domingo, 27 de agosto de 2017

Psicología transpersonal y espiritismo

Psicología transpersonal y espiritismo


De todas las principales psicologías únicamente la psicología transpersonal contempla las capacidades superiores del ser acercándose al estudio del espíritu. Denominada como cuarta fuerza por Abraham Maslow, deja atrás a las tres primeras que son la cognitiva, psicoanalítica y humanista. Maslow realizó una profunda crítica del psicoanálisis y del conductismo, fundando la psicología humanista, preparando las bases para la transpersonal con la finalidad de expandir el marco de la psicología humanista más allá del centro de atención del yo individual, estudiando la dimensión espiritual del ser humano y sus estados modificados de conciencia.

Quizás el concepto más importante para la psicología transpersonal es el sí mismo o self que podemos definir como la naturaleza del individuo, sus gustos, valores, metas, que conforman su ser real y que integra incipientemente todas las potencialidades que debemos desarrollar para alcanzar la autorrealización como ser humano.

Cabría la distinción de un self superior, que englobaría todas las capacidades propias del Espíritu que llevamos dentro y un self individual que guardaría todas las potencialidades particulares que nos hacen únicos como seres humanos y componen nuestra naturaleza existencial, al margen de creencias e identificaciones externas.

Por debajo del self individual actúa el ego en el alma ordinaria identificándose con la mente consciente para conseguir todos sus propósitos. El ego, como el egoísmo, tiene su origen en el instinto de conservación y se desarrolla junto a la inteligencia desarrollando estrategias de supervivencia y conservación. Sus habilidades se amplían con la experiencia y puede conseguir un fuerte enmarañado de contenidos todos ellos protegidos por complejos mecanismos de defensa. Su finalidad autojustificada es garantizar las necesidades básicas y el mayor bienestar posible, objetivo digno salvo por qué termina endeudándose moralmente al no tener en cuenta conocimiento espiritual alguno, proveniente de los centros superiores del ser que son el self individual, el self superior, y el propio espíritu.

Maslow dividía las necesidades en dos grupos: necesidades de carencia y necesidades de crecimiento. Mientras estamos atrapados por las necesidades de carencia, las necesidades de crecimiento quedan en un segundo nivel. Las necesidades de carencia son el centro de atención del ego y razón la cual conquista nuestra conciencia.

El amor, cuando es necesitado como carencia, es querer a los demás en función de cómo estos satisfacen nuestras necesidades de autoestima, compañía, placer, gratificación y de cómo nos hacen sentir. Por otro lado, el amor como necesidad de crecimiento del ser, no tiene afanes posesivos ni egoístas, se ama la esencia o ser del otro, complaciéndose con la entrega de uno mismo sin esperar nada a cambio.

Las necesidades de carencia crean una conciencia también de carencia que se identifica con el ego con facilidad gracias a la distorsión que produce de la realidad utilizando la lógica materialista sobre nuestras creencias, proyectándonos hacia el futuro, lamentándonos del pasado sin dejarnos vivir un momento en el presente liberador.


El desarrollo de la conciencia, necesidades y ego

La conciencia se desarrolla en cada etapa con la finalidad de garantizar sus necesidades.
Según Maslow, durante la etapa de necesidades de carencia tenemos en este orden, necesidades fisiológicas, necesidades de protección, sentido de pertenencia y seguridad, y necesidades amor, respeto, afecto y aceptación fundamentales para el desarrollo de una buena autoestima.
La conciencia se centra principalmente en aquella necesidad insatisfecha más básica en la escala mencionada, de forma que no podrá centrarse en una necesidad superior si otra inferior está desatendida. Las metanecesidades, como la necesidad/motivación de crecimiento, son menos básicas y más débiles que el deseo de satisfacer las necesidades fisiológicas y los requerimientos relativos a seguridad, autoestima, etc. La necesidad de autorrealización se encuentra en la cúspide de la pirámide de necesidades por lo que es la necesidad más débil, quedando inhibida por la frustración o carencia de cualquier necesidad más básica.

La privación de las necesidades y metanecesidades conlleva desequilibrios y estrés que, de perdurar en el tiempo, terminan produciendo enfermedades. Por el contrario, su satisfacción es el alimento que nos lleva a desarrollar necesidades o motivaciones superiores. Y así sucesivamente hasta alcanzar la autorrealización, en la cúspide de la fase de individualización del ser, y posteriormente a la unión con toda la creación, en la fase transcendental del ser.

La búsqueda de la autorrealización como necesidad de crecimiento no comienza hasta no haberse emancipado de las necesidades inferiores como la seguridad y la estima, y sus principales representantes en nuestra psique, el egoísmo y el orgullo. El sentimiento de frustración ante cualquier necesidad nos estanca la conciencia y el desarrollo de nuevas etapas de aprendizaje.
De esta forma nuestra conciencia va desarrollándose, aumentando de nivel conforme sus necesidades se van sutilizando dentro de las necesidades de crecimiento, también llamadas metanecesidades, como la búsqueda de la perfección, la justicia, la belleza y la verdad. Un análisis profundo de las metanecesidades revela que cada una está contenida en las otras de forma que ninguna se puede comprender sin las características de alguna de las otras, formando una unidad con los conceptos más próximos a la idea que podemos hacernos de Dios. La belleza no sería tal sin poseer la verdad o la justicia o la perfección. La perfección no sería tal sin justicia, belleza o verdad. La justicia no sería tal sin verdad, y la verdad no sería tal sin la belleza que somos capaces de entrever en ella mediante el entendimiento. Es el comienzo del sentimiento religioso en busca de un nuevo concepto de unión con Dios alcanzable mediante el autoperfeccionamiento.

El proceso de autorrealización puede verse frenado por causas internas y externas:

Las experiencias externas las interiorizamos creando hábitos esclavizantes que nos llevan a conductas improductivas, adicciones, alimentación deficiente, inactividad, vida desordenada, inhibiendo nuestro crecimiento interior y debilitando nuestra salud.

Los entornos destructivos o negativos, educación rígida generan malos ejemplos difíciles de superar. La influencia social y las presiones recibidas para ser aceptado por el grupo van en contra del desarrollo de la individualidad, llenándonos de identificaciones accesorias.

Como causas internas tenemos principalmente el ego con sus identificaciones y mecanismos de defensa interiores que nos impiden contactar con nosotros mismos, nuestro self interior.

El ego busca identificaciones para llenarse de contenidos y estrategias con ánimo de satisfacer sus necesidades. La identificación del ego es un proceso inconsciente en el cual el individuo se crea la ilusión de ser lo identificado, vivenciándolo y sintiéndose como tal, suplantando temporalmente la conciencia de sí mismo por sensaciones que pronto caducarán al ser incapaces por sí mismas de cubrir verdaderamente las necesidades reales del ser. Identificación tras identificación se va enriqueciendo la conciencia de experiencias que ayudan a satisfacer las necesidades inferiores y por tanto, desarrollando motivaciones superiores.

La suma de identificaciones conforman la forma de ser que creemos tener, a veces diferente a la personalidad con que nos mostramos a los demás, motivados por los intereses del ego, lejos de cómo somos realmente, según la naturaleza de nuestro ser, nuestro self o sí mismo. Cuánto más difieran estas tres facetas de uno mismo, mayor será la insatisfacción e infelicidad. La satisfacción real del ser no se podrá alcanzar mientras no nos mostremos a los demás y a nosotros mismos tal como somos, según nuestra verdadera naturaleza. Mientras, en la casa de nuestra mente habrá tres señores (cómo nos queremos comportar, cómo necesitamos comportarnos para que los demás nos acepten y cómo debemos comportarnos para satisfacer nuestra naturaleza y necesidades interiores), que reclamarán su reinado incansablemente.

Cuando la mente se identifica con un contenido mental, este pasa a formar parte del contexto a través del cual percibimos la realidad, como si de un filtro se tratara, transformando la imagen recibida del color de su lente. De esta forma, el nuevo filtro determinará el significado e interpretación de lo vivido reforzando la propia creencia, mermando nuestra libertad. De esta forma estamos esclavizados por aquello con lo que nos identificamos y sólo podremos llegar a dominarlo primero desidentificándonos de ello. Consecuentemente, son los pensamientos con los que nos identificamos los que crean nuestro estado de conciencia, nuestra percepción de la realidad y nuestra identidad temporal.

Mientras, el propio ego lucha contra el self porque el conocimiento de sí mismo pone en peligro su existencia, construida a base de estrategias de conservación, y de todas sus identificaciones y estructuras creadas como la autoimagen y el orgullo. Estos contenidos llegarán a ser completamente innecesarios desde el momento en el cual la conciencia despierte al conocimiento verdadero de uno mismo y de la realidad que lo rodea.

El primer paso para vencer los mecanismos de defensa del ego es reconocerlos mediante el autoanálisis y discernir cómo operan en nuestro interior. Posteriormente se debe trabajar por reaprender las reacciones correctas sin enviar sus contenidos a su sombra (arquetipo junguiano), no reprimiéndolos, conscientes de que incluso el propio ego termina olvidando todo lo que considera innecesario.

Autorrealización

Según Maslow, las personas que alcanzan el estado de autorrealización consiguen ver la vida con mayor claridad, se aceptan a sí mismos y tienen relaciones poco problemáticas, libres de temores, complejos interiores limitantes y emociones perturbadoras, con objetivos claros de lo que quieren hacer y alcanzar en la vida. Valoran la espontaneidad, la creatividad, la simplicidad y la naturalidad en sí mismos y en los demás, alcanzando relaciones interpersonales más ricas y profundas, gracias al conocimiento de sí mismo, de sus necesidades y de las necesidades de los seres que le rodean. Tienen una gran capacidad de abstraerse y también de concentrarse en los problemas apartando el propio yo con su ego y deseos en busca de la mejor resolución al margen únicamente de sus intereses.

Normalmente adquieren, como vocación, compromisos a largo plazo con algo que sienten más grande que sí mismo, con paciencia incluso implicando grandes esfuerzos, centrándose en el desarrollo pleno de sus capacidades, como la creatividad, la espontaneidad, la intuición del conocimiento verdadero, la inspiración por la belleza y la búsqueda de la perfección.

Todo con una gran voluntad como elemento indispensable en el largo proceso de la autorrealización.

Maslow nos recomienda ocho actitudes necesarias para alcanzar la autorrealización (1):

1. Concentración. "Autorrealización significa vivir de manera plena, vívida, sin interferencias del yo, con una concentración completa y una absorción total" (1).

