martes, 28 de agosto de 2018

Las tres revelaciones

Las tres revelaciones




Revelación es el proceso por el cual una verdad oculta sale a la luz. Aparecen en todas las grandes civilizaciones y en ocasiones de forma sucesiva complementándose. Es lo que sucede en la civilización occidental de raíces judeocristianas con nada menos que tres grandes revelaciones, la Ley de Moisés, el Evangelio de Jesús y la Codificación Espírita de Allan Kardec. Cada una de las revelaciones prepara a la siguiente para una nueva etapa de conciencia que despierta apareciendo en el justo momento en el cual dispone de las suficientes personas sensibilizadas para recibirla.
La primera revelación fue la de Moisés y nos trajo la Ley Natural resumida en los Diez Mandamientos del Decálogo preparando al ser humano para el ascenso espiritual a través de la disciplina. La segunda revelación, con Jesús, vino en el momento en el que había que empezar a despertar hacia la realidad espiritual implantando el mensaje del amor en el fondo de los corazones. La tercera revelación nos trajo el conocimiento de las verdades espirituales a través de la Filosofía y Ciencia Espírita. La Filosofía Espírita como alimento para nuestra alma y la Ciencia Espírita como alimento para nuestros sentidos e intelecto, palpando los fenómenos físicos de la mediumnidad e impulsando a nuestra inteligencia en búsqueda de la comprensión de las leyes espirituales.

La primera revelación


La primera revelación de Moisés nos dejó el Decálogo como primera guía de comportamiento moral, necesario para la etapa siguiente de progreso espiritual. El resto de leyes de carácter material que dejó Moisés para su pueblo, sobre pureza, alimentos, etc., fueron necesarias como medida educativa debido al profundo materialismo predominante en aquella época.

Tuvieron que pasar muchos siglos e integrar conocimientos espirituales de otras culturas para el que pueblo judío estuviera preparado para la llegada de la segunda revelación con Jesús. Incluso en época de Jesús muchos judíos, como los saduceos, no creían en ninguna realidad espiritual.
En un principio los judíos no concebían la idea del alma, ni de la vida futura, ni espiritual, únicamente la existencia de una única vida material. Poco a poco fueron introduciendo e incorporando ideologías provenientes de otros pueblos con los que tenían relación como los griegos, caldeos y egipcios.

Probablemente el mayor cambio ocurrió en el siglo VI a.C. después de la ocupación del Reino de Judá por Babilonia y de la primera destrucción del templo de Jerusalén. Fueron exiliados gran parte de los hebreos junto con sus jefes a Babilonia donde, como defensa, ante el sentimiento de pérdida de la independencia, evolucionaron su antigua religión israelita hasta el origen próximo del actual judaísmo, albergando esperanzas en un mesías salvador e incorporando importantes conocimientos y creencias como la existencia de un mundo espiritual y la dualidad entre el bien y el mal. En aquella época probablemente adoptaron o asentaron como propia la angelología caldea.

De los egipcios adoptaron la creencia de que el rey era un hijo de Dios equivalente al faraón egipcio y la esperanza en la llegada de un mesías salvador hijo de Dios y rey de los judíos.

De los griegos, especialmente de Platón y los Órficos, aceptaron también la dualidad cuerpo y alma, la vida futura, la creencia en el cielo y el infierno (tártaro), la idea de la resurrección y en círculos gnósticos también la reencarnación gracias a la influencia de la escuela pitagórica.

Después de la muerte de Alejandro Magno, el pueblo judío quedó en manos de los Ptolomeos y posteriormente de los Seléucidas, llegando a mediados del siglo II a.C. cuando con motivo de la revuelta de los Macabeos, intentado su liberación de dominación griega, se potenció la idea de la retribución en el más allá por el sacrificio realizado, para lanzar al pueblo a la guerra con mayor esperanza.

El fuerte sentimiento antiheleno estando bajo la ocupación seléucida que llegó a prohibir la enseñanza y práctica del judaísmo, impidió que el pueblo creyera abiertamente en la reencarnación, reforzándose en su lugar la idea de la resurrección de la carne, más propia del pensamiento judío, quedando la creencia en la reencarnación únicamente en círculos judíos helenistas.

Incluso las religiones mistéricas, como los misterios griegos de Serapis, Eleusis y Adonis o persas como los misterios de Mitra, ejercieron una importante influencia espiritualizadora al remarcar la importancia de la salvación del alma después de la muerte, aunque las verdaderas enseñanzas espirituales eran reservadas para muy pocos, sus iniciados.

Una vez que ciertas ideas espirituales hubieron calado en el pensamiento hebreo, se pudo dar la segunda revelación.

La segunda revelación que vino a través de Jesús completó a la primera mediante la ley del Amor predicando la cercanía e importancia del Reino De Dios. Jesús hablaba del Reino de Dios a través de parábolas, pero en ningún momento explicó qué era, sin contrariar el concepto que los judíos ya tenían de ello.

Para los judíos del siglo I, el Reino de Dios en una primera fase sería en la Tierra, traído por el mesías y en una segunda fase seria en el cielo, después del juicio final. Durante la primera fase será una época de abundancia material, paz y veneración a Dios y durante la segunda fase habrá un juicio final con la separación de las almas, con su cuerpo espiritualizado pero todavía material en parte, capaz de sufrir los tormentos del infierno o de disfrutar los goces del Cielo.

