domingo, 20 de octubre de 2019

El libre albedrío

El libre albedrío



¿Qué significan las palabras "libre albedrío"? libre, de libertad, es la condición necesaria al alma humana que, sin ella, no podría construir su destino. Albedrío viene de “arbitrium” que significa “potestad de obrar por resolución y elección “. El libre albedrío es el concepto que defiende que el ser humano tiene libertad para tomar sus propias decisiones y que los efectos de esas decisiones determinan el futuro.

En "El libro de los Espíritus" en la pregunta 843 se dice: El hombre, ¿tiene el libre albedrío de sus actos? Nos dicen... “Dado que tiene la libertad de pensar, tiene la de obrar. Sin libre albedrío, el hombre sería una máquina. En la siguiente pregunta: El hombre, ¿goza de libre albedrío desde el nacimiento? Contestan: “Tiene la libertad de obrar tan pronto como tiene voluntad de hacer. En las primeras etapas de la vida, la libertad es casi nula. Se desarrolla y cambia de objeto junto con las facultades. Dado que el niño tiene pensamientos acordes con las necesidades propias de su edad, aplica su libre albedrío a las cosas que necesita”.

Para que no nos quede dudas nos lo explica muy bien en el resumen de la 872: La cuestión del libre albedrío puede resumirse así: el hombre no es fatalmente conducido al mal; los actos que realiza no están escritos de antemano; los crímenes que comete no son el resultado de una sentencia del destino. El hombre puede, como prueba o expiación, elegir una existencia en la que sufrirá las incitaciones del crimen, ya sea por el medio en que encuentre, o por las circunstancias que sobrevengan. No obstante, siempre es libre de obrar o no obrar. Así pues, el libre albedrío existe, en el estado del espíritu, en la elección de la existencia y de las pruebas; y en el estado corporal, en la facultad de ceder o resistir a las incitaciones a que nos hemos sometido voluntariamente. Compete a la educación combatir esas malas tendencias. Y lo hará con provecho cuando se base en el estudio profundo de la naturaleza moral del hombre. Mediante el conocimiento de las leyes que rigen a esa naturaleza moral se llegara a modificarla, así como se modifica la inteligencia mediante la instrucción.

El espíritu, desprendido de la materia y en el estado errante, elije sus futuras existencias corporales según el grado de perfección que ha alcanzado, y en eso sobretodo consiste su libre albedrío. Esa libertad no queda anulada por la encarnación. Si el espíritu cede a la influencia de la materia es porque sucumbe ante las pruebas que él mismo eligió, y para que lo ayuden a superarlas puede invocar la asistencia de Dios y de los Espíritus buenos.

Sin el libre albedrío el hombre no tiene culpa por el mal, ni mérito por el bien. Esto es a tal punto admitido, que en el mundo siempre se censura o se elogia la intención, es decir, la voluntad. Ahora bien, quien dice voluntad, dice libertad. Por consiguiente, el hombre no puede valerse de su organización como excusa para justificar sus malas acciones, sin abdicar de su razón y de su condición de ser humano, para equipararse a los animales. Si es así para el mal, lo mismo será para el bien. No obstante, cuando el hombre hace el bien pone mucho cuidado en que se le reconozca el mérito a él mismo, y se abstiene de atribuírselo a sus órganos, lo cual prueba que instintivamente no renuncia, a pesar de lo que opinan algunos sistemáticos, al más bello privilegio de su especie: la libertad de pensar.

La fatalidad, tal como se la entiende vulgarmente, supone la decisión previa e irrevocable de todos los acontecimientos de la vida, cualquiera que sea su importancia. Si ese fuera el orden de las cosas, el hombre sería una maquina sin voluntad. Dado que se hallaría invariablemente dominado en todos sus actos por el poder del destino, ¿para qué le serviría la inteligencia? Tal doctrina, en caso de ser cierta, implicaría la destrucción de toda libertad moral. Ya no habría responsabilidad para el hombre y, por consiguiente, dejaría de existir el bien y el mal, los crímenes y las virtudes. Dios, soberanamente justo, no podría castigar a su criatura por faltas cuya realización no dependería de ella, así como tampoco podría recompensarla por virtudes cuyo mérito no tendría. Semejante ley sería, además, la negación de la ley del progreso, pues el hombre que esperase todo de la suerte no intentaría nada para mejorar su posición, puesto que esta no sería ni mejor, ni peor.
La fatalidad no es, con todo, una palabra vana. Existe en la posición que el hombre ocupa en la Tierra y en las funciones que desempeña en ella, como consecuencia del tipo de existencia que su espíritu eligió, ya sea una prueba, una expiación o una misión. El hombre sufre fatalmente todas las vicisitudes de esa existencia y todas las tendencias, buenas o malas, que le son inherentes; pero la fatalidad se detiene allí, porque depende de su voluntad que ceda o no a esas tendencias. El detalle de los acontecimientos está subordinado a las circunstancias que el propio hombre provoca con sus actos, y en los cuales pueden influir los espíritus mediante los pensamientos que le sugieren.

La fatalidad está, pues, en los acontecimientos que se presentan, dado que ellos son la consecuencia de la elección de la existencia que ha hecho el espíritu. Tal vez no esté en el resultado de esos acontecimientos, pues del hombre depende modificar el curso de los mismos con su prudencia. Nunca hay fatalidad en los actos de la vida moral. En cambio, el hombre en la muerte sí se halla sometido de manera absoluta a la inexorable ley de la fatalidad, pues no puede liberarse de la sentencia que fija el término de su existencia, ni del tipo de muerte que debe interrumpir su curso. Según la doctrina vulgar, el hombre extrae de sí mismo todos sus instintos. Estos proceden de su organización física, de la cual él no es responsable; o de su propia naturaleza, en la que encuentra una excusa ante sus propios ojos diciendo que no es culpa suya ser como es. La doctrina espírita es, evidentemente, más moral. Admite en el hombre el libre albedrío en toda su plenitud. Al decirle que si hace el mal cede a una mala sugestión extraña, le deja la responsabilidad completa, puesto que reconoce en él, el poder de resistir, lo cual es evidentemente más fácil que si tuviera que luchar contra su propia naturaleza. Así según la doctrina espírita, no hay incitación irresistible: el hombre puede siempre cerrar los oídos a la voz oculta que le incita al mal en su fuero interior, así como puede cerrarlos a la voz material de quien habla. Puede hacerlo mediante su voluntad, pidiéndole a Dios la fuerza necesaria y reclamando con ese fin la asistencia de los espíritus buenos. Eso es lo que enseña Jesús en la sublime plegaria de la oración dominical, cuando nos hace decir: “No nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal “. No sólo es sublime en cuanto a su moralidad, sino que (agregamos) eleva al hombre ante sí mismo. Lo muestra libre de sacudirse un yugo obseso, así como es libre de cerrar su casa a los inoportunos. Ya no es una máquina que funciona mediante un impulso independiente de su voluntad, sino un ser de razón, que escucha, juzga y elige libremente entre dos consejos. Añadamos que, a pesar de esto, el hombre no se halla privado de su iniciativa; no deja de obrar por su propio impulso, puesto que en definitiva no es más que un espíritu encarnado que conserva, bajo la envoltura corporal, las cualidades y los defectos que tenía como espíritu. Por consiguiente, la causa principal de las faltas que cometemos está en nuestro propio espíritu, que todavía no alcanzó la superioridad moral que tendrá algún día, aunque no por eso carece de libre albedrío.

La vida corporal le fue otorgada para que purgue sus imperfecciones mediante las pruebas que sufre en ella, y son precisamente esas imperfecciones las que lo tornan más débil y más accesible a las sugestiones de los otros Espíritus imperfectos, que se aprovechan de ellas para tratar de hacerlo sucumbir en la lucha que ha emprendido. Si sale victorioso de esa lucha, se eleva. Si fracasa, sigue siendo lo que era, ni mejor ni peor. Se trata de una prueba que deberá recomenzar, y eso puede durar mucho tiempo. Cuánto más se purifica, tanto más disminuyen sus puntos débiles y menos motivos da a los que lo incitan al mal. Su fuerza moral crece a causa de su elevación, y los Espíritus malos se alejan de él.

Todos los Espíritus, más o menos buenos, cuando están encarnados, constituyen la especie humana. Y como la Tierra es uno de los mundos menos adelantados, en ella se encuentran más Espíritus malos que buenos, por eso vemos aquí tanta perversidad. Nos aconsejan que nos esforcemos, pues, para no tener que volver a este mundo después de la actual estadía, y para que merezcamos ir a descansar en un mundo mejor, en uno de esos mundos privilegiados en los que el bien reina con exclusividad y donde sólo recordaremos nuestro paso por la Tierra como un periodo de exilio.

Resumiendo, un poco lo aquí escrito: Libre albedrío  se entiende la capacidad de optar entre distintas alternativas que se nos ofrecen o crear otras nuevas. Nadie, ni ninguna ley de la naturaleza pueden torcer en principio nuestra voluntad. Nos consideramos capacitados para tomar decisiones. Por ello, va estrechamente vinculado al concepto de responsabilidad (moral, civil, penal etc.). El individuo que actúa según su libre albedrío es también responsable de sus acciones, tanto si cuentan como aciertos o como sus errores.

Por otro lado, según el determinismo, toda conducta o elección humana tiene su raíz en una causa, de modo que nuestras decisiones estarían determinadas indefinidamente por todas las causas que la preexisten, lo cual significa que no hay elección posible y que el libre albedrio en realidad no existe.
Podemos ayudar a otras personas a encontrar el camino hacia lo bueno, pero no le podemos quitar la decisión, ni se le puede obligar a hacer el bien. Cada uno ha de encontrar su propio camino, cada uno de nosotros tenemos que ser los forjadores de nuestra propia “suerte” por decirlo de alguna manera, “lo que siembras recogerás”.

Cualquiera puede cometer un error, sin embargo, tiene que acarrear con las consecuencias, conforme con la ley natural de causa y efecto, según la cual, somos regidos, todos los seres humanos.
El otro día hablando sobre este tema, con una persona del centro espírita, decía que, por sus circunstancias, entre otras familiares, no podía hacer lo que él quisiera, que no tenía libre albedrío. Yo, por el contrario, le conté, mi caso, y a pesar de que, en esta, mi vida, (aparentemente tenía todo lo que una persona puede desear) buena posición social, dinero, bienes, buena vida en general etc. Un buen día, después de muchos meses de darle vueltas y analizando lo que era mi vida y seguramente mi futuro, teóricamente más bueno, llegué a la conclusión de que con este tipo de vida que llevaba, no era feliz, que de alguna manera, vivía la vida que otros querían que viviera, decidí cambiar completamente de vida, cuando digo completamente es porque la vida que vivo ahora es radicalmente opuesta a la de antes, no quiero alargarme contando mi caso, pero esto viene a colación de lo que estábamos hablando con esa persona, de que por sus circunstancias, no tenía libre albedrío y yo le digo que siempre lo tenemos, otra cosa es que por comodidad, por miedo etc., no queramos tomar ciertas decisiones, en nuestra vida…pero de tener, lo tenemos y se mire como se mire, somos creados para que seamos nosotros los que decidamos sobre nuestros actos, esto como hemos dicho, es tener libre albedrío.
Lorenzo
Centro Espírita “Entre el Cielo y la Tierra “

miércoles, 16 de octubre de 2019

Los milagros bajo la óptica espírita

Los milagros bajo la óptica espírita



Si buscamos en el diccionario el significado de la palabra milagro nos encontraremos que lo define como hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino.

Sin embargo, no es la definición original de este vocablo. La palabra milagro, antiguamente miraglo, encuentra su origen en el latín miraculum, palabra derivada del verbo mirari, que significa «admirarse» o «contemplar con admiración, con asombro o con estupefacción». Los latinos llamaban miraculum a aquellas cosas prodigiosas que escapaban a su entendimiento, como los eclipses, las estaciones del año y las tempestades.

Es así como, desde el punto de vista etimológico, la palabra milagro no indica relación necesariamente con una cierta intervención divina, sino que se liga al asombro ante lo inefable, tal como lo plantearan los latinos. A raíz de esto, milagro también puede referirse a un "Suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa", sin implicar fuerzas divinas.

Esta es la definición que originalmente se le daba a esta palabra, siendo efectivamente su significación más usual y utilizada, aplicándose también a las cosas vulgares que nos sorprenden y cuya razón nos resulta desconocida. Pero con el tiempo se ha ido modificando y se le ha dado un significado diferente, que nada tiene que ver con el original, desviándolo así de su sentido inicial.

Por ejemplo, para los cristianos, los milagros son eventos que exceden lo natural y que suponen una manifestación del amor que siente Dios por las personas. Los católicos definen el hecho milagroso como aquel que, justamente, no tiene explicación científica. Si se asegura que un milagro ha sido realizado por una persona fallecida, el Vaticano puede proceder a beatificarla y canonizarla.

