en estado de inhibición tendremos desprecio por las intuiciones e inspiraciones superiores que podamos tener viendo la vida desde una óptica materialista y negando incluso las verdades espirituales. Por otro lado quedaremos al alcance de inspiraciones e intuiciones inferiores que poco a poco podrán ganar terreno en nuestro psiquismo con gravísimas consecuencias.

7º-En el séptimo nivel tenemos la Ley de Adoración (instinto de adoración) y la necesidad de autorrealización, de trascender más allá de uno mismo y sentirse integrado dentro de la gran Ley de Unidad que rige la Creación. El centro de fuerza relacionado es el centro coronario.

Este centro se desarmoniza congestionándose por "el abuso de las funciones psíquicas" "...en el cual el individuo utiliza sus potenciales mediúmnicos para hacer el mal a otras personas y adquirir provecho propio"(4).

Para el médium esto significa que no debe practicar la mediumnidad con fines interesados ni mucho menos utilizar su facultad para ganar influencia o seguidores para satisfacer el orgullo.

Otra desarmonía común de este centro es su inhibición a través de la negación de la mediumnidad "cuando la persona percibe que trae los potenciales mediúmnicos, pero, por miedo de buscar lo transcendente, por el desconocimiento de lo que irá a encontrar, bloquea las funciones psíquicas del centro coronario."(4)

También inhibimos este centro cuando, aunque no negamos la mediumnidad, carecemos de renuncia y entrega necesarias para el trabajo mediúmnico. Nos conformamos con sesiones "light" que no exijan mucho de los presentes y que no nos compliquen la vida dedicándonos a donar fluidos apenas cargados de buena voluntad y deficientes espiritualmente.

Por otra parte, el centro coronario, cuando está equilibrado y desarrollado nos lleva a la transcendencia, mientras, es el responsable del impulso por la búsqueda espiritual y de la búsqueda de la conexión con Dios y la gran Ley de Unidad. Este centro es el preponderante en el hombre espiritual autorrealizado.

Aunque un nivel de conciencia particular conlleve la preponderancia de un centro de fuerza determinado, todos los centros a su vez, están interconectados y dirigidos principalmente por nuestro Espíritu a través del centro coronario, el primer centro en importancia. Es por esto que la oración es el gran antídoto armonizador que nos da Dios para el reequilibrio interno. La oración, a través del centro de la transcendencia, el coronario, tiene el poder de armonizarnos a través de todos los centros, de arriba abajo, alcanzando todo nuestro sistema orgánico.

Estas correlaciones, tomadas como hipótesis de trabajo, nos permitirán mejorar en gran medida nuestro autoanálisis y conocimiento personal, recordando siempre que en el orden moral, ante todo, estamos obligados al estudio y práctica del Evangelio de Jesús.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"
Referencias:
(1) "El Libro de los Médiums", cap. XX ítem 226
(2) "Apostila para o curso de passe espiritual e magnético" del "Hospital Espírita Eurípides Barsanulfo" Clase III
(3)"Obras Póstumas" p.233 edición EDICEI.
(4) "Apostila para o curso de passe espiritual e magnético" del "Hospital Espírita Eurípides Barsanulfo" Clase IV.
(5)Mt. 6:21.

sábado, 20 de agosto de 2016

El poder de la Fe


En los años que hace que conozco la Doctrina he visto, oído y vivido casi de todo. Muchas cosas me han enseñado, otras, además de enseñarme me han consolado y guiado. Estoy muy agradecida a Dios por darme esta oportunidad en esta existencia, de haber encontrado la Doctrina de Jesús. Desearía un día saber hasta dónde la Doctrina ha entrado en mí, por lo pronto, en el estado evolutivo en que estamos millones de criaturas, lo que nos impresiona son las cosas que podemos ver y tocar. Creer sin ver, no es fácil, pero Allan Kardec nos guió mucho, dándonos la posibilidad de razonar y actuar con lógica y sensatez, sin necesidad de creer viendo. Fueron muchos/as que nos dieron pruebas para esto.
La Codificación Espírita es un legado maravilloso que, por desgracia, no se utiliza como se debería. A veces actuamos como otras religiones; nos repartimos una porción de la Doctrina como nos parece, según nos conviene o por fanatismo.

De todas formas, lo importante es que valoremos lo afortunados que somos habiendo conocido esta esperanzadora Doctrina que no prohíbe, aconseja; que no obliga, nos da luz para discernir y poder saber cuáles son nuestros deberes a propósito de las Leyes Divinas y los Mandamientos de Jesús.
En ningún lugar de los libros de la Codificación podemos leer si debemos o no comer carne, si debemos celebrar algún ritual, o si debemos o no practicar yoga, entre otras cosas. Digo esto, porque sé de muchas personas que se creen con el derecho de difundir cosas que para nada el Espiritismo se ha pronunciado, y que son opiniones personales.

Lo verdaderamente importante es la fe que tengamos al respecto de lo que no se ve con los ojos de la carne y sí, con los del alma. La fe de que estamos en el camino cierto y que no queremos una porción de la Doctrina, sino toda: Ciencia, Filosofía y Moral. Y es con fe, además de otras “muletas” que hemos podido comprender ¡Son tantas las pruebas que nos dan los Espíritus para creer y tener una fe razonada!

Cuando la vida te azota de tal manera que crees desfallecer, basta una oración y la fe necesaria de que a nosotros nos llegará el alivio y el consejo que necesitamos. Esto requiere conocimiento, sentimientos y disciplina; es la única forma de mantener nuestros canales psíquicos adecuados a estas respuestas espirituales.

Debemos limpiar esos canales, y la mejor forma es la renovación moral. Pero esa renovación no la vamos a hacer en una existencia, sino en muchas. Si ponemos fe en esto, lo conseguiremos. La fe es la mano que nos une a Dios. “Pide y se te dará”.

Si por circunstancias varias: psíquicas, anímicas o físicas – aunque todo se interacciona-, estamos pasando por momentos difíciles, hay dos herramientas imprescindibles: la oración y la fe. La fe de que podemos conquistar todo aquello que nos propongamos, mientras adoptemos una actitud receptiva y positiva. ¿Cómo, siendo Dios como es, amoroso y justo, nos va a dejar desamparados? Si un día nos acostamos cargados de problemas agobiantes, ¿quién nos dice que al día siguiente no vaya a haber un rayito de luz, saliendo del nubarrón de problemas? Si creemos que podemos conseguirlo, lo conseguiremos. Creer es poder. Sólo hay que estar seguros de lo que deseamos, de su importancia y desprendimiento de egoísmo, Dios nos dará la respuesta y el consuelo necesario.
Hace siglos que a través de los Mensajeros de Jesús y el propio Jesús, nos aportaron mucho conocimiento y experiencias para hacernos progresar, ya que estamos abocados a la perfección y a ella tenemos que buscar con optimismo y convicción. Razonar nuestra fe es saber en qué creemos y por qué creemos.

Para que el progreso se pueda dar son muchas las cosas que necesitamos, pero las voy a resumir en dos: Voluntad y Fe. Voluntad para tener la disciplina necesaria para caminar sorteando los obstáculos que a través del conocimiento de los principios morales que todos debemos tener, nos ayudaran a combatirlos. Voluntad para que cada día, sea un día más de trabajo y alegría porque estamos haciendo lo correcto: progresar y progresar con ánimo, con caídas y errores, pero estos los convertiremos en enseñanza para nosotros mismos y para los demás. André Luiz nos dice en el libro "Respuestas de la vida": “El tiempo es un mercado de oportunidades constantes en la construcción del bien que podemos aprovechar, cuanto y cuando quisiéramos.” Esas oportunidades son experiencias que vivimos constantemente, buenas o malas, pero todo enseña. Y es así que superando las dificultades, vamos creciendo, y creciendo nuestra fe se hace más fuerte y nos dice; ¡adelante tú podrás una vez más superar este reto!

La voluntad es el motor de los pensamientos. La que nos da fuerzas para dirigir esos pensamientos hacia el Bien y volcarlos en beneficio de un mundo mejor, donde existan personas mejores, sociedades que no tengan delincuencia, donde el odio, la violencia y el rencor, cada vez se note que están más lejos de nosotros, que se van difuminando. "¡El pensamiento es nuestra capacidad creativa en acción, en cualquier tiempo, es muy importante no olvidarnos de eso!" Nuevamente palabras de André Luiz, en el mismo libro.

La voluntad es nuestra guía cuando aparece la pereza, el desánimo o la apatía. Ella los combate con energía y los supera, si sabemos educar nuestra voluntad hacia el bien. Las personas con voluntad son laboriosas, activas, predispuestas siempre a tener la casa mental amueblada de pensamientos elevados y edificantes.

Muchos Mensajeros de Jesús demostraron tener una voluntad extraordinaria para ejecutar el trabajo y los compromisos adquiridos en el Plano Espiritual; compromisos que todos tenemos, seamos o no, espíritas. La buena moral, no es monopolio del Espiritismo, al contrario, muchos son los que no siendo ni conociendo el Espiritismo, demuestran una moral y unas bases de convivencia en lo personal y en lo social superiores a la de muchos espíritas.