2. Decisiones de crecimiento. La vida viene determinada por la suma de nuestras decisiones y la autorrealización sólo se puede conseguir cuando pensamiento, sentimiento, voluntad se alinean con nuestras acciones y decisiones en el día a día.

3. Conciencia de sí mismo. Conocerse a uno mismo nos permite satisfacer las necesidades de expresión de nuestra naturaleza interior al hacernos conscientes de ella.

4. Honestidad. La autorrealización necesita de la honestidad y responsabilidad como elemento común en toda la naturaleza humana y la defiende con sentimientos de culpa cuando no las respetamos.

5. Juicio. La capacidad de juicio se ve afectada por el volumen de nuestro ego y trabajando para librarnos de él mejoramos la capacidad de discernimiento en las decisiones de nuestra vida.

6. Autodesarrollo. La autorrealización es una etapa más en la búsqueda de la transcendencia y el desarrollo pleno de todas nuestras potencialidades.

7. Experiencias cumbre. Todo trabajo conlleva una recompensa y las experiencias cumbres son momentos de elevada gratificación necesarios durante el camino.

8. Supresión de los mecanismos defensivos del ego. La plena libertad se alcanza cuando nos deshacemos del ego, sus identificaciones y sus mecanismos de defensa, gracias al conocimiento de uno mismo y el desarrollo elevado de la conciencia.

Espiritismo y estudio de la conciencia

El estudio del Espiritismo, como ciencia del alma, nos da luz a todo lo relacionado con el espíritu inmortal y también a la psicología transpersonal como ciencia que intenta estudiar la transcendencia.
Desde el Espiritismo se pueden comprender los conceptos de self superior e individual como estados del Espíritu expresándose a través de diferentes planos de manifestación, amortiguando su conciencia por las diferentes capas que forman el periespíritu, también denominadas “cuerpos”.
El espíritu desarrolla una conciencia corporal, a través de las sensaciones, una conciencia emocional y sentimental, a través de las emociones y de los sentimientos, una conciencia mental individual, a través de los pensamientos, una conciencia mental superior, a través de abstracciones, analogías y pensamiento elevado y una conciencia espiritual-universal a través del sentimiento de transcendencia y unión con toda la Creación y con Dios.

Mientras que la conciencia corporal es producida principalmente por los estímulos recibidos por el cuerpo físico, el resto de estados de conciencia se relacionan sucesivamente con el resto de cuerpos sutiles que conforman el periespíritu, envolviendo al espíritu, actuando como intermediarios para la adquisición de experiencias en cada plano de manifestación.

Cada estado de conciencia consigue en cierta forma la identificación del espíritu con el conjunto estímulos que le pertenecen, ya sean sensoriales, emocionales, sentimentales, mentales o espirituales.
Bajo esta perspectiva, el espíritu sería conciencia absoluta de no ser porque está rodeado de diferentes cuerpos sutiles que centran su conciencia al correspondiente espectro de frecuencias asociadas, bloqueando a su vez, parcial o totalmente, el conjunto de frecuencias superiores a cada cuerpo. Tales cuerpos son los vehículos de la experiencia del espíritu en los diferentes planos de la existencia, necesarios para la evolución del principio inteligente que hay en cada uno. El principio inteligente es creado inconsciente en etapas previas a la humana y alcanza la autoconsciencia después de milenios de experiencias por todos los reinos de la Creación. Es la expresión de la “atracción en el mineral, de la sensación en lo vegetal y del instinto en el animal” (2), del razonamiento en el hombre y del conocimiento verdadero en el espíritu superior.

El espíritu, al principio simple e ignorante, evoluciona mediante la adquisición de experiencias y para ello necesita recubrirse del periespíritu, cuerpo semimaterial que intermedia entre el cuerpo físico y el espíritu de forma que pueda adquirir primero sensaciones, luego emociones, sentimientos y pensamientos cada vez más sutilizados.

Para el propio espíritu los pensamientos son materia y energía que en función de su frecuencia vibratoria interactuarán con el cuerpo sutil correspondiente a su espectro vibracional, de forma que pueda ser captado, consciente o inconscientemente, según el propio nivel de conciencia.

La suma de todas las experiencias impulsarán al espíritu hacia nuevos niveles y búsquedas siguiendo el instinto de progreso y espoleado por el dolor de sus caídas.

Los cuerpos sutiles envuelven al espíritu en capas superpuestas ordenadas según su nivel vibratorio. El cuerpo sutil más denso, el doble etérico es el que contiene el fluido vital y junto al cuerpo físico son propios exclusivamente de las almas encarnadas, disipándose a los pocos días después de la desencarnación.

El cuerpo etérico, o doble etérico, es el cuerpo de las sensaciones e interactúa con el sistema nervioso de forma que una vez desprendido desaparece toda capacidad de sensación y transmisión nerviosa, según ha comprobado el Espiritismo y la psicología experimental a través de los fenómenos de exteriorización de la sensibilidad, bilocación y desdoblamiento.

El siguiente cuerpo corresponde al cuerpo emocional y como su propio nombre indica es el cuerpo de las emociones. El cuerpo emocional también es llamado espiritual porque es el cuerpo más denso que recubre a los espíritus desencarnados. Estos en ausencia de cuerpo físico perciben las sensaciones globalmente, tal como ocurre con las emociones, de forma que las perciben de forma general y tienen dificultades para localizarlas.

Una sensación penosa se percibirá como una emoción penosa que le afectara fuertemente debido a que no poseen un cuerpo físico que lo amortigüe. Lo mismo ocurre en sentido inverso, una emoción penosa podrá ser sentida como una gran sensación de dolor, normalmente de forma general pero otras veces focalizada, por la conciencia de culpa, en alguna parte en concreto de su cuerpo espiritual.

El siguiente cuerpo más sutil es el cuerpo mental, donde los pensamientos se relacionan con los aspectos más densos de nuestra psique, como son las identificaciones, las personalidades y el ego.
La mente, estudiando las necesidades básicas, crea estrategias para garantizar sus objetivos, generalmente a través de las identificaciones. El conjunto de identificaciones de la mente darán como resultado el ego y la personalidad, limitando en este nivel las experiencias que lleguen a la conciencia. El cuerpo mental, perdurando a través de las reencarnaciones, permite mantener y acumular personalidades a través de muchas vidas formando nuestro yo inferior o ego, continente de gran parte de los contenidos inferiores de nuestra psique, dueño y señor de nuestros comportamientos, tanto reactivos sin que pasen mínimamente por la conciencia despierta, como activos pasando sin ser cuestionados por nuestra conciencia adormecida.

Pensamientos y materia son diferentes estados de energía que envuelven al Principio Inteligente progresando hacia la perfección. Todos los cuerpos tienen sus automatismos que influyen en el espíritu como hacen los instintos con el cuerpo físico. Los instintos son buenos porque tienen su origen en la Ley Natural y operan hacia la automatización de procesos necesarios para la vida, supervivencia y progreso, aunque enseguida la mente los desvirtúa mediante el abuso generando nuevas necesidades artificiales, pasiones, con las que consigue adueñarse de casi la totalidad de la conciencia para sus propios fines, alimentando su ego.

Por tanto, la mente tiene también sus propios automatismos pero no todos son buenos. El mecanismo de aprendizaje no posee el filtro de la moral y aprende por la experiencia. Cuando el abuso transforma los instintos en pasiones estas imprimen sus automatismos en la mente que luego serán un fuerte lastre para la evolución espiritual.

El desarrollo de la inteligencia es fundamental para superar la etapa instintiva pero hasta que no se combine con el conocimiento moral no podrán superarse los automatismos de las pasiones de la mente.

Si dividimos el cuerpo mental en inferior y superior podemos entender el inferior como el que da origen a la inteligencia ordinaria dominada por el ego.

Envolviendo al espíritu limita su estado de conciencia identificándose con él como si fueran uno. De esta forma el ego consigue manejar las capacidades creadoras del espíritu mostrándose al exterior como si fuera una causa en lugar de una consecuencia. La causa es el espíritu y las consecuencias son el resultado de sus experiencias. Por ello el ego es prescindible aunque como dueño provisional de la mente emplea los mecanismos de defensa para su protección y la de sus creencias.

En el cuerpo mental superior encontramos estructuras libres del ego y por tanto con capacidad de elevar la conciencia por encima de los pensamientos ordinarios y la lógica cartesiana. La mente en esta situación alcanza un estado de conciencia que se denomina self en la psicología transpersonal y que conecta con las potencialidades superiores del hombre como son la creatividad, la bondad, la armonía y la belleza.

El siguiente cuerpo, y último que podemos recoger en la literatura de André Luiz, a través de la mediumnidad de Chico Xavier, es el cuerpo causal y guarda la huella moral que dejan todas nuestras acciones, decisiones y experiencias. Su contenido bloquea la luz que irradia el espíritu limitando sus capacidades espirituales.

Superado este nivel entendemos que la conciencia entra en los dominios de los espíritus superiores de camino hacia la completa perfección.

El estudio del Espiritismo también nos ayuda a comprender los estados alterados de conciencia. Así como la psicología experimental de los siglos pasados consiguió demostrar, en personas sensitivas, la exteriorización de la sensibilidad y el desprendimiento del doble etérico de su cuerpo físico, apenas unos pocos metros, mediante la saturación de los nervios con fluido vital de un magnetizador, el cuerpo espiritual, en ciertas condiciones, también puede desprenderse temporalmente del cuerpo físico y etérico, liberándose y produciendo diversos estados alterados de conciencia, anímicos o mediúmnicos.

Sin embargo, el desprendimiento definitivo de los diferentes cuerpos ocurre únicamente mediante la evolución moral del espíritu en las diferentes etapas de la existencia. Mediante la evolución moral llega el momento en que ya no es necesario volver a reencarnar, abandonando el cuerpo físico y etérico para siempre, posteriormente al final de la siguiente etapa, se llega a abandonar definitivamente el cuerpo espiritual y así sucesivamente hasta librarse de toda influencia externa al ser, alcanzando el estado de espíritu puro con una conciencia plena y universal.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita “Entre el Cielo y la Tierra”

Referencias:
(1) Maslow, “The Farther Reaches of Human Nature.”
(2) Ver cap. “Automatismo y herencia” en el libro "Evolución en dos mundos", Chico Xavier
(3) Ver cap. 12, “Nuestro Hogar”, Chico Xavier.

viernes, 5 de mayo de 2017

Enseñanza sobre el dolor estudiando espíritus sufrientes

Enseñanza sobre el dolor estudiando espíritus sufrientes


Los espíritus sufrientes

Si analizamos las costumbres de prácticamente la totalidad de los pueblos de la Tierra, en el fondo de muchas de sus tradiciones, se encuentra la creencia de la existencia de espíritus sufrientes. La industria cinematográfica se ha aprovechado de todo ello para ganar espectadores utilizando sus propias predisposiciones debido a sus creencias. Son innumerables las películas que introducen en su trama a los espíritus con la finalidad de crear suspense y misterio, aunque en pocas ocasiones dando enseñanza moral alguna. La religión se ha aprovechado del creyente infundiendo miedo de las penas de lo que denominan purgatorio, aumentando el control sobre sus feligreses y creando distintos sistemas externos para exonerarse sin tener que llevar a cabo una reforma moral interna. El arrepentimiento superficial, sin reparación del mal, ni transformación interior, es considerado suficiente para que el pobre incauto se sienta perdonado, encontrando muy "barato" dejarse caer para supuestamente volver a levantarse, innumerables veces, según esta ley de los hombres.

