miércoles, 29 de abril de 2015

La Paciencia

La Paciencia



La Paciencia es una de las virtudes menos comprendidas y valoradas en la actualidad puesto que realmente desconocemos la extensión de hasta donde pueden llegar sus beneficios, dejándola normalmente fuera del programa de trabajo interior que podríamos hacer en relación con uno mismo.
Solemos vivir la paciencia como una prueba cuando realmente es una oportunidad, una nueva forma de afrontar la vida que nos habilita para dar lo mejor de nosotros mismos.

Si dejamos a la vida que nos enseñe paciencia, estamos pidiendo realmente que la paciencia nos venga en modo de prueba. Sin embargo, planteándonos, en el trabajo interior, mejorar nuestra paciencia, estamos adelantándonos en la lección de la vida y dicha paciencia adquirida pasará a ser una herramienta inestimable, que nos ayudará día a día en todos los ámbitos de nuestro progreso necesario.

La paciencia y la sensibilidad 
La paciencia es fundamental para el desarrollo de cualquier sensibilidad, sea mediúmnica o anímica. Tenemos normalmente la mente tan repleta de conflictos, intereses, automatismos, pensamientos y recuerdos, cada cual pugnando en cada momento por influenciar de alguna forma a la tan estimada conciencia, que es imposible que cualquier nueva sensibilidad se abra paso en semejante ambiente. Nuestra mente es por tanto como un reino con muchos señores pero un único rey, menor de edad, el Espíritu, que no puede reinar hasta alcanzar la madurez necesaria para imponerse por méritos propios en su corte. En el reino mental, cada vez que nos oponemos a una idea la alimentamos incons-cientemente, de forma que debemos evitar el conflicto si no queremos entrar en una guerra de guerrillas interior. La mejor táctica será la paciencia, mediante la cual trabajaremos constantemente la paz interior a través de no alimentar con pensamientos o sentimientos a nuestros antiguos señores internos, junto con la adquisición de nuevos hábitos, expe-riencias y actitudes benéficas que irán acondicionando nuestro reino interior para el resurgir del nuevo orden. La paciencia será necesaria para soportar, sin alterarnos en forma alguna, todas las revueltas internas de estos antiguos señores que carentes de alimento intentarán instigar todos los instintos y pasiones que tengan a su alcance. Flashes de imágenes, deseos repentinos, antojos, pueden asaltar nuestro consciente en cualquier momento y de forma natural buscarán posicionarse en nuestra mente aunque sólo sea despertando el sentimiento de culpa. Seamos conscientes que la culpa sólo es útil mientras no hay arrepentimiento, después de alcanzarlo es un lastre que sigue alimentando los hábitos internos de forma que nos es perjudicial mientras no nos liberemos definitivamente de ellos. Todos los vicios y pasiones en realidad son grandes adicciones del espíritu que tendrá poco a poco que abandonar. La victoria nos habilitará para la Paz interior y el desarrollo superior de las habilidades del espíritu. La paciencia bien entendida es clave, junto con el trabajo interior, conocimiento de uno mismo y el estudio de las verdades espirituales.

Paciencia y Templanza
Estudiando la mente mediante la comparación con un reino antiguo, podemos entender fácilmente cómo trabaja la paciencia para dar soporte a la capacidad de templanza. Templanza es la virtud de no dejarse llevar por los impulsos de nuestros antiguos señores internos. La templanza al no actuar contribuye con la paciencia en la victoria final sobre todas las pasiones. Cada vez que caemos en el error alimentamos el antiguo hábito equivocado, cada vez que nos oponemos con toda nuestra voluntad, lo arrinconamos en nuestro inconsciente preparado para saltar a la mínima en cuanto le sea posible. Enfrentándonos lo alimentamos igualmente retra-sando una nueva recaída. No reaccionando de forma negativa podremos alcanzar la victoria, creando nuevos espacios para la sustitución de los viejos hábitos por nuevos patrones de conducta. No podre-mos eliminar los malos hábitos si no ponemos otros nuevos renovados, por mucho que pensemos que los hemos abandonado, el trabajo no estará terminado.

Paciencia y estudio
La comprensión espiritual de los problemas, mediante el estudio, es condición necesaria para trabajarnos la paciencia gracias a que nos permite afrontar la realidad desde una nueva perspectiva diferente con mayor confianza y fe.

Conocimiento, comprensión, esperanza y fe, son compañeros de viaje para todo trabajador paciente en el Bien. 

Estamos viendo que la Paciencia es mucho más que lo que muestra su definición clásica que la define como "fortaleza para aceptar con serenidad el dolor y las pruebas de la vida necesarias para nuestro progreso".

La Paciencia ejerce un puente entre las virtudes que estudiaron Platón y Aristóteles, también llamadas cardinales, Justicia, Prudencia, Templanza y Fortaleza. Sin Paciencia en nuestras labores difí-cilmente seremos prudentes. Sin Paciencia ante nuestros deseos, no tendremos la templanza suficiente. Sin Paciencia en nuestros padeceres no tendremos fortaleza y finalmente, sin Paciencia en nuestras emociones, la ira nublará nuestro sentido de Justicia.

Lo contrario a la paciencia es el sentimiento de contrariedad tanto o más que la propia impaciencia. La impaciencia es un estado de ausencia de paciencia pero puede no llegar a tener graves consecuencias si no se llega a la acción. El sentimiento de contrariedad sin embargo raramente nos deja indiferentes y desemboca normalmente en graves consecuencias. La impaciencia surge ante un estancamiento en la realización de nuestros planes, que puede llevarnos a un estado de ansiedad, pero la contrariedad conlleva un enfrentamiento que desata normalmente la ira, la crítica y la queja. En estado de contrariedad nos apartamos de las virtudes de Templanza, Justicia y Prudencia cuando no disponemos del necesario autocontrol y conocimiento de uno mismo. La contrariedad es una emoción que quema por dentro y nubla el entendimiento mediante la activación de los instintos de supervivencia y conservación, fundamento del egoísmo ("La Génesis" cap. III ítem 10: "Si hacemos un estudio de las pasiones, e incluso de los vicios, veremos que su origen común está en el instinto de conservación".)

Paciencia y Fortaleza
Clásicamente reducimos la Paciencia al ámbito de la virtud de Fortaleza como resignación ante el dolor y vicisitudes de la vida. Pero la paciencia es una virtud bien distinta de la mera pasividad ante el sufrimiento; no es un "no reaccionar", ni un simple "aguantarse". Es parte de la virtud de la fortaleza y lleva a aceptar con serenidad el dolor y las pruebas de la vida, grandes o pequeñas esforzándonos constán-temente por superarlas en la medida de nuestras posibilidades.

Esta aceptación no llega arbitrariamente sin un trabajo previo que nos permita desarrollar el convencimiento (Fe basada en conocimiento espiritual) que nos da la fuerza de voluntad necesaria para mantenernos fuertes en medio de las persecuciones y pruebas de la vida.

El convencimiento férreo de las verdades espirituales es el fundamento que nos dará la gran-deza de ánimo que caracteriza a los grandes espíritus que vienen en misión.

De esta forma mantendremos la alegría de vivir e incluso la Paz interior en la adversidad del mundo que nos rodea, a sabiendas que tal como dice una máxima de "El Evangelio según el Espiritismo" (Cap. V ítem 20), "la felicidad no es de este mundo".

Paciencia y virtudes
La paciencia, precursora como hemos visto de las cuatro virtudes cardinales, junto al conocimiento espiritual que aporta la Doctrina de los Espíritus, son alimento para el resto de virtudes como la Fe, la Esperanza y la Caridad, de forma que nuevamente podemos decir que no tenemos Fe ni Esperanza si no tenemos Paciencia con la confianza que la caracteriza.

Esto prueba que la mayor virtud de todas es la Caridad tal como nos dice "El Evangelio según el Espiritismo", puesto que es la única virtud que podemos practicar incluso sin adquirir ninguna otra,  mientras que el resto de las virtudes quedan de alguna forma relacionadas entre ellas, al menos, a través de la Paciencia. La persona paciente tiende a desarrollar una sensibilidad que le va a permitir identificar los problemas, contrariedades, alegrías, triunfos y fracasos del día a día y, por medio de ella, afrontar la vida de una manera optimista, tranquila y siempre en busca de armonía.

La paciencia y el deseo
Hoy en día el deseo es uno de los principales motores de la sociedad. Constantemente se va renovando porque si permanece estático se desmorona como un castillo de arena. La sociedad de consumo nos va creando nuevas necesidades, objeto de deseo, dirigiéndonos por una senda muy acotada hacia sus intereses. Hoy en día las enfermedades más comunes son el estrés y la ansiedad. El estrés producido por todo el trabajo y agitación necesarios para mantener el ritmo de vida que se nos va marcando y la ansiedad producida por el rastro que deja el propio estrés que hemos mantenido por tanto tiempo.

Normalmente somos impacientes donde más nos esforzamos porque necesitamos respuestas rápidas para continuar motivados. Si no vemos avances nos desmoralizamos e impacientamos. Paciente es el que trabaja en el bien sin esperar a resultados para continuar esforzándose. Paciente es quien confía pero no permite que la ociosidad le haga perder el tiempo. La persona paciente es rica en tiempo porque no lo malgasta. Si malgasta el tiempo no es paciente, es irresponsable, perdiendo el tiempo que luego necesitará y que le hará experimentar la impaciencia como prueba a superar.

El cultivo de la paciencia limita los efectos que causa el deseo al alejarnos del abuso. La comprensión de lo necesario y lo superfluo nos iluminará para tomar el rumbo correcto en la vida. La vida conforme las leyes naturales se caracterizan por la simplicidad y sencillez alejada de toda extravagancia superflua. La paciencia es contraria al estrés puesto que no permite la sobrecarga intelectual o física así como el abuso de nuestra salud. La salud entra dentro de lo necesario y la paciencia lo protege al comprender que en toda carrera de fondo lo importante es llegar lo más lejos en las mejores condiciones posibles.

Si la fuerza del deseo surge del instinto de conservación como puente hacia el desarrollo del progreso, la paciencia, como medida de conservación, sirve de control para evitar el agotamiento de la salud en la sobreactuación del deseo mediante el abuso. El egoísmo surge directamente del instinto de conservación cuando no carecemos de paciencia para anteponer los intereses de los demás a los nuestros.

Paciencia, seguridad, confianza, conocimiento y egoísmo

La paciencia implica seguridad y donde no hay seguridad reina el miedo y el egoísmo. De todo ello podemos inferir que el ser pacientes nos hace menos egoístas.