Los espíritus preparados para comunicarnos acontecimientos, los guías espirituales que nos alegran con sus manifestaciones y todos aquellos que trabajan anónimamente por el Bien, tanto en la Tierra como en el Espacio, utilizan este arma, la Voluntad, tan valiosa para alcanzar los objetivos que todos nos proponemos, pero que no todos alcanzamos, quedándonos rezagados en el camino, por falta de voluntad para trabajar y caminar, siguiendo las pisadas de Jesús.
La voluntad puede ejercer mucho bien en nuestra sociedad que parece un torbellino de sensaciones, emociones; sociedad inmediatista, inconforme, frustrada siempre. La voluntad es proponerse un objetivo y alcanzarlo, luchando por él. Pero debemos tener en cuenta, por eso mismo, que no sólo utilizan la voluntad los “Buenos”, sino que también lo hacen los “Malos”, y por esa razón, ellos también luchan por conquistar más terreno en la maldad, maledicencia, orgullo, resentimiento y, especialmente, utilizan el poder del pensamiento para vengarse de los que ellos creen sus enemigos, aunque el enemigo mayor que ellos suponen tener, es la Doctrina de los Espíritus, por su ignorancia.
Que difícil es hacer comprender a las personas que la muerte no existe; que se puede estar muerto en vida, y vivo en la “muerte física”. ¡Qué todo depende de nosotros! ¡De nuestro estado espiritual!
Pero hay algo que pone en marcha ese motor llamado VOLUNTAD, que es la FE. Sin fe es imposible ejecutar nada, porque si en nada confías, nada puedes lograr.

Son cientos y miles de pruebas que los Espíritus nos han dado para fortalecer esa fe tan necesaria para caminar con voluntad.

Hay casos en los que se vive al límite de las fuerzas en muchas personas. Casos en los que no se ve ninguna puerta abierta para solucionar problemas, para orientarnos en nuestras decisiones y, es entonces, cuando cunde el pánico. Parece que todo se desmorona a nuestro alrededor y que vamos a desfallecer; en esos casos, sino hay fe, no hay voluntad y las personas caen en el abatimiento, la desgana, las depresiones, las drogas, el alcohol, etc. Es así como se puede llegar a la locura y el suicidio: De esa forma se contraen graves deudas con las Leyes Divinas.

Les comprendo muy bien. Hoy en día puedo decir que me encuentro en condiciones de decir que comprendo a todos los que “arrojan la toalla”. A los que se dan por vencidos y buscan la puerta de la huida, aunque no comparta esa postura. Pero no hay huida, solo un cambio de estado: la Vida existe siempre y los problemas que no hayamos solucionado, los encontraremos de frente siempre, hasta hallar la solución. Es lo maravilloso de la Doctrina Espírita: siempre tenemos tiempo y oportunidades para caer y levantarnos. Contraer deudas y rescatarlas, aunque sea con dolor; pero, para ese dolor están la voluntad y la fe, como bálsamo consolador. Algún día entenderemos que la mejor opción es progresar por amor y comprensión.

Es maravilloso saber por qué se sufre. Se sobrellevan mejor las dificultades, pero serían las dificultades más ligeras si nos llenásemos de fe, de auténtica FE. De aquella de la que tenemos tantos ejemplos en la historia. De los que fueron perseguidos y castigados por seguir a Jesús, por no dejarse comprar por los chantajes emocionales y materiales. La fe que nos mantiene a flote y que, en el último momento, cuando nos sentimos con el agua al cuello, alguien o algo aparece en nuestro camino y nos echa un salvavidas, donde aferrarnos con fuerza. El propio Jesús demostró una Fe increbrantable.

La fe que muchos Mensajeros de lo Alto demostraron en las hogueras, en la torturas, en la soledad y en la enfermedad. Supieron seguir adelante porque comprendieron que la Voluntad y la Fe se ponían en acción. Y así tuvieron fuerzas para superar las terribles pruebas que muchos pasaron.

Cuando tenemos fe en nuestros principios, fe en Dios, en el Evangelio de Jesús, en la protección de los Mensajeros de luz, etc., nadie puede abatirnos; ni siquiera los que se esconden en la “invisibilidad”. Porque la fe nos da la fuerza de un gigante para apartar de nuestros caminos lo que no sirve, y asumir todo cuanto necesitamos para progresar. Dice Joânna de Ângelis lo siguiente: “Desistir es fácil, sin embargo, perseverar es un desafío que merece ser aceptado”.

Si queremos conquistar estos dos tesoros: Voluntad y Fe, solo basta querer. Y creo que todos queremos lo mejor para nosotros y los demás, ¿No? ¡Querer es poder!

Isabel Porras 

miércoles, 17 de agosto de 2016

El verdadero Jesús



Aunque todavía quedan personas que por pura comodidad niegan por sistema que Jesús haya existido realmente, también es cierto que la mayoría de los historiadores están totalmente de acuerdo sobre su existencia por toda una conjunción de circunstancias que hacen casi imposible negarla aunque no sepamos de ella demasiado.

Del Jesús de la fe, del que nos habla Pablo de Tarso y los primeros concilios de la Iglesia, lo sabemos todo, pero esa solo es una parte mínima del Jesús real, del que caminaba por las aldeas de Galilea rodeado por una muchedumbre de sufrientes.

Lo que sí es cierto es que, sobre ningún otro personaje de la Historia se ha escrito y discutido tanto como de Jesús de Nazaret.

Hemos de admitir que existe una gran diferencia entre el maestro Jesús, hermano mayor nuestro, que nos descubre el Espiritismo frente al Dios, "Mesías divino" o “Redentor de pecados” de las religiones cristianas.

Jesús era un ser humano que vivió una vida sin pecado. Por lo tanto él pudo abrazar el lado humano y el lado divino y atravesar el abismo que separa a Dios del resto de seres humanos. Era como un puente entre esta realidad nuestra y esa otra que desconocemos.

El Evangelio nos cuenta como Jesús vino a proponernos alternativas, es decir una nueva forma de enfocar esta existencia, de vivir la vida. Y nosotros, si queremos continuar el camino que él abrió, tenemos que seguir su ejemplo.

Vivimos en una sociedad en la que parece que ya no es posible otra economía, ni otra política, que tenemos que resignarnos con lo que tenemos, que solo son posibles pequeños retoques al sistema socioeconómico que nos rodea, pero no es cierto, tenemos que creer firmemente que es posible un mundo distinto, una sociedad distinta donde la fraternidad, la igualdad y la verdadera democracia se hagan realidad. Un mundo, en definitiva, en que se respeten los derechos de todas las personas y los derechos de la madre Tierra. Donde el compartir sea lo más normal y natural.

Estamos llamados a buscar ese Dios alternativo que Jesús nos revela que, aunque nos parezca extraño, es distinto al Dios de la mayoría de las religiones y de algunas filosofías. Porque es un Dios de Amor con mayúsculas, al que no turban las pasiones humanas, que no es justiciero, ni cruel ni vengativo sino soberanamente justo y bueno.

Una de las cosas que están más claras sobre la vida de Jesús es que  fue sin duda, el mejor magnetizador de la historia. Curaba a  los enfermos, más por compasión que por el gusto de hacer prodigios.

Lo hacía de modo altruista y sólo para el bien de los demás y para que la gente no lo tomara como a un mago más, insistía en que no era él quien hacía los milagros, sino su Padre.

O sea, lo más importante de los llamados "milagros" no es saber si fueron realmente prodigios que incumplieron las leyes de la Naturaleza, o no, sino verlos como actos de compasión y de amor.
Los nuevos teólogos afirman que la verdadera teología de Jesús era la de la reconciliación de los hombres con Dios y de los hombres con la naturaleza, como la que intentó Francisco de Asís.
Jesús no ofrecía "felicidad barata" sino que sabía que se alcanza una felicidad especial cuando se consigue el "desapego a muchas falsas seguridades". Y por eso predicaba la sencillez de vida, el desapego a las cosas," el saber vivir libres y confiados como los pájaros del cielo".

Al final, la felicidad no consiste en poseer mucho, sino en no desear más de lo que eres capaz de saborear en paz y en armonía compartiéndolo con los demás.

Por mucho que intentemos comprender la verdadera esencia espiritual de Jesús estamos a años luz de lograrlo... Kardec en "El Libro de los Espíritus", le define como "el arquetipo de la perfección moral a que puede aspirar la humanidad en la Tierra".

Aspiramos a seguir sus pasos y nos damos cuenta de lo infinitamente lejos que estamos de asemejarnos a él, aun así, es el mejor ejemplo a seguir para lograr la reforma íntima, la evolución intelectual y moral.

Y sabemos que siempre está ahí, pendiente de todos sus hermanos, de todos los habitantes de la Tierra. Regalándonos su bondad sin límites.