Los reporteros parapsicólogos llenan portadas y libros con casos que mantienen siempre inexplicables para que no decaiga el misterio como fuente de ingresos. No se conoce todavía un caso resuelto satisfactoriamente desde el conocimiento espiritual mientras que prevalecen teorías de lo más exóticas y perturbadoras para el raciocinio humano. Se echa de menos a los verdaderos maestros de la psicología experimental del pasado que anteponían la verdad científica a sus intereses personales, enfrentándose muchas veces a la pérdida del respeto por parte de las academias científicas, cegadas por el orgullo y compradas por los intereses del materialismo, despreciando el estudio del alma como ser inmortal.

Por todo ello, al hablar sobre espíritus sufrientes es normal que la imagen que se nos venga a la cabeza sea lo visto en algún programa de misterio, película, etc., la mayoría de ellos muy alejados de la realidad.

La desencarnación

Conocemos gracias al Espiritismo, que el espíritu después de desencarnar se encuentra en un estado de turbación más o menos largo en función de los lazos que lo unen a la materia (1). Cuando es liberado finalmente de dichos lazos materiales se encuentra en la situación que le corresponde a su evolución espiritual. Unos aferrados a las pasiones buscan satisfacer sus apetitos buscando colaboradores incautos que se los brinden. Otros ignorantes no comprenden y reniegan de su situación. Otros con la conciencia más desarrollada sufren por las culpas de lo que hicieron o se afligen por la falta de elevación que todavía no alcanzaron.

La asistencia a los espíritus sufrientes  a través de la mesa mediúmnica es una gran escuela de la vida, donde las experiencias se muestran tan evidentes que llegan a conmover enseñándonos la realidad espiritual de lo que podría ser nuestra situación al desencarnar en caso de cometer los mismos errores.

La mesa mediúmnica en el servicio a espíritu sufrientes ofrece un amplio abanico de experiencias espirituales, consecuencia de los actos en la vida material. Ejemplos ardientes de la Ley de Causa y Efecto y de la Ley de Reencarnación.
Si fuéramos conocedores de la realidad espiritual después de la desencarnacion, muchos de nosotros nos comportaríamos de manera diferente de lo que normalmente nos comportamos. Seríamos más conscientes de las consecuencias de nuestros actos.

El conocimiento no siempre lleva asociado el ser consciente de lo aprendido, es necesario interiorizarlo. Procesamos mucha información que creemos asimilar sin plantearnos las consecuencias morales que tiene con respecto a nuestro comportamiento. El conocimiento que nos llega con una carga emocional sin embargo puede tener un efecto desgarrador que puede arañar nuestras estructuras de la personalidad impulsándonos al cambio y a la mejora moral. A veces, al vernos reflejados en los demás, podemos prever lo que nos estamos forjando por nosotros mismos.
La mediumnidad por tanto, es una escuela de conocimiento espiritual aplicado. Las principales leyes que se ven reflejadas son: Reencarnación, Causa y Efecto, Justicia Amor y Caridad, Igualdad, Afinidad y Sintonía.

El dolor y el sufrimiento

El primer libro que nos mostró conversaciones con espíritus sufridores es "El Cielo y el Infierno" de Allan Kardec y posteriormente hubo continuidad en la "Revista Espirita" entre los años 1858 y 1869.
La "Revista Espírita" de diciembre 1858 habla sobre las sensaciones y sufrimientos de los espíritus, concluyendo que para "El Espíritu, los sufrimientos que padece son siempre la consecuencia de la manera con la que ha vivido en la Tierra; sin duda, no tendrá más la gota ni el reumatismo, pero tendrá otros sufrimientos que no son menores. Hemos visto que sus sufrimientos son el resultado de los lazos que todavía existen entre él y la materia; que cuanto más desprendido está de la influencia de la materia –dicho de otro modo–, cuanto más desmaterializado se encuentra, menos penosas son sus sensaciones; ahora bien, depende de él liberarse de dicha influencia desde esta vida; tiene libre albedrío y, por consecuencia, puede elegir entre hacer o no hacer; que dome sus pasiones animales, que no tenga odio, ni envidia, ni celos, ni orgullo; que no se deje dominar por el egoísmo, que purifique su alma con buenos sentimientos, que haga el bien y que no dé a las cosas de este mundo más importancia de la que merecen, y entonces –incluso bajo su envoltura corporal– ya estará purificado, ya estará desprendido de la materia, y cuando deje esa envoltura no sufrirá más su influencia; los sufrimientos físicos que haya experimentado no le dejarán ningún recuerdo penoso ni le quedará de ellos ninguna impresión desagradable, porque sólo afectaron al cuerpo y no al Espíritu; se sentirá feliz al verse liberado, y la calma de su conciencia lo librará de todo sufrimiento moral".(1)
También la "Revista Espírita", en su número de abril de 1860, nos habla de la conciencia, la Ley Divina, inscrita en el fondo de nuestros corazones, que está relacionada con el sufrimiento del espíritu deudor tanto en cuanto es  responsable de que pueda aparecer o no el sentimiento de culpa. Nos dice: "Cada hombre tiene en sí mismo lo que vosotros llamáis: una voz interior. Es aquello que el Espíritu llama: la conciencia, juez severo que preside todas las acciones de vuestra vida. Cuando el hombre está solo, escucha a esta conciencia y evalúa las cosas en su justo valor; frecuentemente tiene vergüenza de sí mismo: en este momento reconoce a Dios. Pero la ignorancia —fatal consejera— lo arrastra y le pone la máscara del orgullo; ante vosotros, él se presenta engreído en su vacuidad, buscando engañaros con el aplomo que aparenta." (2)

El dolor moral viene relacionado por el desarrollo de la conciencia y la desaparición del orgullo. Aquellos espíritus que utilizan el orgullo para acallar la conciencia aparentemente, al principio, no sufren. Pueden retardar su sufrimiento moral puesto que en ellos está ausente el sentimiento de culpa. La "Revista Espírita" de octubre de 1860 nos lo explica perfectamente en este pasaje: "El Espíritu malo que pone en práctica su rabia es casi dichoso; sólo sufre en los momentos en que no logra actuar y cuando el bien triunfa sobre el mal. Sin embargo, los siglos transcurren; el Espíritu malo siente que de repente las tinieblas lo invaden. Su círculo de acción se restringe, y su conciencia, hasta entonces sorda, le hace sentir las puntas afiladas del remordimiento". Sus sufrimientos, en las primeras etapas, de expiación, son principalmente de origen externo, consecuencia de la Ley de Causa y Efecto, expiaciones consecuencia de errores pasados, frente a los sufrimientos de origen interno que vendrán en las etapas posteriores, de pruebas, consecuencia del desarrollo de la conciencia y el consecuente sentimiento de culpa. En estas etapas, conforme desarrolle su conciencia, podrá solicitar sus propias pruebas siendo el único responsable por su dolor, manteniendo su libre albedrío.

El dolor es el remedio que la Naturaleza nos ofrece para comunicarnos que algo está mal como consecuencia de haber actuado en contra de la Ley Divina. Nos impide estancarnos y permanecer evolutivamente estáticos con los hábitos erróneos adquiridos creándonos la necesidad imperiosa de cambiar. Cuando incorporamos un hábito erróneo, nuestro subconsciente lo cristaliza e intenta protegerlo como propio, puesto que la mente tiende hacia la conservación de todo lo que considera útil. Únicamente el dolor podrá despertar la dosis de conciencia necesaria para despertar la necesidad de reaprender, rechazando el hábito dañino. El dolor, por tanto, es el camino largo del despertar de la conciencia. Elijámos el camino corto del cumplimiento de la Ley Divina para apartarnos de la necesidad del sufrimiento.

Concluimos con todo ello que el dolor, fuente de sufrimiento y revulsivo para el alma, generalmente puede ser clasificado según su origen y según la sensación que provoca. Puede ser sentido moralmente o sentido como físico (sin cuerpo material no existe dolor físico real pero sí la evocación de un recuerdo que en ciertos momentos puede confundir al Espíritu como si lo estuviera sintiendo realmente en su cuerpo). Según su origen puede venir del interior, como consecuencia del despertar de la conciencia que determinará la necesidad del sentimiento de culpa; o venir del exterior, cuando la Ley de Acción y Reacción nos devuelve los frutos de aquello que sembramos en el pasado.

Una profunda reflexión nos puede llevar a relacionar el dolor que viene de fuera, externo, impredecible, accidental, fortuito, con aquellos estados de ausencia de conciencia, donde el Espíritu, estancado indefinidamente con sus barreras de comodidad y orgullo, ve de repente como todo se le derrumba y tiene que empezar una nueva etapa desde cero. Es la Providencia que le trae una nueva oportunidad de empezar de nuevo.

En el extremo contrario, un desarrollo de la conciencia irá despertando el sentimiento de culpa que nos traerá el dolor moral necesario para alcanzar el arrepentimiento y el principio del fin del sufrimiento e inicio de nuestra transformación.

Si racionalmente entendemos que el dolor principalmente físico parece el más indicado para despertar de los estados de ausencia de conciencia, conforme vayamos desarrollando la conciencia iremos necesitando de revulsivos cada vez más morales, que nos remuevan sobretodo interiormente y no tanto físicamente. En perfecto paralelismo con la Ley de Acción y Reacción podemos comprender que el egoísmo material nos traerá carencias materiales, con dolores principalmente físicos; el egoísmo emocional nos traerá carencias emocionales, con desgarradores sentimientos de vacío, frío, gelidez, todavía sentidos casi físicamente; el egoísmo mental que no es otra cosa que el orgullo, nos traerá carencias mentales llenas de desvalorización, depresión, ansiedad, miedo, de caracter moral y físico, debido al desequilibrio cuerpo-mente, pero desgarrando interiormente al Espíritu, predisponiéndole para el despertar de la conciencia, donde empezará a dar valor a lo que realmente importa, a los bienes del Espíritu.

