jueves, 23 de mayo de 2019

Avaricia, orgullo y envidia. Un sentimiento lleva al otro

Avaricia, orgullo y envidia. Un sentimiento lleva al otro 



Estos tres defectos o imperfecciones del ser humano están mucho más relacionados entre sí de lo que pensaríamos en un principio. Veamos cómo es esto.

La avaricia (del latín, avaritia), es el afán o deseo desordenado de poseer riquezas, bienes, posesiones u objetos de valor abstracto con la intención de atesorarlos para uno mismo, mucho más allá de las cantidades requeridas para la supervivencia básica y la comodidad personal. Se le aplica el término a un deseo excesivo por la búsqueda de riquezas, estatus y poder. La codicia, por su parte, es el afán excesivo de riquezas, sin necesidad de querer atesorarlas.

Erich Fromm (destacado psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista) describe la avaricia como "un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo interminable de satisfacer la necesidad sin alcanzar nunca la satisfacción."

Aunque por lo general el concepto de avaricia se utiliza para identificar o criticar a aquellos que buscan la riqueza material excesiva, también es aplicable en situaciones donde la persona siente la necesidad de sentirse por encima de los demás desde un punto de vista moral, social, o de cualquier otra manera.

Entre los sinónimos de avaricia encontramos términos bastante coloquiales como ambición, ansia, miseria, egoísmo, tacañería, etc.

Podríamos no sentirnos identificados con este defecto ya que pensaremos que no atesoramos riquezas, pero preguntémonos ¿Me cuesta trabajo desprenderme de algo por pequeño que sea? ¿Soy “tacaño” a la hora de invitar a mis amigos, pagar en un restaurante, de rascarme el bolsillo ante una propina, o cualquier situación similar? ¿Busco sentirme o estar por encima de los demás deseando el poder?, ¿Necesito que todo aquello que hago sea reconocido por quienes me rodean? Ser tacaño es un sinónimo de avaricia y necesitar sentirnos por encima de los demás también, de ahí lo bueno de analizarse cada cual individualmente de forma constante puesto que puede ser parte de nosotros sin que creamos que esto suceda.

La Revista Espírita de 1858 nos hace una muy buena descripción del hombre avaro: “¡Escúchame, avaro! ¿Conoces la felicidad? Sí, ¿no es cierto? Tus ojos brillan con un oscuro destello en las órbitas que la avaricia ha cavado más profundamente; tus labios se aprietan; tu nariz tiembla y tus oídos se aguzan. Sí, escucho, es el ruido del oro que tu mano acaricia al echarlo en tu escondrijo. Tú dices: Es la voluptuosidad suprema. ¡Silencio! Alguien viene. Cierra de prisa. ¡Oh, qué pálido estás! Tu cuerpo se estremece. Tranquilízate; los pasos se alejan. Abre; observa nuevamente tu oro. Abre; no tiembles; te encuentras completamente solo. ¡Escucha! No, no es nada; es el viento que silba al pasar por el umbral. ¡Observa cuánto oro! Húndete a manos llenas: haz que suene el metal; estás feliz.
¡Feliz, tú! Pero en la noche no tienes reposo y tu sueño es atormentado por fantasmas.

¡Tienes frío! Acércate a la chimenea; caliéntate en ese fuego que crepita tan agradablemente. La nieve cae; el viajero friolento se cubre con su capa y el pobre tirita bajo sus harapos. La llama del hogar se va extinguiendo; echa más leña. Pero no, ¡detente! Es tu oro que consumes con esa leña; es tu oro que quemas.

¡Tienes hambre! Ten, toma; sáciate; todo esto es tuyo, lo has pagado con tu oro. ¡Con tu oro! Esta abundancia te indigna; ¿lo superfluo es necesario para mantener tu vida? No, este pequeño pedazo de pan bastará; hasta es demasiado. Tus ropas caen en jirones; tu casa se agrieta y amenaza ruina; sufres frío y hambre; pero ¡qué te importa! Tienes oro.

¡Desdichado! La muerte te separará de ese oro. Lo dejarás al borde de la tumba, como el polvo que el viajero sacude en el umbral de la puerta, donde su amada familia lo espera para celebrar su regreso.
Tu sangre empobrecida –envejecida por tu miseria voluntaria– se ha helado en tus venas. Herederos ávidos acaban de tirar tu cuerpo en un rincón del cementerio; hete aquí cara a cara con la eternidad. ¡Miserable! ¿Qué has hecho de ese oro que te ha sido confiado para aliviar al pobre? ¿Escuchas estas blasfemias? ¿Ves esas lágrimas? ¿Ves aquella sangre? Aquellas blasfemias son las del sufrimiento que habrías podido calmar; esas lágrimas, tú las has hecho correr; esta sangre, tú la has derramado. Tienes horror de ti; querrías huir, pero no puedes. ¡Sufres como un condenado! Y te retuerces en tu sufrimiento. ¡Sufre! Nada de piedad para ti. No has tenido un buen corazón para con tus hermanos desdichados; ¿quién lo tendrá ahora para ti? ¡Sufre!

Por otro lado, el evangelio según el Espiritismo nos dice también: “Había un hombre cuyas tierras habían producido en abundancia, y pensaba entre sí de este modo: ‘¿Qué haré, pues ya no tengo lugar donde guardar todo lo que he cosechado?’ Y dijo: ‘Esto es lo que haré: Demoleré mis graneros y construiré otros más grandes, donde pondré toda mi cosecha y todos mis bienes. Y le diré a mi alma: Alma mía, tienes muchos bienes en reserva para largos años; descansa, come, bebe, goza’. Pero Dios, al mismo tiempo, dijo a ese hombre: ‘¡Qué insensato eres! Esta misma noche reclamarán tu alma; ¿para quién será lo que acumulaste?’” Eso le sucede al que acumula tesoros para sí mismo, y no es rico para con Dios”.

La avaricia, aunque satisfaga nuestro deseo actual no nos produce felicidad, ni ahora y por supuesto mucho menos en el futuro cuando regresemos al mundo espiritual. Ete sentimiento nos apega a todas esas riquezas que hemos ido acumulando, ya sean materiales, como de estatus social o poder sobre los demás. Ocasionando dolor y sufrimiento tal y como describe la Revista Espírita incluso durante nuestra existencia carnal.

El apegarnos a los bienes materiales es un gran impedimento para nuestro adelanto moral y espiritual, ya que con este afán destruimos en nosotros mismos y sin ayuda de nadie la cualidad de amar.
A esto hay que añadirle tal y como el Evangelio nos dice también, que lamentablemente en el hombre rico siempre existe un sentimiento tan intenso como el apego a estas riquezas, y es el orgullo.
El orgullo, es la característica de alguien que tiene un concepto exagerado de sí mismo pudiéndolo llevar a la soberbia, un sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás. Una persona orgullosa muestra soberbia, altivez, vanidad, arrogancia, e incluso puede manifestar un desprecio hacia otras personas. Entre los sinónimos encontramos arrogancia, soberbia, vanidad etc.
En La Revista Espírita de 1858 podemos leer:

“Un soberbio poseía algunos acres de buena tierra; estaba envanecido con las pesadas espigas que cubrían su campo, y sólo tenía una mirada de desdén para con el campo estéril del humilde. Éste se levantaba con el canto del gallo y pasaba todo el día curvado sobre el suelo ingrato; recogía pacientemente las piedras y las arrojaba al borde del camino; removía profundamente la tierra y extirpaba penosamente las zarzas que la cubrían. Ahora bien, su sudor fecundó el campo, que se convirtió en un puro trigal.
Entretanto, la cizaña crecía en el campo del soberbio y sofocaba al trigo, mientras que el dueño se vanagloriaba de su fecundidad y miraba con ojos de piedad los esfuerzos silenciosos del humilde.
En verdad os digo que el orgullo es semejante a la cizaña que sofoca al buen grano. Aquel de vosotros que se crea más que su hermano y que se vanaglorie de sí mismo es insensato, pero es sabio el que trabaja en sí mismo como el humilde en su campo, sin envanecerse de su obra”.