Por eso deberíamos tenerlo más presente en nuestro día a día y ofrecerle nuestro esfuerzo por mejorar. Con alegría, como él nos enseñó.

No nos mortifiquemos por los errores cometidos, tan solo tratemos de enmendarlos y seguir adelante. Aprovechemos el tiempo, porque cuanto menos dejemos pendiente para una futura existencia mejor será para nosotros. Cuanto más avancemos cada uno de nosotros individualmente, más y más rápido avanzará el planeta y por lo tanto la humanidad.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

miércoles, 10 de agosto de 2016

Aprender a morir



La muerte es una realidad que debemos conocer, ya que es el paso a un nuevo estado de conciencia en el que se continúa experimentando, viendo, oyendo, comprendiendo, y en el que se tiene la posibilidad de seguir progresando espiritualmente, por lo que nuestra tarea es transmitir a los hombres que la muerte no existe, que la muerte no es el término de la existencia, sino una puerta que se abre en dirección a una realidad en el más allá.

El hombre de hoy, tecnológico y cibernético, delante de la muerte siente que es el fin de la vida y que después no hay nada…Cada cual es libre de aceptar o rechazar aquello que su uso de razón o sentido común le aconseje. Sin embargo, pensamos que está demás meditar sobre un hecho tan cierto como es el de la muerte. Sin en realidad no hay nada después, nada pasará, ni para bien o para mal.
Ahora bien, si es verdad que la vida continúa después de abandonar el cuerpo físico, el haber meditado al respecto, el habernos informado sobre el particular, nos ayudará sin ninguna duda a resituarnos en esta nueva ubicación…

Decía Sócrates “…es pues un hecho, que los verdaderos filósofos se preparan para morir y que ellos son, entre todos los hombres, aquellos que menos miedo le tienen a la muerte”.

Las aportaciones a esta realidad son muy variadas, desde los casos observados por pacientes en estado pre-agónico, los cuales eventualmente declaraban estar presenciando visiones de parientes ya fallecidos que venían a buscarles para conducirlos a un plano de existencia diferente, así como la  de  paisajes y seres desconocidos. Nos referimos, por lo tanto, a la transición de la vida para la muerte.
Decía la Dra. Elizabeth Kublrer Ross, que “la muerte puede der dolorosa; morir, propiamente, no lo es.
Es común escuchar que los que se van no vuelven para contar como es el otro lado de la vida. Esto no es tan cierto, pues hay numerosos registros de casos de personas que sufrieron muerte clínica o fueron dadas por muertas y retornaron a la vida nuevamente, trayendo en la memoria el recuerdo de ese momento último. Sin contar, naturalmente, con la manifestación de aquellos espíritus que a través de una mediumnidad seria, aportaron sus datos personales,  verificados posteriormente tras las comprobaciones oportunas.

Por eso es tan importante aprender a morir. Nos preparan ansiosamente para las demás situaciones de la vida y sin embargo, nos descuidamos tanto en las cosas de la muerte y del morir.
¿Acaso no sería mucho más importante para el hombre una adecuada preparación para la muerte?
Ha habido un creciente número de personas que han venido poniendo un especial cuidado al problema de la muerte y del morir. Los dos más destacados han sido la Dra. Elizabeth Kubler-Ros, ya fallecida,y el Dr. Raimundo Moody Jr. En sus trabajos ellos relatan varios casos de experiencias reales de personas declaradas clínicamente muertas o de otras que, después de un violento trauma, quedaron en un profundo estado de choque y fueron dadas por muertas. Estos pacientes fueron reanimados y pudieron describir lo que vieron o sintieron durante el periodo en que estuvieron inanimados.

Aprendemos que extinguido el cuerpo, por el fenómeno de la muerte, el alma sobrevive. Y nos preguntamos ¿Cómo será esa vida y para dónde irá el alma? Esto constituye un punto de interrogación para la mayoría. Arraigados como estamos a los problemas de cada día, no encontramos tiempo suficiente ni disposición para estudiar y pensar sobre el asunto, como si se tratase de algo de menor importancia. Encontramos más cómodo apoyarnos en las lecciones aprendidas en la infancia o en los credos que heredamos de nuestros antepasados.
Usamos la inteligencia que tenemos para discernir y esclarecer todo lo que se relaciona con la vida material, y no nos interesamos por el mayor de los problemas del ser humano: “la muerte”, la única cosa que tenemos la seguridad de que nos acontecerá, por  más que tratemos de impedirlo, puesto que desde que nacemos estamos empezando a morir.

Juan Miguel Fernández Muñoz

miércoles, 3 de agosto de 2016

La vejez



¿Qué es la vejez? Según el diccionario es "El estado natural de la persona y último periodo característico de tener una edad avanzada." La vejez de cada ser humano depende de cómo ha vivido en la sociedad, de su profesión u oficio, de los beneficios obtenidos, de la alimentación, etc. Los factores físicos y biológicos y los psicosociales influyen y gravitan en su proceso de transformación en la llamada 3ª edad. La vejez,  se suele decir, es el otoño de la vida, en su último declive. Sólo con pronunciar la palabra vejez, sentimos el frio en el corazón y según la estimación común de muchos hombres, es la decrepitud, cuando se recapitula todas las tristezas, todos los males, todos los dolores de la vida, es el preludio melancólico y desolado del adiós final.

En esto hay un grave error. Como nos dice Léon Denis, por regla general, ninguna fase de la vida humana está totalmente desheredada de los dones de la naturaleza y todavía menos de las bendiciones de Dios.

¿Por qué la última etapa de nuestra existencia debería ser más afligida que las otras? Sería una contradicción  y no correspondería a la obra Divina, pues todo en ella es armonía, como en la viva composición de un concierto impecable. Al contrario, la vejez todavía es, a pesar de todo, una de las bellezas de la vida y una de sus armonías más altas. No olvidemos que a falta de reyes, en ciertos pueblos eran los ancianos quienes gobernaban. No obstante no hay que olvidar que en nuestra época, como ya lo decía Chauteaubriand hay muchos viejos y pocos ancianos, lo que no es la misma cosa. El anciano, en efecto, es bueno e inteligente, ama y anima a la juventud, su corazón no envejeció en absoluto, mientras que los viejos son celosos, malévolos y severos y si nuestras jóvenes generaciones no tienen ya hacia los abuelos  el culto de otros tiempos es, precisamente, en este caso, porque los viejos perdieron la gran serenidad, la benevolencia amable que hacía antaño la poesía de los antiguos hogares. La vejez es pura como la primera infancia; es por ella que se acerca a Dios y que ve más claro y más lejos en las profundidades del infinito.

La transformación o, mejor dicho, las transfiguraciones operadas en las facultades del alma por la vejez, son admirables. Este trabajo interior se resume en una sola palabra, la sencillez. La vejez es eminentemente simplificadora de toda cosa, simplifica primero el lado material de la vida; suprime todas las necesidades ficticias, las mil necesidades artificiales que la juventud y la edad madura habían creado, y que habían hecho de nuestra complicada existencia una verdadera esclavitud, una servidumbre, una tiranía, lo diremos de otra manera, es un principio de espiritualización.

El mismo trabajo de simplificación se cumple en la inteligencia. Las cosas admitidas se vuelven más transparentes, en el fondo de cada palabra encontramos la idea, en el fondo de cada idea divisamos a Dios. El anciano tiene una facultad preciosa: la de olvidar todo lo que fue fútil, inútil en su vida, se borra. Guarda en su memoria solo lo que fue sustancial. Al frente del anciano no tiene ya nada de la actitud orgullosa  y provocadora de la juventud  y de la edad viril. Se inclina bajo el peso del pensamiento como de la espiga madura. El anciano baja la cabeza y la inclina sobre su corazón, se esfuerza en convertir en amor todo lo que queda en él de facultades, de vigor y recuerdos. La vejez no es pues una decadencia, realmente es un progreso, una marcha adelante hacia el termino, el ocaso de la vida, es el final de un viaje penoso y a menudo de una prueba dura, es el momento de la reflexión, en la que el pensamiento tranquilo y sereno se eleva hacia las regiones infinitas.
Jamás moriremos solos, igual que jamás naceremos solos.

En esta metamorfosis parece ser que intervienen gran cantidad de factores y, según la calidad  de la propia vida interior, se modela la personalidad a medida que se envejece. Al comparar una persona de 70 años con otra de la misma edad pero con una vida espiritual rica, con formas distintas de encarar la vida y los problemas de la existencia, surgen diferencias claramente visibles en lo que se refiere al envejecimiento.

Reflexionemos; nada nos hace envejecer con más rapidez, que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos.