Una de las características de los milagros es que son propiamente dicho, inexplicables y, por tanto, se realizan con exclusión de las leyes naturales, siendo otra característica del mismo el hecho de que sea insólito, aislado, excepcional.

A los ojos de los ignorantes, la ciencia hace miagros todos los días, he aquí por qué aquellos que en otros tiempos sabían más que el vulgo eran considerados hechiceros, y como se creía que toda la ciencia venía del diablo, eren quemados, o ejecutados.

De esto tenemos muchos registros de personajes importantes para la humanidad que con sus estudios o descubrimientos fueron considerados locos, herejes o diablos, por lo que fueron encarcelados, torturados o ejecutados.

Si un hombre muerto es vuelto a la vida por intervención divina, sucedería un auténtico milagro, ya que sería contrario a las leyes de la Naturaleza, pero si ese hombre tan solo tuviera la apariencia de la muerte, y todavía tuviera restos de vitalidad latente, y la ciencia o una acción magnética consigue reanimarlo, para ciertas personas más esclarecidas sería considerado como un simple fenómeno natural, sin embargo para aquellos más ignorantes, sería un suceso milagroso, pudiendo ser el autor perseguido o venerado, según el carácter de los individuos.  Si un físico lanzase en medio de un descampado bajo una tormenta un barrilete con punta metálica e hiciera que cayese un rayo sobre un árbol, seguramente este personaje sería considerado como equipado de un poder diabólico. Sin embargo, llevado a cabo por Franklin este suceso demostró que las nubes están cargadas de electricidad y que los rayos son descargas eléctricas. Creando después de este experimento el pararrayos, que tantas vidas ha salvado.

A lo largo de los siglos hemos podido comprobar que la ignorancia ha hecho que los milagros sean muy fecundos, ya que todo aquello que se desconocía su causa, era considerado sobrenatural. Pero a medida que la ciencia ha ido revelando nuevas leyes, el círculo de lo maravilloso ha ido reduciéndose. De esta forma se han ido despejando los velos que cubrían ciertos misterios, obligando a rectificar los prejuicios que las religiones han ido formando sobre todo lo que en un tiempo rechazaron, la Tierra no es el centro del universo, gira alrededor del Sol y otros muchos ejemplos. Aun así, la ciencia no ha explorado todo el campo de la naturaleza, por lo que una gran parte de él quedó reservada para lo maravilloso.

Entonces, ¿qué podemos decir sobre los sucesos espíritas? Las apariciones, levantamientos de mesas, materializaciones, psicografía, la escritura directa, y un largo etc. ¿Podrían ser considerados milagros? O por el contrario, ¿tienen una explicación mucho más lógica y racional?
Las apariciones, curaciones que la Iglesia Católica ha pregonado como milagros ¿lo son realmente?
Y sobre los milagros que Jesús ejecutó durante su paso por la Tierra. ¿Qué opinión nos hemos forjado de ellos?

El Espiritismo ha venido a hacer lo que ya hicieron cada ciencia en su advenimiento: revelar nuevas leyes y explicar, en consecuencia, los fenómenos que competen a estas leyes. Nos da la clave de una multitud de cosas inexplicadas e inexplicables por cualquier otro medio, y que en tiempos remotos fueron considerados prodigios.

Encontramos en el libro "La Génesis" esta explicación en el capítulo XIII ítem 9: Los fenómenos espíritas consisten en los diferentes modos de manifestación del alma o espíritu, ya sea durante la encarnación o en el estado de erraticidad. Mediante esas manifestaciones, el alma revela su existencia, su supervivencia y su individualidad. Se la juzga por sus efectos; al ser natural la causa, el efecto también lo es. Esos efectos son los que constituyen el objeto especial de las investigaciones y estudios del espiritismo, a fin de que se llegue a un conocimiento tan completo como sea posible de la naturaleza y los atributos del alma, como también de las leyes que rigen el principio espiritual.

El espíritu no es más que el alma que sobrevive al cuerpo, es el ser principal ya que no muere, mientras que el cuerpo es un accesorio perecedero. Eso quiere decir que su existencia es tan natural después de su muerte como durante la encarnación. Estando sometido a las leyes que rigen el principio espiritual, de la misma forma que el cuerpo está sometido a las leyes que rigen el principio material. Puesto que ambos principios tienen afinidad, reaccionando sin cesar uno sobre el otro, se puede decir que la espiritualidad y la materialidad son dos aspectos de un mismo todo, siendo tan natural una como la otra.
Durante la encarnación el espíritu actúa sobre la materia por medio de su cuerpo fluídico o periespíritu y lo mismo sucede cuando no está encarnado. Como Espíritu hace lo que hacía como hombre, dentro de sus capacidades, pero como no puede servirse del cuerpo carnal como instrumento, se vale, cuando le es necesario, de los órganos materiales de un encarnado, que es lo que se denomina médium. Actúa entonces como una persona, que no pudiendo escribir por sí misma, recurre a un secretario, o alguien que no conoce un idioma necesita de un intérprete. El secretario o interprete serían los médiums del encarnado, del mismo modo que el médium es el secretario o interprete del Espíritu.

Como están en la naturaleza, los fenómenos espíritas se han producido en todos los tiempos. Sin embargo, precisamente porque su estudio no podía realizarse con los medios materiales de que dispone la ciencia vulgar, han permanecido durante mucho más tiempo que otros en el dominio de lo sobrenatural, de donde ahora el espiritismo los saca.

"El Libro de los médiums" capítulo II de la primera parte: "Probad entonces que la existencia de los Espíritus y sus manifestaciones son contrarias a las leyes de la naturaleza; que esto no es y no puede ser una de estas leyes. Seguid la Doctrina Espirita y ved si se eslabona con todos los caracteres de una admirable ley que resuelve todo lo que las leyes filosóficas no han podido resolver hasta este día. El pensamiento es uno de los atributos del Espíritu, la posibilidad de obrar sobre la materia, de hacer impresión sobre nuestros sentidos y por consecuencia de transmitir su pensamiento, resulta, si podemos expresarnos así, de su constitución fisiológica, luego no hay en este hecho nada de sobrenatural, nada de maravilloso. Que un hombre muerto y bien muerto, resucite corporalmente, que sus miembros dispersos se reúnan para volver a formar su cuerpo, he aquí lo maravilloso, lo sobrenatural, lo fantástico, eso sería una verdadera derogación que Dios no puede cumplir sino por un milagro, pero no hay nada de esto en la Doctrina Espírita."

El capítulo IV del "El libro de los médiums" segunda parte nos aclara:
"13. Si nosotros hemos comprendido bien lo que habéis dicho, el principio vital reside en el fluido universal, el Espíritu toma en ese fluido la envoltura semimaterial que constituye su periespíritu, y por medio de este fluido obra sobre la materia inerte.

Sí esto es, que él anima la materia de una especie de vida ficticia, la materia se anima de la vida animal. La mesa que se mueve bajo vuestras manos vive, como el animal; obedece por si misma al ser inteligente. No es éste el que la empuja como el hombre hace con un fardo, cuando la mesa se levanta, no es que el Espíritu la levante a fuerza de brazos es la mesa animada que obedece a la impulsión dada por el Espíritu.

14. ¿Cuál es el papel del médium en este fenómeno?
Lo he dicho: el fluido propio del médium se combina con el fluido universal acumulado por el Espíritu, es menester la unión de estos dos fluidos, esto es, del fluido animalizado con el fluido universal, para dar vida a la mesa. Pero observad bien que esta vida es sólo momentánea, se extingue con la acción, y muchas veces antes del fin de la acción, tan pronto como la cantidad del fluido no es suficiente para animarla."

A su vez el capítulo II de la primera parte del mismo libro sigue diciendo al respecto:
Resumimos nuestra posición en las siguientes proposiciones:

1.- Todos los fenómenos espíritas tienen como principio la existencia del alma, su supervivencia al cuerpo y sus manifestaciones.

2.- Con base en una ley de la naturaleza, esos fenómenos nada tienen de maravilloso ni sobrenatural, en el sentido vulgar que se atribuye a esas palabras.

3.- Muchos de los hechos se consideran sobrenaturales porque no se conoce su causa. Al atribuirles una causa, el espiritismo los restituye al dominio de los fenómenos naturales.

4.- Entre los hechos calificados de sobrenaturales, hay muchos cuya imposibilidad el espiritismo demuestra, y los incluye en la categoría de las creencias supersticiosas.

5.- Aunque el espiritismo reconoce un fondo de verdad en muchas de las creencias populares, no avala en modo alguno las historias fantásticas creadas por la imaginación.
6.- Juzgar al espiritismo por los hechos que no admite es dar prueba de ignorancia y quitar toda validez a la opinión del que critica.

7.- La explicación de los hechos que el espiritismo admite, así como la de sus causas y sus consecuencias morales, constituyen toda una ciencia y una filosofía, que requieren un estudio serio, perseverante y profundo.

8.- El espiritismo solo puede considerar como crítico serio a aquel que haya visto, estudiado y profundizado todos los fenómenos, con la paciencia y la perseverancia de un observador concienzudo, aquel que tenga tanto conocimiento del tema como el más ilustrado de los adeptos, a aquel que por consiguiente, haya absorbido sus conocimientos al margen de las novelas científicas, aquel a quien no se pueda oponer ningún hecho que le resulte desconocido, ni argumento alguno sobre el cual no haya reflexionado, a aquel que, en definitiva, pueda indicar, para los hechos comprobados, una causa más lógica que la citada por el espiritismo. Ese crítico todavía no apareció.
El conocimiento del principio espiritual, de la acción de los fluidos sobre la materia, del mundo invisible en medio del cual vivimos, de las facultades del alma, de la existencia y propiedades del periespíritu, ha dado la clave de los fenómenos de orden psíquico y probado que, no son derogaciones de las leyes de la naturaleza, sino que, por el contrario, son aplicaciones frecuentes de las mismas. Reconociendo la unión entre los dos mundos, el espiritual y carnal, la influencia de uno sobre el otro debería ayudarnos a entender que todos los efectos de magnetismo, de sonambulismo, de éxtasis, de doble vista, de hipnotismo, de catalepsia, de anestesia, de transmisión del pensamiento, de presciencia, de curaciones instantáneas, de posesiones, apariciones y transfiguraciones, movimiento de objetos, etc., que constituyen la casi totalidad de los milagros del Evangelio, pertenecen a lo que podremos denominar como fenómenos espíritas.

Qué podemos decir de todo lo que hizo Jesús durante su encarnación en la Tierra, ¿fueron milagros? Así han sido calificadas todas sus curaciones y demás sucesos llevados a cabo por él.

Los fenómenos relatados en el Evangelio, que hasta hoy han sido considerados como milagros, pertenecen en su mayoría al orden de los fenómenos psíquicos, es decir, aquellos que tienen como causa primera las facultades y los atributos del alma. Ciertamente se puede dudar de que estos hechos sucedieran realmente, sin embargo, hoy podemos ver como las curaciones y otros sucesos similares se pueden llevar a cabo también.

Como hemos dicho los fenómenos psíquicos se basan en las propiedades del fluido espiritual. Sin entrar en juzgamientos acerca de Jesús, no podemos dejar de reconocer que es uno de los espíritus más elevados que han pasado por la Tierra, estando así muy por encima de los hombres. Viendo la repercusión que su paso por nuestro planeta ha tenido durante todos estos siglos, podemos sin duda decir que Jesús ha sido más que un profeta, ya que Él ha sido un Mesías divino.

En "La Génesis" en el capítulo XV ítem 2 nos dice así: "Como hombre tenía el organismo de los seres carnales, pero como Espíritu puro, desprendido de la materia, vivía más la vida espiritual que la vida corporal, cuyas debilidades no padecía. La superioridad de Jesús con relación a los hombres no era el resultado de las cualidades particulares de su cuerpo, sino de las de su Espíritu, que dominaba a la materia de un modo absoluto, y de la cualidad de su periespíritu, extraído de la parte más quintaesenciada de los fluidos terrestres."

Con esto podemos decir que la calidad de sus fluidos y su elevación moral, conferían a Jesús un inmenso poder magnético, secundado por el incesante deseo de hacer el bien, realizando así todos los fenómenos que se le atribuyen.

Pudieran criticarnos por dar estas teorías espíritas que consideran prematuras. Pero se olvidan que los hechos del Espiritismo son discutidos por muchas personas, siendo estudiados con mucho rigor, precisamente porque parecen salirse de la ley natural y no se les entiende.
El Espiritismo no se propone examinar si existen o no los milagros, esto es, si Dios ha podido en ciertos casos abolir momentáneamente las leyes eternas que rigen el Universo. A este respecto, la Doctrina Espírita deja toda la libertad de creencia. Pero dice y prueba que los fenómenos sobre los cuales se apoya tienen de sobrenatural sólo la apariencia.