El Evangelio según el Espiritismo también nos dice que el orgullo pone en el hombre una venda sobre los ojos y le tapa los oídos. Siendo este la negación de la caridad. Y que todo aquello que excita el sentimiento de personalidad destruye, o al menos debilita, los elementos de la verdadera caridad, que son la benevolencia, la abnegación y la devoción.

En el cap. XVII del mismo leemos: “Apartad de vuestros corazones la idea del orgullo, de la vanidad y del amor propio, que ineludiblemente quitan el encanto de las más hermosas cualidades. No imitéis a ese hombre que se presenta como modelo, y hace alarde de sus propias cualidades a los oídos complacientes. La virtud que se ostenta esconde a menudo una infinidad de pequeñas torpezas y de detestables cobardías”.

¿Buscamos el reconocimiento en aquello que hacemos? ¿Sentimos que somos más capaces que cualquiera y por eso somos más merecedores de puestos, o posición ante los demás? Estas preguntas y otras similares pueden ayudarnos en nuestro análisis personal, porque si no vemos en lo que fallamos ¿Cómo vamos a cambiarlo?

Este orgullo que nos lleva a sentirnos superiores a otros puede también producir en nosotros la envidia de lo que no tenemos y poseen los demás. Si comprendiéramos realmente los sutiles que pueden ser estos sentimientos lo entenderíamos mucho mejor y nos resultaría más fácil localizarlos en nosotros mismos.

La envidia es un sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles.  La RAE la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee.

En el ámbito del psicoanálisis la envidia es definida como un sentimiento experimentado por aquel que desea intensamente algo poseído por otro. La envidia daña la capacidad de gozar y de apreciar lo que posee uno mismo. Es el factor más importante del socavamiento de los sentimientos de amor, ternura o gratitud. Es un sentimiento enojoso contra otra persona que posee o goza de algo deseado por el individuo envidioso, quien tiene el impulso de quitárselo o dañarlo.

Bertrand Russell (filósofo, matemático, lógico y escritor británico) sostenía que la envidia es una de las más potentes causas de infelicidad.  Siendo universal, es el más desafortunado aspecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no sólo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia, sino que además alimenta el deseo de producir el mal a otros.

La envidia por lo tanto es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor, sino que al otro le vaya peor, es un sentimiento que nunca produce nada positivo en el que lo padece sino una insalvable amargura. Esta puede tener muchos orígenes, pero lo más destacado de este sentimiento negativo hacia los demás es la misma persona y su forma de ver las cosas en su vida. Generalmente esta emoción surge debido a que se padecen frustraciones personales, baja autoestima o la dificultad de poder conseguir objetivos que se han planteado en la vida. Normalmente la persona envidiosa intenta ocultar este sentimiento, resultando muy raro que asuma este defecto, ya que supone la aceptación de una carencia.

A lo largo de la historia la envidia ha estado muy presente en las diversas culturas. Buena muestra de ello es la cultura griega y también la romana que apostaron incluso por hacerla muy presente en sus diversas obras artísticas. Así, la han llegado a representar como una anguila o bien como la cabeza de una mujer mayor llena de serpientes.

Es interesante resaltar que además los griegos utilizaban la expresión “mal ojo” para poder definirla. Tan poderosa la consideraban que intentaban proteger a sus hijos de aquella y lo hacían aplicándoles en la frente el lodo que encontraban en el fondo de los baños.

El problema de la envidia es que la persona que la tiente se siente algo resentido con la persona que ha conseguido lo que ella no ha podido conseguir hasta el momento o por lo que no se ha esforzado lo suficiente. Es entonces cuando existe cierto odio y se le desea que todo le vaya mal.

De nuevo la "Revista Espírita" nos habla de ella de forma muy clara e instructiva: “Ved a este hombre: su Espíritu está inquieto, su desdicha terrestre ha llegado al colmo; envidia el oro, el lujo, la felicidad aparente o ficticia de sus semejantes; su corazón está devastado, su alma sordamente consumida por esta lucha incesante del orgullo, de la vanidad no satisfecha; lleva consigo, en todos los instantes de su miserable existencia, una serpiente que lo aviva, que sin cesar le sugiere los más fatales pensamientos: «¿Tendré esta voluptuosidad, esta felicidad? Por tanto, esto me es debido al igual que aquéllos; soy un hombre como ellos; ¿por qué sería yo desheredado?» Y se debate en su impotencia, presa del horrible suplicio de la envidia. Feliz aún si estas ideas funestas no lo llevan al borde de un abismo. Al entrar en este camino, se pregunta si no debe obtener por la violencia lo que cree que se le es debido; si no irá a mostrar a los ojos de todos el horroroso mal que lo devora. Si ese desdichado hubiera sólo observado por debajo de su posición, habría visto el número de los que sufren sin quejarse y que incluso bendicen al Creador; porque la desdicha es un beneficio del cual Dios se sirve para hacer avanzar a la pobre criatura hacia su trono eterno.

Haced vuestra felicidad y vuestro verdadero tesoro en la Tierra de las obras de caridad y de sumisión: las únicas que os permite ser admitidos en el seno de Dios. Estas obras del bien harán vuestra alegría y vuestra dicha eternas; la envidia es una de las más feas y de las más tristes miserias de vuestro globo; la caridad y la constante emisión de la fe harán desaparecer todos esos males, que se irán uno a uno a medida que los hombres de buena voluntad –que vendrán después de vosotros– se multipliquen. Así sea.”.

Seguro que muchos no se sentirán identificados con la envidia al prójimo, y dirán que no tienen envidia de nada ni de nadie, pero sería muy bueno que mirásemos en nuestro interior y viéramos si nunca hemos criticado a alguien por conseguir ese ascenso, llevarse muy bien con cierta persona, lograr aquello que se propone, y un largo etc. de cosas pequeñas que en nuestro día a día y de forma sutil aparecen. Recordemos que la crítica suele estar movida por un sentimiento negativo, en ocasiones de desprecio hacia aquella persona a la que va dirigida y sería muy útil analizar qué mueve esa crítica en nosotros. Posiblemente no manifestemos envidia de forma muy visible, pero ¿Y en las cosas pequeñas, podemos decir lo mismo?

El Evangelio cap. V ítem 23 dentro del apartado que nos habla de los tormentos voluntarios nos indica: "Para el envidioso, al igual que para el que sufre de celos, no existe el sosiego: ambos padecen un perpetuo estado febril. Lo que ellos no tienen, y que otros poseen, les produce insomnio. La prosperidad de sus rivales les causa vértigo. Sólo los estimula el deseo de eclipsar a sus vecinos. Todo su placer consiste en excitar, en los insensatos como ellos, la rabia y los celos que los devoran. ¡Pobres insensatos! No piensan, en efecto, que tal vez mañana tendrán que dejar todas esas futilidades, cuya codicia les envenena la vida".