Estando yo en un supermercado de la localidad en donde vivo esperando a un amigo con el cual había quedado, observaba a las personas entrar y salir, pasar por caja con los alimentos, un flujo continuo en movimiento. De esas observaciones y del comporta-miento que analizo, esté donde esté, me ayuda a comprender un poco más a las personas. Esto me ocurre desde pequeño y he aprendido bastante con el análisis en diferentes situaciones que me he encontrado en el transcurso de mi vida.
Pero ese día en concreto era yo el observado y analizado desde lejos, por una señora anciana, la cual note que me miraba desde la distancia, mientras se acercaba hacia donde yo estaba que era cerca de la salida del supermercado. Ella, una señora mayor con la espalda encorvada se ayudaba para caminar con un bastón en una mano y en la otra una bolsa que intuyo llevaría algo de compra.
Cuando estuvo a la altura de donde yo me encontraba, se paró, me miró a los ojos y me dijo ¿tiene  usted una columna que le sobre? y yo sin entenderla muy bien lo que me quería decir, le respondí ¿Cómo dice usted? Es que no he comprendido lo que me dice y ella insistió… ¿Qué si tiene usted una columna que le sobre? ¿ no ve como tengo la espalda de curvada?... me quede absorto, sin saber que decir, pero como veía que esperaba una respuesta mía, le conteste lo más rápido y delicadamente que pude… pues no, no tengo ninguna de repuesto, y se puso a reír y yo también, como ya habíamos, como se dice, roto el hielo, me empezó a contar  lo que le costaba caminar ( a pesar de que yo la veía caminar bien ligera) y de lo anciana que era. Me dijo que tenía cerca de los 90 años , y que en su cuerpo llevaba unas 15 operaciones de todo tipo, yo sin decir nada la escuchaba y asentía con la cabeza (notaba que ella necesitaba hablar, aunque fuera con un extraño, como yo era para ella), me decía las tribulaciones que había pasado en su vida y lo malita que se encontraba, mientras tanto yo sin decirle nada, la observaba y me decía a mi mismo…¿Qué le digo?, cuando hizo un descanso y dejo de hablar, yo con mucha delicadeza, y amor  le dije… tiene que ver usted el lado positivo, todavía puede andar, aunque sea con la ayuda del bastón, hay muchas personas que necesitan silla de ruedas y alguien que las ayude, gracias seguramente a las operaciones que usted me cuenta que lleva, su cuerpo todavía puede manejarse bien, otras personas con menos años, están peor… ¿dónde tengo que firmar para llegar a su edad?.. le dije, no sé, si podre llegar y de qué manera, tiene que ver usted las personas que ha conocido y que ahora ya no están y que muchas  tenían menos edad de la que usted tiene…piense que hay muchas personas que están peor que usted, yo pienso “que no tiene usted derecho a quejarse”, tiene que dar gracias a Dios, todos los días por la oportunidad que le da de seguir viva y poder moverse a su voluntad a pesar de los achaques de la edad, piense en lo que tiene, dónde ha llegado y no eche de menos lo que para usted dice que le falta, así será a mi modo de ver, más feliz.

Ella mientras yo hablaba me escuchaba, me miraba y yo creía que con mis palabras la podía ayudar y sobre todo animar…no sé si lo conseguí ,ya que de repente cuando terminé la frase, sin medir palabra se fue andando, rauda y ligera, con el bastón y la bolsa. Me dejó como se suele decir, con la palabra en la boca, tengo que decirles que no he vuelto a coincidir con esa ancianita, a veces pienso, recordando ese momento que ella no esperaba seguramente mis palabras y mis consejos, esperaba que la tuviera lástima y la compadeciese, no sé, solo se lo que vi, que se fue como una exhalación.
Yo creo que, aun estando cerca de una edad avanzada y teniendo achaques, nunca me sentiré viejo, ya que mi corazón está en una dinámica  adquirida y practicada que difícilmente puedo  concebir la idea de que este movimiento continuo y constante pueda pararse. Puede que no pueda llegar tan lejos como ahora, pero Dios ya se encargara de poner en mi camino las maneras de poder llegar y poder servir, todo tiene su momento y su lugar en todas nuestras vidas, también tenemos que pensar que una de las mayores fuerzas que tiene el ser humano es su pensamiento y su voluntad. Aferrémonos a estas frases que con pocas palabras expresan mucho, ”somos lo que pensamos”, “querer es poder, refle-xionemos sobre todo esto y no dejemos que el mal tiempo, el conformismo, la pereza los acha-ques, nos frenen a la hora de ser útiles para con nosotros y para con los demás.

Lorenzo

miércoles, 29 de junio de 2016

Mensajes mediúmnicos en la práctica médica - Experiencia práctica del hospital psiquiátrico espírita "André Luiz", en Belo Horizonte, MG, Brasil.



“¿Los espíritus influyen sobre nuestros pensamientos y nuestras acciones?”
“A ese respeto su influencia es mayor del que creéis porque, frecuentemente, *son ellos quien os dirigen"
(Kardec, Allan – El libro de los Espíritus – p. 459) 

La práctica de atención integral del Hospital Espírita André Luiz, contempla el tratamiento del individuo en el nivel bio-psico-socio-espiritual. La terapéutica complementaria espírita, compuesta por el pase humano-espiritual, evangelio-terapia y actividad desobsesiva es ofrecida a todos los pacientes que ingresan en la unidad, sin embargo aplicada solamente a aquellos que la aceptan y firman los términos de compromiso autorizando la intervención.

Cuando es autorizado, el tratamiento es dispensado regularmente durante el periodo de internación por medio de voluntarios dados de alta en el Departamento de Asistencia Espiritual de la institución, que ya suman 350 personas. De entre las modalidades de asistencia, se incluye la actividad de captación espiritual. Se trata de reuniones semanales con médiums provenientes de casas espíritas de la capital minera, en régimen de voluntariado, que se dedican a la investigación y diagnosis de las cuestiones que están en la base o en el origen de la patología psiquiátrica del paciente atendido, a través de elucidaciones, recibidas mediúmnicamente, que auxilien el tratamiento médico y propicien el direcionamento en las aplicaciones magnéticas y mentalizaciones direccionadas al paciente durante el trabajo del pase.

Hay una sala reservada exclusivamente para reuniones mediúmnicas, con ambientación espiritual adecuada y preservada. En el horario citado, el paciente es traído a la reunión y, mientras se le aplica el pase humano-espiritual, los médiums, que ya habían hecho el trabajo natural de concentración y preparación para la tarea por medio del pensamiento y sentimiento elevado, con la oración y la voluntad de servir al prójimo en sufrimiento, se colocan a disposición de los orientadores espirituales, conforme su sensibilidad específica. La gran mayoría trae informaciones de la situación espiritual o del pasado del enfermo, por medio de la psicografía o de la inspiración de los coordinadores espirituales de la tarea y algunos, dotados de sensibilidad para ello, sintonizando con la mente del paciente regresan a su pasado espiritual, presenciando los hechos en archivo y narrándolos posteriormente. Los médiums no tienen contacto directo con el paciente, no lo conocen previamente y algunos no tiene ni siquiera contacto visual, puesto que se sientan de espaldas al mismo, en la mesa mediúmnica o mantienen los ojos cerrados en actitud de concentración y sintonía del pensamiento con el equipo espiritual que dirige los trabajos.

Los pacientes son traídos y acompañados a la reunión durante el tiempo necesario de la internación. Cuando reciben el alta, son sustituidos por nuevos pacientes. No todos los pacientes reciben ese tipo de tratamiento.

Al final de la atención de todos los pacientes, los médiums leen las anotaciones o psicografías y son anotadas las informaciones útiles, las descripciones del estado del cuerpo espiritual del enfermo, sus posibles relaciones obsesivas y kármicas, el estado energético que lo envuelve en detalle, conteniendo calidad y naturaleza del fluido, efecto físico, emocional y origen. Es hecho entonces una compilación de esa información, que da origen al tipo de pase específico que el paciente recibirá en adelante, incluido ahí la calidad de la onda mental que el pasista y el equipo irán a emitir consciente e intencionalmente durante la aplicación magnética, buscando la solución de los dramas que se presenten, con alivio de la sintomatología física, psíquica y espiritual.