Si explicamos el proceso de las cosas como por ejemplo como funciona internet, o el teléfono móvil pueden ser mucho mejor entendidos y comprendidos, aunque no se vea con la vista el proceso en el que todo sucede o funciona.  De igual forma, la explicación, en este siglo en el que no nos contentamos solo con palabras, es un poderosos motivo de convicción.

También vemos a personas que no han visto una mesa girar, ni un médium escribir, y que están tan convencidas como aquellos que, sí lo presenciaron en algún momento, únicamente porque ellas han leído, estudiado y de esta forma han podido comprender. Pensemos seriamente en que si solo creyéramos en aquello que nuestros ojos han podido ver, nuestras convicciones se reducirían a muy poca cosa. ¿Quién ha visto el aire, el oxígeno, las ondas que transmiten el sonido, etc.? Sin embargo, tenemos evidencia de que existe ¿verdad?, Lo mismo ha de sucedernos con los fenómenos espiritas.
Con todo lo expuesto podemos afirmar que los sucesos espíritas ya sean apariciones, materializaciones, psicografía..., suceden realmente, pero no pueden ser considerados como milagros, ya que el espiritismo nos revela las leyes que nos ayudan a comprenderlos. Y si alguien siente que aquello que hace es milagroso o maravilloso es que no está entendiendo nada de esta filosofía Espírita.

Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra" 

domingo, 13 de octubre de 2019

El progreso y la armonía

El progreso y la armonía



En lo profundo del alma, como individualidad, se encuentran todas las experiencias que ha vivido y sentido a través de todas sus existencias, todos sus conflictos y todos sus tormentos, todo lo que ha amado y todo lo que ha sufrido.

Así, considerando al espíritu autor de su destino por su libre albedrío, nunca tomará como demasiado repetir reencarnando en los hogares donde mantiene el vínculo afectivo, conforme a su vida anterior.
Viendo la variedad de encarnaciones siempre podrá quedar algún recuerdo de sí misma en forma de tendencias y aptitudes.

Las frustraciones y emociones no asimiladas se imponen en los comportamientos que se van sucediendo, surgiendo disturbios psicológicos de diferentes tipos.

Haciendo un análisis más allá de lo personal, el ser se enriquece de valores que debe multiplicar cada vez más, se autoconoce y se autodisciplina, dando a su conciencia mayor lucidez, ya que el autoconocimiento es el medio práctico más eficaz para mejorar en esta vida. Entonces, se despierta en él perspectivas que antes tenía dormidas, el germen del progreso moral se activa dándole oportunidades en el campo intelecto-emocional, venciendo las secuelas de vidas anteriores, aún predominantes en la psique, que se exteriorizan en forma de desarmonía.

El Ser necesita despojarse, con mucho esfuerzo, de sus ideales, desnudarse ante su propia realidad, convertir su mente en un espejo y observarse sin emociones evitando así la autocompasión, la justificación o la culpa. Para conseguir un retrato de lo que verdaderamente es y de lo que le corresponde convertirse para evolucionar, amando y ayudando más. Cualquier actitud infantil, o cualquier tentativa exterior de aplazar su inevitable autoconocimiento lo desequilibrará y aplazará su progreso. Nadie es culpable de no avanzar o de estancarse, no obstante, la permanencia en esa actitud denota inmadurez psicológica o una manifestación patológica del comportamiento.

Cuando alguien aspira a ser mejor cada día, irradia energías saludables desde el campo mental que le ayudan tanto a él como a su alrededor a continuar. Así, el querer, la voluntad y los continuos esfuerzos crean nuevos condicionamientos que conducen a conseguir la meta propuesta. No es ningún milagro, es la actitud que resulta del empeño individual.

El autodescubrimiento tiene por finalidad concienciar a la persona de lo que necesita, como realizarlo, y cuando dar inicio a una nueva etapa. Ya que, acomodada, no se da cuenta de todas las posibilidades que están esperándola.

El autoencuentro puede ser logrado a través de la meditación reflexiva y la oración, con la ayuda de Dios y los buenos espíritus que le asisten recobrando las fuerzas en su fe para no desistir, fijando la mente en ideas positivas, buscando saber quién se es, cómo poder avanzar, y cuál es la finalidad de su existencia.

Llena de honestidad para mejorar, la perturbación desaparece, dejando al individuo seguir libre y en armonía.

Junto a la oración y la meditación se encuentra la acción solidaria. Siempre tendrá un ser superior que lo guíe y un ser inferior para con el cual debe cumplir los mismos deberes, ya que no todos progresan al mismo tiempo y de la misma manera. Los más adelantados ayudarán al progreso de los otros a través del contacto social sin interés y muy fraternal. Dejando a un lado el miedo, llenándose de amor, abriendo un campo en la afectividad sin apegos, sin deseos, pasiones o neurosis. Posibilitando la armonía personal sin ansiedad, conflicto o culpa. Proporcionando salud mental y emocional, indispensables a la física.

Las condiciones de progreso y armonía del Ser proponen el estudio de las virtudes evangélicas para la posterior aplicación en la conducta personal.

Así el Amor se manifestará en todas las expresiones, comenzando por uno mismo teniendo seguridad en los propósitos y realizaciones. Junto con el perdón regenerador, libertador de resentimientos.
El progreso y la armonía son conquistas del ser humano que se exteriorizan en la forma de comprender la vida y la atracción por ella en el empeño incesante de crecer intelectual y moralmente.
El progreso es una ley divina por lo que el ser mejora a medida que comprende y practica mejor esa ley. Así la armonía resulta de la conciencia despierta para la conquista de su plenitud.

Alma Casarrubios. 

Referencias: 
El libro de los Espíritus, Allan Kardec; 
El Ser consciente, Divaldo Pereira Franco. 

martes, 4 de junio de 2019

Cervantes y el licenciado Torralba

Cervantes y el licenciado Torralba



Nos deja caer Cervantes en el capítulo XLI de la segunda parte de su inmortal Don Quijote de la Mancha, el nombre del licenciado Torralba, así como de pasada y como quién no dice nada. Ya que, si hablamos de Amadíses y demás caballeros imaginarios de la andante caballería, cómo no nombrar al no menos imaginario doctor Eugenio de Torralba (1485-1531) -hombre real y nada ficticio-, sin que por ello ocurra nada, ni la censura se haga cargo de expurgar dicho pasaje.

Y es que nuestro admirado escritor, como humanista que era, habiendo bebido en su juventud toda la grandeza que en Italia bullía durante el Cinquecento, hacía honor a la frase de Terencio «nada de lo humano me es indiferente». Y por tanto era conocedor de las llamadas «artes ocultas», tales como la astrología y nigromancia, entre otras. Cosa que no es de extrañar: la astrología era considerada una de las más altas ciencias hasta la irrupción de Galileo, Kepler y demás astrónomos, que impulsaron el método científico para su estudio; dejando que otras cualidades –muy apreciadas entonces- que se suponía afectaban psicológicamente a las personas, fueran cayendo poco a poco en descrédito.
Sobre la nigromancia, que según el DRAE es: 1. Procedimiento adivinatorio que consiste en predecir el futuro por medio de la invocación a los espíritus de los muertos. 2. Conjunto de conocimientos y prácticas que intentan conjurar y someter los malos espíritus y las fuerzas maléficas ocultas para causar daño a los demás.

Podríamos decir que la astrología es a la astronomía, lo que la nigromancia es al espiritismo. Puesto que el espiritismo adopta el método científico al estudio de las comunicaciones con el mundo espiritual; cosa de la que carecía la nigromancia, más al servicio de las opiniones de las autoridades o eruditos en la materia, o al buen (o mal) hacer del nigromante. Y es que al igual que siempre hubieron astros, siempre ha habido espíritus. Lo que ha variado es el modo de estudiar lo que llamamos leyes naturales: leyes que siempre han existido y que el esfuerzo de la mente humana trata de categorizar e investigar para mejor comprenderlas.

Otra diferencia capital, es el espíritu objetivo del espiritismo, en donde el médium es solo un intermediario, y no posee ningún tipo de poder especial, sino que tiene una facultad lo suficientemente desarrollada para poder servir de intermediario. Para el espiritismo todos somos médiums, pues todos somos almas encarnadas y sentimos de un modo u otro la influencia del plano espiritual, pero llamamos médiums facultativos a aquellos que poseen las condiciones adecuadas para que esta sea ostensiva y no algo meramente puntual.

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Cervantes en sus obras deja traslucir sus conocimientos sobre las artes esotéricas, bien para burlarse de la credulidad del pueblo, bien dejando entrever un no sé qué de duda razonable. Una clara burla acaece en su novela ejemplar "El casamiento fingido (El coloquio de los perros)", donde uno de los protagonistas, el perro Berganza –que posee razón y discernimiento humano-, es confundido por la bruja Cañizares como el hijo de la Montiela que había sido transformado en perro por la bruja Camacha. Mientras la Cañizares hace un ritual, en el que desnuda, se unta de un potingue hecho a base de hierbas y cae en un estado de sueño místico; el bueno de Berganza la coge de un pie y arrastrándola la saca al patio del pueblo. Al amanecer se monta una buena trifulca, siendo la escena entre grotesca y cómica, quedando llena de escarnio la bruja.

Pero en otras partes se muestra más sutil Cervantes, y no se ve tal atisbo de burla. Por ejemplo en un pasaje de La Galatea (1585) donde una pastora viendo incumplida la promesa de su casamiento amenaza así a su burlador:

Cúmpleme señor, la que me diste si te precias de caballero, y no te desprecias de cristiano. Mira que si no correspondes a lo que me debes, que rogaré al Cielo que te castigue, al fuego que te consuma, al aire que te falte, al agua que te anegue, a la tierra que no te sufra, y a mis parientes que me venguen. Mira que si me faltas a la obligación que me tienes, que has de tener en mí una perpetua turbadora de tus gustos en cuanto la vida me durare, y aun después de muerta, si ser pudiere, con continuas sombras espantaré tu fementido espíritu, y con espantosas visiones atormentaré tus engañadores ojos.
O en la obra dramática El Trato de Argel donde las figuras alegóricas de la Ocasión y la Necesidad hacen la función de auténticos obsesores del plano espiritual, induciendo al protagonista a tomar malas resoluciones.

O el capítulo XLVIII de la segunda parte del inmortal Don Quijote, cuando viendo este entrar a la dueña Rodríguez y creyendo que es un fantasma, así le dice:

Conjúrote, fantasma, o lo que eres, que me digas quién eres y que me digas qué es lo que de mí quieres. Si eres alma en pena, dímelo, que yo haré por ti todo cuanto mis fuerzas alcanzaren, porque soy católico cristiano y amigo de hacer bien a todo el mundo, que para esto tomé la orden de la caballería andante que profeso, cuyo ejercicio aun hasta a hacer bien a las ánimas de purgatorio se extiende.

Aquí se aprecia la creencia secular de los espíritus necesitados de ayuda, que en la teología cristiano-católica penan en el purgatorio necesitados de oraciones. Y que para los espíritas, son los espíritus que al dejar el cuerpo humano se encuentran en el umbral o en el plano más físico, sin saber cómo elevarse y llegar a las moradas espirituales. Estando necesitados de ayuda y orientación.
Y en tantos otros lugares que nos sería forzoso alargarnos más de la cuenta.

***

Pues bien, llegamos al capítulo que nos importa. En el capítulo que mencionábamos al inicio, don Quijote y Sancho son huéspedes de un duque y duquesa, cuyos nombres no son nunca revelados. Estos no cejan de burlarse de ambos, y en la burla actual hablan del caballo Clavileño. Famoso caballo de madera, que vuela cual Pegaso, sin apenas hacerse notar su movimiento –obvio, pues no se mueve del sitio-. Y para viajar en él es menester vendarse los ojos. Durante la fantástica travesía, en la que caballero y escudero van sentados sobre Clavileño: los sirvientes de los duques hacen con fuelles falso viento, para hacerles creer que vuelan; o les acercan antorchas para que crean que se acercan a la esfera de fuego (la solar). Mientras que nuestro entrañable caballero, aguerrido y lanza en ristre, mantiene el continente lo mejor que puede, Sancho miedoso va aferrado a él con fuerza. En el ínterin, para calmarlo don Quijote, menta el caso Eugenio Torralba, por parecerle similar al que están pasando, y lo hace del siguiente modo:

«Verdadero cuento del licenciado Torralba, a quien llevaron los diablos en volandas por el aire, caballero en una caña, cerrados los ojos, y en doce horas llegó a Roma y se apeó en Torre de Nona, que es una calle de la ciudad, y vio todo el fracaso y asalto y muerte de Borbón, y por la mañana ya estaba de vuelta en Madrid, donde dio cuenta de todo lo que había visto; el cual asimismo dijo que cuando iba por el aire le mandó el diablo que abriese los ojos, y los abrió y se vio tan cerca, a su parecer, del cuerpo de la luna, que la pudiera asir con la mano y que no osó mirar a la Tierra, por no desvanecerse».