De forma general, el dolor progresará de origen exterior a origen interior y de dolor físico a dolor moral. El dolor exterior es providencial para que aparezcan los primeros gérmenes de la conciencia donde empieza a dejar de ser tan necesario.

Muchos dolores que creemos físicos tienen implícito  un sufrimiento moral tanto en cuanto que el verdadero afectado es nuestro orgullo. Inteligencias atrapadas en cuerpos físicos imperfectos sufren espiritualmente en estado de desdoblamiento viéndose en desventaja sin posibilidad de satisfacer sus intereses.

La enfermedad, acompañada normalmente por el dolor, puede provenir del exterior o de nuestro interior, con el mismo fin, despertar nuestra conciencia. El cuerpo expresa a través de la enfermedad lo que el Espíritu no consigue traer a la conciencia.

La enfermedad que viene del interior es la  consecuencia de la falta de equilibrio por parte del Espíritu que no puede mantener el orden energético de todas las estructuras periespirituales,
manifestando sus desarmonías mentales en los planos inferiores del periespíritu hasta llegar al cuerpo físico, dando origen a las enfermedades psicosomáticas. Por otro lado, al margen de las desarmonías, cuando la culpa se instala en la mente, siendo consciente de ella, se cumple la máxima del Evangelio que dice: "si tu mano te hace pecar córtatela... y si tu ojo te hace pecar, sácatelo"(3). La conciencia cercena el órgano donde proyecta su culpa. Prueba de ello tenemos a los espíritus sufrientes que muestran tener ciertos miembros mutilados, manos que utilizaron en sus crímenes, pulmones que recogieron el humo pernicioso, órganos que recibieron la bala suicida, garganta que sufrió la asfixia, estómago que sufrió el ataque de químicos, etc.

La enfermedad que viene del exterior del Espíritu normalmente es consecuencia igualmente de la Ley de Causa y Efecto, el abuso conlleva debilitamiento, extenuación de los órganos de eliminación y acumulación de toxinas que terminan congestionando los puntos débiles de nuestra salud, debilitados por nuestras desarmonías.

Recopilación de experiencias

El suicidio sería un caso de dolor con origen interno y externo simultaneamente, donde la causa del dolor es el acto inmundo de quitarse la vida pero su origen es debido a no haber soportado las pruebas de la vida. El dolor producido al desencarnar es prácticamente físico y desgarrador con daños terribles en el periespíritu. Poco a poco la conciencia se va abriendo paso hasta impulsar al espíritu a mirar hacia lo alto, reconocer el error y pedir ayuda. En ese momento es socorrido por hermanos espirituales, el dolor casi físico se va reduciendo con las atenciones de auxilio, pero despierta el dolor moral al comprender el terrible error cometido. El desarrollo de la conciencia hace menos necesario el dolor físico mientras que la reparación de los errores nos aleja del dolor moral asociado a la culpa.
Muchos accidentes trágicos tienen como finalidad el despertar de la conciencia. Existen miles de testimonios de superación y crecimiento personal después de un accidente. También pueden ocurrir para evitar seguir cometiendo errores desperdiciando el don de la vida evitándonos mayores sufrimientos futuros.

Convalecientes de largo recorrido pueden traspasar el velo de la vida y la muerte apenas sin darse cuenta. Su inconsciencia de la vida espiritual les impide ver las diferencias y se despiertan en la otra vida pensando simplemente que han cambiado de hospital manteniendo muchos de los dolores, ahora inexistentes en el cuerpo pero presentes en su mente en base a sus creencias. Conforme despierta su conciencia de la vida espiritual van sanando sus dolores y poco a poco van recuperando sus energías preparándose para futuras reencarnaciones.

El abuso de las Leyes Naturales siempre genera dolor. Muchos son los desencarnados fruto del abuso, alcohol, tabaco, drogas, glotonería, etc., que al entrar en la vida espiritual sufren por la ausencia de sus sustancias deseadas. Los lazos materiales que forjaron les impiden levantarse hacia lo alto y muchos ansían volver a la Tierra para satisfacer sus vicios. En este punto sienten el dolor de haber herido a su periespíritu, su cuerpo espiritual, y conforme son ayudados van viendo una posible salida mediante la elevación de sus pensamientos y sentimientos, despertando la conciencia sanadora que les impulsará hacia el trabajo edificante en el bien.

Las falsas creencias también son motivo de dolor en el plano espiritual. A veces el creyente en falsas ideas siente una terrible decepción cuando el más allá se le descubre de pronto diferente a lo que le habían inculcado. Las obligaciones y leyes superficiales carecen de mérito en el mundo espiritual. Cuando despierta la conciencia a la realidad espiritual comprende todo el tiempo y las oportunidades que ha perdido y un gran dolor moral le inunda al ver que ha desperdiciado todos los favores recibidos.

Egoístas de todo tipo inundan el mundo espiritual. Egoístas aislados los hay porque sufren por no merecer tener trato con nadie. No escuchan a sus deudores porque puede que no hayan hecho mal pero tampoco ningún bien. Egoístas por apego sufren por no poder satisfacer sus deseos materiales. Egoístas por robo sufren al ver pasar a su lado a sus antiguas víctimas recriminándoles su comportamiento. Egoístas por inacción sufren por todo el bien que dejaron de hacer.

Conclusiones

Todo ello nos lleva a reflexionar sobre la inexistencia del llamado castigo divino y la excelsitud de la Ley de Amor por la cual toda la Creación se ordena en base a la Ley de Unión para traernos en cada momento justamente aquello que más necesitamos, en la justa dosis en que lo necesitamos. Es la llamada Providencia Divina actuando para la elevación de todas las conciencias, empezando por las más escondidas víctimas del orgullo y el egoísmo. Nunca sufrimos por tanto más de lo necesario pero nosotros nos encargamos de ir ampliando el límite con nuestros nuevos errores. El orgullo retrasa el despertar de la conciencia prolongando nuestros sufrimientos por miedo al dolor que supone la llegada del sentimiento de culpa. El miedo del orgullo es una debilidad psicológica causada por la inseguridad de uno mismo de verse desposeído de artilugios externos mostrandose al mundo tal como se es realmente.

Nuestros sufrimientos futuros vendrán por aquello que ahora no tengamos conciencia. Reflexionemos sobre nuestros dolores e investiguemos sobre nuestra falta de conciencia. Desarrollemos nuestra conciencia y reparemos nuestros errores para no perpetuarnos en el remordimiento y sobrepongámonos a los sentimientos de culpa sembrando buenas acciones correctivas.

El tiempo de graves caídas ha pasado para muchas conciencias, que despertando todavía, rechazan directamente el mal. Sin embargo todavía nos queda mucho por recorrer. No estamos libres de futuros sufrimientos ligados a la falta de conciencia por no esforzarnos en hacer el bien. Todavía nos queda mucho camino de autotransformación, practicar la Caridad, implicarnos socialmente por los demás, vivir de forma sostenible, ecológica, sin generar sufrimiento al prójimo, grande o pequeño, como dice "El Libro de los Espíritus": "Sed caritativos,... sed indulgentes para... vuestros semejantes,... Sed dulces y benévolos con todo lo que os sea inferior. Proceded igual con los seres más ínfimos de la Creación, y habréis obedecido a la ley de Dios." (4)

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

Referencias:
(1) "La Revista Espírita", diciembre 1858.
(2) "La Revista Espírita", abril de 1860.
(3) Marcos 9:43-47
(4) "El Libro de los Espíritus", preg. 888

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martes, 2 de mayo de 2017

Pepitas de oro en las obras de José Herculano Pires

Pepitas de oro en las obras de José Herculano Pires


Uno de los autores más reconocidos en el medio espírita: José Herculano Pires (1914-1979). Profesor universitario, graduado en filosofía por la universidad de San Pablo y también parapsicólogo. Su labor más reconocida fue el comentario y traducción de la codificación espírita, con una loable introducción al libro de los espíritus.

Pires aborda el espiritismo sobre todo desde la vertiente filosófica, cosa que se agradece dada la poca literatura que hay de tal cariz en el movimiento. Con sus vastos conocimientos sabe extraer de la filosofía de Heidegger, su autor predilecto(1) , la complejidad de su sistema filosófico, aunándolo con la tesis espírita y combatiendo de este modo las idiosincrasias del materialismo.

Sus obras son ensayos, que las más de las veces pillan despistado al lector no habituado a una retahíla de conceptos filosóficos, frecuentes en su argot conceptual, que llegan a sintetizar en muy pocas frases ideas de una honda profundidad. Es en este sentido un autor que trata de restablecer el paradigma espiritista dentro de la corriente filosófica actual, otorgándole el mérito y novedad de sus postulados, refrendándolos con autores clásicos y refutando con la demostración de las investigaciones parapsicológicas el absurdo de las teorías existencialistas materialistas actuales, que niegan toda existencia del espíritu como entidad que sobrevive al cuerpo físico. Pires en este contexto hace una cabal diferencia entre el Ser y el cuerpo, aseverando que el Ser sigue siendo aun habiendo desaparecido el cuerpo; esgrimiendo para ello los conceptos más preclaros del filósofo alemán Heidegger. «El Ser es una entidad metafísica – no invisible ni tangible-  una esencia y no una forma», dice Pires en su obra El misterio del ser ante el dolor y la muerte.
***
Entre exposición y exposición de repente surge un ejemplo netamente espírita, al alcance de cualquier mente no tan versada en jerga filosófica, y nos encontramos con maravillas que desconocíamos. Dice en la página 87 del citado libro (FEAK, 2007): «Kardec sustentó siempre la necesidad de las investigaciones para la comprobación de ciertos datos trasmitidos por vía mediúmnica, él no aceptó las informaciones dadas por Mozart y Bernard Palissy a través del médium Camille Flammarion, como tampoco consideró verídicos los diseños famosos de Victorien Sardou sobre la posible vida en Júpiter. Las aceptó como manifestaciones curiosas de la mediumnidad y sugestiones de lo que podría haber en mundos superiores respecto a la condición de la Tierra.» (La letra en negrita es nuestra).
Tal afirmación nos demuestra dos cosas: el sensato criterio de Allan Kardec, y el profundo conocimiento que Herculano Pires tiene de la Ciencia Espírita: sus métodos y epistemología. No en vano es el exégeta por excelencia, y aquí sí que habla un lenguaje claro, llano y liso, al alcance de cualquier inteligencia que haya meditado sobre el quehacer de la doctrina espírita.
Como sabemos en la Revista Espírita de 1858, en el mes de agosto para ser más exactos, vienen sendos grabado de V. Sardou sobre las supuestas viviendas del espíritu Mozart, Zoroastro y cía, así como una descripción de cómo es ahí el tipo de vida. Kardec publicó dichas comunicaciones, abierto como estaba al espíritu crítico y de investigación, pero no dando por sentado que ello fuera así; siempre tratando de comprender el fenómenos que tenía delante y no quedándose atrapado con el contenido, (agudeza psicológica que se utiliza en muchas psicoterapias humanistas) actuando con verdadero rigor científico.