La paciencia implica confianza. A partir de la seguridad en uno mismo, la confianza en los demás es siempre más fácil. El prójimo deja de ser un competidor puesto que ya no hay ninguna carrera donde competir y pasa a ser un colaborador. Juntos todos tenemos más fuerza y por ello, el instinto de conservación hace al hombre ser de tipo gregario de forma natural. Incons-cientemente sabemos que todos juntos somos más fuertes que como suma de las partes.

La paciencia implica conocimiento. Sin conocimiento reina la ignorancia y el miedo, el instinto de supervivencia se antepone al de conservación y al de progreso impidiendo el desarrollo de la paciencia ahogada completamente por el egoísmo.

La paciencia implica Fe. El hombre que no tiene Fe llegará un momento en que se planteará las verdades mayores y sufrirá el sentimiento de indefensión que irremediablemente le hará elevar su mirada hacia lo alto base al instinto natural por el cual todo ser intuye una realidad superior a él según la Ley de Adoración explicada en "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec.

Paciencia y resignación
La paciencia es activa y pasiva a la vez. Activa porque cumple con la Ley del Trabajo mediante el esfuerzo diario y pasiva por la resignación que conlleva como aceptación de las circunstancias que nos llegan ajenas a nuestra voluntad sin posibilidades de remediarlas por nosotros mismos. Toda expiación conlleva en sí misma una necesidad de resignación (parte pasiva de la paciencia), mientras que toda prueba siempre conlleva intrínsecamente un ejercicio activo de paciencia, en base al cumplimiento del deber.

La paciencia es indulgente con los demás, exigente con uno mismo pero comprensiva con nuestros resultados, impidiendo los pensamientos negativos o de derrota antes los malos resultados casuales, conocedores de que el espíritu siempre progresa, que nuestra realidad actual es fruto de nuestro merecimiento pasado y que los males actuales son abono para los bienes futuros del espíritu.

Paciencia y humildad
Una de las causas mayores de nuestra impaciencia es debido a la falta de humildad y comprensión de la finalidad de nuestra encarnación. Tendemos a pensar que somos más evolucionados de lo que realmente lo somos y por ello tendemos a tener ciertas aspiraciones que en muchas ocasiones nos causan impaciencia. Una aspiración clásica es tener mediumnidad ostensible.

Muchas veces, después de una buena temporada de estudio y buena voluntad, nos sentimos con el convencimiento, la confianza y fe suficientes para considerarnos "merecedores". La idea que significa la palabra merecedor es variable, unos días nos conformamos con sencillos detalles positivos que vemos en el día a día pero otros días, un sentimiento de impaciencia casi irritante nos invade. En ocasiones nos sentimos merecedores de mejor suerte, ya no material, sino de orden espiritual, todo ello motivado por la falta de paciencia.

La impaciencia es uno de los mayores frenos para el desarrollo de las capacidades espirituales, mediúmnicas y anímicas.

Ocurre principalmente cuando nos falta com-prensión de lo que realmente somos, merecemos, y a qué hemos venido a trabajar en la presente encarnación. Es habitual querer avanzar más rápido de lo que estamos preparados por impaciencia y falta de humildad. Con humildad las circunstancias del trabajo espiritual van a apareciendo delante de nosotros y sólo tenemos que ir respondiendo en base a nuestro esfuerzo y buena voluntad. Sin humildad vamos buscando nuevos objetivos enriquecedores que calmen nuestra sed, alcanzando la frustración cuando no los conseguimos. Una buena dosis de humildad será necesaria siempre para adquirir una pequeña dosis de paciencia en estos casos. Sin humildad no hay paciencia puesto que careciendo del sentido correcto de Justicia terminamos esperando erróneamente lo que no va a llegar, transformando la situación, finalmente una vez más, en otra prueba de paciencia por culpa de nuestra ya reiterativa impaciencia.

José Ignacio Modamio
Centro Espírita "Entre la Tierra y el Cielo"

domingo, 26 de abril de 2015

Ciencia y espiritualidad en las curas de Jesús

Ciencia y espiritualidad en las curas de Jesús



Preguntas a Andrei Moreira:

1. Para muchos, las curas de Jesus son consideradas como milagros. Pero si las leyes naturales las explican , entonces ellas dejan de ser milagrosas, ¿no es verdad?

A La luz de la doctrina espírita el milagro se transforma en ciencia. Desvelando la comprensión de las leyes naturales, el espiritismo, como ciencia del espíritu, nos explica los mecanismos de acción del magnetismo y del amor crístico, en la realización de auto-curas de los enfermos de su época. Con el estudio de la fluidoterapia, de la fuerza de la mente y del sentimiento, educados para el amor, comprendemos cómo y porqué Jesus curaba, lo que no quita el carácter maravilloso de sus acciones, sólo lo sobrenatural. Sus curaciones recaen siempre dentro de las leyes naturales, y Jesus nos enseña lo que es posible para el corazón que ama, hecho confirmado por las curas realizadas por los apóstoles, más tarde, como un símbolo para la humanidad entera.  

2. El Espiritismo nos dice que un día la Ciencia explicará todo el proceso por el cual se dieron esas curas de Jesus, ¿por qué eso es importante?

Porque nos hace comprender más perfectamente la sabiduría de Dios y el papel que nos compete en la co-creación, por la utilización del manantial gigantesco de recursos que la divindade nos dotó y a la naturaleza, para la plena ejecución de la voluntad del Padre. Cuando Jesus dijo, Vosotros sois dioses, reafirmando la ley antigua, y añadió: “podéis hacer lo que hago y mucho más”, estaba colocándonos en contacto con nuestra naturaleza divina, de espíritus perfectibles, creados a la imagen y semejanza de la sabiduría suprema del universo, fuente de toda bondad y perfección. Con eso, Jesus nos inducía a desarrollar los dones del espíritu en la conquista de las potencialidades infinitas de cura y auto-cura.

3. ¿Qué es lo que el médico espírita ya conoce sobre eso en los días de hoy?

El médico-espírita está consciente de la ley de los fluidos y de la fuerza de la mente, del pensamiento y del sentimiento en la manipulación de los fluidos ambientes y el organismo humano. Sabe que el espíritu, manifestándose por medio del pensamiento, controla el cosmos orgánico por su fuerza mental y direcciona su funcionamiento físico, tanto en cuánto su comportamiento moral califica y determina el equilibrio o desequilibrio fisio-psíquico. Sabe que tanto la enfermedad como la cura es patrimonio del enfermo y que Jesús sólamente curó aquellos que se erigieron a un nivel superior por el buen aprovechamiento de su sufrimiento. Eso queda explícito en la cura del paralítico de la piscina de Betesda, cuando Jesús ordena al recién curado que tome su cama y camine, o sea, que lleve su equipaje, su historia y biografía, avanzando más allá porque había alcanzado un nuevo nivel de experiencia y ahora le cabía aprovechar al máximo su momento evolutivo por la madurez conquistada. Y cuando lo encuentra en el templo, local de adoración a Dios, Jesús le recuerda que no camine por las mismas elecciones y no errase nuevamente el blanco (sentido original de la palabra pecado– hamartia, del griego), tomando un rumbo superior para el caminar de sus piernas rehabilitadas hacia la cuesta de las lágrimas y la renuncia, gracias a la misericórdia divina.

4. ¿Y la ciencia ortodoxa tiene algún interés sobre este asunto? ¿Tiene alguna explicación?

La ciencia camina a pasos lentos en la comprensión de esas cuestiones pues no admite la existencia del espíritu como principio inteligente viajero de la eternidad. Sin embargo, muchas investigaciones ha sido hechas en el sentido de revelar el beneficio o no de la espiritualidad hacia la salud, siendo que la mayoría de las investigaciones hasta el momento, presentan datos positivos, llamando la atención de las empresas patrocinadoras de las investigaciones demostrandose la necesidad de invertir en ese sentido.

5. Por qué es importante para el médico espírita estudiar y conocer las curas de Jesus?

Por qué Jesus es el paradigma de la medicina espiritual, el médico por excelencia. Cuando Allan kardec preguntó a los espíritus codificadores acerca de cuál había sido el mejor y mayor modelo dado por Dios a los hombres, la respuesta fue categórica: “Ved a Jesús”.

Si observáramos la práctica del maestro veríamos que él individualizaba al enfermo, teniendo una postura terapéutica con cada uno diferente. A unos él los buscó, a otros los mandó venir. A aquel preguntó ¿qué quieres que te haga? a otro indagó ¿quieres quedar sano? A todos Jesus indujo a una autoanálisis y respuesta frente a la vida, y como pedagogo divino ejercitó a todos en el arte de pensar y llegar a sus propias conclusiones, sedimentando su cura en el movimiento interior de liberación y madurez espiritual. No curó a todos, supo evaluar el momento de cada uno. Suplió las deficiencias personales y ofreció la misericórdia divina cuando faltaron fuerzas para el movimiento final de rehabilitación, pero no violentó ninguna conciencia y respetó el momento evolutivo de cada hijo de Dios, despertando la conciencia divina del hermano en camino. Por todo eso y sobre todo por la calidad del amor ofertado, de la renuncia y sacrificio, Jesús es el paradigma de la medicina espiritual que todos soñamos practicar y reproducir, aunque en escala infinitamente más pequeña, para la cura de nuestros hermanos y de nosotros mismos, en nuestra práctica profesional.

6. ¿Cómo el médico espírita debe desarrollar sus calidades de cura espiritual? ¿Cúal es la mejor manera de emplear el fluido magnético en favor de los pacientes?

Desarrollaremos la cualidad de cura espiritual en la misma medida en que aprendamos a amar con desinterés y abnegación. Mientras más tomemos conciencia que nuestros pacientes son nuestros médicos, ofreciéndonos la divina oportunidad de sensibilización, trabajo y aprendizaje, más nos esforzaremos por poseer virtudes que nos posibiliten ofrecer más y mejor para cada uno de ellos. A medida que mejoremos como seres humanos y pasemos a expresar más intensamente la buena voluntad, cariño, a escucha atenta e inclusiva, con disponibilidad de tiempo y corazón, más nos habilitaremos a vibrar el amor, medicamento por excelencia, que podrá tocar el alma de nuestros hermanos incentivándoles a la autocura.

El centro espírita es el lugar más adecuado para realizar las prácticas magnéticas, pero no debemos olvidarnos que por la mirada, el toque, las palabras e intenciones, estamos magnetizando diariamente a todos los que crucen por nuestro camino. Si utilizamos todo ese potencial con conciencia y compromiso por el bien, podremos auxiliar mucho, conforme nos enseñó Jesus, que curaba 24h por día. Debemos acordarnos que el médico (así como cualquier otro profesional de salud) es el primer medicamento ofertado al enfermo y muchas veces el único necesario para el estímulo curativo.