Cuando somos avariciosos codiciando lo que los otros tienen y no hemos logrado, cuando sentimos que nosotros nos merecemos las cosas más que nuestro prójimo, estamos manifestando los tres sentimientos hasta aquí descritos, la avaricia, el orgullo y la envidia y con ello incrementamos de forma voluntaria los tormentos que hemos de vivir en esta existencia, agravándolos e incluso imponiéndonos tormentos que no eran necesarios.  Es por todo lo expuesto que podemos asegurar que estos tres defectos están muy unidos, si somos orgullosos nos sentimos muy por encima de los demás y por lógica sentimos que nos merecemos más que otros lo que ellos tienen y así aparece la envidia, codiciando o sintiendo que tenemos que atesorar aquello que nos haga superiores a nuestro prójimo. De manera que uno lleva al otro sin darnos apenas cuenta.
Por eso, si queremos evolucionar y ser parte de mundos regeneradores, trabajemos para que no exista el orgullo que hace callar al corazón, la envidia que lo tortura y la avaricia que lo ahoga.
Veamos lo opuesto a cada uno de ellos: De la avaricia encontramos el desprendimiento, generosidad, altruismo. Del orgullo la humildad y de la envidia la caridad, nobleza, conformidad. Son estas cualidades que tenemos que aprender a desarrollar y con esfuerzo saldremos victoriosos de la lucha diaria contra las lacras que la humanidad padece a día de hoy.

Escuchemos las sabias palabras del Evangelio en los capítulos XI, VII: “El egoísmo es la llaga de la humanidad, debe desaparecer de la Tierra, porque impide el progreso moral. …Ponga cada uno el mayor empeño para combatirlo en sí mismo, pues ese monstruo devorador de la inteligencia, ese hijo del orgullo, es la fuente de todas las miserias de la Tierra. El orgullo es la negación de la caridad, y, en consecuencia, el más grande obstáculo para la felicidad de los hombres”.

“Sed generosos y caritativos sin ostentación, es decir, haced el bien con humildad. Que cada uno derribe poco a poco los altares que habéis erigido al orgullo. En una palabra, sed verdaderos cristianos, y alcanzareis el reino de la verdad”.

Si nuestro esfuerzo se centra en la generosidad, hacer el bien a los demás, haciendo esto con humildad, si vemos a nuestro prójimo como igual y por ello nos alegramos por los logros que consiguen en su vida, podemos estar seguros que estamos en el buen camino. Y llevaremos a cabo las palabras que podemos leer en "El Libro de los Espíritus" en la pegunta 893: “Todas las virtudes tienen su mérito, porque todas son signos de progreso en el camino del bien. Hay virtud cada vez que existe una resistencia voluntaria a las inclinaciones de las malas tendencias. Con todo, lo sublime de la virtud consiste en el sacrificio del interés personal por el bien del prójimo, sin segundas intenciones. La virtud más meritoria es la que se basa en la más desinteresada caridad.”

Practiquemos la caridad, seamos generosos, siempre con humildad, mirando a nuestro prójimo como un igual, no buscando el reconocimiento, conformándonos con lo que en esta existencia tenemos. Consideremos el conjunto de las existencias, no sólo la vida presente y así veremos que todo se equilibra con justicia. Analicemos nuestro comportamiento y nuestras reacciones en la vida diaria en todo momento, intentando siempre conocernos a nosotros mismos para así poder trabajar en nuestro mejoramiento y elevación moral. Que nuestro lema sea siempre: “FUERA DE LA CARIDAD NO HAY SALVACIÓN”.
Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra" 

martes, 14 de mayo de 2019

Sentimiento filosófico y religioso

Sentimiento filosófico y religioso



Resulta a ratos curioso y a ratos preocupante que, a 161 años de su codificación, el Espiritismo siga despertando debates y controversias en su mismo seno. Esto demuestra de manera incontestable que el Espiritismo sigue siendo todo un desafío, hasta para los mismos espíritas...

Una cosa es el libre y natural 'modus operandi' con el que cada cual lo viva, y otra muy diferente reinventar, al gusto de cada cual, una filosofía integral y transformadora que, además, tiene toda una línea doctrinaria bien definida y diferenciada... Y es que muchos se dedican a reunir y añadir cuantos elementos ideológicos considere necesarios (aunque en el cuerpo general espírita ni figuren), así como otros, reinterpretan el mensaje dándole giros esotéricos, cientifistas o religiosos de los que carece.

La inercia cultural, la mezcolanza y el temor a pensar diferente, crean muchos más obstáculos para la siembra espírita de los que podríamos pensar...

Debemos emplear mucha perseverancia, lógica doctrinaria y valentía para poner la verdad del Espiritismo por encima de personas, organizaciones y sincretismos. Es una responsabilidad y un deber pendiente que todos los espíritas compartimos...

El espírita con buen sentido nunca interpretará tal o cual libro como "palabra de Dios", sino que proseguirá estudiando y con la mente abierta, ni caerá en la adoración de este o aquél escritor o figura destacada (pues más allá de la sana admiración, sabe que como encarnado, nadie es infalible), en una palabra: estará muy atento a los peligros y los rostros encubiertos de la vanidad, el inmovilismo o el fanatismo (presentes en él mismo, en su grupo de estudio o en el movimiento de su país), y sin desprecios o rupturas innobles, se colocará siempre de parte de la verdad espírita, aunque esto le reste apoyos o lo conviertan en menos popular.

Divulgar la literatura espírita (y no perder de vista las fuentes originales), revisionar los pasos dados y adoptar nuevas estrategias organizativas a nivel de centro o de federaciones, puede ser más importante que la creación de nuevos centros o la celebración mecánica de un nuevo Congreso anual (que, quizá, poco tenga que aportar ya, al haberse convertido en un esquema organizativo cerrado y repetido).

La diversidad es un hecho y no tiene por qué ser una amenaza, sino una oportunidad para construir diálogo y camino. En algún momento, nos olvidamos que pertenecemos a una escuela de racionalistas y librepensadores, y que esto forma parte del sello espiritista... Y este es un síntoma alto preocupante en nuestro movimiento, porque denota que hemos dejado a un lado la filosofía y hemos apostado por el ataviado religioso, es decir: se acabó el debate constructivo, el libre pensamiento y el diálogo progresista.

¿Qué pensaría Amalia, Vives o Colavida sobre nomenclaturas importadas como "evangelización", o el añadido de "religión" a la definición de Espiritismo?

Ni siquiera existe un "Espiritismo cristiano"... por dos motivos explícitos y racionales: Porque Kardec y los Espíritus utilizaron "Espiritismo", a secas, sin añadidos; y porque el Cristianismo es un movimiento religioso surgido con San Pablo después de la muerte de Jesús, que dicho sea de paso, nunca fue "cristiano"... (Por las mismas o similares razones culturales podríamos decir también que el Espiritismo es judío, gnóstico o teosófico...).

Al hilo de lo anterior, meditemos en las lúcidas palabras de Manuel Porteiro: “Indudablemente se confunde a menudo el sentimiento "religioso" con el sentido filosófico: el primero se va perdiendo en los espíritus evolucionados, por ser instintivo; el segundo, va despertando a medida que aquel se extingue”.

Y en efecto: los Espíritus revelaron una filosofía práctica y una fe razonada, nunca una religión; carece de toda lógica que nuestras reuniones parezcan clases de catecismo ¡cuando Kardec, tanto luchó buena parte de su vida por establecer la escuela laica!

o-O-o-

La Espiritualidad tenía muy clara la intención de definir a la naciente doctrina de manera expresivamente diferente, de manera que rompiera con los moldes ideológicos del pasado y expresara la fuerza viva de toda una idea nueva y revolucionaria.