La segunda revelación


La segunda revelación dio origen a muchos cristianismos distintos, aunque la historia nos ha dejado muy pocos. Al principio todos los seguidores de Jesús eran judíos puesto que Jesús únicamente predicó para ellos, pero enseguida su mensaje caló hondo en el mundo heleno, fuera de Israel en numerosos gentiles llamados "temerosos de Dios" que frecuentaban las sinagogas y eran atraídos por la rectitud y la moral judía. Estas provincias tenían sinagogas con judíos procedentes de la diáspora con mentalidad más abierta y simpatía por el saber y la cultura griega. Muchos de estos judíos helenistas y "temerosos de Dios" fueron receptivos al mensaje de Jesús y estaban bien preparados para entender los conceptos espirituales transmitidos por Jesús, al estar familiarizados con las creencias griegas y especialmente platónicas y órficas, formando el grupo de los cristianos helenistas.

Enseguida surgieron las primeras diferencias entre los judeocristianos de Jerusalén y los cristianos helenistas del resto de provincias romanas. Los helenistas tenían la necesidad de divinizar a Jesús para no estar con desventaja con el resto de religiones griegas y los cristianos judaizantes se veían como una secta judía, que seguía a un mesías humano, no divino, y que tenía que cumplir con todos los preceptos judíos como el de la circuncisión, leyes de los alimentos y pureza, incluso para los nuevos conversos.

Con Pablo, el cristianismo helenista tomó una nueva dimensión. La primera victoria vino cuándo en el concilio de Jerusalén, celebrado alrededor del año 50 d.C, consiguió el consenso con los judeocristianos que eximía a los nuevos conversos de la necesidad de cumplir de forma completa la Ley de Moisés, liberándoles de las obligaciones relativas a la circuncisión, leyes de pureza y alimentos.

La segunda victoria de Pablo fue cuando, después de muchos viajes y predicaciones, los helenistas que probablemente ya creían en un Jesús divinizado, adoptaron su nueva teología donde se divinizaba a Jesús el mesías desde el momento en que ascendió a los cielos, justificando su aparente derrota en la cruz como muerte vicaria (entregándose para salvar al mundo de sus pecados) y garantizando la salvación por la fe. Estas reformas en el pensamiento cristiano fueron las necesarias para amoldarlo a las necesidades de los gentiles, garantizando al mismo nivel  la salvación y la vinculación con Dios, que el resto de religiones paganas y mistéricas que ya llevaban siglos haciéndolo aparentemente con éxito.

Por otra parte, el cristianismo judeocristiano solo podía tener éxito entre los propios judíos puesto que su conversión todavía suponía hacerse judío, con el peligro que conllevaba la circuncisión y las incomodidades de llevar una vida llena de obligaciones externas.

La rebelión contra Roma en los años 67-70 que determinó la destrucción de Jerusalén y de su templo por segunda vez, fue prácticamente el final de grupo de judeocristianos o cristianos judaizantes, aunque todavía pudieron perdurar varios siglos fuera de Jerusalén varios grupos de ellos llamados ebionitas y elkasaitas.

El tercer grupo de mayor importancia fueron los gnósticos, que influenciados por el gnosticismo judío, caldeo y griego integraron a Jesús como el Logos en la su teoría sobre Dios y la creación del Universo, creyéndose poseedores de la verdad y el conocimiento. Sus teorías no estaban al alcance de la comprensión de todo el mundo y llegaron a diferenciar a la humanidad entre seres hílicos (materiales), psíquicos y espirituales, siendo ellos, los espirituales, los únicos capaces de entender la “Verdad” gracias al conocimiento, diferenciando a los materiales, que como los animales solo tenían cuerpo, no creían en Dios y no se podían salvar, los seres psíquicos que tenían solo cuerpo y alma, que creyendo en Dios y cumpliendo la Ley se podían salvar y finalmente los seres espirituales que tenían cuerpo, alma y espíritu, eran los que estaban realmente preparados para alcanzar la salvación y la verdad gracias a la gnosis.

En general se puede decir que los gnósticos creían en la reencarnación (salvo los marcionistas), como así lo demuestran escritos como:

- El apócrifo “Apocalipsis de Pablo”, donde relata el viaje de Pablo por los cielos y lo que ocurre cuando pasa por el cuarto cielo, siendo testigo del castigo de un alma juzgada por asesinato, cuando dicha alma mira con tristeza hacia abajo (la Tierra) y es “echada” a un nuevo cuerpo que había sido preparado para ella.

- El “Pistis Sophia” (Del griego “Fe Sabiduría”), donde las almas después de desencarnar serían juzgadas para ver si tienen que ser enviadas de vuelta al mundo para reencarnar y mejorarse, explicando además la doctrina de las recompensas y castigos que determina nuestro destino como resultado de las acciones de nuestras vidas pasadas, explicando como la Tierra, así como el infierno, es un lugar de educación a través del dolor y el sufrimiento.

- Y el “Evangelio apócrifo de Juan” (ApocrJn 14,18-20) cuando pregunta a Jesús: “18 Yo dije: Señor, ¿cómo puede el alma volverse joven otra vez, y regresar al vientre de su Madre, o a la Humanidad?… 20 Este alma necesita seguir (reencarnando una y otra vez) a otra alma en la que mora el Espíritu de la Vida, porque se salva a través del Espíritu. Entonces jamás volverá a ser introducida en la carne (no volverá a reencarnar al alcanzar la perfección)”.

Pasaron los años y de todos estos grupos en la práctica sólo quedaron los seguidores de Pablo, pero modificando progresivamente el mensaje tanto de Jesús como de Pablo, para separar definitivamente el nuevo cristianismo del judaísmo y también para establecer una jerarquía encarga de velar y proteger la interpretación de las escrituras que escogieron, formando el canon de los cuatro evangelios, cuidándose además de los falsos profetas (aun acallando también a los buenos profetas) e intentando encauzar el pensamiento religioso hacia una unidad ortodoxa.