Para saber más: Curar, curarse, autores diversos, ed. Cultrix

Andrei Moreira es médico de familia, especializado en homeopatía y
presidente de la Asociación Médico-Espírita de Minas Gerais (Brasil) – www.amemg.com.br

sábado, 7 de marzo de 2015

Renuncia, virtud olvidada

Renuncia, virtud olvidada


Hoy en día, se puede decir que la palabra renuncia no tiene buena prensa. Fácilmente vinculamos esta palabra con otras de connotación negativa como son derrota, pérdida, carencia, etc., cuando en realidad tendríamos que utilizar el término renuncia como sinónimo de desprendimiento. Este significado lo podemos utilizar cuando nos referimos a algo que poseemos o tenemos derecho y tenemos cierto dominio sobre ello. Si de algo no tenemos derecho o no poseemos, realmente no podemos renunciar a ello en un sentido estricto, sencillamente porque no es nuestro. Un significado más acertado de renuncia lo encontramos utilizando el término desprendimiento, el cual únicamente tiene connotación positiva.

La renuncia de aquello que poseemos y de lo que somos capaces de renunciar, es siempre un acto de superioridad meritorio en función del valor moral de lo renunciado y su utilidad. Decimos valor moral y no material apelando al mayor valor del óbolo de la viuda tal como nos enseña el Evangelio en Lucas 21,1-4.

El óbolo del pobre, como renuncia de lo necesario, es el sacrificio más acorde con la ley de Dios que nos dice que el hombre que cumple con su deber ama primero a Dios, luego a todas sus criaturas y finalmente a sí mismo. ("Evangelio Según el Espiritismo" Capítulo XVII, ítem 7).

No existirá valor moral alguno si el acto no es de utilidad para hacer el bien a los demás o incluso a uno mismo. Cuando lo hacemos por los demás, la renuncia nos habilita para practicar la Caridad, pues es la llave que necesitamos para vencer nuestro egoísmo más arraigado.

La Caridad practicada ve incrementada su mérito en función de la cantidad de renuncia que podemos movilizar por aquello que nos cuesta. Nos dice el libro de los Espíritus que "el mérito del bien reside en la dificultad" (pregunta 646). Sin dificultad no hay mérito pero sigue habiendo caridad, puesto que el adelanto moral nos habilita para la integración en nuestros hábitos de forma automática de las virtudes como la Caridad, sin mostrar dificultad ni oposición alguna, de forma natural con la forma de ser de uno mismo.

Cuando la renuncia es por uno mismo, apuntamos directamente hacia la superación de nuestras debilidades. Para ello es necesario un alto conocimiento de uno mismo, de nuestra situación actual, para saber qué puntos son los más urgentes para desarrollar. El estudio continuo nos habilitará para la mayor compresión de la naturaleza humana y de las Leyes naturales de forma que poco a poco nos mostrará la renuncia como una necesidad para nuestro progreso en los diferentes ámbitos de nuestra vida.

Renuncia es el desprendimiento consciente de un valor en vista de conseguir o mantener un bien superior. Es precursora de la humildad cuando se opone al orgullo y de la caridad cuando se opone al egoísmo. Es por ello que podemos considerar la Renuncia como una las principales virtudes olvidadas hoy en día.

Obediencia y resignación.

Según nos dice el "Evangelio Según el Espiritismo", la obediencia es el consentimiento de la razón y la resignación es el consentimiento del corazón. Ambas son los dos tipos principales de renuncia, puesto que toda renuncia, incluso la material, es precedida siempre por el consentimiento de la razón o del corazón según de que estén formados nuestro orgullo y egoísmo.

Renuncia, ¿prueba o expiación?

Desde el punto de vista filosófico, si consideramos la renuncia como virtud, no podrá ser expiación sino prueba. Una virtud se puede probar pero no expiar así como no se puede imponer. Lo que se expían son las faltas. Una expiación que nos imponga una renuncia no sería filosóficamente posible puesto que sólo podríamos renunciar a lo ganado por derecho. Realmente la expiación nos trae la carencia de lo que no hemos sido capaces de merecer para que aprendamos su verdadero valor. El peligro de una expiación es desaprovechar la enseñanza sufriendo mal. El sufrir bien ante la carencia nos habilita para sobrellevarlo y poder optar a la renuncia en una prueba posterior una vez superada dicha expiación.

La renuncia por tanto, es siempre una prueba o una misión. Una misión cuando la renuncia es únicamente en beneficio de los demás y no de uno mismo, y una prueba cuando es un proceso indispensable para nuestro progreso. Por ello podemos afirmar que siempre, el mayor beneficiado de cualquier prueba de renuncia es uno mismo, aún cuando nuestro ego ensalce el bien que podamos haber hecho a los demás. Desde cierto punto de vista toda prueba conlleva una renuncia pero no toda renuncia conlleva una prueba.

Por otro lado, tendemos a ver expiaciones donde sólo hay pruebas. El peor apego es el que convierte, para nuestro parecer, lo superfluo en necesario porque convierte lo que realmente es una prueba, en una expiación aparente a nuestros ojos, con una óptica más dura de la realidad.

Nuestra óptica ordinaria de las cosas tiende a ver expiaciones en simples pruebas del día a día.
Normalmente somos ricos de lo necesario pero nuestra disconformidad es con lo superfluo.

Renuncia de lo necesario.

En la vida frecuentemente nos cuesta discernir la frontera entre lo necesario y lo superfluo.
Teniendo en cuenta que Dios nos provee siempre de los medios que necesitamos, salvo por falta de nuestra compresión (pregunta 704 de "El Libro de los Espíritus"), concluimos que siempre tendremos todo lo necesario para el cumplimiento de nuestras pruebas, consideramos poco probable que dichas pruebas nos lleven a la renuncia de lo necesario, centrándose principalmente hacia la renuncia de lo superfluo.

Es en la diferenciación entre necesario y superfluo donde nuestros criterios suelen estar equivocados, considerando necesario gran parte de lo superfluo, generándonos grandes dificultades en el cumpliendo de nuestras pruebas o incrementando las cargas con deudas nuevas.

En este punto, para distinguir la difusa frontera entre lo necesario y lo superfluo, tenemos el "Libro de los Espíritus" que nos esclarece en la pregunta 704, que "únicamente lo necesario es útil, al paso que lo superfluo nunca lo es".

Renuncia de lo superfluo

La renuncia de lo superfluo nos lleva a eliminar de nuestras vidas todo aquello que no tenga utilidad.
La compresión de lo útil y por tanto necesario, es una larga tarea que conlleva el estudio continuado de las Leyes Naturales y por tanto de el Espiritismo, los cuales nos irán desvelando las claves de la existencia humana.

El apego por lo superfluo es la base del egoísmo y por ello, nuestro egoísmo señala el potencial de renuncia que un día llegaremos a desarrollar. Sin apego egoísta no hay necesidad de renuncia. Cuanto mayor sea nuestro egoísmo mayor tendrá que ser el esfuerzo liberador que tendremos que realizar a través de la renuncia, hasta que desarrollemos el Amor verdadero.

El Amor verdadero nos habilita para evitar el sufrimiento de la renuncia. El Amor verdadero no conoce el apego ni el egoísmo porque no los necesita para sentirse en unión con lo amado. El Amor entreteje una red invisible que une a todos los seres según la Gran Ley de Unidad que rige la Creación. Por ello no hay lugar al miedo, a la pérdida o a la inseguridad emocional, el Amor verdadero libera, no esclaviza. La renuncia antecede a la libertad pero, cuando ya la hay, la renuncia deja de ser necesaria. No puede existir la renuncia entre seres estando en unión interconectados por el verdadero amor.

Renuncia para superarnos.

Estamos saturados de pequeños hábitos que nos retienen pegados a las vibraciones groseras de la materia. Todos son fruto de nuestro apego por lo superfluo. La renuncia consciente es el camino para liberarnos de dichos hábitos adquiridos. Hábitos como la queja o la crítica pueden vencerse con el acto consciente de la renuncia. Concentrémonos en renunciar a la queja ante el mínimo contratiempo y poco a poco dejaremos de utilizar esta muletilla que no sirve para nada bueno. El hábito de la crítica podemos vencerlo con la renuncia cuando la situación nos pone a tiro el "dardo" envenenado que nos coloca supuestamente por encima de los demás. La renuncia vence la ilusión de la supuesta necesidad de quedar encima o llamar la atención. Todo ello es superfluo y lejos de ser útil hace un mal a los demás. El egoísmo y el orgullo están formados por montones de ilusiones superfluas de las que tendremos que renunciar algún día.

Renuncia al placer

Tenemos derecho al goce, de hecho es uno de los acicates que impulsan nuestra sociedad. Para poner límite a sus consecuencias, la naturaleza nos avisa mediante la sensación de saciedad que precede al hartazgo con sus consecuencias. La inteligencia que nos impulsa hacia la mejora de la condición humana, también debe imponerse sobre las pasiones para alejarnos de las consecuencias del abuso que llegan con el hartazgo, que siempre es penoso al poner en juego el dolor como elemento corrector. Renunciemos no al goce, sino a acercarnos a la saciedad como margen de seguridad que nos libre del dolor corrector de los excesos. Una vez más, el estudio de las leyes naturales será necesaria en cada área de la vida para alcanzar la comprensión las necesidades reales de nuestra naturaleza humana para alejarnos del error en cada faceta de nuestra existencia.

La inteligencia, junto con la conciencia ecológica y natural, concluye en la necesidad de alcanzar cierta simplicidad en la vida. Analicemos nuestras costumbres y su ecología, lo simple y sencillo siempre tiene un valor añadido.

La renuncia es como la medicina amarga. Podemos tomarla sin gustarnos al principio, descubriendo su belleza escondida finalmente, o bien esperar a necesitarla después la crisis que viene con la enfermedad. El sabor amargo nos recuerda los episodios de superación de las cadenas del apego.
Renunciar es romper con el dominio que ejerce el elemento material sobre uno mismo.
Por ello, toda desviación del cumplimiento de la ley natural exige renuncia.

Renunciar por una dieta o hábitos más saludables tiene una recompensa directa. Renunciar por los demás también nos trae un beneficio directo pero nuestra conciencia no lo asocia inmediatamente, la recompensa espiritual queda fuera del alcance de los sentidos materiales. La espiritualización por tanto exige renuncia, y la renuncia conlleva nuevamente simplicidad en hábitos y desapego.