Haremos mucho más por el mensaje de Kardec con un comportamiento natural, cordial y positivo, que divulgando (explícita o implícitamente) un Espiritismo más exigente que fraterno, y de retórica cargada de intenciones adoctrinantes y moralismo simplista y rancio.

Vivir el Espiritismo de manera quietista es inmovilizarlo en espíritu de sistema... proyectarlo de forma "pastoral" y conservadora, es tener la experiencia de un Espiritismo ambiguo, sincrético y timorato, con escasa capacidad para enfrentarse a los problemas y desafíos de la humanidad del siglo XXI.

El Espiritismo es progreso, y no se puede hablar de propuestas renovadoras y permanecer influidos por los viejos esquemas.

El miedo o la tendencia a no cuestionar formas de acción: sean libros, modelos organizativos (encuentros, congresos, etc) u opiniones de líderes consagrados, quizá contribuya a hacer espíritas "de manual", pero escasamente hará espiritistas amantes de la verdad, lo que termina haciendo de las federaciones o asociaciones "ghettos" políticos donde sólo sea bienvenido quien piense como la mayoría...

Muchos, finalizarán esta encarnación convencidos que sirvieron al Espiritismo, y sin embargo, lejos de eso, a quien sirvieron realmente es al personalismo... Unos se lamentarán de cómo hicieron las cosas, así como otros de no haber hecho nada por evitarlas...

-o-O-o-

Buena parte de la labor que los espíritas tenemos por delante es la búsqueda de la identidad espiritista primigenia, semi oculta entre capas de modismos culturales y nomenclaturas de nuevo cuño (importadas o no) ...

No somos "científicos" en el sentido académico de la palabra (aunque lo seamos desde la metafísica y la ciencia del espíritu); como no somos "evangelizadores", por más que dediquemos parte de nuestro tiempo a la divulgación (esa definición introyectada no se corresponde con el legado espírita) ...y etc, etc.

Sería muy razonable y esperanzador por nuestra parte si reaccionamos y nos sacudimos el comodismo y la manera autocomplaciente con el que hemos estado pensando y viviendo el Espiritismo en las últimas dos o tres décadas, para poder así despojarlo de todos los introyectos y personalismos místico-religiosos, científicoides, etc., que se le ha ido agregando por inercia (y aquí también añadimos los enfoques personales de esta o aquella figura destacada del movimiento que, consciente o inconscientemente, haya creado escuela y seguidores).

Para ser espíritas ni hace falta seguir manuales de estudio hechos en Brasil, ni adoptar prácticas inconscientemente inspiradas por lo teológico. Tan sólo es preciso actuar en base al estudio, el pensamiento racional y el corazón.

Aprendamos de los que tengan más experiencia o de aquellos que sean referencias en la labor divulgativa, pero, por encima de eso, sigamos a Kardec y a los espíritus amigos que, más de una vez, hablarán a nuestro corazón de cosas que los dirigentes y oradores de renombre (no obstante almas perfectibles), hayan pasado por alto o no hayan filtrado convenientemente.

Seamos honestos: igual que entre los espíritas que viven el ideal de manera religiosa se les intuye las reminiscencias católicas del pasado, entre los "cientifistas" (incluyendo a los renovadores y/o amantes de la polémica) se percibe el inconfundible poso de las pasadas vivencias en las filas del positivismo materialista...

La doctrina de los Espíritus tiene un carácter universal, plural y librepensador, pero tiene todo un corpus doctrinario formado por las cinco obras de la codificación...Señalamos esto último porque el Espiritismo puede ser "ecuménico" pero no es de ningún modo sincretista (si arrimamos al mismo cualquier ingrediente metafísico, new age, ritual cristiano, etc., contribuiremos a que su mensaje se diluya o se haga más complicado de entender).

Vengan de Brasil, de España o de cualquier lugar de Sudamérica o Europa, las interpretaciones cientificistas y las religiosas deben ser superadas por el bien de la doctrina.

Esta apertura, este ir hacia delante, debe ser desde el sentido común y la humildad, no es el rendirse ante cualquier propuesta esotérica de moda o las renovaciones (presuntamente necesarias) de este o aquel escritor, científico o figura espírita por caudaloso que sea su curriculum. Porque hay momentos que, por pura y natural coherencia, el espírita cabal deja a un lado la opinión de este o aquel divulgador, de este o aquel libro, y redirecciona sus pasos por la codificación o por las señales que su intuición le marca (luego podrá equivocarse o no, pero nunca será un elemento más sin voluntad propia y tampoco un dogmático).

Juan Manuel Ruiz González

domingo, 12 de mayo de 2019

Breve historia del magnetismo

Breve historia del magnetismo



La historia del magnetismo se remonta a la antigüedad. Al parecer, hace más de dos mil años, los griegos, los indios y los chinos ya sabían que un determinado tipo de piedras atraían pequeños trozos de hierro. Hoy esa sustancia se conoce como magnetita, un mineral magnético que se encuentra en la naturaleza.

El magnetismo comenzó en la edad de los metales, junto al proceso de fabricación de armas y herramientas. El hombre de la antigüedad notó uno de los primeros fenómenos magnéticos, ciertas piedras atraían el metal de hierro.

Pasaron muchos años hasta que aprendió que todos los materiales tienen ciertos comportamientos magnéticos y buscó darle un uso práctico.

La experimentación con la electricidad y el magnetismo, han ido a la par con la evolución humana.
Todos sabemos que el magnetismo es un fenómeno físico por el que los objetos atraen o repelen otros materiales. Todos los materiales son influidos en mayor o menor grado cuando están sometidos a un campo magnético.

El nombre de magnetismo viene de Magnesia del Meandro en Asia Menor, donde parece ser que por primera vez se observaron los fenómenos magnéticos. Magnesia del Meandro es una ciudad antigua situada en el interior de la península turca de la que apenas quedan hoy algunos restos arqueológicos
El primer estudioso del fenómeno fue Tales de Mileto, filósofo griego que vivió entre 625 a.C. y 545 a.C.

En el siglo VI antes de Cristo demostró que ciertas sustancias, como el ámbar, poseían después de haber sido frotadas, la propiedad de atraer a ciertos objetos, si estos eran ligeros, Así descubrió la naturaleza eléctrica de la materia.

También Sócrates hablaba de un mineral de color negro explicando, ya entonces, el fenómeno de inducción magnética.

A la civilización china se le adjudican dos hechos relevantes: el descubrimiento del campo magnético terrestre y la invención de la brújula.

Al parecer, en el siglo XI los chinos imantaron agujas tocándolas con magnetita y colgándolas de hilos de seda. Las agujas se orientaban en la dirección norte-sur, alineándose con las líneas del campo magnético terrestre.  Estas brújulas estaban compuestas por una aguja imantada que flotaba en un cuenco con agua.  Independiente de hacia dónde girase el barco, y el cuenco con él, la aguja seguiría apuntando en la dirección norte-sur.

El científico Shen Kua (1031-1095) escribió sobre la brújula de aguja magnética y mejoró la precisión en la navegación empleando el concepto astronómico del norte absoluto. Hacia el siglo XII los chinos ya habían desarrollado la técnica lo suficiente, como para utilizar la brújula para mejorar la navegación.

Alexander Neckham fue el primer europeo en conseguir desarrollar esta técnica, en 1187.
Charles-Augustin Coulomb (1736-1806) estudió las fuerzas entre polos magnéticos y propuso la ecuación de la fuerza entre estos.