Se añadieron referencias en los textos sobre la creación de la Iglesia y sobre Pedro como primera piedra, con el poder de atar y desatar en la Tierra y en el Cielo. La palabra griega ecclesia significa simplemente asamblea y en los textos originales no tenía el significado que se dio posteriormente como conjunto de todos los cristianos regidos con una jerarquía y un canon establecidos. Los textos que implican un significado moderno son claramente interpolaciones añadidas mucho después cuando fue necesario justificar la creación de una única iglesia frente a todas las creencias que a partir de entonces serían llamadas herejías.

También se dio forma a los textos para evitar ver una continuidad en la ley y mostrar una ruptura dejando entrever que la nueva ley contradecía a la antigua ley, de forma que se podía justificar no una continuidad con el judaísmo sino una ruptura y la creación de una nueva religión independiente. Por ello se interpolaron en las escrituras textos como "Habéis oído que se dijo a vuestros antepasados....  ... pero yo os digo” (Mateo 5:21-48).

En la misma línea, aunque Jesús fue un perfecto judío, se hizo especial énfasis en mostrar un Jesús saltándose las leyes judías del sábado ("El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado" Mc 2,23-28), leyes de alimentos y limpieza (pureza ritual). De esta forma se pudo integrar más fácilmente el catolicismo en el Imperio Romano (Constantino 313 d.C.), pasando la festividad del sábado al domingo para coincidir con la festividad romana y permitiendo comer alimentos prohibidos por el judaísmo ("No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre", Mt 15:11).
Cuando el emperador Constantino, a través del Edicto de Milán, en el 313, declaró la libertad de culto del cristianismo y posteriormente el emperador Teodosio, a través del Edicto de Tesalónica, declaró al Cristianismo como religión oficial y única religión lícita, la llegada de golpe de millones de conversos paganos implicó la integración de muchas de sus creencias y conceptos, en un proceso de sincretismo religioso que terminó creando muchas festividades, cultos, imágenes y conceptos traídos del mundo pagano.

Para aceptar el concepto de la Trinidad, ya existente en los hindúes, babilonios y egipcios, se tuvo que adelantar la divinización de Jesús, no al momento de su ascensión a la derecha del Padre, sino al principio de la creación siendo el Logos de los griegos y gnósticos, así como convertir el concepto judío de “rúaj hakódesh” (espíritu de santidad) en el Espíritu Santo o tercera persona de la Trinidad. El concepto judío “rúaj hakódesh” o espíritu de santidad no es un ser sino un estado de inspiración divina que podemos alcanzar entrando en unión con Dios. Las escrituras griegas utilizaron el término “hagios pneumatos”, espíritu sagrado, y en latín los términos “spiritum bonum” (Lc. 11:13) y “spiritum sanctum” donde el adjetivo bueno y santo, terminó transformándose en parte del nombre, simplemente al ponerlo en mayúsculas como Espíritu Santo.

El culto a la Virgen de la Naturaleza, el principio de la fecundidad natural presente en casi todas las religiones del mundo antiguo, Isis para los egipcios, que seguía siendo virgen pese a haber dado a luz a todas las cosas vivas, el cristianismo lo metamorfoseó en el culto a la Virgen María, casi divinizando su figura como madre de Dios.

La festividad del 25 de diciembre, cumpleaños del dios Sol de los páganos y dios Mitra para los persas, naciendo en una gruta, se transformó en el nacimiento del niño Jesús, naciendo en un establo, con la visita de los reyes magos que eran para los astrónomos persas, las tres estrellas que forman el cinturón de Orión.

Conforme las estructuras jerárquicas iban cogiendo más poder, más se limitaba la interpretación y el don de profecía, relegando la interpretación únicamente a los maestros y obispos. Al bloquear la expresión de la inspiración espiritual a través de la profecía, las ense-ñanzas cada vez tenían un menor componente carismático empezando a imponerse, más tarde incluso por la fuerza, la interpretación literalista de las escrituras. La interpretación literal era difícilmente discutible e ideal para imponer una teología que dominara al pueblo. Este hecho fue visto muy claramente por el emperador Constantino que utilizó el nuevo cristianismo literal para mantener el Imperio Romano unido con una única Fe.

Cuando el poder se unió a la Iglesia se impusieron normas, dogmas y creencias nuevas y lo que es peor, se persiguieron prácticamente al resto de interpretaciones como herejías.

La tercera revelación


El espiritismo, la tercera revelación, nos puede dar mucha luz al respecto de la historia del cristianismo.

Hemos comentado que la llegada del Reino de Dios para los judíos del siglo I consistiría en dos fases. La primera, material llena de abundancia que puede ser comparada con el concepto espírita de mundo de regeneración, donde el bien predomina sobre el mal y la dicha sobre el dolor todavía aquí en la Tierra en una nueva fase evolutiva. La segunda fase, espiritual, que llega después del juicio final, podría compararse con la transformación en un mundo feliz, donde "el cuerpo carece de la materialidad terrestre", el mal ha sido completamente apartado (de ahí un supuesto juicio final) y la vida es una oportunidad más de aprendizaje camino hacia el estado de espíritu puro.

Las enseñanzas que Jesús nos dejó como la Ley del Amor, la paternidad de Dios Padre, la proximidad del Reino de los Cielos, las múltiples moradas en la casa del Padre, la reencarnación renaciendo del agua y del espíritu como Elías en Juan Bautista, etc., son nuevamente recordadas, y por fin abiertamente explicadas a la humanidad, a través de la tercera Revelación, el Espiritismo o Doctrina Espírita codificada por Allan Kardec.