José Ignacio Modamio
C.E. Entre el Cielo y la Tierra


sábado, 21 de febrero de 2015

El fenómeno de la vida

El fenómeno de la vida



En el año 1 de nuestra era, Roma dominaba prácticamente medio mundo, bajo el mandato del Emperador Augusto. En Roma los ladrones y criminales eran enviados a luchar al circo romano para distraer gratuitamente a la gente y muchos eran destrozados por las fieras. Los gladiadores luchaban con el rostro cubierto con el fin de no reconocerse entre ellos mismos, a veces compañeros o familiares. Y años más tarde los cristianos fueron conducidos a la misma situación para poder distraer al pueblo romano.

Mientras tanto y dentro del ambiente “oficial” que tenía el favor de Augusto, el reinado más largo de la historia romana, aquellos que se enamoraban de “mujeres” eran mal vistos. Los historiadores cuentan que en cierta ocasión un Senador por abrazar a su esposa en público fue destituido de su cargo.

Aquellas niñas o niños que nacían enfermos, eran arrojados al vertedero. Eso sí, antes debían consultar hasta cinco veces a sus vecinos, para que esta decisión tuviese su conformidad. También del vertedero eran retiradas esas criaturas por matrimonios que no podían tener hijos.
Y los jóvenes estaban obligados a vengar hasta la muerte cualquier humillación que los padres hubiesen recibido.

En comparación con el año 1 hemos avanzado, sin embargo, la vida sigue siendo esa gran incógnita. Desde que tenemos conocimiento del paso del hombre por la vida, pensadores, científicos, fisiólogos y filósofos de todas las épocas opinaron e indagaron sobre sus orígenes en nuestro planeta, sin lograr mayores respuestas, por la carencia de elementos probatorios. Y como consecuencia de ello, sondas tecnológicas surcan el espacio sideral buscando similares a la Tierra, en nuestro sistema solar, que aporten datos que permitan afirmar, científicamente, cuándo y dónde  tuvo origen la vida en la Tierra.
¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué hacemos aquí en la Tierra?

El conocimiento de la prehistoria se resiente por la falta de documentación, no sólo por lo remoto, sino también por las destrucciones hechas de lo poco que, atravesando los siglos, llegó a las generaciones posteriores. La Biblioteca de Alejandría, por ejemplo, que reunió más de 700.000 volúmenes sobre el pasado de la civilización, fue arrasada, en parte por los romanos de Cesar en el año 45 a.C y por los musulmanes en el 641 d.C. Hubo destrucción en China en el año 240 a.C.; en Roma en el siglo II, en Méjico, Perú y España en el siglo XVI; en Irlanda y Egipto en el siglo XIII.
Por ello, son de lo más diversos los conceptos que existen en torno al fenómeno de la vida, variando de un autor a otro. Los diferentes investigadores discrepan entre sí, en la definición, considerando los factores causales de la vida, cuando son examinados bajo el severo rigor científico. Solo que, raramente, es precisa o definitiva la explicación presentada.

Aristóteles fue de los primeros pensadores que elaboraron una definición de la vida. En los tiempos modernos, Claude Bernard, el eminente fisiólogo francés, manifestó que era imposible poder definir la vida, por ser imponderable, abstracta. Ocurre que los estudiosos en general examinan la materia orgánica (viva) y la inorgánica (inerte), así que la pluralidad de los hechos recogidos y de los fenómenos observados por la Etnografía han sido muy difíciles de clasificar. De allí nació la Antropología, con el mismo objeto que la anterior, pero desde un punto de vista distinto, con la misión de que se apoya, principalmente, en la Anatomía, la Biología, la Filología, la Geografía, la Paleontología y la Arqueología, tomando como base el conocimiento obtenido de las exploraciones realizadas de los grupos humanos que viven en la superficie de la Tierra y lograr una acertada clasificación.

Plinio con su “Historia Natural”, los anatomistas Leucipo y Demócrito, Linneo en “Sistemas de la Naturaleza”, Camper, Pichard publicando “Historia Natural del hombre” y otros más, nos fueron capaces de solucionar la problemática de la vida, pues dos teorías fueron presentadas con ese objeto: el Creacionismo y la Abiogénesis o Generación Espontánea. La primera, el Creacionismo, estribaba en conceptos filosóficos y religiosos, en un Dios Creador, que todo lo elaboró en forma definitiva organizada. La segunda, la Abiogénesis, sería una consecuencia de un mecanismo de que se valió el Creador para el surgimiento de las formas vivas y en cierto modo, complementando lo anterior.

Algunos científicos, Pasteur entre ellos, demostraron que no era variable la segunda, cuando probaron, mediante experiencias en las cuales se imposibilitó la presencia del aire y del polvo cargados de bacterias y gérmenes, que la vida no se originaba en tales organismos. El Creacionismo sufrió rudos embates por cuenta del materialismo, que ridiculizada la teoría de una vida de biotipos concluidos, definidos, estructurados en patrones exactos.

En 1807 Juan Bautista Lamarck al publicar su “Filosofía Zoológica”, dando lugar al Transformismo, expone en cierto modo, la teoría de la Evolución o Evolucionismo, y  aun cuando aclaraba las modificaciones de los seres vivos,  no consiguió establecer el origen de la vida, resaltando que  “somos espíritus en evolución, viviendo actualmente una experiencia carnal. Pero somos ante todo espíritus creados para nuestro progreso”.

En 1859 Broca, considerado uno de los “jefes” de la Antropología moderna, fundó en París la Sociedad de Antropología y en ese mismo año Darwin publica “El origen de las especies” después de 25 años de preparación, obra ésta que abrió una gran expectativa en el conocimiento científico, por cuanto la teoría de la Evolución o Evolucionismo estaba ya encaminada hacia el esclarecimiento de muchos puntos oscuros que existían sobre los orígenes del hombre sobre el planeta que le sirva de cuna y escuela.

Entre Lamarck y su obra ya citada - ya que era el fundador de las teorías de la generación espontánea y del transformismo-  y Darwin, con su concepto del evolucionismo, surge en 1857 el pensamiento de Kardec, como intérprete del conocimiento de los Espíritus, para informar que en el proceso de la Evolución Anímica o Espiritual, se encuentra encerrada la clave del misterio de la vida.

Juan Miguel Fernández Muñoz
Asociación de Estudios Espíritas de Madrid

...más artículos

Desigualdad de riquezas

Desigualdad de riquezas



Si nos paramos a pensar en la situación económica mundial en la actualidad seguramente nos parecerá que los ricos se hacen más ricos, y los pobres se hacen más pobres… mientras la clase media tiende a desaparecer.

¿Alguna vez os habéis preguntado por qué ocurre esto? ¿Será culpa de los gobiernos? Si enfocamos la cuestión desde el punto de vista material, puede que lo sea, pero si ampliamos nuestro campo de visión y lo miramos bajo un prisma más espiritual, nos daremos cuenta de que toda causa tiene su efecto y de que todo tiene su razón de ser.

Si no olvidamos aquello de que "Dios escribe derecho con renglones torcidos" caeremos en la cuenta de que todo forma parte del plan divino. De este modo "El Evangelio según el Espiritismo" viene a enseñarnos el porqué de esto que a nuestro corto entender y a primera vista puede parecer un sin sentido.

Todas las piezas del puzzle vuelven a encajar cuando comprendemos la información que nos brinda. Cuando entendemos que la riqueza es un instrumento usado por Dios para inducir a la humanidad al progreso y que la desigualdad de su distribución proviene de la propia desigualdad de caracteres de los hombres y de las necesidades de estos en relación a su posesión.

La desigualdad de riquezas es uno de los problemas que en vano se quieren resolver, si sólo se atiende a la vida actual. La primera cuestión que se presenta, es esta:

¿Por qué todos los hombres no son igualmente ricos?

No lo son por una razón muy sencilla: "porque no son igualmente inteligentes, activos y laboriosos para adquirir, ni sobrios y previsores para conservar".

Además, está matemáticamente demostrado que la fortuna igualmente repartida, daría a cada uno parte mínima e insuficiente; que suponiendo hecha esta repartición, el equilibrio se rompería en poco tiempo por la diversidad de caracteres y de aptitudes; y que suponiéndola posible y duradera, teniendo cada uno apenas lo necesario para vivir, daría por resultado el agotamiento de todos los grandes trabajos que concurren al progreso y al bienestar de la Humanidad. Supongamos que se diese a cada uno lo necesario, entonces no habría ya el aguijón que empuja a los grandes descubrimientos y a las empresas útiles.

Admitido esto, os preguntareis por qué Dios se la ha concedido a personas incapaces de hacerla fructificar para el bien de todos. Esta es también una prueba de la sabiduría y de la bondad de Dios. Dando al hombre el libre albedrío, ha querido que llegase por su propia experiencia a diferenciar el bien del mal y que la práctica del bien fuese el resultado de sus esfuerzos y de su propia voluntad.
No debe ser conducido fatalmente ni al bien ni al mal, pues sin esto sólo sería un instrumento pasivo e irresponsable, como los animales. La fortuna es un medio para probarle moralmente; pero como al mismo tiempo es un poderoso medio de acción para el progreso, no quiere que quede por mucho tiempo improductiva, y por esto "la cambia incesantemente".

Cada uno debe poseerla para aprender a servirse de ella y probar el uso que de la misma saber hacer; pero como existe la imposibilidad material de que todos la tengan a un mismo tiempo, y como por otra parte, si todos la poseyesen, nadie trabajaría y el mejoramiento del globo sufriría las consecuencias, "cada uno" la posee en su momento, el que hoy no la tiene, la tuvo ya o la tendrá en otra existencia.

Hay ricos y pobres, porque siendo Dios justo, cada uno debe trabajar cuando le toca su turno; la pobreza es para los unos la prueba de la paciencia y de la resignación, y la riqueza es para los otros la prueba de la caridad y de la abnegación.

Nos lamentamos con razón al ver el miserable uso que ciertas gentes hacen de la fortuna, las innobles pasiones que provoca la codicia, y preguntamos:

¿Dios es justo dando la riqueza a semejantes gentes?

Cierto es que si el hombre sólo tuviera una existencia, nada justificaría semejante repartición de los bienes de la Tierra; pero si en lugar de limitar su vista a la vida presente, se considera el conjunto de las existencias, se verá que todo se equilibra con justicia.

El pobre, pues, no tiene motivo de acusar a la Providencia, ni de envidiar a los ricos; y los ricos tampoco lo tienen para glorificarse por lo que poseen.

¿Porqué Dios concede riqueza a quienes no la ponen al servicio del bien?

Dios da a estos oportunidades de, utilizando su libre albedrio, contribuir al progreso de la Humanidad y evolucionar espiritualmente.