En 1820, Hans Christian Orsted descubrió que un hilo conductor sobre el que circulaba una corriente ejercía una perturbación magnética a su alrededor, que llegaba a poder mover una aguja magnética situada en ese entorno. Nacía así el electromagnetismo que unificó las fuerzas eléctrica y magnética
En 1831, después de que Oersted comenzará a describir una relación entre la electricidad y el magnetismo, y el francés André Marie Ampére profundizará en dicho campo, el científico británico Michael Faraday descubrió que el movimiento de un imán en las proximidades de un cable induce en éste una corriente eléctrica.

Faraday observó que siempre que el imán o la bobina estuvieran en movimiento, se genera corriente eléctrica, a la vez que vislumbró las líneas de fuerza magnética al esparcir limadura de hierro en un papel colocado sobre un imán.

La unificación plena de las teorías de la electricidad y el magnetismo se debió al físico británico James Clerk Maxwell, que predijo la existencia de ondas electromagnéticas e identificó la luz como un fenómeno electromagnético.

René Descartes explicó el magnetismo como un flujo de partículas que saldrían de un polo del imán y entrarían en el otro.

La Ley de Gauss del magnetismo es una de las ecuaciones fundamentales del campo electromagnético. Esta se debe a Carl Gauss que en1832 publicó un artículo sobre la medición del campo magnético de la Tierra y describió un nuevo instrumento que consistía en un imán de barra permanente suspendido horizontalmente de una fibra de oro. La diferencia en las oscilaciones cuando la barra era magnetizada y cuando era desmagnetizada permitió a Gauss calcular un valor absoluto para la fuerza del campo magnético de la Tierra.

El magnetismo como disciplina comienza a desarrollarse cuando la experimentación se convierte en una herramienta esencial para el desarrollo del conocimiento científico.

Magnetismo animal

El magnetismo animal, conocido más adelante como mesmerismo, es la influencia que un individuo puede ejercer en el sistema nervioso de otro a través de los movimientos llamados Pases Magnéticos.
La teoría del magnetismo fue practicada por el médico alemán Franz Mesmer (1734 – 1815), mediante la cual afirmaba que cada ser humano posee una energía que puede ser modificada, logrando la curación del paciente a través del cuerpo humano como emisor de magnetismo, dejando a un lado el uso de los imanes y cualquier otro objeto.

La tesis de Mesmer es que el flujo vital recorre los cuerpos de los seres vivos a través de una red de canales que, por tanto, los problemas nerviosos y de salud asociados se producen por un bloqueo en los mismos.

Mesmer defendía la existencia de una sustancia homogénea presente en todo aquello que tiene vida, y debido a esa creencia sus métodos podían restablecer el orden cuando se producía un desequilibrio en nuestro cuerpo. Con esa afirmación trataba de explicar por qué donde la medicina tradicional fallaba él era capaz de curar.

A lo largo de los años 60 y 70, Mesmer desarrolló su teoría del magnetismo animal, la cual recogía una tradición anterior que iba desde Platón hasta Paracelso.

Sus estudios, dieron lugar, al descubrimiento de la hipnosis por parte de James Braid en 1842.
La teoría del magnetismo animal derivó con el tiempo en lo que se conoce hoy en día como hipnosis u otros tratamientos practicados por la psicología o la psiquiatría.

Repasando este breve resumen histórico del magnetismo podemos llegar a entender que este ha preparado los caminos al Espiritismo, y los rápidos progresos de esta última doctrina son debidos a la divulgación de las ideas de la primera.

Según podemos comprobar a través de la "Revista Espirita" de 1858.

Ambas -ciencias-son basadas en la existencia y en la manifestación del alma, y lejos de combatirse, pueden y deben prestarse mutuo apoyo, ellas se completan y se explican entre sí.
Sus respectivos adeptos difieren, no obstante, en algunos puntos. Ciertos magnetistas aún no admiten la existencia o, por lo menos, la manifestación de los Espíritus; creen que pueden explicarlo todo por la sola acción del fluido magnético.

De los fenómenos magnéticos del sonambulismo y del éxtasis a las manifestaciones espíritas hay solo un paso. Su conexión es tal que, por así decirlo, es imposible hablar de uno sin hablar del otro.
Las dos doctrinas por lo tanto no son más que una.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 5 de mayo de 2019

El Libro de los Espíritus, piedra angular del Espíritismo

El Libro de los Espíritus, piedra angular del Espíritismo


"El libro de los Espíritus" fue la primera obra escrita por Allan Kardec, seudónimo del profesor francés Hippolyte León Denizard Rivail. Nació en la ciudad de Lyon (Francia), el día 3 de octubre de 1804 y desencarnó el 31 de marzo de 1869, en París, a la edad de 64 años.

Nacido dentro de la religión católica, fue educado en un país protestante, en la escuela de Pestalozzi, en Yverdun (Suiza). Se convirtió en uno de los más eminentes discípulos de ese célebre profesor, así como en uno de los celosos propagandistas de su sistema de educación, que ejerció tan grande influencia sobre la reforma de la enseñanza en Alemania y en Francia.

Como políglota conocía bien el alemán –su lengua adoptiva- el inglés, el holandés, teniendo sólidos conocimientos del latín, griego, céltico y de algunas lenguas neolatinas, en las cuales se expresaba correctamente.

A mediados de 1825 comenzó a dirigir la “Escuela de Enseñanza Primaria”. En 1832 se casa con Amélie-Gabrielle Boudet. Siendo ella también profesora, colaboró mucho con él en sus actividades didácticas. No tuvieron descendencia.

Constantemente ocupado en hacer atractivos e interesantes los sistemas de educación, inventó en esa misma época un método ingenioso para enseñar a contar, así como un cuadro mnemónico de la Historia de Francia, con el objetivo de grabar en la memoria las fechas de los acontecimientos de mayor relevancia.

Durante 30 años, de 1819 a 1850, muchas veces superando incomprensiones y contratiempos, Rivail (Allan Kardec) se empeñó en cuerpo y alma en instruir y educar a innumerables niños y jóvenes parisienses.

A la edad de cincuenta años, en el 1854, un amigo suyo, el Sr. Fortier, le informó de un suceso extraño que se estaba poniendo “de moda” en las reuniones de algunas personas de la sociedad parisina. Le habló de las mesas parlantes o mesas giratorias. Fortier le comentó que las mesas, magnetizándolas, giraban y que incluso contestaban a preguntas.

Al año siguiente, el Sr. Carlotti, le comenta de nuevo el insólito suceso de las mesas giratorias dejando caer la posibilidad de que sean los espíritus de las personas fallecidas los encargados de mover dichas mesas. Esto despierta la curiosidad de Rivail, aunque no deja de demostrar sus reservas al respecto.

En mayo de 1855, Rivail acompaña a su amigo Fortier a casa del Sr. Pâtier y son invitados a asistir a algunas experiencias en casa de la Sra. Plainemaison. Rivail queda totalmente impresionado con lo allí vivido. A partir de entonces pasó a frecuentar asiduamente este tipo de reuniones en distintas casas y con distintos médiums.

En ese mismo año, una noche, asistiendo a una de las sesiones en casa del Sr. Baudin, reciben una comunicación de un espíritu que se presenta con el nombre de “Espíritu de Verdad” que dice ser su protector. Allí le habla de una anterior encarnación druida y en la cual se llamaba Allan Kardec. En la misma comunicación le cuenta también la misión que ha venido a hacer aquí en la Tierra y Rivail se pone de inmediato manos a la obra, sirviéndose de la ayuda de diferentes médiums conocidos por él.
Allan Kardec, se convierte así en el codificador, el padre del espiritismo. Gracias a su constancia, dedicación, trabajo, capacidad de aguante, paciencia…, los espiritas de hoy en día nos encontramos con todos los beneficios que el Espiritismo nos da.