No en vano Herculano siguiendo estas máximas hizo referencia a la obra mediúmnica de Xico Xavier, (con quién posee algún libro en coautoría) poniendo de relieve que no todo debía tomarse al pie de la letra, sino que debía ser estudiado y meditado.

***

Copio a continuación unos sugestivos párrafos extraídos del opúsculo Espiritismo Dialéctico (FEAK, 1999), que dejan al claro la contundencia y relevancia del pensamiento del profesor Herculano Pires en todo lo referente al movimiento espírita, y que invito a leer con ánimo constructivo y atenta reflexión:

«Mientras no comprendamos que Espiritismo es cultura, las tentativas de unificación de nuestro movimiento no darán ningún resultado positivo. Darán motivo a la sucesión de temibles conflictos, al aumento de adeptos ineptos y al estímulo peligroso de los mesianismos individuales y colectivos. […]

»Porque cultura no es erudición, libros apilados en las bibliotecas, archivos llevados en orden para consultas ocasionales. Cultura es asimilación de conocimientos y sentido común en acción.

»Tenemos que trabajar en conjunto, reuniendo compañeros sensatos, bien intencionados, no fascinados por mixtificaciones groseras y evidentes, pero sí, portadores de la verdadera humildad, la que se demuestra con los hechos y las actitudes.

»La formación espírita exige una enseñanza metódica, pero al mismo tiempo libre. Fue lo que los espíritus le dijeron a Kardec: una enseñanza de la que él mismo participaba interrogando a los maestros y discutiendo con ellos.

»Exponer los temas fundamentales de la doctrina no es hablar bonito […] Ese palabrerío vacío y presuntuoso no construye nada y solo sirve para ridiculizar al Espiritismo ante la mentalidad de nuestro tiempo.

»Nuestra cultura creció en gran medida en los últimos años y ya está llegando a la confluencia con los principios espíritas en todos los campos. Nuestra falta de formación cultural no nos permite enfrentar la barrera de los preconceptos para demostrar al mundo que el Espiritismo – como escribió Humerto Marioti- “es una estrella de amor que espera en el horizonte del mundo el avance de las ciencias”.»

Poco más que añadir.

Fue el profesor brasileño, un intelectual también preocupado por la educación y consciente de la importancia de una pedagogía espírita, aseverando que «el espiritismo –siendo una doctrina que está ligada a la constante educación de sus adeptos- produce un ambiente ideal para la creación de una pedagogía que traiga, para la práctica diaria, las enseñanzas elevadas y sus correlaciones con el mundo de la educación, de las artes, la filosofía y las ciencias.»

Y ya llegando al fin, queremos cerrar este pequeño artículo con una frase suya de clara hondura psicológica: «Los malhumorados son personas enfermas, tímidas, cargadas de resentimientos y fobias». Analicémonos cuando nos encontremos así. Antes de pensar en la destrucción, intentemos construir, nos hará sentirnos mejores.

Texto traducido de la revista Espiritismo & Ciência Especial,
“Grandes nomes do Espiritismo”, pág. 23. (2005).
Traducción: Jesús Gutiérrez Lucas

(1) No en vano su obra más completa El espíritu y el tiempo es un claro guiño a la obra del filósofo alemán Ser y tiempo.


viernes, 28 de abril de 2017

La regeneración de un criminal

La regeneración de un criminal

La regeneración de un criminal

Vamos a trazar el rumbo espiritual de un criminal. Estamos hablando de espíritus impuros y dentro de la escala espírita están en la décima clase. Son espíritus propensos al mal y lo hacen objeto de sus preocupaciones, cuando están encarnados se inclinan a todos los vicios, hacen el mal por el placer de hacer el mal.

Según el grado de imperfección, el espíritu culpable sufre primero en el plano espiritual, ya cuando está más concienciado se le concede la oportunidad de reparación en la vida corporal con una nueva encarnación donde podrá enfrentar su pasado.

Entonces... ¿Por qué hay espíritus que continúan haciendo el mal desde el plano espiritual tras su desencarnación como si burlaran aparentemente las leyes del destino?

La persistencia en el mal, más o menos prolongada después de la muerte constituye en sí una prueba del atraso del espíritu, en el cual los instintos materiales sofocan el germen del bien del que todos somos portadores.

Hay personas (encarnadas) o espíritus (desencarnados) vinculados al mal. Debemos entender por esto a todo aquel que lleva tanto tiempo practicando el mal, que sus lazos materiales y espirituales están relacionados con esto, por lo tanto cuando encarnan vienen de zonas oscuras y al desencarnar regresan a estos mismos lugares (ya que lo similar atrae a lo similar).

¿Cómo salir de aquí y poder entrar en esferas mejores?

Camino arduo y difícil que necesitará de varias encarnaciones, en el mejor de los casos.
Aunque no es una norma absoluta, los espíritus vinculados al mal que encarnan pasan su “umbral” aquí en la Tierra, es su oportunidad de cambiar de despertar la conciencia, pues en el plano espiritual continúan cristalizados.  Analizaremos estas dos situaciones:

-Tras la muerte, si han desaprovechado la oportunidad de avanzar y no se arrepienten e incluso han agravado sus males, regresan a sus zonas oscuras siendo alabados por sus iguales. No están exentos de las Leyes Divinas sino que cumplirán sus destinos sufriendo en encarnaciones siguientes lo que no sufren en “apariencia” en el mundo de los espíritus. Volverán a encarnar en situaciones peores con expiaciones más duras, incluso pueden ir a planetas inferiores a la Tierra  más acordes a su naturaleza. Esto nunca será eterno ya que despertarán algún día y seguirán el camino hacia Dios.

-En el caso que hayan avanzado y hecho despertar su conciencia, serán rechazados por sus antiguos amigos de las zonas oscuras,  se sentirán tan mal que vagarán sin rumbo por largo tiempo acusados por sus víctimas repletos de remordimientos. Necesitan de más encarnaciones para hacer amistades en el bien y poder reparar su pasado ayudando a quienes antes perjudicaron, así avanzarán y podrán entrar en zonas mejores.

Con este escrito mi intención es que se llegue a ver a todo criminal como una persona necesitada de ayuda, amor y cariño al cual le espera un duro camino por delante. Por endurecido y perverso que podamos llegar a ver a alguien, siempre tiene una pequeña ventana abierta hacia Dios, (un familiar amado, un amigo del alma…) en fin todo lo que le pueda llegar al corazón y estimular buenos sentimientos. A través de ahí le entrará la luz que le hará cambiar.
Es cuestión de tiempo, el bien siempre vence al mal y todos estamos sujetos a la ley del progreso caminando hacia Dios, solo que hay quien se resiste y se quiere perder por algún tiempo en laberintos de dolor y sufrimiento, pero al final siempre hay esperanza, todos estamos sujetos a las leyes divinas las cuales ponen las cosas en su sitio. Hay que recordar que somos espíritus eternos creados simples e ignorantes y que a través de la experiencia vamos aprendiendo y adquiriendo nuestro patrimonio de sabiduría material y moral, nuestra verdadera patria es el mundo espiritual.
Estudiando y siguiendo las enseñanzas de Allan Kardec entenderemos mejor nuestra encarnación y se hará la vida más alegre y las pruebas resultarán más fáciles de soportar.

Javier Gargallo
C. E. "Entre el Cielo y la Tierra"


miércoles, 29 de marzo de 2017

La armonización psíquica

La armonización psíquica

Armonización psíquica


La armonización psíquica es la acción de equilibrarse espiritualmente para alcanzar la paz interior.
Hablar de paz o equilibrio espiritual para quien vive en un mundo atribulado como el planeta Tierra, puede parecer una utopía, una irrealidad. De hecho, la vida no es fácil aquí, ya que habitamos en un mundo de expiación y pruebas.

¿Qué debemos hacer para alcanzar la paz espiritual? La respuesta es sencilla. La podemos conseguir a través del autoconocimiento y de la reforma íntima o transformación moral.

Si nos preguntamos qué es el autoconocimiento llegaremos a la conclusión de que se trata de tomar consciencia de las propias capacidades y límites; identificar las emociones, las mentiras del ego, las aspiraciones verdaderas y las falsas; el conocimiento, de las reacciones y manifestaciones de la  intimidad del yo. Esta es la llave del progreso individual y el primer paso para la transformación moral.

Una vez identificadas las malas tendencias y las pasiones inferiores, es preciso el esfuerzo de la voluntad y la perseverancia para combatirlas. El cambio de los vicios por las virtudes es la única manera de conseguir la armonía interior.

Los sentimientos negativos como: el egoísmo, el orgullo, la vanidad, la envidia, los celos, la avaricia son incompatibles con la justicia, el amor y la caridad. Hábitos insanos como fumar, beber alcohol o consumir drogas y cualquier otro exceso en el ámbito físico o mental generan desarmonía y no solamente a nivel orgánico sino sobre todo en el plano espiritual.

¿Qué hemos de hacer si queremos elevar nuestra vibración y alcanzar la armonía psíquica?

En primer lugar es útil y necesario el estudio evangélico según el Espíritismo, así como la Terapia espírita: oración, pases, Evangelio en el hogar, trabajo asistencial, etc. Interrogar la consciencia al final de cada día. Según nos recomienda la pregunta 919 de El Libro de los Espíritus "Conócete a ti mismo." Reforzar las buenas acciones porque no basta con no hacer mal sino que siempre hay que procurar trabajar en el bien. Cumplir los deberes para con Dios, para consigo mismo y para con el prójimo. Tener caridad al pensar, al hablar y al actuar. Atender a los compromisos familiares y de trabajo con responsabilidad, amor y renuncia. Escoger correctamente las actividades de descanso.
El ser humano que se empeña en buscar la paz íntima, aunque viva bajo el peso de grandes responsabilidades, aprende a encarar la vida de frente, sin miedos o angustias, que tanto desarmonizan a las personas.

La práctica de la armonización psíquica permite a la persona razonar sobre la importancia de su autoconocimiento, para que pueda ser más feliz o, por lo menos, más integrada en un mundo como en el que estamos viviendo, sujeto a transformaciones constantes y rápidas.