Toda esa información queda disponible en el prontuario, para que los médicos y demás profesionales que atienden al paciente, tales como psicólogo, enfermeros, terapeuta ocupacional, etc., puedan tener acceso. El uso de esas informaciones, representando una verdadera anamnesis espiritual, debe ser siempre confidencial, como toda información obtenida en atención médica o psicológica, según los códigos de ética profesional, y no son entregadas de forma directa ni al paciente ni a la familia. El objetivo es que esas informaciones puedan auxiliar al profesional de las siguientes maneras:

1) Diferenciación entre disturbios psiquiátricos y síndromes mediúmnicos

Las informaciones mediúmnicas auxilian a esclarecer las dudas en cuanto a la posibilidad de la presencia de disturbios de tipo mediúmnico o distonías mediúmnicas simulando trastornos psiquiátricos o agravándolos, cuando se presentan.
Afirma el médico Vítor Ronaldo Costa:

“A medida que un mayor número de profesionales de la salud se familiarice con las cuestiones mediúmnicas, menor serán los desaciertos cometidos con los pseudo-pacientes (médiums perturbados), que peregrinan por los ambientes ambulatoriales y hospitalarios en búsqueda del verdadero lenitivo proporcionado por la asistencia espiritual adecuada. Mediumnidad no es asunto relacionado con patología mental, desde que es debidamente diagnosticada y conducida con la sabiduría necesaria dentro del contexto espírita” (fuente: http://www.ieja.org/portugues/ estudos/artigos/p_mediunidadeemedicina.htm)

También, Divaldo P. Franco, en el libro “Divaldo, Mais que uma voz, uma canção de amor à vida! - Miguel de Jesus Sardano.” Comenta lo siguiente:

“De inicio, por ser una facultad que coloca el hombre entre dos extremos, él puede propiciar determinados estados, confundidos con patologías, con enfermedades. Si ella se manifiesta en el área intelectual, puede presentar en el individuo determinados estados de aparente alucinación auditiva, visual, ansiedad, recelo, fenómenos claustrofóbicos, miedos injustificables de la noche y de la relación con las personas. Porque, propiciando al individuo una percepción que extrapola el fenómeno normal, le da una mayor dimensión que registrar que el tipo común. Y, no estando la persona preparada para conducir esas manifestaciones, es natural que experimente ciertas insatisfacciones, intranquilidades o sensación de malestar”

La derivación de pacientes con trastornos psiquiátricos hacia la actividad mediúmnica es indebida e indeseable, puesto que puede agravarles la patología y confundir al grupo mediúmnico. Entonces, esa diferenciación precisa estar bien establecida, con bases seguras. A partir de esa constatación y confirmación, por vía mediúmnica, el médico podrá orientar adecuadamente al paciente en el uso y direccionamiento de sus facultades anímicas y mediúmnicas a beneficio de la colectividad y de sí mismo, lo que le reequilibrará física y psíquicamente.

2) Comprensión del origen del trastorno psiquiátrico y sus raíces profundas

El paradigma de la reencarnación y de la inmortalidad del alma nos orientan a comprender los fenómenos psicofísicos del presente como consecuencia natural del pasado de equívocos morales, donde frecuentemente el ser hirió a sí mismo por medio de la violencia al semejante, lesionando los órganos de la cuerpo espiritual con la consecuencia de sus elecciones y el propio psiquismo que probablemente se encuentra hundido en la culpa y la auto-punición intensa. Esa realidad repercute hoy en su organismo físico, predisponiéndolo a la manifestación de la genética seleccionada naturalmente por la vibración del espíritu al reencarnar, que determinará patologías físicas y psíquicas diversas.

Las informaciones mediúmnicas clarifican ese origen y posibilitan al médico y demás profesionales la comprensión de los núcleos emocionales básicos, facilitando el tratamiento del paciente en el movimiento autocurativo.

3) Atención emocional del paciente y familia, envolviendo el contexto presentado

Las informaciones presentadas sobre el pasado espiritual del enfermo y sus circunstancias permiten una mejor definición de metas psicoterapéuticas en el trabajo con el paciente, estimulándolo en el camino del auto-perdón y de la superación de sí mismo, mitigando los efectos de los núcleos potenciadores de la enfermedad del psiquismo que estén en actuación constante. Si, por ejemplo, en la reunión mediúmnica surge el contexto de culpa intensa del espíritu por la realización de crímenes sucesivos en el pasado, abortos criminales, traiciones u otra falta moral cualquiera, el médico y demás profesionales pueden dirigir la atención de la familia y del paciente para las actitudes íntimas y exteriores que mitiguen el drama interno y reparen el mal causado. Ese direccionamiento puede darse por medio de conversaciones terapéuticas, películas, libros, actividades recreativas y educacionales, actividades ocupacionales, visualizaciones creativas, hipnosis y otras técnicas que alteren el registro interno, inconsciente, del paciente por medio de la potencialización del sentido opuesto y curativo.

4) Incentivo a la educación del pensamiento

El profesional de salud, en la intervención por la palabra y el gesto, debe actuar como un educador que auxilia el enfermo a promover el desligamiento mental de las fuentes de perturbación, estén ellas en el interior o en el exterior. La educación de las matrices mentales es de suma importancia, pues la mente gobierna el funcionamiento de la fisiología orgánica, dándole sentido, impulso y direccionamiento hacia la armonía o desarmonía, salud o enfermedad, conforme esté más o menos sintonizado con la fuente del eterno bien. Por las informaciones mediúmnicas se puede tener acceso a patrones mentales que el paciente abrigue en lo íntimo y que no comparta con el profesional, así como se puede percibir las irradiaciones de los espíritus a él vinculados, “hipnotizándolo” en determinado sentido, con objetivos malévolos o de venganza. De esa forma, el profesional puede actuar, no sólo emitiendo la onda mental contraria, portadora de la virtud y de la afirmación positiva que falte al enfermo, sino también principalmente, auxiliándolo e incentivándolo en la modificación de los patrones de pensamiento por la obtención de nuevas ideas e ideales.
André Luiz, médico espiritual, nos esclarece que:

“La mente reanimada reconstruye las vidas microscópicas [células] que la sirven” (Francisco Cândido Xavier– En los dominios de la mediunidad)

La irradiación del pensamiento renovado, actuando sobre las células del cuerpo espiritual, que son la base de las células del cuerpo somático, actúan reequilibrandolas y alterando incluso la expresión de la genética, modificando los cuadros de la enfermedad, aliviándolos o curándolos, en consonancia con la realidad del individuo. Muy importante todavía, es cuidar de los familiares de los pacientes en una acción terapéutica de igual tenor reeducativo, visto que el paciente respira el ambiente donde vive, compuesto de emanaciones mentales de todos los que allá con él habitan, lo que interfiere sobremanera en su condición física y mental. El culto del evangelio en el hogar, reunión semanal de oraciones y debates del Evangelio en familia, es un potente recurso de reeducación y reequilibrio. Además de sanear psíquicamente el ambiente doméstico, por medio de la acción de los espíritus amigos que visitan los hogares y las familias en oración, promueve el estímulo reeducativo para todos los componentes del hogar, con los efectos saludables de la evangelio-terapia.

5) Incentivo al desarrollo de las virtudes que son tratamiento directo de las cuestiones morales que se encuentran en la base del proceso

No basta modificar el registro interior, es necesario auxiliar el paciente en la conquista de virtudes que sedimenten la cura. Toda cura, esencialmente proviene de Dios, fuente de todo amor, pero sólo se sedimenta en la vida del individuo si el estímulo curativo encontrar resonancia en el interior del enfermo. Toda cura, por lo tanto, es fundamentalmente un fenómeno de autocura. Las informaciones mediúmnicas nos dan acceso a las cuestiones morales más intensas que el paciente presenta, sus conflictos y dramas pasados que aguardan resolución. Por medio de ellas, podemos establecer metas terapéuticas que envuelvan el paciente en un guion seguro de auto-encuentro, auxiliándolo a desarrollar el auto-amor y a envolverse en el bien al semejante, tanto cuánto le sea posible.
El apóstol Pedro, inspirado en las palabras de Cristo, aseveró: “El amor cubre multitud de pecados” (I Pedro 4:7)

Es imperioso, por lo tanto, estimular el paciente en la vivencia de las virtudes que le sean posibles, estimulándolo a superarse cada día, venciendo a sí mismo, dentro de una postura profesional optimista y de confianza, que valore y afirme el potencial creativo y curativo del individuo. El espíritu Inácio Ferreira nos esclarece que:

“En abrumadora mayoría, los conflictos existenciales de la criatura son resultado de la egolatría; alguien que no recibió afecto, que no quiso renunciar, que nunca supo lo que es sacrificio por la felicidad ajena... De repente, la inseguridad, el miedo, el insomnio, la opresión, la pesadilla, el desánimo, la falta de motivación por vivir. Si los psiquiatras se dedicaran  a tratar el egoísmo de sus pacientes, podrían hasta errar en el tratamiento , pero acertarían en el problema de fondo. Y aquí va un consejo a los compañeros: ante la falta de diagnóstico más preciso, ¡tratad del egoísmo del enfermo! No les prescriban medicamentos que lo dejen aún más ensimismados – pónganlos para trabajar en una actividad voluntaria en una obra asistencial.” (Bacceli, Carlos e Inácio Ferreira – “Amai-os y Os instruí”)

Sabemos que la gravedad de los casos  muchas veces no permite al individuo envolverse en actividades de auxilio directo al semejante, pero él puede ser orientado hacia la confección de juguetes, artesanías, ropas, de entre otros, que sean entregados a aquellos que lo necesitan, en un movimiento de amor al semejante. Siempre que el paciente se encuentre en un estado de alteración de conciencia y de percepción sensorial que no le permita la interacción consciente con el mundo, o cuando la situación sea muy grave que no le faculte la interacción, la familia debe ser envuelta en vibraciones de amor y paz, por medio del amparo a los otros, granjeando simpatía y gratitud que envuelvan el paciente y su familia en un clima de armonía y salud.