Las enseñanzas de Pablo sobre un cuerpo espiritualizado abandonado el cuerpo material tras la desencarnación, son verificadas por la Ciencia Espírita en sus estudios sobre el periespíritu.
El concepto judío de “rúaj hakódesh”, la inspiración divina, que Pablo transmitió como don de lenguas y profecía (1 Co 12,4-11), según la Ciencia Espírita, es la inspiración de Dios transmitida por los espíritus buenos (“spiritum bonum”) que nos asisten, a través de la facultad de la mediumnidad.
Tanto la diversidad de carismas (1 Co 12,4-11) como la multitud de fenómenos mediúmnicos de apariciones, materializaciones (Jesús por ejemplo, a veces se aparecía con un cuerpo tangible y otras intangible), curaciones y expulsión de espíritus obsesores que encontramos en las escrituras muestran el importante papel que tuvo la mediumnidad para fortalecer el conocimiento espiritual y la Fe en Jesús, e impulsar el crecimiento de los cristianismos primitivos (judaizantes, helenistas y gnósticos), casi inexplicable por otro medio, superando incluso años de persecuciones.

Con el importante impulso que la mediumnidad bien practicada da, en todos los tiempos, a la Fe razonada, parece completamente lógico pensar que, en los tiempos del cristianismo primitivo, conforme se fue prohibiendo su práctica, por las nuevas jerarquías de poder eclesiástico, se fue extinguiendo también la Fe razonada que se alimentaba viviendo personalmente los mismos fenómenos que habían presenciado los apóstoles con Jesús, apareciendo la imposición de creencias por la fuerza con nuevos dogmas que establecieron el principio de una nueva época donde la Fe ciega se impondría implacablemente hasta finales del siglo XIX y prácticamente hasta nuestros días…

…Pero no será así siempre, porque llegará el tiempo en que "...yo derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes tendrán visiones, y vuestros ancianos tendrán sueños. – En aquellos días, yo derramaré de mi Espíritu sobre mis servidores y sobre mis servidoras, y ellos profetizarán. (Hch 2, 17-18)" y la mediumnidad será común en la Tierra, pero no una mediumnidad desequilibrada, fruto de los errores pasados, sino una mediumnidad intuitiva y equilibrada, interconectándonos con el conocimiento espiritual que se derrama al entrar en unión con los mundos superiores en base a la gran Ley de Unidad que rige toda la Creación.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

sábado, 25 de agosto de 2018

Hijos del futuro

Hijos del futuro



Somos espíritus inmortales. Nuestro crecimiento, nuestra evolución anímica se pierde en la noche de las edades. No hemos solo  habitado este globo, cuyo inicio es mesurable y sabemos. Sino que nuestro psiquismo ha llevado una larga secuencia evolutiva que ignoramos. Nos hablan algunas comunicaciones de «los exiliados de Capela», aquel hipotético mundo en la constelación del Cochero o Boyero. Y cierto que nuestro inconsciente colectivo, nuestra mente primordial, en todas las culturas antiguas dejó constancia de un «paraíso perdido», o de «una edad de oro» y posterior degeneración de sus costumbres.

Allan Kardec nos habla de comunicaciones de espíritus que dejaron su impronta en la evolución cultural de la Tierra, como habitando en otros mundos más felices: más elevados en todos los sentidos. Estas personalidades que pasaron más penalidades que goces en nuestro querido planeta, de algún modo en su fuero íntimo, se sentían distintos a sus coetáneos; de ahí esa expresión tan usada «era un avanzado a su tiempo». Seguramente lo único que hacían era traer aquellos conocimientos vulgarizados en la esfera que le es propia, y aquí en este mundo inferior al suyo, dar un poco de luz para ayudarnos a avanzar. Estas pruebas para tales espíritus, pueden ser pedidas por ellos mismos para avanzar más rápido, como una especie de erasmus universitario; o bien ser aconsejadas por espíritus mentores, a sabiendas del beneficio que les puede proporcionar en su avance.
En esos mundos más elevados, la materia es menos grosera, por tanto la comunicación con el plano espiritual es más fluida, más habitual. Basta la concentración, mediante oración o meditación, para mantener una conversación de inteligencia a inteligencia.

Por eso al encarnar en globos inferiores inteligencias superiores, sentimos verdadero pábilo y en nada idolatramos, como si de entidades celestiales se tratara, a este nuevo Olimpo de genios en las ciencias o en las artes.

Sin embargo, la Tierra como otros tantos mundos en fase transitoria, son como una gran ciudad donde conviven habitantes de muy diversas procedencias. Siendo por tanto ocioso tratar de ver quién conserva más raíces, o quien es hijo de inmigrantes y está bien aclimatado ya a nuestras costumbres. La inmensa mayoría de nosotros, ya llevamos unos cuantos milenios en este globo, por lo que con derecho nos podemos llamar ciudadanos del mismo, y no añorar una hipotética patria perdida, de la cual ni recordamos el nombre. Ahí seríamos auténticos extraños.

Hoy comprobamos que los avances tecnológicos nos están cambiando el modo de percibir el mundo. A veces sentimos un estremecimiento y podemos aferrarnos a aquello que nos resultaba válido y útil antaño. Sin embargo, somos hijos del futuro, no del pasado. En las moradas espirituales se estudia lo que aquí ignoramos, y el mundo invisible colabora con el terrenal para el avance en todos los campos. Al volver ahí seguimos con nuestras tendencias, con aquellas costumbres que nos hacen sentirnos más cómodos, pero sin ignorar los nuevos avances. Nuestra memoria, libre del peso carnal, está nuevamente ligera, ávida de conocimientos. Pero nuestra alma, necesita aclimatarse. Pues los años en la materia, los condicionamientos mentales adquiridos, no se deshacen por arte de magia, ni es productivo violentarlos. Por ello, si queremos escribir en el mundo espiritual lo haremos a bolígrafo, con máquina de escribir o con ordenador, y nos sorprenderemos de ver a otros que siguen usando pluma y tintero, pues llevan más tiempo que nosotros en el mundo espiritual, aguardando poder encarnar.

