domingo, 17 de noviembre de 2019

Cuadro de la vida

Cuadro de la vida



Todos nosotros sin excepción llegaremos al final de nuestra existencia. Las preocupaciones de la vida misma nos distraen y nuestros pensamientos sobre qué encontraremos en el más allá se desvían, pero cuando el final se acerca, muy pocos son los que no se preguntan qué sucederá después de morir. La idea de dejar de existir es algo muy desconsolador. ¿Quién no sentiría vértigo al pensar que llegará el momento en que ya no pensará, ni reirá, ni podrá sentir cerca a aquellos a quienes ama? O ¿quién no sentiría espanto ante la perspectiva de la nada?

“¡Cómo!, después de mí, nada, nada más que el vacío, todo está borrado de la memoria de los que me sobrevivan, pronto no quedará ni huella de mi paso por la Tierra, incluso el bien que he hecho será olvidado por los ingratos a los que he servido y nada podrá compensar todo esto ¡ninguna otra perspectiva que la de mi cuerpo ser roído por los gusanos!” Este cuadro fue descrito por un Espíritu que había vivido con estos pensamientos toda su vida, pensamientos muy materialistas y extendidos entre muchas personas. ¿No tiene algo de terrorífico y espantoso esta reflexión?

La razón nos confirma que esto no puede ser así. Sin embargo, la vida propiamente dicha, nos engendra la duda.

La mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que tenemos un alma, pero ¿qué es nuestra alma? ¿tiene una forma, alguna apariencia? ¿un ser limitado o indefinido?

Para unos el alma es un soplo de Dios, para otros una centella, otros creen que es una parte del gran todo, el principio de la vida y de la inteligencia. También se dice de ella que es inmaterial, sim embargo, una cosa inmaterial no podría tener proporciones indefinidas ¿no es así?

La religión por otra parte, nos cuenta que después de morir seremos felices o desdichados dependiendo del bien o el mal que hayamos hecho, pero ¿cómo es esta felicidad? ¿es una beatitud, una contemplación eterna, sin otra labor que la de cantar alabanzas al Creador? y si por el contrario vamos al infierno, ¿las llamas son una realidad o es figurado? La propia religión se decanta por esto último, pero entonces ¿cuáles son esos sufrimientos eternos? ¿dónde está ese lugar de tormentos y castigos imperecederos?

Se nos dice que nadie ha vuelto para contarnos y así contestarnos a todas estas interrogantes que la mayoría hemos podido hacernos en algún momento de nuestras vidas.
Sin embargo, esto es un error. El Espiritismo tiene precisamente como misión, esclarecernos todas estas cuestiones. Su propósito es el de hacernos comprender, no solo con el razonamiento, sino también a través de los hechos este futuro que a todos nos espera. El Espiritismo a través de los ejemplos que se encuentran en las comunicaciones con los que ya partieron, nos devuelve la esperanza que pudimos perder en algún momento de nuestra existencia. Por eso podemos decir que el Espiritismo existe porque Dios lo permite, y lo permite para reanimar nuestras vacilantes esperanzas y reconducirnos hacia el camino del bien.

Es a través de estos relatos que nos podemos acercar a la situación en la que los espíritus se pueden encontrar, revelándonos si son felices o desdichados, dónde se encuentran, además de cuáles son sus ocupaciones. Nos han servido también de gran ayuda para poder asimilar y comprender el destino inevitable que nos aguarda según nuestros propios méritos y nuestras faltas.  Con toda esta información recibida podemos hacernos un cuadro mental y animado de la vida espírita.
Veamos en primer lugar qué sucede en la transmigración del alma cuando deja este mundo. Cuando las fuerzas vitales se extinguen, el espíritu se desliga de su cuerpo material conforme la vida orgánica cesa. Esta separación no es brusca e instantánea, en ocasiones comienza antes de la interrupción completa de la vida, y no siempre es completa en el momento de la muerte.

Como bien sabemos, hay un lazo semimaterial entre el Espíritu y el cuerpo que constituye una primera envoltura, este no se rompe súbitamente y mientras este subsiste, el Espíritu está en estado de turbación, comparable al estado que acompaña el despertar. Puede incluso dudar de su muerte, siente que existe, se ve y no comprende que pueda vivir sin su cuerpo, del cual se ve separado. Los lazos que le unen a la materia le hacen sensible a ciertas sensaciones que él toma como físicas. Hasta que no está completamente libre, no se reconoce y es entonces cuando se da cuenta de su situación.
Este estado de turbación es muy variable, puede durar varias horas, meses, incluso en algunos casos años. Sin embargo, es raro que al cabo de algunos días el Espíritu no se reconozca más o menos bien, pero como todo es extraño y desconocido para él necesita tiempo para familiarizarse con su nueva situación y forma de percibir las cosas que le rodean.

Es maravilloso pensar en el instante en que el Espíritu es consciente de que su esclavitud ha cesado con la ruptura de los lazos que le unían a su cuerpo, siendo acogido por sus amigos que vienen a recibirlo a su regreso al mundo espiritual. Si su tiempo en la Tierra ha sido empleado de forma provechosa será felicitado por ello, reencontrándose con aquellos que ha conocido, reuniéndose con quienes lo aman y simpatizan con él, comenzando así verdaderamente su nueva existencia.

La envoltura semimaterial del Espíritu es una especie de cuerpo con forma parecida a la nuestra, pero no tiene nuestros órganos y por ello no puede sentir las mismas impresiones. Sin embargo, sí puede percibir todo lo que nosotros percibimos, la luz, el sonido, los olores, etc., siendo estas más claras, sutiles y precisas ya que llegan al Espíritu sin la barrera del cuerpo material. Estas le llegan por todas partes y no a través de los canales determinados.

El Espíritu ve sin la ayuda de la luz y escucha sin necesidad de las vibraciones del aire, por eso, para él no hay oscuridad. Ahora bien, si estas sensaciones no cesaran nunca, serían fatigantes. Es por ello que los espíritus tienen la facultad de suspenderlas a voluntad, pudiendo así dejar de oír, ver o sentir lo que no quieran.

Esta condición es difícil de comprender al principio por el Espíritu. En especial para aquellos cuya inteligencia aún está atrasada. Es esta imposibilidad de concebir, unido a la fanfarronería –compañera muy común de la ignorancia- lo que lleva a algunos espíritus a teorías absurdas que solo inducen al error si fueran aceptadas.

Hay muchas sensaciones que tienen su origen en el propio estado de nuestros órganos, y puesto que el Espíritu no los tiene, no pueden sentirlas, y es por ello que no puede sentir fatiga, ni necesidad de reposo o de comer ya que al no tener desgaste, no tiene nada que reparar. Tampoco padece las enfermedades que sufrimos cuando estamos encarnados. Al igual que está exento de estar atento a negocios, ni a la tribulaciones y tormentos superfluos de la vida. Los espíritus más inferiores sujetos a todas estas pasiones, y deseos como cuando estaban encarnados, sufren al no poder satisfacerlos. Siendo para ellos una verdadera tortura que en muchas ocasiones creen perpetua, ya que su propia inferioridad les impide ver el término, siendo realmente para ellos un castigo.

La palabra articulada también es una necesidad de nuestro organismo, al no precisar de vibraciones sonoras para impresionar sus oídos, los espíritus se comunican a través de la transmisión del pensamiento, como a menudo nos pasa a nosotros mismos cuando nos comunicamos con solo una mirada. Por otro lado, los espíritus hacen ruido, sabemos que pueden obrar sobre la materia y esta nos trasmite el sonido. Es a través de estos sonidos que se hacen escuchar, ya sea con ruidos o gritos, por lo que entonces podemos decir que lo hacen para nosotros y no para ellos.

Los Espíritus se transportan sin fatiga ninguna de un lugar a otro, cruzando el espacio con la velocidad del pensamiento, pudiendo penetrar en todas partes, no siendo un obstáculo para ellos.
Pueden ver todo lo que nosotros vemos, y mucho más claro, ya que no tienen los sentidos tan limitados como nosotros. Al penetrar la materia pueden ver aquello que esta oculta a nuestros ojos.
Por todo lo dicho hasta ahora, los Espíritus no son seres vagos e indefinidos, si no reales, determinados y circunspectos, que poseen nuestras facultades y otras que nos son desconocidas, ya que son inherentes a su propia naturaleza.

Componen el mundo invisible que puebla el espacio, rodeándonos y codeándonos sin cesar. Si por un momento el velo material que los oculta desapareciera, nos veríamos rodeados de una multitud de seres que van y vienen, que se mueven a nuestro alrededor y que nos observan, como si nosotros nos encontráramos en una reunión de ciegos. Para los Espíritus nosotros somos los ciegos y ellos son los videntes.

Dijimos anteriormente que el Espíritu tarda algún tiempo en reconocerse y que todo le resulta extraño al principio. Podríamos preguntarnos cómo es posible esto si ya ha tenido otras existencias corporales, y por lógica, han estado separadas por intervalos en el mundo espiritual, luego entonces ya lo conoce ¿no?

Son varias las causas que contribuyen a que las percepciones le parezcan nuevas. Una podría ser que, como dijimos, el Espíritu sufre una turbación al desligarse del cuerpo carnal y según se va disipando esta, las ideas se le van aclarando poco a poco y el recuerdo del pasado le vuelve gradualmente a la memoria. Hasta que no está completamente desmaterializado no se desarrolla el pasado ante él, y es entonces cuando recuerda todos los actos de su última existencia, después de sus existencias anteriores y de sus diversos pasajes en el mundo de los Espíritus. Por eso es que durante cierto tiempo todo lo que le sucede le parce nuevo, hasta que lo reconoce completamente y el recuerdo de las sensaciones que ya hubiera experimentado vuelvan a él de manera más precisa.

Otra de las razones es que el estado del Espíritu, como Espíritu, varía extraordinariamente dependiendo de su grado de elevación y pureza. A medida que se eleva y se depura, sus percepciones y sensaciones son menos groseras, adquieren mayor fineza, sutileza, y delicadeza, viendo, sintiendo y comprendiendo cosas que no podía en una condición más inferior.

Ya que cada existencia corporal es una oportunidad de progresar, si ha aprovechado bien esta y ha progresado, se abrirá ante él un nuevo medio, encontrándose con Espíritus de otro orden, en el cual todos los pensamientos y hábitos son diferentes. Esta depuración le permitirá entrar en mundos inaccesibles a Espíritus inferiores.

Cuanto menos está esclarecido, más limitado es el horizonte para él, a medida que se eleva y se depura, este horizonte se amplía, y con él, el círculo de sus ideas y percepciones. Conforme progresan, sus ideas se desarrollan y la memoria se perfecciona, estando familiarizados con su situación de antemano. Su regreso entre otros Espíritus no tiene nada que les pueda sorprender, vuelven a encontrarse en su medio normal, y pasado el primer momento de turbación, se reconocen inmediatamente.

Hasta aquí hemos hablado de cómo es la situación de la mayoría de los Espíritus en lo que se denomina estado de erraticidad. Pero, ¿qué hacen? ¿cómo pasan su tiempo?

Al igual que ellos nos han desvelado todo lo que ya hemos expuesto, de nuevo nos revelan estas otras cuestiones. Sería un error por nuestra parte pensar que la vida espiritual es ociosa. Todo lo contrario, es activa y ellos nos han relatado sus ocupaciones.

Entre los que han alcanzado cierto grado de elevación, unos velan por el cumplimiento de los designios de Dios en los grandes destinos del Universo, dirigen la marcha de los acontecimientos y ayudan en el progreso de cada uno de los mundos.