El origen del mal está en el egoísmo y en el orgullo; los abusos de toda la naturaleza cesarán por sí mismos cuando los hombres se sometan a la ley de la caridad.

¿Cómo podemos contribuir para que sea menos injusta la sociedad en que vivimos?

Si nos fue dado poseer bienes, debemos utilizarlos en beneficio del prójimo. Generando oportunidades de beneficiarlo con el trabajo digno y recordando siempre que lo superfluo no nos pertenece.

Si nos encontramos privados de riquezas cuidemos de almacenar tesoros de paciencia y resignación. Buscando en el trabajo y en la oración la superación de nuestras dificultades, sin dejar de luchar con ánimo firme por las mejorías y progresos en nuestras vidas.

¿Cuándo conocerá la humanidad una distribución más justa de las riquezas?

Solamente cuando los hombres se regeneren por la caridad, eliminando de sus corazones el egoísmo y el orgullo, habrá mayor equilibrio en la distribución de las riquezas, desapareciendo de la Tierra los extremos de la riqueza excesiva y de la miseria absoluta.

Ahora que ya sabemos el motivo de las desigualdades, nos toca poner de nuestra parte aquello que nos corresponde, según nuestra posición social, ya que nadie hay tan pobre que no pueda dar nada a su prójimo, si no es en el plano puramente material, será en el intelectual o el moral. Todos somos hermanos y juntos hemos de caminar hacia un futuro más solidario y más justo en el que las diferencias se hagan cada vez más pequeñas.


Cielo Gallego
C.E. "Entre el Cielo y la Tierra"
Extraído de "El Evangelio según el Espiritismo" de Allan Kardec

...más artículos

Editorial número 31

¡Estamos de vuelta!

Una vez más, como en las anteriores ediciones, renace nuestro “Ángel” para seguir con la labor para la cual nació, que no es otra que la divulgación de la doctrina espírita.

En el pasado queda el 2014, con sus penas y alegrías, habiéndonos transportado hasta este nuevo día donde la esperanza debe volver a brillar en nuestros corazones, tan sólo por seguir en pie, por poder respirar o bien porque al mirar a nuestro alrededor encontramos a todas esas personas que nos quieren y están a nuestro lado día tras día.

Hijos, padres, hermanos, amigos y enemigos encuentran en esta época un punto de reconciliación para volver a caminar juntos, dejando atrás los rencores, producidos por el orgullo de querer sobresalir siempre o querer agradar a todo el mundo, cuestión muy complicada y peligrosa. 

A nadie le gusta pasar por malos momentos, los disgustos no son para nada agradables, la ingratitud de las personas que en algún momento quisimos o apreciamos y que hoy nos traicionan, sólo deben ser herramientas que nos impulsen a reflexionar y a crecer. Debemos estar por encimar de las mentes maliciosas que buscan su felicidad a costa de la infelicidad que crean en los demás. Las enfermedades, los problemas, los contratiempos y reveses de la vida, son otras tantas oportunidades para reforzar nuestro trabajo en el bien, que implica nuestra reforma interior si queremos hacer lo correcto.

Los espíritas somos muy afortunados en cuanto a estos asuntos. Con esto no queremos decir que no suframos, que no pasemos malos momentos, enfermedades, crisis, etc. Los espíritas estamos hechos de la misma pasta que el resto de los habitantes de la Tierra,  pero nuestra filosofía, que se basa en la razón y la observación de los hechos, nos enseña a ver la vida desde un punto más alto. Nos ayuda a sustraernos de los problemas y analizarlos con su importancia real.

Al estudiar espiritismo y ponerlo en práctica en la vida diaria, vemos como poco a poco vamos entendiendo la finalidad de nacer, vivir y desencarnar en este planeta. La Tierra no es más que una escuela, lugar necesario para los aprendices de la vida, donde reparamos errores de vidas pasadas, reencontramos a personas muy queridas, conocemos otras nuevas, volvemos a cruzarnos con enemigos del pasado, etc. Aquí ponemos orden a miles de años de instinto de superviviencia, saqueos, destrucción e invasión cometidos por la forma de vida que hemos tenido y que podemos ver en la historia del planeta. También construimos, crecemos y aprendemos. Colaboramos con el progreso y con el desarrollo de la conciencia empezamos a Amar a nuestros seres más cercanos y poco a poco lo vamos haciendo extensible a aquellos que según la sangre no son familia, pero como nada es por casualidad, sino por causalidad y como existe la gran ley de acción y reacción, debemos en algún momento recoger los beneficios de nuestro amor y los réditos de nuestro mal comportamiento y proceder, de ahí la base de los sufrimientos particulares. Pero no desesperemos, a partir de aquí vemos que todo es justo y útil en la Naturaleza y que dándonos una razón al porqué de las cosas y sabiendo que el camino final es el Amor, todos los problemas disminuyen, se desarrolla la resignación y aparece en nuestros corazones la semilla de la solidaridad hacia los demás.

El Espiritismo es la herramienta perfecta para llegar a la felicidad, porque su camino es a través de la razón, la comprensión y el Amor, imprescindibles y necesarios para alcanzar la perfección. Por ello, si estas páginas de nuestro Ángel del Bien, llegan a diversos hogares y un uno por ciento logran conocer nuestra doctrina e iluminar sus corazones, nuestra labor habrá alcanzado el éxito.
¡Gracias a todos, nuestros queridos lectores, por esparcir la luz del Espiritismo por el mundo!

La Redacción.

martes, 9 de diciembre de 2014

La riqueza

La riqueza


En nuestro mundo, en donde predominan los valores materiales, la riqueza ocupa un lugar preferente, y los seres humanos en general, salvo excepciones, la desean y la buscan, no obstante, sólo un sector minoritario se beneficia de ella.

¿Por qué es tan atractiva la riqueza?. La razón es que permite conseguir todo lo que ofrece la sociedad de consumo, que es mucho más de lo que puede asimilar la persona más exigente, dada la multiplicidad de aspectos, a cual más sugestivo, que ejercen una poderosa influencia en todo aquel que se sumerge en esas sensaciones.

En apariencia, se considera muy afortunado al poseedor de la riqueza, pero la realidad es muy diferente, toda vez que el ser humano es un espíritu inmortal, que tendrá que responder de sus actos, una vez concluida su etapa terrenal.

La riqueza es una dádiva del Creador, para que su poseedor haga un buen servicio de ella, no empleándola con fines egoístas y placenteros, sino en beneficio del progreso y ayuda al prójimo necesitado.

La riqueza como tal no es mala, todo depende del uso que se haga de ella, y la mayoría de los ricos caen bajo los efectos de la fascinación, ya que se consideran propietarios absolutos de cuanto poseen, cuando no son más que administradores, a los que Dios puede retirar sus bienes en cualquier momento.

Jesús en una parábola que figura en el Evangelio: Lucas 12: 16 al 21, manifestó:
“La finca de un hacendado dio una gran cosecha, hasta el punto que no tenía donde almacenarla, así que decidió ampliar sus graneros, para meter en ellos todas sus cosechas.

“Calculó que tenía bienes almacenados para largos años, así es que pensó en descansar, comer, beber y pasarlo bien, pero Dios le dijo: ¡Insensato!, esta noche se te pedirá tu alma, y entonces ¿para quién será lo que has acaparado?. Así sucederá al que atesora para sí y no es rico a los ojos de Dios”.

Dada la imposibilidad de que todas las personas sean ricas al mismo tiempo, la Providencia reparte la riqueza por turnos, a cada uno en su momento, en la larga serie de reencarnaciones necesarias al espíritu para su  evolución y así nadie se queda sin la oportunidad de experimentar esa situación, no obstante, superar con éxito la prueba de la riqueza, muy pocos lo logran, por ello, según el Evangelio: Mateo 19: 24, Jesús manifestó: “Es más difícil que un rico entre en el Reino de los Cielos, que un camello pase por el ojo de una aguja”.

Cuando por una herencia o un premio en el juego la persona se convierte de la noche a la mañana en rica, lo acepta con mucha alegría e ilusión, pero en caso de perder la fortuna, muy pocas personas lo asimilan con resignación.

Un Patriarca de la antigüedad, de nombre JOB, era un hacendado que  por diferentes circunstancias perdió todos sus bienes, no obstante aceptó humildemente su destino y orando a Dios, manifestó: “Señor, Tú me lo has concedido, Tú me lo has retirado, que se haga Vuestra Voluntad”.

Se califica al rico por los muchos bienes materiales que posee, pero el verdadero rico, no es el que más tiene, sino el que menos necesita.

Cuánto más liberado de lo material esté el ser humano, más fácil será su camino para alcanzar la plenitud espiritual.  El apóstol Pablo, consciente de su destino transcendental expresó: “Nada trajimos al mundo, nada nos vamos a llevar, así que suficiente es, atender al alimento, el vestido y un lugar para el descanso”.

El mayor tesoro no es el material que es perecedero, sino el tesoro espiritual, que es eterno, en los mundos maravillosos que el Creador tiene dispuestos, para todos los que se esfuerzan por su renovación moral, cumpliendo las enseñanzas de Jesús.

Por ello el Espiritismo consuela y esclarece a todos los seres, con amplia perspectiva de futuro, que no se impresionan por el espejismo de la riqueza temporal y cifran su confianza y esperanza en Dios, y en la eternidad del espíritu, en progresiva evolución hacia la perfección.
C.E.y.D.E

domingo, 23 de noviembre de 2014

La gratitud

La gratitud



La gratitud es uno de los sentimientos que menos nos trabajamos habitualmente. Tendemos a pensar que la gratitud es un sentimiento consecuencia de recibir un bien o un favor, pero pocos ven la gratitud como una actitud que necesita cultivarse en el día a día.

Muchas veces, no nos mostramos agradecidos pensando que no tenemos nada que agradecer, cuando realmente lo que ocurre es que nos falta la actitud de gratitud ante la vida.

La gratitud es a la vez un sentimiento que trae luz y calor a nuestro interior y una emoción exterior, que en ocasiones incluso es capaz de hacernos cambiar nuestras pautas de comportamiento con la finalidad de mostrar agradecimiento.

Reflexionemos sobre la gratitud y comprendamos su profunda influencia sobre la psicología humana, su relación con la alegría, la esperanza y la fe, su oposición al orgullo y al egoísmo, y la necesidad de cultivarla.