6) Comprensión y atención del contexto obsesivo y auto-obsesivo que impide la acción médica eficaz, maximizando resultados y acelerando procesos

Frecuentemente observamos la ineficacia de medicaciones bien indicadas y prescritas, siendo necesario el uso combinaciones de fármacos y/o terapia electroconvulsiva. Las informaciones mediúmnicas nos auxilian bastante a comprender esa situación, cuando nos presenta el contexto de las decisiones y deseos inconscientes del paciente, imposibilitando la mejora. Muchas veces el paciente se encuentra inmerso en sentimientos de culpa, remordimientos y desvalorización personal, resultado de las acciones equivocadas del pasado, del presente y de la percepción de los efectos dañinos en sí mismo y en los otros de las elecciones realizadas, optando por la auto-punición. Ese sentimiento de culpa, direccionado de esa forma, genera un mensaje de desmerecimiento de la mejoría y de la salud, y el propio paciente “tira de la manta” bombardeando sus células con emisiones mentales-sentimentales de desarmonía, alterando la acción de los neurotransmisores, antipsicóticos y resto de substancias destinadas a aliviar los síntomas. En posesión de esta constatación, por medio de las informaciones mediúmnicas, el médico, el psicólogo y demás profesionales de salud deben intervenir para direccionar la reflexión y la vivencia del paciente para el autoperdón, la ternura y la aceptación de sí mismos, trasformando el remordimiento en arrepentimiento sincero. El remordimiento es fruto del orgullo, mientras el arrepentimiento es hijo de la humildad. El arrepentimiento no redime el paciente de vivir el fruto de sus elecciones, pero lo direcciona en la posibilidad siempre presente del recomienzo y modificación de la realidad, por el desarrollo del auto-amor y de la reparación de la faltas, por medio del bien al semejante. El auto-amor es manifestación del acogimiento de sí mismo e integración al “holo-amor”, síntesis de las leyes divinas. Es muy importante que los profesionales de salud se conciencien de esa realidad: sólo el amor cura y él representa el elemento terapéutico más profundo y efectivo en el estímulo curativo al paciente.

7) Estímulo a la autocura del propio terapeuta que tiene contenidos afines con los del paciente, obtenidos por la vía mediúmnica

Dentro del paradigma de la reencarnación, comprendemos que todos aquellos que somos terapeutas somos espíritus enfermos, como la gran mayoría de la humanidad, y nos encontramos en proceso de reeducación, por medio del servicio al semejante y de la sensibilización ante el dolor ajeno. No existiendo la casualidad según la visión inmortalista espírita, comprendemos que recibimos en nuestras consultas y hospitales aquellos espíritus con los cuales tenemos no solamente compromisos del pasado, para reencuentro y rearmonización, sino sobre todo, aquellos que guardan afinidad y sintonía con nuestras necesidades internas, traídos por la misericordia divina para ofrecernos el estímulo de cura que necesitamos posibilitándonos auxilio siendo auxiliados.

Las informaciones obtenidas por la mediumnidad de auxilio colocan el profesional que está atento a la cuestión espiritual en contacto con su propia historia espiritual y sus propias necesidades de reeducación, ofreciéndole precioso recurso de auto-encuentro y mejoría personal, de cura de sí mismo.

Conclusión

Las informaciones mediúmnicas, obtenidas por la práctica fiel a los postulados espíritas, promueve el acceso a elementos importantes de diagnóstico y terapéutica para el tratamiento integral de la experiencia humana y, sobre todo, para el ejercicio de una clínica ampliada donde el espíritu inmortal sea considerado en toda su amplia realidad bio-psico-socio-espiritual, para la solución de los dramas internos y la conquista de la salud. Médicos y demás profesionales en el cuidado del paciente necesitan de este recurso sagrado para el auxilio al cuidado integral, que requiere grupos mediúmnicos serios, con médiums entrenados, disciplinados, y por encima de todo, sintonizados con la voluntad profunda de ser útiles al próximo, sirviendo a la vida en la mediunidad con Jesús.

Dr. Andrei Moreira
Médico de familia integrante de 
un equipo del PSF en BH/MG
Presidente de la Asociación Médico-Espírita de MG

Saber perdonar



Es muy fácil ver los defectos de los demás, antes de advertir los que tenemos nosotros mismos. Como dijo Jesús  “el que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella”, esta máxima hace de la indulgencia un deber, porque no hay persona que no la necesite para sí misma. Nos enseña que no debemos juzgar a los demás con mayor severidad que la que nos aplicamos al juzgarnos a nosotros mismos, ni condena en el prójimo lo que en nosotros disculpamos. Antes de reprochar una falta a alguien, veamos si la misma censura no se nos puede hacer a nosotros. Nos habla Jesús de la indulgencia, ¿sabemos por qué? es una de las formas de perdonar. La indulgencia que no ve en manera alguna los defectos de los demás, y si los ve, se guarda bien de hablar de ellos, de difundirlos, antes por el contrario, los esconde a fin de que solo él los conozca.

Nos dice el Evangelio: "Cuando criticáis, ¿qué consecuencias se deben extraer de vuestras palabras?, ¿acaso vosotros, que censuráis, no habéis hecho también lo mismo que estáis ahora reprobando, o valéis mas que el culpable?, ¿cuándo os dedicareis a juzgar vuestros propios corazones, pensamientos y actos, sin ocuparos de lo que vuestros hermanos hacen?, ¿cuándo aplicareis a vosotros mismos vuestra severidad? Sed, pues, severos con vosotros mismos e indulgentes para con los demás y el Señor usará de indulgencia hacia vosotros, como la habéis tenido vosotros con respecto a vuestros semejantes."

No olvidemos jamás pedirle a Dios, por medio del pensamiento y, sobre todo, de los actos, “Perdóna nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido”. Tenemos que comprender lo valiosas que son estas sublimes  palabras. Su letra no es lo único admirable, sino además el compromiso que implican, ¿qué pedimos al señor al solicitarle que nos perdone?, ¿solo el olvido de nuestras ofensas? Olvido que nada nos reporta, porque si Dios se contentara con olvidar nuestras culpas, no nos castigaría pero tampoco nos premiaría. La recompensa no puede ser el precio del bien que no se ha obrado y menos todavía del mal que se ha cometido, aun cuando este último se olvide.
Al pedirle perdón por nuestras transgresiones, le solicitamos que nos conceda su gracia a fin de que no volvamos a incurrir en aquellas y la fuerza precisa para ingresar en un camino nuevo, senda de sumisión y amor en la cual podremos agregar la reparación al arrepentimiento. Reemplacemos la ira que mancha, por el amor que purifica. Practiquemos con el ejemplo esa caridad activa e infatigable que nos enseñó Jesús. Prediquémosla tal cual  Él lo hizo durante todo el tiempo en que vivió en la Tierra.

Dice un antiguo adagio y es una gran verdad: "lo que mucho vale, mucho cuesta". Por eso nos cuesta tanto olvidar las ofensas y amar a los   que nos hieren; y el caso es que no tenemos otro camino que recorrer más que el del olvido y el del perdón, si queremos asegurar nuestra dicha venidera.
Los que conocemos el espiritismo, debemos huir de ese peligro, el más terrible de todos, el odiar a nuestro padre, a nuestros hijos, hermanos etc. Hay muchas maneras de hacer daño consciente e inconscientemente, debemos estar vigilantes, ya que hay palabras que, depende como las digamos, son como un puñal, hay miradas que, como se suele decir, matan. Tenemos que intentar no tener ningún enemigo. Es bueno aconsejar el olvido de las ofensas, pero si el que aconseja, recuerda de continuo las que ha recibido y no es capaz de erradicárselas, solo es capaz de taparlas, se engaña a sí mismo. El recuerdo de las ofensas es la semilla del odio, y hay que arrancar de raíz tan maléfica semilla.

Muchas personas dicen de su adversario: “lo perdono”, mientras que en su fuero  interno sienten un secreto placer por el mal que les aqueja, pensando que él tiene lo que se merece. ¿Cuántos hay que dicen, "perdono pero no olvido?" y tenemos que preguntarnos, ¿es ese el perdón que nos dice el Evangelio? No, el auténtico perdón, el perdón cristiano, es aquel que arroja un velo sobre el pasado. El único que se nos tendrá en cuenta, porque Dios no se conforma con las apariencias, sino que sondea las profundidades de los corazones y los más secretos pensamientos, no se le engaña con palabras y vanos simulacros. El total y absoluto olvido de las ofensas es propio de las grandes almas. El rencor, en cambio, constituye siempre  un signo de bajeza y de inferioridad. No olvidemos que el verdadero perdón se reconoce con los actos mucho más que con las palabras.