"El Libro de los Espíritus" vio la luz el 18 de abril de 1857. Esta primera edición se agotó en pocos días, llegándose a la decimosexta en vida de su autor. Este éxito propició la fundación de la Revue Spirite, publicando el primer número el 1 de enero de 1858, periódico espírita mensual que escribió hasta su muerte, dejando incluso preparado el número del mes siguiente a su desencarnación. Ese mismo año se funda legalmente la Sociedad de Estudios Espiritistas de París, que Rivail presidió hasta su muerte.

Podemos decir que "El Libro de los Espíritus" marcó el comienzo del Espiritismo. Con esta obra, se inició para el mundo la era espírita. En él se cumple la promesa evangélica del Consolador. Al decir esto afirmamos que "El Libro de los Espíritus" es el código de una nueva fase de la evolución humana. Y es exactamente esa su posición en la historia del pensamiento.

No se trata de un libro común que se pueda leer de un día para otro y después olvidarlo en el rincón de una biblioteca. Nuestro deber consiste en estudiarlo, meditarlo y consultarlo, leyéndolo y releyéndolo de continuo. Sobre él se levanta todo un edificio: el de la doctrina espírita, constituyendo la piedra fundamental del Espiritismo.

Con él surgió el Espiritismo y con él se propagó, imponiéndose y consolidándose en el mundo. Antes de él no había Espiritismo y ni siquiera existía esta palabra. Se hablaba del espiritualismo y neo-espiritualismo, de una manera generalizada. Los hechos espíritas, que siempre existieron, eran interpretados de los más diversos modos.

Está dividido en cuatro libros, los prolegómenos y la introducción a la doctrina espírita. Haciendo un profundo análisis de él nos daremos cuenta que los libros primero y segundo hasta el capítulo cinco, se refieren a él mismo, a su propio contenido.

Continuando con este metódico estudio probaremos que "El Libro de los Médiums", que trata con especialidad el aspecto experimental de la doctrina, tiene su fuente en el libro segundo de "El Libro de los Espíritus", a partir del capítulo seis hasta el final, siendo ampliada y reorganizada toda la materia que esta parte contiene en dicho libro, en especial lo referente al capítulo nueve: Intervención de los Espíritus en el mundo corpóreo.

Evidenciamos a su vez, que El Evangelio según el Espiritismo es una derivación natural del libro tercero, donde se estudian las leyes morales, tratando todo sobre la aplicación de los principios de la moral evangélica. Encontraremos incluso las primeras formas de “Instrucciones de los Espíritus”, comunes en el Evangelio.

"El Cielo y el Infierno" es por su parte, una derivación del libro cuarto, “Esperanzas y Consuelos”, donde se examinan los problemas relativos a las penas, goces terrenales y futuros. Incluyendo la discusión del dogma de la eternidad de las penas y el análisis de otros dogmas, por ejemplo, el de la resurrección de la carne y los Paraísos, Infierno y Purgatorio.

Continuando en nuestro estudio, comprobamos que "La Génesis, los Milagros y las Profecías" están relacionadas con los capítulos dos, tres y cuatro del libro primero, y capítulos nueve, diez y once del libro segundo, así como con ciertos fragmentos de capítulos del libro tercero, que tratan problemas genésicos y de la evolución física de la Tierra. Por su amplio sentido, que abarca al propio tiempo las cuestiones de la formación y desarrollo del globo terrestre, y las relativas a pasajes evangélicos y de las Sagradas Escrituras, La Génesis…, se ramifica de una manera más difusa que los restantes libros de la codificación.

Los pequeños libros de introducción al estudio de la doctrina, como "El principiante espírita" y "¿Qué es el Espiritismo?", que no se incluyen propiamente en la codificación, están asimismo relacionados de una manera directa con "El Libro de los Espíritus", derivándose de su “Introducción” y “Prolegómenos”.

Con todo lo expuesto queremos resaltar que Allan Kardec nos presenta la codificación como un todo homogéneo y consecuente, el andamiaje o estructura general de la doctrina, teniendo todas las obras posteriores a ella su punto de partida en el contenido del "El Libro de los Espíritus". Por eso, los vínculos que todos sus libros tienen, deben ser aclarados en profundidad por un estudio minucioso del contenido de las diversas partes de esta obra, en confrontación con las restantes.
Afirmando que "El Libro de los Espíritus" es la parte filosófica de la doctrina, siendo el aspecto de la misma más bien didáctico que propiamente de exposición filosófica, ya que Allan Kardec no era un filósofo, sino un educador, por lo que elabora el desarrollo de esta obra por las respuestas que los Espíritus ofrecían a sus propias preguntas, diciéndonos así que en rigor no fue escrita por él mismo, si no por los propios espíritus.

Aclarándonos este hecho que esta obra no es de modo alguno una doctrina personal, sino que es el resultado de la enseñanza directa de los Espíritus sobre los misterios del mundo donde estaremos un día, y sobre todas las cuestiones que interesan a la humanidad, ellos nos dan el código de la vida al trazarnos la ruta de la felicidad venidera.

Los espíritus anuncian que los tiempos designados por la providencia para una manifestación universal han llegado ya, y que, siendo ministros de Dios y agentes de su voluntad, su misión es la de instruir e ilustrar a los hombres, abriendo una nueva era a la regeneración de la humanidad.
"El Libro de los Espíritus" es la recopilación de toda su enseñanza. Es por eso que, el estudio de una doctrina tal como la Doctrina Espírita, que nos lanza de súbito a un orden de cosas tan nuevo y grande, sólo puede ser realizado con provecho por hombres serios y perseverantes, libres de preconceptos y animados por una firme y sincera voluntad de alcanzar un resultado positivo, caracterizando este estudio serio la continuidad con que se realice. El Espiritismo es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica. Como ciencia práctica, consiste en relaciones que pueden establecerse con los espíritus; como doctrina filosófica, comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejantes relaciones.

Es por ello que podemos definirlo así: “El Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus y de sus relaciones con el mundo corporal”.

Después de todo lo que hasta aquí hemos dicho, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que "El Libro de los Espíritus" ha cambiado la vida de muchas personas desde el momento en el que fue publicado. Un ejemplo de ello lo tenemos en los comentarios que podemos encontrar en la "Revista Espírita" de 1858 en la página 33.

Acerca de este libro, en un artículo, el Correo de París del 11 de julio de 1857 dijo entre otras cosas:
“El Libro de los Espíritus, del Sr. Allan Kardec, es una página nueva del propio gran libro del infinito, y estamos persuadidos de que se ha de colocar un señalador en esta página. Sentiríamos mucho si se creyera que hemos venido a hacer aquí una publicidad bibliográfica; si pudiésemos suponer que así fuera, quebraríamos nuestra pluma inmediatamente. No conocemos de manera alguna al autor, pero confesamos abiertamente que nos sentiríamos felices en conocerlo. Quien escribió la Introducción que encabeza El Libro de los Espíritus debe tener el alma abierta a todos los nobles sentimientos.

A todos los desheredados de la Tierra, a todos los que andan o que caen regando con sus lágrimas el polvo del camino, les diremos: Leed El Libro de los Espíritus, esto os hará más fuertes. También a los que están felices, a los que por la senda sólo encuentran ovaciones de la multitud o las sonrisas de la fortuna, les diremos: Estudiadlo, él os hará mejores.