Gratitud y alegría
Todos los aspectos o sucesos que nos ocurren en nuestra vida tienen algo que debemos agradecer por nuestra parte. Ver esto es fundamental para cultivar la alegría a través de la gratitud en nuestro interior. De esta forma, no necesitamos nada material para tener gratitud en la vida. Únicamente debemos hacernos conscientes de todo lo que nos es dado y que todo lo que tenemos a nuestro alrededor empezando por nuestra vida, es todo lo que necesitamos realmente para nuestro adelanto espiritual. Realmente no poseemos nada, somos usufructuarios de todo lo que tenemos, puesto que nada es nuestro para siempre, salvo nuestras conquistas íntimas. Cada minuto de nuestra existencia es una victoria de la vida como generadora de experiencias sobre las tinieblas de la ignorancia y por lo tanto, cada minuto es motivo de alegría y gratitud. De esta forma, la gratitud muestra la capacidad de estar alegres sin motivo especial alguno.

La pérdida que nos genera tristeza de forma natural, no debe alterar nuestro estado de gratitud. Podemos estar tristes, naturalmente, pero agradecidos, puesto que de todo se aprende. Todas las pruebas de la vida tienen un porqué y un objetivo para nuestro adelantamiento moral, la mayoría de las cuales fueron programadas antes de nuestro nacimiento, en la fase de preparación de la actual encarnación, y nos fueron presentadas para nuestro consentimiento. Muchas veces, cuando renegamos de nuestra suerte, estamos renegando de aquello en que nos comprometimos y por tanto, estamos fallándonos a nosotros mismos y toda la espiritualidad que tanto esfuerzo realiza por nuestro adelanto. Debemos agradecer todo el bien y el mal que nos ocurre, porque el verdadero mal es no agradecer y despreciar todas las oportunidades de crecimiento. Desde este punto de vista, la ignorancia primero ataca a la gratitud, nos ciega ante la realidad y luego nos lleva al egoísmo.

Gratitud, orgullo y egoísmo
No se puede ser grato y egoísta a la vez en la misma circunstancia.

Si no ves la forma de dejar de ser egoísta piensa en cómo actuarías siendo agradecido, practícalo y aprende. Si tenemos necesidad de comportarnos egoístamente, es porque nos falta la seguridad que nos da el conocimiento espiritual de la gratitud por saber que estamos protegidos, apadrinados por la espiritualidad superior.
La gratitud, por los sentimientos de unión que genera, es contraria al orgullo. Nos cuesta ser gratos con quienes más orgullo desarrollamos hacia ellos. Nuestro orgullo se debilita cuando tenemos que agradecer algo y muchas veces nos cuesta tanto que casi somos incapaces de hacerlo. El orgullo puede no permitirnos recibir una ayuda simplemente para luego no tener que agradecer. La gratitud es por tanto un gran enemigo del orgullo porque tiene la fuerza de destruirlo desde dentro, por la fuerza del deber y su falta puede considerarse un buen indicador del nivel de nuestro orgullo. La gratitud es, por tanto, una demostración de humildad.

El orgullo espiritual, tan difícil de descubrir a veces, se destapa claramente cuando somos incapaces de ser agradecidos ante un acto hacia nosotros de caridad, un buen consejo o una enseñanza que podamos recibir. Nuestro orgullo espiritual, ante una circunstancia o mensaje esclarecedor, a veces se siente agredido y hace que nos cerremos a su entendimiento para evitar que nos sintamos agradecidos.

Este orgullo nos hace pensar que sabemos todo y que poco tenemos que agradecer al que predica por el ejemplo. La capacidad de agradecer nos acerca a los demás y nos habilita para escuchar de forma más activa, con mayor implicación.

El orgullo que manifestamos en nuestro hogar también se descubre cuando analizamos los sentimientos de gratitud hacia nuestra familia. ¡Cuántas veces somos ingratos con nuestros padres porque nos creemos con derecho a recibir todo lo que nos dan! Somos ingratos con nuestros hijos cuando no valoramos su esfuerzo o nos imponemos sobre ellos en base a nuestra posición de adulto dominante.

El mandamiento de honrar a tu padre y a tu madre sólo se puede cumplir demostrando gratitud hacia ellos. Este agradecimiento nos permite ver el deber donde otros ven una carga. De la misma forma, la gratitud hacia Dios nos impulsa a cumplir nuestro deber ante las vicisitudes de la vida como la mejor forma de agradecimiento por todo lo concedido.

Gratitud y reforma moral
El sentimiento de cumplir con el deber como muestra de agradecimiento, es una verdadera palanca que nos impulsa hacia la reforma moral.

En ocasiones un espíritu endurecido en el error, alcanzando la hastiedad, no encuentra forma alguna de practicar el bien en su desesperación. El dolor llega a ser tal que en un momento de lucidez pide ayuda de corazón y es ayudado. Desde ese momento la gratitud será la palanca que le motivará para cumplir el deber como necesidad de agradecimiento. Sólo cuando se siente en deuda ayudado descubre la necesidad de ayudar, cuando siente la ayuda recibida se propone esforzarse para dar. Se siente en deuda y empieza a sentir el deber que le espera. La necesidad de cumplir el deber como agradecimiento empieza una espiral de buenas acciones que desembocará en su propia rehabilitación. El bien llama al bien en un circuito infinito que nos llevará juntos de camino hacia la eternidad.
Gratitud y esperanza
La gratitud es un remedio de muchos males porque nos permite cambiar el punto de observación desde una perspectiva más espiritual. Cuando nos quejamos mostramos nuestra falta de gratitud, porque si la queja demuestra un mensaje de insatisfacción a los que me rodean o hacia Dios, la gratitud es un mensaje de satisfacción que alimenta la esperanza.

Si no sabes dejar de quejarte, cambia de actitud y se agradecido. No es posible quejarse y dar gracias a la vez. La queja es un reclamo del que no tiene suficiente mientras que el agradecimiento muestra la satisfacción del que tiene esperanza.

La queja constante sobrecarga a los demás mientras que siendo agradecidos les damos fuerzas para que sigan cumpliendo con su deber.

Análogamente con la queja, no podemos criticar a quien me inspira agradecimiento. Agradezcamos y no critiquemos puesto que todos estamos justamente en la posición en que merecemos estar y nuestro futuro dependerá de la calidad que alcancemos en nuestras relaciones humanas.

Gratitud y Fe
Mientras que la Fe Ciega puede convivir sin la gratitud y sin amor, alimentada por el miedo y el desconocimiento que brinda la ignorancia, la Fe Razonada, al contrario, se desarrolla ante el asombro creciente que nos brinda el Conocimiento. Esta iluminación que produce el Conocimiento sobre la conciencia, despierta la gratitud hacia el Creador alimentando la Fe que llamamos razonada, al sustentarse completamente en la ciencia. Por lo tanto, la Fe no existe sin gratitud hacia el Creador. La gratitud a Dios es la palanca que nos eleva espiritualmente conforme interiorizamos la necesidad de cumplir nuestro deber como agradecimiento. Conforme más agradecidos nos sentimos hacia Dios mayor es el deseo de entregarnos a su causa, desprendiéndonos de nuestros intereses, posesiones, ego, etc.

La gratitud es el impulso que nos empuja a desprendernos y a cumplir el deber en todos los niveles espirituales por los que vamos avanzando.
Demos gracias en todo momento.

José Ignacio Modamio
C.E. "Entre el Cielo y la Tierra"

viernes, 21 de noviembre de 2014

Depresión: visión médico-espírita

Depresión: visión médico-espírita



La depresión es la segunda enfermedad mental que más prevalece en el mundo, sólo superada por la ansiedad y afecta del 2 al 19% de la población mundial, representando el 30% de las consultas en las diferentes especialidades médicas, debido a los innumerables síntomas físicos que produce, que llevan a la persona al médico o a otro profesional de la salud, muchas veces sin sospechar de que se trata de depresión.

Emociones naturales
Normalmente se confunde tristeza con depresión. La tristeza es una emoción natural, que debe ser vivida y que produce un movimiento en el alma. Las emociones son como un río, que cuando fluye de forma natural nutre los márgenes y genera vida a lo largo de su flujo y recorrido. Pero cuando hay una barrera en el río, un lado sufre inundaciones y el otro se seca. Así ocurre también con las emociones. Cuando se viven con la comprensión de su función psico-afectiva, ayudan al movimiento del alma y pueden ser extremadamente beneficiosas. La tristeza, según la autora brasileña Marta Medeiros, es el “trastero donde revolvemos nuestras cosas guardadas”. El alma también tiene un cuarto donde guardamos pensamientos, sentimientos, sueños, experiencias traumáticas, idealizaciones y proyectos, entre otros, que nos requieren atención. Cuando miramos hacia lo que nuestra tristeza revela, estamos caminando en el sentido del autodescubrimiento, de la autosuperación y del autodominio, esenciales en el proceso evolutivo. Como en el luto, por ejemplo, en que la tristeza natural nos ayuda en el proceso de adaptación y desapego, fundamentales para el establecimiento de nuevos ciclos y fases de crecimiento personal.

Vivimos en una era de grandes desafíos emocionales. La crisis de valores éticos y la desconexión consigo mismo y con la vida, lleva al ser humano a sentirse desamparado y a encarar las emociones como enemigas, buscando formas de anestesiarlas. Muchas personas acuden al médico queriendo medicarse contra la tristeza, mediante antidepresivos y ansiolíticos, en un proceso de alienación de sí mismos.  Es cierto que hay medicamentos que pueden ayudar a pasar una fase de luto, por ejemplo. Sin embargo, la tristeza no es depresión y es necesario vivirla, sentirla y superarla, dando lugar a una nueva fase de alegría, que también pasará a su vez, dando lugar a otra fase de tristeza, así como la naturaleza tiene sus estaciones de verano e invierno que pasan, generando movimiento y vida.
Señales y síntomas:

La depresión es mucho más profunda que la tristeza y se caracteriza por los siguientes síntomas, según el CID10 (código internacional de las enfermedades) y el DSM4 (Manual de diagnóstico y estadística en salud mental):

- Estado depresivo: Sentirse deprimido la mayor parte del tiempo, por lo menos dos semanas.
 - Anhedonia: Disminución del interés o pérdida del placer de realizar actividades rutinarias.
- Sensación de inutilidad o culpa excesiva, que afecta a la mayoría de los pacientes.
- Dificultad de concentración: Habilidad frecuentemente disminuida para pensar y concentrarse.
- Fatiga o pérdida de energía.
- Trastornos del sueño: Insomnio o hipersomnia prácticamente diarios.
- Problemas psicomotores: agitación o retardo psicomotor.
- Perdida o aumento significativo de peso, en ausencia de dieta.
- Ideas recurrentes de muerte o suicidio (lo que caracteriza, por sí solo, depresión grave).