Otros ponen bajo su protección a los individuos y se constituyen en sus ángeles guardianes, o guías protectores, acompañándolos desde el nacimiento hasta la muerte, procurando dirigirlos hacia el camino del bien, siendo una gran felicidad para ellos cuando sus esfuerzos son concluidos con éxito.
Algunos se encarnan en mundos inferiores para cumplir allí misiones de progreso, por medio de su trabajo, ejemplo, consejo y enseñanza, buscan hacer que avancen, unos en las ciencias, en las artes y otros en las virtudes morales. Sometiéndose voluntariamente a las vicisitudes de una vida corporal, con el único propósito de hacer el bien.

Y otros no tienen atribuciones especiales, simplemente van por todas partes donde su presencia es útil, dando consejos, inspirando buenas ideas, sosteniendo a los desfallecidos, o dando fuerzas a los débiles.

Considerando el número infinito de los mundos que pueblan el Universo y el número incalculable de seres que lo habitan, podemos tener muy claro que los Espíritus tienen en qué ocupar su tiempo, siendo estas ocupaciones motivo de alegría, haciéndolo voluntariamente, y su felicidad es lograr aquello que emprenden. Su vida nada tiene que ver con una ociosidad eterna, que sería más un suplicio que otra cosa. Aunque el espacio entero es de su domino, tiene preferencia por los globos donde están sus objetivos.

Descendiendo en la jerarquía, nos encontramos con Espíritus menos elevados, menos depurados, y por consiguiente menos esclarecidos, aunque esto no significa que sean menos buenos, y que en la esfera en la que se encuentran cumplan con funciones análogas. Su acción, no se extiende a los diferentes mundos, sino que la ejercen especialmente en un mundo determinado, estando relacionado con el grado de su propio adelantamiento, siendo su influencia más individual y como objetivo cosas de menor importancia.

Seguidos a estos nos encontramos con los espíritus más comunes, más o menos buenos o malos que pululan a nuestro alrededor. Ellos se elevan poco por encima de la Humanidad, siendo el reflejo de la misma, ya que tienen todos los vicios y todas las virtudes. Muchos de ellos siguen teniendo los gustos, ideas e inclinaciones que cuando estaban encarnados, sus facultades son limitadas, su juicio es falible como el de los hombres, a menudo erróneo y lleno de prejuicios.

En algunos el sentido moral está más desarrollado, sin tener gran superioridad ni profundidad, frecuentemente condenan lo que han hecho, lo que han dicho y pensado mientras estaban encarnados. Aun entre los más comunes los sentimientos son más depurados como Espíritus que como hombres, la vida espiritual les esclarece sobre sus defectos y lamentan el mal que han hecho, sufriéndolo más o menos. El endurecimiento absoluto es muy raro, siendo temporal, ya que tarde o temprano acaban sufriendo. Todos aspiran a perfeccionarse, comprendiendo que es el único medio de salir de su inferioridad. Instruirse, esclarecerse, es su gran preocupación, sintiéndose felices cuando pueden sumar algunas misiones de confianza, que los elevan a sus propios ojos.

Ellos nos hablan nos observan, y nos ven, entrometiéndose en nuestras reuniones, juegos, fiestas, así como en nuestros asuntos serios. Escuchan nuestras conversaciones, los más ligeros para divertirse y a veces para reírse de nosotros. Otros para instruirse, observan el carácter de los hombres y estudiar las costumbres con miras a elegir su futura existencia.

La necesidad de progresar es general entre los Espíritus, incitándoles a trabajar en su mejoramiento, ya que comprenden que es el precio de su felicidad. Pero no todos sienten esta necesidad, algunos se complacen en una especie de ociosidad, pero que dura tan solo un tiempo, ya que después la actividad se vuelve en una necesidad para ellos también, siendo impulsados también por otros espíritus que les estimulan a ello.

Y por último vienen aquellos Espíritus impuros, cuya única preocupación es el mal. Sufren y desearían ver a todos sufrir como ellos. Los celos les vuelve odiosa la superioridad de los otros, y el odio se convierte en su esencia. Y como no pueden sobreponerse a estos Espíritus lo hacen con el hombre, atacando a aquellos que sienten más débiles. Incitan las malas pasiones, siembran la discordia, provocan riñas, alimentan el orgullo, esparcen el error y la mentira, es decir intentan desviar del bien a todo los que pueden con sus pensamientos dominantes.

Estos Espíritus están en la Tierra porque encuentran simpatías en ella. Por eso, consolémonos en pensar que por encima de ellos se encuentran seres puros y benevolentes que nos aman, que nos sostienen, alientan y nos tienden sus manos para llevarnos hacia ellos, hacia mundo mejores donde el mal no tiene ya lugar. Esforcemos pues, para llegar cuanto antes a estos mundos. De nosotros depende.
Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra" 

domingo, 10 de noviembre de 2019

La evolución del alma

La evolución del alma


“Todo se eslabona en la naturaleza” (“El Libro de los Espíritus”, preg. 540), nada permanece estacionario, todo evoluciona cumpliendo la Ley de Progreso, a través de los mecanismos de adaptación y herencia a nivel material y reencarnación a nivel espiritual.
Cada nueva encarnación nos permite adquirir a nivel físico la herencia de nuestros padres, sumándola a nuestras conquistas fisiopsicosomáticas de existencias pasadas almacenadas en nuestro periespíritu, preparándonos para nuevas metas evolutivas.

El espíritu se va abriendo camino en la evolución gracias a las experiencias adquiridas en el cuerpo físico, a través del periespíritu, como mediador energético entre espíritu y la materia.
Gabriel Delanne, nos dice en su libro “La evolución anímica”: “Todos los cambios que se observan en la Naturaleza no tienen sino un objeto: el progreso del Espíritu”.

La Ley de Progreso, explicada en “El Libro de los Espíritus” cap. VIII, nos ayuda a comprender que no existe la casualidad en la evolución del espíritu. La inteligencia y la moral evolucionan al principio con ritmos diferentes y el cuerpo físico, en cada encarnación, incorpora los elementos necesarios para continuar evolucionando gracias s los mecanismos de adaptación dirigidos y proyectados desde el plano extrafísico, siempre en armonía con la Ley Natural y para el bien de todas las criaturas en cumplimiento de “la gran Ley de Unidad que rige la Creación”.
En la Creación nada permanece estático, todo evoluciona, tanto lo material proveniente del Principio Material o Fluido Cósmico Universal, como lo espiritual, proveniente del Principio Inteligente que anima a su vez todas las creaciones de acuerdo a sus posibilidades evolutivas.

La atracción es la expresión del Principio Inteligente en el reino mineral, la sensación en el reino vegetal, el instinto en el reino animal, el razonamiento en el ser humano y lo divino en ser evolucionado hasta la perfección (ver apartado “Automatismo y herencia” en libro “Evolución en dos mundos”, Chico Xavier). En el vegetal, el Principio Inteligente aprende a desarrollar los instintos, en el animal, desarrolla su inteligencia de camino a alcanzar la razón, en el hombre continua en busca de lo divino a través del desarrollo de sentimientos elevados y en el ser superior, ¿quién sabe dónde detendrá su evolución en la inmensidad del infinito en plena unión con el Creador?

La inteligencia, el instinto y el sentimiento de los animales y los del ser humano comparten la misma naturaleza, diferenciándose únicamente en el grado de desarrollo y su alcance, pero con la misma esencia.

En su libro “La evolución anímica”, Gabriel Delanne dice: “la naturaleza pensante de uno y del otro es del mismo orden y no difieren en esencia, sino en grado de manifestación, y esto es, precisamente, lo que evidencian ciertas facultades de los animales, tales como la atención, el juicio, el raciocinio, la asociación de ideas, la memoria y la imaginación” (Pág. 59). Además, demuestra también "que los sentimientos morales, tales como el remordimiento, el sentido moral, la noción de lo justo y de lo injusto, etcétera, se hallan en germen en todos los animales” (Pág. 70).

Basados en la Ley Natural, los instintos, predominan en las etapas primitivas de la evolución de la humanidad por encima de la inteligencia, la cual vamos desarrollando gracias a la adquisición de nuevas experiencias, vida tras vida, reencarnación tras reencarnación, mejorando las aptitudes intelectuales y doblegando los instintos con ellas. Instintos que en su origen son buenos y nos llevan seguros por el camino evolutivo hasta el despertar de nuestra conciencia e inteligencia, necesarios para volvernos responsables de nosotros mismos y de nuestros actos. Instintos que se pueden desvirtuar, modificados por la inteligencia en desarrollo, en ausencia de la moral, a través del abuso, dando origen a nuestras pasiones. Por eso los instintos, como el de conservación, son comunes a todo ser humano, pero no sus pasiones, las cuales hemos ido alimentando en base a nuestras decisiones pretéritas, que nos acompañarán en el transcurso de muchas vidas hasta que podamos superarlos con el desarrollo de la moralidad. El ego, y su expresión el egoísmo, originado desde el instinto de conservación, aparece en paralelo a la inteligencia de la cual se alimenta, pero se desarrolla en función del camino que tomemos con nuestras elecciones y sus consecuentes experiencias. El sentimiento de separación, el orgullo, determinará en gran medida el desarrollo del ego, estableciendo el círculo bajo su protección. Todo ello de una forma natural salvo cuando la inteligencia, sin la supervisión de la moral, considere únicamente la realidad material sin connotaciones espirituales que la clarifiquen y alejen del error.

Por ello, en los animales, todavía carentes de una inteligencia completamente despierta, se pueden ver los instintos en estado más puro, con menos distorsiones y normalmente alejados de las pasiones. Vemos en ellos actos de amor, dedicación y renuncia que muestran el germen de su humanidad y demuestra, todo ello, la necesidad de un plan superior y elevado que le dé sentido a su existencia, muy por encima de la simple creencia de están aquí a nuestra disposición solo para servirnos.
El proceso de creación de los espíritus está todavía muy lejos de las posibilidades de nuestro entendimiento y solo podemos aproximarnos a comprenderlo, a grandes rasgos, observando y estudiando las Leyes Naturales y el Principio Inteligente en sus distintas formas de manifestación, evolucionando a través de los tres reinos, antes de mostrarse como una inteligencia humana, con plena conciencia de sí misma.

La ciencia espírita nos aporta del conocimiento sobre el periespíritu, el cual nos ayudará en la tarea de comprender el proceso material y espiritual de la creación del espíritu.

El Principio Inteligente, evolucionando a través de los tres reinos, va conformando el periespíritu como cuerpo espiritual que vincula el espíritu con el cuerpo físico, transmitiendo la experiencia física al espíritu para su aprendizaje y albergando todos los componentes energéticos y funcionales necesarios para la vida física y espiritual, incluyendo los aspectos relativos a la mente como la memoria, las emociones y los sentimientos, en función de las aptitudes alcanzadas en cada etapa evolutiva.

El periespíritu reorganiza a nivel celular el cuerpo físico y es el vehículo de toda sensación e información que le llega al principio inteligente a través de las múltiples encarnaciones en el mundo físico en un proceso de individualización progresiva hasta conformarse como único en el universo e indivisible, alcanzando a la par el reino hominal, la conciencia de sí mismo y la responsabilidad de sus actos frente a la vida, otorgándosele en ese momento la chispa divina o Principio Divino (ver capítulo III de “Evolución en dos mundos” de Chico Xavier) y empezando una nueva etapa de responsabilidad y libre albedrío, donde el sentido moral, la conciencia de sí mismo y la búsqueda de las facultades espirituales serán su más alto objetivo en la lucha de sí mismo en la nueva etapa en camino hacia siguiente reino, el angélico.