La búsqueda de la armonización interior nos conduce a un estado en que el dolor, o las situaciones estresantes de la vida, no nos afectan con tanta intensidad, sino de forma perfectamente soportable.
Así pues, la solución está en nuestras manos y como el que algo quiere, algo le cuesta, hemos de empezar a pensar y actuar en positivo, para lograr ser mejores personas y en definitiva, mejores espíritus para así poder conseguir la armonización psíquica y por ende, alcanzar la tan ansiada paz interior.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"


martes, 28 de marzo de 2017

Facultad de Bicorporeidad

Facultad de Bicorporeidad

Dice André Luiz: “De nuestra conducta, de nuestra moral, depende nuestra tranquilidad espiritual, así como nuestra estabilidad emocional, porque no hay nada que perturbe más al médium, que un ejercicio equivocado de su facultad”. No hay nada más angustiante que rodearse de entidades perturbadoras, dispuestas a utilizar nuestras energías psíquicas, para seguir en el camino erróneo; el camino de la rebeldía y la indiferencia a Dios.

Necesitamos observarnos a nosotros mismos,  autoanalizarnos, preguntarnos, por si algún día descubrimos que somos portadores de facultades. De ser así, deberemos preguntarnos, ¿qué camino tomar? Si nuestra intención es buena, la respuesta no se hará esperar: Servir a nuestros semejantes, siendo puentes entre el Mundo Espiritual y el Terrenal. Por ejemplo, podríamos tener la facultad de bicorporeidad, que es el tema que voy a tratar. Facultad no muy extendida ni conocida en los días actuales. ¿Qué es esta facultad? La de aparecer en dos lugares a la vez; más abajo ampliaré esto.
De bicorporiedad dio numerosas muestras San Antonio de Padua que, estando en España, y al mismo tiempo que predicaba, su padre, que estaba en Padua, iba al suplicio acusado de un asesinato. En ese momento aparece Antonio de Padua, demuestra la inocencia de su padre y hace reconocer al verdadero criminal, quien fue juzgado. Se probó que en el mismo momento Antonio de Padua no había salido de España.  Se dan estos casos de bicorporiedad, facultad de poder estar en dos lugares a la vez, siendo que en uno está el cuerpo y en el otro, el periespíritu materializado.

Otro ejemplo de este grandísimo médium, Antonio de Padua es cuando: “relata su biógrafo, Padre Antonio, que San Antonio era aún fraile agustino, cuando, encontrándose en meditación profunda, un día tuvo la visión de Francisco de Asís que, desdoblado, se le apareció en Coimbra, sin embargo él estaba en Italia. Le apareció en una visión “milagrosa”, relatada por muchos historiadores, y le anunció, de parte de Dios, que él debía entrar en la religión de los frailes menores". Aún un caso más de este Espíritu Superior: “En Saint-Pierre de Aneyroix, cuando Antonio de Padua apareció en medio del coro para leer la lección del Breviario, estaba también a la vez en la iglesia predicando. Se notó, sin embargo, que él quedó inmóvil en el púlpito durante todo el tiempo de la lectura.” (Estos relatos se pueden encontrar en El Libro de los Médiums, cap. 7.)

Allan Kardec en El Libro de los Médiums nos explica: “…Podríamos decir que el cuerpo puede vivir con la vida orgánica que es independiente de la presencia del Espíritu, y la prueba de esto es que las plantas viven y no tienen Espíritu.” Esta mediumnidad no es muy conocida, por ser una mediumnidad que se da escasamente en nuestros días, sin embargo la historia está repleta de ejemplos de dicha mediumnidad, como es el caso de Antonio de Padua, ya expuesto y el de Alfonso de Ligorio que fue canonizado antes del tiempo exigido, por haberse mostrado simultáneamente en dos lugares diferentes, lo que pasó por un milagro.  La Iglesia igual enviaba a la hoguera a estos médiums, palabra que no se conocía aún, pero el fenómeno sí se daba, que eleva a los altares a otros médiums, siempre la incoherencia y las contradicciones. No pretendo juzgar, pero sí recordar a tantos mártires, en su mayoría médiums, que sufrieron por no renegar de sus facultades y misiones.

Volvamos a El Libro de los Médiums, donde nos encontramos con este relato de Allan Kardec: “Habiendo sido evocado San Alfonso de Ligorio, e interrogado por nosotros acerca del hecho arriba manifestado, contestó a la siguiente pregunta: ¿Podría explicarnos este fenómeno? Sí, el hombre, cuando está completamente desmaterializado por su virtud, y que ha elevado su alma hacia Dios, puede aparecer en dos parajes a la vez. He aquí como, el Espíritu encarnado, sintiendo venir el sueño, puede pedir a Dios transportarse a un lugar cualquiera. Su Espíritu o su alma, como queráis llamarla, abandonan entonces su cuerpo seguido de una parte de su periespíritu, y de la materia inmunda en un estado vecino a la muerte. Digo vecino a la muerte porque queda en el cuerpo un lazo que une el periespíritu y el alma a la materia, y este lazo no puede ser definido. El cuerpo aparece en este estado al lugar que se le ha llamado…” Hoy en día sí podemos definir lo que es ese “lazo”; el lazo fluídico (también llamado cordón de plata por el esoterismo) que une al Espíritu a su cuerpo material, mientras está habitando la Tierra. Es un lazo de sustancias brillantes, que le permite al Espíritu ir a donde quiera o le permitan. Una observación de Allan Kardec, en dicho libro: “El alma no se divide en el sentido literal de la palabra; irradia por diferentes lados, y es así como puede manifestarse sobre muchos puntos sin estar dividida; es lo mismo que una luz que pueda simultáneamente reflejarse en muchos espejos”.

Tácito cuenta un hecho muy interesante que le ocurrió a Vespasiano: “Durante los meses que Vespasiano pasó por Alejandría para esperar la vuelta periódica de los vientos de verano y la estación en que el mar estaba más seguro, ocurrieron muchos prodigios por donde se manifestaba el favor del cielo y el interés que los dioses parecían tomar por este príncipe. Estos prodigios redoblaron en Vespasiano el deseo de visitar el lugar sagrado de Dios, para consultarle los asuntos del imperio.

Ordenó que el templo se cerrase para todo el mundo; luego que hubo entrado en él y fijado su atención en lo que iba a pronunciar el oráculo, percibió detrás de él a uno de los principales egipcios, nombrado Basilide, que sabía estaba impedido por enfermedad a muchas jornadas de Alejandría. Se informó de los sacerdotes si Basilide había venido al templo en ese día; se enteró por los demás si se le había visto en la ciudad; en fin, envió hombres a caballo y se aseguró que en dicho momento estaba a ochenta millas de distancia. Entonces no dudó ya que la visión fue sobrenatural, y el nombre de Basilide le sirvió para él de oráculo.” (Tácito, Historias, Lib. IV, cap. 81 y 82, traducción de Burnouf). Este ejemplo de Vespasiano está extraido de "El Libro de los Médiums", el mejor tratado de mediumnidad que tenemos a nuestro alcance. Como se ve, la bicorporiedad, se dio en todos los tiempos de nuestra historia y hay muchos casos registrados, afortunadamente.

Como vemos el tema es apasionante y necesitado de ser conocido, pues gracias a esa mediumnidad se pudieron realizar tareas extraordinarias y se dieron pruebas de la sobrevivencia del Espíritu a la muerte física.

También por causa de estos fenómenos causados por dicha mediumnidad, se le dio el nombre de hombres dobles, porque realmente parecía que hubiese dos, y había dos, pero no eran de materia orgánica. El cuerpo físico sí, obviamente, el Periespíritu sabemos que es de materia sutil y que tiene muchas propiedades, entre ellas, la plasticidad que permite el fenómeno de bicorporeidad.
Es nuestro deber divulgar todo cuanto tenga relación con el área de la mediumnidad y los médiums, pues en nuestros días podemos observar como aumenta el número de médiums; espíritas o no. Si hay conocimiento y esclarecimiento, no existirá el miedo, la irresponsabilidad, la indisciplina, etc. y por lo tanto tampoco fracaso en la tarea que vinimos a realizar como médiums de prueba, pues fracasamos en otra/s existencias como médiums. Que nadie se sienta desamparado y cuando surja el fenómeno mediúmnico pedir para ser guiados a quienes pueden orientar y apoyar a los que nada saben o saben poco, aunque cuanto más aprendemos, más cuenta nos damos de lo poco que sabemos.

Isabel Porras



lunes, 27 de marzo de 2017

Espiritualidad laica

Espiritualidad laica

Espiritualidad laica

El espírita no debe de estar contra lo religioso, por dos motivos: porque no es misión del espírita hacer una cruzada contra nada (incluyendo la religión) y porque el proceso religioso (como el científico) forma parte del despertar y la cultura humana, y en sí mismo no es malo. Es una “palanca” desde donde también se puede crecer en humanidad, y no es sensato que para justificar el rechazo sobre este asunto se eche mano compulsivamente de lo que hacen los extremismos y el utilitarismo ortodoxo (exacta-mente; son el egoísmo de las elites y la ignorancia lo que puede oscurecer tanto la expresión religiosa como la científica).
Esto así, aunque, al mismo tiempo, no implica que sea lo más recomendable ahondar en constructos religiosos… Y decimos esto porque el Espiritismo es ciencia y filosofía espiritual, pero no fue presentada como religión por Kardec. Podemos vivenciarlo, metafóricamente hablando, con un sentir religioso, pero no definirlo así… Si en nuestra práctica nos dejamos llevar por los atavismos del pasado empequeñecemos y/o contribuimos a confundir el paradigma espiritista y, de puertas afuera, automáticamente pasa a ser una religión más.
Aunque resulte paradójico, si pretendemos que el Espiritismo sea la religión natural, o la religión universal, antes debe tomarse y vivenciarse por parte de nosotros como una forma de espiritualidad laica, sin connotaciones que lo vinculen a cualquier forma de culto.
Nuestra sociedad está construida sobre los cimientos materialistas de los siglos XVIII y XIX, pero también de los depósitos religiosos (dogma y condenación) de los siglos anteriores… Todo este “detritus” aún no se ha diluido completamente, y forma parte, de alguna manera, de las carencias y traumas de nuestro hoy psicológico y social. El Espiritismo es un punto de inflexión renovador de la conciencia humana en su expresión cultural y espiritual, lo que no podría ser si los espíritas se limitan a un “revival” de lo religioso.
No seamos tan cómodos y condescendientes con ciertas herencias del pasado y refresquémonos en el mensaje renovador de la doctrina de los Espíritus.
Si hoy hemos conocido esta doctrina es para dar un paso más.
Juan Manuel Ruiz González


martes, 7 de marzo de 2017

La evolución del alma

La evolución del alma

La evolución del alma

"...Todo sirve, todo se eslabona en la Naturaleza, desde el átomo primitivo hasta el arcángel, pues él mismo comenzó en un átomo" (1) 

La pregunta 540 de El Libro de los Espíritus nos explica cómo toda criatura del Universo sirve para un propósito, un "fin providencial"(1), desde los animales más ínfimos hasta los espíritus superiores, todos somos instrumentos de Dios. De esta forma, incluso "... los espíritus más atrasados resultan útiles al conjunto. Mientras se ensayan para la vida, y antes de tener plena conciencia de sus actos y de su libre albedrío, obran sobre ciertos fenómenos cuyos agentes son sin tener conciencia de ello. Primero, ejecutan. Más tarde, cuando su inteligencia se haya desarrollado, ordenarán y dirigirán las cosas del mundo material." (1)

Por todo ello, seamos conscientes o no, hemos sido instrumentos de Dios desde nuestros inicios como espíritus en continua evolución. «Dios creó a todos los Espíritus simples e ignorantes, vale decir, desprovistos de ciencia» (2),  pero no despro-vistos de instintos y de la Ley Natural grabada en el fondo de nuestro espíritu.