Todo es inteligencia. Llegaremos a ser constructores de mundos. No estamos más que en los inicios parvularios de nuestra evolución anímica. Habiendo ya dejado atrás el período latente de embrión y los primeros balbuceos como neonatos. Por eso, cuando veamos despuntes de luz en personajes de épocas pasadas, pensemos en realidad en espíritus amigos que vinieron a traernos algo de otros mundos mejores, envueltos en las posibilidades que el manto de la época y las costumbres les permitieron. Espíritus cuya evolución de entonces muchos de nosotros todavía no hemos alcanzado, y por tanto nos maravillamos todavía con su sabiduría y quehacer. Y en cambio otros, son claros hijos de una época, inteligencias ancladas en el espíritu de su momento, obsoletos sus pensamientos, mera curiosidad histórica, como piezas de costumbrismo mental.

De estos últimos poco más que añadir, son nuestros propios pasos, nuestros ejercicios en cursos pasados, que nos hacen ver que vamos mejorando lentamente, pero de forma progresiva en conocimientos y en conciencia moral, y digo conciencia, pues en comportamiento todavía nos falta mucho.

En cambio los primeros, tenían otro factor a su favor, la facilidad con la que podían captar la influencia del mundo invisible. Apropiándose ideas que nacían de aquel sano dialogar entre la inteligencia encarnada y el guía desencarnado. No es para nada un secreto que Sócrates se quedara parado como en éxtasis muchas veces, y luego dijera que había estado hablando con su daimon. O que muchos artistas soñaran con imágenes y melodías, o sintieran como al oído le iban dictando o sugiriendo las bellas composiciones, que eufemísticamente atribuían a las musas, las cuales hasta tenían un nombre concreto según fuera el arte o ciencia inspirada.

La humanidad toda es una gran hermana espiritual, todos los mundos confluyen como múltiples ciudades que se coadyuvan en la evolución, aportando cada una la materia prima en la cual es más próspera. Pues el fin es el mismo, la evolución del alma, la elevación vibratoria de los mundos para captar las esferas felices y constructivas. Por eso, presente, pasado y futuro son una hermandad de tiempos, que solo cuando nuestra mente está desprendida de la fijeza de ideas ambientes, temerosa de los cambios, que nos envuelve, es capaz de vislumbrar lo bello del pasado para aprovecharlo en el presente y aspirar al futuro como una época de mayor comprensión, evolución y sabiduría. Ya sea en este mundo, ya sea en otros aptos a nuestras capacidades.

Jesús Gutiérrez Lucas

miércoles, 22 de agosto de 2018

Comentarios sobre mediumnidad

Comentarios sobre mediumnidad



Ciertas personas consideran, equivocadamente, la mediumnidad como un fenómeno de los tiempos modernos, cuando en realidad pertenece a todos los siglos y a todos los países.

Desde las edades más remotas han existido relaciones entre el mundo de los vivos y el de los espíritus. Si interrogamos a los vedas de la India, si observamos los templos del Egipto, los misterios de la Grecia, los recintos de piedra de la Galia, los libros sagrados de los grandes pueblos, en todas partes, en los documentos escritos, en los monumentos y en las tradiciones, encontraremos la afirmación de un hecho que ha subsistido a través de las vicisitudes de los tiempos, y este hecho es la creencia universal en las manifestaciones de las almas libertadas de sus cuerpos carnales. Veremos así, que estas manifestaciones están mezcladas de una manera estrecha y constante con la evolución de las razas humanas, a tal punto, que son inseparables de la historia de la humanidad.

Hemos comprobado que la mediumnidad siempre ha estado presente en la vida del hombre, porque es un atributo del género humano concedido por Dios. Sabemos que a pesar de estar dentro de nosotros no se desarrolla en todos. Está latente y solo algunos podrán sentir esta conexión con el mundo invisible, el mundo espiritual.

El Espiritismo, neologismo creado por Allan Kardec para diferenciarlo del espiritualismo, irrumpió en 1.857 a partir de la presentación en París de “El Libro de los Espíritus”, por lo que podemos apreciar que cuando se comenta “que se está haciendo Espiritismo” se está practicando la mediumnidad.

¿Qué es un médium? Esta es una pregunta que a veces puede ser planteada por personas que suelen no estar relacionadas con los temas desarrollados dentro del estudio de la Doctrina Espírita, o que inclusive conociéndola no lo tienen demasiado claro, y desearían que con la explicación de unas pocas palabras pudieran adquirir el conocimiento de algo tan complejo que todo ser humano posee en grados distintos, siendo éste un fenómeno psíquico de origen orgánico, pero con la manifestación espiritual.

El médium es una persona que tiene la capacidad de estar, de encontrarse entre dos mundo. El mundo de los Espíritus y el mundo físico. Es una especie de punto de ligación entre esas dos existencias de una única vida, que es la vida del espíritu.

Las bases de todos los servicios de intercambio entre los habitantes del mundo espiritual y los encarnados descansan en la mente. Así como las posibilidades de producir fenómenos naturales en el campo de la materia densa, llevados a cabo por entidades espirituales.

Es en el mundo mental donde se procesa la génesis de todos los trabajos de comunicación de espíritu a espíritu. Es necesario que comprendamos, repetimos, que nuestros pensamientos son fuerzas, imágenes, objetos, creaciones visibles y tangibles en el campo espiritual. Atraemos compañeros y recursos de conformidad con la naturaleza de nuestras vidas, de nuestras ideas, aspiraciones, invocaciones y llamadas.

Por ser energía viva el pensamiento, se mueve en torno a nosotros fuerzas sutiles, construyendo paisajes o formas, llamados “ideoplastías”, y crea centros magnéticos y ondas con los cuales emitimos nuestra actuación, o recibimos la actuación de otros.