“El Libro de los Espíritus”, preg. 115, nos dice que los espíritus son creados simples e ignorantes, es decir, carentes de ciencia, por lo que todos en un principio tenemos idéntica aptitud para progresar individualmente sin recibir privilegios o dones especiales que nos diferencien a unos de otros. Siendo todos hijos del mismo Creador, se establece, por tanto, la universalidad de la igualdad y la necesaria fraternidad entre todos los seres, sea cual fuere su estado evolutivo puesto que todos a la vez somos herederos de la Creación.

Todo ello, muestra a su vez, la gran bondad y grandiosidad del Plan Divino que ha sido preparado para nosotros y todas las criaturas a la vez, a través de “la gran Ley de Unidad que rige la Creación” (capítulo XI, ítem 23) con base en el Amor, verdadera esencia del Creador.
José Ignacio Modamio
Centro Espírita “Entre el Cielo y la Tierra”

miércoles, 30 de octubre de 2019

La oración

La oración


Supongo que la mayoría de las personas hemos pasado por momentos de recogimiento en los que reflexionamos sobre algún suceso y parecemos mantener una conversación con nosotros mismos buscando la solución a nuestros problemas o explicaciones a nuestras preguntas. Es muy normal que estas conversaciones sean reales entre desencarnados y encarnados a través de nuestro pensamiento que es la forma habitual de comunicación en el mundo espiritual. Esta comunicación puede establecerse con espíritus de todo tipo dependiendo del nivel de vibración que mantenemos.

La oración es una conversación con Dios. Consiste en elevar nuestro pensamiento hacia nuestro Padre y mantener un momento íntimo con Él. El lugar, momento y situación no tienen por qué ser determinadas, pero cuanto mayor sea nuestro recogimiento y concentración en la comunicación, junto con voluntad de un corazón humilde y puro, más intensa y profunda será nuestra comunicación con Dios. La oración modifica el fluido que nos rodea al igual que una piedra arrojada al agua genera una vibración que se expande, en este caso hasta el límite que le permita el recipiente y su intensidad, en el caso de la oración llega hasta los confines de la creación pudiendo ser recibida por cualquier Espíritu al que vaya destinada.

La oración debe de ser sincera y debe de salir desde lo más profundo de nuestro “corazón”, pues las oraciones realizadas recitando estructuras repetitivas y sin sentimiento no tienen ningún efecto.
En nuestra conversación con Dios podemos abrir nuestro interior y reconocer la grandeza de nuestro Padre admirando todas las maravillas que nos rodean, su creación y sus cualidades, pedir por motivos útiles para nuestro desarrollo tales como fuerza para superar nuestras pruebas, paciencia, aceptación y conocimiento. Pedir por otros Espíritus más atrasados, desfavorecidos y en situaciones más penosas. Y también dar gracias a Dios y a los Espíritus que cuidan de nosotros y velan por nuestro crecimiento espiritual.

La oración eleva nuestro estado de vibración si se realiza correctamente y es la herramienta más útil a nuestro alcance para ayudarnos en nuestras pruebas. Pues Dios siempre nos escucha y nunca deja sin asistencia a aquel que pide ayuda con humildad, respeto y partiendo de una voluntad pura. La consecuencia primera es precisamente establecer conexión con una espiritualidad elevada que va a tratar de ayudarnos a través de la intuición, transmitiendo confianza, fuerza y esclarecimiento que nos permita pasar nuestras pruebas de forma más liviana, pues las pruebas son ineludibles para nuestra mejora y evolución y no podemos evitarlas.

Si pedimos por otros, podemos hacer que reciban la misma ayuda y en situaciones críticas donde los Espíritus están muy encerrados en bucles negativos de pensamientos podemos hacer que, por un momento, tenga cierta lucidez que le permita el camino hacia el arrepentimiento. La oración siempre supone un alivio para cualquier Espíritu que actúa como bálsamo a los padecimientos. Es, pues, un acto de caridad para con nuestros iguales. A través de la oración establecemos una conexión entre el que emite la oración y el que la recibe, siendo ésta de alta vibración, lo que despierta el agradecimiento del que la recibe en el momento que sea consciente del acto de caridad que otro Espíritu ha ejercido sobre él.

La oración conlleva el ejercicio de nuestra voluntad creando los más puros pensamientos de los que un Espíritu es capaz ya que nace de la parte más pura del Espíritu y se dirige a los más altos niveles de vibración. Si se realiza de forma correcta, es la herramienta más potente para cambiar el estado de vibración de un individuo, una sociedad o un planeta, si todos sus integrantes sintonizasen a través de la oración con estas vibraciones más elevadas. Cuantos más Espíritus se encuentran en sintonía a través de una oración profunda y sincera, más fuerza tiene y más grandes los efectos que puede producir.

Dios, Nuestro Padre, está siempre pendiente de nosotros, y nos escucha y ayuda siempre si lo que le pedimos es conveniente para nosotros. Él sabe cuáles son nuestras verdaderas necesidades. Al orar conectamos con la espiritualidad más elevada, siendo ellos quien mejor nos puede ayudar y cuidar. Son nuestros familiares más evolucionados y por tanto quien mejores consejos nos pueden dar. Ellos están siempre dispuestos a ayudarnos y se sienten felices de prestarnos esta ayuda. Si de una medicina estuviésemos hablando, ésta no tiene ninguna contraindicación y sí múltiples beneficios. Además, tan sólo requiere de nuestra voluntad, concentración y recogimiento. La oración también es buena para romper el ritmo de trabajo y automatización de comportamientos que tenemos programados diariamente. Dentro de nuestros hábitos diarios es una práctica saludable para nuestro Espíritu y por tanto para todos los ámbitos de nuestra vida.

Por todos estos motivos invito a todos a orar, a hablar con nuestro Padre, a contarle nuestras preocupaciones, nuestros más íntimos sentimientos y anhelos. ¿A qué Padre no le gusta que su hijo quiera hablar con él?, tanto en los momentos buenos, para agradecer, como en los malos para pedir ayuda. Pues como hemos comentado Él siempre escucha y nos ama, deseando nuestro crecimiento y adelanto. Por voluntad suya, todos somos hijos de un Padre cuya cualidad superior es el Amor hacia toda su creación y su deseo es que todos alcancemos la perfección que potencialmente llevamos dentro.

Diego Garcia Carretero
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 27 de octubre de 2019

La comedia "El trato de Argel" de Miguel de Cervantes

La comedia "El trato de Argel" de Miguel de Cervantes





En dicha comedia, que pertenece a sus primeras producciones, es curioso cómo podemos ver un caso claro de obsesión a través de la «hechicería».

El caso es el que sigue: Fátima, sierva de Zahara le promete a su dueña que logrará que Aurelio se enamore de ella cueste lo que cueste.

Aurelio es un esclavo cristiano en poder de Izuf y su esposa Zahara, que como cautivo apresado y vendido en subasta, espera que por él den rescate desde España. Zahara, la señora de la casa, se enamora de él y le hace múltiples declaraciones para que consuman el acto sexual, mas Aurelio basándose en su fe cristiana y la fidelidad a su esposa -la cual también cayó cautiva-, se niega en rotundo.

Cervantes con su sutileza literaria nos plantea la situación casi con el tono de una égloga pastoril. Pues aquí tenemos el viejo tema bíblico del esclavo judío José y la mujer de Putifar que trata de seducirlo. Zahara no quiere lograr por la fuerza, lo que pretende que sea por grado, y constantemente le regala los oídos con ofrecimientos materiales y de posible libertad.

Y he aquí la parte que desde el punto de vista espírita nos interesa:

Fátima, como habíamos dicho, conjura a un demonio para que le ayude a conquistar a Aurelio. Y el demonio le dice que ante tan fuerte voluntad es perder el tiempo, porque le mueven sentimientos nobles, ante los cuales no puede hacer nada. Vemos por tanto el consejo que siempre nos dan los espíritus, de elevar el pensamiento y tener aspiraciones elevadas que nos pongan en un estado vibratorio óptimo que nos haga inmune a las bajas influencias. 

Hacemos un inciso para explicar el tema de los pactos, copiando a continuación la cuestión 549 del Libro de los espíritus. Recomendamos la lectura de las siguientes cuestiones (550-557) para una mejor comprensión del punto de vista espírita.
549. ¿Hay algo de cierto en los pactos con los malos Espíritus?

- No, no existen pactos, sino una índole perversa que simpatiza con los Espíritus malos. Por ejemplo: tú quieres atormentar a tu vecino y no sabes cómo hacerlo. Entonces acudes a Espíritus inferiores que, igual que tú, solo quieren el mal, y estos para ayudarte desean que tú les sirvas en sus malos propósitos. Pero no se deduce de ello que tu vecino no pueda desembarazarse de esos Espíritus mediante una conjura contraria y por imperio de su propia voluntad. El que quiere cometer una mala acción por el mero hecho de desearlo apela a los malos Espíritus para que acudan en su ayuda. Está entonces obligado a servirles, como ellos lo han hecho con él, porque también ellos necesitan de él para el mal que quieren cometer. El pacto consiste solamente en esto.

Aclaración de Kardec: La dependencia en que a veces se encuentra el hombre respecto de los Espíritus inferiores procede de su entrega a los malos pensamientos que ellos le sugieren, y no de estipulación alguna entre ellos y él. El pacto, en el sentido vulgar que se concede a esta palabra, constituye una alegoría que describe a un individuo de mala índole simpatizando con Espíritus malévolos.

A continuación, ese demonio le ofrece no obstante algunas tretas con las que cree poder doblegar su voluntad mediante artimaña y engaño. Para ello entran en escena dos figuras simbólicas: la Ocasión y la Necesidad. Dando lugar a la escena de la obsesión espírita. Dichas figuras le van inspirando frases en la mente, que él razona y repite literalmente como si fueran suyas, encaminadas a agradar a Zahara y yacer con ella. Aquí tenemos portentosamente de una forma intuitiva, la pérfida influencia que sobre nosotros pueden tener los espíritus obsesores si no andamos vigilantes y con disciplina mental suficiente.

Al final estas figuras alegóricas -espíritus obsesores, diríamos los espíritas-, confiadas con su logro acuden a la sala donde está Zahara, y es en ese momento, cuando Aurelio recapacita –ya sin la perniciosa influencia- y se reprende severamente por haber dado lugar a tales pensamientos. Que obviamente piensa que han sido suyos sin ningún tipo de «influencia invisible»(1). 

***

Aquí mostramos completa la escena:
AURELIO: ¿Que no ha de ser posible, pobre Aurelio, el defenderte desta mora infame, que por tantos caminos te persigue? Sí será, sí, si no me niega el cielo el favor que hasta aquí no me ha negado. De mil astucias usa y de mil mañas para traerme a su lascivo intento: ya me regala, ya me vitupera, ya me da de comer en abundancia, ya me mata de hambre y de miseria.
NECESIDAD: Grande es, por cierto, Aurelio, la que tienes.
AURELIO: Grande necesidad, cierto, padezco.
NECESIDAD: Rotos traes los zapatos y vestido.
AURELIO: Zapatos y vestidos tengo rotos.
NECESIDAD: En un pellejo duermes, y en el suelo.
AURELIO: En el suelo me acuesto en un pellejo.
NECESIDAD: Corta traes la camisa, sucia y rota.
AURELIO: Sucia, corta camisa y rota traigo.
OCASIÓN: Pues yo sé, si quisieses, que hallarías ocasión de salir dese trabajo.
AURELIO: Pues yo sé, si quisiese, que podría salir desta miseria a poca costa.
OCASIÓN: Con no más de querer a tu ama Zahara, o con dar muestras sólo de quererla.
AURELIO: Con no más de querer bien a mi ama, o fingir que la quiero, me bastaba. Mas, ¿quién podrá fingir lo que no quiere?
NECESIDAD: Necesidad te fuerza a que lo hagas. AURELIO: Necesidad me fuerza a que lo haga.
OCASIÓN: ¡Oh, cuán rica que es Zahara y cuán hermosa!
AURELIO: ¡Cuán hermosa y cuán rica que es mi ama!