En los primeros momentos, “…en su origen (los seres humanos) son como los niños que acaban de nacer y que actúan más por instinto que por voluntad determinada”(3). En esos momentos «… no tienen los Espíritus más que una existencia instintiva y apenas tienen conciencia de sí mismos y de sus actos» (4), seguidamente, conforme desarrollan la inteligencia, empiezan a adquirir responsabilidad frente a las Leyes Divinas.

Nada permanece estacionario en la Naturaleza, todo evoluciona en cumplimiento de la Ley de Progreso, a través de la reencarnación y los mecanismos de adaptación y herencia.
En cada encarnación integramos la herencia de nuestros padres con nuestras conquistas de existencias pasadas, ahora inconscientes, permitiéndonos desarrollar nuevas capacidades y características inalcanzables hasta ese momento.

La experiencia en todas las etapas de la evolución es el motor que elabora la actividad refleja (el reflejo), que precederá al instinto (automatización), que a su vez precederá a la actividad reflexiva que será la base de la inteligencia en su camino hacia la conciencia de sí mismo y la responsabilidad moral.

Gabriel Delanne, en su libro "La Evolución Anímica" escribe: "Todos los cambios que se observan en la Naturaleza no tienen sino un objeto: el progreso del Espíritu". El estudio de la ley de Progreso nos permite concluir que nada ocurre en la Naturaleza por casualidad. Cada adaptación se proyecta en el plano extra-físico para cumplirse en el plano físico en cumplimiento de la Ley Natural para el bien de todas las criaturas en virtud de la "gran Ley de Unidad que rige la Creación"(5).

Todo evoluciona en la Creación, tanto lo perteneciente al ámbito de la materia, proveniente por tanto del Principio Material o Fluido Cósmico Universal, como lo perteneciente al ámbito espiritual, proveniente del Principio Inteligente que anima todo lo creado. El Principio Inteligente es la expresión de la atracción en el mineral, la sensación en lo vegetal, el instinto en el animal, el razonamiento en el hombre y lo divino en el espíritu puro(6). Dicho de otro modo, el Principio Inteligente en el vegetal aprende a desarrollar los instintos, en el animal, ya con los instintos desarrollados, progresa desarrollando la inteli-gencia, en el hombre de inteligencia despierta, su progreso principal se desarrollará en el campo del sentimiento y en el ser superior, colmado de sentimientos sublimes, continuará su desarrollo hacia límites insospechados de conciencia espiritual, alcanzando los planos superiores de la Creación en unión con Dios, dando cumplimiento en su totalidad a la "gran Ley de Unión que rige la Creación"(5).

La observación nos demuestra que al igual que el instinto en el animal es de la misma naturaleza que en el hombre, su inteligencia y sentimiento también lo son, y varían sólo en el grado de desarrollo.
Gabriel Delanne, en su libro "La Evolución Anímica", dice: "la naturaleza pensante de uno y del otro es del mismo orden y no difieren en esencia, sino en grado de manifestación, y esto es, precisamente, lo que evidencian ciertas facultades de los animales, tales como la atención, el juicio, el raciocinio, la asociación de ideas, la memoria y la imaginación" (7). Además, demuestra también "que los sentimientos morales, tales como el remordimiento, el sentido moral, la noción de lo justo y de lo injusto, etcétera, se hallan en germen en todos los animales" (8).

Siguiendo este razonamiento podemos entender que los animales serán parte de la humanidad futura tanto como la humanidad actual podrá ser parte de la espiritualidad superior que la acompañe en su evolución por los caminos de la conciencia. Parece acertado pensar que todo trabajo que empecemos en la actualidad, dando amor a nuestros hermanos inferiores los animales, compatible con el trabajo futuro, no será para nada una pérdida de tiempo sino un adelanto para todos los implicados. El amor triunfará siempre pero nuestra será la responsabilidad de acortar o alargar el camino.

En la infancia humana, o reencarnaciones primitivas del hombre, nos movemos más por instintos, provenientes de las etapas de la animalidad anterior, que por completa inteligencia. Periodos primitivos donde el hombre aparenta estar todavía más cerca de la animalidad que de su verdadera posición en la humanidad.

Los instintos, basados todos ellos en la Ley Natural, nunca se equivocan pero con el desarrollo de la inteligencia derivan comúnmente, al principio, en pasiones a través del abuso por egoísmo, consecuencia del instinto de conservación.

En aquellos momentos «…el instinto sigue existiendo, pero el hombre lo descuida. El instinto puede también inducir al bien. Casi siempre nos guía, y en ocasiones lo hace con más seguridad que la razón. No se extravía jamás.» (9)

El instinto "es una especie de inteligencia. El instinto es una inteligencia no racional, y por él todos los seres atienden a sus necesidades" (10)

El instinto va cediendo su influencia conforme se desarrollan los sentimientos y la inteligencia. Por ello la naturaleza sabia imprime ya en el animal el sentimiento del amor, bajo sus formas más humildes y rudimentarias de la maternidad.

La inteligencia racional se impone sobre la inteligencia irracional y el sentimiento se impone sobre la sensación y el instinto, porque "… los sentimientos son los instintos elevados a la altura del progreso realizado. El hombre en su origen sólo tiene instintos; más adelantado y corrompido, sólo tiene sensaciones; pero instruido y purificado, tiene sentimientos, y el punto exquisito del sentimiento es el amor.» (11)

En nuestro estado actual evolutivo todavía no disponemos de capacidad ni conocimientos suficientes para comprender el proceso de creación de los espíritus, sin embargo, el estudio y la observación de las Leyes Naturales nos permitirá aproximarnos al conocimiento de las etapas anteriores y posteriores a su formación. Comprendemos que el Principio Inteligente evoluciona a través de los primeros tres reinos, constituyendo en el periespíritu, o cuerpo espiritual, todos los procesos necesarios para la vida orgánica, los instintos y finalmente la vida intelectual consciente. El periespíritu modela el cuerpo físico y es el vehículo de transmisión de los avances obtenidos a través de las sucesivas reencarnaciones del alma por los diferentes reinos. En un proceso de individualización «…los Espíritus son la individualización del principio inteligente…» (12), por el cual se vuelve indivisible, hasta alcanzar el reino hominal, recibiendo la chispa divina o Principio Divino (13), empezando una nueva etapa donde será responsable de sus acciones como consecuencia de la adquisición del libre albedrío, el sentido moral, la conciencia de sí mismo y de su pasado, en busca de las facultades espirituales que le habiliten para la conquista del próximo reino, el angélico.

Los espíritus son creados simples e ignorantes (14), lo que significa que al principio todos somos carentes de conocimientos y tenemos idéntica aptitud para progresar mediante nuestra actividad individual, sin recibir por ello dones especiales o privilegios, que nos diferencien de cualquier otro, siendo todos hijos del mismo Creador, estableciéndose por ello la base de la igualdad y la fraternidad entre todos los seres humanos, y del amor hacia las especies inferiores en su lucha por alcanzar, por pleno derecho, el reino hominal y la equiparación como nuevos herederos de la Creación. Todo ello muestra la bondad y grandiosidad del Plan Divino preparado para todas sus criaturas a través de la "gran Ley de Unidad que rige el Universo"(5), donde no se desprecia el esfuerzo de la más mínima de ellas en su lucha por alcanzar su destino, la perfección del Espíritu junto a Dios. De esta forma el Bien absoluto se puede definir por el cumplimiento de las leyes naturales, las cuales todas ellas, nos llevan hacia Dios, mientras que el mal sería la elección de todo aquello que nos retrase.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita “Entre el Cielo y la Tierra”

Referencias:

(1)-Preg. 540 de "El Libro de los Espíritus"

(2)-Preg. 115 de "El Libro de los Espíritus"
(3)-Preg. 564 de "El Libro de los Espíritus"
(4)-Preg. 189 de "El Libro de los Espíritus"
(5)- "La Génesis", cap. X, ítem 3 y cap XI, ítem 23.
(6)-Ver apartado "Automatismo y herencia" en libro "Evolución en dos mundos", Chico Xavier
(7)-"La Evolución Anímica", Gabriel Delanne, pág. 59
(8)- ídem, pág. 70
(9)-Preg. 75  de "El Libro de los Espíritus"
(10)-Preg. 73 de "El Libro de los Espíritus"
(11)-"El Evangelio según el Espiritismo", capítulo XI
(12)-Preg. 79  de "El Libro de los Espíritus"
(13)-Ver capítulo III de "Evolución en dos mundos", Chico Xavier
(14)-Preg. 115.  de "El Libro de los Espíritus".

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viernes, 3 de marzo de 2017

El olvido de nuestro pasado es el reflejo de nuestro presente

El olvido de nuestro pasado es el reflejo de nuestro presente

olvido

A principios del siglo pasado, unos hombres y mujeres, con hondas convicciones, llevaron al movimiento espírita español a ser el más representativo del mundo. No en vano, fue en Barcelona en 1888 donde se realizó el "I Congreso Espírita Internacional". Se trataba de persona instruidas o con el verdadero deseo de ser instruidas, que preñaban la geografía española con múltiples revistas especializadas y publicaciones diversas.