El cuerpo de la obra –dice el Sr. Allan Kardec– debe ser atribuido plenamente a los Espíritus que lo han dictado. Está admirablemente clasificado por preguntas y respuestas. Algunas veces, estas últimas son simplemente sublimes: esto no nos sorprende; pero, ¿no ha sido necesario un gran mérito para quien supo obtenerlas?

Desafiamos a los más incrédulos a reírse mientras leen este libro en el silencio y en la soledad. Todo el mundo honrará al hombre que ha escrito su prefacio.

La doctrina se resume en dos palabras: No hagáis a los otros lo que no quisierais que os hagan. Hubiéramos querido que el Sr. Allan Kardec haya agregado: y haced a los otros lo que quisierais que os hiciesen. Mejor dicho, el libro lo dice claramente y, además, la doctrina no estaría completa sin ello. No basta con no hacer el mal, es necesario también hacer el bien.

¿Sois hombres de estudio y tenéis buena fe para instruiros? Leed el Libro Primero sobre la Doctrina Espírita.

¿Estáis colocados en la clase de personas que sólo se ocupan de sí mismas, que hacen –como se dice– sus pequeños negocios muy tranquilamente y que a su alrededor no ven nada más que sus propios intereses? Leed las Leyes Morales.

¿La desdicha os persigue encarnizadamente, y la duda os envuelve a veces con su brazo glacial? Estudiad el Libro Tercero: Esperanzas y Consuelos.

Todos vosotros que tenéis nobles pensamientos en vuestros corazones y que creéis en el bien, leed todo el libro”.

Estas palabras fueron escritas por G. DU CHALARD.

"Siguiendo en la Revista Espírita de 1858 encontramos cartas de agradecimiento a Kardec por la publicación de esta maravillosa obra: Señor. ……… ¡Sería imposible describiros el efecto que ha producido en mí: soy como un hombre que ha salido de la oscuridad; me parece como si una puerta hasta hoy cerrada se hubiese abierto súbitamente; ¡mis ideas han crecido en algunas horas! ¡Oh, cuán mezquinas y pueriles me parecen las miserables preocupaciones de la Humanidad, ante ese porvenir del cual yo no dudaba, pero que estaba tan oscurecido por los prejuicios que apenas lo imaginaba! Gracias a la enseñanza de los Espíritus, ese futuro se presenta con una forma definida, perceptible, mayor y bella, y en armonía con la majestad del Creador. Cualquiera que lea este libro –como yo– y medite acerca del mismo, encontrará allí tesoros inagotables de consuelos, porque abarca todas las fases de la existencia. En mi vida he tenido pérdidas que fuertemente me han afectado; hoy en día no me dejan ningún disgusto, y toda mi preocupación es emplear con utilidad el tiempo y las facultades para acelerar mi progreso, porque ahora el bien tiene un objetivo para mí, y comprendo que una vida inútil es una vida egoísta que no puede hacernos avanzar hacia la vida futura……….
Vuestro devoto servidor D.., capitán retirado."

"Señor, No sé cómo expresaros todo mi reconocimiento por la publicación de El Libro de los Espíritus, que anhelo por volver a leerlo. ¡Cuán consolador es para nuestra pobre Humanidad lo que vos nos habéis hecho saber! Por mi parte, os confieso que ahora soy más fuerte y más valiente para soportar las penas y las dificultades vinculadas a mi pobre existencia. Ya he compartido con varios de mis amigos las convicciones que he extraído de la lectura de vuestra obra: todos ellos se sienten muy felices, porque ahora comprenden las desigualdades de las posiciones sociales y no murmuran más contra la Providencia; la esperanza cierta de un porvenir más feliz, si proceden bien, los consuela y les da coraje."

"Señor, quisiera seros útil; no soy más que un pobre hijo del pueblo que se ha hecho una pequeña posición por su trabajo, pero que carece de instrucción, habiendo sido obligado a trabajar desde muy joven; por lo tanto, siempre he amado a Dios y he realizado todo que he podido para ser útil a mis semejantes; es por eso que busco todo lo que pueda contribuir a la felicidad de mis hermanos. Vamos a reunirnos varios adeptos que estábamos dispersos; haremos todos nuestros esfuerzos para secundaros: habéis levantado el estandarte y nuestra tarea es seguiros; contamos con vuestro apoyo y vuestros consejos.

Señor, soy, si me atrevo a decirlo, vuestro hermano, con devoción.                           
C..."

Al igual que estas personas que en su momento dieron gracias por poder beneficiarse de tener entre sus manos este gran legado, nosotros hoy día, favorecidos por esta grandísima herencia ¿Agrademos realmente poder tener el conocimiento que él nos imparte? ¿Somos conscientes de la responsabilidad que tenemos ante nosotros por esta grandiosa sabiduría que nos ha iluminado nuestro camino? Si aún no lo hemos hecho es tiempo de ello, so solo dando las gracias, si no haciendo que esta luz que nos ilumino a nosotros llegue a todas partes y sea el consuelo que las almas afligidas tanto necesitan.
Acordémonos siempre que no se trata tan sólo de Kardec, ni de este o de aquel otro espíritu en particular, como tampoco de un grupo de hombres, sino que es toda una falange de espíritus, enviada a la Tierra en cumplimiento de la promesa de Jesús, la que constituye la fuente espiritual de "El Libro de los Espíritus".

Este viene siendo leído y meditado en el mundo entero, pero poco cuidado se ha puesto en analizarlo en sus múltiples implicaciones y en su significación más profunda.

Sir Oliver Lodge, el gran físico inglés y una de las más altas expresiones de la cultura científica, en su libro acerca de la inmortalidad personal consideró al Espiritismo como “una nueva revolución copernicana”. Y León Denis, el sucesor de Kardec, legítima expresión de la cultura francesa, en el Congreso Espírita Internacional de París, celebrado en 1925, y en su libro "El Genio Céltico" y el "Mundo Invisible", publicado dos años después, proclamó que “El Espiritismo tiende a reunir y a fundir, en una síntesis grandiosa, todas las formas del pensamiento y de la ciencia”.

Por eso sintámonos afortunados de haber podido acceder a esta gran revelación, seamos merecedores de ello, convirtiéndonos en estandartes de esta consoladora doctrina, llevando el Espiritismo a todos aquellos que estén cerca de nosotros, hagamos un profundo estudio de "El Libro de los Espíritus" para que realmente podamos comprender las verdades que los espíritus nos han querido transmitir en él. De esta forma mostremos nuestro reconocimiento por la oportunidad que se nos está dando, convirtiéndonos además en buenos instrumentos a la hora de expandir su mensaje.

Conchi Rojo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

miércoles, 1 de mayo de 2019

Filosofía natural

Filosofía natural



Estudiando la filosofía Natural o Naturista (base de la Medicina Natural) y Espiritista, vemos que tienen muchos puntos en común. En unos aspectos son hermanas puesto que ambas doctrinas estudian la Ley Natural o Universal y en otros complementarias, puesto que su estudio parte desde fuentes diferentes. Ambas doctrinas tienen tres partes, filosófica, científica y moral (consecuencias morales de su estudio). La parte filosófica nos abre las puertas en la búsqueda del conocimiento que luego podrá ser confirmado persistiendo por la vía científica para poder obtener conclusiones morales que nos ayuden en nuestro camino evolutivo.

En el libro "Medicina natural en 40 lecciones" del Dr. Eduardo Alfonso, encontramos los principios básicos de la filosofía naturista, muchos de ellos, como la Ley de Evolución y la Ley de Causa y Efecto, igualmente estudiados por la filosofía espírita.