Si le quitamos la cáscara al envoltorio, podemos pensar de un modo espírita: que en realidad Torralba quedó dormido y pudo hacer un viaje astral y ver con la doble vista aquello que en Roma estaba sucediendo (1). Como se ve, se menciona la noche, lo cual nos parece sugerente para mantener nuestra hipótesis. Este caso nos recuerda al de Swendenborg que vio cómo ardía Estocolmo estando él a más de 40 km del lugar, siendo tal detalle comentado, entre otros, por el ilustre filósofo Immanuel Kant.

Eugenio Torralba fue un filósofo, médico y estudioso de las ciencias ocultas. Conoció a un clérigo nigromante que le «cedió» a Zaquiel, un espíritu para que velara por él. Salvando las distancias podemos hablar de un espíritu amigo o daimon socrático, por tanto Torralba sería médium vidente y dicho clérigo le ayudaría a interpretar y desarrollar su mediumnidad. Según nuestra opinión.
Aporta abundante información Caro Baroja (1992), en su obra Vidas mágicas e Inquisición, sobre el doctor Torralba:

«Entre sus capacidades más sorprendentes estaba la de poder comunicar, antes, durante e inmediatamente después de que tuviesen lugar, las noticias más importantes que, entre 1510 y 1527 se produjeron en Italia, Francia y España. Efectivamente, de las declaraciones de Torralba se infiere que, gracias al aviso de Zaquiel, el 30 de agosto de 1510, días antes de que llegasen las noticias a la corte, él anunció al Gran Capitán y al Cardenal Cisneros la derrota de los Gelves. Durante una estancia en Roma, Torralba fue también avisado por Zaquiel de la muerte del rey Fernando el Católico en 1516. Gracias a él, también el duque de Béjar fue avisado del alzamiento de las comunidades en 1519. Aunque el suceso sin duda más célebre protagonizado por Torralba y su sirviente diabólico fue el que tuvo lugar en la noche del 6 de mayo de 1527, cuando Zaquiel condujo a su amo por los aires desde Valladolid hasta Roma, le permitió contemplar el sangriento saqueo de la Ciudad Santa, antes de conducirle de vuelta a España para que diese noticia inmediata del hecho.
Y a continuación Caro Baroja nos explica cómo fue su final:

Poco después de aquella pretendida hazaña, a mediados de 1527, Torralba fue delatado ante el tribunal del Santo Oficio de Cuenca por un antiguo amigo suyo, don Diego de Zúñiga. A finales de ese año o a comienzos del siguiente fue encarcelado, y compareció el 10 de enero de 1528 ante el inquisidor doctor Ruesta. Cuando a finales de ese año recibió tormento, renegó del diablo Zaquiel, al que hasta entonces había tenido por espíritu bueno. En 1530 hizo otra retractación, y en marzo de 1531 fue admitido a reconciliación y conminado a que dejara de comunicarse para siempre con Zaquiel. A partir de entonces desaparece todo tipo de dato histórico sobre su vida, aunque algunas fuentes lo dieron por excarcelado y practicante durante años de su oficio médico».

Desde un conocimiento espírita, vemos como este Zaquiel seguramente sería un espíritu amigo o guía. La facultad de la videncia a distancia (o vista espiritual) y la precognición estaban presentes en dicho doctor, pues así lo atestiguan los hechos. Pero la mentalidad de la época más lo pinta como un Mefistófeles orientando a su Fausto, mezclado lo posible con lo maravilloso. De ahí que Cervantes valiéndose de esa irrealidad fantasmagórica, aproveche para citarlo, teniéndolo en mente lo más seguro a la hora de plasmar la escena de Clavileño en su inmortal Don Quijote. Y al mezclar leyenda, burlas y una pizca de verdad, lograr que dicho pasaje no fuera censurado.

¡Qué audaz y curioso escritor se nos presenta este humanista, don Miguel de Cervantes Saavedra! ¡Cuántas cosas no hay dichas de pasada, que encierran más profundas causas que las que aparentan en una lectura superficial!
Jesús Gutiérrez Lucas

(1) Para más información sobre la doble vista o vista psíquica véase. La Génesis de Allan Kardec, cap XIV ítems 22-28.

martes, 28 de mayo de 2019

Emociones, energía y periespíritu

Emociones, energía y periespíritu



El Espiritismo nos enseña que estamos compuestos de espíritu, cuerpo físico y periespíritu. El periespíritu es el cuerpo sutil que rodea al espíritu de forma que este pueda interactuar con los diferentes planos de manifestación de la materia hasta alcanzar el cuerpo físico. Materia que a su vez es energía, desde el pensamiento más sutil que podamos tener, hasta la materia tangible, pasando por los sentimientos y emociones que se desarrollan en nuestro interior. Por ello podemos decir que todo lo que rodea al espíritu es energía y por tanto su calidad se mide por su frecuencia vibratoria, que adquiere tonalidades casi infinitas, pudiendo por tanto clasificar de esta forma los pensamientos, sentimientos y emociones, en función de su vibración o lo que es lo mismo su elevación espiritual.

De esta forma podemos decir que  las emociones y los sentimientos definen el nivel vibratorio del conjunto de nuestros cuerpos sutiles, el periespíritu, que rodeando al Espíritu, determina a su vez, el filtro por el cual recibirá las experiencias que le serán accesibles al Espíritu en su camino evolutivo hacia la perfección. Estos niveles energéticos del periespíritu definirán los estados de vibración que definen nuestra personalidad y por los que pasamos diariamente, en función de los pensamientos que alimentemos en el día a día, o bien ocasionalmente cuando nos acontezcan hechos que modifican nuestras emociones y sentimientos.

Según el libro de "La Génesis", el Espíritu, a través de "...su envoltura periespiritual, que es parte constitutiva de su ser y que recibe en forma directa y permanente la impresión de sus pensamientos, debe llevar en ella, en mayor medida aún, sus cualidades buenas o malas"(1). Cualidades que muestran por su vibración en el periespíritu, el reflejo fiel de nuestra forma de pensar y moralidad y "...no cambiará, hasta tanto el espíritu no se modifique"(1).

El periespíritu a su vez podemos dividirlo, entre otros, en cuerpo mental, sede de la mente, y cuerpo espiritual, también llamado emocional, por la importancia que tienen estas sobre él. El cuerpo espiritual es a los espíritus que están en el plano espiritual más próximo, como nuestro cuerpo físico es a nosotros. Por ello, cuando estudiemos la literatura de Chico Xavier y se hable del periespíritu, también llamado psicosoma, debemos entender que están hablando del cuerpo espiritual de los espíritus, por el cual se muestran a los demás e interactúan con el medio espiritual, y que para muchos apenas difiere en cuanto a su percepción, del que tenían en vida como cuerpo físico.

Toda energía en movimiento se puede entender como un fluido de energía, que en su recorrido interactúa con el medio por donde pasa dejando su huella vibracional e interactuando con aquellos que en él se encuentran. Según la impresión que causan estos fluidos, se clasifican como armonizadores o desarmonizadores. Los sentimientos de amor, paz, y piedad, siempre nos armonizan y equilibran, acercándonos a la salud, mientras que por lo contrario las emociones estresantes, de miedo o rabia, siempre desarmonizan y pueden llegar a enfermarnos, primero a nivel energético y luego material, porque: "Prácticamente todas las molestias tienen sus raíces en el periespíritu"(2).

La salud y la enfermedad se establece primero en cada uno de los órganos espirituales de nuestro cuerpo energético para luego reflejarse en el cuerpo físico, órgano espiritual a órgano físico, acorde a las vibraciones de armonía y desarmonía del primero.

De todas las emociones y sentimientos, el Amor puro es el que tiene la energía más elevada y con mayores propiedades armónicas y equilibrantes, porque es la energía más próxima a Dios.

Por lo contrario el miedo y el odio son las energías que más nos desequilibran porque dificultan tener amor. El miedo, ante un peligro real, es necesario para la supervivencia y de ahí su razón de ser, pero cuando el miedo es subjetivo e irreal, nos desequilibra creando tensiones innecesarias que cuando duran largo tiempo nos debilitan afectando al periespíritu, agotando su energía y dando origen a emociones negativas, comprometiendo nuestra salud biopsicofisiológica.

El miedo implica inseguridad y la inseguridad impulsa a nuestra mente a tomar actitudes egoístas por puro instinto de conservación, por un lado, y por otro alimenta nuestro orgullo, como barrera de protección frente a los demás y los peligros que supone relacionarnos con ellos.

Egoísmo y orgullo se encuentran en el origen de todas las pasiones y desequilibrios y se relacionan directamente con los instintos de supervivencia y conservación. La Génesis nos dice: "Si hacemos un estudio de las pasiones, e incluso de los vicios, veremos que su origen común está en el instinto de conservación" (3).

Las emociones en cierta forma son el lenguaje con el habla nuestro subconsciente reaccionado a los estímulos del exterior, producidas por los instintos, las pasiones y por tanto nuestro ego. Nuestro ego utiliza las emociones para conseguir sus propósitos, muchas veces sin hacernos conscientes de ello.
Las emociones, internamente, son una reacción subjetiva que viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos), influenciados por la experiencia, formando parte de los procesos que nos permiten adaptar nuestro organismo al entorno que nos rodea. Dicho mecanismo fácilmente es utilizado por nuestro Ego para dar satisfacción a nuestras pasiones. Los sentimientos, por el contrario, podemos verlos como mecanismos más sutiles que nos conmueven interiormente alcanzando más directamente al Espíritu, que consciente de ello, tiene la posibilidad de reaccionar más en base a su voluntad que condicionado por sus necesidades fisiológicas inmediatas. Muchas veces los sentimientos remueven a su vez ciertas emociones que nos hacen difícil identificarlos, afectando por ello, tanto al cuerpo espiritual como al físico.

El remordimiento, por ejemplo, afecta a los centros de fuerza relacionados con el sentimiento de culpa que lo originó ralentizando sus funciones, causando su hipotensión o adinamia, cumpliéndose la máxima de que "cada uno es castigado por donde pecó"(2). El libro "El alma de la materia" nos habla del remordimiento como causa de adinamia en los centros de fuerza, que es la "hipotensión en el movimiento circulatorio de las fuerzas que mantienen el cuerpo espiritual; resulta del remordimiento"(4).

A su vez, sentimientos depresivos demuestran carencia de autoamor y debilitan nuestro periespíritu, permitiendo incluso el robo de energías, principalmente en el centro de fuerza esplénico que “…está situado en el bazo, regulando la distribución y la circulación adecuadade los recursos vitales por todos los rincones del vehículo que nos servimos.”(5), Edgar Armond explica sobre este centro que “una disfunción o agotamiento del centro de fuerza esplénico, resulta siempre en pérdida de fuerzas, enflaquecimiento progresivo, depresión psíquica”. (6)

El odio y el rencor a su vez, desarmonizan gravemente el periespíritu al ser sentimientos contrarios al amor, endureciendo el corazón y afectando al centro de fuerza cardíaco "responsable de la emoción y del equilibrio"(7).

El amor, como energía más próxima al Creador, es la mejor terapia armonizadora que está al alcance de todos nosotros.Trabajarnos la Fe Razonada, mediante el estudio aumentando nuestro conocimiento espiritual, es la mejor forma de disminuir nuestros miedos que nos alejan del equilibrio. Nuestra mente, muchas veces influenciada por estímulos y creencias externas, crea formas pensamiento, a través de la imaginación sobreexcitada, que luego son un lastre energético para nuestro periespíritu, influenciando los centros de fuerza, acelerándolos ("hipertensión o hiperdinámia"(4)), pudiendo crear graves consecuencias emocionales y para la salud, como son la ansiedad, nerviosismo, insatisfacción y por tanto infelicidad. La terapia de amor, con nuestra dedicación de amor hacia los demás, nos permitirá aligerar nuestro egoísmo acercándonos a nuestro equilibrio, alimentando nuestros centros superiores gracias a la práctica de la caridad, permitiéndonos, a su vez, que despierte de nuestra nuestra espiritualidad interior de camino hacia la autorrealización.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

Referencias:
(1) "La Génesis" cap. XIV ítem 18, Allan Kardec.
(2) "El Libro de los Espíritus" preg. 973, Allan Kardec.
(3) "La Génesis" cap. III ítem 10, Allan Kardec.
(4) "El alma de la materia" p.45, Marlene Nobre comentando"Evolución en Dos Mundos", 2ª parte, p. 30.
(5) Entre la Tierra y el Cielo, cap. 20. Pág. 127, Fco. Cándido Xavier. 
(6) “Desenvolvimiento mediúmnico”, cap. III, pág. 59, Edgard Armond.
(7) "El alma de la materia" p.43, Marlene Nobre.


jueves, 23 de mayo de 2019

Avaricia, orgullo y envidia. Un sentimiento lleva al otro

Avaricia, orgullo y envidia. Un sentimiento lleva al otro 



Estos tres defectos o imperfecciones del ser humano están mucho más relacionados entre sí de lo que pensaríamos en un principio. Veamos cómo es esto.