Había un sincero deseo de cambio, de instaurar ideas progresivas y renovadoras. El espiritismo que esta gente pregonaba estaba a la par de la idea más revolucionaria del momento, sabiendo aunar por un lado el lado científico con el espiritual. Muchos intelectuales del momento se interesaron por las ideas filosóficas de esta doctrina, tan similares en algunos puntos al sistema del filósofo alemán Krause.

Famosa es también la quema de libros en 1861 ante el puerto de Barcelona, último Auto de Fe de la Iglesia Católica en nuestra tierra. Ante la impasible mirada de muchos espíritas, pero que tuvo el reverso de hacer que los legos se interesaran por el contenido de aquellos libros y panfletos incendiados.

Son muchos los nombres de aquellos primeros espiritistas españoles, que el olvido ha lastrado, pero cuyo espíritu y energía no pasaron desapercibidos para una época.

Hoy en pleno siglo XXI nos llegan lejanos los ecos de algunos nombres: Amalia Domingo Soler, «la cantora del espiritismo», la mejor escritora espírita en palabras del filósofo Mario Méndez Bejarano, que dedicó un capítulo entero al movimiento espírita español en su obra Historia de la filosofía (1929). Buena parte de su obra ha corrido mejor suerte que la del resto de sus compañeros. Obras como: Memorias del padre Germán, Te perdono, Ramos de violetas (poesías reunidas), o sus Memorias; dan muestra de su hondo sentimiento, de la delicadeza de su espíritu, su lucha constante y su entrega por divulgar el mensaje de amor y esperanza que los espíritus brindaban desde el más allá. Su labor más importante estuvo en la dirección de la revista La luz del Porvenir (1879-1899), donde podía llegar a los lectores de menos poder adquisitivo, a los verdaderos sedientos de consuelo, llegándose a distribuir por las cárceles; y a cuya redacción solían escribir personas deseosas de esclarecimientos sobre diversas situaciones relacionadas con el mundo de los espíritus. En dicha revista se solían también poner al día sucesos de la época o situaciones de cierto carácter costumbrista, donde guiada por los mentores espirituales, Amalia anotaba las respuestas y comunicaciones que la médium de sus trabajos realizaba.

 El periódico era antes de la aparición de la radio, la televisión o Internet, el verdadero órgano comunicador que aglutinaba masas. No en vano las novelas se solían publicar por entregas en ellos, antes de pasar a la imprenta formando un tomo.

Una selección de dichos artículos fue confeccionada por el centro espírita "La luz del Camino de Orihuela" en seis tomos publicados progresivamente.

Si quitamos a Amalia, el espírita medio aún ha podido disfrutar de la lectura de otro gran clásico: La guía práctica del espírita de Miguel Vives i Vives. Bella obra moral, que eleva el sentimiento. Y… deje usted de contar.

Sabrá nombres, pero no habrá leído nada de ellos. Incluso ignorará el nombre de otros que fueron de una importancia capital para la divulgación del conocimiento espírita en España. Traductores a la sombra, cuando no se estilaba tanto anotar quién la realizada, editores ocultos bajo el paso del tiempo y hombres de ciencia seriamente interesados en el estudio de los fenómenos psíquicos de los médiums.

Si hubo un hombre preocupado por la divulgación ese fue el Vizconde de Torres y Solanot. Si hubo un introductor del espiritismo en España ese fue José María Fernández Colavida, al que se llama el Kardec español. Si tenemos un erudito en filosofía, Krausista hasta las cachas y profesor universitario, ese es Sanz Benito. Si tuvimos un médico investigador del fenómeno psíquico ese fue Víctor Melcior. Y tuvimos un gran médium de efectos físicos: Huelbes Temprado. Pero si tenemos múltiples obras venidas de fuera de nuestro país (Francia, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, etc.) ante todo se lo debemos a Esteva Marata y Quintín López. Gran olvidado el primero de ellos, que desde la casa editorial Maucci nos legó tan importante labor, en una época donde saber idiomas no era habitual.

El movimiento espiritista a finales del siglo XIX y principios del pasado, era un hervidero de inquietudes. Nunca la palabra «movimiento» tuvo más sentido que en aquella época gloriosa, de la cual apenas nos queda un vago recuerdo. Lejos queda ya aquella tentativa en 1873 de llevar a las facultades de Filosofía y Letras y de Ciencias, el estudio del espiritismo como parte de la formación universitaria.

¿Hacia dónde queremos ir?

Si la sensación latente es incompleta, es porque incompleta es la situación en la que estamos los espíritas españoles en particular y del mundo espírita en general, pues España fue una auténtica pionera en la doctrina de Allan Kardec, cuyo legado es un deber recuperar. Todavía laten con viveza aquellas palabras llenas de sincera emoción, que nos trasportan a planos más sublimes del sentimiento, palabras del plano espiritual que conservan toda su fuerza y vitalidad en pro de nuestra evolución espiritual.

-o-O-o-

Dicho lo anterior y a modo de epígono, resaltamos por tanto la importancia de la recuperación histórico-literaria que desde el Centro espírita "Entre el cielo y la tierra" (impulsores de este periódico), están llevando a cabo. Siendo el primer volumen de la que esperamos una larga serie de obras, la psicografiada en el centro barcelonés La Paz dirigido por José María Fernández Colavida: "La barquera del Júcar".

Nuestra más sincera enhorabuena, pues van poniendo enmienda a lo denunciado líneas más arriba con su fantástica hemeroteca.

Jesús Gutiérrez Lucas

lunes, 27 de febrero de 2017

¿Hablamos de la obsesión?

¿Hablamos de la obsesión?

obsesión

La obsesión es el resultado de una imperfección moral que atrae a los espíritus inferiores. En cierto modo es un término genérico por el cual se designa esta clase de fenómeno cuyas principales variedades son: Obsesión simple, fascinación y subyugación. Es una enfermedad de difícil erradicación, ya que es la acción persistente que un espíritu ejerce sobre otro individuo mediante la transmisión de cerebro a cerebro, siendo un síndrome alarmante. Presenta caracteres muy diferentes, desde la simple influencia moral, sin signos exteriores, hasta el desequilibrio completo del organismo y de las facultades mentales.

El obsesado, que es un Espíritu enfermo, es importunado, atormentado, perseguido. El verdugo del pasado, a veces,  se convierte en víctima del presente.

El obsesor, es un hermano también enfermo y desdichado dominado por una idea fija de vengarse. Se olvida de todos los demás y pasa a vivir en función de quien es blanco de sus planes.

Los Espíritus obsesores obran al principio de manera sutil, interfiriendo gradualmente y progresivamente en la mente del Espíritu encarnado, pudiendo alcanzar situaciones extremas de completo dominio. Es una inspiración que luego se torna intempestiva con el tiempo y su alteración obsesora incide en la mente encarnada.   Esa acción puede ser reconocida, al comienzo, como una fuerza psíquica que interfiere en los procesos mentales, una voluntad dominada por otra voluntad o una inquietud creciente sin motivo aparente. Esta interferencia, lo apreciamos en la radio, cuando una emisora clandestina pasa a utilizar una determinada frecuencia, operada por otra, perjudicando su transmisión.

Al considerar que los hombres son los mismos, que cargan con sus vicios y pasiones, sus conquistas y experiencias donde quieran que estén, favorecen la obsesión, siendo las causas para este grave problema, porque constituyen un daño para el cuerpo físico y para la mente,  principalmente centrándose en el alcoholismo,  vehículo de obsesores crueles, en la sexualidad, obsesiones degradantes, en los estupefacientes que actúan en sus centros nerviosos permitiendo que afloren impresiones del pasado, que mezclados a los frustrantes del presente desequilibra la emotividad ofreciendo un amplio campo a los encarnados con desesperación emocional.  Sin olvidarse del tabaquismo que provoca graves enfermedades, como bien sabemos. Así también cómo el móvil de la venganza de un Espíritu, que generalmente se originó en las relaciones que ambos mantuvieron en una existencia anterior. Ellos se encuentran imantados por la Justicia Divina, manteniendo una prolongada conjugación.

El obsesor toma el cuerpo del obsesado que no tiene fuerza moral para resistir. Lo hace por maldad hacia él, a quién tortura y martiriza de todas las formas posibles. A veces sirviéndose de los miembros y órganos del desdichado, blasfemando, injuriando y maltratando a los que le rodean, mostrándose protagonista de actos excéntricos con todos los caracteres de la locura. Los tratamientos médicos en estos casos son impotentes en tanto subsista la causa generadora.

Hemos de recordar también que la glotonería, la ira, los celos, la envidia, la soberbia, la avaricia, el miedo, el egoísmo, son carreteras de acceso para mentes desvinculadas del vehículo somático,  que viven en una tormentosa y vigilante búsqueda en el mundo espiritual y que continúan sedientos del placer perdido.

Encontramos en ese binomio las más variadas relaciones y tipos de obsesiones comenzando desde la influencia de encarnado al encarnado: siendo en la familia los padres que reciben en sus brazos a anteriores obsesores. El obsesor de ayer que acoge a su víctima de antaño. El marido posesivo que subyuga a la esposa, y  la esposa que tiraniza y limita su libertad al marido,  son expresiones de tal tipo de obsesión reciproca. De espíritu a espíritu en la erraticidad: Enemigos en la Tierra. De encarnado a desencarnado y a la inversa: Amor de seres egoístas que se encuentran en el sueño físico. No es raro que el hombre sea el obsesor de sí mismo, convirtiéndose en un enfermo imaginario, con molestias fantasmales, que los médicos no detectan en sus consultas.

¿Cómo actuar ante el obsesado y el obsesor? la Doctrina Espírita nos enseña que a una causa física, se opone una fuerza física, a una causa moral se opone una fuerza moral. Para preservarse de las enfermedades se fortifica el cuerpo, para prevenir la obsesión hay que robustecer el alma; razón por la cual el obsesado necesita trabajar en su propio mejoramiento, lo que puede bastar para liberarse.  Aplicar el pase terapéutico es un buen método de auxilio. Ante ellos y en todos los casos debemos practicar fundamentalmente la plegaria. Sería bueno, tener la oportunidad de establecer contacto, en una casa espírita, con el obsesor que está dominando mentalmente a la víctima, para actuar sobre el ser inteligente y bajo la influencia moral hacerle comprender el atraso de su comportamiento, haciéndole llegar a un pacto de amor para superar su enfrentamiento. Naturalmente, esta situación nos demoraría en el tiempo, dependiendo de la dureza del Espíritu que está dominando, pero el resultado esclarecedor sería una prueba más de la Misericordia de Dios para con todos nosotros, al permitirnos trabajar hacía el bien.
Juan Miguel Fernández Muñoz