La etiología (causa) de la depresión, de acuerdo con la Medicina, es multifactorial, involucrando factores genéticos, bioquímicos (deficiencia de neurotransmisores específicos), hormonales y factores psicosociales. Puede ser primaria, sin factores orgánicos que lo expliquen, o secundaria, cuando es resultado de alguna enfermedad como el hipotiroidismo, por ejemplo.
Entre las posibles causas biológicas de la depresión primaria podemos citar, una dieta deficiente en aminoácidos específicos necesarios para la formación de neurotransmisores, la falta de actividad física (que produce endorfinas, substancia responsable de la sensación de placer) y tomar el sol (responsable de la formación de vitamina D y de la vitalidad orgánica).

Desde el punto de vista psico-espiritual, sabemos que el espíritu controla el cuerpo por medio de las corrientes de pensamiento y sentimiento que operan en el universo subatómico, activando genes y controlando su funcionamiento, tal como lo explica benefactor Andrè Luiz. Esto ha sido confirmado por investigaciones recientes en el campo de la epigenética, que demuestran que una serie de moléculas presentes en la membrana celular y en el núcleo, así como en el citoesqueleto del citoplasma, actúan regulando la expresión de los genes y por lo tanto la vida orgánica. Sólo el 20% de los genes están permanentemente activados. El otro 80%, entre los cuales se encuentran los genes de la depresión, tienen que ser ligados y desligados por mecanismos biomoleculares complejos que controlan la célula. Moléculas que son formadas en el organismo por la interacción de los sistemas o derivadas de la dieta y de las substancias ingeridas o absorbidas por el organismo. De tal forma que el individuo no es esclavo de su genética, sino señor de su cuerpo, controlándolo a través de patrones de pensamientos y sentimientos conscientes o inconscientes que actúan en el universo atómico, regulando las moléculas organizadoras de la genética celular.

Causas psicoespirituales
Necesitamos, por lo tanto, conocer esos patrones psico-espirituales, que están en la base del proceso depresivo. Según la benefactora Joanna de Ângelis, podemos enumerar algunas posturas del alma que causan la depresión:

1.- Nostalgia debido a experiencias felices o a pérdida de bienes, dádivas de placer o alegrías.
Cuando nos quedamos presos de lo que ya pasó, negándonos a separarnos, adaptarnos o crecer, se puede establecer en el alma un proceso de fijación malsana con el pasado, de naturaleza autodestructiva, ya que la vida es crecimiento y expansión continuas. Esta va desde la fijación en las relaciones, etapas felices, vidas pasadas y experiencias traumáticas hasta negarse a dejar de lado patrones, en la tentativa ilusoria de mantener la permanencia en un universo imperante, en continua expansión.

Muchas veces lo que hay es una postura de rebeldía espiritual, en la que el individuo quiere vivir la vida a su manera, sin comprensión de las leyes del universo. Por detrás de esta postura hay una “voz consciente o inconsciente que le dice: ya que no tengo la vida que quiero, no acepto la vida que tengo”.

Gran parte de las personas tratan con la vida y con Dios como si el Padre fuese el mayordomo y tuviese que servir a sus hijos, al revés de educarlos. Exigen, chantagean, piden y si la vida no les ofrece lo que pidieron, de la manera cómo lo pidieron, entonces se revelan, a veces silenciosamente, cerrándose hacia el movimiento de expansión y adaptación necesarios al progreso. Se olvidan de que la vida es abundancia de amor y recursos, siempre lista para ofrecer lo necesario y lo esencial. Sin embargo, frecuentemente le pedimos a la vida lo que deseamos, lejos de lo esencial y así desconectamos de la propia alma. Desánimo, base de la depresión, significa desconexión con el alma (ánima, del latin, alma). Es necesario, por lo tanto, reconocer que la vida no se equivoca de rumbo y que estamos todos inmersos en el amor divino incondicional, que nos conoce íntimamente. Cuando las experiencias de la vida nos visitan, son atraídas por nuestras necesidades, deseos y posturas interiores (que están en la posibilidad de nuestro control) o establecidas por la sabia planificación reencarnatoria que objetiva nuestra madurez espiritual. Conviene que aprendamos esto a fin de aceptar la sabiduría de la vida y seguir el flujo de amor que nos quiere despertar hacia la vida infinita.

2.- Prisionero en el sentimiento de piedad por sí mismo, falta de fe en sí mismo y en Dios.
El victimismo es el camino más rápido hacia el fondo del pozo. Creer que los responsables de nuestra infelicidad son los otros y no nosotros mismos, nos lleva a un estado de paralisis del afecto y del crecimiento personal. Nadie nos puede perjudicar sin nuestro consentimiento, porque los otros actúan como quieren, pero nosotros interpretamos los hechos conforme a los valores y al significado que tiene para nosotros. Como decía Nietsche: “No existen hechos, sino interpretaciones”. Cuando cambiamos la forma de ver la vida, la vida se renueva. Si nos ofrecemos lo que es esencial y nos miramos con los ojos de amor del Creador, las circunstancias pueden abatirnos, pero nada nos puede paralizar. Hay que creer en sí mismo y verse como un digno hijo de Dios, lleno de posibilidades y recursos. Si la culpa se instalase, es fundamental evitar el remordimiento, hijo del orgullo, que paraliza el alma, conduciendo al sufrimiento innecesario y a la depresión, y acoger en el alma el arrepentimiento, hijo de la humildad, que lleva a la reparación por medio del bien y a la madurez.

3.- Encerrarse en sí mismo como defensa para no tener contacto con sus dolores.
Las heridas del alma duelen de todos modos. Huir de ellas no nos exime de sentir su efecto. Cuando no encaramos nuestras heridas, duelen profundizándose. Cuando las encaramos y cuidamos de nosotros mismos, duelen cicatrizando. Somos nosotros quienes elegimos el dolor que mata o el dolor que cura.

4.- Consecuencia de los movimientos de represión, tristezas, incertidumbres, miedos, celos, ansiedades, están en la base del proceso.
Los sentimientos de carencia, posesión y celos son expresiones del ego superficiales, para las que las la psicoterapia encuentra recursos de protección, promoviendo el perdón (sin el cual no hay cura) y el autodescubrimiento. Sin embargo, cuando miramos hacia lo que es esencial en el alma, sólo hay un lugar para un sentimiento: gratitud. Independientemente de lo que hemos vivido, tenemos todo lo que necesitamos, somos capaces de conseguir la autosuperación y el autodominio. Si honramos la vida que vibra en nosotros, nos inclinamos agradecidos delante de las fuentes que nos la ofrecieron, nuestros padres biológicos, y percibiendo su amor podemos abastecernos de lo que es esencial. Cuando el árbol tiene raíces en el suelo soporta tempestades y produce en abundancia. Nuestros padres son el suelo de la vida, amor que representa el amor de Dios junto a nosotros. Incluso cuando nos hayan hecho daño, nos han dado la vida, que es infinita y suficiente. Si nos fijamos en esta vida y en este amor, tenemos lo que es esencial y dejando la crítica y el victimismo, encontramos la fuerza, el vigor y la alegría de vivir.  

5.- Negación del amor y exigencia de ser amado.
La carencia afectiva es la consecuencia de la desconexión con nosotros mismos y con Dios. El amor que nos hace falta no es el amor que no se tiene y sí el que se guarda en la intimidad del alma. El amor es la estructura de la vida. Vibra en nosotros como la Naturaleza. Está oculto en lo más profundo de nosotros como el diamante en el seno de la tierra. Hay que cavar en las capas del ego que lo esconden permitiendo que salga a la superficie y haga brillar la luz de Dios que hay en nosotros, de manera singular y efectiva. El amor que viene de fuera es atraído por el amor que nace de dentro.
Además de estas (y muchas otras) causas, añadiremos los fenómenos obsesivos espirituales, que pueden causar o agravar la depresión. Como la mente es una antena que emite y capta ondas específicas, de acuerdo con el libre albedrío del espíritu, estamos en todo momento conectados con aquellos que afinizan y sintonizan con nosotros, no sólo mediante la onda mental irradiada, sino sobre todo por el sentimiento cultivado en el alma. Estos funcionan como ganchos psíquicos que nos conectan a los espíritus que se sienten de la misma manera que nosotros o que manipulan nuestra mente y vida emocional, al servicio de la venganza, envidia o deseo de poder. Para vencer la obsesión, el camino es el del autoconocimiento y el de la renovación moral que modifican nuestra sintonía con la vida.

Tratamiento  
El tratamiento para la depresión consiste en una dieta equilibrada, tomar el sol de 10 a 15 minutos diarios, ejercicio físico (muchas veces supone un gran esfuerzo para la persona con depresión, que no consigue ni siquiera salir de la cama o de su casa y necesita el apoyo de la familia y amigos para conseguirlo), uso de medicamentos específicos y psicoterapia, así como tratamiento espiritual.
Los fármacos antidepresivos actúan en el sistema nervioso central, afectando a las sinapsis, la comunicación entre las neuronas, provocando que el nivel de neurotransmisores se altere modificando el humor. Son recursos necesarios en la depresión de moderada a grave (la leve se puede tratar sólo con psicoterapia), que alivian y aportan al enfermo condiciones para beneficirse del bienestar físico que posibilita aprovechar mejor el trabajo psicológico de autoconocimiento y autosuperación, para lograr la cura.

La psicoterapia deber ser la que ayude al individuo a salir del victimismo y asumir la vida con consciencia de su poder real, el del afecto, ayudándole a conectarse con el amor real y esencial.
El tratamiento espiritual consiste en la renovación moral, además el individuo pude beneficiarse de la fluidoterapia a través de los pases, que renuevan las energías del cuerpo físico y del periespíritu, del agua fluidificada, que se transforma en un medicamento saludable ofrecido por los buenos espíritus en nombre de Dios.

Beneficiándose de todo esto, la persona podrá comprender que la depresión es un estado pasajero de desconexión con el alma y con el amor, que invita al ser a la autotransformación por el poder del amor. El estado natural del hombre es el de la alegría de vivir, en sintonía con la abundancia del universo y el amor incondicional del Padre. Ante esto solo cabe el esfuerzo de hacer de la vida la mejor posible, en el cumplimiento de los deberes y en el crecimiento continuo albergando en el alma la postura de la gratitud, con humildad y alabanza, diciéndole a la vida: “Sea hecha, Señor, tu sabia y amorosa voluntad”.
Andrei Moreira
 Andrei Moreira es médico formado en la Faculdad de Medicina de la Universidad Federal de Minas Gerais. Especializado en homeopatia. Presidente de la Asociación Médico-Espírita de Minas Gerais, desde 2007.

martes, 18 de noviembre de 2014

Espiritismo sin fronteras

Espiritismo sin fronteras

Las voces del infinito vinieron a dar tea a nuestra oscuridad. Con sus voces de fuego, reavivaron la chispa de nuestra eternidad. Como un nuevo Pentecostés, libre de la censura eclesiástica, libre de su intento de dominio, como si sólo fuera cosa de santos o propio del genio maligno. Estas voces amigas, hermanas, queridas, son las de los seres que abandonaron esta vida antes de nosotros. Que nos aguardan.