Nuestro éxito o fracaso dependen de la persistencia o de la fe con que nos consagremos mentalmente a los objetivos que nos proponemos alcanzar. Semejante ley de reciprocidad impera en todos los acontecimientos de la vida.

Recordemos que el médium es un imán inimaginable que capta, atrayendo hacía sí, lo bueno y lo inferior de su entorno. Vigilancia continua es una de las obligaciones del buen médium para no verse sorprendido en su dedicación. Aquella con la que se comprometió en el plano espiritual cuando se programó una nueva reencarnación de su vida física.

Juan Miguel Fernández Muñoz
Asociación de Estudios Espíritas de Madrid


domingo, 19 de agosto de 2018

Dogmatismo + desilusión = abandono

Dogmatismo + desilusión = abandono



Encontramos entre las filas de los que se terminan alejando del Espiritismo, un perfil destacado que suele corresponderse con aquellos que entran de manera apasionada, lo viven visceralmente y, poco a poco, empiezan a "desinflarse" -innecesariamente - por la simple cuestión de no aceptar durante su iniciación que todos (espíritas o no) somos falibles, así como en determinados momentos incoherentes y/o ambiguos por natura... (¡ay, el viejo error de pensar que el Espiritismo es una escuela de santos!).

Este desencanto también surge entre aquellos que se conducen con exceso de exigencia y autoridad, pero no saben aceptar que convivir con opiniones diferentes a la suya es un elemento imprescindible del camino.

El desencanto es hijo directo de nuestro ego y/o de nuestras mal conducidas ilusiones...
Influidos por una personalidad autoritaria o aún inclinados al control de las conciencias ajenas (residuos de vidas pasadas vividas desde la ortodoxia religiosa), pasaron por alto que el Espiritismo es una invitación consoladora al estudio y al crecimiento personal, algo que se vive desde la naturalidad y no desde el celo que, a la larga, sólo lleva a la insatisfacción.

Dentro de las pruebas y experiencias que tengamos que vivir, el espiritismo es para ser más consciente... pero también para ser más felices, sentirnos más hermanados con la vida. No es un instrumento de negación de nuestra naturaleza ni azotador de conciencias.

Los que fueron por ahí adoctrinando (¿amenazando?) con el Umbral y los obsesores, sembrando críticas malsanas o intrigas, realmente, nunca fueron espíritas; entraron en el Espiritismo, pero éste no entró en ellos...

La propuesta de los espíritus superiores es de reflexión, progreso y esperanza, pero algunos (por su propia manera de ser), lo viven con tanta severidad y rigidez que terminan a un lado del camino, desilusionados y/o exhaustos a golpe de tanta exigencia...

Cuando se deja de ser espírita (si esto es realmente posible), es probable que, de alguna manera, siempre se sea simpatizante, pues cuando el Espiritismo entra en uno es complicado que salga sin dejar algún poso saludable y transformador.

Argumentar (aquellos que abandonaron sus filas) que el Espiritismo no les hizo bien es un pensamiento del todo errado: fueron ellos mismos que perdieron el norte por la errónea manera de conducirse y de tomarse las cosas... El Espiritismo jamás debe servir para proyectar nuestro personalismo ni se vive por convicción dogmática, sino por sed de conocimiento e inclinación hacia la fraternidad universal.

Hay tantos tipos de espíritas como diversidad de personalidades humanas. Pero, como mínimo, al espírita (auténtico), se le pide aceptación, capacidad de diálogo e inclinación a la tolerancia. Si vas por ahí con exigencias, censura y desconfianza...o terminas quemado o siendo un mal propagandista del ideal.

La prudencia, la sencillez y la naturalidad serán virtudes que mucho nos auxiliaran en el camino.
Si en tu trayectoria no has conquistado más serenidad, más tolerancia; haz un alto en el camino (es muy importante), y analiza tus pasos: algo no ha sido bien asimilado y precisa urgente revisión...

Juan Manuel Ruiz González

miércoles, 15 de agosto de 2018

El fluido cósmico universal

El fluido cósmico universal


Uno de los grandes misterios que la ciencia humana procura esclarecer es el de la existencia de una materia básica universal, capaz de servir de punto de partida para el origen de los elementos físicos conocidos.

En el siglo XIX, cuando comenzaron las manifestaciones de los Espíritus, estos revelaron una teoría donde explicaban de manera racional el origen de las cosas materiales y espirituales.
Según ellos nos transmitieron, el fluido universal es la materia básica fundamental de todo el Universo material y espiritual.

El Fluido Cósmico Universal, aunque desde cierto punto de vista, podría ser clasificado como elemento material se distingue de este por propiedades especiales.
Está colocado entre el Espíritu y la materia; es fluido, y susceptible, por sus innumerables combinaciones con la materia y bajo la acción del Espíritu, de producir la infinita variedad de las cosas.

Está sometido a las leyes inmutables que rigen el mundo. Gravedad, cohesión, afinidad, atracción, y magnetismo entre otras.

Las fuerzas que dirigen las metamorfosis de la materia producen movimientos vibratorios y ondulantes, denominados energía, que se expresa bajo forma radiante, luminosa, calorífica, sonora o electromagnética.

Si comúnmente los fluidos son sustancias en estado líquido o gaseoso, el espiritismo revela que existe materia en estados aún más etéreos y sutiles. Tales energías tienen su origen en el fluido universal.
Este es altamente influenciable por el pensamiento (que es una forma de energía), pudiéndose modificar y asumir formas y propiedades particulares.

“Sabemos que el fluido universal, o fluido cósmico  representa el estado más simple de la materia; su sutileza es tal que escapa a todo análisis. Y, no obstante, de ese fluido proceden, mediante condensaciones graduales, todos los cuerpos sólidos y pesados que constituyen la base de la materia terrestre.” ("En lo Invisible", León Denis ).

