viernes, 1 de abril de 2011

¿Cremación o inhumación?


Ante la creciente popularización de la cremación, la primera impresión, que nos sugiere, es de ser más higiénica aunque tenemos la obligación de analizar determinados aspectos, bajo la luz del espiritismo. Quién mejor que nuestros amigos desde el otro plano para aclararnos estos momentos tan importantes que constituyen el desprendimiento del espíritu, dejando atrás el cuerpo material.
La desencarnación es un proceso que necesita su tiempo, es un cambio de estado donde abandonamos el cuerpo físico, la forma frágil y perecedera, despertando en otra fase de la existencia, donde el ser consciente e inmortal entra en acción. No resulta igual para todas las personas,  se determina en función de lo aferrado que estemos a las cosas materiales y el conocimiento que podamos tener de las espirituales. A modo de ejemplo diremos que un criminal le podría llevar mucho tiempo, llegando a notar la descomposición del cuerpo, frente que a un hombre de bien sería suave, incluso casi inmediato. Entre estas polaridades nos situamos el común de los mortales y considerando que vivimos en un mundo de expiación y pruebas, donde el mal es superior al bien, la espiritualidad nos informa que la cremación provoca una separación más rápida, violenta y dolorosa. Por lo tanto, el espíritu necesita de un desprendimiento anticipado de los lazos materiales que unen el periespíritu al cuerpo físico, para que no sufra el desgarro que produce la cremación, pues mientras continúan los lazos del espíritu ligados al cuerpo ya sin vida orgánica, este le transfiere las sensaciones que se van originando, hasta producirse la completa desvinculación.
Realmente no es por el fuego en sí, sino porque desde el momento de la muerte hasta la cremación transcurre muy poco tiempo (24 horas aproximadamente). En nuestro país, sin embargo en la inhumación disponemos de más tiempo, hasta que el cuerpo comienza la descomposición.
Cierto es que muchas personas tienen miedo a ser enterradas vivas, (¿será un recuerdo de otra existencia?). Existen casos de difuntos que perma-necían en estado de letargo. Desgraciadamente esto es terrible y debería darse  más tiempo desde la muerte física hasta el entierro.
Ante todas estas circunstancias, nuestra preferencia es la inhumación, ya que facilita a los hombres más sujetos a la materia, un desprendimiento lento y gradual.
Un dato a considerar, sería lo habitual de esta práctica en Oriente, por lo general están más preparados para la muerte  que en países Occidentales. Siendo algo más conscientes y estando el hombre psíquico más desarrollado, pueden afrontar la problemática de la cremación, al tener un desprendimiento con mayor fluidez.
 Debemos considerarlo a rasgos generales, pues cada persona es un mundo con sus características y peculiaridades, al igual que no hay dos individuos iguales, tampoco las desencarnaciones lo son.
Para la mayoría de las personas, la muerte y todo lo que a ella engloba constituye un misterio, un gran problema que no se atreven a mirar cara a cara.
El desprendimiento es un proceso complejo e interesantísimo, comienza a producirse antes de la muerte y continúa después de ella, siendo asistido por un grupo de espíritus encargados de ayudar.
En muchas ocasiones, enfermedades de larga duración que desembocan en la muerte, han sido un preparatorio, el cual va deshaciendo los lazos que nos une al cuerpo físico, para suavizar el tránsito al otro lado.
Como hemos comentado, este proceso será más o menos largo en función directa de la evolución moral y consciencia de la realidad espiritual del ser. Todo conocimiento espiritual nos dilata la mente, influenciando sobre estos últimos momentos, nos dará tranquilidad y facilitará el desprendimiento del alma. Comprender y aplicar las consecuencias morales, los estudios psíquicos, las relaciones afectivas entre los que ya partieron y los que moran aquí, todo esto desarrolla nuestras facultades latentes y al llegar la hora de la desencarnación, esta se efectuará con suavidad y la turbación (periodo de adaptación ó despertar) será de poca duración.
Los discípulos de Sócrates le preguntaron, cómo quería ser enterrado, y este contestó: “Enterrarme como queráis, si es que podéis cogerme”. Esto encierra una lección magistral, ya que los huesos y las cenizas, que en los sepulcros guardamos, no son nada, las almas que las animaron las abandonaron.
Querido lector, aquí aconsejamos la inhumación mejor que  la cremación, por razones obvias de moralidad de nuestro planeta, pero recuerde que frente estas dos posturas, siempre será preferible la “DONACIÓN DE ORGANOS”. Piénselo…
Para profundizar a fondo estas cuestiones, aconsejamos la lectura de los siguientes libros:
- EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS (Allan Kardec)
- EL PROBLEMA DEL SER Y DEL DESTINO (León Denis)
- DESPUÉS DE LA MUERTE (León Denis).

Javier Gargallo
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"