El estudio de la naturaleza demuestra un orden natural regido por leyes que al hombre le corresponde ir descubriendo mediante el examen y la comparación de los hechos. Ese orden natural en su conjunto establece una relación bidireccional entre las partes y el todo, el universo, estableciendo la Armonía. Armonía que es mantenida mediante al cumplimiento de las Leyes Universales y que es quebrantada cuando dichas leyes se transgreden. Algunas de las leyes que vemos en el orden natural son las siguientes:

Ley del Movimiento: todo se mueve en el universo. La vida es movimiento cíclico y vibración, con momentos de reposo y agitación, así como "el día y la noche, el sueño y la vigilia, la vida y la muerte, la inspiración y la expiración, la sístole y la diástole, etc., son grandes vibraciones de la Naturaleza, análogas en un todo a las del sonido, la luz, la electricidad, etc., en el mundo de lo pequeño".
Ley del Amor: El Amor es el origen de la Armonía general del Universo, causa de toda creación y principio de toda creación y atracción general entre todas las criaturas. El verdadero amor siempre implica la relación de unión armónica entre las criaturas con la finalidad de la evolución en todos los planos de la existencia, material, psíquica y espiritual. "El Amor, pues, supone la renuncia de sí mismo en bien de todo lo que no es uno mismo, y para manifestarse requiere la conciencia de que todos los seres son hermanos, como salidos del mismo Origen".

Ley de Evolución: "Todo lo existente lleva inmanente la tendencia y fuerza para convertirse en algo superior."  La ley del Amor sería el motor que mueve a todas las criaturas hacia la unión con lo superior por medio de la evolución y el perfeccionamiento, primero de sus funciones físicas, luego perfeccionando las funciones intelectuales y finalmente las espirituales.

Ley de ciclos: "Todo lo existente evoluciona por ciclos". La vida y la muerte en sí mismos son un ciclo que sirve de frontera entre ciclos interiores de la vida y los exteriores del espíritu. La vida está llena de procesos cíclicos que no se detienen ni cuando llega la muerte. La respiración, el ritmo sanguíneo, el sueño y la vigilia, el sistema simpático y parasimpático, etc.

Ley de Finalidad. "La evolución tiene un sentido finalista... de índole transcendental y metafísica". Todo evoluciona hacia estados de consciencia más elevados, perfeccionado tanto la materia como la inteligencia. La Naturaleza demuestra una inteligencia más allá de la casualidad que da sentido a lo creado.

Ley de Jerarquía. La escala de la evolución en misma es una jerarquía. El espíritu rige la materia, la inteligencia sobre el cuerpo, el cerebro sobre los miembros, el órgano sobre la célula, etc.

Ley de Armonía. Toda existencia exige una interrelación armoniosa entre las partes y el todo. Sin armonía se acerca la decrepitud y la muerte. Las funciones de los órganos solo tienen sentido considerando el bien común de todo el conjunto. Las personas somos como órganos para la familia, la familia para la sociedad y las sociedades para la humanidad.

Ley de Adaptación. Todos los seres se adaptan al medio que les rodea, modificándose recíprocamente con el medio en el tiempo y propiciando la Ley de Evolución.
Ley de Selección. Toda evolución en la naturaleza conlleva una superación y una supervivencia sobre lo no evolucionado formando un proceso selectivo natural, donde siempre perdura lo más sano, más fuerte, más sabio, más inteligente y más bueno.

Ley de Herencia. Todos los seres adquieren o heredan caracteres físicos y psíquicos de sus progenitores.

Ley de Analogía. Las leyes se proyectan en todas las dimensiones de la existencia, manifestándose de forma análoga en lo grande como en lo pequeño, en lo físico y tangible como en lo metafísico e invisible. En los distintos aspectos de la vida rigen las mismas leyes. La corriente electromagnética sigue principios análogos a la corriente hidráulica, los siete colores del arcoíris son como las siete notas de una escala musical, la energía en porciones minúsculas se puede comportar como corpúsculos de materia, el calor y la cantidad de movimiento se pueden almacenar en sistemas análogos, etc.

Ley de los Contrarios. Toda percepción depende de cierto grado de un contraste, de una diferencia o de una variación en el medio percibido. En todo contraste hay dos límites, uno por exceso u otro por defecto que podemos considerar contrarios. Todo, en nuestro nivel de percepción material e intelectual, es polar.

Ley de Causa y Efecto. "Todo acto o fenómeno tiene una causa productora, como a su vez produce también un efecto (el cual no es sino la causa reproducida en otra forma)". La causalidad se opone a la casualidad determinando nuestro destino, haciéndonos responsables de nuestras propias decisiones y actos, modificando el medio y las circunstancias donde nos movemos para alcanzar el máximo cumplimiento de dicha ley, sin menoscabar la Ley de Justicia, generando a su vez las experiencias necesarias para el aprendizaje de la ley natural y así del error.

Ley de Necesidad o Utilidad. "Todo ser o acto responde a una necesidad o utilidad dentro del plan universal de la Evolución. La Naturaleza no crea nada inútil". La experiencia nos muestra los principios biológicos de que todo órgano que no funciona se atrofia junto a la función hace al órgano, mostrando que el camino de la evolución se abre paso a paso, con economía sin malgastar energías esenciales.

Ley de Desigualdad. "El movimiento tiene por único origen una desigualdad (o excitación)". Toda desigualdad tiene al equilibrio generando un movimiento en busca de un estado de menor energía (o mayor economía). La armonía nunca puede componerse de una única nota sin ser monotonía. En la variedad está la posibilidad de establecer interrelaciones armoniosas que en conjunto superan a cada una de las partes.

El conocimiento nos hace responsables ante la ley natural, aunque su ignorancia no nos exime de sus consecuencias. Estudiemos la Ley Natural en todas sus dimensiones, material, psíquica y espiritual, para perfeccionarse y evolucionar en camino recto, en lo posible.

La salud física, emocional, mental y espiritual depende directamente del cumplimiento real de las Leyes Naturales.

La medicina natural nos previene del peligro de ingerir toxinas que debiliten nuestro cuerpo, así de la extenuación de nuestras energías esenciales derrochándolas dando gusto a sus apetitos y pasiones.
El Espiritismo paralelamente, nos dice lo mismo en el plano espiritual y emocional, donde también debemos apartarnos de ingerir toxinas o incluso crearlas, a la par de que tenemos que adquirir hábitos saludables espiritualmente que nos liberen de las que ya tenemos arraigadas. Las Leyes Naturales se proyectan en todas las dimensiones creándonos constantemente oportunidades de crecimiento y liberación que dejamos escapar cuando anteponemos nuestros propios intereses, los de nuestro psiquismo, frente a los intereses reales de nuestro espíritu, grabados en el fondo de nuestro corazón, nuestra conciencia, firme reflejo de la voluntad de Dios, nuestro creador y padre.

El verdadero naturista, tanto físico como espiritual, es el que colabora con la Naturaleza y la Ley Suprema en todos los niveles de la evolución. "Es bueno, constructivo, armónico y biológico todo lo que favorezca o ayude a la ley evolutiva, pues como dijimos al principio, toda idea de retroceso es antinaturista". Comer sin destruir, vivir sin desperdiciar, construir armoniosamente, relacionarse virtuosamente, buscar el bien, lo bello y lo verdadero son principios que nos han de guiar, al ser dictados por la experiencia y la razón, preparándonos para nuevas etapas evolutivas que nuestra mente todavía no puede concebir.

Jose Ignacio Modamio Rica
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"