Los Espíritus nos dicen que este fluido cósmico o "plasma divino" es de esencia electromagnética, y llena todos los espacios, no existiendo el vacío en el universo. Por medio de él viajan las ondas del pensamiento, de la misma manera que las ondas sonoras se proyectan en la capa atmosférica.
Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas, por tanto, todo aquello que forma parte del universo es fruto de Dios.

La acción del Pensamiento Divino sobre el fluido universal dio origen a las nebulosas, a los sistemas estelares, a los planetas y a los astros. Es en esa materia fluídica donde el Creador materializa el plano existencial.

Para una mejor comprensión, se puede decir que ese principio elemental tiene dos estados distintos: el de la imponderabilidad o de eterización (estado normal primitivo), y el de la ponderabilidad o de materialización.

Lógicamente que entre estos dos estados existen muchísimas formas intermedias de transformación del fluido en materia tangible.

Al primer estado pertenecen los fenómenos del mundo invisible y al segundo los del mundo visible.
Como se encuentran en permanente contacto ambos mundos, se producen continuos fenómenos, aunque solo, podamos percibir los fenómenos psíquicos que pertenecen a la vida corporal cuando nos encontramos encarnados.

Los del dominio espiritual escapan a los sentidos materiales y sólo pueden ser percibidos en el estado de Espíritu.

Por lo tanto, el Fluido cósmico universal asume dos estados:

-Un estado material en el que el fluido mediante la manipulación de los espíritus se transforma en materia con la que se crean los planetas .

-Y un estado inmaterial o de eterización donde se encuentran el fluido de forma primitiva y que mediante la manipulación de los espíritus, el fluido cósmico universal sufre más transformaciones que en el estado tangible.

A este estado pertenece el mundo invisible (espiritual) y los fenómenos espirituales. Para los espíritus, este fluido es tangible, palpable y pueden realizar elaboraciones con él, al igual que los seres encarnados con sus materiales pero con procesos diferentes.

Fluido vital

Los Espíritus afirman que una de las modificaciones más importantes del fluido universal es el fluido vital. El movimiento continuo de los órganos da lugar a la producción de fluido vital.
Según nos dicen los Espíritus, la vida es el resultado de la acción de un agente sobre la materia. Ese agente es el fluido vital. Es el que da vida a todos los seres que lo absorben y asimilan.
La materia inorgánica se genera solamente de materia y la materia orgánica es creada de materia y fluido vital.
A este estado pertenece el mundo visible (físico), y los fenómenos materiales .
Cuando los seres orgánicos pierden la vitalidad, por causa de la muerte, la materia se descompone formando nuevos cuerpos y el fluido vital vuelve a la masa, al todo universal, para formar nuevas combinaciones en el Universo.
Cada ser tiene una cantidad de fluido vital, de acuerdo con sus necesidades, las variaciones dependen de una serie de factores. Allan Kardec nos instruye sobre el asunto en "El Libro de los Espíritus", pregunta 70:
"La cantidad de fluido vital no es la misma en todos los seres orgánicos; varía según las especies y no es constante en el mismo individuo, ni entre todos los individuos de una misma especie. Hay los que están, por así decir, saturados de fluido vital, mientras tanto, otros poseen apenas la cantidad suficiente. Es por esta razón que unos son más activos, más enérgicos que otros."
El hombre puede mantener el equilibrio de su salud a través de la alimentación, de la respiración del aire no contaminado y, por encima de eso, manteniendo una conducta mental sana.
El principio vital es la ley que rige la existencia del fluido vital.

Fluidos espirituales

Tanto el fluido vital como los fluidos espirituales, provienen del fluido universal (es decir, son modificaciones de este).

Los fluidos son el vehículo del pensamiento de los Espíritus, tanto encarnados como desencarnados.
Todos están sumergidos en el fluido cósmico universal, que es la sustancia básica de la Creación.
Los fluidos espirituales están impregnados de los pensamientos de los Espíritus, y, por lo tanto, varían de calidad hasta lo infinito. Según el desarrollo moral de estos.

La acción de los Espíritus sobre los fluidos espirituales tiene consecuencias de una importancia directa y capital para los encarnados. Desde el instante que esos fluidos son el vehículo del pensamiento, que el pensamiento puede modificar sus propiedades, es evidente que deben estar impregnados de cualidades buenas o malas de los pensamientos que los ponen en vibración, modificados por la pureza o por la impureza de los sentimientos.

La atmósfera fluídica está formada por la calidad de los pensamientos en ella predominantes.

Cuerpo fluídico


El periespíritu o cuerpo fluídico de los Espíritus, es uno de los más importantes productos del fluido cósmico; es una condensación de ese fluido en torno a un foco de inteligencia (el alma). En el periespíritu, la transformación molecular se opera de manera diferente, a la del organismo físico, por cuanto el fluido conserva su imponderabilidad y sus cualidades etéreas. Pero ambos son materia, aunque en dos estados diferentes.

Creo que por el momento nos basta con comprender cada uno de estos términos que, a modo de glosario he intentado definir de la forma más sencilla posible, puede que en un futuro sigamos avanzando para tratar de dar a entender lo que es la fluidoterapia.

Mientras tanto, recordemos que somos energía, que nuestro pensamiento es creador e intentemos que este sea lo más elevado posible, limpiándolo de orgullo y egoísmo. Intentemos cada día ser la mejor versión de nosotros mismos, para que no nos desviemos del camino del bien que es aquel que nos conducirá hasta Dios nuestro Padre que tanto nos ama.

Cielo Gallego
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"

domingo, 12 de agosto de 2018

El río que nos lleva

El río que nos lleva



Todos nuestros actos tienen una consecuencia y existe un orden en cada hecho y pensamientos de nuestra vida. Desde el más insignificante, hasta el más asombroso, a los ojos de Dios todo está regido por Leyes universales. En esta, algunos la llaman Ley de Causa y Efecto, otros Acción y Reacción. Lo cierto que por ser Ley universal es inamovible, cada efecto se relaciona con una causa, cada causa crea un efecto idéntico a sí misma.