La avaricia (del latín, avaritia), es el afán o deseo desordenado de poseer riquezas, bienes, posesiones u objetos de valor abstracto con la intención de atesorarlos para uno mismo, mucho más allá de las cantidades requeridas para la supervivencia básica y la comodidad personal. Se le aplica el término a un deseo excesivo por la búsqueda de riquezas, estatus y poder. La codicia, por su parte, es el afán excesivo de riquezas, sin necesidad de querer atesorarlas.

Erich Fromm (destacado psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista) describe la avaricia como "un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo interminable de satisfacer la necesidad sin alcanzar nunca la satisfacción."

Aunque por lo general el concepto de avaricia se utiliza para identificar o criticar a aquellos que buscan la riqueza material excesiva, también es aplicable en situaciones donde la persona siente la necesidad de sentirse por encima de los demás desde un punto de vista moral, social, o de cualquier otra manera.

Entre los sinónimos de avaricia encontramos términos bastante coloquiales como ambición, ansia, miseria, egoísmo, tacañería, etc.

Podríamos no sentirnos identificados con este defecto ya que pensaremos que no atesoramos riquezas, pero preguntémonos ¿Me cuesta trabajo desprenderme de algo por pequeño que sea? ¿Soy “tacaño” a la hora de invitar a mis amigos, pagar en un restaurante, de rascarme el bolsillo ante una propina, o cualquier situación similar? ¿Busco sentirme o estar por encima de los demás deseando el poder?, ¿Necesito que todo aquello que hago sea reconocido por quienes me rodean? Ser tacaño es un sinónimo de avaricia y necesitar sentirnos por encima de los demás también, de ahí lo bueno de analizarse cada cual individualmente de forma constante puesto que puede ser parte de nosotros sin que creamos que esto suceda.

La Revista Espírita de 1858 nos hace una muy buena descripción del hombre avaro: “¡Escúchame, avaro! ¿Conoces la felicidad? Sí, ¿no es cierto? Tus ojos brillan con un oscuro destello en las órbitas que la avaricia ha cavado más profundamente; tus labios se aprietan; tu nariz tiembla y tus oídos se aguzan. Sí, escucho, es el ruido del oro que tu mano acaricia al echarlo en tu escondrijo. Tú dices: Es la voluptuosidad suprema. ¡Silencio! Alguien viene. Cierra de prisa. ¡Oh, qué pálido estás! Tu cuerpo se estremece. Tranquilízate; los pasos se alejan. Abre; observa nuevamente tu oro. Abre; no tiembles; te encuentras completamente solo. ¡Escucha! No, no es nada; es el viento que silba al pasar por el umbral. ¡Observa cuánto oro! Húndete a manos llenas: haz que suene el metal; estás feliz.
¡Feliz, tú! Pero en la noche no tienes reposo y tu sueño es atormentado por fantasmas.

¡Tienes frío! Acércate a la chimenea; caliéntate en ese fuego que crepita tan agradablemente. La nieve cae; el viajero friolento se cubre con su capa y el pobre tirita bajo sus harapos. La llama del hogar se va extinguiendo; echa más leña. Pero no, ¡detente! Es tu oro que consumes con esa leña; es tu oro que quemas.

¡Tienes hambre! Ten, toma; sáciate; todo esto es tuyo, lo has pagado con tu oro. ¡Con tu oro! Esta abundancia te indigna; ¿lo superfluo es necesario para mantener tu vida? No, este pequeño pedazo de pan bastará; hasta es demasiado. Tus ropas caen en jirones; tu casa se agrieta y amenaza ruina; sufres frío y hambre; pero ¡qué te importa! Tienes oro.

¡Desdichado! La muerte te separará de ese oro. Lo dejarás al borde de la tumba, como el polvo que el viajero sacude en el umbral de la puerta, donde su amada familia lo espera para celebrar su regreso.
Tu sangre empobrecida –envejecida por tu miseria voluntaria– se ha helado en tus venas. Herederos ávidos acaban de tirar tu cuerpo en un rincón del cementerio; hete aquí cara a cara con la eternidad. ¡Miserable! ¿Qué has hecho de ese oro que te ha sido confiado para aliviar al pobre? ¿Escuchas estas blasfemias? ¿Ves esas lágrimas? ¿Ves aquella sangre? Aquellas blasfemias son las del sufrimiento que habrías podido calmar; esas lágrimas, tú las has hecho correr; esta sangre, tú la has derramado. Tienes horror de ti; querrías huir, pero no puedes. ¡Sufres como un condenado! Y te retuerces en tu sufrimiento. ¡Sufre! Nada de piedad para ti. No has tenido un buen corazón para con tus hermanos desdichados; ¿quién lo tendrá ahora para ti? ¡Sufre!

Por otro lado, el evangelio según el Espiritismo nos dice también: “Había un hombre cuyas tierras habían producido en abundancia, y pensaba entre sí de este modo: ‘¿Qué haré, pues ya no tengo lugar donde guardar todo lo que he cosechado?’ Y dijo: ‘Esto es lo que haré: Demoleré mis graneros y construiré otros más grandes, donde pondré toda mi cosecha y todos mis bienes. Y le diré a mi alma: Alma mía, tienes muchos bienes en reserva para largos años; descansa, come, bebe, goza’. Pero Dios, al mismo tiempo, dijo a ese hombre: ‘¡Qué insensato eres! Esta misma noche reclamarán tu alma; ¿para quién será lo que acumulaste?’” Eso le sucede al que acumula tesoros para sí mismo, y no es rico para con Dios”.

La avaricia, aunque satisfaga nuestro deseo actual no nos produce felicidad, ni ahora y por supuesto mucho menos en el futuro cuando regresemos al mundo espiritual. Ete sentimiento nos apega a todas esas riquezas que hemos ido acumulando, ya sean materiales, como de estatus social o poder sobre los demás. Ocasionando dolor y sufrimiento tal y como describe la Revista Espírita incluso durante nuestra existencia carnal.

El apegarnos a los bienes materiales es un gran impedimento para nuestro adelanto moral y espiritual, ya que con este afán destruimos en nosotros mismos y sin ayuda de nadie la cualidad de amar.
A esto hay que añadirle tal y como el Evangelio nos dice también, que lamentablemente en el hombre rico siempre existe un sentimiento tan intenso como el apego a estas riquezas, y es el orgullo.
El orgullo, es la característica de alguien que tiene un concepto exagerado de sí mismo pudiéndolo llevar a la soberbia, un sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás. Una persona orgullosa muestra soberbia, altivez, vanidad, arrogancia, e incluso puede manifestar un desprecio hacia otras personas. Entre los sinónimos encontramos arrogancia, soberbia, vanidad etc.
En La Revista Espírita de 1858 podemos leer:

“Un soberbio poseía algunos acres de buena tierra; estaba envanecido con las pesadas espigas que cubrían su campo, y sólo tenía una mirada de desdén para con el campo estéril del humilde. Éste se levantaba con el canto del gallo y pasaba todo el día curvado sobre el suelo ingrato; recogía pacientemente las piedras y las arrojaba al borde del camino; removía profundamente la tierra y extirpaba penosamente las zarzas que la cubrían. Ahora bien, su sudor fecundó el campo, que se convirtió en un puro trigal.
Entretanto, la cizaña crecía en el campo del soberbio y sofocaba al trigo, mientras que el dueño se vanagloriaba de su fecundidad y miraba con ojos de piedad los esfuerzos silenciosos del humilde.
En verdad os digo que el orgullo es semejante a la cizaña que sofoca al buen grano. Aquel de vosotros que se crea más que su hermano y que se vanaglorie de sí mismo es insensato, pero es sabio el que trabaja en sí mismo como el humilde en su campo, sin envanecerse de su obra”.

El Evangelio según el Espiritismo también nos dice que el orgullo pone en el hombre una venda sobre los ojos y le tapa los oídos. Siendo este la negación de la caridad. Y que todo aquello que excita el sentimiento de personalidad destruye, o al menos debilita, los elementos de la verdadera caridad, que son la benevolencia, la abnegación y la devoción.

En el cap. XVII del mismo leemos: “Apartad de vuestros corazones la idea del orgullo, de la vanidad y del amor propio, que ineludiblemente quitan el encanto de las más hermosas cualidades. No imitéis a ese hombre que se presenta como modelo, y hace alarde de sus propias cualidades a los oídos complacientes. La virtud que se ostenta esconde a menudo una infinidad de pequeñas torpezas y de detestables cobardías”.

¿Buscamos el reconocimiento en aquello que hacemos? ¿Sentimos que somos más capaces que cualquiera y por eso somos más merecedores de puestos, o posición ante los demás? Estas preguntas y otras similares pueden ayudarnos en nuestro análisis personal, porque si no vemos en lo que fallamos ¿Cómo vamos a cambiarlo?

Este orgullo que nos lleva a sentirnos superiores a otros puede también producir en nosotros la envidia de lo que no tenemos y poseen los demás. Si comprendiéramos realmente los sutiles que pueden ser estos sentimientos lo entenderíamos mucho mejor y nos resultaría más fácil localizarlos en nosotros mismos.

La envidia es un sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles.  La RAE la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee.

En el ámbito del psicoanálisis la envidia es definida como un sentimiento experimentado por aquel que desea intensamente algo poseído por otro. La envidia daña la capacidad de gozar y de apreciar lo que posee uno mismo. Es el factor más importante del socavamiento de los sentimientos de amor, ternura o gratitud. Es un sentimiento enojoso contra otra persona que posee o goza de algo deseado por el individuo envidioso, quien tiene el impulso de quitárselo o dañarlo.

Bertrand Russell (filósofo, matemático, lógico y escritor británico) sostenía que la envidia es una de las más potentes causas de infelicidad.  Siendo universal, es el más desafortunado aspecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no sólo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia, sino que además alimenta el deseo de producir el mal a otros.

La envidia por lo tanto es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor, sino que al otro le vaya peor, es un sentimiento que nunca produce nada positivo en el que lo padece sino una insalvable amargura. Esta puede tener muchos orígenes, pero lo más destacado de este sentimiento negativo hacia los demás es la misma persona y su forma de ver las cosas en su vida. Generalmente esta emoción surge debido a que se padecen frustraciones personales, baja autoestima o la dificultad de poder conseguir objetivos que se han planteado en la vida. Normalmente la persona envidiosa intenta ocultar este sentimiento, resultando muy raro que asuma este defecto, ya que supone la aceptación de una carencia.

A lo largo de la historia la envidia ha estado muy presente en las diversas culturas. Buena muestra de ello es la cultura griega y también la romana que apostaron incluso por hacerla muy presente en sus diversas obras artísticas. Así, la han llegado a representar como una anguila o bien como la cabeza de una mujer mayor llena de serpientes.

Es interesante resaltar que además los griegos utilizaban la expresión “mal ojo” para poder definirla. Tan poderosa la consideraban que intentaban proteger a sus hijos de aquella y lo hacían aplicándoles en la frente el lodo que encontraban en el fondo de los baños.

El problema de la envidia es que la persona que la tiente se siente algo resentido con la persona que ha conseguido lo que ella no ha podido conseguir hasta el momento o por lo que no se ha esforzado lo suficiente. Es entonces cuando existe cierto odio y se le desea que todo le vaya mal.

De nuevo la "Revista Espírita" nos habla de ella de forma muy clara e instructiva: “Ved a este hombre: su Espíritu está inquieto, su desdicha terrestre ha llegado al colmo; envidia el oro, el lujo, la felicidad aparente o ficticia de sus semejantes; su corazón está devastado, su alma sordamente consumida por esta lucha incesante del orgullo, de la vanidad no satisfecha; lleva consigo, en todos los instantes de su miserable existencia, una serpiente que lo aviva, que sin cesar le sugiere los más fatales pensamientos: «¿Tendré esta voluptuosidad, esta felicidad? Por tanto, esto me es debido al igual que aquéllos; soy un hombre como ellos; ¿por qué sería yo desheredado?» Y se debate en su impotencia, presa del horrible suplicio de la envidia. Feliz aún si estas ideas funestas no lo llevan al borde de un abismo. Al entrar en este camino, se pregunta si no debe obtener por la violencia lo que cree que se le es debido; si no irá a mostrar a los ojos de todos el horroroso mal que lo devora. Si ese desdichado hubiera sólo observado por debajo de su posición, habría visto el número de los que sufren sin quejarse y que incluso bendicen al Creador; porque la desdicha es un beneficio del cual Dios se sirve para hacer avanzar a la pobre criatura hacia su trono eterno.