Ellos hablaron a los corazones, trajeron luz al siglo de la incertidumbre, de la incredulidad, el de la muerte de Dios, la muerte del dios que ya no servía, pues es el fin de la época de sumisión y vana servidumbre. La humanidad ha crecido y se rige por su propio raciocinio. Tiene cultura, cosa que no tenía antes. Tiene posibilidad de verificar lo que les dicen, cosa que antes era imposible; el dogma acampaba por todas partes.

Estas voces queridas, libres ya para la comunicación continua, trajeron a la humanidad el clamor de la nueva esperanza. La que tanto había sido sepultada y que sólo unos pocos conocían. Fuera logias, fuera secretismos. ¡A plena luz del día!

Las religiones que violaron su mensaje de amor fraternal, cerniendo muros insondables, se desquebrajaban ante las verdades que ellas en sí contienen. Recordadas por los seres de ultratumba.
Nació el espiritualismo moderno, Espiritismo bautizado por Allan Kardec, el codificador de los mensajes que llegaban por doquier. Y las viejas pasiones reprimidas rompieron los yugos que las mantenían subyugadas. Europa se cernía en múltiples revoluciones y guerras. Pues todo era cambio en el siglo XIX, el siglo de su nacimiento.

Se habló de la religión de los espíritus, craso error, nada nuevo traía el espiritismo, sino desbancar las falsedades añadidas a los credos ya existentes, debidos a la mano humana, interesada en mezclar los intereses políticos con las directrices de sus religiones. Los espíritus hablaron del fin de la esclavitud, del fin de la pena de muerte, de verdadera igualdad entre hombres y mujeres, de la necesidad de un mundo más justo a través de la educación universal, la cual había de asentarse más en la comprensión y estimulación emocional, que en la adquisición alocada de conocimientos impersonales.

No habló de un credo superior a ninguno, ni de la necesidad de ser religión; filosofía espiritualista puso Kardec en el frontispicio del libro clave: Libro de los Espíritus; y dijo que era ciencia, pues los nuevos tiempos ya eran llegados.

Cualquier persona, sea cual sea su credo o no credo, podía abrazar los postulados base del espiritismo. Pues su voz era clara y contundente, maciza; lejos de la melifluidad de otras doctrinas.
Hoy día hay corrientes que se engañan y tratan de hacer religión al espiritismo. Cuando éste es de todos y todas, no sólo de un credo, sea el que fuera. Jesús es un modelo a seguir según la respuesta 625 del Libro de los Espíritus, pero ello no indica nada más al respecto. Para el espiritismo no es Dios, sino un enviado. Y se nos presenta su doctrina depurada de los intereses mundanos, como una base racional para guiar nuestra conducta. No como la única posible, sino que en ella, tal cual la explicaban los espíritus, se halla la esencia de todas las demás habidas. Pues se va a la pureza de la enseñanza: la pureza del mensaje de Jesús, la del profeta Mahoma, la de las máximas de Confucio, o de la sabiduría de Buda, etc. Sin ser ninguna tal cual las conocemos lo que el espiritismo nos revela. Siendo todas respetables, pero con la mira puesta en la existencia clara de un mundo extracorpóreo; que el espiritismo demostraba con fehacientes hechos y datos, dado su carácter científico: en los investigadores serios que no se arredraban ante las inconveniencias de un paradigma científico todavía precario, para poder abarcar toda la riqueza que nos proponían los efectos investigados.

Dados estos hechos, la posibilidad de la comunicación con nuestros seres queridos, éstos se comunicaban según habían sido, pero con su concepción un tanto maravillada ante los nuevos hechos que vivenciaban en el otro plano. Ahí al comunicarse, seguían con sus antiguas creencias, pero con matices diferenciados. Algunos se sentían engañados, por su falso celo en actitudes premiadas por los humanos, pero no acordes con la “justicia divina”; justicia muchas veces de sentido común, que cualquiera lejano del fanatismo sabe aprehender cabalmente. Y muchos sentían liviandad, al ver que era todo mucho más hermoso de lo que pensaban. O sentían pesar si su actitud había sido mezquina para sus allegados.

He aquí la grandeza de esta gran enseñanza espiritual. El Consolador Prometido, en palabras de Jesús. Pero no únicamente para los cristianos, sino para todos, sean cuales fuera su credo. Pues la hermandad más allá de la muerte, la libertad de elección del libre albedrío, la posibilidad de comprender, conocer y estudiar, hacen esta filosofía espiritualista, todo un compendio que aglutina el buen hacer de todo librepensador/a.

Corazones listos para el amor, mentes dispuestas para la comprensión. Ser humano en evolución.

Jesús Gutiérrez Lucas

martes, 23 de septiembre de 2014

Mis impresiones sobre la oración

Mis impresiones sobre la oración


“La forma no es dada, el pensamiento lo es todo. Ore cada cual conforme a sus convicciones y del modo que más le conmueva, pues un buen pensamiento tiene más valor que muchas palabras de las que el corazón está ausente”

Este párrafo nos lo indican los espíritus en “El Evangelio según el Espiritismo”, escrito por Allan Kardec. Con este breve texto deseo exponeros mis reflexiones acerca de la oración.

Hace poco más de un año que sigo las clases del Evangelio en el centro espírita “Entre el Cielo y la Tierra”. Ahí es donde empiezo a escuchar: “¿quién quiere hacer la oración?” Al principio mis señales de alerta se despertaron: ¿será como en la Iglesia?, ¿por qué agachan todos la cabeza?, pero más tarde lo hicieron otras preguntas, ¿qué digo si no me sale nada? (¡hay ese ego!) y ¿si digo alguna tontería? (¡ese  orgullo!) y entonces pienso: ¡yo sólo sé el Padre Nuestro! Mientras, hablas con algunos compañeros: el sentimiento es todo, no hace falta agachar la cabeza, lo primero que te salga…

Escucho las oraciones y descubro un mundo completamente desconocido para mí. Observo el interés de la gente por los seres no encarnados, por ayudarlos a evolucionar y a descubro que cada una de las personas que conforman el grupo se sienten más identificadas hacia algo en concreto, y que al hacerlo grupal y compartido, descubres más situaciones de las que has vivido-vives y que habías pasado por alto: “ Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (San Mateo, 18:20). Lees en el Evangelio los Capítulos XXVII  y XXVIII pero claro con una sola lectura no basta, sigues haciéndote preguntas y sigues sin lanzarte.

Mientras tanto comienzo a descubrir el mundo espírita a través de la lectura y uno de los libros que llegan a mis manos es “Los Mensajeros” de Cándido Xavier por el espíritu André Luiz. En el capítulo 24 “La oración de Ismalia” y en el 25 “Efectos de la Oración”; además de algunas oraciones más sencillas y la del final, hicieron terminar de sentir en mi razón y en mi corazón el alcance de la oración y por tanto sus beneficios. Al principio leí esas oraciones que aparecen en el libro, las volví a releer pero esta vez sintiendo las palabras y la emoción que notas es muy bella y entonces recuerdas algo que leíste en el Evangelio “Cada palabra debe tener su sentido, suscitar una idea, tocar una fibra íntima. En suma: Debe hacernos reflexionar. Sólo si cumple esa condición puede la plegaria alcanzar su objetivo; de lo contrario, no es otra cosa que ruido… Ved con qué aspecto distraído y cuanta volubilidad se dicen casi siempre. Vemos, sí, moverse los labios, pero en la expresión de la fisonomía, en el sonido mismo de la voz, advertimos que se trata de un acto maquinal, puramente exterior, al que el alma permanece indiferente”. Es decir una oración no sentida es una oración con palabras vacías sin alma.

Hay veces que aunque sepas lo importante que son las cosas, aunque lo leas y lo estudies, si no pasas a la acción, se queda en nada y tienen que suceder cosas para que tú y tu pensamiento se unifiquen y pasen a la acción. En mi caso fueron dos, os contaré una de ellas:

Tengo una amiga que operaron hace 2 meses, fui a visitarla al hospital al cabo de un par de días ya que aún no había salido y seguía mal. Se había hecho una radiografía  y ¡oh sorpresa! descubren que en su interior se dejaron olvidadas unas pinzas. Cuando se lo dijeron estábamos su madre, ella y yo a solas, la cara de miedo que puso lo dijo todo. Al poco tiempo la habitación estaba llena de sus familiares más cercanos y claro todo era enfado y miedo; ella acostada en la cama sin decir nada pero el ambiente cada vez más cargado de pensamientos que no la venían nada bien. Me senté a su lado y me puse a rezar con fuerza, con sentimiento y determinación; hubo un momento que parecía que estábamos a solas las dos, después de ese momento ella me apretó la mano y comenzó a dar ánimos a los allí presentes. (Por favor cuando vayamos a ver a algún enfermo de la situación que sea que tu pensamiento sea una sonrisa.)

Haciendo los deberes que nos manda el profe de hacer resúmenes del libro “El Cielo y el Infierno” por Allan Kardec, también descubres la importancia de la oración, los espíritus no paran de decirte que ores. Seres olvidados, confundidos, vuelven por el poder de la oración a ver y sentir que hay algo mejor, comienza a producirse el cambio en ellos y a querer enmendarse y limpiar su alma herida.
Para mí ya se ha hecho cotidiano, me levanto y realizo una breve oración, en momentos de tensión parar, respirar y orar aunque sea un minuto te da el impulso de ponerte de nuevo de pie si te has caído. La oración serena tu mente, aligera tus emociones y clarifica tus pensamientos. Ora:

"Oh Señor escucha nuestros pensamientos envuélvelos de amor y gracia.
Inspíranos cada día en el camino de la caridad, de la tolerancia y la humildad.
Perdónanos nuestros pecados, en especial los de pensamiento.
Te damos gracias por ser la fuente de nuestro amor y perseverancia, por rodearnos de los seres que hacen posible nuestros progresos y nuestras alegrías.
Rogamos por los que aún están por despertar les sigas insuflando tu amor y misericordia.
Te pido Señor bendigas a todos los que hacen posible la edición de este periódico, la obra social de Entre el Cielo y la Tierra y a todos los grupos espíritas.
Que la paz y la serenidad reine en cada uno de los corazones de tus hijos.
Gracias que nos has oído, que así sea."

Ana Gómez
Centro Espírita "Entre el Cielo y la Tierra"