NECESIDAD: Y liberal, que hace mucho al caso, que te dará a montón lo que quisieres.
AURELIO: Y, siendo liberal y enamorada, darame todo cuanto le pidiere.
OCASIÓN: Extraña es la ocasión que se te ofrece. AURELIO: Extraña es la ocasión que se me ofrece, mas no podrá torcer mi hidalga sangre de lo que es justo y a sí misma debe.
OCASIÓN: ¿Quién tiene de saber lo que tú haces? Y un pecado secreto, aunque sea grave, cerca tiene el remedio y la disculpa.
AURELIO: ¿Quién tiene de saber lo que yo hago? Y una secreta culpa no merece la pena que a la pública le es dada.
OCASIÓN: Y más, que la ocasión mil ocasiones te ofrecerá secretas y escondidas.
AURELIO: Y más, que a cada paso se me ofrecen secretas ocasiones infinitas. ¡Cerrar quiero con una! ¡Aurelio, paso, que no es de caballero lo que piensas, sino de mal cristiano, descuidado de lo que a Cristo y a su sangre debe!
NECESIDAD: Misericordia tuvo y tiene Cristo con que perdona siempre las ofensas que por necesidad pura le hacen.
AURELIO: Pero bien sabe Dios que aquí me fuerza pura necesidad, y esto reciba el cielo por disculpa de mi culpa.
OCASIÓN: Agora es tiempo, Aurelio; agora puedes asir a la ocasión por los cabellos. ¡Mira cuán linda, dulce y amorosa la mora hermosa viene a tu mandado!
Sale ZAHARA
ZAHARA: Aurelio, ¿solo estás?
AURELIO: ¡Y acompañado!
ZAHARA: ¿De quién?
AURELIO: De un amoroso pensamiento.
ZAHARA: ¿Quién es la causa? Di.
AURELIO: Si te la digo, podría ser que ya no me llamases riguroso, crüel, desamorado.
NECESIDAD: ¡Obrando va tu fuerza, compañera!
OCASIÓN: ¿Pues no ha de obrar? Escucha en lo que para.
ZAHARA: Si eso ansí fuese, Aurelio, dichosísima sería mi ventura, y tú serías no menos venturoso, dulce Aurelio. Y, porque más de espacio y más a solas me puedas descubrir tu pensamiento, sígueme, Aurelio, agora que se ofrece la ocasión de no estar Yzuf en casa.
AURELIO: Sí siguiré, señora; que ya es tiempo de obedecerte, pues que soy tu esclavo.
NECESIDAD: Por tierra va, Ocasión, el fundamento del bizarro cristiano. ¡Ya se rinde!
OCASIÓN: ¡Tales combates juntas le hemos dado! Entrémonos con Zahara en su aposento, y allí de nuevo, cuando Aurelio entrare, tornaremos a darle tientos nuevos.

Veanse la OCASIÓN y la NECESIDAD, y ZAHARA con ellos, y queda AURELIO solo
AURELIO: Aurelio, ¿dónde vas? ¿Para do mueves el vagaroso paso? ¿Quién te guía? ¿Con tan poco temor de Dios te atreves a contentar tu loca fantasía? Las ocasiones fáciles y leves que el lascivo regalo al alma envía tienen de persuadirte y derribarte y al vano y torpe amor blando entregarte. ¿Es éste el levantado pensamiento y el propósito firme que tenías de no ofender a Dios, aunque en tormento acabases tus cortos, tristes días? ¿Tan presto has ofrecido y dado al viento las justas, amorosas fantasías, y ocupas la memoria de otras vanas, inhonestas, infames y livianas? ¡Vaya lejos de mí el intento vano! ¡Afuera, pensamiento malnacido! ¡Que el lazo enredador de amor insano, de otro más limpio amor será rompido! ¡Cristiano soy, y [he] de vivir cristiano; y, aunque a términos tristes conducido, dádivas o promesa, astucia o arte, no harán que un punto de mi Dios me apar[te]!

***

Recordamos a continuación lo que Kardec nos comenta sobre la obsesión, en el Libro de los médiums, cap. XXIII, ítem 237:
En el número de los escollos que presenta la práctica del Espiritismo, es menester poner en primera línea la «obsesión», es decir, el imperio que algunos Espíritus saben tomar sobre ciertas personas. Esta nunca tiene lugar sino por los Espíritus inferiores que procuran dominar; los Espíritus buenos no hacen experimentar ninguna contrariedad; aconsejan, combaten las influencias de los malos, y si no se les escucha se retiran. Los malos, por el contrario, se unen a aquellos sobre los cuales pueden hacer presa; si llegan a tomar imperio sobre alguno, se identifican con su propio Espíritu y le conducen como a un verdadero niño. La obsesión presenta caracteres diversos que es muy necesario distinguir, y que resultan del grado de opresión y de la naturaleza de los efectos que produce. La palabra obsesión es de algún modo un término genérico por el cual se designa esta especie de fenómeno cuyas principales variedades son: la «obsesión simple», la «fascinación» y la «subyugación».

***

Hasta aquí, este curioso ejemplo. Porque el espiritismo como ciencia espiritual que es, explica las leyes que rigen el mundo de los espíritus; el cual se manifiesta de un modo natural en miles de procesos de los que no somos conscientes. Nos valga este ejemplo, como una combinación de una intuición literaria, sobre una cuestión que el espiritismo trata a fondo. E instamos a la lectura de los ítems recomendados.

La peculiaridad del caso radica, en lo aparentemente alejado que pueda estar un escritor como Cervantes -y su época- de toda la teoría espiritista. Pero ya hemos dicho que las intuiciones acerca del mundo espiritual, se hayan esparcidas en muchas partes y de muy diversos modos. Y como leyes naturales que son, han existido desde siempre.

Nuestra intención en este tipo de artículos no es otra que despertar la curiosidad, normalizar el fenómeno y mostrar que en todas las épocas han sido tenidos en cuenta. Y a falta de una  mayor claridad de conceptos, vemos como la idea no era tan ajena, ni extraña. Aceptándose con naturalidad la probabilidad de dichos fenómenos, si bien no sabiendo cómo matizarlos desde ese inconsciente colectivo a una fenomenología más clara y patente.

Por tanto nos toca a nosotros, conocedores y estudiosos de las mismas, exponerlas ahí donde las hallamos, separando la verdad de la quimera. Dando a conocer la realidad de dicha influencia del plano espiritual sobre el muestro más material.

Jesús Gutiérrez Lucas

(1) Para más información sobre la influencia de los espíritus en nuestros pensamientos y acciones, véase las cuestiones 459 y ss. del Libro de los espíritus.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Los ángeles guardianes

Los ángeles guardianes



Comenzaremos este artículo explicando quiénes son los ángeles en general, para centrarnos, a medida que avanzamos, en los ángeles guardianes.

La palabra Ángel aparece en casi todas las religiones, teniendo mayor protagonismo en las tres más extendidas, es decir, la Judía, la Católica y el Islam. Su significado etimológico es “mensajero” y su “misión” ha sido la de velar por todos y cada uno de nosotros, o eso se creía hasta ahora.
Para el espiritismo, la palabra Ángel es un sinónimo de Espíritu Puro, que conlleva la idea de perfección moral. Son, por lo tanto, las almas de los hombres que alcanzaron el máximo grado de perfección.

La doctrina espírita nos explica que los espíritus son creados sencillos e ignorantes, esto es, sin conocimiento del bien y del mal, pero aptos para adquirir todo lo que les falta, lográndolo a través del trabajo. La meta, que es la perfección, es la misma para todos, llegando a ella más o menos pronto en virtud de su libre albedrío y en razón a sus esfuerzos. Todos tienen grados que recorrer y el mismo trabajo que realizar.

Según los buenos espíritus, la opinión de creer que fueron creados espíritus puros se basa en que mucho antes de que existiese nuestro mundo ya había espíritus ocupando el grado más alto en la escala, por lo que los hombres pudieron creer que siempre habían estado en la misma altura.
Todos los que hemos oído hablar de ellos en mayor o menor medida, nos imaginamos un gran ser alado, bellísimo, rodeado de una hermosa luz blanca… en definitiva, una criatura de gran pureza.  Si partimos de la base de que es un espíritu corregiremos el error de pensar que se trata de un ser enorme de grandes alas blancas… arpa ¡ni pensar en ello!

Pero, ¿qué es un ángel guardián? Según la doctrina espírita se trata de un espíritu protector de orden elevado (no puro), un guía. No son criaturas perfectas, están también aprendiendo y evolucionando. Necesitan de esa experiencia para comprender el significado de la inter-ligación entre los dos planos de la vida.

Su elevación va a depender de su cometido. El nivel de inferioridad que aún tenemos, no requiere de un espíritu muy elevado para poder orientarnos y su misión es similar a la de un padre con respecto a sus hijos, llevar a su protegido por el buen camino, ayudarle con sus consejos, consolarle y sostenerle en las pruebas de la vida. Para algunos guías, esta tarea es un placer, para otros una misión o un deber.

Por norma general, orientan a personas afines o con las que tienen algún tipo de relación, incluso un padre o una madre podrían llegar a ser el espíritu protector de su hijo, pero la protección supone cierto grado de elevación. Un padre o madre que protege a su hijo puede estar a su vez asistido por un espíritu más elevado.

Los casos en los que el ángel de la guarda no sabe quién es su protegido, son un poco más complicados para ellos, porque no conocen bien a la persona a la que van a ayudar, sus defectos o flaquezas, ni sus virtudes… aunque saben que todo buen espíritu debe cultivar el amor fraterno hacia su semejante, no importando quien sea.

Lo que sí es seguro es que todos tenemos un amigo espiritual que vela por nosotros y aunque a veces no somos conscientes, en el fondo, oímos voces que nos alertan del mal que estamos practicando o recibimos la enhorabuena por el bien que hacemos…

El ángel guardián nos acompaña desde el nacimiento hasta la muerte y, a menudo después de esta, nos sigue en el mundo espiritual e incluso está con nosotros en muchas existencias corporales, porque son fases muy breves comparadas con la vida inmortal. En otras ocasiones, se desligan en el momento de la muerte, aunque nos reencontremos durante el periodo en que estamos en la vida espiritual. Reflexionando acerca de esto nos surge una pregunta: ¿Podría, en algún momento, abandonar a su protegido durante su vida? Podría. A veces sucede porque tienen que cumplir otra misión, se verifica un cambio y otro espíritu guía ocupa su lugar.

Su ayuda es constante, pero debemos saber que los ángeles no operan hechos prodigiosos más allá de lo común, ni invierten el orden natural de las cosas. Cada encarnado tiene su momento de deliberación individual para seguir este o aquel camino, para caminar por lo acertado o lo errado, para lanzarse al bien o al mal.