Haced vuestra felicidad y vuestro verdadero tesoro en la Tierra de las obras de caridad y de sumisión: las únicas que os permite ser admitidos en el seno de Dios. Estas obras del bien harán vuestra alegría y vuestra dicha eternas; la envidia es una de las más feas y de las más tristes miserias de vuestro globo; la caridad y la constante emisión de la fe harán desaparecer todos esos males, que se irán uno a uno a medida que los hombres de buena voluntad –que vendrán después de vosotros– se multipliquen. Así sea.”.

Seguro que muchos no se sentirán identificados con la envidia al prójimo, y dirán que no tienen envidia de nada ni de nadie, pero sería muy bueno que mirásemos en nuestro interior y viéramos si nunca hemos criticado a alguien por conseguir ese ascenso, llevarse muy bien con cierta persona, lograr aquello que se propone, y un largo etc. de cosas pequeñas que en nuestro día a día y de forma sutil aparecen. Recordemos que la crítica suele estar movida por un sentimiento negativo, en ocasiones de desprecio hacia aquella persona a la que va dirigida y sería muy útil analizar qué mueve esa crítica en nosotros. Posiblemente no manifestemos envidia de forma muy visible, pero ¿Y en las cosas pequeñas, podemos decir lo mismo?

El Evangelio cap. V ítem 23 dentro del apartado que nos habla de los tormentos voluntarios nos indica: "Para el envidioso, al igual que para el que sufre de celos, no existe el sosiego: ambos padecen un perpetuo estado febril. Lo que ellos no tienen, y que otros poseen, les produce insomnio. La prosperidad de sus rivales les causa vértigo. Sólo los estimula el deseo de eclipsar a sus vecinos. Todo su placer consiste en excitar, en los insensatos como ellos, la rabia y los celos que los devoran. ¡Pobres insensatos! No piensan, en efecto, que tal vez mañana tendrán que dejar todas esas futilidades, cuya codicia les envenena la vida".

Cuando somos avariciosos codiciando lo que los otros tienen y no hemos logrado, cuando sentimos que nosotros nos merecemos las cosas más que nuestro prójimo, estamos manifestando los tres sentimientos hasta aquí descritos, la avaricia, el orgullo y la envidia y con ello incrementamos de forma voluntaria los tormentos que hemos de vivir en esta existencia, agravándolos e incluso imponiéndonos tormentos que no eran necesarios.  Es por todo lo expuesto que podemos asegurar que estos tres defectos están muy unidos, si somos orgullosos nos sentimos muy por encima de los demás y por lógica sentimos que nos merecemos más que otros lo que ellos tienen y así aparece la envidia, codiciando o sintiendo que tenemos que atesorar aquello que nos haga superiores a nuestro prójimo. De manera que uno lleva al otro sin darnos apenas cuenta.
Por eso, si queremos evolucionar y ser parte de mundos regeneradores, trabajemos para que no exista el orgullo que hace callar al corazón, la envidia que lo tortura y la avaricia que lo ahoga.
Veamos lo opuesto a cada uno de ellos: De la avaricia encontramos el desprendimiento, generosidad, altruismo. Del orgullo la humildad y de la envidia la caridad, nobleza, conformidad. Son estas cualidades que tenemos que aprender a desarrollar y con esfuerzo saldremos victoriosos de la lucha diaria contra las lacras que la humanidad padece a día de hoy.

Escuchemos las sabias palabras del Evangelio en los capítulos XI, VII: “El egoísmo es la llaga de la humanidad, debe desaparecer de la Tierra, porque impide el progreso moral. …Ponga cada uno el mayor empeño para combatirlo en sí mismo, pues ese monstruo devorador de la inteligencia, ese hijo del orgullo, es la fuente de todas las miserias de la Tierra. El orgullo es la negación de la caridad, y, en consecuencia, el más grande obstáculo para la felicidad de los hombres”.

“Sed generosos y caritativos sin ostentación, es decir, haced el bien con humildad. Que cada uno derribe poco a poco los altares que habéis erigido al orgullo. En una palabra, sed verdaderos cristianos, y alcanzareis el reino de la verdad”.

Si nuestro esfuerzo se centra en la generosidad, hacer el bien a los demás, haciendo esto con humildad, si vemos a nuestro prójimo como igual y por ello nos alegramos por los logros que consiguen en su vida, podemos estar seguros que estamos en el buen camino. Y llevaremos a cabo las palabras que podemos leer en "El Libro de los Espíritus" en la pegunta 893: “Todas las virtudes tienen su mérito, porque todas son signos de progreso en el camino del bien. Hay virtud cada vez que existe una resistencia voluntaria a las inclinaciones de las malas tendencias. Con todo, lo sublime de la virtud consiste en el sacrificio del interés personal por el bien del prójimo, sin segundas intenciones. La virtud más meritoria es la que se basa en la más desinteresada caridad.”

Practiquemos la caridad, seamos generosos, siempre con humildad, mirando a nuestro prójimo como un igual, no buscando el reconocimiento, conformándonos con lo que en esta existencia tenemos. Consideremos el conjunto de las existencias, no sólo la vida presente y así veremos que todo se equilibra con justicia. Analicemos nuestro comportamiento y nuestras reacciones en la vida diaria en todo momento, intentando siempre conocernos a nosotros mismos para así poder trabajar en nuestro mejoramiento y elevación moral. Que nuestro lema sea siempre: “FUERA DE LA CARIDAD NO HAY SALVACIÓN”.
Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra" 

martes, 14 de mayo de 2019

Sentimiento filosófico y religioso

Sentimiento filosófico y religioso



Resulta a ratos curioso y a ratos preocupante que, a 161 años de su codificación, el Espiritismo siga despertando debates y controversias en su mismo seno. Esto demuestra de manera incontestable que el Espiritismo sigue siendo todo un desafío, hasta para los mismos espíritas...

Una cosa es el libre y natural 'modus operandi' con el que cada cual lo viva, y otra muy diferente reinventar, al gusto de cada cual, una filosofía integral y transformadora que, además, tiene toda una línea doctrinaria bien definida y diferenciada... Y es que muchos se dedican a reunir y añadir cuantos elementos ideológicos considere necesarios (aunque en el cuerpo general espírita ni figuren), así como otros, reinterpretan el mensaje dándole giros esotéricos, cientifistas o religiosos de los que carece.

La inercia cultural, la mezcolanza y el temor a pensar diferente, crean muchos más obstáculos para la siembra espírita de los que podríamos pensar...

Debemos emplear mucha perseverancia, lógica doctrinaria y valentía para poner la verdad del Espiritismo por encima de personas, organizaciones y sincretismos. Es una responsabilidad y un deber pendiente que todos los espíritas compartimos...

El espírita con buen sentido nunca interpretará tal o cual libro como "palabra de Dios", sino que proseguirá estudiando y con la mente abierta, ni caerá en la adoración de este o aquél escritor o figura destacada (pues más allá de la sana admiración, sabe que como encarnado, nadie es infalible), en una palabra: estará muy atento a los peligros y los rostros encubiertos de la vanidad, el inmovilismo o el fanatismo (presentes en él mismo, en su grupo de estudio o en el movimiento de su país), y sin desprecios o rupturas innobles, se colocará siempre de parte de la verdad espírita, aunque esto le reste apoyos o lo conviertan en menos popular.

Divulgar la literatura espírita (y no perder de vista las fuentes originales), revisionar los pasos dados y adoptar nuevas estrategias organizativas a nivel de centro o de federaciones, puede ser más importante que la creación de nuevos centros o la celebración mecánica de un nuevo Congreso anual (que, quizá, poco tenga que aportar ya, al haberse convertido en un esquema organizativo cerrado y repetido).

La diversidad es un hecho y no tiene por qué ser una amenaza, sino una oportunidad para construir diálogo y camino. En algún momento, nos olvidamos que pertenecemos a una escuela de racionalistas y librepensadores, y que esto forma parte del sello espiritista... Y este es un síntoma alto preocupante en nuestro movimiento, porque denota que hemos dejado a un lado la filosofía y hemos apostado por el ataviado religioso, es decir: se acabó el debate constructivo, el libre pensamiento y el diálogo progresista.

¿Qué pensaría Amalia, Vives o Colavida sobre nomenclaturas importadas como "evangelización", o el añadido de "religión" a la definición de Espiritismo?

Ni siquiera existe un "Espiritismo cristiano"... por dos motivos explícitos y racionales: Porque Kardec y los Espíritus utilizaron "Espiritismo", a secas, sin añadidos; y porque el Cristianismo es un movimiento religioso surgido con San Pablo después de la muerte de Jesús, que dicho sea de paso, nunca fue "cristiano"... (Por las mismas o similares razones culturales podríamos decir también que el Espiritismo es judío, gnóstico o teosófico...).

Al hilo de lo anterior, meditemos en las lúcidas palabras de Manuel Porteiro: “Indudablemente se confunde a menudo el sentimiento "religioso" con el sentido filosófico: el primero se va perdiendo en los espíritus evolucionados, por ser instintivo; el segundo, va despertando a medida que aquel se extingue”.

Y en efecto: los Espíritus revelaron una filosofía práctica y una fe razonada, nunca una religión; carece de toda lógica que nuestras reuniones parezcan clases de catecismo ¡cuando Kardec, tanto luchó buena parte de su vida por establecer la escuela laica!

o-O-o-

La Espiritualidad tenía muy clara la intención de definir a la naciente doctrina de manera expresivamente diferente, de manera que rompiera con los moldes ideológicos del pasado y expresara la fuerza viva de toda una idea nueva y revolucionaria.

Haremos mucho más por el mensaje de Kardec con un comportamiento natural, cordial y positivo, que divulgando (explícita o implícitamente) un Espiritismo más exigente que fraterno, y de retórica cargada de intenciones adoctrinantes y moralismo simplista y rancio.

Vivir el Espiritismo de manera quietista es inmovilizarlo en espíritu de sistema... proyectarlo de forma "pastoral" y conservadora, es tener la experiencia de un Espiritismo ambiguo, sincrético y timorato, con escasa capacidad para enfrentarse a los problemas y desafíos de la humanidad del siglo XXI.

El Espiritismo es progreso, y no se puede hablar de propuestas renovadoras y permanecer influidos por los viejos esquemas.

El miedo o la tendencia a no cuestionar formas de acción: sean libros, modelos organizativos (encuentros, congresos, etc) u opiniones de líderes consagrados, quizá contribuya a hacer espíritas "de manual", pero escasamente hará espiritistas amantes de la verdad, lo que termina haciendo de las federaciones o asociaciones "ghettos" políticos donde sólo sea bienvenido quien piense como la mayoría...

Muchos, finalizarán esta encarnación convencidos que sirvieron al Espiritismo, y sin embargo, lejos de eso, a quien sirvieron realmente es al personalismo... Unos se lamentarán de cómo hicieron las cosas, así como otros de no haber hecho nada por evitarlas...

-o-O-o-

Buena parte de la labor que los espíritas tenemos por delante es la búsqueda de la identidad espiritista primigenia, semi oculta entre capas de modismos culturales y nomenclaturas de nuevo cuño (importadas o no) ...

No somos "científicos" en el sentido académico de la palabra (aunque lo seamos desde la metafísica y la ciencia del espíritu); como no somos "evangelizadores", por más que dediquemos parte de nuestro tiempo a la divulgación (esa definición introyectada no se corresponde con el legado espírita) ...y etc, etc.

Sería muy razonable y esperanzador por nuestra parte si reaccionamos y nos sacudimos el comodismo y la manera autocomplaciente con el que hemos estado pensando y viviendo el Espiritismo en las últimas dos o tres décadas, para poder así despojarlo de todos los introyectos y personalismos místico-religiosos, científicoides, etc., que se le ha ido agregando por inercia (y aquí también añadimos los enfoques personales de esta o aquella figura destacada del movimiento que, consciente o inconscientemente, haya creado escuela y seguidores).

Para ser espíritas ni hace falta seguir manuales de estudio hechos en Brasil, ni adoptar prácticas inconscientemente inspiradas por lo teológico. Tan sólo es preciso actuar en base al estudio, el pensamiento racional y el corazón.

Aprendamos de los que tengan más experiencia o de aquellos que sean referencias en la labor divulgativa, pero, por encima de eso, sigamos a Kardec y a los espíritus amigos que, más de una vez, hablarán a nuestro corazón de cosas que los dirigentes y oradores de renombre (no obstante almas perfectibles), hayan pasado por alto o no hayan filtrado convenientemente.

Seamos honestos: igual que entre los espíritas que viven el ideal de manera religiosa se les intuye las reminiscencias católicas del pasado, entre los "cientifistas" (incluyendo a los renovadores y/o amantes de la polémica) se percibe el inconfundible poso de las pasadas vivencias en las filas del positivismo materialista...

