miércoles, 1 de febrero de 2012

Embarazo, una experiencia espiritual


El embarazo desde el punto de vista espiritual es un proceso bellísimo y a su vez complicado. Todo lleva un orden y una programación que comienza antes de que los futuros padres lleguen a encarnar. Es una de las más grandes oportunidades que tenemos para poder solucionar y corregir problemas, odios, enemistades y débitos de vidas anteriores que sólo al calor del amor de padres, madres e hijos podrán ser solucionados, unas veces de forma más llevadera, otras con mayor complicación, dependiendo de los lazos que nos unan. Concebir un niño es una de las decisiones más importantes de nuestra vida y con ello lo que estamos haciendo es dar una oportunidad de progresar a un espíritu, por lo tanto es una gran ocasión que tenemos para poder ayudar de una de las maneras más desinteresadas y con muchísimo amor.
Dejando a un lado la programación familiar que hacemos antes de encarnar, en este artículo vamos a centrarnos en cómo se desarrolla un embarazo, partiendo de una visión espiritual, desde días antes de la concepción hasta el momento del alumbramiento.

Considero importante tener en cuenta que tiempo antes de la concepción, el espíritu que reencarnará como nuestro hijo/a ya se encuentra a nuestro lado. Durante este tiempo está viendo el hogar en donde va a nacer, observa a los miembros de la familia y va poco a poco sugiriendo a los futuros papás, a través de la intuición o durante el sueño de los mismos, la idea del próximo embarazo, con el consecuente sentimiento de alegría si ve que la idea está siendo aceptada por los progenitores o con preocupación si ve que la misma va siendo continuamente postergada, puesto que, por mucho que nos hayamos programado tener hijos, disponemos de libre albedrío y casi siempre, somos nosotros los que tenemos la última palabra a la hora de decidir si finalmente tendremos descendencia y cuando será.

Es justo en el momento de la fecundación, en el instante en que el espermatozoide alcanza al óvulo, cuando comienza la unión del espíritu reencarnante con el embrión a través de un lazo fluídico que se irá estrechando, poco a poco, hasta que el bebé salga a la luz. Este lazo de unión forma parte de lo que en el espiritismo denominamos periespíritu, siendo este una sustancia vaporosa que envuelve al espíritu y hace de intermediario entre el este y el cuerpo físico. De esta manera el periespíritu se va uniendo molécula a molécula de forma inversa al proceso de desencarnación. Dicha unión permanecerá durante toda la encarnación del mismo.

Es en este periodo cuando el espíritu empieza a sentir una especie de turbación o adormecimiento que irá aumentando de intensidad a medida que el embarazo vaya avanzando, aunque hay casos en los que este adormecimiento no es necesario si el espíritu que va a reencarnar es bastante evolucionado y entonces vive la experiencia de la gestación de una manera más consciente. A partir de ahora el espíritu queda ligado al embrión y por tanto a la madre también. Todo esto lleva un gran trabajo que es realizado por la espiritualidad superior que prepara, realiza y supervisa todo el proceso de unión y desarrollo del mismo para que concurra según lo programado anteriormente.

En muchas ocasiones, el embarazo está unido a algunas molestias físicas que sufre la madre. Éstas tienen su origen en dos puntos, uno meramente orgánico y otro espiritual. Espiritualmente hablando estas molestias pueden deberse al choque energético que sufre, tanto la madre como el embrión, al unirse. Pensemos que somos individuos diferentes y que ya traemos un bagaje de vidas anteriores, en las que muy probablemente hemos tenido relación entre nosotros con los consiguientes arreglos y desavenencias que una vida conlleva. Estas situaciones o experiencias vividas en el pasado y que en el presente continúan sin resolverse son las que generan ese malestar. También pueden deberse a la diferencia de evolución entre la madre y el niño que va a nacer. Esta “incompatibilidad” energética suele resolverse más fácilmente si el bebé es más evolucionado que la madre, ya que a los espíritus más adelantados les cuesta mucho menos adaptarse y comprender los límites de los menos avanzados.

Durante los nueve meses que dura el embarazo, la relación de los padres con el futuro bebé es importantísima, sobre todo por parte de la madre. No podemos olvidar que el espíritu de nuestro bebé está aquí junto a nosotros durante toda la gestación, viéndonos, escuchándonos y sintiendo todo lo que nosotras sentimos, hacemos, pensamos… sobre todo si es acerca de él. Debemos ser conscientes de lo necesario que es que les trasmitamos todo el amor que seamos capaces de dar para que, además de sentirse bienvenidos y queridos, tengan un buen equilibrio tanto emocional como espiritual y de esta manera estaremos ayudándoles, en gran medida, en su correcto desarrollo físico dentro de nuestro cuerpo.
Según va transcurriendo el embarazo, el bebé va creciendo y desarrollándose física y mentalmente. Es muy importante el contacto con él, hablándole, enviándole sentimientos de cariño y sobre todo actuando de una manera correcta, moralmente hablando, pues como he mencionado anteriormente, su espíritu nos acompaña durante todo este tiempo y está aprendiendo constantemente de todo lo que hacemos. Es esencial también, intentar mantener el hogar dentro de una vibración elevada y una buena sintonía, haciendo con esto que los buenos espíritus estén a nuestro alrededor y de esta manera también envuelvan a nuestro preciado futuro bebé.

A medida que van pasando los meses, el espíritu se va ligando cada vez más al cuerpo físico, el adormecimiento cada vez es mayor hasta el momento del nacimiento y durante todo este periodo el espíritu se encuentra más o menos como nos encontramos nosotros, los encarnados, durante el sueño del cuerpo.
Se va acercando el momento del nacimiento y sus ideas y recuerdos del pasado se van, poco a poco, borrando. Las facultades que le son propias las irá desarrollando después del nacimiento, gradualmente, a medida que sus órganos se desarrollan y su espíritu se va acoplando del todo, cosa que no sucederá totalmente hasta la adolescencia.

A los nueve meses llega el momento del parto y es justo aquí, en el mismo instante en que nuestro pequeño sale al mundo, cuando se completa la unión del espíritu con su cuerpo físico. Esta unión, como he dicho es completa, aunque muy débil y es a partir de ahora que el espíritu comienza su acoplamiento. Ahora sólo queda, por nuestra parte, darle todo el amor que seamos capaces y asistirles en su nueva reencarnación, en la que tendrán que aprender, pasar alegrías y penas… Nosotros como padres deberemos ayudarles a progresar.

Yolanda Durán.
Centro espírita Entre el cielo y la Tierra.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto que escribiste es hermoso
Yo estoy embarazada tengo 2 meses e tenido complicaciones con este embarazo cabe mencionar que e tenido abortos anteriores y deceo este bebe con toda mi alma y esto me a ayudado mucho gracias y que dios te vendiga

Anónimo dijo...

Gracias, yo estoy embarazada de 1 mes y deseo a este bebé con todo mi corazón. Tngo dos abortos previos y estoy en un doloroso proceso de Sanacion para poder perdonarme lo que hice y que mis bebés se sientan bienvenidos y con confianza de que esta vez elijo la vida. Gracias desde el corazón.