Durante el sueño, en nuestro desprendimiento, mantenemos largas conversaciones con ellos (siempre que los queramos escuchar). Nos influencian en el día a día, a nosotros, a nuestros familiares, amigos… nos aconsejan a cada paso, siempre recomiendan y jamás se imponen.

Cuando los espíritus inferiores intentan influenciarnos, nuestros ángeles de la guarda trabajan con mucha dedicación y vigor, pero deben aguardar la decisión final de sus protegidos, pues esta proviene siempre del libre albedrío en el cual ellos no pueden intervenir, ni limitar y en el caso en que decidamos no escucharlos, se alejan cuando ven que son inútiles sus consejos porque impera más sobre nosotros el deseo de sufrir la influencia de esos espíritus menos elevados, aunque jamás nos abandonan del todo y vuelven a penas les llamamos.

A veces, los ángeles guardianes sufren y se angustian con las actitudes irreverentes de sus protegidos, se preocupan, incluso lloran cuando nos ven “equivocarnos”. Aun así, nada tiene que ver con las angustias que conocemos nosotros, porque saben que el mal tiene remedio y que lo que no hacemos hoy lo haremos mañana. Son felices cuando sus esfuerzos dan fruto, como un buen profesor siente felicidad con los progresos de sus alumnos, y no son responsables si no consiguen llevarnos por el buen camino, ya que ellos han hecho todo lo que estaba en sus manos.

Se tiene la creencia de que los niños tienen una protección especial por su estado de infancia. Este trabajo de protección se asocia a su guía espiritual o ángel de la guarda. Es cierto que hasta que no alcanzan la edad de los 16 años, cuando el libre albedrío se hace más pleno, los jóvenes son protegidos, por norma general, su ángel de la guarda inspirará a padres, familiares, amigos…para ayudar en el desarrollo saludable del niño.

Pero esta protección es relativa. Por un lado, están los demás espíritus que acompañan a la familia, entorno social… cada uno posee su ángel de la guarda y sus espíritus amigos que pueden ser buenos o malos, y su libre albedrío para escuchar a unos u a otros, aunque no por esto, los ángeles guardianes dejan de trabajar incesantemente en nuestra ayuda.

Por otro, esta protección es relativa al mérito del niño. Y es que no hay que olvidar que el niño es, antes que nada, un espíritu reencarnado, un alma que vuelve a comenzar una nueva existencia en la Tierra. Es, en realidad, un espíritu con una larga historia y una gran cantidad de experiencias, muchas de ellas, comprometedoras.

Es una gran suerte saber que contamos con unos amigos tan sinceros y que nos ayudarán en cada paso que demos, que no nos juzgan y que siempre podemos contar con ellos. Sigamos aprendiendo y evolucionando, ellos son un gran ejemplo. Hablémosles, pensemos en ellos, tengámoslos presentes en cada momento de nuestras vidas, es lo mínimo que podemos hacer, aunque sólo sea por agradecimiento, nuestros ángeles siempre estarán dando señales de su presencia.

Yolanda Durán Ruano
Centro Espírita Entre el Cielo y la Tierra.

domingo, 20 de octubre de 2019

El libre albedrío

El libre albedrío



¿Qué significan las palabras "libre albedrío"? libre, de libertad, es la condición necesaria al alma humana que, sin ella, no podría construir su destino. Albedrío viene de “arbitrium” que significa “potestad de obrar por resolución y elección “. El libre albedrío es el concepto que defiende que el ser humano tiene libertad para tomar sus propias decisiones y que los efectos de esas decisiones determinan el futuro.

En "El libro de los Espíritus" en la pregunta 843 se dice: El hombre, ¿tiene el libre albedrío de sus actos? Nos dicen... “Dado que tiene la libertad de pensar, tiene la de obrar. Sin libre albedrío, el hombre sería una máquina. En la siguiente pregunta: El hombre, ¿goza de libre albedrío desde el nacimiento? Contestan: “Tiene la libertad de obrar tan pronto como tiene voluntad de hacer. En las primeras etapas de la vida, la libertad es casi nula. Se desarrolla y cambia de objeto junto con las facultades. Dado que el niño tiene pensamientos acordes con las necesidades propias de su edad, aplica su libre albedrío a las cosas que necesita”.

Para que no nos quede dudas nos lo explica muy bien en el resumen de la 872: La cuestión del libre albedrío puede resumirse así: el hombre no es fatalmente conducido al mal; los actos que realiza no están escritos de antemano; los crímenes que comete no son el resultado de una sentencia del destino. El hombre puede, como prueba o expiación, elegir una existencia en la que sufrirá las incitaciones del crimen, ya sea por el medio en que encuentre, o por las circunstancias que sobrevengan. No obstante, siempre es libre de obrar o no obrar. Así pues, el libre albedrío existe, en el estado del espíritu, en la elección de la existencia y de las pruebas; y en el estado corporal, en la facultad de ceder o resistir a las incitaciones a que nos hemos sometido voluntariamente. Compete a la educación combatir esas malas tendencias. Y lo hará con provecho cuando se base en el estudio profundo de la naturaleza moral del hombre. Mediante el conocimiento de las leyes que rigen a esa naturaleza moral se llegara a modificarla, así como se modifica la inteligencia mediante la instrucción.

El espíritu, desprendido de la materia y en el estado errante, elije sus futuras existencias corporales según el grado de perfección que ha alcanzado, y en eso sobretodo consiste su libre albedrío. Esa libertad no queda anulada por la encarnación. Si el espíritu cede a la influencia de la materia es porque sucumbe ante las pruebas que él mismo eligió, y para que lo ayuden a superarlas puede invocar la asistencia de Dios y de los Espíritus buenos.

Sin el libre albedrío el hombre no tiene culpa por el mal, ni mérito por el bien. Esto es a tal punto admitido, que en el mundo siempre se censura o se elogia la intención, es decir, la voluntad. Ahora bien, quien dice voluntad, dice libertad. Por consiguiente, el hombre no puede valerse de su organización como excusa para justificar sus malas acciones, sin abdicar de su razón y de su condición de ser humano, para equipararse a los animales. Si es así para el mal, lo mismo será para el bien. No obstante, cuando el hombre hace el bien pone mucho cuidado en que se le reconozca el mérito a él mismo, y se abstiene de atribuírselo a sus órganos, lo cual prueba que instintivamente no renuncia, a pesar de lo que opinan algunos sistemáticos, al más bello privilegio de su especie: la libertad de pensar.

La fatalidad, tal como se la entiende vulgarmente, supone la decisión previa e irrevocable de todos los acontecimientos de la vida, cualquiera que sea su importancia. Si ese fuera el orden de las cosas, el hombre sería una maquina sin voluntad. Dado que se hallaría invariablemente dominado en todos sus actos por el poder del destino, ¿para qué le serviría la inteligencia? Tal doctrina, en caso de ser cierta, implicaría la destrucción de toda libertad moral. Ya no habría responsabilidad para el hombre y, por consiguiente, dejaría de existir el bien y el mal, los crímenes y las virtudes. Dios, soberanamente justo, no podría castigar a su criatura por faltas cuya realización no dependería de ella, así como tampoco podría recompensarla por virtudes cuyo mérito no tendría. Semejante ley sería, además, la negación de la ley del progreso, pues el hombre que esperase todo de la suerte no intentaría nada para mejorar su posición, puesto que esta no sería ni mejor, ni peor.
La fatalidad no es, con todo, una palabra vana. Existe en la posición que el hombre ocupa en la Tierra y en las funciones que desempeña en ella, como consecuencia del tipo de existencia que su espíritu eligió, ya sea una prueba, una expiación o una misión. El hombre sufre fatalmente todas las vicisitudes de esa existencia y todas las tendencias, buenas o malas, que le son inherentes; pero la fatalidad se detiene allí, porque depende de su voluntad que ceda o no a esas tendencias. El detalle de los acontecimientos está subordinado a las circunstancias que el propio hombre provoca con sus actos, y en los cuales pueden influir los espíritus mediante los pensamientos que le sugieren.

La fatalidad está, pues, en los acontecimientos que se presentan, dado que ellos son la consecuencia de la elección de la existencia que ha hecho el espíritu. Tal vez no esté en el resultado de esos acontecimientos, pues del hombre depende modificar el curso de los mismos con su prudencia. Nunca hay fatalidad en los actos de la vida moral. En cambio, el hombre en la muerte sí se halla sometido de manera absoluta a la inexorable ley de la fatalidad, pues no puede liberarse de la sentencia que fija el término de su existencia, ni del tipo de muerte que debe interrumpir su curso. Según la doctrina vulgar, el hombre extrae de sí mismo todos sus instintos. Estos proceden de su organización física, de la cual él no es responsable; o de su propia naturaleza, en la que encuentra una excusa ante sus propios ojos diciendo que no es culpa suya ser como es. La doctrina espírita es, evidentemente, más moral. Admite en el hombre el libre albedrío en toda su plenitud. Al decirle que si hace el mal cede a una mala sugestión extraña, le deja la responsabilidad completa, puesto que reconoce en él, el poder de resistir, lo cual es evidentemente más fácil que si tuviera que luchar contra su propia naturaleza. Así según la doctrina espírita, no hay incitación irresistible: el hombre puede siempre cerrar los oídos a la voz oculta que le incita al mal en su fuero interior, así como puede cerrarlos a la voz material de quien habla. Puede hacerlo mediante su voluntad, pidiéndole a Dios la fuerza necesaria y reclamando con ese fin la asistencia de los espíritus buenos. Eso es lo que enseña Jesús en la sublime plegaria de la oración dominical, cuando nos hace decir: “No nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal “. No sólo es sublime en cuanto a su moralidad, sino que (agregamos) eleva al hombre ante sí mismo. Lo muestra libre de sacudirse un yugo obseso, así como es libre de cerrar su casa a los inoportunos. Ya no es una máquina que funciona mediante un impulso independiente de su voluntad, sino un ser de razón, que escucha, juzga y elige libremente entre dos consejos. Añadamos que, a pesar de esto, el hombre no se halla privado de su iniciativa; no deja de obrar por su propio impulso, puesto que en definitiva no es más que un espíritu encarnado que conserva, bajo la envoltura corporal, las cualidades y los defectos que tenía como espíritu. Por consiguiente, la causa principal de las faltas que cometemos está en nuestro propio espíritu, que todavía no alcanzó la superioridad moral que tendrá algún día, aunque no por eso carece de libre albedrío.

La vida corporal le fue otorgada para que purgue sus imperfecciones mediante las pruebas que sufre en ella, y son precisamente esas imperfecciones las que lo tornan más débil y más accesible a las sugestiones de los otros Espíritus imperfectos, que se aprovechan de ellas para tratar de hacerlo sucumbir en la lucha que ha emprendido. Si sale victorioso de esa lucha, se eleva. Si fracasa, sigue siendo lo que era, ni mejor ni peor. Se trata de una prueba que deberá recomenzar, y eso puede durar mucho tiempo. Cuánto más se purifica, tanto más disminuyen sus puntos débiles y menos motivos da a los que lo incitan al mal. Su fuerza moral crece a causa de su elevación, y los Espíritus malos se alejan de él.

Todos los Espíritus, más o menos buenos, cuando están encarnados, constituyen la especie humana. Y como la Tierra es uno de los mundos menos adelantados, en ella se encuentran más Espíritus malos que buenos, por eso vemos aquí tanta perversidad. Nos aconsejan que nos esforcemos, pues, para no tener que volver a este mundo después de la actual estadía, y para que merezcamos ir a descansar en un mundo mejor, en uno de esos mundos privilegiados en los que el bien reina con exclusividad y donde sólo recordaremos nuestro paso por la Tierra como un periodo de exilio.