La doctrina de los Espíritus tiene un carácter universal, plural y librepensador, pero tiene todo un corpus doctrinario formado por las cinco obras de la codificación...Señalamos esto último porque el Espiritismo puede ser "ecuménico" pero no es de ningún modo sincretista (si arrimamos al mismo cualquier ingrediente metafísico, new age, ritual cristiano, etc., contribuiremos a que su mensaje se diluya o se haga más complicado de entender).

Vengan de Brasil, de España o de cualquier lugar de Sudamérica o Europa, las interpretaciones cientificistas y las religiosas deben ser superadas por el bien de la doctrina.

Esta apertura, este ir hacia delante, debe ser desde el sentido común y la humildad, no es el rendirse ante cualquier propuesta esotérica de moda o las renovaciones (presuntamente necesarias) de este o aquel escritor, científico o figura espírita por caudaloso que sea su curriculum. Porque hay momentos que, por pura y natural coherencia, el espírita cabal deja a un lado la opinión de este o aquel divulgador, de este o aquel libro, y redirecciona sus pasos por la codificación o por las señales que su intuición le marca (luego podrá equivocarse o no, pero nunca será un elemento más sin voluntad propia y tampoco un dogmático).

Juan Manuel Ruiz González

domingo, 12 de mayo de 2019

Breve historia del magnetismo

Breve historia del magnetismo



La historia del magnetismo se remonta a la antigüedad. Al parecer, hace más de dos mil años, los griegos, los indios y los chinos ya sabían que un determinado tipo de piedras atraían pequeños trozos de hierro. Hoy esa sustancia se conoce como magnetita, un mineral magnético que se encuentra en la naturaleza.

El magnetismo comenzó en la edad de los metales, junto al proceso de fabricación de armas y herramientas. El hombre de la antigüedad notó uno de los primeros fenómenos magnéticos, ciertas piedras atraían el metal de hierro.

Pasaron muchos años hasta que aprendió que todos los materiales tienen ciertos comportamientos magnéticos y buscó darle un uso práctico.

La experimentación con la electricidad y el magnetismo, han ido a la par con la evolución humana.
Todos sabemos que el magnetismo es un fenómeno físico por el que los objetos atraen o repelen otros materiales. Todos los materiales son influidos en mayor o menor grado cuando están sometidos a un campo magnético.

El nombre de magnetismo viene de Magnesia del Meandro en Asia Menor, donde parece ser que por primera vez se observaron los fenómenos magnéticos. Magnesia del Meandro es una ciudad antigua situada en el interior de la península turca de la que apenas quedan hoy algunos restos arqueológicos
El primer estudioso del fenómeno fue Tales de Mileto, filósofo griego que vivió entre 625 a.C. y 545 a.C.

En el siglo VI antes de Cristo demostró que ciertas sustancias, como el ámbar, poseían después de haber sido frotadas, la propiedad de atraer a ciertos objetos, si estos eran ligeros, Así descubrió la naturaleza eléctrica de la materia.

También Sócrates hablaba de un mineral de color negro explicando, ya entonces, el fenómeno de inducción magnética.

A la civilización china se le adjudican dos hechos relevantes: el descubrimiento del campo magnético terrestre y la invención de la brújula.

Al parecer, en el siglo XI los chinos imantaron agujas tocándolas con magnetita y colgándolas de hilos de seda. Las agujas se orientaban en la dirección norte-sur, alineándose con las líneas del campo magnético terrestre.  Estas brújulas estaban compuestas por una aguja imantada que flotaba en un cuenco con agua.  Independiente de hacia dónde girase el barco, y el cuenco con él, la aguja seguiría apuntando en la dirección norte-sur.

El científico Shen Kua (1031-1095) escribió sobre la brújula de aguja magnética y mejoró la precisión en la navegación empleando el concepto astronómico del norte absoluto. Hacia el siglo XII los chinos ya habían desarrollado la técnica lo suficiente, como para utilizar la brújula para mejorar la navegación.

Alexander Neckham fue el primer europeo en conseguir desarrollar esta técnica, en 1187.
Charles-Augustin Coulomb (1736-1806) estudió las fuerzas entre polos magnéticos y propuso la ecuación de la fuerza entre estos.

En 1820, Hans Christian Orsted descubrió que un hilo conductor sobre el que circulaba una corriente ejercía una perturbación magnética a su alrededor, que llegaba a poder mover una aguja magnética situada en ese entorno. Nacía así el electromagnetismo que unificó las fuerzas eléctrica y magnética
En 1831, después de que Oersted comenzará a describir una relación entre la electricidad y el magnetismo, y el francés André Marie Ampére profundizará en dicho campo, el científico británico Michael Faraday descubrió que el movimiento de un imán en las proximidades de un cable induce en éste una corriente eléctrica.

Faraday observó que siempre que el imán o la bobina estuvieran en movimiento, se genera corriente eléctrica, a la vez que vislumbró las líneas de fuerza magnética al esparcir limadura de hierro en un papel colocado sobre un imán.

La unificación plena de las teorías de la electricidad y el magnetismo se debió al físico británico James Clerk Maxwell, que predijo la existencia de ondas electromagnéticas e identificó la luz como un fenómeno electromagnético.

René Descartes explicó el magnetismo como un flujo de partículas que saldrían de un polo del imán y entrarían en el otro.

La Ley de Gauss del magnetismo es una de las ecuaciones fundamentales del campo electromagnético. Esta se debe a Carl Gauss que en1832 publicó un artículo sobre la medición del campo magnético de la Tierra y describió un nuevo instrumento que consistía en un imán de barra permanente suspendido horizontalmente de una fibra de oro. La diferencia en las oscilaciones cuando la barra era magnetizada y cuando era desmagnetizada permitió a Gauss calcular un valor absoluto para la fuerza del campo magnético de la Tierra.

El magnetismo como disciplina comienza a desarrollarse cuando la experimentación se convierte en una herramienta esencial para el desarrollo del conocimiento científico.

Magnetismo animal

El magnetismo animal, conocido más adelante como mesmerismo, es la influencia que un individuo puede ejercer en el sistema nervioso de otro a través de los movimientos llamados Pases Magnéticos.
La teoría del magnetismo fue practicada por el médico alemán Franz Mesmer (1734 – 1815), mediante la cual afirmaba que cada ser humano posee una energía que puede ser modificada, logrando la curación del paciente a través del cuerpo humano como emisor de magnetismo, dejando a un lado el uso de los imanes y cualquier otro objeto.

La tesis de Mesmer es que el flujo vital recorre los cuerpos de los seres vivos a través de una red de canales que, por tanto, los problemas nerviosos y de salud asociados se producen por un bloqueo en los mismos.

Mesmer defendía la existencia de una sustancia homogénea presente en todo aquello que tiene vida, y debido a esa creencia sus métodos podían restablecer el orden cuando se producía un desequilibrio en nuestro cuerpo. Con esa afirmación trataba de explicar por qué donde la medicina tradicional fallaba él era capaz de curar.

A lo largo de los años 60 y 70, Mesmer desarrolló su teoría del magnetismo animal, la cual recogía una tradición anterior que iba desde Platón hasta Paracelso.

Sus estudios, dieron lugar, al descubrimiento de la hipnosis por parte de James Braid en 1842.
La teoría del magnetismo animal derivó con el tiempo en lo que se conoce hoy en día como hipnosis u otros tratamientos practicados por la psicología o la psiquiatría.

Repasando este breve resumen histórico del magnetismo podemos llegar a entender que este ha preparado los caminos al Espiritismo, y los rápidos progresos de esta última doctrina son debidos a la divulgación de las ideas de la primera.

Según podemos comprobar a través de la "Revista Espirita" de 1858.

Ambas -ciencias-son basadas en la existencia y en la manifestación del alma, y lejos de combatirse, pueden y deben prestarse mutuo apoyo, ellas se completan y se explican entre sí.
Sus respectivos adeptos difieren, no obstante, en algunos puntos. Ciertos magnetistas aún no admiten la existencia o, por lo menos, la manifestación de los Espíritus; creen que pueden explicarlo todo por la sola acción del fluido magnético.

De los fenómenos magnéticos del sonambulismo y del éxtasis a las manifestaciones espíritas hay solo un paso. Su conexión es tal que, por así decirlo, es imposible hablar de uno sin hablar del otro.
Las dos doctrinas por lo tanto no son más que una.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 5 de mayo de 2019

El Libro de los Espíritus, piedra angular del Espíritismo

El Libro de los Espíritus, piedra angular del Espíritismo


"El libro de los Espíritus" fue la primera obra escrita por Allan Kardec, seudónimo del profesor francés Hippolyte León Denizard Rivail. Nació en la ciudad de Lyon (Francia), el día 3 de octubre de 1804 y desencarnó el 31 de marzo de 1869, en París, a la edad de 64 años.

Nacido dentro de la religión católica, fue educado en un país protestante, en la escuela de Pestalozzi, en Yverdun (Suiza). Se convirtió en uno de los más eminentes discípulos de ese célebre profesor, así como en uno de los celosos propagandistas de su sistema de educación, que ejerció tan grande influencia sobre la reforma de la enseñanza en Alemania y en Francia.

Como políglota conocía bien el alemán –su lengua adoptiva- el inglés, el holandés, teniendo sólidos conocimientos del latín, griego, céltico y de algunas lenguas neolatinas, en las cuales se expresaba correctamente.

A mediados de 1825 comenzó a dirigir la “Escuela de Enseñanza Primaria”. En 1832 se casa con Amélie-Gabrielle Boudet. Siendo ella también profesora, colaboró mucho con él en sus actividades didácticas. No tuvieron descendencia.

Constantemente ocupado en hacer atractivos e interesantes los sistemas de educación, inventó en esa misma época un método ingenioso para enseñar a contar, así como un cuadro mnemónico de la Historia de Francia, con el objetivo de grabar en la memoria las fechas de los acontecimientos de mayor relevancia.

Durante 30 años, de 1819 a 1850, muchas veces superando incomprensiones y contratiempos, Rivail (Allan Kardec) se empeñó en cuerpo y alma en instruir y educar a innumerables niños y jóvenes parisienses.

A la edad de cincuenta años, en el 1854, un amigo suyo, el Sr. Fortier, le informó de un suceso extraño que se estaba poniendo “de moda” en las reuniones de algunas personas de la sociedad parisina. Le habló de las mesas parlantes o mesas giratorias. Fortier le comentó que las mesas, magnetizándolas, giraban y que incluso contestaban a preguntas.

Al año siguiente, el Sr. Carlotti, le comenta de nuevo el insólito suceso de las mesas giratorias dejando caer la posibilidad de que sean los espíritus de las personas fallecidas los encargados de mover dichas mesas. Esto despierta la curiosidad de Rivail, aunque no deja de demostrar sus reservas al respecto.

En mayo de 1855, Rivail acompaña a su amigo Fortier a casa del Sr. Pâtier y son invitados a asistir a algunas experiencias en casa de la Sra. Plainemaison. Rivail queda totalmente impresionado con lo allí vivido. A partir de entonces pasó a frecuentar asiduamente este tipo de reuniones en distintas casas y con distintos médiums.

En ese mismo año, una noche, asistiendo a una de las sesiones en casa del Sr. Baudin, reciben una comunicación de un espíritu que se presenta con el nombre de “Espíritu de Verdad” que dice ser su protector. Allí le habla de una anterior encarnación druida y en la cual se llamaba Allan Kardec. En la misma comunicación le cuenta también la misión que ha venido a hacer aquí en la Tierra y Rivail se pone de inmediato manos a la obra, sirviéndose de la ayuda de diferentes médiums conocidos por él.
Allan Kardec, se convierte así en el codificador, el padre del espiritismo. Gracias a su constancia, dedicación, trabajo, capacidad de aguante, paciencia…, los espiritas de hoy en día nos encontramos con todos los beneficios que el Espiritismo nos da.

"El Libro de los Espíritus" vio la luz el 18 de abril de 1857. Esta primera edición se agotó en pocos días, llegándose a la decimosexta en vida de su autor. Este éxito propició la fundación de la Revue Spirite, publicando el primer número el 1 de enero de 1858, periódico espírita mensual que escribió hasta su muerte, dejando incluso preparado el número del mes siguiente a su desencarnación. Ese mismo año se funda legalmente la Sociedad de Estudios Espiritistas de París, que Rivail presidió hasta su muerte.

Podemos decir que "El Libro de los Espíritus" marcó el comienzo del Espiritismo. Con esta obra, se inició para el mundo la era espírita. En él se cumple la promesa evangélica del Consolador. Al decir esto afirmamos que "El Libro de los Espíritus" es el código de una nueva fase de la evolución humana. Y es exactamente esa su posición en la historia del pensamiento.