En un pasaje del Evangelio, Jesús responde a Pedro; perdonarás, pero sin límites. Perdonarás cada ofensa cuantas veces te fuere inferida. Enseñarás a tus hermanos ese olvido de sí que torna invulnerable contra la agresión los malos procederes y las injurias. Serás dulce y humilde de corazón, no escatimando jamás tu mansedumbre. Harás a los otros, lo que deseas que deseas que el padre celestial haga por ti, ¿acaso no te está perdonando él, con frecuencia, sin contar el número de veces en que su perdón desciende para borrar tus culpas? Escuchemos, pues esa propuesta de Jesús y apliquémosla a nosotros mismos. Perdonemos, seamos indulgentes, caritativos, generosos, incluso pródigos de nuestro amor. Demos, porque el Señor nos devolverá, perdonemos, porque el señor nos perdonará, rebajémonos, porque el señor nos enaltecerá, humillémonos, porque el Señor hara que nos sentemos a su diestra.

Sabido es que la muerte no nos libera de nuestros enemigos. Los espíritus vengativos prosiguen muchas veces con su odio, más allá de la tumba, a aquellos a quienes siguen profesando rencor. De ahí que el proverbio conforme el cual “muerto el perro, se acabó la rabia”, sea falso cuando se aplica al hombre. El espíritu perverso espera  que aquel al que tiene ojeriza, esté encarnado en un cuerpo material, y por lo tanto, menos libre, para atormentarlo con más facilidad, atacándolo en sus intereses o en sus defectos, de ahí la mayoría de casos de obsesión y los más graves como son los de subyugación y posesión. El obsedido y el poseso son, pues, casi siempre víctimas de una venganza anterior, a la que posiblemente han dado lugar por su conducta. Dios permite que tal cosa suceda para castigarnos por el mal que han cometido o, si no lo cometieron, por no haber tenido indulgencia y caridad y no haber perdonado. En consecuencia, importa, desde el punto de vista de nuestra tranquilidad futura, que reparemos lo antes posible las injusticias que hayamos hecho al prójimo, perdonando a nuestros enemigos, antes  de la muerte. Así de un enemigo encarnizado en este mundo podemos hacer un amigo en el otro, o al menos ponemos de nuestro lado el derecho, y Dios no deja a merced de la venganza ha quien ha perdonado. Cuando recomienda Jesús ponerse pronto de acuerdo con el adversario, no es solo con miras a apaciguar las discordias durante la actual existencia, sino para evitar que las mismas se sigan perpetuando en las vidas futuras.

El espiritismo nos dice que los enemigos de una vida suelen encarnar juntos repetidas veces, formando familias para comenzar juntos el trabajo más difícil de realizar, el que se unan por medio del amor la víctima y el verdugo. Las familias formadas por enemigos  irreconciliables, abundan tanto en la Tierra que no hay números  suficientes  para formar la suma de ellas, los odios de los unos chocan con la indignación de los otros. Los lazos del espíritu son los que unen a los seres, estos sí que nunca se rompen, los de la carne se deshacen fácilmente. Lo más difícil para un espíritu es olvidar las ofensas que recibe y con su olvido perdonarlas. Por eso todas las comunicaciones de los buenos espíritus, y todas las obras espíritas que sirven de fundamento al espiritismo se ocupan del adelanto y del progreso de las personas, todos los escritores de aquí y de allá, dicen lo mismo. Sin el perdón de las ofensas no se puede escalar los cielos, hay que comprender a nuestros enemigos y hay que hacer más aun, hay que amarlos.

Muchos dirán ¡Esto es imposible! ¡imposible del todo!  Y los buenos espíritus nos dicen ¿a qué pensáis que vino Cristo? a enseñarnos el camino que debíamos seguir, a servirnos de ejemplo, su misión no fue otra que demostrarnos con hechos  la virtualidad de sus palabras. Porque si las palabras no van acompañadas de las obras, de nada sirven, son como la lluvia que cae fuera de tiempo, que no beneficia a los campos.

Dios sabe lo que hay en el fondo de nuestros corazones. Sintámonos dichosos al ir a dormir todas las noches diciéndonos “no tengo nada contra mis semejantes”. Repasemos lo que hemos hecho en el día y estemos vigilantes al día siguiente en no repetir las imperfecciones que tenemos, si creamos el hábito, llegará un momento en que nos sorprenderemos de que todo fluya, como tiene que ser.
Alguien dijo: Perdona todo y a todos sin cesar, porque los ofensores cualesquiera que sea su condición, son portadores del remordimiento como una espina de fuego clavada en su propio ser. Cada ser humano necesita del perdón, como precisa del aire, pues el amor es el sustento de la vida. No permitas, entonces, que el perdón sea nada más que un sonido musical en los movimientos de la lengua. Reflexiona acerca de cuantas veces has cometido equivocaciones también tú, que reclamas comprensión y tolerancia, y olvida las ofensas para comenzar otra vez el servicio junto a tus hermanos. Recuerda por encima de todo que cuando se perdona la bendición de Dios consigue descender hasta los debates del alma y solamente mediante el perdón, el alma consigue elevarse hacia la bendición de Dios.

Nunca subestimes el poder de tus acciones. Con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal, Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros para impactarlos de alguna manera.

Lorenzo

sábado, 4 de junio de 2016

¿Qué habéis hecho del hijo que confié a vuestros cuidados?



“¿Qué habéis hecho del hijo que confié a vuestros cuidados?”
San Agustín, 
(El Evangelio según el Espiritismo, cap. XIV, ít. 9)

En una sociedad en la que se valora el tener en detrimento del ser, lo natural es que se dé más importancia a tener hijos que a ser padres y madres.

El tener hijos está relacionado con la posesión y el dominio. Según esa visión, el hijo debe satisfacer las expectativas de sus progenitores, quienes lo consideran como un prolongamiento de ellos, un proyecto para realizar sus intereses o superar sus frustraciones.

Con el fin de lograr afecto, el hijo intenta atender a la voluntad de sus progenitores y, en ese proceso, tiene dificultad en desarrollar su identidad y puede perder la capacidad de decir no, de poner límite a las demás personas así como la espontaneidad en ser coherente con lo que piensa y siente.
Cuando no logra cumplir con las expectativas de sus progenitores o busca tomar decisiones según su propia voluntad, el hijo, aunque ya sea adulto, puede sentirse culpable, como si ello constituyera un fracaso, una falta de respeto o hasta una traición. Los progenitores, a su vez, pueden dejar de considerarlo como un buen hijo, pasar a tratarlo como un ingrato y cobrar por todo lo que le hicieron.
En esa relación de posesión y dominio, a la vez que el hijo pierde su individualidad, los progenitores no sólo conservan la suya, sino que no abren mano de su individualismo. Desean que los hijos estén a su disposición, pero ellos no están a disposición de los hijos. El tiempo de los progenitores es escaso para los hijos, pues ya está ocupado por otros compromisos y responsabilidades. De ese modo, los hijos se transforman en huérfanos de progenitores vivos.

Hay progenitores que se justifican diciendo que no tienen tiempo porque trabajan mucho para poder garantizar el bienestar de sus hijos. Aunque se trate de familias que pasan por necesidades, no de progenitores más interesados en sus carreras profesionales y en sus ambiciones personales, se debe tener en cuenta que el bienestar no se limita a lo material: los objetos no pueden sustituir el afecto. La mayor necesidad del ser humano es el amor.

La propuesta de la Doctrina Espírita con relación a este tema no es simplemente tener hijos, sino ser madres y padres. Para ello, es necesario comprender que el ser confiado a nuestros cuidados es hijo de Dios, no nuestro, lo que, lejos de eximirnos de nuestra responsabilidad, la resalta. Como madres y padres, tenemos el deber de orientar a los hijos en el camino del bien, y responderemos ante Dios por el modo como hayamos cumplido ese deber, que es una verdadera misión.

La herramienta fundamental para conducir a los hijos al bien es el amor. Solamente amando verdaderamente a los hijos es que podremos educarlos para que aprendan a amar, lo que favorecerá su perfeccionamiento y, por lo tanto, su bienestar, no sólo en la existencia presente, sino también en la vida futura.

Cuando hay verdadero amor, no hay espacio para la posesión y el dominio. Los hijos no están sometidos al autoritarismo de los progenitores, sino que deben cumplir con la voluntad de Dios, que los creó para ser Espíritus puros y, por ende, para desarrollar todas sus potencialidades. Les corresponde a las madres y a los padres colaborar, en todo lo que esté a su alcance, para que los hijos puedan alcanzar el nivel de progreso espiritual planeado para la existencia física actual.

Libres de la posesión y del dominio, los hijos maduran psicológicamente, desarrollan la capacidad de tomar decisiones y de asumir responsabilidades y, al tener respetada su identidad, cuentan con mejores condiciones de profundizar su proceso de autoconocimiento, indispensable a la transformación moral.  

A pesar de que padres e hijos preservan su individualidad, en la educación para el amor no hay lugar para el individualismo, sino se demuestra, por el ejemplo, el bienestar que generan la abnegación, la renuncia, la paciencia, la ternura y especialmente la caridad en su triple aspecto de benevolencia, indulgencia y perdón.