Resumiendo, un poco lo aquí escrito: Libre albedrío  se entiende la capacidad de optar entre distintas alternativas que se nos ofrecen o crear otras nuevas. Nadie, ni ninguna ley de la naturaleza pueden torcer en principio nuestra voluntad. Nos consideramos capacitados para tomar decisiones. Por ello, va estrechamente vinculado al concepto de responsabilidad (moral, civil, penal etc.). El individuo que actúa según su libre albedrío es también responsable de sus acciones, tanto si cuentan como aciertos o como sus errores.

Por otro lado, según el determinismo, toda conducta o elección humana tiene su raíz en una causa, de modo que nuestras decisiones estarían determinadas indefinidamente por todas las causas que la preexisten, lo cual significa que no hay elección posible y que el libre albedrio en realidad no existe.
Podemos ayudar a otras personas a encontrar el camino hacia lo bueno, pero no le podemos quitar la decisión, ni se le puede obligar a hacer el bien. Cada uno ha de encontrar su propio camino, cada uno de nosotros tenemos que ser los forjadores de nuestra propia “suerte” por decirlo de alguna manera, “lo que siembras recogerás”.

Cualquiera puede cometer un error, sin embargo, tiene que acarrear con las consecuencias, conforme con la ley natural de causa y efecto, según la cual, somos regidos, todos los seres humanos.
El otro día hablando sobre este tema, con una persona del centro espírita, decía que, por sus circunstancias, entre otras familiares, no podía hacer lo que él quisiera, que no tenía libre albedrío. Yo, por el contrario, le conté, mi caso, y a pesar de que, en esta, mi vida, (aparentemente tenía todo lo que una persona puede desear) buena posición social, dinero, bienes, buena vida en general etc. Un buen día, después de muchos meses de darle vueltas y analizando lo que era mi vida y seguramente mi futuro, teóricamente más bueno, llegué a la conclusión de que con este tipo de vida que llevaba, no era feliz, que de alguna manera, vivía la vida que otros querían que viviera, decidí cambiar completamente de vida, cuando digo completamente es porque la vida que vivo ahora es radicalmente opuesta a la de antes, no quiero alargarme contando mi caso, pero esto viene a colación de lo que estábamos hablando con esa persona, de que por sus circunstancias, no tenía libre albedrío y yo le digo que siempre lo tenemos, otra cosa es que por comodidad, por miedo etc., no queramos tomar ciertas decisiones, en nuestra vida…pero de tener, lo tenemos y se mire como se mire, somos creados para que seamos nosotros los que decidamos sobre nuestros actos, esto como hemos dicho, es tener libre albedrío.
Lorenzo
Centro Espírita “Entre el Cielo y la Tierra “

miércoles, 16 de octubre de 2019

Los milagros bajo la óptica espírita

Los milagros bajo la óptica espírita



Si buscamos en el diccionario el significado de la palabra milagro nos encontraremos que lo define como hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino.

Sin embargo, no es la definición original de este vocablo. La palabra milagro, antiguamente miraglo, encuentra su origen en el latín miraculum, palabra derivada del verbo mirari, que significa «admirarse» o «contemplar con admiración, con asombro o con estupefacción». Los latinos llamaban miraculum a aquellas cosas prodigiosas que escapaban a su entendimiento, como los eclipses, las estaciones del año y las tempestades.

Es así como, desde el punto de vista etimológico, la palabra milagro no indica relación necesariamente con una cierta intervención divina, sino que se liga al asombro ante lo inefable, tal como lo plantearan los latinos. A raíz de esto, milagro también puede referirse a un "Suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa", sin implicar fuerzas divinas.

Esta es la definición que originalmente se le daba a esta palabra, siendo efectivamente su significación más usual y utilizada, aplicándose también a las cosas vulgares que nos sorprenden y cuya razón nos resulta desconocida. Pero con el tiempo se ha ido modificando y se le ha dado un significado diferente, que nada tiene que ver con el original, desviándolo así de su sentido inicial.

Por ejemplo, para los cristianos, los milagros son eventos que exceden lo natural y que suponen una manifestación del amor que siente Dios por las personas. Los católicos definen el hecho milagroso como aquel que, justamente, no tiene explicación científica. Si se asegura que un milagro ha sido realizado por una persona fallecida, el Vaticano puede proceder a beatificarla y canonizarla.

Una de las características de los milagros es que son propiamente dicho, inexplicables y, por tanto, se realizan con exclusión de las leyes naturales, siendo otra característica del mismo el hecho de que sea insólito, aislado, excepcional.

A los ojos de los ignorantes, la ciencia hace miagros todos los días, he aquí por qué aquellos que en otros tiempos sabían más que el vulgo eran considerados hechiceros, y como se creía que toda la ciencia venía del diablo, eren quemados, o ejecutados.

De esto tenemos muchos registros de personajes importantes para la humanidad que con sus estudios o descubrimientos fueron considerados locos, herejes o diablos, por lo que fueron encarcelados, torturados o ejecutados.

Si un hombre muerto es vuelto a la vida por intervención divina, sucedería un auténtico milagro, ya que sería contrario a las leyes de la Naturaleza, pero si ese hombre tan solo tuviera la apariencia de la muerte, y todavía tuviera restos de vitalidad latente, y la ciencia o una acción magnética consigue reanimarlo, para ciertas personas más esclarecidas sería considerado como un simple fenómeno natural, sin embargo para aquellos más ignorantes, sería un suceso milagroso, pudiendo ser el autor perseguido o venerado, según el carácter de los individuos.  Si un físico lanzase en medio de un descampado bajo una tormenta un barrilete con punta metálica e hiciera que cayese un rayo sobre un árbol, seguramente este personaje sería considerado como equipado de un poder diabólico. Sin embargo, llevado a cabo por Franklin este suceso demostró que las nubes están cargadas de electricidad y que los rayos son descargas eléctricas. Creando después de este experimento el pararrayos, que tantas vidas ha salvado.

A lo largo de los siglos hemos podido comprobar que la ignorancia ha hecho que los milagros sean muy fecundos, ya que todo aquello que se desconocía su causa, era considerado sobrenatural. Pero a medida que la ciencia ha ido revelando nuevas leyes, el círculo de lo maravilloso ha ido reduciéndose. De esta forma se han ido despejando los velos que cubrían ciertos misterios, obligando a rectificar los prejuicios que las religiones han ido formando sobre todo lo que en un tiempo rechazaron, la Tierra no es el centro del universo, gira alrededor del Sol y otros muchos ejemplos. Aun así, la ciencia no ha explorado todo el campo de la naturaleza, por lo que una gran parte de él quedó reservada para lo maravilloso.

Entonces, ¿qué podemos decir sobre los sucesos espíritas? Las apariciones, levantamientos de mesas, materializaciones, psicografía, la escritura directa, y un largo etc. ¿Podrían ser considerados milagros? O por el contrario, ¿tienen una explicación mucho más lógica y racional?
Las apariciones, curaciones que la Iglesia Católica ha pregonado como milagros ¿lo son realmente?
Y sobre los milagros que Jesús ejecutó durante su paso por la Tierra. ¿Qué opinión nos hemos forjado de ellos?

El Espiritismo ha venido a hacer lo que ya hicieron cada ciencia en su advenimiento: revelar nuevas leyes y explicar, en consecuencia, los fenómenos que competen a estas leyes. Nos da la clave de una multitud de cosas inexplicadas e inexplicables por cualquier otro medio, y que en tiempos remotos fueron considerados prodigios.

Encontramos en el libro "La Génesis" esta explicación en el capítulo XIII ítem 9: Los fenómenos espíritas consisten en los diferentes modos de manifestación del alma o espíritu, ya sea durante la encarnación o en el estado de erraticidad. Mediante esas manifestaciones, el alma revela su existencia, su supervivencia y su individualidad. Se la juzga por sus efectos; al ser natural la causa, el efecto también lo es. Esos efectos son los que constituyen el objeto especial de las investigaciones y estudios del espiritismo, a fin de que se llegue a un conocimiento tan completo como sea posible de la naturaleza y los atributos del alma, como también de las leyes que rigen el principio espiritual.

El espíritu no es más que el alma que sobrevive al cuerpo, es el ser principal ya que no muere, mientras que el cuerpo es un accesorio perecedero. Eso quiere decir que su existencia es tan natural después de su muerte como durante la encarnación. Estando sometido a las leyes que rigen el principio espiritual, de la misma forma que el cuerpo está sometido a las leyes que rigen el principio material. Puesto que ambos principios tienen afinidad, reaccionando sin cesar uno sobre el otro, se puede decir que la espiritualidad y la materialidad son dos aspectos de un mismo todo, siendo tan natural una como la otra.
Durante la encarnación el espíritu actúa sobre la materia por medio de su cuerpo fluídico o periespíritu y lo mismo sucede cuando no está encarnado. Como Espíritu hace lo que hacía como hombre, dentro de sus capacidades, pero como no puede servirse del cuerpo carnal como instrumento, se vale, cuando le es necesario, de los órganos materiales de un encarnado, que es lo que se denomina médium. Actúa entonces como una persona, que no pudiendo escribir por sí misma, recurre a un secretario, o alguien que no conoce un idioma necesita de un intérprete. El secretario o interprete serían los médiums del encarnado, del mismo modo que el médium es el secretario o interprete del Espíritu.

Como están en la naturaleza, los fenómenos espíritas se han producido en todos los tiempos. Sin embargo, precisamente porque su estudio no podía realizarse con los medios materiales de que dispone la ciencia vulgar, han permanecido durante mucho más tiempo que otros en el dominio de lo sobrenatural, de donde ahora el espiritismo los saca.

"El Libro de los médiums" capítulo II de la primera parte: "Probad entonces que la existencia de los Espíritus y sus manifestaciones son contrarias a las leyes de la naturaleza; que esto no es y no puede ser una de estas leyes. Seguid la Doctrina Espirita y ved si se eslabona con todos los caracteres de una admirable ley que resuelve todo lo que las leyes filosóficas no han podido resolver hasta este día. El pensamiento es uno de los atributos del Espíritu, la posibilidad de obrar sobre la materia, de hacer impresión sobre nuestros sentidos y por consecuencia de transmitir su pensamiento, resulta, si podemos expresarnos así, de su constitución fisiológica, luego no hay en este hecho nada de sobrenatural, nada de maravilloso. Que un hombre muerto y bien muerto, resucite corporalmente, que sus miembros dispersos se reúnan para volver a formar su cuerpo, he aquí lo maravilloso, lo sobrenatural, lo fantástico, eso sería una verdadera derogación que Dios no puede cumplir sino por un milagro, pero no hay nada de esto en la Doctrina Espírita."

El capítulo IV del "El libro de los médiums" segunda parte nos aclara:
"13. Si nosotros hemos comprendido bien lo que habéis dicho, el principio vital reside en el fluido universal, el Espíritu toma en ese fluido la envoltura semimaterial que constituye su periespíritu, y por medio de este fluido obra sobre la materia inerte.

Sí esto es, que él anima la materia de una especie de vida ficticia, la materia se anima de la vida animal. La mesa que se mueve bajo vuestras manos vive, como el animal; obedece por si misma al ser inteligente. No es éste el que la empuja como el hombre hace con un fardo, cuando la mesa se levanta, no es que el Espíritu la levante a fuerza de brazos es la mesa animada que obedece a la impulsión dada por el Espíritu.