No se trata de un libro común que se pueda leer de un día para otro y después olvidarlo en el rincón de una biblioteca. Nuestro deber consiste en estudiarlo, meditarlo y consultarlo, leyéndolo y releyéndolo de continuo. Sobre él se levanta todo un edificio: el de la doctrina espírita, constituyendo la piedra fundamental del Espiritismo.

Con él surgió el Espiritismo y con él se propagó, imponiéndose y consolidándose en el mundo. Antes de él no había Espiritismo y ni siquiera existía esta palabra. Se hablaba del espiritualismo y neo-espiritualismo, de una manera generalizada. Los hechos espíritas, que siempre existieron, eran interpretados de los más diversos modos.

Está dividido en cuatro libros, los prolegómenos y la introducción a la doctrina espírita. Haciendo un profundo análisis de él nos daremos cuenta que los libros primero y segundo hasta el capítulo cinco, se refieren a él mismo, a su propio contenido.

Continuando con este metódico estudio probaremos que "El Libro de los Médiums", que trata con especialidad el aspecto experimental de la doctrina, tiene su fuente en el libro segundo de "El Libro de los Espíritus", a partir del capítulo seis hasta el final, siendo ampliada y reorganizada toda la materia que esta parte contiene en dicho libro, en especial lo referente al capítulo nueve: Intervención de los Espíritus en el mundo corpóreo.

Evidenciamos a su vez, que El Evangelio según el Espiritismo es una derivación natural del libro tercero, donde se estudian las leyes morales, tratando todo sobre la aplicación de los principios de la moral evangélica. Encontraremos incluso las primeras formas de “Instrucciones de los Espíritus”, comunes en el Evangelio.

"El Cielo y el Infierno" es por su parte, una derivación del libro cuarto, “Esperanzas y Consuelos”, donde se examinan los problemas relativos a las penas, goces terrenales y futuros. Incluyendo la discusión del dogma de la eternidad de las penas y el análisis de otros dogmas, por ejemplo, el de la resurrección de la carne y los Paraísos, Infierno y Purgatorio.

Continuando en nuestro estudio, comprobamos que "La Génesis, los Milagros y las Profecías" están relacionadas con los capítulos dos, tres y cuatro del libro primero, y capítulos nueve, diez y once del libro segundo, así como con ciertos fragmentos de capítulos del libro tercero, que tratan problemas genésicos y de la evolución física de la Tierra. Por su amplio sentido, que abarca al propio tiempo las cuestiones de la formación y desarrollo del globo terrestre, y las relativas a pasajes evangélicos y de las Sagradas Escrituras, La Génesis…, se ramifica de una manera más difusa que los restantes libros de la codificación.

Los pequeños libros de introducción al estudio de la doctrina, como "El principiante espírita" y "¿Qué es el Espiritismo?", que no se incluyen propiamente en la codificación, están asimismo relacionados de una manera directa con "El Libro de los Espíritus", derivándose de su “Introducción” y “Prolegómenos”.

Con todo lo expuesto queremos resaltar que Allan Kardec nos presenta la codificación como un todo homogéneo y consecuente, el andamiaje o estructura general de la doctrina, teniendo todas las obras posteriores a ella su punto de partida en el contenido del "El Libro de los Espíritus". Por eso, los vínculos que todos sus libros tienen, deben ser aclarados en profundidad por un estudio minucioso del contenido de las diversas partes de esta obra, en confrontación con las restantes.
Afirmando que "El Libro de los Espíritus" es la parte filosófica de la doctrina, siendo el aspecto de la misma más bien didáctico que propiamente de exposición filosófica, ya que Allan Kardec no era un filósofo, sino un educador, por lo que elabora el desarrollo de esta obra por las respuestas que los Espíritus ofrecían a sus propias preguntas, diciéndonos así que en rigor no fue escrita por él mismo, si no por los propios espíritus.

Aclarándonos este hecho que esta obra no es de modo alguno una doctrina personal, sino que es el resultado de la enseñanza directa de los Espíritus sobre los misterios del mundo donde estaremos un día, y sobre todas las cuestiones que interesan a la humanidad, ellos nos dan el código de la vida al trazarnos la ruta de la felicidad venidera.

Los espíritus anuncian que los tiempos designados por la providencia para una manifestación universal han llegado ya, y que, siendo ministros de Dios y agentes de su voluntad, su misión es la de instruir e ilustrar a los hombres, abriendo una nueva era a la regeneración de la humanidad.
"El Libro de los Espíritus" es la recopilación de toda su enseñanza. Es por eso que, el estudio de una doctrina tal como la Doctrina Espírita, que nos lanza de súbito a un orden de cosas tan nuevo y grande, sólo puede ser realizado con provecho por hombres serios y perseverantes, libres de preconceptos y animados por una firme y sincera voluntad de alcanzar un resultado positivo, caracterizando este estudio serio la continuidad con que se realice. El Espiritismo es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica. Como ciencia práctica, consiste en relaciones que pueden establecerse con los espíritus; como doctrina filosófica, comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejantes relaciones.

Es por ello que podemos definirlo así: “El Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus y de sus relaciones con el mundo corporal”.

Después de todo lo que hasta aquí hemos dicho, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que "El Libro de los Espíritus" ha cambiado la vida de muchas personas desde el momento en el que fue publicado. Un ejemplo de ello lo tenemos en los comentarios que podemos encontrar en la "Revista Espírita" de 1858 en la página 33.

Acerca de este libro, en un artículo, el Correo de París del 11 de julio de 1857 dijo entre otras cosas:
“El Libro de los Espíritus, del Sr. Allan Kardec, es una página nueva del propio gran libro del infinito, y estamos persuadidos de que se ha de colocar un señalador en esta página. Sentiríamos mucho si se creyera que hemos venido a hacer aquí una publicidad bibliográfica; si pudiésemos suponer que así fuera, quebraríamos nuestra pluma inmediatamente. No conocemos de manera alguna al autor, pero confesamos abiertamente que nos sentiríamos felices en conocerlo. Quien escribió la Introducción que encabeza El Libro de los Espíritus debe tener el alma abierta a todos los nobles sentimientos.

A todos los desheredados de la Tierra, a todos los que andan o que caen regando con sus lágrimas el polvo del camino, les diremos: Leed El Libro de los Espíritus, esto os hará más fuertes. También a los que están felices, a los que por la senda sólo encuentran ovaciones de la multitud o las sonrisas de la fortuna, les diremos: Estudiadlo, él os hará mejores.

El cuerpo de la obra –dice el Sr. Allan Kardec– debe ser atribuido plenamente a los Espíritus que lo han dictado. Está admirablemente clasificado por preguntas y respuestas. Algunas veces, estas últimas son simplemente sublimes: esto no nos sorprende; pero, ¿no ha sido necesario un gran mérito para quien supo obtenerlas?

Desafiamos a los más incrédulos a reírse mientras leen este libro en el silencio y en la soledad. Todo el mundo honrará al hombre que ha escrito su prefacio.

La doctrina se resume en dos palabras: No hagáis a los otros lo que no quisierais que os hagan. Hubiéramos querido que el Sr. Allan Kardec haya agregado: y haced a los otros lo que quisierais que os hiciesen. Mejor dicho, el libro lo dice claramente y, además, la doctrina no estaría completa sin ello. No basta con no hacer el mal, es necesario también hacer el bien.

¿Sois hombres de estudio y tenéis buena fe para instruiros? Leed el Libro Primero sobre la Doctrina Espírita.

¿Estáis colocados en la clase de personas que sólo se ocupan de sí mismas, que hacen –como se dice– sus pequeños negocios muy tranquilamente y que a su alrededor no ven nada más que sus propios intereses? Leed las Leyes Morales.

¿La desdicha os persigue encarnizadamente, y la duda os envuelve a veces con su brazo glacial? Estudiad el Libro Tercero: Esperanzas y Consuelos.

Todos vosotros que tenéis nobles pensamientos en vuestros corazones y que creéis en el bien, leed todo el libro”.

Estas palabras fueron escritas por G. DU CHALARD.

"Siguiendo en la Revista Espírita de 1858 encontramos cartas de agradecimiento a Kardec por la publicación de esta maravillosa obra: Señor. ……… ¡Sería imposible describiros el efecto que ha producido en mí: soy como un hombre que ha salido de la oscuridad; me parece como si una puerta hasta hoy cerrada se hubiese abierto súbitamente; ¡mis ideas han crecido en algunas horas! ¡Oh, cuán mezquinas y pueriles me parecen las miserables preocupaciones de la Humanidad, ante ese porvenir del cual yo no dudaba, pero que estaba tan oscurecido por los prejuicios que apenas lo imaginaba! Gracias a la enseñanza de los Espíritus, ese futuro se presenta con una forma definida, perceptible, mayor y bella, y en armonía con la majestad del Creador. Cualquiera que lea este libro –como yo– y medite acerca del mismo, encontrará allí tesoros inagotables de consuelos, porque abarca todas las fases de la existencia. En mi vida he tenido pérdidas que fuertemente me han afectado; hoy en día no me dejan ningún disgusto, y toda mi preocupación es emplear con utilidad el tiempo y las facultades para acelerar mi progreso, porque ahora el bien tiene un objetivo para mí, y comprendo que una vida inútil es una vida egoísta que no puede hacernos avanzar hacia la vida futura……….
Vuestro devoto servidor D.., capitán retirado."

"Señor, No sé cómo expresaros todo mi reconocimiento por la publicación de El Libro de los Espíritus, que anhelo por volver a leerlo. ¡Cuán consolador es para nuestra pobre Humanidad lo que vos nos habéis hecho saber! Por mi parte, os confieso que ahora soy más fuerte y más valiente para soportar las penas y las dificultades vinculadas a mi pobre existencia. Ya he compartido con varios de mis amigos las convicciones que he extraído de la lectura de vuestra obra: todos ellos se sienten muy felices, porque ahora comprenden las desigualdades de las posiciones sociales y no murmuran más contra la Providencia; la esperanza cierta de un porvenir más feliz, si proceden bien, los consuela y les da coraje."

"Señor, quisiera seros útil; no soy más que un pobre hijo del pueblo que se ha hecho una pequeña posición por su trabajo, pero que carece de instrucción, habiendo sido obligado a trabajar desde muy joven; por lo tanto, siempre he amado a Dios y he realizado todo que he podido para ser útil a mis semejantes; es por eso que busco todo lo que pueda contribuir a la felicidad de mis hermanos. Vamos a reunirnos varios adeptos que estábamos dispersos; haremos todos nuestros esfuerzos para secundaros: habéis levantado el estandarte y nuestra tarea es seguiros; contamos con vuestro apoyo y vuestros consejos.

Señor, soy, si me atrevo a decirlo, vuestro hermano, con devoción.                           
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Al igual que estas personas que en su momento dieron gracias por poder beneficiarse de tener entre sus manos este gran legado, nosotros hoy día, favorecidos por esta grandísima herencia ¿Agrademos realmente poder tener el conocimiento que él nos imparte? ¿Somos conscientes de la responsabilidad que tenemos ante nosotros por esta grandiosa sabiduría que nos ha iluminado nuestro camino? Si aún no lo hemos hecho es tiempo de ello, so solo dando las gracias, si no haciendo que esta luz que nos ilumino a nosotros llegue a todas partes y sea el consuelo que las almas afligidas tanto necesitan.
Acordémonos siempre que no se trata tan sólo de Kardec, ni de este o de aquel otro espíritu en particular, como tampoco de un grupo de hombres, sino que es toda una falange de espíritus, enviada a la Tierra en cumplimiento de la promesa de Jesús, la que constituye la fuente espiritual de "El Libro de los Espíritus".

Este viene siendo leído y meditado en el mundo entero, pero poco cuidado se ha puesto en analizarlo en sus múltiples implicaciones y en su significación más profunda.

Sir Oliver Lodge, el gran físico inglés y una de las más altas expresiones de la cultura científica, en su libro acerca de la inmortalidad personal consideró al Espiritismo como “una nueva revolución copernicana”. Y León Denis, el sucesor de Kardec, legítima expresión de la cultura francesa, en el Congreso Espírita Internacional de París, celebrado en 1925, y en su libro "El Genio Céltico" y el "Mundo Invisible", publicado dos años después, proclamó que “El Espiritismo tiende a reunir y a fundir, en una síntesis grandiosa, todas las formas del pensamiento y de la ciencia”.

Por eso sintámonos afortunados de haber podido acceder a esta gran revelación, seamos merecedores de ello, convirtiéndonos en estandartes de esta consoladora doctrina, llevando el Espiritismo a todos aquellos que estén cerca de nosotros, hagamos un profundo estudio de "El Libro de los Espíritus" para que realmente podamos comprender las verdades que los espíritus nos han querido transmitir en él. De esta forma mostremos nuestro reconocimiento por la oportunidad que se nos está dando, convirtiéndonos además en buenos instrumentos a la hora de expandir su mensaje.

Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"