Se necesita tener una gran comprensión de quienes somos, hacia donde vamos y qué seremos dependiendo nuestros actos actuales. Pocos creen que de verdad la vida te devuelve en el ahora, en el mañana, o en vidas sucesivas aquello que no gestionamos bien.

¿Quién de todos nosotros, tiene una verdadera superioridad moral? Esta superioridad se puede obtener poco a poco. Si los propósitos del hombre fuesen reconducir sus actos al mejor bien posible, en cada uno de sus días, se lograría tener un mejor mundo dónde vivir. Se necesita dominar nuestro orgullo, reprimir arrebatos, desear AMAR..., entre otros muchos factores.

Los hombres tergiversando todo a su paso, con el poder de su verdad, en un mundo poco serio, la figura de Dios quedo situada en un lugar lejano en los corazones de los hombres.

Sabemos que la intención noble y recta en nuestras oraciones, sean dónde sean, siempre llegaran a Dios. Pero la escasa moralidad que mueve a los hombres en los estudios y trabajos del bien, se desvirtúan accediendo a no comprender bien las enseñanzas de Jesús. No necesitamos lugares sagrados, ni Catedrales e Iglesias, Capilla o Ermitas, se necesita el recogimiento en uno mismo, un lugar tranquilo, y elevar nuestros pensamientos con el mayor sentimiento de Amor hacia Dios. Alabar su infinito AMOR, y su bondad por recibir nuestra plegaria, agradecerle todo lo que nos permite vivir, y pedirle con humildad lo que creemos que pueda mejorar nuestro paso por la Tierra.

Recordemos a Jesús, el exponente máximo de la máxima lealtad al señor Supremo. Nació en un lecho pobre, un establo. No necesitó de piedras preciosas, ni lugares majestuosos, le bastaba un árbol, una plaza o bien a pie de un río para divulgar la verdadera enseñanza de los evangelios. Ricos y pobres se le acercaban, enfermos y hombres fuertes le pedían ayuda, Él siempre fue justo entre los justos. Siempre fue fiel a sus palabras, ayudó con su caridad infinita, sin juzgar a todo lo que en su camino se encontraba.

La Doctrina espírita nos muestra y enseña que lo que en cada incidencia o problema de nuestra vida deberíamos hacer es, tan sencillo y simple como preguntarnos qué haría Jesús en esa misma situación.

Recordad que el río que nos lleva hacía él, va en un único sentido, como el agua que corre montañas abajo, el recorrido es el que es, no podría ser a la inversa. Las leyes impuestas por Dios en nuestra naturaleza están para cumplirse, en todo, y en todo momento. Así como las nubes formadas por la vaporización solar vuelven a caer fatalmente en forma de lluvia sobre el suelo, así las consecuencias de los actos cumplidos vuelven a caer sobre sus autores. Cada uno de esos actos, cada uno de nuestros pensamientos, según la fuerza de impulsión que se le imprime, cumple su evolución para volver a sus efectos, buenos o malos, hacia el origen de dónde ha salido. De este modo las penas y las recompensas se reparten entre los individuos por el juego natural de las cosas. Ley Causa y Efecto, o Ley de Acción Reacción.

Cada uno de los hombres debería, hora tras hora, tomar conciencia de quienes somos, a que hemos venido y que se espera de nosotros. Cada uno de nosotros debería tomar examen a su grado de paciencia y servicio, de caridad y benevolencia, de perdón y fe viva, de buen ánimo y comprensión. Y lo más importante, Jesús en ese río que nos lleva hacia Él. Dejó sus mejores enseñanzas, y todos debemos apreciar su regalo tan sublime, y en ese agradecimiento saber que las leyes que rigen el universo son muchas, y entre ellas la Ley del Amor es el manantial inagotable, es una fuente que cuanto más haces uso de ella, más tiene para seguir dando.

El río que nos lleva a la evolución de nuestro perfeccionamiento son los actos y enseñanzas del Maestro. Recibe, entonces, a los parientes difíciles y a los amigos complejos, a los adversarios gratuitos y los hermanos desafortunados, tanto como a aquellos que te apedrean y hieren, que te persiguen y calumnian, como examinadores constantes de tu aprovechamiento en lo relativo a las ciencias del alma, como instructores en la lucha cotidiana… Solo así trabajaras para el prójimo, en Recuerdo a Jesús en la cruz, que toleró la ironía y las agresiones tan duras, amando y pidiendo por quién le agredía e insultaba. Recordando sus palabras que nos decían “Conserva la serenidad en el banco de las pruebas en las que te encuentras y aprende a valorar, para tu propio bien, el poder de la humildad y la fuerza de la compasión”.

Por lo tanto, no permitas que el reposo excesivo anule tu divina oportunidad, de trabajo en el bien y caridad hacia el prójimo. Si un obstáculo te disgusta, trabaja y sirve, que la dificultad se convertirá en lección. Y recuerda que en el trabajo con el cual puedas hacer lo mejor para los demás, hallarás el recibo de pago del pasado, las realizaciones del presente y los créditos del futuro. Además, por medio de él conquistarás el respeto de quienes te rodean, la riqueza de la experiencia, los galardones de las culturas, la solución para el tedio, el socorro para todas las dificultades.

Y lo más importante, es que el río que te lleva, te conduce a través de la Doctrina Espírita a bucear por las aguas limpias y cristalinas de un mar relajado, dentro de un océano en constante movimiento, lleno de oportunidades en la evolución a tu perfeccionamiento.

Susana Herrero Gázquez
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"