14. ¿Cuál es el papel del médium en este fenómeno?
Lo he dicho: el fluido propio del médium se combina con el fluido universal acumulado por el Espíritu, es menester la unión de estos dos fluidos, esto es, del fluido animalizado con el fluido universal, para dar vida a la mesa. Pero observad bien que esta vida es sólo momentánea, se extingue con la acción, y muchas veces antes del fin de la acción, tan pronto como la cantidad del fluido no es suficiente para animarla."

A su vez el capítulo II de la primera parte del mismo libro sigue diciendo al respecto:
Resumimos nuestra posición en las siguientes proposiciones:

1.- Todos los fenómenos espíritas tienen como principio la existencia del alma, su supervivencia al cuerpo y sus manifestaciones.

2.- Con base en una ley de la naturaleza, esos fenómenos nada tienen de maravilloso ni sobrenatural, en el sentido vulgar que se atribuye a esas palabras.

3.- Muchos de los hechos se consideran sobrenaturales porque no se conoce su causa. Al atribuirles una causa, el espiritismo los restituye al dominio de los fenómenos naturales.

4.- Entre los hechos calificados de sobrenaturales, hay muchos cuya imposibilidad el espiritismo demuestra, y los incluye en la categoría de las creencias supersticiosas.

5.- Aunque el espiritismo reconoce un fondo de verdad en muchas de las creencias populares, no avala en modo alguno las historias fantásticas creadas por la imaginación.
6.- Juzgar al espiritismo por los hechos que no admite es dar prueba de ignorancia y quitar toda validez a la opinión del que critica.

7.- La explicación de los hechos que el espiritismo admite, así como la de sus causas y sus consecuencias morales, constituyen toda una ciencia y una filosofía, que requieren un estudio serio, perseverante y profundo.

8.- El espiritismo solo puede considerar como crítico serio a aquel que haya visto, estudiado y profundizado todos los fenómenos, con la paciencia y la perseverancia de un observador concienzudo, aquel que tenga tanto conocimiento del tema como el más ilustrado de los adeptos, a aquel que por consiguiente, haya absorbido sus conocimientos al margen de las novelas científicas, aquel a quien no se pueda oponer ningún hecho que le resulte desconocido, ni argumento alguno sobre el cual no haya reflexionado, a aquel que, en definitiva, pueda indicar, para los hechos comprobados, una causa más lógica que la citada por el espiritismo. Ese crítico todavía no apareció.
El conocimiento del principio espiritual, de la acción de los fluidos sobre la materia, del mundo invisible en medio del cual vivimos, de las facultades del alma, de la existencia y propiedades del periespíritu, ha dado la clave de los fenómenos de orden psíquico y probado que, no son derogaciones de las leyes de la naturaleza, sino que, por el contrario, son aplicaciones frecuentes de las mismas. Reconociendo la unión entre los dos mundos, el espiritual y carnal, la influencia de uno sobre el otro debería ayudarnos a entender que todos los efectos de magnetismo, de sonambulismo, de éxtasis, de doble vista, de hipnotismo, de catalepsia, de anestesia, de transmisión del pensamiento, de presciencia, de curaciones instantáneas, de posesiones, apariciones y transfiguraciones, movimiento de objetos, etc., que constituyen la casi totalidad de los milagros del Evangelio, pertenecen a lo que podremos denominar como fenómenos espíritas.

Qué podemos decir de todo lo que hizo Jesús durante su encarnación en la Tierra, ¿fueron milagros? Así han sido calificadas todas sus curaciones y demás sucesos llevados a cabo por él.

Los fenómenos relatados en el Evangelio, que hasta hoy han sido considerados como milagros, pertenecen en su mayoría al orden de los fenómenos psíquicos, es decir, aquellos que tienen como causa primera las facultades y los atributos del alma. Ciertamente se puede dudar de que estos hechos sucedieran realmente, sin embargo, hoy podemos ver como las curaciones y otros sucesos similares se pueden llevar a cabo también.

Como hemos dicho los fenómenos psíquicos se basan en las propiedades del fluido espiritual. Sin entrar en juzgamientos acerca de Jesús, no podemos dejar de reconocer que es uno de los espíritus más elevados que han pasado por la Tierra, estando así muy por encima de los hombres. Viendo la repercusión que su paso por nuestro planeta ha tenido durante todos estos siglos, podemos sin duda decir que Jesús ha sido más que un profeta, ya que Él ha sido un Mesías divino.

En "La Génesis" en el capítulo XV ítem 2 nos dice así: "Como hombre tenía el organismo de los seres carnales, pero como Espíritu puro, desprendido de la materia, vivía más la vida espiritual que la vida corporal, cuyas debilidades no padecía. La superioridad de Jesús con relación a los hombres no era el resultado de las cualidades particulares de su cuerpo, sino de las de su Espíritu, que dominaba a la materia de un modo absoluto, y de la cualidad de su periespíritu, extraído de la parte más quintaesenciada de los fluidos terrestres."

Con esto podemos decir que la calidad de sus fluidos y su elevación moral, conferían a Jesús un inmenso poder magnético, secundado por el incesante deseo de hacer el bien, realizando así todos los fenómenos que se le atribuyen.

Pudieran criticarnos por dar estas teorías espíritas que consideran prematuras. Pero se olvidan que los hechos del Espiritismo son discutidos por muchas personas, siendo estudiados con mucho rigor, precisamente porque parecen salirse de la ley natural y no se les entiende.
El Espiritismo no se propone examinar si existen o no los milagros, esto es, si Dios ha podido en ciertos casos abolir momentáneamente las leyes eternas que rigen el Universo. A este respecto, la Doctrina Espírita deja toda la libertad de creencia. Pero dice y prueba que los fenómenos sobre los cuales se apoya tienen de sobrenatural sólo la apariencia.

Si explicamos el proceso de las cosas como por ejemplo como funciona internet, o el teléfono móvil pueden ser mucho mejor entendidos y comprendidos, aunque no se vea con la vista el proceso en el que todo sucede o funciona.  De igual forma, la explicación, en este siglo en el que no nos contentamos solo con palabras, es un poderosos motivo de convicción.

También vemos a personas que no han visto una mesa girar, ni un médium escribir, y que están tan convencidas como aquellos que, sí lo presenciaron en algún momento, únicamente porque ellas han leído, estudiado y de esta forma han podido comprender. Pensemos seriamente en que si solo creyéramos en aquello que nuestros ojos han podido ver, nuestras convicciones se reducirían a muy poca cosa. ¿Quién ha visto el aire, el oxígeno, las ondas que transmiten el sonido, etc.? Sin embargo, tenemos evidencia de que existe ¿verdad?, Lo mismo ha de sucedernos con los fenómenos espiritas.
Con todo lo expuesto podemos afirmar que los sucesos espíritas ya sean apariciones, materializaciones, psicografía..., suceden realmente, pero no pueden ser considerados como milagros, ya que el espiritismo nos revela las leyes que nos ayudan a comprenderlos. Y si alguien siente que aquello que hace es milagroso o maravilloso es que no está entendiendo nada de esta filosofía Espírita.

Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra" 

domingo, 13 de octubre de 2019

El progreso y la armonía

El progreso y la armonía



En lo profundo del alma, como individualidad, se encuentran todas las experiencias que ha vivido y sentido a través de todas sus existencias, todos sus conflictos y todos sus tormentos, todo lo que ha amado y todo lo que ha sufrido.

Así, considerando al espíritu autor de su destino por su libre albedrío, nunca tomará como demasiado repetir reencarnando en los hogares donde mantiene el vínculo afectivo, conforme a su vida anterior.
Viendo la variedad de encarnaciones siempre podrá quedar algún recuerdo de sí misma en forma de tendencias y aptitudes.

Las frustraciones y emociones no asimiladas se imponen en los comportamientos que se van sucediendo, surgiendo disturbios psicológicos de diferentes tipos.

Haciendo un análisis más allá de lo personal, el ser se enriquece de valores que debe multiplicar cada vez más, se autoconoce y se autodisciplina, dando a su conciencia mayor lucidez, ya que el autoconocimiento es el medio práctico más eficaz para mejorar en esta vida. Entonces, se despierta en él perspectivas que antes tenía dormidas, el germen del progreso moral se activa dándole oportunidades en el campo intelecto-emocional, venciendo las secuelas de vidas anteriores, aún predominantes en la psique, que se exteriorizan en forma de desarmonía.

El Ser necesita despojarse, con mucho esfuerzo, de sus ideales, desnudarse ante su propia realidad, convertir su mente en un espejo y observarse sin emociones evitando así la autocompasión, la justificación o la culpa. Para conseguir un retrato de lo que verdaderamente es y de lo que le corresponde convertirse para evolucionar, amando y ayudando más. Cualquier actitud infantil, o cualquier tentativa exterior de aplazar su inevitable autoconocimiento lo desequilibrará y aplazará su progreso. Nadie es culpable de no avanzar o de estancarse, no obstante, la permanencia en esa actitud denota inmadurez psicológica o una manifestación patológica del comportamiento.

Cuando alguien aspira a ser mejor cada día, irradia energías saludables desde el campo mental que le ayudan tanto a él como a su alrededor a continuar. Así, el querer, la voluntad y los continuos esfuerzos crean nuevos condicionamientos que conducen a conseguir la meta propuesta. No es ningún milagro, es la actitud que resulta del empeño individual.

El autodescubrimiento tiene por finalidad concienciar a la persona de lo que necesita, como realizarlo, y cuando dar inicio a una nueva etapa. Ya que, acomodada, no se da cuenta de todas las posibilidades que están esperándola.

El autoencuentro puede ser logrado a través de la meditación reflexiva y la oración, con la ayuda de Dios y los buenos espíritus que le asisten recobrando las fuerzas en su fe para no desistir, fijando la mente en ideas positivas, buscando saber quién se es, cómo poder avanzar, y cuál es la finalidad de su existencia.

Llena de honestidad para mejorar, la perturbación desaparece, dejando al individuo seguir libre y en armonía.

Junto a la oración y la meditación se encuentra la acción solidaria. Siempre tendrá un ser superior que lo guíe y un ser inferior para con el cual debe cumplir los mismos deberes, ya que no todos progresan al mismo tiempo y de la misma manera. Los más adelantados ayudarán al progreso de los otros a través del contacto social sin interés y muy fraternal. Dejando a un lado el miedo, llenándose de amor, abriendo un campo en la afectividad sin apegos, sin deseos, pasiones o neurosis. Posibilitando la armonía personal sin ansiedad, conflicto o culpa. Proporcionando salud mental y emocional, indispensables a la física.

Las condiciones de progreso y armonía del Ser proponen el estudio de las virtudes evangélicas para la posterior aplicación en la conducta personal.

Así el Amor se manifestará en todas las expresiones, comenzando por uno mismo teniendo seguridad en los propósitos y realizaciones. Junto con el perdón regenerador, libertador de resentimientos.
El progreso y la armonía son conquistas del ser humano que se exteriorizan en la forma de comprender la vida y la atracción por ella en el empeño incesante de crecer intelectual y moralmente.
El progreso es una ley divina por lo que el ser mejora a medida que comprende y practica mejor esa ley. Así la armonía resulta de la conciencia despierta para la conquista de su plenitud.

Alma Casarrubios. 