La educación para el amor se dirige, pues, a la conquista de las realizaciones interiores, a diferencia de otros patrones educacionales que tienen como objetivo la adquisición de las realizaciones exteriores: una posición relevante en la sociedad, posesión de bienes materiales, triunfo político, artístico o cultural, entre otras. Las realizaciones exteriores pueden generar placer, que es siempre efímero, pero, sin la base de las realizaciones interiores, suelen desarmonizar al individuo, llevarlo al vacío existencial en la vida presente y comprometer desfavorablemente su futuro espiritual.  

A fin de educar para la conquista de las realizaciones interiores,  es necesario comprender que los hijos, como todos nosotros, son Espíritus inmortales, que tuvieron existencias corporales anteriores y que, por lo tanto, traen, al renacer, experiencias y tendencias propias. Desde pequeños, los niños manifiestan inclinaciones malas y buenas, provenientes de vidas pasadas. Debemos estar atentos y hacer todo lo posible para que los hijos superen las malas inclinaciones, sin esperar que ellas echen raíces profundas, a la vez que los ayudamos a fortalecer y a desarrollar las buenas tendencias.
Si, por nuestra responsabilidad, los hijos no progresan espiritualmente, los veremos entre los Espíritus que sufren, cuando podríamos haberlos ayudado a ser felices. En esa situación, torturados por remordimientos, solicitaremos reparar esa falta en una nueva existencia física, durante la cual envolveremos a esos hijos en mayores cuidados y sobre todo en amor.

Por otro lado, si hacemos todo lo posible por el adelanto moral de los hijos y no obtenemos el éxito deseado, nuestra conciencia puede estar tranquila. A pesar de la natural amargura que podamos experimentar por el fracaso de nuestros esfuerzos, Dios nos reserva el consuelo que proviene de la certeza de que ese fracaso es solamente una postergación, pues podremos concluir, en otra existencia, la obra que empezamos en esta, hasta que los hijos sigan por el camino del bien.

¿Qué he hecho del hijo que Dios confió a mis cuidados? Es una pregunta que siempre debemos hacernos, sin esperar el término de la existencia corporal, a fin de que podamos, desde ahora, cambiar, si es el caso, la educación que le estamos dando. Si es necesario cambiarla, debemos, ante todo, cambiarnos a nosotros mismos –educarnos a nosotros mismos para el amor–, pues, para educar a los otros, es fundamental nuestro propio ejemplo. En el proceso educacional de los hijos, por lo tanto, no sólo ellos pueden progresar espiritualmente, sino también nosotros, madres y padres.
Que, en lugar de tener hijos, seamos madres y padres a servicio de Dios, cocreadores de la obra divina, instrumentos de auxilio para que los hijos confiados a nuestros cuidados cumplan fielmente con el planeamiento establecido para su existencia física actual y sean hombres y mujeres de bien. Si así lo hacemos, también avanzaremos en el camino del bien y, juntos con los hijos, formaremos una familia unida por los lazos indestructibles del amor.

Simoni Privato Goidanich

Referencias bibliográficas:
- El libro de los Espíritus, Allan Kardec.
- El evangelio según el espiritismo, Allan Kardec. 
- Serie Psicológica de Joanna de Ângelis

Terapia desobsesiva


"¿Cómo te llamas? Y respondió: Legión me llamo, 
porque muchos somos" (Marcos 5:1-19)


De entre toda la terapéutica espírita: atención fraterna, estudio, fluidoterapia, desobsesión, etc., esta última, conlleva expresiva relevancia tanto por su importancia intrínseca como por su delicada práctica.

Allan Kardec describe la obsesión espiritual (en su fase más simple) como la influencia que ejerce un espíritu sobre determinado individuo que se afina con él a nivel mental. Y como convivimos en un universo de ondas pensamiento y vibraciones mentales que se interpe-netran, todos, en mayor o menor medida, participamos sino de obsesiones en su sentido pleno, sí de interferencias e ideas fijas que no nos hacen nada bien.

El abordaje científico y moral del Espiritismo enfatiza este asunto de la obsesión espiritual como siendo una pandemia psíquica que acompaña al mismo ordenamiento íntimo y social del hombre de todas las edades. Y es que en el pensamiento contemporáneo el Espiritismo es la primera escuela filosófica que saca a dominio público esta realidad consustancial a la psicología humana y al vasto y a veces sutil entramado de las relaciones, así como, además, ofrece la profilaxis más integral para su tratamiento.

-o-O-o-

Cierto que este asunto de la parasitosis psíquica no es de planteamiento exclusivo del Espiritismo (pertenece a la noche de los tiempos)… En los mismos Evangelios ya existía esta terapia desobsesora mencionada como “echar fuera demonios” y que no era practicada solo por Jesús y sus apóstoles, sino que formaba parte del culto general de los primeros cristianos, antes de la hegemonía católica y el ordenamiento del clero romano. Es interesante anotar que se le llamase “espíritus inmundos” o “demonios”, siendo este último adjetivo una demo-nización de la expresión griega daimon, es decir; “espíritu”, que podía ser positivo o negativo (el propio Sócrates hablaba abiertamente de su daimon o espíritu guía).

De tal manera, en el medio espiritista, echar o expulsar demonios podemos traducirlo tranquilamente como “conducir” o “tratar” espíritus…

Sea como fuere muchos de los seguidores de Jesús (apóstoles, pero también judíos convertidos a la nueva fe, gentiles, gentes ilustradas, pueblo llano, etc.), se educaban durante un tiempo razonable para desarrollar estas prácticas de la manera más conveniente y dentro del marco del mensaje de paz y amor del Nazareno…

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad antes si son de Dios” (I Epístola de Juan 4:1)
Los cristianos de la primera hora instruían a las almas inferiores que influían mentalmente haciendo daño a sus víctimas encarnadas, ayudándoles a romper sus resistencias psíquicas y trascender a regiones más elevadas del plano espiritual.

Dieciséis siglos más tarde, el espiritismo (afín por esencia al mensaje original del primer cristianismo) recupera esta terapia denostada por el totalitarismo religioso de los siglos posteriores, y lo hace por mediación de los Espíritus Superiores que inspiraron la Revelación espírita del siglo XIX, sabedores del flagelo que la obsesión produce en los escenarios del mundo, y de la paz y la luz que la terapia desobsesiva puede otorgar a determinados tormentos del psiquismo humano domiciliado en uno u otro lado de la existencia.

Los espíritas, carentes como el resto de la humanidad de la magnitud espiritual del Galileo, pero, a semejanza de sus seguidores de otrora, imperfectos pero voluntariosos, conscientes del papel libertador del servicio desinteresado, continúan hoy realizando esta terapéutica del diálogo y el amor, tal como exhortaba el mismísimo Galileo, pero también personajes de la talla de Pablo de Tarso (en sus recomendaciones de la I Epístola a los Corintios), Juan el discípulo amado o Hermas.
Hay un motivo más para contribuir en este tipo de tratamiento del psiquismo colocado al servicio de la caridad, y es que todos, en esta o en pasadas existencias, hemos sido verdugos encarnados o desencarnados, todos en mayor o menor medida hemos andando por las sombras y necesitados de luz y apoyo sin condiciones. Por esto, casi todos, podemos ser candidatos y prepararnos para este servicio inmemorial que el Espiritismo trajo de nuevo, rescatado de los pliegues del tiempo y de la persecución de los felices y poderosos… y lo hizo de manera fraternal y didáctica en 1861, dentro de la configuración del inmortal: "El libro de los Médiums".

Kardec, el pedagogo, pero también el iniciado y benefactor de la Humanidad, inspirado por “las Voces de los Cielos” (los Espíritus Superiores guías de los hombres), retoma la terapia desobsesiva en la 2ª obra de la Codificación ya mencionada, y lo hace no para una minoría de escogidos (como en los Misterios del pasado), sino para los buscadores e iniciados de los nuevos tiempos que inspirados por la luz bendecida del Espiritismo, deseen colaborar en la obra de regeneración y liberación de las conciencias.

El maestro de Lion, asesorado por el Espíritu de Verdad, aborda las prácticas esotéricas de los primeros cristianos y de los gnósticos, y lo hace dentro de una óptica positivista, racional y moral, configurando una de las terapias más esenciales de la Doctrina de los Espíritus, donde obsesor (espíritu) y obsesado (hombre o mujer) tienen un encuentro con su yo interno y les es facilitado el despertar de sus conciencias cristalizadas en el tiempo.

Los espíritas (siempre cuando reúnan las condiciones mínimas para ser respaldados por los Hermanos superiores), en reuniones especiales de contenido íntimo, acogen a las entidades atrapadas en las fajas vibratorias del bajo astral, y ateniéndose a las directrices de la psicoterapia espírita pueden ayudar a las almas a recobrar su cordura y trascender al Mundo Superior que Jesús llamó el “Reino de los Cielos”.

Juan Manuel Ruíz 
"Asociación Espírita José Grosso", Córdoba