Referencias: 
El libro de los Espíritus, Allan Kardec; 
El Ser consciente, Divaldo Pereira Franco. 

martes, 4 de junio de 2019

Cervantes y el licenciado Torralba

Cervantes y el licenciado Torralba



Nos deja caer Cervantes en el capítulo XLI de la segunda parte de su inmortal Don Quijote de la Mancha, el nombre del licenciado Torralba, así como de pasada y como quién no dice nada. Ya que, si hablamos de Amadíses y demás caballeros imaginarios de la andante caballería, cómo no nombrar al no menos imaginario doctor Eugenio de Torralba (1485-1531) -hombre real y nada ficticio-, sin que por ello ocurra nada, ni la censura se haga cargo de expurgar dicho pasaje.

Y es que nuestro admirado escritor, como humanista que era, habiendo bebido en su juventud toda la grandeza que en Italia bullía durante el Cinquecento, hacía honor a la frase de Terencio «nada de lo humano me es indiferente». Y por tanto era conocedor de las llamadas «artes ocultas», tales como la astrología y nigromancia, entre otras. Cosa que no es de extrañar: la astrología era considerada una de las más altas ciencias hasta la irrupción de Galileo, Kepler y demás astrónomos, que impulsaron el método científico para su estudio; dejando que otras cualidades –muy apreciadas entonces- que se suponía afectaban psicológicamente a las personas, fueran cayendo poco a poco en descrédito.
Sobre la nigromancia, que según el DRAE es: 1. Procedimiento adivinatorio que consiste en predecir el futuro por medio de la invocación a los espíritus de los muertos. 2. Conjunto de conocimientos y prácticas que intentan conjurar y someter los malos espíritus y las fuerzas maléficas ocultas para causar daño a los demás.

Podríamos decir que la astrología es a la astronomía, lo que la nigromancia es al espiritismo. Puesto que el espiritismo adopta el método científico al estudio de las comunicaciones con el mundo espiritual; cosa de la que carecía la nigromancia, más al servicio de las opiniones de las autoridades o eruditos en la materia, o al buen (o mal) hacer del nigromante. Y es que al igual que siempre hubieron astros, siempre ha habido espíritus. Lo que ha variado es el modo de estudiar lo que llamamos leyes naturales: leyes que siempre han existido y que el esfuerzo de la mente humana trata de categorizar e investigar para mejor comprenderlas.

Otra diferencia capital, es el espíritu objetivo del espiritismo, en donde el médium es solo un intermediario, y no posee ningún tipo de poder especial, sino que tiene una facultad lo suficientemente desarrollada para poder servir de intermediario. Para el espiritismo todos somos médiums, pues todos somos almas encarnadas y sentimos de un modo u otro la influencia del plano espiritual, pero llamamos médiums facultativos a aquellos que poseen las condiciones adecuadas para que esta sea ostensiva y no algo meramente puntual.

***

Cervantes en sus obras deja traslucir sus conocimientos sobre las artes esotéricas, bien para burlarse de la credulidad del pueblo, bien dejando entrever un no sé qué de duda razonable. Una clara burla acaece en su novela ejemplar "El casamiento fingido (El coloquio de los perros)", donde uno de los protagonistas, el perro Berganza –que posee razón y discernimiento humano-, es confundido por la bruja Cañizares como el hijo de la Montiela que había sido transformado en perro por la bruja Camacha. Mientras la Cañizares hace un ritual, en el que desnuda, se unta de un potingue hecho a base de hierbas y cae en un estado de sueño místico; el bueno de Berganza la coge de un pie y arrastrándola la saca al patio del pueblo. Al amanecer se monta una buena trifulca, siendo la escena entre grotesca y cómica, quedando llena de escarnio la bruja.

Pero en otras partes se muestra más sutil Cervantes, y no se ve tal atisbo de burla. Por ejemplo en un pasaje de La Galatea (1585) donde una pastora viendo incumplida la promesa de su casamiento amenaza así a su burlador:

Cúmpleme señor, la que me diste si te precias de caballero, y no te desprecias de cristiano. Mira que si no correspondes a lo que me debes, que rogaré al Cielo que te castigue, al fuego que te consuma, al aire que te falte, al agua que te anegue, a la tierra que no te sufra, y a mis parientes que me venguen. Mira que si me faltas a la obligación que me tienes, que has de tener en mí una perpetua turbadora de tus gustos en cuanto la vida me durare, y aun después de muerta, si ser pudiere, con continuas sombras espantaré tu fementido espíritu, y con espantosas visiones atormentaré tus engañadores ojos.
O en la obra dramática El Trato de Argel donde las figuras alegóricas de la Ocasión y la Necesidad hacen la función de auténticos obsesores del plano espiritual, induciendo al protagonista a tomar malas resoluciones.

O el capítulo XLVIII de la segunda parte del inmortal Don Quijote, cuando viendo este entrar a la dueña Rodríguez y creyendo que es un fantasma, así le dice:

Conjúrote, fantasma, o lo que eres, que me digas quién eres y que me digas qué es lo que de mí quieres. Si eres alma en pena, dímelo, que yo haré por ti todo cuanto mis fuerzas alcanzaren, porque soy católico cristiano y amigo de hacer bien a todo el mundo, que para esto tomé la orden de la caballería andante que profeso, cuyo ejercicio aun hasta a hacer bien a las ánimas de purgatorio se extiende.

Aquí se aprecia la creencia secular de los espíritus necesitados de ayuda, que en la teología cristiano-católica penan en el purgatorio necesitados de oraciones. Y que para los espíritas, son los espíritus que al dejar el cuerpo humano se encuentran en el umbral o en el plano más físico, sin saber cómo elevarse y llegar a las moradas espirituales. Estando necesitados de ayuda y orientación.
Y en tantos otros lugares que nos sería forzoso alargarnos más de la cuenta.

***

Pues bien, llegamos al capítulo que nos importa. En el capítulo que mencionábamos al inicio, don Quijote y Sancho son huéspedes de un duque y duquesa, cuyos nombres no son nunca revelados. Estos no cejan de burlarse de ambos, y en la burla actual hablan del caballo Clavileño. Famoso caballo de madera, que vuela cual Pegaso, sin apenas hacerse notar su movimiento –obvio, pues no se mueve del sitio-. Y para viajar en él es menester vendarse los ojos. Durante la fantástica travesía, en la que caballero y escudero van sentados sobre Clavileño: los sirvientes de los duques hacen con fuelles falso viento, para hacerles creer que vuelan; o les acercan antorchas para que crean que se acercan a la esfera de fuego (la solar). Mientras que nuestro entrañable caballero, aguerrido y lanza en ristre, mantiene el continente lo mejor que puede, Sancho miedoso va aferrado a él con fuerza. En el ínterin, para calmarlo don Quijote, menta el caso Eugenio Torralba, por parecerle similar al que están pasando, y lo hace del siguiente modo:

«Verdadero cuento del licenciado Torralba, a quien llevaron los diablos en volandas por el aire, caballero en una caña, cerrados los ojos, y en doce horas llegó a Roma y se apeó en Torre de Nona, que es una calle de la ciudad, y vio todo el fracaso y asalto y muerte de Borbón, y por la mañana ya estaba de vuelta en Madrid, donde dio cuenta de todo lo que había visto; el cual asimismo dijo que cuando iba por el aire le mandó el diablo que abriese los ojos, y los abrió y se vio tan cerca, a su parecer, del cuerpo de la luna, que la pudiera asir con la mano y que no osó mirar a la Tierra, por no desvanecerse».

Si le quitamos la cáscara al envoltorio, podemos pensar de un modo espírita: que en realidad Torralba quedó dormido y pudo hacer un viaje astral y ver con la doble vista aquello que en Roma estaba sucediendo (1). Como se ve, se menciona la noche, lo cual nos parece sugerente para mantener nuestra hipótesis. Este caso nos recuerda al de Swendenborg que vio cómo ardía Estocolmo estando él a más de 40 km del lugar, siendo tal detalle comentado, entre otros, por el ilustre filósofo Immanuel Kant.

Eugenio Torralba fue un filósofo, médico y estudioso de las ciencias ocultas. Conoció a un clérigo nigromante que le «cedió» a Zaquiel, un espíritu para que velara por él. Salvando las distancias podemos hablar de un espíritu amigo o daimon socrático, por tanto Torralba sería médium vidente y dicho clérigo le ayudaría a interpretar y desarrollar su mediumnidad. Según nuestra opinión.
Aporta abundante información Caro Baroja (1992), en su obra Vidas mágicas e Inquisición, sobre el doctor Torralba:

«Entre sus capacidades más sorprendentes estaba la de poder comunicar, antes, durante e inmediatamente después de que tuviesen lugar, las noticias más importantes que, entre 1510 y 1527 se produjeron en Italia, Francia y España. Efectivamente, de las declaraciones de Torralba se infiere que, gracias al aviso de Zaquiel, el 30 de agosto de 1510, días antes de que llegasen las noticias a la corte, él anunció al Gran Capitán y al Cardenal Cisneros la derrota de los Gelves. Durante una estancia en Roma, Torralba fue también avisado por Zaquiel de la muerte del rey Fernando el Católico en 1516. Gracias a él, también el duque de Béjar fue avisado del alzamiento de las comunidades en 1519. Aunque el suceso sin duda más célebre protagonizado por Torralba y su sirviente diabólico fue el que tuvo lugar en la noche del 6 de mayo de 1527, cuando Zaquiel condujo a su amo por los aires desde Valladolid hasta Roma, le permitió contemplar el sangriento saqueo de la Ciudad Santa, antes de conducirle de vuelta a España para que diese noticia inmediata del hecho.
Y a continuación Caro Baroja nos explica cómo fue su final:

Poco después de aquella pretendida hazaña, a mediados de 1527, Torralba fue delatado ante el tribunal del Santo Oficio de Cuenca por un antiguo amigo suyo, don Diego de Zúñiga. A finales de ese año o a comienzos del siguiente fue encarcelado, y compareció el 10 de enero de 1528 ante el inquisidor doctor Ruesta. Cuando a finales de ese año recibió tormento, renegó del diablo Zaquiel, al que hasta entonces había tenido por espíritu bueno. En 1530 hizo otra retractación, y en marzo de 1531 fue admitido a reconciliación y conminado a que dejara de comunicarse para siempre con Zaquiel. A partir de entonces desaparece todo tipo de dato histórico sobre su vida, aunque algunas fuentes lo dieron por excarcelado y practicante durante años de su oficio médico».

Desde un conocimiento espírita, vemos como este Zaquiel seguramente sería un espíritu amigo o guía. La facultad de la videncia a distancia (o vista espiritual) y la precognición estaban presentes en dicho doctor, pues así lo atestiguan los hechos. Pero la mentalidad de la época más lo pinta como un Mefistófeles orientando a su Fausto, mezclado lo posible con lo maravilloso. De ahí que Cervantes valiéndose de esa irrealidad fantasmagórica, aproveche para citarlo, teniéndolo en mente lo más seguro a la hora de plasmar la escena de Clavileño en su inmortal Don Quijote. Y al mezclar leyenda, burlas y una pizca de verdad, lograr que dicho pasaje no fuera censurado.

¡Qué audaz y curioso escritor se nos presenta este humanista, don Miguel de Cervantes Saavedra! ¡Cuántas cosas no hay dichas de pasada, que encierran más profundas causas que las que aparentan en una lectura superficial!
Jesús Gutiérrez Lucas

(1) Para más información sobre la doble vista o vista psíquica véase. La Génesis de Allan Kardec, cap XIV ítems 22-28.